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Relato

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Segundos Por; Isa í as Rap á n

Abrió los ojos, y volvió a escuchar en sus oídos el rechinar de las ruedas del auto, el sonido del impacto, su cuerpo atravesando el parabrisas, cayendo hacia la nada, y luego, la oscuridad. Estaba tieso, no sabía si mover su cuerpo. Sentía el calor de la sangre, el ardor de los golpes en distintas partes de su cuerpo. Su ropa, su enorme abrigo, le pesaban. La nieve, blanca, helada y dura, lo envolvía y sentía los diminutos copos de nieve reposados alrededor de sus labios y sobre sus parpados. El peso del frío, cada vez más fuerte, lo puso a temblar, y sintió un pequeño alivio al saber que su cuerpo todavía respondía. Su mirada borrosa, solo lo dejaba distinguir la blancura de la nieve y la oscuridad de la noche. Las ramas de los arboles se veían como manchas de humedad a lo lejos, que flotaban sobre él. Despegó la parte de su cabeza que permanecía pegada la nieve, y se dio vuelta, apoyando sobre sus codos el peso de su cuerpo. El escenario le dio vueltas, y parpadeó repetidas veces para poder recomponer su vista. Volteando hacia un costado, observó, a varios metros de distancia, lo que parecía un bulto negro estancado sobre la nieve. Se dio cuenta enseguida que era una persona, y vio su cabello colorado, distinguiéndose brilloso entre la negrura. Allí se dio cuenta que era ella. Herida, inconsciente, en la misma posición con la que él se había despertado. Pero ella no despertaba. Con apuro, intentó levantarse, pero las punzadas de dolor se esparcieron por sus piernas, su cintura y subían por su columna. Se dejo caer un segundo, e inmediatamente, comenzó a arrastrarse hacia ella. A medida que se acercaba, recordaba lo último que había sucedido. Estaban peleando. Él se volteó para gritarle, y en un segundo, se 46

desbarrancaron. Ambos salieron impactados hacia delante. Cada paso mas cerca, cada pedido al cielo de que se moviera, que respirara… Pedía una señal de que estaba viva. La ayudaría, se la llevaría de allí, y aunque luego de esto, ninguna sabia que iba a pasar, él haría todo por ella. La observaba tan tiesa, y sentía su corazón latir fuertemente, deseoso de poder llegar, deseando poder tocarla y sentir el mínimo deje de calor. Solo un poco. ¿Por qué no se movía? Apuró sus brazos, hasta que finalmente se encontró a unos centímetros de ella. Al intentar acomodarse a su lado, le pareció ver un leve movimiento de uno de sus brazos. Incitado a saber si no había sido su imaginación, con esfuerzo, alargó su brazo para tocarla. Sus dedos ya la alcanzaban. Solo un segundo mas… Ella abrió los ojos. Confundida, y adolorida sentía unas luces brillar a unos centímetros de ella, un llanto parecido al de una sirena parecía escucharse lejano. Una mujer a unos centímetros de ellos, se movía frenéticamente, y creía escucharla decir algo. Esta bi..en… Vamos al hospital. Dio vuelta su cabeza, y a unos centímetros de distancia, recostado en una camilla, él la miraba. El accidente vino de repente a su mente. Quiso llorar, al verlo ensangrentado, y adolorido. Le pediría disculpas por haber discutido, se ayudarían a recuperarse mutuamente, y todo… ¿Por qué sonreía? Una media sonrisa se dibujaba en su rostro, y sus ojos… le decían algo… Sus ojos. Ella comenzó a llorar. Él cerró sus ojos.

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Huellas de Tinta Agosto 2015  

Revista online de literatura juvenil

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