Santa Rita nació en Italia en 1381 fruto del amor de sus padres, Antonio Mancini y Amata Ferri. Ella siempre quiso ser religiosa, pero antes de lograr su anhelo debió pasar por otras pruebas: el asesinato de su esposo y la muerte de sus hijos. Sin esposo ni hijos, intentó ingresar con las hermanas agustinas, pero no era fácil. Entonces, se entregó a la oración, y una noche mientras dormía escuchó que la llamaban. Corrió a abrir la puerta y se encontró con san Agustín, san Nicolás de Tolentino y san Juan Bautista, de quienes era muy devota. Los santos la alentaron a ser perseverante en su deseo. Entonces Rita salió corriendo hacia el pico de Scoglio, sintió que la elevaban a los cielos y la empujaban hacia Casia. Al salir del extásis, se encontró en el Monasterio de Santa María Magdalena en Casia. Tras el milagro, fue admitida en el monasterio. Murió en 1457 y es considerada la santa de lo imposible. Santoral: 22 de mayo Canonización: en 1900 por el Papa León xiii
En 2010, el Señor lo llamó a compar‑ tir el Evangelio en la Misión de Cuba durante dos años. De regreso en Mé‑ xico, se integró como asistente de la Dirección de Desarrollo, donde estu‑ vo hasta 2016. El Padre Carlos fue un sacerdote mi‑ sionero que entregó su corazón, oídos y manos a quien se lo solicitaba, y un apasionado y prolífico escritor. Y am‑ bas facetas de su vida las dejó plas‑ madas en los seis libros que escribió: Pensamientos, reflexiones y poesías (1992) Historias de Hong Kong (1993), Ida y vuelta (1996), Yeison, Nidia y otras historias de prisión (versión di‑ gital, 2014), Mi vida en letras (2015) y Escritos en chino y español (inédito). En la introducción de su último libro publicado, Mi vida en letras —que en sus palabras es su testimonio de vida—, agradeció al Creador por las experiencias vividas: Si en el futuro ya no escribo nada más, esto que aquí les presento será mi testimonio de vida de lo que Dios me permitió experimentar […] Quiero agradecer a Dios de una ma‑ nera especial la oportunidad que muchas personas me dieron de par‑ ticipar de sus penas y alegrías […]
El Padre Carlos falleció el 27 de marzo a los 73 años de edad en Guadalajara, Jalisco. Los Misioneros de Guadalu‑ pe agradecemos infinitamente sus plegarias y palabras de consolación hacia su familia y sus hermanos es‑ pirituales, y nos mantenemos en ora‑ ción para que el Señor le conceda el descanso eterno.