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La liebre con ojos de ámbar Edmund de Waal

Así comienza el libro: Una fundación japonesa me concedió una beca por dos años. La idea era dar a siete jóvenes ingleses con intereses profesionales diversos – ingeniería, periodismo, industria, cerámica- conocimientos básicos de idioma japonés en una universidad de nuestro país, durante un año, seguido de otro en Tokio. Nuestra fluidez contribuiría a forjar una nueva era en los contactos con Japón. Éramos la primera tanda del programa y había expectativas muy altas…

Hernani, Udal Liburutegia, 2014 otsaila Biblioteca Municipal, febrero 2014


Edmund de Waal1 (Nottingham, 1964) Es ceramista y sus obras se han expuesto en diferentes museos y colecciones, entre ellos el Victoria & Albert Museum y la Tate Britain. Es profesor de cerámica en la Universidad de Westminster y vive en Londres. También es conocido como escritor. Su libro Hare with the Amber Eyes –en el cual relata la historia de su familia- ha sido galardonado con varios premios literarios y traducido a varios idiomas.

La liebre con ojos de ámbar Argumento Más de doscientas figuritas de madera y marfil, ninguna de ellas mayor que una caja de cerillas, son el origen de este fascinante libro en el que Edmund de Waal describe el viaje que han hecho a lo largo de los años. Un viaje lleno de aventuras, de guerra, de amor y de pérdida, que resume, en la historia de una familia, la historia de Europa en los siglos XIX y XX. Un texto evocativo y de gran belleza que comienza con una pequeña liebre de ojos de ámbar que se mezcla en un bolsillo con las monedas, y termina, como todo auténtico viaje, con el descubrimiento de uno mismo.

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Informazio gehiago, más información [2014-01-10]: http://www.edmunddewaal.com/


Netsuke2 Los netsuke (japonés) son esculturas en miniatura que fueron inventadas en el siglo XVII en Japón para prestar una función práctica (los dos caracteres japoneses ne+tsuke significan "raíz" y "fijar"). Las vestimentas tradicionales japonesas denominadas kosode y kimono—no tenían bolsillos; sin embargo, los hombres precisaban disponer de algún medio para guardar sus elementos personales tales como pipas, tabaco, dinero, sellos o medicinas. La solución que encontraron fue almacenar dichos objetos en pequeños contenedores o bolsas (denominados sagemono) que se colgaban de sogas de las fajas de sus vestimentas (obi). Los contenedores eran bolsas pequeñas o cestas tejidas, pero los más populares eran una cajitas muy bellas denominadas (inro), que se mantenían cerradas mediante el ojime, que eran cuentas o cuerdas deslizables. Más allá de la forma y tipo de contenedor, el seguro que retenía el cordel en la parte superior del recipiente era un elemento tallado pequeño denominado netsuke. El netsuke, al igual que el inro y el ojime, evolucionaron a lo largo del tiempo de un uso estrictamente utilitario a pasar a ser objetos con un gran mérito artístico y que presentaban el trabajo de avezados artesanos. Tales objetos poseen una larga historia que recoge aspectos importantes del folclore y la vida en Japón. La producción de netsuke fue muy popular durante el período Edo en Japón, hacia 1615-1868. El arte ha perdurado hasta la actualidad, y algunas obras modernas se cotizan a precios elevados en Gran Bretaña, Europa, Estados Unidos y Japón. Existen buenas reproducciones baratas que se pueden adquirir en los museos y negocios de recuerdos.

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[2014-01-13]: http://es.wikipedia.org/wiki/Netsuke


Críticas En Qué Leer3 Antonio Lozano Cualquier objeto contiene una historia, como mínimo la de su paso de una mano a otra y el balance final de cuánto se recuerda o se olvida sobre él. Aquí se trata de netsuke, miniaturas decorativas que representan las más eclécticas figuras humanas (monjes, toneleros, guerreros…) y animales (tigres, ciervos, ratas…). Son tan pequeñas y delicadas como duras y resistentes, pues “están hechas para andar por el mundo a los golpes”. Al rastrear la odisea histórica y geográfica, al tiempo que el relato íntimo y privado, de la colección de 264 netsuke que le ha legado su tío abuelo, De Waal busca trenzar un cuento que reproduzca sus propiedades físicas y contenga con exactitud el alma de sus sucesivos dueños. No incurrirá, pues, en la nostalgia ni en la melancolía, no será tenue ni fácil. “Quiero entrar en todas las habitaciones donde este objeto haya vivido. (…) Y quiero saber en manos de quién estuvo, y qué pensaron de él, si es que pensaron algo. Quiero saber qué ha presenciado”. La liebre… podría arrancar con un apellido noble que se enriquece con el grano en Odessa a principios del XIX o con un mecenas del arte paseando por París en la década de 1870. O podría hacerlo en el siglo XVIII en Edo, antiguo Tokio, o con los Barcos Negros del comodoro americano Matthew Perry abriendo Japón al comercio exterior en 1859. La liebre… podría acabar en un gran melodrama de desposesión, dolor y exilio, o en la proyección de un sinfín de nuevas preguntas, tales como si es factible escribir una historia cultural del polvo que contenga todas las historias humanas, o qué significa pertenecer a un lugar. Entre tantos inicios y cierres posibles, esta obra maestra parte de algo minúsculo como un níspero para captar el espíritu de dos siglos y siete ciudades, medir con la precisión de un sismógrafo los estragos del odio en el frágil tejido humano y su asombrosa capacidad de regeneración, aplicar una mirada proustiana a las costumbres y los códigos sociales, evaluar con el detalle y mimo de un catalogador de Sotheby’s un mar de obras de arte, cachivaches, prendas de vestir, edificios, calles, sujetos… “Mire el azul de los jacintos” – recomendaba Rilke a una antepasada del autor- antes que leer literatura”. Por mostrar la persistencia de la memoria y la literatura al rozar la solidez y la belleza de un netsuke, libros así merecen invertir el orden de prioridades.

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Osorik, artículo completo [2014-01-10]: http://www.que-leer.com/18589/critica-la-liebre-con-ojos-deambar.html


En El placer de la lectura4 (...) París, Viena, Tokio, Odessa y Londres son geográficamente las localizaciones de esta obra en la que De Waal parece retratar a su familia, los Ephrussi, judíos de origen ruso, cuyo patriarca decidió que se extendieran por toda Europa a finales del siglo XIX. Charles viaja a París en donde el arte japonés comienza a importarse causando un fuerte impacto en los coleccionistas. Él, decide traerse una vitrina llena de netsuke, más de doscientos sesenta. La vida de Charles aparece reflejada en detalle flotando sobre las vicisitudes finiseculares de un París floreciente (...) La palabra nostalgia no aparece hasta después de doscientas páginas, cuidadosamente ocultada para no perturbar el buen orden que el autor ha querido dar a su relato. Su vacío se siente, se percibe en cada detalle que De Waal, un Ephussi actual y heredero de los netsuke, nos cuenta sobre ellos y sobre su familia. La liebre con ojos de ámbar no es una novela, ni un ensayo, ni un documento o alegato. Es un objeto de arte que releer y revisitar continuamente, es una colección de imágenes que explican el mundo, es un terso viaje en el tiempo que intenta desentrañar el cambio de la edad moderna a la contemporánea con el oficio, la paciencia y la tenacidad que solo un artesano como él puede hacer. Es un nostálgico manifiesto que impacta por su suavidad. Una obra que su lector nunca podrá olvidar y que vendrá a su memoria siempre que se hable de París, Viena o el arte japonés.

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http://www.elplacerdelalectura.com/2012/06/la-liebre-con-ojos-de-ambar-edmund-de-waal.html


La liebre con los ojos de ambar. Edmund de Waal