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NOTAS DE DIRECCIÓN
from mímesis teaser
by lauradepaiva
La idea de la historia se me ocurrió la primera vez que visité el Pabellón de Barcelona. Era un día festivo cerca del fin del año y todos los museos y exposiciones estaban cerrados, una amiga que también estudia arquitectura me estaba visitando en la ciudad y decidimos ir porque era un edificio muy popular en la universidad. En ese momento yo tenía cerca de 6 meses en la ciudad pero sabía muy poco de ella porque siempre estaba ocupada con el trabajo y eso era algo que me molestaba mucho. Al llegar a Montjuic se pudo ver el Pabellón al completo desde el exterior. Ese día el lugar estaba funcionando porque es tan pequeño que realmente sólo necesita un empleado para mantenerlo abierto. Este empleado era el guardia de seguridad, que también trabaja como taquillero. Un señor mayor, poco simpático y que se pasa todo el día sentado en una réplica de la silla MR10 siempre de espaldas a la ciudad. En nuestra percepción, la única persona trabajando en toda Barcelona.
Vimos la construcción por completo en menos de 5 minutos hasta que encontramos un código QR que servía como audioguía dirigiendo puntos y ángulos específicos del proyecto para que sean observados más de cerca. Con el tiempo, el audio comienza a explicar que diferentes tipos de vidrio forman la construcción y que cada uno de ellos tenía una capacidad reflectante y una opacidad diferente. En ese momen- to, dejamos de prestar atención a lo que se decía y notamos que así como estábamos viendo todo el pabellón desde afuera, podíamos ver todo el exterior desde adentro del pabellón, a través del reflejo, como si las personas viviendo allí en el parque realmente hicieran que el lugar existiera. Nos quedamos un buen rato viendo pasar la ciudad por la construcción y pensé en ese hombre, cuyo trabajo era mirar todo el día, y todas las historias que podría haber visto solo por reflexión. Imaginaba ver pasar la vida todos los días a través de ese cristal como crónicas de la ciudad desde la distancia, siendo un tercero, mirando sin estar inserto, como yo en el tiempo que había pasado en Barcelona.
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Al mirar las fotos de ese día con más atención a desarrollar algo para el Taller, que casualmente tenía como tema la región de Montjuic, algo que me llamó la atención fue la forma en que todos estos reflejos se insertaban en el formato rectangular de una pantalla, como el de un teléfono o una computadora. Esta percepción llevó más allá la idea de los reflejos, siendo vista como una realidad desprendida pero relacionada con la nuestra, como sería toda la noción de la realidad en línea que vivimos hoy. Así, la historia pasa de emerger de un sentimiento a algo que engloba un contexto mayor de modernidad líquida en el que estamos insertos, donde las relaciones sociales, económicas y de producción son frágiles, fugaces y maleables, como líquidos o reflejos en un lago. Con la falta de solidez de la contemporaneidad, es comprensible que nos aferremos a una vida creada en línea, esa realidad de un tercero donde uno es mimesis de la vida pero no obstante diferente de ella.
“(…) Su dependencia no se limita al acto de compra. Recuérdese, por ejemplo, el formidable poder que ejercen los medios de comunicación de masas sobre el imaginario popular colectivo e individual. Imágenes poderosas, pero más reales que la “realidad”, en pantallas ubicuas establecen los estándares de la realidad y su evaluación, y también la necesidad de hacer más apetecible la realidad “vivida”. La vida deseada tiende a ser la vida “vista en la televisión”. La vida en la pequeña pantalla disminuye y quita el encanto a la vida vivida: es la vida vivida la que parece irreal, y seguirá pareciendo irreal hasta que se reconfigure en forma de imágenes que puedan aparecer en la pantalla.”
– Zygmunt Bauman en Modernidad líquida.