En esos años empezaron a llegar las primeras motos “Vespa” a las carreteras españolas. Desde el balcón de casa tenía localizadas a la media docena que circulaba por Baiona. En tiempos en los que no se obligaba a utilizar casco, se reconocía al conductor con facilidad. Veía pasar al tío Aurelio, conduciendo con discreción; a mi amigo “Rodri”, veraneante de Vigo, con agilidad; al popular “Charlot”, siempre sonriente y ademán pícaro; al Padre Fernando, el joven y moderno cura del pueblo, habilidoso, inquieto, y objeto de escándalo a veces entre las más beatas; a un hijo del alcalde Pereira, muy estirado en su moto y mentón elevado, que siempre me llamó la atención por los cambios de marcha y aceleraciones que hacía sin mover un solo músculo… Daba la sensación de que la “Vespa” los hacía de forma automática… Pero la atracción máxima la ponía Maribel, la hija mayor de Paco, el de “El Moscón”. Acababan de inaugurar el “Hotel Rompeolas”, y la joven -poco más de dieciocho años-, andaba de allá para acá haciendo recados con todas las prisas. Al regresar al bar, dejaba la “Vespa” apoyada en la cera, y casi se bajaba en marcha. Cuando arrancaba de nuevo para otra encomienda, salía medio derrapando y dando la curva completa a toda máquina. La “Vespa” del tío Aurelio.
Una mujer en una moto en los años cincuenta, y sobre todo en Baiona, no se veía todos los días. Si además se trataba de una moza de buen ver... Y si aún encima conducía con aquella temeridad y arrojo, es normal que llamase la atención de la gente, por lo menos la mía -con trece, catorce años-, que observaba con asombro sus maniobras desde el balcón.