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En los años cincuenta llegaba a Baiona la Caja de Ahorros de Vigo, y elegía la Rúa de Elduayen para abrir su primera oficina en el municipio. Fue la primera entidad bancaria que se instalaba en la villa, y todavía recuerdo el sonido de las campanadas de su reloj, situado en el alto de la casa que ocupaba. Se oían por todo el pueblo, y a nosotros, en la Praia de A Barbeira, nos indicaban la hora de retirada, cuando daban las dos y media. Años más tarde se mudaron a la nueva calle de Carabela Pinta, y al interesarme por el reloj, me respondieron sus empleados que lo conservaban en el actual edificio, pero que los vecinos pidieron que se silenciara porque no les dejaba dormir. El Concello de Baiona le dedicó una pequeña calle, Rúa Caja de Ahorros de Vigo, que une Elduayen con el casco vello, y que comienza justo en la esquina que ocupaba la primera oficina bancaria que existió en la villa. Durante la primera mitad del siglo XX, Baiona se había visto incapaz de superar la sucesión de contratiempos y calamidades que le fueron cayendo. Primero fue la pérdida de su puerto comercial en beneficio de Vigo; le siguió Monte Real al cesar su condición de fortaleza estratégica militar, con todo lo que conllevaba; después llegó la nefasta Guerra Civil española que destrozó el equilibrio y la ya endeble economía del pueblo; y luego, y aún peor, la espantosa y cruel postguerra que vivió. Razones que la fueron sumiendo década tras década en una situación precaria que parecía no poder remediarse nunca. Pero a mitad de siglo, la villa comienza a recuperarse: con lentitud, con el esfuerzo de sus gentes, hasta alcanzar un status muy mejorado. La prueba de ello no es otra que la continua llegada a Baiona de los bancos importantes del país. Tras la Caja, vinieron el Banesto y el Banco Pastor en los años setenta, ubicando sus oficinas la calle principal, la Rúa de Elduayen.