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Poesía de las piedraS Urbes de Mesoamérica

Antología de Poesía Juan Carlos Rangel

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Para Jorge, mi hermano

También vosotros, cual piedras vivas,   entrad en la construcción de un edificio espiritual. (1 P 2, 5) as obras más perdurables del hombre están hechas con piedras y con palabras: Las piedras y las palabras, talladas y esculpidas por el hombre. Hoy día seguimos admirándonos con las más antiguas construcciones que son el testimonio de la acción creadora y persistente del hombre frente a la Naturaleza, que en épocas y espacios distintos, aprendió el arte maravilloso de levantar edificios con piedras y palabras. Sobran los ejemplos: La Gran Muralla, única construcción humana visible desde el espacio; los cantos homéricos de La Ilíada y La Odisea, relatos fundacionales de Occidente; las pirámides y la Gran Esfinge de Gizeh, las estructuras más notables creadas por el hombre; la Biblia, el Libro de Libros; Stonehenge, el monumento ritual prehistórico de mayor relevancia en Europa; Don Quijote de la Mancha, edificio verbal de la lengua castellana; el conjunto de templos de Angkor Wat; Las Flores del Mal, poema que inicia la tradición poética occidental moderna; Machu Picchu, bastión inca en los Andes peruanos y perfección del tallado en piedra. Y, por supuesto, las urbes levantadas por los pueblos de Mesoamérica: Teotihuacan, Tikal, Monte Albán, Chichén Itzá, Tajín, Palenque, etcétera. Los poemas aquí reunidos son piedras verbales que grandes poetas mexicanos han labrado para evocar la imagen de belleza que los edificios y urbes mesoamericanas han provocado y siguen provocando en los hombres de todos los tiempos. Si la amistad es equiparable al amor, el amor a nuestros hermanos y amigos es la caricia de Dios sobre el hombre. Juan Carlos Rangel 15 de mayo de 2008

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omo las piedras del Principio Como el principio de la Piedra Como al Principio piedra contra piedra Los fastos de la noche: El poema todavía sin rostro El bosque todavía sin árboles Los cantos todavía sin nombre.

Octavio Paz (Semillas para un himno)

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ÍNDICE La Venta • José Carlos Becerra Teotihuacán • Carlos Pellicer Ciudad maya comida por la selva... José Emilio Pacheco El Tajín • Efraín Huerta En Uxmal • Octavio Paz En las ruinas de Mitla • Juan de Dios Peza Piedra de sacrificios • Carlos Pellicer Tulum • José Emilio Pacheco

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La Venta JosĂŠ Carlos Becerra

POEMA

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La Venta José Carlos Becerra* En Tabasco, casi en la desembocadura del río Tonalá, existe un lugar llamado La Venta, donde fueron encontrados los restos de altares y las cabezas monumentales de una antiquísima cultura de raíz olmeca. Resulta inquietante que en un sitio tan terriblemente inhóspito –especie de isla cercada de marisma– se hayan encontrado estos restos monumentales de roca basáltica. Es inexplicable el acarreo desde las estribaciones de la Sierra Madre del Sur –sitios donde esta roca se produce, y que sí ofrecían magníficas condiciones para vivir– de esas toneladas monolíticas de basalto por selvas y pantanos, y el por qué fueron labradas y erguidas en lugar tan extraño. I have heard Laughter in the noises of beasts that make strange noises.

I

Era de noche cuando el mar se borró de los rostros de los náufragos como una expresión sagrada. Era de noche cuando la espuma se alejó de la tierra como una palabra todavía no dicha por nadie. Era la noche y la tierra era el náufrago mayor entre todos aquellos hombres, entre todos aquellos era la tierra como un artificio de las aguas. Y ahora, en los sitios no determinados ya por la razón, en la plaza interior de la Plaza Pública, la brisa parece procrear ese lejano olor de animales y prisioneros flechados o ya dispuestos en las lanzas o conducidos a la presencia de la mano que ordena y señala, sostenida por sus anillos y pulseras, desde los sitios básicos del poder: necesidad y crimen. ¿En dónde están los hombres que dieron este grito de batalla y este grito de sueño? ¿Dónde están aquellos que condujeron la palabra y fueron llevados por ella al sitio de la oración y a la materia del silencio? Carencia fluctuando entre la piedra y la mano que va a producir en ella la sospecha de su alma; habitante sombrío enmudecido bajo tus obras, condúceme al himno disperso que flota [ceniciento entre la podredumbre de las hojas. Unta cada palabra mía con cada silencio tuyo, mas no nos ciegue el chispazo de este [mutuo lenguaje, para que así los muertos asomen la mirada entre las brasas de lo dicho y la frase se encorve por el peso del tiempo.

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El otoño recorre las islas, pp. 137-143. 6


II Jugó la selva con el mar como un cachorro con su madre, bostezó el día entre los senos de la noche, en su acción de posarse buscó alimento la palabra, sonó el acto en su propio vacío como una dolorosa constancia de fuerza que el sueño del hombre no pudo medir. Ahora juega la tarde un momento con islotes de jacintos antes de abandonarlos y el aire es todavía un venado asustado. El sol es una mirada que se va devorando a sí misma, todo jadea de un sitio a otro y la hojarasca cruje en el corazón de aquel que al caminar la va pisando. Un pez está inmóvil bajo el peso de su respiración, bajo la dura luz poniente fluyen las grandes aguas color chocolate, sobre un tronco caído, una iguana fluye, succionada por otro tiempo, pero está inmóvil, no hay fuga en sus ojos más fijos [que la profundidad del mar, y el movimiento que la rodea es lo que petrifica sus señales. La tempestad pesa como un dios que va haciéndose visible, una bandada de truenos cruza el cielo, la luz se está pudriendo; ya no quedan designios, nadie escucha en la piedra los sonidos humanos donde la piedra ganó raíz de carne, nadie se desgarra con esa soberbia del mineral que tiene a la memoria cogida por el cuello. Todo parece dormir igual que un dios que se torna de nuevo visible detrás de este tiempo, donde ahora se balancean y crujen las ramas de los árboles. Herid la verdad, buscad en vuestra saliva la causa de aquel y de este silencio, pulid esta soberbia con vuestros propios dientes; de nuevo la lanza en la mano del joven, de nuevo la arcilla bajo la instrucción de la mano volviéndose al sueño y al uso del sueño, de nuevo la escultura bebiéndose el alma, de nuevo la doncella acariciada por la mano del anciano sacerdote, de nuevo las frases de triunfo en los labios del vencedor y en su voz el estremecimiento de su codicia y sobre sus hombros el manto de su raza. Pero ya nada responde. La selva transcurre vendada de lluvia, todo yace enterrado en las grandes cabezas de piedra, todo yace ubicado en el ciego peso de la piedra; en ese rostro congestionado de feroz ironía, en el fondo de ese rostro de donde parece surgir, igual que una burbuja de aire de otro que respira allá dentro, esa sonrisa que sube a viajar quien sabe hacia dónde

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entre el negror de los labios… Todo está igual que el primer día sin embargo; la selva lo acecha todo, su velocidad tiene forma de pozo, hay muertes en espiral abasteciendo su mesa. Todo está igual que el primer día sin embargo, la flor del maculí como una boca violenta y roja suspendida en el aire caliente, la ceiba enorme atrapada por la fijeza de su fuerza, y por las noches, entre el zumbido de los insectos, el olor dulzón y tibio de los racimos de [flores del jobo, y entre las ramas de los polvorientos arbustos, el olor lejano del hueledenoche. Pero todo está detenido, todo está detenido entre el vaho poderoso del pantano y las cabezas de piedra de los hombres y dioses abandonados. Pero nada está detenido, todo está deslizándose entre el vaho poderoso del pantano y las cabezas de piedra de los hombres y dioses abandonados. Ciudad desordenada por la selva; la serpiente rodeando su ración de muerte nocturna, el paso del jaguar sobre la hojarasca, el crujido, el temblor, el animal manchado por la muerte, la angustia del mono cuyo grito se petrifica en nuestro corazón como una turbia estatua que ya no habrá de abandonarnos nunca. ¿Quién escucha ese sueño por las hendiduras de sus propios muertos? La fuerza de la lluvia parece crecer de esas piedras, de allí parece la noche levantar el [rostro salpicado de criaturas invisibles de ese sitio que ha retornado al tiempo vegeta, al ir y venir de la hierba. Nada descansa pero todo duerme; lo que se pudre inventa. Esta doncella aún no concedida al placer, aquellos ojos seniles que ruedan en su propia fijeza, a semejanza de un desterrado de sus [recuerdos; los consejeros del rey, los vencedores del tiburón, los que sujetando al vencido con una soga al cuello, posaron bajo el friso de los altares de piedra, asentando sus cuerpos rechonchos en el interior de una concha de poder. Nube de tábanos y de grandes y gordas moscas de alas azules rezumbando sobre la cabeza del predicador, sobre la boca del poeta, sobre el manto estriado por la sangre de los esclavos; una corona de tábanos y moscas sobre el nombramiento del mundo. Todo duerme, todo se nutre de su propio abandono, en el centro de la inmovilidad reside el verdadero movimiento. El poder de la selva y el poder de la lluvia, la garra del inmenso verano posada sobre el pecho de la tierra, el pantano como una bestia dormida en los alrededores del sol; la luz se hace negra al quemarse en sí misma, el cielo responde roncamente, el rayo cae como todo ángel vencido. 8


Mirad las cabezas de piedra bajo la lluvia, o bajo el hacha deslumbrante del sol como un verdugo embozado en oro. Mirad los rostros de piedra en el campamento de la noche, en la descomposición de la gloria, en la soledad de la primera pregunta y en su retorno [después de la segunda. Mirad las cabezas de piedra, máscaras que ocultan su clave divina, su organismo atajado por el silencio. Mirad los rostros de piedra junto a la boca impía del pantano. Aquí están, aquí donde no representan ni señalan. Aquí los triunfadores y los esclavos y el gemido del anciano y la primera sangre de la doncella están ya confundidos en una sola masa, en un solo bocado que mastica la piedra indefinidamente. Piedra caída en el agujero del sueño no por su propio peso sino por el peso que la realidad obtuvo del sueño. ¿Cuándo hizo la vida ese gesto poderoso? ¿De quién fue esa boca a cuya sonrisa una araña se mezcla minuciosamente? ¿Ante quién hizo la vida esta mirada hoy muerta? ¿Qué ojos humanos la llevaron a término? Éste es el rostro, éste es el cuerpo, la carne que se hizo piedra para que la piedra tuviera un espejo de carne. Animada por un soplo de piedra, la imagen de la piedra le dio nuevo peso a la carne; y así se oye el peso de otro silencio y el peso de otra imagen en la actitud inmóvil del caimán; aquí está la piedra despuntando en la carne, aquí está en la muerte eructando la piedra mientras hace la digestión de la imagen. La piedra, la piedra, la piedra, la piedra siempre agazapada al final de todos los gestos de la carne del hombre.

III Rompe el porvenir sus diques de estatuas, lama que se extiende como un hormiguero verdinegro sobre la sapiencia de los altares devastados, en el salitre de los muros derruidos aparecen la sombra y el olor de la bestia, entre el ciento de las inundaciones los pejelagartos vuelven estúpidamente la cabeza hacia la eternidad y comen bajo el brillo del sol en sus costados negros. Nadie pasa, nadie sigue adelante en el reino de tanto movimiento, en la basura de tanta vida, [en la creación de tanta muerte, Dioses dispersos entre las altas yerbas, restos divinos de un festín humano bajo las enormes hojas del quequeste. Ya no quedan palabras ni flechas ni la percusión de las maderas, ni llamados de caracol ni brillo de puntas de lanzas, sólo estas cabezas como flores monstruosas, erupciones oscuras y apagadas.

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Ahora la verdad aparece con el zopilote, sus alas negras baten como una lengua negra sobre el silencio de las cabezas de piedra, y en el ruido de ese aleteo aparece el nuevo lenguaje, las frases de la carroña al quitarse su máscara de esclava. Llueve y la lluvia es el mito sangrante y blanco de todos los dioses muertos. El agua escurre sobre las cabezas negras como una palabra perdida de lo que dice, y después de la lluvia los pájaros caminan otra vez por el cielo como vigías olvidados, mientras se abren las puertas del amanecer con un rechinar de goznes enmohecidos.

IV Se abre la noche como un gran libro sobre el mar. Esta noche las olas frotan suavemente su lomo contra la playa igual que una manada de bestias todavía puras. Se abre la noche como un gran libro ilegible sobre la selva. Los hombres muertos caminan esparcidos en los hombres vivos, los hombres vivos sueñan apoyando las sienes en los hombres muertos y el sueño contamina de piedra a sus imágenes. Se abre la noche sobre ustedes, cabezas de piedra que duermen como una advertencia. Se detiene la luna sobre el pantano, gimen los monos. Allá, a lo lejos, el mar merodea en su destierro, esperando la hora de su invencible tarea. [Diciembre 1964-noviembre 1965]

ÍNDICE

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Teotihuacรกn Carlos Pellicer

POEMA

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Teotihuacán Carlos Pellicer*  La palabra pirámide, tocada por el cielo, levanta nuestros brazos y eleva nuestros ojos. Hay en su corpulencia vertiente de taludes: la operación del día derramando la luz. El hombre la truncó para asentar el templo y el misterio confiara su poder a la vida. La cumbre crea el símbolo que el hombre mira a solas: la noche está en el cielo y habla sólo de altura. Pero empuñando al Sol en las manos del día, la tierra nace a pie y en planta horizontal halla la idea del vértice con que culmina el Sol. Hay noches como días, lánguidamente hechos: la pirámide baja y da sol a la Luna. Es tan jaguar el Sol, que pasa silencioso. Las horas son las manchas de su piel. Y en el hombre un tragaluz se abre para poder hablar. ¡Qué población de estrellas en este cielo vive desde que el héroe antiguo se transformó en estrella! ¡Con qué aguja el nopal teje la luz del día desde que la serpiente llegó del mar lejano! ¡Cuánto maíz en boca de Septiembre y Octubre dio vida a las palabras que sembraron bondad! Feliz astronomía la del Sol y la Tierra que hizo al hombre nacer entre rocas y llamas. Conos de sombra explican su angustia, pero el fuego ha de abolir un día sus eclipses mortales. El hombre dejó aquí los volúmenes claros: conjugó el horizonte con la montaña: dio líneas horizontales cortando lo taludes; dio nido a la penumbra, movimiento al color. Su material de ideas, sólidamente puras, conglomeran espíritu: la Tierra, el Sol, La Vida. Hay una geometría cuyo ritmo congrega lo florido del día con el fruto nocturno. El hombre amó la paz en este enorme juego de volúmenes. Obras, México, fce, 1993, pp. 498-500.

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Tengo, desde niño, en los ojos, la luz destos trabajos que hoy miro con la misma sorpresa. La mañana de pechos vegetales se alimenta a sí misma con el fulgor antiguo que dio vida a estas cosas que hablan para ellas solas. Pero es obra del hombre y nos incumbe a todos. Dioses oscuros dieron en una sola idea: dar luz a cielo y tierra.Y convocaron sombras y eligieron a dos que, arrojándose al fuego, después de penitencia, tornaron de la hoguera cual dos soles divinos. Pero una de las sombras dio a estrellar un conejo sobre la faz de uno, y ese sol, disminuido, fue la Luna. Con la creación del día, la noche encendió estrellas. Pero la más brillante, llave de los crepúsculos, fue el corazón de un hombre, convertido en estrella. Prudente y refinado, para darse completo, fue el héroe. De su cuna se habla en los huracanes del Golfo y en las brisas del Valle. Mariposas y flores quiso que fueran la ofrenda pura. Si por flor fue terrestre, por el agua es de cielo y de lluvia sus ojos se llenaron y dieron. Tierra y agua calmaron hambre y sed. El maíz fue la pluma adherida a la culebra de agua que a veces serpentea sobre los campos. Agua que da luz subterránea, caída de los cielos. Vuelvo a la desnudez de las ideas puras y divinas. El hombre descifra elemental la Lengua a la intemperie de los cuatro elementos. Y ya es en escultura, en pintura o palabras que comunica el alma de las cosas supremas. (Máquina y aparato dice igual a lo antiguo.) Teotihuacán es honra del hombre y de su tiempo. Antes que Europa fuera flor de cultura, México flores de maravilla dio a la cultura. No: trajeron su cultura, no la cultura, aquellos que por áurea ambición destruyeron lo antiguo aquí, que florecía maravillosamente. (Sin rencor ni amargura cuelgo en este poema las palabras que dije.) También los elementos serán un día causa de paz y no de guerra.

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Quien ha puesto pasión por la tierra y el agua, para dar agua y tierra a quien más necesita; fuego en su corazón por el pobre y el débil; quien con orgullo ve la gloria aquí presente de hombres de genio anónimos cuya gloria aquí está y ordena detener la ruina material de obras que ha dos mil años eran cumbre del mundo; quien cubrió de caminos y escuelas nuestro espacio territorial y humano, salió al mundo a decirle: México existe, vive; quien siente que es hermano de su hermano y le tiende la mano cuando todos le dejan solo, reciba en las manos de México la flor y el canto llenos del México de siempre. Lomas de Chapultepec, septiembre de 1964

ÍNDICE

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Ciudad maya comida por la selva JosĂŠ Emilio Pacheco

POEMA

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Ciudad maya comida por la selva José Emilio Pacheco* De la gran ciudad maya sobreviven arcos desmanteladas construcciones vencidas por la ferocidad de la maleza En lo alto el cielo en que se ahogaron sus dioses Las ruinas tienen el color de la arena Parecen cuevas ahondadas en montañas que ya no existen De tanta vida que hubo aquí de tanta grandeza derrumbada sólo perduran las pasajeras flores que no cambian

ÍNDICE Fin de siglo y otros poemas, México, fce-sep, 1984, Lecturas mexicanas 44, p. 62.

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El Tajín Efraín Huerta

POEMA

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El Tajín Efraín Huerta* A David Huerta a Pepe Gelada …el nombre de Tajín le fue dado por los indígenas totonacas de la región por la frecuencia con que caían rayos sobre la pirámide…

1 Andar así es andar a ciegas, andar inmóvil en el aire inmóvil, andar pasos de arena, ardiente césped. Dar pasos sobre agua, sobre nada –el agua que no existe, la nada de una astilla–, dar pasos sobre muertes, sobre un suelo de cráneos calcinados. Andar así no es andar sino quedarse sordo, ser ala fatigada o fruto sin aroma; porque el andar es lento y apagado, porque nada está vivo en esta soledad de tibios ataúdes. Muertos estamos, muertos en el instante, en la hora canicular, cuando el ave es vencida y una dulce serpiente se desploma. Ni un aura fugitiva habita este recinto despiadado. Nadie aquí, nadie en ninguna sombra. Nada en la seca estela, nada en lo alto. Todo se ha detenido, ciegamente, como un fiero puñal de sacrificio. Parece un mar de sangre petrificada a la mitad de su ascensión. Sangre de mil heridas, sangre turbia, sangre y cenizas en el aire inmóvil.

Poesías completas, pp. 241-243.

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2 Todo es andar a ciegas, en la fatiga del silencio, cuando ya nada nace y nada vive y ya los muertos dieron vida a sus muertos y los vivos sepultura a los vivos. Entonces cae una espada de este cielo metálico y el paisaje se dora y endurece o bien se ablanda como la miel bajo un espeso sol de mariposas. No hay origen. Sólo los anchos y labrados ojos y las columnas rotas y las plumas agónicas. Todo aquí tiene rumores de aire prisionero, algo de asesinato en el ámbito de todo silencio. Todo aquí tiene la piel de los silencios, la húmeda soledad del tiempo disecado; todo es dolor. No hay un imperio, no hay un reino. Tan sólo el caminar sobre su propia sombra, sobre el cadáver de uno mismo, al tiempo que el tiempo se suspende y una orquesta de fuego y aire herido irrumpe en esta casa de los muertos –y un ave solitaria y un puñal resucitan.

3 Entonces ellos –son mi hijo y mi amigo– ascienden la colina como en busca del trueno y el relámpago. Yo descanso a la orilla del abismo, al pie de un mar de vértigos, ahogado en un inmenso río de helechos doloridos. Puedo cortar el pensamiento con una espiga, la voz con un sollozo, o una lágrima, dormir un infinito dolor, pensar un amor infinito, una tristeza divina; mientras ellos, en la suave colina, sólo encuentran la dormida raíz de una columna rota y el eco de un relámpago. Oh Tajín, oh naufragio, tormenta demolida, piedra bajo la piedra; 19


cuando nadie sea nada y todo quede mutilado, cuando ya nada sea y sólo quedes tú, impuro templo desolado, cuando el país-serpiente sea la ruina y el polvo, la pequeña pirámide podrá cerrar los ojos para siempre, asfixiada, muerta en todas las muertes, ciega en todas las vidas, bajo todo el silencio universal y en todos los abismos. Tajín, el trueno, el mito, el sacrificio. Y después, nada. (Junio de 1963)

ÍNDICE

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En Uxmal Octavio Paz

POEMA

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En Uxmal Octavio Paz*  1.Templo de las tortugas En la explanada vasta como el sol reposa y danza el sol de la piedra, desnudo frente al sol, también desnudo. 2. Mediodía La luz no parpadea, el tiempo se vacía de minutos, se ha detenido un pájaro en el aire. 3. Más tarde Se despeña la luz, despiertan las columnas y, sin moverse, bailan. 4. Pleno sol La hora es transparente: veamos, si es invisible el pájaro, el color de su canto. 5. Relieves La lluvia, pie danzante y largo pelo, el tobillo mordido por el rayo, desciende acompañada de tambores: abre los ojos el maíz, y crece. 6. Serpiente labrada sobre un muro El muro al sol respira, vibra, ondula, trozo de cielo vivo y tatuado: el hombre bebe sol, es agua, es tierra. Y sobre tanta vida la serpiente que lleva una cabeza entre las fauces: los dioses beben sangre, comen hombres. ÍNDICE  *

Piedras sueltas (1955), en Libertad bajo palabra, México, sep-fce, 1983, pp. 142-143. 22


En las ruinas de Mitla Juan de Dios Peza

POEMA

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En las ruinas de Mitla Juan de Dios Peza*  A mi muy querido amigo Rosendo Pineda Les temps n'outrage que l'homme

Maravillas de otra edad; prodigios de lo pasado; páginas que no ha estudiado la indolente humanidad; ¿por qué vuestra majestad causa entusiasmo y pavor? Porque de tanto esplendor y de tantas muertas galas, están batiendo las alas los siglos en derredor. Muda historia de granito que erguida en pie te mantienes, ¿qué nos escondes? ¿Qué tienes por otras razas escrito? Cada inmenso monolito, del arte eximio trabajo, ¿quién lo labró? ¿Quién lo trajo a do nadie lo derriba? Lo saben, Dios allá arriba; la soledad aquí abajo. Cada obelisco de pie me dice en muda arrogancia: Tú eres dudas e ignorancia, yo soy el arte y la fe, semejan de lo que fue los muros viejos guardianes… ¡Qué sacrificios! ¡qué afanes revela lo que contemplo! Labrado está cada templo no por hombres, por titanes. En nuestros tiempos ¿qué son los ritos, usos y leyes, de sacerdotes y reyes que aquí hicieron oración?

Obras, México, fce, 1993, pp. 66-67.

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Una hermosa tradición cuya antigüedad arredra; ruinas que viste la yedra y que adorna el jaramago: ¡la epopeya del estrago escrita en versos de piedra! Del palacio la grandeza; del templo la pompa extraña; la azul y abrupta montaña convertida en fortaleza; todo respira tristeza, olvido, luto, orfandad: ¡Aun del sol la claridad se torna opaca y medrosa en la puerta misteriosa de la negra eternidad! Despojo de lo ignorado, busca un trono la hoja seca en la multitud greca del frontón desportillado. Al penate derribado la ortiga encubre y escuda; ya socavó mano ruda la perdurable muralla… Viajero: medita y calla… ¡Lo insondable nos saluda! Sabio audaz, no inquieras nada, que no sabrás más que yo; aquí una raza vivió heroica y civilizada; extinta o degenerada, sin renombre y sin poder, de su misterioso ser aquí el esplendor se esconde y aquí sólo Dios responde ¡y Dios no ha de responder!

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Piedra de sacrificios Carlos Pellicer

POEMA

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Piedra de sacrificios Carlos Pellicer*  2 Tocas las puertas de mi corazón, Uxmal. Por tu divina sensación se alza una voz, se alza otra voz: Uxmal, desde las rocas de mi corazón. Y danzó en la ruda mañana estival, sacerdotal tu antigua voz. Y fue el pavor de los templos vacíos sobre las plataformas gigantescas. Fueron los grandes ruidos de las flechas sin arco de las épocas. Fue la lealtad sagrada de las gotas espesas de tu sangre que se levanta en mi alma. Como árboles sobre el fondo de la tarde, mis brazos se levantaron, profundos, de tu sangre. Y fue el arquitecto sinfonizante de melodías y rumbos de astros, jugador de serpientes entre el muro, florista en el tibor. Y fue la plaza sagrada obtenida por el adivino desde su mirador. Aquella plaza donde mi corazón fue a pasos lentos y se sacó del alma, como estrellas, los fértiles momentos en que se hunde en Dios el tiempo y sólo queda un átomo que canta. Hormiga entre bloques de siglos, alma mía que suspendiste la quietud trágica de tus movimientos entre el instante alegre el momento triste. Obras, México, fce, 1993, pp. 66-67.

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Desde la casa del adivino disfruté de todas las religiones como de una copa de vino. (Mas preservándome de las confusiones.) Uxmal, llena de ingenios poéticos, opulenta y sepulcral. Danzarán tus serpientes endiosadas sobre las piedras verdes y sonoras cuando las horas de luces plateadas hilan estrellas y elevan auroras. Uxmal, tus escalinatas las he recorrido y en tus panoramas he puesto mis manos. Uxmal, tú llenaste mi corazón, y de tu raza culta es mi alegría y mi vaso sincero de pasión. Uxmal; se alza una voz, se oye otra voz. Uxmal, es divina tu sensación.

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Tulum JosĂŠ Emilio Pacheco

POEMA

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Tulum José Emilio Pacheco* Si este silencio hablara sus palabras se harían de piedra Si esta piedra tuviera movimiento sería mar Si estas olas no fuesen prisioneras serían piedras en el observatorio Serían hojas convertidas en llamas circulares De algún sol en tinieblas baja la luz que enciende a este fragmento de un planeta muerto Aquí todo lo vivo es extranjero y toda reverencia profanación y sacrilegio todo comentario Porque el aire es sagrado como la muerte Como el dios que veneran los muertos en esta ausencia Y la hierba se prende y prevalece sobre la piedra estéril comida por el sol —centro del tiempo padre de los tiempos fuego en el que ofrendamos nuestro tiempo Tulum está de cara al sol Es el sol en otro ordenamiento planetario Es núcleo de otro universo que fundó la piedra

Y circula su sombra por el mar

La sombra que va y vuelve hasta mudarse en piedra

ÍNDICE Fin de siglo y otros poemas, México, fce-sep, 1984, Lecturas mexicanas 44, pp. 60-61.

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Poesía de las Piedras  

Poesía de grandes poetas mexicanos sobres las grandes construcciones de Mesoamérica.