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Reseñas

Julia Walton

Mensajes en las paredes Por Winter Mary

Autor: Julia Walton Editorial: #numeral Páginas 248 Publicación Octubre 2017

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Muchas veces cuando se abordan enfermedades mentales como temática principal en la literatura juvenil, el discurso parece hacer hincapié una y otra vez en los mismos asuntos, tales como el prejuicio o la constante búsqueda de inclusión, como si la aceptación del otro tuviera más peso que la contrariedad en sí que debe sobrellevar la persona.

A lo largo de la historia, y relatado como una especie de diario que escribe Adam para su terapeuta, nos encontramos cara a cara con un relato sin pelos en la lengua. Cuenta con la espontaneidad característica de la adolescencia y la angustia inevitable que padecen las personas que en algún momento se han hallado presas de su propia mente.

En Mensajes en las paredes del baño, Julia Walton parece tener la intención de ir más allá de lo tangible e indagar en una mente que sufre y lucha contra sí misma. Para Adam, un adolescente de dieciséis años, no es fácil llevar una vida normal con el incesante desfile de voces y peculiares personajes que se entremezclan con la realidad. Hace poco tiempo atrás le diagnosticaron esquizofrenia y es por ello que, por decisión de su madre y el marido de ella, se encuentra bajo tratamiento con un nuevo medicamento. Ésta resultó ser una buena noticia en forma parcial ya que, no es una enfermedad que tenga cura, pero al menos albergaban las esperanzas de reducir en gran medida sus síntomas. A pesar de sentirse un conejillo de Indias, las alucinaciones no desaparecen, aunque ésta vez es capaz de diferenciar las malas pasadas que le juega su mente de lo que realmente sucede en su entorno.

La obra de Walton, a pesar de no detenerse demasiado en el entorno de Adam, encuentra el espacio necesario para lanzar su crítica social con respecto a las enfermedades mentales. Su relato es tan rico en descripciones y analogías que en repetidos momentos me encontré a un protagonista de lento caminar y movimientos tan bruscos y toscos que evitaba exteriorizar lo que sentía en su interior para no espantar a su familia o compañeros del colegio. Es por esto que no pude evitar ver una pequeña afinidad de Adam con la criatura de Shelley cada vez que Walton hacía alusión a su altura. Ésta conexión me reclamaba a gritos la injusticia que vivía Adam cada vez que su esquizofrenia quedaba expuesta. Por ello la constante necesidad que ocultar su realidad y emprender la enorme empresa que significaba para él fingir normalidad. La enfermedad, con mucho pesar, no es algo que de lo que podamos escapar y simplemente fingir que no existe. Pero muchas veces nos encontramos haciendo nuestro mejor intento con el fin de no alejar al resto de las personas. Crear espejismos de nuestra realidad no siempre es la solución, pero la sociedad nos ha enseñado que cuando poseemos alguna característica que nos diferencia del resto pasamos a tener un dedo que nos señala constantemente.

Con el objetivo de empezar una nueva etapa, alejado de un puñado de personas cercanas a él y que, tras descubrir su enfermedad, lo abandonaron a su suerte, se inscribe en un nuevo colegio. Allí nadie conocerá su condición, por lo que hará un par de buenos amigos, enfrentará rivales y, como todo adolescente con los sentimientos a flor de piel, encontrará el amor... para luego advertir que el medicamento quizás no funciona como debería.

Mi conocimiento sobre la esquizofrenia

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Huellas de Tinta Febrero 2018  

Revista online de literatura juvenil

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