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La casa de Baiona

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mínimo, y que lo puso en alerta. Una vez confirmada la noticia, llegó a tomar posesión de su plaza en Rodeiro, que así se llamaba la localidad en cuestión, cercana a Lalín. Se encontró con una escuela en mal estado, con los cristales rotos, mucho frío… y aún encima, en un lugar con pésimas comunicaciones. Total, que le cedió provisionalmente el puesto a un compañero. Más tarde, una inspección lo cesaría definitivamente en el escalafón de maestro. Mientras tanto, se le presentó la oportunidad de ocupar una plaza vacante en la oficina de Recaudación de la Contribución del Val Miñor, situada frente a su casa. Desempeñaría ese cargo para el resto de su vida. En aquel 1936, la familia crecía con la llegada de una preciosa niña, nacida felizmente en la propia casa como era costumbre en aquellos tiempos. Se barajaron para ella los nombres de Fabiana, en recuerdo de la abuela de Baiona, o de Domitila, la otra abuela ya fallecida. Cuando regresó Álvaro del registro y le preguntaron por el nombre, contestó escueto y con claridad: “María de los Ángeles Sara Elisa”. “¡De la que me salvé!”, aún dice hoy en día la prima. El matrimonio ya tenía la parejita. Ahora era momento de criarlos. Un año antes habían contraído matrimonio en Baiona su hermano Aurelio e Isabel, después de un largo noviazgo, y al parecer, tras un ultimátum de la novia. Aurelio prefería esperar a tiempos mejores. Siempre mantuvieron los dos hermanos una relación cercana y afectuosa. Contaba el tío Álvaro que de niños, en Sabarís, él tenía bicicleta, y su hermano Aurelio se moría de ganas de andar en ella, pero no le llegaba a los pedales. Una mañana que lo intentaba, le dijo: “Aurelito, aínda tes que comer moito pan de millo pra medrar.” Esa misma tarde se tomó tal enchenta de pan de maíz que anduvo mal un par de días. ”Los tíos de Baiona venían de visita a casa todos los domingos”, comentan los primos.


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La casa de Baiona by Luis Alberto Rey Lama - Issuu