Skip to main content

CasaPalabras 5

Page 54

tributo

Alfonso Barrera Valverde

está en su País secreto

N

52

uevamente la muerte sorprende a uno de nuestros más valiosos hombres de letras y diplomático, Alfonso Barrera Valverde. Con Alfonso tuve la oportunidad de estrechar aún más los lazos de amistad en el 2011, cuando me correspondió editar su libro de poesía País secreto. Fueron tardes inolvidables de conversar y recordar, compartiendo con Raúl Pérez Torres y Jorge Enríquez Páez su palabra docta acompañada siempre con una copa de vino español. Fue precisamente Jorge, para entonces rector de la Universidad Alfredo Pérez Guerrero, quien auspició la publicación del poemario. Afirmó que en Tiempo secreto «permanece incólume su vocación por la libertad, su pasión por la palabra, su legado de amor y ternura, y esa inquebrantable esperanza de mejores días para la patria». Alfonso Barrera Valverde (Ambato 1929), abogado, escritor y poeta, fue también un diplomático de renombre tanto como canciller de la República en aciagos días que vivió el Ecuador, como embajador y delegado en misiones internacionales. En poesía ha publicado: Floración del silencio, Latitud unánime, Poemas, Testimonio, Del solar y del tránsito, La occidentalización de la poesía japonesa, País secreto. En novela: Dos muertes en una vida, Heredarás un mar que no conoces y lenguas que no sabes y Sancho en América, y la novela juvenil El país de Manuelito. En ensayo: El Derecho Internacional Púbico en América, Manual de extranjería y Hombres de paz en lucha. Sobre su obra dijo el poeta recién fallecido Eduardo Villacís Meythaler: «De sus innumerables viajes trajo la nostalgia, de su especialización en Harvard, la inteligencia filtrada hasta la penumbra de la confidencia de su permanente retorno hasta el niño provinciano de donde vino, ese espigar amoroso de las palabras en atados de versos que dan luz, alimento y perfume en las estancias donde regresa el recuerdo como padre de casa retrasado». Aunque para muchos es el novelista de Dos muertes en una vida y Heredarás el mar que no conoces y lenguas que no sabes, siempre preferiré al gran poeta de Floración de silencio. Latitud unánime, Del solar y del tránsito, Testimonio y Tiempo secreto, donde el gorrión urbano y las migraciones, la carreta caída y el alegato por la paz mantienen en alto, por igual, la voz del hombre, sus sueños, una inquebrantable solidaridad con el amor y con el dolor del mundo.

Patricio Herrera Crespo

MUERTE DEL LEÑADOR Y volveré a decir «esta es la Patria» cuando Juan Leñador muera de espalda, unido sin perdón a su madera. Recogerán su vista mientras todo transcurra en pleno día y más cadáveres, aguas arriba, inunden nuestros árboles. Así caerán él, su voz, un modo de convocar al viento, una costumbre de saludar a los demás en vano. Su conciencia, sus pies, siempre desnudos, se detendrán a recibir la lluvia. Se enterrará, sin apellido, un nombre. Los hijos lucharán contra el olvido; será tarde, sin duda, para amarlo. Él, con sus modos, irá haciendo sitio para sus fuerzas y sus manos útiles, mientras el vendaval, como cruel árbol, agite su follaje, lo disperse y retome el sonido en el exacto sitio donde el mal clima es un recuerdo. Todo seguirá igual. Bajo los bosques seguirán las planicies, las edades, transitadas por calcio y golpe eterno. Pero Juan Leñador no dirá nada. Ni cuando lancen tiera a sus pupilas. Ni cuando su mujer siga viviendo. Ni cuando el perro deje que sucedan las cosas en las noches y se tienda. Juan Leñador, qué bosque su mirada, qué viento tras un río su silencio, qué de metal la luz sobre su valle, cuántos hombres antes. Un día en él también será la Patria. Quizá sobre sus labios ya no queden ni piel intacta, ni gusano vivo sino el sabor de tierra irrenunciable que llevamos, sin duda, desde ahora.


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
CasaPalabras 5 by Fiorum design - Issuu