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Carmen Fernández Ochoa, Virginia García-Entero y Fernando Gil Sendino (eds.): Las villae tardorromanas en el occidente del Imperio: arquitectura y función. IV Coloquio Internacional de Arqueología en Gijón

Toralla y las villas marítimas de la Gallaecia atlántica. Emplazamiento, arquitectura y función [pp. 481-506] Fermín Pérez Losada, Adolfo Fernández Fernández y Santiago Vieito Covela (Universidad de Vigo)

Resumen Partiendo de un panorama general de los asentamientos rurales identificados en el área costera de la Gallaecia atlántica y de un estudio de las villas marítimas italianas, se intenta definir y caracterizar las múltiples villae a mare presentes en la región. Se insiste en las novedades, presentándose con especial detenimiento el yacimiento de Toralla (Vigo). Su reciente y exhaustiva excavación permite conocer con detalle las características de su emplazamiento, la distribución/organización general de las diversas construcciones que conforman la villa y la datación cronológica de su única fase constructiva (300-450 d. de C.). Destaca especialmente el edificio principal, exhu­ mado en su totalidad y del que se presenta un estudio arquitectónico, planimétrico y constructivo que incluye una interpretación funcional de todas sus estancias.

Summary Based on a overview of rural settlements identified in the coastal area of the Atlantic Gallaecia and a study of italian maritime villas, this paper attempts to define and characterize the many villae a mare in the region. Emphasizes on recent archaeological research, specially on the site of Toralla (Vigo). Its recent an exhaustive excavation permits to know in detail characteristics of their location, distribution and general organization of the villa and its date (unique constructive phase: 300-450 AD). Stresses especially the main building, completely excavated: its architectural and constructive study includes a functional interpretation of every one of their rooms.


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Las villae tardorromanas en el occidente del Imperio: arquitectura y función

Toralla y las villas marítimas de la Gallaecia atlántica. Emplazamiento, arquitectura y función Fermín Pérez Losada, Adolfo Fernández Fernández y Santiago Vieito Covela (Universidad de Vigo)

introducción

Hace poco más de diez años publicamos algunos trabajos sobre los asentamientos rurales galaicorromanos (Pérez Losada, 1995 y 1996) donde, además de analizar aquellos aspectos generales considerados más relevantes —patrones de implantación, cronología y evolución, tipologías arquitectónicas, caracterización socioeconómica, etcétera—, establecíamos una especie de «estado de la investigación» sobre los mismos a mediados de los años noventa. En el primero de estos trabajos (Pérez Losada, 1995: 168-169) advertíamos que la implantación y distribución de este tipo de asentamientos en la Gallaecia atlántica se caracterizaba, entre otras cosas, por un claro dualismo entre el área costera y las tierras del interior. Esta diferenciación se manifiesta sobre todo a nivel cuantitativo —relativa concentración de villae en determinados sectores costeros (golfo Ártabro y Rías Bajas), con densidades de ocupación muy superiores a, por ejemplo, los ricos valles fluviales del interior—, pero también obedece a diferencias de orden cualitativo. Así, en efecto, de las tres categorías de hábitats familiares agropecuarios que propusimos identificar en el noroeste —villae, granjas y casales (Pérez

Losada, 1996: 193-196)—, en la costa predomina claramente la primera, seguida muy de lejos por la segunda (los casales son prácticamente inexistentes), frente a un interior caracterizado por la preponderancia de las granjas en combinación con un menor número de villae y casales. Quizá sea bueno recordar que estos asentamientos rurales galaicorromanos considerados como propiamente villae (por su semejanza con la definición etimológica e histórica de la villa itálica o mediterránea) consisten en casas de campo acomodadas o ricas, caracterizadas por un buen tamaño (edificio principal de ca 1000 m2) y un considerable desarrollo arquitectónico y decorativo de la pars urbana (mosaicos, pinturas-estucos, termas, obras de arte, etcétera), además de contar con una base productiva amplia y suficientemente especializada que le permite obtener excedentes comercializables a nivel local o regional (Pérez Losada, 1996: 194). Prácticamente todas las villae identificadas como tales en la región costera galaica cumplen bien tanto las características de índole arquitectónica señaladas (dimensiones, desarrollo del sector residencial) como las de orden económico: aquellas ubicadas sobre la propia ribera litoral podrían definirse, en efecto, como autén-


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ticas unidades productivas especializadas en la explotación de los recursos marinos (pesca, marisqueo, sal, salazones) con el objetivo de abastecer la demanda externa de los mismos a corta, media o incluso larga distancia. Procederemos a continuación a un ensayo de definición y caracterización de qué es una villa maritima, un concepto latino transmitido por los clásicos y bien plasmado físicamente en las villas costeras de parte del litoral italiano, como paso previo necesario para presentar el panorama actualizado de asentamientos rurales costeros galaicos que optan a tal categoría, evidentemente con sus características propias y particulares.

Villae maritimae

En varios estudios recientes (Lafon, 2001: 2-4 y 150-186, y Gros, 2001: 265-270 y 302-312) se define la llamada villa maritima como aquella que, además de estar ubicada sobre la propia línea costera (de ahí su denominación alternativa de villa a mare), muestra una relación directa y preponderante con el mar, tanto a nivel constructivo —arquitectura específica y particular concebida en función del paisaje costero— como económico —especialización productiva en piscicultura marina intensiva—. En este sentido, es conveniente diferenciar estas villae maritimae de las «villas costeras» (denominación escogida por P. Gros) o «villas litorales» (según X. Lafon), esto es, aquellas que se sitúan cerca de la costa, normalmente con el mar como telón de fondo, o incluso sobre la propia ribera, pero que no necesariamente orientan su arquitectura en función del

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paisaje costero ni poseen una especialización productiva marítima preferente.1 Las villae maritimae tal como se acaban de definir son un fenómeno característicamente itálico, localizadas en determinados sectores costeros —litoral campano (sobre todo el golfo de Nápoles), costa tirrénica (desde Formia hasta Civitavecchia) y riberas del Adriático norte (península de Istria)—,2 en los que se llega a conformar un auténtico «paisaje urbano» con densidades de hasta una villa por kilómetro (Lafon, 2001: 239). En el resto del litoral italiano, sin embargo, no se constatan villas costeras o bien su presencia es simplemente testimonial. Se originan en plena época republicana (siglo ii a. de C.), siendo su periodo de máximo desarrollo durante la segunda mitad del siglo i a. de C. seguida de una fase de mantenimiento y consolidación durante el Alto Imperio. Se trata en la mayoría de los casos de grandes y lujosas residencias campestres fundadas y poseídas en un primer momento por la aristocracia senatorial tardorrepublicana (Cicerón y las villas que se le atribuyen —Torre Astura y Formia— son un excelente ejemplo), a la que más tarde se unirán otros potentiores, entre los que se cuenta incluso la propia dinastía imperial (villas marítimas de Tiberio en Sperlonga y Capri o de Domiciano 1 

En nuestro caso, optamos por el término villas litorales propuesto por Lafon para designar estas villas próximas a la costa y no necesariamente marítimas. El término villa costera, en cambio, lo utilizamos como un sinónimo o traducción castellana del latino villa maritima o villa a mare. 2  Salvando las distancias, este modelo de villa maritima podría extenderse igualmente a las villas lacustres, especialmente las de las riberas de los lagos alpinos noritalianos (Gros, 2001: 310-312, y Roffia, 2006).


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en Sabaudia).3 En consecuencia, la pars urbana está especialmente desarrollada, generándose así una imagen de villas de descanso o recreo exclusivamente residenciales que es la que transmiten la mayoría de los escritores latinos coetáneos (Cicerón, Plinio, Varrón, Vitruvio o Columela). La ubicación costera es sin duda uno de los factores que más inciden en esta dimensión residencial, buscándose emplazamientos que reúnan la mayor amoenitas loci posible, esto es, una posición privilegiada a nivel natural y paisajístico (agrada­bles vistas sobre el paisaje costero, orientación adecuada, contacto directo con el mar) desde donde ver y ser visto, explicándose así una arquitectura de tipo escenográfico que potencia la observación del paisaje al tiempo que también resulta ostentosamente visible desde el exterior. Dos tipos de emplazamientos son los más comunes, perfectamente descritos por Plinio el Joven al referirse a sus dos villas del lago de Como (Correspond., ix, 7, 2): una, siguiendo el modelo de Baiae («more Baiano»), está construida sobre un promontorio rocoso de posición alta y dominante con vistas sobre el lago («villa imposita saxis»); la otra, igualmente al modo de Baiae, se extiende en zona llana y baja paralelamente a la ribera del lago («villa quae lacum tangit»). El primero de estos emplazamientos es el más apreciado para la instalación de villas residenciales caracterizadas por el otium y la luxuria, tal como demuestra, por ejemplo, la Villa Iovis tiberiana, situada sobre un altísimo y escarpado pro3  Para un estudio detallado de los possessores de las villas del golfo de Nápoles puede consultarse D’Arms (1973). Sobre las villas imperiales marítimas véase Mielsch (1990: 133-151) y Gros (2001: 350-378).

montorio (300 m sobre el nivel del mar) en el extremo oriental de la isla de Capri, frente a la península de Sorrento, aunque la tónica habitual es su instalación sobre laderas o cabos no tan elevados ni aislados desde los que se pueda acceder fácilmente al mar (punta de Sorrento, Capo di MassaSorrento, punta Eolo-isla de Pandataria, Anzio o Sperlonga, entre otras). En cualquier caso, el elemento arquitectónico que caracteriza este tipo de emplazamiento son los grandes pórticos orientados hacia el paisaje marino (Salza Prina Ricotti, 2000), tanto largas ambulationes longitudinales (rectilíneas o en arco) dispuestas sobre terrazas paralelas a la costa, como los pabellones aislados, normalmente semicirculares y también dispuestos a distintos niveles, con función de belvedere panorámico sobre el mar. Estos pórticos o galerías columnadas abiertas asentadas sobre terrazas —en muchos casos con criptopórticos o pisos inferiores— están claramente influenciados tanto por los santuarios republicanos en terraza del Lacio como, especialmente, por los escenográficos xysti de la arquitectura helenística. La disposición en terrazas superpuestas sirve, además, para organizar el conjunto de las edificaciones que conforman la villa, permitiendo que todos los niveles puedan disfrutar de la ansiada prospectus maris, así como la necesaria intercomunicación vertical entre ellos (mediante rampas o escaleras) hasta el nivel del mar. Los emplazamientos bajos y llanos, normalmente establecidos sobre una única plataforma litoral, también suelen presentar pórticos abiertos al mar (por ejemplo, Barbariga o Monte Collisi, en Istria), aunque su característica más propia y singular es la voluntad, efectiva o simbólica, de in-


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tegrar la edificación en el mar y viceversa. Lo primero se consigue mediante muelles o piscinae que se adentran ostensiblemente en el mar (caso de Torre Astura o, en menor medida, Formies o Anzio) o bien mediante la construcción de la villa insolentemente inmediata al agua —a veces incluso sobre rellenos ganados al mar— de modo que, al decir de Columela (Rei Rust., i, 5,5), sea «tocada por el mar y salpicada por las olas». En otras ocasiones es el mar el que penetra en la villa, bien mediante golfos naturales reentrantes que son acondicionados como puertos o embarcaderos (Val Catena, punta de Sorrento), bien dársenas artificiales con función de embarcadero o tanques de piscicultura (Varignano), bien piscinae excavadas en las rocas costeras (isla de Ponza), bien grutas costeras, naturales o artificiales, que son acondicionadas como triclinios o ninfeos ornamentales en los que de hecho entra físicamente el mar (villa de Agrippa en Sorrento y de Tiberio en Sperlonga, efectivamente accesibles solo en barca), o bien lo hace simbólicamente (ninfeo menor de la villa de Formies, íntegramente decorado con elementos que evocan el mundo marino —conchas y fragmentos de piedras esponjosas—). El hecho de que el sector residencial de estas villae maritimae sea especialmente grande y lujoso no implica necesariamente que todas ellas, a excepción de las villas imperiales y poco más, deban ser consideradas exclusivamente como villae urbanae de ocio y recreo. Al contrario, debe tratarse en la mayoría de los casos de un tipo especial de villae rusticae (en el sentido económico del término), evidentemente no de producción agropecuaria —carecen aparentemente de un fundus terrestre asociado—, sino alta-

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mente especializadas en una variedad singular de la pastio villatica: los viveros de peces y mariscos (Mielsch, 1990: 21-30, y Gros, 2001: 302-306). Las fuentes escritas (Varrón, Cicerón y Plinio) informan de la altísima rentabilidad de estos vivaria, que se dedican a abastecer de productos alimentarios de lujo, tan apreciados como caros (por ejemplo, la morena), a la clase aristocrática romana. La arqueología, por su parte, ha detectado un buen número de piscinae formando parte de villas costeras (Torre Astura, Formies, Pianosa, villa de Agrippa en Sorrento, Anzio) o aisladas en la costa (isla de Ponza, «piscina de Lucullo» en Circeo), sin duda explotadas por villas próximas no excavadas. Los tanques de piscicultura, siempre comunicados con el mar mediante compuertas o canales, pueden ser rupestres —excavados en la roca— o de obra —muros que cierran pequeñas radas o sectores costeros—, adaptados en todo caso al tipo de pez o marisco producido: profundos, irregulares y con múltiples cavidades para la morena; más bajos, amplios y con fondo arenoso o limoso para los peces planos (lenguado, rodaballo) y moluscos (ostras, caracolas). Fuera de la península italiana, el fenómeno de las villae maritimae es ciertamente limitado en extensión (restringido, como en Italia, a sectores costeros concretos) y entidad (con sustanciales variaciones sobre el modelo itálico). No se constata, en efecto, la existencia de villas palaciegas dedicadas exclusivamente al ocio y recreo, ni la pars urbana —que a veces puede llegar a ser especialmente grande e importante— está tan intensamente marcada por la prospectus maris como para que sean los xysti sobre terraza el elemento principal sobre el que se organiza el edificio. Se prefieren, así, los empla-


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zamientos litorales —a una cierta distancia de la costa y donde la vista marina resulta inexistente o irrelevante— sobre los estrictamente costeros y, en estos últimos, nunca llega a cuajar el modelo arquitectónico marítimo puro, sustituido por una adaptación parcial de las tipologías planimétricas comunes (villa de peristilo, villa de pórtico, villa de patio, etcétera) a las particulares circunstancias paisajísticas y ambientales marinas. A esta diferencia de índole arquitectónica se une otra de carácter económico, como es la ampliación de la especialización productiva en piscicultura marina a otros sectores también relacionados con el mar —pesca y marisqueo extractivo, obtención de sal marina, elaboración de salsas y conservas de pescado en salmuera, fabricación de tinte púrpura y apoyo a la navegación de cabotaje—, bases productivas que, además, adquieren un gran peso e importancia a la hora de conformar el asentamiento. De hecho, la mayoría de las ubicaciones a mare se explican más por razones económicas —dominio visual del área de costa donde se sitúan los recursos marítimos explotados, al igual que las villas terrestres suelen dominar visualmente su fundus de producción agropecuaria— que por factores de índole residencial —belleza, saludabilidad y amenidad del paisaje marino. En el ámbito del Mediterráneo occidental, las villae maritimae norteafricanas, no muy abundantes y aparentemente de características similares a las italianas, se localizan en sectores muy concretos de las inmediaciones de las grandes ciudades costeras tripolitanas, cartaginesas o mauritanas.4 4 

Las villas costeras y litorales norteafricanas carecen infelizmente de excavaciones y estudios de conjunto que puedan avalar su entidad y carac­te­

Las de las costas galas e hispanas, algo más numerosas y mejor conocidas (Ferdiere, 1988; Fernández Castro, 1982a, y Gorges, 1979), se concentran en la costa catalana, determinados sectores del litoral levantino y el Algarve, pero en ningún caso llegan a alcanzar una densidad de ocupación similar a las del litoral tirreno o campano. Por lo general, cumplen bien las características propias de las villas marítimas provinciales que acabamos de señalar, resultando muy reveladora su evidente asociación con las áreas productoras de salazones. Una tónica similar se repite en el litoral atlántico, aunque aquí resultan más significativas las ausencias que las presencias. En grandes áreas, en efecto, no existen o son mínimas las villas marítimas —costa atlántica portuguesa (con la excepción de los estuarios del Tajo y Sado), costa cantábrica española y aquitana francesa, costas de la Galia norte (Normandía y Flandes)—, que lógicamente tienden a concentrase en los dos sectores concretos intermedios: las rías gallegas (bajas y altas) y las costas meridionales bretonas francesas desde Cornualles a Charente Maritime (Sanquer, 1974). Podrían aducirse diversos motivos para explicar esta distribución —por ejemplo, la peligrosidad o inadecuación topográfica de muchas partes del litoral atlántico—, aunque resulta evidente que la principal razón es de índole económica: no en vano son Galicia y Bretaña las dos únicas zonas donde se constata algún tipo de actividad productiva marítima (ostricultura, salazones, salinas, viveros) mínimamente amplia y desarrollada. Este modelo economicista rísticas. Como ejemplo ilustrativo puede verse el caso de una villa marítima suburbana al este de Sabratha en Libia (Alcock, 1950).


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se confirma en la costa sur de Inglaterra, donde las villas marítimas efectivamente son pocas (y menos aún las de ubicación a mare), explicadas en parte por su ubicación en zonas productoras de ostras (golfo de Solent, entre la isla de Wight y tierra firme, costas de Kent y Essex, en la desembocadura del Támesis), pero particularmente por su asociación con fondeaderos y puertos naturales; su función, por lo tanto, consiste en prestar apoyo a la navegación de cabotaje, un servicio especialmente útil y demandado en una región de tráfico tan intenso como peligroso como es el canal de la Mancha (Tomalin, 2006).

asentamientos costeros en galicia

Las costas de la Gallaecia, en especial sus rías, constituyen así una de las pocas regiones atlánticas donde se constata una ocupación ciertamente importante de villas marítimas de tipo provincial (fig. 1). Los números son suficientemente reveladores al respecto: 27 villas (17 seguras y otras 10 dudosas) que podrían incrementarse hasta prácticamente el doble si se contabilizaran como tales los 24 casos de asentamientos costeros indeterminados. Una particularidad de estas villas, en comparación con sus congéneres algarveñas, bretonas o britanas, es que predominan claramente las de ubicación a mare (23 yacimientos) frente a las de localización litoral o fluvial (cuatro yacimientos),5 lo 5 

En el catálogo se considera litoral toda aquella villa o asentamiento indeterminado que esté situado cerca de la costa hasta una distancia de 1,5 km del mar, estuario o río navegable y que tenga, además, dominio visual directo sobre el mismo. La ampliación o modificación de estos parámetros sin duda

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que denota tanto una buena disponibilidad de la costa (topografía, abrigo, etcétera) para este tipo de emplazamiento como, especialmente, que su base económica radica, prácticamente en exclusiva, en la explotación de los recursos marinos (pesca, marisqueo, salazones, salinas). La conocida dificultad de inventariar correctamente un yacimiento a partir de referencias o hallazgos superficiales nos ha inducido a incluir en el catálogo de asentamientos costeros galaicorromanos no solo las villae a mare y los yacimientos indeterminados, sino también las factorías de salazón, las salinas y los enclaves portuario-comerciales, aunque no sean objeto directo de estudio en este trabajo. Se ha categorizado como villa todo yacimiento individual aislado, con una ubicación específica y particular, que tuviera indicios suficientes de residencia rural romana (mosaicos, estucos, vestigios de termas o hipocaustos, columnas y capiteles, obras de arte, etcétera). El punto de partida del catálogo son los mapas e inventarios publicados hasta mediados de los noventa (Fernández Castro, 1982b; Naveiro y Pérez, 1992; Fernández y Morillo, 1994, y Pérez Losada, 1995), a los que se han añadido los nuevos yacimientos (o las nuevas reinterpretaciones de antiguos yacimientos) que conocemos hasta hoy. La distribución de los asentamientos costeros en Galicia, especialmente de las villae maritimae, en absoluto es regular, y muestra una obvia concentración en el interior de las rías (altas y bajas) frente a otros sectores costeros donde no existen —mariña lucense al haría subir el número de asentamientos litorales, aunque no creemos que el incremento fuese especialmente acusado.


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Página izquierda: Fig. 1. Asentamientos costeros romanos en la Gallaecia atlántica. Catalogación y distribución. 1. Castrelo-Burela (Cervo). ¿Villa a mare?; 2. Area (Viveiro). Factoría de salazones. ¿Villa a mare?; 3. Porto de Bares (Mañón). Factoría de salazones; 4. Eirexa Vella de Bares (Mañón). Villa a mare; 5. Espasante (Ortigueira). Factoría de salazones; 6. San Xiao de Trebol (Cariño). Asentamiento costero indeterminado; 7. As Figueiras (Cariño). Asentamiento costero indeterminado; 8. Cariño (Ferrol). Factoría de salazones; 9. O Tellado (Fene). Asentamiento litoral indeterminado; 10. Noville (Mugardos). Villa a mare; 11. Caldoval (Mugardos). Villa a mare; 12. Meá (Mugardos). Asentamiento costero indeterminado; 13. Figueirido (Ares). Asentamiento costero indeterminado; 14. Sopazos (Pontedeume). Asentamiento costero indeterminado; 15. Centroña (Pontedeume). Villa a mare; 16. Carnoedo (Sada). Asentamiento costero indeterminado; 17. Lorbé (Sada) Asentamiento costero indeterminado; 18. Ponte da Pasaxe (Oleiros). Asentamiento costero indeterminado; 19. Brigantium (La Coruña). Enclave portuariocomercial; 20. Moraime (Muxía). Villa litoral; 21. O Viso-Parada (Carnota). Asentamiento litoral indeterminado; 22. ¿Vico Spacorum? (Barro-Noia). ¿Enclave portuariocomercial?; 23. Portosín (Porto do Son). Villa a mare; 24. Pazo de Lestrobe (Padrón). Asentamiento litoralfluvial indeterminado; 25. Iria Flavia (Iria-Padrón; Porto-Pontecesures). Enclave portuario-comercial; 26. Catoira (Catoira). ¿Villa a mare?; 27. Sobrán (Vilagarcía de Arosa). Villa a mare. Factoría de salazones; 28. Nasos-Campo dos Bufos (Isla de Arousa). Asentamiento costero indeterminado; 29. Meloxo (O Grove). ¿Villa a mare?; 30. Adro Vello (O Grove). Villa a mare. Factoría de salazones; 31. Praia Maior (Sanxenxo). Asentamiento costero indeterminado; 32. Praia Canexol (Isla de Ons). ¿Villa a mare?; 33. Turoqua (Pontevedra). ¿Enclave portuario-comercial?; 34. Sartán-Lourizán (Pontevedra). ¿Factoría de salazones?; 35. Portocelo (Marín). ¿Villa a mare?; 36. Sabarigo (Bueu). Asentamiento litoral indeterminado;

37. A Pescadoira (Bueu). Factoría de salazones; 38. Pipín-Hío. Villa a mare; 39. Praia de Barra (Cangas). Salinas; 40. Eirexiña-Nerga (Cangas). Factoría de salazones; 41. Rodeira-Praia dos Alemáns (Cangas). Asentamiento costero indeterminado; 42. Soutoxuste (Redondela). Asentamiento costero indeterminado; 43. A Portela (Redondela). Asentamiento costero indeterminado; 44. Riós-Teis (Vigo). Asentamiento costero indeterminado; 45. A Oliveira-Teis (Vigo). Asentamiento costero indeterminado; 46. Vicus Elanei (Vigo). Enclave portuario-comercial. Salinas. Factoría de salazones; 47. Rúas M. de Valterra-Juan Ramón Jiménez (Vigo). ¿Villa a mare?; 48. O Fiunchal-Alcabre (Vigo). Factoría de salazones; 49. Praia do Cocho-Punta Muiño de Vento (Vigo). Factoría de salazones. ¿Villa a mare?; 50. Punta de Toralla (Vigo). Villa a mare. Salinas; 51. Punta de Sobreira (Vigo). ¿Villa a mare?; 52. Monteferro-ladera NE (Nigrán). Asentamiento litoral indeterminado; 53. Panxón (Nigrán). Villa a mare; 54. Burgovedra-Borreiros (Gondomar). Villa litoralfluvial; 55. Moreiras-Viladesuso (Oia). Asentamiento costero indeterminado; 56. Saa-Camposancos (A Guarda). Asentamiento litoralfluvial indeterminado; 57. Atalaia-Goián (Tomiño). Asentamiento costerofluvial indeterminado; 58. Medos-Currás (Tomiño). Villa litoral-fluvial; 59. Tude (Tui). Enclave portuario-comercial; 60. Forte Lovelhe (Vila Nova da Cerveira). Villa costerafluvial; 61. Gelfa (Caminha). Salinas; 62. Carreço (Viana do Castelo). Salinas; 63. Areosa (Viana do Castelo). Asentamiento litoral indeterminado; 64. Foz da ribeira de Anha (Viana do Castelo). Salinas; 65. Foz do río Neiva-Belinho (Esposende). Salinas; 66. Sublago-Lontreiras (Belinho, Esposende). Salinas; 67. Vila Mendo (Estela, Póvoa do Varzim). ¿Villa a mare?; 68. Alto de Martim Vaz (Póvoa do Varzim). Villa a mare. Factoría de salazones; 69. Caxinas (Vila do Conde). Villa a mare; 70. Angueiras-Lavra (Matosinhos). Factoría de salazones. Salinas; 71. Fontão de Antela-Lavra (Matosinhos). Villa a mare; 72. Cale (Oporto). Enclave portuario-comercial.


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este de Burela— o lo hacen en muy reducido número —Costa de la Muerte, costa atlántica desde Baiona hasta Oporto.6 En el ámbito de las Rías Altas (fig. 1), una de las principales novedades radica en la confirmación de la ocupación costera romana en las pequeñas rías norteñas de Ortigueira, Barqueiro, Viveiro y Burela, incluyendo varias villae a mare seguras o probables como son la de Castrelo en Burela, Area en Viveiro y Eirexa Vella en Bares. La villa de Castrelo consiste en dos estancias con hipocausto recientemente descubiertas (2004), probablemente unas termas, ubicadas al abrigo del actual puerto de Burela.7 El yacimiento de playa de Area, descubierto y publicado por Vázquez Seijas en 1951, tradicionalmente ha sido interpretado como una factoría de salazones (Fernández y Morillo, 1994: 76), aunque la presencia de estucos pintados, obviamente incongruentes como simple recebo de un tanque de salmuera, inclinan a pensar que, además de factoría, también pudiera tratarse de una villa marítima. En Bares, la excavación acometida en 1997 por Emilio Ramil del yacimiento de Eirexa Vella (Ramil González, 2003) ha con6  En la Costa de la Muerte la única villa reco­ nocida como tal es la de Moraime, de emplazamiento litoral (a 700 m de la playa de Os Muiños) y dudosa relación directa con el mar. En la costa atlántica Baiona-Oporto únicamente se pueden señalar dos villae en el bajo curso fluvial del Miño (Lovelhe y Currás, esta última de dudosa condición marítima) y otras cuatro en el sector portugués de Póvoa do Varzim hasta Matosinhos (Vila Mendo, Alto de Martim Vaz, Caxinas y Fontão de Antela), donde parecen conformar un pequeño y aislado grupo en relación con la producción de sal y salazones detectada en el lugar. 7  El yacimiento fue objeto de una excavación de urgencia a finales del 2004 dirigida por María Pilar Fernández y permanece inédito como tal (González Soutelo, 2006: 167).

seguido arrojar luz sobre la conformación general de este conocido asentamiento costero galaicorromano. Las estructuras exhumadas fueron realmente muy parciales y limitadas —fragmentos inconexos de muros y vestigios de tres pavimentos musivarios geométricos contiguos— pero suficientes para afirmar que nos hallamos ante la pars urbana de una villa a mare8 de cronología tardía (siglos iv a vi d. de C.). Esta calificación de maritima se deduce tanto de su característico emplazamiento —pequeño cabo costero, ligeramente sobreelevado (ca. 5-7 m de altura sobre la playa) y de perfil amesetado, situado en el extremo occidental de la playa de Bares— como de los múltiples indicios que denotan una relación económica directa con el mar: hallazgo en el yacimiento de restos alimenticios marinos —mugílidos, ostras y lapas— y, sobre todo, su asociación con la factoría de salazones y el dique de abrigo —el famoso «coido de Bares»—, que se sitúan a menos de 500 m de distancia al otro lado de la playa, construcciones portuarias y productivas que no dudamos en considerar como la parte «rústica» de la villa. Una segunda novedad en el ámbito de las Rías Altas la constituye la villa de Caldoval (Mugardos), en la ría de Ferrol. El yacimiento fue descubierto en 1997 y se procedió a su excavación en sucesivas 8  Uno de los mosaicos encontrados recubre los escalones de descenso a una probable bañera o piscina, con lo cual parece razonable pensar que los pavimentos musivarios descubiertos pertenezcan a la parte fría del balneum privado de la villa (González Soutelo, 2006: 161-163). Si así fuese, resultaría comprometida la interpretación de que el mosaico mayor solaba «o chan dun cuarto ou galería, amplo corredor porticado, aberta ao mar cara a levante» (Ramil González, 2003: 213). En todo caso, el hecho de que no hubiera galería mirador sobre la playa en absoluto invalida la acertada catalogación del yacimiento como villa a mare.


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campañas intermitentes desde el 2001 al 2006 bajo la dirección de Susana Ricart Guillot (Adóbrica Arqueoloxía), llegándose a exhumar finalmente la práctica totalidad del yacimiento (ca. 1500 m2) tras un largo y demorado proceso muy afectado por unas circunstancias patrimoniales especialmente dificultosas y complejas.9 Quizá por ello las excavaciones aún sean prácticamente inéditas (González Soutelo, 2006: 169-176), a pesar de que Caldoval constituya hoy, sin duda, junto con Noville, Adro Vello y Toralla, una de las villae maritimae más excavadas e importantes del noroeste peninsular. La villa está organizada en dos edificaciones contiguas dispuestas sobre un cantil costero moderadamente elevado (entre 10 y 20 m) y con buenas vistas sobre la ría, cuya erosión ha destruido una parte considerable de 9  La excavación del yacimiento, con carácter de «urgencia» o «salvamento», fue motivada porque los terrenos iban a ser directamente ocupados por diversas instalaciones pertenecientes a la inmediata planta de regasificación de Punta Promontorio, una enorme obra pública promovida por la empresa Reganosa que es quien, por imperativo legal, financia los trabajos arqueológicos. El conflicto de intereses entre las autoridades competentes de Industria y Cultura determinó una enorme presión, mucho mayor que la habitual, sobre la actuación arqueológica, procurándose que esta trascendiera lo menos posible a la opinión pública. De hecho, una vez excavada la mayor parte del yacimiento, en el 2005 se procedió al arranque, empaquetado y traslado, por parte de la empresa de conservación y restauración Tomos, S. L., de las estructuras más importantes y mejor conservadas (el balneum), dando así a entender que era inminente e inevitable la destrucción del yacimiento. No obstante, las excavaciones continuaron durante el 2005 y el 2006 hasta agotar totalmente su potencialidad arqueológica, y la realidad es que hoy (mayo del 2007) las estructuras aún se conservan reenterradas in situ. En todo caso, el futuro del yacimiento no deja de ser, por ahora, tremendamente incierto.

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las construcciones romanas.10 El edificio principal muestra aparentemente una característica tipología de «villa de patio», esto es, un gran espacio central descubierto delimitado por sus cuatro lados por simples muros de cierre o bien mediante cuerpos constructivos más complejos, entre los que destacan un pequeño balneum privado y otra nave de índole habitacional en la que se identifican varias estancias dotadas de hornos y hogares culinarios. Al patio y a las termas se accede desde el sur —el lado de tierra firme— mediante un pequeño porche pilastrado, pero no ocurre lo mismo con la nave residencial doméstica, accesible aparentemente solo desde el lado del mar, en una zona actualmente desaparecida por la erosión costera, lo cual impide comprobar su tamaño y si dispuso o no de algún tipo de galería mirador sobre la ría. A unos 30 m hacia el oeste de esta edificación se localiza una segunda construcción, también con disposición paralela a la costa y acceso desde el lado del mar, consistente en una nave longitudinal formada por cinco estancias en batería de funcionalidad incierta, quizá almacenes. El asentamiento se data preliminarmente en una amplia horquilla cronológica (siglos ii a v d. de C.), lo cual ayuda a comprender las notables remodelaciones o fases constructivas detectadas en varios de los edificios excavados. Su catalogación como villa maritima se deduce del emplazamiento costero elegido —muy similar al de tipo «promontorio» pliniano— y de la constatación del marisqueo litoral, funda10  Agradecemos a Susana Ricart su amabilidad por permitirnos visitar el yacimiento y propor­cio­ narnos numerosas informaciones orales en las que se basa la presente descripción e interpretación preliminar del mismo.


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mentalmente ostrícola, como elemento esencial de la dieta alimenticia de sus habitantes y, por ende, seguramente también de su actividad económica. No hay pruebas de su relación con otras industrias extractivas o productivas marinas, aunque el hecho de que otros asentamientos costeros —Santa Lucía en Meá, a unos 500 m hacia el oeste— se localicen tan próximos al yacimiento, casi como si de un continuum ocupacional se tratase, podría estar revelando una cierta dispersión de los sectores productivos y de prestación de servicios en las inmediaciones costeras de la villa. Este modelo de separación física entre villa residencial e instalaciones productivas o de servicio (hasta una distancia no superior a 500 m) no es infrecuente en el litoral galaico —Bares (villa y factoría), Centroña/Sopazos (villa e indeterminado), Praia do Cocho/O Fiunchal (villa y factoría), Fontão de Antela/Angueiras (villa y factoría-salinas)—, más abundante incluso que el de convivencia de ambos sectores juntos en un mismo local (Adro Vello, Toralla y Alto de Martim Vaz). Relativamente próxima a Caldoval (a unos 2 km siguiendo la línea costera) se encuentra Noville, yacimiento referente11 que ejemplifica a la perfección el modelo de villa maritima provincial galaicorromana: emplazamiento costero bajo quae mare tangit, adaptación del modelo de patio abierto 11  Sobre Noville véase, como referencias bibliográficas más actualizadas y recientes, Pérez Losada (1997 y 2000). La única novedad producida en esta última década es la reinterpretación de las estructuras de la nave oeste como pertenecientes a un completo balneum privado (García Entero, 2006: 53-55), acertada interpretación que, en todo caso, ya había sido avanzada (aunque no desarrollada) en las publicaciones citadas.

a la tipología marítima (pórtico en U abierto al mar), probable puerto o embarcadero, economía basada en la pesca y el marisqueo. Más hacia el sur, en la ría de Pontedeume, se localiza Centroña, otra villa galaicorromana referente, considerada como el único ejemplo hispánico de «pórtico columnado sobre el acantilado» (Fernández Castro, 1982a: 134-135), a pesar de que las estructuras excavadas por J. M. Luengo se correspondan, en realidad, con un hipocausto pavimentado de mosaico seguramente perteneciente a las termas privadas de la villa (Pérez Losada, 1995: 179). No obstante, el emplazamiento no deja de ser característicamente marítimo, del tipo imposita saxis, muy similar al de Caldoval. Después del Golfo Ártabro, en las Rías Bajas asistimos a una nueva concentración de asentamientos costeros romanos que va in crescendo de norte a sur (dos yacimientos en la ría de Noia, siete en la de Arousa, ocho en la de Pontevedra, quince en la de Vigo), hasta alcanzar una densidad realmente importante en el sector central de la costa sur de la ría viguesa (desde Teis a cabo Estai) —media de un asentamiento cada 2 km de costa—, que poco tiene que envidiar al «paisaje marítimo urbano» típico del litoral tirreno y campano (fig. 1). Evidentemente, no todos estos asentamientos costeros de Vigo y las otras Rías Bajas son villae (también hay indeterminados, salinas, factorías y enclaves portuario-comerciales), presentes en todo caso en muy alta proporción (14 sobre 33, o sea, un 42 %) frente a los otros tipos de asentamientos. La mayoría de ellas, seguras o probables, son conocidas desde antiguo, identificadas por hallazgos significativos como son los mosaicos —Portosín, Catoira, Sobrán, Canexol, Sobreira,


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Panxón, Burgovedra (Acuña, 1973 y 1974, y Acuña y Alles, 2002)— u otros elementos arquitectónicos singulares —Meloxo, Portocelo, Marqués de Valterra (Pérez Losada, 1995: 180-184)—. A pesar de esta evidente importancia cuantitativa y cualitativa, desgraciadamente son muy pocas las que han sido objeto de intervenciones arqueológicas, casi siempre de urgencia y, por tanto, muy limitadas y parciales (Pipín, Praia do Cocho, Panxón),12 a excepción de los dos únicos casos de excavación en área como son Adro Vello y Toralla. El yacimiento de Adro Vello, ampliamente exhumado por J. Carro Otero a lo largo de sucesivas campañas desde 1981 hasta 1989, podría haberse convertido en el principal referente de la ocupación costera romana de las Rías Bajas si no fuese porque, dejando aparte algunas breves noticias preliminares (Carro, 1991), hoy en día aún no ha sido convenientemente estudiado ni publicado. Su catalogación como villa maritima deriva de un emplazamiento en la parte posterior de una playa (O Carreiro) donde se dispone un edificio de planta rectangular, paralelo al mar, dotado de un magnífico muro de contención marina fabricado en opus quadratum. La distribución interior de espacios y estancias no es fácilmente reconocible, por la posterior instalación de una iglesia prerrománica con su necrópolis aso12 

Pipín: hipocausto y ábside semicircular pertenecientes seguramente al balneum de la villa (Fariña y otros, 1975, y González Soutelo, 2006: 271275). Praia do Cocho: esquinal del edificio, con varias estancias internas, asociado a restos de cubetas de salazón en la rocas inmediatas de la playa (Hidalgo y Rodríguez, 1995). Panxón: exhumación de diversas estructuras constructivas en un solar de la Rúa do Arco (excavación inédita dirigida por J. C. Castro Carrera en 1993).

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ciada, aunque la presencia de abundantes restos de estucos pintados avala suficientemente el carácter residencial del edificio. Su base económica parece ser la fabricación de salazones —se han exhumado cuatro tanques, con restos ictiológicos en el interior, justo en el centro de la edificación—, por lo menos en una primera etapa de época altoimperial, resultando más incierta en época bajoimperial, puesto que los tanques aparecieron amortizados por las estructuras habitacionales de la villa tardía.

la villa maritima de toralla

El segundo caso de villa costera ampliamente excavada en las Rías Bajas es el de Toralla, situada en la punta de Toralla, frente a la conocida isla homónima, al lado de Canido, parroquia de San Miguel de Oia, ayuntamiento de Vigo (fig. 2). El yacimiento no es ninguna novedad, puesto que ya había sido «explorado» por los antiguos propietarios de la finca donde se ubica —la familia Mirambell, de ahí la extendida denominación popular viguesa de finca Mirambell— desde los años viente del pasado siglo, dando lugar al hallazgo de varias construcciones soterradas y diversos materiales que fueron dados a conocer a la comunidad científica a inicios de los ochenta (Hidalgo y Costas, 1982). En la década de 1990 el Ayuntamiento de Vigo, tras recuperar la titularidad pública de la finca, promovió la realización de las primeras intervenciones arqueológicas científicas en el yacimiento, consistentes en una primera campaña de sondeos repartidos por toda la finca (en 1992 bajo la dirección de J. M. Hidalgo Cuñarro), seguidos de dos campañas de excavación en área (en 1993-1994 bajo la


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Fig. 2. Villa romana de Toralla (Vigo). Localización y emplazamiento sobre fotografía aérea vertical (1985) y oblicua (1997).

dirección de P. Soto Arias), que consiguieron exhumar la mayor parte del edificio principal de la villa, así como reinterpretar el problemático «sector Mirambell», esto es, las ruinas descubiertas desde los años veinte y que permanecían a la vista desde entonces. Los resultados de la excavación no llegaron a ser publicados, a no ser unas breves notas

informativas generales (Hidalgo, 1993; Soto Arias, 1994, e Hidalgo y Viñas, 1998) y un estudio descriptivo del material vítreo (Vázquez y Caamaño, 2004). Finalmente, en el 2002 se firma un contrato de i + d + i entre el Ayuntamiento y la Univer­sidad de Vigo para desarrollar el proyecto titulado Investigación e musealización da villa romana de


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Toralla (Vigo), lo cual implica la realización de tres campañas más de excavación (2002, 2003 y 2006), dirigidas por F. Pérez Losada con la colaboración de S. Vieito y A. Fernández, cofirmantes del presente artículo. Los estudios publicados a partir de dicho proyecto de investigación son, por ahora, un resumen preliminar de las campañas 20022003 (Pérez Losada y otros, en prensa), el proyecto de musealización del yacimiento (Pérez Losada y otros, 2005) y dos breves estudios sobre material cerámico (Fernández Fernández y otros, 2007, y Pérez Losada y otros, 2004), a los que se podrían sumar los otros dos trabajos sobre material torallense —cerámica de construcción y cerámicas finas importadas— incluidos en estas mismas actas. Uno de los principales logros de estas últimas campañas —que amplían el área excavada hasta la muy respetable extensión de casi 1800 m2— es la exhumación completa y total del edificio principal de la villa (incluyendo el «sector Mirambell» anexo), hecho muy poco frecuente en el ámbito de la arqueología rural galaicorromana y que, sumado a la excavación parcial, pero suficientemente significativa, de las otras construcciones existentes (salinas y edificio secundario), nos permite abordar el estudio del asentamiento como un todo, analizándolo y explicándolo desde una perspectiva de conjunto. En este sentido, podemos afirmar que la villa obedece al tipo de «plan diseminado», esto es, aquella conformada por varios edificios y construcciones independientes que, en este caso, no parecen estar delimitadas por ningún tipo de recinto ni organizadas de modo cartesiano o regular, sino dispuestas de modo orgánico y funcional, adaptadas a la topografía existente

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y a las necesidades residenciales y productivas del asentamiento. La dispersión, en todo caso, no es muy acusada, porque son pocas las construcciones o edificaciones detectadas y se hallan muy próximas entre sí (fig. 3). Dos son las más relevantes, denominadas edificio principal —sin duda la villa urbana asociada al dominus y su familia— y edificio secundario —probablemente la vivienda del personal de servicio—, ambos de planta rectangular y prácticamente adyacentes por los extremos (4 m de separación) conformando un ángulo muy abierto. Al norte del edificio principal, parcialmente adosado al mismo, se extiende el denominado sector Mirambell, interpretado como posibles construcciones rústicas —almacenes, cobertizos o cuartos de aperos—, dado que, a partir de unos 8 m de distancia hacia el norte, se localiza el esquinal de una salina marina que se extiende hacia el norte y este, alcanzando unas considerables dimensiones (32 m de longitud en el lado excavado). No es probable, aunque no imposible, que haya más edificios o construcciones en las inmediaciones: las 67 catas de sondeo ejecutadas en 1992, aleatoriamente repartidas por toda la finca, resultaron negativas en este sentido, las prospecciones geofísicas acometidas en el 2002 en la misma finca tampoco resultaron reveladoras y la intervención arqueológica del 2002-2006 tampoco detectó ningún indicio de estructura arqueológica en los márgenes perimetrales este, sur, oeste y noroeste del área excavada. Sí que hay otros yacimientos, sin embargo, en la cercana isla de Toralla (fig. 2): un castro prerromano (hasta el cambio de era o el siglo i d. de C., como mucho), no coetáneo ni relacionable con la villa, y una necrópolis de inhumación


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Fig. 3. Villa romana de Toralla (Vigo). Planimetría general de la excavación (2006). Vista de conjunto del edificio principal hacia el este (1) y oeste (2).

romana o tardorromana, tradicionalmente interpretada como el cementerio de los habitantes de la villa, aunque todavía no sea posible confirmar esta relación.13 13 

Sobre la necrópolis véase la comunicación «El material cerámico de construcción de la villa y necrópolis de Toralla: tipología y usos» incluida en

El emplazamiento topográfico costero elegido responde bien al tipo villa quae mare tangit, aunque con ciertos caracteres particulares. Se trata de un pequeño cabo frente estas mismas actas, donde se plantea la gran diferencia existente entre el material tegulario procedente de ambos yacimientos.


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Fig. 4. Villa romana de Toralla (Vigo). Emplazamiento topográfico y distribución general de estructuras sobre mapa topográfico de 1930. Fotografía de detalle de la finca Mirambell vista desde la ensenada del Vao (ca. 1908).

a la isla de Toralla, propiciado por un suave afloramiento del sustrato rocoso, que sirve de separación entre las playas de O Vao y Canido y que delimita uno de los extremos de una amplia depresión costera por donde discurre el arroyo denominado rego o barxa do Vao, depresión que, hasta hace no muchos años, constituía un extenso humedal dedicado a juncal, protegido y separado del mar por una larga barra dunar que en absoluto impedía su inundación marina durante las mareas altas (fig. 4). Los edificios residenciales de la villa no se instalan, sin embargo, sobre la parte alta del cabo, sino prácticamente a nivel del mar sobre la ladera interior del mismo, orientados precisamente hacia la marisma del Vao. Se sacrifica, por tanto, el condicionante habitacional de la prospectus maris —las magníficas vistas marinas sobre

la ría que proporcionaría la primera ubicación— en favor de otros factores más prácticos y economicistas como son la elección de un emplazamiento más abrigado, protegido a poniente de la bocana de la ría por la elevación rocosa del cabo, desde el que se domine y acceda fácilmente a los sectores productivos de la villa, esto es, las salinas de la playa y quizá también la propia ensenada del Vao.14 El pórtico norte del edificio principal, orientado hacia las salinas y el interior de la ría pero con muy limitadas vistas exter14 

Si se confirmase la hipótesis de que el nivel del mar estuvo más alto en época de funcionamiento del asentamiento romano (v. infra), es probable que buena parte de la marisma del Vao constituyese en realidad una rada o ensenada costera de dominio intermareal, quizá con funciones de puerto o embarcadero al servicio de la villa.


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Las villae tardorromanas en el occidente del Imperio: arquitectura y función

Fig. 5. Villa romana de Toralla (Vigo). Sillar almohadillado sobre losa de cimentación en la esquina suroeste del edificio (1). Puerta de acceso al probable almacén: umbral monolítico central y losas de basamento lateral para las jambas (2). Cocina de servicio vista hacia el norte, con sus tres hogares (3). Tanques 1 y 2 de las salinas vistos hacia el este (4).

nas —escasa elevación, construcciones interpuestas del sector Mirambell—, es, pues, de pura índole funcional, y tiene muy poco que ver con las galerías-miradores típicas de las villae a mare italianas. A nivel constructivo, casi todos los alzados murarios están ejecutados en pequeño aparejo —el habitual doble paramento de mampostería pétrea irregular trabado con tizones—, a excepción de determinados puntos o sectores donde se recurre al gran aparejo granítico. Así, en efecto, en los esquinales y cruces de muros se usan grandes

sillares paralelepipédicos almohadillados —el primero colocado en vertical y los siguientes en horizontal con asiento cruzado (soga y tizón)—, estructura que parece repetirse en los vanos —losas o sillares planos de cimentación sobre las que irían colocada sendas jambas en posición vertical—, enmarcando una serie de umbrales monolíticos con rebajes para el quicio y pasador de la puerta (fig. 5). Las cimentaciones, como suele ser habitual, siempre procuran llegar hasta la roca base; no obstante, sorprende la excelente calidad de las mismas cuando la


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roca se encuentra muy profunda o es muy irregular: se recurre en estos casos a la ejecución de costosos rebajes rupestres o a la colocación de grandes piedras con perfecto remate horizontal sobre las que asienta un potente zócalo de opus quadratum con disposición seudoisódoma. A nivel planimétrico, el edificio principal muestra una forma rectangular alargada, dotada de una galería porticada en una de las fachadas largas, que se encuadra muy bien en los prototipos generales de villa lineal nórdica (por oposición a la mediterránea), denominados villa à galerie de façade, portikus-villa, corridor house o rowtype house. El hecho de que presente ciertas particularidades propias —galería porticada restringida exclusivamente a la mitad oriental de la fachada norte, cuerpo cuadrangular sobresaliente sobre la fachada sur— en absoluto la aleja del modelo, pudiendo señalarse como paralelos más similares, tanto en forma como en tamaño, los britanos de Downton, Wellow y St. Stephens-Park Street, los germanos de Ormalingen y Küttigen Kirchberg, los galos de Maulévrier, Les Mesnuls y L’EcluseLeckbosch y el hispano de Murias de Beloño (Smith, 1997), todos ellos situados en diversas regiones atlánticas del Imperio. El edificio, seguramente de una sola planta y con cubierta longitudinal a dos aguas, alcanza un tamaño de tipo medio alto para el contexto de las villas galaicorromanas (unos 585 m2), y es de destacar su concepción unitaria, construido de una sola vez siguiendo aparentemente un plano preconcebido que emplea ciertos cánones latinos de proporción y axialidad —rectángulo de 141 x 47 pedes, o sea, una relación 3:1 exacta; ábside cuadrangular perfectamente centrado sobre la fachada sur— difícilmente explica-

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bles por la improvisación o la casualidad. No obstante, también hay indicios que revelan que esta planificación previa fue modificada en la propia fase de obra —hipocausto proyectado pero nunca construido en la estancia identificada como probable almacén— y que el edificio sufrió algunas remodelaciones posteriores —reconstrucción del hipocausto del tepidario con eliminación de la bañera existente, cegamiento de la originaria puerta norte de la estancia principal—. No se trata, por tanto, de ninguna obra pública planificada y ejecutada a las órdenes de un arquitecto, pero, como obra privada, sí que hay que reconocerle por lo menos un cierto diseño y concepción global previa. El estudio de distribución y funcionalidad de las estancias, así como de circuitos de circulación interna, también redunda en esta idea de unidad y coherencia funcional conjunta (fig. 6). Pueden distinguirse, así, dos áreas bien diferenciadas dentro del edificio: una residencial asociada al dominus y otra de servicio asociada al personal servil. El área residencial ocupa la mayor parte del edificio, excepto el extremo occidental, con entrada exterior en la fachada norte a través de un pórtico consistente en un espacio rectangular cubierto (18,7 x 2,3 m), reentrante en el edificio, delimitado lateralmente por los machones de remate de los muros y frontalmente por una línea de basamentos pétreos para puntales de madera15 15  Estos basamentos pétreos, de forma cua­ drangu­lar y con un rebaje superior para el encastre del puntal de madera, estaban reutilizados desde hacía años en el cierre oeste de la finca Mirambell. Una información oral, proporcionada in situ en el 2006 por un antiguo trabajador, nos permitió saber que provenían de las primeras excavaciones efectuadas por la familia en este sector del yacimiento. Re-


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Fig.6. Villa romana de Toralla (Vigo). Interpretación funcional del edificio principal. Vista general del balneum con el frigidarium en primer término (1). Salas calefactadas por hipocausto (caldarium, tepidarium) con sus correspondientes basamentos rectangulares para sendos alvei (2). Basamento cuadrangular de la piscina del frigidario (3). Fragmentos del pavimento musivario de la suspensura (4).

entre los que discurre una canalización paralela de evacuación de aguas pluviales. El pórtico protege y enmarca un corredor paralelo (23 x 3 m) con funciones de distribución interna, accesible a través de dos vanos —uno frontal al este y otro lateral al oeste— y que remata a occidente en un amplio espacio cuadrangular, tipo hall de recepción y distribución, en el que confluyen tanto la sulta probable, pero no totalmente seguro, que perteneciesen al pórtico de la villa.

entrada principal de la villa como las puertas de acceso a lo que consideramos el sector residencial «noble» (en el sentido de prestigio y representación social) de la vivienda, formado por un balneum privado y una estancia principal de difícil interpretación (¿triclinium?). El complejo termal se sitúa, tal como es habitual en las villas de corredor (García En­tero, 2006: 758), en uno de los extremos de dicha galería, accesible en este caso desde el hall de recepción, justo frente a la entrada


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principal, mediante una puerta especialmente grande y monumental —umbral de 1,75 m— en comparación con las del resto del edificio (fig. 6). Constituido por los elementos básicos necesarios para la práctica del baño —frigidarium con piscina para el baño frío, tepidarium de transición y caldarium con alveus para el baño caliente—, adopta igualmente el esquema más elemental en la disposición de los ambientes balnea­rios —plan lineal simple con circulación retrógrada—, y es de destacar su gran simili­tud con los balnea de otras villas hispánicas como Illeta des Banyets (Alicante), Pla de Palol (Gerona), Foz de Lumbier (Navarra), El Cogoll (Tarragona) o Torre de Palma (Portalegre, Portugal) (García Entero, 2006). Por sus dimensiones (125 m2 sin incluir el propnigeum) en principio entraría en la cate­goría de «pequeños balnea», tamaño que, en todo caso, siempre es superior al de los paralelos señalados (todo ellos comprendidos entre 60 y 110 m2) y que, a nivel proporcional, supone nada menos que el 21,4 % de la superficie total del edificio. Si a ello unimos un tratamiento constructivo especialmente cuidado y singular —único sector del edificio donde aparecen mosaicos o se utiliza masivamente el opus quadratum—, se deduce que las termas concentran la mayor parte del capital invertido por el dominus en su villa, adquiriendo así un especial valor representativo de estatus económico y social. El frigidarium, dotado de un simple pavimento térreo asentado sobre gravillas de cuarzo, destaca especialmente por la gran piscina cuadrangular (11,2 m2), desgraciadamente muy arrasada, que sobresale airosa sobre la línea de la fachada sur del edificio.16 16 

En anteriores publicaciones (Pérez Losada y

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La sala seguramente también cumplió funciones de apodyterium, lo que explicaría, así, la presencia de una extraña estructura junto a la puerta —formalmente un hogar, pero sin ningún tipo de indicio de exposición al fuego— que quizá haya que interpretar como nicho u hornacina del vestuario. Desde el frigidario se pasa directamente, por una puerta lateral de la que se conserva el umbral, a la zona calefactada, consistente en tres cámaras sucesivas dotadas de hipocausto clásico (area de tégulas volteadas y pilae de ladrillos bessales) y de sendos basamentos de dos alvei rectangulares, uno caliente, muy próximo al praefurnium, y otro tépido, más alejado del mismo. La pésima calidad del hipocausto del tepidario —columnas pétreas irregulares e inestables, mal asentadas sobre rellenos o derrumbes— revela que se trata de una segunda fase de refacción de la sala que, en determinado momento, bien sea por colapso de la suspensura originaria, bien por destrucción deliberada, opta por eliminar la bañera convirtiendo todo el espacio en una pieza única de hipocausto. El caldarium-tepidarium, no sabemos si en su totalidad o solamente el remodelado tepidario, estuvo pavimentado con un mosaico polícromo de motivos geométricos y vegetales otros, 2005 y en prensa) interpretábamos esta es­ tancia como triclinium, basándonos en argumentos tales como el gran tamaño y calidad constructiva, su ubicación en el eje central del edificio o los múltiples paralelos existentes en la arquitectura áulica de las villas tardías, elementos que nos llevaron a pensar que se trataba de un gran comedor de repre­sentación rematado en un ábside cuadrangular. Lo arrasado de la estancia y el anhelo de identificar estancias de prestigio nos impidieron ver lo obvio —todo balneum de época imperial necesita obligatoriamente de un frigidario para ser considerado como tal—, llevándonos a cometer tal error interpretativo que ahora pretendemos rectificar.


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del que se recuperaron cerca de doscientos pequeños fragmentos en muy mal estado de conservación (fig. 6). Paralelamente a las termas se localiza otro espacio rectangular que por tamaño (55 m2), ubicación (frente al hall de recepción al otro extremo del corredor) y puerta de acceso (muy grande y monumental, como la del frigidario) merece ser considerado como una estancia principal, quizá un comedor (triclinium), aunque la carencia de aparato decorativo —el pavimento es de simple tierra pisada— parece contradecir su consideración como sala noble de prestigio o representación. Las cuatro estancias dispuestas en batería al sur del corredor, a pesar de que aparecieron muy arrasadas, parecen pertenecer al sector residencial privado de la vivienda, formado esencialmente por dormitorios. Dos de ellas, de hecho, son simétricas respecto a un estrecho corredor o distribuidor intermedio desde el que se accede lateralmente a las mismas, adoptando un esquema muy común y repetido en las row-type houses que Smith interpreta como «apartamentos», esto es, unidades habitacionales ocupadas por un individuo o, mejor, un matrimonio y sus sirvientes personales (Smith, 1997: 46-64). El sector funcional de servicio, frecuentado exclusivamente por el personal servil de la villa, está formado por las tres estancias del extremo occidental del edificio que, significativamente, solamente resultan accesibles desde el exterior, careciendo de una comunicación interior directa con el sector residencial. Una de estas estancias es el propnigeum —pieza semisubterránea que alberga el horno de calefacción de las termas y a la que se entra desde la fachada sur—, a través del cual se pasa, tras subir dos escalones, a

una cocina de uso exclusivamente servil, caracterizada por la presencia de tres hogares adosados al muro y abundante expolio arqueológico (fig. 5). La tercera de las estancias tiene puerta abierta hacia la fachada norte y, en atención a la existencia de posibles estanterías o al hallazgo de abundante cerámica de almacenamiento, podría tratarse de una despensa o almacén de víveres. La proximidad del edificio secundario al sector de servicio del edificio principal y su gran similitud tanto en estructuras —hogar de ladrillos prácticamente idéntico a los de la cocina— como en materiales —especial incidencia de las imitaciones de cerámicas finas— son los argumentos que abonan su calificación como vivienda del personal servil de la villa. Aunque solamente se ha excavado su esquina norte, algunos sondeos realizados en las inmediaciones nos permiten adivinar su forma rectangular y sus pequeñas dimensiones, de alrededor de 160 m2. Hacia el norte, la identificación de una salina marina constituye otra de las principales novedades aportadas por el yacimiento. Se trata de una serie de grandes tanques de evaporación, aparentemente rectangulares (7 m de ancho por largo desconocido), delimitados por hileras de piedras hincadas y con suelo de matriz arcillosa totalmente horizontal y estanco (fig. 5), muy similares a los exhumados en diversos solares de la calle Rosalía de Castro de Vigo (Pérez Losada, 2007). Lo excavado hasta ahora permite presuponer la existencia de al menos unos cinco o seis tanques en batería que originalmente debieron de prolongarse hacia el este, bajo la actual playa del Vao,17 ocupando un empla17 

Desgraciadamente, en la propia excavación se comprobó que los tanques estaban totalmente


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zamiento muy característico —entre el mar, por un lado, y la marisma interior, por otro— idéntico al de las salinas de Vigo. Por su ubicación, tamaño y presumible carácter «industrial» —producción excedentaria y masiva de sal obviamente destinada a abastecer el mercado regional, especialmente a las factorías de salazón de la ría—, es de suponer que fueron de inundación natural (por oposición a la artificial, mediante norias o cualquier otro tipo de sistema de elevación de agua) durante la marea alta. La cota de los tres tanques excavados está hoy muy por encima (entre 0,38 y 0,83 m) del nivel máximo de la pleamar viguesa, con lo cual hay que concluir que, para que las salinas funcionasen como tal, necesariamente en esa época el nivel del mar debería de estar entre 0,5 y 0,9 m más alto que en la actualidad.18 La relación directa de las salinas con la villa es evidente por proximidad, disposición estratigráfica —ambas están construidas sobre el mismo paleosuelo natural— y hallazgos materiales —olla de cerámica común romana rota in situ sobre uno de los tanques, del mismo tipo que las de la villa—, de lo que se concluye que ambas son coetáneas y que, sin duda, la primera constituyó la base económica esencial, prácticadestruidos hacia el este, hecho confirmado por otros sondeos realizados en el 2005 en el antiguo campo de fútbol del Vao, justo al otro lado de la carretera que emboca el puente hacia la isla, que tampoco pudieron detectar ningún rastro de los mismos. 18  Estas variaciones del nivel del mar en época antigua en la ría viguesa ya había sido detectadas previamente (Martínez y Costa 1997), estableciéndose un esquema evolutivo general —etapa transgresiva durante los siglos iii a i a. de C. seguida de otra regresiva desde el siglo i al vi d. de C.— que ciertamente deberá ser revisado a la luz de los nuevos datos de Toralla.

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mente exclusiva, de la segunda. Entre ambas se sitúa el denominado sector Mirambell, una serie de construcciones que parecería extraño que fuesen de índole habitacional (amortizan parcialmente y hacen perder el sentido general al pórtico de la parte residencial de la villa) y que preferimos considerar, también sin grandes seguridades al respecto, como construcciones funcionales, tipo casetas o cobertizos, al servicio de la explotación salinera. Todas la edificaciones que integran la villa son de implantación ex novo, sobre terrenos anteriormente no habitados, y muestran una única fase de ocupación (con pequeñas remodelaciones o subfases en el caso del edificio principal) previa a su abandono y ruina final, momento a partir del cual fueron cubiertas y amortizadas por arena dunar. La datación de esa ocupación, basada en el estudio de la cerámica fina importada, puede establecerse con seguridad durante todo el siglo iv y primera mitad del v d. de C. —entre el 320 y el 430, ajustando la horquilla al máximo—, marco cronológico que parecen confirmar otros materiales en fase de estudio (vidrios, numismática) y una de las tres dataciones radiocarbónicas realizadas.19 En suma, Toralla constituye hoy, gracias a las excavaciones e investigaciones realizadas, una de las villas costeras más 19  En el 2004 se analizaron tres muestras de carbones en el Instituto de Química Física Rocasolano del csic de Madrid, obteniéndose los siguientes resultados: 77-242 cal ad (95,4 %) (csic1957), 1 cal bc-140 cal ad (91,8 %) (csic1958) y 320-425 cal ad (82,2 %) (csic1893). Las dos primeras dataciones son obviamente incongruentes con las fechas derivadas del material arqueológico y necesitan ser revisa­das para explicar el porqué de la anomalía; la última, en cambio, procedente del hipocausto remodelado, coincide asombrosamente bien con el marco cronológico propuesto.


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