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FRONTERAS ENCRUCIJADAS
“Una vez establecida de modo completo, la burocracia es, entre las estructuras sociales, la más difícil de destruir”. Max Weber
escrito, sin más excepción que el que iniciare una gestión, debe indicarse numeración y año del expediente a que corresponde y en su caso, contendrá la indicación precisa de la presentación que se ejerza. Se empleará el sellado de ley cuando corresponda o papel tipo oficio u otra similar, repuesto con estampillas fiscales. Podrá emplearse el medio telegráfico para contestar traslados o vistas e interponer recursos.” En la actualidad, que la presentación
formal de una solicitud sea rechazada por no estar redactada a máquina o con tinta azul, suena irrisorio y hasta poco creíble. Lo mismo puede decirse sobre el uso de un “medio telegráfico para interponer recursos.” En plena Sociedad de la Información, donde la digitalización le gana terreno a lo analógico, es de carácter urgente la actualización de las normas burocráticas a fin que el Estado pueda brindar, a través de los empleados públicos, un
mejor servicio a la comunidad. Como afirma el politólogo Alejandro Cortés, “el problema no son las organizaciones burocráticas per se, sino la manera equivocada en que estas han sido manejadas y organizadas.” Como empleada pública, me esfuerzo a diario para resolver los problemas del ciudadano con criterio, responsabilidad, velocidad, precisión y ante todo con respeto de las normas impuestas por la burocracia administrativa. Mi mayor deseo es que algún día nuestro trabajo deje de ser desprestigiado y descalificado. Que frases como “tu sueldo sale de mis impuestos” dejen de ser dichas por aquellos ciudadanos que no valoran nuestro trabajo ni respetan la función pública, así como también se rompa con la idea general de que todos los trabajadores estatales somos unos parásitos como el personaje de Gasalla. Lamentablemente, los empleados públicos somos demonizados por la simple razón de ser la cara e imagen de la administración y quienes hacemos cumplir las regulaciones de la burocracia. Pero para que la concepción de la sociedad se transforme, no sólo se debe actualizar el sistema burocrático, sino que se debe refundar el concepto de que lo público es mejor que lo privado. Para eso, el cambio debe ocurrir sobre los cimientos culturales de la sociedad argentina.