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SOLANGE ABRAHAM

Una mujer sin dobles discursos. Genuina, segura de sí misma y osada, se dispone a conquistar definitivamente el medio desde la conducción. Belleza autóctona la de esta tucumana, que se profesa vegetariana, amante de los caballos y una excelente cocinera matriculada. POR MARIANO CASAS DI NARDO/FOTOGRAFÍA: ANA FANELLI

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anta fue la exposición de algunos ganadores de “Gran Hermano”, que aunque se fuesen a trabajar a la luna, el dedo acusador de saltear casilleros en su llegada a la farándula, los torturaría por igual. Pero hubo un momento, en el que la serialidad del programa desdibujó a sus integrantes. Por lo que todos esos registros prescribieron y hoy están limpios de archivos. Salvo en Youtube donde nada se pierde y todo se guarda. La tucumana Solange Abraham nada tiene que ver con esa camada de gente sin talento ni belleza que merodea el Show Business. De novia hace dos años con el productor Marcelo Da Corte y actualmente conduciendo “En estéreo” por la pantalla de Canal 9, se prepara para indagar en el mundo de los deportes extremos, con un programa por la misma señal. En esta nota, conoceremos un poco más a esa chica que hizo tartamudear a la platea masculina con sus atrevidas fotos en “Playboy” y en “Hombre”. Visto todo por fuera, ahora es el turno de su lado interior.

“La verdad es que no tenía como referente a ninguno de los ganadores de ‘Gran Hermano’. Primero porque cuando comenzó todo era muy chiquita y segundo porque no se miraba en mi casa. Yo fui de caradura. Me presenté al casting cuando tenía diecinueve años y quedé seleccionada de una, pero se suspendió no sé por qué y a los tres años me volvieron a convocar porque había quedado en los registros del casting anterior. En esa segunda convocatoria ya no me interesaba pero como no estaba trabajando de nada fijo, acepté. A los diez días ya estaba en la casa”, recuerda. ¿Tu familia aceptó o se opuso? Como en todos los casos, al principio se opusieron pero yo les había asegurado que a la semana ya estaría de vuelta. Al final me terminé quedando los cuatro meses. ¿Te quedó alguna secuela? No, ninguna (contesta de forma contundente). Sé que a muchos les quedó eso de escuchar un timbre y reaccionar o de bañarse con ropa, pero yo no lo sufrí porque a diferencia de los anteriores, teníamos todas las comodidades, hasta un spa. ¿Tenías una estrategia concreta? No, nada de nada. Mi estrategia fue

llegar a la casa feliz, con la mía, sin planes ni preconceptos. Sabiendo que un programa de tal magnitud podía abrirme muchas puertas y que estaba en mí, utilizarlo para bien o para mal. Cuando el programa terminó, que yo llegué a la final, me quedé en Buenos Aires y ya pasaron tres años y podría decir que estoy re instalada. Ahora ya estoy de novia y el año que viene me caso. ¿O sea que fue una experiencia positiva? Sí, totalmente. Hoy por hoy, lo tomo como que estuvo bueno entrar a los medios a través de “Gran Hermano”, porque la gente me conoció tal cual soy y después pudo ver quién podía llegar a ser. A la inversa de lo que sucede habitualmente, que primero compran algo del personaje y después les puede gustar o no la personalidad del famoso. Nacida en San Miguel de Tucumán el 30 de diciembre de 1988, Solange Gómez Abraham proviene de una familia típica de la provincia de Tucumán. Sus padres Rubén Gómez y Norma Abraham, junto a su hermana Noelia, fueron los principales testigos de sus ciento veintiséis días en cautiverio televisivo. Pasado el Reality, la tucumana más picante del norte argentino, ancló profesión en la conducción, primero

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