septiembre2014 Padre Jorge, mj, y pasamos la noche. A las 7:00 de la mañana del siguiente día partimos a la comunidad de Soyaltitla y a las 3:00 de la tarde nos fuimos a los lugares que nos tocaban. Cuando llegué a Llano de Fresno estaba muy nervioso, porque no conocía a la gente y no sabía qué decirles, pues la mayoría de las personas en esa comunidad habla mazateco. Poco a poco empecé a comunicarme con los que también sabían español. Junto con Eduardo Pérez Vargas, mi compañero, hicimos una reunión para conocer un poco a la gente y aprender sobre su cultura y tradición. A la mañana siguiente empezamos por visitar a la gente que vivía más lejos de la comunidad; fue algo muy bonito para mí porque contamos con el apoyo del catequista Alfonso Cabrera Ortiz. Ese día aprendí a montar a caballo; ni sabía cómo agarrarlo. La familia de la primera casa a la que llegamos estaba muy contenta de recibirnos; son personas humildes, de gran corazón y mucha fe. Los integrantes de ese hogar nos decían que casi nadie los visitaba. Estuvimos conviviendo con ellos, y así continuamos hasta las 3:00 de la tarde.
Después me enseñaron mi nombre en mazateco (Rule). También aprendí en mazateco tendori, que en español significa “buenos días”. Esa fue la primera palabra que me quedó del pueblo Llano de Fresno, una comunidad muy pequeña pero muy unida. Me contaron que el 24 de diciembre la gente se reúne en la capilla a la medianoche para arrullar al Niño Dios. Después conviven y bailan, y los niños rompen las piñatas.
Después Eduardo celebró la Palabra. Me sentí un poco triste porque bajó muy poca gente: alrededor de diez familias de sesenta. Luego continuamos haciendo más visitas a los hogares, y en cada uno aprendí a valorar las cosas que tengo, pues hubo familias muy humildes que dejaron de comer lo poco que tenían para compartirlo con nosotros.
Estoy muy agradecido con Dios porque me permitió conocer la comunidad Llano de Fresno en el tiempo de Adviento. La experiencia fue maravillosa; fue algo que nunca había pensado que viviría. Agradezco también al P. Adolfo Fermín Parra G., mg, quien me envió a esa comunidad a compartir este momento de vida con esas humildes personas. Creo que durante esos días yo aprendí más de la comunidad que ellos de mí.
En los niños encontré un ejemplo muy valioso. Algunos pequeños estudian lejos de su casa y para llegar a la escuela tienen que caminar una hora. A pesar de eso, van muy contentos y alegres a ver a su maestro. Cuando platicaba con alguno de ellos nos hablaba en su lengua, y yo no entendía lo que querían decirme.
Agradezco a todos, pues fueron muy amables. Nunca nos faltó el alimento; en todas las casas que visitamos siempre nos brindaban algo de comer y de beber. Yo quisiera poder ayudar más a la gente, pero hago lo que puedo. Dios es grande y nos ve a todos, principalmente a los pobres y humildes.z 7