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LOS RIOS 4-13
A4 JUEVES 01 DE NOVIEMBRE DE 2012 La Hora LOS RIOS
El cerebro y el amor El amor activa vías en el cerebro que están involucradas con la monogamia y lazos afectivos. DR. JUAN C. MOREIRA HOLGUÍN. SERVICIO DE NEUROCIRUGÍA. INNN-MVS. MÉXICO. DR_MOREIRAHOLGUIN@HOTMAIL.COM
Desde hace más de 20 años se planteó el estudio del amor como un proceso bioquímico que se inicia en la corteza cerebral, pasa a las neuronas y de allí al sistema endócrino, dando lugar a respuestas fisiológicas intensas. Varias hormonas intervienen en esta visión integral de la aparición de los sentimientos, como la oxitocina, la serotonina o la vasopresina, aunque el verdadero enamoramiento parece ser que sobreviene cuando se produce en el cerebro la feniletilamina, compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas, el cual a su vez produce que el cerebro secrete dopamina, neurotransmisor, responsable de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer. También ayuda a que se secrete la norepinefrina y la oxitocina, la cual es un mensajero químico del deseo sexual. El deseo y el amor, tienen patrones diferentes en el cerebro, pero coinciden significativamente en las estructuras corticales y límbicas, como la ínsula y el núcleo estriado. La parte anterior de la ínsula solo se activa con sentimientos de amor, mientras que la posterior de la ínsula izquierda, se enciende con el deseo sexual. El deseo sexual no solo pone en marcha áreas cerebrales implicadas en la percepción de estímulos sensoriales y emocionales
DETALLE. La parte anterior de la ínsula solo se activa con sentimientos de amor.
de la propia persona sino también las estructuras relacionadas con la interpretación social de las emociones y deseos de los otros. Al comparar el amor con el deseo sexual, la actividad en el núcleo estriado ventral, hipotálamo, amígdala, corteza somatosensorial y lóbulo parietal inferior se redujo. Estas reducciones están en la consonancia con el deseo sexual como un estado de ánimo con un objetivo muy específico, mientras que en el amor podría ser considerado como un comportamiento con un objetivo más abstracto, flexible y complejo, menos dependiente de la presencia fí-
sica de otra persona. Además, el amor está asociado con unas zonas cerebrales, como el área tegmentaria ventral, la parte derecha del núcleo estriado y con dos regiones dopaminérgicas, que están relacionadas con la motivación, expectación y la formación de hábitos. Que el amor se localice en una determinada área del núcleo estriado, asociada con las adicciones a las drogas, podría explicar que el amor es realmente un hábito que está formado por un deseo sexual que se retroalimenta a través de una
recompensa. Por lo tanto, funciona de la misma manera en el cerebro como lo hace las drogas en las personas adictas. El amor romántico puede basarse en el deseo sexual; el deseo se ve recompensado por el orgasmo sexual u otras recompensas. A pesar de que la gente habla de ‘amor a primera vista’, por lo general desean para consumar ese amor, mantener relaciones sexuales con la persona amada. Por supuesto, la relación de adicción ocurre cuando el objeto de nuestro amor se va bruscame nt e. Entramos en un estado de abstinencia en el
que nos sentimos deprimidos y anhelamos al otro (y a menudo se hace cualquier cosa para conseguir a esa persona). Pero no tiene por qué ser un mal hábito, necesariamente. El amor activa diferentes vías en el cerebro que están involucradas con la monogamia y con la creación de lazos afectivos. Con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de estas sustancias y toda la locura de la pasión se desvanece gradualmente, la fase de atracción no dura para siempre y comienza entonces una segunda fase que podemos denominar de pertenencia, dando paso a un amor más sosegado. Se trata de un sentimiento de seguridad, comodidad y paz. En este caso son las endorfinas -compuestos químicos naturales de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos- son los que confieren la sensación común de seguridad comenzando una nueva etapa, la del apego. Por ello se sufre tanto al perder al ser querido, dejamos de recibir la dosis diaria de narcóticos. Un estudio alemán ha analizado las consecuencias del beso matutino, ése que se dan los cónyuges al despedirse cuando se van a trabajar. Los hombres que besan a sus esposas por la mañana pierden menos días de trabajo por enfermedad, tienen menos accidentes de tráfico, ganan de un 20% a un 30% más y viven unos ¡cinco años más! Para Arthur Sazbo, uno de los científicos autores del estudio, la explicación es sencilla: “Los que salen de casa dando un beso empiezan el día con una actitud más positiva”.