2 minute read

Sin extremos y sin excéntricos

En la campaña que terminó, algunos de los principales protagonistas apelaron de lleno a la excentricidad. El exalcalde de Quito, Jorge Yunda, apostó al humor— breve y banal— y supuso que los quiteños olvidarían sus indelicadezas. La alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, insistió en su imagen de rebelde que desafía los cánones de estética, de discurso y de estilo de vida propios de la élite guayaquileña. Ambos cayeron derrotados.

También hubo radicales en juego. La figura de Leonidas Iza planeaba sobre el movimiento indígena y estaba claro ante los ojos de los electores cuáles eran los candidatos afines a su visión intransigente del país y la política. En Quito y Pichincha, hubo candidatos con ideas poco comunes en el espectro de la derecha; las papeletas para consejeros del Cpccs incluían activistas de reconocido extremismo.

Ninguna de estas candidaturas prosperó y, además, el debilitamiento del ala violenta del movimiento indígena resulta notorio.

El elector ecuatoriano, una vez más, se muestra fiel a su tradición de rehuir a los extremos.

Con el paso del tiempo, la fuerza ganadora de la jornada —el correísmo— ha terminado convertida en el actor ‘tradicional’ de nuestra política. Su mensaje lleno de alusiones al pasado — “antes estábamos mejor”— y a la ‘experiencia’, paradójicamente empatan bien con una ciudadanía que valora y extraña, ante todo, esa ‘normalidad’ previa a la pandemia, al auge de violencia, el estancamiento económico y la incursión del ‘fanático político’.

El discurso correísta en las calles fue más moderado que nunca. Los absolutos y las ‘etiquetas’ que otrora se criticó a los que se proclamaban socialistas, fueron el eje de una campaña extrema que olvidó pararse en el ‘centro’.

¿Armas para Ucrania?

Ahora, a Lasso le queda hacer lo que nunca hizo: gobernar y tomar decisiones. Claro que han de ser muchos los que contemplan inclusive su renuncia, pero creo que se necesita de soluciones más constructivas y positivas para el país. Por esto —más allá de que debe renovar todo su gabinete y sustituir a muchos de sus asesores en las áreas estratégicas— debe recurrir a la muerte cruzada. Si el mandatario cree firmemente en su capacidad de resolver los problemas del Ecuador

“en 100 minutos” y está convencido que los problemas del país radican en esta Asamblea, debe empezar a ser consecuente y disolver al Legislativo. De esta manera, Lasso podrá demostrarnos sus dotes de estadista y gobernar por decreto sin tener que recurrir a la ínfima excusa de que no le dejan hacer las cosas.

El Presidente ya no tiene más alternativas y tampoco le queda mucho tiempo. El país este domingo pidió a gritos que se vuelva a las urnas para escoger a un nuevo mandatario y esta petición debe ser escuchada; caso contrario, otras derrotas y más dolorosas le esperan al actual Ejecutivo. Lo que seguramente el Presidente no puede permitirse es seguir sin hacer nada y esperar que pueda acabar su mandato por inercia, obstinado en ignorar los problemas de violencia y el fracaso institucional y social que está viviendo el país. No hacía falta una consulta para legitimar dos años más de mal Gobierno; solo hacía falta tomar decisiones y solucionar

Unidos podría haber solicitado a países de América Latina y el Caribe que donen armas, especialmente tanques de guerra a Ucrania, para que enfrente y combata a Rusia, pero los más grandes y fuertes, simplemente no aceptarían ese pedido-orden y presión imperial, porque significaría intervenir en una guerra ajena que ya ocasiona serios problemas económicos, entre ellos, la disminución de las metas de crecimiento previstas para el año 2023.

This article is from: