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Relatos | Hermano de corazón

Hermano de coraz n

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Por: Erzengel (Palabras al Viento) http://www.erzengel-palabrasalviento.com

A

ún no puedo entenderlo... ―Josías miraba el horizonte desde la costa del mar Naramus, en el lejano país de Sarimento. ―Debo irme. No puedo decirte más, tu vida ya corre peligro tan sólo por ser mi amigo ―replicó tristemente Caleb. Josías dirigió su mirada hacia el muchacho de ojos pardos y cabellos castaños. Eran amigos desde la infancia. Habían hecho juntos la escuela primaria y también la secundaria. Ahora, a poco de comenzar la universidad, Caleb anunciaba que debía marcharse lejos y era poco probable que algún día regresara. Josías había propuesto acompañarlo, más su amigo se negó rotundamente. ―Es demasiado peligroso... Sabes que del otro lado del mar, la Nación de Kilam ha planteado la guerra ―advirtió Josías. Sus ojos grises mostraban desesperanza y preocupación mientras hablaba―. Desde aquí han enviado miles de soldados para ayudar a los rebeldes a detener el avance. Si llegan a estas tierras, lo dominarán todo, como ya hicieron con la olvidada Isla Azur. Caleb suspiró. Él, mejor que nadie, sabía bien lo que estaba ocurriendo. ―Amigo, por favor, deja de preocuparte ―suplicó―. Estaré bien. Nada le pasará a este lugar, ya verás... Josías no era capaz de creer en las promesas de su hermano del corazón. Temía demasiado por su vida. ―Siempre has estado a mi lado para ayudarme y darme tu apoyo incondicional ―Caleb desvío la mirada mientras su amigo le hablaba y reprimió un gemido―, pero nunca he tenido oportunidad de hacer algo por ti. Si Josías supiera la verdad, si tan sólo pudiera imaginar o suponer la décima parte de lo que estaba sucediendo, vería que sus palabras no tenían mucho de verdad. ―¿Recuerdas lo que sucedió cuando la Isla Azur cayó bajo el dominio del Rey de Kilam? ―cuestionó Caleb casi en murmullos. Ellos eran apenas infantes de poco más de dos años por aquel entonces, pero los adultos recordaban bien lo sucedido y se lo habían hecho saber a sus hijos. ―Sí. El Rey derribó la soberanía antigua de Azur y declaró esas tierras como suyas. Muchas familias alcanzaron a huir y encontrar refugio en otros países. Tus padres y tú llegaron por aquel entonces ―Josías

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no entendía a qué venía esa pregunta. ―Se dice que el Rey de Kalim nunca pudo dar muerte al descendiente real de Azur y que aún lo busca. He oído a los adultos especular sobre la posibilidad de que esta nueva guerra sea por ese motivo. ―Nunca pude comprender por qué atacaron esa isla en primera instancia. ―Los residentes de Azur eran personas especiales. Manejaban la magia con naturalidad, eran hechiceros puros desde su nacimiento. El ataque no ocurrió al azar, eligieron hacerlo en noche de luna nueva, cuando los hechiceros de Azur perdían sus poderes y eran simples humanos… Josías se sorprendió ante todo lo que su amigo le decía. No por los hechos en sí, sino por todo lo que demostraba saber. ―Caleb, ¿quién te ha dicho todo eso? ―Mi padre, él me lo explicó de niño. Y hace dos días, cuando cumplí los 18, logré el control definitivo de mis poderes. Josías dio un paso atrás asustado. Para él la magia era algo lejano y mítico, pero no podía evitar confiar en Caleb. Respiró profundo y se acercó a su amigo nuevamente. Ahora, en el murmullo más ínfimo preguntó: ―¿Eso es todo? ¿Hay algo más que debas decirme? Caleb sabía que había actuado mal al contar todo aquello, pero no soportaba la idea de abandonar a su amigo así, sin más. ―Yo... soy... ―hizo silencio dándose ánimos y prosiguió― Yo soy el heredero al trono y mi padre en realidad es mi tutor, quién me ha estado protegiendo del Mal que me busca. Todos los demás refugiados de Azur se concentraron en el extremo norte de este país; a mí, en cambio, me trajeron aquí para alejarme de todo y poder fingir que éramos simples pescadores. Josías asintió en silencio y abrazó a su amigo con fuerza. Podía recordar cuando falleció su abuelo y el dolor que eso significó para él, sin duda haber perdido ambos padres debía ser aún más doloroso para Caleb. ―Por todo esto debo irme. Planean irrumpir y dominar el país para ganar poderío y para atraparme y eliminarme ―Caleb contenía el dolor y la tristeza. No quería ver a su amigo en peligro. Ya tenía trazado un plan y pensaba llevarlo adelante a como diera lugar.

Huellas de Tinta: Enero 2013  

Edición de enero de 2013 de la revista online de literatura juvenil Huellas de Tinta. www.revihuellasdetinta.com.ar

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