Agamen cuando piensa las lógicas sobre las cuales operan los estados de excepción modernos. Cuando en Guatemala los 48 Cantones reclaman y reivindican formas propias de administración territorial, cuando se piensan y enuncian como un ecosistema social y cultural con características propias, cuyas formas de gobierno no responden a la mente cuadrada del Estado-Nación, lo que se des-dibuja es el mapa, es el mapa interpelado. Es por esto, que la reivindicación de autonomía política de los 48 cantones en Guatemala o del movimiento Zapatista en México, puede leerse, sobre todo, como un acontecimiento estético. Desde esta perspectiva, es posible borrar mapas, desdibujar líneas, reconfigurar imágenes que permitan articular lugares que respondan a formas de vida particulares, a culturas materiales y espirituales especificas o a subjetividades diferentes. La hegemonía explicadora del mapa-mundi puede ser cuestionada, la imagen se transfigura, también, desde la lucha social. De este modo, al crear dibujos de mapas propios, reparticiones territoriales caprichosas u organizaciones geométricas, Léster juega al artista soberano, reivindica el lugar del arte desde la posibilidad de crear dibujos-mapa que puedan de algún modo plantear otras formas de organización y distribución del territorio. Marea Alta y Micro Geometría del poder, son claros ejemplos de esto. Son obras en donde la distribución espacial genera nuevos territorios que ya sea como metáfora
del poder, o como mera imagen que coquetea con la diatriba y la ironía, construye territorios desde su posición como artista soberano del espacio expositivo. La instalación puede pensarse, como ese pequeño juego de soberanía del artista, esa administración anarquista del territorio.
Poder, Material y símbolo Si bien, en la obra de Léster, hay una clara preocupación por problematizar la noción de territorio. La persistencia del mapa-dibujo se complementa, con una suerte de referencia simbólica al poder y del lugar de enunciación. Esto lo desarrolla, trabajando a partir de materiales perecederos o de un valor reducido, tal es el caso de la sal, de los palillos o del papel camuflado. Pareciera ser que Léster esta buscando cierta consecuencia entre sus búsquedas conceptuales y la cuestión ético-política de los materiales. No se puede dejar de lado que Léster es un artista que se enuncia desde un contexto específico: Tegucigalpa, y en esta medida hay toda una historia que le es propia y que atraviesa su producción. Centroamérica, es una región que ha estado marcada por un constante estira y encoge de la organización y toma territorial desde la Colonia hasta el periodo republicano, por una violencia pulsiva y estructural creciente y una de las polarizaciones sociales mas profundas de Latinoamérica.
matérica que sirve para construir, en contraposición, obras que podrían ser apreciadas -o tachadas- como trabajos pulcros de composición geométrica o monocromos, que pueden sin mayor dificultad, inscribirse en ciertos cánones del arte contemporáneo. Tal es el caso de la instalación “Degradación”, compuesta por palillos de dientes sobre MDF, que constituye una composición monocromática pulcra, generando cierta visualidad cautivante, paradójicamente a partir de la pequeñez del palillo de madera y la laboriosidad casi artesanal de la construcción de la pieza. Esta es, talvez, parte de la fuerza en la obra de Lester, la paradoja entre la consecuencia de los materiales, la factura final y el discurso comprometido con un contexto. Si algo hay que resaltar en su trabajo, es la persistencia por el uso de materiales in-significantes, la laboriosidad artesanal, en contraposición con cierta nitidez en la factura final como desplazamiento irónico. Esto, adquiere un mérito aun mayor, gracias a esta necedad de abordar temas que han sido y continuarán siendo tan relevantes como problemáticos para la discusión en el campo del arte y en los debates contemporáneos de la región y del mundo.
De este modo, el trabajo de Léster se sitúa dentro de cierta marginalidad
37