66 LETRAS DEL ECUADOR / LIBROS
El crimen del tarot de Alejandro Moreano Francisco Proaño Arandi
E
n la contratapa de la primera edición de El crimen del Tarot, la nueva novela de Alejandro Moreano, se dice lo siguiente: «Con esta, su segunda novela, Alejandro Moreano se coloca en lo mejor del neobarroco latinoamericano y ensaya, a la vez, su refutación o contrapartida»1.
un mundo concreto, un clima humano específico, la búsqueda (nuevamente) de una posibilidad de transformación, pero en el ínterin lo que conllevan la esperanza y también la utopía: la transgresión como expediente ante el estado de cosas existentes, la contracultura, el deseo.
abierta al sobrevenir inflexible de los acontecimientos, es decir, de la realidad.
De esta dualidad primordial nacen otras, lo que vuelve al texto, si bien complejo, rico de connotaciones y acometedor de las más diversas temáticas. De esa duplicidad surgen inevitableEl crimen del Tarot es una novela compleja, ba- mente ciertas reminiscencias borgianas, como Y, sin embargo, más allá de lo dicho, estamos rroca, por su estilo, su estructura y las distintas la aparición de Lonrrot (el detective del cuento frente a una obra que explora dimensiones mu- temáticas que plantea. Un texto que transcurre o La muerte y la brújula5) que inicia, mientras se cho más amplias que las que configuran la ver- discurre dialécticamente en planos casi siempre escribe la novela, la indagación de su misterio tiente de la narrativa aludida en la cita, quizá contradictorios y complementarios, lo que exige primordial, la clave secreta que solo una vez diporque Moreano, si bien ha estudiado en pro- una estructura dialógica y una interposición de lucidada hará posible que el texto real encuentre finalmente un desenlace. fundidad sus características2, es al mismo tiempo un pensador que proPero hay, confrontadas, otras duyecta lúcidamente sus preocupacioplicidades. La contradicción, por nes en un contexto más amplio — ejemplo, entre lo apolíneo y lo diosociológico, histórico, filosófico—, nisiaco. Johan, uno de los personajes aunque, vale la pena subrayarlo, la centrales, es quien escribe la novela, literatura ha atravesado siempre el esto es, la novela de la novela. Johan espectro general de su obra ensaquiere que su texto esté guiado por yística que recuerda lo que pensaba la racionalidad, diríamos que prode este género Roland Barthes: una pia de la modernidad: perfección suerte de metalenguaje que borra las formal, simetría, equilibrio, sentido fronteras entre ensayo y ficción y de de la realidad. Zahía, en cambio, la lo cual afirmaba: «Dejad que el ensaesposa —actriz, soñadora, revolucioyo confiese ser casi una novela». naria—, que registra sus anotaciones Su primer texto novelístico, El devascríticas al margen de lo que Johan tado jardín del paraíso3, constituyó ha escrito y mientras este duerme, a una experiencia de novela total en la la noche, nocturnal y vidente (ella), que el autor emprendió una exégesis aboga por lo contrario: el principio del país a partir de lo que fue una del placer, lo dionisiaco, lo vital, la experiencia insurreccional frustrada «cora semiótica» (concepto de Julia por las limitaciones históricas de una Kristeva caro a Moreano6), el elan determinada época. Afloraban ya en creativo, la irrupción del impulso ese texto algunos de sus primordiales primordial. temas: la posibilidad de una transDe la concepción vital y estética formación histórica, revolucionaria, de Zahía nace su fascinación por el y, a la par, el universo de la transpersonaje protagónico de la novela: gresión, que en su imaginario simYonosé. Protagónico y a la vez elusibólico y mítico permite inquirir en vo, símbolo de una eterna búsqueda, los meandros, tanto oscuros, cuanto secreto sin dilucidar y a la par repreluminosos de la condición humana. sentación contundente del complejo Alejandro Moreano. Retrato de Patricio Ponce. A finales del 2002, Moreano publie impredecible existir humano. Yocó un memorable ensayo, El apocanosé transcurre en persistente metalipsis perpetuo4, en el cual, a partir morfosis y en ese tránsito ninguno de una reflexión sobre las secuelas y modifica- signos que la ilustran implícitamente: lo espe- de los personajes protagónicos o coadyuvantes ciones políticas internacionales generadas lue- cular, la doblez, la incesante metamorfosis. La saldrá impune, llámense Regis, Mateo, Eveligo del ataque a las Torres Gemelas de 2001, novela, así, dialoga sobre sí misma, pero a la vez na, Zahír o Johan. Es a través de Yonosé que dio cuenta de su visión en torno al mundo se abre multifacética a las sucesivas facetas de su cobran forma los temas fundamentales de la sobreviniente a partir de ese hecho crucial, un realidad, del tempo novelístico propio de ella. novela: lo político revolucionario, el teatro o la hecho que para algunos fijó el verdadero inicio En un nivel, el texto o intratexto es la novela de representación teatral como expediente o condel siglo XXI. Quizá sea una casualidad, pero la novela, y, más que nada, la detenida reflexión trapartida críticos a la realidad enajenante, el su segunda novela aparece (apareció) justo a sobre lo que es o debe ser su escritura. Ello su- amor, el erotismo. Yonosé está en el centro del las puertas de otro episodio que marcará sin cede porque un personaje se empeña en escribir relato y al mismo tiempo transcurre en perpeduda una profunda transformación histórica, lo que está sucediendo en el transcurrir dijéra- tuo cambio, como el «aleph» borgiano: «el luno sé si para bien o para mal: la pandemia del mos «real» de la trama novelística. En otro ni- gar donde están, sin confundirse, todos los luCovid-19 que estamos viviendo a escala glo- vel, paralelo, si bien confluente, el atinente a la gares del orbe, vistos desde todos los ángulos»7. bal. En todo caso, El crimen del Tarot expresa historia que se cuenta, la novela discurre libre, Ella es también omphalos, el ombligo sagrado