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SANTA RITA Un monumento histórico en el valle del Maipo


SANTA RITA

Un monumento histórico  en el valle del Maipo Chile


SANTA RITA Un monumento histórico en el valle del Maipo Chile

fotografías

Max Donoso Saint texto histórico

Hernán Rodríguez Villegas


Carta de presentación

Estimado lector: Es para mí muy honroso presentar el libro Santa Rita: Un

chilenos, con el cual asumimos tanto la responsabilidad de

impulsado la Fundación Claro Vial con la colaboración de

la memoria, salvaguardando su interés cultural y recordando

monumento histórico en el valle del Maipo, proyecto que ha la Viña Santa Rita y el respaldo de la Ley de Donaciones Culturales.

La realización de este proyecto ha significado un

exhaustivo trabajo de investigación, que se inicia con los

primeros asentamientos del período Agroalfarero Temprano en el Valle Central, continúa con el momento de fundación de la Viña por don Domingo Fernández Concha en 1880 y

concluye, bajo la propiedad del Grupo Claro, destacando su

proyección al mundo como representante de la tradición y la

calidad de la vitivinicultura chilena del siglo XXI. Esta historia se acompaña de extraordinarias imágenes realizadas por Max Donoso, destacado fotógrafo nacional que, durante un año,

recogió a diario los cambios con que cada estación transforma la belleza del excepcional paisaje donde se sitúan el parque, la casa y la viña de Santa Rita.

Este proyecto representa nuestro compromiso con la

conservación de un patrimonio significativo para todos los

mantenerlo, como también la de documentarlo e insertarlo en a todos aquellos que han hecho posible su historia, pasada

y presente. Es de manera especial también un homenaje, un

modo de recordar a Ricardo Claro Valdés, quien no solo creyó en el posicionamiento y liderazgo nacional e internacional de esta Viña, sino que tuvo la visión de reconocer su

trascendencia y su aporte a la cultura del país, por lo que

recuperó el parque y reconstruyó sus antiguas construcciones, devolviéndoles su esplendor original y proyectando su valor patrimonial, abriéndolas a la comunidad. Tomó la decisión, además, de elegir Santa Rita como hogar permanente del

Museo Andino y sus colecciones, el más querido e importante legado que proyectó para su patria.

El libro que aquí presentamos tiene un profundo

significado para todos nosotros, y permitirá que la crónica

territorial de Santa Rita, cuatro veces centenaria, se incorpore, definitivamente, en los registros de la historia nacional.

María Luisa Vial de Claro

Presidenta Fundación Claro Vial


Ricardo Claro ValdĂŠs (1934-2008)


Contenidos

8

9 9

13

16

20 23 27

32

40

48

56

112

Santa Rita de Maipo

Historia y prehistoria de una viña La estancia de Maipo Primer viñedo

Nace Santa Rita

Los Jaraquemada. Agua e Independencia

Manuel María Figueroa. Jinete y hacendado

Domingo Fernández Concha. Fundación de una marca Los García-Huidobro. Una empresa familiar Ricardo Claro. Creación de un legado

Memorias de Santa Rita. La Viña hace medio siglo

Parque Santa Rita Hotel Casa Real

126

iglesia

150

Museo Andino

134 182

Casa Doña Paula Viña y Procesos Vitivinícolas

210

TRADUCCIÓN AL INGLÉS / ENGLISH VERSION

225

FUENTES CITADAS / FUENTES CONSULTADAS

224

227

Fuentes iconográficas Agradecimientos


8 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


Santa Rita de Maipo

las cercanías.2 Más al sur, en la serranía de la Angostura,

los inkas hallaron una cueva de donde salía viento, a la que

llamaron Huayra Wasi, en cuya proximidad establecieron una población, cuyas ruinas pudo observar el cronista Gerónimo de Bibar.3

LA ESTANCIA DE MAIPO

izquierda Casa y parque de Santa Rita, ca. 1885 [1]

HISTORIA Y PREHISTORIA DE UNA VIÑA

La Viña Santa Rita tiene el raro privilegio de estar enraizada en una memoria, en un relato de mil quinientos años. Bajo

el piso de sus bodegas se encontraron tumbas de individuos de la cultura Llolleo, que vivieron en ese lugar hacia el año

500 de nuestra era.1 Desde entonces, una línea continua de habitantes se engarza con los inkas, que llegaron al valle

del río Maipo el año 1400 y trazaron sobre este territorio

su camino, el Qhapaq Ñan, al sur del morro que avanza al

cauce del río, donde tendieron un puente de lianas y estuvo

la llamada Casa del Inka, además del tambo que documentos del siglo XVI sitúan en el propio casco de la estancia, en

Primeros propietarios  •  La primitiva estancia de Maipo abarcaba el amplio valle que se extendía desde la ribera sur del río Maipo hasta el estero de Paine, hacia los pueblos de indios de Chada y Aculeo. Al oriente limitaba con las altas cumbres que la separaban del Principal de Pirque y al poniente, con las tierras de Viluco y Maipo. Después de la conquista, el obispado de Santiago estableció en ese territorio una doctrina a cargo de un cura doctrinero, cuya tarea era evangelizar a los naturales en la fe, especialmente a los indios encomendados. Paralelamente a la evangelización, se inició la distribución de la tierra y surgieron las primeras propiedades. Cristóbal Muñoz y Catalina Gómez (1575 a 1613) •  Cristóbal Muñoz vino a Chile en 1549, siendo muchacho, tras los pasos de quien habría sido su padre, el conquistador Bartolomé Muñoz, uno de los firmantes del acta suscrita por el Cabildo y los moradores de Santiago

Santa Rita de Maipo  9


izquierda Sepultura de una mujer de la cultura Llolleo encontrada bajo el piso de la Bodega 9, en Santa Rita, 2005 [2] arriba Vasija. Ofrenda funeraria del sitio Santa Rita, cultura Llolleo, 200-800 d. C. [3] abajo Jarro pato. Ofrenda funeraria del sitio Santa Rita, cultura Llolleo, 200-800 d. C. [4]

en mayo de 1541 –proclamando Gobernador a Pedro de

que es probable que su viuda decidiera, en 1613, mejorar

defendiendo las minas de oro de Concón.

de Maipo, de la que devinieron propietarios Agustín y

Valdivia–, meses antes de morir en manos de los indios

En 1554 Cristóbal se incorporó a la expedición que salió

de Santiago a defender las ciudades del sur y se avecindó

a los hombres que aún vivían traspasándoles la estancia Bartolomé Muñoz.

Bartolomé era presbítero y desde 1611 oficiaba como cura

en Cañete, donde recibió la encomienda de Llolco. En 1568

y vicario de la doctrina de Aculeo, próximo a sus tierras. En

Gómez al menos hasta 1590. No obstante, en agosto de 1575

permaneció hasta 1620. Murió antes de 1624.5 Cuando en

fue alcalde de esa ciudad, donde vivió con su mujer Catalina el gobernador Rodrigo de Quiroga dio a ambos en merced de

tierra la estancia de Maipo, en la ribera sur del río, propiedad de la que tomaron posesión al año siguiente. La mensura

de la estancia se hizo en 1593 por el licenciado Francisco de Escobar, por encargo del Cabildo.4

Cristóbal y Catalina fueron padres prolíficos y tuvieron

por hijos a Bartolomé, Juan, Julián, Andrés y Agustín

Muñoz, y a Mariana de Frías, Juana y Beatriz Muñoz, y Francisca de Oviedo.

Los hermanos Bartolomé y Agustín Muñoz (1613 a ca . 1625)  •  Si bien las cuatro hijas de Cristóbal Muñoz se casaron, de 1590 a 1606, la mayoría de sus hijos fallecieron jóvenes –uno de ellos en la Guerra de Arauco–, por lo

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

1616 fue designado cura de la catedral de Santiago, donde

marzo de 1625 testa y fallece Catalina Gómez, la madre, de

sus nueve hijos solo sobrevive Francisca de Oviedo, casada con el capitán Rodrigo González de Roa.6 Es posible que

ellos vendieran la estancia de Maipo, en representación de la familia.

Domingo García Corbalán y Margarita Navarro (ca . 1625 a ca . 1635)  •  El capitán Domingo García Corbalán es el siguiente propietario de Maipo. Había nacido en las islas Canarias donde fue bautizado en 1589, hijo de Domingo García Corbalán y Rege, regidor perpetuo de Canarias, y de Inés de Castilla y Riverol. Pasó a Chile como alférez a inicios del siglo XVII y residió en Santiago donde, en marzo de 1613, fue recibido


izquierda El Inka Topa Yupanqui, conquistador del valle de Santiago, 1471-1493 [5] derecha Santa Rita de Casia, pintura del siglo XVII [6]

por el Cabildo como escribano real y de provincia, cargo

Ñuñoa, la estancia de Lonchay, en Maule, 600 cuadras en

notario de Cruzada, del Santo Oficio, de minas y registros.

que estaba gravada a favor de los indios, principal que

que ejerció por 40 años. En 1626 se le nombró, además, El gobernador Luis Fernández de Córdoba lo invistió

capitán de infantería en 1629 y el gobernador Francisco Laso de la Vega, diez años más tarde, administrador de las comunidades de indios de Chada y Aculeo, en cuya

proximidad tenía tierras. Fue casado primero con doña Lorenza de Estrada y, viudo de ella en 1627, se volvió a casar con doña Margarita Navarro Vásquez y Segura,

con sucesión de ambas. Reunió un rico patrimonio, que

incluyó una casa y un terreno en Santiago, una chacra en

Nancagua y la estancia de Maipo, al sur del río, propiedad redimió antes de venderla a don Francisco de Cuevas. Murió en 1656.7

Francisco de Cuevas y Clara de Navia (ca. 1635 a 1645)  • El siguiente propietario de la estancia de Maipo fue don Francisco de Cuevas, hijo de don Luis de Cuevas Escobar y de doña Francisca Barba y Torres, bisnieto de Juan de Cuevas, compañero de Pedro de Valdivia en la conquista de Chile y asistente a la fundación de Santiago.8

Santa Rita de Maipo  11


izquierda Tránsito Carrera de Jaraquemada, ca. 1825 [7] centro José Agustín Jaraquemada Montaner, ca. 1825 [8] derecha Escudo de armas de la familia Jaraquemada [9]

Vecino encomendero de esta ciudad, fue dueño de la estancia Huenchullami, en Vichuquén, que –acorde a sus palabras– mantuvo «poblada, edificada y plantada». Además de ella,

plantación de cáñamo que tenía «en compañía» con el doctor

Antonio Ramírez de Laguna, fiscal protector de los naturales. Don Francisco fue casado con doña Clara de Navia, hija

compró al escribano García Corbalán la estancia de Maipo,

del alguacil mayor Álvaro de Navia y Estrada, corregidor de

importante de ganado ovino y vacuno y realizó algunos

fue padre de María y Beatriz Balcázar y de Nicolás de Cuevas.

donde no hizo construcciones pero sí reunió una masa

cultivos. En abril de 1645 impuso sobre esa estancia un

Colchagua, y de María Magdalena de Araya Berrío, con la que Al momento de testar señaló que un quinto de su hacienda

censo de mil pesos a favor de la Caja de Indios. Testó en

debía entregarse a su cuñada Constanza de Berrío, «para

entendimiento», mencionando que en la estancia de Maipo

albaceas al alférez general Nicolás de Cuevas, a Rodrigo de

diciembre del mismo año, «enfermo del cuerpo y sano del

tenía un millar de ovejas y medio millar de vacas, además de diez puntas de arados, la mitad de las cuales atendían una

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

ayuda de su remedio de monja o casada». Nombró como

Navia, su cuñado, y al capitán Luis de Cuevas, su primo.

Pidió ser enterrado en tierra, en la capilla de sus abuelos en la Catedral de Santiago.9


Paula Jaraquemada Alquízar, ca. 1840 [10]

Los hermanos María, Beatriz y Nicolás de Cuevas (1645 a ca . 1660)  • Heredaron la estancia de Maipo los hijos del capitán Luis de Cuevas. Ese y otros bienes debieron ser administrados por la madre viuda, doña Clara, aunque las operaciones legales referentes a ellos las llevaba su hijo Nicolás. Fue entonces, hacia 1660, que debió vender la estancia de Maipo, decisión que cuarenta años más tarde le seguía reprochando su hermana Beatriz al testar en 1700. Es posible que se refiera a la misma pérdida su madre, que en sus últimas disposiciones en 1685 expresa: «yo he disipado algunos bienes que quedaron de mi marido, pertenecientes a mis hijos, de lo cual pido me perdonen por amor de Dios el

descuido que pude haber tenido en la mala administración de los bienes».10 Nicolás de Cuevas se casó en 1672 con Elvira de

Astorga y Ureta, con la que tuvo descendencia y de quien fue

sobrino Fernando de Astorga, futuro propietario de la estancia.

PRIMER VIÑEDO Antonio Chacón y María Cajal (ca . 1660 a ca . 1685)  • Don Antonio Chacón Quiroga fue el siguiente propietario de la estancia de Maipo, adquirida a la testamentaría de los Cuevas Navia. Hijo de Antonio Chacón Sánchez de Morales, nacido en La Serena, abogado de la Real Audiencia de Lima, encomendero

Santa Rita de Maipo  13


Puente colgante sobre el río Maipo en Los Morros, 1821 [11]

de Mendoza y alcalde de Santiago, y de Constanza de

de San Lázaro en Santiago, antecedente de una tradición

regidor de Santiago en 1640, capitán de caballos al año

Fueron sus hijos Constanza, Magdalena, Juan, José, Matías

Quiroga y Miranda, fue encomendero de Cuyo en 1628, siguiente y alcalde en 1647, cuando se produjo un destructor

terremoto la noche del 13 de mayo que arruinó de tal manera

vinífera que más tarde se trasladó a la estancia de Maipo. y Antonio Chacón.

Después de su muerte, en 1664, la viuda siguió a cargo

la ciudad que se llegó a pensar en cambiarla de ubicación.11

de la estancia y de la educación de los hijos. De ellos,

estancia de Maipo, donde construyó casa y capilla de adobes

viuda de este, con Gaspar Calderón de la Torre; su hermana

Con posterioridad al terremoto se hizo propietario de la

en un sitio llano al pie de una quebrada –de los Almendros o del Miedo– generosa en agua y alimento donde, desde

tiempos inmemoriales, generaciones de naturales habían tenido ahí morada. Don Antonio levantó la primera

construcción de la estancia, definiendo la ubicación de un casco histórico que continúa hasta hoy. También definió

el carácter de la propiedad, plantando en ella las primeras

viñas que produjeron vino y aguardiente, y anticiparon una misión productiva que sigue vigente.12

Estuvo casado con doña María Cajal, hija del alguacil

mayor Juan de Cajal y de Magdalena del Campo Lantadilla, heredera de su abuelo el alguacil mayor Alonso del Campo

Lantadilla que le legó –siendo soltera– una viña en la cañada

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

Constanza se casó con Juan de Ureta Ordoñez y luego, Magdalena se casó con Juan de Morales Negrete; tres

hombres fueron religiosos de la Orden de la Merced –fray

José, fray Matías y fray Antonio– y el cuarto, Juan, trabajó en la estancia. Doña María fue una mujer fuerte que

trabajó la tierra y defendió sus títulos, los que disputó con don Antonio Jaraquemada, su vecino, con quien mantuvo un largo litigio por las tierras del Portezuelo, en la junta

de los ríos Clarillo y Maipo, lugar que se identificó como Casas del Inka. Finalmente, en 1665, la Real Audiencia reconoció a los Chacón la propiedad de las tierras del

Portezuelo, fallando una disputa que se arrastraba desde

1663.13 Con posterioridad a su muerte, los hijos heredaron las tierras de Maipo.


izquierda Potro El Guante en Santa Rita, 1867 [12] derecha Jinete chileno, 1841 [13]

Los hermanos Juan, José, Matías y Antonio Chacón y Cajal (ca . 1685 a 1706)  • Don Juan Chacón era joven cuando murió su padre. Comenzó a ayudar a su madre en el manejo de la estancia y siguió de cerca sus instrucciones y las del mercedario fray Ramón de Astorga, quien tenía cuenta y razón de los frutos que daba la estancia. En 1684 él y sus hermanos debían a la Caja de Indios 366 pesos de censos impagos que gravaban la estancia de Maipo, por los mil pesos de principal que impuso Francisco de Cuevas en 1645. En 1693 el mercedario fray Carlos Reinoso, de paso hacia el convento de Chimbarongo, se detuvo en El Jagüey, la estancia de los Chacón arrendada por Antonio Pessoa y elogió sus aguas, provenientes de un arroyo cordillerano, y sus cuantiosas sementeras.14 Además de Maipo, administraba otras propiedades, como la estancia de Cocalán, que le pertenecía desde 1695; la de Catentoa, en Concepción; la de Codao, en Cachapoal, y la chacra de El Salto, inmediata a Santiago, que heredó de su suegro Jerónimo Flores. En esos campos, propios y ajenos, trabajó con indios a los que, al momento de testar en 1706, estimó que siempre les había pagado lo justo. No

obstante, para aliviar totalmente su conciencia, mandó

imponer una capellanía de cuatro mil pesos de principal a favor de sus almas.15

Alcanzó el título de maestre de campo y en 1677 se

casó con Juana Melchora de Carvajal, dotada con cuatro

mil pesos que incluyeron –entre otras cosas– un solar en

Santiago, contiguo al monasterio de las Agustinas. Tuvieron dos hijas, de las cuales solo una –Catalina Chacón– formó familia. Viudo se casó nuevamente en 1702 con Catalina Briseño, la que falleció tres años más tarde dejando

un niño, Juan Tomás Chacón, fallecido al parecer sin

descendencia. Entonces, en la estancia de Maipo quedaban

todavía aperos y bienes indivisos de su padre, don Antonio, entre ellos dos fondos de doce y siete arrobas de vasija,

un alambique viejo de dos arrobas, una paila vieja de la misma cabida, algunos elementos de la capilla como la

piedra de ara, un ornamento viejo, un cáliz y una patena de plata, y una caja grande de Panamá. Los ganados los

había consumido el tiempo y cien arrobas de botija, que se

inventariaron, no pertenecían a la sucesión sino que habían sido adquiridas con su propio caudal.16

Santa Rita de Maipo  15


izquierda Sector en valle del Maipo, 1873 [14] derecha Puente techado en Los Morros, ca. 1860 [15]

Los frailes mercedarios José, Matías y Antonio Chacón y Cajal (1706 a 1724)  • Muerto don Juan Chacón, sus tres hermanos frailes continuaron como únicos dueños de la estancia. De ellos, Antonio fue el primer llamado a servir la capellanía que fundó su hermano Juan, fray José fue provincial de la Orden de la Merced en 1701 y fray Matías también lo fue en 1705. Los frailes –y la Orden tras ellos– mantuvieron arrendada la estancia de Maipo hasta que una prolongada sequía, producto de haberse «desgraciado» la toma de agua, obligó a despoblar la propiedad, situación que se mantuvo por tres años y que los decidió, finalmente, a deshacerse de ella en 1724.

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NACE SANTA RITA Fernando de Astorga y Teresa Montaner (1724 a 1764) •  Siguiente propietario de la estancia de Maipo fue don Fernando de Astorga, hijo de Juan Astorga y Ureta y de Magdalena Pineda de Bascuñán y Cea, cuyo padre Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán fue autor de la célebre crónica Cautiverio feliz. Era sobrino de Elvira Astorga y de su marido Nicolás de Cuevas, anterior propietario de la estancia, predio que sin duda conocía bien. Había nacido en 1683 y se casó a los 35 años con doña Teresa Montaner y Astorga, su prima, hija del capitán Agustín de Montaner, oriundo de Cataluña, y de Margarita de Astorga y Prado.17 Ella llevó 300 pesos de dote y él un capital de 1.200 pesos.


izquierda Enriqueta Fornés, ca. 1880 [16] derecha Explanada frente a la antigua casa patronal de Santa Rita, ca. 1880 [17]

Tenía 42 años en 1724 cuando compró la propiedad de

quien una vez que vio los instrumentos de venta se retiró,

Entonces, el predio deslindaba con las tierras de Paine, de

estaban «en la falda del cerro a la parte del sur en derecera

Maipo, al momento deshabitada por problemas de agua.

los Jaraquemada, con la estancia de Viluco, de los Lecaros, y con la estancia de Tablonco, de sus tíos Pedro Molina y Margarita de Astorga.

Cuando pasó a poblar la estancia, don Fernando

«averiguó con los hombres antiguos sobre los deslindes

y supo por ellos que por la parte de arriba era el Jagüey…

una punta donde nace un arroyo pequeño y por la parte de abajo es lindero un paraje que llaman el Durazno», tierras que estaba ocupando su vecino Antonio Jaraquemada,

reconociendo que pertenecían a Astorga las tierras que

del tambo antiguo de los indios […] que solamente se haya

un ojo de agua que comúnmente llaman Jagüey en derecera del tambo antiguo de los indios que es el fijo y cierto

deslinde y que el arroyo que pretende Jara que sea deslinde es esterillo que recibe agua corriente de las faldas de los

cerros en que tiene su origen y nunca se ha denominada

Jagüey sino arroyo», curso de agua que pasa por la población de la estancia y por la mitad de la Viña.18

Santa Rita de Maipo  17


izquierda Amelia Bascuñán de Fernández, ca. 1885 [18] derecha Portal Fernández Concha. Plaza de Armas de Santiago, 1872 [19]

Volvió a funcionar la acequia del Jahuel y a producir la

Antonio Jaraquemada sobre mejor derecho a las tierras de

Rita. La imagen de la santa de Casia presidió la capilla de

años. El corregidor de Rancagua juzgó que se debían respetar

viña, en un predio que desde entonces se llamó Santa

la estancia,19 dando cuenta de la devoción familiar de los Astorga, que incorporaron el hábito de la santa entre los regalos que prometieron a su hija para el matrimonio.

Don Fernando, que recibió las distinciones de general y

maestre de campo, testó en Santiago gravemente enfermo

en noviembre de 1739, nombrando única heredera a su hija

María Josefa de Astorga y reconociendo como hijos naturales a Miguel, a Cipriano y a Rosa Astorga. Nombró albaceas a

su hermano Antonio de Astorga, canónigo de la Catedral y

vicario general de Santiago, al doctor Pedro Ignacio de Urzúa y a su mujer, Teresa Montaner, designada tutora y curadora de su hija María Josefa.20

La abuela Teresa • Muerto el marido, la viuda se hizo cargo del campo, asumió como cabeza de familia y se defendió

de juicios y litigios con los vecinos. Mujer fuerte –como lo fue María Cajal– Teresa Montaner administró Santa Rita

con la colaboración de su sobrino Juan Agustín Montaner, a quien llamó a su lado. Hacia 1740 entabló juicio contra

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

Jagüey, donde había pastado el ganado de Santa Rita por

las tierras que tradicionalmente cada cual había ocupado, por lo que Teresa Montaner, confiadamente, puso a vivir en ellas a Domingo Navarrete, uno de sus arrendatarios.

Pero a poco andar, Domingo Jaraquemada, hijo de Antonio,

quemó el rancho de Navarrete. Doña Teresa acudió a la Real Audiencia, que en 1741 dictó un fallo adverso para ella y

favorable a los Jaraquemada, a pesar de los testimonios de

antiguos arrendatarios de Santa Rita, como Diego de Pessoa

y el mulato Felipe Villagra. El límite poniente de la estancia, hasta entonces con las tierras de Viluco, pasó a ser con las tierras de Paine, de los Jaraquemada.21

La presencia del sobrino en casa de la tía derivó en

matrimonio. En 1740, previa dispensa de parentesco, se

casaron Juan Agustín Montaner y María Josefa de Astorga, única hija de doña Teresa y heredera de Santa Rita. María Josefa y Juan Agustín fueron padres prolíficos de doce

hermanos Montaner y Astorga que crecieron en Santa Rita, bajo la mirada atenta de la abuela Teresa. Cuando murió su

hija María Josefa hacia 1763, asumió como tutora y curadora


izquierda Monograma de Domingo Fernández en la vajilla de Santa Rita, ca. 1885 [20] derecha Domingo Fernández Concha, 1910 [21]

de esa docena de nietos y veló por cada uno de ellos:

económicamente a los nietos, hicieron que Teresa

José Bruno, Margarita, Manuela, María Concepción,

Astorga– se deshiciera de la estancia en enero de 1764.

Bartolomé, Fernando, Ignacio, Teresa, Josefa, Juan Francisco, Manuel y Miguel Montaner, el menor. Le correspondió a la abuela autorizar el matrimonio de la nieta Teresa –su

homónima– con Melchor Jaraquemada, su vecino, integrante de la familia con la que, por generaciones, habían peleado apasionadamente por los límites y los derechos de la

estancia. Poco después, otra nieta, María Concepción, se casó con un Prado Jaraquemada, de la misma familia.

La muerte de la hija, el nuevo matrimonio del yerno

viudo y la necesidad cada vez más urgente de ayudar

Montaner –albacea general del difunto Fernando de

La vendió a Melchor Jaraquemada, marido de su nieta Teresa Montaner,22 quien pagó por ella la cantidad de

23.836 pesos, de los cuales tres mil fueron a favor de la Orden de la Merced, por la capellanía que impuso don

Juan Chacón, y 400 pesos a cada una de las capellanías

impuestas por Magdalena y Javiera de Astorga. Años más tarde, en noviembre de 1779, «estando como estoy en pie

en sana salud aunque de avanzada edad», doña Teresa hizo testamento y detalló los pagos y los adelantos que había

Santa Rita de Maipo  19


izquierda Guía de venta de árboles para Santa Rita, 1881 [22] arriba Etiqueta Santa Rita Gran Vino, ca. 1890 [23]

abajo Etiqueta Hacienda Santa Rita, ca. 1885 [24]

entregado a cada uno de sus nietos, producto de la venta de su querida tierra de Santa Rita.23

LOS JARAQUEMADA. AGUA E INDEPENDENCIA Melchor Jaraquemada y Teresa Montaner (1765 a ca. 1800)  • Don Melchor Jaraquemada, o de la Xara Quemada, el siguiente dueño de Santa Rita, descendía de Diego de Jaraquemada, nacido en Canarias en 1590 y venido a Chile en 1611 con su tío el gobernador Juan de Jaraquemada, donde se casó en 1615 con María Gómez de Silva y tuvo un hijo y un nieto llamados Antonio de Jaraquemada, que heredaron valiosas tierras en Paine. Melchor fue hijo de Antonio Jaraquemada y Amasa y

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

de Rosa Cisternas y Fuica. Nació en Santiago y tuvo una

brillante carrera pública. En 1771 fue designado capitán de caballería y maestre de campo. Más tarde, en 1783, electo corregidor y justicia mayor de Santiago y, poco después,

superintendente de obras públicas. Nombrado lugarteniente de la Capitanía General de Chile y alcalde mayor de minas del Reino, en 1786 fue subdelegado de la Intendencia de

Santiago y tres años más tarde resultó elegido miembro de su Cabildo.24

Se casó con doña Teresa Montaner y Astorga en 1760

y en 1764 compró la estancia de Santa Rita a la abuela de

su mujer. Diez años más tarde tenía en ella dos viñas, una

antigua y una nueva, dos molinos, casa y capilla, 1.700 vacas


arriba Bodegas de Santa Rita, ca. 1890 [25]

y casi mil ovejas, un centenar de mulas y manadas de yeguas

José Luciano, Casimiro, Carmen, Dominga, Luis e Ignacio

que informaron sus vaqueros y Vicente Vega, capataz de

La hijuela oriente, hacia los cerros del Principal, se asignó

y caballos, además de diez potros, bueyes y yugos, todo lo Santa Rita.

En 1785 comenzó a comprar terrenos inmediatos a Santa

Rita, colindantes con el potrero de la Engorda, al poniente de la estancia. Estas tierras fueron parte de la estancia

Tablonco, de los Molina Astorga, en un sector que iba desde el río Maipo al norte, hasta Viluco al sur. Le vendieron

Agustín Campos, José Gómez y Francisco Avilés. Más tarde, Mónica Carrasco, viuda de Pacheco, los hermanos Avilés y, finalmente, Diego Contreras y Rafaela Pacheco, su mujer. En 1789 había adquirido todas las hijuelas de Tablonco.25

En mayo de 1794 impuso un censo sobre Santa Rita por

mil pesos a favor de la capellanía que fundó Manuela de

Montaner y Astorga, monja de San Agustín, el que redimió tiempo después.26

Enviudó tempranamente de Teresa Montaner en 1771, con

quien tuvo solo dos hijos: María Concepción y José Agustín Jaraquemada.27 Luego de su fallecimiento, la hacienda se

dividió en dos hijuelas. La hijuela poniente, hacia el camino de Tango, se asignó a María Concepción Jaraquemada,

casada con Luis Goycoolea y Zañartu, que conservó su

heredad hasta 1827. Ese año las repartió entre sus seis hijos,

Goycoolea, a cambio de una pensión anual en su favor.28

a su hermano José Agustín Jaraquemada. En esa hijuela se incluyeron la casa, la capilla y la viña.

José Agustín Jaraquemada y Tránsito Carrera (ca . 1800 a 1844)  •  Don José Agustín Jaraquemada, siguiente propietario de Santa Rita, nació en Santiago y se casó ahí en junio de 1797 con doña Tránsito Carrera Salinas, hija de Juan José Carrera y Cuevas y Antonia Salinas Molina, prima hermana del destacado patriota José Miguel Carrera.29 El mismo año de su matrimonio fue nombrado teniente del Regimiento de Milicias del Príncipe en el que luego ascendió a capitán. A partir de 1810 se comprometió con la Independencia y fue un patriota destacado. Vivió en Santiago, en la calle de Santo Domingo, casa donde creció su extensa familia de doce hijos, once de los cuales llegaron a la mayoría de edad. En 1800 le correspondió autorizar el paso de un canal por sus tierras de Santa Rita, tarea titánica que emprendió su vecino Vicente Egidio García-Huidobro, marqués de Casa Real, que poco antes comprara a sus primos Jaraquemada Alquízar, hijos de su tío Domingo, la hacienda de Paine. El

Santa Rita de Maipo  21


Canal de Huidobro –nombre oficial de la obra que, en Santa Rita, llaman canal Jarino– llevó un caudal de 600 regadores del río Maipo a regar tierras de secano en Paine y, de paso, en Santa Rita. El agua salió del Maipo por una bocatoma

inmediatamente después del empalme del río Clarillo y llegó

por primera vez a los potreros de Jahuel el 1º de junio de 1801. El riego produjo cambios sustantivos en la proyección

de las propiedades agrícolas. Hasta entonces, los campos disponían de poco terreno con riego permanente

–proveniente de quebradas, como el caso de Santa Rita– y

grandes extensiones de secano, con empastadas de primavera aptas solo para criar ganado. La mayor productividad que

otorgó el riego permanente permitió dividir las estancias en hijuelas pequeñas pero más productivas, de mayor valor.

No fue el único cambio que se produjo en la localidad. El

marqués Huidobro, rico y rangoso, se dio el lujo de mantener expedito y a su costa un puente colgante sobre el río Maipo, en Los Morros, para viajar sin contratiempos entre Santiago

y su propiedad de Paine durante todo el año, lo que también pudieron hacer los dueños de Santa Rita.30

Doña Paula y los 120  • Don José Agustín trabajó como agricultor en Jahuel y, entre 1812 y 1823, en la costa de Colchagua, donde arrendó a su suegra la hacienda San Antonio de Petrel. En Santa Rita se dedicó a engordar ganado vacuno, y en los terrenos regados, a la siembra de cereales

22 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

y a la producción de vino, con viña país. Pasaba largas

temporadas en la hacienda, compartiendo con sus hijos y

con sus primos Jaraquemada Alquízar, especialmente con

doña Paula, patriota como él, quien –de acuerdo a una fuerte e ininterrumpida tradición oral santaritana– acogió en las

casas de Santa Rita a 120 soldados de la división de José de

San Martín que regresaban a la capital heridos y cansados, luego de la derrota en el sitio de Cancha Rayada, próximo a Talca, el 19 de marzo de 1818, evento que se fijó como

fotografía en la memoria de los sucesivos propietarios y

trabajadores de la hacienda que, desde entonces, llaman 120

a la histórica casona que, años más tarde, daría origen al vino de ese nombre.31

En las décadas siguientes, el trabajo agrícola alcanzó

mayor desarrollo y aumentaron los profesionales, los

técnicos, la maquinaria y los nuevos mercados vinculados al rubro en el que, además, surgieron instituciones que fueron

sus referentes, como la Sociedad Nacional de Agricultura, en 1838, y la Quinta Normal de Agricultura, en 1841. Dos años

más tarde, a fines de 1843, falleció José Agustín Jaraquemada y asumió como albacea, tutora y curadora de sus hijos

menores la viuda Tránsito Carrera, quien designó como

árbitro arbitrador de los bienes del difunto a don Manuel Novoa, ministro de la Corte Suprema.32

La familia Jaraquemada Carrera estaba compuesta

entonces por los hijos siguientes: José Agustín, casado en

izquierda Gruta de Lourdes en la casa de Santa Rita, ca. 1890 [26] centro Escuela de Santa Rita, ca. 1890 [27] derecha Interior del Teatro de Santa Rita, ca. 1890 [28]


izquierda Prensas de canastillo en Santa Rita, ca. 1900 [29] derecha Visita de don Carlos de Borbón a Santa Rita, 1887 [30]

1826 con Juana Vargas y padre de 12 hijos; Melchor, casado

En 1844 la sucesión Jaraquemada Carrera, con la ayuda del

prima Concepción Cruzat Carrera, con hijos y viuda desde

que tomaron, entre otros, los nombres de Los Guindos, El

con su prima Rosario Cruzat Carrera; Lorenzo, casado con su 1840, al fallecer su marido en Santa Rita;33 Manuel, casado con su prima Tránsito Goycoolea Jaraquemada, padre de varios hijos; Miguel, casado con Micaela Ugarte y padre

de varios hijos; Carmen, casada con su primo José Luciano

Goycoolea Jaraquemada, dueño de tierras contiguas a Santa

Rita, heredadas de su madre en 1827; María de la Luz, casada con su primo Luis Goycoolea Jaraquemada, quien heredó

de su madre terrenos que donó para levantar una población

junto al camino de Tango –propuesta que acogió el gobierno de don Manuel Bulnes y creó allí la Villa de Buin, en febrero

árbitro, dividió la hacienda Santa Rita en varias hijuelas

Puente, Los Cerrillos y Las Casas, sobre la que cargaban

varios censos vinculados a la obra pía del obispo Marán,

a doña Paula de Oruna y a los monasterios de la Merced,

de Santa Rosa y del Carmen. La hijuela Las Casas de Santa Rita salió a remate en febrero de 1845. La compró su joven arrendatario, Manuel María Figueroa, quien pagó 19.400

pesos por ella, incluidos los censos que cargaban sobre la

propiedad, así como dos capellanías de mil y dos mil pesos

mandadas fundar por el difunto José Agustín Jaraquemada.

de 1844–; Concepción, casada con Fernando Cañas, con

MANUEL MARÍA FIGUEROA. JINETE Y HACENDADO

soltera en 1844 y casada posteriormente con su sobrino

Manuel María Figueroa y Enriqueta Fornés (1845 a 1880)  •  Don Manuel María Figueroa nació en Santiago hacia 1813, segundo hijo de Manuel Antonio

descendencia; Mercedes y Dolores, solteras, y Rita, la menor, Donato Goycoolea Jaraquemada, hijo de su hermana Carmen.

Santa Rita de Maipo  23


Figueroa y Polo y de Dolores Araoz y Carrera, pariente,

por tanto de la anterior castellana de Santa Rita, Tránsito

Carrera. Era nieto del coronel español Tomás de Figueroa,

que en 1811 encabezó en Santiago un alzamiento de fidelidad al Rey que le costó la vida.34

Agricultor progresista, en Santa Rita acondicionó el

campo y la viña y lo convirtió en un fundo moderno.

Jinete avezado y elegante, siempre montaba las mejores cabalgaduras de Santiago, afición que lo llevó a ser

socio fundador del Club Hípico de Santiago en 1869 y a

Años más tarde, cuando se remataron los animales de don Manuel María, el potro «Guante» y su hijo, «El Chiche»,

izquierda

pesos, respectivamente. Un año más tarde vendió «Guante»

patronal, ca. 1900 [31]

fueron comprados por Ignacio Díaz de Valdes en 400 y 200

a Agustín Edwards Ross, quien con él ganó un premio en la exposición de la Quinta Normal de 1883. Tanto «Guante» como «El Chiche» son importantes «troncos origen» de la raza caballar chilena.35

Caminos y campos a mediados del siglo XIX  •  En vida de

instalar en Santa Rita un criadero de caballos. Contrató

Figueroa hubo muchos cambios alrededor de Santa Rita.

de un Díaz de Valdés Carrera, que resultó un excelente

dio paso a una nueva estructura que se encargó a Estados

de administrador a Ignacio Díaz de Valdés, pariente, hijo preparador de caballos. Tenía, además, de asesor y amigo al famoso criador Pedro Cuevas, creador de los llamados

«caballos cuevanos». En 1870 su amigo Miguel Campino,

como él amante de los caballos, le regaló un potrillo nacido

en Aculeo, hijo del potro quilamutano «Naranjo». El potrillo era bayo, con dos patas blancas. Lo bautizó «Guante» y

fue arreglado en Santa Rita por Félix Riquelme y Dionisio

Díaz. Lo presentaron a la Exposición de 1875 en el concurso «Raza caballar del país» y ganó el premio de Primera Clase.

24 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

El antiguo puente colgante del marqués García-Huidobro Unidos en 1846. Se construyó en el sector de Los Morros y tuvo la particularidad de ser techado, para proteger la madera. Se inauguró en 1850 y se mantuvo en servicio, con su cubierta de tejuela, hasta 1916.36 Desde 1840 se

conversaba sobre tender líneas de ferrocarril al sur y cuando se constituyó la sociedad de ese nombre, en la década

siguiente, se definió su trazado por el costado de la villa de Buin. Desde 1859 el tren recorrió a diario entre Santiago y Rancagua y el paradero de Buin, convirtiéndose en un

Ferrocarril de Santa Rita delante de la antigua casa

derecha Boleto del ferrocarril de Santa Rita, ca. 1910 [32]


izquierda Vicente García-Huidobro, ca. 1880 [33] derecha María Luisa Fernández de García-Huidobro, 1890 [34]

enorme adelanto para transportar los productos de Santa

de Agustinas y Morandé, solar en el que nació Manuel

al sur más utilizada fue por el camino de Tango, paralelo

sucesión de su hermano Carlos.

Rita y otros fundos de la zona. Desde ese momento, la ruta al trazado del ferrocarril. Esta realidad hizo surgir caminos

Rodríguez, el guerrillero, y que Figueroa compró en 1856 a la La agricultura chilena vivió entonces muchos cambios.

secundarios que conectaron el remozado camino de Tango

A partir de la segunda mitad del siglo XIX se intensificó la

camino del Arpa, trazado en línea recta entre la estación de

de rulo en tierra regada, mejorándose casi todos los cultivos,

con el antiguo camino de Los Morros. Fue el caso del Buin y la población de Alto Jahuel.

En 1870 se creó la subdelegación de Santa Rita en el

departamento de Rancagua, extenso territorio que limitaba al oriente y al sur con la cumbre de los cerros del Principal de Pirque, por el norte con el río Maipo y por el poniente con el camino de Tango. En 1875 Manuel María Figueroa

era contribuyente del departamento de Rancagua y pagaba tributo por la hacienda Santa Rita y por el contiguo fundo Los Ratones, al norte. Era propietario, además, de una magnífica casa en Santiago, en la esquina suroriente

construcción de canales de riego, que convirtieron hectáreas la viña ente ellos. Santa Rita tenía 600 hectáreas de riego permanente desde 1801 y viña desde el siglo XVII, pero

producía un vino mediocre, sin atractivo para el mercado extranjero. La creación de las primeras viñas de modelo

francés hacia 1850 debió motivar a don Manuel María para, años más tarde, renovar su propio viñedo. En 1870 Santa Rita cultivaba una pequeña viña de 40.600 plantas de

cepa francesa, lo que representaba una mediana inversión. Lamentablemente, a fines de esa década los planteles

estaban atacados por el Oidium Tuckeri y la bodega –antigua,

Santa Rita de Maipo  25


de adobe y teja– se encontraba en mal estado, lo mismo que

las barricas.37 El rubro principal de la hacienda seguía siendo la ganadería, como en el siglo XVIII.

Manuel María Figueroa se casó viejo con la joven

Enriqueta Fornés García Reyes. Cuando hizo su testamento, poco después, la instituyó heredera de Santa Rita y dejó sus otros bienes, cuantiosos, al Patrocinio de San José y a los

Talleres de San Vicente. Luego de su muerte hubo un juicio de partición de bienes en el que se adjudicó Santa Rita a la

viuda Fornés. Inmediatamente después de la adjudicación, el 30 de agosto de 1880, día de Santa Rosa, la viuda de

Figueroa vendió Santa Rita a Domingo Fernández Concha en la suma de 225.900 pesos. En noviembre del mismo

año, «en casa de la novia», se casó Enriqueta Fornés con

José Víctor Ortúzar Ovalle, padres de Víctor, Constanza y Valentina Ortúzar Fornés.38

26 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

Entonces, la hacienda Santa Rita limitaba al oriente con la antigua hacienda del Principal de Pirque, de Vicente

izquierda

con esa misma hacienda, con el fundo de la sucesión de

Rita, ca. 1920 [35]

Izquierdo y Vicente García-Huidobro; al sur limitaba

Rafael Pacheco arrendado por Enrique Campino, con

la hijuela del Jahuel de los hermanos García-Huidobro

Luco y con la hijuelación del Alto de Gómez; al poniente

Barricas cuarterolas de exportación en Santa

arriba Etiqueta Santa Rita, Especial Superior,

–camino público de por medio– con el fundo de la

ca. 1920 [36]

fundo.39 El agua de riego de la hacienda, originalmente

Etiqueta Hacienda

sucesión de Domingo Matte, y al norte con este mismo un caudal de ocho octavos del canal Huidobro, tenía a la fecha siete octavos, ya que Figueroa había separado

un octavo para regar su fundo Los Ratones. La hacienda reconocía un censo de 2.475 pesos a favor del convento de La Merced.

abajo Santa Rita, ca. 1900 [37]


izquierda Personal y técnicos con las prensas hidráulicas de canastillo, ca. 1920 [38] derecha Bodega de Santa Rita en Santiago, calles Morandé y Santo Domingo, ca. 1920 [39]

DOMINGO FERNÁNDEZ CONCHA. FUNDACIÓN DE UNA MARCA Domingo Fernández Concha y Amelia Bascuñán (1880 a 1910)  •  Domingo Fernández Concha nació en Santiago en 1838, décimo entre trece hermanos. Cuatro muertos al nacer, dos fallecidos jóvenes, una soltera y tres religiosos. La vida espiritual gravitó fuerte en su hogar. Su padre, Pedro Fernández Recio, se ordenó sacerdote luego de enviudar y murió en 1883, habiendo recibido todos los sacramentos que permite la Iglesia a sus fieles. Tuvieron ascendiente sobre el joven Domingo sus hermanas Rosario, sostenedora de colegios y obras pías, y Josefa, monja del Buen Pastor, declarada Sierva de Dios y con expediente de beatificación en proceso, y su hermano Rafael, sacerdote y filósofo.40 No heredó fortuna y desde joven participó en negocios vinculados al crédito y la banca. Trabajó en la administración de los bancos Garantizador de Valores, Sudamericano, Valparaíso y Consolidado de Bolivia, y en la creación de los bancos Domingo Fernández Concha y Nacional, que desde 1865 tuvo autorización para emitir

billetes. Era dueño de una considerable fortuna cuando,

en 1869, se asoció con su hermano Pedro y compraron el

antiguo Portal de Sierrabella en el costado sur de la Plaza de

Armas de Santiago, donde levantaron un nuevo portal que se

llamó Fernández Concha y que en su momento fue el edificio

comercial más grande, lujoso y moderno de la capital. En 1870 incursionó en la política y fue electo diputado.

Se casó en 1866 con Amelia Bascuñán Valledor y tuvo

tres hijas: Mercedes, nacida en 1868; María Luisa, en

1870, y Amelia, en 1871. Dominguito, único hombre, nació poco después pero falleció al cumplir un año, en 1876.

Esta desgracia lo volcó a una espiritualidad profunda que

desarrolló en él una creciente vocación de servicio. Ingresó a la Sociedad de Amigos del País, buscando motivar la

participación de los católicos en la política, y junto con

Abdón Cifuentes, en 1878, fundó el Círculo Católico para Jóvenes y la Asociación Católica de Obreros, de la que

fue presidente. Dedicó mucho esfuerzo y recursos a la

construcción del Teatro Popular que edificó en la calle Arturo Prat, en la capital. En 1879 fue electo senador por Santiago

y, meses más tarde, tomó la decisión de comprar Santa Rita.

Santa Rita de Maipo  27


izquierda Camiones para transporte de barricas cuarterolas, ca. 1925 [40] derecha Etiqueta Viña Santa Rita Reservado El Principal, ca. 1920 [41]

Nace un hacendado  •  Tenía 42 años cuando compró la

escuela y teatro e hizo esfuerzos para traer de Europa a

dedicó a estudiar técnicas y cultivos, al mismo tiempo que

manejaran un orfanato, enseñaran agricultura, y organizaran

hacienda. Por primera vez trabajaba en agricultura y se

a proyectar una mejor educación y calidad de vida para los trabajadores. Modernizó la propiedad, hasta ese momento

religiosos o religiosas que dirigieran un colegio para pobres, bandas de niños músicos.41

Antes y después de comprar Santa Rita debió conversar

un fundo tradicional de la zona central, con sencilla casa

con su primo Melchor Concha y Toro, desde 1875 propietario

empleados e inquilinos, y bodega. La correspondencia

Subercaseaux. No solo compró una propiedad cercana a la

patronal, arboleda, corrales, algunas habitaciones de

entre 1880 y 1882 con su sobrino Manuel Luis Infante, a

quien encomendó la administración de Santa Rita, revela su entusiasmo. Amplió y renovó la viña, donde plantó cepas francesas que compró a su amigo Maximiano Errázuriz,

en Panquehue. Adquirió botellas, corchos y etiquetas para embotellar vino, produjo quesos y miel, engordó ganado,

cosechó trigo, emparejó terrenos y levantó tapiales. Encargó

encorchadoras y prensas a Francia, hizo cubas y bodegas y ya en 1882 vendía vino. Construyó nuevas casas de inquilinos,

28 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

del fundo El Llano de Pirque, heredad de su mujer Emiliana

suya y la dedicó, como él, a la viticultura. Contrató al mismo arquitecto que hizo la casa de El Llano, el alemán Teodoro Burchard, activo en Valparaíso desde 1860, autor, entre

otras obras, de la iglesia de los Doce Apóstoles y la casa de Antonio Ferreira, en el Puerto, y la basílica del Salvador

y el palacio Díaz Gana, en Santiago. Tal como hizo en El

Llano, Burchard eligió un emplazamiento en altura para la

nueva casa, privilegiando la vista a un extenso parque que, también, fue realizado por el mismo paisajista que hizo el


arriba Transporte de barricas cuarterolas en la Viña, ca. 1925 [42]

parque de Pirque, el alsaciano Guillermo Renner. La casa de Santa Rita, como la de El Llano, se hizo en estilo italiano, menos barroca, más pompeyana, rodeada con corredores

desde entonces no dejó de realizar misas dominicales para la familia, los empleados de Santa Rita y los vecinos de Jahuel. Casa, iglesia y parque se convirtieron en sitio predilecto

de esbeltas columnas y altos entablamentos, con zócalos

de la Iglesia chilena. Era frecuente encontrar allí a cursos

en 1883, Burchard hizo realidad el sueño de Domingo

o gozando de vacaciones, o religiosas y religiosos de las

y cielos pintados. A continuación de la casa, concluida

Fernández: construir una iglesia. Una esbelta estructura

de albañilería coronada por una alta torre de madera que

realizó el eximio carpintero Otto Golgert. La iglesia de Santa Rita expresa bien el espíritu ecléctico del arquitecto alemán: exterior gótico, con ojivas, e interior románico o bizantino con arcos y cúpulas, todo profusamente decorado. Don

Domingo se preocupó personalmente de las imágenes y los vitrales que encargó a Múnich, Alemania, por medio de su

primo el presbítero Alejo Infante, y de las pinturas de santos que encargó al joven pintor porteño Alfredo Valenzuela Puelma. Quiso asegurar que siempre hubiera servicio

religioso en el templo, por lo que, cuando todavía se estaban

completando sus decoraciones, en mayo de 1884, traspasó la iglesia y la casa contigua –de los capellanes– al Arzobispado de Santiago para que la designara Capilla Pública y velara por su continuidad. La iglesia abrió sus puertas en 1885 y

completos del Seminario de Santiago en retiro espiritual

más varias congregaciones que llegaban hasta Santa Rita a exponer sus necesidades y proyectos, sobre todo las

monjas del Buen Pastor y los sacerdotes del Corazón de

María, órdenes que tenían en la familia Fernández Concha generosos y fieles benefactores. Las más altas autoridades de la Iglesia y los más destacados pensadores hicieron de Santa Rita su casa. Era usual encontrar al Nuncio de Su

Santidad, al arzobispo de Santiago y a otros notables de la espiritualidad y el pensamiento católico, como el propio hermano del propietario, monseñor Rafael Fernández

Concha. En la casa pompeyana hubo más austeridad que

despilfarro, más oraciones que comidillo social, más sotanas que tenidas elegantes. Se le llamaba «el Vaticano».42

Asistente asiduo a la misa dominical de la nueva iglesia

de Santa Rita fue el joven Vicente García-Huidobro GarcíaHuidobro, administrador del fundo de su madre, las Casas

Santa Rita de Maipo  29


izquierda Camionetas de distribución de Santa Rita en Santiago, ca. 1925 [43] derecha Camionetas de Santa Rita delante del Museo Nacional de Bellas Artes, ca. 1925 [44]

de Jahuel, y descendiente por partida doble del marqués

a regalar un local al partido Conservador, defensor de la

puente colgante sobre el Maipo. Pronto surgió un romance

Fernández Concha.44 Con posterioridad al viaje se instaló

de Casa Real que regó esas tierras e hizo construir un

entre Vicente y María Luisa, hija de don Domingo. Abdón Cifuentes, amigo de la casa, recordaba cuarenta años más tarde cuando la pareja recorría los caminos de Santa Rita en un cochecito de dos ruedas. Se casaron en la iglesia

de la hacienda en 1886 y se fueron a vivir a la casa de los

Fernández Bascuñán, en Santiago, donde nacieron todos

sus hijos. María, la mayor, en 1890; a continuación Vicente, en 1893; Dolores, en 1895; Mercedes, en 1897; Domingo, en 1899, y Rafael, el menor, en 1900. De inmediato

congeniaron suegro y yerno, y pronto Vicente se incorporó a

causa católica, sede que se conoció como Club Domingo en la viña la maquinaria comprada a Mabille Frères y se

contrató a Juan Claveau para que organizara una bodega de distribución en Santiago, que finalmente quedó instalada

en la calle Morandé 580, esquina de Santo Domingo, casa que compró a la sucesión de Pedro Félix Vicuña. Se inició

la distribución del vino Santa Rita por todo el país y desde 1895 la marca comenzó a exportarse. Tres años más tarde

la electricidad llegó a la hacienda y ayudó a modernizar el proceso vitivinícola.

En 1903 logró implementar un proyecto largamente

la administración de la Viña.43

deseado, el ferrocarril de Santa Rita. Lo pensó desde 1889,

El modelo europeo  •  En 1889, don Domingo contrató al

de la Viña con la estación de Buin y, de paso, sirviera para

enólogo francés Pierre Robert y, posiblemente motivado por su conocimiento de las viñas y nuevas tecnologías,

organizó un viaje a Europa con toda su familia, incluida

la nieta María. En Francia compró maquinaria y equipos, en Inglaterra se admiró de los adelantos tecnológicos de la agricultura y en Italia se emocionó con la religiosidad del pueblo. En Roma los recibió Su Santidad León XIII y

les habló, con urgencia, de comprometerse con la doctrina

social de la Iglesia. Posiblemente esas palabras lo motivaron

30 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

como un ferrocarril de sangre o vapor que uniera las bodegas vendimiar la uva y transportar a la población de Alto Jahuel. Logró concretar esta idea cuando compró a los hermanos Domingo, Enrique y Mercedes Matte Pérez una faja de

terreno contigua al camino del Arpa y obtuvo del Municipio de Buin una concesión por 30 años. Desde 1903 los vecinos de Alto Jahuel tuvieron tren propio y Santa Rita hizo la

vendimia sobre rieles, en carros tirados por caballos que

recolectaban la uva a través del fundo y llevaban el vino a la estación de Buin. Desde la estación, la vía corría paralela al


izquierda Etiqueta Santa Rita, García-Huidobro, ca. 1940 [45] derecha Vicente García-Huidobro, ca. 1930 [46]

camino del Arpa y antes de llegar al camino de Los Morros

país. Entonces, la hacienda estaba avaluada en 640 mil pesos

y entraba a la hacienda por un portón próximo al molino,

Errázuriz y Cousiño, avaluadas en un millón ochocientos y

doblaba al sur por el callejón de la Línea, cruzaba Los Morros atravesaba el potrero del Corcho hasta el establecimiento –al

y ocupaba el tercer lugar entre las viñas de Chile, después de un millón cien mil pesos, respectivamente.45 Un año más

pie del cerro del Señor– cruzaba el canal Huidobro, entraba

tarde Santa Rita fue avaluada en 736 mil pesos.

al patio de las bodegas, doblaba al oriente y pasaba frente al

don Domingo señalando que:

al parque, seguía por la avenida de castaños hasta que salía

120, la panadería y la Puerta de las Águilas, giraba al norte y

alcanzaba el camino de las Rosas, donde se internaba por las viñas en una red de siete kilómetros de vías.

En 1908 Santa Rita producía cuatrocientas mil botellas de

vino al año, con envases y corchos que se traían de Europa.

Tenía oficina de distribución en Santiago, representantes en las principales ciudades y exportaba regularmente fuera del

El Diccionario biográfico de Figueroa, en 1929, se refirió a […] en su hacienda vitivinícola Santa Rita, formada por él, estableció, 40 años antes de sobrevenir los conflictos entre patrones y obreros, todo un enlace de obras sociales: Caja de Ahorros de Santa Rita, cooperativas de despacho en que las utilidades se repartían entre los accionistas, que eran los inquilinos, íntimamente unida a la Caja de Ahorro. Los directores eran elegidos entre los más inteligentes y cultos de sus empleados y bajo su inmediata dirección. Es de advertir

Santa Rita de Maipo  31


que estos negocios siempre producían dividendos, pues, cuando había pérdidas, esa se las tomaba don Domingo a fin de enseñarles a amar el ahorro. Todo lo abarcó su grande alma: escuela, teatro, sociedades de socorros en los casos de enfermedad, en que se les proporcionaba médico, medicina y dinero para el diario de la familia, por último, carro mortuorio y sepultación religiosa. Nada escapó a su visión de gran cristiano, que pone sus ideales al servicio de su ideal. Humilde y altivo –aunque parezca contradicción– nunca quiso representar la comedia humana: sus acciones no buscaron ni la aprobación ni los aplausos sociales sino el reino de Dios y su justicia.46

Luego de una vida plena y rodeado de sus hijas –había

enviudado en 1904– Domingo Fernández falleció en

Santiago en noviembre de 1910. La sucesión, integrada por Mercedes, María Luisa y Amelia Fernández Bascuñán,

más el Ordinario Eclesiástico de Santiago –dueño de la iglesia de Santa Rita– designó a Abdón Cifuentes para

que oficiara como juez compromisario.47 Luego de varias

reuniones se acordó realizar un remate público para vender

las propiedades agrícolas de Buin, esto es, la hacienda Santa Rita y los fundos Casas de Jahuel, Jahuel Bajo y Bellavista.

Para Santa Rita se fijó un mínimo de tres millones de pesos que, además de lo edificado y lo plantado, incluía vinos,

vasija, maquinaria, enseres, útiles de labranza, animales, muebles de la casa, carruajes, el material rodante del

ferrocarril, y la bodega de Santiago con sus existencias,

considerando que había un millón setecientos mil pesos en

32 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

vinos, acorde al balance realizado en diciembre de 1910. El

remate, en agosto de 1911, se lo adjudicó Conrado Cuevas en

arriba

nombre de Vicente García-Huidobro, quien también adquirió

Luisa Fernández, Santa Rita,

la suma de 5.026.000 pesos, manifestando que compraba a el fundo Casas de Jahuel que había sido de su familia. Los

otros dos fundos, Jahuel Bajo y Bellavista, fueron comprados por Gregorio Correa y Rafael Pacheco, respectivamente.

LOS GARCÍA-HUIDOBRO. UNA EMPRESA FAMILIAR Vicente García-Huidobro y María Luisa Fernández (1911 a 1948)  • Vicente García-Huidobro fue la mano derecha de su suegro Domingo Fernández y lo secundó en la administración y el manejo de la Viña, trabajo que perfeccionó a diario. A pesar de que tuvo también intereses en la minería, se comprometió con la viticultura y el desarrollo de Santa Rita, por lo que decidió comprar la propiedad en 1911. Todo siguió igual. Conservó el equipo y el sistema de trabajo de su suegro. Continuó desarrollando un programa de avisaje a través del país, implementó una flota de camiones distribuidores en Santiago y despachó vino a provincias, especialmente al Norte Grande, donde la Viña vendía aproximadamente un tercio de su producción. Las ventas en el extranjero eran todavía modestas, a pesar de los constantes esfuerzos por exportar a Europa y a otros países americanos. Vicente, María Luisa y sus seis hijos destacaban entre las grandes familias de Santiago por su fortuna, sin duda,

Bodas de oro de Vicente García-Huidobro y María 1936 [47]


izquierda Domingo García-Huidobro en su taller, ca. 1925 [48] derecha Vicente Huidobro, 1922 [49]

pero también por su decidido interés en torno al espíritu

caballerosidad y trabajo riguroso, mientras misia María

con quien vivían, compraron una casa grande en Santiago,

Como en la casa del abuelo, en esta también se estaba

y la creación. Después de la muerte del abuelo Domingo, en Alameda esquina de San Martín, donde continuaron la tradición de mantenerse unidos y habilitaron nuevos

departamentos cada vez que uno de los hermanos se casaba. Medio centenar o más de personas vivía en la casa de la

Alameda y se trasladaba –en igual número– a Santa Rita

o a Llolleo, en la costa, donde tenían otro fundo. Para los treinta o más nietos crecer juntos creó lazos potentes y

fue una experiencia inolvidable, con anécdotas infinitas y

vivencias asombrosas. Don Vicente era modelo de austera

Luisa lideraba la inquietud intelectual que los caracterizaba. atento a la religiosidad y al pensamiento social, además de la literatura y el arte.48 María Luisa escribía bajo el

seudónimo de Mona Lisa y Vicente, su hijo adorado, se

volcó a la literatura y comenzó a publicar muy joven. Su

hermana Mercedes –Chita– antes de convertirse en esposa del poeta Diego Dublé, fue pintora y discípula del maestro Juan Francisco González, asiduo de Santa Rita y Llolleo.

Domingo, otro hermano, hizo escultura desde la juventud

y aprendió el oficio con Simón González, hermano de Juan

Santa Rita de Maipo  33


Francisco. Rafael, el menor, fue también destacado pintor. Pero Vicente fue sin duda la figura más relevante de todos ellos. A los doce años escribió su primer poema, «Ese soy

yo», que corrigió su madre. En 1916 se embarcó con su mujer e hijos a Francia. Tenía 23 años. Al poco tiempo conquistó un lugar en la intelectualidad europea y se hizo amigo de creadores como Guillaume Apollinaire, Juan Gris, Pablo Picasso, Max Jacob, Joan Miró, Jacques Lipchitz, Diego

Rivera y Jean Cocteau, entre otros. Vivió largas temporadas en el extranjero, escribiéndose con su familia en Chile,

especialmente con su madre, que lo mantuvo vinculado con la Viña, representándola y vendiendo sus vinos. Santa Rita

le dio sustento económico y financió en parte la publicación de sus obras. Muchas páginas de El espejo de agua, Altazor, Temblor de cielo, Mio Cid Campeador y Ciudadano del olvido

–entre otras– se financiaron con los vinos de Alto Jahuel.49 El cariño, la relación entre madre e hijo es insondable.

34 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

Escribe de ella, cuando muere: «Dulce profundidad de mis arterias / Oh sangre mía / Tan inútil tu ausencia / Flor-

izquierda

la ternura de tu alma».50 No siempre tuvo buenas relaciones

ca. 1925 [50]

paloma en dónde estás ahora / Con la energía de tus alas / Y con su padre, desde una vez que, joven, tomó la decisión

de modificar su nombre y mortificar la tradición familiar llamándose, simplemente, Vicente Huidobro.

El Álbum Agrícola de 1923 señaló que la Viña Santa Rita

tenía 2.540 hectáreas de las cuales 663 eran de riego. De

estas, 255 estaban plantadas con viña, cepas francesas, con una producción anual de 71.000 arrobas de las siguientes variedades de vinos: vino dulce Sauternes, Gran Vino

especial para banquetes, y vinos reservados, superiores, especiales, para familias y corrientes, tintos y blancos.

Contaba con diez grandes bodegas con vasijas de roble

americano, maquinaria movida por fuerza y luz propia,

producida por una instalación de turbina con regulador

Jorge Irarrázaval y María García-Huidobro en Santa Rita,

arriba Mercedes García-Huidobro y Diego Dublé, Premio Nacional de Literatura 1958 [51] abajo Dolores García-Huidobro y Adolfo Mujica, ca. 1925 [52]


Vendimia en Santa Rita, ca. 1960 [53]

de aceite y dínamos. Tenía gran casa rodeada de un gran

al personal. Entonces había casi cien familias viviendo en

empleados y de inquilinos. Con bodega propia en Santiago,

a los regalos de ropa o de zapatos que se hacían para el día

parque, iglesia, escuela, teatro, casas de administración, de con capacidad para quince mil arrobas en calle Morandé

580, donde atendía los pedidos de la capital. Tenía además agentes en casi todas las ciudades importantes del país.51 Tiempos de crisis •  La caída de la Bolsa de Nueva York y

la crisis de 1930 afectó fuertemente la economía chilena.

Santa Rita no quedó al margen de la depresión. La Viña tuvo que disminuir su ritmo y trabajó solo día por medio para

sobrevivir, situación que afectó a los propietarios y sobre todo

la hacienda, atentos a la ración diaria de pan y de porotos, y de Santo Domingo, Santa Luisa, Navidad o Fiestas Patrias. María Luisa escribió entonces a su hijo Vicente: «las cosas

aquí van tan mal que estoy temiendo llegue el momento de

no poderte enviar dinero y que te mueras de hambre… Hace tiempo te informé sobre el estado de los negocios: llevamos dos años en que la viña solo produce para vivir sin alcanzar

a pagar las contribuciones ni intereses de las deudas con que nos pilló la horrible crisis».52

Santa Rita de Maipo  35


izquierda Vendimia en Santa Rita, ca. 1960 [54] derecha Vendimia en Santa Rita, ca. 1960 [55]

Toda la familia desarrolló un fuerte vínculo afectivo con

avaluado entonces en veinte millones de pesos y tenía

Manuel María Figueroa, a los Jaraquemada y, en general, a

con viñas, avaluadas en siete millones y medio. Entonces,

Santa Rita, como antes aconteció a Domingo Fernández, a

todos los que, por uno u otro motivo, fueron cautivados por el paisaje y el acontecer de la Viña. Relación de atracción, de afectos que, en el caso de los García-Huidobro se hizo muy fuerte: heredaron el sentimiento de pertenencia de

la madre, idealista, apasionada, y el modo de ser callado, místico y laborioso del padre, cuyo éxito económico le

permitió adquirir a sus hermanos gran parte de la extensa

hacienda del Principal de Pirque, colindante con Santa Rita. La personalidad de María Luisa mantuvo unida a la familia. Las bodas de oro de su matrimonio, en 1936, dieron motivo a un acontecimiento solemne en el que participaron hijos,

nietos y empleados, colmando la iglesia y el parque de Santa Rita en un homenaje de resonancia bíblica, patriarcal. Con

posterioridad a su fallecimiento, en 1938, el rol de madre lo

asumió su hija María, que veló por el padre, los hermanos y el personal de la hacienda. La pieza de misia María Luisa se conservó intacta, como si la habitara su espíritu.

Santa Rita continuó en comunidad y, hacia 1940, se

convirtió en una Compañía Limitada. El predio estaba

36 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

2.665 hectáreas, de las cuales solo 375 estaban plantadas

la mayoría de los administradores estaban vinculados a la familia, incluyendo a Jorge Irarrázaval, marido de María

García-Huidobro, y a Adolfo Mujica, marido de su hermana Dolores. La exitosa gestión del viudo don Vicente dio como resultado que, superada la crisis, en 1947, Santa Rita tenía

359 hectáreas de viñas y era el segundo viñedo más extenso

del país.53 Entonces, vivían más de quinientas personas en la Viña, la que proveía de casas, terrenos para cultivos y talaje

para animales, además de pan, cereales y otras granjerías, sin contar la existencia de una escuela, un teatro y una tienda, manejada como cooperativa, entre otros servicios.

Hermanos García-Huidobro Fernández (1949 a 1979)  •  La muerte de Vicente García-Huidobro en 1949 produjo un corte en la continuidad de manejo de la Viña. Este cambio generacional obligó a los hermanos Domingo y Rafael –Vicente había muerto en 1948– a hacerse cargo y tomar decisiones, tanto en Santa Rita como en El Principal y en Llolleo. Algunos hermanos y sobrinos


izquierda Etiqueta Santa Rita, Familia Especial, ca. 1950 [56] derecha Enrique Leiva vendimiando con gamela, ca. 1960 [57]

participaron en diferentes etapas de la administración,

García-Huidobro y Compañía Limitada se transformó en una

y competitivo, y que además estaba incubando en el país

un capital de tres millones de escudos –equivalentes a USD

en un panorama económico que se había hecho complejo un problema social insoslayable. En los años cincuenta

hubo un intento de formar un sindicato, iniciativa que no tuvo el respaldo de los propietarios pero que se mantuvo

Sociedad Anónima, abriéndose más allá de la familia con

500.000– correspondiente a 2.682 hectáreas, construcciones, maquinarias y enseres.

Entre 1950 y 1970 la producción y la gestión empresarial

como aspiración de los trabajadores hasta que se creó

de Santa Rita fueron de menor actividad, resultado de un

en la administración de la Viña Vicente García-Huidobro

al estancamiento del consumo de vino en proporción al

finalmente en 1961. Hacia 1960 se incorporó activamente Portales, hijo del poeta, con experiencia en el mundo empresarial y una visión laboral moderna. En 1964 la

Sociedad Viña Santa Rita M. L. Fernández Concha de

proceso que no pudo revertirse debido, entre otras cosas, aumento de la población, y a la creciente competencia de las cervezas y bebidas gaseosas que la gente comenzó a consumir masivamente.

Santa Rita de Maipo  37


Estudio de abogados Claro y Compañía. Atrás, tercero de izquierda a derecha, Ricardo Claro, ca. 1960 [58]

La situación política del país se hizo muy compleja a partir de 1970, especialmente en los campos, ya que la Reforma

Agraria, iniciada pocos años antes, amenazaba con expropiar

aproximada de cuarenta hectáreas, lo que, de alguna manera, dejaba ese sector a resguardo de tomas y expropiaciones.

Según José del Pozo, «si bien la empresa logró mantenerse

las propiedades que se consideraban mal trabajadas. En

a flote durante 1970-1973, al terminar el período de la Unidad

El Principal para ser expropiado, pensando que con ello se

acciones había significado una baja importante en los fondos

1969 el directorio de la Viña ofreció al gobierno el fundo

disminuían las posibilidades de intervención gubernamental en Santa Rita. A pesar de esta situación amenazante, la Viña experimentó algunas transformaciones, como la

construcción de más casas para el personal, que alcanzaron

Popular su situación económica no era buena. El pago de las de capital de la empresa. Además, como las otras viñas,

Santa Rita se descapitalizó porque los precios del vino no

aumentaron al mismo ritmo que la curva de la inflación».54 A comienzos de 1977 el directorio de la Viña solicitó la

la suma de 160 o más viviendas en el predio. Se popularizó

intervención del Estado para que avalara un préstamo de dos

las exportaciones a Latinoamérica y Estados Unidos. Los

Por su parte, los trabajadores se entrevistaron con el cardenal

la frase «no beba Santa Rita, se acostumbrará» y aumentaron trabajadores se asociaron a la empresa, con acciones y

participación en el directorio, y ellos mismos organizaron piquetes de vigilancia para impedir que sujetos extraños a la Viña trataran de forzar una toma. Paralelamente,

en octubre de 1972 se obtuvo que el presidente Salvador

Allende y Aníbal Palma, ministro de Educación, firmaran la declaratoria de Monumento Nacional del parque de la

Viña Santa Rita, incluyendo la casa principal, la casa de los Jaraquemada, la iglesia y las bodegas, con una superficie

38 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

millones de dólares que pensaban obtener en el extranjero. Raúl Silva Henríquez para obtener un financiamiento

similar para la empresa. Pero ni una ni otra solicitud obtuvo una respuesta favorable y la situación se hizo cada día más

insostenible. El directorio decidió entonces buscar un nuevo socio, que aportara capital fresco.

Jorge Fontaine (1979 a 1980)  •  Quien demostró interés por asociarse a la Viña fue Jorge Fontaine, destacado empresario que en 1979 estuvo de acuerdo en aportar


izquierda Ricardo Claro, Sebastián Warnier, Tomás Eguiguren, Aníbal Ariztía y Jorge Heiremans, Apalta, 2002 [59]

derecha Ricardo Claro y María Luisa Vial de Claro, Santa Rita, ca. 2000 [60]

recursos frescos para cubrir las deudas de la sociedad.

y el Comercio) de 1968 a 1974. Dirigió la Viña Santa Rita

Viña Santa Rita S. A., dando término a una continuidad

la bodega y las marcas a una sociedad controlada por el

Compró sus acciones y se convirtió en el controlador de la familiar de 99 años en el manejo y la propiedad de la Viña, desde que la creara Domingo Fernández Concha en 1880. Jorge Fontaine Aldunate, nacido en Viña del Mar en

1923, había desarrollado una relevante carrera pública y

empresarial que inició como subsecretario de Minería del

presidente Jorge Alessandri, de 1958 a 1960, presidente de ICARE (Instituto Chileno de Administración Racional de

Empresas) y de la SOFOFA (Sociedad de Fomento Fabril) en

1966, y presidente de la CPC (Confederación de la Producción

solo un año, de 1979 a 1980. Entonces vendió los viñedos, empresario Ricardo Claro, y conservó para él el resto de la

hacienda, que dedicó preferentemente al negocio frutícola. Mantuvo esta propiedad hasta 1990. Según del Pozo:

Durante su época hubo varias transformaciones importantes: una de las principales fue el cambio del régimen de trabajo. El sistema de inquilinaje, que predominaba desde hacía muchas décadas, fue eliminado. Esto significó que los trabajadores que vivían dentro de la misma viña debieron retirarse a terrenos ubicados a cierta distancia de la propiedad, a cambio de lo cual se le construyeron viviendas. Las tierras que antes

Santa Rita de Maipo  39


izquierda Visita a Santa Rita del Presidente de la República Popular China, Jiang Zemin, acompañado del Presidente de Chile Ricardo Lagos y Ricardo Claro, 2001 [61]

derecha Ricardo Claro y el Presidente de Polonia, Aleksander Kwaśniewski, durante su visita a la Viña Santa Rita, 2002 [62]

ocupaban los inquilinos fueron dedicadas a la producción: se plantaron 200 hectáreas. de árboles frutales; se reforestaron las laderas de los cerros; se renovó la maquinaria para la elaboración del vino, pero solo en parte, ya que en aquel momento el mercado del vino no era bueno.55

En paralelo a los cambios que se llevaban a cabo en la

gestión agrícola, Fontaine llamó a la oficina de arquitectos Swinburn y Pedraza para intervenir la casa patronal. Se

reparó su fachada poniente, al parque, donde se renovó la

techumbre y se consolidaron los muros, obra que concluyó en el verano de 1985, cuando un violento terremoto

azotó la zona central del país y produjo severos daños

en la casa y la iglesia de Santa Rita. Hubo que reforzar la

estructura de toda la casa y reconstruir el ala norte, donde la fachada se convirtió en una galería vidriada continua. Paralelamente, se reforzó la estructura de la iglesia, se

restauró su pintura mural y se aplomó la torre, en peligro de derrumbe.

La crisis económica de 1980 y la baja producción agrícola

hicieron inviable mantener ese campo, por lo que, en 1991, debió venderse el resto de la propiedad de Santa Rita, con

casas patronales, parque e iglesia incluidas. Fue adquirida

40 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

por Cristalerías de Chile, que la tuvo algunos meses antes de venderla a su filial, la Sociedad Anónima Viña Santa Rita, en 1992. Se volvió a reunir en un solo paño el territorio original de la hacienda.

RICARDO CLARO. CREACIÓN DE UN LEGADO Ricardo Claro y María Luisa Vial de Claro (desde 1980)  •  Ricardo Claro Valdés, creador del grupo que se identificó con su apellido, y que hacia 1980 ya poseía Cristalerías de Chile, entre otras sociedades, era un reconocido abogado y después un exitoso empresario. Fue el siguiente controlador de la Viña Santa Rita y, de alguna manera, su refundador. Tiene muchas afinidades con Domingo Fernández Concha, el fundador, siendo posiblemente las más evidentes la fe católica y la pasión por la belleza, que para ambos se encarnó en el paisaje de la Viña. Nació en Santiago en agosto de 1934 y estudió en el colegio Saint George’s de esa ciudad. A los 17 años comenzó a trabajar en la Bolsa de Comercio en la oficina de su padre, Gumercindo Claro Matte. Entró a la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile en 1952 y se tituló de abogado en 1958, cuando ya formaba parte del estudio Claro y Compañía,


Proyecto para la remodelación de la casa de doña Paula, del arquitecto Raúl Irarrázabal, 1992 [63]

prestigiosa oficina iniciada hacia 1880 por Luis Claro Solar

Cristalerías de Chile, heredera de la antigua Fábrica Nacional

prestigiosos abogados. En su paso por la universidad fue

permitió que, en 1977, la compañía firmara un convenio de

–lejano pariente suyo– de la que llegó a ser uno de sus más alumno de Jaime Eyzaguirre, abogado e historiador chileno, a

quien admiró profundamente por sus valores cristianos y que adoptó, desde entonces, como modelo de vida, espiritualidad y trascendencia. Entre otras cosas, motivó su desarrollo académico y fue profesor de Política Económica en la Universidad de Chile desde 1961 a 1990.

Asesor económico del Ministerio de Relaciones Exteriores

entre 1973 y 1975, le correspondió viajar a China donde

estableció importantes vínculos para la economía del país, luego de que tuvo la oportunidad de conocer al Primer

Ministro Deng Xiaoping y visualizar la inminente apertura

de China al mundo. Con posterioridad recibió el encargo de coordinar la Sexta Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA), que se realizó en Santiago en 1976.56

Fue en este período que se inició como empresario, al asumir un rol principal en la dirección de la Sociedad Elecmetal,

de Vidrios, de 1904. Su gestión a la cabeza de Cristalerías

asistencia con la empresa norteamericana Owens-Illinois, principal productora de envases de vidrio del mundo.

Proyección de una viña •  Hacia fines de la década de los

noventa, Ricardo Claro era presidente de la Compañía

Sudamericana de Vapores y de Megavisión, primer canal de

televisión privada, además de Elecmetal y Cristalerías, entre otras empresas. Nació entonces al interior del grupo Claro, que lideraba, la inquietud de acercarse a los consumidores

mediante un producto que permitiera enfrentar el momento de apertura económica que el país comenzaba a vivir. Se

exploraron así varios negocios y pronto surgió el interés de

ingresar en el mundo del vino, pensando desde el principio que se trataba de un producto noble, ligado a la tradición agrícola chilena y a la identidad nacional, y exportable. Con la determinación y el voluntarismo que le

Compañía Electrometalúrgica de Santiago fundada en 1917,

caracterizaban, Claro asumió la misión de buscar una

CORFO adquirió la empresa y asumió la administración de

nivel, además de una trayectoria reconocida. Así aparece

empresa que diversificó. A continuación, en una licitación de

viña que tuviera el potencial de producir un vino de alto

Santa Rita de Maipo  41


la posibilidad de adquirir Viña Santa Rita, propiedad que

admiraba y conocía bien, ya que era amigo y abogado de los

García-Huidobro en Claro y Compañía. De inmediato vio en ese predio más que una buena oportunidad de negocio, la oportunidad de llevar a cabo un proyecto trascendente. Tras largas y tediosas negociaciones, en 1980 logró

comprar las bodegas de Santa Rita en Alto Jahuel, 79

hectáreas de viñedos adyacentes, además de las marcas.

El grupo Claro adquirió el 50% por medio de Cristalerías de Chile y la otra mitad fue aportada por Owens-Illinois,

empresa que era también proveedora de botellas de vino en distintos países y tenía en ese momento gran voluntad de expansión. Aprovechando la importante colaboración de este socio, inmediatamente se quiso orientar la Viña a la

exportación y a los pocos meses de concretar la transacción, Ricardo Claro, María Luisa Vial de Claro y su primer gerente general, Baltazar Sánchez –vicepresidente de la compañía desde 2008–, junto con un grupo de norteamericanos, recorrieron las mejores viñas de Estados Unidos para

Desde sus comienzos, la gestión de Ricardo Claro,

acompañado del equipo ejecutivo y de sus directores

–Juan Agustín Figueroa, presidente de la compañía tras el

fallecimiento de Claro; Gregorio Amunátegui, Arturo Claro, Baltazar Sánchez y Alfonso Swett–, dio un fuerte impulso a la Viña en todos sus ámbitos. En el área productiva

introdujeron grandes adelantos técnicos en la elaboración de vinos, desconocidos entonces en Chile. Además de tecnificar los procesos, se incorporó un equipo humano que viajó

por el mundo seleccionando a los mejores importadores y

distribuidores que se podían encontrar en el extranjero. El sello característico del grupo, de asociarse con los líderes, también se llevó a cabo con el vino. Desde el principio se

integraron extraordinarios enólogos, que marcaron un hito en la historia de Santa Rita e inauguraron un trabajo de

excelencia, siendo los primeros Ignacio Recabarren y Álvaro Espinoza, contratándose además asesores externos como el enólogo francés Jacques Boissenot.

El área comercial realizó, en 1982, el exitoso lanzamiento

interiorizarse de la vanguardia de los procesos productivos.

de la línea 120, que hasta el momento había consistido

permitiría mejorar la calidad del vino y orientarlo a su

exportación de los vinos Santa Rita a los mercados de todo

Se hizo evidente que la integración de tecnología de punta comercialización en el exterior.

42 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

en un solo producto y, a partir de 1985, inició una masiva

Proyecto de remodelación para el hotel Casa Real, del arquitecto Álvaro Pedraza, 1991 [64]


Ricardo Claro entrega el Premio Espíritu Santa Rita a Carlos Valcázar, 2002 [65]

el mundo. Tres años más tarde, Cristalerías de Chile pudo

adquirir a Owens-Illinois su participación en la compañía, y obtuvo el control total de la Viña.

En el área enológica se incorporaron nuevos equipos,

cubas de acero inoxidable, barricas de roble francés y

americano. A fines de la década de los ochenta e inicios de los noventa se produjo un período de gran expansión en Santa Rita, sustentado en el alza experimentada por sus

Recuperación de un patrimonio •  Hubo una especial

preocupación por devolver a Santa Rita la calidad y la

prestancia que le otorgaban su trayectoria. Se comenzó

diseñando un nuevo acceso a la Viña, realzado con una

alameda de plátanos orientales y, más tarde, en 1993, se

complementó esa avenida con un camino flanqueado por

palmas chilenas que enfrentó la llamada «casa de doña Paula». La restauración de ese edificio fue una de las tareas de

exportaciones y en la excelente reputación de sus vinos,

recuperación patrimonial que más motivaron a Ricardo

Durante esta época tuvo especial importancia la adquisición

del vino se acrecentaba, se nutría de su relato histórico, de su

que obtuvieron premios y reconocimientos internacionales. del resto de la hacienda Santa Rita, con la casa patronal, la iglesia y el parque, transacción que permitió rehacer

la viña histórica. Con la participación del directorio y la

colaboración de Arturo Claro junto a Claro y Compañía, por medio del abogado Eduardo González, se llevaron a cabo

significativas inversiones en la compra de 2.860 hectáreas en distintos valles a lo largo de Chile y, desde 1991, transaron sus acciones en la Bolsa de Comercio, con un capital de

más de quince millones de dólares. Era la culminación de

un proceso que iba más allá del negocio y que comenzaba a delinearse como parte de un legado.

Claro. Tenía clara conciencia de que, en parte, la identidad

tradición, de la belleza de su paisaje. Por eso era fundamental recuperar completamente la casa que fue origen de Santa

Rita en los siglos XVII y XVIII y que en el siglo XIX acogió

la tradición y leyenda de los 120 y doña Paula Jaraquemada. A partir de 1992, los arquitectos Raúl Irarrázabal y Rodrigo

Márquez de la Plata realzaron la explanada frente a la extensa fachada y destacaron un zaguán que se abre a un jardín

interior ordenado en torno a una fuente central, inspirado

en los patios conventuales de la Colonia, y en el concepto del Hortus Conclusus o jardín del paraíso de la Edad Media. En la casa restaurada se instaló el restaurante Doña Paula, cuyos

Santa Rita de Maipo  43


izquierda Daños y desplome en la Bodega 1, Santa Rita, terremoto de 2010 [66]

derecha Daños en la Bodega Casillero, Santa Rita, terremoto de 2010 [67]

muros se decoraron con valiosas pinturas coloniales de los

María Luisa Vial de Claro con el apoyo de Cecilia Montes.

XVII y XVIII. La recuperación de esta antigua construcción

especialistas y técnicos, se replantaron cientos de especies,

talleres de Quito, Cusco y Potosí, realizadas en los siglos

dignificó y puso en función social un valioso patrimonio, significativo para la Viña y el país.

La casa patronal de Santa Rita fue motivo de igual

preocupación. Si bien ya se había reparado parcialmente después del terremoto de 1985, don Ricardo llamó

Luego de realizar un diagnóstico en el que participaron se recuperaron estatuas y elementos ornamentales, se

construyeron invernaderos y baños para el público y se

capacitó a un equipo de jardineros que asumió la mantención de este magnífico patrimonio paisajístico de 39 hectáreas. En 1992 se inició el proyecto Viña Carmen –marca

nuevamente a los arquitectos Swinburn y Pedraza para que

adquirida en 1987– orientado a la producción de vinos

hotel de lujo, similar a los relais & châteaux que había conocido

tradicional sector santaritano de la Puntilla. En 1997 Santa

la restauraran y adecuaran a un nuevo uso, el de un pequeño en Francia, en los grandes viñedos, a los que aportaban

identidad y refinamiento. Entre 1991 y 1994 se llevó a cabo el proyecto del hotel, desarrollado mayoritariamente en el ala sur de la casa. Se renovaron las galerías; se recuperaron los colores originales de zócalos y muros; se rediseñó el patio

central, donde se ubicó la pila de los tritones; se restauró la

gran escalinata al parque, y se reconstruyó el nuevo patio de

acceso. Adicionalmente, se reforzó la estructura de la capilla y se restauró su pintura mural.

Complementario con el trabajo de la casa fue la

recuperación del parque, tarea que llevó a cabo su esposa

44 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

de alta gama, para lo cual se construyó una bodega en el

Rita realizó su primera incursión en el exterior, formando

la sociedad Viña Doña Paula en Ugarteche, Luján de Cuyo, Mendoza. Adicionalmente, en Chile adquirió la marca

Terra Andina en 2001 y, años más tarde, creó Nativa para desarrollar vinos orgánicos.

La Fundación Claro Vial •  Más allá de la creación de nuevas

asociaciones y productos que enriquecían la proyección

de la Viña, Ricardo Claro buscaba darle aún más belleza y trascendencia, para convertirla en la plenitud de un

sueño. Eso lo llevó a recuperar viñedos, casas, iglesia,


Andamios para reparar la iglesia de Santa Rita después del terremoto de 2010 [68]

parque y bodegas. En estos espacios dio vida a numerosas

de la patria. Siendo el museo su base principal, es objetivo

a realizaciones culturales, de música. Pero todavía pensaba

programas educativos y otras actividades culturales –tal

actividades productivas y sociales, a ceremonias religiosas, en algo más duradero, permanente. Con su esposa María Luisa Vial, decidieron crear en Santa Rita un museo con

las colecciones arqueológicas y antropológicas que habían

de la Fundación organizar conciertos, exposiciones,

como la investigación histórica y la publicación de este libro–

orientadas a enriquecer los valores y la calidad de vida del país. La decisión de que Viña Santa Rita fuera hogar y residencia

reunido a lo largo de cuatro décadas. Para llevar a cabo este

para su colección levantada durante cuarenta años, fue una

de la Viña y crearon luego la Fundación Claro Vial, a la que

trascender. Para construir el museo se eligió un espacio junto

proyecto lo compartieron, primeramente, con el directorio donaron sus colecciones y dieron la misión de investigar, desarrollar y difundir la cultura y el arte, expresando así su compromiso con el desarrollo y el engrandecimiento

prueba de su gran amor por el lugar y su búsqueda por hacerlo a la explanada de acceso a la Viña y se llamó a un concurso,

que ganó la oficina de los arquitectos Jaime Burgos y Mariano Campos, a quienes se sumó el escultor Vicente Gajardo,

Santa Rita de Maipo  45


Visita de escolares al Museo Andino, 2015 [69]

autor de los muros de piedra y de la clava monumental que

manifestaciones de pesar expresadas por representantes

comodato por la Viña a la Fundación, se inauguró en 2006

especialmente esclarecedoras las palabras con que lo despidió

regaló a la obra. El edificio del Museo Andino, dado en

con una colección de tres mil piezas en una museografía de excelencia, que lideró José Pérez de Arce, del Museo

Chileno de Arte Precolombino, proyecto que se acogió al auspicio de la Ley de Donaciones Culturales y en el cual

participó activamente el propio donante. Fue su particular y permanente aporte al patrimonio cultural del país, después de haber colaborado, por décadas, con instituciones tales como el Museo de San Francisco, el Museo Histórico

Nacional y el Museo Chileno de Arte Precolombino, además del Teatro Municipal, la Fundación Andes y el Conjunto

de Música Antigua, entre muchos otros. El Museo Andino de la Fundación Claro Vial está desde entonces abierto gratuitamente a todo público, convertido en un foco permanente de aprendizaje y cultura.

de los múltiples mundos en los que participó, siendo

monseñor Fernando Chomalí, obispo auxiliar de Santiago:

[…] fue un buscador que con las alas de la razón y de la fe, usando la feliz frase de Juan Pablo II, se levantó en un original vuelo en búsqueda de la verdad para encontrar lo esencial, lo que realmente importa en la vida. Ello lo llevó a consagrar lo mejor de sí a su familia con un matrimonio ejemplar, a la sociedad generando riqueza, empresas y empleo, que tanto benefició al país y a los más necesitados, y cultura, en sus múltiples expresiones. Este anhelo de verdad, esta búsqueda insaciable lo llevó a incursionar mediante el estudio asiduo y silencioso en la búsqueda de nuevos caminos para salir de la pobreza y de todo aquello que flagelara nuestro país. Lo hizo desde su mirada de creyente y de católico. Ello lo llevó a ser consecuente y a vivir de acuerdo a sus principios y convicciones. Lo llevó a hacer el bien y a promover con pasión y sin descanso un mundo mejor, justo próspero, libre.

El empresario no alcanzó a ser testigo de los daños del

Continuidad de un legado •  Ricardo Claro falleció en

terremoto de 2010 en Santa Rita, pero su equipo, liderado

Las bodas de Fígaro, de Mozart, presentada en el Teatro

a los trabajos de reconstrucción que se hicieron urgentes.

octubre de 2008, horas después de haber asistido a la ópera Municipal bajo su auspicio. En sus funerales hubo hondas

46 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

por Jorge Heiremans, respondió con celeridad y eficiencia Además de los daños en las bodegas y la subsecuente


izquierda Vino Santa Rita Casa Real, Reserva Especial 1989, premio Wine Legend (Vino Leyenda), 2013 [70] derecha María Luisa Vial de Claro y el Cuarteto Takács, Santa Rita, concierto 2015 [71]

pérdida de miles de litros de vino, el hotel, la iglesia y el

activo e informado está requiriendo. La Viña está buscando

Todo se reconstruyó luego de analizar los materiales

y ofrecerle, además de su producción vinífera, la rica

restaurante resultaron muy afectados en su estructura. originales y las nuevas técnicas de restauración,

incorporando tecnologías contemporáneas al mismo tiempo que oficios tradicionales, todo en función

del cuidado y la conservación que corresponde dar a

testimonios valiosos de nuestro patrimonio cultural. El año 2013 la Viña festejó una noticia que coronó

exitosamente un proceso que inicio Ricardo Claro al

comprar Santa Rita en 1980 y plantar cepas de Cabernet

acercarse cada día más a la gente, para entenderla mejor

diversidad de cultura y tradición que ha ido desarrollado

ininterrumpidamente en su territorio, desde el origen, hace muchos siglos. El conocimiento de su historia motiva a

valorar más su trabajo y productos, a reconocer con mayor profundidad un legado en el que se integran, entre otras

expresiones, tradiciones, oficios, patrimonio cultural, arte, paisaje y naturaleza.

La Viña Santa Rita hoy es sinónimo de apertura y

Sauvignon, cuya cosecha de 1989, Casa Real, obtuvo el

atracción, y en su tradicional y centenaria propiedad de

Leyenda –el primero en Latinoamérica–, otorgado por la

libremente al parque, al hotel, al restaurante, a las bodegas

reconocimiento internacional de Wine Legend, Vino prestigiosa revista británica Decanter.

El futuro de Santa Rita sigue estando vinculado a

su espíritu original, en el que se privilegia la calidad

Alto Jahuel ofrece a la comunidad la posibilidad de acceder y al museo, en el entorno excepcional del valle de Maipo, donde desde el siglo XVII crecen sus viñedos.

de sus productos valorizando, de manera creciente, su

dimensión social y cultural. En este contexto, sus enólogos y viticultores están orientados a producir el mejor vino y a considerar, al mismo tiempo, aspectos adicionales

que tienen relación con lo que un público cada vez más

Santa Rita de Maipo  47


48 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


Memorias de Santa Rita. La Viña hace medio siglo

hubo indios naturales, más tarde españoles y finalmente

chilenos, todos más o menos próximos al lugar donde hasta hoy se levanta la llamada casa de doña Paula y las bodegas

de la Viña, conjunto arquitectónico que comenzó a formarse a mediados del siglo XVII.

Hay poca documentación y escasos recuerdos para

recrear, para imaginar cómo era la vida en Santa Rita. La

visión general más antigua que tenemos es de la primera

mitad del siglo XX, concretamente de 1930, cuando se hizo

un registro fotogramétrico de la zona, con fotos aéreas, que

luego se traspasaron a planchetas que dibujaron los técnicos El tiempo no ha cambiado la geografía ni el paisaje de la

Viña Santa Rita, enclavada en un valle rodeado de cerros por tres de sus costados y el cuarto, al poniente, limitado por un camino que se trazó en los albores de la historia, en tiempo de los inkas. No obstante, han cambiado los cultivos, los

del Instituto Geográfico Militar. Esas planchetas permiten

reconocer bien Santa Rita y sus alrededores, desde el puente

de Los Morros hasta El Tránsito, desde los cerros del Principal de Pirque hasta Buin. Propiedad extensa, de casi tres mil

hectáreas, pero con acotados espacios de vivienda y trabajo.

Para recorrer virtualmente la memoria de Santa Rita hacia

accesos, los recorridos, las construcciones y, sobre todo, la

1930, proponemos dividirla en tres zonas, con tres accesos

su origen, o su trabajo, y que no saben o no recuerdan los

sectores: al norte, al centro y al sur.

gente, las innumerables generaciones que han tenido aquí vínculos con este lugar.

Tenemos referencias generales del pasado más remoto de

Santa Rita, desde que ahí vivieron individuos de la cultura Llolleo en el siglo VI o VII de nuestra era, luego cuando

diversos desde el camino público de Los Morros. Tres

En el primer sector, al norte, estuvo la puerta de entrada

más antigua de Santa Rita. Es la más próxima al puente de Los Morros y, por ende, a Santiago, cercanía que fue

importante desde el siglo XVI hasta finales del XIX, cuando

Memorias de Santa Rita. La Viña hace medio siglo  49


se hizo un nuevo camino al sur, al lado del ferrocarril y Los

Morros derivó a camino secundario. Es la puerta del puente

de la Gringa, y estuvo activa hasta la segunda mitad del siglo XX. Comunicaba con sectores habitados de La Puntilla, San

pasado próximo de Santa Rita, recordar los nombres de

quienes construyeron su historia cotidiana y tuvieron ahí su trabajo, su familia, sus afectos.57

Rafael, las Rosas y la Población, y con el núcleo de las bodegas

SECTOR NORTE. EL CAMINO DE SAN RAFAEL

existe esa puerta. En su lugar está la planta de riles de la viña.

de San Rafael o de los Perros que, sombreado de acacias,

y la casa vieja que hoy se conoce como Doña Paula. Ya no

En el segundo sector, o sector central, está la puerta que

se abrió en 1880 para acceder a las casas nuevas de don

Domingo Fernández Concha. Fue el camino más expedito

La puerta del puente de la Gringa daba acceso al camino

avanzaba recto hacia el oriente, rematando a la distancia

con la silueta del monte de la Cruz que dominaba el valle. La primera casa, antes de cruzar el puente, era de Luis

para llegar, en línea recta, hasta el parque, la iglesia, el teatro

Riveros. Cruzando el canal, a mano derecha, estaban las

que existió en los faldeos del cerro y se conoció como

Neftalí Ríos –luego sería de su nieto Manuel López–,

y la escuela de la hacienda, y al sector densamente poblado «barrio alto». Existen todavía la puerta y el camino, pero

cerrados al tráfico que, desde 1981, se trasladó a la actual puerta de acceso de la Viña.

En el tercer sector, al sur, existió una puerta exclusiva

para el ferrocarril de Santa Rita, que iba y venía a la estación de Buin. Este entraba a la hacienda, pasaba por el molino y

el establecimiento, cruzaba el parque y llegaba a las bodegas y la viña. Dejó de funcionar hacia 1940 y, años más tarde,

desaparecieron el molino y el establecimiento. Solo queda su memoria en un alcornoque centenario y monumental en el

casas de Germán Vergara, Valericio Gómez, Adrián Diaz, Orlando Mallea, Ismael Poblete, Manuel Méndez, Neno

Jara, Alfredo Núñez, Emiliano Peñailillo, Jorge Troncoso y

Hernán Arias, haciendo esquina con el llamado camino de

la Población, al sur. A mano izquierda, estaban las casas de

Hernán Acevedo, Martín Ríos, Hilario López, Jorge Jiménez, Armando Valenzuela –más tarde de Felo Aguilera–, José

Pérez, Raul Garrido, Pastor Pino, Hernán González, Miguel

Pizarro y Hernán Ramírez, esquina del camino que llevaba a La Puntilla, al norte.

En la Puntilla había otro conjunto de casas construidas

potrero del Corcho.

en el plano, frente al cerro, donde vivieron Edudaldo Loyola,

siglo XX– Santa Rita fue uno de los fundos más tradicionales

Florencio Cortés y Enrique Gaete, a los que se conoció

Previo al recorrido, hay que señalar que –hasta fines del

de la zona central, no solo por su extensión y producción

de vino, sino por su peculiar identidad. Había pertenecido

Sergio Jara, Miguel Memblo, José Cofré, Aurelio Núñez, como «puntillanos».

El camino de la Población iba en línea recta hasta las

por tres generaciones a una familia sensible a la tierra y al

bodegas y la casa de doña Paula, atravesando dos sectores

al final de un camino, lo que ayudó a conservar muchas

La población tenía cuatro calles, en cada una de las cuales

espíritu, estaba localizado en un valle acotado por cerros tradiciones campesinas. Sus trabajadores constituyeron una suerte de familia y se potenciaron como un grupo

cohesionado y solidario. Hacia 1960 vivían en Santa Rita más de quinientas personas –cifra que aumentaba en la vendimia– y sus casas conformaban una verdadera ciudad, con barrios, calles y espacios de encuentro.

Lamentablemente ya no existe ese paisaje humano. El

paso del tiempo y las nuevas formas de trabajo lo hicieron desaparecer. Eso hace necesario conservar la memoria del

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

muy poblados, posteriores a 1930: la población y la cancha. había seis o más casas. Entre sus vecinos estuvieron

Madermo Rodríguez, Florencio Maturana, «Leche» Lastra,

Moisés Morales, Absalón Chacón, Celia Donoso, Leopoldo

Sarralde, «el Chico» Jiménez, Ignacio Lobos, Manuel Muñoz, la familia Retamales, Manuel Arce, la familia Orellana, Benito Bueno, José Sepúlveda, Carlos Sepúlveda, José

Painecura, Pedro Navarrete, Félix Galdámez, Juan Cuadra, Daniel Gajardo y Pedro Núñez, cuya casa es la única que sobrevive, vacía, en medio de las viñas.

anterior Santa Rita, plancheta del Instituto Geográfico Militar 1932 [72]


izquierda Equipo de fútbol de la Viña en la cancha de Santa Rita, ca. 1960 [73] derecha Cuadrilla en el Pozo de Recepción de Santa Rita, vendimia de 1974 [74]

Pasada la población el camino continuaba frente a las casas de

Después de cruzar los caminos de la Puntilla y de la

Camilo Brossard, que hacía esquina del callejón de la Cancha.

costado de la medialuna y los corrales, donde hubo lechería

Manuel Acevedo –donde hubo peluquería–, Manuel Toledo y La cancha de fútbol tenía casas en sus costados poniente

y norte, donde vivían los Jara, Ernesto González –después

su hijo Jorge–, Enrique Gaete, Enrique Leiva, Eduardo Copia y Carlos González. Cada domingo había partidos desde

temprano, locales y visitas, y la cancha se llenaba de público

que buscaba sombra bajo los sauces de la orilla. Los jugadores

Población, el camino de San Rafael continuaba por el

y vivieron Pedro Valderrama y Sergio Gallardo. Llegaba

hasta el encuentro con los caminos de las Rosas y de las

Águilas, donde vivía el contratista Óscar López, encargado

del campo –después sería Juan Luis Donoso–, al lado de las casas de Carlos Tapia, José Gutiérrez y los Jiménez.

El camino de las Rosas seguía al de San Rafael, luego de

se cambiaban en la casa de los González: camiseta blanca con

una leve curva. Ahí vivieron Jorge Catalán –luego su hijo

medias blancas. El gran momento de la cancha era durante

Óscar Aravena, Alejandro Flores, Sergio Lobos, Óscar

una faja azul donde decía «Viña Santa Rita», pantalón azul y

las Fiestas Patrias, cuando se llenaba de fondas y ramadas y se bailaba toda la noche, inquilinos y patrones.

El camino de la Población llegaba hasta las bodegas y,

por el frente, a la sala de cine o uso múltiple que se conocía como «el Bienvenido», por el letrero que había sobre su

puerta. Ahí se daban películas los domingos, había baile y

Guillermo–, Aurelio Murga, Roberto Zúñiga, Miguel Zúñiga, Murga, José Armando Lara y Pedro Riveros. Más allá, el

camino llevaba al portezuelo a Pirque donde vivían los Pino Martínez, y al cementerio de Santa Rita, donde se enterró a

las víctimas de la epidemia de cólera que sobrevino en 1886.

reuniones, fue sede del primer sindicato y lugar de velorio o

SECTOR CENTRAL. EL CAMINO DE LA ESCUELA VIEJA

siempre activa, frente a la explanada de la casa vieja.

llavería, casa patronal e iglesia. Se accedía desde el camino

responso para los difuntos. A continuación seguía la fragua,

Se trata del corazón de Santa Rita, donde están sus bodegas,

Memorias de Santa Rita. La Viña hace medio siglo  51


de Los Morros cruzando un amplio portón sostenido por

estaba la cantera de donde se sacaba piedra para arreglar los

frente a la Escuela N° 21, hoy Liceo Técnico. Tenía a un

habilitó para atender o ayudar a bien morir a los infectados

altas pilastras de ladrillo, rematadas por bolas de cemento, costado la casa –que todavía existe– de Mariano Tirado, el

portero, y al frente la de Segundo Cáceres, que heredó su hijo

caminos, y se veían los cimientos del antiguo lazareto que se con la peste de cólera.

El camino formaba una explanada frente a la iglesia

el maestro albañil Mario Cáceres. Un camino recto llevaba

y la casa patronal de los García-Huidobro. En esa casa

ladrillo –los colectivos– donde vivieron las familias Padilla

los hermanos Julio y Rosenda González y, después María

hacia el cerro. A mano izquierda había dos pabellones de

Ahumada, Fuentes Alfaro y Soto Andrade. A mano derecha estaban las casas de Floridor Godoy –después sería de Julio Rojas–, Samuel González, Luis Lagos, Moisés Cornejo –

frente a la encina–, Hernán Alegría, el contratista Carlos

Ríos –después correspondería a Manuel Valdenegro–, y Juan Icarte, jefe del parque, inmediata al canal. Al frente, camino por medio, vivían Dionisio Pezoa –después su hijo José– y Rosendo Trincado, luego Jorge Cofré.

El camino, que se llamó indistintamente de la Escuela

Vieja y de la Iglesia, cruzaba el canal Huidobro y avanzaba

entre el muro del parque y el cerro del Señor, donde todavía está la imagen de fierro de Cristo Crucificado que levantó

Domingo Fernández y que fue lugar, cada año, del Vía Crucis que se realizaba en Viernes Santo.

Había muchas casas al pie del cerro donde vivían Donoso,

el llavero –más tarde Armando Ovalle–, Miguel Acevedo y Carlos Peña, después Arturo Muñoz. Eran casas grandes,

con amplios corredores. Seguía el teatro, donde había telones pintados y se hacían representaciones para Navidad, y a

continuación la escuela, donde vivió la profesora Rebeca

Peña y más tarde las señoritas Rufina y Ana Díaz. Ambas

construcciones cayeron con el terremoto de 1985. Seguían las casas de Enrique Rojas, Sergio Balcázar –después

fue de Julio Lazcano–, Fernando Urzúa y los Maturana. A continuación estaba el tranque, flanqueado por dos

callejones. El primero iba donde Juan Balcázar, capataz del cerro –después Enrique Zamorano–, y a la casa del jefe del parque, Luis Contreras. En el otro callejón hacía esquina la casa de los Castillo a la que seguían las de Eugenio

Torrealba, Vicente Aránguiz –luego de su nieto Juan Lobos– y Roberto Ramos. Al fondo vivía Enrique Torrealba y había otro colectivo, doble, con cuatro pabellones. Muy cerca

52 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

siempre hubo una pareja o matrimonio a cargo, como

Terán y su marido Fernando Urzúa, llavera y dueño de casa, respectivamente. La casa estaba dividida en diez

departamentos, ocho en la casa grande y dos en la llamada casa de la iglesia. A la casa grande iban los hermanos

Domingo, Rafael, Mercedes y Dolores García-Huidobro,

las ramas de Vicente y María García-Huidobro, y la de su

hija María Irarrázaval, más un departamento de alojados. A la casa de la iglesia iban semanalmente los curas del

Sagrado Corazón y también vivía en ella Miguel Mujica

García-Huidobro. Cuando los patrones iban a Santa Rita, en la cocina los atendían Anita Trincado y su ayudante Julia

Mallea, y cada uno anotaba sus gastos en un «libro diario», que liquidaba mensualmente el contador de la Viña.

La iglesia se abría semanalmente para la misa dominical y

un coloso recorría desde temprano el fundo, transportando

a la gente. Para las misiones, en noviembre, la iglesia estaba abierta a diario y seguía abierta durante el Mes de María

y la Novena del Niño Dios. Fiesta especial era el Día de la Virgen y la iglesia se llenaba de niños y niñas de Primera

Comunión. El templo era inicio y término de las procesiones por el parque, como la del Domingo de Ramos en la plaza de San Isidro, y el Vía Crucis al cerro del Señor. Y había matrimonios y bautizos, velatorios y misas de difunto.

Todavía se recuerdan los funerales del capataz Balcázar, cuyo ataúd se llevó desde la iglesia de Santa Rita al cementerio

de Buin escoltado por un centenar de huasos. Pero la fiesta más multitudinaria y popular fue siempre Cuasimodo. De madrugada se arreglaba la «calesa» y salía el cura desde

la iglesia a repartir la comunión a los enfermos, seguido

por innumerables jinetes, ciclistas, carretelas y vehículos

engalanados con flores y cintas, las cabezas cubiertas con pañuelos y la mayoría portando banderas. Después de


Bodega de ingreso a la planta de Santa Rita ca. 1900 [75]

recorrer todos los caminos del fundo, desde la Puntilla hasta

Poblete, el petisero, había una puerta que daba acceso a la

caía el sol, a visitar a los pacientes del hospital de Buin.

continuación, el muro era pared trasera de las caballerizas,

el Jahuel, la calesa del cura y sus seguidores iban, cuando El parque era manejado por un encargado y diez

trabajadores que, además de regar, limpiar y podar el extenso jardín, se preocupaban de los huertos y las hortalizas que el paisajista Renner incorporó al diseño original. Cada

semana enviaban frutas y verduras a la casa de los patrones, a Santiago, y estaban atentos al calendario de secar frutas,

moler maíz, sajar aceitunas, pelar castañas y cosechar nueces. El muro del parque continuaba más allá del acceso de

la casa grande, hasta que, frente a la casa de Florencio

casa de Juan Gallardo, supervisor del parque y de la viña. A donde vivía como allegado «el Cautín», encargado de tocar las campanas de la iglesia. Ahí –camino de por medio–

estaba la animita de un hombre que murió acuchillado y del

cual nadie recuerda su nombre pero, al parecer, sí saben el de su atacante. El muro remataba finalmente en la monumental Puerta de las Águilas, con dos pájaros de fierro fundido coronando los obeliscos de ladrillo.

Las Águilas enfrentaba a dos caminos, uno al norte,

al interior del fundo, y otro al poniente, conocido como

Memorias de Santa Rita. La Viña hace medio siglo  53


camino de la Panadería, las Bodegas o la Fragua. Era el más

estaba la portada de piedra que daba acceso a las bodegas y a

carreras a la chilena. Al frente de las Águilas estaba la casa

llamaba la atención un gran mural pintado que representaba

frecuentado del fundo y cada «Dieciocho» se corrían ahí

de Ciro Taiba, de dos pisos y balcones. Seguían las de Julio Jofré –después de su hijo Jaime–, González, el tractorista

la oficina del encargado de la planta, Carlos Peña. Al entrar, la perspectiva de una bodega de vinos.

El patio de la llavería se cerraba, al poniente, con las casas

–después de Juan Quintanilla– y Oscar Alarcón –hoy Casa

de Miguel Contreras y Dagoberto Godoy, y continuaba al sur

que iban desde Buin a la plaza Almagro en Santiago, y se

hasta la casa de Ramón González. Al frente estaba la del

de Turismo–, quien facilitaba un paradero a los buses

detenían para dejar o retirar pasajeros cuatro veces al día. Continuaban las casas de Juan Rubio y Luis Vásquez, que

colindaba con la fragua, donde había una acacia vieja que todavía da sombra.

Al mismo costado de las Águilas estaba el conjunto de

galpones que servían de comedor para los afuerinos, para la panadería, los hornos, la leñera y el almacén del pan,

construcciones que todavía existen. Seguía la cocinería y, un poco más al poniente, la antigua casa de los Jaraquemada, el 120 de los santaritanos. Tenía acceso solo por el frente,

ya que su interior era un estrecho y largo patio amurallado. Estaba dividida en varios departamentos. Al extremo

oriente, los cuartos donde vivía la señora Olga Soto, la

en un callejón que corría a lo largo de la bodega de materiales cajero Alberto Crush, donde después vivió Manuel Gallardo.

SECTOR SUR. EL JAHUEL Y EL CORCHO

La puerta de acceso del sector sur fue exclusiva para el

ferrocarril de sangre de Santa Rita, que entre 1900 y 1940

entró y salió por el costado del molino y cruzó los potreros del Corcho y el Jahuel hasta llegar a los viñedos. Nada de

eso existe hoy. El sector sur de Santa Rita correspondió a un

fundo que se llamó las Casas del Jahuel y que, hacia 1900, se incorporó a la Viña. Incluía el faldeo del cerro, dos grandes

potreros, dos grupos de viviendas y dos lugares particulares de trabajo: el molino y el establecimiento.

Para acceder a este sector desde Los Morros, había que

matrona, encargada del policlínico; luego los ocuparía Rita

entrar por el camino de la escuela vieja y avanzar hasta el

Club Deportivo y, finalmente, el departamento del maestro

alto» había que doblar a la derecha, al establecimiento,

González. Seguían el policlínico y la maternidad, la sede del Luis González, eléctrico.

Tras el 120 estaba la casa que fue del administrador

Alberto Huititon y luego del subgerente Raúl Brossard.

Después que se cerró la escuela vieja en 1985, fue la nueva Escuela del Sagrado Corazón de Santa Rita, cuya última

directora fue Alicia Retamal. Tenía un amplio patio interior y un parrón central a continuación del zaguán. En ese patio se levantó un pabellón para que almorzaran los alumnos, en el costado sur.

El patio de la llavería –acceso a las bodegas– estaba

limitado al sur por un antiguo cañón de cuartos con

corredor, donde estaba la oficina del fundo, la ventanilla para pagar y el almacén o pulpería que estuvo a cargo del cajero Eduardo Fierro hasta que se transformó en Economato y

luego en Cooperativa, atendida por Manuel Aravena, donde

los empleados de la Viña tenían acciones. Al frente, al norte,

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

canal Huidobro. Ahí, en vez de continuar hacia el «barrio donde había maquinaria para aserrar madera y, además,

se hacían ataúdes y cruces para los difuntos de Santa Rita. Ahí vivía el encargado, maestro Rafael Riveros, y Nibaldo

Carrasco. El camino continuaba hasta la puerta del Jahuel, inmediata a la casa de Alberto Avilés. Atravesando el

potrero, al sur, se llegaba a la antigua casa patronal, con amplios corredores, donde vivían Jorge Burgos y su hijo

Jorge, maestros de fragua. El camino doblaba al poniente y

accedía a las casas de Miguel Pezoa, Pedro González, Miguel Santander, Joaquín Aguilera y Alejandro Soto. Doblaba al

oriente, hacia el cerro, a la antigua casa donde vivía Efraín

Pezoa. El Jahuel colindaba con el potrero el Corcho. Entre el

Corcho y el camino público de Los Morros había una faja de terreno con varias casas cuyo frente daba a la calle principal de Alto Jahuel y su patio interior al fundo. Ahí vivieron,

de sur a norte, Aliro Díaz, los hermanos Darío y Juvenal


izquierda Placa de la antigua oficina de Santiago, ca. 1920 [76]

derecha Vendimiando sobre rieles, Santa Rita, ca. 1930 [77]

Salgado, Sergio Aravena –después la familia Pizarro–, la

familia González, Rigoberto Astudillo, Hernán Núñez, por

donde entraba el tren, los Díaz –más tarde Juan Vielma–, y

caracho / y no sé qué hacer…». Violeta estaba en la gloria. Al lado estaba la persona que había buscado por siglos.

A los pocos días, Violeta y sus hijos se trasladaron a Alto

Ramón Rubio, cuyo sitio colindaba con el molino de Jahuel.

Jahuel, a casa de la Pelusita. Los recibió su hija Manuela

VIOLETA PARRA EN SANTA RITA

Rita. Sus hijos Julio y Tadeo Martínez eran inquilinos de

En una de estas casas, donde estaba la puerta del ferrocarril de Santa Rita, vivió la Pelusita, primera madre-maestra de Violeta Parra.

La Pelusita tenía 95 años cuando conoció a Violeta, en

Leyton, que había sido portera del ferrocarril de Santa

la Viña. Estuvieron varios días, todos juntos, en la casona

antigua con el corredor lleno de maceteros. Fue la primera investigación en terreno de Violeta, sus primeros pasos

como recopiladora, «al lado de una anciana venerable que se

1950. Fue en el bautizo de la última hija de la cantante,

convirtió en su fuente más abundante y cristalina. Violeta

Pelusita. «Asistió toda su familia, que vino de Alto Jahuel.

campesino». Su encuentro fue un gran día para la música

Carmen Luisa Arce Parra, hija de Luis Arce, nieto de la

Madre, tías y abuela de aspecto duro, riguroso. Como si

llevaran luto eterno. Mediterráneos, todos en negro, coro

bebió de ella, apagando su sed de tradición y patrimonio folclórica y popular chilena.

Durante días, Pelusita buscó en su memoria tesoros que

griego de origen campesino», recuerda su hijo Ángel Parra.58

ofrecer a Violeta. Como el «casamiento de negros» o el vals

inmediato y le habló. «¿Toca? Yo tocaba en mis tiempos».

a los deseos / que anhela el corazón», canción que fue el

Cuando Violeta tomó una guitarra la Pelusita se le acercó de «Y tocará todavía», le contestó Violeta, que cantó una tonada. Cuando terminó, la Pelusita le dijo: «Ahora me toca a mí»

y con su vocecilla cantó «En la Plaza de Armas, carancho /

me ha salido un toro, carancho / me ha enterrado un cacho,

«que pena siente el alma / cuando la suerte impía / se opone pasaporte que Violeta Parra llevó por Chile y el mundo. El

viaje a Santa Rita fue decisivo para ella. Lo que antes tenía

claro le pareció evidente. En estos viejos chilenos estaban la memoria, la oralidad, la sabiduría.

Memorias de Santa Rita. La Viña hace medio siglo  55


56 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


Parque Santa Rita

La inspiración

Además de las influencias propias de su origen francés, el

paisajista supo integrar armónicamente características de otros estilos en boga en la época: el inglés y el italiano. Con respecto a este último, resaltan la profusión de

elementos decorativos, como ánforas, fuentes y estatuas, y el laberinto de boj frente a la casa, que le otorgan un

aura renacentista al entorno. A esto contribuye, también,

otro elemento propio de la paisajística italiana, como es la inclusión de espacios de recreación. En este caso, el baño de inspiración pompeyana, con una piscina al centro y

camerinos en sus extremos, que fue parte de lo construido por Burchard y que dialoga con el estilo de la casa, Con posterioridad a la construcción de la casa y la iglesia

emplazada estratégicamente en una pequeña altura.

Al estilo inglés remiten los largos caminos y las avenidas

contigua por parte del arquitecto Teodoro Burchard,

sinuosas, el trabajo de las perspectivas y el tratamiento de

para la hacienda Santa Rita al paisajista alsaciano Guillermo

para el cultivo y la producción de hortalizas, fusionándose

Domingo Fernández Concha encargó el diseño del parque Renner, avecindado en Chile desde 1873 y quien proyectó

numerosos parques urbanos y jardines privados en el país a fines del siglo XIX y comienzos del XX.

El Parque se despliega en más de cuarenta hectáreas y es

uno de los más extensos y mejor conservados de la zona central.

amplias zonas de pastoreo. Algunos sectores se reservaron un parque urbano con un jardín hortícola, combinación

propuesta por Renner, que tiene antecedentes en los jardines de la Edad Media y el Renacimiento. Esta área fue valorada y utilizada desde temprano por la familia Fernández Concha, que impulsó a sus jardineros a desarrollar habilidades

Parque Santa Rita  57


Anterior Fachada poniente de la casa, desde la laguna grande izquierda Estatua La primavera de la fundición francesa Val d’Osne derecha Entrada a la piscina romana

vinculadas no solo con las especies ornamentales, sino también con las hortalizas y los frutales.

El diseño del Parque debió considerar dos lagunas

dupla de arquitecto y paisajista pudo compartir soluciones en el terreno.

que ya existían al momento de definir su estructura y

La flora

posiblemente emplazada en ese lugar para abastecer de

de especies foráneas para replicar el paisaje europeo y

especies, la mayor de ellas situada al pie de la gran casa, adobes a la vivienda. Es posible que esto haya sido una

decisión del arquitecto, adaptada luego por Renner, o bien

que ambos la hayan discutido. Ya existía el antecedente de un trabajo conjunto en la viña Concha y Toro, en Pirque, cuyo dueño Melchor Concha y Toro era primo hermano

de Domingo Fernández Concha. En algunos aspectos, la

58 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

En cuanto a la flora, el diseño consideró la introducción hoy solo crecen endémicas la palma chilena y algunos

quillayes. Aparecen también unas araucarias que, aunque muy parecidas a la chilena, son de la variedad brasileña. Destaca una gran variedad de coníferas: cedros, abetos,

criptomerias, sequoias y cipreses, entre los que llama la atención, junto a la pequeña laguna, el llamado ciprés


Parque Santa Rita  59


Anterior Jacarandá florido en la fachada norte de la casa izquierda León dormido derecha Escultura italiana de mármol en la terraza de los trenes

62 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


calvo: especie caducifolia cuyas raíces áreas salen a

La estatuaria

como encinas, castaños, alcornoques y hayas rojas. Por sus

edificaciones, en la época se incorporaron diversas esculturas

oxigenarse. Además se encuentran diversas fagáceas,

cualidades ornamentales, se integraron también especies de hermosa floración: magnolios, tuliperos, jacarandás, aromos, grevilleas y buganvilias.

En las áreas frutales, conviven distintos ejemplares de

la familia rosácea –como manzanos, duraznos, ciruelos,

almendros– con cítricos, olivas, paltos y nogales. En todo

Para ornamentar las áreas contiguas a senderos y

provenientes en su mayoría de la fundición de Barbezat et

Cie., en Val d’Osne, norte de Francia. También se encuentran

algunas de la fundición A. Turenne, en Sommevoire –ubicada al noreste del país galo– como los Niños flautistas, realizados hacia 1860.

En el Parque están Las cuatro estaciones que hizo el francés

el parque se encuentran diversas especies florales: calas

Mathurin Moreau para Val d’Osne hacia mediados del siglo XIX.

hortensias, azaleas, rosas y jazmines.

sacó moldes para reproducirlos en fierro fundido. Ejemplares de

a orillas de la laguna, agapantos, anémonas, macizos de

Posiblemente hizo los originales en mármol, a los que luego se

Parque Santa Rita  63


Estanque de las rosas


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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


izquierda Jacarandá y buganvilia floridos tras el estanque de las rosas derecha Puerta de la iglesia desde el estanque de las rosas

estas y otras estatuas se encuentran diseminados por parques y

El verano, representado como un muchacho que sujeta una hoz

número considerable de ellas en el centro de Santiago.

a unas espigas de trigo, se encuentra en el camino que rodea la

plazas de casi todo el mundo, tal como se puede identificar un Las cuatro estaciones podían comprarse como conjunto, en

forma individual y también como motivo central de una fuente, sobre un pedestal de fierro fundido que tenía mascarones de

los cuales brotaba el agua. En la Viña, las estatuas se ubican por separado. Así, la primavera, una joven con corona y guirnalda

de flores, está frente al baño pompeyano. Hacia mediados de la década de 1870, estuvo emplazada en el primer patio de la casa de Domingo Fernández Concha, según consta en una fotografía de esa época.

en su mano derecha y un rastrillo en la izquierda, de pie junto

laguna, entre la zona del baño y la capilla. El invierno, una mujer cubierta con un manto y calentándose las manos, está frente

a la casa y a la entrada del laberinto de boj. Lamentablemente, estas estatuas carecen de algunos componentes originales:

el verano perdió el cuchillo de la hoz y el mango del rastrillo, mientras la mujer que representa el invierno se frota las manos frente a un brasero hoy inexistente.

Hay dos versiones de la misma estatua de un muchacho

vendimiando para el otoño: una pintada de blanco, como

Parque Santa Rita  67


izquierda Escalera al parque desde la fachada poniente derecha Escalera a la casa y costado de la iglesia

el resto de las figuras, y otra en fierro fundido, sin pintar,

Isidro» era, en el pasado, el lugar donde tradicionalmente se

Entre otras esculturas, destaca la del niño que está al

daba inicio a la Semana Santa y que recorría todo el Parque.

comprada posteriormente.

centro del espejo de agua, frente a la capilla: es el famoso Niño taimado del escultor chileno Simón González, copia en cemento del original en mármol que se exhibe en el

Museo Nacional de Bellas Artes. La obra original recibió un reconocimiento en el Salón de París de 1893.

No podía faltar en este entorno una estatua que

representa a San Isidro, patrono de la agricultura y de

la lluvia, que se encuentra a la entrada del Parque y que domina toda una explanada. La llamada «plaza de San

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

iniciaba y concluía la procesión del Domingo de Ramos que Desde la época de Fernández Concha, la comunidad de Santa Rita se reúne aquí a escuchar misa al aire libre.


Parque Santa Rita  69


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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


izquierda Niños flautistas de fierro fundido bajo el alcornoque derecha Agapantos floridos

Conversación con Patricia Sepúlveda, encargada del Parque Santa Rita • Patricia Sepúlveda es la encargada del Parque Santa Rita desde que, en 1992,

sucediera en la labor a don Raúl Brossard. Hija y nieta de santaritanos, nacida y criada en esa hacienda, ahí se bautizó e hizo la primera comunión, fue a su

escuela y luego terminó sus estudios en el liceo de Alto Jahuel, frente a la puerta de la Viña. Muy joven comenzó a trabajar en el predio como supervisora de

frutales hasta que se presentó la oportunidad de encargarse del Parque. Aunque

Parque Santa Rita  71


Anterior Puente a la isla en la laguna grande izquierda Laguna grande derecha Estatua de fierro El otoño en el prado de rosas frente a la casa

en un comienzo tenía pocas nociones del trabajo que implicaba, con coraje asumió el desafío, y las señoras María Luisa Vial de Claro y Cecilia Montes –a cargo del proyecto de remozamiento del parque y quienes valoraron en Patricia su carácter y capacidad de trabajo para el cargo–, ayudaron a su

especialización matriculándola primero en el curso de jardinería de INACAP y,

luego, alentándola a que asistiera a un diplomado de paisajismo y diseño en la Universidad Católica. Pero –dice ella– su gran escuela ha sido la práctica, los

más de veinte años de experiencia cotidiana, en los que ha sido testigo y artífice del esplendor que ha alcanzado el Parque.

Comenzó con un equipo de 25 trabajadores con el objetivo de descubrir, rescatar

y rearmar el parque que, a inicios de los noventa, estaba cubierto por matorrales, arbustos, zarzamora y renovales crecidos «sin orden ni concierto», muchos

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


Parque Santa Rita  75


Agapantos y hortensias en flor


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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


izquierda Fachada principal desde el prado de la laguna derecha Escultura de la Virgen y el Niño en la fachada norte

caminos abandonados o desaparecidos, con un precario sistema de riego y, por lo tanto, muchos árboles secos.

Más de un año tomaron la limpieza y la recuperación del parque, período

durante el cual se hizo un inventario de las especies existentes, identificándolas y evaluando su estado de conservación, tarea en la que fue fundamental la participación del ingeniero agrónomo y paisajista Raúl Silva Vargas.

Complementando las obras que se llevaban a cabo en la casa patronal para

habilitarla como hotel –y en atención a los futuros huéspedes–, se construyeron canchas de tenis y piscina en el perímetro del Parque, en un sector inmediato al lugar donde estuvo la antigua turbina de la Viña. «Si bien se pensaba que el

parque era para uso exclusivo de los pasajeros del hotel, don Ricardo Claro y la

señora María Luisa tenían la certeza de su invaluable valor patrimonial y, desde

Parque Santa Rita  79


Anterior Fuente de los tritones izquierda Avenida de palmerillas derecha Hortensias bajo los castaños de la India

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


esta perspectiva, su objetivo era devolverle la calidad y la belleza que buscó el diseño original, lograr su plenitud», recuerda Patricia.

Se puso especial atención en recuperar las especies originales del Parque,

respetando tanto su diversidad como la estética del siglo XIX, en el que fue

creado. Entre sus flores tradicionales destacan rosas, hortensias, anémonas y calas, junto a enredaderas, como jazmín, buganvilia, flor de la trompeta, flor

de la pluma y yedra. Abundan también los cubresuelos, como vincas, hipéricos y helechos, y arbustos como boj, de gran valor ornamental y que se utiliza

también para delimitar sectores, por sus tallos ramosos y hojas persistentes. A

las anteriores se han agregado otras variedades, usadas en el XIX, como clivias, agapantos, azaleas, lirios de invierno, petunias y alisos.

Parque Santa Rita  83


Vista general del Parque y las casas desde el cerro del SeĂąor


izquierda Estatua La primavera de la fundición Val d’Osne derecha Patio con fuente de los tritones durante el otoño

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


El mismo trabajo de recuperación se emprendió respecto a los árboles, que

presentan una gran variedad de especies provenientes de todas las latitudes,

como araucarias brasileñas y excelsior; alcornoques; acer japónico y negundo; aromo australiano; castaños de la India y de fruta; camelias; cedros; ciprés

italiano, macrocarpa, llorón, calvo y de Arizona; eucaliptus blanco; encinas; jacarandá; magnolios grandiflora y soulangeana; nogal negro; ombú; olmos; plátano oriental; palmas chilena, china, fénix, canadiense y reclinata; tilos;

tuliperos; sauces y sequoias. Esto, enumera Patricia, además de los árboles

frutales que existen en el perímetro del parque, en sectores diseñados para ello desde su origen, como almendros, ciruelos, duraznos, manzanos, mandarinas, naranjos, nogales, nectarines, olivos y perales.

Parque Santa Rita  87


izquierda Avenida de castaños al poniente del parque derecha Laguna grande

Actualmente Patricia trabaja en el parque junto a 12 jardineros, que han

asumido distintas tareas como especializaciones, entre ellas el corte de pasto, uso de motosierra, aplicaciones fitosanitarias y manejo de tractor.

Con el tiempo, también se ha sistematizado el trabajo acorde con las estaciones.

En verano los trabajos más constantes son el corte de césped (hay diez prados de

más de una hectárea de extensión cada uno), el riego, el control fitosanitario contra

pulgón, conchuela y oidio, principalmente; las podas de rosas, luego de su floración, desmalezar y limpiar prados y caminos.

En otoño se continúa con el corte de pasto y el riego, aunque con menor

frecuencia, lo mismo que el control de plagas. Se acentúan, en cambio, los trabajos de limpieza, especialmente el retiro de hojas que se llevan a pozones hechos en la

periferia del parque donde se hace compost, y se inicia la poda de algunas especies.

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


Parque Santa Rita  89


Escultura El otoño de la fundición Val d’Osne


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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


izquierda Escultura de los tres niños derecha Escultura El verano de la fundición Val d’Osne

Parque Santa Rita  93


El niño taimado, escultura de Simón González


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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


izquierda Niño flautista danzando en la bruma derecha León alado

Parque Santa Rita  97


Prado de rosas con escultura El otoĂąo frente a la fachada poniente


izquierda Niño danzante realizado en Francia por la fundición Turenne derecha Avenida enmarcada con boj

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


En invierno se realizan los trabajos de poda en flores, arbustos –especialmente

cubresuelos– y árboles, particularmente los frutales. Se hace aplicación de abono como superfosfato, salitre y el compost hecho en la viña, de orujo y guano.

Fundamental en esta estación es la plantación y replantación de variedades en el vivero, construido en el Parque hace algunos años, y que implica mucho trabajo en esta estación.

En primavera se realiza la incorporación de los abonos sobrepuestos. Se inicia

en forma distanciada el corte de pasto y los riegos, y se mantiene continuo el control fitosanitario. Se hace más constante la limpieza de caminos y prados y, para dar una dimensión de esta tarea –indica Patricia– debe señalarse que normalmente se retira del Parque un coloso diario de basura.

Parque Santa Rita  101


102 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


Parque Santa Rita  103


Anterior Laguna pequeña izquierda Parque en el invierno derecha Niños danzantes en el invierno

Esta rutina estacional se complementa, semanalmente, con la supervisión de María Luisa Vial y Cecilia Montes.

Es el deseo de Patricia que mucha gente pueda ver y admirar el parque, tal

como a ella le asombra a diario: «que puedan reconocer la belleza y también la

dedicación que implica conservarlo, que su recorrido signifique la oportunidad de aprender y valorar la riqueza de la naturaleza, también de su fragilidad», reflexiona. Todos quienes trabajan en el mantenimiento del Parque –como

quienes trabajan en la Viña, las bodegas, el hotel, el restaurante, el museo– son

parte de la historia, de la memoria de Santa Rita, y contribuyen a su identidad y a su belleza. Al menos a Patricia, ese sentimiento le otorga a diario un sentido trascendente a su quehacer.

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


Parque Santa Rita  105


anterior El baño de natación o piscina romana izquierda El niño taimado derecha Clivias en flor junto a la escultura La primavera siguiente La laguna grande bordeada de calas

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


Parque Santa Rita  109


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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


Hotel Casa Real

Antes de iniciar el proyecto de Santa Rita, Burchard había construido diversas obras, como la iglesia

de los Doce Apóstoles, en Valparaíso, y la basílica del Salvador, en Santiago –ambas declaradas

Monumento Nacional– así como la casa patronal de

Melchor Concha y Toro, primo hermano de Domingo Fernández, en su fundo El Llano de Pirque.

En 1881 comenzó la construcción de la casa de Santa

Rita, en un emplazamiento elevado, combinando recursos estilísticos europeos con elementos

constructivos propios de la tradición rural chilena.

La casa patronal

Inmediatamente después de adquirir la hacienda Santa

Rita, Domingo Fernández Concha decidió construir una

casa patronal, distinta a la que ya existía, con el objetivo de pasar con su familia largas temporadas en el campo. Solicitó este encargo al arquitecto alemán Teodoro

Burchard, oriundo de Altona, Hamburgo, llegado a

Valparaíso en la década de 1860, donde se estableció

y formó familia hacia 1868 con María Luisa Eggeling.

Tuvieron 16 hijos, entre ellos, el pintor Pablo Burchard,

galardonado con el primer Premio Nacional de Arte que se entregó en Chile, en 1944.

Así, la casa presenta una estructura en forma de U, corredores, gruesos muros de adobe y cubierta de

tejas, características de la vivienda criolla, pero con un marcado estilo neoclásico de inspiración pompeyana,

especialmente en sus zócalos, muros y cielos pintados. Profundamente católico, don Domingo hizo que,

años más tarde, se construyera bajo la casa una

gruta artificial –réplica de la que se encuentra en el

santuario de la virgen de Lourdes, en Francia– para hacer oración, peticiones y agradecimientos, como

uno que reza «Gracias por haber conservado la vida de mi hijito Vicente, 1899» escrito por la madre del poeta Vicente Huidobro.

Hotel Casa real  113


Anterior Salón principal izquierda Galería del desayuno derecha Gran comedor

En 1990, cuando Ricardo Claro compró la casa patronal

restauraron las galerías del patio interior. Se adecuó un

hotel exclusivo o en casa de huéspedes para albergar a

de la fachada, que baja al parque.

de Santa Rita, planteó convertir esa vivienda en un

las visitas y los clientes de la Viña, evocando de alguna manera la experiencia de muchos castillos y viñedos tradicionales de Francia.

Los arquitectos Jorge Swinburn y Álvaro Pedraza

fueron los encargados de llevar a cabo este proyecto, que restauró la casa sin que perdiera su carácter original.

Fundamentalmente, se reemplazaron sectores que

estaban muy deteriorados, como el ala sur de la casa,

donde hoy se ubican los dormitorios, en dos pisos. Se

renovó también el ala norte donde se hicieron suites, y se

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

nuevo patio de acceso y se reconstruyó la gran escalinata

Hotel Casa Real

La distribución del hotel mantuvo los usos y espacios

tradicionales de la casa, como el zaguán de acceso, los salones, el comedor, el billar y la galería interior, que

se conservan tal cual eran a fines del siglo XIX, con su

mobiliario original. Se mantuvieron los retratos de las familias Fernández Concha y García-Huidobro y se

agregaron, entre otras obras de arte, un paisaje de la

antigua viña Subercaseaux, en el Llano, óleo de Pedro


Hotel Casa real  115


Salón principal; al fondo, el retrato de Vicente García-Huidobro Morandé


118 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


izquierda Billar; al fondo, el retrato de monseñor Rafael Fernández Concha derecha Billar; sobre el piano, el retrato de David García-Huidobro Morandé

Hotel Casa real  119


izquierda Galería al norte derecha Corredor abierto en la fachada poniente

Subercaseaux, y la pintura de una vendimia realizada por el artista Arturo Gordon.

Ricardo Claro y principalmente su esposa, María Luisa

Vial, se encargaron de adquirir algunos muebles y accesorios para completar el alhajamiento y conservar el espíritu de

una antigua casa de campo. La señora María Luisa estuvo tras la elección de los papeles murales, las telas para los

cortinajes y los tapices, y la decoración de los dormitorios. En 1996 se inauguró el Hotel Casa Real, con 16

habitaciones, salones, comedores y otras instalaciones

destinadas a brindar el mejor servicio a sus huéspedes.

120 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


Hotel Casa real  121


izquierda Portada de ingreso al patio de los coches, con el escudo de los García-Huidobro derecha Acceso al patio de los tritones siguiente Patio de los coches al anochecer

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


Hotel Casa real  123


126 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


Iglesia

relevante tanto para el propietario como para el arquitecto.

El espacio interior del templo, generoso, permitió desarrollar cuatro módulos en los que Burchard diseñó, para los muros laterales, un motivo central coronado con tres decoraciones circulares, representando la del medio la figura del Espíritu Santo y utilizando las laterales como ventanas. El motivo

central, vertical, se definió como una pintura que reprodujera el retrato de seis santos.

Don Domingo eligió las advocaciones y el arquitecto

propuso al pintor, porteño, como él. Se trataba del joven Alfredo Valenzuela Puelma quien, a los 22 años, había Una vez concluida la construcción de la casa patronal,

Domingo Fernández Concha solicitó al mismo arquitecto Teodoro Burchard levantar una iglesia a su costado. Si la

vivienda siguió cánones inspirados en la arquitectura italiana, el templo evidencia el eclecticismo y la libertad de las que

dispuso el arquitecto para realizar su proyecto. En el exterior, la estructura central, de ladrillo, se proyecta verticalmente

mediante una alta torre de madera de estilo gótico. El interior,

en cambio, está rematado con arcos de medio punto y cúpulas abovedadas propias del estilo románico.

Desde que se inició el proyecto de la iglesia, en 1881,

las decisiones sobre su decoración debieron ser un tema

obtenido la primera medalla del Salón de 1877, en Santiago.

Sus dotes artísticas le permitieron ser enviado a París en 1881, donde ingresó como aprendiz al taller del pintor Benjamin

Constant y estudió a los grandes maestros en las colecciones de los museos, donde admiró especialmente a pintores

españoles e italianos tales como Tiziano, Velázquez y Murillo.

Fue entonces que debió realizar las seis pinturas para la iglesia de Santa Rita, que una vez concluidas viajaron en barco desde

el puerto de El Havre hasta Valparaíso, en tren desde el Puerto a Santiago y, en el mismo trasporte, hasta la estación de Buin.

En 1885, el pintor –enfermo– debió regresar a Chile. Las figuras que reprodujo, a petición de don Domingo, fueron San Alfonso

María de Ligorio, Santa Teresa de Ávila y San Francisco de Asís,

iglesia  127


Anterior Fachada de la iglesia izquierda Cúpulas pintadas al interior de la iglesia derecha Perspectiva interior de la iglesia

colocados en el muro norte, y San Ignacio de Loyola, Santa

desde París: «tenía formada la idea que en Múnich era

Complementado las pinturas, se colocaron diversas

me dirigí a Mr. Mayer preguntándole si tenía en París

Rita de Casia y Santo Domingo de Guzmán, en el muro sur. esculturas de santos cuya elección se debió, principalmente, a los desvelos del sacerdote José Alejo Infante Concha, residente en Europa y primo hermano de Domingo Fernández Concha.

Desde que adquirió Santa Rita, don Domingo involucró

a su primo en diversos proyectos de educación, desarrollo social y formación religiosa en la hacienda y, luego, en la

construcción de la iglesia, concretamente en la adquisición de esculturas y vitrales para su decoración. Al respecto, en septiembre de 1882, le escribe don José Alejo a su primo,

128 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

donde trabajaban mejor las estatuas religiosas y al efecto algún corresponsal. Me contestó que no tenía y me envió catálogos y otros documentos. Esta respuesta me hizo

decidir ir a Múnich y tratar directamente con Mr. Mayer». Efectivamente, el sacerdote viajó a Alemania y encargó

las esculturas y vitrales para Santa Rita al Instituto de Arte Cristiano de Múnich, creado por Joseph Gabriel Mayer en 1847 y desde 1882 dirigido por su hijo Franz. Fue Franz

Mayer quien realizó catorce vidrieras pequeñas y una de gran

tamaño, con los Sagrados Corazones de Jesús y de María, para la iglesia de Santa Rita, además de tallar las figuras de madera


iglesia  129


Interior de la iglesia


izquierda Altar de bronce y esmalte derecha Escultura de la Inmaculada Concepción presidiendo la iglesia

de la Inmaculada Concepción de María, Santa Ana y San

semanalmente desde Santiago. Fue también punto de inicio

de escultura y vidrio realizados por el establecimiento de

el sacerdote, acompañado de un gran número de personas –a

Joaquín, para el altar mayor, entre otras. Los notables trabajos Mayer hicieron que, pocos años después, el Papa León XIII lo designara Instituto Pontificio de Arte Cristiano.

El altar de la iglesia de Santa Rita es de bronce y el púlpito,

al costado, es de roble tallado. Un balcón en segundo

piso, junto al altar, era utilizado como capilla familiar y se comunicaba interiormente con la casa.

y término de la fiesta del Cuasimodo, cuando por la mañana caballo, en bicicleta, en coches y en todo tipo de vehículos–, partía a dar la comunión a los enfermos de la Viña y, en la

tarde, llegaba a visitar a los enfermos del hospital de Buin.

Hoy se celebran en ella matrimonios, ceremonias y eventos, como conciertos de música docta.

Los terremotos de 1985 y 2010 produjeron daños en la

La construcción de la iglesia finalizó en 1885 y a partir

estructura y decoraciones de la iglesia, los que se repararon

transformó en el centro espiritual de Santa Rita. Se instauró

de las restauradoras María Eugenia van de Maele, Marcela

de entonces estuvo abierta a todo el vecindario y se

una misa dominical permanente, atendida por sacerdotes de la congregación del Corazón de María que venían

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

con la intervención del ingeniero calculista Santiago Arias y Castro e Isabel Rubilar.


iglesia  133


134 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


Casa Doña Paula

les habrían suministrado municiones y caballos, para

revitalizar y animar el proceso independentista. El general José de San Martín logró entonces reorganizar el ejército

para enfrentar la que sería una instancia decisiva en nuestra historia: la batalla de Maipú.

La construcción corresponde a la típica casa rural chilena

de adobe y tejas, con corredores perimetrales, donde pilares y sopandas, así como puertas y rejas, tienen decoración barroca. Destacan sus noventa metros de longitud y la existencia de una bodega subterránea.

Después de los Jaraquemada, la casa se utilizó

El restaurante Doña Paula fue bautizado en honor a

Paula Jaraquemada, patriota chilena quien se vincula

a la primitiva casa patronal de la hacienda Santa Rita,

donde vivieron su tío Melchor y su primo Juan Agustín,

alternativamente como vivienda, maternidad y escuela,

entre otras funciones, y quedó asociada a la memoria de los trabajadores de la hacienda, muchos de los cuales nacieron o estudiaron en ella. Ellos le dan el nombre de «120».

desde mediados del siglo XVIII y hasta 1843. Durante la

La restauración

asociados con la libertad de Chile, causa que perseguían

de la casa de doña Paula, con miras a convertirla en un

Independencia fue escenario de significativos sucesos

doña Paula y Juan Agustín Jaraquemada. Según indica la

tradición oral, doña Paula habría recibido en esta vivienda a una división de 120 soldados del Ejército Patriota, tras la derrota en la batalla de Cancha Rayada. Las huestes pudieron alimentarse y curar sus heridas, mientras se

A inicios de la década de 1990 comenzó la restauración restaurante que pudiese ofrecer gastronomía de alto nivel

a los visitantes de la Viña, sin perder la identidad asociada a su carácter de Monumento Nacional. El encargo fue

adjudicado a los arquitectos Raúl Irarrázabal y Rodrigo Márquez de la Plata.

casa doña paula  135


anterior Jardín interior de la casa de doña Paula izquierda Corredor interior y terraza de la casa derecha Paisaje de la Viña desde la antigua casa patronal

Los trabajos se concentraron en crear un nuevo volumen

concepto de Hortus Conclusus, o jardín del paraíso de la

rediseñar los accesos. Así, el restaurante se inauguró en 1995.

de donde surgen algunos frutales y macizos de flores, se

para los servicios, consolidar la bodega subterránea y

Se mantuvo el zaguán de ingreso a la casa, que marca el

eje del extendido edificio y en el cual hay también un eje

Edad Media. Al centro de un geométrico laberinto de boj, emplazó una fuente de agua.

longitudinal señalado por las ventanas que se encuentran en

La tienda de vinos

lumínico especial, que permite contemplar el transcurso del

para los trabajadores de la Viña, con butacas escalonadas

los extremos de la construcción. Ellas producen un efecto día en Santa Rita.

Como parte de la restauración, se decidió integrar a la

casa el que fuera patio de la escuela. A cargo de su diseño estuvo la paisajista Marta Viveros, quien se inspiró en el

136 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

Hasta el 2010, en la actual tienda de vinos funcionó un cine y pantalla al fondo. Tras el terremoto de ese año se decidió

recuperar el espacio original y se niveló el suelo, se reparó la estructura de techumbre, se restauraron puertas y ventanas

y se implementó un recinto para la comercialización de vinos


casa doña paula  137


anterior Agapantos en flor en el jardín de doña Paula izquierda Fachada norte de la casa derecha La casa desde el jardín interior

140 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


y accesorios asociados a la cultura vitivinícola. De paso, se rescató uno de los recintos nobles de la casa original.

Café «La Panadería»

Fernández Concha compró Santa Rita–, diariamente se

producía la ‘galleta de peón’, ración de pan bazo que entonces constituía parte fundamental de la alimentación campesina.

Ya en la administración de Vicente García-Huidobro, hacia

En la antigua casona donde por casi un siglo funcionó el

la segunda década del siglo XX, la panadería se industrializó,

de Santa Rita y sus familias, se estableció en 2007 el café

otra ablandadora de masa. Cada día, un maestro panadero

establecimiento que preparaba el pan para los trabajadores «La panadería». La refuncionalización de este espacio, con capacidad para unas cincuenta personas, permite rescatar parte de lo que fue la vida cotidiana en la Viña.

Como era habitual en las grandes propiedades agrícolas

del siglo XIX –y al menos desde 1880, cuando Domingo

integrando una moderna máquina revolvedora de harina y y su ayudante amasaban varios sacos de harina y todas las tardes, al fin de la jornada, los llamados ‘repartidores de galleta’ entregaban pan fresco a los trabajadores.

A lo largo del siglo XX fueron maestros panaderos de Santa

Rita los señores Víctor Fuentes, Pedro Nolasco Medina,

casa doña paula  141


Fachada norte y zaguรกn de acceso


casa doña paula  145


146 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


anterior Gran comedor al interior de la casa de doña Paula izquierda Árbol de mancaqui en el jardín interior de Doña Paula derecha Frutos del mancaqui siguiente Agapantos en flor

Alberto Riveros, Raúl González y Manuel Mallea, quien

hizo la última hornada de ‘galletas’ antes de que se cerrara

definitivamente la centenaria panadería en 1978. Cuando se restauró el recinto, la familia Mallea donó la pala que hoy

descansa en el horno y que se conserva como testimonio de un modo de vida ya extinto.

El Café, decorado además con antiguos instrumentos de

labranza, conserva los carros del ferrocarril ‘de sangre’ o

de tracción animal que trasladaban pasajeros entre Santa

Rita y la estación de Buin, desde inicios del siglo XX hasta aproximadamente 1935.

casa doña paula  147


150 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


Museo Andino

Con esto, el empresario buscaba, por una parte, organizar su colección de objetos prehispánicos y, por otra, contribuir a

la difusión de un acervo de gran valor patrimonial y cultural mediante su exhibición permanente y gratuita.

Para emplazar el Museo escogió la Viña Santa Rita y

su apertura al público, en 2006, vino a enriquecer el ya

valioso entorno patrimonial que incluye las antiguas casas, las bodegas y el parque de la Viña, conjunto declarado Monumento Histórico Nacional en 1972.

La colección En medio de los añosos viñedos del valle del río Maipo y a los pies de la cordillera de los Andes, se levanta el Museo Andino. En la moderna construcción de mil quinientos metros cuadrados, se exhiben más de dos mil piezas

arqueológicas y etnográficas de pueblos precolombinos

que habitaron el territorio andino, junto a expresiones del mestizaje de culturas propias de América y de Chile. La colección privada que constituye la muestra

permanente fue donada en vida por Ricardo Claro Valdés y

su viuda María Luisa Vial a la Fundación Claro Vial, creada por ellos en 2005 con el objetivo de investigar, desarrollar y difundir la cultura y el arte, y mantener en propiedad y administración un museo abierto al público.

Una figura colonial de San José, de talla en madera, que Ricardo Claro recibió como regalo de matrimonio en la década de los sesenta del siglo pasado, fue la pieza que

desencadenó su interés por coleccionar. Con el tiempo, y

fruto de su amistad con el coleccionista Ruperto Vargas, fue surgiendo su inclinación, primero, por piezas mapuches y rapanui. Lo que en un comienzo obedeció a motivaciones

estéticas, luego derivó en una franca inquietud por revelar

la diversidad cultural del mundo precolombino mediante la exhibición y la difusión del testimonio de los pueblos que han vivido en lo que hoy es territorio chileno.

En casi cuatro décadas, el empresario adquirió una

serie de colecciones temáticas en remates nacionales y extranjeros y directamente a coleccionistas chilenos y

museo andino  151


Anterior Cerámica, cultura Diaguita izquierda El Museo Andino inserto en los viñedos derecha Vista general de los viñedos desde el Museo

estadounidenses. La colección del Museo hoy supera

con el muro de reminiscencias inkaicas, que fue pensado

complejidad de los grupos indígenas que han convivido

Tras un viaje de Ricardo Claro y su esposa a Cusco y Machu

las tres mil piezas y nos habla de la pluralidad y la

y conviven en territorio nacional, desde las poblaciones ancestrales ariqueñas hasta los canoeros kaweshkar del extremo sur del país.

El edificio

El imponente edificio de hormigón recibe a los visitantes

para incorporar elementos precolombinos a la estructura. Picchu, se decidió utilizar en el exterior del volumen

principal piedra gris oscura semejante a la que ocuparon los inkas en sus precisas construcciones, para lo cual el mismo

artista chileno trabajó la roca extraída de canteras cercanas a Doñihue, en la Región de O’Higgins.

Ya en el interior se ubica la obra Horizonte andino de la

con la reproducción de una clava mapuche de tres metros

escultora oriunda de Chillán, Marta Colvin, junto a los

Gajardo. Este símbolo de poder establece un contrapunto

yaciente y Madre que anda».

de altura, realizada por el escultor tomecino José Vicente

152 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

versos de Gabriela Mistral: «Cordillera de los Andes / Madre


museo andino  153


Anterior Terraza de los olivos izquierda Cerámica, cultura Arica derecha Los viñedos desde el interior del Museo

Para la construcción del edificio se llamó a un concurso

en el cielo con la luz natural que se obtiene por medio de

Burgos, Mariano Campos y Pablo Burgos.

solar no afecte las piezas precolombinas. Algunas ventanas,

privado, que se adjudicaron los arquitectos chilenos Jaime El edificio establece un equilibrio tanto con el entorno

natural como con las construcciones coloniales que le

rodean, ya que pese a sus dimensiones, su presencia no es protagónica y, una vez al interior, lo que llama la atención son los objetos y no la arquitectura.

El Museo se compone de tres naves, articuladas en torno

a un hall central, de las cuales dos contienen la exposición

permanente y la tercera, exhibiciones de carácter temporal. El arquitecto y escenógrafo Ramón López estuvo a cargo

del proyecto de iluminación, que combina rieles con focos

156 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

lucarnas ubicadas estratégicamente, de modo que la luz

ubicadas también en puntos claves, permiten apreciar el entorno e incorporar el paisaje.

La museografía

El diseño interior estuvo a cargo de José Pérez de Arce

–en ese entonces museógrafo del Museo Chileno de Arte

Precolombino– con el apoyo de Luis Solar y Erica Ramírez,

especialistas en conservación y restauración del Laboratorio de la misma institución, en el montaje de las piezas. Los

textos de sala y las cédulas de las vitrinas también fueron


museo andino  157


izquierda Urna funeraria Diaguita derecha Sala Diaguita

158 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


redactados por curadores del Museo Precolombino. El mismo equipo diseñó el guion de la muestra.

Pérez de Arce buscaba que el visitante reparara más en la

propuesta museográfica que ofrecería, después de cuatro décadas de acopio, su colección al público.

Después de su muerte, el Museo Andino ha continuado

belleza del montaje, como conjunto, que en fechas y nombres

bajo la administración de la Fundación Claro Vial, presidida

que constituyen el hilo conductor que, por lo general, guía a

legado cultural. Para ello, cuenta con la vital colaboración del

que pudiesen resultar ajenos al público no especialista y

exhibiciones de este tipo. Así, las piezas se organizan en las

vitrinas más por un sentido estético, por tipologías formales, que por su adscripción temporal o categorías arqueológicas. En el montaje participó activamente Ricardo Claro,

quien destinó parte de sus vacaciones del año previo a

la inauguración para estar presente en cada etapa de la

en la actualidad por su viuda, quien respalda firmemente este arquitecto y experto en patrimonio Hernán Rodríguez Villegas, director del Museo desde sus inicios y hasta la actualidad.

El recorrido

La exposición permanente está organizada por un guion que

propone un recorrido geográfico por Chile, desde Arica hasta

museo andino  159


anterior Perspectiva de la exhibición en la nave uno izquierda Vitrina de los pescadores de Arica derecha Modelos de balsas funerarias

el extremo sur de Chile. Sin embargo, la visita se inicia en el

Se trata de una donación de particulares que da cuenta

que exhibe una variedad de objetos etnográficos, estatuillas

presentando la diversidad de objetos que forman parte

océano Pacífico con una sala dedicada a la cultura Rapa Nui de madera y grabados del siglo XIX, que ilustran las

actividades de los isleños según los cronistas y dibujantes europeos de esa época.

Luego se accede a una sala con piezas arqueológicas de

la cultura Arica, cuya cerámica se caracteriza por su gran calidad técnica y estilos decorativos muy marcados, tal

como se aprecia en la colección de alfarería que reúne el

Museo. En esta sala también se encuentra una vitrina que exhibe piezas que no forman parte de la colección inicial.

162 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

del hallazgo de una tumba en las inmediaciones de Arica, de un ajuar funerario y que permiten a los arqueólogos

elaborar sus hipótesis. En relación con los elementos que

tradicionalmente componen estos ajuares, pero volviendo a las vitrinas temáticas, llama la atención una veintena de balsas de dos y tres palos en miniatura, suspendidas en el aire, y una vitrina con keros, vasos de madera y cerámica

que se fabricaban y usaban en pares para beber chicha de maíz y sellar acuerdos en contextos ceremoniales en el mundo andino.


museo andino  163


Anterior Cisnes izquierda Flores diciembre derecha Laguna noviembre

164 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


izquierda Sombrero tipo fez, cultura Inka derecha Sombrero de cuatro puntas, cultura Tiwanaku

Avanzando por las salas, la cultura San Pedro se ve

manifiesto en una vitrina de grandes dimensiones que

algunas piezas de su característica cerámica negra de

desplegó en sus distintas fases de desarrollo.

reflejada en una colección de cestería de fibra vegetal y aspecto pulido. Representando a diversas culturas que

muestra toda la complejidad iconográfica que esta cultura El recorrido prosigue con un grupo de «litos geométricos»

se asentaron en el norte, un gran escaparate reúne la

atribuidos al complejo cultural Huentelauquén, que se

con fibras vegetales o lana, y adornados con cuentas o

hace varios milenios. Aunque su función y significado

colección de gorros y tocados precolombinos. Elaborados plumas, sus distintas formas y colores dan cuenta hasta hoy de la jerarquía de sus portadores.

En algunas entrevistas, Ricardo Claro señaló que aunque

su colección era en su conjunto de gran relevancia, eran

las diaguitas sus piezas preferidas, cuestión que queda de

extendió por la costa de Chile, desde Antofagasta al Choapa, se desconocen, su diseño revela el conocimiento de la matemática y las proporciones de sus productores.

Se exhiben también diversos elementos de la colección

que se adjudican a Chile central. Desde 2012, se incluye

en este sector una vitrina que da cuenta del hallazgo de

museo andino  165


ArĂ­balos, cultura Arica


168 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


izquierda Tocado de mujer mapuche derecha Tocado y pectoral de mujer mapuche

museo andino  169


izquierda Estribo colonial derecha Exhibición de estribos y mantas en la nave dos

tres cuerpos pertenecientes al complejo cultural Llolleo,

la presencia inka en lo que hoy es territorio chileno, se

encontrado en 2005, mientras reparaban el piso de la

mundo mapuche. Se trata de una colección muy completa,

en fosas individuales y con sus respectivas ofrendas, bodega 9 de la Viña.

Una de las salas más populares del Museo representa

un quiebre con respecto al recorrido por la geografía

nacional. El «oro andino» presenta sobre todo piezas de

lo que hoy es territorio peruano, ecuatoriano, colombiano y centroamericano. Además del atractivo intrínseco del

metal dorado, el montaje resalta sus atributos simbólicos relacionados con la riqueza.

Avanzando junto a conspicuos exponentes del «arte

mayor» de los Andes, la textilería, y a piezas atinentes a

170 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

llega a un gran despliegue de elementos que pertenecen al que incluye cerámica, mantas, instrumentos y objetos de

piedra y madera, pero lo que sin duda destaca es la platería, en su mayoría del siglo XIX. A diferencia del resto de las

vitrinas montadas por Pérez de Arce, la gran vitrina con

joyas y adornos de plata fue rearmada por Mauricio Mora, encargado de equipos y montajes del Museo Andino,

inspirado en el proyecto Lágrimas de luna de la decoradora y museóloga Jacqueline Domeyko.

El recorrido por la muestra permanente culmina con

un relato que habla del proceso de mestizaje en el Chile


museo andino  171


Textiles precolombinos


museo andino  173


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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


izquierda Máscara funeraria de oro, plata y cobre derecha Sala de orfebrería precolombina

actual. Mediante elementos de la cultura campesina, como

metros cuadrados. En casi una década de funcionamiento,

mantas de Doñihue, los estribos de madera y el fino trabajo

grabados de los siglos XVI al XIX en América y del siglo

el guitarrón de 25 cuerdas, el poncho mapuche y delicadas

de ataujía (herencia del mundo árabe, técnica que combina delicados filamentos de metal) se revela la fusión de lo español con lo indígena.

se ha presentado una veintena de muestras que incluyen XX en Chile; antiguos mapas e ilustraciones; pinturas y

esculturas contemporáneas y una serie de exhibiciones de trabajos actuales en cerámica y textiles.

Las exposiciones temporales

La tienda

de exposiciones temporales como complemento a la

Precolombino, hoy este espacio se ha independizado y

Desde sus inicios, el Museo Andino consideró la realización exhibición permanente. Para ello, se destinaron dos salas en la nave oriente del edificio, que alcanza más de doscientos

Aunque nació como una sucursal de la tienda del Museo ofrece una variada gama de productos relacionados con las

culturas cuyas piezas se exhiben en la muestra permanente

museo andino  175


anterior Vasos kero, cultura Chimú izquierda Moai kava kava, cultura Rapa Nui derecha Clava de piedra del escultor Vicente Gajardo en el frontis del Museo siguiente Fachada del Museo Andino

178 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


y con las obras que se presentan en las exposiciones

y los trabajadores de Santa Rita. Gran parte del público

arqueología, así como de paisajes, flora y fauna, tradiciones,

previa inscripción.

temporales. Se pueden encontrar publicaciones sobre arte y gastronomía y vinos de Chile. También hay una especial preocupación por ofrecer réplicas de calidad de joyería y textiles elaborados según técnicas ancestrales.

Los visitantes

El Museo está dirigido a todo tipo de público y lo han

corresponde hoy a colegios, cuya visita guiada es gratuita Si durante su primer año de funcionamiento acudieron

al Museo unos diecisiete mil visitantes, esta cifra se ha por lo menos duplicado en el último período, superando los

treinta y seis mil anuales, de los cuales aproximadamente un veinticinco por ciento corresponde a estudiantes.

Mediante diversos proyectos y desde sus inicios, el Museo

visitado con gran interés embajadores de distintos países,

ha contado con el apoyo del Comité Calificador de Donaciones

turistas que recorren la Viña, además de gente interesada en

para su funcionamiento y ha permitido, además, sostener en

ministros de gobierno, empresarios chilenos y extranjeros,

la colección. También es frecuentado por vecinos del sector

Culturales Privadas, lo que ha significado un gran incentivo el tiempo la total gratuidad para sus visitantes.

museo andino  179


182 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


Viña y procesos vitivinícolas

de guarda más antiguas, muchas del siglo XIX, Santa

Rita cuenta con la más alta tecnología en maquinaria de vinificación, modernas líneas de embotellado y cubas para la guarda.

El proceso de elaboración del vino se inicia con

la recolección de la uva, o vendimia, la recepción de los racimos, sigue con la vinificación de las uvas, el

envejecimiento del vino y la embotellación y guarda,

para luego llegar al paladar de miles de personas en Chile y el extranjero.

Durante la vendimia es muy importante determinar

La vinificación y las bodegas

Viña Santa Rita posee viñedos en los principales valles

vitivinícolas a lo largo de Chile, como Limarí, Casablanca, Leyda, Maipo, Apalta, Colchagua y Curicó. Además,

cuenta con un total de cuatro bodegas de vinificación

ubicadas en Los Lirios, Palmilla, Lontué y Alto Jahuel,

siendo esta –emplazada en el valle del Maipo–, la más grande e importante, con capacidad para casi veinte

millones de litros. Se trata de una zona privilegiada para el cultivo de la vid, ya que sus idóneos suelos y su templado clima permiten el desarrollo óptimo de las cepas tintas,

sobre todo Cabernet Sauvignon. Pese a tener las bodegas

el momento óptimo de cosecha, porque el ochenta por

ciento de la calidad del vino va a depender de la materia

prima. En esta etapa, los enólogos, liderados por Andrés

Ilabaca –gerente técnico de la Viña y enólogo de los vinos ultra premium Bougainville, Pehuén, Triple C y Floresta– y

Cecilia Torres –enóloga de Casa Real– analizan y prueban

la uva para saber si se encuentra con la madurez adecuada para el tipo de vino que se quiere elaborar. La vendimia comienza a principios de marzo con las cepas blancas y termina a fines de mayo con las tintas. Las uvas son

recogidas de forma manual, trasladadas a las bodegas,

cuidadosamente, en gamelas, y luego depositadas en el pozo de recepción para ser transportadas por la cinta

viña y procesos vitivinícolas  183


anterior Viñedos en otoño izquierda Viñedos al pie del cerro 93 derecha Viñas junto a los quillayes

donde se realiza una selección manual de racimos,

dejando solamente el jugo de uva. Los granos de las cepas

una máquina despalilladora que separa los granos del

fermentados, ya que la materia colorante y los taninos son

eliminando los defectuosos. Después estos ingresan a escobajo mediante un sistema centrífugo. Los escobajos vuelven a los viñedos y se utilizan para fertilizar los

cultivos. Los granos son molidos parcialmente por la

tintas, en cambio, pasan completos a las cubas para ser

los responsables de entregar las cualidades de color, sabor y aroma a los vinos tintos.

El jugo o mosto resultante de ambos procesos es

máquina moledora.

trasladado a través de mangueras a las cubas o tanques

entre vinos tintos y blancos. Los granos de las cepas

alcohólica, proceso en que el azúcar del mosto se transforma

En la fase siguiente se establece la principal diferencia

blancas, luego de ser separados del escobajo y de pasar por la máquina moledora, son llevados a una prensa neumática que se encarga de separar la parte sólida,

184 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

de acero inoxidables donde se realiza la fermentación

en alcohol por medio de las levaduras, tras lo cual nace el vino. Durante esta etapa es fundamental el control de la

temperatura, que es diferente para los vinos tintos y blancos,


viña y procesos vitivinícolas  185


anterior Bodegas de Santa Rita a travĂŠs de las viĂąas derecha Trabajador vendimiando


izquierda Racimo maduro derecha Viñedos otoñando

ya que los primeros fermentan a una temperatura promedio

de acero inoxidable se recolecta y prensa, obteniendo el

aromas propios de cada variedad, y su frescura.

algunos vinos.

de 25 °C y los segundos, a una de 13 °C, para conservar los

En el proceso de vinificación de los vinos tintos, durante

‘vino prensa’, que se utiliza para dar estructura y color a El vino gota es trasladado a cubas de acero inoxidable

la fermentación alcohólica, los orujos suben a la parte

o barricas de roble con el fin de comenzar el proceso de

de la parte líquida producto del gas carbónico producido

lácticas convierten el ácido málico y ácido láctico con el

superior de la cuba formando un sombrero, separándose

durante la fermentación. Es necesario poner en contacto el mosto con los orujos mediante remontajes para obtener el color, el aroma y el sabor.

Una vez terminada la fermentación alcohólica se trasiega

el ‘vino gota’ y se descuba. El orujo que queda en las cubas

190 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

fermentación maloláctica. En este proceso las bacterias objetivo de desacidificar los vinos tintos.

Luego, los vinos blancos y los vinos jóvenes pasan

directamente a la etapa de embotellado, a diferencia de los tintos reserva, que siguen envejeciendo en barricas.


viña y procesos vitivinícolas  191


anterior Vista general de las viñas en el sector alto izquierda Parronal de Petit Sirah derecha Retirando los sarmientos

BODEGA «BARRICAS DE ROBLE»

BODEGA «CASILLEROS»

En estas bodegas comienza el envejecimiento de los vinos

Aquí se encuentran las botellas en forma horizontal,

este proceso y son producto de la condición subterránea y

por una etapa final de estabilización. Para la guarda en

premium. La temperatura y la humedad son esenciales para las paredes de piedra de este recinto. Las barricas son de

roble francés y americano, y sus funciones son estabilizar el color, suavizar los taninos y aportar aroma y sabor,

entregando complejidad al vino. Este envejece por un

período de entre seis y veinticuatro meses y luego pasa por una guarda en botella.

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

ensambladas manualmente, para que el vino pueda pasar botellas se utiliza solo corcho natural. El vino envejece aquí desde seis meses hasta cuatro años, en posición horizontal

y con condiciones óptimas de luz, temperatura y humedad. Las etiquetas se ponen al final de este período, para evitar cualquier daño producto de la manipulación.


viña y procesos vitivinícolas  195


Cultivo entre hileras para mejora de suelos y control de plagas


Preparando el armado de mangueras


viña y procesos vitivinícolas  199


izquierda Midiendo densidad y temperatura derecha Barricas en la Bodega 1

200 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


viña y procesos vitivinícolas  201


204 

Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


anterior Barricas en la Bodega 9 izquierda Bóvedas de ladrillo en la Bodega 1 derecha Bodega 120

BODEGA 1

Esta bodega, la más antigua de la Viña, fue construida en la segunda mitad del siglo XIX y diseñada por arquitectos

su despacho y comercialización. Viña Santa Rita exporta a más de setenta países.

franceses. Guarda similitud con otras bodegas de vino

BODEGA 120

cal y canto. Sobre la bodega de ladrillo hay un segundo

llamada casa de doña Paula, antigua construcción de los

de la época, hechas con bóvedas y crucerías de ladrillo y nivel de adobe, que hasta principios del siglo XX se usó para almacenaje.

Actualmente la Viña posee una planta totalmente

automática de embotellación de última tecnología, donde las botellas se lavan, se llenan, se tapan, se

etiquetan y son finalmente colocadas en cajas, listas para

La Bodega 120 está situada en el subterráneo de la

Jaraquemada. Debe su nombre a una tradición conservada por muchas generaciones en Santa Rita, la que asegura

que ahí se dio refugio a 120 soldados patriotas que venían heridos y cansados después de haber sido derrotados

por el ejército realista en la batalla de Cancha Rayada, en marzo de 1818. Pocos días más tarde, en abril,

viña y procesos vitivinícolas  205


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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo


izquierda Reserva histórica en la Bodega 120 derecha Botellas del Wine Legend (Vino Leyenda)

obtuvieron la victoria definitiva en Maipú, y sellaron la Independencia de Chile.

En esta construcción colonial se han ido conformando

el archivo y la biblioteca de vinos de Santa Rita, colección que se inició en 1986 y que cada año guarda 200 botellas

Los vinos ícono de Santa Rita que se conservan en la Bodega 120 se mantienen en repisas hechas con madera proveniente de fudres y estanques centenarios, guardados tras rejas forjadas y pasadas, a la antigua usanza.

de los vinos ícono de la cosecha. Entre ellos se conserva la cosecha emblemática del vino Casa Real, Reserva

Especial 1989, único vino chileno reconocido como Wine

Legend (Vino Leyenda), por la prestigiosa revista británica

Decanter. Este premio incorporó a Chile en la reducida lista de vinos leyenda que hasta entonces solo provenían de viñas existentes en Francia, Italia o España.

viña y procesos vitivinícolas  207


La cordillera de los Andes desde los viĂąedos del alto, Lo Arcaya


Introduction Letter

Dear Reader: It is my great honor to present the book Santa Rita: Un monumento histórico en el valle del Maipo, a project of the Claro Vial Foundation in collaboration with Viña Santa Rita and backed by the Law of Cultural Donations. This project has entailed exhaustive research, beginning with the first people to settle the Central Valley during the Early Agro-Ceramic period, continuing through 1880, when Domingo Fernández Concha founded the winery, and ending in the hands of the Grupo Claro with an outstanding projection to the world as a representative of the tradition and quality of Chilean wine in the 21st century. Furthermore, this history is accompanied by the extraordinary images of the outstanding Chilean photographer Max Donoso, who spent a year capturing the daily changes of every season that transform the beauty of the exceptional landscape in which the park, the house, and Viña Santa Rita are set. This project represents our commitment to the conservation of a heritage that is meaningful for all Chileans, with which we not only assume the responsibility for maintaining it, but also for documenting and inserting it into the memory to safeguard its cultural interest and to remember everyone, past and present, who has made its history possible. It is especially a tribute to the memory of Ricardo Claro Valdés, who not only believed in the national and international positioning and leadership of this winery, but who also had the foresight to recognize its importance and its cultural contribution to the country. This belief led him to restore the park and buildings and return this estate to its original splendor, project the value of its heritage, and open it to the community. He also chose to make Santa Rita the permanent home of the Museo Andino and his collection, his most cherished and important legacy to his country. The book that we present here is profoundly meaningful for all of us, and it will enable the fourcentury territorial story of Santa Rita to be definitively incorporated into the annals of national history. María Luisa Vial de Claro President Claro Vial Foundation

— Santa Rita de Maipo THE HISTORY AND PREHISTORY OF A WINERY

Viña Santa Rita has the rare privilege of being rooted in a memory, in a story that began 1,500 years ago. Beneath the floor of its cellars lie tombs of the Llolleo people who lived there circa 500 AD.1 Since that time, the area has been inhabited by a succession of human groups, including the Incas, who arrived in the Maipo River Valley in 1400 and built their royal road, the Qhapaq Ñan, through territory south of the hill that runs along the river, where they once strung a bridge made of vines. Here, too, they erected the so-called Casa del Inca (Home of the Incas) as well as the tambo (Inca way station), which 16th century documents place a short distance away by the estate house itself.2 Farther south, in the hills of the Angostura, the Incas discovered a cave that wind blew out of. They called it Huayra Wasi and established a village nearby. This was the Inca Empire’s southernmost village, and chronicler Gerónimo de Bibar observed its ruins.3

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

THE MAIPO ESTATE

The First Owners • Maipo’s first estate spanned the broad valley that extended from the southern bank of the Maipo River to the Estero de Paine, toward the indigenous villages of Chada and Aculeo. The east was delimited by the high peaks that separated it from El Principal de Pirque, and the west was bordered by the Viluco and Maipo lands. After the Spanish Conquest, the Diocese of Santiago established a doctrine in the territory that was overseen by a priest who was responsible for bringing the indigenous residents into the faith, especially those who were indentured laborers. In conjunction with the evangelization, they began the distribution of lands and the first estates emerged. Cristobal Muñoz and Catalina Gómez (1575-1613) • Cristóbal Muñoz arrived in Chile as a young man in 1549, following in the footsteps of his father, the Conquistador Bartolomé Muñoz, one of the men who signed the declaration signed by the cabildo (governing council) and the residents of Santiago in May 1541 proclaiming Pedro de Valdivia the Governor just months before he died at the hands of the indigenous peoples while defending the gold mines in Concón. In 1554 Cristóbal joined the expedition that left Santiago to defend the cities in the south and settled in Cañete, where he received the encomienda (land grant) of Llolco. In 1568 he was named mayor of the city where he and his wife Catalina Gómez lived until at least 1590. However, in August of 1575 Governor Rodrigo de Quiroga granted them both the title to the Maipo estate on the southern bank of the river. The cabildo commissioned Francisco de Escobar to measure the estate in 1593.4 Cristóbal and Catalina had many children— sons Bartolomé, Juan, Julián, Andrés, and Agustín Muñoz, and daughters Mariana de Frías, Juana and Beatriz Muñoz, and Francisca de Oviedo. Brothers Bartolomé and Agustín Muñoz (1613- ca. 1625) • Although all four of Cristóbal Muñoz’s daughters married between 1590 and 1606, most of his sons died young, one during the Arauco War. This is probably the reason that upon his death in 1613, Cristóbal’s widow decided to improve the situation of her remaining sons by transferring the Maipo estate to Agustín and Bartolomé Muñoz. Bartolomé was a presbyter and officiated as the priest for neighboring Aculeo. In 1616 he was named priest of the cathedral in Santiago, where he remained until 1620. He died prior to 1624.5 When Catalina Gómez, the mother, died in March 1625, the only one of her nine children who survived her was Francisca de Oviedo, wife of Captain Rodrigo González de Roa.6 It is possible that they sold the Maipo estate in representation of the family. Domingo García Corbalán and Margarita Navarro (ca. 1625- ca. 1635) • The next owner of the Maipo estate was Captain Domingo García Corbalán. He was born in the Canary Islands and baptized in 1589, son of Domingo García Corbalán y Rege, perpetual Regidor of the Islands, and Inés de Castilla y Riverol. He arrived in Chile as a second lieutenant in the early 17th century and lived in Santiago. In March 1613 he was received by the cabildo as the royal and provincial scribe, a position

he held for 40 years. In 1626 he was also named notary of the Crusade, the Inquisition, mines, and records. Governor Luis Fernández of Córdoba named him Captain of the Infantry in 1629, and ten years later, Governor Francisco Laso de la Vega appointed him administrator of the indigenous communities of Chada and Aculeo, which neighbored lands he owned. His first wife was Lorenza de Estrada, and after her death he married Margarita Navarro Vásquez y Segura and had children with both. He amassed a wealthy estate that included a house and land in Santiago, a farm in Ñuñoa, the Lonchay estate in Maule, 600 cuadras (a cuadra is 10,0002 meters) in Nancagua, and the Maipo estate south of the river, property that had a lien in favor of the indigenous people, principal that was redeemed prior to selling it to Francisco de Cuevas. He died in 1656.7 Francisco de Cuevas and Clara de Navia (ca. 1635-1645) • The next owner of the Maipo estate was Francisco de Cuevas, son of Luis de Cuevas Escobar and Francisca Barba y Torres and great-grandson of Juan de Cuevas, who accompanied Pedro de Valdivia during the conquest of Chile and who was present at the founding of Santiago.8 He was a neighboring encomendero (colonial land grant holder) and owner of the Huenchullami estate in Vichuquén, which he kept, in his words, “populated, constructed, and planted.” He did not erect any buildings on the Maipo estate after buying it from García Corbalán, but he did establish significant herds of sheep and cattle and raised some crops. In April 1645 a 1,000-peso censo was imposed upon the estate to benefit the Indian Compensation Fund (Caja de Indios). In December of the same year he wrote his will while physically ill, but of sound mind, mentioning that the Maipo estate had 1,000 sheep and 500 head of cattle as well as 10 harrows, half of which were dedicated to a hemp plantation he owned in partnership with Dr. Antonio Ramírez de Laguna, General Protector of the Indians. Francisco was married to Clara de Navia, daughter of the Chief Constable Alvaro de Navia y Estrada, Corregidor of Colchagua and María Magdalena de Araya Berrío. Their children were María, Beatriz Balcázar, and Nicolas de Cuevas. In his will he instructed that one-fifth of his hacienda be given to his sister-in-law, Constanza de Berrio, to help her future, whether as a nun or in marriage. He named as his executors Lieutenant General Nicolás de Cuevas, his brother-in-law Rodrigo de Navia, and his cousin Captain Luis de Cuevas. He asked to be buried in his grandparents’ chapel in the Santiago Cathedral.9 Siblings María, Beatriz, and Nicolás de Cuevas (1645- ca. 1660) • The children of Captain Luis de Cuevas inherited the Maipo estate, and this and other properties were administered by his widow, their mother, Clara, although the legal operations were handled by her son Nicolás. At some point around 1660 they had to sell the Maipo estate, a decision his sister Beatriz continued to reproach him for 40 years later in her will in 1700. It is possible that her mother referred to the same loss shortly before her death in 1685 when she said “I have disposed of some properties that my husband left to my children, and for the love of God I hope they can forgive me my carelessness in the mismanagement of their property”.10 In 1672 Nicolás de Cuevas married Elvira de Astorga y Ureta with whom he had children. Much later her nephew Fernando de Astorga would become owner of the estate.


the FIRST VINEYARD

Antonio Chacón and María Cajal (ca. 1655-1684) • Antonio Chacón Quiroga was the next owner of the Maipo property, which he acquired from the Cuevas-Navia estate. He was the son of Antonio Chacón Sánchez de Morales, born in La Serena, attorney of the Real Audiencia of Lima, encomendero of Mendoza, mayor of Santiago. His mother was Constanza Quiroga y Miranda. Antonio Chacón became the encomendero of Cuyo in 1628, Regidor (Councilman) of Santiago in 1640, Captain of the Cavalry in 1641, and mayor in 1647. On May 13 of that same year an earthquake of such magnitude struck the city that he even considered changing the city’s location.11 After the earthquake he took ownership of the Maipo estate, where he built an adobe house and chapel on a flat spot at the foot of either the Almendros or Del Miedo Ravine. The location was known for its ample supply of water and food and had long been the site of indigenous settlements. Antonio was the first to build on the estate and defined the location of a historic center that continues to this day. He also defined the property’s character by planting the first vines for the production of wine and the distilled spirit called aguardiente, beginning a productive tradition that continues to the present.12 He was married to María Cajal, daughter of Alguacil Mayor Juan de Cajal and Magdalena del Campo Lantadilla. Prior to her marriage María had inherited a winery in the Cañada de San Lázaro in Santiago from her grandfather Alguacil Mayor Alonso del Campo Lantadilla, and she later brought the winemaking tradition to the Maipo estate. She was widowed in 1664 and continued to run the estate and look after the education of her six children, Constanza, Magdalena, Juan, José, Matías, and Antonio Chacón. Constanza married Juan de Ureta Ordoñez and upon his death married Gaspar Calderón de la Torre, and Magdalena married Juan de Morales Negrete. Three of the sons, José, Matías, and Antonio took religious vows and entered the religious Order of Our Lady of Mercy, while the fourth son, Juan, worked the family estate. María Cajal was a strong woman who worked the land and defended her title to the property against her neighbor Antonio Jaraquemada, with whom she had a long dispute over the land in Portezuelo, at the junction of the Clarillo and Maipo Rivers, which was known as Casas del Inca. In 1665 the Real Audiencia (Royal Court) finally recognized the Chacón family’s title to the Portezuelo property, thus concluding a dispute that had begun in 1663.13 The property was left to her four sons upon her death. Brothers Juan, José, Matías, and Antonio Chacón y Cajal (ca. 1684-1706) • Juan Chacón was young when his father died, and from that early age he helped his mother manage the estate and closely followed her instructions and those from the Mercedarian friar Ramón de Astorga, who was fully informed of its productivity. In 1684 he and his brothers owed the Indian Compensation Fund 366 pesos from unpaid contributions charged to the Maipo estate because of the 1000-peso initial principal imposed by Francisco de Cuevas in 1645. In 1693 the Mercedarian friar Carlos Reinoso was on his way to the convent in Chimbarongo and stopped at the El Jagüey estate that the Chacóns rented to Antonio Pessoa and was impressed by the water from the mountain stream and the abundant crops.14

In addition to the Maipo estate, he also managed other estates, such as Cocalán, which he had owned since 1695, Catentoa in Concepción, Codao in Cachapoal, and the farm in El Salto near Santiago, which he had inherited from his father-in-law, Jerónimo Flores. He had always worked with indigenous people on all of the properties, and in his will dated 1706 he stated that he believed he had always paid them fairly but to fully relieve his conscience, he ordered 4,000 pesos be paid to a chaplaincy to help them.15 He achieved the title of Field Marshall, and in 1677 he married Juana Melchora de Carvajal, whose 4,000-peso dowry included, among other things, a solar (land given by the cabildo) adjoining the Augustine monastery in Santiago. They had two daughters, although only one, Catalina Chacón, went on to have children of her own. After Juana died he remarried in 1702, and his new wife, Catalina Briseño, died three years later, leaving one son, Juan Tomás Chacón, who apparently died without heirs. Therefore the Maipo estate had remained intact and still included items belonging to his father, Antonio Chacón, such as two large 12- and 7-arroba containers of crockery, an old 2-arroba still, old basin of similar size, and some items from the chapel, such as a stone altar, an old ornament, a chalice, and a silver plate, as well as a large box from Panama. The herd of cattle had been depleted over time, and the 100 arrobas of earthen jugs in the inventory were not part of the inheritance but rather had been acquired with his own funds.16 The Mercedarian friars José, Matías and Antonio Chacón (1706-1724) • Following the death of Juan Chacón, his three brothers continued to be the sole owners of the estate. His brother Antonio was the first to serve the chaplaincy that his brother Juan had founded; José was the Provincial of the Order of Our Lady of Mercy in 1701, and Matías followed in the position in 1705. The three friars—and the religious order behind them— rented out the Maipo estate until a prolonged drought forced them to abandon the property and finally sell it in 1724.

SANTA RITA BEGINS

Fernando de Astorga and Teresa Montaner (1724-1764) • The next owner of the Maipo estate was Fernando de Astorga, son of Juan Astorga y Ureta and Magdalena Pineda de Bascuñán y Cea, whose father, Francisco Nuñez de Pineda y Bascuñán, was the author of the famous chronicle Cautiverio Feliz. He was the nephew of Elvira Astorga and her husband Nicolás de Cuevas, who had previously owned the estate, which he clearly knew well. He was born in 1683, and at age 35 he married his cousin, Teresa Montaner y Astorga, daughter of Captain Agustín de Montaner of Catalonia and Margarita de Astorga y Prado.17 She brought 300 pesos in dowry, and his own capital was 1,200 pesos. He was 42 years old in 1724 when he bought the Maipo property, which was uninhabited at the time due to problems with water. At that time the property bordered Paine lands, which belonged to the Jaraquemada family, and the Tablonco estate, which belonged to his uncle, Pedro Molina, and his wife Margarita de Astorga. When he came to set up the estate Fernando “…checked with the old men about the boundary lines and they told him that the upper property line was Jagüey, where a small stream begins, and that the lower boundary was at a place called El Durazno.”

His neighbor Antonio Jaraquemada had been using those lands, but when he say the title of sale, he left, acknowledging Astorga as the rightful owner of the lands “…on the southern side of the hill and straight to the ancient native tambo… there was just a pool of water commonly known as Jagüey to the right of the old tambo, which is the true boundary, and that the stream that Jara claims is the property line is that stream that receives the runoff from the slopes of the mountain it emerges from, and it was never named Jagüey, but rather arroyo (stream),” which runs through the estate’s settlement and half of the vineyard.18 The canal was put back to use, and the vineyard started producing again in an area that has been called Santa Rita ever since. The statue of Saint Rita of Cascia watched over the estate’s chapel,19 evidence of the devotion of the Astorga family’, who included the saint’s habit as one of their daughter’s wedding gifts. Fernando de Astorga, who received the distinctions of General and Field Marshall, was gravely ill in Santiago in November 1739 when he named his daughter María Josefa de Astorga as heir and recognized his illegitimate children, Miguel, Cipirano, and Rosa Astorga. He named as executors his brother Antonio de Astorga, canonist of the Cathedral and Vicar General of Santiago, Dr. Pedro Ignacio de Urzúa, and his wife, Teresa Montaner, who was appointed guardian of their daughter, María Josefa.20 Grandmother Teresa • Following the death of her husband, the widow assumed the responsibilities of the head of the family, took charge of the property, and fended off lawsuits and disputes with the neighbors. Like María Cajal, Teresa Montaner was a strong woman and ran Santa Rita with the help of her nephew Juan Agustín Montaner, who she called to her side. Around 1740 she filed a suit against Antonio Jaraquemada to gain better rights to the Jagüey lands, where the Santa Rita livestock had pastured for years. The Corregidor of Rancagua pronounced that they should respect the lands that each had traditionally occupied, so Teresa Montaner confidently sent one of her renters, Domingo Navarrete, to live there. But shortly thereafter, Domingo Jaraquemada, Antonio’s son, burned the Navarrete ranch. Teresa turned to the Real Audiencia (Royal Court), which ruled against her and in favor of the Jaraquemadas in 1741, despite the testimony of Santa Rita’s long-time tenants, such as Diego de Pessoa and the mulatto Felipe Villagra. The estate’s western boundary, which until then had been the Viluco lands, became part of the Paine estate owned by the Jaraquemadas.21 The presence of her nephew in the house resulted in marriage. In 1740, after a waiver of family relationship, Juan Agustín Montaner married María Josefa de Astorga, the heir to Santa Rita. They had 12 children who grew up at Santa Rita, under the watchful eye of their grandmother, Teresa. When María Josefa died in 1763, Teresa became the guardian of the children, Bartolomé, Fernando, Ignacio, Teresa, Josefa, Juan Francisco, José Bruno, Margarita, Manuela, María Concepción, Manuel, and Miguel Montaner, the youngest. It was Teresa who authorized the marriage of her namesake to Melchor Jaraquemada, a member of the family that had feuded with hers over boundaries and land rights for generations. Shortly thereafter, her granddaughter María Concepción married one of the Prado Jaraquemadas, a member of the same family. The death of her daughter and the new marriage of his widowed son-in-law and the increasing need to help her grandchildren economically forced Teresa Montaner—general executor of the deceased Fernando de Astorga—to part with

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the estate in January 1764. She sold it to Melchor Jaraquemada, husband of her granddaughter Teresa Montaner22 for the sum of 23,836 pesos, 3,000 of which went to the Order of Our Lady of Mercy, for the chaplaincy established by Juan Chacón, and 400 pesos went to each of the chaplaincies established by Magdalena and Javiera de Astorga. Years later, in November 1779, and being of sound body and mind despite her advanced age, Teresa drafted a will detailing the payments and advances that had been given to each of her grandchildren as the result of the sale of her beloved Santa Rita.23

THE JARAQUEMADAS. WATER & INDEPENDENCE

Melchor Jaraquemada and Teresa Montaner (1764-1800) • Melchor Jaraquemada, also spelled Xara Quemada, the next owner of Santa Rita, was a descendant of Diego de Jaraquemada, who was born in the Canary Islands in 1590 and who had arrived in Chile in 1611 with his uncle, Governor Juan de Jaraquemada. He married María Gómez de Silva in 1615 and they had one son and one grandson, both named Antonio de Jaraquemada, who inherited the valuable lands in Paine. Melchor was the son of Antonio Jaraquemada y Amasa and Rosa Cisternas y Fuica. He was born in Santiago and had a brilliant career in public service. In 1771 he was appointed Captain of the Cavalry and Field Marshall. In 1783 he was elected Corregidor and Justicia Mayor of Santiago and shortly thereafter, Superintendent of Public Works. He was named Lieutenant of the General Captaincy of Chile and Chief Mining Magistrate of the Kingdom (Alcalde mayor de minas del Reino). In 1786 he was the Deputy Delegate of the Municipal Government of Santiago, and three years later he was elected as a member of its ruling council or cabildo.24 He married Teresa Montaner y Astorga in 1760 and bought the Santa Rita estate from her grandmother in 1764. Ten years later he had two vineyards there, an old one and a new one, two mills, a house, and a chapel, 1,700 head of cattle, nearly 1,000 sheep, a hundred mules, and herds of horses and mares, as well as 10 stallions and oxen and yokes, as reported by his farm hands and Vicente Vega, the foreman of Santa Rita. In 1785 he began to buy lands around Santa Rita adjacent to the La Engorda pasture to the west that were part of the Tablonco estate. These lands that belonged to the Molina Astorga family in the sector that ran from the Maipo River in the north to Viluco in the south. He bought land from Agustín Campos, José Gómez, and Francisco Avilés, and later from Mónica Carrasco widow of Pacheco, the Avilés brothers, and finally, from Diego Contreras and his wife Rafaela Pacheco. By 1789 he had acquired all of the Tablonco parcels.25 In May 1794 he imposed a 1,000-peso censo on Santa Rita to benefit the chaplaincy founded by the Augustine nun Manuela de Montaner y Astorga, which she later redeemed.26 Melchor Jaraquemada’s wife Teresa Astorga died young in 1771, leaving behind just two children, María Concepción and José Agustín Jaraquemada.27 After her death, the hacienda was divided into two parcels. The western parcel toward the road to Tango was assigned to María Concepción Jaraquemada, who was married to Luis Goycoolea y Zañártu, who conserved her inheritance until 1827, when it was divided among their six children, José Luciano, Casimiro, Carmen, Dominga, Luis, and Ignacio Goycoolea, in exchange for an annual pension for her.28 The eastern parcel, toward the hills of El

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

Principal and that included the house, chapel, and winery, were assigned to her brother José Agustín Jaraquemada. José Agustín Jaraquemada and Tránsito Carrera (1800-1844) • Santa Rita became the property of José Agustín Jaraquemada. He was born in Santiago and was married there in 1797 to Tránsito Carrera Salinas, daughter of Juan José Carrera y Cuevas and Antonia Salinas Molina, first cousin of the prominent patriot José Miguel Carrera.29 He was named Lieutenant of the Regiment of the Prince’s Militia the same year and later rose to the rank of Captain. He became a staunch supporter of Chilean independence in 1810 and was an outstanding patriot. They lived on Santo Domingo Street in Santiago, where they raised their extensive family of 12 children, 11 of whom reached adulthood. In 1800 he authorized the construction of a canal across his lands, a herculean task undertaken by his neighbor, Vicente Egidio García-Huidobro, Marquis de Casa Real, who had recently purchased the Paine Hacienda from his cousins, the Jaraquemada Alquízars, the children of his uncle, Domingo. The Huidobro Canal, as it was officially named, was known at Santa Rita as the Jarino Canal and had a flow of 600 regadores from the Maipo River to irrigate the dry lands in Paine, and Santa Rita in the process. The water was taken from the Maipo immediately after its confluence with the Clarillo River and reached the first fields in Jahuel on June 1, 1801. Irrigation greatly improved the agricultural potential of these properties. Until that time there was little land that had access to continuous irrigation from the ravines, as was the case of Santa Rita, and the rest was large extensions of dry land with grass in the spring and only apt for herding cattle. The increase in productivity that came with consistent irrigation allowed the estates to be divided into smaller parcels that were more productive and of greater value. That was not the only change that took place. The wealthy and generous Marquis García-Huidobro allowed himself the luxury of maintaining a hanging bridge over the Maipo River at Los Morros at his own expense in order to travel more quickly between Santiago and his property in Paine throughout the entire year, a privilege that the owners of Santa Rita also enjoyed.30 Doña Paula and the 120 • José Agustín Jaraquemada farmed the land in Jahuel and rented the San Antonio de Petrel Hacienda from his mother-in-law from 1812 to 1823. He raised cattle at Santa Rita and used the irrigated land to grow grain and País grapes for wine. He spent long seasons at the hacienda, which he shared with his children and their cousins, the Jaraquemada Alquízars, especially Paula. Like him, she was a patriot, and drawing on a long and uninterrupted Santa Rita tradition, she gave shelter to 120 soldiers from the José de San Martín estate who were returning to the capital, wounded and tired after their defeat at Cancha Rayada near Talca on March 18, 1818. This event achieved legendary status in the memories of the hacienda’s successive owners and workers who took to calling historic house the “120.” The same house later gave rise to the wine that now bears its name.31 In the following decades, the agricultural work expanded, the number of farm-related professionals, technical workers, machinery, and new markets increased, and new institutions arose such as the National Agricultural Society in 1838, and the Quinta Normal of Agriculture in 1841.

José Agustín Jaraquemada died in 1843, and his widow, Tránsito Carrera, was both executor and the guardian of their minor children. She designated the Supreme Court Minister Manuel Novoa the arbitrator ex aequo et bono of her deceased husband’s estate.32 At that time, the Jaraquemada Carrera family included José Agustin, married to Juana Vargas in 1826 and with whom he had 12 children; Melchor, married to his cousin Rosario Cruzat Carrera; Lorenzo, married to his cousin Concepción Cruzat Carrera, who was widowed with children after her husband died at Santa Rita in 1840;33 Miguel, married to Micaela Ugarte and father of several children; Carmen, married to her cousin José Luciano Goycoolea Jaraqueada, who inherited the lands adjacent to Santa Rita from his mother in 1827; María de la Luz, married to her cousin Luis Goycoolea Jaraquemada, who had inherited land from his mother that he donated to build a town along the road to Tango, a project that was accepted by the government and that gave rise to the Villa de Buin in February 1844; Concepción, married to Fernando Cañas and with whom she had children; Mercedes and Dolores, neither of whom married; and Rita, the youngest, who was single at the time of her father’s death and who later married her nephew, Donato Goycoolea Jaraquemada, son of her sister Carmen. In 1844 the heirs of the Jaraquemada Carrera estate hired an arbitrator to divide the Santa Rita Hacienda into several parcels that came to be known as Los Guindos, El Puente, Los Cerrillos, and Las Casas, among others, and imposed on them several censos to benefit the charitable work of Bishop Marán, Doña Paula de Oruna, and the Merced, Santa Rosa, and Del Carmen Monasteries. The Las Casas de Santa Rita parcel was auctioned off in February 1845 to its young tenant Manuel María Figueroa, who paid 19,400 pesos, which included the censos imposed on the property as well as the two chaplaincies of 1,000 and 2,000 pesos that had been established by the deceased José Agustín Jaraquemada.

MANUEL MARÍA FIGUEROA. HORSEMAN and LANDOWNER

Manuel María Figueroa and Enriqueta Fornés (1844-1880) • Manuel María Figueroa was born in Santiago around 1813, the second child of Manuel Antonio Figueroa y Polo and Dolores Araoz y Carrera, a relative of the previous owner of Santa Rita, Tránsito Carrera. He was the grandson of the Spanish Colonel Tomás de Figueroa, who led an uprising in Santiago of those loyal to the king, which ultimately cost him his life.34 Manuel María Figueroa was a progressive farmer and modernized Santa Rita, its fields, and its winery. He was a seasoned and elegant horseback rider who always rode the best horses in Santiago, which led him to become a founding partner of Santiago’s Club Hípico (Equestrian Club) in 1869. He hired Ignacio Díaz de Valdés, son of one of the Díaz de Valdés Carreras, and therefore a relative, who was an excellent horse trainer. He also had as his advisor, his friend Pedro Cuevas, the famous horse breeder and creator of the “Cuevanos Horses.” In 1870 his friend Miguel Campino, another horse lover, gave him a bay colt with two white legs born in Aculeo, son of the quilamutano stallion “Naranjo.” He named the colt “Guante” and sent it to Santa Rita to be trained by Félix Riquelme and Dionisio Díaz. He presented the horse in the “National Horse Breed” competition at the 1875 Santiago World’s Fair and won the First Class Prize. Years later, when his animals were auctioned off, Ignacio Díaz de Valdes bought Guante and his


son, El Chiche, for 400 and 200 pesos respectively. A year later he sold Guante to Agustín Edward Ross, who won a prize for him at the 1883 Fair in Quinta Normal. Both Guante and El Chiche are important “founding fathers” of the Chilean horse breed.35 Roads and properties in the mid-19th century • Many changes took place in the vicinity of Santa Rita during Figueroa’s lifetime. The old hanging bridge that the Marquis García-Huidobro had built was replaced by a new structure commissioned from the United States in 1846. It was built in the Los Morros sector and was unusual in that it was covered with a shingled roof to protect the wood. The new bridge was inaugurated in 1850 and remained in service until 1916.36 Talk of laying a railway to the south began in the 1840s and in the 1850s its route was defined and would pass beside Buin. In 1859 the train began daily runs between Santiago and Rancagua, and the stop at Buin was an enormous advance for transporting products from Santa Rita and other farms in the area. As of that moment, the most commonly used route to the south was the road to Tango, which ran parallel to the railroad line. This gave rise to secondary roads that connected the renovated road to Tango with the old road to Los Morros. One such example was the El Arpa Road, which went directly between the Buin Station and the town of Alto Jahuel. The Santa Rita Sub-delegation was created in the Department of Rancagua in 1870. This extensive territory was bordered to the east and south by the hilltops of El Principal de Pirque, to the north by the Maipo River, and to the west by the road to Tango. In 1875, Manuel María Figueroa paid taxes in Rancagua for the Santa Rita Hacienda and the adjacent Los Ratones estate to the north. He also owned a magnificent home in Santiago on the southwestern corner of Agustinas and Morandé Streets, the same lot where guerilla fighter Manuel Rodríguez had been born and which he later bought from the estate of his brother Carlos in 1856. Chilean agriculture was undergoing many changes. The construction of irrigation canals intensified in the second half of the 19th century and converted hectares of scrubland into irrigated lands, which improved nearly all of the crops, including the vineyards. Santa Rita had had 600 permanently irrigated hectares since 1801 and vineyards since the 17th century, but it produced mediocre wine with no appeal for foreign markets. The creation of the first wineries modeled after the French style around 1850 must have motivated Figueroa to renovate his own vineyards years later. In 1870 Santa Rita had a small vineyard with 40,600 vines of French varieties, which represented a small investment. Unfortunately they were attacked by Oidium tuckeri at the end of the decade, and the old adobe and clay tile winery and its barrels were in poor condition37 because the hacienda’s primary focus continued to be on cattle, as it was in the 18th century. Late in life Manuel María Figueroa married the young Enriqueta Fornés García Reyes. When he declared his will shortly thereafter, he named her heir to Santa Rita and left his many other belongings to the Patrocinio de San José institution and the St. Vincent workshops. Following his death there was a legal proceeding regarding the division of property, in which Santa Rita was given to his widow. Immediately after the adjudication, Enriqueta Fornés sold Santa Rita to Domingo Fernández Concha for 225,900 pesos. In November of the same year, Enriqueta Fornés married José Víctor Ortúzar Ovalle, with whom she had three children, Víctor, Constanza, and Valentina Ortúzar Fornés.38

At that time the Santa Rita Hacienda was bordered to the east by the old El Principal de Pirque Hacienda owned by Vicente Izquierdo and Vicente García-Huidobro; the south bordered the same property along with the fundo that belonged to the heirs of Rafael Pacheco and rented by Enrique Campino, the Jahuel parcel owned by the García-Huidobro Luco siblings, and the division of Alto de Gómez; and the western and northern borders were beside the estate belonging to the heirs of Domingo Matte, with a public road running between them along the western border.39 The hacienda was irrigated with water from the Huidobro Canal. Originally it had access to eight octavos from the canal, but by that time it had been reduced to seven octavos because Figueroa had previously diverted one octavo to irrigate his Los Ratones estate. The hacienda had a 2,475-peso censo to benefit of the La Merced Convent.

DOMINGO FERNÁNDEZ CONCHA. THE FOUNDATION OF A BRAND

Domingo Fernández Concha and Amelia Bascuñán, 1880-1910 • Domingo Fernández Concha was born in Santiago in 1838, the third of 13 siblings, four of whom died at birth, another two died young, one sister never married, and three became nuns. The spiritual life was strong in their home. His father, Pedro Fernández Recio, became an ordained priest after his wife died. He himself died in 1883 after having received all of the sacraments that the church grants its followers. The church had a strong influence on Domingo and his siblings Rosario, who supported schools and performed other charitable works; Rafael, a priest and philosopher; and Josefa, a Good Shepherd nun declared a Servant of God and whose beatification is in process.40 He did not inherit a fortune, but was involved in the credit and banking business from a young age. He worked in the administration of a number of banks—Garantizador de Valores, Sudamericano, Valparaíso, and Consolidado de Bolivia—and helped create the Domingo Fernández Concha Bank and the Banco Nacional, which was authorized to issue currency as of 1865. He had already amassed a considerable fortune when he partnered with his brother Pedro in 1869 to buy the old Portal de Sierrabella on the southern side of the Plaza de Armas in Santiago, where they erected the new Fernández Concha building, the largest, most luxurious, and most modern building in the capital. He entered politics in 1870 and was elected a congressional deputy. He married Amelia Bascuñán Valledor in 1866, and they had three daughters, Mercedes in 1868, María Luisa in 1870, and Amelia in 1871. Their only son, Dominguito, died in 1876 at the age of one. This misfortune triggered a deep sense of spirituality and a growing vocation of service. He entered the Society of Friends of the Country, seeking to motivate Catholics to participate in politics, and in 1878 he and Abdón Cifuentes founded the Catholic Youth Circle and the Catholic Workers’ Association, of which he was president. He dedicated much of his efforts and resources to building the Popular Theater on Arturo Prat Street in the capital. In 1879 he was elected Senator for Santiago, and months later decided to buy Santa Rita. The making of a landowner • Domingo Fernández Concha was 42 years old when he bought Santa Rita. For the first time in his life he worked in agriculture and spent his time studying techniques and crops while also planning for a better education and quality of life for his workers. He modernized the property, which until

that time had been a typical hacienda of the central zone with a simple house, trees, corrals, some rooms for employees and tenant farmers, and a winery. Letters dated 1880-1882 that he wrote to his nephew Manuel Luis Infante, to whom he entrusted the administration of the estate, reveal his enthusiasm. He enlarged and renovated the vineyard and planted French vines purchased from his friend Maximiano Errázuriz in Panquehue. He acquired bottles, corks, and labels to bottle the wine, produced cheese and honey, raised cattle, harvested wheat, leveled land, and built fences. He ordered corking devices and presses from France, made tanks and cellars, and was selling wine by 1882. He built new homes, a school, and a theater for the tenant farmers, and went to great lengths to bring nuns or friars from Europe to direct the school for the poor, manage an orphanage, teach agriculture, and organize children’s bands.41 Before and after buying Santa Rita he must have talked with his cousin, Melchor Concha y Toro, whose wife Emiliana Subercaseaux had inherited the El Llano de Pirque estate in 1875. He not only bought a property close to his and dedicated it to viticulture, like his cousin, but he also hired the same German architect, Teodoro Burchard, who not only built Concha y Toro’s house in El Llano, but who had been active in Valparaíso since 1860 and responsible for such works as the Church of the Twelve Apostles and the home of Antonio Ferreira in the port city as well as the Salvador Basilica and the Díaz Gana Palace in Santiago. Burchard’s design for Santa Rita was similar to the house in El Llano. The new house sat on a rise overlooking an extensive park that was designed by the same landscape architect responsible for the park in El Llano, Guillermo Renner of Alsace. Like the El Llano house, the one in Santa Rita was built in an Italian style, although it was less baroque and more Pompeian, surrounded by corridors with narrow columns, high entablatures, and painted trim and ceilings. After completing the house in 1883, Burchard proceeded to turn Domingo Fernández’s dream of building a church into reality with a narrow masonry structure topped by a tall wooden tower made by expert carpenter Otto Golgert. The Santa Rita church is a fine expression of the German architect’s eclectic spirit. The exterior is gothic with pointed arches, and the interior is Romanic or Byzantine with profusely decorated arches and domes. Domingo personally chose the images and stained glass that he ordered from Munich, Germany, through his cousin, the Presbyter Alejo Infante. He commissioned the paintings of the saints from the young painter from the port, Alfredo Valenzuela Puelma. He wanted to be certain that religious services would always be available at the church, so even before it was fully decorated, he transferred the church and the adjoining house for the priests to the Archdiocese of Santiago to be designated a public chapel and to ensure its continuity. The church opened its doors in 1885, and held masses for the family, the employees of Santa Rita, and their neighbors in Jahuel every Sunday. The house, the church, and the park became a favorite place for members of the Chilean church. It was common to find entire classes from the Santiago Seminary engaged in spiritual retreats or enjoying vacations there, as well as religious leaders from various congregations who went to Santa Rita to present their needs and projects, particularly the sisters of the Good Shepherd and the fathers of the Sacred Heart of Mary, as the Fernández Concha family were generous benefactors. The highest authorities of the church and its most distinguished thinkers

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made Santa Rita their home. The Papal Nuncio, the Archbishop of Santiago, and other distinguished authorities of the Catholic Church, including the owner’s own brother, Monsignor Rafael Fernández Concha, were frequent visitors. Because the Pompeian-style house was more austere than extravagant, host to more prayers than social events, and saw more cassocks than elegant outfits, it was sometimes referred to as ‘the Vatican’.42 The young Vicente García-Huidobro regularly attended mass at Santa Rita’s new church. He managed his mother’s estate, the Casas de Jahuel, and was a double descendant of the Marquis de Casa Real who built the irrigation canal and the hanging bridge over the Maipo River. A romance soon developed between Vicente and Domingo’s daughter María Luisa. Forty years later family friend Abdón Cifuentes recalled how the couple rode around Santa Rita in a two-wheeled cart. They married in the church around 1886 and went to live with her family, the Fernández Bascuñáns, in Santiago, where all of their children were born. María, the oldest, was born in 1890, followed by Vicente in 1893, Dolores in 1895, Mercedes in 1897, Domingo in 1899, and Rafael, the youngest, in 1900. Vicente had an excellent relationship with his father-in-law and was soon incorporated into the management of the winery.43 The European model • In 1889 Domingo Fernández Concha hired the French enologist Pierre Robert and, motivated by his knowledge of vineyards, winemaking, and new technologies, he organized a trip to Europe for his entire family, including his granddaughter María. He bought machinery and equipment in France, admired the technological advances in agriculture in England, and was moved by the religious devotion of the people in Italy. In Rome they were received by His Holiness, the Pope Leo XIII, who urged them to commit to the church’s social doctrine. It is possible that it was his very words that motivated them to donate a space to the Conservative Party, defender of the Catholic cause. That site came to be called the Domingo Fernández Concha Club.44 Upon their return to Chile, the machinery bought from Mabille Freres was installed in the winery, and they hired Juan Claveau to organize a distribution center in Santiago that was ultimately installed at 580 Morandé Street on the corner of Santo Domingo, in a house bought from the heirs of Pedro Félix Vicuña. They began distributing Santa Rita wine throughout the country, and began exporting in 1895. Three years later, electricity was installed at the hacienda, which helped modernize the winemaking process. In 1903 the much-anticipated Santa Rita railroad project, which had been in the planning since 1889, was finally installed. A steam or animal-drawn “blood” train would connect the winery with the Buin Station, help with harvesting the grapes, and transport people to and from Alto Jahuel. The idea became a reality when Domingo, Enrique, and Mercedes Matte Pérez bought a strip of land adjacent to the Camino del Arpa and obtained a 30-year concession from the Municipality of Buin. As of 1903 the people of Alto Jahuel had their own train, and Santa Rita conducted its harvests on rails in horse-drawn cars that gathered the grapes from the entire estate and later took the wine to the station in Buin. From there the train ran parallel to the Camino del Arpa until just before it reached the Camino de Los Morros, where it turned toward the south along the Callejón de la Línea (now called Arellano Street), crossed Los Morros, entered the hacienda through a gate near the mill, crossed

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

the El Corcho pasture, continued to El Establecimiento at the foot of a hill called the Cerro del Señor, crossed the Huidobro Canal, entered the park, continued up the chestnut-lined avenue to the winery buildings, turned east and passed in front of the 120, the bakery, and the Las Aguilas Gate, and turned northward to the Camino de Las Rosas, where it entered the vineyards and followed a network of seven kilometers of rails. By 1908 Santa Rita was producing 400,000 bottles of wine and imported its bottles and corks from Europe. It had a distribution office in Santiago, representatives in the major cities, and regularly exported to other countries. At that time the hacienda was valued at 640,000 pesos and was Chile’s third largest winery after Errázuriz and Cousiño, which were valued at 1.8 million and 1.1 million pesos, respectively.45 One year later Santa Rita was valued at 736,000 pesos. In 1929 the Diccionario Biográfico de Figueroa (Figueroa’s Biographical Dictionary) included an entry for Domingo Fernández Concha that read “… at his Santa Rita wine estate, formed by him, he established, 40 years prior to the onset of the conflicts between owners and workers, an entire network of social benefits: a Santa Rita Savings Bank, Cooperatives in which profits were distributed among the shareholders, who were the tenant farmers, closely linked to the Savings Bank. The directors were chosen from among the most intelligent and best-educated employees and under his direct supervision. It bears note that these business dealings always produced dividends, and so when there were losses, Domingo assumed them himself to teach them to love saving. His great heart thought of everything—a school, theater, and aid societies to help the sick, through which he provided doctors, medicine, and money for the family’s daily expenses, and finally, a hearse and a religious burial. Nothing escaped his great Christian vision, through which he placed his ideals at the service of his ideal. Humble and proud—although it seems a contradiction—he never wanted to represent the human comedy. His actions sought neither approval nor applause, but rather the kingdom of God and His justice”.46 After living a long and full life, and surrounded by his daughters (he was widowed in 1904), Domingo Fernández died in Santiago in November 1910. His estate was left to his daughters, Mercedes, María Luisa, and Amelia Fernández Bascuñán, and the Ecclesiastic Ordinary of Santiago, the owner of the Santa Rita church. Abdón Cifuentes was appointed to be the delegate magistrate.47 They agreed to sell the agricultural properties in Buin in public auction. This included the Santa Rita Hacienda as well as the Casas de Jahuel, Jahuel Bajo, and Bellavista estates. They set a minimum of three million pesos for Santa Rita, which included the buildings, plantations, wines, containers, machinery, fixtures, farm tools, animals, household furnishings, carriages, the railroad’s rolling stock, as well as the warehouse in Santiago and its contents, considering that there was 1.7 million pesos worth of wine according to the balance sheet prepared in December 1910. In August 1911, the auction raised 5,026,000 pesos, and the estate was purchased by Conrado Cuevas in the name of Vicente García-Huidobro, who also acquired the Casa de Jahuel estate that had once belonged to his family. The other two estates, Jahuel Bajo and Bellavista, were bought by Gregorio Correa and Rafael Pacheco, respectively.

THE GARCÍA-HUIDOBRO. A FAMILY BUSINESS

Vicente García-Huidobro and María Luisa Fernández (1911-1949) • Vicente García-Huidobro had been the right-hand

man of his father-in-law, Domingo Fernández, and seconded him in managing the winery, a job he perfected daily. Despite also being interested in the mining industry, he was committed to wine production and developing Santa Rita, and therefore he decided to buy it in 1911. Everything continued as usual. He conserved the equipment and his father-in-law’s way of working. He maintained the national advertising program, implemented a fleet of trucks to distribute in Santiago, and shipped the wine to the outlying provinces, especially to the north, where the winery sold approximately a third of its production. Foreign sales were still modest, despite the constant efforts to export to Europe and other countries in the Americas. Vicente, María Luisa, and their six children were one of Santiago’s most prominent families, not only for their great fortune, but also for their strong spiritual and creative interests. They had lived with Domingo, and following his death they bought a large house on the corner of Alameda and San Martín in Santiago, where they continued the family tradition of living together and arranged new apartments each time one of the children married. Fifty or more people lived in the house on Alameda, and the same number went to Santa Rita or Llolleo on the coast, where they had another estate. The 30 or more grandchildren who grew up together formed strong ties and memorable experiences that resulted in countless anecdotes of their incredible life together. Vicente was the model of austere chivalry and hard work, while María Luisa was responsible for the intellectual curiosity the family was known for. They continued to be as attentive to the religious life as they had been in Domingo’s household and were also very interested in literature and art.48 María Luisa wrote under the pseudonym of Mona Lisa, and her beloved son Vicente followed suit and began to publish at a very early age. Her daughter Mercedes— or Chita, as they called her—was a painter and follower of maestro Juan Francisco González, who was a regular at Santa Rita and Llolleo, prior to her marriage to the poet Diego Dublé. Son Domingo learned to sculpt a young age, taught by Juan Francisco’s brother, sculptor Simón González. María Luisa’s youngest son, Rafael, was also a distinguished painter. It was Vicente García-Huidobro, however, who became the most famous of them all. At age 12 he wrote his first poem, “Ese soy yo,” corrected by his mother. In 1916, at age 23, he and his wife and children departed for France. Before long he had earned a place among Europe’s intellectual elite and had befriended artists such as Guillaume Apollinaire, Juan Gris, Pablo Picasso, Max Jacob, Joan Miró, Jacques Lipchitz, Diego Rivera, and Jean Cocteau. He lived abroad for long periods, writing to his family in Chile, especially his mother, who kept him in touch with the winery and who sent him wines to sell. Santa Rita provided him financial support and partially financed the publication of his works. Many pages in El espejo de agua, Altazor, Temblor de cielo, Mio Cid Campeador and Ciudadano del olvido, among others, were financed by the wines from Alto Jahuel.49 The love between mother and child knows no bounds. Prior to her death she wrote: Dulce profundidad de mis arterias / Oh sangre mía / Tan inútil tu ausencia / Flor- paloma en dónde estás ahora / Con la energía de tus alas / Y la ternura de tu alma.50 His relationship with his father was more strained, however, since the time he decided as a young man to modify his name, dishonoring the family tradition by shortening his last name and calling himself simply Vicente Huidobro.


The 1923 Agricultural Album stated that Santa Rita had 2,540 hectares, 663 of which were irrigated. Of those, 255 were vineyards planted to French varieties with an annual production of 71,000 arrobas of the following varieties of wines: sweet Sauternes, Gran Vino Especial for banquets, and other red and white reserve, superior, special, family, and common wines. It had 10 large cellars with American oak vats, power-driven machinery, and its own electricity produced by a turbine with an oil pressure regulator and dynamos. It had a large house surrounded by a vast park, a church, school, theater, and houses for administration, employees, and tenant farmers. Its warehouse at 580 Morandé Street in Santiago had a capacity for 15,000 arrobas and handled orders from the capital. It also had agents in nearly every major city in the country.51 Times of Crisis • The New York stock market crash and the crisis of 1930 strongly affected the Chilean economy, and Santa Rita was not spared the depression. The winery had to restrict its operations to every other day in order to survive, which affected the owners and especially its employees. At that time nearly 100 families lived on the hacienda and depended on the daily ration of bread and beans, gifts of clothing or shoes on St. Domingo Day, St. Luisa Day, Christmas, or Independence Day. María Luisa wrote to her son Vicente, “things are very bad here and I fear that the time will come that I cannot send you any money and that you will die of hunger… Some time ago I told you about the state of the business—for the past two years the winery has only produced enough to subsist without paying taxes or interest on the debts we had when this horrible crisis struck”.52 The entire family had a strong attachment to Santa Rita, just as Domingo Fernández, Manuel María Figueroa, the Jaraquemadas, and all the others before them, who for one reason or another had been attracted to the landscape and the winery’s activities. This attraction was particularly strong for the García-Huidobros, who had inherited their mother’s sensitivity and her idealistic and passionate ways, as well as the quiet, spiritual, and hard-working nature of their father, whose economic success had allowed him to acquire much of the extensive Principal de Pirque Hacienda adjacent to Santa Rita for his siblings. María Luisa’s strong personality kept the family united. Their Golden Anniversary in 1936 was motive for a solemn event with the participation of their children, grandchildren, and employees in the Santa Rita church and park in a commemoration instilled with religious and patriarchal resonance. Following María Luisa’s death in 1938, her daughter María assumed the maternal role and watched over her father, her siblings, and the staff. María Luisa’s room was kept intact, as if inhabited by her spirit. Santa Rita continued as a jointly owned enterprise until around 1940, when it became a limited liability company. The property was valued at 20 million pesos at that time and consisted of 2,665 hectares of which only 375 were planted to vineyards, valued at 7.5 million pesos. Most of the administrators had family ties, including Jorge Irarrázaval, the husband of María García-Huidobro, and Adolfo Mujica, who was married to María’s sister Dolores. Patriarch Vicente García-Huidobro’s management was so successful that once the crisis was over in 1947, Santa Rita had 359 hectares of vineyards and was the second largest winery in the country.53 More than 500 people lived on the estate at the time, and the winery provided houses, lands to plant crops and fodder

for animals, as well as bread, grain, and other goods and services in addition to a school, a theater, and a cooperative store. The García-Huidobro Fernández siblings (1949-1979) • Vicente García-Huidobro’s death in 1949 broke the continuity at the winery. The change of generations obligated brothers Domingo and Rafael (Vicente had died in 1948) to take charge and make decisions for Santa Rita, El Principal, and Llolleo. Some of the siblings and nephews participated in different aspects of the administration in an economic scenario that had turned both complicated and competitive. Furthermore, unavoidable social problems were brewing in the country. In the 1950s there was an attempt to form a union. The owners did not back the initiative, but it remained an aspiration of the workers until they finally formed one in 1961. Around 1960 Vicente García-Huidobro Portales, son of the poet, actively joined in the administration. He had experience in the business world and a modern perspective on labor. In 1964 the Sociedad Viña Santa Rita M. L. Fernández Concha de García-Huidobro was formed, changing it from a limited liability company to a corporation (sociedad anónima), thereby opening it beyond the family with equity capital of 3 million escudos, the equivalent of USD 500,000, and corresponding to 2,682 hectares plus buildings, machinery, and equipment. Between 1950 and 1970 Santa Rita’s production and business activity contracted as a result of an irreversible process due, among other things, to a leveling off of wine consumption in relation to the increase in the population, as well as growing competition from the new mass consumption of beer and the soft drinks. The country’s political situation became very complex in 1970, especially in rural areas. The Agrarian Reform had begun just a few years earlier, and landowners faced the threat of expropriation of properties that were deemed inadequately used. In 1969 Santa Rita’s board of directors offered the El Principal estate to the government for expropriation, thinking that the gesture would decrease the likelihood of government intervention in Santa Rita. Despite the threatening situation, the winery implemented new projects, such as increasing employee housing on the estate to 160 or more homes. The slogan “Don’t drink Santa Rita, it will become a habit,” became popular, and exports to Latin America and the United States rose. The workers were made partners in the company with shares and participation on the board of directors, and they themselves organized surveillance squads to prevent outsiders from trying to forcibly occupy the property. Additionally, in October 1972 President Salvador Allende and Minister of Education Anibal Palma signed a declaration making the Viña Santa Rita park, consisting of nearly 40 hectares, including the manor house, the Jaraquemada house, the church, and the winery, a National Monument, which protected the property from takeovers and expropriations to some degree. “Although the company managed to stay afloat during the Popular Unity period from 1970 to 1973, by the end its economic situation was not good. Paying its shareholders had significantly reduced the company’s capital. Furthermore, like the other wineries, Santa Rita’s net worth shrunk as the price of wine failed to increase at the same rate as inflation”.54 In early 1977 the winery’s board of directors requested state intervention to back a million-dollar loan it planned to obtain abroad. The workers also spoke with Cardinal Raúl Silva Henríquez to obtain similar financing for the company, but

neither request had a favorable response, and the situation became increasingly untenable. The board of directors thus decided to seek a new partner that would inject fresh capital. Jorge Fontaine (1979-1980) • The person who showed most interest in entering into partnership with the winery was Jorge Fontaine, the prominent businessman who agreed to contribute fresh capital to cover the corporation’s debts in 1979. He bought his shares and became the Controller of Viña Santa Rita S.A., thus ending 99 years of family ownership and management that began with Domingo Fernández Concha in 1880. Jorge Fontaine Aldunate was born in Viña del Mar in 1923 and had a distinguished public and business career that he began as the Undersecretary of Mining under President Jorge Alessandri (1958-1960). He continued on to hold other important positions and was President of ICARE (Chilean Institute for Rational Business Administration) and of SOFOFA (Industrial Development Society) in 1966, and President of the CPC (Confederation of Production and Commerce) from 1968 to 1974. He directed Viña Santa Rita for just one year, 1979-1980, and then sold the vineyards, winery, and brands to a corporation controlled by businessman Ricardo Claro, and kept the rest of the estate, which he dedicated primarily to fruit production. He kept the property until 1990. According to Del Pozo: “There were many major transformations during this time, and one of the biggest was the way the estate was managed. The tenant farmer system, which had predominated for many decades, was eliminated. This meant that the workers who lived on the estate had to move to lands located a certain distance from the property, and in exchange, homes were built for them. The land that the tenants had previously occupied were dedicated to production—200 hectares of fruit trees were planted, the hillsides were reforested, and the winemaking equipment was updated, but only partially because the wine market was not good at that time”.55 In parallel to making changes in agricultural management, Fontaine called the Swinburn y Pedraza architectural firm to work on the manor house. They repaired the western facade facing the park, replaced the roof, and strengthened the walls. They had just finished the job when a violent earthquake shook the central zone of Chile in the summer of 1985 and severely damaged the Santa Rita church. They had to reinforce the entire structure of the house and rebuild the north wing, converting the facade into a continuous gallery of windows. They also reinforced the structure of the church, restored the painted mural, and fixed the tower, which was in danger of collapsing. The 1980 economic crisis and the decrease in agricultural production made it unfeasible to maintain the estate, and in 1991 he had to sell the rest of the Santa Rita property, including the estate’s houses, park, and church. It was bought by Cristalerías de Chile, which sold it a few months later in 1992 to its subsidiary, the Sociedad Anónima Viña Santa Rita, thus reinstating the original hacienda to a single property.

RICARDO CLARO. CREATION OF A LEGACY

Ricardo Claro and María Luisa Vial de Claro (1980 to Date) • Ricardo Claro Valdés, creator of the group that bears his surname, was a well-known attorney and later businessman who already owned Cristalerías de Chile and other corporations in 1980. He was Viña Santa Rita’s next Controller and to a certain degree, its re-founder. He had many things in common with

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the founder, Domingo Fernández Concha, two of the most evident being a strong Catholic faith and a passion for beauty, which for both men was embodied in the winery’s landscapes. He was born in Santiago in August 1934 and studied at the Saint George’s School in the same city. At age 17 he began to work with his father, Gumercindo Claro Matte, in his office at the Stock Exchange. He entered the University of Chile Law School in 1952, and by the time he received his law degree in 1958, he had already joined the prestigious Claro y Compañía law firm founded by Luis Claro Solar, a distant relative. He went on to become one of its leading attorneys. While at the university, he had studied under Chilean attorney and historian Jaime Eyzaguirre, whom he deeply admired for his Christian values and who became his role model for his way of life, faith, and desire to excel. Among other things, Eyzaguirre stimulated his interest in academics, and he became a professor of Economic Policy at the University of Chile, where he taught from 1961-1990. As economic advisor to the Ministry of Foreign Affairs from 1973 to 1975, Claro traveled to China, where he established important ties for Chile’s economy after having met President Deng Xiaoping and envisioning China’s imminent opening to the world. He was later asked to coordinate the Sixth Assembly of the Organization of American States (OAS) held in Santiago in 1976.56 It was at that time that he began his business career by taking the leading role in managing Sociedad ELECMETAL, Compañía Electrometalúrgica de Santiago founded in 1917, which he diversified. He later acquired the company through a CORFO tender and assumed the administration of Cristalerías de Chile, successor to the former National Glass Factory founded in 1904. Ricardo Claro’s deft management of Cristalerías enabled the company to enter into an assistance agreement with the US company OwensIllinois, the world’s leading producer of glass containers. Evolution of a winery • In addition to Elecmetal and Cristalerías, by the end of the 1990s Ricardo Claro was also President of the Compañía Sudamericana de Vapores and Megavisión, Chile’s first privately owned television channel, and other companies. Grupo Claro, with Claro himself at the helm, wanted to offer consumers a product that would take advantage of the new openness of the country’s economy. They explored a number of businesses and soon became interested in entering the world of wine, thinking of it as a very noble and exportable product tied to Chile’s agricultural traditions and the national identity. Backed by his characteristic determination and willpower, he made it his mission to find a winery with a recognized history and the potential to produce high-quality wine. He already knew and admired Viña Santa Rita because he had been both friend and attorney to the García-Huidobro family at Claro y Compañía, so when the possibility of acquiring it arose, he immediately saw that it was not only a good business opportunity, but an opportunity to lead an important project as well. After long and tedious negotiations, he bought the Santa Rita winery at Alto Jahuel with 79 hectares of vineyards adjacent to it and the brands in 1980. Grupo Claro acquired 50% through Cristalerías de Chile and the other 50% through Owens-Illinois, a company that also supplied wine bottles to different countries and that had a great desire to expand at that time. Taking advantage of this partner’s significant collaboration, his immediate plan was to focus on exporting wine, and just a few months after completing the transaction,

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

Ricardo Claro, his wife María Luisa Vial de Claro, and his first General Manager Baltazar Sánchez—Vice President of the company since 2008—and a group from the United States, visited the best US wineries to become familiar with the latest production processes. It became evident that integrating state-of-the-art technology would allow them to improve the quality of the wine and focus on exporting to foreign markets. Ricardo Claro, his executive team, and the board of directors, including Juan Agustín Figueroa, who became the President of the company after Ricardo Claro died, Gregorio Amunátegui, Arturo Claro, Baltazar Sánchez, and Alfonso Swett, lent strong momentum to every aspect of the winery from the beginning. They introduced tremendous technological advances in winemaking that were previously unknown in Chile. In addition to automating the processes, they incorporated a team of professionals who traveled the world to choose the best importers and distributors they could find. The group’s tendency to seek out leaders was also carried over to the wine. From the onset they hired extraordinary winemakers—the first two were Ignacio Recabarren and Álvaro Espinoza—who left their mark on the history of Santa Rita and set a standard of excellence. They also hired external consultants such as the French winemaker Jacques Boissenot. In 1982 the commercial area successfully launched the new 120 line, which had previously consisted of a single product, and in 1985 they began large-scale exportation of Santa Rita wines to markets around the world. Three years later Cristalerías de Chile acquired Owens-Illinois’ share of the company, thereby taking full control of the winery. New equipment was incorporated into the enological area, including stainless steel tanks and French and American oak barrels. The late 1980s to early 1990s was a period of tremendous expansion at Santa Rita, sustained by the rise in exports and the excellent reputation of its wines, which won international awards and accolades. Especially important during that time was the acquisition of the rest of the Santa Rita Hacienda with its manor house, church, and park, which enabled them to reunite the different parts of the original winery. With the participation of the company’s board and the collaboration of Arturo Claro along with Claro y Compañía through attorney Eduardo González, they made major investments in land and purchased 2,860 hectares in different valleys throughout Chile, and the company’s shares have been traded on the stock exchange since 1991 with equity capital of more than USD 15 million. These achievements marked the culmination of a process that went beyond a mere business and began to take shape as part of a legacy. Recovering Santa Rita’s heritage • There was a special desire to return Santa Rita to the quality and presence befitting its history. They began designing a new entrance to the winery with a long, tree-lined avenue, and another built in 1993 flanked by Chilean palm trees that faced the Doña Paula house. One of the aspects of this heritage recovery project that most motivated Ricardo Claro was the restoration of Paula Jaraquemada’s house. He was acutely aware that the wine’s identity was enhanced and nourished by its history, traditions, and scenic beauty. Therefore it was essential to completely recover the original Santa Rita house from the 17th and 18th centuries that had given rise to the 19th-century legend of Doña Paula Jaraquemada and the 120 soldiers. Architects Raúl Irarrázabal and Rodrigo Márques de la Plata began the

project in 1992 by improving the esplanade in front of the extensive façade. The also highlighted a hallway that opens onto the interior courtyard arranged around a central fountain and inspired by the colonial convent gardens and the Hortus conclusus (literally enclosed garden) concept of the Middle Ages and associated with the Garden of Eden. The Doña Paula Restaurant was installed in the restored house, whose walls are adorned with valuable colonial paintings from 17th- and 18th-century studios from Quito, Cuzco, and Potosí. The restoration of this old building dignified and lent renewed social purpose to this valuable piece of the winery’s heritage and that of the nation. The Santa Rita manor house merited equal concern. Although it had already been partially repaired after the 1985 earthquake, Ricardo Claro once again called upon the architects Swinburn and Pedraza to restore it and prepare it for a new use, a small luxury hotel similar to the Relais & Châteaux he had visited in the great vineyards of France, imbued with tradition and elegance. The hotel project was carried out from 1991 to 1994, primarily in the southern wing of the house. The galleries were refurbished, the walls and trim were repainted to their original colors, the central courtyard was redesigned to include a fountain of tritons, the grand staircase to the park was restored, and the entry patio was reconstructed. They also reinforced the structure of the chapel and restored its mural. In addition to all the work done on the house, Ricardo Claro’s wife, María Luisa Vial de Claro took on the task of restoring the park with the help of Cecilia Montes. After an initial evaluation with specialists and technicians, they replanted hundreds of species, recovered statues and ornamental elements, built greenhouses and public restrooms, and trained a team of gardeners to maintain this magnificent 39 hectares of landscaped heritage. The group acquired Viña Carmen in 1987 and in 1992 embarked upon a project focused on producing highend wines that began by constructing a facility in La Puntilla, one of Santa Rita’s traditional sectors. In 1997 Santa Rita ventured abroad for the first time and founded Viña Doña Paula in Ugarteche, Lujan de Cuyo, Mendoza, Argentina. In 2001 it acquired the Terra Andina brand in Chile and later created Nativa to make organic wines. The Claro Vial Foundation • In addition to creating new partnerships and products that enriched the winery’s development, Ricardo Claro wanted to fulfill his dream of enhancing its beauty and excellence even further, so he restored the vineyards, houses, church, park, and bodegas. He brought them to life with numerous production and social activities, religious ceremonies, cultural events and music. But he still wanted something more durable, more permanent. He and his wife María Luisa Vial decided to create a museum with the archaeological and anthropological pieces they had collected over the course of four decades. In order to carry out their project at Santa Rita, they first shared it with the winery’s board of directors and then created the Claro Vial Foundation, donated their collections to it, and gave it the mission to research, develop, and disseminate culture and the arts, thereby expressing their commitment to the advancement and glory of the nation. With the museum as its main base, the Foundation’s objective is to organize concerts, exhibitions, educational programs, and other cultural activities, as well


as historical research and the publication of this book, all aimed to enrich the values and quality of life in the country. The decision to make Viña Santa Rita the home for the items they had collected for 40 years was proof of their great love of the place and their desire to make it transcend time. They decided to build the museum on a site along the esplanade at the entrance to the winery, and issued an invitation to tender proposals, which was won by the architectural firm of Jaime Burgos and Mariano Campos, along with sculptor Vicente Gajardo, who designed the stone walls and the monumental clava he added as a gift to the project. The Museo Andino building, which the winery has given under a gratuitous loan to the Foundation, was inaugurated in 2006 and displayed its 3,000-piece collection excellently curated by a team led by José Pérez de Arce of the Museo Chileno de Arte Precolombino. This project was implemented under the provisions of the Law of Cultural Donations, with the active participation of the Ricardo Claro himself. It constitutes a unique and lasting contribution to the cultural heritage of the nation, the culminations of his decades-long collaboration with museums such as the Museo de San Francisco, the Museo Histórico Nacional, and the Museo Chileno de Arte Precolombino as well as the Teatro Municipal, the Andes Foundation, and the Early Music Ensemble, among many others. The Claro Vial Foundation’s Museo Andino is open to the public, free of charge, and has become a permanent source of education and cultural dissemination. The legacy lives on • Ricardo Claro died in October 2008, just hours after having attended Mozart’s opera, The Marriage of Figaro, presented in the Teatro Municipal under his patronage. Countless individuals from the various areas he was involved in attended his funeral to express their deep regret and sympathy, as was encapsulated in the words of Monsignor Fernando Chomalí, Auxiliary Bishop of Santiago: “He was a seeker who used the wings of faith and reason, to borrow a phrase from John Paul II, to rise up in an original flight in search of the truth to find that which is essential, that which is truly important in life. This led him to give his best to his family with an exemplary marriage, to society by generating wealth, companies, and employment that benefitted the country and those in need, and to culture in its many expressions. This desire for the truth, this insatiable quest, led him to embark, through regular and silent study, on a search for new pathways out of poverty and all the afflictions of our country. He did this from his position as a man of faith and a Catholic. This led him to be accountable and live in accordance with his principles and convictions. It led him to do good and work passionately and tirelessly to promote a better, more prosperous, and freer world.” Ricardo Claro did not witness the damage that the 2010 earthquake did to Santa Rita, but his team, led by Jorge Heiremans, responded swiftly and efficiently to the urgently needed reconstruction. In addition to the damage in the winery and the subsequent loss of thousands of liters of wine, the hotel, church, and restaurant were also structurally affected. After carefully analyzing the original materials and new restoration techniques, everything was rebuilt using modern technology in conjunction with traditional craftsmanship, all with the aim of protecting and conserving these valuable testaments to our cultural heritage. In 2013 the winery celebrated the news that was the high

point of a process that Ricardo Claro began when he bought Santa Rita in 1980 and planted Cabernet Sauvignon vines. The 1989 vintage of Casa Real was the first wine in Latin America to earn the international Wine Legend status from the highly influential British magazine Decanter. Santa Rita’s future continues to be tied to its original spirit in that it privileges the quality of its products while enhancing the value of its social and cultural dimensions. In this context its winemakers and viticulturists are focused on producing the best wine while taking careful account of the needs of an increasingly active and informed public. The winery wants to strengthen its ties with the people in order to better understand them and offer, in addition to its wine production, the rich cultural diversity and tradition that has unfolded without interruption on its lands from its beginnings several centuries ago. The knowledge of its history drives Santa Rita to a better appreciation of its efforts and products, to a deeper recognition of a legacy that includes, among other expressions, traditions, crafts, cultural heritage, art, landscape, and nature. Today Viña Santa Rita is synonymous with openness and attraction, and its traditional and centuries-old property in Alto Jahuel now offers the community free access to the park, the hotel, the restaurant, its cellars, and museum in the exceptional setting in the Maipo Valley, where its vines have grown since the 17th century.

— Memories of Santa Rita Virtual tour of its recent past

Time has not changed Viña Santa Rita’s geography or its landscape set in a valley surrounded by hills on three sides and bordered on the fourth by a road on the west that was created in the times of the Inca. The crops have changed, however, as have the roads leading into and around the estate, the buildings, and especially, the people, the many generations whose roots are here, or those who have worked here, and even those who do not know or remember their connections to this place. There are general references from Santa Rita’s distant past—of the Llolleo people who inhabited this place in the 6th or 7th century, of later indigenous peoples, followed by the Spanish, and finally the Chileans—all in relative proximity to the site where the home of Doña Paula and the wine cellars stand today, an architectural complex that began to take shape in the mid-17th century. There is scant documentation and few memories available to help us imagine what life was like at Santa Rita. The oldest overview we have is from the first half of the 20th century, when aerial photographs were taken in 1930 to produce a photogrammetric record of the area and transferred to planchettes drafted by technicians at the Military Geographical Institute. These planchettes portray Santa Rita and its surroundings, from the Los Morros Bridge to El Tránsito, from the hills of El Principal de Pirque to Buin—an enormous property spanning nearly 3,000 hectares, but with limited spaces for living and working. Our virtual tour of Santa Rita circa 1930 is divided into three zones—north, central, and south—each with its own access point from the public road, Los Morros. The first sector, the one to the north, was the site of the

oldest entrance. It was the closest to the Los Morros Bridge, and therefore to Santiago, making it an important route from the 16th century through the late 19th century, when a new road was opened to the south beside the railroad, and Los Morros became a secondary road. The entrance was called the Gringa Bridge Gate and was used until the latter half of the 20th century. It connected with inhabited sectors of La Puntilla, San Rafael, Las Rosas, and La Población as well as with the nucleus of the winery buildings and the old house now known as Doña Paula. It no longer exists, and the winery’s liquid industrial waste plant now stands in its place. In the second or central sector is the entrance that was opened in 1880 to access Domingo Fernández’s homes. It was the fastest and most direct route to the hacienda’s park, church, theater, school, and the most densely populated sector at the foot of the hill, known as the “upper neighborhood.” The gate and the road still exist, but are closed to traffic, which was redirected to the winery’s current entrance in 1981. The third sector to the south had an entrance exclusively for the Santa Rita railroad that ran between the winery and the Buin Station. The trains entered the hacienda, passed by the mill and the area known as El Establecimiento, crossed the park, reached the winery buildings, and continued to the vineyards. The train stopped running around 1940, and years later both the mill and El Establecimiento disappeared. The only remaining allusion to its memory is the giant cork tree in the old pasture called El Corcho. Before we begin our tour, we should mention that toward the end of the 20th century, Santa Rita was one of the central Chile’s most traditional estates, not only for its size and wine production, but also for its particular identity. It had belonged to three generations of a family that was committed to the land and its spirit. It was located at the end of a road in a valley bounded by hills, which allowed it to preserve many of its rural traditions, and its many workers formed a type of family that was strong, cohesive, and united. More than 500 people lived at Santa Rita around 1960, and that number increased at harvest time. Their houses formed a veritable city with neighborhoods, streets, and meeting places, although unfortunately that human landscape no longer exists; the passage of time and new working methods led to its disappearance. Therefore it is necessary to conserve the memory of Santa Rita’s recent past, the names of those who constructed its daily history day by day and whose work, family, and affections dwelled there.57 Northern Sector. The San Rafael Road • The Gringa Bridge Gate opened to the road to San Rafael (also known as Los Perros, “the dogs”). Shaded by acacia trees, the road ran due east, with the silhouette of Mt. de la Cruz, overlooking the valley in the distance. The first house before crossing the bridge belonged to Luis Riveros. Crossing the canal on the right side lived Germán Vergara, Valericio Gómez, Adrián Diaz, Neftalí Ríos (later his grandson Manuel López), Orlando Mallea, Ismael Poblete, Manuel Méndez, Neno Jara, Alfredo Nuñez, Emiliano Peñailillo, Jorge Troncoso, and Hernán Arias, reaching the intersection with the southbound road to La Población. On the left were the homes of Hernán Acevedo, Martín Ríos, Hilario López, Jorge Jiménez, Armando Valenzuela (later Felo Aguilera), José Pérez, Raúl Garrido, Pastor Pino, Hernán González, Miguel Pizarro, and Hernán Ramírez, reaching the intersection with

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the northbound road to La Puntilla. There was another set of houses in La Puntilla built on the flat land across from the hill, where Edudaldo Loyola, Sergio Jara, Miguel Memblo, José Cofré, Aurelio Núñez, Florencio Cortés, and Enrique Gaete lived, and they were known as the “Puntillanos.” The road to La Población went straight to the winery buildings and the Doña Paula house, crossing through two heavily populated sectors after 1930, La Población and La Cancha. La Población had four streets, each with six or more houses. The residents included Madermo Rodríguez, Florencio Maturana, “Leche” Lastra, Moisés Morales, Absalón Chacón, Celia Donoso, Leopoldo Sarralde, “el Chico” Jiménez, Ignacio Lobos, Manuel Muñoz, the Retamales family, Manuel Arce, the Orellana family, Benito Bueno, José Sepúlveda, Carlos Sepúlveda, José Painecura, Pedro Navarrete, Félix Galdamez, Juan Cuadra, Daniel Gajardo, and Pedro Núñez, whose house is the only one that survives, although empty and standing amongst the vines. After La Población the road passed by the houses belonging to Manuel Acevedo, where there was a barber shop, Manuel Toledo, and Camilo Brossard, where it crossed the narrow street to La Cancha. The football field had houses on its western and northern sides, where the Jara family, Ernesto González (later his son Jorge), Enrique Gaete, Enrique Leiva, Eduardo Copia, and Carlos González lived. Games between locals and visitors started early every Sunday, and the field filled with people jockeying for shade beneath the willow trees on the side. The players changed at the González’s house and wore a white shirt with a blue sash that said Viña Santa Rita, blue pants, and white socks. Independence Day was the best time at La Cancha when it filled with stands and both the tenants and the owners danced late into the night. The road to La Población reached the winery buildings, and the meeting room at the front that was known as El Bienvenido (The Welcome) due to the sign that hung over the door. There they had movies on Sundays, dances, and gatherings. It was the headquarters of the first union and where wakes and vigils were held for the dead. The everactive forge followed, across from the old house esplanade. After crossing the roads to La Puntilla and La Población, the road to San Rafael continued along the side of the half-moonshaped rodeo arena and the corrals, where there was a dairy and where Pedro Valderrama and Sergio Gallardo lived. The road ended at the intersection of the Las Rosas and Las Aguilas Roads, where contractor and field manager Oscar López (later Juan Luis Donoso), lived next to Carlos Tapia, José Gutiérrez, and the Jiménez family. Las Rosas Road continued to San Rafael after a curve. That is where Jorge Catalán (later his son Guillermo), Aurelio Murga, Roberto Zúñiga, Miguel Zúñiga, Oscar Aravena, Alejandro Flores, Sergio Lobos, Oscar Murga, José Armando Lara, and Pedro Riveros lived. Beyond that the road led to the narrow mountain pass toward Pirque, where the Pino Martínez family lived and the Santa Rita cemetery, where the victims of the 1886 cholera epidemic were buried.

Central Sector. The Old School Road

This sector is the heart of Santa Rita—the winery buildings, llavería, manor house, and church. The entrance was from the Los Morros Road, through a large gate held up by tall brick columns topped by cement balls across from School 21, which is now a high school. Mariano Tirado, the gatekeeper lived on one

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

side—his house is still there—and across from him was Segundo Cáceres, who left it to his son Mario Cáceres, the master mason. A straight road led to the hill. There were two brick residential blocks—los colectivos—on the left, where the Padilla Ahumada, Fuentes Alfaro, and Soto Andrade families lived. On the right were the houses where Floridor Godoy (later Julio Rojas), Samuel González, Luis Lagos, Moisés Cornejo—across from the oak tree—Hernán Alegría, the contractor Carlos Ríos (later Manuel Valdenegro), and Juan Icarte, who managed the park, next to the canal. On the other side of the road is where Dionisio Pezoa (later his son José), and Rosendo Tricado (later Jorge Cofré) lived. The road, which was called the Old School Road and the Church Road, crossed the Huidobro Canal and continued between the park wall and the Cerro del Señor (Lord’s Hill), where an iron statue of the Crucified Christ erected by Domingo Fernández still stands. That was where the Via Crucis, the Stations of the Cross, was enacted every year on Good Friday. There were many houses at the foot of the hill. That is where the key keeper Donoso (later Armando Ovalle), Miguel Acevedo, and Carlos Peña (later Arturo Muñoz) lived in big houses with corridors. Then there was the theater, with its painted backdrops and Christmas plays. Next came the school, where the teacher Rebeca Peña and later Rufina and Ana Díaz lived. Both buildings collapsed in the earthquake in 1985. Continuing on were the houses of Enrique Rojas, Sergio Balcázar (later Julio Lazcano), Fernando Urzúa, and the Maturanas. Then there was the reservoir flanked by two little roads. The first led to the home of Juan Balcázar the hill foreman (later Enrique Zamorano), and Luis Contreras, the park manager. The Castillo family lived down the other road near the corner, followed by the homes of Eugenio Torrealba, Vicente Aránguiz (later his grandson Juan Lobos), and Roberto Ramos. Enrique Torrealba lived at the end of the road, where there was a double residential block with four apartment buildings. Very close by there was a quarry where they got the stones to repair the roads, and the foundations remain of the lazaretto, or quarantine station, which they built to tend those who were sick or dying of cholera. The road formed an esplanade in front of the church and the manor house, where there was always a couple in charge, such as the brother-sister team Julio and Rosenda González and later María Terán and her husband Fernando Urzúa, the housekeeper and butler, respectively. The house was divided into ten apartments, eight in the large house and two in the church house. The García-Huidobro siblings—Domingo, Rafael, Mercedes, and Dolores, as well as Vicente and María with their respective families and those of María’s daughter María Irarrázaval stayed in the big house, and there was an apartment for guests as well. The Sacred Heart priests stayed at the church house each week, and Miguel Mujica GarcíaHuidobro lived there as well. When the owners were at Santa Rita, Anita Trincado and her assistant Julia Mallea tended the kitchen, and each noted their expenses in a journal and settled each month with the winery’s accountant. Sunday mass was held every week, and a wagon began transporting people to the church early in the morning. The church was also open every day during the November missions and remained open for Mes de María (Immaculate Conception) and the Novena of the Holy Infant Jesus. There was a special celebration on the Day of the Virgin, and the church filled with children for their first communion. It was the starting and ending point for the Palm Sunday processions through the park

to the San Isidro Plaza as well as the Stations of the Cross to the Cerro del Señor. It was also the site of weddings, baptisms, wakes, and funeral masses. Foreman Balcázar’s funeral is still recalled today; his coffin was escorted from the Santa Rita church to the Buin cemetery by a hundred huasos on horseback. But the largest and most popular celebration of the year was Cuasimodo, when the priest took communion to the shut-ins on the Sunday after Easter. His carriage was prepared early in the morning and he was accompanied by a multitude of men on horseback, bicycles, carriages, carts, and vehicles adorned with flowers and ribbons, their heads covered with scarves, and most carrying flags. At sunset, after covering all of the roads on the estate, from La Puntilla to Jahuel, the priest and his followers went to visit the patients in the hospital in Buin. The park was managed by a supervisor and ten workers who irrigated, cleaned, and pruned the extensive garden and also took care of the vegetable gardens that the landscaper Renner had included in the original design. They sent vegetables to the owner’s house in Santiago every week, and they paid close attention to the calendar when it was time to dry fruits, grind corn, process olives, peel chestnuts, and pick walnuts. The park’s wall continued beyond the entrance to the manor house. It was interrupted by a small door across from the home of the petisero Florencio Poblete that led to the home of Juan Gallardo who supervised the park and vineyard. The wall then became the rear wall of the stables, where “el Cautín” lived—he was in charge of ringing the church bells. There, across the road, there was a small shrine for a man who had been knifed to death. No one remembers his name, although it seems they do remember his attacker. The wall ends at the enormous Puerta de las Aguilas (The Eagles Gate), with two cast iron birds atop the brick obelisks. Las Aguilas faced two roads, one to the north through the interior of the estate, and the other to the west, which led to the llavería, the bakery, the winery buildings, and the forge. It was the busiest road on the estate, and races took place there every “18” (Independence Day). Ciro Taiba lived across from Las Aguilas in a two-story house with balconies. The next houses were those of Julio Jofré (later his son Jaime), González the tractor driver (later Juan Quintanilla), and Oscar Alarcón—now the Tourism Center—who gave a space to the buses that ran between Buin and Plaza Almagro in Santiago and that stopped to drop off or pick up passengers four times a day. Next came Juan Rubio’s and Luis Vásquez’s houses beside the forge, where an old acacia tree still provides shade. On the same side of Las Aguilas there were three large buildings that still stand today. They once served as a dining hall for outsiders and housed a bakery, ovens, a woodshed, and bread storage. Next was the kitchen and farther west, the old Jaraquemada house, known as the 120. It could only be accessed from the front, and inside there was a long, narrow courtyard surrounded by a wall. The house was divided into several apartments. The midwife Olga Soto lived on the far eastern side, and beside her, Rita González, who was in charge of the clinic, which came next along with the maternity ward. The sporting club office followed, and finally, Luis González, the electrician, had the apartment on the end. The administrator Alberto Huititon lived in the house after the 120, and next door to him was Assistant Director Raúl Brossard. After they closed the old school in 1985, the Santa Rita Sacred Heart School was opened next door; Alicia Retamal was its last director. It had a large


courtyard with a grape vine in the middle. On the southern side of the courtyard was a large area where the students ate lunch. The courtyard called the Llavería was the entrance to the winery buildings and was bordered to the south by the estate office, the pay window, and the shop that Eduardo Fierro managed until it first became a grocery store and finally the Cooperative run by Manuel Aravena, where the winery’s employees had shares. Across the street to the north was the stone door that led to the winery buildings and the office of the plant chief, Carlos Peña. There was a large and striking mural of a winery painted just inside the door. At the end of the western side of the Llavería courtyard were the homes of Miguel Contreras and Dagoberto Godoy, and it continued southward down a little road that ran along the length of the materials building to the home of Ramón González. Alberto Crush, and then Manuel Gallardo, lived in the house across the street.

Southern Sector. El Jahuel and El Corcho

The southern entrance was exclusively for the Santa Rita railroad, which ran from 1900 to 1940. The trains entered and exited from beside the mill, crossed the El Corcho and El Jahuel pastures and reached the vineyards, but not a trace of it remains today. The southern sector of Santa Rita was once a property called Casas del Jahuel that was incorporated into the Santa Rita estate around 1900. It included the foot of the hill, two large pastures, and two groups of houses, as well as the mill and El Establecimiento. To enter this sector from Los Morros, it was necessary to enter from the Old School Road, continue to the Huidobro Canal, and then instead of going toward the “high neighborhood,” turning toward El Establecimiento, where there was machinery to saw wood as well as to make coffins and crosses for those who died at Santa Rita. That is where maestro Rafael Riveros and Nibaldo Carrasco lived. The road continued to the Jahuel gate, right next to Alberto Avilés’ house. Crossing the pasture to the south, the road came to the old manor house with wide corridors, where Jorge Burgos and his son Jorge, both masters of the forge, lived. The road turned westward and passed the homes of Miguel Pezoa, Pedro González, Miguel Santander, Joaquín Aguilera, and Alejandro Soto before turning east toward the mountains and the old house where Efraín Pezoa lived. El Jahuel was adjacent to the El Corcho pasture. Between El Corcho and the public Los Morros Road there was a strip of land with several houses with courtyards that faced the main road through Alto Jahuel. There lived Aliro Díaz, the brothers Darío and Juvenal Salgado, Sergio Aravena (later the Pizarros) and the González families, Rigoberto Astudillo, Hernán Núñez, the Díaz family, where the train entered (later Juan Vielma), and Ramón Rubio next to the mill.

Violeta Parra at Santa Rita

Legendary Chilean folk singer Violeta Parra’s first maestra was a woman called “La Pelusita,” who lived in one of the houses near the Santa Rita railroad entrance. She was 95 years old when she met Violeta in 1950 at the baptism of the youngest daughter of singer Carmen Luisa Arce Parra, who was the daughter of La Pelusita’s grandson, Luis Arce. “The whole family came from Alto Jahuel to be there. Mother, aunts, and grandmother, all tough looking and rigorous, as if in eternal mourning. Mediterranean, all in black, a Greek chorus of rural

origin,” remembered Violeta’s son Angel Parra.58 When Violeta picked up a guitar, La Pelusita immediately approached and asked, “Do you play? I used to play—and still will,” she told Violeta, who sang a Chilean folk song called a tonada. When she finished, La Pelusita said, “Now it’s my turn,” and with her tiny voice began to sing… “In the Plaza de Armas, caracho / A bull came at me, caracho / it sank its horn into me, caracho / and I don’t know what to do…” Violeta was thrilled—the person she had been looking for forever was there at her side. Just a few days later, Violeta and her children went to La Pelusita’s house in Alto Jahuel. Her daughter Manuela Leyton let them in. She had been a porter for the Santa Rita railroad. Her sons Julio and Tadeo Martínez were tenant farmers at the winery. They stayed for several days, all together in an old house with corridors full of flowerpots. This was Violeta’s first field research, her first steps in collecting folk music, sitting beside a venerable old woman who became her clearest and most abundant source. Violeta drank of her knowledge and quenched her thirst for tradition and rural heritage. The day they met was a great day for Chilean folklore and popular music. La Pelusita wracked her memory for days, recalling treasures to offer Violeta, such as “Casamiento de negros,” or the waltz “Que pena siente el alma / cuando la suerte impía / se opone a los deseos / que anhela el corazón,” a song that became Violeta Parra’s passport to travel across Chile and throughout the world. The trip to Santa Rita was a decisive one for her. What had been clear to her before was more evident than ever—in those old Chileans there was memory, orality, and wisdom.

— Santa Rita Park Following the construction of the house and the adjoining church by architect Teodoro Burchard, Domingo Fernández Concha commissioned Alsatian landscaper Guillermo Renner to design the park for the Santa Rita Hacienda. Renner had lived in Chile since 1873 and designed many urban parks and private gardens in the country in the late 19th and early 20th centuries. The park covers more than 40 hectares and is one of the largest and best preserved in central Chile.

The Inspiration

In addition to influences of his French origins, Renner harmoniously integrated characteristics of other styles that were in vogue at the time, specifically those of England and Italy. Noteworthy Italian details include the profusion of decorative elements such as amphorae, fountains, statues, and the boxwood labyrinth in front of the house, all of which lend a Renaissance aura to the setting. Another element taken from Italian landscape architecture, the inclusion of recreational spaces, also contributes to this sensation. The park includes a Pompeiiinspired bathing area with a swimming pool in the center and changing rooms on the ends that maintains a dialogue with the style of the house that was strategically placed on a small rise. The long paths and winding roads work with perspectives, and large areas for grazing are examples of the English influence. Some sections of the park were set aside for growing vegetables, thus merging the urban park with a vegetable garden. This combination proposed by Renner has its roots in the gardens of the Middle Ages and the Renaissance. The

Fernández Concha family appreciated and used this area from the beginning, which encouraged their gardeners to also develop abilities in fruit and vegetable production. The park’s design and the species to be planted had to take into account the two ponds that already existed on the property. The larger one was located in front of the main house, and was possibly the source of adobe during the construction of the house. This decision may have been made by the architect and then adapted by Renner, or they may have discussed it together. The two had a history of collaboration at the Concha y Toro winery in Pirque, which was owned by Melchor Concha y Toro, Domingo Fernández Concha’s first cousin. Therefore the landscaper and architect duo were able to jointly resolve certain solutions at the site.

The Flora

The design included the introduction of foreign plant species as part of the effort to replicate the European landscape. The only endemic species that grow there today are the Chilean Palm and some quillay. The property also has some ‘monkey puzzle pines’ (araucaria), and although they are very similar to the Chilean variety, they are actually from Brazil. The park has a large number of conifers, including cedar, spruce, cryptomeria, sequoia, and cypress. The bald cypress tree that grows near the small pond is particularly striking. It is a deciduous species whose aerial roots are exposed so that they can be oxygenated. The park also has various fagaceae, such as holm oaks, chestnut trees, cork oaks, and copper beeches. Beautiful flowering species like magnolias, tulip trees, jacarandas, acacias, grevilleas, and bougainvillea were added for their ornamental qualities. The orchards have several species from the rosaceae family such as apple, peach, plum, and almond trees which coexist with citrus species and olive, avocado, and walnut trees. Floral species can be found throughout the park, including lilies beside the pond, agapanthus, anemones, hydrangeas, azaleas, roses, and jasmine.

The statuary

Several sculptures were included to decorate the areas adjacent to trails and buildings. Most were made by the Barbezat et Cie. foundry in Val d'Osne in northern France. Others came from the A. Turenne foundry in Sommevoire in northeastern France, including Los niños flautistas (Young Flutists), which was made circa 1860. The park is also home to Las cuatro estaciones (The Four Seasons), which were created by French artist Mathurin Moreau for Val d'Osne around the mid-19th century. It is possible that he made the originals in marble and then created molds so that he could reproduce them in cast iron. They are used in plazas around the world, and there are a considerable number of them in downtown Santiago. The four parts of Las cuatro estaciones (The Four Seasons) could be bought as a set, individually, or as a central motif of a fountain on a cast iron pedestal with human figures that spouted water. At Santa Rita, the statues were placed separately. Spring, a young woman with a crown and garland of flowers, is located in front of the Pompeian baths. In the mid-1870s, it was placed in the first courtyard of Domingo Fernández Concha’s house and is shown in a photograph from the period. Summer, represented by a young man holding a sickle in his right hand and a rake in his left with stalks of wheat at his

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feet, is located on the path that circles the pond between the bathing area and the chapel. Winter, a woman wrapped in a cloak and warming her hands, stands in front of the house and at the entrance to the boxwood labyrinth. Unfortunately, some of the statues’ original components are missing. Summer lost the blade of the sickle and the handle of the rake, and Winter once had a brazier with which to warm her hands. There are two versions of the statue of a young man harvesting grapes that represents autumn. One is painted white, like the rest of the figures, and the other— which was acquired later—is unpainted cast iron. Another noteworthy sculpture is of a child located in the center of the pool of water in front of the chapel, the famous Niño taimado (Naughty Child) by Chilean sculptor Simón González. It is a cement replica of the marble original that is exhibited in Chile’s Museo Nacional de Bellas Artes. The original piece received an award in the Paris Salon in 1893. The property could not be without a statue that represents San Isidro (Saint Isidore the Laborer), the patron saint of agriculture and rain. It is located at the entrance to the park and dominates an entire esplanade. The San Isidro Plaza was the traditional start and end point of the Palm Sunday procession that progressed through the park to mark the beginning of Holy Week. The Santa Rita community has met there for open air mass since Fernández Concha’s times.

Conversation with Patricia Sepúlveda, Manager of the Santa Rita Park

Patricia Sepúlveda is the Manager of the Santa Rita Park. She was hired in 1992 and replaced Raúl Brossard. The daughter and granddaughter of members of the Santa Rita community, she was born and raised in the main house. She was baptized and received First Communion there, attended school on the property, and then finished her studies at the Alto Jahuel School across from the winery. She began working as an orchard supervisor at a very young age and was then put in charge of the park. Although she initially had very little idea of the work involved, she valiently accepted the challenge. María Luisa Vial de Claro and Cecilia Montes, who were responsible for the renovation of the park, appreciated Patricia’s personality and work ethic. They supported her efforts to learn more, enrolled her in the INACAP gardening course, and then encouraged her to earn a certificate in Landscape and Design from the Catholic University. Patricia says, however, that her greatest teacher has been the work itself. She has more than 20 years of daily experience and has been a witness to and architect of the splendor the park has achieved. She began with a team of 25 workers with the goal of restoring the park to its original glory. In the early 1990s it was grown over with bushes, shrubs, and berries that grew ‘without rhyme or reason.’ Many of the paths had been abandoned or lost and many of the trees were dry due to the precarious irrigation system. It took more than a year to clean up and recover the park. During this time, the existing species were inventoried, identified, and evaluated in terms of their state of conservation. Agricultural engineer and landscaper Raúl Silva Vargas played a key role in that process. To complement the renovations made to turn the manor house into a hotel, and with the future guests in mind, tennis courts and a pool were installed at the perimeter of the park in an area next to the place where the winery’s old turbine was located. “Although the park was originally intended for

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

the exclusive use of the hotel guests, Mr. Ricardo Claro and Mrs. María Luisa were clearly aware of the infinite value of its cultural heritage, and their goal was to restore the quality and beauty of its original design,” Patricia remembers. Special attention was paid to recovering the park’s original species, respecting both its diversity and the aesthetic of the 19th century. The traditional flowers include roses, hortensias, anemones, and lilies. There are also climbing species such as jasmine, bougainvillea, trumpet flowers, puma flowers, and ivy. Ground cover species abound, including vinca, hypericum, and ferns as well as shrubbery such as boxwood, which has great ornamental value and is also used to delimit different areas because of its dense branches and year-round foliage. Varieties that were popular in the 19th century have been added, such as clivias, agapanthus, winter lilies, petunias, and alders. The same recovery work was undertaken with the trees, which include a large variety of species from all over the world, including Brazilian and excelsior araucarias; corn oaks; Japanese maples and box elders; Australian aromos; Indian walnut and fruit trees; camellias; cedars; Italian, macrocarpa, weeping, bald and Arizona cypress; white eucalyptus; holms oak; jacasranda; grandiflora and Soulange magnolias; black walnuts; phytolaccas; elms; Oriental planes; Chilean, Chinese, Phoenix, Canadian, and reclinata palm trees; water willows; tulip trees; willows; and sequoias. Patricia lists these as well as the fruit trees that grow along the perimeter of the park in areas designed for them since its inception, including almond, plum, peach, apple, tangerine, orange, walnut, nectarine, olive, and pear trees. Patricia currently has a team of 12 gardeners who have specialized in different tasks, including mowing the lawns, using the chainsaw, applying pest control treatments, and driving the tractor. Over time, the work also has been systematized in accordance with the seasons. During the summer, the most common tasks include cutting the grass (there are ten fields of more than a hectare each), watering the plants, pest control— mainly aphids, stink bug, and mildew, pruning roses once they have bloomed, weeding, and clearing the fields and paths. During the fall, the mowing and watering continue, although less frequently, while clean-up work increases, particularly raking and removing leaves, which are taken to composting areas at the edge of the park. Some species are pruned during that season as well. During the winter, flowering species, shrubs, ground cover, and trees (especially fruit trees are pruned. Fertilizers such as superphosphate and nitrate are applied, and compost is made in the vineyard from the pomace and guano. One of the key winter tasks is planting and replanting of varieties in the plant nursery, which was built a few years ago at the park, which requires a great deal of work. In the spring fertilizer is incorporated, mowing and watering begin slowly, and pest control is ongoing, and the paths and fields are cleaned more often. To provide an idea of the amount of work that this entails, Patricia explains that wagon load of debris is removed from the park each day. This seasonal routine is complemented by the weekly supervision of María Luisa Vial and Cecilia Montes. Patricia would like many people to visit the park and be as amazed by it as she is every day. “I want them to experience its beauty and to appreciate the dedication it takes to maintain it. Walking through the park offers an opportunity to learn about and value the richness of nature as well as its fragility,” she explains. Everyone who works in the park—as well as everyone who works at the winery, in

the cellars, the hotel, the restaurant, and the museum—are part of the history and memory of Santa Rita and contribute to its identity and beauty. For Patricia, this lends a sense of importance to the work that she does each day.

— Hotel Casa Real The Manor House

Immediately after acquiring the Santa Rita property, Domingo Fernández Concha decided to build a large manor house separate from the existing house so his family could spend long periods of time in the country. He commissioned German architect Teodoro Burchard of Altona, Hamburg, to do the work. Burchard had arrived in Valparaíso, Chile in the 1860s, where he began his family with María Luisa Eggeling in 1868. They had 16 children, including painter Pablo Burchard, who won Chile’s National Prize for Art in 1944. Prior to beginning the Santa Rita project, Burchard had completed several other works, including the Iglesia de los Doce Apóstoles (Church of the Twelve Apostles) in Valparaíso and the Basílica del Salvador (Basilica of the Savior) in Santiago, both of which were declared National Monuments. He also built a manor house for Melchor Concha y Toro, Domingo Fernández’s cousin, on his El Llano de Pirque property. Construction on the Santa Rita house began in 1881 on an elevated site. Burchard combined European stylistic touches with construction elements that were traditional in rural Chilean architecture. The house was built in a U-shape with corridors, thick adobe walls, and a clay tile roof, all of which are characteristics in a Chilean home. It also had a marked neo-classical style inspired by Pompeii, which is evidenced in the plinths, walls, and painted ceilings. Years later, the deeply Catholic Domingo had an artificial grotto—a replica of the one found in the sanctuary of the Virgin of Lourdes in France—built under the house for prayers, petitions, and giving thanks, such as the plaque that reads “Thank You for saving the life of my son Vicentito, 1899” written by the mother of poet Vicente Huidobro. When Ricardo Claro bought the manor house at Santa Rita in 1990, he decided to convert it into an exclusive hotel or guest house for the winery’s customers and visitors to evoke the experience of France’s many castles and traditional vineyards. Architects Jorge Swinburn and Álvaro Pedraza were hired for the project and restored the house while maintaining its original character. The work primarily involved replacing sectors that were very deteriorated, including the southern wing of the house, which now has two floors of bedrooms. Suites were built in the northern wing and the galleries that face the courtyard were restored. A new entrance courtyard was created and the grand staircase that leads into the park was rebuilt.

Hotel Casa Real

The layout of the hotel maintained the house’s traditional spaces and their uses, such as the entrance, salons, dining room, billiard room, and courtyard, which remain just as they were in the 19th century with their original furnishings. The portraits of the Fernández Concha and García Huidobro families remain, and works of art including a landscape of the old Viña Subercaseaux winery in El Llano, an oil painting by Pedro Subercaseaux, and a harvest painting by Arturo Gordon were added. Ricardo Claro and his wife María Luisa


Vial acquired furniture and accessories to complete the décor and preserve the feel of an old country home. María Luisa selected the wallpaper, curtains, floor coverings, and the décor of the bedrooms. In 1996, Hotel Casa Real opened with 16 rooms, meeting spaces, dining rooms, and other facilities designed to provide excellent service to its guests.

— The Church Once the construction of the main house was completed, Domingo Fernández Concha asked Burchard to build a church beside it. While the house was inspired by Italian architecture, the church shows evidence of the architect’s eclecticism and the freedom he was allowed to develop his project. The exterior of the main structure is brick and projects skyward via a tall Gothic-style wooden tower. The interior, however, includes Roman-style rounded arches and vaulted domes. Decisions about the church’s decoration must have been an important topic for both the owner and the architect from the time the project began in 1881. The church’s generous interior allowed for four modules to be developed, and Teodoro Burchard designed the lateral walls with a central motif topped with three circular adornments; the one in the middle represented the figure of the Holy Spirit and those on the sides were s windows. The vertical central motif was defined as a portrait of six saints. Domingo chose the saints and the architect proposed a painter from Valparaíso, like him. The 22-year-old artist Alfredo Valenzuela Puelma had won First Prize at the 1878 Salon, and his talents enabled him to go to Paris in 1881, where he entered the studio of painter Benjamin Constant. He studied the great masters in museum collections and particularly admired Spanish and Italian painters such as Tiziano, Velázquez, and Murillo. It was there that he made the six paintings for the church at Santa Rita and shipped them from the port of Le Havre in France to Valparaíso. They were then transported to Santiago and then on to the Buin Station by train. The painter fell ill and had to return to Chile shortly thereafter in 1885. At Domingo’s request, the figures represented in the paintings were, Saint Alphonsus Liguor, St. Theresa of Avila, Saint Francis of Assisi, which hang on the north wall, and Saint Ignatius of Loyola, Saint Rita of Cascia, and Saint Dominic de Guzmán, on the south wall. In addition to the paintings, they included a number of sculptures of saints that were primarily selected by Domingo Fernández Concha’s first cousin, Father José Alejo Infant Concha, who lived in Europe. Domingo had involved his cousin in different educational, social, and religious programs at Santa Rita from the time he acquired the hacienda, and then once construction began on the church, he relied on him to acquire the sculptures and stained glass that would adorn it. In this regard José Alejo wrote to his cousin from Paris in September 1882 to say, “I was under the impression that the best religious statues were made in Munich, so I contacted Mr. Mayer to ask if he had a correspondent in Paris. He told me he did not, but sent me catalogs and other documents. This response made me decide to go to Munich to talk with him directly.” Therefore, he traveled to Germany and commissioned sculptures and stained glass for Santa Rita from the Christian Art Institute of Munich,

created by Joseph Gabriel Mayer in 1847 and directed by his son Franz since 1882. It was Franz Mayer who made the 14 small stained glass windows and one large one with the Sacred Hearts of Jesus and Mary for the Santa Rita church. He also carved the wooden figures of the Immaculate Conception of Mary, Saint Anne, and Saint Joachim for the high altar, among others. Due to its remarkable works of sculpture and stained glass Pope Leo XIII to name Mayer & Company a Pontifical Institute of Christian Art shortly thereafter. The altar of the Santa Rita church is made of bronze, and the pulpit, which sits off to one side, is carved oak. A balcony on the second floor near the altar was used as a family chapel and is connected to the house through an interior hallway. The church was completed in 1885 and was opened to the entire community, becoming the spiritual center of Santa Rita. A weekly Sunday mass was introduced and was officiated by the priests of the Sacred Heart of Mara order who came each week from Santiago. This was also the starting and ending point for the Cuasimodo celebration, when the priest would be joined by parishioners on horseback, bikes, cars, and all types of vehicles to take communion to the sick on the estate. In the afternoon, they would visit the patients and the hospital in Buin. Today weddings, ceremonies, and events such as classical music recitals are held there. The 1985 and 2010 earthquakes damaged the church’s structure and decorations, which were repaired with the help of design engineer Santiago Arias and restoration specialists María Eugenia van de Maele, Marcela Castro, and Isabel Rubilar.

— Casa Doña Paula The Doña Paula Restaurant was named after Paula Jaraquemada, the Chilean patriot who is tied to the original Santa Rita house where her Uncle Melchor and cousin Juan Agustín lived from the mid-18th century until 1843. During the fight for Independence, Santa Rita was the site of important events associated with the liberation of Chile, a cause that Doña Paula and Juan Agustín Jaraquemada supported. According to oral tradition, Doña Paula received a division of 120 soldiers from the Patriot Army at her home following the loss of the Battle of Cancha Rayada. The troops were able to eat and heal their wounds, while they gathered munitions and horses to revitalize and encourage them in their fight for independence. General José de San Martín later reorganized the army and went on to play a key role in the Battle of Maipú, a decisive event in Chilean history. The house is a typical rural Chilean adobe and tile structure with corridors around the perimeter and pillars, girders, doors, and grates with baroque decoration. It is an impressive 90 meters long and has an underground wine cellar. After the Jaraquemadas, the house was alternately used as a home, maternity ward, school, and other purposes and has a special place in the memory of the employees, many of whom were born in or attended school there and called it the “120.”

The Restoration

The restoration of the Doña Paula home began in the early 1990s. The goal was to turn it into a restaurant that would offer top-level cuisine to the winery’s visitors while maintaining

the identity related to its status as a National Monument. The project was awarded to architects Raúl Irarrázabal and Rodrigo Márquez de la Plata. They focused on creating a new service area, rebuilding the underground cellar, and redesigning the points of access. The restaurant opened in 1995. One of the elements that was preserved is the entrance that creates an axis in the center of the long building as well as a longitudinal axis comprised of the windows at the ends of the building that produce a special lighting effect that allows one to track the passing of the day in Santa Rita. Part of the restoration involved incorporating what had been the schoolyard into the house. Landscape artist Marta Viveros was responsible for the design and drew her inspiration from the Hortus conclusus (literally enclosed garden) concept of the Middle Ages and associated with the Garden of Eden. A fountain was placed in the center of a geometric boxwood labyrinth from which fruit trees and flowering shrubs grow.

The Wine Shop

The area that is now the wine shop was once a movie theater for the winery’s employees. It had been outfitted with tiered seats and a screen. Following the earthquake in 2010, the decision was made to recover the original space. The floor was leveled, the roof was repaired, the doors and windows were restored, and a shop for wines and accessories related to winemaking culture was installed. This process allowed one of the home’s original spaces to be restored.

The La Panadería Café

The building that was used to prepare bread for the Santa Rita employees and their families for nearly a century was converted into the La Panadería (the bakery) Café in 2007. The repurposing of the space, which seats up to 50 people, allows part of daily life at the winery to be recovered from the past. As was often the case on large farms, in the 19th century—at least since 1880 when Domingo Fernández Concha bought Santa Rita—galletas de peón (worker’s biscuits) were baked on the premises every day and consisted of a ration of bread that was an essential part of the rural workers’ diets. Under the management of Vicente García-Huidobro, the bakery was industrialized around the second decade of the 20th century when modern mixing and kneading machines were acquired. Each morning, a master baker and his assistant would go through several bags of flour and each evening the ‘biscuit deliverers’ brought fresh bread to the workers. During the 20th century, Santa Rita’s master bakers were Víctor Fuentes, Pedro Nolasco Medina, Alberto Riveros, Raúl González, and Manuel Mallea. Mallea made the last batch of biscuits before the century-old bakery was closed in 1978. When the facility was restored, the Mallea family donated the shovel that currently rests in the oven, preserved as a testimony to a way of life that no longer exists. The café is decorated with antique farm tools and the ‘blood’ or animal drawn rail cars that were used to transport passengers between Santa Rita and the Buin Station from the early 20th century until about 1935.

— The Museo Andino The Museo Andino (Andean Museum) is located amid the ancient vineyards along the Maipo River Valley at the foot of the Andes Mountains. The modern 1,500-m2 building exhibits more than 2,000 archaeological and ethnographic pieces from the

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pre-Columbian peoples who lived in the Andean region as well as expressions of the cultural blending of peoples from the Americas and Chile in particular. The pieces in the permanent collection were donated to the Claro Vial Foundation by Ricardo Claro Valdés and his wife María Luisa Vial before he died. They created the organization in 2005 to promote research on and the development and dissemination of culture and art and to own and manage the public museum. Claro was motivated in part by a desire to organize his collection of pre-Columbian objects and contribute to the dissemination of a body of work of great cultural and patrimonial value through the permanent exhibit, which is available to the public free of charge. He decided to build the museum at Viña Santa Rita, and its opening in 2006 enriched the already impressive heritage setting that includes the old homes, wine cellars, and the park, which were declared a National Historical Monument in 1972.

The Collection

The piece that first sparked Ricardo Claro’s interest in artifacts was a carved wooden colonial figure of San José (St. Joseph) received as a wedding gift in the 1960s. Over time, and through his friendship with collector Ruperto Vargas, he cultivated an interest, initially in pieces from the Mapuche people and the Rapanui of Easter Island. What was originally a curiosity based on aesthetic motives became an earnest interest in showcasing the cultural diversity of the pre-Columbian world through the exhibition and dissemination of the testimony of the peoples who lived in what is currently Chilean territory. Over a period of nearly four decades, Claro acquired a series of collections organized around specific topics at Chilean and foreign auctions as well as through direct purchases from Chilean and US collectors. The museum’s current collection has more than 3,000 pieces and that speaks to the plurality and complexity of the indigenous groups that have lived—and continue to live— in Chile, from the ancestral Arican peoples to the Kaweshkar canoers who lived in the southernmost regions of the country.

The Building

The imposing concrete structure receives visitors with the reproduction of a three-meter tall Mapuche ceremonial clava made by José Vicente Gajardo, a sculptor from Tomé. This symbol of power establishes a counterpoint with the Incainspired wall, which was made to incorporate pre-Columbian elements into the structure. Following a visit to Cusco and Machu Picchu with his wife, Ricardo Claro decided to use a dark grey stone similar to the materials that the Incas used in their precise constructions on the outside of the main building. Gajardo worked with rock from quarries near Doñihue in the O’Higgins Region. Once inside, visitors encounter the piece Horizonte andino (Andean Horizon), by Marta Colvin of Chillán, along with verses by Chilean poet Gabriela Mistral: Cordillera de los Andes/ Madre yaciente y Madre que anda (The Andes Mountains / Mother at rest and Mother who walks). A private competition was called for the construction, and the project was awarded to Chilean architects Jaime Burgos, Mariano Campos, and Pablo Burgos. The building’s structure establishes a balance with the natural setting and the colonial structures that surround it. Despite its size, its presence is not commanding. Visitors who enter the space focus on the objects rather than the architecture. The museum is composed of three bays connected to a central hall. Two contain the permanent collection and the

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

third is used for temporary exhibits. Architect and stage designer Ramón López designed the lighting, which combines tracks with spotlights on the ceiling and strategically placed skylights that ensure that sunlight does not damage the pre-Columbian pieces. Windows placed at key points allow spectators to take in their surroundings and incorporate the landscape.

The Museography

José Pérez de Arce, who was the museographer of the Museo Chileno de Arte Precolombino at the time, was in charge of the interior design with the support of Luis Solar and Erica Ramírez, specialists in conservation and restoration from that institution’s laboratory, for the assembly of the pieces. The texts and plaques for the cases were written by curators from the pre-Columbian Museum. The same team designed the script for the collection. Pérez de Arce’s goal was for visitors to pay more attention to the beauty of the installation as a whole than to the dates and names that might be foreign to those who do not specialize in the field and that generally serve as the main thread that guides exhibits of this type. The pieces are organized more on the basis of aesthetic sensibilities and formal typologies than on their temporal ascription or archaeological categories. Ricardo Claro actively participated in the installation and set aside some of his vacation time during the year prior to the inauguration to be on site for each stage of the museographical proposal that would make his collection available to the public after four decades of collecting. Since his death, the Museo Andino has continued under the management of the Claro Vidal Foundation, now run by his widow, who strongly supports this cultural legacy. The museum has the vital support of architect and heritage expert Hernán Rodríguez Villegas, who has served as the museum’s director since its inception.

The Tour

The permanent collection is presented through a script that proposes a geographic tour of Chile from Arica to its southernmost regions. The visit begins, however, in the Pacific Ocean with a room dedicated to the Rapanui culture of Easter Island. It includes a variety of ethnographic objects, wooden statues, and 19th-century prints that illustrate the activities of the islanders as described by the European chroniclers and illustrators of the time. The tour continues to a room with archaeological pieces from the Arica culture. The ceramics from this group are characterized by their significant technical quality and very pronounced decorative styles shown through museum’s pottery collection. The room also has a display of pieces that were not part of the original collection, but rather was a donation from private contributors that focuses on the discovery of a tomb near Arica. It includes various objects from grave goods that have enabled archaeologists to develop hypotheses about this civilization. Related to the elements that are traditionally included among the grave goods, but returning to the topic-specific displays, a set of 20 miniature rafts suspended in the air captures the visitor’s eye. Another display contains wooden and ceramic keros, or cups, made and used in pairs to drink corn liquor and seal agreements in ceremonial contexts in the Andean world. Advancing through the rooms, the San Pedro culture is reflected in a collection of baskets woven from plant fibers and pieces made from its characteristic black ceramic, which seem to be pottery. Another large display case represents diverse

cultures that settled in northern Chile with a collection of pre-Columbian hats and headdresses made of plant fibers or wool and adorned with beads or feathers, their varied shapes and colors revealing the hierarchy of those who wore them. Ricardo Claro stated in interviews that although the collection was very important as a whole, the Diaguita pieces were his favorite. This is clear from the large display case that reveals the iconographic complexity of this culture in its various phases of development. The tour continues with a group of “cogged stones” attributed to the Huentelauquén civilization that extended from Antofagasta to Choapa along the coast of Chile several thousand years ago. Although their purpose and intention are unknown, their design reveals their creators’ knowledge of mathematics and proportions. Various elements of the collection attributed to Central Chile are also on display. This area has included a case since 2012 that describes the discovery of three bodies from the Llolleo cultural complex found in individual graves with their respective offerings that were found in 2005 while the floor of cellar Nº 9 was being repaired at the winery. One of the most popular rooms in the museum disrupts the tour’s focus on national geography. The Andean gold exhibit presents pieces from what are now Peru, Ecuador, Colombia, and Central America. In addition to the intrinsic beauty of the golden metal, the collection highlights its symbolic attributes related to wealth. Beyond the important exponents of “higher” Andean art—the textiles, as well as pieces related to the Inca presence in what is now Chilean territory, is a large collection of items from the Mapuche world. It is a very complete collection that includes ceramics, blankets, musical instruments, and objects made of wood and stone. What stands out most are the silver works, most of which is from the 19th century. In contrast to the rest of the display cases installed by Pérez de Arce, the large case with silver jewelry and ornaments was arranged by Mauricio Moras, the Museo Andino’s Director of Equipment and Installations. His work was inspired by the Lágrimas de Luna (Moon Tears) project by decorator and museologist Jacqueline Domeyko. The tour of the permanent collection concludes with a story that speaks to the process of mestizaje, or cultural blending, in contemporary Chile. These elements from rural culture—such as a 25-string guitarrón, a Mapuche poncho, delicate Doñihue ponchos, wooden stirrups, and fine damascene work (inherited from the Arabic world, a technique that combines delicate metal filaments)— reveal the fusion of Spanish and indigenous cultures.

The TEMPORARY Exhibits

From the beginning, the Museo Andino also housed temporary exhibits that complement the permanent collection. Two rooms in the eastern wing of the building that cover over 200 m2 were set aside for this purpose. Over the past 10 years, approximately 20 exhibits have been presented including prints from the 16th through 19th century in the Americas and 20th century Chile, antique maps and illustrations, contemporary paintings and sculptures, and a series of exhibits on current work in ceramics and textiles.

The Shop

Although originally created as a branch of the Museo Precolombino’s shop, this space has since become independent


and currently offers a wide range of products related to the cultures whose pieces are exhibited as part of the permanent collection and in the temporary exhibits. The store stocks art and archaeological publications as well as texts on Chilean landscape, flora and fauna, traditions, cuisine, and wine, with a special focus on high quality replicas of jewelry and textiles made using ancient techniques.

The Visitors

The museum is open to the public and has been visited by ambassadors from various countries, government ministers, Chilean and foreign business owners, winery visitors, and people interested in the collection. Local residents and Santa Rita employees also visit the museum. Today, many of the visitors are school children who receive a free guided tour with prior reservation. Approximately 17,000 people visited the museum during its first year of operation. That number has since more than doubled, and it now receives more 36,000 visitors each year, approximately 25% of whom are students. Since the beginning the museum’s many projects have received the support of the Qualifying Committee for Private Cultural Donations, which has provided great incentive for the museum’s activities and project development. It also has enabled admission to remain completely free for all visitors.

— The Winery and Winemaking Processes Winemaking and Cellars

Viña Santa Rita has vineyards in all of Chile’s major wine valleys, including Limarí, Casablanca, Leyda, Maipo, Apalta, Colchagua, and Curicó. It also has four winery facilities in Los Lirios, Palmilla, Lontué, and Alto Jahuel. The Alto Jahuel winery in the Maipo Valley is the largest and most important, with a capacity of nearly 20 million liters. This is a privileged area for growing wine grapes because of its ideal soils and temperate climate, which allow for optimal development of red wine grapes, especially Cabernet Sauvignon. Although it has older facilities, many dating back to the 19th century, Santa Rita uses the latest winemaking equipment, bottling lines, and aging tanks. The winemaking process involves the grape harvest, the reception of the bunches, the vinification of the grapes, and aging of the wine followed by bottling and cellaring. The finished product reaches the palates of thousands of people in Chile and abroad. It is very important to determine the perfect moment for harvest because 80% of the quality of the wine depends on the primary materials. During this stage, the winemaking team led by Andrés Ilabaca, the winery’s Technical Manager and the winemaker responsible for its ultra premium wines Bougainville, Pehuén, Triple C, and Floresta, and Cecilia Torres, the winemaker for Casa Real, analyze and test the grapes to determine whether they are ripe enough for the type of wine that they plan to make. Harvest begins in early March for white varieties and ends in late May for the reds. The grapes are picked by hand and carefully transported to the winery in bins. They are then placed in the reception well and transported by conveyor belt and manually selected to eliminate any defective bunches. The grapes then enter the destemming machine, which uses a centrifuge system to separate the berries from the stems. The grapes are partially

crushed in the crushing machine, and the stems are returned to the vineyards and are used to fertilize the crops. The main difference between red and white wines is established during the next phase. The white wine grapes are separated from the stems, partially crushed and placed into a pneumatic press, which separates the solids and leaves just the grape juice. The red wine grapes are placed into the vats to be fermented with their skins. The coloring material and tannins give red wine its color, flavor, and aroma. The juice or must that results from both processes is transferred by hoses to stainless steel tanks for alcoholic fermentation, during which yeasts turn the natural sugar in the must to alcohol, thereby creating the wine. Temperature control is key at this stage, although the requirements are different for reds and whites. Red wines ferment at an average temperature of 25°C, while white wines are kept cooler, at approximately 13°C, to preserve the aromas unique to each variety as well as the wine’s freshness. During the red winemaking process, the skins rise to the top of the tank during alcoholic fermentation, forming a cap and separating from the liquid part as a result of the carbonic gas produced during fermentation. Pumpovers are used to keep the must in contact with the skins, which is necessary to obtain the desired color, aroma, and flavor. Once fermentation is complete, the ‘free-run’ wine is drained off to another container. The skins that remain in the stainless steel vats are pressed to obtain ‘press wine’ that is used to give wines structure and color. The free-run wine is transferred to stainless steel tanks or oak barrels to begin the malolactic fermentation process during which the lactic bacteria transform the wine’s natural malic acid into lactic acid to reduce the acidity of red wines. White wines and young wines go directly to the bottling stage. Reserve reds move on to the barrel aging process.

THE 120 CELLAR

The 120 Cellar is located beneath the Doña Paula house, an old building dating to the Jaraquemada family. It owes its current name to a tradition held for many generations at Santa Rita that holds the she gave shelter to 120 patriot soldiers who had returned tired and wounded after their defeat by the royal army in the Battle of Cancha Rayada in March 1818. A few days later in April, they won the definitive victory in Maipú and sealed Independence for Chile. This colonial building is the site of a special archive, Santa Rita’s wine library, which began in 1986. Each year 200 bottles of a new vintage of icon wine are stored there, and the collection includes the emblematic 1989 Casa Real Reserva Especial, the only Chilean wine recognized as a Wine Legend by the celebrated British magazine Decanter. This award added Chile to a small list of wine legends that had until that time only gone to French, Italian, or Spanish wineries. The Santa Rita icon wines that are saved in the 120 Cellar are stored on wooden shelves made of staves from foudres (casks) and old vats and kept behind old-style wrought iron gates.

THE OAK BARREL CELLAR

This is where premium wines begin their aging process Temperature and humidity are essential to this process and are a product of the underground location and stone walls of this space. The barrels are made of French and American oak and are designed to stabilize the wine’s color, soften the tannins, and lend aroma and flavor, adding complexity to the wine. The wine ages for 6 to 24 months in barrels and is then aged in the bottle.

THE BOTTLE LOCKERS

The bottles in this area are stored on their sides so that the wine can complete the final stage of stabilization. Only natural cork is used for bottle aging. The wine is stored horizontally for six months to four years in this space equipped with the ideal light, temperature, and humidity conditions. The labels are attached at the end of this period to prevent any possible damage during handling.

CELLAR N o 1

This cellar, the oldest at the winery, was built during the second half of the 19th century. Designed by French architects, it is similar to other wine cellars from the period with its brick and stone and mortar ribbed vaults. The structure is tall because the upper part was used as a second floor storage area during the early 20th century. The winery has a fully automated bottling system equipped with the latest technology. The bottles are washed, filled, corked, labeled, packed and readied for shipping and sale. Viña Rita exports to more than 70 countries.

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FUENTES iconográficas 1. 2. 3. 4. 5.

Foto anónima, ca. 1885. Hotel Casa Real. Foto de Jorge Heiremans, 2005. Museo Andino. Foto de Daniel Besoain, 2015. Museo Andino. Foto de Daniel Besoain, 2015. Museo Andino. Dibujo de Felipe Guamán Poma de Ayala, Lima 1612-1616. Publicado en: Carlos González y otros. Guamán Poma. Testigo del mundo andino. Santiago, 2002. 6. Óleo anónimo, escuela altoperuana o de Potosí, siglo XVII. Restaurante Doña Paula. 7. Óleo at. Heinrich Jenny, Santiago, 1822-1827. Colección particular. 8. Óleo at. Heinrich Jenny, Santiago, 1822-1827. Colección particular. 9. Publicado en: Juan Mujica. Nobleza colonial en Chile, Santiago, 1927. 10. Óleo anónimo, ca. 1850. Restaurante Doña Paula. 11. Dibujo acuarelado de autor anónimo, 1821. Museo Histórico Nacional, donación Germán Vergara. 12. Publicado en: Uldaricio Prado. El caballo chileno (1541-1914), Santiago, 1914. 13. Dibujo de H. P. Blanchard grabado por Thierry Hermanos. Publicado en: Voyage autour du monde sur la frégate la Vénus. París, 1841. Museo Histórico Nacional donación Germán Vergara. 14. Grabado de N. Desmadryl dirigido por A. Pissis. Publicado en: Plano topográfico y geológico de la República de Chile, París, 1873. 15. Foto anónima. Publicado en: Ernesto Greve. Historia de la ingeniería en Chile, Santiago, 1938. 16. Foto anónima, ca. 1880. Colección particular. 17. Foto anónima, ca. 1880. Viña Santa Rita. 18. Óleo de Obder Heffer, de fotografía, Santiago, ca. 1885. Hotel Casa Real. 19. Grabado de Frederic Sorrieu impreso por Lemercier y Ca. Publicado en: Chile Ilustrado, París, 1872. 20. Grabado sobre vajilla de porcelana. Colección particular. 21. Óleo de Fernando Álvarez de Sotomayor, de fotografía, Santiago, 1910. Colección particular. 22. Jardín Liberal de Jerónimo Plaza, horticultor. Cañadilla, Santiago, 1881. Archivo Santa Rita. 23. Etiqueta de vino. Archivo Santa Rita. 24. Etiqueta de vino. Archivo Santa Rita. 25. Foto anónima, ca. 1890. Colección particular. 26. Foto anónima, ca. 1890. Colección particular. 27. Foto anónima, ca. 1900. Colección particular. 28. Foto anónima, ca. 1900. Colección particular. 29. Foto anónima, ca. 1900. Archivo Santa Rita. 30. Foto at. Spencer y Ca., Santiago, 1887. Hotel Casa Real. 31. Foto anónima, ca. 1910. Colección particular. 32. Boleto abono de primera clase, 24 viajes. Colección particular. 33. Óleo anónimo, ca. 1880. Hotel Casa Real. 34. Óleo de O. Rolland, Roma, 1890. Colección particular. 35. Foto anónima, ca. 1920. Archivo Santa Rita. 36. Etiqueta de vino. Archivo Santa Rita. 37. Etiqueta de vino. Archivo Santa Rita. 38. Foto anónima, ca. 1920. Archivo Santa Rita. 39. Foto anónima, ca. 1920. Colección particular. 40. Foto anónima, ca. 1925. Archivo Santa Rita. 41. Etiqueta de vino. Archivo Santa Rita. 42. Foto anónima. Archivo Santa Rita. 43. Foto anónima, ca. 1925. Colección particular. 44. Foto anónima, ca. 1925. Colección particular. 45. Etiqueta de vino. Archivo Santa Rita.

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Santa Rita  •  Un monumento histórico en el valle del Maipo

46. Óleo de Juan Francisco González, ca. 1930. Colección particular. 47. Foto anónima, 1936. Colección particular. 48. Foto anónima, ca. 1925. Colección particular. 49. Dibujo de Juan Gris, París, 1922. Colección particular. 50. Foto anónima, ca. 1925. Colección particular. 51. Foto de Baltazar Robles, 1958. Colección particular. 52. Foto anónima, ca. 1925. Colección particular. 53. Foto de Luis Ladrón de Guevara, ca. 1960. Museo Histórico Nacional. 54. Foto de Luis Ladrón de Guevara, ca. 1960. Museo Histórico Nacional. 55. Foto de Luis Ladrón de Guevara, ca. 1960. Museo Histórico Nacional. 56. Etiqueta de vino. Archivo Santa Rita. 57. Foto at. Luis Ladrón de Guevara, ca. 1960. Archivo Santa Rita. 58. Foto anónima, ca. 1960. Colección particular. 59. Foto anónima, 2002. Colección particular. 60. Foto anónima, ca. 2000. Colección particular. 61. Foto anónima, 2001. Viña Santa Rita. 62. Foto anónima. Viña Santa Rita, 2002. 63. Dibujo de Raúl Irarrázabal, 1992. Archivo del autor. 64. Dibujo coloreado de Álvaro Pedraza, 1991. Archivo del autor. 65. Foto anónima, 2002. Viña Santa Rita. 66. Foto de Eric González, 2010. Viña Santa Rita. 67. Foto de Eric González, 2010. Viña Santa Rita. 68. Foto de Jorge Heiremans, 2010. Viña Santa Rita. 69. Foto 2015. Museo Andino. 70. Bodega de los 120, 2013. Viña Santa Rita. 71. Foto de Francisca Delporte, 2015. Viña Santa Rita. 72. Planchetas de Lo Herrera, Isla de Pirque, Buin y La Aparición, 1931-1932. Instituto Geográfico MiIitar, Santiago. 73. Foto anónima, ca. 1960. Club Deportivo Santa Rita. 74. Foto anónima, 1974. Colección particular. 75. Foto anónima, ca. 1910. Colección particular. 76. Foto de Jorge Heiremans, 2015. Viña Santa Rita. 77. Foto anónima, ca. 1930. Colección particular.


FUENTES CITADAS 1. D  aniela Baudet y Valentina Trejo. Rescate arqueológico Bodega Viña Santa Rita, noviembre 2005. Informe, Santiago, junio de 2006. 2. Rubén Stehberg. Los caminos Inka en Chile. En: Tras la huella del Inka en Chile, pp. 92-105. Museo Chileno de Arte Precolombino, Santiago, 2001. 3. Gerónimo de Bibar. Crónica y relación copiosa y verdadera de los Reynos de Chile (1558). Santiago, 1966. 4. Archivo Nacional. Real Audiencia, Vol. 409, pieza 1. 5. Luis Francisco Prieto del Río. Diccionario biográfico del clero secular de Chile 1535-1918. Santiago, 1922. 6. Juan Guillermo Muñoz. Las tierras del Jagüey, desde Jahuel hasta Santa Rita. XIX Reunión Americana de Genealogía. Santiago, 2015. 7. Rafael Reyes Reyes. Ascendencia regia de los Corvalán de Castilla y sucesión de Domingo García Corvalán hasta fines del siglo xviii con familias derivadas. Revista de Estudios Históricos Nº 34, pp. 257-268. Santiago, 1989. 8. Tomás Thayer Ojeda. Formación de la sociedad chilena y censo de la población de Chile en los años 1540 a 1565. Santiago, 1939. 9. Archivo Nacional. Escribanos, Vol. 278, fs. 49-52, 1645. 10. Archivo Nacional. Escribanos, Vol. 391, fs. 64-67. 11. José Toribio Medina. Diccionario biográfico colonial de Chile. Santiago, 1896. 12. Juan Guillermo Muñoz. Viñas actuales en los mismos terrenos que en los siglos xvi y xvii. En: Patrimonio vitivinícola. Aproximaciones a la cultura del vino en Chile, pp. 35-50. Ediciones Biblioteca Nacional, Santiago, 2015. 13. Juan Guillermo Muñoz. Las tierras del jagüey, desde Jahuel hasta Santa Rita. XIX Reunión Americana de Genealogía. Santiago, 2015. 14. Juan Guillermo Muñoz. Id. 15. Archivo Nacional. Escribanos, Vol. 446, fs. 79. 16. Juan Guillermo Muñoz. Id. 17. Julio Retamal Favereau, Carlos Celis Atria, José Miguel de la Cerda Merino, Carlos Ruiz Rodríguez y Francisco José Urzúa Prieto. Familias fundadoras de Chile 1601-1655. El segundo contingente. Santiago, 2000. 18. Juan Guillermo Muñoz. Id. 19. Gabriel Guarda o. s. b. Centros de evangelización en Chile 1541-1826. Anales de la Facultad de Teología XXXV, Santiago, 1986. 20. Archivo Nacional. Escribanos, Vol. 651, fs. 491-493. 21. Archivo Nacional. Real Audiencia, Vol. 846, pieza 1. 22. Archivo Nacional. Escribanos, Vol. 837, fs. 160. 23. Archivo Nacional. Escribanos, Vol. 846, fs. 211-217. 24. Juan Mujica. Nobleza colonial en Chile. Santiago, 1927. 25. Juan Guillermo Muñoz. Id. 26. Archivo Nacional. Escribanos, Vol. 764, fs. 231. 27. Archivo Nacional. Escribanos, Vol. 837, fs. 42-46. 28. Archivo Nacional. Judicial de Santiago, Vol. 528, pieza 3. 29. Archivo Nacional. Escribanos de Santiago, Vol. 946, fs. 144 vta. 30. Domingo Amunátegui Solar. Mayorazgos y títulos de Castilla, tomo II, Santiago, 1903. 31. Vicente Grez. Las mujeres de la Independencia. Santiago, 1878.

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LIBROS

Aravena, Rodrigo (editor). 2015. Patrimonio vitivinícola. Aproximaciones a la cultura del vino en Chile. Santiago: Ediciones Biblioteca Nacional.

Boza, Cristián. 1984. Parques y jardines privados de Chile. Santiago: Empresa Editorial Montt y Palumbo. Del Pozo, José. 2014. Historia del vino chileno. Santiago: LOM Ediciones.

Morrison, Allen. 1992. Los tranvías de Chile 1858-1978. Santiago: Editorial Ricaaventura.

Pereira, Teresa; Rodríguez, Hernán; Maino, Valeria. 2004. Casas de campo chilenas. Desde el valle del Maipo hasta el valle del Maule. Santiago: RE Producciones Limitada.

Torres, Cecilia. 2015. Casa Real: Since 1989. Cuatro estaciones / four seasons. Viña Santa Rita.

ARTÍCULOS O REPORTAJES EN REVISTAS Y PERIÓDICOS

Blanlot, Paulina. 2014. «Un parque en la ciudad». En revista Más Deco, diario La Tercera, edición del sábado 22 de noviembre. Cruz, Bernardita. 2006. «Historia entre parronales». En revista Vivienda y Decoración, diario El Mercurio, edición del sábado 08 de abril. Irarrázabal, Elena. 2005. «El Museo Andino abre sus puertas: Travesía por los Andes». En Artes y Letras, diario El Mercurio, edición del domingo 27 de noviembre.

Montero, Beatriz. 2012. «Santa Rita abre sus puertas». En revista Vivienda y Decoración, diario El Mercurio, edición del sábado 14 de julio.

Swinburn, Daniel. 2008. «Museo Andino, LA HERENCIA CULTURAL más visible de Ricardo Claro». En Artes y Letras, diario El Mercurio, edición del domingo 02 de noviembre. Tortorelli, Cristina. 2007 «Museo Andino de Alto Jahuel: El sueño cumplido de Ricardo Claro». En revista Cosas, edición del jueves 07 de junio.

PÁGINAS WEB

Burchard Señoret, Lucas. 2014. «Arquitecto Teodoro Burchard Haeberle». En <http://www.slideshare.net/lucasburchard/teodoroburchard-haeberle-30844186> [online]. Consultado: 24/07/2015.

ENTREVISTAS

Sr. Eduardo González Errázuriz, 22/07/2015, Santiago. Sr. Jorge Heiremans Bunster, 14/07/2015, Santiago.

Sr. Hernán Rodríguez Villegas, 15/07/2015, Alto Jahuel. Sr. Baltazar Sánchez Guzmán, 09/07/2015, Santiago. Sra. María Luisa Vial de Claro, 11/08/2015, Santiago.

fuentes  225


Agradecimientos Directorio de Viña Santa Rita: Juan Agustín Figueroa Yávar • Baltazar Sánchez Guzmán • Gregorio Amunátegui Prá • Joaquín Barros Fontaine • Arturo Claro Fernández • Andrés Navarro Betteley • Pedro Ovalle Vial • Alfonso Swett Saavedra

Carolina Acevedo de Maturana • Guillermo Catalán • Jorge Contreras • Juan Ricardo Couyoumdjian •

Vicente de la Lastra Mujica • Gabriela García Huidobro Campos •

Miguel Luis García-Huidobro Amunátegui • Jorge González Lobos • Cristián Irarrázaval Elizalde •

Julia Mallea de Acevedo • María Teresa Méndez de García-Huidobro • Juan Guillermo Muñoz Correa • Juan Quintanilla González • Juan Quintanilla Barahona • Regina Lafuente Fernández • Antonio Sánchez • Patricia Sepúlveda • Pedro Undurraga Fernández • Ana Urzúa • Fernando Urzúa • Raquel Vial García-Huidobro • Verónica Zegers Irarrázaval

Investigación Histórica

Christine Gleisner • Magdalena Acuña • Ana Bravo • Guido Poli textos y Edición

Andrea Torres Vergara Traducción

Margaret Snook • Joan Donaghey • Kate Goldman Reproducciones fotográficas Daniel Besoain

posproducción digital de imágenes Eliana Arévalo

Comité Editorial

María Luisa Vial de Claro • Eduardo González Errázuriz • Hernán Rodríguez Villegas • Baltazar Sánchez Guzmán • Jorge Heiremans Bunster • Elena Carretero Gómez Diseño

Estudio Vicencio


SANTA RITA Un monumento histórico en el valle del Maipo Inscripción Registro Propiedad Intelectual Nº 259.424 © Fundación Claro Vial, 2015 ISBN Nº 978-956-9774-00-3 FOTOGRAFíAS

© Max Donoso Saint TEXTO HISTóRICO

© Hernán Rodríguez Villegas TEXTOS

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electrónico o mecánico, incluidas la fotocopia, la grabación o la utilización de cualquier sistema de almacenamiento y

recuperación de información, a menos que se cuente con la autorización previa y escrita de los titulares del copyright. Primera edición de mil ejemplares Impreso en Fyrma Gráfica, Salar de Atacama 1287, Pudahuel, Santiago de Chile Diciembre de 2015

Editado y publicado por Fundación Claro Vial, con el auspicio de Viña Santa Rita

Proyecto acogido a la Ley de Donaciones Culturales


Parque Santa Rita. El otoño o Viñador, escultura de Mathurin Moreau realizada en la Fundición Val d’Osne, Francia, ca. 1870

Santa Rita