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Octubre 1 de 2012

ESCUELA E IDENTIDAD Mariana Schmidt Quintero Octubre de 2012 Mariana Schmidt. Psicóloga egresada de la Universidad Javeriana. Ha sido editora y ha acompañado procesos de escritura de personas cuyo oficio, en su mayoría, no es escribir. También es consultora de organizaciones estatales, fundaciones y organismos multilaterales en procesos pedagógicos con adultos.

Agradezco a la doctora Olga Torrado y demás organizadores de este Congreso, el haber considerado que podría resultar de algún valor compartir con ustedes mi experiencia de los últimos años en el impulso y acompañamiento a procesos de fortalecimiento de la identidad cultural con comunidades, la mayoría educativas, de este país. A ustedes gracias por estar aquí. Para empezar quiero invitarlos a trasladarse a diversas regiones de nuestro país en donde en este mismo momento pueden estar ocurriendo situaciones de diálogo cultural y de inclusión. Veamos: -

A estas horas, en el municipio de San Miguel, Putumayo, a escasos kilómetros de la frontera con Ecuador, bien puede estar el señor Agripino narrándoles a los estudiantes del Centro Eduactivo Rural Puerto del Sol una de sus cientos de historias sobre los acontecimientos que dieron origen a la colonización de su territorio o incluso compartiendo sus reflexiones sobre el devenir de la modernidad.

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Y nada raro que a pocos kilómetros de allí, en el Valle de Guamuéz, más exactamente en la Institución Educativa Maravelez, niños, jóvenes y padres de familia estén compartiendo una misma pista de baile en la que la música de la época de los mayores se intercala con aquella que oyen y bailan las nuevas generaciones. 1


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Pero también es probable que en La Victoria, corregimiento de El Cumbal, Nariño, la profesora Genny Hidalgo esté ahora contrastando con sus estudiantes la información obtenida de internet con la que recogieron en sus casas sobre usos curativos de algunas plantas, y con la que ella misma ha conseguido de varias fuentes. Situación muy similar puede estar ocurriendo en este momento en otra institución del mismo corregimiento con la maestra Lucía Rosero, o en Tubará, Atlántico, a cargo de la profesora Esperanza Blanco, quien además ha hecho expediciones para reconocer la flora de los mangles, acompañada de sabios de su región. Y quién quita que en alguna de esas tres instituciones los chicos estén justo en este momento haciendo hermosos dibujos con tintes que han sacado de las plantas de los alrededores de su escuela.

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Y ya que estamos mirando hacia el norte de nuestro país, los invito a transportarse al departamento de Córdoba, más exactamente a Puerto Escondido donde es probable que el grupo de octogenarios “Estrellas del Silencio” esté ensayando debajo de un palo de mango algún sexteto, y alistándose para el encuentro que tendrán con los estudiantes del profesor John Carrillo de la Institución Educativa El Silencio, quienes desean aprender a interpretar la marímbula, el bongó, y los otros instrumentos que ellos usan.

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También allá en el norte, en el territorio del cacique Ua de la etnia mocaná, estoy casi segura de que justo ahora un grupo de niños de diversos grados está conversando con su profesora Elizabeth Coll sobre sus ancestros, a propósito del último recorrido que hicieron para visitar algunos de los sitios sagrados de su municipio.

Nada me haría más feliz que transportarlos en este momento a más y más escenas similares a las anteriores, pero el tiempo es corto y la idea es acercarnos comprensivamente a ellas. Miremos mejor qué ocurre en estos lugares. A continuación compartiré con ustedes mi mirada, ciertamente sesgada por estar vinculada de manera irremediable con estos seres humanos que me mostraron la riqueza de mi país y me ayudaron a sentirme aún más orgullosa de ser colombiana. Esto es lo que yo veo, pero seguramente ustedes podrán complementarlo.

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Octubre 1 de 2012 Para empezar, quizás coincidamos ustedes y yo en que estos son actos de reconocimiento y valoración de los saberes que poseen los pobladores de esos territorios, sean personas mayores, padres de familias, profesores, amas de casa, jóvenes o niños. Sí, todos los seres humanos contamos con saberes, con conocimientos que al ponerse al descubierto le hablan a otros de quiénes somos como individuos y como colectivo. Dicho de otra manera, son esos saberes los que componen en gran parte nuestra identidad. Las historias de nuestros territorios, los mitos y las leyendas, la música, la danza, la cocina, el uso que damos a las plantas, los rituales, los juegos, la crianza de los hijos, nuestros hábitos de higiene, cómo nos vestimos… Todo ello habla de quiénes somos porque nos han constituido y también nosotros los hemos construido. Hablo de saberes culturales, por supuesto, de ese conjunto de imaginarios, prácticas, creencias y discursos que son producciones humanas y reposan en nosotros. Y ¿por qué reconocerlos? ¿por qué valorarlos? ¿eso a dónde lleva? La apuesta es que mediante este tipo de actos las comunidades que participan de esta iniciativa avanzan en el camino de responder la pregunta sobre quiénes somos y con ello afianzan su identidad. ¿Por qué hacerlo? ¿Qué hay detrás de una propuesta como estas? La ilusión, ojalá no vana, de que sabiendo cada día un poco más acerca de quiénes son puedan entrar en auténtica interacción con otros, de igual a igual, y ambas partes se enriquezcan. Creo que estarán de acuerdo conmigo cuando afirmo que solamente podremos sostener relaciones equitativas si ambas partes nos sentimos seguros de quiénes somos. Siguiendo la argumentación, si una de las partes no está segura de sí misma, de quién es, corre el riesgo de ser presa de la dominación del otro llámese este gobernante, jefe, profesor, amigo, vecino, hermano, esposo. Y bueno, desafortunadamente nuestra historia política y la vida privada están marcadas por relaciones inequitativas. Pero ¿cómo llegamos a las escenas a las que les invité a transportarse al inicio? ¿Qué más caracterizan esas interacciones? En lo que sigue me propongo exponer de manera muy sucinta en qué consiste lo que se ha hecho, y explicarles en algunos casos las razones por las cuales lo hacemos de esta manera.

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Octubre 1 de 2012 Para comenzar debo dar el crédito a las instituciones que no solo han creído en esta propuesta, sino que la han hecho posible, esto es, que han propiciado las condiciones para que puedan darse: en su origen fue la Organización Internacional para las Migraciones la que permitió que estos planteamientos tomaran forma metodológica y se llevaran, entre 2009 y 2011, a trece escuelas de Nariño, diez de Putumayo, dos de Caquetá y una de Córdoba. En la actualidad, gracias a Marinas de Colombia este proyecto se desarrolla en cuatro escuelas de Tubará, Atlántico, y con la comunidad de Puerto Velero, una ensenada bellísima donde se está construyendo un puerto deportivo. En ambos casos, Zoraida Martínez ha cumplido un papel muy importante como impulsora de este sueño y como interlocutora. También a Inés Mayorga de la OIM le debe mucho esta propuesta. Ya en concreto, la invitación que hemos hecho a las comunidades es a emprender expediciones para sacar a la luz los saberes culturales que poseen todos sus pobladores, y que han sido construidos a lo largo de años de historia y de convivencia. Dichas búsquedas las emprenden equipos de exploradores conformados por personas diversas: grandes y chicos, viejos y jóvenes, mujeres y hombres, con variados oficios y trayectorias en sus vidas: estudiantes, maestros, líderes comunitarios, pescadores, artesanos, amas de casa, albañiles, oficinistas. A mayor variedad, más rica es la experiencia. La idea es ver el mundo desde la perspectiva de otros y cuantos más “otros” haya que nos muestren su mirada del mundo, más rica y compleja será la nuestra. Veamos un par de ejemplos. Dentro de las escenas iniciales les hablé de una en donde padres e hijos comparten una misma pista de baile en la que se entreveran ritmos de otros tiempos con sus respectivas formas de mover el cuerpo y de interactuar con la pareja, con aquellas nuevas corrientes que estremecen los cuerpos de nuestros jóvenes de hoy en día. Yo puedo decirles que allá en Maravelez algo se movió internamente cuando unos y otros, padres e hijos, se dieron el chance de ver el mundo con los ojos del otro, sentir la música en la piel del otro. En ambos casos la mirada se ensanchó. Ver al otro siempre amplía nuestro panorama de los hechos y de los afectos. Incluso aporta a transformar situaciones que generan en unos molestia. Va otro ejemplo, pensemos en las fiestas patronales: una cosa es lo que viven los niños y otra los adultos, como es también muy diferente la percepción que tienen los hombres de estas celebraciones de aquella que tienen las mujeres. Estarán ustedes de acuerdo conmigo en que nuestra mirada de una fiesta podría transformarse y, quién quita, hasta llevarnos a introducir 4


Octubre 1 de 2012 cambios en las celebraciones, si supiéramos la angustia que viven muchos niños al ver a los hombres borrachos y las peleas entre sus papás, o su molestia al oler los orines de los caballos. Creo que entenderán entonces el porqué de que en nuestra propuesta invitemos a las comunidades a conformar equipos expedicionarios con una variedad grande de personas del territorio. No siempre logramos tanta mixtura como quisiéramos, pero cuando ocurre, ciertamente lo que sale a la luz nos sorprende. Ahora, puesto que son muchos los universos culturales que poseemos los seres humanos, la consigna es que cada equipo elija un mundo simbólico para explorar: la cocina, la pesca, los mitos y las leyendas… En fin, todos aquellos universos de significado construidos por las gentes de este territorio y que en su conjunto se llama cultura. Y bueno, aunque la propuesta es que cada equipo se encargue de poner al descubierto los saberes a propósito de un solo mundo, en algunas comunidades han querido hacer expediciones en simultánea a dos o más mundos, como es el caso de la escuela primaria ubicada en El Corral de San Luis, Atlántico, donde asisten en total 35 niños entre los 5 y los 15 años. Allá llevan a cabo una exploración sobre el uso del agua, el manejo de las plantas medicinales, y los mitos y las leyendas. ¡Por supuesto que el proyecto está a punto de desbordar a las dos únicas maestras que laboran allí! El que ha sido feliz es Saturnino, un sabio de la región quien casi a diario comparte con los estudiantes sus saberes a propósito de estos tres mundos simbólicos. Hablemos de cómo se hacen las exploraciones. Quisiera precisar en primer lugar que las actividades para ello son diseñadas por los equipos siguiendo unas muy pocas pautas dadas por el proyecto, de tal manera que estas se adapten a las maneras de proceder de cada comunidad, a sus horarios, a sus condiciones, a las características de cada uno de sus miembros. Así entonces, el proceso se impulsa a partir de una serie de encuentros (entre cuatro y ocho) en donde los expedicionarios comparten el camino recorrido y los facilitadores aportamos algunos elementos para que vayan centrando su mirada en las riquezas que poseen y en cómo recogerlas y valorarlas. Conscientes de este potencial de los diversos lenguajes, invitamos a las comunidades a acudir a distintas formas de expresión para explorar y compartir con otros sus saberes. Y además 5


Octubre 1 de 2012 proponemos que se haga de la manera más franca y directa que se pueda, sin acudir a copias o moldes. Solo así se podrán generar verdaderos significados que les permita dialogar con otros seres humanos en lo más profundo de su ser. En este orden de ideas, María Teresa Devia, una artista plástica, maestra de artes en un colegio de Bogotá, ha hecho con las comunidades talleres de pintura que conectan a las personas con todo su ser y toda la vivencia de su territorio y sacan a borbotones sus capacidades expresivas rompiendo esos moldes estéticos tipo Walt Disney, de colores planos y ajenos a nuestro mundo. Los resultados los podrán ustedes apreciar en los libros que hemos producido y de los que les hablaré más adelante. Puesto que la fotografía es una herramienta maravillosa cada vez más cercana a todos, en nuestros encuentros también hemos incluido unos talleres de fotografía que ofrecen herramientas básicas a las comunidades para que cada vez que hagan una foto tengan conciencia de los diversos elementos que la componen. Los resultados, quiero decirles, son sorprendentes: unas son las fotos que obtienen antes de estos talleres y otras las que resultan después de que han participado en un taller de fotografía que, valga la pena decirlo, nunca ha tomado más de cuatro horas. ¡Cómo sería si fuese más largo! También hemos llevado a cabo talleres cortos de escritura. Por ejemplo en Tubará hicimos unos de haikus, estos poemas japoneses que logran exaltar la naturaleza y captar en pocas palabras la intensidad de una vivencia. Otra de las herramientas que usamos para impulsar el proceso es la elaboración de formatos muy elementales que orientan el diseño de las actividades y ayudan a las comunidades a planear lo que van a hacer, saber qué buscan con ellos, qué materiales necesitan, cómo convocarán a la comunidad, etc. No puedo dejar de lado el apoyo que nos han dado los libros de literatura infantil. Siempre encontramos uno a la medida de lo que queremos transmitir en el taller. Como conductora general del proceso poco discurso doy, todo o casi todo se lo dejo a estos libros y a su enorme capacidad para sensibilizar no solo a los niños sino a los adultos. Así, lo que hago es una lectura en voz alta y dejo que la comunidad misma haga sus análisis. Si desean una aliada para un trabajo de este orden no lo duden: la literatura infantil es muy, muy potente. Justo la semana pasada cerramos una etapa del proyecto en Tubará con el diseño, entre todos, de un juego de oráculo para resolver conflictos 6


Octubre 1 de 2012 de convivencia, y la respuesta del oráculo los sacaron los mismos participantes del taller a partir del análisis de los diversos libros que trabajamos a lo largo del proceso. Finalmente debo mencionar una herramienta que hemos usado y a la que ciertamente le falta aún mucho desarrollo. La hemos denominado la regla de los pasos y la intención es que sea tenida en cuenta en las acciones de exploración de los saberes de manera que el sello de las actividades sea un respeto profundo por el otro, creer firmemente en que todos tenemos un saber para compartir y generar las condiciones necesarias para: i) que cada quien exprese su saber sobre el mundo que se explora; ii) que los demás se pongan en el lugar del otro y comprendan por qué esa persona piensa, actúa y siente de determinada manera; iii) se favorezca un diálogo entre las personas en el cual se contrasten las distintas perspectivas que un grupo humano (la comunidad) tiene a propósito de un mismo asunto (por ejemplo respecto a la danza), se analicen cada unas de ellas, se estudien las implicaciones que tienen en la vida diaria cuando son muy opuestas y quizás se entiendan algunas de las reacciones que tenemos las personas en el día a día, etc., y finalmente, iv) se tomen decisiones sobre el actuar en la vida cotidiana, teniendo en cuenta lo vivido. ¿Que cuál es la regla de cuatro los pasos? Esa, sin más y que en resumidas cuentas es: expresar

comprender

dialogar

actuar

Veamos un ejemplo, también de la experiencia más reciente sostenida la semana pasada en Tubará. Estábamos tomando una decisión muy importante: definir el título que tendrá el libro que se publicará con los saberes puestos al descubierto. Para ello seguimos este proceso: arrancamos con un acto de sensibilización frente al libro sentándonos todos en círculos alrededor de las producciones que los diversos grupos de exploradores habían traído como aporte a la publicación; allí se invitó a cada quien a mirar los aportes de todos en conjunto y a sentirse muy, pero muy orgullosos de ello; a su vez, se solicitó que cerraran los ojos, que se imaginaran esos productos convertidos en un libro, con un título, que ellos tenían en sus manos y que entregaban a alguien muy especial. Este fue una acto por supuesto fue muy emotivo y se orientó de manera pausada. Acto seguido, estando aún en círculo y en pleno silencio, se le entregó a cada uno de los asistentes una hojita pequeña de colores con un marcador, se les pidió escribir el título, que luego cada uno leyó. Hasta aquí diríamos que fue un ejercicio de expresión (primer punto de la regla de los cuatro pasos) que favoreció las condiciones para que todos y cada uno de los asistentes pudiera proponer 7


Octubre 1 de 2012 un título, independientemente de si se trataba de una persona mayor, una profesora, una madre de familia, un directivo docente, un jovencito o un niño. Quiero destacar esto: muchas veces nos quejamos de que las personas no participan, no hablan o que siempre lo hacen las mismas, pero ¿creamos las condiciones para que lo hagan? ¿les ayudamos a hacerlo? Por eso en esta propuesta insistimos muchísimo en ese primer paso que denominamos expresión. Sigamos con el ejemplo. Una vez cada quien leyó su título, entre todos sacamos la lista de las palabras usadas y las consignamos en una cartelera a la vista de todos. Acto seguido se conformaron grupos de cinco o seis personas para que propusieran al colectivo dos títulos con la condición de que en él debían estar palabras de la lista. Se les sugirió desprenderse del título que cada uno había propuesto originalmente. Asimismo entre todos se establecieron tres características de un buen título: llamativo, corto y relacionado con el contenido. Una vez cada grupo redactó sus dos títulos los expuso y se transcribieron en una cartelera. Estábamos prácticamente listos para iniciar la votación. No obstante, antes de hacerlo propuse que analizáramos los doce títulos a la luz de los criterios definidos. Les cuento que se desató un debate monumental pues quienes habían redactado su título sentían la necesidad de explicar por qué razón habían llegado a él y las consideraciones que habían tenido para redactarlo de esa manera y no de otra. Esto permitió algo muy importante, que todos nos pusiéramos en el lugar de los otros y buscáramos comprender su posición, la perspectiva desde la cual habían escrito lo que habían escrito, es decir, estábamos en el paso dos de la regla de los cuatro pasos. Luego sí, cuando ya habíamos entendido, volvieron a aflorar argumentos respecto al título que nos llevó a establecer un verdadero diálogo, pero digámoslo así, con conocimiento de causa. La idea no era llegar a un acuerdo y que todos coincidiéramos con el grupo que formuló su propuesta, sino que contáramos con información suficiente para el momento de votar. Así, como lo acabo de describir, transitamos por el tercer paso de la regla. Una vez estábamos seguros de que todos los títulos estaban sólidamente debatidos, pasamos al último paso, a la acción, a la votación: cada persona podía elegir dos títulos de la lista de 12 propuestos y debatidos. De esa manera, en un acto de construcción colectiva llegamos al acuerdo de que el título de nuestro libro será Ztupara. Riquezas mokaná. En seis meses será una realidad. Es probable que muchos de ustedes se estén preguntando qué tanto se logra de toda esta maravilla en el día a día de las comunidades y en las exploraciones que hacen sin el acompañamiento nuestro. Incluso habrá algunos escépticos de la propuesta en general. ¿Cierto que sí? Bueno, tienen razón. 8


Octubre 1 de 2012 Las transformaciones son lentas, máxime cuando aspiramos a aportar al fortalecimiento de la identidad de las comunidades a donde hemos trabajado. Qué puedo decirles… Que puedo dar fe de que quienes hacen parte de los equipos exploradores viven unos meses intensos de encuentro con el otro, de validación de su ser, de ampliación de la mirada, de ensanchamiento de saberes y de afectos en un trabajo mancomunado entre la escuela y la comunidad. Algunos jóvenes reconocen que gracias al proyecto han descubierto que sus papás y abuelos son poseedores de conocimientos, de saberes invaluables. Los maestros sienten que cuentan con una herramienta para caminar de la mano con los padres de familia en la labor que les ha sido encomendada. Hay ancianos que dicen: ¡al fin vieron que esto es importante! No sé hasta dónde podamos hablar de grandes transformaciones con este proyecto, pero sí puedo decir con firmeza que así sea por unos meses, se deposita en los rostros de los exploradores un gesto de orgullo por quiénes son. Y bueno, ni qué decir de lo que ocurre cuando ven las producciones de sus expediciones depositadas en un libro que muestra al mundo quiénes son los pobladores de los territorios explorados, cuáles son sus saberes, sus miradas del mundo, sus maneras de vivir. Si bien la producción de los libros no es el fin, debo reconocer que son movilizadores y nos permiten poner en marcha con las comunidades una propuesta en cuyo valor creemos, pero que es difícil de vender en estos tiempos de tanto pragmatismo y escepticismo. A su vez hemos creído en la fuerza de libros como estos que permiten mostrar al mundo la existencia de tantos y tantos seres humanos invisibles. Pero hay algo más, soñamos con que pasen de mano en mano y sirvan a quienes nos acercamos a ellos para darnos cuenta de cuán diferentes y cuán parecidos somos los seres humanos.

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Escuela e identidad  

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