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Contenido:

Arte en portada: Mural Sincretismo de tradición e innovación (mixta sobre tela 2.5 X 3.5 metros) por Jesús Rodríguez Arévalo. Ensayo: “Octavio Paz entre nosotros” por Malva Flores. Artículo: “Lengua materna: la voz del corazón” por Alejandro Montaño. “Breviario de poemas en lenguas originarias” texto y poemas por Thub’ini Mäst’oho Reseñas literarias: Ricardo Esquer y Alejandro Rojas. Relatos: Norberto Luis Romero, Hiram Ruvalcaba, Armando Martínez Orozco, Marcela Royo Lira, Mar Franco, Wendy Nineth García Ortiz y Luis F. Cintrón. Minificciones: José Luis Zárate, Michael Benítez Ortiz y César Rito Salinas. Serie fotográfica “Marcos” por Silvina Maiulli. Poesía: Arlette Luévano, Frizia Guerrero, Adriana Cisneros Garza, Lourdes M. Collazo, Karina Gómez, Dante Vázquez, María Andrea Mónaco, Omar Garzón Pinto, Michael Benítez Ortiz, Susie Medina-Jirau y Jorge Dávila Vázquez. Arte plástico: Jesús Rodríguez Arévalo, Camilo Villanueva y Sara Diciero. Entrevista con Sara Diciero (presenta su serie Instalaciones Lumínicas).


Editorial

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*Octavio Paz, ¿por qué habríamos de recordarlo? ¿Qué nos dejó? La crítica fue una de las características principales que acompañó, durante toda su vida, al poeta y ensayista surrealista Octavio Paz. Fue un hombre que abrazó y creyó en la Ilustración del siglo XVIII —también conocido como Siglo de las Luces— pues vio en ella un foco que alumbraba diversos temas que permanecían en la oscuridad. Creyó y fomentó el pluralismo tanto en la teoría como en la práctica; la primera, desde sus ensayos y su poesía; la segunda, desde la inalcanzable labor por mantener espacios para la literatura como lo fueron las revistas literarias que tuvo a bien fundar —Barandal, Plural, Vuelta por mencionar las más importantes. Paz fue un hombre que nunca quedó mudo ante lo que no creía correcto, siempre tuvo voz, siempre fue escuchado para bien o para mal, nunca permitió callarse, censurarse, pensar en las consecuencias que traerían sus dichos y actos. ¿Cómo podría haberse sometido a ideas de otros, a silenciarse ante posibles represalias tanto en el terreno cultural como en el político, siendo un hombre Ilustrado y Surrealista? Con la luz le llegó la crítica, y desde allí comenzó a cuestionar el todo; trabajar en el arte de hacerse preguntas: la filosofía, y con ésta y las ideas del surrealismo —que ayudan a liberarse de cualquier imposición o reglas establecidas: el poder ser un tanto rebelde y ¿por qué no?, como lo era Octavio Paz, revolucionario—, Paz se encuentra, o por lo menos, se sabe otro, y por ello con su poesía crea puentes para llegar a sí mismo y abrazarse. En el conocerse se entendió y una vez en completa relación entre lo que pensaba y hacía, con el pensamiento abstraído a sí mismo, la tarea introspectiva realizada, salió con la fortaleza necesaria para decir y hacer sin miedos. Y ese decir y hacer se encuentra en su obra: en su poesía, su biografía; en sus ensayos, su pensamiento filosófico y político; en su hacer, su vida pública cultural —promotor cultural, no solo de la mexicana, sino de muchas otras latitudes. Paz fue demasiado humano y otro, y en esa desmesura de lo humano y del otro, nos vemos todos, nos identificamos, localizamos nuestros puntos flacos, los vacíos a llenar. Su obra puede ayudarnos a entendernos y entender al otro, y al otro. Octavio, el “ogro filantrópico”, es una luz al final del túnel desde un punto de vista individual. A Paz hay que entrarle sin miedo, sin prejuicios, sin la historia; hay que dejarse en su obra, analizar su obra, pensar su obra, criticar su obra, empaparse de él para al final preguntarnos: “¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?, ¿cuándo somos de veras lo que somos?”, para así, recomenzar. Al leer a Octavio Paz logramos un ejercicio crítico de nosotros mismos. *Extracto del texto “Cien años de Octavio Paz” publicado en Revista Biografía. Blog: http://revistaliterariamonolito.blogspot.mx/ Canal en Youtube: https://www.youtube.com/user/MonolitoEdiciones?feature=watch Facebook: https://www.facebook.com/RevistaLiterariaMonolito Twitter: https://twitter.com/RevistaMonolito ¿Quieres colaborar? Manda tus obras a revistarusticamex@hotmail.com Cada uno de los textos e imágenes aquí presentados, son responsabilidad y propiedad de los autores. Registros en trámite.


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*Octavio Paz entre nosotros Por Malva Flores

Hablar de Octavio Paz siempre ha sido difícil. Con mucha frecuencia, al hacerlo no se habla de su obra sino del imaginario que rodea a la persona y lo construye como el personaje de una oscura leyenda o de una leyenda heroica. Así, imagino que para la pequeña comunidad letrada yo pertenezco al ominoso club de quienes ven en Paz a un héroe, y lo imagino porque no hace mucho tiempo escribí un artículo donde intenté reconstruir los antecedentes de Plural, con base en cartas, testimonios y memorias de varios escritores. Alguien tuvo la generosidad de postear mi artículo en Facebook y en los comentarios, un joven crítico —Héctor Iván González— se dijo asombrado de leer un elogio tan desmedido. Volví al artículo y no encontré un solo elogio, un solo adjetivo que permitiera afirmar tal cosa. Pero hablar de Paz suele confundirse con alabanza. Denostarlo, una forma de la crítica. Así fue siempre. “Octavio Paz —decía Efraín Huerta— tiene en México sus más feroces y despiadados detractores, al par que sus adoradores más fanáticos. Ni una cosa ni otra le hacen bien a Paz”. Sus enemigos personales se habían ensañado con él tanto como sus admiradores habían construido el “octaviopacismo” más detestable. Sin embargo, advirtió: “más que el miedo al octaviopacismo, hay el miedo a no llegar a ser tan bueno como Paz”. Hoy encontramos lo mismo, más un reproche que denuncia que Paz perdió la simpatía por las causas sociales y “parece haber renunciado a la redención del hombre y de las naciones como tema político”. Este reclamo fue expresado hace 50 años por Antonio Castro Leal en su antología La poesía mexicana moderna. Hoy la poesía, dicen, ha regresado a la “historia” (como si la poesía no hubiera sido siempre hermana de la historia), e incluso se ha dictado bando oficial a la muerte de la poesía lírica, del mismo modo como hemos matado a la novela, al cuento, a la danza, al autor y no faltará quien dé muerte oficial a la palabra mientras fuera de aquí, en el mundo real, a la gente real no le importa nuestros dictados oficiales: la gente es realmente subversiva pues danza, cuenta, habla, canta. He dicho la palabra “oficial” y ya imagino que estoy en un error. ¿Quién dicta lo oficial? ¿Cuándo algo se vuelve oficial? Cómo es posible que piense que la poesía joven lo es. Cómo puedo creer


que la poesía actual nos dice todo el tiempo: “no hay más ruta que la mía”. Cómo se me ocurre pensar que la poesía siempre ha sido hermana de la historia. La historia la hacemos nosotros. Cada uno de nosotros tiene5 “su” historia y en cada uno de nosotros la historia empieza. “La poesía que me interesa empieza en mi generación y para hablar claro, le diré que empieza en mí”, dijo Huidobro en una entrevista muy conocida. Nosotros hacemos la historia, nosotros dictamos historia y futuro, condenamos también nuestro pasado. Pero no cualquiera es Huidobro. Muchos son los reproches a Paz y el tema político es ineludible. Habría que recordar que el poeta aseguró que no podíamos “renegar de la política; sería peor que escupir contra el cielo: escupir contra nosotros mismos.” Paz nunca renegó de la política y ejerció entre nosotros el dictado de Orwell —“decirle a la gente lo que no quiere oír”—. Los efectos de esa mala querencia marcaron su destino, un destino por cierto, que a Paz le dolió siempre. Así, le decía por ejemplo a Tomlinson, “Yo les duelo a los mexicanos. ... Y su verdadero poeta debería haber sido Neruda [...] Qué mala suerte han tenido conmigo —y yo con ellos”. Y es curioso también ese destino, si lo comparamos con los de otros poetas mexicanos, ellos sí, afiliados al PRI o a otro partido, pero que nunca le dijeron a la gente lo que la gente no quería oír. ¿Que Paz se equivocó? Él mismo lo reconoció en tantas ocasiones, aunque no siempre nosotros se lo reconozcamos y su vida fue también la del converso que encarna una violencia apasionada contra su propio error. Esa extraña forma de expiación se volvió batalla. No tuvo tiempo quizá para dar aguerrido combate al último de sus errores y solo alcanzó a confesarlo: El proyecto del presidente Salinas, escribió Paz, fue modernizador, pero algunos no tuvimos claridad suficiente y no pudimos ver algunos rasgos arcaicos de su gobierno. […] Mientras que el presidente Salinas intentaba llevar a cabo una política modernizadora, también incurría en las peores prácticas de nuestra tradición. El caso de su hermano Raúl Salinas de Gortari, patrimonialista entre los patrimonialistas y autor de prácticas fraudulentas que corrompieron aún más al Estado mexicano, es una prueba de la contradicción capital que corroía al proyecto salinista: modernidad inteligente pero también reincidencia en los vicios antiguos, desde la época colonial hasta nuestros días. No es posible ostentarse a uno mismo como modernizador e incurrir simultáneamente en prácticas […] arcaicas e inmorales.


Aunque su distancia con Salinas puede seguirse si se leen los artículos que escribió a partir de 1990, quizá 6 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ podemos nuevamente reprocharle la tardanza o la débil rectificación, que fue publicada en el último tomo de sus

obras completas, esas que han sido calificadas de “revisionistas”, aunque nosotros hayamos eludido, en nuestra revisión, esas y otras palabras. Sí, Paz fue un revisionista de tiempo completo, no solo de su vida o de sus errores políticos. También de su poesía, y así lo hemos juzgado. Que si volvía una y otra vez a sus poemas ya publicados y en cada ocasión los corregía, malo. Peor, que hubiera eliminado algunos, pues estaba trabajando para su posteridad, dicen, cuando no para el imperio. Y yo me pregunto si alguno de nosotros tuviera la posibilidad de volver a los versos o a las líneas que al abrir nuestros libros aún nos ruborizan, no los cambiaríamos. Pero nosotros no somos Paz y esa autocrítica a él no le está permitida. Pero qué bárbara, me dirán. Estamos hablando de poemas como “No pasarán”, que fue eliminado por Paz en las distintas ediciones de sus obras reunidas y ese poema, insistirán, es muestra inequívoca del momento en que Paz, antes de volverse un “poeta hegemónico”, aún creía en la solidaridad con los que no tienen voz, con los oprimidos. Que Salazar Mallén haya pensado que ese poema era una “pobre cosa demagógica, sin valor poético”, está bien. Que Paz dijera que los había excluido “no por razones ideológicas, sino por su indigencia poética”, eso no está bien. Ahí hay gato encerrado. Más allá de la calumnia con la que Salazar Mallén acusaba a Paz de haberse agenciado un boleto a Valencia gracias a ese mal poema, si nosotros lo leemos hoy, quizá no nos parezca tan lejano, pues su vehículo de expresión —el estribillo “No pasarán”, o la repetición de las primeras palabras de un verso con leves variantes al final, en tres o cuatro versos seguidos— es familiar del que ponen en práctica los jóvenes poetas que son parte del resurgimiento de una nueva poesía contestataria, social aunque menos ideológica. Quizá estoy exagerando. Vuelvo al poema y lo leo. Lo imagino en un ring poético actual, con luces y sonidos: poesía en voz alta, pues. No. No pasará. Y ahora que imagino las nuevas formas de la expresión poética recuerdo justamente que fue Paz quien inició Poesía en Voz Alta, junto a García Terrés. Al tiempo de impulsar ese proyecto en el que todavía hoy participan muchos poetas jóvenes, Paz reflexionaba sobre la relación entre tecnología y poesía. En un texto que fue rehecho muchas veces, “La nueva analogía: poesía y tecnología”, se entusiasmaba con la teoría de juegos, aseguraba que el poeta debía servirse de esos “cerebros electrónicos” que eran, dijo, “más eficaces que los viejos diccionarios de la rima”. Los nuevos medios de comunicación le parecían esenciales para “el nacimiento de una nueva poesía oral, la combinación de palabra escrita y palabra hablada, el regreso de la poesía como fiesta, ceremonia, juego o acto colectivo. Este último no es menos central que la abolición del yo: el poema vuelve a ser como en su origen.” Paz no vivió el cambio tecnológico radical al que hoy asistimos y que seguramente le habría entusiasmado. Ahora regresaría a su Blanco, para poner en juego virtualmente esa aventura de palabras. Hoy no tendría que haber


mandado a imprimir tarjetas perforadas para que sus discos poéticos permitieran diferentes lecturas. Hoy, 7 seguramente también, Paz reflexionaría críticamente sobre los nuevos medios de comunicación; quizá se

preguntaría si realmente somos libres en la redes sociales. A pesar de su impaciencia beligerante para que fuéramos, al fin, contemporáneos del mundo, o de sus violentos reproches a los dogmas, Octavio Paz creía en el futuro. Poesía y sociedad eran para él inseparables y tal vez por ello impulsó la creación de las instituciones que actualmente nos becan, pues pensaba que los beneficiarios no eran los poetas, sino la sociedad. Sin embargo, para el pensamiento revolucionario militante, antes y hoy, Paz es un conservador pues su poética y su política parten de una dialéctica que se resuelve en la reconciliación y no, en la confrontación. Esta es, de todas las paradojas que encarna la figura de Paz, una de las más profundas: la de un hombre que nunca rehuyó e incluso buscó la confrontación y que, no obstante, siempre deseó la reconciliación. Muchos de nosotros, cada uno a su manera, tenemos nuestro Paz. Otros tienen en Paz su antagonista. Pero Paz está entre nosotros cuando nos invitan a congresos y homenajes y escribimos sobre él; cuando hacemos antologías; cuando nos paramos frente a un auditorio para enfrentarnos con el origen del poema: su comunión oral con la sociedad. Paz está entre nosotros cuando defendemos a la poesía y creemos que el poeta no es solo una atracción de feria y sí una voz en la vida pública. También nos acompaña cuando creemos que Duchamp no era un simulador; cuando nos asombra y aún nos dice algo —como a él que fue su admirador y amigo—, el silencio de John Cage. Cuando leemos a Bolaño, cuando pedimos una beca a FONCA, cuando editamos y rescatamos del olvido autores que Paz publicó en Plural hace medio siglo, cuando creemos que el PRI tuvo ya su hora cumplida… cuando, quizá al final, nos dejemos, o nos dejamos ya, guiar por el ogro filantrópico. Pero Paz, esa persona, está muerto. “La poesía no busca la inmortalidad sino la resurrección”, dijo el poeta alguna vez. “En su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito”. Pese a que hoy sigue siendo difícil hablar de Paz,tengo la esperanza de que en el futuro alguien que sea parte de esa gente subversiva que allá afuera aún canta, cuenta, danza, habla, al entrar a una clase no aprenda a contar el número de verbos conjugados en un poema para de ahí colegir que el poeta es o no es priísta. Tal vez entonces, y después de dormir siglos de piedra, la magia del espejo nos devuelva: “un sauce de cristal, un chopo de agua, / un alto surtidor que el viento arquea, / un árbol bien plantado mas danzante, / un caminar de río que se curva, / avanza, retrocede, da un rodeo / y llega siempre. Esta es una versión abreviada del texto leído durante el Homenaje a Octavio Paz, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, el 27 de febrero de 2014. .

*Texto publicado primeramente por la revista Letras Libres (http://www.letraslibres.com/blogs/simpatias-y-

diferencias/octavio-paz-entre-nosotros).


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Lengua materna: la voz del corazón

Por: Alejandro Montaño

Cortaron nuestros frutos, quebraron nuestras ramas, quemaron nuestro tronco, pero no pudieron arrancar nuestras raíces. Frase de los Abuelos, atribuída al Popol Wuj, (aunque presente en otras tradiciones orales latinoamericanas).

La lengua materna es una de las primeras cosas que los padres heredan a sus hijas e hijos; y son precisamente las madres quienes, junto con la leche, dan las primeras palabras en el lenguaje del pueblo donde han nacido, de manera tal que forman un nexo indestructible que les une con la tierra, las tradiciones

y la cosmovisión de sus

antepasados. Las lenguas maternas de Chiapas y de México constituyen uno de los patrimonios intangibles más importantes que poseemos como Nación, que se expresa en el enorme valor de la palabra que brota del corazón de los ancestros como un Derecho Humano fundamental.


Lengua, Idioma y Dialecto: relaciones de dominación ideológica. 9

A pesar de que con frecuencia se habla de manera indistinta –y errónea- de idioma, lengua y dialecto, como si fueran una misma cosa, al mismo tiempo se le suele asignar una jerarquización –también errónea- a estos tres términos. Comúnmente suele hablarse de: “mi idioma” como algo más estructurado, eficaz, certero e incluso más refinado y bello que: “tu lengua”, y en el último sitio de la escala, de manera casi siempre condescendiente y profundamente discriminatoria, se habla de “sus dialectos”, como la forma más elemental, burda e inculta del habla humana; y en buena medida, de esta estratificación se encarga la propia Real Academia Española, (RAE) en tanto se trata de la institución que valida y legitima al Castellano como la Lengua Española por excelencia predominante sobre otras como el Catalán, el Gallego, el Vasco y otras lenguas habladas dentro del reino español, y cuya hegemonía se implantó en América con la Conquista.

La Academia define la palabra Lengua como: “[Un] Sistema de comunicación verbal y casi siempre escrito, propio de una comunidad humana, [que cuenta con] estructura, vocabulario y gramática propios”. Y añade que es: “[Un] Sistema lingüístico cuyos hablantes reconocen modelos de buena expresión.” [1]

En cuanto a la palabra Idioma, la RAE la ubica de manera más concreta como: “[La] Lengua de un pueblo o nación, o común a varios”. De esta forma, se entiende que todo idioma es una lengua, pero no a la inversa, ya que el idioma se refiere a la pertenencia a un grupo determinado, (de ahí que se le suela dar una mayor importancia, en tanto que el idioma es superior a la lengua); no obstante, incluso la propia Academia suele emplear ambos términos como sinónimos. [2]

Por último, la RAE define al dialecto como: “Sistema lingüístico derivado de otro, normalmente con una concreta limitación geográfica, pero sin diferenciación suficiente frente a otros de origen común”.

Existe entonces una subordinación ideológica -y hegemónica- entre Idioma (el propio) la Lengua (de los “otros”) y el Dialecto (que hablan “los incultos”).

No obstante, los dialectos (o variantes dialectales), lejos de ser “aberraciones” toscas e incultas de una lengua, suelen ser por el contrario, refinamientos y diferenciaciones del lenguaje, que parten de una forma de ver al mundo con una mirada distinta.


Por ello, en el caso de las Lenguas Maternas, existe la 10 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ reivindicación de grupos geográfica y temporalmente

determinados, que comparten historia, tradiciones y cosmovisión que les son propias, los cuales han hallado en su particular forma de hablar y comprender al mundo que los rodea, la forma de sobrevivir y resistir su autonomía, ante el embate de la lengua y cultura dominantes de los EstadosNación en los cuales residen, que suelen referirse de manera despectiva a sus “dialectos”, cuando en realidad se trata de lenguas bien estructuradas, como sucede con frecuencia en el caso de entidades como Chiapas, rico en culturas y lenguas indígenas, los cuales con mucha frecuencia son rebajadas a la categoría de meros dialectos. Las lenguas maternas son mucho más que léxico, palabras y conceptos: encierran formas únicas y complejas de pensar, sentir y ver al mundo; contienen el legado de personas que a lo largo del tiempo y el espacio han sabido enfrentar y resolver sus problemas, y constituyen el principal elemento de identidad de los pueblos. Desde el año 2000, se celebra el 21 de febrero como Día Internacional de la Lengua Materna, proclamado por la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). La fecha conmemora las manifestaciones estudiantiles ocurridas en 1952, en Dhaka, capital del actual Bangladesh (en ese entonces, parte de Pakistán), en las cuales varios participantes murieron para que se reconociera la lengua bangla como uno de los dos idiomas oficiales.

La Lengua materna es una entidad viva y en desarrollo constante, y como tal, se ve fortalecida por el uso continuo, o bien puede correr el riesgo de morir si sus hablantes no la mantienen activa, dinámica y sana. El Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) establece en su artículo 2 que debe entenderse por Pueblo Indígena o Tribal: “…a los pueblos en países independientes, considerados indígenas por el hecho de descender de poblaciones que habitaban en el país o en una región geográfica a la que pertenece el país en la época de la conquista o la colonización o del establecimiento de las actuales fronteras estatales y que, cualquiera que sea su


situación jurídica, conserven todas sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas”.

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Las lenguas del mundo: algunas cifras

De las poco más de 6 mil lenguas maternas que hoy se hablan en el mundo, cerca de 3 mil se encuentran en peligro, están amenazadas o muriendo.

Más de la mitad de la población mundial (cerca de 4 mil millones de personas) habla once lenguas: chino, inglés, hindi/urdu, castellano, árabe, portugués, ruso, bengalí, japonés, alemán y francés.

Por otro lado, unas 3 mil lenguas son habladas por tan sólo de 8 millones de personas.

Esto se traduce en que 96 por ciento de las lenguas vivas en el mundo son habladas por sólo el 4 por ciento de la población.

La UNESCO considera que la lengua de una comunidad está en peligro cuando 30 por ciento de sus niñas y niños no la aprende, por una compleja red de causas, que van desde la decisión de los propios padres, quienes con frecuencia deciden no enseñarla para que sus hijos e hijas no sean discriminados por la cultura dominante, o bien por situaciones de guerra, migración o desplazamiento forzado de la comunidad, o factores como el contacto con una cultura más agresiva, o acciones destructivas de los miembros de una cultura dominante, o una mezcla de estos y otros factores de carácter económico, político, social y religioso. La presencia de los medios masivos de comunicación, que en la mayoría de los casos emplea sólo la lengua nacional como forma dominante, ha contribuido a acelerar estos procesos de erosión lingüística en todo el mundo.

Las lenguas maternas en México

Más de 12 millones de personas en México, cerca del 11 por ciento de la población total, pertenece a un pueblo indígena. Nuestro país está considerado como el quinto país a nivel mundial en diversidad cultural (algunas fuentes lo sitúan en octavo puesto) con alrededor de 64 pueblos indígenas reconocidos, con más de 100 lenguas y variantes dialectales) así como el tercer lugar en biodiversidad.


Según datos de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), México tiene 12 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ el primer lugar en el mundo en variedad de reptiles, el segundo en mamíferos, el cuarto en anfibios y plantas

vasculares, el décimo en mariposas y el vigésimo en aves. Ambos datos no pueden comprenderse de manera independiente. Los territorios con mayor biodiversidad del planeta (y en México no son la excepción) se asientan mayoritariamente en lugares donde también existe presencia de pueblos originarios desde tiempos ancestrales; la biodiversidad se mantiene gracias a la tradición oral y a los conocimientos acumulados a lo largo de los siglos por los pueblos indígenas acerca de cómo convivir en armonía con el entorno. No obstante, desde antes de la llegada de los españoles, a la fecha, en nuestro país se han perdido cerca de 110 idiomas, incluso el chiapaneco y el cuilateco fueron declaradas lenguas muertas a finales del Siglo XX y principios del XXI, al fallecer sus últimos hablantes nativos.

De las lenguas que aún se hablan en nuestro país, al menos 14 de ellas se consideran en serio peligro, o ya moribundas, y cuatro o cinco más con un número 'sustancial' de hablantes también corren riesgo de desaparición por la tendencia decreciente de hablantes menores de cinco años.

Los Pueblos y Culturas Indígenas en Chiapas

Chiapas es una entidad étnicamente diversa y culturalmente plural; a nivel nacional ocupa el segundo lugar, tanto por el número de pueblos indígenas, como por la biodiversidad, con al menos 12 lenguas vivas y más de 10 variantes dialectales. La Constitución Política del Estado de Chiapas reconoce y protege a los pueblos: Tseltal, Tsotsil, Ch’ol, Zoque, Tojolab’al, Mame, Mochó, Kakchiquel, Chuj, Kanjobal, Jacalteco, y Lacandón, (o Maya-Caribe), pueblos que poseen y habitan territorios en 96 de los 118 municipios de la entidad.

Según datos del Censo General de Población 2010, En el estado de Chiapas, había 1’141,499 personas mayores de 5 años que hablan alguna lengua indígena, lo que representa 27.1 por ciento de la población de la entidad.


Cabe señalar que esta cifra no contempla a la población menor de 5 años en ese entonces, que ahora es mayor a 13

dicha edad, y es hablante de alguna lengua indígena. Las lenguas indígenas más habladas en el estado de Chiapas son:

Población de 5 años y más que habla lengua indígena en Chiapas, 2010[1] Principales lenguas Indígenas Total

Nacional

6’695,228

% Nacional

Chiapas

%Estatal

100 1’141,499

100

Tseltal

445,856

6.7

433,006

37.9

Tsotsil

404,704

6.0

393,272

34.5

Ch’ol

212,117

3.2

182,557

16.0

Zoque

63,022

0.9

51,611

4.5

Tojol-ab’al

51,733

0.8

51,143

4.5

5’372,809

80.2

24,084

2.1

144,987

2.2

5,826

0.5

Las demás lenguas indígenas a/ Lengua Indígena No Especificada

Elaborado con datos de INEGI, XIII Censo Nacional de Población y Vivienda, fecha censal 12 de junio, 2012. a/ Incluye otras lenguas indígenas de México y otras lenguas indígenas de América.

[1] INEGI. Perspectiva Estadística Chiapas, http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/espanol/sistemas/perspectivas/perspectiva-chs.pdf

Diciembre

2011.

En:


Se estima que de cada 10 mexicanos, uno es indígena, y de cada diez indígenas, uno es chiapaneco. De cada 100 hablantes de lenguas indígenas en el país, 14 declararon no hablar español. 14 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ Uno de cada cuatro chiapanecos pertenece a un pueblo indígena. El 35 por ciento de ellos sólo habla su lengua materna. Las lenguas indígenas en Chiapas se encuentran entre las 10 más habladas del país; el 88 por ciento de los indígenas de Chiapas son monolingües, y más del 80 por ciento de las familias viven en condiciones de pobreza. Entre las lenguas originarias con más presencia en el país, se encuentran el náhuatl, maya y las mixtecas, con 1.5 millones, 796 mil y 494 mil personas, respectivamente. El cuarto lugar lo ocupa el tseltal, con 474 mil hablantes, el sexto puesto es para el tsotsil, con 429 mil; y el décimo lugar para el ch’ol, con 222 mil. Las lenguas más usadas, por número de hablantes en Chiapas son: Tseltal y Tsotsil, juntas representan el 66 por ciento de la población indígena, seguidas por el Ch’ol, con 17 por ciento y el Tojol-ab’al, con 7 por ciento del total de hablantes en la entidad. Se trata de pueblos que a pesar de su enorme riqueza cultural, han sido víctimas históricas de una política brutal de despojo y explotación, así como de una indigna situación de exclusión, inequidad e injusticia que los han condenado a la marginación y pobreza extrema. A pesar de los avances en los últimos años en materia de reconocimiento de sus derechos humanos y colectivos, persiste un gran desconocimiento de su realidad, su cultura y su cosmovisión. En los últimos años, el Estado ha realizado un importante esfuerzo para hacer valido el Derecho a la Educación de los Pueblos Indígenas, prueba de ello son las traducciones del material didáctico y los libros de texto diseñados en lenguas indígenas. Asimismo, en los últimos años ha facilitado la participación de equipos interdisciplinarios de investigadores, pedagogos, antropólogos, lingüistas y traductores, los cuales se han encargado de la elaboración de gramáticas y sistemas de escritura de las distintas lenguas indígenas, que les permitan apropiarse de la forma escrita de sus lenguas originarias, en base a ello, se han desarrollado los libros de texto. No obstante, en algunos casos, el material didáctico, incluidos los libros, están alejados de los valores culturales y la cosmovisión de los pueblos indígenas. Además, se hace necesaria una verdadera política cultural por parte del estado mexicano, que propicie el respeto a la autonomía y a la autodeterminación de los pueblos. Por otra parte, es bien sabida la falta de acceso generalizada e histórica por parte de los pueblos indígenas al sistema de justicia oficial, situación que se desprende en rasgos generales de la inaccesibilidad geográfica, económica y cultural, vinculada esta última al idioma. El sistema de justicia en sí es excluyente de la identidad y la cultura indígena, lo que genera perjuicios y discriminación a su población.


En este sentido, no basta con la existencia de los traductores dentro de los procedimientos jurídicos y 15 administrativos, se requieren medidas que contemplen el pluralismo jurídico, basado en sistemas de justicia consuetudinaria; se requiere de la interpretación cultural como parte de la traducción en procesos legales. Es por ello que para la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Chiapas resulta particularmente importante que esta celebración internacional de las lenguas maternas no se quede solamente en la exaltación de la riqueza lingüística y cultural de los Pueblos Originarios, sino que se traduzca en políticas públicas y acciones de los gobiernos a nivel municipal, estatal y nacional en favor del acceso de los Pueblos a los derechos amparados por nuestra Constitución, de cara a las recientes reformas en materia de derechos humanos, y los instrumentos internacionales firmados por el estado mexicano que reconocen el compromiso de hacer valer los derechos humanos y colectivos en favor de los Pueblos Originarios de la entidad y del país, para que nunca más exista en nuestro territorio un México que dé la espalda y deje sin voz a sus pueblos indígenas. Cuando una lengua se pierde, en Chiapas, en México, en cualquier parte del mundo, una luz que ha estado encendida por centurias se apaga, junto con toda una forma colectiva de interactuar con el entorno, una filosofía, una forma de pensar y de ver y de sentir y de experimentar la vida. Se pierde un Universo. Los pueblos indígenas de Chiapas suelen darle una gran importancia y valor a la palabra, y se definen a sí mismos como hombres y mujeres verdaderos, que dicen verdad, cuya palabra tiene un valor, una fuerza y un peso que les viene de los ancestros que les han dado la lengua como su más preciado bien, al cual honran en todo momento.

[1] Diccionario de la Real Academia Española, 22.ª edición, publicada en 2001. En: http://lema.rae.es/drae/?val=Idioma fecha de consulta: Febrero 21, 2014. [2]

Saberia, Saber Educativo. Artículo “Diferencia entre Lengua, Idioma y Dialecto. En: http://www.saberia.com/2012/12/cual-es-ladiferencia-entre-lengua-idioma-y-dialecto/ fecha de consulta: Febrero 21, 2014. [3] INEGI. Perspectiva Estadística Chiapas, Diciembre 2011. En: http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/espanol/sistemas/perspectivas/perspectiva-chs.pdf


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BREVARIO DE POEMAS EN LENGUAS ORIGINARIAS

Por *Thub’ini Mäst’oho

INTRODUCCIÓN

La lengua es la síntesis de una cultura, de una totalidad, de una forma de ver, entender y hasta de interactuar con el mundo, con el cosmos. Es por ende, un ente vivo, dinámico, cambiante, se transforma, evoluciona, se adapta a los diversos momentos del espacio-tiempo de las sociedades humanas y de sus necesidades de comunicación. Al interpretar el mundo con sonidos, con palabras, con voces, la lengua se convierte en descripción, la necesidad de hablar, es así mismo la metáfora, el significado profundo del mundo, donde se encuentran la armonía y el ritmo. Pero también, el lenguaje es símbolo de presencia, de lucha, de batalla, de manifestar, de hacer visible lo que no se puede percibir con los ojos. Entre los pueblos originarios de estos territorios que de manera totalmente errónea llaman “México”, la palabra (la lengua), es dadora de vida, iniciadora de la totalidad, es creatividad, porque crea, inventa, propone; expresa el sentir de la madre tierra, de los árboles, de los animales, de los elementos, los astros y de la sensibilidad humana. Sin embargo, las diferentes facetas del poder, de la manipulación, de la opresión y del imperialismo, a lo largo de la historia, han decretado que las lenguas originarias son obsoletas, inútiles, arcaicas, incompletas para expresar ideas, en una expresión, son hablas incivilizadas y atrasadas. Por estas razones, al hablar y escribir en lengua originaria, es para mí, motivo de crear, de construir, de hacer, de dar a luz, de criticar, de manifestar. Al hablar en lengua originarias, se tiene la responsabilidad de evolucionar, de estar de acuerdo al presente en el que nos ha tocado vivir y contribuir, de alguna manera, a sembrar la semilla del cambio, que tan necesaria en momentos histórico-sociales como el actual, donde la enajenación, la ignorancia, la discriminación y el descaro del poder, mantiene esclavizados a nuestros pueblos, a nuestras lenguas, a nuestros pensamientos y a nuestras identidades.


La poesía, es sin duda, una de las manifestaciones más importantes de la lengua, es su voz, su canto, su grito, su 17 fortaleza. Sin embargo, yo no escribo poesía, tampoco es mi intención siquiera intentar en acercarme a ningún

género literario convencional, escribo por el placer de escribir, por el objetivo de que mis letras se expresen en acciones concretas, ya que pienso que, si la poesía no contribuye de manera tangible a una cultura de cambio social, político, ideológico y lingüístico, es entonces, cuando deja de tener razón de ser, es obsoleta, se convierte en letra muerta y en muestra inmutable del ego antropófago; es un conjunto de voces inertes, calladas, sin fuerza, sin aliento…

**Poemas por Thub’ini Mäst’oho

Xahmä / Axin

O Acaso… Canto I

Yaaa in In ityi, nakani-daa nuun-ni

Alguna vez me contaron

a niyo in kiv+ nteku da tii-dayo,

que un día existieron los nahuales [1],

da k'angandho, zithu, da soateyo, da

los k'angandho [2], el zithu [3], las soateyo [4], los

binnidxaba’,

binnidxaba’ [5], los

da ñu'un jin da ch'ulel...

ñu'un [6] y los ch'ulel [7]...

kuvi-daa a nakui, a sama nuun

seres de fuerza natural, de faceta cambiante

ntekudaa kue’e kuiya nuun nijin…

que trascienden al tiempo y al espacio...

Ña’an nanuku-ni-daa,

Fuí en su búsqueda,

nkuvi-ni kuni-ni-daa, nasa nakui-daa

quería conocerlos, sentir su fuerza

kakan ta’vi-ni nuun-daa sava nkoo naan ka

pedirles su ayuda para liberar a

da ñuu-dayo

nuestros pueblos

nkoo neen-daa ka, nkoo ka soko, nkoo

de la oscuridad, el hambre y la desolación...

na’vi-daa ka…


Tuhu yoho

Canto II

Honse da ode fo’nthai, b’ini ne hanxiza

Pero sólo escuché polvo, espinas y hojarasca

Othoo! Othooo! Xipí ra ndähi…

¡Nada! ¡Nadaaaa! decía el viento...

nu’bu, n’a ñenu’do m’et’o, nu n’a handi,

Entonces, una piedra caminante, primero, en

mefä nu n’a ra nt’ähä, bi tsabi

una mirada, luego, en un sueño, con matiz de

bi xikagi: Nu’u bi du! Nguetho nuhu ya hinda

tiempo desgarrado, me dijo:

hña’hu ra hñätza, ra hñämboni

"Aquellos, han muerto... Porque ustedes ya

bi pumfri’hu rá hmi’hü sehe

no hablan, la lengua de los árboles, la lengua

honse di kohi, pe honse n’a tuki…

de los animales, han olvidado su propio rostro…” “Nomás quedo yo, pero sólo por un momento…”

Tuhu uni

Canto III

A nteku nijia da tii-dayo?

¿Será que los naguales, nunca existieron?

A nini-daa kene-daa tyiji yuku?

¿Nunca supieron el arte de salir del monte?

Axin, maan-dayo kuvi tii-dayo?

O acaso, ¿somos nosotros los naguales?

A nkuvi ka sa’a kuii-dayo da yuku,

¿Hemos perdido el poder de hacer

nasa’a noo-dayo nute jin da iñu da ita?

verdes los cerros, claras las aguas y espinas

Nubye rä ga ntuhni’he

las flores?

Ga mafi’he Ga hianda’he…

Es tiempo de luchar, de gritar,

Nuhe di poge’he ma xita’he,

de hacernos visibles

ya kuamba…

quitémonos el disfraz, la mentira

Ra dänsu ga thogui ra du…

la dignidad trascenderá a la muerte...

*Poema escrito por Thub’ini Mäst’oho **Poema escrito en dos lenguas: Tu’un Savi y Hñähñu. Nota: Asesoría de traducción a la lengua Tu’un Savi por parte de Kalu Tatyisavi.


Glosario del poema “XAHMÄ / AXIN”

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[1]NAHUAL: de la lengua Nauatl Nauali=Disfrazarse, ocultarse, esconderse. Seres mágicos que tienen la capacidad de convertirse en animales, plantas y elementos. Pueden ser benéficos o malévolos. En la época prehispánica se creían en varias categorías de “Nahualli” dependiendo de sus poderes o de su capacidad de ver bien o mal a la gente. [2]K’ANGANDHO: de la lengua Hñähñu (mal llamada Otomí), K’angi=color verde y Do=Piedra, también llamados Tsanjua o Sanjuanes: seres cuidadores del monte, piedras caminantes que benefician o afectan a las personas de acuerdo a sus acciones con respecto al cuidado o descuido del monte. [3]ZITHU: de la lengua Hñähñu (mal llamada Otomí), “Respetable Señor”, entidad del monte, dadora de vida y de muerte, que habita en las cuevas y en los cerros. Relacionado con el término de “Diablo”. Por obviedad, muy respetado por los habitantes Hñähñu del Valle del Mezquital, aunque son pocas las personas que saben de su existencia, o en su defecto, dicen no saber del Zithu, por temor o por resistencia cultural. [4]SOATEYOTL: de la lengua Nauatl, “Mujer de los ríos”; seres femeninos cuidadores de los ríos, de los manantiales y de los afluentes de agua, que castigan a las personas o mueren cuando se contaminan los ríos, se orina o se escupe en ellos. Les hacen rituales en la Huasteca Potosina. [5]BINNIDXABA’: de la lengua Diidxaza’ (mal llamada Zapoteco). Binni=Gente, persona y Bidxa’=Cambiar, transformarse, mutarse. Éstos son seres con cualidades sobrenaturales, donde su poder radica en su “sombra”, y tiene la capacidad de robar a un joven su sombra en un velorio, hacer “dormir” a las personas y de chuparle los fetos a las mujeres embarazadas mediante su “sombra”. [6] ÑU’UN: de la lengua Tu’un Savi (mal llamada Mixteco). Ñu’un=Tierra, energía, fuego, seres habitantes del monte, de los cerros, de los cuerpos de agua, de tamaño pequeño, que tienen la capacidad de beneficiar o afectar a las personas de acuerdo a su comportamiento. [7] CH’ULEL: de la lengua Bats’i K’op (mal llamada Tsotsil), “Lo sagrado, Alma, Espíritu”. Conjunto de entes que habitan en el cuerpo humano y en el monte, en forma de aves de corral o antropomorfa, benéficos o malévolos. Son considerados como alter ego de las personas, que habitan en lo profundo de las cuevas y cerros, donde tienen, según la creencia de la gente, verdaderas ciudades semejantes a las del exterior.

Poemas en lengua Tu’un Savi y Hñähñu "YATAN YUKU" (Lengua Tu’un Savi) ...Nava-ni nuun katyi ñeni-ni... ka'an-ni je Savi... ityi-ni iyo kueka ini-ni tuni, tyi ntu kuvi-i kune'ya-a yutun-nu... ntu jika-a yuku-nu... nuku-ni, nuku-ni, nuku-ni... ntu katyi-ni koña'an... jie'ne-ni da yukú, ntu da ita... Nakuvi? Da yuku iyo-daa vii-ña, ntu da ita... Ssshhhhh: yukuan, yatan yuku, kixin ña'an ñu'un... kixin... kixin... ssshhhh sssshhhh... "DETRÁS DEL CERRO" (traducción al español) ...Volé en mis sueños... hablé con la lluvia... mi camino se entristece al no poder ver tu árbol... al no poder caminar tu cerro... busco, busco, busco... no digo nada, corto hierbas en vez de flores... ¿Porqué? las yerbas tienen su belleza, no las flores... Ssshhh: allá, detrás del Cerro, duerme la mujer-tierra-luz- fuego-energía... duerme mi amor... duerme... ssshhhh sssshhhh... "...NZÄNTHO..." (Lengua Hñähñu) Di tö'mi'i... ma ngo, ma nzäí... ra ya'bü habü gätho 'yo ne bi hñe ko ya thähi ge zi zänä... uam'ñyo ha ra ñu, ua'yo ha ra zi ngu, xi ja ndunthi ra tsä ha n'a 'bot'ähi, n'a 'bohmetho... ra thengö foste ya hinda pëts'i ra nküji... ra zi sëi


hinda pëts'i ts'ëdi... ya döni ne ya yo bi xikagi: nu'ahü ya bi pengui'hü... ra gospi ne ra xifi, bi pat'i ko ra xui... xui ne nsaya... n'a ra mfeni hñats’i ha ra nzäntho... 20 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ

"...PERMANENCIA..." (traducción al español) Te espero... mi fiesta, mi costumbre... el tiempo donde el todo anda, y se viste con hilos de madre luna... huella de coyote en el camino, huella de perro en la casa... hace mucho frío en un mezquital, un monte de quietud... el zacatamal ya no tiene sabor... el pulque ya no está fuerte... las flores y las velas me han dicho: ustedes ya llegaron... el fogón y el petate, se entrelazan en la noche... noche y descanso... un recuerdo vuela en la permanencia...

Sobre el poeta Thub’ini Mäst’oho (Canto de espina - Cerro de Garambullos). Lenguas que habla: Hñähñu (mal llamado Otomí), Tu’un Savi (mal llamado Mixteco), Nauatl o Maseuallajtol, Diidxaza’ (mal llamado Zapoteco), Bats’i K’op (mal llamado Tsotsil), Teenek (mal llamado Huasteco) y Ayuujk (mal llamado Mixe). Correo electrónico: thubinimastoho@gmail.com


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Sindicalismo moderno Ensambles y acrílico sobre muro. (Sindicato de personal académico de la Universidad Autónoma del estado de Hidalgo. Pachuca. México).


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UN MURMULLO ENTRE LAS RAÍCES

Por Ricardo Esquer

En tiempos de especialización, siempre se agradece el afán de dominar más de una disciplina, sea artística o científica, porque el esfuerzo implícito nos conduce más allá de los límites habituales, impuestos por la parcelación del conocimiento. Como resultado de este ir más allá de las fronteras artificiales, conocemos las cosas del mundo con mayor precisión y a la vez de manera más completa. Como si las correspondencias entre los distintos elementos de conocimiento construyeran una realidad más amplia y profunda que la de lo particular. Miguel Ángel Tafolla escribe y pinta desde hace muchos años. Sus escritos han

aparecido

en

suplementos

culturales y publicaciones colectivas; además, ha expuesto sus cuadros en algunas galerías –demasiado pocas, considerando su calidad artística– y, sobre todo, ha colaborado como ilustrador de varios libros editados por el INEGI, como los que reúnen los

textos

ganadores

de

los

certámenes culturales del Instituto y los cuadernillos de una serie dedicada a la historia mundial de la estadística. Muchos de sus trabajos, tanto plásticos como literarios, han recibido premios en estos concursos a lo largo de varios años. Pero sus obras se encuentran dispersas. Por eso debemos agradecer que nos entregue una obra realizada enteramente por él: Murmullo entre ciruelos, publicado a principios de 2011 con apoyo del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias y el Instituto de Cultura de Morelos. Estos murmullos están formados


de textos e ilustraciones de un artista de la palabra y la imagen. Los escritos, en su mayoría breves, como para 23 memorizarlos y transmitirlos oralmente, incluyen relatos, poemas, descripciones, retratos de personajes,

anécdotas y hasta sencillas recetas de cocina de su pueblo, Xoxocotla, en Morelos. Y así como su obra viaja sin restricciones entre lo verbal y lo visual, combinando historia y mito, deseos y testimonios, también su escritura transita libremente entre los géneros literarios. Sin embargo, esta libertad de tránsito resulta más aparente que real. Textos e imágenes están atravesados por la voluntad de representar un lugar y a sus habitantes, con todo lo que los une y les da sentido. El apretado tejido de relaciones entre la tierra y la gente forma una maraña que literalmente constituye las raíces de un árbol que, gracias a Tafolla, sabemos que se llama ciruelo. Como todo auténtico artista sabe, su libertad está condicionada o, mejor dicho, no lo libra de algo, sino para algo. Al caminar las páginas de este libro, nos enteramos de que los vínculos entre su autor y el lugar con sus habitantes significan mucho más que un origen o un pasado, que en sí ya suman bastante. Aquí los lazos aportan elementos para construir una identidad, tanto individual como colectiva, trenzados de tal manera que resultan significativos incluso para quienes no hemos pisado esos sitios. Así, cuando nos habla de la cocina rural, alimentos y utensilios cobran vida propia: “Tres piedras de regular tamaño conforman el fogón. A veces sostienen un comal de lámina donde brincan los chiles y las semillas o susurran sentados los jitomates. A veces cargan una olla que ronca cuando cuece frijoles negros con epazote o puja al hervir un atole de ciruela.” Además, “…no faltan las tortillas, la salsa y un ramo de pápalos dentro de un vaso de agua (…), y como mariposas verdes esperan ser tomadas con la delicadeza con que se atrapan sin dañar sus alas. Después de un bocado de algo, una hoja es depositada suavemente en la boca a manera de hostia campesina compartida en la eucaristía familiar.” Inmediatamente después encontramos el izquitepayuli, un dulce tradicional elaborado con “semillas de maíz y calabaza cubiertas de una delgada capa de azúcar cristalizada”, cuyo nombre se forma con izquitl, esquite; tepal, pedernal, y yolotl, corazón, pues la apariencia de las semillas es de “pedernal en forma de pequeños y abultados corazones”. La lengua, raíz elemental, nutriente constitutivo, está presente con su capacidad poética. Inevitablemente acude la idea de que el lenguaje nace metafórico, polisémico, y sólo en segundo término adquiere la univocidad que nos permite hacer referencia objetos y estados del mundo. Pero Tafolla no desconoce el humor con intención crítica. Al hablar de la vivienda, escribe: “En la entrada de una casita de adobe leí: ‘mi casa es tu casa’”. Y al final del mismo texto nos dice: “Una tarde, al pasar enfrente de una sucursal bancaria me pareció leer: “Tu casa es mi casa”.


Estamos en un mundo mestizo de fuerte base indígena. Y una vez más, confirmamos que la universalidad tiene 24 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ los pies –las raíces– bien plantadas en un suelo real, sobre el que se ramifica en las regiones del aire, donde la

humanidad es comunidad por encima de lenguas, razas y tradiciones.

Tafolla, Miguel Ángel. Un murmullo entre ciruelos, México, Instituto de Cultura de Morelos, PACMyC, México, 2011.


25

Nuestra praxis educativa Piroxilina sobre madera (Universidad La Salle. Campus La Concepci贸n. Hidalgo. Pachuca. M茅xico).


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NUEVA POESÍA DE LA DESOLACIÓN: LA OBRA PUBLICADA DE JOSÉ ANTONIO BANDA

Por Alejandro Rojas

La mirada pierde peso al avanzar el atardecer: sumisión, escritura, destino. José Antonio Banda

José Antonio Banda es un joven poeta nacido en Coatzacoalcos, Veracruz, en 1982, radicado en la ciudad de Irapuato desde hace algunos años. Ha hecho estudios de ingeniería en este país y en el extranjero. Sin embargo, desde hace algún tiempo ha sentido el ímpetu, la necesidad vital de trascender el lenguaje formal y objetivo propio de la especialidad que estudió para dar cauce a un apremiante y creciente mundo interior que de algún modo lo empujaba a sumergirse en el universo inestable -y por ello profundamente humano- de la poesía y su subjetividad objetivada, a interrogar en este proceso los cimientos del lenguaje y lo que éste tiene qué decir de la realidad última del hombre y su emoción primordial, que es, de acuerdo a la filosofía y la psicología modernas, la angustia, pero que una importante tradición de poetas ha decidido interpretar como dolor. Fue en el discurso de lo poético, o mejor dicho en la potencia generadora y regeneradora de la poesía, donde José Antonio Banda encontró un nuevo sentido para asumir la propia existencia y un paliativo contra el tedio de los días, la asfixia de las presiones cotidianas del hombre contemporáneo, y la esterilidad de un medio social enajenado y ciego a su realidad profunda. Así, ha decidido formarse un camino propio en las letras y dejarse experimentar ya como poeta.

Cuaderno en ruinas Banda, José Antonio Plataforma Irapuato, México 2011


Su primer trabajo formal publicado fue un cuadernillo de 27 poemas publicado en Irapuato, Guanajuato, en 2011, por

editorial Plataforma, bajo el cuidado editorial de Alejandro Palizada, llamado Cuaderno en ruinas. En este cuadernillo, nuestro autor inaugura su nueva vocación de poeta con los recursos retóricos propios de quien ha sentido amargamente el golpe del mundo en lo medular de la conciencia. Según los editores del cuadernillo, “es la huella de algo que ha sufrido y se ha descompuesto con el paso del tiempo. Aquí, cada poema trata de reconstruirse desde las ruinas del pasado.”

Cuaderno en ruinas es una bitácora de dolor en el que las horas son una sucesión de fatigas; en su espacio, el silencio es la entidad más fúnebre en tanto en ella no puede habitar la poesía; por ende, hay que vencerlo para cantar la congoja de lo que se ha derrumbado ya pero cuya belleza fragmentada permanece intacta, sólo para dar cuenta a sí mismo de que se es hombre y de que todavía es posible sentir: se sabe que las ruinas tienen su propio, extraño y secreto esplendor. Si como dice el poeta “Nada hay capaz contra su noche”, la consigna es, entonces, hacer un pacto con ese aspecto nocturno del ser y erigir por él un nuevo modo de estar en el mundo, un modo en el que el dolor es aceptado como sustancia del hombre y por el que nos acercamos un poco -sólo un poco más- a lo que verdaderamente somos. Si el hombre es elevación desde cierto orden de la naturaleza, también es caída desde sí mismo: “Siempre nos desmoronamos desde una altura nunca satisfecha”. En un apunte ontológico, José Antonio Banda declara: “El ser es un naufragio”, y en ese drama “No hemos de vencer. Nunca hemos de vencer”; pero a pesar de ello, la emoción en que se funda esta irreparable certeza es tan poderosa que “Siempre volvemos a lo nunca posible”, certeza que, el contexto de este libro, parece ser “la callada fidelidad de una costumbre: / hilar, hilar con débiles armas / las solitarias palabras del lenguaje.”


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Teoría de la desolación Banda, José Antonio Azafrán y Cinabrio Col. Libros a Cielo Abierto Guanajuato, México 2012

En 2012 aparece en la ciudad de Guanajuato, bajo el sello Azafrán y Cinabrio, en edición de Benjamín Valdivia, Teoría de la desolación, otro cuadernillo de poesía que continua el proyecto escritural de Banda, y en cuyo estilo es posible encontrar una mayor apuesta en el manejo de lenguaje así como textos de más largo aliento. Teoría de la desolación es, en mi opinión, una obra de más belleza que la anterior; y es en ella en donde la voz de nuestro poeta empieza a ofrecer sus más redondos frutos. Nuevamente, como el título nos advierte, el tono predominante es el de la desolación, el que sería propio de un derrumbe interior, y que nos habla de un desapego del mundo material, que de cualquier manera no ofrece seguridades, para hacerse un refugio personal en la dimensión, indudablemente rica, aunque fantasmal, del lenguaje. Hay hermosas asociaciones de palabras en este libro que experimenta con diversos ritmos, prescindiendo o no de los signos de puntuación según las necesidades expresivas de cada poema. Es también un libro amargo, pero de una amargura que deja en nuestro gusto la constancia de algo pacientemente trabajado: imaginamos al poeta luchando largas noches contra el lenguaje para arrancar de él algún resplandor, la faz pulimentada de un verso que se engasta a otro para formar un collar artesanal. Algunos tópicos de este libro: el abandono, la sensación de orfandad, la contumaz sapiencia de la muerte, la desgracia experimentada como un ambiente, la ausencia de lo que no tendremos nunca y la soledad del poeta (¿y de la humanidad entera?) como su condición sine qua non. Sin embargo, hay un momento del libro en el que descansamos de la atmósfera aciaga y leemos la declaración vehemente de un amor henchido de promesas, cuya plenitud rebosa vitalidad y enciende imágenes que convocan un fino erotismo. Leemos en “Por ti, sólo por ti”:


Se agota la sombra al acercarse tu horizonte Perla enamorada de su imagen

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La aurora busca su horneado polen en tu bahía Y el selvático perfume de las olas el infinito sentido de tu cuerpo […]

Mis ojos crecen en tus ojos Crecen hasta romper sus crisálidas Hasta caer enloquecidos por tu aroma Y mojar sus tiernas raíces en tus ríos

Y, a pesar de que este poema desentona con el conjunto de la obra si queremos entenderla como una unidad conceptual, es, en mi opinión, el mejor poema de libro. Otro poema de interés en este libro es “Hogar bajo la sombra”, que se elabora en torno al allanamiento, por parte de la policía, de la casa del reconocido poeta mexicano Efraín Bartolomé en 2011; suceso en el que fueron sustraídas ilegalmente varias pertenencias valiosas suyas y que, por sus implicaciones políticas, despertó una serie de textos periodísticos por parte de un sector de la comunidad intelectual y literaria de este país. Así, “Hogar bajo la sombra” queda registrado como uno de los pocos testimonios literarios con que la poesía mexicana se fraternizó con la desgracia del poeta chiapaneco, mostrando José Antonio Banda de esta manera un aspecto de comunión y preocupación social en su producción poética. Otro poema que acusa una nota de interés social en este libro es “Declaración de orfandad”, que plantea el tema de la ciudad como un espacio adverso, opresivo, al que el poeta se vuelve con un reclamo:

Yo odio profundamente la ciudad donde crecí […] porque no inoculó en mis ojos el frío polen del verdadero odio porque gesticulo tontamente frente al espejo diario de la soledad de sus calles.

La ciudad grita en mi oído me deja sordo sabe todo lo que no podré ser


conoce todo lo que he perdido 30 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ en mi taciturna sombra de rigor.

Un rasgo más a resaltar en este libro es la asimilación de algunos procedimientos tipográficos para dotar de nuevos elementos significativos a algunos poemas y proveerlos de una mayor plasticidad. El ejemplo más claro está en el poema “Desde el fondo del naufragio”, el cual está formado de tres columnas de versos que permiten lecturas diversas si se interrelacionan al arbitrio del lector, lo que apela a una participación más activa de éste, como en el caso de ciertos poemas de Octavio Paz, máximo representante en el ámbito mexicano de éstos juegos lúdicos en la poesía. Si algo pudiera yo reprochar a estos dos poemarios es el uso a veces privilegiado por el autor de ciertas repeticiones y anáforas que, si bien, sí llegan a producir su efecto de oscura salmodia, en mi opinión también entorpecen en ocasiones la agilidad de la lectura y llegan a parecer un recurso de construcción bastante inmediato. Pero, en términos generales, Teoría de la desolación delata la capacidad que ha ganado el autor para evocar sensaciones por medio del manejo del lenguaje, así como la continua atención del poeta hacia la flexibilidad de la palabra, que le ha hecho asumir riesgos cada vez mayores expandiendo los sentidos de la interpretación. El autor parece haber encontrado su nicho en la poesía; y todo con respecto a sus primeros poemas nos indica un crecimiento técnico como trabajador del verso.

Bien, de esta manera hemos repasado a vuelo de pájaro la trayectoria de este joven poeta mexicano que se inserta en la llamada Generación de los Ochentas, mote al parecer provisional y que todavía necesita su revisión críticoacadémica, con el que los círculos literarios y de lectores de este país han asignado a un grupo de jóvenes escritores nacidos en la década de los ochenta y que publican de manera más o menos constante en medios impresos y electrónicos diversos (poemas sueltos de José Antonio Banda han aparecido en Círculo de poesía, Asamblea de palabras, Dulce arsénico, Anomalía, entre otros).

Esperamos que esta reseña haya suscitado el interés por esta

obra, para que el lector se adentre por sí mismo en sus páginas y dialogue a su manera con la expresión sombría de este poeta que, a diferencia de la gran mayoría de los autores de su generación, revalora el aciago problema del hombre frente a su desamparo constitucional y lo sostiene como eje capital de su poética.


31

Benito de las américas Acrílico sobre muro (Muro exterior del ayuntamiento en Salcedo. República Dominicana).


32

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Axis mundi

Por Norberto Luis Romero …Yavé le dijo: “No te acerques. Quita las sandalias de tus pies, que el lugar en que estás es sagrado.” EXO, III.5.

Se decía que en el verano del año 1911 –año bisiesto-, el tío Eleuterio había tenido el accidente. Una caída tonta, una caída de niño, si se quiere, porque se levantó, se sacudió el polvo de los pantalones y el que pudo de la espalda, y siguió andando como si nada. Días después se quejó de un dolorcito en la nuca, pero se le fue enseguida y el asunto se olvidó. Pasó bastante tiempo hasta que nos dimos cuenta de que se había trastornado. Y se murió unos quince años más tarde, un día martes, recuerdo, en una noche clara, con una luna grande y enrojecida, de esas que anuncian vientos fuertes para el día siguiente. Ahora sé que nunca nadie lo comprendió cabalmente. Nadie supo exactamente en qué consistía su locura, salvo yo, que fui el único que lo escuchó y le dio aliento durante todos esos años. Ya desde antes de su caída me gustaba andar detrás de él observándolo y oyendo las cosas que me contaba. Yo no entendía ni la mitad de lo que me hablaba, pero ponía tal pasión en sus palabras, que podía pasarme horas enteras escuchándolo. Reconozco que él despertó mi gran interés por la naturaleza, con todas esas explicaciones que me daba referentes a la simetría, y que yo, en aquellos años, no asimilaba enteramente. Después, cuando comencé la escuela y me hicieron estudiar la geometría, pude ir entendiéndolo mejor y ponerme casi a su altura. Y esto, naturalmente, lo alegró muchísimo. Él se sentía acompañado y estimulado para profundizar en su búsqueda. Los demás de la casa no le hacían caso, y creían que sus manías eran como las de todos los locos. Pero yo tenía la certeza de que su locura obedecía a un orden interior, a un plan caprichoso, pero meticulosamente trazado, que cumplió con rigor hasta el día de su muerte. Unos pocos años antes de su muerte fue cuando se me escapó aquello que él me había confiado en secreto. Recuerdo que mi madre estaba en la cocina amasando y quejándose del quehacer que le daba el tío Eleuterio, y


le dije, como para consolarla: “No se preocupe, madre, que dentro de dos años ya se habrá ido”. Por suerte ella estaba tan absorta en su masa y en sus rezongos que no me prestó atención.

33

Pero bueno… las cosas comenzaron más o menos de la forma siguiente: el tío Eleuterio tendría unos cuarenta y dos años cuando sucedió el accidente, la caída. Desde siempre se había interesado por la geometría y consultaba con frecuencia unos libros muy manoseados, con unos grabados del Renacimiento que enseñaban la perspectiva y las leyes de la proporción. Por esa época, precisamente, él quería demostrar que las reglas de la simetría eran la ley básica que rige todas las infinitas formas de la naturaleza, y que por más que a simple vista éstas parecieran asimétricas, siempre, en el fondo de su forma, de su estructura más íntima, la simetría está presente. Fíjate en esa margarita -me decía-: si le trazáramos un eje que la atravesase por el centro, cualquiera sea el punto de donde lo iniciáramos, la flor quedaría dividida en dos partes iguales. -Pensaba un instante y agregaba exaltado: ¡Y el hombre!… El hombre también es simétrico; está dividido en dos mitades iguales. Incluso, si te fijas bien… por ejemplo… -buscaba con la mirada- en aquel árbol… -decía a la par que señalaba uno de los álamos que antiguamente teníamos en el jardín- aparentemente no es simétrico -y me miraba para ver qué cara yo ponía-, pero si lo analizamos en cada uno de sus componentes: sus hojas, sus flores, sus frutos, sus ramas… y hasta las propias raíces, vas a ver que son simétricos. ¡Sí…! ¡Hasta las semillas son simétricas! Por entonces yo no le comprendía mucho todo aquel palabrerío. Más adelante lo vi todo con mayor claridad y supe que en el fondo él llevaba razón. Y me gustaba escuchar el énfasis y la emoción que ponía en todo aquello, y lo escuché pacientemente y le brindé mi apoyo durante todos los años que duró su aparente locura. “La armonía -me repetía exaltado-, la armonía de la vida reside en vivirla con plena perfección. Y la perfección está en la geometría. Más aún: en las figuras que son simétricas. ¡El círculo! ¡Esa es la más perfecta de todas!”. Y el tío Eleuterio comenzó a llevar un diario de todo cuanto le ocurría. Lo guardaba en un cajón de su escritorio, bajo llave, y no permitía que nadie leyera un solo párrafo; ni siquiera a mí me lo confió jamás. Esta prohibición, naturalmente, aumentó mi curiosidad y como yo andaba todo el día detrás de él observándolo, siguiendo cuanto hacía, un par de veces en que se le olvidó echarle llave al cajón pude leer alguna que otra página. Registraba con minucioso detalle cosas que aparentemente para el común de las personas carecen de importancia: anotaba todo cuanto hacía a diario, las horas a las que comía, los libros que consultaba, el número de páginas leídas, la hora a la que se iba a dormir… en fin, una larga y minuciosa lista de insustanciales rutinas. También observé algo muy curioso: que en las páginas opuestas el tío Eleuterio escribía en un idioma que para mí era desconocido, y él no sabía otro idioma que no fuera el castellano y unos insignificantes rudimentos de francés. Pero no me pareció francés, e ir y preguntarle directamente qué idioma era ése, equivalía a delatarme. Preferí olvidar el asunto. Mi madre era quien menos aceptaba las manías del tío, no le entraba en la cabeza verlo hacer siempre las mismas cosas todos los días, repetir constantemente todo cuanto decía, y lo que ella peor llevaba eran sus pretensiones de que la comida del mediodía fuese la misma en la cena: el tío Eleuterio buscaba en él mismo la perfección de la simetría que tanto lo obsesionaba. Era la razón por la que hacía las mismas cosas dos veces al día. Se levantaba de la cama, iba al baño y se lavaba, desayunaba con nosotros o solo en la cocina, luego leía el periódico, después


venía el almuerzo… y demás cotidianidades que todos hacemos, pero con una diferencia sustancial: a partir del 34 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ mediodía las repetía… pero hacia atrás. Volvía a almorzar, a leer el periódico (comenzando desde la última página

y de abajo hacia arriba), se lavaba otra vez, y por último volvía a acostarse. En casa lo dejaban hacer, al fin y al cabo no molestaba a nadie con sus manías. Pero con el correr de los días se le fue complicando el asunto de hacerlo y deshacerlo todo, de repetir paso a paso durante la tarde cuanto había hecho por la mañana. Y como era yo él único de la familia que le hacía caso, él hizo de mí su única compañía y a diario me ponía al tanto de los adelantos logrados en su armoniosa búsqueda. En un principio yo lo escuchaba con interés, pero con el tiempo me fui cansando de oírle decir todo dos veces, repetir palabra por palabra sin omitir ni una sola. Y cuando se equivocaba se ponía muy nervioso y tartamudeaba, se enfurecía y acto seguido se quejaba de que el día estaba echado a perder, de que el equilibrio se había roto definitivamente pues era irrecuperable, y que las “Divinas Leyes de la Armonía” no se habían cumplido. -Nunca podré lograr la perfección –gimoteaba entonces, sin perder el tono solemne que con el tiempo había ido adquiriendo-, nunca llegaré a la perfección de la “Naturaleza Armónica”. Pienso que el pobre nunca logró la tan pretendida armonía con la naturaleza, porque a medida que la buscaba se le iba complicando más y más fino tenía que hilar. Entonces no le bastó con repetir todas las tardes lo hecho durante la mañana -El Eje está en el mediodía, del Cenit al Nadir, me había dicho en una ocasión-, sino que se sentía obligado a repetirlas rigurosamente al revés, de atrás a adelante. También en casa empezó a complicársenos la vida cuando por la tarde nos hablaba en lo que en un principio creímos que era otra lengua. A mi madre, la que más sufría, porque se esforzaba en entenderlo, le hacía la vida imposible con la manía de las comidas: a partir de las doce el tío volvía a almorzar, invirtiendo el orden de los platos: comenzando por el postre y terminando por la sopa. A la noche desayunaba. Pero estas molestias no pasaban de ser fáciles de conformar, ya que era muy pacífico, y se pasaba la mayor parte del tiempo en su cuarto o en el jardín. Además se estaba lo más quieto posible para tener menos que hacer por la tarde. Porque tenía un problema: la memoria lo traicionaba con facilidad. Temía olvidar repetir alguna acción, porque entonces era “como mirarse a un espejo y ver que a uno de los dos le falta una oreja”. Todo marchó bien durante unos años, ya nos habíamos acostumbrado a su sigilosa presencia, a contestarle (según nos lo exigía), con monosílabos que debíamos invertir durante la tarde, cuando un día se le vino el mundo abajo. Me llamó y me dijo con los ojos llenos de lágrimas: -¡Todos estos años, perdidos! -¿Qué le pasa, tío? –le pregunté con interés. -Qué me pasa… qué me pasa… -decía, y miraba al cielo- ¡Que todo lo hecho durante estos años está mal! ¡Todo perdido! -¿Cómo es eso de que está todo perdido? Se secó las lágrimas con el dorso de la mano y dijo:


-Porque para que la simetría sea perfecta es necesario que todos, pero todos los elementos que están colocados a 35 un lado del Eje –hizo un ademán que comenzaba en el cielo y terminaba en la tierra, como una bendición a medias-

estén exactamente igual del otro lado. Y suspiró abatido, bajando los ojos como un animalito. Luego me dijo que ya me lo explicaría mejor más adelante, cuando descansara y ordenara sus pensamientos. Y no volvió a hablarnos por varios meses. Continuó enfrascado en sus libros, sus papelitos y diarios, sus calendarios llenos de cruces rojas. Desplegaba una gran actividad yendo y viniendo por toda la casa. Hasta parecía más rejuvenecido. Un día se me acercó en el jardín y me dijo: -Ahora sí puedo que estoy al borde de la perfección. Lo felicité y le pedí que me lo explicara. -Pronto se cumplirá en mí la Perfecta Simetría –me contestó en un tono solemne y místico, lleno de ademanes ampulosos y complicados que procuraban trazar figuras geométricas en el aire, círculos cuadrados, triángulos. Era un ser grotesco y tierno a un tiempo. -Quiero que sepas –continuó- que la Simetría es múltiple. Más aún: es infinita –hizo un silencio, trazó en el aire alguna figura imaginaria-, porque no sólo las doce primeras horas del día han de ser iguales a las otras doce, también cada hora, cada minuto, cada segundo son Simétricos en sí mismos. Y he descubierto todo esto y lo he vivido, y gracias a ello casi he logrado la Perfecta Armonía. Pero tan abstraído estuve en las pequeñas simetrías cotidianas, que no había reparado en la mayor de todas ellas... ¡El Eje mismo de la vida entera! Era ése el que yo no había podido ver. Me miró a los ojos durante un largo rato y luego gritó alzando los brazos al cielo: -¡Esta es la grandeza de mi Obra! ¡He descubierto el Eje de mi vida! Yo me quedé atontado al verlo tan fuera de sí. No atiné a decirle nada. Él volvió a serenarse. Me pasó un brazo sobre el hombro y me explicó: -Conocer el Eje equivale a conocer la mitad; y conocer la mitad equivale a conocer el todo –me miró con profunda tristeza, como nunca antes lo había hecho y agregó. -Sé el día que me moriré-. Y fue entonces cuando me lo confío, el día y la hora exacta en que se moriría. Y me hizo prometer que no contaría a nadie el método para llegar a tal conocimiento porque el mundo no estaba aún preparado para vivir en Simetría. Por casa lo dejábamos andar, casi ni se le escuchaba, se comportaba como los niños y balbuceaba, poco era lo que comía, nada más que leche. Y se murió en la cama, acurrucadito y empequeñecido. Lo enterramos con mucha sencillez. Aparentemente había muerto feliz. Eso pensaron todos. Es habitual que la gente crea que los locos son felices. Pero puedo afirmar que no lo fue. Pocos días después de su muerte leí sus múltiples diarios llevados durante quince años; la última anotación decía así: “¿otseupo osrevinu nu ne ocirtemis elbod un oy èrdnet on? atinifni e atcefrep se aìrtemis al iS”


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Estratos de tiempo, erosiones de historia Acrílico sobre muro (Escuela primaria “Pensador mexicano” Poxindehe. Hidalgo. México).


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Corrido Por Hiram Ruvalcaba

El amanecer exhaló una camioneta de vidrios polarizados. Era una camioneta roja, grande y poderosa. Una música de balas, muerte y héroes sin ley manaba de ella a borbotones. El sol ardía en sus costados y el camino chillaba a su paso con gritos de acribillado. La camioneta avanzó por carreteras rurales del sur de Jalisco, como todos los amaneceres de los últimos años; descendió por una brecha que subía y bajaba (“Sube o baja según se va o se viene”). Atravesó el recién inaugurado Cementerio de Calderón, cruzó cuarenta y cinco minutos de pueblos, campos de maíz, ganado, polvo, guijarros, arrieros, guardagujas y piedras volcánicas que aún despedían un aroma agrio, como a azufre. Descendió por una brecha y llegó hasta el poblado de San Juan, que pacía al borde de la carretera. Atravesó como un proyectil en la mañana caliente y su paso tronó por el empedrado, rugió sobre el pavimento. La gente, desde las ventanas, miraba de soslayo la fatalmente célebre camioneta. Algunos, los más, se encerraban tras sus frágiles puertas cuando la veían acercarse. Otros, los menos, salían a la calle o se detenían en seco para saludar con naturalidad a los ocupantes. Los niños del pueblo corrían detrás, coreando la canción que sangraba de la camioneta roja. Se detuvo en el jardín municipal. De la camioneta bajaron heraldos negros cargando bolsas de plástico, armas que refulgían bajo un sol pávido, y un cartel grande, con claras letras oscuras. Los hombres avanzaron hasta la puerta de la Presidencia Municipal: jocosos, les gritaban piropos y silbaban a las señoritas que ya empezaban a salir a la calle; catecúmenos, se persignaron uno a uno cuando cruzaron frente a la capilla del pueblo. Llegaron a la puerta (cerrada) de la presidencia. Con ritual cuidado, abrieron las bolsas de plástico y distribuyeron el contenido a lo largo del portón de madera: Sucias, manchadas por varias costras de sangre seca, lágrimas y baba, doce cabezas humanas fueron depositadas lentamente (casi con ternura) en el umbral de la puerta. Eran las cabezas de David, de Pablo, de Santiago, de Abraham, hijo de David, de Pedro, el más joven de todos, de Jesús, de Magdalena la mujer de Jesús, de Juan… Algunas tenían aún fresca una expresión de espanto.


Su distribución era de una simetría notable. Los rostros apuntaban en línea recta hacia el lado en el que estaban 38 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ colocados: sin importar desde qué ángulo miraras a la Presidencia, siempre encontrarías un par de ojos apagados

que regresarían tu mirada como un espejo interminable. Para aquéllos que la miraban de frente, daba la impresión de que nada escaparía a los ojos de aquellos doce bautistas implacables. Por encima de las cabezas, pegado en la puerta, los heraldos dejaron un letrero escrito con imperiosa ortografía: “Aquí no entra nadien, asta que digamos lo contrario”. Uno de los hombres repitió, categórico, la orden escrita. Nadie habría de abrir esa puerta. Nadie habría de tocar las cabezas hasta que volvieran por ellas, no dijeron cuándo. La gente guardaba un silencio solemne. Hacía calor. Un viento de pistolas barría la carretera, las calles empedradas, la iglesia, y la puerta de la Presidencia, que ostentaba aquellos trofeos como gárgolas orgullosas. Pasaron los minutos en una calma espesa. Los hombres volvieron a la camioneta roja de vidrios polarizados. La música se pegaba en las casas a su paso, como un escupitajo de sangre seca. Pasó poco tiempo antes de que se congregaran los primeros curiosos. La gente espantaba los pájaros y las palomas que se acercaban a los apóstoles caídos, para evitar que perturbaran su letargo o los movieran de su sitio. Los jóvenes del pueblo organizaban retos de valor para ver quién se acercaba más a las cabezas: un muchacho (niño casi) no mayor a trece años, se atrevió a tocar con una rama las mejillas de Pablo. Ése fue el límite para el valor de la gente. Advertidos en sus escuelas y hogares, los niños de las primarias no se acercaban al lugar, e incluso tiraban piedras a los zopilotes que empezaban a reunirse, llamados a un festín sin precedente. De vez en cuando, a pesar de la pestilencia, un niño curioso se quedaba varado frente a los doce pares de ojos, intentando reconocer alguna mueca. El segundo viernes llegó una mujer. Nadie supo de dónde venía. Nadie sabía su nombre. Se acercó hasta la puerta de la Presidencia. Buscó durante incontables minutos entre aquellos rostros maltratados más allá de cualquier identificación, hasta que pareció reconocer a alguien. Pronto su llanto se escurrió por las calles de San Juan. La mujer cayó sobre sus rodillas y empezó a berrear frente a la testa que ahora parecía mirarla fijamente, casi con resignación. Durante un instante (un instante mínimo, imperceptible para todo aquel que no mirara a la mujer con atención), hizo ademán de tomarla, pero en esa frontera cesó su intento. Lloró sin tiempo, sin principio ni fin, gritándole palabras de amor a la estoica crisma. Lloró y gritó hasta que su voz ronca se hizo ininteligible. Así, llorando, se alejó del lugar. La cabeza siguió, esfíngea, sus pasos que se alejaban. Nadie supo cuándo llegaron las parejas a reunirse en el lugar. Los jóvenes del pueblo lo visitaban durante la noche, se tomaban fotografías y les ponían apodos a los doce rostros: El Orejón, el Guiños, el Chino, el Ojizarco. La noticia de aquella escena recorrió cientos de kilómetros y pronto en cada pueblo de Jalisco se supo que en San Juan se descomponían doce cabezas intocables. Hacia el final, acabada ya la pestilencia, la gente pareció perder todo interés en los doce decapitados. El cartel se había caído de la puerta por causas naturales. Los turistas ya no venían al pueblo a tomarse fotografías y ya casi


nadie compraba postales de San Juan. Un niño lanzó, por error, su pelota hacia la puerta y tumbó a Jesús, que 39 estaba al frente de los otros. Se acercó a recogerla, la acomodó lo mejor que supo, y regresó corriendo a jugar.

Las cabezas siguieron en su sitio. El atardecer exhaló una camioneta de vidrios polarizados. Era una camioneta roja, grande y poderosa. La camioneta avanzó por carreteras rurales del sur de Jalisco, como todos los atardeceres de los últimos años; descendió por una brecha que subía y bajaba. (“Sube o baja según se va o se viene”). Atravesó el recién inaugurado Cementerio de Calderón, cruzó cuarenta y cinco minutos de pueblos, campos de maíz, ganado, polvo, guijarros, arrieros, guardagujas y piedras volcánicas que aún despedían un aroma agrio, como a azufre. Descendió por una brecha y llegó hasta el poblado de San Juan, que pacía al borde de la carretera. Atravesó como un proyectil en la mañana caliente y su paso tronó por el empedrado, rugió sobre el pavimento. Llegó hasta la puerta de la Presidencia. Los heraldos recogieron, una por una, las cabezas, sin notar que habían sido movidas por el viento y los animales callejeros. La camioneta roja de vidrios polarizados tomó la calle que descendía desde la presidencia y salió del pueblo. A su paso levantó polvo y guijarros desesperados y se hundió dando alaridos en la noche sin nombre.


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Las venas abiertas de América Latina Esgrafiado de cemento y relieves metálicos policromados (Escuela de cerámica “HUANQUERO” Ciudad de Cosquin. Argentina).


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Espino de siete ojos Por Armando Martínez Orozco

Aquellos que presenciaron la muerte de don Manuel Espino en la barranca de los Siete Ojos, decían que el señor con nombre de árbol (o al revés), con sus seis gallinas, gritó: -¡No hay mejor caída que la que se hace para abajo! A él, rememoraron, le gustaba el café bien cargado, a las siete de la mañana, y sin azúcar. Siempre estaba despierto desde las cinco. Cocía o freía un huevo. A veces acompañaba su desayuno con bolillo. Ayer –narraba la gente de Suchitlán, incluso para contarle a uno cosas del año pasado- vieron a Espino muy serio frente a Siete Ojos. Quizá contemplaba el mar verde de follajes sin nombre; o tal vez escuchaba con calma las historias mudas del viento, señalaron. -Y con prisa se metió a su casa. En el corral tenía muchísimas gallinas. -Se creía mucho por tanto animal. Dentro de su hogar, vio con una mirada de coyote en celo a doña Gertrudis, y le aclaró: -Tú serás la primera, plumas de cabrona. Sería la mañana fresca, el café o sabrá Dios qué cosas, pero con el machete en la mano, echó un paso para atrás y se quedó quieto. “Pérate”, pensó. La idea inicial de Espino, era cortarle dos patas a cada gallina, y pegarle otro par de las de gavilán que había matado la tarde anterior (sin que nadie se enterara). La garras del gavilán, según él, podrían sujetarlo de una forma más fuerte y así, sin menores problemas, llegaría a ese hogar de pudientes y mafiosos, lugar donde había oído que los hoteles eran blancos y ni un punto de polvo se les veía en los suelos. “Lucha que no se hace, Villa que no canta”, dijo para sí mismo. Ya en el borde último (o primero) de Siete Ojos, bajó la mirada, se persignó y cantó con un dejo de vergüenza distraída y falsa seriedad, la canción de La Guadalupana. -¡Cállense, hijas de su puta madre!-, espetó a sus gallinas después de culminadas sus plegarias.


Las gallinas estaban amarradas con mecates a sus piernas, pecho y espalda, de alguna forma extraña y con nudos ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ nada42convencionales.

“Con Eraclio, don Chico muere porque el Cielo queda muy lejos y con tanto encargo, le pesó la vida. Yo solo quiero un espacio en ese lugarcito de divina lluvia”. “Ahora sí, vuelen, pedazo de pendejas. Llévenme allá donde los billetes son tantos que hay que cagarlos”. Una luz áurea y arrodillada apareció frente a Espino. Tenía un pelo largo y una especie de rebozo. A él, con fuerza, se le abrieron los brazos como si fuera un crucifijo. Y las gallinas crecieron como gansos y sus ojos se tornaron totalmente blancos. Entonces sucedió. Manuel Espino surcaba la inmensidad de Siete Ojos y sentía en el pecho un orgullo inmenso, grande como sandía. Volaba despacio. Pero sonriente. Y gritaba cosas. A Espino, primero, se le cayó el sombrero; después los huaraches; y entonces, cada tanto, perdía una prenda hasta que quedó desnudo. -¡Ni madres, solo en Siete Ojos me conocerán las verijas! Como pudo, y con sus uñas largas, cortó uno a uno los mecates que lo ataban a sus ya gemebundas gallinas. Al final, doña Gertrudis ya no pudo sostenerlo y cayeron juntos. Sobre su pene de alfiler, su vientre lampiño y sus testículos como mandarinas, aún se puede conversar con Amelia y su esposo; Josecito; “El Cheneque”; o aquella señora gorda que hace las mejores tortillas de Siete Ojos.


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Los humanistas fractales Mixta sobre paneles de madera (Instituto de artes UAEH Real del Monte. Hidalgo. MĂŠxico).


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Liberación

Por Marcela Royo Lira

Es él. Lo reconoce apenas voltea en la esquina. Y la está esperando sentado en el segundo escalón de la entrada a la casa. Elvira no puede evitar su gesto de molestia, sabe muy bien lo que significa esa manía de juntar las rodillas y jugar con una pequeña pelota lanzándola de una mano a otra, mientras silba una canción ranchera. A Pedro le gusta la música y las películas mejicanas. “Cuando tenga dinero muñeca, iremos a Méjico”, prometía con la sonrisa del hombre que consigue lo que quiere. Incluso, había comprado un sombrero de mariachi, aún colgado en la pared de la sala. Se esconde detrás de un automóvil estacionado y desde allí lo observa. Después de meses de ausencia, creyó que no volvería a verlo. Si hasta hizo planes sin él: arrendar la casa e irse a vivir a Iquique, donde una amiga que nunca congenió con Pedro. Toma valor, sale dispuesta a enfrentarlo. ─¿Qué quieres? ¿A qué has venido? ─quiso preguntar pero el hombre no le da oportunidad. Se pone de pie y habla primero. ─¡Qué linda estás, muñeca! ─grita y la atrae contra él. La mujer siente que se sofoca y quiere deshacer el abrazo, pero no puede─. Sólo un tonto deja sola a una mujer hermosa ─le dice. Se desabotona la camisa, saca del pecho una rosa blanca, estampa un sonoro beso en los pétalos y se la ofrece. A Elvira le da rabia que le tiemble la mano, que Pedro vea que todavía tiene poder sobre ella. ─¿No me invitas a entrar, querida? ─pregunta, sin dejar de sonreír. La mujer piensa en el puñal que el hombre escondía bajo la almohada y el miedo de tener que tocarlo cuando cambiaba las sábanas, en las desapariciones de Pedro y sus regresos con los bolsillos llenos de dinero, en cómo ella se fue enredando en una relación que no entendía, criada en un ambiente distinto, por padres que la mimaron y le dieron una buena educación. Pero, con “ese” dinero pagaba las cuentas y la comida y calló por años.


Un día se compró un vestido rojo, zapatos de tacones altos, fue a la peluquería y se hizo la permanente. Leyó 45 admiración y orgullo en los ojos de Pedro. Luego, fueron a comer a un restorán elegante y pidieron caviar y

langosta. Al regreso, en casa, mientras hacían el amor, Pedro le dijo que era la más bonita de la noche. ─Bueno, mujer. ¿Entramos? ─insiste ahora, observándola de la misma manera. Ella sabe que no debería pero abre la puerta y lo deja entrar. El hombre camina con lentitud, recorre con la mirada cada rincón, como asegurándose que nada cambió en su ausencia. Y con ese modo felino de moverse, sin consultarla, se dirige al dormitorio y verifica que el puñal todavía esté bajo la almohada. ─La tonta, no me deshice de “eso” ─se recrimina Elvira, y el temor de otros tiempos la sacude. Se acerca al bar y cuando vuelve Pedro le ofrece un trago. Todavía conserva las botellas de ron que él compró días antes de desaparecer. Luego, hacen el amor. Ella hubiese querido no aceptarlo otra vez en su cama, pero es un hombre viril, seductor y muy consciente de ello. Por eso, a pesar de su rabia, Elvira goza el momento. Oscurece. En la avenida Macul se escuchan las bocinas de los vehículos cuyos dueños regresan de una jornada de trabajo, desde la casa vecina las voces de unos niños y la televisión encendida. Un borracho en la calle canta a voz en cuello un bolero. La mujer sonríe y mira al hombre tendido a su lado. Duerme con la boca abierta, emite ronquidos desiguales, el pecho sube y baja en una respiración despreocupada. Lo sabe de sueño pesado. Entonces, consciente de su liberación, mete la mano bajo la almohada y coge el puñal.


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Medellín cuneta de la primavera de las ideas

Acrílico sobre muro (Centro Universitario Lasallista. Medellín. Colombia).


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Alas rojas Por Mar Franco

Ella fluía…Como marea en plenilunio. La noche se los comía con mil lenguas húmedas, de siluetas vibrantes y exaltadas, que le vaciaban el pensamiento lógico, los recuerdos corriendo hacia atrás como cassette: el bar donde lo conoció, el cuarto donde reveló su secreto y en vez de huir, se permitieron el mutuo deseo de un placer prohibido y extraño. A veces se preguntaba, ¿por qué hizo lo que hizo? ¿Por qué lo dejó tocar el rincón más oscuro de su alma, arañar su puerta... abrirla para que vislumbrara su interior? ¿Sería su mirada de libro antiguo, lleno de palabras profanas que sus labios mataban por gritar? Sus manos que la recorrían desde lejos, o la fina línea de su sonrisa torcida y henchida de amenazas que iba a cumplir… Todo él la hacía sentir miedo… los ojos que le provocaban terror, sudor de hielo bajándole por la espalda, la boca que se la bebía como si fuera agua, y la piel que la sentía tan adentro que le era imposible dejarlo ir. Se había negado al principio, pero su insistencia, la lengua hábil de palabras confiadas, el tacto de fuego, pudieron contra el tabú.... contra todos los concebidos, contra ella misma. Por ello puso reglas desde el principio, fue muy clara al respecto: nada de dientes, no colmillos. La ventana abierta que le sonrojaba los muslos desnudos, la luz de luna que iluminaba apenas aquella escena que se negaba a mirar, a regañadientes. Aunque la verdad es que el cuello le dolía tanto que no podía levantar la cabeza.


Y había algo delicioso en su piel recién profanada, entre el dolor de dar vida, y desechar el alma al mismo tiempo. 48 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ Su cuerpo era como miles de cláveles rotos, derramándose entre espasmos de dolorosa ansia, deguste y ahogo

que le invadían. El dolor siempre podía convertirse en algo grato… su compañero era la prueba de ello. Su eterna hambre, la sed prohibida que urgía a saciarse en el más sacro manantial de la humanidad, en su cuna maldita, en el deleite más impío.... Estaba segura que aquella muerte carmín se convertía en tibia vida en su boca. En esa sonrisa demencial e incitante, trastornada en alas rojas de mariposa, extendidas, surcando tibias por su cara.


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Estratos de tiempo, erosiones de historia Acrílico sobre muro (Escuela primaria “Pensador mexicano” Poxindehe. Hidalgo. México).


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La caja Por Wendy Nineth García Ortiz Ella padece de un diario recordatorio cada vez que abre la tercera gaveta de su mueble. Casi ni es un mueble, es una de esas extrañas cajas que armó como si fuera un juguete; también es del tamaño de un juguete. La parte más alta de este armatoste apenas le llega a medio muslo, lo que la obliga a agacharse más de lo necesario cada vez que debe elegir una prenda limpia. Ese ritual de doblar su cuerpo en dos, explorar la gaveta y enfrentarse al recordatorio, está resultándole demoledor. Después de ponerse la ropa esta mañana se sienta sobre la cama y se pregunta si debería cambiarlo. Pero, no es fácil tirar esos trozos de papel escondidos entre las camisetas. Para empezar, ¿de dónde se me ocurrió la brillante idea de guardarlos en ese lugar al que regreso todos los días? ¿Buscaba torturarme a propósito? Ya estuvo bueno. Abre la gaveta. Sus manos no parecen ser de carne y hueso, sino espátulas que levantan los trapos con movimientos erráticos. El piso empieza a llenarse de manchas de colores, colores de nylon, spandex, algodón, xxxx. Su cuerpo entra en calor, o en cólera, no se puede saber. Unos segundos bastan para que frente a sus ojos sólo queden los papeles. Regados sobre esa plancha de imitación de madera, descubre que no todos están sueltos. Hay otro tanto dentro de una cajita de cartón. La había olvidado. El corazón le late más rápido. Desde donde está puede distinguir algunos sobres cerrados. ¿Por qué nunca los abrió? Sale disparada hacia la cocina. Necesita el bote grande de basura. Regresa al mueble de juguete. Con bastante dificultad logra sacar la gaveta completa. Vierte su contenido en el bote. Los papeles se confunden con las cáscaras de banano, los restos de café húmedo, las cáscaras de huevo. La caja de cartón parece tener vida propia, cae sobre el piso y no dentro del bote. ¡Mierda! Sus supersticiones empiezan a atormentarla; es una señal, algo la guía hacia la pinche caja; una extraña fuerza impide que se deshaga de ella…


Suspira. Se tira sobre la cama a observar el tiradero. Se avergüenza. Uno de sus pies queda cerca de la caja. Mueve 51 el dedo gordo para tocarla. La siente caliente, o tal vez sus pies están calientes. La aleja con una patada. ¡Déjame

ya! Pero al verla deslizarse hasta la sala, se cubre la boca con sus dos manos, como si de ahí hubieran salido palabras espantosas. Se siente culpable, malvada. Y, como si la caja fuera un ser viviente, corre a recogerla y a pedirle perdón.

Alguien interrumpe su reconciliación tocando la puerta trasera. Ella se levanta, con la caja entre sus brazos y el semblante asustado. El encargado del gas la saluda recordándole que ha terminado su trabajo en el calentador de afuera. Ahora toca revisar la estufa, le dice. Lo deja entrar con timidez porque el desorden que acaba de hacer se ve desde la cocina. El hombre lleva prisa, no se da por enterado. Ella aprovecha el momento para recoger el tiradero de trapos, con una mano, porque en la otra sigue sosteniendo la pinche caja. Recién la quiere de nuevo, así que no está dispuesta a soltarla. El del gas le avisa que la estufa ya funciona. La llama para que se acerque a corroborarlo. Le pregunta si tiene fósforos o algún dispositivo que encienda las llamas. Ella piensa un momento ¿en dónde dejé el encendedor? Se avergüenza. Es un despiste. Él tiene su propio encendedor, pero le pide que busque el suyo para enseñarle cómo debe usar adecuadamente las hornillas. Deja la caja sobre la estufa y registra en los gabinetes, en las gavetas… Se agacha para ver si está tirado en el suelo. Allí está, debajo de la refri. ¿Cómo jodidos llegó a ese lugar? El encargado se impacienta. Le recomienda que defina un mismo lugar para dejar el encendedor después de usarlo. Ella asiente; no es mala idea. Tal vez podría hacer lo mismo con sus pensamientos; dejarlos en un lugar específico de su cabeza para regresar a ellos cuando quiera. Pero sabe que es inútil. Su memoria la traiciona, la distrae, la abruma; ya está acostumbrada. Por fin él enciende todas las hornillas y mientras le pide su firma en el recibo, le recomienda que quite la caja de ahí. Ella se lo agradece y con un gesto lo invita a salir de su cocina, de su casa, del importante episodio de su vida en el que estaba. Caminan hacia la puerta trasera. Lo acompaña con la mirada hasta que desaparece el carro en el que ha llegado. Respira. Voltea sobre su espalda y una llama anaranjada se levanta sobre la estufa. Humo. Ella corre. Huele a papel quemado. Ella llora.

(algo en la estufa agarra fuego… un trapo… qué sé yo. La caja se quema para siempre).


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Medellín cuneta de la primavera de las ideas

Acrílico sobre muro (Centro Universitario Lasallista. Medellín. Colombia).


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La niña del pelo azul

Por Luis F. Cintrón

Las muñecas eran arrastradas por los pastizales debido a las ráfagas de un mudo viento rural mientras otra noche de silencios se avecinaba. El pueblo se preparaba para lo que había sucedido por los pasados cinco años, a las nueve de la noche: caminaban con sus quinqués cerca de la ribera y entre los árboles por si daban con rastros de la niña desaparecida. Luego de su desaparición, la comunidad lloró hasta formar laberintos repletos de limo que fácilmente lograban que las pistas resbalasen y cada noche de búsqueda fuera diferente. Solo unas huellas de gomas de carro que daban dirección a la casa del señor Ismael se cruzaban entre los cincuenta y pico de personas que marchaban por todo el lugar. Debido a la desaparición de la niña, la comunidad decidió que cada familia las mudara del pueblo; desde hace cinco años el pueblo no tenía niñas. La casa de Don Ismael había sido verificada una y otra vez. Las sospechas entre sus vecinos apuntaban a que él tenía que ver con la desaparición de la niña aunque fuera su padre. La población de un poco más de un centenar de personas no confiaba en él porque decían que era un viejo ordinario, malcriado, alcohólico y, al tener el único carro del pueblo, no entendían por qué entraba y salía tres y cuatro veces al día y volvía tarde en las noches. Lo que no sabían las personas es que Don Ismael siempre volvía en las noches con una muñeca blanca, con pelo marrón y ojos hechos con botones negros. Todos los días iba al cuartel de la ciudad por noticias de su hija. El señor se embriagaba en su tristeza sin consuelo porque la vida le había robado a su hija y esposa en años seguidos. En horas de la madrugada cuando el pueblo ya había dado la ronda rutinaria, Don Ismael guindaba las muñecas de los árboles junto a una hoja de papel que mostraba un dibujo, en crayola púrpura, de su mano junto a otra mano más pequeña.


El martes de la pasada semana, durante la rutina, el señor Mateo vio algo que se movía cerca de la casa de Don 54

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Ismael. ―¡Algo se mueve!― gritó y aceleró sus pasos junto a los vecinos que estaban en el perímetro. Al acercarse la vieron: una hermosa niña blanca, como de cuatro o cinco años, con ojos amarillos, su pelo color azul, pecosa, rebanada por el frío de la noche, descalza y con solo un traje verde sin mangas. ―¿Quién eres?― le preguntó Josefina. ―¿Cómo llegaste aquí?― le preguntó el señor Mateo Pero la niña no contestaba, se retorcía por un dolor estomacal y temblaba del infierno. Josefina le tiró por encima de los hombros una toalla que llevaba por si llovía. La abrazó sin recibir mucha resistencia y la cargó hasta llevarla a su casa. En el camino, los vecinos aprovecharon para gritarle improperios a Don Ismael, pero él no estaba. Con cada muñeca que se topaban en el camino a la casa de Josefina, la niña gemía, alzaba sus brazos e intentaba moverse, Josefina la apretaba y le susurraba que descansara. Esa noche el pueblo hizo vigilia alrededor de la casa mientras se cuestionaban la aparición de la niña. El viento se agudizó, las muñecas lograban alebrestarse motivadas para decir la verdad de la llegada de la niña. Don Ismael volvía de otro día en vano, abrió y cerró la puerta de su carro, caminó con la nueva muñeca en una mano y la hoja de papel con el dibujo de las manos en la otra y esta vez las dejó bajo la ventana que daba al río. Amaneció y la niña de pelo azul se había escapado. Josefina, desesperada, abrió la puerta y pegó un grito desde sus entrañas desgarradas. Las personas salieron corriendo de sus casas como hormigas en peligro, se incrustaron en la arbolada, otros recorrieron por la ribera y luego de dos horas, se escuchó un anuncio entre muchas voces: ―¡La encontré!―. La niña estaba sentada al lado de la muñeca que Don Ismael había dejado bajo la ventana que daba al río. La apretaba con la poca fuerza que aún sus brazos podían generar. La gente llegó y comenzaron a dar golpes en la puerta de Don Ismael como si él fuera el causante de las desgracias del área hasta que, sin remedio, salió y se topó con el tumulto hecho sangre hirviente, la niña al verlo con sus ojos calcinados y asustada dijo con una voz de telón caído: ―¡Susana!―, el nombre de la niña desaparecida. Don Ismael la agarró y la levantó, sacudiéndola le cuestionaba por su hija mientras la niña del pelo azul le sonreía con sus dientes hechos fango y la muñeca colgada de su mano derecha mientras el dibujo de las manos flotaba


hasta caer entre las huellas del camino. El pueblo se le abalanzó hasta que lograron que soltara a la niña, esta, dio 55

tres pasos hacia atrás y con extrema rapidez, comenzó a correr por el camino de piedra y arena que reflejaba los viajes de ida y vuelta del señor Ismael. Todos corrieron detrás de ella, pero nadie intentaba detenerla. Las más de mil muñecas que yacían en el camino filtraban el aire negro al que las copas de los árboles no lograban dar transparencia y el polvo que levantaban los pasos de los que ahora corrían creaba nubes de esperanza para un pueblo cuyo corazón había extraviado el amor cinco años atrás. Se sentía como si el campo germinara el regreso de las familias completas. La demolición de la capa extenuante de la angustia, era consumida por cada respiración al paso. Tres horas habían pasado sin descansar, todos corrían detrás de la niña del pelo azul. Nadie se detuvo, hasta que se toparon con un monte iluminado por los rayos del sol. La niña se detuvo y señaló un arbusto robusto y espinoso que se hallaba al fondo de un barranco por el que se tenía acceso mediante una cuesta de arena y piedras. ―Susana― repitió la niña, esta vez con ángeles en su metal de voz. El pueblo completo, ansiosamente, bajó la empinada cuesta hasta llenar un gran espacio tan grande como la embestida furiosa de un asteroide. Investigaron cada recoveco que hallaron hasta dar con una piedra de no más de seis pies de alto por tres de ancho que, al moverla, dejó al descubierto una especie de cueva por donde todos se adentraron. Ismael y Mateo, que fueron los primeros en entrar, se percataron del zumbido de un silencio que daba hincapié a un presentimiento agridulce. Luego de adentrarse por un rato, sintieron un calor que promovió el sudor de los instintos: decenas de niñas estaban sentaditas y acostadas, calladas, cansadas allí con sus caras sucias y sus cuerpecitos hechos ruinas. Fluctuaban entre tres y nueve años; ningún adulto estaba cerca. A lo alto, el cielo azul les daba techo y oxígeno. Ismael reconoció a muchas de ellas debido a los cinco años de visitas al cuartel de la ciudad. A una la habían secuestrado en un hotel, otra había sido raptada en una tienda, dos más habían sido capturadas mientras sus padres se descuidaron durante un día en el parque, a la otra su madre la buscaba luego de haberla vendido a unos hombres con mucho dinero…Y entonces, en una esquina vio por fin la muñeca blanca percudida por el tiempo, tuerta con un botón negro y el pelo de un marrón encierro.


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El artista muralista Jesús Rodríguez Arévalo es Maestro en Artes Visuales por la UNAM. Originario de Uruapan Michoacán, México (12 de julio de 1968). Es Licenciado en Artes Visuales por la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. En 2002 realizó un Diplomado en enseñanza de las Artes en el INBA. En 2004 realizó la maestría en Ciencias de la Educación por la Universidad del Valle de México. En 2012 realizó la maestría en Artes Visuales por la UNAM. Actualmente es Docente del Instituto de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, y de la Licenciatura en Diseño Gráfico de la Universidad La Salle Pachuca. En sus Universidades es miembro del sistema Institucional de Tutorías, y se como

profesor

investigador

desempeña de

tiempo

completo, con perfil PROMEP. Pertenece al grupo de investigación Arte y contexto del Instituto de Artes. Es delegado del “Movimiento internacional de Muralismo Italo Grassi” y del “Movimiento de Muralistas Mexicanos”.

Ha realizado 8 exposiciones individuales y 12 exposiciones colectivas de dibujo y pintura. Ha realizado 40 murales en México en los Estados de Michoacán, Hidalgo, Morelos, Estado de México, y Distrito Federal. En el extranjero ha realizado obras de pintura mural en las ciudades de La Plata, Mar del plata, Corrientes y Cosquin, Argentina. En las ciudades de Hernandarias y Asunción, Paraguay. En Medellín Colombia, en Salcedo, República Dominicana y en Aguadulce y Vicar en Almería, España. Desarrolla el “Programa de Intercambios académicos de Muralistas” que promueve la participación artística de pintores muralistas extranjeros en México. Actualmente trabaja en el mural “Multiversos de las Ciencias de la salud” en el Instituto de Ciencias de la Salud, ICSA UAEH. México.


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Galatea

Cuando Galatea cobró vida, Pigmalión renegó de la escuela abstracta.

Galatea duerme. Pigmalión la siente otra. ¿Cuál tu sueño mineral, de roca? Siente que ella se aleja pero no es más que la deriva continental.

Pigmalión ignora que Galatea añora la inmovilidad de lo mineral, a las estatuas con las que compartió tantas horas de silencio.

Galatea gusta visitar a la mujer de Lot. Ambas miran al horizonte con ojos blancos.

Galatea sentía sobre ella la mirada de deseo también de las estatuas.

La mineral Galatea se sienta a hablar con los árboles. Una sílaba toma años. ¿Qué saben los humanos de la velocidad del universo?

Pigmalión no ve con buenos ojos que Galatea sea amiga de rocas y montañas y que salgan cada sábado de copas.

Las proporciones están mal, decían los otros escultores, un cuerpo humano no es así ¿qué haces?, pero Pigmaleón continuaba esculpiendo deseos.


Nadie comprende la pasión de la piedra y lo vegetal, el deseo desesperado, el cómo ruedan sobre el tiempo, 58 ESCRIBA EL TÍTULO AQUÍ desnudos.

Pigmalión se compra una impresora 3D.

Rota Galatea, olvidada por el escultor, encontró el amor entre los trozos de otras vidas y amores. Como tú y yo.

Pigmalión teme los amores rotos.

Sólo María Antonieta podía entender el horror que experimentó Galatea ante los bustos de mármol.


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Pecado original

El vómito se devuelve como una rata que salta del inodoro y asusta la mujer que caga pensando en niñas sucias bailando y vistiendo moscas que cubren las manchas de sopa ante la luz violeta del cigarrillo piel roja que las delata… unas manchas que huelen a pasto, a p de puta y perdón. El bafle que calla para escuchar el ruidito de la rata en el baño… mordiendo el clítoris como una manzana.


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El hombre de la esquina

Los viejos hablan de Dios en el camión, en las calles. En la esquina. Dicen de una vida mejor que vendrá. Insisten en pasar las hojas del libro de papel cebolla con el dedo índice mojado de saliva. El sol golpea la espalda de la mujer que vuelve a su casa después del trabajo. Esta es la hora de toda la Biblia. En la calle vuela libre la basura como palma de manos que suenan al paso de la fama. La mujer regresa al fregadero, a la ropa sucia. La suerte de la mujer en nuestras calles es peor que la vida que llevan los negros y los paisanos en otro país. Los hombres en estas calles del Señor no llevan una vida con que soñaron. Si tienen a buena edad, no mayores de 13 años, conocerán el dulce tramo del mezcal. Sus días estarán llenos de toda la calle que puede otorgar la ciudad a un hombre. Trabajarán en la obra pública, la ciudad crece, contarán en su ebriedad que se salvaron de morir aplastados en un derrumbe de las obras de ampliación de la red del drenaje. Los hombres pegados a la botella después del trabajo. Tirado en la esquina veo pasar el mundo, a Dios y a los angelitos. Escucho el blues del hombre blanco. Esta es la hora del lomo del libro gastado, del encuadernado en piel. O imitación de piel. La suerte del hombre que sufre en la ciudad. La gente que mira al hombre desparramado en la banqueta, y desean la muerte. El blues del hombre blanco. Nadie ayuda a nadie en esta tierra de lágrimas. Para buscar una suerte mejor está el libro viejo encuadernado en piel, o en imitación de piel. Sus hojas sencillas, traslúcidas de papel cebolla.


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El maestro (100 cm X 80cm)


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Nacimiento (100 cm X 80cm)


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Nuevo continente (100 cm X 80cm)


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Naturaleza (100 cm X 80cm)


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Emergiendo (100 cm X 80cm)


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El maestro 2 (70cm X 60cm)


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Selva interna (100 cm X 80cm)


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Comenzó a pintar a los 35 años dejando sus actividades comerciales para dedicarse exclusivamente a la pintura. Sus

pinturas

se

caracterizan

por

el

fuerte

contraste

de

colores

y

su

impacto

visual.

Los críticos describieron sus trabajos de la siguiente forma: Camilo Villanueva, una suerte de alquimista que durante la realización de su obra, desde lo profundo de su ser, accede a un estado particular de su conciencia, que lo convierte en vehículo hacia su propósito superior. A través de su pintura, provee de energía, invita a bucear y ser transportado, elevar lo sutil y precipitar lo denso, penetrando en profundos mensajes espirituales de amor y unidad. Perfectos mandalas a los que todos pueden acceder y utilizar como una puerta hacia lo cósmico que transmuta el alma en algo diferente y superior, para encontrar las claves de su evolución.

Acceder a las pinturas de Camilo Villanueva, suerte de hologramas en la que cada una de las partes contiene la información de la totalidad, además de ser una oportunidad de enriquecer el espíritu, se incorpora como un instrumento útil porque hace visible lo invisible y permite sentirnos uno con

la

Creación.

Apasionado por el mundo interno y trayectoria de Xul Solar, estudió pintura en el museo Rómulo Raggio (Vicente López –Provincia de Buenos Aires) y se especializó en teoría y práctica del color tal como se manifiesta en su obra. Expuso sus pinturas en Buenos Aires en el "Patio Bullrich", "Sheraton Hotel", "Conquistador Hotel" en la Sociedad Rural Argentina (Palermo), galería de arte "La Maja", galería de arte "Babilonia", en Punta del Este en la galería de arte "Yango", en el "Colegio de Profesionales en Psicología Transpersonal de la República


Argentina" que lo invitó a exponer sus pinturas en los distintos congresos realizados, bajo el lema "Un artista 69

diferente para un público diferente".

En la década del 90' es invitado por la empresa Cablevisión a participar con sus pinturas en diferentes programas de

arte.

Desde el año 1997 al 2010 su vida transcurre en el Valle de Calamuchita (Córdoba) donde tiene la oportunidad de producir en cantidad y exponer en distintos lugares, entre ellos en la galería de arte "Posta El Sauce" en Villa General

Belgrano

y,

en

la

galería

de

arte

"Artempresa"

(Córdoba

Capital).

Ya de vuelta, instalado en Buenos Aires, presenta su obra en varias galerías de arte en la C.A.B.A y en hoteles turísticos. Participó en París invitado por Espacio Escarlata los días 20, 21 y 22 de Mayo de 2010 con tres de sus obras en el Centro de Arte "La Bellvillose" ubicado en el tradicional barrio "Bellville" en París.

En la actualidad muchas de sus pinturas están expuestas en portales de arte, en distintos países del mundo y forman parte de colecciones particulares en Estados Unidos de Norteamérica y Australia.

Contacto con Camilo Villanueva: info@camilovillanueva.com Página web: http://camilovillanueva.com


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“Marcos" fue expuesta dentro de la Exposición colectiva "30x30: 30 años, 30 obras" realizada en 2012. Buenos Aires, Argentina. Contacto con Silvina Maiuli: www.facebook.com/silvina.maiuli.aules


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Arlette Luévano

Caza Ha regresado la presa a su estado más salvaje clandestina real

la cabeza y el cuello ensombrecidos baila los gregarios dedos y renuncia a la migración

No más cierzos al término de cada trilla Bajo los ojos invocará una pequeña aurora para adelantarse a los días que no conoceremos

Cada amenaza cada inconveniente causados por el hombre han entorpecido el tránsito hacia el milagro impedido los abundantes caminos de las maravillas

Las armas son ahora un exceso bastará esperar a que se duerma para guardarla en un oscuro saco y decirles a todos que aviven la fogata


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Frizia Guerrero

Trayecto invocado

-”Recorrer alguna de tus muertes, progenie inventada. Cada ocaso recuerda que tiene un inicio, la noche. Un espejo devora al sol. Desenvuelto, eyacula el cielo insinuaciones de vida con destino a algún firme”Frizia Guerrero.

Irrumpo el descanso de un cráneo inmenso, hueso frontal enmarca prohibición convexa.

Parietales (relacionados y asincrónicos) vibrantes abrillantan algún umbral.

Peculiar maxilar, conmociona insulsa rememoración de abstenciones.

Vestibulan aparejos odoríferos,


tabiques para78las ESCRIBA fosas. EL TÍTULO AQUÍ

Un corto paseo por las cuencas. Apertura imprevista por la que trepo diente por diente hasta que imagino la lengua ausente de un aviso intempestivo.

Obviado el largo pasillo de los discos sobrepuestos: “Impacientes sonoridades” por restallar el caminar cesado.

Clavícula da lugar a un castillo en llamas. Varillas/huesos de alas incineradas. Arcada espaciosa protege la franja que denota nuestra duración.

Donde se emite la constante rectitud de la inmortalidad. Pilastra singular emana de una alevilla maciza que arroba a propios y ajenos.

Cuatro cuartos no conforman un entero recinto.


Son -cada fracción-, una espaciosa propuesta que nos reconoce circunscritos, juegos complacientes a voluntades sensoriales.

Tanto de articulaciones fono audibles Como de tejidos multidireccionales, Músculos texturizados, dentro y fuera del salón principal. Instintivo embalse mecánico. Cocina piramidal, de bestialidad incompleta. Vertiente raquídea, transversalidad obtenida.

Falanges atrayentes y extraviadas. Representantes del conjunto, Base y extremos del partido humano. Deformaciones perfectas factibles y atemorizantes.

Visito pueril estos vanos. Para saber, si soy quien pertenece y ocupa este calabozo.

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Adriana Cisneros Garza

Blasfemia

Meteoro de su pubis.

Fundida en éxodo perpetuo, dejo escapar lo clandestino.

Preludios carnosos en boca fundidos, sangre que adoro dilata mi yema.

Aromático espasmo, penetrando mi ser, tórax engreído.


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Lourdes M. Collazo

Palmarina Habré de amarte amor de mi sangre porque doliéndome en tu tristeza te consagro la eternidad y aunque no lo entiendas ahora comenzaremos el viaje. Amarte, Zoé Jiménez Corretjer

El tiempo se hace lento mientras esperamos el cruce definitivo de los umbrales. En palmarina todavía sopla la brisa, el sofá blanco hoy duerme curtido, suspendido entre las mismas obras, “Casablanca” se esconde tras el polvo, Villa-Paraíso regalada en quinto sol al arrullo de palomas en su NIDO mientras las soledades vuelan azoteas llenas de plumaje y lágrimas, ladino juego de amor con nuevas ramas, tus fríos brazos en plazoletas abiertas, magia es la embriaguez de todas tus burbujas mientras la brisa no encuentra su dueño.


Hoy, eres una carta en doce actos, 82

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refractada en el aire…

y debes estar colgando mi nombre de otros labios.


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Karina Gómez

Diosa blanca Espejos repletos de fantasmas multitudinarios. Una cama profanada por miles de cuerpos desnudos. Recuerdos de aventuras impensables. Actores monótonos de quejidos fabricados. Ya no veo sus caras. Todas se han borrado entre mis cepillos y desinfectantes. La evidencia de sus excesos desaparece entre Clorox y el detergente que vierto sobre sus sábanas. Borro sus huellas en los cristales. Tantas historias dactilares. Tantos amantes fugitivos. Mis lágrimas lavan sus residuos corporales. Líquidos amarillos y abundantes. Viscosidades blancas y espesas. Nauseabundos contenidos gástricos. Manchas escarlata sin pudor. Embarres en diferentes tonos café. Vellosidades afeitadas a la carrera. Complicaciones atrapadas envolturas de látex. Ceniceros repletos de colillas a medio fumar. Botellas de licores amargos. Jeringuillas contagiosas. Líneas alucinógenas adheridas a mi paño.


Limpio los secretos de la sociedad. EL TÍTULO AQUÍ Lavo84susESCRIBA hipocresías baratas.

Friego sus mentiras razonadas entre mis tristezas exiliadas. Enjuago sus aberraciones por un pan duro para comer. Unos pocos pesos que no serán reportados al IRS. Un sacrificio que debo esconder de la temible diosa blanca


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Dante VĂĄzquez

Me gusta

Me gusta mirarte pero no tocarte, leerte pero no escucharte, quererte pero no amarte, alejarte pero no olvidarte, beberte pero no saborearte, pensarte pero no idealizarte, escribirte pero no hablarte, odiarte pero no perderte, olerte pero no comerte, desearte pero no tenerte, imaginarte pero no dibujarte, soĂąarte pero no sublimarte, seguirte pero no acecharte, extraĂąarte pero no buscarte.

Me gusta, lo confieso abiertamente, conservarte lejos del amor comĂşn y corriente.


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María Andrea Mónaco

Nostalgia A mi padre

Hoy camino y la calle sume su cuerpo en el gris verdoso de las nubes. Afuera, un candil, un pasadizo, una cortada: pequeña diagonal que nos une. Las palomas viajan desde la catedral hasta mi techo huyendo de doctrinas y relámpagos. Deambulo en el borde sostenido por las teclas de mi piano. Curiosa ida y vuelta de este Neuman Hambug que alguna vez calló la soledad de un siglo. Hubo días pasados que cruzamos la mirada en el puente de lo que fue tu anhelo. Mis manos no buscaron la música en las horas sagradas que volviste a ser árbol en el bosque de avellanos.


Mi paso mira el cielo detrรกs de las paredes. Hoy camino entre la gente siguiendo las huellas de la bruma que me llevan a tu casa.

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Omar Garzón Pinto

Aquelarre en Macayepo Las montañas, los valles, los ríos y los mares se llaman Cementerio. ¿Cómo orientarnos?, ¿Cómo?” Flóbert Zapata

Hoy cayeron piedras del cielo. Cayeron tantas veces que nuestros cuerpos tomaron forma de cantera: A su choque con el suelo daban gritos de agonía. Cayeron como truenos cortando hasta el aire en nuestras bocas. Hoy cayeron piedras del cielo y las ramas deshojadas de los árboles cobraron vida. A cada paso de su danza vespertina nos quebraban los brazos, las piernas, la voz y el cuerpo en la montaña ya no era nuestro. Los montes se alzaron imponentes para ser testigos de la fiesta de los hombres: Ramas estacadas en los vientres, filos que salían de las venas, piedras en los ojos, llantos sin destino… Todo en la vitrina de la muerte, todo en el lienzo de la tierra /ya salada, ya de cal.

Hoy cayeron piedras del cielo. De su paso por aquí solo queda el rastro de unas sombras y los campos removidos y las huellas de los niños y esta mano de algún anciano que partió sin ella.


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Michael Benítez Ortiz

Pesadilla viva (ANTÍ-TESIS ONÍRICA)

En los sueños los árboles son personas. Los poemas papel y las noches teorías. En los sueños el mundo gira sobre una cabeza decapitada. Las monedas son balas perdidas. Los bancos son de sangre con SIDA. En las iglesias los niños se masturban con imágenes de africanos disecados. Los padres se acuestan tarde metiendo dulces en las vaginas de sus hijas. En los sueños las cosas son como son.


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Susie Medina-Jirau

Achubascada caricia en encierro

Al acercar tus deseos a mi piel una caricia húmeda toca palabras el barrunto moja sus pies gozo de la marea. Un aguaviento enhebra soplos el cuerpo es inquieta nube para la brusca lluvia tardecina. Caída la noche la sábana olfatea los azúcares de la exudación. Como moriviví que devora estrellas mi espalda delimita temblores. Un aroma de albahaca achubascada serpentea fogosa. La taciturnidad amamanta el silencio. Duerme la almohada silueta de mi carne.

Del Poemario Inédito: Oasis de humo


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Jorge Dávila Vázquez

Beethoven, a lo lejos

“La Novena, música para arrodillarse”. Digo, reverente (¿cuándo, dónde?), mientras escucho arrobado esos coros que hablan sobre el milagro de la amistad entre todos los hombres. “Arrodillarse, solo ante Dios”, dice mi madre. Y sigue absorta en la rosa que borda, para siempre.

Del libro Personal e intransferible de Jorge Dávila Vázquez.


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Sobre Sara Diciero:

Argentina, vivo, pinto y sueño en Buenos Aires. En 1985 tomé clases con el Maestro Febo Marti. En 1986 me trasladé a Madrid por más de tres años donde me perfeccioné con las profesoras Pilar Alcazar y Rosa Calduch. Integré desde 1999 durante dos años el grupo “Tea” bajo la coordinación del Maestro Marino Santa María y la crítica de Arte Rosa Faccaro. Asistí a diversos cursos de capacitación sobre Arte Contemporáneo.

Formo parte de la nómina de artistas plásticos en diferentes publicaciones sobre Arte Contemporáneo tanto argentinas como extranjeras: libros, Cds y en numerosos sitios de Internet. Mis obras fueron tapa de las revistas "Museum", "Papel & Estampa" y "Correo del Arte". Varios críticos se han expresado sobre mis obras destacándolas. En 2005 ilustré el libro de poesía "Estuarios: remotas estancias" de la escritora mexicana Reyna Isela Armendáriz Gonzalez oriunda de Chihuahua, México. En 2012, ya estamos en tratativas para ilustrar un segundo libro de la misma autora que se editará durante el segundo semestre de 2013. En 2009 ilustré el libro infantil "Las aventuras de Mika y Maki" on line. La escritora chilena Cecilia Conejeros Morales eligió la obra "Algarabía" para ilustrar su libro "Todo lo que has de olvidar" que se editó en marzo de 2013 en Santiago.

Representada en USA durante 2006/7 por "Eighth Elephant" Contemporary Art Gallery en Brooklyn. New York. Actualmente mis obras se exponen en la Galería Guijuana de Arte.

Me desempeñé como jurado en concursos de pintura argentinos y extranjeros. Trabajé durante 6 ediciones y desde sus comienzos en 2005 para la feria Expo-artistas que se desarrolla anualmente en el Centro Cultural Borges hasta fines de de 2010. Trabajé para 4 ediciones de la revista "5artes", además escribiendo notas de arte.

Estudiantes de Bellas Artes, de Museología, de Periodismo de la Univerisidad de La Matanza, inclusive estudiante de Costa Rica de la Universidad de Bellas Artes, y de la Escuela secundaria han realizado trabajos en base a mi obra. Niños de tres cursos de pre-escolar han realizado obras basados en la obra lumínica de Sara


Diciero. En la Región de Murcia - España, recomiendan mi obra para estudio. 94

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Poseen mis obras: British Arts Centre y Manzana de las Luces, en Buenos Aires, Museo de Bellas Artes “Laureano Brizuela” de Catamarca, Museo Histórico de Villa Gesell, Cerveza Cristal CCU SA de Chile, Universidad Americana de Acapulco, México, Oficina del Programa Martiano de Cuba, Agrupación Impulso de Bellas Artes de Ayacucho, diario “Página 12”; Canal 9 de televisión y coleccionistas privados de Argentina, Alemania, Brasil, Chile, Croacia, España, Italia, México, Perú, Puerto Rico y USA.

He realizado más de 400 muestras en Buenos Aires, interior y exterior del país exponiendo en Museos, Galerías, Centros Culturales, Espacios de Arte, Ferias y Bienales.

Principales muestras en el exterior:

Mural Peace Art. Bucarest. Rumania. 2011. deerBLNproject 05 at Bordeaux, France. 2011. Bandera mural en defensa de Amor y Paz. Dinamarca. 2010 deerBLNproject 04 at CARHARTT. Berlín. Alemania. 2010. deerBLNproject 03 at CARHARTT. Cologne. Alemania. 2009 Mural "Horrores de la guerra" con grupo Artistas por la Paz. Estambul. Turquía.2008 T"Mint Green" at he Fuschia Tree Gallery. New Delhi. India. 2008. deerBLNproject 02. Viena. Austria. 2008. Eighth Elephant Contemporary Art. New York. Brooklyn. USA. 2005/7.. Exposición Internacional Arte Postal- Marea Negra. Galicia. España. 2003. Homenaje a José Martí. Galerías Manos. La Habana. Cuba. 2003. Galería Ana María Matthei en Chile. 2001. Atelier de la Barra. Punta del Este, Uruguay. 2001. Feria Internacional de Artes Libr’Art en Libramont, Bélgica 1997/8. Sala del Consiglio del Comune di Campagna Lupia Venecia. Italia. 1997. Casa Cultura en Acapulco; Universidad Americana de Acapulco y Hotel Mayan Palace de Acapulco. México. 1997/8. “Mercosur unidos por el arte” en Cantegrill. Punta del Este, Uruguay. 1996. VI Bienal Internacional de La Habana. Subsede Municipio 10 de octubre Cuba. 1996, etc. Biografía tomada de http://www.artmajeur.com/saradiciero


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Sara, ¿cómo te inicias en la pintura? Soy Computadora Científica y trabajé durante varios años en Computación comercial. Cuando mi primer hijo tuvo 1 año, todo se complicó; entre la casa y el niño que ya comenzaba a caminar, decidí dejar de trabajar hasta que nació el 2º hijo; pero, dentro de mí sentía cierto vacío. Y una amiga me propuso asistir a un taller de pintura; en seguida acepté. Me resultó súper atractivo y encaré esa actividad muy seriamente desde el primer momento en 1985 ya que percibí que despertaba en mí nuevas sensaciones, desde las cuales podía volcar mi creatividad y mis emociones. ¿Con qué corrientes artísticas te sientes identificada y de qué manera han influido éstas en la manera de componer tus obras? El Post Impresionismo con artistas como Van Gogh, Cezanne y Gaugin fueron parte de mi guía. Estos tres artistas me han influenciado en el uso del color, de la luz y de la pincelada. Luego me interesó el Surrealismo. Magritte es un artista que admiro, Dalí es un gran creador pero si bien hubo una etapa que realicé unas obras con este estilo no fue el que yo sentía propio. Siempre hay un periodo de aprendizaje, otro de desarrollo, y al cabo de un tiempo recién irrumpe el estilo que uno adoptará sin darse cuenta. Y el Expresionismo Abstracto fue el que surgió con espontaneidad para desarrollar mi obra a partir de 1996 en que comencé a realizar obras semi-abstractas. Eres una artista que está constantemente experimentando con nuevas formas de expresión, siempre desde la pintura, como por ejemplo el arte digital y ahora estas instalaciones lumínicas. ¿Cuál es el concepto central de tus creaciones y porqué llevarlo a la imagen de la forma en que lo haces? En realidad, las Instalaciones lumínicas surgieron a fines de 1999. El arte digital llegó recién tímidamente diez años después. Tras mucho trabajar en esta actividad, se puede detectar que el tema prominente en mi obra es la

naturaleza,

teniendo

en

cuenta

la

Distancia

cuyo

resultado

en

una

imagen

que

transmite emociones. Desarrollé entonces paisajes tan lejanos de la Tierra (cósmicos y abstractos y que volqué en las cajas lumínicas), como tan infinitamente cercanos como microorganismos (series de La Fecundidad), o bien, paisajes terrestres y de fondos marinos, tal vez más figurativos.


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Instalación lumínica "Travesía a distancia", 2001 15 Backlights, óleo sobre lámina de resina Cada una mide 93 x 58 x 15 cm.


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¿Qué quieres expresar o resaltar con tus óleos lumínicos? No necesariamente hay una pretensión en la realización de estas pinturas lumínicas. El caso es que durante mucho tiempo, la gente miraba mis obras y comentaban cuánta luminosidad vertía en cada una, ya sea sobre tela, sobre madera, o sobre cualquier soporte que usaba. Se conjugaron varias cosas para llegar a la creación de este tipo de pintura: yo formaba parte de un grupo y cada artista debía presentar un proyecto diferente para poder exponer en una galería de actualidad. El asunto de la luz me golpeaba en la cabeza; yo recordaba los comentarios que realizaban sobre la luz que destacaba en mi obra y quería que la luz destacara aún más, que fuera lo esencial, hasta que surgió que podía iluminar mi obra desde atrás. Tuve que investigar mucho sobre los materiales a utilizar; por ejemplo, primero trabajé sobre lámina de acrílico que es muy rígida y luego descubrí la lámina de resina que es flexible; primero armé yo misma la caja y luego pude comprarla. Como todo proceso lleva tiempo hasta su optimización.

Instalación lumínica "Recorrido por el mundo", 2003 8 Backlights, óleo sobre lámina de resina Cada una mide 93 x 58 x 15 cm.


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Instalación lumínica "Mundo marino", 2003 5 Backlights, óleo sobre lámina de resina Cada una mide 93 x 58 x 15 cm.

¿Cómo influye el uso de luz en la composición de la imagen al momento de crear? Creo que es intrínseco, o sea, por propia necesidad al pintar surgen sectores de luz en mi trabajo. En general, un artista vuelca en la obra gran parte de su carácter, de su estado anímico y yo soy una persona optimista, alegre, siempre viendo el vaso medio lleno... y necesito ver esa luz en mis obras. En el caso de las lumínicas, el trabajo es muy diferente, se trabaja con luz desde el comienzo, entonces ocurre lo contrario, se deben considerar espacios de oscuridad justamente para que esa luz resalte aún más.


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¿Cómo fue que llegaste a la selección de estos materiales y no otros en el proceso creativo? ¿Con qué otras técnicas y materiales experimentaste antes? Surgió espontáneamente tal vez porque mi primer maestro Febo Marti me pidió el primer día que llevara óleos para pintar; pero fue un acierto ya que el óleo me apasiona por su brillo, su textura, su ductilidad, su transparencia. Trabajé con pasteles de cera y de tiza, con acrílico, con témpera, con acuarela sobre diferentes soportes como papel, madera que usé durante años, tela, y lámina de resina en el caso de las backlights, etc. Para dibujar uso birome, marcadores, rollers, lápices y tintas.

Instalación lumínica "Universo marino", 2005 7 backlights, óleo sobre lámina de resina Sus medidas son de 93 x 58 x 15 cm.y 43 x 32 x 11 cm.


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Hablando de museografía ¿Qué procedimientos o requerimientos específicos requiere la exposición de tu obra lumínica? Es conveniente exponerlas en una sala a media luz o sin luz adicional para que destaque más la obra. Estas backlights se enchufan a una zapatilla y requieren de electricidad. Luego uno elige, según el lugar y espacio concedido, si se cuelgan en la pared o se apoyan sobre bases determinadas o bien en el suelo sobre todo en el caso de las cajas más grandes. Las obras las presento en conjunto formando Instalaciones; para ello diseño previamente cómo se ubicarán esas cajas para lograr un efecto más impactante.

Instalación lumínica "¡Aquí, la Naturaleza vibra!", 2011 20 Backlights, óleo sobre lámina de resina Miden 43 x 32 x 11 cm. y 37 x 20 x 9 cm. Sociedad Argentina de Artistas Plásticos.


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¿En qué nuevos proyectos estás trabajando? Estoy muy entusiasmada preparando mi próxima muestra individual que tendrá lugar en Britsh Arts Centre en Buenos Aires en el mes de setiembre, o sea, desarrollando una serie de pinturas de grandes dimensiones en bastidor, cuyo tema central será el paisaje del Norte Argentino, con sus multicolores quebradas, sus ondulados valles y sus caminos montañosos. ¡¡¡Me apasiona!!! Además, continúo a diario buscando nuevos efectos en Arte Digital.

Contacto con Sara Diciero: http://www.artmajeur.com/saradiciero http://saradiciero.blogspot.com http://www.facebook.com/saradiciero http://www.facebook.com/saradiciero.artistaplastica saradiciero@gmail.com


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Visiten la revista literaria española Los sábados, las prostitutas madrugan mucho para estar dispuestas. http://www.revistaliteraria.es/

http://puertaabiertachilemexico.wordpress.com/ Visita a la Agrupación Puerta Abierta Chile México

Revista cultural (Colima) http://colimarte.blogspot.mx/


Monolito XII