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La Avispa 34

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La Avispa Nº34 - Mar del Plata - Argentina

No sé si es sugestión, inmerso en las palabras que escucho, o efectivamente el níspero dispone de un efecto magnificador de la imaginación. Mientras rompo la pulpa de la fruta en la boca, me parece que un viejo vecino de infancia me habla por boca de Pedro, hasta puedo percibir el calor de aquella tarde de verano. Estoy inquieto. –⎯Pero las apariciones no huelen, Pedro. –⎯¿Ah no?, preguntále a los devotos de la Virgen que perciben olor a rosas cuando está por acontecer su aparición. Hay muchos registros en los libros y creemos que porque están escritos son sólo ficción, el olor a azufre de la bestia, es un ejemplo; pero sin ir más lejos, acá en América, no hay que olvidar las deidades en las plantas de poder que sirven a las pipas de los chamanes. Esto viene a explicar casos literarios como el de Aladino, en el que la imagen del genio, aunque no lo reconozcan, es producto del efecto alucinógeno del humo, es decir, el único genio o fantasma real en la lámpara, es el olor. –⎯Me perturba un poco pensar que cada vez que huelo introduzco fantasmas en mi cuerpo. –⎯Sin embargo jamás podríamos relacionarnos con persona alguna que no disponga de su fantasma. Pensemos en la infancia de Jean Baptiste Grenouille1 cuando era bebé, ¿te acordás cuál era la característica que lo hacía desagradable? –⎯Sí, que el bebé no tenía olor. El viejo acerca dos pocillos craquelados y vaporosos (sé que me va a recriminar lo de viejo cuando lo vea publicado).

–⎯Exacto, Tito, esa es la clave. Nadie puede amar a una persona que no tenga olor. Precisamente porque detectamos la falta de esa parcialidad que la comunica con los planos sutiles de la realidad, le falta el fantasma, lo que la convierte en algo inhumano. Los olores son fantasmas, sólo que por orden de la cultura los hemos aceptado sin temores. Estás tomando el café porque primero lo inhalaste. –⎯¡Entonces nuestros fantasmas se relacionan antes que nosotros mismos, incluso, sin que nos demos cuenta! –⎯No tengas dudas de que es así –risas–; ya sé que estás pensando, y te aseguro que nuestro fantasma siempre la pasa mejor que nosotros. Si oler es embarazarse, odorar es penetrar. –⎯Entonces el mundo no está tan mal –⎯Ha visto. –⎯El café está excelente; a propósito, ¿qué pasa con los fantasmas de las plantas? –⎯En estos momentos precisamente, estoy trabajando sobre una Teoría de las flores irreales, y te aseguro, que da origen a un catálogo sorprendente. Fijáte la desazón que provoca descubrir una hermosa flor que, al acercarnos, no entrega fragancia. Lo más extraño es que estas plantas son necesarias, pero me parece que el tema es demasiado largo para esta entrevista. Continúa en el próximo número... 1

Protagonista de la novela El Perfume de Patrick Süskind.

titosanroca@gmail.com

Revista La Avispa Nº 34

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La Avispa 34 by Gustavo Olaiz - Issuu