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Contenido: Obra en portada: No see evil (105 x 80 cm/óleo sobre madera) por Lenka Klobasova. Ensayo: “Un discontinuo común” por Ernesto Lumbreras. Ensayo: “¿Quién es esa fumadora?” por José E. Perea Saguilán. Reseñas literarias: “La hierofanía poética de meter los dedos en la llama, presentación de la antología poética Los dedos en la llama de José Luis Domínguez” por Reneé Acosta y “Notas sobre una lectura de Memorial de Juan Eduardo Esquivel” por Ester Hernández Palacios. El reportaje “Sophie Calle y la intimidad de una ruptura” por Claudia Cárthaigh. Entrevista con el poeta y periodista cultural Ricardo Venegas. Relatos: Mario Islasáinz, Moisés García Hernández, Angelo Negrón Falcón, Nora Coria, Claudia Yaneth Aguilar Herrera, Angélica Morales y Jorge Jaramillo Villarruel. Minificciones: Jorge Guerrero de la Torre y Mariana Cabrera Hernández. Poetas incluidos en esta edición: Mónica Braun, Ricardo Venegas, Yamilet Fajardo, Marcos Merino Hernández, Daniel Medina Rosado, Krishna Naranjo Zavala, María Victoria Fabre, Michael Benítez Ortiz, Ángeles Dimas, Ricardo A. Vega, Obed Ruíz, Sandrah Mendoza. Obra plástica por Lenka Klobasova y Adrián Sánchez Oropeza. Ilustraciones por Gustavo Santiago. Serie fotográfica Vives solo, mueres solo por Daniel Murillo.


Editorial

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Con este número arrancamos el año 2015. Un año más para Monolito que, en el mes de mayo, cumplirá tres años de dar espacio a las distintas voces literarias y artísticas de Hispanoamérica. Mayo es el mes de aniversario de la revista y por ello, ya se trabaja en dicho número especial. La respuesta que tuvo la Convocatoria XVI nos da energía para seguir trabajando un año más en pro de la lectura. Y de la misma forma, el Monolito, a través de los textos que publica, sigue con otro de sus ideales: ser crítico. En el número anterior nuestro colaborador Alejandro Montaño nos presentó el texto “Tengo miedo” a razón de los hechos de Ayotzinapa. Monolito no se abstrae de la realidad, por el contrario, en nuestras páginas se han publicado relatos y poemas que tratan diversos temas de actualidad, por ejemplo, el narcotráfico o los feminicidios en Ciudad Juárez. Y en esta decimosexta entrega no es la excepción, en el relato “Borrosa”, la escritora argentina Nora Coria, aborda el tema de la trata de personas. El ilustrador mexicano Gustavo Santiago, dentro de la serie que nos presenta, incluye 3 obras inspiradas en el todavía no resuelto caso de los 43 estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa (Guerrero. México) el pasado 27 de septiembre. La artista plástica Lenka Klobasova (originaria de Brno, República Checa) con sus obras exterioriza los demonios internos del ser humano, las propias piedras que él mismo genera para tropezar. La literatura y el arte en general, desde la no ficción o la ficción pura, sigue manifestándose como siempre lo ha hecho, y el Monolito seguirá siendo una plataforma para que esas voces —se lean, y al leerse se escuchen— lleguen a nuestros lectores.

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Sobre el karma de un prólogo antes de convertir en baba de perico

Por Ernesto Lumbreras

En el 2006 el pintor Francisco Toledo me invitó a participar como editor de la colección literaria Calamus, financiada por su bolsillo y las arcas del Instituto Nacional de Bellas Artes. En poco más de dos años publicamos un catálogo que alternaba la poesía mexicana y la de autores de otras latitudes. Al lado de volúmenes de Francisco Hernández, María Baranda, Alejandro Aura o Efraín Bartolomé, nuestro sello publicó libros de Vladimir Holan, Mark Strand, Seamus Heaney, Paulo Leminski, Antonio Gamoneda, Anne Carson y José-Miguel Ullán. Uno de los último títulos que preparé fue una antología de poesía peruana que había titulado Colores comunes. Doce poetas peruanos del ahora (1987-2007). Hice la selección de autores, diseñé la estructura de la muestra y sus apéndices y redacté una presentación que no llegó a publicarse por desacuerdos con el artista oaxaqueño. En lugar de mi texto, apareció un prólogo de Marcos Martos que traza puntualmente una historia de la lírica peruana para contextualizar de mejor forma el presente de la muestra. Han pasado poco más de siete años de la aparición de Intersecciones. Doce poetas peruanos —pues este fue el nombre definitivo de la antología— y con certeza, esa docena de autores ha sumado algo más que años a su biografía. Tal vez los apuntes que anoté para cada uno de los autores de la antología merezcan matizarse o reclamen ciertos añadidos. No lo sé. He vuelto a releer los poemas y ensayos del libro y reconfirmo que los escenarios de la poesía del Perú cambian vertiginosamente como un ascenso del Pacífico a los Andes y un descenso de éstos a las selvas del Amazonas; la estética del sedentario se crispa en estos lenguajes todoterreno y fundan ciudades a su paso para luego abandonarlas y marchar después a la búsqueda de un objeto o un rostro olvidado en la casa de la infancia o de una Arcadia imposible.


Un discontinuo común 5

El editor de poesía en México ha mostrado un vivo y renovado interés por la lírica del Perú a lo largo del siglo XX y lo que va del presente. Han sido algunas casas editoriales mexicanas las que han publicado la poesía de José Santos Chocano, César Moro y Manuel Scorza como la de Jorge Eduardo Eielson, Blanca Varela, Rodolfo Hinostroza y Antonio Cisneros, incluso han puesto en circulación libros de autores más jóvenes como Eduardo Chirinos, Montserrat Álvarez y José Carlos Yrigoyen. Cuando el pintor Francisco Toledo me propuso en el 2006 un volumen de poetas peruanos para Calamus, le comenté que ya circulaban algunos títulos en las librerías con este perfil y que, quizás, convendría publicar otro tipo de libro. El punto de la diferenciación no era, por supuesto, la disyuntiva de si hacía una muestra o una antología o si comenzaba y cerraba el panorama con tal poeta para abarcar determinada época. Tampoco resultaba atractivo repetir esquemas ni mucho menos enmendar la plana de trabajos antológicos que sucumbieron a ciertos clichés y protagonismos.

Para imaginar ese “otro libro” me fue necesario revisar una serie de títulos de publicación reciente y definir las estructuras y los derroteros de nuestra empresa. Después de la relectura, con motivo de la indagatoria referida, considero que El bosque de los huesos. Antología de la Nueva Poesía Peruana 1963-1983 (México, Tucán de Virginia, 1995) preparada por los poetas Miguel Ángel Zapata y José Antonio Mazotti sigue siendo el trabajo más acabado y menos prejuiciado en la materia. Muy en otras luces, desaguisados y oportunismos, La mitad del cuerpo sonríe (México, FCE, 2005) de Víctor Manuel Mendiola pecó de contradicciones y de falsos combates. Sin embargo, otros trabajos como Caudal de piedra. Veinte poetas peruanos (1955-1971) (México, UNAM, 2005) de Julio Trujillo y Los relojes se han roto. Antología de poesía peruana de los noventa (México, Ediciones Arlequín, 2005) de Enrique Bernales y Carlos Villacorta no obstante el prurito circunstancial (Perú fue el país invitado por la FIL de Guadalajara en el 2005) consiguieron mostrar el abanico de discursos de las más recientes generaciones de poetas con cierta amplitud y calado.

En aquel libro de Zapata y Mazotti se mostraba una geografía “de varios cantares y decires” al tiempo que ofrecía una cartografía didáctica y, sin contradicción, propositiva. Su antología servía, en dos tiempos, como guía de forasteros y como tour de force a revisar y contrastar con otros estudios de similar naturaleza; no era poca cosa, a decir verdad. A poco más de diez años de su publicación, El bosque de los huesos cumplió con sus expectativas y, como sucede con este tipo de obras al no actualizarse, se convirtió irremediablemente en un valioso archivo literario. La perspectiva de Intersecciones. Doce poetas peruanos, si bien distinta al gran angular de aquel volumen, contrapuntea la misma reseña histórica, los mismo hitos líricos del universo de la poesía peruana


reciente. Por tal motivo, me parece ocioso repetir la cronología de estas promociones de poetas peruanos, de Los nuevos a Hora zero o a Kloaka, narrada aquí y allá con ciertas coincidencias respecto de sus implicaciones en la poesía de los últimos años en Perú. En todo caso, lo que me interesaría resaltar es, por un lado, el extrarradio de influencia y de interés de poetas como Luis Hernández y José Watanabe, sumados a lista de autores del primer párrafo de este artículo; cada uno de estos poetas ha despertado simpatías y reflexiones sobre el ejercicio poético en otras tradiciones, incentivando planteamientos escriturales de enorme valía y significación. Este efecto de transfronteras, más que cuestionar lo “peruano” o lo “no peruano” de un poeta, pone en entredicho maneras reduccionistas de leer una tradición. Por otra parte, y complementariamente a lo dicho, los poetas más jóvenes, la mayoría de los que integran el índice de este libro, han desterrado la práctica parricida, el belicismo grupal y programático así como la bipolaridad maniquea en los discursos poéticos. Cada uno, a su manera, ha desactivado esos mecanismos prestigiados, en otros momentos, para trazar su plan de escritura.

Para ir al grano del asunto lo que me propuse con este libro es crear un Documento. La estructura de Intersecciones se integra por doce autores nacidos entre 1958 y 1976 con muestras amplias, un diálogo extra generacional con un poema en particular que cada autor comenta y tres ensayos sobre un mismo momento de la poesía peruana escritos por Eduardo Chirinos, Maurizio Medo y Paul Guillén. Desde esos tres miradores se establece, no sólo un panorama o enclave hegemónico, sino que también se da lugar a un coloquio y a un debate. Me interesó, por otra parte, resaltar el carácter nómada, apátrida, desapegado, centrífugo, expansivo, exploratorio de buena parte de los autores más allá de su circunstancia biográfica. Por supuesto, se reconocen filiaciones, entrecruzamientos, guiños con los poetas de generaciones anteriores pero, sobre estas inevitables conexiones, destaca una voluntad de participar de otras coordenadas poéticas sin conflicto alguno. La inclusión de Reynaldo Jiménez (Lima, Perú, 1958), poeta y editor que ha escrito y publicado su obra en Argentina, me atrajo como un elemento enzimático capaz de resignificar el habitual corpus de las poesía del Perú de esta parcela generacional; pienso, por ejemplo, que la poesía de Chirinos o di Paolo o de Silva Santisteban adquieren otros matices –por el alto contraste− a partir de la colindancia con la obra de Jiménez y que, la poética de Medo o de Guillen adquieren una arborescencia de significado mayor en cuanto a la consanguinidad neo barroca y experimental con la escritura de aquél. Antólogo de la poesía peruana, Reynaldo Jiménez es una voz, sí, una prosodia pero también una sintaxis, que multiplica la realidad desde el lenguaje no como representación sino como realidad matérica.

La poesía de Eduardo Chrinos (Lima, Perú, 1960) es un enclave no sólo de la poesía de su país sino de un concierto mayor; de múltiples referencias culturales sin pecar de culturalista, su escritura lleva también una vertiente biográfica que convierte al poema en un diario o cuaderno de viajes; pareciera de primera impresión, un poeta clásico en sus maneras y dicciones pero, sin objetar lo dicho, descubro en sus ya cuantiosos libros una algarabía


formal en permanente indagatoria. Con Rossella di Paolo (Lima, Perú, 1960) y Rocío Silva Santisteban (Lima, 7 en Perú, 1963) se continúa un filón de la poesía escrita por mujeres que rebasa y reinventa las visiones de género;

la primera, el poema es una bitácora irónica y tierna a la vez donde la vida confiesa sus ilusiones e imposibilidades sin imposturas ni melodramas; en la segunda, la realidad del amor y del deseo son las más próximas a la realidad de la poesía por eso, una y otra vez, evoca y convoca sus rituales. La aparente vorágine de sentidos en la poesía de Maurizio Medo (Lima, Perú, 1965) no desemboca en una melopea vacua ni tampoco en un hoyo negro donde la palabra ha perdido su capacidad de representar e inventar mundos; el sino de este delirio verbal y visual no es otro que el restaurar, desde el caos, otro orden ajeno a convenciones en el ámbito de la física o la cultura.

Con Jorge Frisancho (Barcelona, España, 1967) y Monserrat Álvarez (Zaragoza, España, 1969) se corrobora ese deambular por geografías físicas y de lenguajes tan notorio en esta promoción de poetas; en los poemas de Frisancho el tópico de la incomunicación con el otro es punto de partida para una exploración que lleva inevitablemente al extrañamiento; mordaz, irónico, cada monólogo lírico de este autor es un paseo mental a través de una orografía inhóspita: la condición humana. Desde la publicación de Zona dark, Álvarez llamó la atención de propios y extraños; la mezcla de giros expresivos, de un español un tanto arcaico a un coloquialismo fresquísimo, dotó a esta poeta de un decir punza cortante y eficaz a la hora de poner “patas a arriba” al status quo de las buenas maneras. El caso de Lorenzo Helguero (Lima, Perú, 1969) es singular por varias razones: su maestría formal, su peculiar humorismo tan atípico en la poesía peruana, su polivalencia para ir de un formato a otro sin cambiar en esencia. Ya sea en el soneto o en el poema en prosa, el poeta levanta una fábula o una mise en scène sobre la cual teje variantes poco ortodoxas de la cultura y sus instituciones.

Finalmente, en el último bloque encontramos la poesía de Victoria Guerrero (Lima, Perú, 1971), Christian Zegarra (Trujillo, Perú, 1971), José Carlos Yrigoyen (Lima, Perú, 1976) y Paul Guillen (Ica, Peru, 1976), voces disímbolas entre sí, conectadas por la misma temporalidad histórica pero regidos por voluntades y afectos distintos que, en el ámbito de la escritura poética, se traducen como propuestas insulares y de una radicalidad crispada difícil de delimitar. Si bien la genealogía de Carmen Ollé, Magdalena Chocano o Rocío Silva Santisteban compaginan la poesía de Guerrero, su propuesta ha logrado imponer un sello particular donde el límite del sinsentido de la vida cobra, sin indulgencia alguna, su dolorosa revisión. También, en los paralelos del dolor y la caída, Zegarra ha retomado de la iconografía de Los Evangelios algunos personajes, Cristo y Magdalena por ejemplo, para hacerlos desfilar en este presente brutal y desacralizado. La estirpe romántica de Yrigoyen, de Hölderlin a Nietzche, le han procurado una locución versicular en el modelo del Hyperion o de Así hablaba Zaratustra para construir los antihéroes que habitan sus poemas; muy especialmente en los poemas extensos, el autor despliega vía el monólogo interior una historia procaz, insumisa, marginal con cadencia vertiginosa e hipnótica. El caso de Guillen reúne un


caudal de referentes, a veces de prosapia ocultista y alquímica o provenientes de una mitología inventada, para fundar un ámbito en la acepción iniciática; su riqueza verbal más que generar una expresión barroca da lugar a un universo hermético donde la palabra es, antes que otra cosa, invitación a su desciframiento.


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¿Quién es esa fumadora?

Por José E. Perea Saguilán

La literatura latinoamericana fue marcada el siglo pasado desde la pensativa cortazariana hasta el laberíntico hombre borgiano, desde El lugar sin límites de José Donoso hasta La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa, por muchas personas, figuras y símbolos, aclamados bajo la etiqueta del “boom”. Uruguay, el país de Cristina Peri Rossi, ha brindado al mundo grandes escritores, ensayistas y poetas, tales como José Enrique Rodó, autor de Ariel y Los motivos de Proteo; Emir Rodríguez Monegal con El boom de la novela hispanoamericana; la poetisa María Eugenia, hermana del filósofo Carlos Vaz Ferreira, entre otros. A principios del siglo XX se encuentra la mítica Juana de Ibarbourou, que era “una especie de Ninfa Egeria de la generación de 1920”1, de la misma forma, aparece durante aquellos años la figura de Horacio Quiroga, quien puede considerarse como el más grande narrador uruguayo de la generación del 900. Pero ¿qué implica hablar de la escritora Cristina Peri Rossi? No implica sólo hacerlo sobre su persona, sino que también se debe enunciar el entorno en el que ella se desarrolló, hablar de ese tiempo y esa tierra que cambiaron por las crisis sociales, políticas y económicas que se gestaron entre 1950 y 1960.

La generación en la que se desarrolló la escritora fue diversa en muchos sentidos, debido a los turbulentos cambios sociales acaecidos en Uruguay, como las olas de violencia y los exilios de sus principales representantes literarios2. De tal forma, la obra de Cristina Peri Rossi se puede visualizar como una empresa de liberación total en busca de nuevos caminos desmitificadores del lenguaje y de la conciencia3; por ello, Ángel Rama apunta que

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Carlos Martínez Moreno. Literatura uruguaya, Tomo I. pp. 289.

El Dr. Carlos Martínez Moreno señala que la obra de Francisco Espínola es muy peculiar, puesto que su difusión fue opacada por el hecho de que un país-mito hubiera muerto exactamente el mismo día (27 de junio de 1973) que él murió. 2

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Hugo J. Verani. La narrativa de Cristina Peri Rossi: Arte de digresión.


los relatos de la autora “son los ejemplos más libres de imaginación que hayan conocido las letras uruguayas” 4. Sin embargo, la fructífica carrera de esta uruguaya fue suprimida y su nombre fue vetado en los medios de comunicación durante la dictadura militar que imperó en su país de 1973 a 1985. Una vez fuera de su patria, la persecución no terminó, ya que tras establecerse en Barcelona, España, en 1972, no pasaron más de dos años antes de que saliera exiliada hacia París, Francia, a causa del régimen franquista. No obstante, regresó en 1974, y obtuvo la nacionalidad española.

Peri Rossi inició su incursión en la escritura formalmente en 1963 con Viviendo, y Los museos abandonados en 1968; a través de los que transmite al lector su concepción del relato; es decir, su conexión con la creación poética, marcada por diferencias entre ella y varios escritores ligados a una gran tradición de narradores rioplatenses, que toman como inspiración primigenia, cuentos como los de Edgar Allan Poe. Tales diferencias no recaen en la intensidad de la obra de cada autor, sino en la característica resonancia que causan tras su lectura y cómo ésta se amplifica o reduce según su criterio.

En el género de la poesía inició su viaje con Evohé en 1971, a partir del cual continúa la creación de poemarios en los que se desarrolla y evoluciona cada vez más su pluma al plasmar diversas ideologías que se encuentran ligadas. Dicho poemario no marca únicamente el surgimiento de Peri Rossi como poetisa, sino que, junto a Poemas sex, de Milton Schinca5, derriba el muro que mantenía hundida y estancada a la producción literaria de Uruguay, que sólo se convirtió en otro de los tantos medios de manifestación del conflicto. Esto puede ser representado con un fragmento de La Novela Nueva de José Enrique Rodó: “Un soplo tempestuoso de renovación ha agitado en sus profundidades al espíritu […]; rumbos nuevos se abren a nuestras miradas allí donde las de los que nos precedieron sólo vieron la sombra, y hay un inmenso anhelo que tienta cada día el hallazgo de una nueva luz, el hallazgo de una ruta ignorada, en la realidad de la vida y en la profundidad de la conciencia”. La utilización del erotismo por parte de la autora no es sencilla, ya que parte del fundamento de despertar y controlar al mismo tiempo aquella sensualidad animal que se mantiene oculta en el interior de los cuerpos en libertad.

En 1969 aparecería El libro de mis primos, el cual mantenía una estrecha relación con El libro de Manuel de Julio Cortázar. El escritor argentino es el primero en acercarse y reconocer que entre Peri Rossi y él, existían afinidades,

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Ángel Rama, La generación crítica: 1939-1969. p. 244.

La aparición de esta obra de Milton Schinca es en 1969, pero, a pesar de la diferencia de años con la publicación de Evohé, de Peri Rossi, ambos causan un impacto en la literatura uruguaya. 5


como el hecho de no marcar una diferencia entre el género de la poesía y la prosa6. Así pues, en este texto, como 11 en Indicios pánicos, existe una carga histórica que presenta la atmosfera en la que se vivía en Uruguay a finales

de los años sesenta y, a su vez, se exhibe la propuesta de un futuro lacerante para sus compatriotas, que terminará por comprobarse en la década siguiente. “Por eso – dice Peri Rossi – mi libro se llama Indicios pánicos, porque hay que saber leer en el presente el futuro que se avecina”7.

En textos posteriores, como La rebelión de los niños, la escritora profundiza en la contraposición de los mundos de los adultos y los niños, de una manera que podría llegar a considerarse humorística; sin embargo, esto no significa que la carga emotiva se pierda en la obra, porque las imágenes que nos presenta de ambos mundos tienen una carga significativa más densa de lo que se podría pensar. Además, la prosa de Peri Rossi tiene cierta fluidez característica que permite tomar como base cualquier situación cotidiana, tal como lo es un hombre alimentando en la boca a su hija pequeña en “Ulva Lactuca”. Así, el cuento “La rebelión de los niños”, que le da su nombre al libro, desorienta al lector en su primera impresión, ya que dicha rebelión puede parecer absurda; sin embargo, la hoguera al final se encarga de transmitir las últimas reflexiones beligerantes de aquellos niños. Por ello, la constante búsqueda para rescatar la mirada infantil funciona como un arma que enjuicia al mundo adulto; en el prólogo de La tarde del dinosaurio, Julio Cortázar apunta, respecto a los cuentos de Peri Rossi, que “los niños son testigos, víctimas y jueces de quienes los inmolan al engendrarlos, educarlos, amarlos, vestirlos, delegarlos. […] Los niños desnudarán el mundo de quienes pretenden regirlos, y lo reducirán a la irrisión de la verdad”8

Más adelante, sus cuentos incrementan las referencias culturales, los temas son focalizados con más precisión, como los museos, los viajes o el mar; los cuales se mantendrán constantes en sus siguientes obras. Asimismo, uno de los temas que aborda con sutileza es el exilio. Normalmente es visto y considerado como una etapa independiente de la vida de los escritores, sin embargo, ese juicio no siempre es correcto porque en el caso de Cristina Peri Rossi, ese Estado de exilio ha estado presente en su obra casi desde sus inicios, como en Descripción de un naufragio. Incluso la escritora confiesa que su obra ganadora del XVIII Premio Internacional Unicaja de poesía Rafael Alberti, lo escribió en 1973 y tardó treinta años en publicarlo. Además, aclara que “no hay uno solo,

Cristina Peri Rossi conversa con Carmen de Mora, “En torno a Cortázar” en Nieves Vázquez Recio, Volver a Cortázar. 6

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Ídem.

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Julio Cortázar. “Invitación a entrar a una casa” en Cristina Peri Rossi, La tarde del dinosaurio, p. 8.


en ninguno de mis libros, que hable del exilio como un desgarramiento personal; siempre es una experiencia de muchos, lo suficientemente abarcadora como para que se puedan identificar otros y otras desgarradas” 9.

Su novela Solitario de amor sale a la luz en 1989, y a pesar de ser una obra que toma como tema central el amor, resulta ser una transgresión a la tradición literaria marcada desde siglos pasados, como lo es en el caso de María de Jorge Isaacs. La mujer ya no es aquella persona débil e inferior tanto física como intelectualmente, que espera el arribo de su amado; ni el hombre es un viajero que se mantiene en contacto con el mundo

En la obra, la voz femenina jamás es escuchada por los lectores, puesto que la voz masculina se impone en cada uno de los fragmentos y muestra desde las más pequeñas trivialidades hasta llegar a las extremidades que puede provocar el amor. Aquí no hay un asesinato o un misterio que cambiará para siempre la vida de determinado número de personas, sino la confesión total y absoluta de un amor abnegado por la mujer, Aída.

Por su parte, la misma Peri Rossi defiende su texto de aquellos comentarios que refieren al solitario como un ente autobiográfico: “publiqué Solitario de amor, donde hice una descripción del delirio, de la pasión absoluta, de la pasión romántica.”10 La novela se presenta en treinta y cinco capítulos o fragmentos y un epílogo, en los cuales el discurso se basa en descifrar, decodificar y construir “el cuerpo de una mujer, en el acto de amar, en su banalidad cotidiana, en sus palabras y gestos”11; así pues, la voz discursiva jamás tendrá un nombre o una edad en específico, el único dato será la resonancia de su eco aclamando el mundo(de)Aída.

Dicho mundo literario puede leerse a la manera de Rayuela de Julio Cortázar, iniciar en la página nueve y continuar hasta el final, o, por el contrario, abrir el libro y escoger un fragmento al azar, puesto que el tiempo discursivo manejado es un presente desarraigado de la línea espacio-temporal, en donde el personaje es capaz de escoger un momento sobre alguna anécdota o detalle que gira en torno a un objeto, el cual sirve como catalizador de aquel anhelo que se resiste a ser encapsulado y siempre le dejará ese sentimiento, ese vacío, al saber que es un pez fuera del oceano-Aída. A su vez, el trabajo del lector no implica un esfuerzo excesivo para reflexionar acerca de cuestiones ontológicas o iniciar una persecusión implacable para apoderarse de un tesoro perdido; todo lo

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M. Cinta Montagut. Cristina Peri Rossi, la escritura múltiple.

10

Op. cit.. Nieves Vázquez Recio. p.40.

11

Sonia Mattalia. Máscaras suele vestir. Pasión y revuelta: escrituras de mujeres en América Latina. p. 245


opuesto, el esfuerzo que solicita la obra de Cristina Peri Rossi es mantener la (¿compostura o paciencia?) para 13 el terminar siendo seducidos a las pocas páginas y convertirnos en un amante más que se identifica con

solitario.“Por lo tanto, ese libro yo no lo considero una biografía, sino un testimonio”.12

Es al final de novela en donde se establece un tiempo continuo porque el protagonista termina de contar sus testimonios e inicia un viaje con el propósito de conseguir un futuro que haga un recuento del pasado. Es decir, el principio y el fin de la obra son el hilo conductor que termina por cerrar esa especie de flojo cíclico en el que vivirá siempre el solitario. Aquel hombre confinado en su propio mundo, erige la construcción de la mujer, de esa forma se presenta a Aída como la mensajera de la muerte, vestida de negro en su mente, en su realidad, es su amante en su casa y fuera de ella, la mariposa negra que sobrevuela su mirada; en esa fémina convergen el dios y el verdugo de la voz narrativa. Análogamente, Peri Rossi seduce al lector al despertar el sueño y la sexualidad a través del discurso amoroso del solitario. Y, como en los sueños, la descripción de lo mirado/observado jamás repara en el espectador/testigo que somos; además, “él” es el yo primigenio, quien se encarga de nombrar al mundo.

Por su parte, ya en el siglo XXI, la publicación de Cuando fumar era un placer muestra a los lectores que la visión crítica de la autora permea en su totalidad a la sociedad sin enfocarse en un género sexual. La lectura inicia “la primera vez que vi a una mujer fumar fue en 1951”13, pone énfasis en esa época porque el hecho de fumar el primer cigarro es el paso a la vida adulta, para hombres y mujeres, apunta la autora, pero por aquellos días el papel de la mujer dentro de la sociedad estaba cambiando, el mero acto de fumar se transformaba poco a poco en sinónimo del anhelo por trabajar, estudiar, por salir y descubrir la libertad, era decir “soy independiente”. Ella era Cristina Peri Rossi, esa fumadora uruguaya.

Bibliografía: Mattalia, Sonia (2003). Máscaras suele vestir. Pasión y revuelta: escrituras de mujeres en América Latina. Madrid: Iberoamericana. Martínez Moreno, Carlos. (1993) Literatura uruguaya. Tomo I. Montevideo: Cámara de Senadores

12

Nieves Vázquez Recio, Op. cit.. p. 39

13

Cristina Peri Rossi, Cuando fumar era un placer. p. 9.


Montegut, M. Cinta (2008). Cristina Peri Rossi, la escritura múltiple. The Barcelona Review [en línea] http://www.barcelonareview.com/63/s_ent.html (15 de Febrero de 2014) Peri Rossi, Cristina. (1976) La tarde del dinosaurio. –

(2002) Cuando fumar era un placer. Barcelona: Lumen.

Rama, Ángel. (1972) La generación crítica 1939 – 1969: 1. Panoramas. Montevideo: Arca. Vázquez Recio, Nieves (Cóord.). (2007) Volver a Cortázar. Cádiz: Diputación Provincial de Cádiz, Servicio de Publicaciones. Verani, Hugo J. La narrativa de Cristina Peri Rossi: Arte de digresión [En línea]. (15 de Febrero de 2014).


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La hierofanía poética de meter los dedos en la llama, presentación de la antología poética “Los dedos en la llama” de José Luis Domínguez

Por Reneé Acosta

José Luis Domínguez, quien nos presenta ahora esta antología de su obra reunida no sólo ha sido tallerista durante ya más de veinte años en la región de Cuauhtémoc, sino que es también el autor de una decena de obras publicadas y de otras más de poesía inédita, quien se ha consolidado hoy por hoy dentro de los más destacados aparadores de la literatura mexicana; siendo citado por autores como Daniel Sada, René Avilés Fabila, Ignacio Solares, José Vicente Anaya y otros grandes críticos de talla y renombre internacional. Ganador del Premio Chihuahua de Ensayo y del Premio Internacional Gilberto Owen, José Luis Domínguez se ha posicionado como una de las voces más importantes de nuestra época y un pilar indispensable para hablar de la literatura norteña actual. Por si fuera poco, recientemente fue llevada su obra al francés en la traducción magistral de Françoise Roy para Écrits des Forges en coedición con Mantis editores, casa editorial de punta a nivel nacional. Actualmente su nombre destaca dentro de los grupos de estudios de la poesía mexicana en las Universidades del norte de México, Canadá y Estados Unidos, esto sin contar que además de ser el poeta más prolífico es también el más leído en el estado. Según los indicadores de encuestas de lectura realizadas por el programa de fomento a la lectura de gobierno del estado, la diversa obra de Domínguez se eleva al lugar número uno en lectura estatal.

¿Cómo no ceder a la tentación de meter los dedos en la llama de su poesía? Pero recordemos que este fuego es el fuego de los magos iniciados, no se trata del fuego pagano, ni del fuego con el que se calienta la casa y se prepara la comida; se trata del abuelo fuego, del fuego de los magos, el fuego verde de las wiccas y de los sacerdotes druidas. Tal vez sea por eso que José Luis decidiera iniciar la antología con el poema “El bardo druida”, tal vez a conciencia de que el libro comenzaría como un acto mágico de alquimia, para trasladarnos a una entonación


propia de las grandes sagas antiguas, de los cantos y poemas que se recitaban durante los inviernos junto a las grandes hazañas de Beowulf. Así José Luis nos muestra al bardo caballero de una antigüedad inconmensurable y nos habla como de otro tiempo. Pero quién puede meter los dedos en la llama sino el mago, el hierofante. Arcano de las iluminaciones extremas. Iluminaciones del poeta que descifra en “Los cantares del ciervo”. Comienza entonces el mago con el fuego ascendido, pero más adelante es éste mismo fuego quien le da la bienvenida al fuego del hogar y que es justamente el que nos invita a meter los dedos en la llama.

En sus prodigios de búsquedas y encuentros poéticos, sus revelaciones-iluminaciones, donde nos encontramos con una voz tan propia, tan personal, se vuelven inconfundibles sus juegos verbales, como decir la malvada malva del alba. Esto se ha convertido en una firma personal y es importante señalarlo, pues abundan los poetas que jamás llegan a forjar una firma propia en su voz poética. Si nos atrevemos a meter los dedos en la llama de este fuego oblicuo, de este fuego del hechicero, nos encontraremos con el arte de besar el amuleto y nos dice:

Es de noche, una anciana ha puesto el dedo sobre mi llaga enorme, interroga y la angustia pone sitio a mi alma. Un ángel caído me ha cortado el pelo, no ha sido doloroso, la navaja era inquietante, aunque fina. La bella, la esperada, la niña de mis ojos, ha venido, y me ofrece su cuerpo en esta habitación sombría. Lo sé, su nombre es súcubus y sin embargo, hermosa.

Llegar al encuentro con el súcubo, que de alguna forma es también el ánima, el aspecto altivo y sexual de lo femenino ante lo cual lo masculino se somete. Domínguez, como en el diario inconcluso de un escéptico transeúnte donde nos dice:


Ella vio pasar a los infieles, y su mirada era tal:

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que helaba la sangre, que lava la sangre que la bala sangre.

este diario inconcluso tiene en gran parte una secuencia del amuleto, porque en él se ven los juegos que recurren a la superstición, a esa religiosidad antigua, griega, como la socrática, que derrama la sal y ve en ello bendiciones, maleficios, signos. Signos que habrán de traernos el poemario que le da título a toda la antología: los dedos en la llama. Hay una entonación de ahogo, de suspenso, de alteración y alteridad ante sí mismo que alcanza a vibrar en cuerdas giratorias, que nos hablan de una desesperación violenta que hierve en los interludios de la vida. El juego de palabras es ahora más complejo. Hay una premura en el ritmo, una vertiginosidad que nos envuelve en un manejo magistral de los latidos, las pasiones, las intensidades que llevan a una entonación de maestría. No cualquiera puede meter los dedos en la llama, ni crear con alta velocidad de remolino levantamientos en la percepción. El juego del ilusionista está logrado. El mago ha logrado el prestigio.

Aquí estoy, donde el dolor se incrusta como un diamante oscuro, como un animal que herido se derrumba en la espesura de la niebla

La rapidez de esta flama ahoga, transmite la sensación de un ahogo antaño, arrastrado por los caminos de una vida que no ha sido fácil, y que sin embargo es también una muestra de cómo surgen lotos del más abandonado de los pantanos. Con una pasión inusitada, encrespada de nervios, con gran brevedad nos devuelve apenas la respiración para seguir avanzando, para seguir adentrando los dedos en la llama, para sacar del fuego, de la instigación del fuego, de la increpación del fuego, la verdadera llama sagrada, la de la poesía cuya iluminación ha costado quemarse los días y las noches, quemarse las manos y que aún la vida te siga debiendo. Dice:

No creo en esa hipótesis de la escritura involuntaria, nadie es más responsable de un poema que el autor de ese poema. Imbécil quien afirme que alguien dicta lo que escribo, anulando por completo el valor de tantas horas, de tantos días, de tantos años gastándome la vida en una calle y los ojos en una biblioteca. Mi poema no es un poema a menos que yo así lo determine.


Ladran los perros, como en el llano en llamas o el quijote, su desazón nocturna. Se acaba la función del cálamo que ha ido, lentamente, hollando el alba virgen de esta página.

Si hay en la producción de José Luis Domínguez algún poemario que cargue con todo el dolor, toda la vida y la muerte, la frustración y el cansancio de este poeta, es los dedos en la llama. Pero también está ese otro aspecto, el del amor, el de la figura de la amante, lo femenino perdido, irrecuperable que se da en “El amor destruye lo que inventa”. Y me arriesgo a decir que no hay un poeta más íntimo, más allá de lo confesional, en todo el panorama de la literatura chihuahuense que Domínguez; y he ahí el valor de una propuesta donde el hombre habla desde el umbral en el que se ha cerrado la puerta.

Estamos demasiado acostumbrados a escuchar la voz íntima y en vida propia de la mujer, de todas aquellas poetas que corremos con lobos o que pretendemos encontrarnos empoderadas y libres, ante una sociedad que si bien no nos escucha, no se atreve a callarnos. El hombre sin embargo no posee de guías mágicas que lo lleven a una masculinidad emergente, que le permitan hablar desde su experiencia masculina desde el sufrimiento del hombre por ser hombre, y ése es uno de los méritos de la obra de José Luis Domínguez. Y sin pretender aquí realizar ninguna clase de sicoanálisis literario de su obra, se puede ver claramente los caminos de la desesperación, del dolor, de la soledad, del enfrentamiento de esa alteridad inasible titulada: lo femenino, el cual Domínguez nos lo muestra descarnado, adolorido, arrancado. La mujer mantis religiosa. La mujer arpía. La mujer bruja. La mujer amada, la amante, la bella, la inalcanzable, la despectiva. José Luis es el hombre arrojado al mundo, donde la otredad extraña, incomprensible, entre mágica y diabólica, es la mujer, lo femenino y lunar con su lado iluminado y su lado oscuro. El desamor se vuelve un arquetipo de la diosa desdeñosa. La Diana Cazadora que mata a sus pretendientes.

Hay en los dedos en la llama un dolor enfrentado y con distanciamiento como dice Anne Carson, porque solo el dolor con distanciamiento puede lograr la obra poética para no ser solamente una confesión, una pornografía de las emociones y de todo el padecimiento de la vida. Este distanciamiento, esta confrontación, este desahogo que nos ahoga, que nos envuelve y nos va llevando como una flama entre los dedos, iluminándonos sin quemarnos, hace de este poemario uno de sus más poderosos. Es fuerte, es grave, sin auto condescendencia, sin ocultamientos bajo ningún manto de supuesto circunloquio, tropo o metonimia, es lo que es.


Mientras que los dedos en la llama son la voz de la orfandad, de la soledad, de la auto superación, del loto que se yergue en el pantano-páramo sin nombre, donde sólo el hombre, el poeta, se construye a sí mismo; en “El19 amor destruye lo que inventa” aparece el hombre en una exaltación contra el amor del que ha sido objeto, y del abandono del que ha sido objeto. No hay separación: el amor es entrega y abandono posterior. Y si bien ambos libros descifran la profunda soledad del autor, en el segundo hay una asimilación cuyo proceso es una confrontación ante la realidad y gritarle a esa realidad que es una puta.


Notas sobre una lectura de Memorial de Juan Eduardo Esquivel

Por Ester Hernández Palacios

Según afirma su autor, Memorial es resultado de un perseguido encuentro con lo que se escapa porque ésta es su definición de poesía y queda claro, después de su lectura, que pese a contener páginas de historia literaria y de prosa memorística, que estamos, incluso en las aludidas secciones en prosa, frente a un libro de Poesía. Versos escritos por un escritor arrancado de cuajo de su oficio (tradición y práctica creadora), que se negó a renunciar a ese ya “aprehendido modo libre e interpretativo de aproximarse a la realidad” (9). Porque “la poesía tiene un espíritu tan liviano que vuela sobre la pesantez del lenguaje”, y sobrevive a la violencia y al exilio.

Las primeras páginas pueden confundirnos, tan preocupado está el autor por brindarnos un doble mapa de ruta: algunas reflexiones útiles no sólo para la lectura de sus páginas, sino para toda obra del género, o -por lo menospara aquellas escritas en las últimas décadas. Metáfora, inspiración, ritmo, ambigüedad, intuición imaginativa, son términos cuyo desglose marca una senda o crea un instrumento.

El segundo bloque escritural responde, en la lógica de la escritura, a una pregunta clave en la vida política y sobre todo, literaria, de Juan Eduardo Esquivel: “De no ser por el golpe de estado, ¿cómo imaginas tu vida y tu escritura? ¿Hacia dónde se dirigía tu poesía y los versos de tus contemporáneos antes de 1973?” (17). Preguntas a las que el autor responde en las siguientes páginas con un recorrido a través de las más importantes figuras poéticas de Chile: Gabriela Mistral, su controvertida personalidad y su conflictiva relación con el país, Pablo de Rokha y sus versos a veces parodias o diatribas a Neruda, el propio autor del Canto General, Volodia Teitelboim (autor, por cierto, de una excelente biografía de la Mistral), Huidobro, Nicanor Parra y los menos conocidos Juan


Barrenechea, Humberto Díaz, Casanueva, Teillier, Enrique Lihn, Oscar Hahn, Raúl Zurita… antecesores, contemporáneos y sucesores.

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Mención aparte merece en esta relación Gonzalo Rojas, quien ocupa un lugar preponderante y de peso textual en las páginas posteriores ya que se incluyen en el libro algunas cartas suyas en su versión manuscrita, dirigidas al amigo “Juan Eduardo, siempre tan próximo”, que no sólo rompen la relación crítica con un cálido formato epistolar, un diálogo que es a la vez una introducción cuando antecede la epístola fechada el 14 de diciembre del 97 en que Rojas califica de “poema portentoso” a “Del remero de Leufu” dedicado precisamente a Rojas y fechado en Tlalpan unas cuantas semanas antes. Y tiene razón, claro que tiene razón pensamos cuando cantamos, incluso en silencio:

El que viene remando a todo músculo Con el verso es el discípulo de Éfeso ¿quién otro si no queda otro? ¿quién otro puede venir y escribir de repente en el aire de la humedad?

[…] El que viene remando con la sintaxis de la marea: ¿quién otro gozador de la materia religiosa claro, que haya leído en latín el castellano puede volver al vendaval de Valparaíso para hablar urgente


con Huidobro? (41).

Pero regresemos a la relación crítica, a las páginas en que tan breve como lúdica y lucidamente se traza la genealogía y las batallas de la poesía chilena, en cuyos renglones se asoma el perfil del poeta que escribe, antes de abandonar por fuerza, su patria: joven profesor de filosofía, amante de la poesía y de la belleza, lector de los autores del Boom latinoamericano y más “cercanamente” del chileno. En las líneas que cito la figura del poeta se coloca de frente a través de un asomo a su biografía: un recuento de los amigos (compañeros de la iniciática aventura creadora) y los libros tutelares:

[…] hice los primeros escarceos en poesía compartiendo la bohemia con Jorge Arturo Román, Patricio Ríos, Andrés Gallardo, Fidel Sepúlveda y Hugo Cortés. Ellos estudiaban en el Departamento de Castellano de la universidad católica de Chile, mientras yo intentaba hacer lo propio en el de Filosofía; eran alumnos de (don) Hugo Montes Brunet, poeta, profesor, y académico de la lengua, cuyas preferencias poéticas eran Huidobro y Neruda. Entre sus obras, recuerdo Delgada lumbre y La plenitud del límite, colecciones de voces mansas que influyeron en mi verde escritura […] (25-26).

Su inclusión en la “Generación de la Diáspora” deja al descubierto, por si hiciera falta, la cicatriz que marca a este autor que pese a y sobre todo apuesta a la poesía. Esta decisión vital se sobrepone al destino para “no sucumbir en las fauces del tiempo pasado” y debemos agradecer esta fidelidad a la palabra, porque nos regala una obra de indudable calidad en su factura rítmica. La respiración del poeta y la alquimia metafórica de algunos de sus versos (no escogidos al azar, sino hilvanando historia vital y construcción verbal) bastan para demostrarlo:

Cuando vuelve a su país flaco y rugoso orillado por ese mar profundo azul-azul, acero como un cuchillo de cocina en los días grises la jauría va tras el canto


El poeta es desaforado a traición y con 23

engolamiento, relegado a cubiles y entretechos en casas de aquí y allá, por ejemplo en Carrera Pinto, en Santiago (56).

Juan Eduardo Esquivel. Memorial. México. Ediciones Piano de Letras. 2012


Sophie Calle y la intimidad de una ruptura Por Claudia Cárthaigh

“I wonder if this is how people always get close: They heal each other´s wounds; they repair the broken skin.” Lauren Oliver, Pandemonium.

El Museo Tamayo Arte Contemporáneo no inicia ni termina con la exposición Obsesión Infinita de Yayoi Kusama. Entre sus paredes siempre se pueden encontrar grandes artistas cuya difusión es esencial para la permanencia y relevancia sobre la discusión del arte contemporáneo. Aunque la exposición de la artista japonesa acaparó la atención del público debido a sus instalaciones coloridas y al morbo general por adentrarse en los pensamientos de una mente enferma, lo cierto es que el museo siempre tiene más de una exposición. Junto a Kusama se hallaba, y aún se encuentra, una exposición de gran calibre que de igual manera implica morbo, intimidad y la fortaleza y complejidad del arte conceptual, se trata de Cuídese Mucho de Sophie Calle, artista, fotógrafa y escritora francesa nacida en 1953 y reconocida mundialmente gracias a su interés por la privacidad ajena, la manera en que ésta se experimenta y el cómo se ve a través de ojos ajenos dispuestos a juzgarla.


Sophie Calle constituye el ejemplo máximo del voyeur. Sus trabajos siempre implican el espionaje, la 25 documentación y la exposición de la vida privada como forma de confirmar la existencia de las personas

observadas. Aunque ha sido constantemente criticada por sus métodos de invasión, los resultados siempre generan una sensación universal y no una particular en la que las personas están tan expuestas como ella y, a la vez, se

mantiene

un

secretismo

que

impide

el

reconocimiento especifico del sujeto observado. Se podría decir que lo que verdaderamente hace a Calle una artista conceptual es el hecho mismo de proyectar una noción específica, pero siempre maleable, como es la idea de intimidad y el derecho a ella. Bajo esta visión se hallan los objetos que ayudan a definir al sujeto que, ya sea al repudiarlos, olvidarlos o acabarlos, constantemente los está afectando con su misma existencia; cada individualidad (gesto, manía o gusto) y cada decisión tomada (la preferencia de un color o marca) deja huella en el objeto que se posee, incluso si se trata de palabras que se eligen sobre otras con la intención de dar un mensaje y es justamente esto lo que sucede con Cuídese Mucho.

La artista francesa recibió un e-mail de su amante que le informaba que su relación había terminado, las últimas palabras que el autor le dejó fueron “Prenez soin de vous” (cuídese mucho) que da título a la exposición. Esas palabras escritas en un medio impersonal y lejano no tenían significado para Sophie Calle por lo que pidió a 107 mujeres que leyeran la carta y la interpretaran según su particular profesión; fue una manera de darle sentido pero también de hacer caso a esa última petición de su amante. Esta decisión implicó la intervención artística del objeto; la carta misma y las palabras en ella fueron copiadas una

y otra vez e intervenidas para

resignificarlas

más

de

cien

veces

que

fueron

documentadas por medio de videos y fotografías pero, especialmente, por las marcas individuales de cada mujer. La carta fue violentada, no por la agresividad sino por la fortaleza de la emoción, y en el acto mismo de rayarla, romperla, traducirla al latín, reinterpretarla como una canción e incluso dispararle, sucede un quiebre, una intervención a un espacio intangible llamado intimidad, y el nacimiento de un nuevo lazo personal entre todas las personas que la leyeron.


Fue fundamental para el proceso la primera y única intervención a la carta por parte de Sophie Calle, ella cambió el nombre de su amante y lo reemplazó con una simple “X” por lo que cada mujer que la leyó después no tenía un rostro específico para juzgar la situación. Aunque

varias

de

las

profesionales

involucradas, como su madre o su sexóloga, conocían la identidad del autor de la carta no es difícil sustituir esa “X” por cualquier otra personalidad incluso al tratar de mantener cierta objetividad. Con la excusa de estar interviniendo su propia vida privada, Sophie Calle realmente estaba exponiendo la vida, emociones y experiencias de esas otras mujeres dentro del ámbito de la ruptura romántica; esto dio como resultado evidencias de la existencia y labor artística de cada involucrada, incluyendo a la propia Sophie Calle que trataba de juntar de nuevo las piezas que la hacían ella misma.

Como amigas que se dan consejo entre ellas y van a tomar una copa para darse ánimos y restaurar la autoestima, esta exposición implica una visión femenina pero no feminista. No se trata de unirse en hermandad

sino

de

dar

tantas

interpretaciones como sean posibles a aquellas palabras que causan un profundo dolor. Sin embargo, como buen trabajo artístico, el resultado sí es universal por lo que cualquiera, hombre o mujer, se puede acercar a él si se abre a la empatía de la ruptura misma; en otras palabras, a todos nos han roto el corazón y todos hemos roto el de otra persona. La obra es un planteamiento conmovedor que busca afectar al espectador para que haga su propia intervención a la carta, a las palabras y, a pesar del riesgo emotivo, se sumerja en la crisis de la relación al hacerla propia.


27

La exposición, que estará en el Museo Tamayo hasta el 15 de febrero, está hecha para sentirse y padecerse, para vivirla y recordar pues no se trata de una mera expresión sobre el desamor, el sexo o la idea de una pareja, sino de 107 filtros que resignifican, interpretan y traducen palabras elegidas por un autor en un momento tan específico y privado como lo es la decisión de dejar una relación. El trabajo de Sophie Calle en Cuídese Mucho se puede entender como un proceso que va de un objeto (la carta que representa su intimidad), a una persona que interpreta sus palabras (dejando huellas claras de ello) y termina evidenciando su propia intimidad, a finalmente abrazar la universalidad del concepto lo cual permite una paz emocional y mental necesaria después de una ruptura que pone en duda la propia existencia.

Sophie,

Llevo un rato queriendo escribir y contestar a su último e-mail. Al mismo tiempo me parecía mejor hablar con usted y decirle lo que tengo que decir de viva voz. Por lo menos, esto quedará ya escrito. Como ya sabe, últimamente me he sentido mal, como si ya no fuese yo mismo en mi propia existencia. Una especie de angustia terrible contra la que poco puedo hacer, salvo intentar salir adelante como siempre he hecho. Cuando nos conocimos, puso una condición, no convertirse en la “cuarta”. He respetado el compromiso: ya hace meses que dejé de ver a las “otras”, puesto que no había manera de seguir frecuentándolas sin convertirla a usted en una de ellas.

Creía que eso sería bastante, creía que el quererla yo y el quererme usted bastaría para que la angustia que me empuja siempre a buscar en otros lugares y me impide por siempre jamás estar tranquilo y ser simplemente feliz y “generoso” se calmase con su presencia y con la certeza de que el amor que me aportaba era lo más beneficioso para mí. Lo más beneficioso que haya conocido jamás. Pensé que escribir pondría remedio, disuadiría mi “intranquilidad” y me permitiría ir a su encuentro. Pero no. Me siento aún peor. No puedo ni decirle en qué estado me encuentro. Así, esta semana, empecé de nuevo a llamar a las “otras”. Sé lo que eso significa para mí y a que ciclo me arrastrará. No le he mentido nunca y no estoy dispuesto a hacerlo hoy. Al principio de nuestra relación, usted me puso otra regla: que el día que dejásemos de ser amantes, no se plantearía volver a verme. Sabe hasta qué punto esta condición me parece injusta y desastrosa (puesto que sigue viendo a B y R) y comprensible (evidentemente…), de modo que no podría nunca convertirme en amigo suyo.


Pero hoy, el hecho de que acepte plegarme a su voluntad, a pesar de que echaré terriblemente en falta verla, hablar con usted, aprehender su visión de las cosas y de los seres y su dulzura para conmigo da cuenta de la importancia de la decisión que tomo.

Pase lo que pase, tenga presente que jamás dejaré de amarla de ese modo que me es propio como lo hice desde que la conocí, un modo que seguirá vivo en mí y, estoy seguro, no morirá. Pero hoy, sería la peor de las farsas tratar de prolongar una situación que, lo sabe tan bien como yo, ya no tiene remedio por respeto al amor que le tengo y al amor que me tiene y que me obliga a ser franco con usted, como un último tributo a lo que compartimos y que será, por siempre, algo único. Me hubiese gustado que las cosas fuesen de otro modo.

Cuídese mucho.

X


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No speak evil 贸leo sobre madera 122 x 80cm


Las hierbas y el remedio

Por Mario Islasáinz

Aquí sí que llueve con ganas, dijo el norteño; allá en mi tierra, nombre, para ver esto, se necesita que deveras haiga pero en serio un verdadero cabronero de nubes negras todas juntas, sino, nomás no, pura resequedad en el suelo y eso, cuando llega a lograrse, es cada día de san juan de la chingada, te lo puedo jurar hincado ante cualquier altar, y sin aflojar el paso se sacudía el agua que lo había empapado ya, casi por completo. Ella, caminando al lado y a su ritmo, de cuando en cuando lo miraba con una sonrisa de chiquilla traviesa sin responderle nada; estaban en sus rumbos y sabía bien que el aguacero tupido de esa tarde de marzo, no era nada comparada con las torrenciales lluvias del húmedo y sofocante agosto, en donde año con año se llegaban a inundar la mayoría de los pueblos de la Sierra por la que andaban buscando hierbitas para aliviar el mal de pinto, que según el norteño, con ellas, harían una fortuna allá en su tierra, pues mucha, muchísima gente padecía el mal y, no existía por aquellos lares un remedio para ello. Siguieron abriendo brecha, él, bajo la mirada de ella iba por delante con los ojos fijos por entre los matorrales y el aguacero, con la esperanza de hallar cuando menos se lo esperara, las primeras hierbas, que con sólo la descripción de la mujer sabría que resultaría el inicio de mucho, para consuelo de ambos que estaban embarcados en lo mismo; el dinero, que según lo que habían hablado, no les vendría nada mal a los dos. -No eran buenos tiempos para detenerse en algún trabajo, además de que ni los había; por ello, la férrea búsqueda de lo que les representaría plata suficiente y para él, más que de manera fácil a través de tan sólo dar con el mentado remedio.

-Llegaron a un borde de la montaña después de batallar contra maleza y agua, y el norteño intentó un alto para tomar un descanso; el aguacero había perdido contundencia, por lo que, sin palabras, esperó la anuencia de ella, quien al notar la pausa que el hombre le marcaba, sin decir palabra al respecto se le detuvo a un lado.


Se deshicieron de las mochilas sentándose sobre la que llevaban la casa de campaña en donde dormirían; la de 31 un los comestibles y demás cosas, esa, le sirvió de respaldo a ella, quien por fin se refirió al norteño en un tono

tanto burlón.- Y qué pues, paisano, te gusta el agüita, o prefieres la resequedad de allá de donde dices venir. -No pos, la mera verdad le contestó, sí, me gusta más esta agüita, aunque creo, ya traigo mojados hasta los calzones y, te voy a confesar algo, estoy arrepentido de no haberte hecho caso con éstas pinches botas que me están matando verdá de dios; sino fuera por la dichosa hierbita, me cai que ya sería la hora en que me estaría rajando, nomás que la necesidad es canija y seguro te ibas a reír de mí, además y no es por presumirte, pero yo, que soy hombre curtido al meritito rayo de sol, no me voy a echar pa’trás ahora, por estos pinchurrientos goterones, no, mujer, la mera verdá que no, yo no me muevo de aquí hasta no tener cuando menos unos diez kilos de la yerbita esa. -Ella, lo miraba, sin dejar de sonreír, procurando que él, no se diera cuenta-. Le caía bien, a pesar de haberlo conocido apenas cinco días antes en el pueblo donde vivía, en donde después de varias charlas, se enteraron que los dos se encontraban en la misma situación, de ahí, que estuvieran metidos en aquél lugar intentándole para con el remedio; lo que sí, y se lo advirtió, fue que la tarde estaba por marcharse y debían decidir, si se quedaban ahí a pasar la noche, o de una buena vez, buscaban otro lugar. - La Sierra no es un sitio aconsejable para decidir fácilmente por ella, es dura, bien cabrona paisano, no la tomemos a la ligera, piénsale, pero rápido, porque al rato, ni siquiera vamos a lograrnos ver las caras.

-Ta bien, yo creo que quién mejor que tú lo decidas, yo no conozco estos territorios, ésta no es mi tierra, estuvieras en mis dominios, hasta bailando te hago una vereda, pero aquí, ni dudarlo, tú decides y yo ya acepté, cómo la ves; -bueno, le dijo sin abandonar la risita burlona, pues entonces, manos a la obra, levántate y desempaca la mochila, armamos la casa aquí, ya está decidido, luego, vemos qué vamos a cenar, porque eso sí, ya tengo hambre y no dudo que tú también, y de una vez te aviso que no va a ser fácil encontrar leña medio seca para hacer un buen fuego que nos socorra para cocinar algo. -De eso ni te preocupes, no te digo que yo soy hombre curtido al sol, déjame ahorita, nomás acabo de armar estos fierros, y busco unos troncos gruesos, ya verás cómo me les voy hasta el corazón, ahí mero está lo seco, y ya con varios en las manos, yo mismo me encargo de echar a andar la lumbre.

-El norteño sabía su oficio; armó la casa tan rápido como si tuviese la suficiente práctica en ello y la oscuridad fuese su aliada y no contrincante, por lo que en seguida se les fue encima a varios troncos de árbol, dejados seguramente por los taladores infames que no perdonan la paz de la madre naturaleza asesinándole sus frutos impunemente sin volver a revivir nada. - Pinche País, y no se lo han podido acabar ésta bola de desgraciados -, decía el hombre consciente de lo que aún alcanzaba a mirar. Luego de varios machetazos certeros, inició con aquello de la lumbre; -nomás no te le arrejuntes mucho, le sugirió a la mujer, que una vez que agarre, el ardor nos


va a secar la ropa y a calentar los cuerpos y entonces, pasado un tiempecito, podrás hacer la cena; -déjame mientras cortar más leña para tener suficientes reservas, las noches no son cortas y desde morro le tengo miedo al pinche bicherío que seguro, muchos andarán rondando este lugar que elegimos, por eso, nunca está de más, - como en la vida - tener de sobra lo que aquí abunda, pa desgracia de todos, puras sobras de lo que matan los hombres. -La voz del norteño sonó grave, fuerte, como con encono. -Para aquéllos que en realidad, no saben apreciar en la riqueza que aún vivimos- ,y tenía el rostro colorado como la lumbre que cada vez, ardía más escandalosa; había cesado el aguacero por completo.

-Ella, asombrada por las reacciones de su acompañante, empezó a sentir pena por él y por lo que tampoco debía negar ya; el engaño acerca de las hierbitas y su destino del famoso remedio comentado al norteño para el mal de pinto. Sacó algo de carne de una lata, tortillas, y puso a calentar agua de lluvia, recolectada mientras él hizo lo demás para hacer café y evitar gastar la que llevaban desde el pueblo, total, ésta tendría que hervir y no habría problema alguno. -El hombre, si algo deveras cargaba con él, es que le había demostrado ser demasiado bueno, noble, de palabra, por lo tanto, no se valía lo que ella, desde antes de venir, no sólo tramaba, sino sabía perfectamente, por lo que pensó, sería mejor decirle todo esa noche y, no cuando quizá, fuera demasiado tarde para ello. La conciencia le remordía de dura manera, mientras le echaba dos buenos puños de grano de café a la olla y embarraba con aceite de la propia lata, la carne que pondría al fuego, se sentía peor. Él, había hecho ya una pila de leños para no necesitar más el resto de la noche y efectivamente, el calor que emanaba de la fogata hecha por el norteño, además de secarles la ropa, les calentaba de forma generosa los cuerpos. Eso, en medio de todo su remordimiento la terminó de convencer que necesitaba hablar, desfogarse diciéndole el porqué de su estar ahí con él.

Pronto estuvo el café, la carne lista y las tortillas calentándose, con verdadero afecto le sirvió al hombre y después se sirvió ella, luego, presurosos empezaron a engullir los alimentos junto con sabrosos tragos de café. -Está muy bueno todo, le dijo, tienes buena mano pa cocinar, por qué no haces más café, en serio que así bien calientito me está cayendo de maravilla y, a propósito, quién va a velar, o de plano nos acostamos, nos dormimos y ya. -Ese nos dormimos, ni siquiera la ruborizó, lo había dicho con tal naturalidad, que a pesar de haberlo conocido hacía apenas unos días, no le permitió tener ningún mal pensamiento hacia las palabras dichas por el hombre, quien se servía más café apurando un trago del mismo e insistiendo en que hiciera más, pues ese, estaba por terminarse. Mira paisano, lo de la velada tú dirás, ya te dije que la Sierra es dura, ahora, en cuanto a lo de la dormida, no tienes más que confiar en ti, que mira yo lo hago, no olvidemos que es solo una casa y tendremos que dormir los dos en ella. -Y eso qué-, le respondió, si quieres velo y duermo afuera, total, ya no llueve y por leña, corté la suficiente como para no preocuparnos, a lo mejor y hasta encuentro alguna estrella en esta bendita oscuridad, que


te juro, no me da nadita de miedo. -Aquellas palabras la terminaron de quebrar; él estaba dispuesto a velar y a dormir afuera de la casa, alimentar la fogata y todavía, darse tiempo para ver si hallaba alguna estrella33 en la oscuridad en la que ambos se hallaban inmersos, por lo que, se le quedó mirando a través de un resquicio de claridad que les brindaba el fuego y vaciando agua en la olla le dijo: mira paisa, la verdad es que no estoy aquí contigo por el dichoso remedio, las hierbitas de las que te hablé, ni siquiera sé si existan, mis motivos son otros, pero nada que ver con el hecho de estar aquí. -El hombre, que también la miraba como no creyendo lo que decía, le respondió sin dejarle continuar. Mujer, aquí está pasando algo que no entiendo, allá en el pueblo dijiste que viniéramos para resolver nuestros problemas económicos y yo acepté luego luego, porque te creí todo lo que me dijiste, y ahora me sales con que lo del remedio nomás no es cierto, que la mentada yerbita, ni siquiera sabes si existe, entonces, yo te digo, así a lo ranchero, ni tú eres quien dijiste ser, ni yo tampoco, a mí, lo del mal de pinto se me ocurrió mientras hablábamos de nuestras broncas, que esas, al menos en mi caso sí son reales, pero yo lo que quiero es dinero, y si tú tienes la forma de encontrarlo, no le veo problema alguno mujer, dime tu asunto y como te digo siempre las cosas, conmigo ya está, no hay más qué decir.

El café hervía y el silencio se hizo penoso, evitaron mirarse, se sabían descubiertos y a la vez, pareciera que se habían dicho todo, cuando en realidad, faltaba mucho por aclarar. Ella retiró la olla del fuego y le ofreció sin palabra alguna, más café; él le acercó la taza de peltre sin emitir palabra alguna tampoco, sabía que era a ella a quien le correspondía hablar y por ello, recibió el café con pasmosa tranquilidad, y volvió a sentarse a esperar.

Después de poco rato, ella se atrevió a romper el silencio. -Mira paisano, yo también tengo broncas, pero no son por dinero, la verdad es que aquí, internado en esta maldita Sierra, se esconde el desgraciado que me deshonró y lo quiero matar, así como lo oyes, pero bien, lento, que sufra el animal, igual o más de lo que yo he sufrido, a mí me echó a perder la vida, yo estaba por casarme, faltaban dos días para ello y el poco hombre, que me había rondado por años y nunca le hice caso, se metió a mi casa hecho un demonio en la madrugada, aprovechándose de que ya no vivían mis padres, y me ató de pies y manos; lo demás para qué te lo cuento, hizo conmigo lo que quiso; en cuanto amaneció, sin importarle nada, enteró a la gente de todo y se peló para acá el malnacido ese; por eso, cuando te vi allá en la ciudad, solo, despistado, con tu pinta de fuereño, te abordé de inmediato, sin temor, porque mis deseos de venganza lo superan todo. Así que, cuando aceptaste la invitación a tomarnos un café, me enteraste de tus problemas económicos y me di cuenta de que la malicia no existía en ti, esperé pacientemente a la segunda y tercera invitación escuchándote con la mayor atención posible, estudiándote al detalle; fue hasta la cuarta que me atreví a base de llevarte la corriente y, mentirte acerca de las dichosas hierbas, como un excelente remedio para hacer dinero y aliviar a la gente del mal del que me hablaste y, como dijiste reiteradamente, no existía en tu tierra con qué curarlo. La verdad, me vino de maravilla el inventar el engaño y con ello, aprovechar


la oportunidad de invitarte a buscarla aquí, en la quinta invitación. Te juro paisano, que pasaron muchas cosas por mi mente, mas al aceptar de inmediato el venirnos al sexto día sin pregunta alguna de tu parte, no tuve mayor chance y sobre la marcha, pensar en qué momento decirte la verdad. Ahora, como tú dices, que te diga lo que tenga que decir y ya está, pues lo que quiero, no es que lo mates, sólo que me acompañes por estos difíciles rumbos para dar con ese desgraciado, lo demás, corre por mi cuenta, quiero ser yo, quien se deshaga de ese infeliz; por dinero, no te preocupes norteño, ponle precio a tu compañía y yo, dándotelo una vez que haya pasado lo que deseo. Ya te lo solté paisano, y me siento tranquila, ahora, depende de ti, de lo que me digas.

La noche en serio estaba negra de no ser por el fuego que no dejaba de atizar el norteño; ni siquiera las caras se mirarían; fuera de eso, nada, sólo oscuridad y algunos ruidos propios del monte.

El hombre se levantó mirándola de manera distinta desde que se conocieron y, con voz pausada le dijo. -Cuánto estás dispuesta a darme, si como dices, mi compañía tiene un precio, vele poniendo cifras, a mí no me da miedo ningún hijoeputa, y menos si te dañó como dices que lo hizo, no sería el primero ni el último en mi lista; así como me ves, también tengo mi historia, sólo que yo, con las mujeres nada, para mí, todas son benditas, es más, me podría echar todo el incienso que quisiera encima, aquí, tú y yo solos, en medio de esta soledad, pero eso no se vale, para qué: tú échale números a mi compañía y ya veremos, yo soy hombre de palabra y si acordamos, pues como te digo, ya estará y entonces, hasta te voy a pedir que me lo describas al desgraciao, que en cuanto lo mire, hasta ahí llegaron sus días, porque lo que te hizo, me cai de madre que nomás no tiene nombre.

-Mira, aquí no traigo mucho, pero allá en la casa sí, yo ya hablé, ponle tú el precio y una vez que suceda todo, te lo doy. Mi vida, se la llevó ese maldito, para qué voy a querer ese dinero, ya no me importa nada, también soy mujer de palabra, y en cuanto a él, nada; ya te dije que ese es mío, y ni tú ni nadie me van a quitar el derecho de matarlo, a mí, ese infeliz ya me mató en vida.

-Ah qué la chingada, pos no sé, ya hasta se me cruzaron las ideas, la mera verdad no quiero hablar de dinero, dios sabe que me pelé del norte por algo parecido pero con hombres, y de frente; nada que valiera la pena, yo sé que nadie va a extrañar a los que dejé difuntos allá, pero te juro que todos lo pidieron con sus procederes, yo sólo me encargué de descargar un poco al rumbo de tanto hijo de la chingada allá en Juárez, de ahí mero soy, y estos cabrones se dedicaban a desgraciar a cuanta infeliz se les ponía para su maldita suerte en el camino, y la justicia nada, no hizo nada. Un mal día le tocó a mi mujer y hasta ahí, me dediqué, como ahora tú, nomás que solito, los


fui venadeando a uno por uno hasta sumar once, los maté sin piedad alguna. -porqué cabrón se las iba a tener-, 35 entonces fue que decidí de plano desaparecer de mi tierra. Estoy lleno de dolor, me harté de ver cómo desaparecían

las muchachas. Reconozco no haber hecho nada, como muchos allá, uno nunca sabe, hasta que me tocó ir a reconocer a lo que representaba mi mundo entero en un pinche terreno lleno de harta arena; estaba toda encuerada, me puse mal, y peor cuando los que estaban ahí, dijeron que le hicieron madre y media antes de matarla; tú sabes a lo que me refiero, y no me lo tomes a mal, pero tú estás viva, aunque digas que no, la vida es una y tú y yo la tenemos, por eso no puedo hablar de dinero, a final de cuentas, yo también para qué diablos lo quiero, si estoy más solo que un perro y, si de muerte se trata, después de oírte, yo también llegué muerto a tu ciudad, te platiqué todo eso de lo que hablamos en el café aquél, porque no sabía ni qué decir, no iba a salirte con las chingaderas que venía cargando; te acababa de conocer y, fuiste tú la que se me acercó; ahorita lo digo porque ya pasó todo, pero, en esos momentos, que no tenía ni para un miserable taco, tus cafés y las galletas que me invitaste, me inyectaron vida, me hiciste sentir lo que ya se me había olvidado; no soy malo, me hicieron serlo; pero te repito, no se perdió nada, ni me siento mal por lo que hice, se habla de más de trescientas mujeres muertas a manos de esos pendejos; yo creo que eran como el que andas buscando, a la mujer hay que amarla, ganársela pues, a la buena, de otra forma no vale y, para mí, tú vales un madral, te debo mucho, en serio; olvídate del dinero y si quieres, hasta del fulano ese, nomás dime cómo es, y completo la docena, ya luego, pues sigo mi rumbo hasta que me cargue la chingada, total, yo sí que no soy nadie mujer... No dijo más. Cuando ella arrojó unos leños a la fogata que se estaba apagando, se hizo un relumbrón que le dejó ver la cara inundada de lágrimas del hombre. No supo qué hacer, sólo se le acercó abarcándolo con los brazos, largo y fuertemente.

En pocos minutos, la luz natural empezó a infiltrarse al lugar donde ellos seguían apretados en un abrazo como si fueran uno.

Amanecía…


Hear no evil 贸leo sobre madera 109 x 80cm


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La sangre de los López

Por Moisés García Hernández

Los pasos de Julio resuenan en la atmósfera oscura del callejón. Rebotan en las paredes escarapeladas. Se elevan hacia los techos de los terceros niveles, más allá, hacia un cielo profundo tachonado de estrellas. El botín del atraco se oprime contra su vientre debajo de la sudadera, indispensable a pesar del calor. Atrás quedaron sus socios: el Silvio, el Pantera y López. [Ese López, castroso, ¡terco como una mula!, reclamándome que yo agarré una parte más grande que la de él. Se ha estado portando cada vez más ojete López. Y luego esa maldita risa de burla cuando me mira; el tono socarrón hasta para decirme algo sin importancia. Qué se traerá entre manos López. Ojalá no se le ocurra seguirme para quitarme la parte que tanto me ha costado; ese ojete es capaz de matar por cualquier cosa].

Atraviesa el callejón un coche negro, a la carrera, y deja el ronquido de su motor vibrando en el ambiente reducido. El incidente sacude los nervios de Julio y lo pone alerta. Enseguida voltea hacia atrás y distingue una silueta humana, alargada como una sombra, en la otra punta del callejón. [Tiene algo del andar de López; pero se ve demasiado alto para ser él; aunque podría ser él mismo que viene para intentar arrebatarme la parte que me pertenece. Lo peor de todo es que hoy no traje la navaja. Tendré que apurarme; aunque con este maldito dolor me costará más trabajo].

Su empleo de vigilante lo exprime y le tritura las piernas. Julio no entiende cómo el otro López, el hermano mayor de éste, a veces hasta se ofrece a doblar turno. [Aquel López, tranquilo y siempre camarada; no como éste, el menor: ¡terco, egoísta y culero como su madre! Más trabajador el otro López; hasta parece querer dejar el


negocio: su habilidad ha faltado en las últimas cuatro operaciones. O quizá también, como yo mismo, anda molido por ese pinche empleo de vigilante, pero lo sabe disimular como un verdadero hombre].

La calle se prolonga como un vagón inmenso. Por un instante Julio se ha olvidado del sujeto que viene tras él. La proximidad le ha conferido más altura. Ahora luce más oscuro, incluso mucho más delgado. [Ahora se parece más a López. Tendré que apurarme, si no quiero correr el riesgo de ser acuchillado por él. Sí, será mejor darme prisa, llegar a casa y acostarme a un lado de Irene; hacerle el amor a Irene que últimamente se ha vuelto huidiza en las noches y rezongona con el dinero. Sí, mejor apurarme].

Porque de pronto la silueta parece haberse alargado desproporcionadamente y sus pasos han comenzado a retumbar como baquetazos. Tal vez la acústica del callejón influya en esto. Quizá esa estrechez restirada afile las ondas hacia él. Posiblemente las estrellas tengan que ver con la monstruosa estatura actual del sujeto, pero también la contigüidad. [Sí, tendré que apurarme, todavía más]. Pues de repente Julio escucha sus pasos presurosos exactamente alternados con los otros, sin atreverse a voltear a ver. [Quién sabe si no sea López, o sí sea…] y sólo quiera alcanzarlo para arrebatarle su parte y dejarlo tendido de una puñalada a mitad del callejón.

Un erizamiento de pánico, mezclado con un deseo furioso de poseer a Irene, lo espolea con un brío sobrenatural: [Esos pasos a tan poquita distancia, Irene y sus nalgas soberbias...]. Esos taconazos casi espectrales, la turgencia respingada de los senos de Irene.

Los pasos inmediatos, ahora ya sincronizados con los de Julio, despuntan con un estruendo mayor. [Lo tengo en los talones. Si no volteo me dará un infarto].

A metros de su puerta, su propio nombre es un aliento frío que le resbala por la espalda. [¡Es López!...], la voz atenorada de López, diciendo “¡vente, Julio, vamos por unas caguamas!”. Y él “no, López. Estoy muy cansado”. Y López “ya ves cómo eres. Sólo unas cuantas. ¡Vamos!” Y Julio nota ese resol, ese “vamos”, ese brillo en los ojos que ya le conoce a López. Una malevolencia velada. Un abismo ya descubierto a la vuelta de la esquina. López le sujeta de un brazo con la fuerza de una llave de lucha. Con un aspaviento Julio se libera. Le dice “¡López, en serio, no quiero tomar!”, ya irritado por la violencia del otro. Y López “¿te vas a poner así?”, asiéndolo nuevamente de un brazo, la presión aumentada. La palpitación de su voz linda más con el miedo que con la insolencia. Su rostro es de una palidez lunar, pese a la ausencia del astro. Ahora lo pone de espalda a su casa y lo


empuja. Julio se resiste y dice “¡te digo que no, López!”, ya más enfadado. “Mejor llevémonos bien”, responde éste, acercando disimuladamente una mano a su cinto. Julio liberta su brazo con un nuevo aspaviento y39 corre deprisa hacia su casa. Entonces el puñal es como un dardo caliente chapoteando en un líquido viscoso y frío. Advierte Julio apenas la paradoja cuando otra fisura, apretada como una vagina adolescente, oprime aquel miembro metálico en la carne de su espalda.

Cae, irremediablemente. Oscuramente Julio se desploma. La noche es un enigma, una burla espantosa como una boca abierta mostrando su dentadura podrida. Siempre supo de López que era capaz de esto, y aún más, pero no del otro. Del otro —del hermano mayor— no lo pensaba. No lo piensa aun cuando ve una silueta de hombre surgir de su puerta, distante y silenciosa como una exhalación, y echarse a andar con ese ritmo pesado y bizarro de los López, del hermano mayor de López. [Tan miserable, tan ojete… tan maldito… tan…].


La gula carb贸n sobre papel 30 x 20 cm


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Sexta vez Por Angelo Negrón Falcón

Ella pone su mano sobre mi cabello y me agradece que le haya traído los pasteles de yuca que le envió mi madre. David me mira con algo de rabia. Su sonrisa de envidia se detiene al escuchar a nuestra maestra de noveno grado.

—Quita esa sonrisita —le dice con ironía —en el pasado examen reprobaste, si te pasa igual en este veremos a tus padres por aquí, ¿sería cuál, la sexta vez?

La maestra da la espalda y David no pierde el tiempo. Me enseña el dedo de en medio. Yo le sonrío y clavo la vista en el papel donde escribo mi nombre. Observo a todos. Están envueltos, incluyendo a David, en el encuentro con su imaginación y las reglas de poesía. La profesora ha solicitado dos poemas. Uno con rima asonante, otro con rima consonante y ambos que sean en verso de arte menor. Pasan los minutos y soy el primero en ponerse de pie. David me mira aún enojado. Él no lo sabe, pero quiero ser su amigo y si supiera que hoy por la tarde abogaré por él no me miraría así. Le entrego la hoja a la maestra y ella no puede dejar de ser amable conmigo. Me dice con ternura que mis versos tienen sabor y tibieza; elementos dignos de un buen escritor. Regreso a mi pupitre a mirar cómo uno a uno se van levantando a entregar su examen.

David, sonríe maquiavélico mientras regresa sin perder de vista mis ojos que confundidos están estudiando el rostro perplejo de la maestra. Su mirada se escapa del papel que David le ha entregado y una lágrima se desbanda por su mejilla. Logro sentir una gran curiosidad. Deseo leer la poesía de David. Me parece que es bueno en eso de escribir. De hecho ha logrado que la profesora no pueda impedir trastocar su siempre bien maquillado


semblante. Espero alguna alabanza hacia su escrito y en lugar de eso; “Misis” Matos se levanta y nos dice que el que haya terminado se puede ir.

Se llena todo de algarabía y del sonido de las patas de los pupitres al levantarse mis compañeros. No salgo, doy tiempo a que el penúltimo estudiante entregue y salga. Ahora sí, soy el último. Me acerco a la maestra y me informa que debo decirle a mami que esta tarde no me brindará tutorías de español. Mi entusiasmo se escapa y le preguntó por qué. Ella me extiende un papel. Es el examen de David. Lo leo sin poder entender. La miro; sus ojos tristes hablan. Inclina la cabeza y se pierde con premura en un libro de texto. La sonrisita de David retumba en mi cerebro. Vuelvo a leer angustiado el corto y preciso escrito: Mis padres no volverán a este salón por sexta vez y yo sacaré buenas calificaciones en su clase. ¿Sabe por qué? Porque si no, les contaré a todos que hace dos tardes la seguí hasta su casa. Así es, y al asomarme por la ventana la vi desnuda y gozando de todo el “sabor” y la “tibieza” de su “futuro escritor”, de su “poetita preferido”.


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Mentiras carb贸n sobre papel 30 x 30 cm


Borrosa Sin clientes no hay trata

Por Nora Coria

Enormes. Como globos. En blanco y negro. En primer plano. Y echada para atrás, su cara. Borrosa. Escondida atrás de los números. Así la encontré. Ofreciendo los servicios en un par de volantes mal hechos, pegados a un tacho de basura. Y el pelo largo. Nunca lo había tenido tan largo. Un buen rato me quedé parado al lado del tacho tratando de disimular. De a ratos me sentaba en el banco de piedra que está ahí nomás. Tenía que disimular. La edad no me ayuda. Tenía que arrancarlos y que ningún otro se los llevara. Hice bien en buscar un tacho para tirar la botella. Y en esa cuadra era el único. Casi en la puerta de la Casa de Cultura. No sé cuándo empecé a cuidar el medio ambiente... Será que mamá me enseñó de muy chico a ser limpio. Hice bien en buscar el tacho. Porque ahí la encontré. Algunos dicen que las casualidades no existen. Pero yo nunca ando por ahí y ahí estaba su foto. Borrosa. Pegada a la mugre. Lástima cómo estaba... Se nota que se puso para la foto porque mira como si estuviera contenta. Pero no se ríe como yo me acuerdo. Cuando se reía conmigo mostraba todos los dientes. Y ahí salió con la boca apenas abierta. Bien triste debía estar... Eran dos los volantes y estaban mal pegados. Se podrían haber caído antes de que yo pasara, se podrían haber volado entre el tránsito... porque los pegan así a propósito. Para que los hombres los arranquen rapidito, sin que se note lo que están haciendo. Y para que se los guarden bien guardados hasta que tengan ganas. O se aprenden el teléfono y se deshacen de la prueba del delito, del papelito roñoso con la foto mal sacada, con la propaganda de mierda. Borrosa.


Yo estaba muy nervioso para aprenderme los números, y no tengo buena memoria y... quería la foto. Por eso me quedé dando vueltas cerca del tacho. Como un perro. Había dos papeles y tenía que sacarlos. ¡A Dios le 45 pedía que ningún otro se llevara su cara ni se aprendiera el número! Quería arrancar enseguida los dos volantes. Pero a esa hora anda mucha gente por ahí. Tenía miedo. La edad no me ayuda. Y a esa hora anda mucha gente por ahí... salen de las oficinas y de los bancos, y están los manteros de Florida que empiezan a levantar sus cosas, y los turistas paseando, buscando los cafés de Avenida de Mayo. Pero ahí me quedé: que nadie me vea, que me trague la tierra, que nadie me vea. Y que nadie la vea. Que nadie me vea hasta que pueda salvarla. Tuve que esperar. Pasó el barrendero bien pegadito al cordón, pero pasó de largo el tacho llevando la basura de la calle para la esquina. Ahora sí, me dije. Pero enseguida: ¿No sabés si el 56 pasa por esta cuadra? Y ahí me distraje... Y cuando volví a mirar, ¡una de las propagandas ya no estaba!, o mejor dicho, un pedazo ya no estaba. Y ahí quedó la mitad de su cara. Borrosa. La nariz, los pómulos. Y sus ojos. Yo la recordaba o la soñaba con otra mirada. Y ahora descubría que ella podía mirar diferente. Me dio mucha rabia que mirara así y despegué a lo bestia lo que quedaba de la foto y saqué la otra con cuidado. Después corrí corrí corrí. Y ya no me preocupé por el basurero que se acercaba, ni volví a fijarme si el chofer que esperaba al lado del auto negro me miraba. No sé si ellos me habrán visto. No sé si alguien me habrá visto... Después de todo ¿a quién le importa un pibe que corre a salvar a su madre?


Money carb贸n sobre papel 30 x 20 cm


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Cada quien carga su cruz Por Claudia Yaneth Aguilar Herrera

En la familia Arroyo, la abuela Josefina se encontraba a punto de morir debido a una enfermedad respiratoria que no cedía. Mandó llamar a la menor de sus nietas, quien irónicamente llevaba su nombre, ya que así lo habían decidido sus padres. La abuela le dijo a Josefina en su último aliento que le dejaría su fortuna, pues confiaba en que la administraría bien y les compartiría a sus demás familiares. Josefina le dio un tierno beso en la frente y le prometió que se haría su voluntad. En ese instante la abuela murió. Josefina en esa época tenía 19 años, estudiaba una Licenciatura en Comercio Internacional, hablaba 3 idiomas a la perfección; siempre había sido muy estudiosa, el orgullo de sus padres. Pero el dinero la trastornó. Dejó su casa y se fue sola a un departamento en el D.F. Se volvió despilfarradora, comenzó una vida muy diferente llena de excesos, pero lo que le fascinaba era viajar por el interior de la República Mexicana. Pasaba meses en algún lugar, regresaba a su departamento, pero curiosamente no duraba mucho tiempo ahí y buscaba otro sitio para turistear. La familia preocupada, ya que por sus gastos excesivos, la empresa estaba casi en quiebra. Pero ella se negó a cambiar su nueva forma de vida, era su dinero e iba hacer lo que se le diera la gana, por lo que decidió retirar su parte. Finalmente, la empresa quebró y su familia tuvo que cambiar a una vida más austera e intentar abrir otro negocio. Ella, quien ya tenía 22 años, se fue a Michoacán a pasar un par de meses. Se hospedó en un hotel, y salió a pasear. Fue a un pueblo llamado Cuitzeo, al salir de la iglesia encontró varios puestos de baratijas. Había uno que se diferenciaba de los demás, tenía imágenes de santos ya avejentadas, como si llevaran tiempo sin venderse. La señora que atendía ese puesto era una mujer con alrededor de 50 años, usaba un vestido de la región, algo


descolorido; se cubría con un rebozo los brazos, muy particularmente escondía la mano izquierda, pero Josefina no le dio importancia, ella había puesto su mirada en una cruz muy fina con unas piedras azules que resaltaban con una gran belleza. —¿A cuánto vende esa cruz? —preguntó Josefina. —Cuesta 100 pesos señorita, llévela es muy antigua y muy poderosa si la usa como amuleto — le dijo la señora. Josefina sacó un billete de 200 de la bolsa y esperó su feria. De un pequeño cofrecito la señora sacó el dinero. En ese momento ella se dio cuenta que la señora tenía una sola mano.

No aguantó las ganas de ponerse la cruz, era como haberse puesto una corona, se sentía una reina. Regresó al hotel para arreglarse ya que había sido invitada a una fiesta organizada por la hija del Gobernador. Josefina quiso quitarse la cruz para tomar un baño pero sintió que la quemaba. Cada que ella lo intentaba sentía el ardor en su piel. Asustada, se vistió, salió corriendo hacia la iglesia. Ya no había ningún puesto, el lugar estaba cerrado. Casi a punto de anochecer, ella decidió regresar al hotel. Conforme caminaba entre la gente observaba sombras flotando, se le acercaban como ráfagas de aire helado. Gritaba, pero nadie le hacía caso, estaba perturbada. Llegó, se miró al espejo, no pudo evitar llorar, su piel lucía arrugada y sus manos parecían secarse. Una vez más intentó quitarse la cruz, pero salía fuego de ella y Josefina desistía. Fue durante un tiempo a esa iglesia, pero no volvió a ver aquel puesto. Desesperada le pidió ayuda al sacerdote; éste intentó rociar agua bendita a la cruz, pero en aquel instante comenzó a ver todo tipo de espectros alrededor de Josefina y le gritó: —Vete, no puedo ayudarte. Traes una maldición más fuerte que mi fe, desobedeciste y éste es tu castigo. Ella salió llorando. La mujer que le vendió la cruz estaba afuera pidiendo limosna. Josefina la tomó de los hombros y le dijo: —¡Ayúdame por favor! No puedo quitarme esta cosa, está maldita. No aguanto más. La mujer la miró con ternura, mientras las lágrimas escurrían por su rostro. —No lo entiendes Josefina, tu ambición te llevó a esto. ¡Mírame! —¿Cómo sabes mi nombre? -dijo Josefina extrañada.


La señora cuidadosamente se descubrió el pecho con su única mano. Su torso tenía una cruz marcada, como si hubiera sido incrustada en su cuerpo con fuego. Después prosiguió a mostrarle la mano izquierda.

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—Esto tuve que sacrificar para poder quitármela, aun así sigo cargando mi cruz. No terminaré nunca de pagar mi castigo, desobedecí a mi abuela… ¿te recuerda a alguien? Josefina palideció, no podía creer que se estaba viendo a sí misma. Regresó al D.F. se encerró durante meses. Sólo salía a comprar algunas provisiones de vez en cuando y mal vivir. Hacía un esfuerzo para no llegar a hacer lo mismo que la mujer, pero en su intento se alejaba más de la que era. Se veía demacrada, los ruidos y la sombra de los espectros no la dejaban en paz. Vivía en una pesadilla eterna. Un día despertó y al verse en el espejo dio un grito de horror. Se había convertido en aquella mujer. De la impresión tomó la cruz con la mano izquierda y logró quitársela. El puño le ardió, la piel le tronaba al rojo vivo al tiempo que gritaba y parecía no hacerlo, era tanto el dolor que no podía ni escucharse. Poco a poco entre ceniza y rojo sangre lo que fue su mano imperativa e imprudente quedó como un muñón. El cuarto parecía envolverla en un silencio perenne. No bastó con eso, la cruz nunca desaparecería a menos de que la vendiera a otra incauta. Volvió a Michoacán con lo poco que le quedaba de dinero. Puso un puesto afuera de la iglesia y esperó, durante mucho tiempo. Una tarde apacible, una joven entró a la iglesia, se hincó en un reclinatorio y al mirar hacia su derecha vio a su abuela quién había fallecido años atrás. Al darse cuenta de lo descabellada que era esa visión salió de la iglesia. Notó que había vendimia y se acercó a los puestos. En uno de ellos vio una cruz que le parecía fascinante. —¿A cuánto vende esa cruz? —preguntó Josefina. —Cuesta 100 pesos señorita, llévela es muy antigua y muy poderosa si la usa como amuleto —le dijo la señora. Josefina sintió que eso ya lo había vivido antes, así que decidió no comprar la cruz. Se dio la vuelta y siguió su camino. Llegó al hotel, recogió sus maletas y arrepentida regresó a casa con su familia, dispuesta a corregir su falta y obedecer a su abuela.


Mon贸logo carb贸n sobre papel 30 x 20 cm


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Colores A mis hermanos, Humber y Juancho.

Por Angélica Morales

A mí me tocó la balota roja.

La madrugada del sorteo mamá nos despertó a las tres. Teníamos que estar a las cinco en el pabellón de sorteos. Una maleta nos acompañaba a cada uno, con algo de ropa interior y una buena cobija. En el batallón hace frío y no te daban buena comida.

Mamá nos hizo un buen desayuno, pero no recuerdo haberlo probado. Cuando salimos de casa aún era de noche, papá por supuesto nos acompañó, ella se quedó en casa con mis hermanas que aún dormían. Antes de partir nos abrazó y besó la frente varias veces. Lloraba, tenía miedo de que no regresáramos.

En el bus, de camino, no hablamos, fue un viaje muy largo, denso. Juancho me miraba con cara de “ojalá nos salvemos”, yo, mientras, pensaba en qué inventarme, pies planos, universidad, lo que fuera para no irme.

Papá llegó hasta la puerta del pabellón con nosotros, entramos solos y nos sentíamos solos entre miles de jóvenes que también se sentían igual.


Buscamos nuestros nombres en las listas. Juancho y yo por ser hermanos estábamos en el mismo salón. Llegamos pronto y quedamos en el tercer grupo del salón siete. Allí había unos veinte militares, tres por grupo, los mayores eran los que tenían la bolsa con las balotas, uno a uno debíamos pasar a retirar una balota y luego, dependiendo del color, dirigirse a una de las mesas para el registro.

Había tres tipos de balota. La azul era para prestar servicio militar en la capital, con la blanca te exoneraban de prestar el servicio militar obligatorio, y la roja para prestar el año de servicio en la base de contraguerrillas. La mayoría de los compañeros sacaban la balota azul. Nada mal. Si casi todos la tenían no habría tantas plazas, así que tendrían que dejar a muchos.

Azul, otra azul, una más azul. Antes de que Juancho metiera la mano en el saco de las balotas, salió el primer camión lleno de jóvenes. Cuando la puerta del pabellón se abrió miles de padres se le acercaron, llamaban a sus hijos, por las rendijas les pasaban bolsas con comida, pero el camión aceleró y se marchó. Solo quedaron los llantos de algunas madres. Era el primer camión para la contraguerrilla. Ahora una Blanca, para Juancho, se gira y me la muestra mientras se le agranda la sonrisa. Después otra azul y luego la mía, roja. Desde ahí no pude hablar más con Juancho, me mandaron a una mesa diferente, donde no había fila, de inmediato me registraron y me llevaron a otro salón.

Allí había otros tantos como yo, muchos eran de mi edad y algunos otros tenían 16 años.

Nos revisaron todo para saber si éramos aptos. Gracioso ver cómo algunos se hacían los miopes, o se inventaba cualquier lesión para ser descartados, pero no valía nada. Para esto sí tenían los mejores médicos. Luego nos enumeraron y agruparon, así solo saldríamos de aquel salón para subir al camión que nos llevaría directo al monte. Al medio día ya éramos más de dos mil en el salón: los camiones venían con retraso, teníamos hambre, Juancho a esa hora ya estaba almorzando en casa con mi madre y mis hermanitas, mi padre seguía afuera, mirando cada camión que salía, para saber si yo iría allí.

Sobre las dos de la tarde no aguanté más y pedí ir al baño, vi que seguían llegando balotas rojas, las asignaciones iban por dos mil. Uno de los generales miró mi número, luego mi cara, después le ordenó al de la entrada que me dejara salir.


En la entrada de los baños tenían dos soldados, dos chicos jóvenes y delgados que aguantaban bien el fusil. Entré 53uno a la fila de lavabos, quise usar el último, cuando abrí la puerta habían cinco balotas rojas, estaban pálidos,

sentado en el retrete, otro sobre la cisterna y los otros tres sostenidos entre la pared y el retrete. Entra o se largame dijo uno de ellos cuando abrí la puerta. El que estaba sentado en el retrete se recogió un poco, yo me subí ahí y me sostuve contra la puerta. Pasaron tres horas donde solo se escuchaban las meadas de los compañeros, nuestras tripas chillar y las despedidas de los camiones. No nos atrevíamos a hablar entre nosotros por miedo a que algún militar entrara y nos escuchara.

Cambio de guardia, los nuevos soldados entraron a hacer la ronda. Una a una abrieron las puertas de los lavabos, eran de nuestra edad. –Son balotas rojas ¿cierto?, ninguno respondió. ¡Pasen lo que tengan o los sacamos!- dijo el más joven. Todos empezamos a buscarnos en los bolsillos, yo por suerte tenía la cartera conmigo y no en la maleta. Tres de nosotros les dimos dinero, los otros dos no tenían. -¿No tienen plata? ¿Tabaco?, ¿Marihuana?dijo el otro soldado. Uno de nosotros sacó un par de porros y se los dio. Bien callados, no quiero problemas por ustedes-. Y se marcharon.

Dos horas después escuchamos a los soldados saludando. Era un mayor que venía a inspeccionar. Los soldados dijeron que todo estaba en orden y el mayor siguió. Uno de los que no tenía dinero sacó una chocolatina aplastada de su bolsillo y la repartió entre los seis. La única comida del día.

La noche había caído, hace más de una hora no se escuchaba ningún camión. Uno de mis compañeros dijo que saliéramos, pero ninguno se arriesgó. A los dos minutos volvió diciendo que ya había terminado. Teníamos las piernas entumidas, olíamos mal, y seguíamos con hambre. Era media noche y también había otros cien o más como nosotros saliendo de su escondite, riendo, era nuestra manera de celebrar. Afuera del recinto ya no había ningún padre, se habrían creído que nos llevaron.

En el primer teléfono público que encontré llame a casa. – Sí, mamá. Estoy en Bogotá, me salvé.


Vicio carb贸n sobre papel 30 x 20 cm


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Sueños lúcidos

Por Jorge Jaramillo Villarruel

No es que fuera un feazo, no, es sólo que no era muy brillante y a ninguna mujer le gusta ser notablemente más inteligente que su hombre. Pero lo quedaban los libros y la televisión, y el tiempo necesario para aprender. Llegó a sus manos, vía correo electrónico, un curioso manual de sueños. El tema era tan estúpido que no merecía un segundo pensamiento de su parte, ni siquiera descargó el archivo de word. Esa noche, en el canal cuatro, un gordo y un flaco, supuestamente cultos, hablaron acerca de los sueños lúcidos, y era un tema interesante. Entró a su correo, buscó el mail, descargó el manual y comenzó a leer. Con el tiempo llegaría a dominar las técnicas, y siempre recordaría con orgullo esa primera noche, cuando descubrió su propósito en la vida. Estaba acostado, mirando el foco que ardía con luz propia, colgado de un cielo negro tapizado de focos pequeñísimos, completamente aislado de todo. El tiempo y el espacio se desmoronaban. Se dio cuenta de que estaba en un sueño y de que estaba consciente de estar en un sueño. A su lado estaba Carmen, la mujer que lo enloquecía de deseo, tan veleidosa como bella: inalcanzable. Se acercó a ella, puso las manos a la altura del pecho, con cierta timidez, pero recordando que el sueño no conlleva responsabilidades legales, se atrevió a tocarle los senos. Luego puso sus manos en la cabellera oscura de Carmen y la condujo abajo. Ella le dio sexo oral del bueno.


Lenka Klobasova es pintora, escultora, diseñadora de vestuario, nacida el 9 de julio de 1977.

Originaria de la ciudad de Brno, República Checa, incursiona en las artes desde temprana edad en la Academia L.S.U., en Brno, donde estudia dibujo, pintura, cerámica, escultura, grabado, litografía con el Maestro Emanuel Holek. En 1999 llega a México, donde asiste a los pintores mexicanos Manuel Guillén y Arturo Rivera, retomando así la pintura, dibujo y grabado. En 2004, estudia escultura y dibujo de figura humana en la Academia de San Carlos. En 2006 estudia con el maestro José Rodríguez en el Museo Nacional de la Acuarela "Alfredo Guati Rojo".

Estudios:

1983- 1991 Dibujo, pintura, cerámica, escultura, grabado y litografía en la academia L.S.U en Brno, República Checa, con el maestro Emanuel Holek.

1992-1996 Diseño de vestuario y modas en la Universidad de Diseño Textil de Brno, República Checa.

1997-1998 Curso de diseño de vestuario en Munich, Alemania con el maestro Walter Frost.

1999-2006 Estudio de pintura en el taller Guillman con el destacado maestro mexicano Manuel Guillén en Prado Norte, Lomas de Chapultepec.


2004-2005 Estudio de escultura y dibujo de figura humana en Academia San Carlos en el Centro Histórico, D.F.

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2006-2008: Estudio de muralismo con el maestro Eduardo Urbino y el maestro Manuel Guillén. Estudio de acuarela en el Museo Nacional de la Acuarela “Alfredo Guati Rojo” con el maestro José Rodríguez.

Tiene más de una treintena de exposiciones colectivas e individuales en República Checa y México.


Negocios umbrosos Cuando al fin creció, el chico de Nunca Jamás vendió su sombra a una transnacional. Hicieron spots publicitarios y hasta aplicaciones para Iphone. Ya es rico: obtiene ganancias desde las 8 a las 10 AM y de 3 a las 6 PM, pero nunca al mediodía.

Servicio comunitario Se solicita al público en general, su ayuda para localizar a una joven miembro de la raza Wröoblitah, la cual se extravió desde que salió de su nicho colmenar, el pasado 68 de febtriumbre. Responde telepáticamente al nombre de Drissühil, y sus señas particulares son: mide 83 metros, alterna entre verde y translúcida, tiene maxilípedos de locomoción, y porta en la espalda un jardín con dos fuentes y un campanario. No se le debe interpelar.

Hercólubus (Novo Edén) Al final del 2012, el temido planeta gigante pasó tan cerca de la Tierra —como lo hacía al principio la luna de Calvino—, que las cimas de sus montes rozaron lentamente nuestras azoteas: muchos —recordando al viejo Qfwfq—, usamos escaleras de mano y emigramos al otro mundo, más verde, más limpio, sin gente con míseros problemas.


Evita caer por el agujero equivocado 59

— ¡Un conejo que habla! —fueron las últimas palabras de Alicia. Segundos después, aterrada, veía cómo el demonio blanco de largas orejas, comenzaba a devorarla con esas fauces en las que pronto, muy pronto, sería deglutida por entero.

El engaño En la calle sintió que empezaba a convertirse en otro. Entre dolores indecibles alcanzó a llegar a la puerta de su casa. Luego no supo más. Ella le abrió, lo reconoció, lo besó.

Doppelgänger —En las leyendas nórdicas, ver uno su propio doble, es un augurio de muerte— me explicas inmutable, y lo único que puedo hacer, atónito, es escucharte mientras caminas a mi lado, con ese andar, esa voz y ese rostro, en todo idénticos a los míos.

Mensajería paranormal Sami Hyypiä, ex-futbolista finlandés, hoy se desempeña como chamán profesional. Su especialidad es invocar al Etiäinen, ese ente sobrenatural al cual hace aparecer en donde el convocador desee. Lo envía como emisario de sus clientes para leer mensajes o llevar telegramas cantados. Sin embargo, el espíritu rara vez los entrega con gran detalle.

Tramposo No creo en fantasmas, pero me dan miedo. Reconozco que soy yo quien empuja el vaso, que las sesiones de ouija son un truco para sacar dinero, sí, pero desde hace días mis respuestas me aterran.


De ti

partamos de una simple casualidad... que el silencio destape las miradas... que tus ojos desnuden mi mente... seamos el momento oportuno... que tu boca esconda la realidad y sea el placebo a la crueldad... abrázame... acércate... aspira-me... sueña-me... devora-me... seduce-me... encuentra-me… para pronto liberar-me de esta nostalgia que me pone romántica.

Formas que deforman...

La historia que se narra a través de mis ojos, la explicación a todos mis míes, son esos fragmentos de dolor que se esconden tras mis delirios, historia que algún día te podré contar... Es el dolor convertido en Ira, rencor hecho sarcasmo de odios que sólo cuestionan ¿por qué? Ahora soy yo, bordando letras, es mi historia construyendo mi ser... es la mi historia lo que me hace ser, la experiencia eligiendo dos caminos: destruirme o construirme, pero qué mierdas va a saber el dolor cuando se vuelve sufrimiento y entonces a mitad del silencio, con la soledad abrazándome, es el espíritu quien decide crecer… Bien a bien no me pidas olvidar, esa tarea no me sale nada bien, es menester aprender a recordar con dignidad lo que fue, de los dolores he aprendido que con el tiempo se vuelven insignias de guerra.


Las cosas como son 61

No he venido aquí a contar ninguna filosofía, ni metáforas de cómo se escurre la vida, mucho menos a que me conozcan, más bien he venido a conocerme, a alimentar a mis demonios, a reencontrarme en este enjambre de letras. Escribo sin talento para hacer de las ideas la textura acertada, escribo narrativa barata porque es la que me sale, tampoco recorto bien las líneas punteadas -no creo que sea necesario un bastardo más, creyéndose artista, talentoso o hábil- que de esos ya soportamos bastantes. Sólo me queda de consuelo un diccionario viejo, es únicamente mi narrativa absurda y barata, una mujer bordando hojas a granel. Así que no esperes encontrar algo de utilidad, sólo hallarás la imagen narrada de una desquiciada que ha emprendido el ruin camino de curarse y conocerse, que se ha entregado a la aventura de ser mejor, con el único objetivo de seguir en pie. Después de todo, con el tiempo los errores se vuelven virtudes.

Debrayes N (III)

Hoy me siento romántica, pero no del rosa, es como un romance melancólico que me despierta una terrible comezón en las comisuras en pro de un beso, un romance que se alimenta de una fantasía azarosa, porque al fin y al cabo la necesidad es una desgraciada... Me siento romántica con tendencia al suicidio emocional, porque déjame decirte que: sentir duele. Tal pareciera que vivir es dolo, me siento terriblemente romántica y enferma a la vez. Esto de excederse en el amor es jodidamente siniestro…

A francisco Me gusta la simetría de tus lunares mientras siento tu fuerza en mis entrañas, mientras tus besos son el bálsamo perfecto para el frío. Ojalá estuvieras aquí para marcar mi cuerpo con tus besos, con tu cinismo vanidoso y tu libertad orgullosa (ésa que me hace reír). Ojalá estuvieras aquí y te dejaras amar muchas veces en un solo instante, porque debes saber que en tus besos la eternidad cabe en 6 segundos. Y es que la acústica de tus besos


es lo único que quiero en mis días ruidosos. Esa acústica danzando sobre mis muslos mientras mis piernas van abriéndose a ti. 6 segundos mide la eternidad y es justo ahí donde dejo de ser para ser contigo, una carne 6 eternos segundos.


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テ]gel sin alas テウleo sobre tela 75 x 50 cm


Mujer escorzo 贸leo sobre tela 175 x 50 cm


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Mujer hielo 贸leo sobre tela 75 x 50 cm


Mujer en penumbra 贸leo sobre tela 25 x 30 cm


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Mujer fuego 贸leo sobre tela 25 x 30 cm


Mujer fuego 贸leo sobre tela 25 x 35 cm


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Mujer barroca Ă“leo sobre tela 125 x 32 cm


Mujer barroca 贸leo sobre tela 125 x 32 cm


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Adrián Sánchez Oropeza. Artista plástico. Orizaba Veracruz. 30 de marzo de 1967. Contacto: ciudadcreativaorz@hotmail.com aso3003@gmail.com

Datos escolares: 1987-92 Pasante de la Licenciatura en Artes Plásticas, Facultad de Artes Plásticas, Universidad Veracruzana, Xalapa, Ver. 1992 Postgraduado en Psicología de la Comunicación en el Instituto Pedagógico Latinoamericano y del Caribe, de la Habana, Cuba, en la Extensión Universitaria de la Universidad del Valle de Orizaba. 1993 Curso-Taller Gráfica Experimental y Neo- gráfica en el Festival Pedagógico Nacional de Artes del I.V.E.C 1994 Curso- Taller de Apreciación y Expresión Plástica en el Festival Pedagógico Nacional de Artes del I.V.E.C. 1996-1999 Curso- talleres de "Interpretación en el teatro de Títeres", "El Teatro de Títeres II “, "Psicología Educativa del niño y Desarrollo cultural del niño" “Los títeres y el Niño”, “Leer y Escribir” con el escritor Arturo Trejo Villafuerte. 2000 Diplomado en Ilustración y Diseño, U.V., Facultad de Artes Plásticas, Xalapa, Ver. 2002 Curso- Taller de Cortometraje en la Universidad del Valle de Orizaba. 2007


Curso-Taller de técnicas contemporáneas de la pintura impartida Rafael Charco Museo de Arte del Estado, Centro Veracruzano de las artes. 2008 Curso- Taller de pintura moderna con el maestro Alberto Castro Leñero Museo de Arte del Estado, Centro Veracruzano de las artes.

Otras actividades:

 Ilustrador de diversas revistas literarias tales como Pasto Verde, Hojas de Utopía, Suplemento cultural del Periódico La Jornada, y Tierra Adentro. Así como libros y plaquetas de más de 30 escritores y poetas Nacionales.  Colaborador del Museo de Arte del Estado, en el departamento de servicios educativos.  Coordinador del Primer Foro Estatal de Arte Contemporáneo “Perspectivas del pasado y posmodernidad” En el Museo de Arte del Estado.  Coordinador General del proyecto Ciudades Creativas, IVEC, Museo de Arte del Estado.  Coordinador del proyecto Circuito Estatal de las Artes Visuales, IVEC, Subdirección de educación artística del instituto.  Pertenece a la red regional de promotores de cultura de las altas montañas, de la cual presidió hasta el año 2010.  Ha restaurado en 1989 los murales del Sindicato de Obreros y Artesanos de la Industria Cervecera y Complementarias de Orizaba Veracruz. Pintados en 1950 por el pintor mexicano Eduardo Castellanos.  De 1990-2008, Colaborador en los murales del artista local Carlos Castillo Álvarez  En el año 2012 realiza el mural colectivo para la escuela de Artes y Oficios de Cd. Mendoza “Esfuerzo obrero”, con el tema: Cinética fabril, dedicado a la memoria histórica de las fábricas y la industria de la región de principio del siglo XX.

Cuenta con más de 50 exposiciones colectivas y más de 30 exposiciones individuales en el país y en el extranjero.

Su obra pertenece a importantes acervos particulares de coleccionistas de arte en Europa, Estados Unidos, Sudamérica y México. Su producción pictórica abarca todos los géneros, técnicas y estilos del arte gráfico y pictórico contemporáneo y clásico.


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Mónica Braun

Entre la piedra y el sol

vida que nos desvive y enajena, que nos inventa un rostro y lo desgasta, hambre de ser, oh muerte, pan de todos.

Sin prisa ya, sin ojos, sin mirada, a sí mismo mi padre se contempla en la quietud sin horas de su muerte. Ya siempre solo y mudo frente al tiempo, viviendo la existencia sin latidos de otras vidas que son también la suya y serán y están siendo de los otros.

Sangre silente que dispersó el aire,


sangre de mi padre en que respiro, sustancia liberada de sí misma. Voz nutritiva en las venas del mundo. Instante sin final, adentro, fuera, mi padre está en la entraña que palpita eterna e innombrable, sol y piedra.

Es el día, los pájaros, el frío, es el cristal del chopo y es el sauce del padre que no tuve y que fue mío, que ya es también sustancia de las horas, de sí mismo volviendo y alejándose.

Viven en mi voz, somos los tres nada, y somos todo y todos, y el que es dice no soy, no hay yo, siempre somos nosotros, la vida es otra, siempre allá, más lejos, fuera de ti, de mí, siempre horizonte...


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Ricardo Venegas

Tañido de silencio

¿Cuánto dura la vida? He visto la caída de una gota disipada en el suelo; efímera, más que la hormiga que merodea mis pasos.

Vengo también de un cielo espeso.

Como gota vigía que se esfuma me detengo a esperar ese momento.


Yamilet Fajardo

Sala de emergencias

En este lugar existen cuatro clases de hombres y mujeres:

Aquellos que portan una etiqueta verde, pelean por el baĂąo y se sientan a esperar dos horas o mĂĄs para ser atendidos.

Los de etiqueta amarilla la espera es de cuarenta minutos. Son los fantasmas de esta sala


saben que algo anda mal con ellos despiertan desgastados mordidos por una bestia de hocico sin fondo, el médico de turno no lo advierte pero ellos lo intuyen.

Los de etiqueta naranja caminan del brazo de sus esposas o de sus esposos aún más débiles. En ellos la prolongación del tiempo es dudosa menos de diez minutos para entrar, un día un mes un año para salir y regresar la semana que viene. Comienzan a olvidar de qué color pintaron la casa.

Y estos que están junto a mí.

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No es raro verlos morir esperando en sus sillas de ruedas.


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Marcos Merino Hernández

Mexicanos al grito de marte

Cometa, corazón de alquitrán, espectro fantasmal de coitos fallidos, magnetismo que atrae; sueño nuevo para dinosaurios de hoy devorando libros de historia, cumbre de fracasos fallidos.

2

En la noche encallada finge otro orgasmo, enano blanco y caliente, aurora boreal fusionando ADN, todo era oscuridad: repite el génesis. Venus: ruega por nosotros, cambia el cómic de la existencia.

3

Somos lo que sobra de la humanidad,


trozos helados en la órbita del sol, universo y cosmos en los confines del ser, energía del pulsar: miedo de saberte en mi piel como mancha, calamar misterioso regando tinta, radiación social matando posibilidades, hielo flotando en tus aguas, fiesta de vodka y ron.

4

En la región más desigual del mundo orbitan en la nada: miedo, terror: juventud violada, alianza contra el calentamiento global…

México está caliente.

Habla la raza cósmica inflamando de amor hasta la desesperación, mensajes en el espacio, hormigas interestelares como esperma que fecunda generando más nada.

5

Límite oceánico de astronautas, un paso en la luna, sigues ahí, estrella apagada, soy tuyo sin guerra de las galaxias, en la cultura del privilegio que no aporta donde todo se resuelve con estadística: 50% esto, 50% aquello: 100% nada; los pobres, el tema pendiente por los años loores,


llegaremos a los vórtices del alma: principio de los tiempos en el fin del mundo, vía láctea bañándose en peligro y maravilla.

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Qué es un delito electoral: océano de lágrimas, veleta incierta, rumbo desconocido, guía del silencio, maravilla en ruinas, baluarte de la desesperación, confianza de ojos abiertos, entrega a lo desconocido…

Helio, hidrógeno: verde y Violetta; nitrógeno, oxigeno: rojo y azul entrando al agujero negro en busca de rarefacción al final del túnel, ahí, la mente del artista plástico te hace: madre naturaleza.

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Ríos, lagos y océanos sufriendo efecto invernadero, Titán: todos lejos de casa, si Wagner no hubiera muerto… Existes como apuesta en Las Vegas reciclando las condiciones de la existencia, busca vida en marte, olvida la poesía sobrenatural: la tierra.

Te veré pronto,

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seguiré el sonido de tu silencio: último aliento cual ofrenda sobre olas de gas incandescente confundiendo la muerte.

8

Diálogo: no entiende, repite: cogito ergo sum, vuela al final del universo, construye la teoría del todo, volverás como esperma que fecunda generando más nada, esos, gases de reacción nuclear, no hay vida: otra estrella. Maravilla creativa inconsciente, años luz, nosotros tan cerca.

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Olvida lo que el sufrimiento provoca, géiser en el infierno. Te ha dado por gemir llevando a la desesperación tus manías, vacación en playas del universo presagiando otra crisis financiera en el cortejo fúnebre de la justicia, cúmulos de gas, joya en la pupila: Saturno, pulverízanos en tu anillo por orden de la fiscalía general de la república.

Nos defenderemos, tenemos la piedra de Goliat, ironía de vida tormentosa, cara a cara con el poder.


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En el otro extremo del universo: clima fofo, molicie y soledad… Medusa: estrella de la mañana: callada, insolente, sin escapatoria; bebes lágrimas a tragos, sufrir sería justo, una sonrisa: soy la causa.

Tranquilidad lejana, soliloquio de rebeldía, monólogo clamando amor. ¡Grita emancipada!, cándida luz de mis ojos.

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Saturno: desde la ventana una luz viajando en Rolls Royce Phantom, virus de vida cual pluma al viento desencadena torbellinos, ruge por mí, león de la tribu de Judá, relámpagos en marea roja violando el cielo materno: more summer wine: Baco sobreviviendo en convivencia sin hablar el mismo idioma entre paisanos del mundo.

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Mota de polvo en el universo, Júpiter no es lo que parece;

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llévanos al lugar sin espacio ni tiempo. Veo sin conocer, están ahí, embriones del sistema solar, no sé, tú lo sabes todo, Valkiria entregando el anillo del Nibelungo dando frente a la extinción, otra sonda espacial: Helio, Ra, Stonehenge: los veré pronto, ejército de soles quemando medio día. E. T. vuelve a casa…


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Daniel Medina Rosado

Irreal y marina

La osa no se hunde en el mar Paul Blackburn

He emprendido un viaje hacia alguna parte.

En las inertes horas de la playa, como roca inamovible, me he cultivado de energĂ­as, de lĂ­quidos vivaces y de espumas, de caracoles abiertos y el sexo infuso de sirenas.

En tifones de luz


se consagra el siempre conmovido océano.

Y alucino con la visión de un mar que yace muerto en la orilla.

Floto a veces entre algo que tiembla, alguien vivo que se muere y se asfixia con el rayo.

¡Y también me he sumergido con mujeres Atlántidas!

En más extensos mares me he perdido.

Bebiendo todo el tiempo, estoy ya ebrio de sal.

Completamente oscuro, con el cuerpo a la deriva, extraviándome, me alejo de la presencia del frío.


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Krishna Naranjo Zavala

Semblanza

Disuelves tus pasos en polvos de sol y vas de Colima a Guadalajara con los recuerdos que flechan tu corazĂłn de niĂąo lleno de canciones viejas

Caminas como encima de una luna embarazada con la armadura de un poema que resguarda tu florecer en cada ciudad brava

Yo veo de ti la integridad: porque te tienes entero entre tus manos por eso puedes salvarte porque te tienes entero entre tus sueĂąos por eso puedes salvarte


Con la distancia de por medio no puedo definir si eres fruta o belleza o sólo amigo o sólo ciruela

Por tu deliciosa espontaneidad deidad eres

deidad puedes ser

de lluvia

de cántaro

de hombre

de mujer

Yo dibujo a los hijos que no tendrás yo escribo los cuentos de tu infancia yo llegué a tu vida como por accidente y se convirtió en el interminable hilo que ahora cose nuestras afinidades

aquí tenemos el poema gestándose, querido iracundo

En una vigilia intermedia veo mi cuerpo esperándote frente al mar

el viento me jala las manos arrebatándome los secretos que llevan silencios tuyos

es precisamente la distancia que une nos subordina el uno al otro a través de risas mediadas por rostros

o de nada


(podemos llamarlos amigos) pero nadie como nosotros somete al mundo a tanto escarnio

hoy eres río

niebla

cuerpo que se desdobla

¿Algún día podrás cruzar mi nombre traspasando las sombras? ¿algún día posarás tu brazo en mi pecho que sabe de ti desde los dieciocho años? pero no iré hacia el futuro sino a tu caminar

mejor aún, irrumpe este poema, vayamos por cerveza que el mundo rueda sin nuestra melancolía.

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María Victoria Fabre

Trilce

Tres. Tres dulces y tristes. Algunas veces tristes. Las Gracias. Tu Santísima Trinidad. Trilce en flor y trino, retoña pájaro el oído. Crece, cántaro donde el agua se derrama, desde el ombligo al abismo. Eco, el que retorna, desde el tiempo más antiguo, cuando el cincel cortó la piedra, donde tu ojo dibuja en mí, una mujer.


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Michael Benítez Ortiz

Siempre infiel

Rudas sombras sobre mi mano blanca, delgada; los tornillos del cielo se han zafado por no poder dormir, mientras los mocos se escurren en las caras de las cruces de palo. El condón se rompió con el roce de tu clítoris enajenado en locuras puntiagudas. Domingos festivos. Chocolates y aspirinas para el dolor de muela de la caja de dientes de un cadáver: un hombre fue enterrado vivo y escribió su biografía con la mano izquierda, antes de enloquecer, después la borró con la derecha. Ella es un crimen perfecto. El poema: el arma para ese crimen. El amor a quien hay que asesinar… pero él triunfa sobre la muerte y el sufrimiento se hace eterno. Ella es una anciana metida en los bolsillos de una niña que le gusta que la admiren. Que nuestras lenguas bailen entre el sudor de las paredes excitadas. Hay que coser los versos en la máquina, los que rompió el corrector de estilo. No hay que olvidar que todos los billetes son falsos y hay que repetirlo mil veces: estamos casados con la muerte.


Ángeles Dimas

¿Qué clase de mundo predispone al pudor?

a los veintidós años a los diecisiete a los quince

antes de los quince tenía miedo de dar un beso en la calle y a los diecisiete la desnudez era una tentación monstruosa

yo no pude abrir los ojos aquella noche en la que mi piel se erizó —no sé si por frío o por deseo— bajo tus grandes manos oscuras tu mirada fija en mis pezones rosas —bajo el encaje— elogió mi buen gusto en lencería.


En algún momento, tu cuerpo se quedó suspendido a la orilla de la cama: no hicimos más que vernos y tocarnos y sonreír nerviosos ante el espectáculo de un cuerpo rodeado de diciembre.

Cinco años después, reapareciste en mi mente —en medio de la calle— caminabas hacia la esquina mientras guardabas un listón blanco en la bolsa de tu pantalón.

En el auto, tus besos —y tus manos— deslizándose por debajo del vestido nos llevaron a la farmacia los Smiths se fueron apagando al ser ignorados, y por primera vez pude sentir mis latidos alrededor de los tuyos.

Nunca pude escribir sobre hacer el amor ni pude contarle a nadie que aquella noche a mis veintidós viví lo que quise vivir a los quince.

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Ricardo A. Vega

Hijos

Todo familiar, todo improbable, e贸n de antesala, insoslayable destino.

Ardor de tierna mejilla, manantial de sonrisas que desatan hileras de azucenas, estallido en el pecho.

Abundancia de virtud.


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Obed Ruíz

San Carlos

Las verdaderas piezas de exposición están afuera del museo, a sus espaldas, en la entrada pidiendo una moneda.

Podrían colocarse en las vitrinas y los anaqueles los incontables tesoros que transportan en sus carritos de supermercado con el metal oxidado y un par de cartones multiusos, techos improvisados,


colchones orto-pédicos, sillas móviles que se pueden llevar a cuestas sin malestar alguno.

No es tan fácil como parece. Para bañarse es necesario despertar antes de que las calles comiencen a ser una pasarela improvisada de gabardinas y zapatos de charol

¿Cera para sus zapatos? No, gracias, traigo tenis.

En las tardes es imposible asearse porque nunca faltan los turistas inoportunos que en su afán de almanaque se disponen a rodear el edificio y fotografían a las ardillas

o los que simplemente caminan extraviados preguntando por el Monumento a la Revolución.


Por las noches todo empeora: nunca faltan las parejas calenturientas que no alcanzaron a cubrir la cuota del hotel Charlton e improvisan un reposet en las bancas del parque, bajo la luz del fallido alumbrado público, intermitencia de soles que se forman por turnos a espiarlos.

Para comer casi siempre es necesario cazar a los oficinistas-murciélago con sus ensaladas empacadas en contenedores de plástico y esperar a que después de su cigarrillo vuelvan a refugiarse en su madriguera hasta que el día se dilate y puedan salir sin temor de ser descubiertos en las aceras.

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Aunque no lo parezca también sentimos pena, no somos como nuestro perro, Tacho, para zambullirnos de cabeza en la fuente y robarle los trozos de bolillo a las palomas.

Las botellas de plástico y aluminio no duran más de cinco minutos en el piso, ya sea porque un niño se las lleva pateando hasta que los pies se le enredan al cruzar la calle o porque alguno de nosotros se adelanta y la recoge para juntar el kilo.

Veo que tienes muchos papeles, posiblemente tú ya lo hayas juntado entre toda la basura donde estás escribiendo.

Por ahora prefiero conservar


mi basura y no venderla, ¿quieres un cigarrillo?

Gracias, mano, los restos de colillas nunca son suficientes y no me gusta terminar con los labios pintarrajeados después de una amarga aspiración mentolada.

Hace una semana el guardia del portón principal nos dijo que había conseguido un lugar para nosotros en las mamparas. Nosotros le dijimos que sólo accederíamos a estar dentro de un museo para ser fotografiados si la exposición en turno se titulara “Libertad”.

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Sandrah Mendoza

Movimientos de ola

En este espacio que guarda mi cuerpo vacío los golpes de vidrio, la península me esperará el arco de asombro con las tonsuradas columnas de tus ansias

esperará al anfibio muerto por fiebres que se tragan sus propios desastres cuando espían el momento de apagar la tiniebla craneados - con sus respuestas corales imbuidos toscamente entre su saliva rústica y el estupor puro

sé, acabaremos míseros, pero con luz de bengala viva tú ganarás con tu sombra con tus nervios ópticos - curvos


con tus dos ases sordos de lodo

soy ahora quien carga entre los senos una lluvia de nebulosas de caos práctico que en sotol nada que escupe luces - locas luciérnagas cangrejos de plata en reverso mi gran tintero teórico las florecillas de un Saturno que observa cómo los cometas de un bocado me besan y aparece una armonía frenética - vorágine con tu lengua sin dientes, entre grietas suaves tu violencia metódica el instinto, las piruetas

el mendigo del alba parezco un perro golpeado por el camino que dejó el licor de tus muslos] los escalofríos infinitos mi reino es de tardes vacías y fastidiosas desde entonces]

hay aquí una ausencia que excita a la fuga a las ansias progresivas del descorche de amígdala del bingo que nunca grito y está mi encéfalo atrofiado por el volumen de tu lengua brava de tu puño del polvo, genio de tu mirada aguja que lleva los planes en el cielo los planos de la batalla y un porvenir acuchillante que me estrella en tu geometría ninfal

me escondo entre las flores espumosas de Plath me bailan con medias en el columpio me vuelven mecánica cuántica e interferencia de voces

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tú de nuevo entre ellas tu centro de curvas - come entrañas te vuelves mi azotea, mi albergue mi hogar de buganvilias, de matiz hambrientas con aroma de hachís itinerante en los espacios la euforia de dios

mi garganta con sus ecos tiembla tus huecos con peces dorados me asustan como los dardos que me lanzas y la hipnosis todo el día los aullidos de mi glándula endórfica me estanco en la ausencia de tus perímetros me vuelvo blando cuando afuera el mundo camina con sus óxidos opacos con sus anormalidades tan distantes de sí desconectados/ con sus síntomas patológicos sin atender pendulando en la vida a nada de irse más abajo hablo, claro, de mí de no cortar el cordón umbilical a tiempo de que los vestidos los llevo sucios de pecado de ir con aliento etílico con mis pulsiones humeantes y el innato impulso previsto por simios por el masivo reino animal

son las perturbaciones mántricas de anestesias en el omóplato cuando serpenteas entre mí con tus carnes corrosivas / Astillándome la piel provocando contracciones


y adicciones que me vuelan el orgasmo volcรกnicamente un zumbido de avispa me atrapa me llegar a otra galaxia que es el grito de tu nombre.

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Ayotzinapa Tinta sobre papel 13 x 21 cm


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Ayotzinapa 2 Tinta sobre papel 13 x 21 cm


Ayotzinapa 3 Tinta sobre papel 13 x 21 cm


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Alada Tinta sobre papel 13 x 21 cm


RĂŠquiem Tinta sobre papel 13 x 21 cm


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Sin tĂ­tulo Tinta sobre papel 13 x 21 cm


Sin tĂ­tulo Tinta sobre papel 13 x 21 cm


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Gustavo Santiago 29 años. Diseñador Gráfico e Ilustrador. Nacido en la Ciudad de las aguas alegres, Orizaba Veracruz. La ilustración ha ocupado parte de mi vida desde la edad de 17 años cuando por azares del destino llegó a mi mano un aerosol y comenzó mi travesía en el graffiti, tendencia que ha marcado mi trabajo como ilustrador. Estudié Artes Plásticas en la Faculta de Artes de la Universidad Veracruzana donde aprendí que mi vocación era lo gráfico y no lo plástico. Regresé a mi natal ciudad a estudiar la carrera de Diseño y Comunicación Visual en la Universidad del Golfo de México. En la actualidad trabajo en la Agencia de Publicidad Avoltha en donde he trabajado para diferentes clientes dentro y fuera del país, entre ellos Dinamo de Zagreb (Croacia), Kratom Infusion (Inglaterra), Tim Art (slovenia) entre otros. Me especializo en la creación de personajes o mascotas publicitarias, y en mis tiempos libres realizo ilustraciones de uso personal. Página del artista gráfico:

https://www.behance.net/boreck


“El escritor tiene ante sí, y a través de su obra, una gran forma de hacer llegar el sentir de lo que no se dice”.


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Ricardo Venegas

Nació en San Luis Potosí, el 26 de octubre de 1973. Poeta y ensayista. Estudió letras hispánicas en la FFyL de la UNAM. Director de la revista literaria Mala Vida (fundada en 1995), publicación ganadora de la beca nacional Edmundo Valadés para revistas independientes del CONACULTA/ FONCA (1997-1998 y 2002-2003). Colaborador de Alforja, Cantera Verde, Carácter, Casa del Tiempo, Casa Silva (Colombia), El Financiero, El Nacional, El Universal, Excélsior, La Pájara Pinta (España), Los Universitarios, Parva, Periódico de Poesía, Siete Culebras (Perú), Tierra Adentro y del suplemento La Jornada Semanal. Ha sido becario del CME (20032004) y del FONCA (2005-2006). Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2008 por Turba de sonidos. Parte de su obra se encuentra en antologías como En el rigor del vaso que la aclara, CONACULTA, 2001; Árbol de variada luz, Universidad de Colima, 2006; Acontraluz, Fondo Editorial Tierra Adentro, 2006.

Fuente: http://www.elem.mx/autor/datos/2002


I

En tu caso, ¿por qué escribir poesía? Se traduce en la búsqueda de un lenguaje que le permita comunicar la experiencia de una estética de la vida, de la vivencia. Me podría acercar también, por ejemplo, al concepto de la poesía de la experiencia, donde es necesario haber vivido para poder cantar algo. Y sí, creo que uno de los presupuestos esenciales es lo que Octavio Paz llamaba, para la poesía, contar y cantar.

¿En qué recae tu estrategia de escribir en verso libre, sin romper la musicalidad clave de tu poesía? No sé si hay alguna clave para poder escribir o algún tipo de mecanismo con el cual se puedan repetir los poemas de la misma manera; más bien pienso, que ya con la lectura de algunos autores y teóricos del fenómeno poético, uno llega a la conclusión de que cada poema tiene sus propias leyes y de que esas leyes no sirven ya para otro poema, las necesita crear para sí mismo. Es muy importante esta parte: la musicalidad viene del oído, de lo que uno percibe y de lo que uno cree que tiene posibilidades de ser un poema. Cuando uno se sienta a escribir se da cuenta de que no cualquier cosa puede ser un poema. García Márquez decía que “nadie se pone a reflexionar en la condición del lenguaje, hasta que tiene que redactar un telegrama” tiene una vigencia enorme.

La alusión a las cotidianidades está presente en parte de tu obra poética, ¿cuál es la estrategia que consideras, debe emplear el escritor para hacer hablar lo cotidiano desde una obra de arte, o viceversa? La cotidianidad no invita a ser redescubierta. Ya todo ha sido dicho, como decía el gran Amado Nervo: todo ha sido dicho pero como nadie escucha está obligado a repetirlo. Es indispensable el replanteamiento del lenguaje. No nos podemos abstraer del lenguaje que utilizamos todos los días. Ver por ejemplo los últimos sucesos en nuestra sociedad con los estudiantes de Ayotzinapa, el lenguaje mismo ha sido el que ha reclamado una justicia que ya recae hasta en lo social. Si nos damos cuenta, las proclamas, la utilización de la rima como en el caso de los estudiantes desaparecidos, siempre, se está presente un lenguaje rimado que también tiene un tono con el cual nosotros podemos retenerlo. La rima tiene en gran parte, además de la ironía y de lo que se busca cuando se


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proclaman cosas justas, un papel indispensable en el lenguaje. La cotidianidad, el aspecto de la realidad dentro de la literatura, impacta de manera inmediata. Ningún escritor puede abstraerse de todo esto. Ahí tenemos grandes casos de insignes escritores como José Revueltas con El Apando o Elena Poniatowska con La noche de Tlatelolco, con muchos escritores como José Agustín en la literatura de la onda, que toman, abrevan, de la realidad para poder tener un referente en la obra literaria; es decir, realidad y literatura, son cosas diferentes, pero para que la literatura lo sea debe ser planteada como una realidad autónoma y verosímil; ese factor de lo creíble es inseparable de lo que puede ser una buena novela o un muy buen cuento o un poema planteado en esos términos.

En alguna ocasión has mencionado que la literatura se ve inmersa como en un “hechizo”, ¿a qué te refieres con esto? Esa especie de hechizo o de magia se logra cuando el poema ya tiene vida por sí mismo, cuando es un ente autónomo e incluso ya está separado del autor y ya puede caminar por sí mismo a través del tiempo. Como lo han dicho muchos autores: es un antídoto del tiempo el que ya tiene la obra para poderlo sobrepasar. Y ahí están sendos autores en los panteones de todo el mundo y las obras de esos autores siguen aquí, acompañándonos y vivas.

¿Cómo te inicias en el periodismo cultural? Hace muchos años. En la preparatoria No. 1 utilizábamos un muro, gracias al apoyo de Ricardo Tapia (hoy una insignia de autor en derecho) y al apoyo de Raúl Rangel (ahora es un insigne médico), nos organizábamos y hacíamos un círculo literario; pegábamos en algunas paredes de los muros de la preparatoria, poemas, reseñas de libros, etcétera. Ahí fue donde comenzó esta especie de oficio. En algunos periódicos locales comencé a reunir algunas colaboraciones, conjuntar mi trabajo. Posteriormente me animé a colaborar en algunos medios nacionales. Comencé, en el 94 en El Búho de Excélsior; en Arena, con algunas colaboraciones esporádicas. Colaboré en El financiero en la sección de cultura, dirigida por Víctor Roura y en el B Excélsior que era dirigido por René Avilés Fabila donde tuve la oportunidad de publicar algunos poemas y entrevistas. Pienso que fue muy de la mano este trabajo de periodismo cultural que no ha sido tomado en cuenta como algo totalmente profesionalizado en nuestro


país precisamente porque aún está en vías de desarrollo en cuanto a la cultura, creo que faltan muchos lectores, falta de promoción a la lectura. Y si hay promociones por parte de las instituciones, todavía siguen siendo fallidas, y es precisamente la lucha en la que se encuentra también un escritor que puede ser promotor cultural, editor, poeta, ensayista, incluso hay muchos que son novelistas, dramaturgos, reseñistas. Pareciera que estamos ante un panorama de todólogos, de personas que hacen muchas cosas y que nos remiten a un guión que escribió Ricardo Garibay en esta película mexicana llamada El Mil usos, parece que el día de hoy asistimos a un panorama que, como no hay una especialización, profesionalización, en el área de la cultura, muchos se han animado a hacer las reseñas, de ahí que nuestra crítica tenga ciertas dolencias, y que no se haya profesionalizado en rigor para ver todos los ángulos desde los cuales se escribe una obra y poder apreciarla de una manera más enriquecedora. Tenemos a Evodio Escalante un gran crítico con estudios muy importantes realizados desde la Universidad Autónoma Metropolitana, a Juan Domingo Argüelles realizando antologías de poesía como Antología General de la Poesía Mexicana. Muchísimos autores practican la crítica y creo que el periodismo cultural ha tenido esa oportunidad de irse fortaleciendo en el país, no como uno quisiera, no es realmente lo que uno anhela: el periodismo cultural en México todavía tiene mucho que caminar, y lo que nos queda es continuar, seguir en el camino de la crítica –y de la autocrítica-, del trabajo que tienda a buscar la calidad en sí mismo.

II ¿Qué función tiene en la sociedad mexicana actual el poeta, el escritor?

El escritor tiene ante sí, y a través de su obra, una gran forma de hacer llegar el sentir de lo que no se dice –esto es muy importante-. La poesía ahora ha denunciado mucho (todo lo que está sucediendo en su entorno): la corrupción de todos los partidos políticos, las masacres, la intolerancia; todo lo que está sucediendo con los estudiantes de Ayotzinapa en Guerrero y con los estudiantes de todo el país; los feminicidios, las desapariciones forzadas, todo


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lo que le duele a este país que no ha podido solucionar ningún partido político, porque parece que cuando entran con muy buenas intenciones terminan hechizados por el poder y pierden la cabeza, la voluntad y los principios por los cuales el pueblo los llevó al poder. Es muy importante darnos cuenta del momento en que vivimos. También, lo que leamos será producto de nuestra formación como lectores, de lo que estamos formando nosotros como personas. La calidad de lo que estamos consumiendo como lectores tiene que ver con la clase de país que somos.

Como periodista cultural, ¿cuáles consideras han sido los fallos que se han cometido tanto en lo que respecta a las dependencias culturales de este país como a los propios autores en relación a la no generación de nuevos lectores? ¿El autor tiene también responsabilidad en esto? Las instituciones de la cultura han cometido el gran error de continuar en la burocracia y de que, en ocasiones, le ponen más el pie a los creadores que la intención de brindar un apoyo para llevar a cabo determinado proyecto. Pienso en lo que están haciendo muchas instituciones, por ejemplo, el no prestar el espacio para presentar un libro.

¿Cuál es tu opinión sobre el papel que están desempeñando las plataformas digitales y redes sociales con respecto a la literatura? Me queda muy claro que, tanto la plataforma digital como la real (libro físico), la biblioteca digital y la “terrenal”, tienen un papel determinante en la cultura, en la transmisión de conocimientos, y creo que no van a desaparecer ninguna de las dos, por el contrario, no tienen ninguna enemistad, no hay una visión antípoda por lo que a mí respecta. Conviven y pueden convivir muchísimo mejor si no se les ve como contrarias. En ese sentido, tanto la biblioteca digital y las redes sociales y todos los recursos de la tecnología actual, fomentan la difusión de la cultura literaria y de la cultura en general. Estamos en un momento decisivo, de muchos cambios y crisis en los cuales la cultura puede abrir y un terreno nuevo para la discusión y el debate. Por supuesto que las redes sociales han sido un canal definitivo para poder realizar este tipo de trabajo tanto de denuncia como de cuestiones muy prácticas,


pragmáticas, hasta aquellas en las cuales se ejerce una visión de este panorama de la actualidad. El libro como gran transmisor de conocimiento, de experiencia, y de todo lo que conlleva el acto de la lectura, nunca va a desaparecer. Es muy importante seguir fomentando la existencia del libro y el fomento a la lectura. En este país contamos con escritores de primera, hay creatividad, inventiva, maneras de transformar y modificar el entorno. En la palabra escrita hay infinidad de posibilidades. Muchos escritores tanto de gran trayectoria como jóvenes, están marcando la diferencia, un paso importante para lo que se está haciendo en este país con respecto a la cultura.

Bajo tu punto de vista, ¿en qué situación está la crítica literaria actual? ¿Es libre o al día de hoy funciona más como una pieza fundamental para el ardid propagandístico de tal o cual obra u autor? La crítica literaria en sí misma nos regala la experiencia de poder recomendar o de ahorrarnos una lectura de x o y autor. Todavía sigue funcionando como un canal a través del cual podemos admitir o rechazar una opinión de algún crítico que consideremos o no solvente. En México la crítica se ha ejercido, la ejerce de una manera bastante rigurosa. Un escritor como Evodio Escalante o un crítico como Juan Domingo Arguelles. Como estábamos hablando anteriormente con el tema de la lectura, Gabriel Zaid que lo comenzó desde hace muchos años y que le siguió Juan Domingo Arguelles. La crítica que se ha ejercido hacia nuestra propia literatura, desmitificando personajes como lo ha hecho Evodio Escalante acerca de Jorge Cuesta por ejemplo, o también ejerciendo la crítica a la obra de Octavio Paz. Nos conviene más desacralizar y desmitificar, y acercarnos más a los personajes, verlos como seres humanos, de carne y hueso, que verlos como dioses del Olimpo, inalcanzables. Sí, pienso que en la obra literaria hay un acuse de recibo de la obra literaria de personajes como Octavio Paz o de Juan Rulfo que ya son inmortales en nuestra literatura; pero también la crítica literaria ha sido un fundamento para acercarnos más a esos autores y ver que también se equivocaban, que tenían errores, y que eran humanos, más que humanos como diría Friedrich Nietzsche. Hay que ver a la crítica como esa posibilidad que se ejerce en este país para poder escribir y con ello ejercer una literatura de calidad, ya que sabemos que el mercado está infestado de grandes obras pero que solo se venden, no se leen o que se leen porque son obras que no consisten básicamente en nada, de pensamiento adelgazado, donde no hay un peso específico de obra. Estoy hablando de muchos géneros.


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En la poesía ha ocurrido al igual que en la novela, y como se acusa que ésta es una época de la novela, obviamente se ha prestado a que haya obras que no tienen ninguna calidad. Se puede ver y comprobar porque apenas un autor de Televisa sufre una experiencia trágica y ya quiere escribir un libro y volver best seller. Piensan, sin dedicarse a la lectura, sin haber leído absolutamente nada, creen que de la nada van a hacer una gran obra. No es así. Por el contrario, hay autores que toda su vida han leído, y al pasársela escribiendo, ensayando, logran la gran obra. La obra literaria no es una cuestión de sufrir un accidente o de tener algo que contar para desahogarse, sino del producto de un caminar, de un camino que lleva la escritura a los autores, autores que van acompañados de otros autores.

¿En qué nuevos proyectos estás trabajando? Tengo tres libros en puerta. Uno es de entrevistas a escritores y artistas plásticos del estado de Morelos. Otro volumen es el segundo tomo del libro Conversatorias que son entrevistas a poetas de los 50 y el tercer tomo es de entrevistas y ensayos sobre la obra de Ricardo Garibay, éste es un libro homenaje que se le dedica al escritor hidalguense que vivió muchos años en el estado de Morelos. Me da mucho orgullo que la cultura en Morelos, por lo menos la literaria –las demás áreas de cultura están apenas naciendo-. La cultura literaria está cobrando cierta vida, ebullición, hay muchos autores. Hay una gran riqueza, por ejemplo, la antología de poesía que se llama Estaciones bajo el volcán que pude editar en 2013, y eso es testimonio de todos los poetas que han podido salir a flote en el estado de Morelos. Hablo de Javier Sicilia que vivió en Morelos, de Armando Alonso, de Juan Díaz, de Itzel Sosa, de Elizabeth Delgado, en fin, una serie de autores que han dejado huella importante y que siguen escribiendo a través de este estado y que publican en muchos países.


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Daniel Murillo Pรกgina del autor: www.danielmurillo.com.mx Facebook: https://www.facebook.com/danielmurillo.fotografia


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Nueva convocatoria

Convocatoria abierta para todos los poetas nacidos a partir de 1960 a 1998 para integrarse a la Colección “Ruta Okupa” –serán plaquetts de 40 páginas, engrapadas y con portada (bajo acuerdo). Los sellos editoriales encargados del proyecto: Ediciones El viaje (Guadalajara) y Pasto verde (Orizaba. Veracruz). Dicha colección está limitada a 50 poetas que vivan en territorio mexicano. Esta convocatoria cierra el 31 de mayo de 2015. ¿Cuál es el proceso? Mandar la propuesta a rutaokupa@gmail.com, de ser aceptada, de inmediato se le avisa al aut@r para acordar y se envía su propuesta a Guadalajara para el armado, mismo que se enviará de vuelta para que lo revise el aut@r y quede albo, limpio, pues de cualquier detalle, se mandan las sugerencias de haberlas, para enviárselas a edición y obtener su ISBN. Hecho esto, se corrige todo y a impresión los 100 ejemplares, mismos que al estar listos, se enviarán al domicilio que dé el autor, mientras, se anuncia su inclusión en la colección, y se sube la entrada del autor seleccionado al blog destinado para difundir, tanto lo suyo como lo de otr@s autores. Todo el proceso por 3000 mil pesos, ahora sí que ustedes mandan, desde luego cobijados por los sellos editoriales que convocan. Mario Islasáinz Blog de la colección: http://rutaokupa.blogspot.mx/ Ediciones el viaje: http://www.edicioneselviaje.com/ El Celta miserable: http://celtamiserable.blogspot.mx/ Revista Monolito: https://www.facebook.com/RevistaLiterariaMonolito ¿Necesitas información más detallada? Contacta al editor Mario Islasáinz (34 años de experiencia en la labor editorial): https://www.facebook.com/marioislasainz14?fref=ts


Monolito XVI  

Abrimos este año con nuestro decimosexto número. 126 páginas de literatura y arte. El compromiso con nuestros lectores se mantiene: ofrecerl...

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