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A mi hijo Ariel que me hizo comprender que ese nuevo mundo no solo era necesario sino que también era posible...

PRIMERA PARTE

Algunos ven cosas que existen y se preguntan: ¿Por qué? Yo sueño cosas que nunca existieron y me pregunto: ¿Por qué no?


LAS GOLONDRINAS ¿Adónde te irás volando por esos cielos, brasita negra que lustra la claridad? Detrás de tu vuelo errante mis ojos goza la inmensidad, la inmensidad. Veleros de la tormenta se van las nubes, y en surcos de luz dorada se pone el sol y como sílabas negras, las golondrinas dicen adiós, dicen adiós. Vuela, vuela, vuela, golondrina, vuelve del más allá. Vuelve desde el fondo de la vida sobre la luz, cruzando el mar, cruzando el mar. Un cielo de barriletes tiene la tarde, y el viento en las arboledas cantando va y desandando los días mi pensamiento también se va, también se va. Cuando se acorten los días junto a mi sombra y en mi alma caiga sangrando el atardecer, yo levantaré los ojos pidiendo el cielo volverte a ver, volverte a ver. Vuela, vuela, vuela, golondrina, vuelve del más allá. Vuelve desde el fondo de la vida sobre la luz, cruzando el mar, cruzando el mar. J. Dávalos / E. Falú

EL VIENTO DEL SUR “La libertad consiste en remontarse a las fuentes”. Edmond Jábes

C

aminaba lentamente por el paseo marítimo intentando disimular su impaciencia, pero no le era nada

fácil. Esta cita que primero fue costumbre, después necesidad, se había convertido en motivo de inquietud. No precisaba ser adivina para darse cuenta que algo había cambiado entre ellos… Antes era diferente. La deleitaba con sus anécdotas llenas de humor y de encanto, le confesaba sus sueños, anhelos, sus éxitos o fracasos. Era francamente fantástico,sentía que compartían algo especial. Con el correr del tiempo el hechizo se fue desvaneciendo poco a poco. Fue hablando cada vez menos de sí mismo y más en boca de sus personajes. Y últimamente ya ni siquiera hablaba, era ella la que lo hacía… A veces, transportada por sus propios relatos, creía que se había quedado dialogando


sola, pero no, él seguía allí, a su lado, mudo, absorto, con su inseparable habano entre los dedos, y el ceño fruncido; solo rompía su religioso silencio para hacer alguna pregunta… Y no solamente sus gestos, sus actitudes, sino que toda la relación había cambiado… Y probablemente ellos también. ¿Qué había pasado? Una ancha mano sobre sus hombros la saca de estas reflexiones. Solo podía ser la de él. —¡Qué día tan maravilloso! —exclama con fingida alegría. —¿Llamas maravilloso a uno de los peores días que podemos tener por estos lares? ¿Dónde estás? ¿Por qué mundos o latitudes vaga tu espíritu? Se sintió descubierta, se dio cuenta que tenía razón. Era un día espantoso, uno de esos días que se dan en el norte que le hacen sentir a uno más raro todavía. Ese ambiente preñado de malos presagios tan solo parecía evocar catástrofes, incendios, o una tempestad… Evidentemente no había comenzado con buen pie... —No, no me refería al tiempo —dice con naturalidad, tratando de enmendarlo—. Claro que es pésimo, va a soplar la surada. Lo maravilloso para mí es este encuentro. —Es verdad… Para mí también. Discúlpame, es que este aire cargado de electricidad me pone nervioso, casi no lo puedo resistir. Se dirigen a un banco. Se sientan y se quedan callados con la mirada perdida en el mar. Una nube de estorninos les oscurece el cielo. —Ya emprenden su viaje hacia el sur… como las golondrinas —comenta distraídamente Benito siguiendo con la vista el vuelo de las aves. Y volviéndose hacia ella— Dime, ¿recuerdas lo que te pedí? Ya ni se acordaba, o no había querido acordarse. Pero a su amigo se le había metido en la cabeza que tenía que escribir una novela, y cuando se le cruzaba una idea fija, era imposible quitársela. ¿Cómo se la habría podido ocurrir algo semejante? Pero la cosa es que se le ocurrió, y desde entonces, ya nada volvió a ser como antes. La insistencia de uno y la negativa del otro se había levantado entre los dos como una muralla. Iba a abrir la boca y decir lo de siempre, pero, ¿para qué repetir lo mismo?: “que era incapaz, que ni siquiera dominaba el idioma, que era todo menos novelista, que le gustaba vivir la vida y no contemplarla y menos aún tener que contarla”… si él le iba a decir lo de siempre: “no tienes que escribirla sino dejar que te escriba ella a ti. Te sientas, abres tu corazón, te sinceras y dejas que todo ese mundo se desarrolle y cobre vida. Solamente observa, escucha y transmite, cuanto menos intervengas mejor”, o “la escritura es liberación, un camino después del cual jamás volverás a ser la misma. Tienes que dar libertad a tus personajes, pero cuida que no roben la tuya, tu libertad de escritor no la puedes perder nunca” o “no olvides que los fantasmas encadenan, las personas vivas liberan. No crees fantasmas”, y cantidad de otros ejemplos por el estilo a cual más bello y certero. Escuchándolo uno creería que era el oficio más grato y sencillo del mundo. Pero para él era fácil decirlo y hacerlo. Era un gran novelista. Ella no era nadie, y, ¿a quién le iba a interesar sus historias? Pero no le dijo nada de esto, tan solo atinó a preguntar: —¿Sobre la novela? —Sí, y ya imagino lo que estarás pensando… pero, sabes, yo también estuve dándole vueltas al asunto, y creo que tienes razón. No puedes, ni debes escribirla. Le mira atónita, esperaba oír todo, menos esto. —¿Después de todo lo que me has insistido? ¿Tanto te afecta este viento sur? —Sí, pero no en el sentido que tú crees. Y me expresé mal, no quise decir nunca, sino simplemente por ahora… Todavía no puedes. Hay algo dentro tuyo que te lo impide… ¿o crees que no me doy cuenta que estás mirando siempre hacía el sur? —¿Solamente yo? También Santander, tu casa, tú, nosotros… —No hablo de ese sur, sino del tuyo. —¡Ah! ¡el de las focas y los pingüinitos! —Y las ovejitas… pero, ¿por qué vistes de ironía tu nostalgia? —Yo no conozco la nostalgia. Nostalgia es de algo que perdimos, y no sabemos bien qué, o lo que perdimos


con ello.Yo sé exactamente qué, cuánto, y a quienes perdí… —Lo sé, pero yo no hablo de esa nostalgia sino de otra mucho más antigua. Y digo nostalgia, pero llámalo como te apetezca; tristeza, dolor, ausencia… No digo exilio, porque tú no eres extranjera, nuestra tierra es también tu tierra, y aquí has plantado tu viña, y construido tu casa… Y esta ciudad, en especial, es para nosotros todo menos un exilio. De ser algo sería nuestro reino. Aquí yo encontré sosiego, amistad, fue campo de creación y encuentro conmigo mismo. Y sé que tú también te encontraste, encontraste el amor y echaste tus raíces… Pero si quieres que este árbol que está creciendo dé hermosos frutos y florezca, si quieres que esto no se convierta jamás en exilio para ti o para los que te aman, comienza a recordar mientras tengas la memoria viva. No huyas del ayer, y menos del tuyo. El olvido es el precio del exilio… Y el camino del retorno es largo, tan largo como lo sea tu recuerdo… —¡Yo no recuerdo nada! —¿No te acuerdas que fuiste una gacela? —Lo fui, pero eso fue hace mucho tiempo… —Y la viña, ¿ya no la recuerdas tampoco? —Fue bella y radiante como una aurora… pero ahora no es más que un sueño que naufragó en la noche y en el invierno… ¿y cómo tendría el valor de volver a soñarlo después de esos años de horror y de pesadilla?... hubo tantos muertos… tanto desierto… —¡Justamente por eso tienes que volver a soñarlo! Fue un sueño, pero fue un sueño maravilloso que habéis soñado despiertos. No se esfumó en la noche, vive en el corazón de cada uno de vosotros. El único frío que puede matarlo, es el del olvido… Además aquí se avecina el invierno, allá está por renacer la primavera, algunas golondrinas os aguardan, y otras están agitando sus alas, deseosas de cruzar el mar… —¡Ya no volverán! —No todas, pero muchas sí volverán, y Cristóbal… —¡Cristóbal no quiere saber nada de mí! —le corta con amargura—. Eso es lo que tú crees. Pero yo te digo que te está, y siempre te estuvo esperando. —Y sin darle tiempo a protestar le sigue hablando de los cervatillos, del dulce Ariel, del fiel Ulises, de la Galatea, de los araucanos, del plenilunio, del sol de medianoche, de Tierra de Fuego, del Sur… y con voz temblorosa termina diciendo: —¿Te das cuenta por qué debes de recordar? Vuela, vuelve sobre la luz, no temas cruzar el mar. Si no lo haces dejarás morir la esperanza. Pero si lo haces serás libre, y podrás por fin volar. ¡Debes hacerlo!, por ellos, por ti… ¡pero también por nosotros! —¡No puedo! —replica entre sollozos—. Fue hace mucho tiempo, todo ahora me parece lejano, irreal… No tengo valor, no soy capaz… fue una hermosa ilusión, pero murió, la mataron… ¿no lo entiendes? No puedo despertar a esos fantasmas dormidos… —¡Ni son fantasmas, ni están dormidos!... ¡Son tu olvido y tu obstinación los que los que los terminarán convirtiendo en fantasmas! Y siguieron discutiendo mientras ………

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http://www.marinadechateaubriand.com )


Y EXTRANJERO TU FUISTE EN LA TIERRA DE EGIPTO..  

A mi hijo Ariel que me hizo comprender que ese nuevo mundo no solo era necesario sino que también era posible...

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