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La Mujer y El Espacio Público Susana Montano García

“la ciudad ideal es aquella donde la pasajera actualidad no ignora ni borra el pasado”. Baudelaire

Los barrios… las ciudades, emergen a la luz de los acontecimientos históricos, es decir, en el devenir del tiempo y hasta lo vivido en estos momentos, por lo que en su diseño deberían responder a las necesidades cambiantes de la sociedad, en la que los roles de quienes la conforman se han visto también transformados, aunque prevalece para ciertos sectores, la cultura androcéntrica invisibilizando a la mujer, reprimiéndola y ubicándola en sus roles tradicionales del mundo privado y subordinada al hombre, “cultura que permanece en la conciencia individual y social de muchas [mujeres] hasta nuestros días. Existiendo por tanto un sesgo sexista y androcéntrico en este sentido”. (Reinoso). Este ensayo pretende presentar una vista general sobre lo que ha sido el desempeño de la mujer en los espacios públicos aportando en nuestros días variantes sociales con respecto a la calidad espacial y funcional que condiciona la vida de hombres y mujeres; por lo tanto señalar la necesidad de diseñar ciudades acordes a éstos cambios, que promuevan propuestas que favorezcan la edificación de espacios de convivencia y relaciones sociales atendiendo, entre otras a las necesidades de género actuales y promoviendo acciones sustentables que contribuyan a la conservación de nuestro planeta. El rol femenino se apropia desde la infancia más por emulación de patrones que por un comportamiento preestablecido genéticamente, dichos patrones se construyen y reproducen. Páramo (2007) señala al describir el rol social femenino en el espacio, que “el comportamiento de la mujer es moldeado a través de contingencias que involucran la auto-observación para identificarse como mujeres y así crear su autoconcepto”. Las responsabilidades más frecuentemente, aún en


ésta época, asignados a las mujeres tienen que ver con actividades que se realizan alrededor de la casa y el cuidado de los niños, más que en actividades fuera del hogar, aunque ello depende de diversos factores que tienen que ver con su nivel socioeconómico, su preparación académica, su entorno sociocultural, etc. los cuales pueden ser distintos aún en regiones o lugares geográficamente cercanos entre sí. Éste rol que juega la mujer en la época actual es consecuencia de un proceso de vida que tiene sus inicios en la antigüedad, desde donde la mujer ha ejercido presión para hacerse escuchar y que ahora cobra sus frutos, aunque fraguándose en un lento devenir del tiempo… “Como la arena sobre la que se formará pacientemente la perla. Como el río que fluye con nostalgia, arrastrando recuerdos y agua siempre fresca y nueva. Como las raíces de un gran árbol que ellas nunca vieran, pero que apunta ya hacia el futuro...” (Arana, 2007). Desde los reportes de las investigaciones realizadas que confirman la poca participación de la mujer en espacios públicos, considerados éstos como “instrumentos que determinan la vida, las actitudes y los actos de las personas que los utilizan” (Lasaosa), se encuentra a la mujer que se le ha marginado hasta de los estudios históricos en todas sus vertientes (político, cultural, laboral, familiar, sexual, etc.). “Lo cierto es que la investigación histórica ha subordinado la experiencia histórica de la humanidad a la experiencia histórica del varón” (Tena), de manera que los grupos colectivos que estuviesen alejados de los centros de poder (las mujeres principalmente o niños), fueron ignorados y no considerados para formar parte de los estudios de los historiadores que fijaron su atención a los aspectos públicos y las transformaciones o aportaciones en el ámbito de lo político y económico, en los que sólo los hombres podían destacar. Intentando rescatar a las mujeres desde la historia con la intención de “entablar un diálogo con ellas y escucharlas… establecer una relación, una cadena histórica, solidaria, construir el futuro desde y con las que nos precedieron…”, María José Arana (2007) profesora de teología, nos revela cómo la mujer desde el anonimato ha surgido a pesar de la insistencia del hombre por relegarla. Santo Tomás estaba


absolutamente convencido de la inferioridad femenina, de su «estado de sumisión», e incluso de que «la imagen de Dios se encuentra en el hombre de forma que no se verifica en la mujer». Muchos de los productos obtenidos desde la participación de la mujer en espacios públicos quedaron en el anonimato debido a que ha sido difícil para la mujer exponerse al juicio masculino, que de antemano consideraban serían rechazados. Como ejemplo podemos nombrar a Nannerl Mozart (siglos XVIII-XIX). “Ella también destacó como niña prodigio, y quizá no debía de tener menos cualidades artísticas que su célebre hermano. A él lo educaron y lo prepararon para que triunfara... Al final sólo Wolfgang Amadeus logró dar a conocer sus dotes y hoy únicamente conocemos el genio masculino....” (Arana 2007). Con pocas excepciones, la mujer permanece en la penumbra, aceptante de su rol impuesto por los intereses de quienes las subyugan, relegadas a los quehaceres domésticos y al cuidado de los hijos y sumisas a los propósitos de los esposos o padres, y no es hasta la primera mitad del Siglo XVII, que se “les autoriza” a las mujeres poder acceder a la educación elemental, o sea, se les permite socialmente a aprender a leer y a escribir, sin embargo hasta ese momento se ponía en duda, por una parte, si era correcto o no aceptar la posibilidad de que ellas pudieran acceder a los estudios de la época y por otra su capacidad “biológica” para poder entender las ciencias, es decir que se ve en este caso a la mujer como un ser inferior incapaz de poder razonar y pensar con juicios propios. (Reinoso). Como observamos, la diferencia de género no es un rasgo biológico, sino una construcción mental y sociocultural que se ha elaborado históricamente. “La mujer, como sujeto que decide, ha quedado fuera de la historia escrita por los hombres” (Lasaosa). Así, la humanidad ha venido construyendo su hábitat adaptándolo al gusto y modo que satisfaga al género masculino quien domina las decisiones y concede el espacio privado o habitacional para la mujer y entonces le impone a que ésta se


encargue de éste espacio limitado y dependiente de los recursos y del ordenamiento que el entorno le provea. Entonces, los barrios, las ciudades han ido creciendo y configurándose a modo de conveniencia y funcionalidad para los varones. En opinión de Lasaosa, la ciudad la han diseñado los hombres reflejando una organización basada en sus intereses, es por ello que carece de muchos aspectos funcionales que tienen que ver con relaciones afectivas, familiares, de convivencia e integración de los intereses familiares con los cívicos y políticos; de ahí en parte resulta una dicotomía entre la vida al interior del hogar, encomendada a la mujer y la vida fuera del hogar dónde se deciden las condiciones que definirán el entorno de ese hogar, es decir, lo político, lo económico, lo cultural. “El espacio público tiene además una dimensión social, cultural y política. Es un lugar de relación y de identificación, de manifestaciones políticas, de contacto entre la gente, de vida urbana y de expresión comunitaria. En este sentido, la calidad del espacio público se podrá evaluar sobre todo por la intensidad y la calidad de las relaciones sociales que facilita, por su capacidad de acoger y mezclar distintos grupos y comportamientos, y por su capacidad de estimular la identificación simbólica, la expresión y la integración cultural.” (Segovia & Dascal 2000). De acuerdo con lo anterior, Lasaosa señala que debido a la falta de participación del hombre en las responsabilidades afectivas y en los trabajos cotidianos, “causan la ruptura de las complejas y delicadas redes de relaciones establecidas, ya que la ciudad que se construye en escasas ocasiones sirve de soporte para ellas”. No es casualidad entonces que la participación cívica y política de muchas sociedades sea muy pobre si la cultura marca una división contundente entre los espacios públicos y privados, y por tanto quedan señalados o insinuados los espacios públicos para la participación exclusiva de los hombres. A finales del siglo XX, la mujer, aunque sigue teniendo poco protagonismo en el espacio público, ya no es totalmente desconocida. Su protagonismo se vio incrementado, en la medida que se dio lugar a actividades en el espacio público que socialmente les fueron permitidas, como por ejemplo, las que tienen que ver con las ferias, las actividades artísticas, recreativas y deportivas, el comercio,


además de su presencia en los recorridos al trabajo por haberse incorporado a la fuerza laboral. (Páramo). En las últimas décadas, la mujer ha conseguido oportunidades de participación que le han permitido pertenecer y por lo tanto realizarse en un ámbito que para otras épocas o ciertas culturas actuales, resultaría impenetrable. Para Hannah Arendt, “El espacio público es el escenario en el que los individuos se diferencian entre sí aspirando a la „excelencia‟, pero es, además productor de realidad, a partir del entrelazamiento de perspectivas de todos aquellos que caben en él, ocupando distintas posiciones” (Guerra 1999). Y así, con la incursión de la mujer en los espacios públicos obtiene la oportunidad no sólo de “ver y oír” a los demás, sino “verse y oírse a sí misma” y con la originalidad que le caracteriza, construir una realidad desde su identidad atendiendo a la complementariedad a partir de las diferencias, “En el diálogo e integración de lo femenino y masculino se alcanza la totalidad de lo humano… Dar el paso de la dicotomía a la integración, de la lucha a la inclusión de lo diferente, le exige a la mujer hacer el camino de descubrimiento y afirmación de la propia identidad femenina. A la vez supone un proceso de descubrimiento y valoración de la mujer por parte de la sociedad.” (Jijena 2008). Es lamentable darnos cuenta que para muchas mujeres ha sido necesario reproducir los patrones del varón para “pertenecer” a los espacios abiertos, imitando sus esquemas y en ocasiones persiguiendo y reforzando aún objetivos propios de los intereses del género masculino. Sin darse cuenta, generalmente, asume esta conducta de reproducción de los intereses del hombre, que la hacen inconscientemente pasarse al lado de la colectividad que oprime o domina. Por ello es importante que la mujer vaya ocupando espacios públicos en donde sus aportaciones genuinas generen el reconocimiento de los otros para así, desde su propia experiencia, atender a las necesidades de los colectivos marginados, como lo son aquellas personas en condiciones diferentes (clase socioeconómica baja, y dentro de éste sector social las mujeres que por lo general son las más reprimidas; personas con capacidades diferentes, etc.); así como promover su participación y


desarrollo. Como lo señala Ángela Pérez Jijena aci, “en la medida que la mujer desarrolle un liderazgo propiamente femenino, los modos de participación en las esferas públicas se verán enriquecidos por una sensibilidad distinta”. Si a ello adicionamos la participación conjunta del hombre y la mujer, en su reconocimiento de iguales en las diferencias propias que les otorga su individualidad, estaremos en condiciones de crear una sociedad equitativa que canaliza sus esfuerzos por lograr una convivencia con calidad de vida. “En cuanto a la percepción de la realidad también hay diferencias entre varón y mujer. Cuando

tomamos

la

realidad

juntos,

desde

perspectivas

diversas

y

complementarias, aprehendemos el mundo de un modo más acabado” (Pérez). La realidad es que la mujer ha logrado mayor participación en los espacios públicos y ha agregado responsabilidades adicionales a las que ya tenía. Gana participación en el espacio público, pero sin dejar de lado las responsabilidades típicas de su espacio privado aún cuando su entorno físico (barrio, ciudad, etc.) en no está diseñado ni preparado para facilitar su nueva y cambiante dinámica. Sin el ánimo de limitar o de asignar soluciones preconcebidas, es conveniente contribuir con algunas ideas en forma de propuesta para modificar los procesos de condicionamiento y acondicionamiento de los espacios públicos, de tal manera que las estructuras socioculturales se vayan transformando sobre una base de nuevas infraestructuras o estructuras del espacio físico renovadas. Es decir, se espera que modificando las condiciones del espacio público físicamente, se favorezca el cambio en las interacciones del espacio público sociocultural. Prácticas de planeación urbana atendiendo con más cercanía a los usuarios. Reconocer los intereses de la vida cotidiana de los diferentes grupos de usuario. Considerar el aspecto del género en todos los sectores y estamentos, afectando positivamente a las infraestructuras, a los sistemas de servicio y transporte y, consecuentemente, a la vida cotidiana de las mujeres.


Garantizar la igualdad de oportunidades de acceso a los servicios urbanos, creando equipamientos básicos en el ámbito de barrio. La cercanía de viviendas, lugares de trabajo, comercio y servicios, hacen la vida más afable y segura.

además de cumplir las funciones técnicas o sociales para las que han sido destinados, hay personas que por diversas razones tienen que permanecer allí mucho tiempo, como acompañantes de los enfermos en hospitales por ejemplo. Rara vez se prevén espacios cómodos y cálidos y para ellos. s públicos, basada en el diseño de recorridos cualificados, apoyados en una red reconocible y segura que articule el esqueleto funcional de la ciudad, soldando todos los espacios aislados de los equipamientos y permitiendo su integración y su coordinación. la planeación como un medio para mejorar las condiciones de habitabilidad de las ciudades, en contraste con la búsqueda de un sólo objetivo: la utilización del espacio como moneda de cambio, que genera un beneficio económico y crea plusvalías.

del suelo, la localización de la actividad, la segmentación del territorio... olvidando que en esos espacios viven personas que se interrelacionan a otra escala. la importancia de las innovaciones sociales cotidianas de todos los grupos sociales, por encima de los objetivos técnicos y económicos dominantes en este momento. Por otra parte, se requiere que las propuestas señalen el cambio en la lógica de los procesos de toma de decisiones, por una lógica de sustentabilidad en contraste con la lógica actual limitada a los criterios económicos y de poder. Ante esto, se pueden citar algunas ideas concretas como las de Lazaosa: 1. Utilizar los recursos que ofrece el clima, diseñando los elementos constructivos para aprovechar sus ventajas.


2. Reducir al mínimo la utilización de materiales que no sean reciclables, de proceso de elaboración contaminante o que sean escasos en el planeta, así como evitar en la construcción substancias contaminantes. 3. Respeto de la construcción hacia el enclave donde se ubica, no sólo formalmente, sino teniendo en cuenta los materiales que se utilizan. 4. Planteamiento global de la construcción, teniendo en cuenta su ciclo completo: materiales y energía utilizados desde su extracción, manufactura, transporte, construcción, uso, mantenimiento, demolición y reciclaje de los residuos. Con la finalidad de crear condiciones que favorezcan éstos cambios, sería recomendable que se acompañen con medidas legales y fiscales como pueden ser ordenamientos ecológico-territoriales, leyes, reglamentos y manejo de estímulos fiscales e impuestos que orienten o condicionen las prácticas urbanas (constructivas, de transporte, de servicios, etc.).

Finalmente, podríamos concluir que así como a gran escala, el mundo actual no se encuentra saludable ni con mucho, de igual manera las ciudades, los barrios, suburbios y cualesquier formas urbanas de asentamientos humanos carecen de un equilibrio en su desarrollo debido en buena medida a la participación tan desequilibrada de ambos géneros de la especie humana en sus espacios de interacción, pues se han impuesto patrones de dominio y participación que definen y limitan la interacción de estos géneros a ámbitos que tienden a considerarse como totalmente opuestos y reservados de forma que el espacio público reservado para el hombre subordina al espacio privado reservado para la mujer, lo que ha provocado desequilibrios y deformidades en el desarrollo de estos ámbitos. Las consecuencias no se han hecho esperar y en el pecado de subyugar a la mujer el hombre ha creado espacios a su modo que le permitan mantener el poder y ahí lleva la penitencia al obtener espacios públicos incompletos, insuficientes, incapaces de sustentarse.


Pero la mujer, luego de ir permitiéndolo, lo ha sufrido y ha tenido que luchar mucho para recuperar su ámbito de participación, su espacio de contribución y realización. Aún falta mucho por reconquistar demostrando sus capacidades, sus talentos que aún se perciben ausentes en muchas capas de la esfera de interacción social. Se espera que mediante un cambio en la “anatomía” de los espacios urbanos, se logre un cambio significativo en la “fisiología” o dinámica de las ciudades. Es decir, habrá que buscar acceso a las decisiones de diseño y planificación urbana para transformar, mediante los cambios de infraestructura o de espacio público físico, el espacio público en términos amplios, de la dinámica social.


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