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24 JULIO / 2012 · EDICIÓN ESPECIAL

BOGOTÁ, COLOMBIA

ISSN- 2215-8332

Izquierda y acción política en Colombia


Jairo Estrada Álvarez Director Jesús Gualdrón Sandoval Jefe de redacción Álvaro Vásquez del Real, Daniel Libreros Caicedo, César Giraldo Giraldo, Frank Molano Camargo, Jorge Gantiva Silva, María Teresa Cifuentes Traslaviña, Nelson Fajardo Marulanda, Patricia Ariza, Ricardo Sánchez Ángel, Sergio De Zubiría Samper, Víctor Manuel Moncayo Cruz Consejo editorial Beatriz Stolowicz (México), Julio Gambina (Argentina), Ricardo Antunes (Brasil), Antonio Elías (Uruguay) Consejo asesor internacional Las opiniones emitidas por los autores no comprometen al Consejo Editorial de la Revista. Tatianna Castillo Reyes Diseño y diagramación

Todo el contenido de esta publicación puede reproducirse libremente, conservando sus créditos.

Espacio Crítico Ediciones Publicación auspiciada por Espacio Crítico Centro de Estudios www.espaciocritico.com ISSN-2215-8332 Julio de 2012. Bogotá, Colombia


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A manera de presentación

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Comprender la crisis para reorientar la política de izquierdas Sergio de Zubiría

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Indignarse y recostruir lo político alfredo gómeZ muller

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El momento político: las multitudes rebeldes JoSé arnulfo bayona, ricardo SáncheZ ángel

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Polomizando sobre partidos y movimientos luiS i. Sandoval

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Movimientos sociales y partidos políticos de izquierda céSar giraldo

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La paz y la crisis nacional Jaime caycedo Turriago

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Tesis sobre los retos de la izquierda colombiana en la actual coyuntura política daniel libreroS caicedo y Jorge ganTiva Silva

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Notas para el debate al interior del campo popular Sandra carolina bauTiSTa

90

Tareas y posibilidades de la izquierda colombiana en el nuevo periodo de lucha de clases frank molano camargo

100

El Polo es la nueva propuesta nacional democrática guSTavo Triana

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El PDA: Por la conquista de una democracia plenaf clara lópeZ obregón


A manera de presentación

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a cadena de episodios que dio al traste con la proyectada reforma a la justicia por parte del gobierno de Santos puso una vez más en evidencia el carácter estructural de la crisis del Estado colombiano y, en especial, de sus rasgos criminales, mafiosos y corruptos. Y no precisamente porque se hubieren presentado diferencias de fondo entre los propósitos gubernamentales y los perseguidos por los sectores mayoritarios del Congreso. Debe recordarse que el corpus de la reforma había sido el resultado de los acuerdos entre las diferentes facciones que conforman el gobierno de la Unidad Nacional. Los agregados de última hora, práctica consuetudinaria en el Congreso, servirían de disculpa para salirle al paso a lo que había sido el propio engendro del gobierno nacional. En el desenlace de estos vergonzosos hechos, las reiteradas denuncias de sectores progresistas y de izquierda, de algunas organizaciones no gubernamentales, de intelectuales y productores de opinión y, en general, de organizaciones del campo popular jugaron un papel central. La reforma cayó, en realidad, gracias a la amplia movilización social. Fue debido a ese accionar colectivo que el presidente Santos se vio obligado a última hora a aparecer como adalid de la pulcritud y víctima de un engaño. Lo que seguiría sería la farsa y la comparsa: el entierro de la reforma. Aún está por verse qué tan exitosa pudo haber sido esta masiva operación mediática de lavado de fachada. Y, sobre todo, cómo serán los relacionamientos entre el Ejecutivo y el Congreso en la legislatura que se viene a partir del 20 de julio, en la que el gobierno tiene fincadas sus esperanzas para sacar adelante aspectos claves de su política neoliberal en materia tributaria, agraria, minera, pensional, entre otros. Más allá de ello, todo este espectáculo llama a otra reflexión. Se trata de la necesidad de producir el cambio político que permita emprender las transformaciones estructurales económicas, políticas, sociales y culturales que requiere el país. Y eso pasa, desde luego, por el entendimiento de la política, de la acción política, y por el examen de las condiciones y posibilidades en el campo popular. La crisis estructural del Polo Democrático Alternativo, el notorio agotamiento de su visión institucionalizada, electoral, de la política, acompañada de sus debates

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internos para rehacerse (o no), la irrupción en el escenario de nuevas expresiones de la política, como el Congreso de los Pueblos, la multitudinaria presentación pública del movimiento político y social Marcha Patriótica, el accionar político de múltiples expresiones organizativas sociales localizadas, la movilización social contra las políticas gubernamentales, dan cuenta de un campo popular en el que se vienen desplegando variados esfuerzos por dar respuesta a las crecientes demandas por el cambio, tal y como ha venido ocurriendo en otros países de Nuestra América. Al tiempo que la organización institucionalizada del poder por los de arriba muestra protuberantes signos de crisis, como lo evidencian los episodios de la fallida reforma a la justicia, también es notorio que la indignación y, sobre todo, la organización y la movilización popular vienen en ascenso, con muestras alentadoras de creatividad e imaginación. Sin duda, vivimos un momento de despliegue de potencia, de acumulados dispersos, más no necesariamente fragmentados. Hay nuevas condiciones de la política, de lo político, para la acción política. Las posibilidades para los de abajo vienen cambiando. La vocación y el deseo de poder de las gentes del común se están desatando. En ese contexto, avanzar en procesos de unidad se constituye en imperativo, en condición. Todo esto llama a la reflexión y al análisis. Por ello, la Revista Izquierda se trazó el propósito de preparar un número especial en el que -desde variados enfoques y perspectivas de análisis- se indagase justamente por esas preocupaciones. A la invitación de la Revista, respondieron en buen número intelectuales y expresiones organizadas de la política en el campo popular. La construcción colectiva está a disposición en esta edición.

Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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Comprender la crisis para reorientar la política de izquierdas Sergio de Zubiría Samper Profesor Asociado Departamento de Filosofía Universidad de los Andes.

“La política ya no es lo que fue. En consecuencia, la imagen habitual que nos hacíamos de la política ya no es adecuada a las condiciones existentes. A la inversa, nos falta una nueva concepción de la política, capaz de enfocar los cambios en marcha.” Norbert LechNer

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l campo popular, los movimientos sociales y los partidos de izquierda a nivel planetario experimentan una etapa de importantes discusiones y desafíos. En un contexto de intensificación de las luchas sociales alrededor del planeta y de alto dinamismo en el campo de la política, es necesaria una mayor teorización y sistematización para comprender la crisis y orientar el sentido de la política. Luego de más de dos décadas de contrarreformas neoliberales, el retorno a la teoría es un consejo prudente. Existe en la actualidad una profundización de disputas entre diferentes actores sociales y políticos sobre el significado de conceptos como democracia, desarrollo y política, que están indicando confrontaciones sobre el futuro de nuestras sociedades. Al lado del incremento de la conflictividad social tiene que desencadenarse la batalla de las ideas. Hemos terminado el sopor de aquellos lemas sobre el supuesto “fin de la historia”. En un contexto internacional de agotamiento contradictorio del neoliberalismo, de dificultades del imperialismo y vulnerabilidad de las clases dominantes, el espacio político latinoamericano se ha convertido en un escenario importante de la lucha social y de la reconfiguración del campo político y las perspectivas de la izquierda a

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nivel mundial. El escenario regional se ha modificado de forma significativa en los inicios del siglo XXI y una multiplicidad de experiencias sociales ha sustituido la uniformidad “neoconservadora” de los noventa, del cierre del siglo XX. Se puede calificar la región como una de las más dinámicas de la política mundial. Nos encontramos en un escenario complejo, definido por múltiples crisis y por intentos reiterados de recomposición del proyecto neoliberal de dominación. La dimensión política está cargada de alta complejidad por tendencias, tales como subestimar la intensidad de su crisis; el rechazo a su condición teórica; confundir la política con otros ámbitos, como los partidos, lo electoral o las técnicas de gobierno; una cierta propensión a su control institucional o estatal; su utilización ideológica por el neoliberalismo, entre otras. En este escrito pretendemos abordar tres aspectos del campo de la política que tienen importantes consecuencias para el destino de las izquierdas y el campo popular colombiano. El primero, insistir en la profundidad de la crisis de la política y la necesidad de que la izquierda comprenda su gravedad. El segundo, subrayar la importancia del examen autocrítico en la etapa actual para asumir los retos de los escenarios que se están abriendo en nuestro contexto. El tercero, esbozar algunas tendencias emergentes de la política en el contexto latinoamericano, que puedan orientar nuestra acción colectiva emancipatoria.

Crisis prolongada y profunda Postular una crisis del campo de la política remite a síntomas de agotamiento de una de sus formas históricas determinadas, entre “lo viejo que no acaba de morir y lo nuevo que no acaba de nacer” (A. Gramsci). La crisis aparece como un momento de transición y de disputa que no puede confundirse con el “fin” o “adiós” de la política, o, aún menos, concebirse como “despolitización” o “antipolítica”. La política como manifestación del conflicto social y de las luchas por la transformación de las relaciones de poder en las distintas dimensiones de la vida social no puede acabarse, pero sí transformarse. Las tensiones entre la forma política que se extingue y la que está emergiendo se conceptualizan en algunas investigaciones latinoamericanas como la distinción entre “la política” (institucionalizada; formal; exclusivamente estatal) y “lo político” (emergente; cuestiona el conjunto de las relaciones; otro tipo de política). Las contrarreformas neoliberales han dirigido parte de su proyecto de dominación a despolitizar, contrapolitizar (Marcuse) y desideologizar la vida en su totalidad (“crisis degenerativa del pensamiento”: De Souza Santos); han sido bastante eficaces en la construcción de sociedades con excesos de regulación social y profundas deficiencias en emancipación y libertad. Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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Experimentamos la tendencia al debilitamiento o contracción de la política en sus funciones de articulación y organización del sentido social, colectivo y público. Manifestaciones relevantes de esta tendencia son: a. una profunda desideologización en la relación con la política y los partidos; b. predominio del individuo, caudillo o marketing sobre los programas ideológicos; c. política comprimida en segundos o imágenes, que impide su naturaleza teórica, hacia una simplificación demagógica y populista que empobrece la acción social; d. se presenta un desdibujamiento de los márgenes de acción de las instituciones estatales y los partidos políticos; e. la despolitización promulgada por el neoliberalismo promueve la “informalización” de la política y el vaciamiento de las instituciones políticas; f. la divulgación de un concepto de “la política” como administración o simple técnica de gobierno, con claros visos de pragmatismo; g. el incremento abismal entre las instancias de gobierno y representación con las posibilidades de decisión en los asuntos fundamentales de los sectores sociales mayoritarios; h. se entroniza la exclusiva dimensión de la gestión y administración, intentando desactivar el conflicto político e ideológico. Los partidos políticos, en general, enfrentan una crisis de representatividad y legitimidad. Una crisis multiforme que toca sin excepción a todos los partidos políticos en Colombia. Los síntomas notorios incluyen la pérdida de credibilidad en las instituciones partidistas y vinculación por intereses exclusivamente individuales e inmediatos. El incremento de la desconfianza en las virtudes públicas del ejercicio práctico de los partidos y la gestión de intereses en el corto plazo convierten a los partidos en microempresas de intereses individuales o familiares. Otra consecuencia es la pérdida de la autonomía de los partidos frente a otros poderes exógenos, el achatamiento de los procesos de participación democrática y la reducción de las demandas al momento electoral. Asimismo, hay una limitación de la oposición al campo exclusivamente parlamentario, en perjuicio de las tareas de movilización y lucha social. No es conveniente teóricamente en la etapa actual limitar la interpretación de la crisis del campo político a aspectos coyunturales, contextuales o de cultura política. Aquellos factores agudizan la crisis, pero no comprenden sus dimensiones estructurales. Insistir que es la manifestación exclusiva de la persistencia del conflicto interno, la condición de “país de regiones”, la constatación de un “Estado débil”, la “precariedad” de la sociedad civil, la patología del “clientelismo”, la falta de “industrialización” (H. Gómez Buendía) o la “excesiva estabilidad” del bipartidismo (L. Medina), limita la comprensión a un listado bastante arbitrario de causas. La izquierda necesita pensar a fondo la crisis del campo de la política para reorientar su destino. _8

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Examen autocrítico Cultivar e incorporar la autocrítica para comprender la crisis es una condición ineludible. Además de la crisis general de la política y los partidos, existen factores internos de la concepción y las prácticas de la izquierda que obstaculizan la política emancipatoria. Es conveniente iniciar con aquellos factores, aparentemente invisibles, que tienen consecuencias éticas y políticas devastadoras. Dentro de las izquierdas han tenido fuerte presencia el elitismo, el racismo, el machismo, el autoritarismo y el personalismo. No ha existido un trabajo pedagógico permanente para combatir estas actitudes y prácticas. Su persistencia patógena afecta sensiblemente la profundización de la autodeterminación política y la creación de una democracia plena. “Todo proyecto de emancipación incluye necesariamente un momento democrático. El lugar que éste ocupe dentro de él dependerá del carácter, extensión y profundidad de la emancipación a que se aspira” (Sánchez Vázquez). La concepción de la política como “toma del poder” institucionalizado, desvirtúa el sentido transformador del conjunto de las relaciones del poder y el poder mismo. Restringe la necesidad de cambios radicales e impide construir nuevas instituciones, impidiendo una comprensión anticapitalista de la relaciones entre reforma y revolución; limita la imaginación creadora y termina haciendo demasiadas concesiones al capitalismo. Para tomar distancias del “dogmatismo” o “fundamentalismo” es necesario destacar la existencia actual de izquierdas, en plural. La importancia exclusiva de la “lucha de clases” en ciertos discursos de la izquierda histórica cultiva el aislamiento, fomenta la incomprensión de las reivindicaciones específicas de los sectores populares e impide comprender las distintas facetas de la dominación y explotación capitalista. Las concepciones políticas se cargan de codificaciones “binarias” o “maniqueas” que empobrecen la acción social y política, tales como, “civilizado/primitivo”, “moderno/tradicional”, “urbano/rural”, “progreso/atraso”, “clase/raza”, “estatal/no Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

La posibilidad de una unidad amplia de las izquierdas en Colombia implica pensar a fondo la crisis de la política y cultivar con esmero el examen autocrítico. Todas aquellas actitudes que devengan en “vanguardismo partidista”, el miedo al otro como supuesto potencial enemigo, la supresión de las diferencias o el desprecio a las utopías emancipatorias tan sólo van minando las potencialidades críticas en la construcción de alternativas de izquierdas en Nuestra América y Colombia.

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estatal”, “tomar el poder/más allá del poder”, etc. Lo anterior impide la conformación de otras subjetividades anticapitalistas y limita la politización de las diferencias. La crisis de hegemonía de la izquierda también se manifiesta con fuerza en el ámbito teórico e ideológico. “Los modos de hacer política derivan de los modos de pensar la política” (N. Lechner). En tres dimensiones es notoria y exige correcciones a fondo la crisis de hegemonía teórica. La primera, la falta en América Latina y el Caribe de teorización y sistematización de las experiencias de los gobiernos de izquierda, los movimientos sociales contrahegemónicos y los debates en el campo de la reconstrucción de la política. Los escasos textos producidos no se apropian, discuten y resignifican en un debate amplio y profundo. La segunda, una cierta “orfandad” (E. Sader) en la actualización de pensamiento estratégico y construcción de alternativas postneoliberales. No es pertinente limitar la discusión a los aspectos tácticos y coyunturales de la izquierda latinoamericana; es urgente actualizar la discusión estratégica. Tercero, las relaciones bastante tensas y distantes que mantienen las organizaciones de izquierda con la intelectualidad crítica, tratando, en general, de “instrumentalizar” a los intelectuales, artistas, académicos e investigadores, o limitando la imprescindible libertad de crítica. Cultivar la dimensión autocrítica en la izquierda también está mediado por la reflexión sobre el carácter y profundidad de nuestra crisis contemporánea. Una actitud evasiva, inmediatista o superficial frente a la crisis, no sólo impide su comprensión, sino cierra el horizonte de posibilidades de redimensionar las posibilidades emancipatorias de la izquierda. El Polo Democrático Alternativo enfrenta una crisis profunda, que no es ajena a las tendencias generales del campo de la política. Es necesario investigar con rigor el momento histórico de su inicio y sus causas estructurales. La emergencia en Colombia de movimientos sociopolíticos como la Marcha Patriótica y el Congreso de los Pueblos es tanto manifestación de esta crisis como la necesidad de estar atentos para no reincidir en ciertos problemas estructurales del campo de las izquierdas políticas. No están exentos de repetir las matrices, vacíos y paradojas de las izquierdas históricas. Los síntomas de esta crisis han sido bastante diagnosticados en algunas reflexiones académicas, pero no han existido cambios en la práctica política real, y la izquierda no ha tenido la capacidad de promoverlos. La crisis del PDA no es simplemente electoral: abarca aspectos organizativos, políticos, ideológicos y de la cultura política cotidiana. En el campo organizativo ha predominado el copamiento burocrático del aparato, un deficiente funcionamiento de las direcciones y la inexistencia de comités populares de base. La democracia real “desde abajo” en ámbitos centrales como los modos de pensar la política, la _10

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vhttp://fondogaitan.wordpress.com/2012/01/23/fotografias-jorge-eliecer-gaitan-y-su-tiempo/ Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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construcción de espacios democráticos alternativos y las decisiones éticas, es muy precaria. En la dimensión política prima el “parlamentarismo”, la política por las “alturas” y la desconexión con las luchas sociales. Es fundamentalmente una crisis de dirección política, que tiene expresiones en el aislamiento de la dirección de las bases polistas, en la desconexión con los intereses de las masas populares, en el predominio de lo electoral y en la escasa producción de un proyecto hegemónico de sociedad. La preocupación por la formación ideológica y educativa ha estado ausente de la proyección estratégica. En la vida cotidiana se fomenta el inmediatismo, el oportunismo, el personalismo y el desconocimiento de la democracia real. El liderazgo colectivo y democrático no se fomenta, por el peso desmedido de los parlamentarios en la vida del PDA. Pocos espacios se han incentivado para la construcción social de las memorias e identidades colectivas. La actitud general ante fenómenos de descomposición, burocratización y corrupción ha sido errática. La posibilidad de una unidad amplia de las izquierdas en Colombia implica pensar a fondo la crisis de la política y cultivar con esmero el examen autocrítico. Todas aquellas actitudes que devengan en “vanguardismo partidista”, el miedo al otro como supuesto potencial enemigo, la supresión de las diferencias o el desprecio a las utopías emancipatorias tan sólo van minando las potencialidades críticas en la construcción de alternativas de izquierdas en Nuestra América y Colombia.

Tendencias emergentes Reorientar la política conlleva la atención de nuestra mirada a esas señales emergentes que indican transformaciones en la política misma. No sólo ha cambiado el contexto histórico, también tiene lugar una transformación de la propia política. Aunque bastante indeterminado, es lo “nuevo que no acaba de nacer” (Gramsci). Su condición emergente implica incertidumbres, incomprensiones, mudez, paradojas y grandes desafíos. Reitera que nos encontramos los iberoamericanos en un escenario complejo, definido por múltiples crisis y con permanentes intentos de recomposición neoliberal. La intensidad y multidimensionalidad de las crisis actuales están teniendo consecuencias en la concepción política. En el contexto de nuestra región los impactos son peculiares. El primero, finalmente se ha abierto en Latinoamérica un debate civilizatorio. No se trata de una crisis cíclica o temporal, sino se están cuestionando las bases consumistas, productivistas y antiecológicas del modelo civilizatorio de dominación. Se trata de un modelo de colonización y destrucción de todos los campos de la vida biológica y humana. El segundo, la activa participación de subjetividades indígenas, campesinas, afrodescendientes y jóvenes, está _12

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promoviendo una interculturalidad igualitaria y un “nuevo imaginario anti-capitalista” (A. Quijano). El tercero, en un contexto tan complejo como creativo, están emergiendo diversas y ricas soluciones políticas, que están replanteado la naturaleza de la transición y la “refundación del Estado” (De Sousa). Para responder a la crisis se necesitan cambios radicales en el mundo que transformen el conjunto de las relaciones de poder. Por tanto, el mayor desafío de la concepción política emergente, es establecer la relación adecuada entre la política de lo posible en lo inmediato (cambios a corto plazo) y la política de la transformación real (los cambios civilizatorios a mediano plazo). La fuerza y penetración de las relaciones de dominación exigen “re-inventar” caminos alternativos de emancipación para enfrentar la poderosa presencia cotidiana del imaginario y las prácticas neoliberales. Las alternativas a la realidad social actual deben surgir “desde abajo” y dependen de otras nociones y prácticas de democracia, soberanía, autonomía, cuerpo, naturaleza y territorio; no sólo exclusivamente de “ciudadanía”. Hay que “des-ciudadanizar” la política. En esta lucha contrahegemónica por los imaginarios sociales es crucial que se construyan formas alternativas de economía, procesos autogestionarios de educación, medios de comunicación alternativos y mecanismos rigurosos de sistematización y teorización de la lucha social y política. Pero, también, es urgente la invención y construcción de nuevas instituciones y referentes políticos emancipatorios (democracias interculturales; formas atenuadas de representación y delegación; nuevas territorialidades; derecho alternativo; Estados plurinacionales; derechos de la Madre-tierra; economías no mercantiles; alterglobalización; desmercantilización; descolonización; reservas campesinas y ecológicas; etc.) que permitan consolidar las propuestas que surgen como autogestión desde los movimientos sociales y populares. Repensar la política en nuestro continente, implica superar la tradicional separación teórica y práctica entre lo social y Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

Dentro de las izquierdas han tenido fuerte presencia el elitismo, el racismo, el machismo, el autoritarismo y el personalismo. No ha existido un trabajo pedagógico permanente para combatir estas actitudes y prácticas. Su persistencia patógena afecta sensiblemente la profundización de la autodeterminación política y la creación de una democracia plena. “Todo proyecto de emancipación incluye necesariamente un momento democrático. El lugar que éste ocupe dentro de él dependerá del carácter, extensión y profundidad de la emancipación a que se aspira” (Sánchez Vázquez).

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lo político. Esta ruptura entre lo social y lo político se ha dado por varias vías, que en general terminan empobreciendo la dimensión política y perpetuando la dominación, como lo analiza Marx con gran profundidad, en La Cuestión Judía y La crítica de la filosofía del Estado de Hegel. La primera, es limitar la política a lo estatal, produciendo una “hiperpolitización” de lo estatal y una “despolitización” de la vida cotidiana. La segunda, es declarar diferencias “no políticas”, la clase, el trabajo, la sexualidad y la cultura para perpetuar la distancia entre lo privado y lo público, dejando el “interés privado” por fuera del campo de la política. La tercera, característica de la crisis contemporánea, considerar la política un asunto meramente de “estrategias electorales”. Ante semejante complejidad, necesitamos pensar a fondo el pasaje de “lo social a lo político” (E. Adamovsky). Aquella visión simplista de cierta izquierda que considera que la existencia del partido y líderes iluminados resuelve los problemas sociales, es plenamente anacrónica. La importante experiencia histórica de la Comuna de París, los Soviets en la revolución rusa o la actual emergencia de movimientos sociopolíticos en América Latina y el Caribe evidencian su superficialidad. Hay que empezar por reconocer cómo las diversas luchas sociales se realizan en múltiples espacios de la vida social y no sólo en la disputa por el poder estatal; continuar afirmando la necesidad emancipatoria de politizar la vida cotidiana y ampliar la comprensión de lo político, subrayando que está presente en todos los espacios de la vida. No se trata de una separación entre lo social y lo político, sino de un “pasaje” dialéctico. Ciertas perspectivas teóricas y prácticas la convierten en una ruptura o disyuntiva. La multiplicidad de lo social requiere instancias políticas de negociación, trámite de las diferencias y construcción de otros mundos posibles. Los nexos dialécticos entre lo social y lo político están cargados de dificultades y vacíos. El más destacado por la tradición de izquierda es la tensión entre partidos y movimientos sociales: se impone, por tanto, evitar la conversión de los movimientos en meras “correas de transmisión” de los intereses partidarios. Actualmente, los interrogantes son fuertes y las respuestas débiles (De Sousa): ¿Cómo trasladar los valores y formas de vida colectivistas, horizontales, solidarias, no mercantiles, autónomas, al todo de la gestión de lo social y lo político? ¿Existen dispositivos organizativos que, en lugar de contener, parasitar o reprimir al movimiento social, se ocupen de protegerlo y dotarlo de herramientas para la lucha? ¿En el tránsito de lo social a lo político es inevitable que los dirigentes adquieran los vicios de las clases dominantes? ¿Se pueden crear formas atenuadas de representación y delegación que impidan que unos pocos delegados decidan por los demás? Ciertos grados de institucionalización y centralización parecen necesarios, pero ¿qué hacer _14

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para que no debiliten la lucha? Preguntas que hoy inquietan a los movimientos populares de izquierdas de nuestra región y sobre las cuales existen trabajos de investigación y reflexión importantes. Tal vez uno de los fenómenos más interesantes es que todos los debates anteriores se trasladan al mundo interno de la izquierda latinoamericana y no a supuestos “enemigos externos”. Es parte relevante de la mayoría de edad de nuestro continente. Somos un laboratorio viviente de emergencia o consolidación de prácticas y relaciones (parcialmente) no capitalistas. Esta posibilidad está condicionada a profundizar las iniciativas de diálogo entre diferentes luchas, iniciativas y organizaciones políticas. Sólo politizando las diferencias entre el Polo Democrático, el Congreso de los Pueblos y la Marcha Patriótica estaremos a la altura de nuestra responsabilidad histórica. Estamos obligados a superar las discriminaciones, marginalizaciones y vanguardismos en la izquierda colombiana para ser un ejemplo hacía una política emancipatoria.

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Indignarse y reconstruir lo político alfredo gómeZ muller Profesor de Estudios Latinoamericanos Universidad François-Rabelais de Tours*

1. De los Indignados y de lo político

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rente a la brutalidad de la actual crisis financiera y económica, que pone a descubierto una vez más la inhumanidad del sistema capitalista, se desarrollan manifestaciones de descontento desde los dos últimos años, en varias regiones del mundo: Indignados en España y otros países europeos, Ocupación de Wall Street en los Estados Unidos y, en cierta medida, los movimientos estudiantiles en Chile y Colombia, que luchan contra el desmantelamiento neoliberal del sistema público de educación. Implementando formas de acción y organización a menudo inéditas, estas formas de contestación no solo denuncian la subordinación de lo político al poder financiero o el debilitamiento creciente de la idea y las prácticas democráticas en provecho de la oligarquía. De hecho, tales formas de contestación son así mismo una crítica de «la» política y, de manera más general, de la concepción liberal e individualista de lo político. Se desarrollan por fuera de las estructuras políticas y sociales establecidas –partidos, sindicatos tradicionales–, pero al mismo tiempo atraen a numerosos militantes o simpatizantes de grupos políticos de izquierda así como a sindicalistas y militantes asociativos. No se producen en función de eventos electorales y pueden incluso criticar la idea establecida de representación que sustenta la vida política * El autor ha publicado entre otras obras Anarquismo y anarcosindicalismo en América

Latina (Medellín: Ediciones La Carreta, 2009 [segunda edición, corregida y aumentada]) ; La Reconstrucción de Colombia (Medellín: Ediciones La Carreta, 2008) ; Sartre, de la náusea al compromiso (Bogotá: Siglo del Hombre editores / PUJ / UniSalle / UNAL / USTA, 2008) ; Ética, coexistencia y sentido (Centro Editorial Javeriano, 1999). Entre las obras que ha codirigido figuran en particular La Teoría Crítica en Norteamérica. Política, ética y actualidad (con G. Rockhill), Medellín: Ediciones La Carreta, 2008; La filosofía y la crisis colombiana (con R. Sierra Mejía), Bogotá: Taurus/Universidad Nacional de Colombia, 2003.

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en las «democracias» llamadas representativas. Sin embargo, su crítica de las formas establecidas de expresión y acción política no implica de ninguna manera un rechazo de lo político como tal y, bien al contrario, tales formas de acción podrían contribuir a darle de nuevo sentido a lo político. ¿De qué modo formas de acción que están «al margen» de la política podrían aportar algo a la práctica y al pensamiento de lo político? Esta posibilidad es rechazada de entrada por quienes piensan que la política se reduce a ser una actividad aparte y enteramente especializada. No basta con indignarse, dicen, es necesario que la indignación, que es una actitud «moral», se traduzca en alternativa «política». A fin de cuentas, ¿no han facilitado los Indignados la llegada al poder de Rajoy, representante de una derecha extrema neoliberal? ¿En qué podría ser afectado el funcionamiento del capitalismo mundial por la «ocupación» de Wall Street? Estas dos preguntas-respuestas remiten a dos supuestos: según el primero, existiría una diferencia fundamental entre la gestión de la crisis económica por la derecha de Rajoy y por el partido «socialista» de Zapatero y Pérez Rubalcaba; según el segundo, el capitalismo solo podría ser reformado y abolido por medios políticos, los cuales implican la toma del poder por medio de partidos políticos de izquierda dirigidos por profesionales de la política encargados supuestamente de «representar» al «pueblo» y a la base del partido, a la cual permanecen más o menos inaccesibles. La reforma o la abolición del capitalismo no sería para nada un asunto ético, sino puramente político, y cuanto más la política pretenda ser eficaz menos debe ocuparse de ética. Pero, precisamente, estos son los dos supuestos que rechazan los «Indignados», en Europa y otras partes.

2. Para una apropiación social de lo político Con respecto al primero de estos supuestos, se puede decir que los ocupantes de espacios públicos han asimilado a su manera la experiencia del fracaso histórico de una cierta izquierda que ha renunciado al proyecto de emancipación social y política. En tanto que manifestantes que rechazan la clausura del porvenir, los «Indignados» no tienen por qué escoger entre la derecha y una supuesta «izquierda» que, de Blair a Zapatero y Papandreu, sacrifica siempre el bien común para defender los intereses del capital, atreviéndose a exigir a los más pobres que paguen los daños de una crisis causada por los más ricos1. Al ocupar masiva y permanentemente ciertos espacios 1 «(...). Advertimos el peligro de que nuestros gobiernos se transformen en administradores de la crisis y no avancen hacia la transformación social. Demandamos un Estado comprometido con la ruptura de la lógica del capital y la emancipación de la humanidad». Declaración final del VI Foro Internacional de Filosofía, Caracas, Venezuela, 5 de diciembre de 2011. Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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públicos en el centro de las ciudades, estos manifestantes dicen que la política es un asunto social: demasiado social e importante para dejarlo entre las manos de los funcionarios de lo político, que se aferran al poder por el poder. Los manifestantes no rechazan lo político como tal: ocupar espacios públicos de alto significado simbólico equivale a dirigirse a todos para decir que todos pueden y deben actuar (yes we camp, alternativa al yes we can politiquero); reinventar la democracia directa y la práctica del foro y construir medios de comunicación alternativos y formas de solidaridad colectiva es ir más allá de la «simple» contestación: significa de alguna manera liberar el espacio público, en vez de ocuparlo. En Francia, la importancia de estas experiencias para reconstruir lo político no ha pasado desapercibida por miembros de asociaciones políticas que, como Clémentine Autain, ven en ellas «los síntomas de una búsqueda de renovación política», así como una «nueva exigencia (...) en relación con la política, su contenido, sus formas»2.

3. Una crítica cultural del capitalismo A través de su práctica, los ocupantes de espacios públicos rechazan igualmente la idea según la cual la reforma o la abolición del capitalismo sería una tarea exclusiva o fundamentalmente política. Nos recuerdan una vez más que el capitalismo no es solo un modo de producción y distribución, sino también un modo de vida articulado por un sistema particular de «valores», sentidos y significados. La sociedad capitalista produce y a la vez es producida por un modelo específico de subjetividad, que Marcuse caracterizaba ya en los años sesenta como «unidimensional»3: una subjetividad encerrada en el presente indefinido del consumo y que tiende a perder toda capacidad de «transcendencia», esto es, de imaginar otra relación tanto con las cosas como con los otros. Una subjetividad incapaz de abrirse a lo posible y, por lo tanto, de proyectar un mundo otro. Reiterando a su manera el gesto de los dadaístas, los surrealistas y la contracultura de los años sesenta, los actores de los nuevos movimientos de contestación, resistencia y proposición denuncian la industria capitalista de producción de subjetividad, es decir, hacen una crítica cultural del capitalismo. «Apaga la TV, enciende tu mente»; «Consumid, esclavos del siglo XXI», puede leerse en las pancartas de jóvenes manifestantes españoles, que llaman a los transeúntes a subvertir su cotidianidad invadida por la industria de la publicidad. Decir 2 Clémentine Autain, «Les “pirates” ne sont pas que des “bobos”», Libération, 29 de septiembre de 2011. 3 Herbert Marcuse, El Hombre unidimensional. Ensayos sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada. Barcelona: Ariel 2003. _18

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http://blogs.elespectador.com/ elmagazin/2010/10/14/nacimiento-y-caidade-la-prensa-roja-cuarta-entrega/

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que las mentes no están «encendidas» o «en marcha», es señalar la dominación de las mentes que renuncian a pensar, a criticar el orden de cosas que se nos presenta como «natural» y a proyectar otras formas posibles de organización de la economía, del trabajo, de la vida social y de la política; es un llamado para no instalarse en el conformismo y la resignación ante el actual estado de cosas, y a no extirpar de la vida toda forma de ideal, de utopía y de porvenir. La mente sujeta no conoce por-venir en sentido propio (lo posible, lo inédito, el acontecimiento, la singularidad) porque el futuro solo es para ella la repetición de un presente indefinido y absoluto: el ideal se reduce entonces al «sueño» de la mercancía («coche de sueño», «viaje de sueño», «casa de sueño»...). En el siglo XIX, Marx denominó fetichismo de la mercancía el «sueño» de la mercancía que se impone sobre el valor de uso de los objetos y sobre la realidad de la necesidad y del deseo humanos; en la misma perspectiva, con el término de ideología, que no es una simple palabra sino un concepto teórico, Marx caracteriza la dominación de las mentes por el capitalismo. La ideología es siempre la mistificación de una forma específica de dominación: «las ideas de las clases dominantes son así mismo, en todas las épocas, las ideas dominantes» 4. Los manifestantes españoles, como los de Wall Street y otras partes, nos hacen recordar que la crítica cultural del capitalismo, entendida en tanto que crítica de los modos de vida producidos por el capitalismo, es una de esas prácticas sociales en donde se juega la posibilidad de una transformación efectiva de la sociedad y de una salida de la inhumanidad capitalista. La acción política en el sentido habitual de práctica especializada, distinta de lo social y lo cultural, no basta para transformar las representaciones establecidas de lo real y de la vida; de hecho, este tipo de acción política se limita con frecuencia a la práctica de políticas de redistribución más o menos ampliadas, sin cuestionar las condiciones de la producción (la actividad productiva sigue siendo trabajo, la tecnología y demás formas de organización de esta actividad no son criticadas); se limita también a sustituir relaciones políticas verticales por otras relaciones políticas verticales, excluyendo toda horizontalidad de los poderes, así como toda forma de autonomía colectiva. Antonio Gramsci, en el siglo XX, entendió que la transformación anticapitalista no sería posible sin una transformación de la cultura o de la moral hegemónica, a la cual es preciso oponer una nueva «hegemonía», es decir, una nueva manera de pensar que sea ampliamente compartida en el seno de la sociedad. No obstante, a diferencia de Gramsci, quien pensaba en su época que la construcción de esta «hegemonía» debía 4 Karl Marx, La ideología alemana (1846). Edición consultada: Karl MARX, “Philosophie” (edición por Maximilien Rubel). París: Gallimard, Colección Folio Essais, 2005, p. 338. _20

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emanar y ser dirigida por un núcleo único –el partido político revolucionario–, las formas contemporáneas de contestación, resistencia y proposición sugieren que no hay núcleo único, sino más bien una multiplicidad de núcleos críticos que tienen un carácter a la vez político y cultural. Muestran así mismo que estos núcleos críticos se reunen no alrededor de un líder carismático o de un partido político, sino alrededor de una tarea común que es asumida horizontalmente, sin jerarquías ni estrellas políticas ni portavoces titulados ni demás «representantes» más o menos permanentes del «pueblo». Los núcleos críticos rechazan el hegemonismo tradicional de los partidos políticos y, en tal sentido, lo que pudiera surgir de la multiplicidad de tales núcleos críticos no sería una «hegemonía».

4. Ideología y cultura Lo que parece estar en juego históricamente no sería la sustitución de la «hegemonía» capitalista por otra «hegemonía», sino más bien la construcción de modos de vida y de pensar –incluyendo la práctica y el pensamiento políticos– capaces de acoger utopía, es decir, capaces de mantenerse en la apertura del tiempo y de mantener el tiempo «abierto». En sentido estricto, se trata de construir no ideología sino cultura, en el sentido antropológico del término: la cultura entendida como modo de vida colectivo, creado social e históricamente y estructurado por un sistema de ideas, valores, creencias, prácticas sociales e instituciones a través de las cuales grupos humanos confieren significados específicos a las cosas y dicen un sentido del ser y el tiempo. De manera opuesta a la ideología, que encierra a las subjetividades y a las sociedades en un presente absoluto (la sociedad liberal capitalista como «fin de la historia») y que, como lo observaron Karl Marx 5, Karl Mannheim6 y

Lo que parece estar en juego históricamente no sería la sustitución de la «hegemonía» capitalista por otra «hegemonía», sino más bien la construcción de modos de vida y de pensar – incluyendo la práctica y el pensamiento políticos– capaces de acoger utopía, es decir, capaces de mantenerse en la apertura del tiempo y de mantener el tiempo «abierto». En sentido estricto, se trata de construir no ideología sino cultura, en el sentido antropológico del término: la cultura entendida como modo de vida colectivo, creado social e históricamente y estructurado por un sistema de ideas, valores, creencias, prácticas sociales e instituciones a través de las cuales grupos humanos confieren significados específicos a las cosas y dicen un sentido del ser y el tiempo.

5 Karl Marx, La ideología alemana (1846). 6 Karl Mannheim, Idéologie et utopie. París: Éditions de la MSH, 2006. Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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Paul Ricœur7 se relaciona esencialmente con la preservación de un sistema de dominación establecido y obra como clausura de todo por-venir, la cultura en sentido propio se distingue por su capacidad de producir por-venir, esto es, utopía. La sociedad capitalista no genera por-venir, como lo expresó muy precisa y sucintamente la generación punk de los años setenta y ochenta: No future8. El capitalismo no es una cultura: lo que algunos llaman «cultura capitalista» no es en realidad más que ideología capitalista y fetichización del mundo a través de la absolutización del valor mercantil. La ideología capitalista es anti-cultura: aniquila lo simbólico en tanto que instancia de lo posible, del sentido y del valor: la «burguesía» –como dijo Jean-Paul Sartre– es «la muerte de Dios» 9, expresión que podríamos traducir por «muerte de la u-topía». El capitalismo es la realización del nihilismo10, en el sentido nietzscheano del término. La crisis que nos afecta no es simplemente una crisis financiera y económica, ni puramente social y política. Es igualmente, y más fundamentalmente, una crisis de la cultura11 : la crisis de un cierto modo de vida que implica una relación específica con el tiempo y con la materialidad. La nueva política que muchos esperan –entre otros, los jóvenes «indignados»– deberá ser, desde este punto de vista, «cultural». Más precisamente, deberá ser cultura en la medida en que la cultura sostiene el preguntar ético por la «vida buena» –la «vida que vale la pena ser vivida», como decían los griegos antiguos– o del buen vivir (sumak kawsay, suma qamaña) –como dicen ciertas culturas andinas– o también de la vida que tiene sentido, como diríamos por nuestra parte. La cuestión que se plantea no es entonces tanto la de «articular» la política y la ética. Es más bien la de construir un obrar político que de entrada sea ético, esto es, productor de un ethos o de una manera de habitar el mundo con los otros en la cual habitar significa abrir juntos por-venir.

7 Paul Ricœur, L'idéologie et l'utopie. París: Seuil, 1997. 8 En Colombia, también la generación Metal descrita por el cineasta Carlos Gaviria en Rodrigo D No futuro (1990). 9 Jean-Paul SARTRE, Mallarmé. La lucidité et sa face d'ombre. París: Gallimard, Colección Arcades, 1986, p. 16. 10 Hemos abordado la cuestión de la relación entre nihilismo y capitalismo en nuestro estudio: «Nihilismo», en Ricardo Salas (dir.), Pensamiento Crítico Latinoamericano. Conceptos fundamentales, Vol. II. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Católica Silva Henríquez, 2005, p. 693-706 (ISBN : 956-7947-33-3). 11 En lugar del término cultura, algunos autores que expresan perspectivas políticas muy variadas utilizan la palabra «civilización» (Jürgen Habermas, Edgar Morin, Anselm Jappe, Régis Debray, Paul Jorion y otros). _22

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http://seminariocamilotorres.wordpress.com/category/uncategorized/

“La conciencia, actividad y organización que nosotros debemos promover en la clase popular nos exige tener unidad de conciencia, unidad de actividad y unidad de organización entre nosotros mismos”. Camilo Torres, (Necesidad de la organización. Doc. 26)

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El momento político: Las multitudes rebeldes JoSé arnulfo bayona Magister en Formación Socio-laboral. Educador

ricardo SáncheZ ángel Doctor en Historia. Profesor Universidad Nacional de Colombia

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a gran depresión de 2008, lejos de estar resuelta, se ha profundizado. Las operaciones de rescate, los estímulos y las recetas del FMI y del BM aplicadas por los gobiernos han fracasado. Se trata de una crisis en que el neoliberalismo y las recesiones cíclicas se articulan con la crisis estructural del sistema capitalista mundial. A medida que la crisis se extiende, los gobiernos neoliberales de todo el mundo, al servicio del capital financiero internacional, la utilizan para transferir sus consecuencias a las clases trabajadoras y los sectores populares mediante la imposición de mayores y cada vez más brutales medidas de austeridad. La flexibilización se lleva hasta la eliminación del contrato de trabajo, las pensiones se reducen a mesadas de miseria, los servicios públicos privatizados elevan sus tarifas, el gasto social tiende a desaparecer, la ofensiva por la privatización de la educación y la salud pública se agudiza, especialmente en los países metropolitanos. Al mismo tiempo, y de manera significativa, se relanzan las dominaciones neocoloniales y la militarización del mundo. Se ha producido un colapso de los mecanismos consensuados de control de la sociedad, lo cual ha desembocado en un incremento abismal de la polarización y la desigualdad social, poniendo en riesgo la supervivencia de millones de personas en todo el planeta. La humanidad padece una crisis humanitaria sin precedentes. El conflicto social y la crisis política se han intensificado en todo el mundo a partir de 2008. Las luchas de resistencia y las rebeldías populares se hacen sentir, tanto en las entrañas imperiales (Estados Unidos y Europa) como en

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la periferia capitalista (especialmente en África, el Medio Oriente y América Latina). El espíritu rebelde de los pueblos se reactiva y sus luchas son cada vez más difíciles de contener. Estas combativas expresiones de rebeldía en las calles no pueden leerse como acontecimientos aislados y espontáneos, sino como expresión de las iras populares que tienden a globalizar las resistencias. Este es el sentido de la admirable primavera árabe, que a comienzos de 2011 estremeció al mundo. El contundente despertar revolucionario de los pueblos del Magreb condujo al derrocamiento de regímenes tiránicos que, durante décadas y en alianza con los intereses imperialistas de Europa y de los Estados Unidos, sometieron a sus pueblos a oprobiosas dictaduras y a la expoliación de sus riquezas, ante la mirada cómplice de la ONU. Las aguerridas movilizaciones de millones de personas desafiaron las brutales y sangrientas represiones, logrando el derrocamiento de los gobiernos dictatoriales de Egipto y de Túnez. También pusieron en jaque las dictaduras de Yemen y Bahréin. Los gobiernos europeos y norteamericano dieron la espalda a sus aliados cuando ya no había opción distinta a la de “exigir” la salida de los dictadores, para propiciar una supuesta transición democrática. Frente al engaño y la traición de los militares que se hicieron con el control del poder, los pueblos sublevados han mantenido la movilización para exigir cambios democráticos reales y rechazar cualquier intervención imperialista. Con el pretexto de la guerra contra el terrorismo y el narcotráfico, los Estados Unidos, en alianza con los países europeos, invadieron Afganistán e Irak y lo convirtieron en territorios de ocupación, instalando gobiernos títeres. En estas guerras, Estados Unidos, como potencia militar, bombardeó en forma masiva e indiscriminada, desplegó ejércitos de ocupación territorial produciendo miles de muertos, al tiempo que desarrollaba una guerra mediática. Lo propio hicieron en Libia, esta vez resguardando las vidas de los ejércitos imperiales, apoyándose en los “rebeldes” Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

El conflicto social y la crisis política se han intensificado en todo el mundo a partir de 2008. Las luchas de resistencia y las rebeldías populares se hacen sentir, tanto en las entrañas imperiales (Estados Unidos y Europa) como en la periferia capitalista (especialmente en África, el Medio Oriente y América Latina). El espíritu rebelde de los pueblos se reactiva y sus luchas son cada vez más difíciles de contener. Estas combativas expresiones de rebeldía en las calles no pueden leerse como acontecimientos aislados y espontáneos, sino como expresión de las iras populares que tienden a globalizar las resistencias.

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previamente armados y apertrechados por ellos mismos. En un baño de sangre, el presidente Gadaffi fue asesinado y su gobierno verde derrotado. La ocupación neocolonial en Libia ha servido para destruir la unidad nacional, enfrentando las tribus históricas para facilitar a las multinacionales el saqueo económico. En Siria están buscando reeditar esta experiencia. Por su parte, el pueblo palestino mantiene heroica resistencia frente a las constantes agresiones, masacres, saboteos y asesinatos de sus líderes por parte del gobierno de Israel, que sigue desconociendo los legítimos derechos de los palestinos. Las resistencias antiimperialistas persisten y se extienden. La clase trabajadora y los pueblos de la decadente Unión Europea y de los Estados Unidos han acudido a las huelgas generales en España y Grecia y a las movilizaciones masivas en Francia, Italia, Portugal, Inglaterra, Irlanda y Bélgica. Los Indignados en Europa y Estados Unidos (conocidos en este último país como el movimiento “Occupy Wall Street” o “somos el 99 por ciento”), convocados a través de las redes sociales y de sus organizaciones, se tomaron las calles y las plazas públicas para convertirlas en escenarios de debate, de denuncia y de lucha contra los gobiernos neoliberales de los partidos de derecha y socialdemócratas, las burocracias sindicales y el desmonte de sus conquistas laborales y sociales. Estas rebeldías expresan un sentimiento anticapitalista y de ruptura con todas sus expresiones políticas y culturales, al tiempo que levantan la exigencia de una auténtica democracia, participativa y directa.

La rebeldía latinoamericana América Latina registra un considerable despertar de la movilización antiimperialista, propinando golpes al modelo neoliberal y a las oligarquías nacionales. Las movilizaciones populares contra el neoliberalismo precedieron resonantes triunfos electorales de gobiernos de izquierda que desarrollan modelos alternativos, de ruptura con el Consenso de Washington; reformas, nacionalizaciones y avances sociales significativos. La hegemonía geoestratégica de los Estados Unidos en América Latina y las Antillas es hoy más débil que hace tres o más décadas. La creación de mecanismos de integración como el ALBA, CELAC y MERCOSUR expresan el interés de fortalecer relaciones económicas, comerciales y de defensa frente a las intenciones dominantes del gobierno norteamericano. La derrota del ALCA en la cumbre de Bariloche 2005 significó un duro revés para las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos en la región. Posteriormente, la

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Paro cívico nacional de 14 de septiembre de 1977. http://www.centromemoria.gov.co/conmemoraciones/475-el-paro-civico-nacional-de-14de-septiembre-de-1977

Marcha 1º de mayo, 2009. Semanario VOZ. Fotografía: Lucio Lara

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estrategia gringa de negociar los TLC con cada país sólo le ha funcionado hasta el momento con Colombia, Perú y Panamá. En sentido análogo hay que destacar el liderazgo de Cuba junto a Venezuela en la integración del ALBA, la decisión de llamar a Cuba a incorporarse a la OEA en la Cumbre de República Dominicana y el pronunciamiento de treinta de los treinta y dos países que participaron en la reciente Cumbre de Cartagena a favor de incorporar a Cuba a las futuras cumbres, manifestando también su solidaridad con Argentina en torno al reclamo de la soberanía sobre las Malvinas. En la misma dirección se inscribe la renacionalización de la empresa petrolera Argentina YPF, privatizada durante el gobierno ultraneoliberal de Menen. Los malos manejos y el vaciamiento de las reservas de crudo argentinas por parte de la multinacional española REPSOL motivaron la medida. Asimismo, la actitud levantisca y valerosa del movimiento estudiantil chileno movilizó al pueblo de su país por una educación gratuita y de calidad en todos los niveles, afectando la estabilidad y la legitimidad social del gobierno de Piñera. Este camino fue seguido en Colombia por la MANE, organización que lideró la derrota de la reforma a la Ley de Educación Superior (Ley 30 del 92) del gobierno Santos. En ese contexto continental, el papel del PSUV y del presidente Hugo Chávez ha sido destacado al abrir el debate sobre el Socialismo del Siglo XXI, lo cual ha tenido incidencia en las izquierdas y los trabajadores del continente. Uno de los rasgos decisivos de la política del gobierno bolivariano está en el internacionalismo efectivo con varios de los países de las Antillas y el Caribe, Cuba y Nicaragua. Por su parte, la derecha internacional ha reaccionado buscando tomar represalias, como la del golpe de Estado contra el Presidente Zelaya en Honduras, la ocupación de Haití y el relanzamiento militar en varios países. Sin embargo, además de las ofensivas del capital para impedir los avances democráticos, preocupan los hechos de confrontación que se registran desde los sectores populares, campesinos e indígenas contra algunas políticas de los gobiernos alternativos de la región. Dichos desencuentros se dan porque, pese al respaldo de masas a las medidas de signo democrático y social, la democracia en esos países es aún restringida, carente de mecanismos efectivos de participación y de poder popular desde abajo, mientras el sistema capitalista es aún vigente. Además de las medidas anticapitalistas, democráticas y de soberanía del continente, es necesario formalizar el debate sobre la transición al socialismo, liberándolo de la socialdemocracia y el estalinismo.

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La ofensiva de Santos y las resistencias El presidente Juan Manuel Santos, elegido con el apoyo de su antecesor y de los partidos uribistas, los empresarios, los ganaderos, los terratenientes, la burocracia estatal, las maquinarias clientelistas, los parlamentarios vinculados a la parapolítica y los medios de comunicación, está cumpliendo su compromiso de dar continuidad a lo establecido, aplicando los mandatos del Consenso de Washington y de la economía de libre mercado. El paquete de reformas adoptadas o en proceso de aprobación está orientado en esa dirección. La regla fiscal, la reforma del código minero, la reforma de las regalías, la reforma de la justicia, el impulso a la minería como locomotora del desarrollo y la concesión de privilegios tributarios y legales a las multinacionales tienen el propósito de crear condiciones favorables a la aplicación del TLC y salvaguardar los intereses del gran capital internacional, ofreciendo garantías para asegurarles sus multimillonarias ganancias, condicionando el gasto social en educación, salud, vivienda y trabajo a la estabilidad macroeconómica. La redistribución de las regalías con el pretexto de castigar los malos manejos que los alcaldes dieron a los recursos que les correspondían, afecta a la población de las regiones castigadas y llevará a la quiebra a los municipios, pero mantiene intactas las pingües ganancias de las multinacionales petroleras. El otorgamiento de licencias de explotación de los recursos mineros y energéticos privilegia la inversión extranjera directa sin generación de empleo formal y digno. La política de seguridad democrática, por ejemplo, ha significado la militarización de las zonas de interés de las trasnacionales mineras, de explotación energética y el control de los territorios para dar vía libre a la destrucción de las fuentes de agua y de recursos requerida para la construcción de represas y proyectos hidroeléctricos que generen la energía demandada para el impulso de la minería. Las multinacionales se han dispuesto a la explotación de las inmensas riquezas hídricas y mineras de Colombia, y el gobierno se ha dedicado al despojo y al destierro de la población de las zonas destinadas al desarrollo de estos megaproyectos. A los 9.000 títulos mineros otorgados por Uribe se sumarán las 19.000 solicitudes en curso que, una vez otorgados, convertirán buena parte del territorio nacional en una inmensa mina, causando la destrucción de numerosas fuentes de agua, lo que, junto con los proyectos hidroeléctricos, será la causa de una gran catástrofe ambiental. Es verdad que la economía creció en el 2011 y trajo mayor prosperidad a las clases ricas, a las transnacionales y al capital financiero internacional; pero sólo unas cuantas gotas de tanta acumulación se derramaron sobre el mundo del trabajo. Las cifras así lo demuestran: la tasa de desempleo supera el 10% y apenas registró una disminución Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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mínima -que fue tan sólo de temporada-. Lo que se ha generado es principalmente empleos precarios de mala calidad. Según el DANE, el empleo asalariado creció menos que el promedio (4,2 por ciento entre 2010 y 2011), mientras que el de trabajadores sin remuneración fue el de mayor aumento (más de 33 por ciento en el último año). Los trabajadores por cuenta propia representan el 41 por ciento de los nuevos empleos. El alto grado de informalidad laboral sigue siendo preponderante, pues supera el 50 por ciento en las áreas metropolitanas y, según los datos de la OIT, en 2011 la informalidad fue del 58.4%. Las cifras son elocuentes: la “Prosperidad Democrática” fue generosa con el gran capital, pero para los trabajadores y los sectores populares lo que ha prosperado es la pobreza. Mientras tanto, la reforma de la justicia es revanchista contra las altas cortes, en especial contra la Corte Suprema de Justicia, y también adolece de los mismos vicios de otros intentos de reforma, donde el punto central es el fortalecimiento del poder presidencial y de la rama ejecutiva. No obstante lo anterior, el ascenso al poder de Juan Manuel Santos ha significado la radicalización de las pugnas interburguesas, fisuras en el establecimiento nacional. Éstas, en apariencia inocuas, distan de serlo. Se han manifestado, entre otras, en la expedición de la ley 1448 de 2010 (Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras), la política internacional y el estilo de gobierno. Así, se ha favorecido y fortalecido la defensa de las instituciones republicanas, de la separación de poderes, de los derechos civiles y humanos, de la libertad de prensa y de la transparencia del Estado y de las instituciones judiciales por la acción de juristas, periodistas, académicos, estudiantes, trabajadores, defensores de derechos humanos, mujeres, campesinos, indígenas y afro descendientes.

El anhelo de paz se reactiva Sin que el presidente Santos haya renunciado al final terrible del conflicto armado, ante el fracaso de la política de seguridad democrática -que no condujo a la derrota definitiva de las FARC- ha renacido la esperanza de una solución política del conflicto. En esta dirección se inscriben las labores humanitarias de Colombianos y Colombianas por la paz, quienes bajo la orientación de Piedad Córdoba convencieron a las FARC de la importancia política de la liberación unilateral de los secuestrados como un gesto cierto de interés por la salida negociada; intelectuales y columnistas de los medios adelantan la discusión sobre el camino del diálogo por la paz negociada junto a la jerarquía eclesiástica; lo propio han hecho ex presidentes de la República, con excepción de Álvaro Uribe.

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El PDA ha planteado como una de sus prioridades la lucha por la paz negociada, también los sindicatos y las organizaciones sociales de todo tipo. El recientemente creado movimiento Marcha Patriótica ha adoptado esta bandera como parte esencial de su plataforma política. La liberación de los secuestrados y los recientes anuncios de las FARC de abandonar la práctica inhumana del secuestro refuerzan la posibilidad de buscar el diálogo en la perspectiva de la paz. Pero, como lo afirma Jairo Estrada, director de esta revista (Izquierda No. 21, abril de 2012): “si bien son importantes, resultan insuficientes, pues la posibilidad real de una solución política, además de contar con manifestaciones de voluntad de las partes comprometidas directamente en la contienda, requiere ser apropiada socialmente”. Se requiere, entonces, impulsar la organización y la movilización del pueblo colombiano para elevar al nivel de reivindicación democrática la salida negociada del conflicto armado. Contribuye a un ambiente de paz el avance de la normalización de las relaciones internacionales con Venezuela, Ecuador y demás países del vecindario, tan duramente afectadas de tiempo atrás. El propósito común de los pueblos de estos países por coexistir pacíficamente es terreno fértil para abonar la paz interna en nuestro país. Los gobiernos de Santos, Chávez, Correa y demás no han hecho otra cosa que recoger el sentimiento de nuestros compatriotas latinoamericanos.

El proceso de protesta urbana en Colombia se ha mantenido en los últimos años: el motín del mes de marzo por el sistema de transporte de Transmilenio y por el tipo de ciudad que se ha venido desarrollando hace parte de esta reactivación de las luchas. Es fácil ver en el paisaje de las ciudades y las aldeas múltiples formas de movilización y de protesta que requieren de su unificación en un programa de ciudad, ambiental y democrático.

Repunte de las resistencias El 2011 presenció un significativo crecimiento de las luchas cívicas y populares en distintas regiones del país. A comienzos de año grandes movilizaciones en defensa del agua en Bucaramanga llevaron a la multinacional Greystar Resources a retirar el proyecto minero “Angostura” en el páramo de Santurbán, el cual ponía en riesgo el abastecimiento de agua potable de más de 2 millones de personas. De igual manera, e inspirados por el ejemplo de los santandereanos, varias organizaciones ambientalistas del Tolima, Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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Huila y Caldas, a las que no ha sido ajeno el PDA, se dieron a la tarea de convocar, con relativo éxito, grandes movimientos de masas en contra de proyectos mineroenergéticos como el de la mina “La Colosa”, la hidroeléctrica El Quimbo, y la minería a cielo abierto en Marmato. En estas luchas hubo participación de amplio espectro social y popular en defensa del derecho al agua, del medio ambiente y el trabajo. En este propósito, el Congreso de tierras, territorios y soberanías declaró que “los pueblos ejerceremos soberanía popular sobre los territorios, suelos y subsuelos colombianos y somos protectores del agua. Los pueblos decidirán autónoma y libremente el desarrollo de los proyectos minero energéticos”. Y, se organiza el Foro Política Minero-Energética, Despojo y Resistencias en Colombia, que será una oportunidad para que las comunidades -y las organizaciones- acuerden generar organización para la movilización. El Gobierno ha desatado una campaña de estigmatización y criminalización contra los/as mineras/os tradicionales, que llevan casi 500 años explotando el mineral precioso, para despojarlos y desalojarlos de sus territorios y dar paso a la explotación del oro a cielo abierto. Las víctimas desarrollan movilizaciones por la recuperación de la tierra, como las realizadas el 11 de febrero pasado en Necoclí y el 6 de marzo en varias regiones del país, las cuales señalan el camino de la movilización y la radicalización de sus luchas por sus legítimos derechos. Complementando la lucha de las comunidades por un ambiente sano, la clase trabajadora tuvo destacadas movilizaciones contra el gran capital resaltando las huelgas de los trabajadores del carbón, la palma de cera y el petróleo, siendo estos últimos especialmente combativos, como lo demostraron los paros airados en Puerto Gaitán (Meta) contra la santa alianza estado-patronal (en este caso Pacific Rubiales). Por último, pero no de último, el movimiento estudiantil que se gestó con la consigna de rechazo a la reforma de la ley de educación superior (Ley 30 del 92) logró movilizar a cientos de miles de jóvenes en todo el país en un proceso que alcanzó -de momento- a derrotar este proyecto. Es de resaltar que el movimiento estudiantil pudo consolidar un espacio organizativo de todo el estudiantado (la MANE), algo que no se veía desde los años setenta. Finalmente, el proceso de protesta urbana en Colombia se ha mantenido en los últimos años: el motín del mes de marzo por el sistema de transporte de Transmilenio y por el tipo de ciudad que se ha venido desarrollando hace parte de esta reactivación de las luchas. Es fácil ver en el paisaje de las ciudades y las aldeas múltiples formas de movilización y de protesta que requieren de su unificación en un programa de ciudad, ambiental y democrático. _32

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Polomizando sobre partidos y movimientos luiS i. Sandoval m. Investigador Social. Coordinador de la Comisión Programática del PDA – Bogotá

Convocamos a todas las fuerzas progresistas, democráticas e independientes del país para que integren y participen activamente en este proceso con el propósito de instaurar una verdadera república democrática en Colombia. Acuerdo PoLítico Por LA uNidAd, Pdi y Ad. diciembre 6 de 2005

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hora llega con fuerza al Polo Democrático Alternativo un debate por el cual se ha paseado hace rato la izquierda latinoamericana: la relación entre partidos y movimientos del ámbito alternativo para buscar opciones de poder y de gobierno. El panel inicial y el debate en comisiones en la Conferencia Ideológica del PDA Bogotá, realizada el 5 de mayo, así lo mostró. No es el único debate que atraviesa al partido de oposición más caracterizado del país; también está el de la postura frente al Gobierno de Bogotá que preside Gustavo Petro y otros relacionados con el contexto nacional y con la experiencia de construcción partidaria. El Polo está hoy tensionado por el debate interno y los acontecimientos externos. Parecería por momentos que unas y otras tensiones tienden a descuartizarlo. Un partido en dificultades reales como las que al presente experimenta el PDA no puede sino reflexionar, debatir y concertar entre sus diezmadas fuerzas una línea de supervivencia. Si a los reveses ya sufridos se le sumara el de no poder clarificar el camino o el de mantener una aguda contradicción

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entre fuerzas importantes al interior, cabría pensar no en días mejores sino peores para el Polo Democrático. Por ello, este texto se propone presentar escuetamente las posturas en juego, referidas a partidos y movimientos, con el fin de facilitar el examen de ellas por ellas mismas y por los analistas y lectores de la Revista Izquierda que ha abierto la posibilidad en su edición de junio de tratar este tema desde distintas perspectivas políticas. Un partido como opción de gobierno que es, o puede ser, constituye un bien público sujeto al escrutinio permanente de sus integrantes, pero también de sus votantes y aún de terceros legítimamente interesados en los temas públicos.

Polomizando El PDA está polomizando sobre partidos y movimientos. Polomizar es una original expresión, al parecer nacida en la Costa Caribe, para indicar el recurso al debate serio, argumentado, conducente a fundamentar la práctica política. Polomizar es una vía para no caer en el pragmatismo rampante que sólo puede facilitar complicidades nefastas con realidades inicuas. Quien debate, quien lo hace en serio, se aprovisiona de recursos teóricos, prepara una caja conceptual de herramientas, asume referentes utópicos porque en política el debate consiste básicamente en responder qué hacer, cómo actuar, qué camino tomar para transitar de una situación indeseable a otra deseable a la luz del Programa o Ideario del partido. En eso estamos en el Polo, polomizando, lo cual ocurre en el marco preparatorio de la Conferencia Ideológica convocada en febrero de 2011 y que tendrá lugar próximamente antes del III Congreso del partido, ambos eventos dentro de 2012. El debate sobre partido y movimientos no es una ocurrencia peregrina: es porque la realidad, los acontecimientos y las iniciativas que surgen en el contexto político nacional lo reclaman.

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Quizá sea bueno enfatizarlo: la perspectiva no es insurreccional, las condiciones son favorables a un gran movimiento de sociedad, civil y política, que avance en convergencia por caminos de democracia radical civilista que logre imponer una paz real, con garantías de sostenibilidad, imperfecta, es cierto, pero perfectible.

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Movimientos democratizadores Colombia es un país poblado de causas y movimientos democratizadores desde hace más de cincuenta años, por lo menos desde el movimiento gaitanista frenado por el asesinato del caudillo en 1948. En la actualidad, el panorama es sobremanera interesante porque se movilizan, es decir, generan y desarrollan acción colectiva con sentido político, las víctimas del conflicto armado; las víctimas de crímenes de Estado; los indígenas por sus territorios; los campesinos por la tierra; los trabajadores por las pensiones, por la libertad de ejercer sus derechos y para que no sigan exterminando a sus líderes; las mujeres por el reconocimiento y la igualdad, que no acaban de llegar; también las opciones sexuales por reconocimiento y contra la discriminación; los partidarios de la paz política se expresan a través de múltiples iniciativas nacionales, regionales y locales; los estudiantes rechazan la reforma educativa gubernamental y plantean su propia reforma de sentido democrático, y hasta sectores de empresarios reaccionan contra la enorme fragilidad en que van quedando algunas actividades económicas como consecuencia de los tratados de libre comercio, que proliferan. Las iniciativas que más de cerca tocan el Polo y provocan el debate en su interior son Los Progresistas y la Marcha Patriótica. La mayor sensibilidad frente a estas iniciativas se origina en el hecho de que afectan su territorio político, su cuerpo político y su funcionalidad política y ponen a prueba definiciones básicas sobre quiénes son y dónde están los actores del proyecto político polista, es decir, quiénes caben en el Polo y con quiénes debe hacer alianzas el partido. ¿Pluralidad amplia o pluralidad restringida? ¿Alianzas amplias o alianzas restringidas? ¿Una sola y unívoca militancia o puede darse y tolerarse, por alguna razón o circunstancia, la doble, triple o múltiple militancia? Es éste un tema candente que no se resuelve en el espacio de la formalidad jurídica y disciplinaria del PDA o de otros partidos, porque el fenómeno también se presenta entre partidos de centro y de derecha: los Verdes y la ASI, el Liberalismo y Cambio Radical, el PIN y Unidad Nacional. Colombia está atravesando una conmoción y un replanteamiento en todos los ámbitos del universo político: hay ebullición en la derecha y en la izquierda, arriba y abajo, en el centro y en las regiones. El paisaje político en las elecciones parlamentarias y presidenciales de 2014 será seguramente muy diferente al que hoy existe. Para ese momento se habrá producido una reconfiguración bastante notoria de esferas políticas hasta hace poco relativamente homogéneas y estables, en virtud -en parte- de las sucesivas reformas políticas que han enseriado y encauzado la política.

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De las armas a las urnas En el campo diferenciado del establecimiento, esto es, en el campo del pensamiento crítico, los inconformes, los independientes y las izquierdas, el hecho que generaría cambios más trascendentes sería el cese del enfrentamiento armado y el acceso de los insurgentes al espacio de la política abierta para buscar por las urnas lo que no han obtenido por las armas. Esta posibilidad hay que ponerla por delante porque abriría un ciclo expansivo de la política en general y de los movimientos alternativos en particular. Nunca antes en las largas cinco décadas de existencia del conflicto actual, ni siquiera durante los prolongados períodos de dialogo y negociación, se había tenido la sensación de que el conflicto realmente podía terminar. Hoy, esa sensación existe, alimentada por declaraciones y hechos provenientes de las dos orillas: del Gobierno y de las guerrillas. La circunstancia está marcada por movimientos de masas potencialmente sostenibles y fuertes y la posibilidad incierta -pero, sin duda, más real que nunca- de la paz política. Iniciativas de sociedad surgidas en los últimos 20 años y nuevas iniciativas que despegan ahora pugnan por convertir la expectativa de paz en un proceso real. Quizá sea bueno enfatizarlo: la perspectiva no es insurreccional, las condiciones son favorables a un gran movimiento de sociedad, civil y política, que avance en convergencia por caminos de democracia radical civilista que logre imponer una paz real, con garantías de sostenibilidad, imperfecta, es cierto, pero perfectible.

http://blogs.elespectador.com/ elmagazin/2010/10/16/nacimiento-ycaida-de-la-prensa-roja-quinta-entrega/

Posturas en el Polo En ese contexto se da el debate dentro del Polo Democrático en relación con movimientos y partidos. No es un debate abstraído de la realidad; al contrario, tiene que ver con acontecimientos y opciones de palpitante actualidad. Se trata de un debate vivo sobre el curso de un intenso y complejo proceso político que exhibe una larga zaga de

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orden y violencia, como lo han ilustrado ampliamente distintos analistas, entre ellos Daniel Pecaut, en varios de sus trabajos1. Las posiciones más claramente perceptibles al interior del Polo Democrático en relación con la situación y la problemática que acaban de describirse son, en mi concepto, estas: 1. Quienes asignan la prioridad a la Marcha Patriótica y consideran que deben estar simultáneamente en el Polo y en otros espacios de articulación En esta postura se destaca el Partido Comunista de Colombia -PCC-. La postura fue presentada en la Conferencia Ideológica de Bogotá por su Secretario General, Jaime Caycedo. Se encuentra ilustración sobre esta postura en la Carta Política que el PCC dirigió al PDA en marzo 19, en La Conferencia Ideológica y la Reconstrucción del Polo no dan Espera, declaración de la Senadora Gloria Inés Ramírez emitida el 27 de marzo, en Convergencia Popular por Paz, Democracia y Soberanía, texto aprobado por el Comité Central del PCC el 1° de abril. 2. Quienes no aceptan ningún reconocimiento ni apertura hacia los Progresistas ni hacia la Marcha Patriótica y quieren un Polo puro y duro En esta postura se destaca el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario -MOIR-. La postura fue presentada en la Conferencia Ideológica de Bogotá por el ex candidato polista a la Alcaldía de Bogotá, Aurelio Suárez. Se encuentra ilustración sobre esta postura en el texto de la ponencia que el Compañero Suárez presentó en el panel inicial de la Conferencia Ideológica de Bogotá. Puede verse en la web del Polo. 3. Quienes, previendo el reto electoral de 2014, afirman una nítida diferenciación con la Marcha Patriótica y muestran una posición muy dura en unas ocasiones, menos dura en otras, con los Progresistas y su gobierno en Bogotá En esta postura se destaca el Polo Social. Ella fue presentada en la Conferencia Ideológica de Bogotá por el ex senador Jaime Dussán y el ex concejal de Bogotá Carlos Romero. Se encuentra ilustración sobre esta postura en los registros audiovisuales de las intervenciones de los dos compañeros mencionados en la página web del PDA y, también, en la declaración emitida por Polo Social a propósito de las decisiones tomadas por el Comité Ejecutivo del partido en su sesión del 26 de marzo.

1 Daniel Pécaut, Orden y Violencia – Evolución socio-política de Colombia entre 1930 y 1953, Norma-Vitral, 2008. _38

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4. Quienes no dudan en fijar la prioridad en el Polo al tiempo que plantean tender puentes entre movimientos y partidos afines en el campo alternativo, en perspectiva de un sujeto político plural en cierne En esta postura coinciden el representante polista a la Cámara Iván Cepeda y el conjunto de 16 expresiones políticas que se expresaron en el panel inicial de la Conferencia a través del pronunciamiento leído por los dirigentes Luis Sandoval y Pablo Castañeda. Se encuentra ilustración sobre esta postura en el registro audiovisual de la intervención de Iván Cepeda el 5 de mayo, en Estrategia Conjunta para Configurar Apuestas Transformadoras de País, declaración emitida en la primera semana de abril a raíz de las decisiones tomadas por el Comité Ejecutivo Nacional el 26 de marzo y en Pronunciamiento por un Proceso de Debate y Construcción de Acuerdos que dé nuevo impulso al Polo Democrático Alternativo. Un asunto central en el que Iván Cepeda y las 16 expresiones políticas polistas coinciden es el de la necesidad de acompañar un proceso de negociación política. Esta matriz informativa para la comprensión de uno de los temas actualmente en debate en el Polo se completa con la postura de su presidenta, Clara López, manifiesta en sus intervenciones del 25 de enero y del 5 de mayo. La presidenta, teniendo quizá afinidades legítimas con alguna o algunas de las posturas descritas, hace un gran esfuerzo por salvaguardar elementos comunes y centrales. Ello se aprecia, por ejemplo, en la frecuente referencia en su discurso a los Artículos 2 y 5 de los Estatutos, que son en realidad un magnífico resumen del Ideario, las características del Polo y el papel que el partido quiere jugar en la sociedad colombiana de estos tiempos críticos. Los enfoques con que ella se aproxima a la realidad se hacen explícitos en los títulos que ha puesto a las dos intervenciones referidas: Por Un Cambio de Rumbo, la primera, y Vigencia del Polo Democrático Alternativo, la segunda.

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En el campo diferenciado del establecimiento, esto es, en el campo del pensamiento crítico, los inconformes, los independientes y las izquierdas, el hecho que generaría cambios más trascendentes sería el cese del enfrentamiento armado y el acceso de los insurgentes al espacio de la política abierta para buscar por las urnas lo que no han obtenido por las armas.

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Sujeto plural descentrado Es clave la comprensión que el Polo gane de la potencialidad latente en los procesos de sociedad actualmente en curso. El proyecto alternativo se nutre de las resistencias, las luchas, las protestas y las propuestas, de las organizaciones de sociedad civil y movimientos sociales. Ello está claramente previsto en el Ideario y los Estatutos del partido. No puede ser extraño para el Polo lo que Ernesto Laclau llama las posiciones separadas de sujeto que consiste en que una persona puede estar vinculada a diferente causas en la vida social2. Realmente militar sólo en un partido cuyo programa y frentes de acción dan cuenta de toda la complejidad social es hoy prácticamente imposible. La gente milita en causas según su necesidad y sensibilidad: el ambiente, la paz, el reconocimiento de su específica condición social, los derechos en el lugar de trabajo (esfera de la producción) o en el espacio de vivienda (esfera de la reproducción)… Una persona puede estar en el sindicato, en la junta de acción comunal, en un club deportivo, en un grupo de iglesia, en una ONG, en un partido político. Puede, además, estar vinculada al más reciente fenómeno de las redes sociales informatizadas. En un país con tan protuberantes déficits de la política y de los partidos políticos en especial, hay problemas públicos para los cuales la gente busca solución por diferentes medios y caminos… No se trata de avalar con lo anterior la militancia múltiple, sino de entender las circunstancias que se crean en el mundo real para cuya comprensión, atención y superación es preciso recurrir a conceptos y prácticas innovadores. En el debate en curso dentro del Polo Democrático los afiliados y afiliadas de base están haciendo un inmenso esfuerzo por encontrarle explicación a lo que pasa con su partido y a las iniciativas que surgen fuera de él, y analistas dentro y fuera del Polo también están contribuyendo a este esfuerzo. El concepto de sujeto político y la organización de ideas sobre clase trabajadora, partidos y movimientos, identidades y subjetividades, estrategia y táctica, por académicos y académicas polistas son elementos notables dentro de los aportes hechos en preparación de la Conferencia Ideológica (ver Bibliografía). El fenómeno de la multiplicidad y pluralidad de partidos y movimientos se advierte en todos los países de América Latina y la izquierda, más que ninguna otra vertiente política, ha generado pensamiento e iniciativa política para pasar de la entropía a la sinergia, para encontrar las equivalencias y nexos de los movimientos sociales

2 Laclau, Ernesto, Los Nuevos Movimientos Sociales y la Pluralidad de lo Social, Revista Foro N° 4, Nov. 1987. _40

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particulares (mss) con un movimiento social más general, más estructural (MS)3, que permite entender el proceso sociocultural, sociopolítico y sociohistórico que se da a través de las sucesivas coyunturas y períodos políticos. La cronopolítica es una categoría imprescindible para entender el acontecer político y proyectar el quehacer político si se trata de involucrarse activamente en un proceso. Al respecto no puede el Polo dejar de tomar en cuenta la visión del Foro de Sao Paulo, construida en su 17° Encuentro realizado en Managua en mayo de 2011. El Polo pertenece a ese conglomerado de cerca de 50 partidos de izquierda, populares y progresistas de todos los países de América Latina, muchos de ellos en el gobierno, de cuya experiencia el Polo podría obtener lecciones invaluables. Varios, podría decirse muchos, de esos partidos, en las condiciones particulares de cada país, han tenido éxito en traducir lo social en lo político, han logrado procesos de convergencia entre partidos y movimientos, aproximando la izquierda y el centro con la direccionalidad de la primera, de tal manera que han transitado de la condición original de minorías a la nueva condición de mayorías pujantes capaces de movilizar opinión, ganar elecciones, ejercer el gobierno y prefigurar un nuevo poder.

El Polo está hoy tensionado por el debate interno y los acontecimientos externos. Parecería por momentos que unas y otras tensiones tienden a descuartizarlo. Un partido en dificultades reales como las que al presente experimenta el PDA no puede sino reflexionar, debatir y concertar entre sus diezmadas fuerzas una línea de supervivencia.

Tarea ineludible Como puede verse las informaciones y comentarios contenidos en este texto sólo persiguen alentar el diálogo, el debate, el entendimiento dentro del Polo y entre fuerzas sociales y políticas afines con el único propósito de llegar a ver a Colombia en paz gobernada por un gobierno verdaderamente democrático con un programa auténticamente democrático. El Polo no puede eludir el cumplimiento de esta tarea en la Historia de Colombia. Para asegurar que este es el camino que estamos recorriendo, 3 Expresiones acuñadas por el sociólogo chileno Manuel Antonio Garretón. Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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el PDA realizará en julio la Conferencia Ideológica Nacional, precedida del Taller Internacional, y en el último trimestre del año efectuará su III Congreso, precedido de la elección de delegados el 30 de septiembre. Tenemos ruta y brújula. El Polo le cumplirá a Colombia.

BIBLIOGRAFÍA » » » » » » » » »

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http://derechodelpueblo.blogspot.com/2011/12/vamos-alplanton-para-exigir-justicia.html

Actividades de reivindicación del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE) del 6 al 11 de marzo de 2011. Tomado de: www.flickr.com/photos/m6vida

http://www.notimundo.in/2006_06_01_archive.html

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Movimientos sociales y partidos políticos de izquierda céSar giraldo Profesor Asociado Universidad Nacional de Colombia

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Cuál debe ser la relación entre los partidos de izquierda y los movimientos sociales? Esta pregunta se vuelve relevante hoy día en Colombia respecto al Polo Democrático Alternativo y los partidos que lo componen, frente a las diferentes organizaciones sociales tales como la MANE, la MINGA, el Congreso de los Pueblos, la Marcha Patriótica y Comosoc. La respuesta convencional es que los movimientos sociales son procesos reivindicativos, pero que la tarea de los partidos de izquierda es tomarse esos procesos para ponerlos al servicio de los intereses de los trabajadores y del pueblo en general. De los trabajadores, porque los partidos de izquierda representan los intereses del trabajo.

Del trabajador al habitante de la ciudad: del sitio de trabajo al espacio urbano Pero, ¿quiénes son y dónde están esos trabajadores que la izquierda dice representar? La respuesta convencional continúa señalando que es el proletariado, que está siendo explotado en las empresas capitalistas y desde allí pelea por sus derechos colectivos, despierta una identidad de clase (clase para sí) y eleva su lucha hasta el plano político para la construcción de una sociedad distinta: el socialismo. Este es el relato histórico de los partidos de izquierda. Sin embargo, hoy en día sólo una fracción minoritaria de los trabajadores está en la fábrica, de manera que se podría afirmar que no importa que los trabajadores sean una minoría social. Se puede argumentar que siempre fue así en Rusia, China y Cuba, y que eso no fue obstáculo para que hicieran la revolución socialista. Eso es cierto, y la paradoja es que dicha revolución no se llevara a cabo en los países con una clase asalariada amplia, como es el caso de Europa Occidental. El punto es que el imaginario del obrero en la fábrica como el faro que ilumina al mundo ya no seduce a los sectores populares. No los seduce porque los intereses y reclamos de dichos _44

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sectores ya no se dirigen contra un patrono explotador que es la representación del capital. Simplemente no tienen patrono contra quien rebelarse. El sitio de trabajo -hoy en día- ya no es el espacio para la construcción del discurso de lo social. Ese eje se ha trasladado al espacio urbano. Es el habitante de la ciudad quien toma la vocería que en el pasado tenía el trabajador, y se convierte en el principal interlocutor frente a los poderes públicos. De hecho, la política social se configura alrededor del territorio. Se pregunta Castel (2010) si la cuestión urbana remplaza la cuestión social, porque es en el territorio donde se organizan los procesos colectivos. Los trabajadores están en el territorio, pero son trabajadores precarizados, y sus reclamos no hacen referencia a una relación entre trabajador y patrón. La mayoría de tales trabajadores no tiene patrón, y si lo tiene está en una situación cercana a ellos, como es el caso de las famiempresas. Los sectores precarizados en la actualidad son una condición permanente, de manera que se puede hablar, en palabras de Castel, de un “infraasalariado” dentro de los asalariados. Son trabajadores, y ello implica una contradicción implícita entre capital y trabajo. Sin embargo, la pregunta es cómo se manifiesta dicha contradicción.

La relación entre el capital y el trabajo Como dice Pérez (2010, 13), vastos sectores de la sociedad contemporánea saben que son pobres y explotados, que tienen temor a la incertidumbre futura, pero no tienen claro a qué grupo o clase social pertenecen ni cuáles son sus reclamos colectivos. La explotación frecuentemente aparece como autoexplotación: ¿toca, entonces, toca rebelarse contra uno mismo? O más bien habría que preguntarse si la precariedad es resultado del fracaso del individuo y si es a él a quien compete la responsabilidad. El punto está en comprender las nuevas formas de trabajo que se están presentando en el mundo contemporáneo -y, en este caso, en América Latina- para abordar los nuevos sujetos sociales que son los que deben crear los derechos Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

http://grupolibertariovialibre. blogspot.com/2011/01/esbozo-parauna-historia-del-anarquismo.html

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colectivos. Las tendencias que afectan al mundo del trabajo que se observan actualmente señalan que la producción se ha deslocalizado, que se presenta un aumento de las micro y miniempresas frente a un adelgazamiento de las grandes, que el trabajo se ha precarizado, lo cual que se expresa en un deterioro del nivel y la seguridad de los ingresos, y que se invisibiliza la relación entre capital y trabajo. Sin embargo, el hecho que esa relación se invisibilice no quiere decir que desaparezca. El punto está en comprender el mecanismo económico en el cual se da esa relación y las representaciones sociales y políticas de esa relación en el contexto actual. El vínculo aparece cuando la sociedad siente que el costo de los servicios públicos y el transporte absorbe porciones crecientes de los ingresos de las personas, cuando se vuelve imposible el pago de las cuotas de crédito de vivienda o el microcrédito, cuando el ingreso no alcanza para cubrir las necesidades básicas, cuando hay que endeudarse para entrar a la universidad. Y la personificación política del capital aparece en el momento en que la gente siente que cuando protesta por la situación el Estado aparece con políticas represivas o asistenciales. También el Estado aparece cuando intenta forzar a los sectores de la economía popular a legalizarse, porque para dichos sectores su actividad sólo es posible evadiendo impuestos y violando ciertas normas, como, por ejemplo, la del respeto del espacio público (el vendedor ambulante tiene que tomárselo). El Estado se manifiesta con la zanahoria para estimular la legalización (para poder extraer tributación), o con el garrote reprimiendo. Cabría preguntarles a aquellos que no ven evidente la relación entre el capital y el trabajo si las luchas sociales contra las tarifas (precios) de los servicios públicos o del transporte, contra el aumento de los impuestos, contra los abusos del sistema financiero, contra las deudas hipotecarias, por la gratuidad de la educación o la salud ¿no son una expresión del conflicto entre el capital y el trabajo? Si no fueran eso, ¿de que se trataría? ¿De luchas contra la maldad y la perfidia? En este caso, la confrontación con el capital se da en el momento en que las protestas sociales se enfrentan a la fuerza pública, y en ese momento el Estado adquiere la representación del capital. Recuérdese que se ha señalado que el sitio del trabajo ha dejado de ser el espacio donde se generan las reivindicaciones que construyen los derechos sociales colectivos. Pero eso no quiere decir que el trabajo haya desaparecido ni que los trabajadores no sean el germen de un nuevo proyecto social, sólo que las formas colectivas de representación se dan en el territorio, y es allí donde está la economía popular. Otra cosa es que más adelante ello implique desarrollos que lleven a superar ese tipo de economía a pequeña escala.

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Identidad y lucha de clases La identidad de clase surge en la medida en que se confronta al Estado como colectivo. Esto es reflejo, de una parte, visto desde la perspectiva del capital, del hecho de que la propiedad sobre el capital tome formas cada vez más abstractas porque una porción importante y creciente de la propiedad real sobre éste está dispersa en una serie de instrumentos financieros que circulan por los mercados de capital y reclaman renta (extracción de plusvalía) a través del pago de la deuda pública, de la deuda hipotecaria que con frecuencia está fraccionada en derivados en los mercados de capitales, de la deuda de las empresas de servicios públicos domiciliarios, de la deuda y el pago de dividendos de las empresas privadas. Por otra arte, visto desde la perspectiva del trabajo, y citando a García Linera (2010): “la riqueza es cada vez menos producto de un grupo de obreros y más de la sociedad entera, que ha diseñado e imaginado la producción de la riqueza" (pp. 29 y 30). En la producción material e inmaterial entran cada vez más máquinas y conocimientos cuyo diseño y desarrollo provienen de la cultura universal. Agrega el autor: “Decía Marx que el capitalismo es una contradicción en sí misma porque para vivir depende del trabajo individual del obrero, al que se le extrae la plusvalía, pero cada vez más ese producto tiene un componente mínimo de esfuerzo humano individual y es, más bien, un producto general social de la sociedad universal”. (p. 30) A lo anterior se agrega que la producción material (el trabajo de industria) cada vez tiene menor importancia y que los procesos productivos se descentralizan. El componente intelectual-cognitivo adquiere un mayor peso sobre el trabajo físico, lo que acrecienta el valor del intelecto sobre el trabajo material. Esto significa repensar las formas de generación de valor y de extracción de ese valor (la plusvalía), valores cada vez más inmateriales y trabajo cada vez más disperso; el Estado, como un poder crecientemente abstracto, y los individuos, actuando cada vez más como una multitud que Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

El sitio de trabajo -hoy en día- ya no es el espacio para la construcción del discurso de lo social. Ese eje se ha trasladado al espacio urbano. Es el habitante de la ciudad quien toma la vocería que en el pasado tenía el trabajador, y se convierte en el principal interlocutor frente a los poderes públicos. De hecho, la política social se configura alrededor del territorio.

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confronta ese Estado como un colectivo. En esta dirección apuntan los conceptos de multitud e imperio de Negri y Hardt. Es por esto que gran parte la lucha social se centra en los mecanismos de distribución social de la riqueza, que, a su vez, atraviesa la regulación económica, la fiscalidad y las instituciones. En efecto, la distribución pasa por mecanismos institucionales tales como la regulación monetaria y crediticia, la tributación, el estatuto del Presupuesto público, la política social. Por eso la lucha entre el capital y el trabajo se termina expresando de una forma global. Sin embargo, el concepto de multitud de Negri y Hardt resulta demasiado abstracto porque para dichos autores ésta se enfrenta a un gran poder de carácter mundial llamado imperio, lo que implícitamente significa afirmar que los Estados nación juegan un papel subsidiario respecto a fuerzas más poderosas. En la realidad la confrontación de las multitudes se da contra los aparatos de Estados nacionales concretos, que tienen cuerpos de policía y judiciales específicos. De tales Estados emanan las políticas de control social por la vía represiva o a través de la política social. Sin embargo, es cierta la afirmación según la cual esos Estados nacionales están cada vez más sujetos a las instituciones internacionales financieras (FMI, Banco Mundial, Banco Central Europeo, BID, G8), a los tratados y acuerdos comerciales (los TLC y la OMC) y a los Acuerdos Militares. Por otra parte, la organización de los procesos productivos nacionales depende cada vez más de la repartición global que hacen las empresas multinacionales. Pero ello no significa que los Estados nacionales hayan desaparecido ni que el proceso pueda comenzar a revertirse, como seguramente sucederá cuando los sectores internos que se oponen a las reformas exijan políticas más nacionalistas, incluidos los países centrales, lo que puede derivar en nuevos imperialismos o en el reforzamiento de los viejos. También existen productores nacionales, pues una parte significativa de la producción no está determinada por la lógica del capital transnacional. Por tanto, los mercados internos existen y las necesidades básicas para la supervivencia siguen siendo materiales. Todo esto debe ser tenido en cuenta a la hora de formular un proyecto político.

Conclusiones El trabajo asalariado está disminuyendo y el sitio de trabajo dejó de ser la fuente de construcción de derechos colectivos. Como dice García Linera, en la actualidad no hay una cultura obrera concentrada porque no hay grandes concentraciones laborales. Con base en esto, algunos argumentan que el trabajo dejó de ser el origen de construcción del proyecto social. De hecho la política social actual ha utilizado categorías diferentes al trabajo: pobreza y vulnerabilidad. Pero el trabajo _48

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sigue existiendo y es la principal forma de inserción social de las personas. Si una persona sana en edad de trabajar no tiene una posición en el mundo económico que le permita generar los ingresos monetarios para su supervivencia, no puede lograr una inserción social ya que tiene que depender de otros para su supervivencia, bien sea del Estado (a través de los subsidios públicos) o de la familia. Retornando a la idea central, según la cual es en el territorio donde se construyen los procesos colectivos, se presenta una dinámica en dos direcciones. De una parte, en lo local, procesos que buscan encadenar sus actividades en torno a la economía popular, tanto en lo económico como en lo social y, finalmente, en lo político. En efecto, para poder articular las actividades en cadenas productivas se necesitan procesos asociativos, y para que esos procesos asociativos tengan futuro se debe pasar al plano político para exigir condiciones a la autoridad política. De otra parte, se presentan movimientos sociales cada vez más globales, tales como movimientos por el agua, el medio ambiente, la vivienda, la defensa de la salud, la educación, etc. Esa tensión entre lo local y lo general lleva a plantearse la pregunta de cómo pasar de lo particular y territorial a lo general. Es la misma pregunta acerca de cómo pasar a un sujeto social actuante. Si se afirma que ese sujeto se encuentra en el territorio, la pregunta es cómo adquiere la conciencia de que tiene unos derechos colectivos y se moviliza por ellos, cómo construye su identidad. En el territorio se generan autonomías, las cuales, para preservar sus principios, se resisten a involucrarse con los partidos políticos, incluso con los de la izquierda. Pero más que un desajuste entre las reivindicaciones de clase social y los procesos políticos en el marco de los principios defendidos por la izquierda, lo que hay que redefinir es esa visión. Las clases sociales son relaciones humanas que se ejercen en una disputa por la apropiación del excedente económico, la cual conduce a una representación colectiva de intereses. En la medida que esa representación se vuelva Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

Los movimientos sociales son una manifestación política de lucha de clases que expresan de manera concreta y activa la contradicción entre el capital y el trabajo, y, por tanto, constituyen una nueva expresión de los partidos políticos de izquierda, debiendo pasar a formas más políticas de lucha, como, por ejemplo, buscar representación en los cuerpos colegiados para lograr formas más avanzadas en la defensa de los intereses que representan.

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explícita, se crea la posibilidad de generar un proceso político. En el caso de los movimientos sociales, la representación se da en el territorio y la expresión política de la disputa por la apropiación del excedente económico en la movilización contra el Estado por el reclamo de los derechos sociales. De esa manera, estos movimientos son una manifestación política de lucha de clases que expresan de manera concreta y activa la contradicción entre el capital y el trabajo, y, por tanto, constituyen una nueva expresión de los partidos políticos de izquierda, debiendo pasar a formas más políticas de lucha, como, por ejemplo, buscar representación en los cuerpos colegiados para lograr formas más avanzadas en la defensa de los intereses que representan. Volviendo, pues, a la pregunta del comienzo del presente artículo, se puede afirmar que es falsa esa división entre partidos de izquierda y movimientos sociales porque éstos últimos constituyen el germen de una representación contemporánea de los nuevos partidos de izquierda.

BIBLIOGRAFÍA CITADA » »

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www.distintaslatitudes.net Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

www.centromemoria.gov.co (y abajo)

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La paz y la crisis nacional Jaime caycedo Turriago

Secretario General. Partido Comunista Colombiano. Miembro de la dirección nacional del PDA

Nuevo momento, nuevos actores, nuevas experiencias

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n dato relevante de la situación nacional es el papel creciente de la inconformidad manifiesta en movilizaciones y expresiones diversas de la protesta social. De hecho, hay una extensión del malestar en diferentes campos de la actividad económica, en particular de la producción, atribuible al desacuerdo con las condiciones laborables en aplicación de las normas legales sobre flexibilización laboral, la llamada tercerización y el trabajo temporal. A lo largo y ancho del país, los reclamos cobran formas distintas, desde paros de la producción ceñidos a la legislación vigente hasta huelgas extralegales que afloran por la voluntad expresa de los trabajadores. Decir que esto cubre cada vez más territorios equivale a recalcar el surgimiento de la nueva espacialidad que dibuja sobre el mapa nacional la transnacionalización capitalista, más concretamente en las concesiones a la inversión extranjera directa, que se beneficia de la laxitud de las restricciones ambientales del Estado colombiano, en el campo de la agrominería. Los movimientos sociales de inconformidad y de protesta se manifiestan de manera persistente dentro de las limitadas libertades laborales que amparan los conflictos y por fuera de ellas; con sindicatos o sin ellos, cuando no existe la opción de sindicalizarse. Estas experiencias se han puesto en evidencia, de manera ascendente, al menos desde la segunda mitad de la década anterior. Los paros de corteros de caña, de 2005 a 2009, los de trabajadores de la palma aceitera, las movilizaciones de trabajadores dependientes de contratistas en el petróleo o la energía eléctrica, los varios movimientos en el Cerrejón y la USO, son muchos de los ejemplos en que el conflicto de clase toma la delantera, sin fijarse demasiado en los protocolos. Y algo más, sin amarrarse al temor por las consecuencias, medidas éstas en represión, en despidos o retención de ingresos o salarios. La relación patronos e _52

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intermediarios laborales (patronos también) es irrespetada por la rebeldía colectiva que levanta demandas justas y recaba en la solidaridad clasista, local, regional, nacional e internacional. Los alcances de los cambios en el diseño capitalista extractivista y de agronegocios van más allá de los graves efectos laborales. Los planes de desarrollo en lo que va corrido del siglo XXI y la apertura a la inversión extranjera han generado una nueva geografía económica vinculada al mercado mundial y un nuevo proletariado que defiende sus intereses vitales, en un ambiente agresivo de desarraigo campesino, ocupación de territorios indígenas y afros, estándares de bajos salarios, reducidos derechos y altas favorabilidades al capital transnacional garantizadas por la política económica del Estado1. Lo que los analistas han denominado modelo de reprimarización financiarizada reorganiza la geografía económica en función de los intereses del capital transnacional y la integra en la geopolítica de defensiva estratégica que el imperialismo intenta articular desde el noroccidente suramericano (eje colombo-panameño). Esa defensiva en nada se confunde con el inmovilismo. Actúa y reacciona con repuestas para hacer frente a los retos del autonomismo, las resistencias sociales de masas y los cambios democráticos en Latinoamérica. La relación entre el modelo y la ingerencia política y militar del imperio exhibe fenómenos análogos en los Andes centrales y del sur, en Perú y Chile, en la triple frontera argentino-paraguaya-brasilera, por lo general asociados a la instalación de bases militares del Comando sur. Sin embargo, a diferencia de Colombia, en esas regiones y países no existe un conflicto armado de las dimensiones y el significado político del que transcurre en Colombia, lo que condiciona otras consecuencias y peligros. Colombia vivió en 2011 uno de los movimientos estudiantiles más impresionantes de su historia. El estudiantado puso el dedo en la llaga de la inmensa brecha que la privatización y la adaptación de la educación a los estrechos y mezquinos intereses de la globalización capitalista ahonda para las aspiraciones de centenares de miles de adolescentes y jóvenes que advierten el cerco a sus opciones de mejoramiento, de progreso y de futuro. Los jóvenes rompieron los formatos de la protesta estudiantil, reducida al minúsculo rincón mediático del orden público para plantear el gran dilema nacional que encierra la educación, el de su elitización cada vez mayor por el sistema y el de su universalización, con gratuidad y calidad. La experiencia de la Mane contribuye a desbrozar el complejo camino de las experiencias unitarias, cuyo núcleo está en las identidades programáticas, el pluralismo ideológico y regional del movimiento en 1 Moncayo Jiménez, Edgar, “Impactos territoriales de la globalización: Colombia en perspectiva Latinoamericana”, Comunicación, Centro de Investigaciones y Estudios, CIES, Bogotá, Colombia, edgardmoncayo@yahoo.com

Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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convergencia, la unidad de acción político práctica y los métodos creativos de masas que rompen los moldes del formalismo en la lucha universitaria. El tema de la educación y de la Universidad como eje de transversalidades que unen las luchas de la juventud con las luchas del pueblo contribuye al despertar de las subjetividades entre nuevas capas y categorías sociales; amplía la comprensión de la política y de la forma de entenderla para miles de jóvenes ciudadanos, padres de familia, sectores intelectuales y trabajadores de la cultura, y agrega contingentes frescos y animosos al torrente de la lucha, la movilización y la unidad popular.

Territorios del conflicto social territorios de la guerra No es extraño, entonces, que la nueva realidad social emergente, en choque con las políticas de clase del Estado, que, además, agencian las líneas neocoloniales del imperio, ponga en tela de juicio la legitimidad del régimen político y cuestione su orientación predominante desde la última década del siglo XX. La divisoria de clase no pasa solo por las formas clásicas de extracción de plusvalía. Los espacios territoriales de la nueva geografía son en buena medida territorios en disputa de la seguridad nacional, donde los agentes de la contrainsurgencia, sean ellos estatales o paraestatales, se empeñan en hacer valer los derechos de los inversionistas en nombre de la legitimidad del Estado. Una contracultura que rinde culto a las formas desembozadas del atraso gamonalista, del kitsch mafioso, del desprecio hacia la inteligencia, del machismo rampante, de intolerancia a toda forma de rebeldía y de imposición de un orden fascistizante desplaza toda exigencia de democracia real, libertades públicas, derechos sociales y derechos humanos. La visión neoliberal salvaje que no admite ninguna constricción racional a la ambición de ganancia retrotrae a franjas enteras de la consciencia social hacia formas difícilmente imaginables de irracionalismo y deshumanización. Solo así es posible comprender una especialidad territorial cubierta de fosas comunes, de narcoparamilitares que narran casi con orgullo los crímenes más atroces, por los que no tienen que responder, mientras señalan sin ningún tipo de pudor sus alianzas con el Estado, sus estructuras militares y poderosos sectores del empresariado. La guerra como política permanente y duradera del Estado se adapta a la economía y viceversa. La política de la guerra ha segmentado el país en 14 zonas de consolidación, cuyo propósito es desarrollar una política integral de atención del Estado a las regiones, con base en el fortalecimiento institucional, el apoyo a las

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élites locales y la extinción metafísica de la confrontación2. No es mera coincidencia que estas zonas hayan devenido en territorios de grandes proyectos mineroenergéticos y de agronegocios, donde la gobernabilidad otorga alta preponderancia a las autoridades militares, por encima de las civiles; generalmente autoridades locales corruptas afectas al régimen, que conviven con las distintas formas del viejo y del nuevo paramilitarismo.

La guerra como continuación de la política por otros medios La consolidación se fundamenta en una anticipación forzada y utópica del momento del postconflicto, en medio de una verdadera intensificación de la guerra. El modelo colombiano de consolidación es una forma de prolongación de la guerra merced a los ajustes a la táctica contrainsurgente con base en el concepto de la guerra vertical y la adopción del mecanismo de las llamadas Fuerzas de Tarea apoyadas por la inteligencia satelital y la asesoría directa del Comando sur. La táctica de bombardeos, así pretendan ser quirúrgicos, tiene graves consecuencias sobre la población civil, las habitaciones, cultivos y semovientes, sobre el medio ambiente y los suelos antrópicos, al igual que la banalización de la vida humana y el desbordamiento del refugio interno3. El Plan Espada de Honor refleja la intensificación y focalización de la táctica sobre las llamado “blancos de alto valor” y su alternancia con “blancos de mandos medios” para crear bajo el fuego, en la guerra de baja intensidad, las condiciones de la negociación que el Estado necesita. Espada de Honor busca actuar en dirección al exterminio de los mandos guerrille-

La paz democrática no es solo proyecto de democratización del país sino principalmente construcción democrática desde el pueblo, esto es, intervención popular desde la base, legislación desde las necesidades más sentidas de los humildes, movilización permanente para erigir una nueva institucionalidad que reivindique a las víctimas y a la sociedad entera en torno a la verdad, la justicia, la reparación, la memoria y el compromiso de no repetición.

2 Ver Poe, Abigail, Isacson, Adam, “Stabilization and Development: lessons of Colombia’s ‘Consolidation’ Model”, en International Policy Report, april 2011, A Publication of the Center for International Policiy, www.ciponline.org, consultado en junio 2 de 2012. 3 Beltrán, Santos Alonso, “La nueva estrategia militar del Estado colombiano: una etapa más en la degradación de la guerra interna”, en Izquierda, Nº 22, mayo de 2012. Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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ros que representan vínculo con la población civil, porque su objetivo es ponerla de su lado o dividirla, en franca violación del principio de distinción que reclama el DIH4. Es en cierta forma, la versión militar del procedimiento de la guerra sucia contra miles de dirigentes medios civiles de la Unión Patriótica en otro momento histórico. ¿Qué lectura estratégica puede deducirse del apuro táctico, implícito en la forma de operar adoptada por el mando militar? Sin duda, Santos tiene la mirada puesta en su reelección a la presidencia en 2014. Su concepción de la paz está innegablemente atada a la lógica de la victoria militar del establecimiento sobre la insurgencia. Santos no concibe sino un eventual diálogo condicionado sin espacio para discutir una agenda del contenido de la del Caguán. Lograrlo exige golpes en secuencia, rápidos y contundentes que vayan conduciendo a la insurgencia a una negociación encajonada y reducida a los mínimos. Es la idea de la solución militar, la que no ha podido prosperar en medio siglo de guerra. Es claro que el tiempo apremia, quien quiera hacerse reelegir con la nota sobresaliente de presidente de la paz tiene que acelerar el paso. Pero hay otros apremios, diría del orden estructural. El instinto de clase olfatea la necesidad de poner fin a la guerra. Santos reafirma desde la Cumbre de abril en Cartagena su adhesión a la línea Obama, destinada a minar Unasur y la Celac con la alianza de los países del Pacífico, proyecto en el que se enmarca su visita a Oriente. Pero también entiende que la crisis económica capitalista arrastra a los principales centros del capitalismo mundial, Estados Unidos y la Unión Europea. Atisba que los TLC conllevan todos los riesgos de destruir la producción alimentaria del país, con los precios de las materias primas a la baja y el sistema financiero tambaleando con la crisis del euro5. Con su alta cifra de desempleo -sostenidamente la más elevada del hemisferio-, con un escandaloso desempleo juvenil, alto subempleo e índices de desigualdad de ingresos entre los peores del mundo, ya Colombia exhibe 4 Ávila Martínez, Ariel, “Más bala que mantequilla en el Plan Espada de Honor” | www. arcoiris.com.co http://www.arcoiris.com.co/2012/04/mas-bala-que-mantequilla-en-elplan-espada-de-... Consultado en 30/05/12 8:00 5 Gurría, José Ángel, Secretario general de la OCDE, “Está en juego el sistema financiero del mundo”, declaraciones al diario económico Portafolio, mayo 30 de 2012. En igual sentido: “A la luz de esa situación, Colombia debería estar atenta. La razón es que en los últimos días han aparecido señales de deterioro en ciertos sectores claves. Por ejemplo, la industria registró una pequeña contracción en marzo, la primera en 29 meses. También disminuyeron las licencias de construcción, que cayeron en cerca del 20 por ciento durante el primer trimestre, ante la menor dinámica de la vivienda. Adicionalmente, si bien las exportaciones mantienen su tendencia alcista, es evidente que, de no ser por el petróleo y el carbón, la historia sería muy diferente”, “Con la guardia arriba”, Editorial diario El Tiempo, mayo 30 de 2012. _56

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su anticipo a los efectos sociales de la crisis mundial, que en tales condiciones pueden llegar a ser devastadores. Algo necesita hacer el régimen para acelerar la desmovilización insurgente como factor revolucionario en un momento de acumulación de material inflamable por percusión simpática de la crisis mundial en desarrollo. El ofrecimiento de cien mil viviendas de interés social gratis, en el mismo momento en que colmaba la Plaza de Bolívar la gran Marcha Patriótica, señala la urgencia de colocarle un rostro social demagógico a su proyecto reeleccionista. Pero muestra también que la agenda de reclamos populares pone en aprietos la táctica de despolitizar la paz y, en especial, de ignorar su costo en términos de reformas sociales y garantías democráticas. En necesaria unidad de contrarios con lo anterior, el crecimiento a distintas velocidades de la inconformidad y la protesta, extendidas a nuevos espacios y sectores de la vida económica, ha entrado en choque inevitable con la guerra contrainsurgente, con su dramática realidad que toca hoy de diferentes formas prácticamente a todas las regiones del país y repercute en todas las clases y capas sociales. La realidad de la guerra contrainsurgente hace mucho tiempo dejó de ser tan solo un problema de orden público. La propaganda oficial se esfuerza por hacer aparecer éste como un problema bajo control, cuya solución sería un asunto técnico, de desmovilización y allanamiento a las realidades del régimen político estimado como inmodificable, al margen de la política y de compromisos con el cambio democrático. Hay lecturas en la izquierda impregnadas de esta falsa percepción con una mirada reduccionista de la complejidad de las contradicciones que atraviesan la formación económico social y la antidemocrática configuración de su aparato político y jurídico, como aquella de la llamada “asfixia democrática” para derrotar a la subversión. Al contrario, lo que se observa es que la estructura económica y social con su esperpento de Estado social de derecho tiende a incrustarse cada vez en el orden económico funcional del imperio y en su geopolítica instrumental, justo cuando en Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

La solución política con diálogo de gobierno e insurgencia reclama en primer lugar las garantías para los combatientes, pero también para los trabajadores, los sindicalistas, la oposición de izquierda, los activistas de la paz y los defensores de los derechos humanos. Esas garantías deberán incluir el reconocimiento como interlocutores políticos de las organizaciones insurgentes, diferenciadas de cualquier otro tipo de entidades, como el paramilitarismo o el narcotráfico.

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América Latina continúan desenvolviéndose dinámicas renovadoras que claman por una real independencia política, de orientación social, económica y cultural volcada a la integración regional, con una fuerte inclinación antiimperialista. Como lo plantean las Tesis de discusión del 21° Congreso del PCC: “En el régimen de reprimarización financiarizada de la economía se exhibe la contradicción fundamental de la sociedad colombiana, entre un régimen autoritario, criminal y militarista, exponente de los intereses financiero-terrateniente y proimperialistas, por una parte, y los intereses y aspiraciones democráticas y emancipatorias del conjunto de la sociedad, en especial del pueblo trabajador, por la otra. Esa contradicción señala, así mismo, hacia dónde debe encauzarse la acción política organizada”6. El régimen político colombiano está atrapado en esta contradicción. Su reproducción no es asunto automático ni simple. El descontento crece en el país profundo, en la juventud sin futuro, sometida a la guerra, al desempleo y la crisis del sistema capitalista amenaza con atizar nuevas rebeldías. Santos ordena a sus generales “más plomo contra las Farc” pero en el fondo sabe que eso no basta y que tiene que negociar. No es por bondad, por sentimiento de humanidad ni únicamente por un cálculo político. Es porque no tiene tampoco otro camino. Este punto también deben tenerlo muy claro las fuerzas democráticas y el movimiento popular.

La centralidad de la lucha por la paz y el ambiente político de la coyuntura Temas hay que de tanto tratarse a diario se integran a la indiferencia de lo cotidiano. El de la paz y la guerra hace parte de un paisaje familiar, invariablemente inserto en el tiempo espacio ideológico, es decir, en el campo de dominio del operador ideológico que impone el sistema mediático globalizado 7. En los últimos años el tema es clave en el interés de las instituciones vinculadas al control social y la represión, en particular de los aparatos armados, ampliamente militarizados en el sistema estatal colombiano. De hecho, la guerra devenida en política pública, es parte integral de su ordenamiento misional. Es menos evidente en la calle, los hogares o el mundo educativo, sobre todo en los medios urbanos, relativamente alejados de los escenarios rurales donde se han ubicado los teatros de operaciones militares.

6 21° Congreso del PCC, Tesis Políticas, p. 23. 7 Wallerstein, I., “El espacio tiempo como base del conocimiento”, en Análisis Político Nº 32, sep./dic. 1997, Bogotá. _58

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Dice Jacques Bidet, “El sistema-mundo es (…) desde el origen del capitalismo un estado de guerra”8. El estado de guerra como estado normal se ha ido haciendo aceptado en la vida diaria colombiana con mucha mayor anticipación y crudeza que en otros escenarios nacionales, con la excepción de aquellos “oscuros lugares” que sufren la brutal agresión directa (Irak, Afganistán, Pakistán). El panorama mundial está cruzado hoy por la táctica de la guerra preventiva, en su versión actualizada, inscrita en la estrategia de seguridad nacional estadounidense e impuesta en el contexto de la guerra antiterrorista que adelanta y estimula el Pentágono. Estado de guerra y guerra preventiva como guerra permanente se han ido inscribiendo en el contexto mundial en nexo cada vez más estrecho y peligroso con la crisis mundial capitalista. Aunque subyacían en el statu quo colombiano, ahora, en realidad, no solo lo retroalimentan sino que lo hacen funcional a los más recientes despliegues y amenazas del intervencionismo del Comando sur en América Latina y el Caribe. La figura de Colombia como “el Israel latinoamericano” es algo más que una metáfora, particularmente frente a Ecuador y Venezuela. El paso de Santos al normalizar las relaciones, especialmente con Venezuela, desactiva sin desmontar los instrumentos y engranajes erigidos a lo largo de años por la inteligencia militar y los aparatos paramilitares. El prolongado conflicto colombiano de pugna por la libertad política, la tierra y los derechos de los trabajadores tomó la forma de una rebelión de resistencia a la opresión y a la violencia agenciada desde el Estado, una cierta forma de la “guerra civil más o menos oculta”, como lo caracterizaba hace 164 años el Manifiesto Comunista9. Las denominaciones de “Violencia”, “conflicto armado interno”, “conflicto de orden público”, “conflicto social y armado”, etc., han coincidido en mayor o menor medida en subrayar el rasgo de fenómeno “más o menos oculto” de esa guerra civil. Ha existido una resistencia en el establecimiento y en la misma academia a admitir la categoría de guerra civil, lo que implicaría un cuestionamiento de la legitimidad dominante y un supuesto desconocimiento del carácter irregular del conflicto. No se trata de un problema menor. 8 “Lo propio del sistema-mundo, por oposición al Estado-nación, es que no implica una pretensión metaestructural. No presupone ser la obra de humanos libres e iguales, que se someten a una ley de la que serían en conjunto los autores. El sistema-mundo es por lo tanto, desde el origen del capitalismo, un estado de guerra. Un sistema asimétrico imperialista”. Bidet, Jacques, “L’ actualité de Marx comment la produire?”, en Actualité de la pensée et de l’ oeuvre de Marx en France et dans le monde, Actes du colloque de la Fondation Gabriel Péri, 20 mai 2005, Paris. 9 “Al esbozar las fases más generales del desarrollo del proletariado, hemos seguido el curso de la guerra civil más o menos oculta que se desarrolla en el seno de la sociedad existente, hasta el momento en que se transforma en una revolución abierta, y el proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, implanta su dominación.” Tal es la aguda formulación que 164 años atrás formularon Marx y Engels en el Manifiesto. Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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Al régimen le ha convenido mantener en un rango “más o menos oculto” las atrocidades que se encubren a lo largo de más de medio siglo en que el Estado se ha ocupado del conflicto. Estudios más profundos y referidos a situaciones posteriores a la guerra fría muestran las complejidades que se esconden detrás de situaciones prolongadas y aparentemente inexplicables10. El régimen colombiano continúa la vieja práctica de formatear de acuerdo a los intereses del bloque dominante la concepción y el manejo político del conflicto armado. Planteado en los años sesenta del siglo anterior como problema de bandolerismo; manejado e interpretado como un caso inscrito en la doctrina de la guerra fría y en el modelamiento contrainsurgente que le es correlativo; convertido en guerra antinarcóticos y en guerra antiterrorista en el período postguerra fría; reducido a “amenaza terrorista” bajo los gobiernos de Uribe, nada hay de inocente en esta deriva de la política de la guerra contrainsurgente. Su conceptualización y manejo se han convertido en parte de la política pública, financiada con los impuestos de la ciudadanía y con la “ayuda” militar externa, y del importante papel guerrerista de los medios de comunicación monopolizados por el poder del dinero. Toda la ideología de clase y la justificación de las decisiones de Estado se engarzan al eje que tiene que ver con la seguridad, siempre referida a la visión oficial y mediática que ubica a las Farc como la fuente, en última instancia, de todos los males del país. Gran parte de los recursos del Estado son puestos al servicio de una enajenación generalizada de la que solo despierta la sociedad -en el sentido de retorno a la realidad- con las movilizaciones de decenas de miles de personas del común recorriendo carreteras, buscando hacerse oír, mostrando desde cada rincón de la geografía que su problema tiene raíces en la desigualdad, el abandono, el silenciamiento, el atropello, la represión, la amenaza y el señalamiento, que se acompañan del rudo complejo de operativos militares y bombardeos con material de guerra costeado con los impuestos que pagan a un Estado ajeno y sordo a la necesidad de los cambios. Santos se ufana con el hecho de reconocer la existencia del conflicto, pero solo parcialmente para el efecto de la intensificación de la confrontación, de los nuevos planes e inversiones de guerra y de la cooperación militar con Estados Unidos. Al contrario, el gobierno colombiano desconoce la presencia de presos políticos, se autoexonera de cumplir requisitos del DIH, como el principio de Distinción, en el caso de la población civil y los defensores de derechos humanos o de Proporcionalidad, 10 Ver Franco Restrepo, Vilma Liliana, Orden contrainsurgente y dominación, IPC, Siglo del Hombre Editores, 2009, Bogotá. _60

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MInga. http://www.flickr.com/photos/ojorojoojorojo/3194764224/

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en el de bombardeos que han provocado verdaderas carnicerías en campamentos insurgentes. El argumento de que un reconocimiento pleno favorecería la neutralidad de otros Estados en el mito de la guerra contra el terrorismo hace parte de esa misma manipulación. La guerra civil salvadoreña pudo avanzar a una salida a partir del momento en que Francia y México reconocieron a los rebeldes y colaboraron en la búsqueda de una solución pacífica. Todo el ambiente de macartismo del DAS en proceso de liquidación pero no de desaparición, de descalificación hacia las fuerzas de izquierda, incluido el PDA, los intentos de generar una línea de judicialización de sectores opositores desde la Fiscalía y contra voceros en los cuerpos colegiados desde la Procuraduría; la pérdida de investidura de la senadora Piedad Córdoba; las descalificaciones vociferantes de altos funcionarios del Estado frente a Marcha Patriótica; los intentos de vincular al estudiantado, a la Mane y la protesta universitaria con el terrorismo, son indicadores contundentes de que la segmentación de la opinión y del país político en campos polarizados no es un fenómeno “natural” sino un componente ideológico capital de la política de la guerra civil. Hasta los gestos tímidos de independencia de los poderes públicos, a propósito de algunas actitudes de la Corte Suprema, y en general de las altas cortes, han sido interpretados como manifestaciones de proclividad hacia la subversión. El uribismo conserva palancas de poder decisivas. Pese a las recurrentes remociones en los mandos militares, Santos no ha conseguido una incidencia más uniforme en los comandos de fuerzas. Por lo demás, las facciones de clase se celan y se confrontan, en realidad comparten el poder y se controlan recíprocamente con la vista puesta en la dirección política. Esta discrepancia en las alturas bien puede ser un estado transitorio de una crisis de hegemonía más profunda, que las lleva a estar prevenidas y alerta ante las cargas de profundidad que arroja el desarrollo sociopolítico.

Discursos y diferencias en las alturas El estado de guerra predomina en la concepción, la praxis y en el proyecto entero del régimen colombiano actual. La variante “santista” difiere de la “uribista” en la necesidad de recuperar desde la burguesía una propuesta para salir de la guerra, sin sacrificar ni un elemento esencial de la política clasista de extrema desigualdad que caracteriza la formación social colombiana y la ha llevado a su crisis actual. Es más, esa variante intenta “anticiparse” a la eventual negociación con la insurgencia y a los justos reclamos populares frente a la tierra, el desempleo, el “desplazamiento forzado” y la falta de vivienda con medidas que esquivan aspectos centrales de _62

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un proceso de paz o el contenido social de verdaderas reformas. La tesis santista de una supuesta “revolución agraria”, representada en la ley de restitución de tierras, en los delineamientos de política agraria del Plan nacional de desarrollo, a complementarse con el anunciado Estatuto de desarrollo rural, no ha despertado el furor de respaldo social que esperaba el gobierno y ha sido desenmascarada en sonados debates parlamentarios del PDA. Santos se queja de la existencia de una “mano negra” y una “mano roja” contra sus propuestas. Sin argumentos para ilustrar y calificar las acciones de esta última, el ambiente oficial intenta graduar como única oposición existente al uribismo. En término de parlamento y propuestas legislativas, el gobierno negocia y concilia con esa derecha extrema. La retórica frente a la “mano negra” se desvanece en el aire. Los aparatos de seguridad del Estado no han logrado desarticular el paramilitarismo que se ha recompuesto en torno a la antirrestitución de tierras para asesinar líderes campesinos, indígenas y afro de las comunidades reclamantes o en relanzar amenazas contra voceros de Marcha Patriótica, del Polo Democrático y de otras fuerzas opositoras. El punto principal de la diferencia Santos-Uribe tiene que ver con el supuesto abandono de la “seguridad democrática”, con la necesidad de eternizar y hacer más amplia la impunidad para los funcionarios públicos encargados de la guerra. La reforma constitucional que pretende un “marco jurídico para la paz” reconoce solo parcialmente la existencia del que denomina “conflicto armado interno”, omite la diferenciación esencial entre delito político y delito común, que lo reduce todo a éste último, mientras entrega a discreción del gobierno la inscripción de los participantes en el proceso de paz y las favorabilidades de la llamada justicia transicional. Desconocer el delito político es castrar la salida de la guerra de su contenido dominante, socialmente significativo. Es renunciar intencionalmente a la diferenciación con la delincuencia y criminalidad ligadas a las economías ilegales, tan estrechamen-

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Cuando se afirma que el tema de la paz se ubica en el centro de la escena política significa que la izquierda debe potenciar sus acercamientos unitarios en esa perspectiva. Las fuerzas civilistas, democráticas, avanzadas, progresistas de la vida nacional tienen la opción de ser el principal factor dinámico e impulsador de la salida política negociada con intervención popular y una agenda de convergencias programáticas, de unidad de acción política y movilización de masas.

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te vinculadas al modo de acumulación de capital y a los grupos que han ejercido la dirección política del Estado. La esencia de la solución militar como salida de la guerra descarta el vínculo necesario de ésta con las condiciones materiales de existencia precaria de millones de compatriotas que expresa la desigualdad económica y social en crecimiento. Correlativamente, la solución política no va a llegar automáticamente como un balance “técnico” de presión militar dosificada e ingeniería política persuasiva para la desmovilización. Suponerlo así implica situarse por fuera de la realidad y de la historia. La realidad muestra que la insurgencia tiene una base social y un discurso político que reivindica libertades, derechos y reformas asociadas al diálogo, la discusión y el acuerdo para la paz. La historia, de su lado, despliega sus astucias inesperadas y sorprendentes. El modelo “fujimorista” que orquestó Uribe durante sus dos gobiernos fracasó en su propósito de alcanzar el anhelado “país sin guerrilla”. Y la prosperidad democrática, concebida en la perspectiva de propiciar la asfixia democrática de la insurgencia no ha logrado desprenderse de la supremacía del factor militar como instrumento disuasivo. Uno y otro modelos, inspirados en el ejercicio de planeación estratégica por escenarios llamada Destino Colombia11 han chocado con la realidad y con nuevas realidades sobrevinientes, a saber: los cambios democráticos, nacionalistas y progresistas en América Latina que han neutralizado en buena parte la vieja hegemonía yanqui en el hemisferio, y la crisis capitalista mundial que obliga a calibrar prioridades, estrategias y nuevos horizontes no previstos en Quirama.

Conclusión provisional y algunas hipótesis En la segunda década del siglo XXI, la sociedad colombiana está llegando a una encrucijada decisiva para su futuro y el de América Latina tras el prolongado proceso de guerra civil de carácter irregular, el fracaso de los modelos contrainsurgentes ensayados con la comprometida participación del Comando sur y del modelo socioeconómico de inserción subordinada en el imperialismo, inspirado en el neoliberalismo a ultranza, la reprimarización financiarizada, la depresión extrema de las condiciones laborales y el crecimiento extremo de las desigualdades.

11 Este ejercicio inspirado en otros semejantes en Suráfrica, Canadá y Guatemala contó con el auspicio del Banco Mundial y tuvo lugar en Quirama, Oriente próximo antioqueño, en 1997. Ver Destino Colombia: Crónica y evaluación de un ejercicio de participación de líderes de la sociedad civil en el diseño de escenarios futuros, Angelika Rettberg, Directora del Programa de Investigación sobre Construcción de Paz en Colombia (ConPaz), Universidad de los Andes, 2006, Bogotá. _64

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Ninguna democratización real de la sociedad será posible al margen de la resolución del dilema guerra o paz, independencia soberana o incrementado sometimiento al neocolonialismo imperial, cuando el país conmemora el Bicentenario de la primera independencia y se plantea la tarea de alcanzar la segunda definitiva emancipación. Ninguna paz podrá ser verdadera sin el vínculo necesario con la salida a la crisis nacional socioeconómica, humanitaria, cultural, ambiental y política que está en proceso de desarrollo y maduración. Esa salida se vislumbra hoy como la opción cierta de cambios políticos por una vía democrática, de movilización de masas y de consolidación de pasos para la unidad del pueblo, hacia un nuevo poder popular, pluralista e inspirado en una visión transformadora de la realidad actual. El ambiente favorable para la paz no depende hoy solo de la opinión positiva hacia el diálogo o la benevolencia del aparato ideológico mediático. La paz democrática no es solo proyecto de democratización del país sino principalmente construcción democrática desde el pueblo, esto es, intervención popular desde la base, legislación desde las necesidades más sentidas de los humildes, movilización permanente para erigir una nueva institucionalidad que reivindique a las víctimas y a la sociedad entera en torno a la verdad, la justicia, la reparación, la memoria y el compromiso de no repetición. La solución política con diálogo de gobierno e insurgencia reclama en primer lugar las garantías para los combatientes, pero también para los trabajadores, los sindicalistas, la oposición de izquierda, los activistas de la paz y los defensores de los derechos humanos. Esas garantías deberán incluir el reconocimiento como interlocutores políticos de las organizaciones insurgentes, diferenciadas de cualquier otro tipo de entidades como el paramilitarismo o el narcotráfico. Cuando se afirma que el tema de la paz se ubica en el centro de la escena política significa que la izquierda debe potenciar sus acercamientos unitarios en esa perspectiva. Las fuerzas civilistas, democráticas, avanzadas, progresistas de la vida nacional tienen la opción de ser el principal factor dinámico e impulsador de la salida política negociada con intervención popular y una agenda de convergencias programáticas, de unidad de acción política y movilización de masas. No se trata en el momento de maximalismos y si de ampliar el campo de las libertades, de los derechos ciudadanos y de las comunidades. La dinámica unitaria en la izquierda postula la interlocución con todos los sectores y clases sociales sensibles a la búsqueda de la paz para encontrar una salida a la guerra, para allanar los caminos para el diálogo y los acuerdos. La izquierda también debe avanzar hacia un proyecto democrático nacional alternativo para Colombia. Tal proyecto implica, en las circunstancias de hoy, dos condiciones muy importantes: la unidad e integración con América Latina y el Caribe, y el debate sobre el socialismo como opción válida en el contexto de las respuestas a la crisis sistémica en curso. Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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Tesis sobre los retos de la izquierda colombiana en la actual coyuntura política daniel libreroS caicedo Profesor Departamento de Ciencia Política Universidad Nacional de Colombia

Jorge ganTiva Silva Profesor de la Universidad del Tolima Miembros de la Corriente Eco-socialista del PDA

Tesis 1. La vigencia de la alternativa socialista

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a crisis actual del capitalismo es una crisis civilizatoria1 que confirma la bancarrota histórica de una forma de organización social que ha logrado la socialización a gran escala de la producción y el trabajo mientras preserva de la riqueza, razón la apropiación privada por la cual termina por concentrar de manera inusitada la riqueza aumaentando la pobreza 2, 1 Esta afirmación impulsada por quienes compartimos una estrategia anticapitalista fue ratificada en el último Foro Social Mundial. En el documento borrador-programático, redactado por Edgardo Lander y titulado “¿Un nuevo periodo histórico? Crisis civilizatoria, límites del planeta, desigualdad, asaltos a la democracia, estado de guerra permanente y pueblos en resistencia”, se anota al respecto: “Estamos en presencia de la crisis terminal de un patrón civilizatorio antropocéntrico, monocultural y patriarcal, de crecimiento sin fin y de guerra sistemática contra las condiciones que hacen posible la vida en el planeta Tierra. La civilización de dominio científico-tecnológico sobre el conjunto de la llamada naturaleza, que identifica el bienestar humano con la acumulación de objetos materiales y el crecimiento económico sin límite -que tiene al capitalismo como su máxima expresión histórica- está llegando al límite. Su dinámica destructora de mercantilización de todas las dimensiones de la vida está, aceleradamente, socavando las condiciones que la hacen posible…” 2 Según datos del año 2000, “El 2% de los adultos más adinerados en el mundo poseían más de la mitad de la riqueza familiar mundial según un nuevo estudio publicado por el Instituto Mundial para Investigación del desarrollo económico de la UNU (UNU-WIDER).

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por degradar la naturaleza3, por generalizar guerras 4 y por destruir la solidaridad humana. La guerra social que como mecanismo de gestión de la crisis han desatado las elites del capital internacional en contra de los trabajadores y los pueblos mediante la imposición de planes de ajuste, viene siendo enfrentada desde abajo con grandes movilizaciones de masas en el último período. A las explosiones revolucionarias que presenciamos el año pasado en el Norte de África, las cuales produjeron la caída de las dictaduras que durante décadas habían garantizado el orden imperial en esa región, se han venido sumando huelgas generales y movilizaciones populares en los países de la periferia del Mediterráneo y en los propios Estados Unidos. Sin embargo, la particularidad de estas resistencias consiste en que operan de manera fragmentada y adolecen de una propuesta política alternativa. El neoliberalismo, impuesto como política sistémica global desde los inicios de la década del ochenta, significó la consolidación de una correlación de fuerzas a favor del gran capital a escala internacional, lo que le posibilitó flexibilizar el trabajo, generalizar el desempleo, eliminar el otrora llamado “Estado de Bienestar” y las garantías a los derechos sociales, privatizar el patrimonio público y mercantilizar hasta la vida misma. Al mismo tiempo, la finalización de la “guerra fría” abrió paso al unilateralismo militar norteamericano y a nuevas formas de colonialismo en países de la periferia del capital.

Éste, el estudio más exhaustivo de la riqueza personal jamás realizado, informa también que el 1% de los adultos más adinerados poseía el 40 % de los activos mundiales en el 2000, y el 10% de los adultos más adinerados acreditaba un 85% del total mundial. En contraste, la mitad de la población adulta en el mundo posee escasamente el 1 % de la riqueza mundial”. “Update.unu.edu, No 44”, Diciembre del 2006, Febrero del 2007, http:// archive.unu.edu/update/esp/archive/issue44 _ 22.htm 3 Aquí el tema relevante es el del aumento de las emisiones de gases invernadero que incluyen deforestación y quema de combustibles fósiles, como el petróleo y el carbón. Así, “El Departamento de Energía de los Estados Unidos calcula que en el año 2010 se emitieron a la atmósfera 564 millones de toneladas de gases de efecto invernadero más que en el año anterior. Este incremento de 6% en un sólo año es el mayor del que se tenga registro…”, lo que termina en sequías, inundaciones, huracanes, que han afectado a millones de personas en el mundo. Edgard Lander, op cit, p. 6. Este autor toma, a su vez, el dato de Seth Borenstein, “A Biggest jump ever seen in global warming gases”, The Associated Press, 3 de noviembre, 2011. 4 Desde la finalización de la “guerra fría”, el número de guerras ha aumentado, aunque han tomado otro carácter, el de guerras internas por recursos naturales. El Instituto Internacional de Estocolmo para la búsqueda de la Paz, ONG sueca especializada en el análisis de la cuestiones de defensa y seguridad, en informe de 2001 anotó que “Después de 1989 más de cuatro millones de personas han muerto en guerras civiles y decenas de millones han sido desplazadas…”. Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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La crisis histórica sólo puede ser resuelta en el espacio de la política, en la confrontación con un sistema que condena a la hambruna física a millones de seres en el planeta, en la denuncia de la barbarie que conllevan las guerras imperiales y la mercantilización de la naturaleza, en la disputa en contra de la hegemonía cultural del pensamiento único homogenizante que propaga el individualismo competitivo. La actual guerra social declarada por los voceros del capital para preservar su dominación nos acerca nuevamente a la opción inevitable de “socialismo o barbarie” planteada por Rosa de Luxemburgo en los inicios del siglo pasado. Ello obliga a recuperar el debate estratégico en la izquierda revolucionaria.

Tesis 2. La Necesidad del Debate Programático La crisis de la izquierda colombiana es, ante todo, una crisis de ausencia de propuestas estratégicas. Asistimos a una transición que comenzó con el cierre del ciclo de la hegemonía de la socialdemocracia y el movimiento comunista sobre el movimiento obrero internacional hacia otras propuestas políticas, transición que aún no ha cristalizado en nuevos proyectos políticos y que ha generado nuevos debates frente a las realidades que abrió la globalización. Esta transición desafortunadamente no ha sido asumida por las direcciones de la izquierda colombiana. Para los Ecosocialistas, implica, en primer lugar, reconocer el carácter internacional de los proyectos alternativos en la perspectiva del socialismo. Esta fórmula de acción política desarrollada por el marxismo desde el siglo XIX tiene mayor vigencia en la actualidad, por cuanto estamos asistiendo a una fase superior en la internacionalización de los circuitos económicos y de las fuerzas productivas. Así, la globalización financiera terminó por producir un sistema financiero privado transnacional que articula de manera desigual a los mercados internos de capitales desbordando a los Estados nacionales, y la globalización empresarial un mercado mundial del trabajo asociado a un comercio internacional corporativo5. No existen posibilidades de desarrollar un proyecto de capitalismo nacional. 5 “En las últimas décadas el volumen del comercio internacional ha crecido a tasas más elevadas que las de la producción mundial. Además, los países han dejado de ser los principales actores de la economía internacional y la unidad de observación. Ellos han sido reemplazados por actores transnacionales, en particular, las grandes empresas transnacionales (ETN). Las ETN controlan una parte sustancial de la producción internacional de bienes. Algunos estudios sugirieron que cerca de dos tercios del comercio mundial corresponderían a transacciones asociadas con estas empresas, incluyendo el comercio intrafirma y el comercio con empresas independientes (Julius, 1990; UNCTAD, 1999). “Comercio intrafirma: concepto alcance y magnitud”, CEPALDivisión de comercio internacional e integración, Santiago de Chile, 2003, José E. Durán Lima y Vivianne Ventura-Días, Santiago de Chile, 2003. _68

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Reconocer el internacionalismo no significa negar la importancia de las reivindicaciones democráticas que históricamente corresponden a los pueblos de los países sometidos al imperialismo, como en nuestro caso. Sin embargo, es necesario reconocer que esas reivindicaciones tienen hoy contenidos diferentes. Imperialismo y globalización neoliberal hacen parte del proceso sistémico de dominación impuesto por el capital transnacional. En consecuencia, nadie discute la importancia de conseguir la soberanía nacional, pero ésta obliga en la actualidad a obtener una “desconexión parcial”6 con la globalización, a implementar un modelo diferente al de la reprimarización económica, un modelo que priorice la solución de las necesidades básicas de la población en contravía de las exigencias del desarrollismo capitalista y apostando por asociarnos en una planificación internacional diferente de los recursos económicos globales7. La propuesta de reforma agraria ya no puede reducirse a la democratización de la propiedad rural para desarrollar un mercado interno capitalista, sino que debe focalizarse en la autonomía de las comunidades que históricamente han habitado en los territorios para decidir sobre la utilización de sus recursos, liquidando el control corporativo impuesto por el imperialismo depredador mediante los denominados megaproyectos. Obviamente que esta apuesta excluye a los escasos ricos del campo. La denuncia del terror de Estado, elemento estructural del régimen de dominación política en Colombia, hace parte de las luchas en contra del militarismo global; las reivindicaciones por mejorar la calidad de vida, caso salud y educación, enfrentan los ajustes fiscales exigidos por las Instituciones Financieras Internacionales

La crisis histórica sólo puede ser resuelta en el espacio de la política, en la confrontación con un sistema que condena a la hambruna física a millones de seres en el planeta, en la denuncia de la barbarie que conllevan las guerras imperiales y la mercantilización de la naturaleza, en la disputa en contra de la hegemonía cultural del pensamiento único homogenizante que propaga el individualismo competitivo.

6 Esta fórmula de la desconexión parcial frente a la globalización ha sido desarrollada por Samín Amín en varios de sus artículos. 7 Sobre ese tema de la planeación internacional alternativa como parte de la estrategia socialista ver: Ernest Mandel y John Ross, “Necesidad de una Organización Internacional Revolucionaria”, traducción de Pepe Gutiérrez, Viento Sur, 1 de febrero de 1981.

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-IFIS- para el pago de la deuda pública y la mercantilización global de los servicios, y así sucesivamente.

Tesis 3. Hacia un sujeto alternativo plural La reorganización del mundo del trabajo que realizó el neoliberalismo terminó por articular de manera desigual en la economía globalizada todo el espectro variado de las labores, desde el trabajo intelectual simbólico hasta el trabajo maquilado, por incorporar a los migrantes en el trabajo precario en los países metropolitanos, por generalizar la rotación de los asalariados a través de los contratos a término fijo, por aumentar considerablemente el “ejército de reserva” de los desempleados y los informales. El caso colombiano es dramático: según las propias estadísticas oficiales, el 62% de la población apta para laborar se encuentra en la informalidad y el 11% aproximado en desempleo abierto. La actual fragilidad organizativa y política de los trabajadores no debe servir de excusa para desconocer su papel histórico. El sindicalismo corporativista ya no puede dar respuesta a los retos que le plantea la globalización neoliberal. Es necesario construir organizaciones amplias, incluyentes, democráticas con plataformas internacionales que agrupen a quienes hoy hacen parte del mundo del trabajo. De hecho, hasta los voceros de las burocracias sindicales se han visto obligados a proponer la fórmula del “sindicalismo de masas”. Sin embargo, en los hechos, ante la incapacidad de obtener resultados y ante la ausencia de perspectiva política, los sindicatos han quedado girando en torno al universo reducido del corporativismo. En el país, el transfuguismo político ha encontrado en el movimiento sindical casos relevantes, como el de los migrantes de la CUT, ahora posesionados como funcionarios gubernamentales y el de las direcciones actuales de la CGT y la CTC. Tal y como ocurre en el terreno internacional, abandonar el corporativismo sindical y proponerse formas organizativas diferentes para los asalariados constituye tan sólo una parte de la recomposición del sujeto alternativo a la globalización que tiene dimensiones múltiples. La coyuntura de las resistencias sociales apunta en esa dirección. La huelga de los corteros de caña en suroccidente durante el último trimestre del 2008, la movilización de las poblaciones urbanas y rurales en contra de la apropiación corporativa de los recursos hídricos como en los casos de “El Quimbo” y Santurbán, las movilizaciones exitosas del movimiento estudiantil que lograron derrotar el año pasado la reforma a la educación superior, las protestas de los movimientos de víctimas denunciado el terror de Estado y de las comunidades étnicas por defender sus territorios confirman que existe la potencialidad social

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necesaria para plantear la conformación de un gran movimiento de resistencia plural8 que enfrente la versión endógena del neoliberalismo. Para conseguir este objetivo es necesario diseñar reglas de juego que posibiliten en igualdad de condiciones la representación de todas las organizaciones involucradas, que reconozcan las autonomías locales y sectoriales en el marco de la unificación de propósitos colectivos y que permitan la toma de decisiones mediante mecanismo democráticos. Los Ecosocialistas consideramos que reconocer la autonomía de los sujetos sociales que enfrentan al capitalismo, reconocer sus liderazgos propios y la capacidad para tomar decisiones constituye un asunto prioritario para el fortalecimiento de las resistencias. El movimiento social no puede concebirse como apéndice de los partidos. Esta forma de interpretar la relación entre organizaciones políticas y sujetos sociales hace parte de la tradición de la democracia liberal y de su sistema de partidos, tradición autoritaria que excluye a las poblaciones de las decisiones políticas, y a la práctica antidemocrática impuesta por el “socialismo real”, conforme a la cual el partido único decía representar a la clase obrera y, a la manera de círculo vicioso, se le desconocía a la pluralidad de sujetos sociales cualquier opinión política bajo el argumento de que supuestamente ya estaban representados en la versión oficial del binomio simplificador partido-clase obrera. Respetar la autonomía de los sujetos sociales apunta en la orientación estratégica

La Marcha Patriótica confirmó con la movilización que realizó en las calles de Bogotá a finales de abril que expresa la confluencia de organizaciones sociales en las regiones más apartadas del país, en la “Colombia invisible” que desde mediados del siglo pasado comenzó a integrarse a la economía nacional con el desplazamiento campesino que produjo la violencia oficial y que terminó territorializando un colonato que soporta de manera cotidiana la tragedia del conflicto armado.

8 Se trata de un pluralismo convergente en el que se respeten las particularidades y las autonomías de cada movimiento, pero sin que ello impida la definición de una centralización reivindicatoria en contra de las exigencias del capital. Esta tesis que consideramos válida en el plano interno fue desarrollada por Daniel Bensaid para el caso del movimiento antiglobalización. Hizo alusión, igualmente, al “juego de convergencias que conjuga el fragmento singular con la forma del todo”. Citado por Esther Vivas en el artículo titulado “De lo(a)s indignado(a)s, el movimiento alter-mundista y el retorno de la cuestión política en la obra de Daniel Bensaid”, publicado en Revista Izquierda, No 20. Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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de una sociedad autogestionada y democrática, en la perspectiva de lo que Marx, después de la Comuna de París, caracterizó como “República social”, aquella que con la masificación de la política inicia el camino de la extinción del Estado.

Tesis 4. La Encrucijada de la izquierda colombiana La izquierda colombiana fragmentada, corporativizada y atravesada en sus debates internos por las presiones reformistas de la llamada “centro-izquierda”, intenta un proceso de reorganización. El PDA sintetiza la ausencia de pensamiento estratégico de las organizaciones que lo conforman. Este vacío se expresa, en la actual coyuntura, en la asimilación arbitraria de la estrategia con la táctica, vaciando a esta última de contenido. Así, la mayoría de la dirección partidaria mantiene la caracterización de que el gobierno de Santos es la continuación lineal de los dos mandatos de Uribe. El argumento que la soporta es el de que ambos gobiernos son neoliberales. Esta es una verdad elemental; más aún, Santos profundiza el neoliberalismo, lo cual puede fácilmente comprobarse en el Plan Nacional de Desarrollo o en las innumerables iniciativas legislativas que van desde la llamada “sostenibilidad fiscal” hasta la reciente reglamentación del TLC con Estados Unidos. Pero limitar la caracterización del gobierno a ese sólo aspecto es reduccionismo. En política internacional, Santos ha hecho un giro parcial desde cuando en los inicios de su gestión resolvió los problemas fronterizos con Venezuela y Ecuador y logró la secretaría general de UNASUR. Sin romper con la diplomacia americana y con los compromisos que le demanda el TLC en materia de libre comercio y la ayuda directa del Imperio en el plano militar, ha realizado una serie de negociaciones diplomáticas realistas de espectro más amplio al del uribismo y se presentó como un líder regional de centro-derecha en la “Cumbre de las Américas” que se celebró en Cartagena, aprovechando el bajo perfil internacional de los llamados “gobiernos alternativos” de la región en la actual coyuntura9.

9 La visita de Evo Morales hace algunas semanas a Bogotá pidiendo asesoría en materia de seguridad confirma esta tesis. Tiene razón Pablo Stefanoni cuando anota al respecto: “Quizás la izquierda deba tomar más en serio el reformismo social -abandonado por los reformistas- y avanzar más seriamente por esa vía. Lo cual implica discutir más y mejor el tipo de institucionalidad y de Estado que estamos fortaleciendo, la reducción (en serio) de las desigualdades, la promoción de procesos de desmercantilización de la vida social y la reforma de la salud y de la educación. En este sentido, ir a buscar ayuda a Colombia para reducir la inseguridad es, quizás, la mayor muestra de nuestro propio fracaso ideológico…”. Stefanoni Pablo, “Izquierdas en el continente de Bolívar: ¿el fin de la elefantiasis interpretativa?”, www.paginasiete.bo, Marzo 24 del 2012. _72

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Existen igualmente diferencias entre Santos y Uribe en la política de restitución de tierras a las víctimas del conflicto armado que la mayoría de la dirección del PDA desconoce. Con esta propuesta, Santos persigue legitimar el despojo que realizó el paramilitarismo durante los últimos años, pero con restitución parcial. Los cálculos más conservadores elaborados por universidades y sectores de la Iglesia estiman en 7 millones las hectáreas despojadas por el paramilitarismo en las últimas décadas, y el gobierno ha anunciado la devolución de 2 millones en el largo plazo. Pero, en esa restitución parcial, Santos expresa políticamente al capital financiero que “expropia por apropiación”. Acepta la devolución de tierras a las víctimas del conflicto no tan sólo porque las experiencias recientes de postconflicto (caso Sur África) han demostrado que el “empoderamiento” de las familias en el territorio asociado a la propiedad facilita la integración al mercado, sino porque, además, las convierte en sujetos de crédito10 aunque en un espacio que de antemano ha sido diseñado para que las unidades productivas familiares quedan asociadas a las cadenas transnacionales de la producción agroexportadora. La restitución parcial pretende, igualmente, la extensión de la institucionalidad neoliberal a las zonas de conflicto como parte de una estrategia legitimadora nacional. El corporativismo neoliberal requiere una organización sistémica de los territorios con instituciones que garanticen la organización “racional” de los recursos, para cogestionarlos con el capital privado.11 Esta estrategia legitimadora incluye la posibilidad de crear una organización campesina integrada al Estado. Uribe, por el contrario,

Fotografía: Véala

http://www.flickr.com/photos/ prensarural

Fotografía: Manuel Chacón

10 Las políticas del Banco Mundial sobre otorgamiento de propiedad a las comunidades marginalizadas en los cordones periféricos de las ciudades y a los informales hacen parte de este mismo propósito. 11 De hecho una de las razones por las cuales la mayoría de los gremios del capital no apoyaron la segunda reelección de Uribe fue porque consideraron que produciría una crisis institucional. Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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expresa la fracción de clase compuesta por hacendistas de enclave, terratenientes y narcotraficantes territorializados, que utilizaron la guerra interna para acumular por despojo, que no aceptan la restitución parcial de tierras y que consideran que intentar una organización campesina cooptada es hacer una concesión innecesaria a un movimiento social que definen como derrotado, y que podría reanimarse. Para fortalecer este argumento agitan el fantasma de lo que le ocurrió a Carlos Lleras con la ANUC en los finales de la década de los sesenta. El que la apuesta de Santos de momento no pueda transgredir los poderes locales que operan como bastiones del uribismo y que sus resultados sean precarios, no debe esconder las diferencias de enfoque de dos opciones políticas diferentes de las elites en la incorporación del campo al mundo de los agronegocios y de la globalización financiera. Tomar en cuenta estas contradicciones debe servir a un partido político opositor para definir una táctica que impida que el movimiento campesino y el movimiento de víctimas sean cooptados por las políticas estatales. En lo político el PDA funciona exclusivamente en la órbita parlamentaria y, si bien la actuación de sus congresistas ha servido para realizar denuncias importantes, ello le plantea un límite estructural para acompañar las resistencias sociales y para proyectarse como alternativa política.12 En lo organizativo, el PDA ha terminado siendo conducido por una dirección errática que demostró su incapacidad política al apoyar de manera incondicional el gobierno distrital de Samuel Moreno y que impide de manera sectaria las discusiones internas. Por todo ello, los ecosocialistas hemos venido acompañando a las organizaciones y sectores que exigen debate interno y un cambio de orientación política en el PDA. Acompañamos el documento conjunto que los sectores críticos de la dirección presentaron a la conferencia ideológica de Bogotá y mantendremos, de cara al Seminario Nacional y al Congreso partidario, esa misma actitud crítica y abierta frente a todos aquellos interesados en compartir estos objetivos. La Marcha Patriótica confirmó con la movilización que realizó en las calles de Bogotá a finales de abril que expresa la confluencia de organizaciones sociales en las regiones más apartadas del país, en la “Colombia invisible” que desde mediados del siglo pasado comenzó a integrarse a la economía nacional con el desplazamiento campesino que produjo la violencia oficial y que terminó territorializando un colonato que soporta de manera cotidiana la tragedia del conflicto armado. Ha 12 La crisis de la democracia representativa es uno de los balances que debe realizar la izquierda no reformista en la actual coyuntura, no tan sólo en el país sino en el contexto internacional. La gestión capitalista de la crisis en USA y la Europa periférica ha contado con el control corporativo de los grandes grupos económicos sobre los parlamentos. _74

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logrado establecer puentes con una franja importante de los afrodescendientes y de sectores campesinos que se oponen a la extensión generalizada de los cultivos de palma. La participación de la FEU en este movimiento confirma que cuenta con un contingente de jóvenes que jugaron un papel importante en el liderazgo del movimiento que dio al traste con la reforma de la educación superior impulsada por el gobierno de Santos a finales del año pasado. Marcha Patriótica terminó definiéndose como un bloque político y de masas, con una dirección, el Consejo Nacional Patriótico, y una plataforma en donde el tema de la negociación política aparece como prioritario en la actual coyuntura. El “Congreso de los Pueblos” ha venido expresando la unidad política entre la “Minga-indígena”,13 sectores populares y organizaciones políticas. Igualmente apuestan en la coyuntura por la negociación política. Ambos procesos han sido dimensionados por la depredación que produce en los territorios la reprimarización económica, el eje, a su vez, de la inversión extranjera directa, lo que los ubica en los hechos en una perspectiva antiimperialista. Estos reagrupamientos abren la posibilidad de conformar un gran frente de unidad política y social cuyo núcleo inicial esté conformado por las fuerzas interesadas en el PDA, Marcha Patriótica y Congreso de los pueblos, pero abierto a otras organizaciones del amplio espectro de la resistencia, en la perspectiva de una izquierda alternativa de masas con un programa democrático radical. Tal y como lo proponemos para el caso del sujeto social plural, en este bloque políticosocial deben respetarse las autonomías y particularidades de los movimientos y organizaciones que lo conforman. Deben operar, igualmente, la democracia interna, la discusión franca y abierta y condiciones de igualdad en la

Los Ecosocialistas consideramos que reconocer la autonomía de los sujetos sociales que enfrentan al capitalismo, reconocer sus liderazgos propios y la capacidad para tomar decisiones constituye un asunto prioritario para el fortalecimiento de las resistencias. El movimiento social no puede concebirse como apéndice de los partidos.

13 La “Minga” ha sido el resultado de la resistencia de los indígenas por la defensa de sus territorios y en contra de los megaproyectos y expresa el solidarismo de tradición precolombina resaltado por Mariátegui. Volver a contenido Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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expresión política.14 Este frente unitario deberá acudir a la movilización callejera, potenciar las resistencias locales en contra de la apropiación corporativa de los territorios, recurrir al método de la desobediencia civil de masas que propende por el logro de una democracia radical y popular, antípoda de nuestra democracia representativa clientelar y autoritaria. Deberá definir una plataforma de acción en la que como mínimo le propongamos al país un plan alternativo al ajuste neoliberal, por trabajo digno, contra la “sostenibilidad fiscal” y la destrucción de los territorios. En este frente unitario los Ecosocialistas insistiremos en la importancia del debate estratégico, en el carácter depredador del capitalismo sobre la naturaleza, sobre la actual y las futuras generaciones de seres humanos, en el rescate de las tradiciones del “socialismo raizal” y del internacionalismo militante. Previo a la conformación de ese frente de unidad política es necesario conseguir la negociación política del conflicto armado. El interés que en esta negociación han expresado voceros de la insurgencia es positivo. Opinamos que éste hace parte del reconocimiento internacional de la izquierda alternativa del hecho de que los cambios en las formas de dominación del capital obligan a las organizaciones político-militares a realizar replanteamientos estratégicos15. Estamos en una fase de la acumulación de fuerzas en el que la guerra que sirvió de pretexto al Comando Sur norteamericano y a las elites internas para conformar uno de los ejércitos mejor equipados de la región16, puede ser utilizada para mayores agresiones en contra de la población. Por otra parte, la decisión de las FARC de abandonar el secuestro como método de acción política confirma que esta organización ha reconocido los costos políticos causados por los ataques indiscriminados a la población civil en el marco de la 14 Isabel Rauner ha insistido en sus artículos y libros en esta hipótesis del bloque políticosocial de masas para la conformación de proyectos alternativos en la región. 15 El movimiento guerrillero en América Latina tuvo un segundo punto de inflexión, posterior a la crisis del foquismo, con la negociación del FMLN en El Salvador, de las guerrillas en Guatemala y, en el marco de la Asamblea Constituyente de 1991, de un componente de las guerrillas colombianas (M-19, PRT, EPL y Quintín Lame). Las particularidades de la guerra en Colombia que posibilitaron el control guerrillero de zonas de colonato llevaron a que desde los inicios de los ochenta, las guerrillas, que actualmente sobreviven, organizaran su accionar bajo el diseño de guerra popular del campo a la ciudad. 16 Colombia es el tercer país receptor de ayuda militar directa norteamericana después de Israel y Egipto. El Estado utiliza el 6,5% del PIB anual en gasto militar. El número de miembros de las fuerzas armadas incluyendo las de la policía llega a 500.000 aproximados, uno de los mayores de América Latina al lado de Brasil, que cuenta con una población cinco veces mayor a la nuestra. _76

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degradación del conflicto interno17 y abren la posibilidad de lograr un acuerdo humanitario como paso intermedio hacia la negociación política. Esta negociación deberá contar con garantías por parte del Estado, incluyendo veeduría internacional, para que se les respete la vida a los líderes públicos de la insurgencia y para que expresen sus opiniones abiertamente, en medio de un proceso que agotará tiempos en acuerdos regionales y nacionales. Una negociación de estas características beneficiaría al conjunto de la izquierda y al movimiento de masas, dado que una de las claves de la dominación política en Colombia durante las últimas décadas ha sido la de estigmatizar como terrorista todo tipo de expresión política diferente al establecimiento y a la protesta social. Insistir en este aspecto es pertinente por cuanto los cambios políticos y sociales que demanda el país no se obtendrán en la mesa de negociaciones, sino en las movilizaciones populares que incluirán, a no dudarlo, paros cívicos nacionales y todas las formas de resistencia popular.

17 Esta discusión remite al tema de la necesidad de preservar una fuerza ética convocante por parte de los proyectos alternativos. A nombre de ninguna causa se puede atacar a la población civil de manera indiscriminada. Las recomendaciones del Che Guevara en el ejercicio de la guerra de guerrillas son ilustrativas y siguen siendo válidas. Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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Notas para el debate al interior del campo popular Sandra carolina bauTiSTa

Economista. Magíster en Estudios Políticos. Docente Universitaria Integrante de la Junta Patriótica Nacional Marcha Patriótica

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esulta evidente que el momento de la Historia al que asistimos, y del que el campo popular resulta protagonista, se presenta pletórico en acontecimientos políticos y sociales, mostrando que un nuevo momento de ampliación de las resistencias ha asomado en nuestro país. Todavía no se ha logrado revertir el proceso de derechización y fascistización, padecido desde los albores del siglo XXI, el cual, amparado en lógicas perversas, ha pretendido desvirtuar la posibilidad de construir propuestas de cambio fincadas en un profundo arraigo popular. Sin embargo, se han expresado con fuerza diferente fenómenos de lucha social que generan la posibilidad y la necesidad de abrir nuevos debates entre las diferentes expresiones del campo popular y democrático, siempre en la perspectiva de construir y avanzar en nuevos sueños posibles. Se presentan a continuación algunas reflexiones en torno a algunos puntos para la comprensión del momento actual en el campo social y popular, así como el análisis de los retos y perspectivas para la izquierda en nuestro país. Específicamente se trabajan tres aspectos, en primer lugar algunos aportes sobre la relación entre lo social y lo político en los procesos sociales y populares; segundo, una reflexión sobre el momento actual de la lucha popular, con una mención de algunos de los principales retos que trae para la izquierda el ascenso de la lucha social, y por último una presentación alrededor de la trascendencia de la solución política al conflicto social, político, económico y armado del país, como proceso de construcción de formas reales de democracia.

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1. Nuevamente a los debates sobre la relación entre lo social y lo político Desde la perspectiva ideológica, la reproducción de un régimen de acumulación como el actual, sustentado en la continua mercantilización de los derechos sociales y de todas las esferas de la vida humana y natural, la reconfiguración del papel del Estado –que se substrae de la producción y provisión directa de bienes y servicios-, la reprimarización de la economía, así como la entronización de los mercados externos, el capital trasnacional y financiero como vías esenciales para el crecimiento económico, requiere de una visión de mundo coherente, centrada en el culto extremo del individualismo, el descreimiento de todo lo colectivo y la adopción del dogma relativo a que el conjunto de la vida personal y social se reduce a lógica empresarial del “máximo beneficio con el menor costo”. Derivado de lo anterior, la implementación del neoliberalismo ha traído como consecuencia en el terreno ideológico la separación de los campos social y político, tanto conceptualmente como en la práctica política real. Como bien lo presenta el profesor Sergio De Zubiría1, la concepción de la política ha sufrido un proceso de debilitamiento en tanto que articulador y organizador de campos como lo público, lo colectivo y lo social, que se ha traducido en desideologización, preeminencia de los intereses individuales, de caudillos o clanes familiar-empresariales, presentación del mensaje político como mensaje comercial a ser consumido en pocos segundos y la determinación que el ejercicio político es sólo aquel que se hace desde la lógica institucional y estatal. Igualmente, desde teorías cercanas a corrientes posmodernas se busca separar y restringir los campos social y político, a la manera de compartimentos estancos. A modo de ilustración puede citarse el concepto de sociedad civil, 1 De Zubiría Sergio. Carácter, Alcances y Plataforma Política. Marcha Patriótica (borrador) Mímeo. 2012 Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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cuyo resurgimiento ha sido reflexionado ampliamente por Jean Cohen y Andrew Arato2. Estos autores afirman que una de las definiciones más trascedentes para las organizaciones de la sociedad civil es la de “autolimitación”, según la cual, el campo de lo civil se encuentra plenamente diferenciado de las llamadas “sociedad política” y “sociedad económica”, y si bien la sociedad civil puede influir en las otras dos, no puede pretender ir más allá de su campo propio, que sería el de la reivindicación específica y particular, a riesgo de caer en proyectos “fundamentalistas”, que conducen a la pérdida de la “conducción societal” y la pluralidad social que caracteriza a la sociedad civil. Como consecuencia de la autolimitación, la sociedad civil está llamada a diferenciarse permanentemente de la política, a su vez, restringida a quienes se encuentran en el gobierno y controlan las instituciones estatales. Asistimos también por esta vía a la despolitización de lo social y al confinamiento de la política a lo institucional formal. La práctica política tradicional en el país ha apelado también al distanciamiento de lo político -reducido a lo electoral- de lo social -visto únicamente al amparo de la conformación de organizaciones gremiales-, en una perspectiva que se aplica particularmente a los procesos de los sectores subalternos. Así, por ejemplo, la manipulación del ordenamiento electoral por parte del bloque hegemónico en el poder no permite a las organizaciones políticas tener personería jurídica si no se está en el marco permanente del juego electoral. De acuerdo con el artículo 108 de la Constitución, la personería jurídica depende de que la organización política mantenga una votación no inferior al 2% de los votos válidos a nivel nacional para las elecciones de Cámara o Senado inmediatamente anteriores. Incluso en países como Chile, en el que persisten instituciones y lógicas políticas heredadas de la dictadura de Pinochet, las condiciones para el reconocimiento formal de los partidos dan mayores posibilidades para la participación política. Así, es factible formar una organización política mediante la firma de escritura pública, la afiliación de por lo menos el 0,5% del electorado participante en la última elección de diputados y por la presencia en no menos de 8 de las 12 regiones que componen el país3.

2 Cohen Jean y Arato Andrew “Sociedad Civil y Teoría Política” Fondo de Cultura Económica, 2001 3 García Juan Ignacio. “Regulación Jurídica de los Partidos Políticos en Chile”. En: Regulación jurídica de los partidos políticos en América Latina” Zovatto G., Daniel (Coordinador). México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2006 pdba. georgetown.edu/Parties/Chile/Leyes/regulacionjuridica.pdf _80

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Este contraste simple demuestra como la legislación colombiana -que se precia de ser democrática- ha sido construida para que pocas organizaciones sean reconocidas formalmente como políticas, mediando la definición únicamente por el elemento electoral y desconociendo que existen múltiples formas de participación política que son ejercidas por las y los colombianos, y sus organizaciones. A su vez, el complejo panorama de reformas electorales de la última década ha conducido a las organizaciones políticas de izquierda más importantes al afán permanente de cumplir con los requerimientos electorales, priorizando este ejercicio en el marco de un repertorio de acciones que sirven para construir la política y promover la participación social y popular. La situación es más compleja en tanto los sectores dominantes han cerrado el paso para la participación electoral de los movimientos sociales y ciudadanos, utilizando como recurso preferente la violencia, mediante, por lo menos, dos vías. Por un lado, se encuentra la diversidad de mecanismos de presión, fraude y manipulación, utilizados para lograr el triunfo de listas uribistas en las elecciones de Senado y Cámara de 2006 y la del propio Uribe. Tal y como ha sido investigado y denunciado en medios académicos y periodísticos, escenarios como el conocido “Pacto de Chivolo”, firmado en el año 2000, fueron la ratificación y formalización de los acuerdos entre políticos y estructuras paramilitares a nivel regional con el fin de impulsar candidatos y listas particulares, acudiendo a la amenaza, el amedrentamiento y la muerte para lograr las curules regionales y nacionales. Otros pactos de similar calibre fueron el de Pivijay, firmado el 20 de septiembre de 2001 y el del Magdalena firmado en 2002. Y como recientemente ha ocurrido, el propio jefe paramilitar Mancuso, reafirmó el apoyo económico y político dado a la reelección de Álvaro Uribe en el año 2006. La segunda forma de uso de la violencia como recurso para excluirá los sectores del campo democrático y popular, Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

No puede entenderse que al surgir nuevos procesos organizativos se está configurando un antagonismo con los previamente existentes. Todo lo que sume y multiplique en el desarrollo de la lucha social debe ser congratulado y no señalado bajo falsos debates o utilizado como excusa para evadir los debates internos de cada organización.

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complementaría a la anterior, ha sido el continuo exterminio de procesos y líderes de oposición, el desplazamiento, el exilio, la persecución y el encarcelamiento para quién diciente de las políticas de Estado. La realidad de América Latina y Colombia plantea serios desafíos a las propuestas teóricas y prácticas políticas que intentan restringir lo político a lo institucional estatal y a la lógica electoral, y propone la necesidad de plantear conceptualizaciones diferentes de los campos de la política y lo social. En términos analíticos, vale la pena recordar lo planteado por Atilio Borón a propósito de los debates sobre el poder y la centralidad o no del mismo. Para este autor, el problema de la relación entre lo social y lo político puede abordarse desde el concepto y la práctica del “poder social”, según la cual “el poder no es una cosa, o un instrumento que puede empuñarse con la mano derecha o con la izquierda, sino una construcción social que, en ciertas ocasiones, se cristaliza en lo que Gramsci llamaba “las superestructuras complejas” de la sociedad capitalista. Una de tales cristalizaciones institucionales es el Estado y su gobierno, pero la cristalización remite, como la punta de un iceberg, a una construcción subyacente que la sostiene y le otorga un sentido. Es ésta quien, en una coyuntura determinada, establece una nueva correlación de fuerzas que luego se expresa en el plano del Estado” 4. Bajo esta concepción, el poder se construye desde los procesos organizativos de base, convergiendo para expresarse en las instituciones de gobierno y Estado; el poder no existe sólo en la formalidad institucional; no es un instrumente ubicado en un único lugar, sino que se edifica desde lo social. En ese sentido, la política no se restringe a lo institucional estatal y lo social es fuente y ejercicio de poder y, por tanto, de lo político, a la vez que la acción política presentan múltiples formas, entre las cuales lo electoral sería una de ellas. Esta propuesta, largamente discutida en la izquierda, parece haber sido olvidada por los procesos de convergencia de la última década. En el marco del desarrollo táctico de las organizaciones democráticas y revolucionaras, juega un papel fundamental la ponderación balanceada de los repertorios de acción y movilización a utilizar en cada momento, sabiendo también que, dentro de estos repertorios, existen formas que son priorizados según las concepciones de política que subyacen a las prácticas de 4 Borón, Atilio “Poder, “contra-poder” y “antipoder.” Notas sobre un extravío teórico político en el pensamiento crítico contemporáneo”. En: Chiapas, Buenos Aires/México, Nº 15, Agosto de 2003, p. 10. _82

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cada organización. De esta manera, el Movimiento Político y Social Marcha Patriótica, acorde con la concepción de poder social, apela en lo esencial a la organización y lucha de base como forma privilegiada, ya que es de allí que habrá de brotar una nueva forma de poder. La experiencia de las comunidades y sectores movilizados a lo largo de las últimas dos décadas ha evidenciado que la lucha por reivindicaciones concretas no ha de limitarse a firma de acuerdos incumplidos hasta la saciedad por los distintos gobiernos, principalmente nacionales y departamentales. Surge entonces la necesidad de comprender que la realización plena de la reivindicaciones es esencialmente un problema político; que es importante avanzar en negociaciones concretas, pero que el cumplimiento efectivo de acuerdos se dará cuando exista una forma diferente de construir y desarrollar la política en el país, con un Estado realmente preocupado por los intereses de los eternamente excluidos del ejercicio del poder, de los hombres y mujeres del común.

2. El momento de la lucha social y popular y algunos retos de la izquierda Sendos análisis ha aportado la academia en torno a la crisis de los movimientos sociales en las últimas dos décadas. Sin embargo, durante este mismo periodo el país ha asistido a un lento y complejo proceso de recomposición de algunos movimientos sociales que son protagonistas del proceso de resistencia contemporáneo. Dos de los más importantes son el movimiento campesino y el estudiantil, los cuales, desde diversas tradiciones de movilización, han afrontado un proceso de fortalecimiento organizativo, aún inacabado, que parte desde lo regional y -particularmente en el caso estudiantil- ha convergido en articulaciones de orden nacional, tanto por la construcción de referentes organizativos como por coordinaciones entre diversas expresiones organizativas.

Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

Los programas de cada una de las organizaciones son aportes que deben desarrollarse; hasta el momento, ningún programa recoge al conjunto de la izquierda y, lo que es más preocupante aún, al conjunto del pueblo colombiano, por lo que no se puede pretender ser la totalidad. Hay diferencias porque existen concepciones distintas, y bien es sabido que en la construcción democrática el debate entre propuestas es el que permite enriquecer lo colectivo.

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De acuerdo con la información contenida en la Base de Datos de Luchas Sociales del CINEP, el número total de acciones de protesta por año se duplicó entre 2002 y 2010, presentándose el pico más importante en 2007. Durante ese año se realizaron varios paros estudiantiles en universidades públicas, en tanto que en agosto tuvo lugar la Movilización Nacional Agraria y Popular, cuyos epicentros estuvieron en los departamentos del Cauca y el Tolima. En el caso del movimiento campesino, posterior a un ascenso de las luchas regionales desde mediados de los años noventa en el Suroccidente, el Magdalena Medio y el Oriente colombianos, se generaron diversos espacios de convergencia como el Congreso Nacional Agrario de 2003, el Encuentro Nacional de Comunidades Campesinas, Afrodescendientes e Indígenas por la Tierra y la Paz de Colombia en la ciudad de Barrancabermeja y el Congreso de Tierras y Territorios, desarrollado en Cali, ambos durante el 2011. El movimiento estudiantil ha vivido un proceso de recomposición organizativa que lo ha llevado de una menguada presencia con acciones de protesta vinculadas preferentemente a los grandes debates de política nacional -como los diálogos de paz y los planes de desarrollo durante la segunda mitad de los noventa- al fortalecimiento organizativo, la creación de nuevas expresiones de corte nacional, la lucha por reivindicaciones específicas del estudiantado y la recuperación de los paros académicos como parte de los repertorios de acción colectiva, a lo largo de la primera década de dos mil. La reciente victoria del movimiento estudiantil, al colocarle freno a la reforma de la ley 30, muestra avances cualitativos y cuantitativos en este movimiento social, cristalizados en la creación de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil, la construcción del Programa Mínimo de los Estudiantes -asumido como referente nacional- y en el desarrollo de nuevos repertorios de movilización, ampliamente reconocidos por su creatividad. El reto está ahora en traducir la capacidad de resistencia en una propuesta concreta de ley y en la construcción de nuevos horizontes de lucha. Otros sectores que han logrado desarrollar procesos de movilización son el de desplazados y víctimas de la violencia estatal, el movimiento LGTBI, los movimientos por la paz y la solución política al conflicto, algunos procesos del movimiento de los trabajadores, particularmente los vinculados al sector minero energético y al de la cañicultura, así como pequeños y medianos mineros. Lo anterior teniendo como telón de fondo la crisis estructural del movimiento sindical el cual, con posterioridad al Gran Paro Nacional de 1998, ha perdido capacidad de conducción y protagonismo en el conjunto de la movilización social. Este panorama de ascenso en la lucha y movilización social ha propuesto nuevos retos a la izquierda colombiana, ya que es evidente la emergencia de un _84

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profundo descontento social de manera tanto organizada como espontanea, pese a las contenciones desde los aparatos represivos del Estado y la manipulación de los grandes medios de información. Marcha Patriótica es uno de los resultados de este proceso de ascenso, evidencia del agotamiento de las comunidades y procesos de base frente a la inoperancia del Estado y los sucesivos gobiernos, buscando realizar espacios de participación real para la edificación de nuevas realidades en el país; la coherencia y el reto están en escuchar efectivamente las propuestas y reivindicaciones de estos sectores movilizados, invisibilizados y que no han tenido espacios de participación efectiva. En cuanto a los retos, puede decirse que la izquierda tiene la tarea de una lectura efectiva de los temas y espacios de descontento social, para contribuir a generar alternativas y fortalecer los procesos en torno a las mismas. Las agendas propuestas por diferentes sectores dejan en claro algunos temas fundamentales en el momento actual. Bajo la política de restitución de tierras del Gobierno, adquiere relevancia absoluta la discusión sobre reforma agraria y territorio, resaltada en los dos eventos desarrollados en 2011 por el Congreso de los Pueblos y la Marcha Patriótica. Así mismo, adquiere total trascendencia el tema de la minería y los recursos energéticos, lucha en la que han participado sectores como el MOIR, la Marcha Patriótica y gran variedad de expresiones regionales, como ASOQUIMBO. La política educativa y la lucha de la MANE sigue siendo un tema central, así como los Tratados de Libre Comercio, que han sido punto permanente de resistencia en todas las organizaciones del campo popular. La lucha por la paz, la justicia y la reparación ha recuperado espacio entre los temas de movilización popular, promovida por organizaciones como Colombianos y Colombianas por la Paz, Marcha Patriótica, el MOVICE, las organizaciones de desplazados y de prisioneras y prisioneros políticos. Otros, como salud, movilidad urbana y condiciones laborales y de trabajo, siguen esperando a ser plenamente identificados para la construcción de propuestas de organización. Pero no sólo es necesario que la izquierda haga lecturas acertadas sobre los temas de las resistencias, también es imperativo construir dinámicas de trabajo que eviten caer en la instrumentalización de las luchas populares, lo cual se garantiza comprendiendo que las organizaciones de la izquierda no llegan de modo repentino a conducir procesos ya en marcha, sino que son sujetos que promueven la movilización y organización permanente y desde la base. Un reto fundamental es la unidad y articulación efectiva de las distintas expresiones del campo popular. En la última década se generaron diferentes propuestas unitarias, permitiendo coordinación entre sectores y organizaciones, que, sin embargo, también han sido objeto de críticas. Una experiencia a resaltar es la Gran Coalición Democrática, Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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que encabezó la lucha contra el Referendo de Uribe en el año 2003, derrotando la implementación de sendas reformas constitucionales lesivas de los derechos sociales. Esta experiencia demostró la necesidad y efectividad del trabajo unitario en el desarrollo de la lucha social alrededor de temas claves, con una estrategia conjunta y definida de acción, desarrollando planes y tareas concretas. Lamentablemente y con posterioridad, la Gran Coalición no logró volver a ser espacio de amplia convergencia al perder la dinámica de trabajo conjunto, en tanto cada sector privilegió la exposición de su propia agenda de movilización, sin avanzar en lo realmente unitario. En la actualidad, quienes convergemos en la Coordinación Nacional de Organizaciones y Movimientos Sociales y Políticos tenemos la responsabilidad de lograr la realización de la unidad, mediante acciones conjuntas y banderas de lucha que logren recoger al grueso de colombianas y colombianos inconformes con el estado actual de cosas. Otro punto álgido de la unidad es la construcción programática. Los programas de cada una de las organizaciones son aportes que deben desarrollarse; hasta el momento, ningún programa recoge al conjunto de la izquierda y, lo que es más preocupante aún, al conjunto del pueblo colombiano, por lo que no se puede pretender ser la totalidad. Hay diferencias porque existen concepciones distintas, y bien es sabido que en la construcción democrática el debate entre propuestas es el que permite enriquecer lo colectivo. Pero existen, como ya se había mencionado, grandes temas de unidad, como la lucha contra los TLC y la gran minería, y por educación, trabajo digno, salud, soberanía y paz, tierras y territorios, que surgen de las luchas sociales a nivel nacional. El reto es, por tanto, construir desde los aportes de cada organización y sector propuestas programáticas y de plataforma que sirvan para desarrollar las luchas del corto y mediano plazo, tal y como ha quedado evidenciado con el caso de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil. Tanto el surgimiento de nuevas propuestas organizativas como el fortalecimiento de los proyectos del campo democrático y revolucionario constituyen un aporte fundamental para el avance de la lucha por la transformación. Las propuestas del campo popular tienen profundos elementos en común, como la búsqueda de alternativas al actual estado de cosas, y, por lo tanto, no puede entenderse que al surgir nuevos procesos organizativos se está configurando un antagonismo con los previamente existentes. Todo lo que sume y multiplique en el desarrollo de la lucha social debe ser congratulado y no señalado bajo falsos debates o utilizado como excusa para evadir los debates internos de cada organización. La Marcha Patriótica ha surgido para oponerse al gran capital trasnacional y la oligarquía imperante en nuestro país, para aportar con propuestas y alternativas, buscando forjar la más amplia unidad con las diversas organizaciones hermanas y _86

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amigas que buscamos las transformaciones que requiere la nación. Los debates esenciales que el momento histórico exige a las organizaciones democráticas y revolucionarias deben ir encaminados a forjar propuestas de movilización y programáticas para recoger el amplio sentimiento de descontento por las consecuencias nocivas del modelo económico, hacia la construcción de democracia y por la búsqueda de la paz con justicia social. Es aquí donde radica el punto central de discusión.

3. ¿Qué tan pertinente es la búsqueda de la paz como escenario de lucha social y popular? La lucha por la democracia es, desde la perspectiva de Marcha Patriótica, total y absolutamente coherente con la búsqueda de la solución política del conflicto social, político, económico y armado que se vive en el país; no son esferas diferentes de la realidad colombiana, sino un mismo proceso de reconstrucción del país y de la dignidad de sus habitantes. Una de las más evidentes -y también profundamente dolorosas expresiones del conflicto colombiano- la constituyen los hechos relacionados con el enfrentamiento armado, siendo cardinal allanar caminos hacia el fin del sacrificio de miles de colombianos y colombianas. De la mano con lo anterior, resulta fundamental resaltar que se trata de una manifestación del conflicto y no de sus más profundas causas, lo que no reduce su trascendencia. Flaco favor se le hace al país buscando solucionar la expresión del fenómeno y no los orígenes del mismo, como ha pretendido la “política de paz” de los diferentes gobiernos, particularmente la de los últimos tres. Colocar nuevamente sobre la mesa este tema, discutido ampliamente y a lo largo de varias décadas en organizaciones y regiones que padecen la guerra, no significa retroceder en los debates de la izquierda sino volver el rostro a las necesidades más sentidas en nuestro país, desde las cuales se construyen las propuestas de los sectores progresistas.

Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

La Marcha Patriótica ha surgido para oponerse al gran capital trasnacional y la oligarquía imperante en nuestro país, para aportar con propuestas y alternativas, buscando forjar la más amplia unidad con las diversas organizaciones hermanas y amigas que buscamos las transformaciones que requiere la nación.

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Negar la relación entre enfrentamientos armados y precarias condiciones sociales, económicas, culturales, ambientales y políticas en el país, es negar razones esenciales como los vastos procesos de reconversión productiva y desplazamiento masivo a los que han sido sometidas regiones como el Chocó, Urabá, Tolima y el Magdalena Medio, entre otras. Como lo han evidenciado múltiples investigaciones académicas, detrás de la dinámica del conflicto armado y de la violencia existen lógicas relativas al uso de recursos, de tierras y territorios, así como la aniquilación de diferentes expresiones de oposición política al establecimiento, tanto regionales como departamentales. De lo anterior deriva que significaría también negar la posibilidad de una solución real y con profundidad del escenario de muerte que campea en Colombia, lo cual ha quedado demostrado por el fracaso del “proceso de paz” con los máximos jefes paramilitares. De igual manera, la solución política exige la más amplia participación de los diferentes sectores sociales, populares y políticos realmente comprometidos con la paz, para que desde sus propuestas se generen espacios de participación desde la base en la consecución de soluciones. Resolver los problemas de tierras, educación, salud, ambiente, planificación y desarrollo territorial, de reconocimiento de la diversidad y demás, exige del concurso de todas y todos los interesados; aquí radica la potencia transformadora de las organizaciones y procesos populares, que ha de convertirse en germen de nuevas formas de poder y permitirá, también, el avance real en la solución del conflicto que vive el país.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS »

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Borón, atiLio. “Poder, “contra-poder” y “antipoder.” Notas sobre un extravío teórico político en el pensamiento crítico contemporáneo”. En: Chiapas, Buenos Aires/México, Nº 15, Agosto de 2003, p. 10. CoHEn jEan y arato andrEw. Sociedad Civil y Teoría Política, Fondo de Cultura Económica, 2001. garCía juan ignaCio. “Regulación Jurídica de los Partidos Políticos en Chile”. En: Regulación jurídica de los partidos políticos en América Latina, Zovatto G., Daniel (Coordinador). Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2006. dE zuBiría sampEr sErgio. Carácter, Alcances y Plataforma Política, (borrador, mímeo), 2012.

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Fotografía: El Turbión

Fotografía: Javier Guáqueta

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Tareas y posibilidades de la izquierda colombiana en el nuevo periodo de lucha de clases frank molano camargo Profesor de la Universidad Distrital. Vocería Nacional del MODEP

Introducción La tesis principal que orienta este documento es que desde 2010 se viene configurando un nuevo periodo de lucha de clases, que está llevando a la reorganización de las fuerzas en contienda, al declive de algunos movimientos políticos y a la emergencia de otros nuevos, lo que exige a los sectores democráticos y revolucionarios una lectura del momento y una definición del comportamiento político o de la táctica a desarrollar en el proceso de confrontación y deslinde entre el campo popular y el campo de las clases dominantes. Como lo sugirió Mao TseTung1, la definición del comportamiento táctico que los sectores revolucionarios adopten en un determinado periodo de lucha está determinada por el movimiento de las contradicciones existentes en la sociedad y por la actitud política que las diferentes clases sociales, sectores de clase y movimientos políticos adopten ante tales contradicciones y sus dinámicas. Este sigue siendo hoy, en mi concepto, el elemento fundamental de una táctica acertada en función de dinamizar las fuerzas democráticas y revolucionarias, acercar a los sectores intermedios o vacilantes y aislar y derrotar a las fuerzas de la reacción. En consecuencia se trata de establecer las características y contradicciones que constituyen el actual periodo, analizar la manera en que las clases dominantes se preparan en medio de unidades y diferencias para este momento y determinar las condiciones, posibilidades y retos para la unidad –lucha– del campo popular.

1 Mao Tse-tung, “Las tareas del Partido Comunista de China en el Periodo de la Resistencia al Japón”, Obras Escogidas, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1968. _90

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¿Existe un nuevo periodo de lucha de clases en Colombia? En términos generales, el proceso en el que se confrontan proyectos históricos de clases sociales antagónicas que contienden por derrotar al contrincante no es un lapso lineal de acumulación ascendente, sino una sucesión de periodos o momentos políticos altamente complejos, signados por las contradicciones particulares que marcan las posibilidades de lucha de los contendientes. Hay periodos de auge revolucionario, de repliegue, de derrota y recomposición, e incluso de liquidación absoluta de alguno de los actores políticos. Desde nuestra postura política y lectura de la situación, consideramos que en el año 2010 se da un giro en la situación política, lo que no debe interpretarse como un cambio inesperado y espontáneo, sino como el momento en que las contradicciones entre las clases sociales y los partidos y movimientos políticos dan curso a nuevas condiciones y procesos. Los elementos determinantes de este cambio están dados por los movimientos en el seno de las clases dominantes y en el seno del campo popular. Para las clases dominantes, enfrentadas al problema de la crisis económica mundial y a la búsqueda de “jugar” en el mundo multipolar, sin renunciar a su condición neocolonial, resultaba insostenible la apuesta por mantener un tercer periodo de fascismo uribista. Simultáneamente, para el campo popular las apuestas polarizadas entre el proyecto insurgente de corte militarista y la propuesta parlamentarista del Polo Democrático Alternativo se venían convirtiendo en la tenaza que asfixiaba las posibilidades de vinculación de amplios sectores populares a la lucha contra el fascismo y por la construcción democrática de una alternativa con capacidad de disputa política. La necesidad de un giro político para el plan de las clases dominantes la expresa el presidente Juan Manuel Santos, quien en varios eventos ha insistido en la exigencia de un nuevo régimen político que asegure el modelo económico centrado en la inversión imperialista. En el Foro “Invertir en Colombia”, organizado por el diario El País de España, ante monopolios imperialistas europeos, el 18 de abril de 2012, Santos afirma su apuesta a no romper el neocolonialismo. En su discurso empieza contando una anécdota de la historia de intervenciones coloniales fallidas de ingleses y estadounidenses que pretendieron vanamente tomarse por la fuerza a Cartagena, es decir, que sin necesidad de intervención militar se puede tomar control de un territorio. Luego pasa a plantear cómo Colombia hace diez años era considero un Estado fallido; para empezar a salir del “hueco”, primero estuvo la implementación del Plan Colombia, lanzado por Clinton en Cartagena en 2001, luego la Seguridad Democrática de Uribe Vélez y, recientemente, la apuesta de su gobierno por la Gobernabilidad, entendida según el Presidente como “la capacidad de un Estado de tomar las decisiones que tocan en el momento que toca”. Un aspecto fundamental del discurso es su referencia a lo que será la clave del Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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modelo económico: la inversión extranjera y, por ende, el compromiso del Estado de garantizarla: Porque aquí hay una fuente enorme de crecimiento. En la medida en que ustedes saquen al pobre de su pobreza es para ser consumidores de mis productos. Entonces es un buen negocio, buen negocio para el país, un buen negocio para los empresarios y es un buen negocio para la estabilidad democrática del país. Y eso es lo que estamos queriendo hacer en Colombia en ese momento. Que seamos un país sostenible en el largo plazo y para eso necesitábamos a los inversionistas, porque sin inversión no hay crecimiento y por eso ustedes van a encontrar aquí un país totalmente amigable a la inversión extranjera. Cuando vienen los inversionistas yo les digo bienvenidos, ustedes son nuestros socios. Si a ustedes les va bien, a nosotros nos va bien. Y lo único que yo les pido es que tengan responsabilidad social y responsabilidad ambiental. De resto aquí lo que queremos es que ustedes sientan que hay reglas estables, de juego, que aquí no vamos a cambiar esas reglas, que aquí no vamos a expropiar. Aquí no expropiamos, aquí todo lo contrario. Somos un Estado de derecho en donde hacemos todo lo humanamente posible para que se respeten las reglas. Y creo que ese es el mejor atractivo para cualquier inversionista2 . (No sobra decir, que al día siguiente, durante la vista de Mariano Rajoy, presidente de España, Santos le expresó que en Colombia no se expropia el capital imperialista, que aquí se le acoge y se le protege: esa es la tarea central del Estado). Lo que expresa Santos es la visión de la clase que representa, la granburguesía financiera colombiana, que aspira a convertir al país en un escenario propicio para la inversión imperialista, siendo esta facción burguesa la que la canalice para un mayor desarrollo capitalista impulsado no por fuerzas productivas nacionales sino por el imperialismo. De este discurso, y de su énfasis en la gobernabilidad, se derivan además los dos objetivos fundamentales que Santos se propone para triunfar en su plan: primero ganar la hegemonía entre las clases dominantes sobre el modelo de país, para lo cual es prioritario derrotar o subordinar a las clases dominantes que representa el ex presidente Uribe, los grandes ganaderos, algunos exportadores, los narcotraficantes 2 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el foro Invertir en Colombia, organizado por el diario El País, de Madrid. http://wsp.presidencia.gov.co/Prensa/2012/Abril/ Paginas/20120418 _ 09.aspx _92

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y grupos de poder regional; segundo, impedir que surja un proyecto alternativo desde el campo popular con capacidad de contender por el poder político. Para ir precisando, el nuevo periodo de lucha se caracteriza por el impulso que las clases dominantes, aliadas del capital imperialista, generan en función de un modelo de acumulación cuyo motor sea la inversión imperialista. Desde el camino del pueblo, a partir del año 2010, se incrementa el conjunto de luchas sociales contra el modelo económico: lucha de los obreros petroleros tercerizados del monopolio imperialista Pacific Rubiales; de los obreros del carbón en la Jagua de Ibirico Cesar contra el monopolio suizo Glencore International PLC; de los trabajadores de Holcim, el megamonopolio cementero más grande del mundo, que lograron agruparse en Sintraholcim e iniciar un proceso de defensa de sus derechos. La lucha de comunidades en Santander y Huila por la defensa de los territorios amenazados; las luchas populares contra la corrupción y el alto costo de los servicios públicos en numerosos municipios del país, y, de manera estremecedora, la lucha del movimiento estudiantil universitario agrupado en la Mesa Amplia Nacional Estudiantil, MANE, en contra de la profundización de la reforma neoliberal de la universidad. Lo significativo y novedoso de estas luchas es que rebasaron y desbordaron a todos los grupos políticos de la izquierda que, si bien estuvimos presentes en diferentes grados, no somos todavía en este momento la fuerza política dirigente del ascenso popular. Esto se ha convertido en un elemento sintomático que señala la bancarrota y limitaciones del esquema polarizado entre el PDA y la insurgencia militarista, ambas con limitaciones de conducción debido a tradiciones absolutistas, hegemonistas y vanguardistas. Tal bancarrota ha generado por consiguiente nuevos procesos de reagrupamiento político y social que empezaron a emerger en 2010, como el Congreso de los Pueblos, la Marcha Patriótica y la Coordinación de organizaciones y movimientos sociales de Colombia. Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

Una agenda de paz no puede subordinar o aplazar la lucha contra el capital financiero, los megamonopolios imperialistas, el socavamiento de la soberanía nacional, la desmejora de las condiciones de vida del pueblo producto de los nuevos TLC y la oleada de inversión imperialista.

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Los sectores en lucha en el nuevo periodo, características y contradicciones Los megamonopolios imperialistas y las clases dominantes criollas Si bien la historia moderna colombiana ha presenciado el desarrollo de esta contradicción, ésta se desenvuelve hoy en un nuevo marco geopolítico y geoestratégico. Desde hace tres décadas, el imperialismo entró en una nueva fase: la superacumulación y dominación generalizada de megamonopolios que reorganizan el mundo, especializan países, subordinan los Estados y socavan cada vez más las bases de la vida, poniendo en riesgo el futuro del planeta. Según el último ranking de la revista imperialista Forbes, los 10 megamonopolios más grandes del mundo son en su orden de mayor a menor: Exxon Mobil, el Banco JPMorgan Chase, General Electric, la petrolera anglo-holandesa Royal Dutch Shell, el banco chino ICPC, el financiero británico HSBC, la energética china PetroChina, el grupo BerkshireHathaway, del inversor estadounidense Warren Buffet, el Banco Wells Fargo y la petrolera brasileña Petrobras. Estos megamonopolios buscan afanosamente llegar a cada uno de los rincones del planeta y crear una nueva división del trabajo en la que unos países serán zonas maquileras; otros, despensas agrícolas; otros paraísos fiscales; otros depositarios de recursos minero-energéticos. Eso sí, en todos existirá un tipo de Estado que actúe como garante y evaluador de los requerimientos de los megamonopolios. En esta nueva condición de la economía internacional, las clases dominantes buscan articularse como servidoras del capital internacional con la disposición de vender a las gentes, recursos y territorios de las neocolonias a cambio de tener un lugar privilegiado en el panorama económico. Es esta la razón que subyace en las diferencias entre el bloque de Uribe Vélez y el de Juan Manuel Santos. Incluso el supuestamente líder de las reformas sociales de “avanzada” del santismo, el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, deja ver los dientes del régimen cuando recientemente fue entrevistado ante la preocupación de que en pleno proceso de restitución los gigantes megamonopolios imperialistas estén comprando grandes extensiones de tierras en el país. “No podemos caer en esa exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero, de considerar así la inversión foránea”. Para este ministro, es normal que los megamonopolios mineros pidan que se les titulen 24 millones de hectáreas, tanto como el territorio ecuatoriano; hasta ahora se les han titulado 5 millones de hectáreas en territorios étnicos, parques naturales y zonas de vulnerabilidad ecosistémica.

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El sector de Santos representa la visión de la granburguesía financiera colombiana, con un enfoque ideológico pragmático y neoliberal, que busca afanosamente modernizar capitalistamente el país a punta de inversión imperialista, no sólo de Estados Unidos sino de otros imperialistas, los europeos y los chinos, lo que no es posible sin ajustar elementos del régimen, haciéndolo más eficiente y burgués, menos feudal e, incluso, golpeando a sectores económicos tradicionales de las clases dominantes que obstaculizan el desarrollo capitalista, por ejemplo, los exportadores ganaderos semifeudales, que se niegan a innovar tecnológicamente y le apuestan simplemente a la expansión de sus latifundios. Este sector está interesado en una desmovilización de la insurgencia, proponiendo algunas concesiones (Marco para la Paz) a cambio de que deje de existir uno de los principales peligros que tiene la inversión imperialista y la refuncionalización económica e institucional del país. Una de las voceras de la Unidad Nacional santista, expresa el carácter del nuevo régimen en la lucha contra el uribismo: “Desde que empezó este gobierno, han sido varios los cambios institucionales que se han hecho, o se han querido hacer, para ir desmontando la estructura institucional del Ministerio de Agricultura como una herramienta para darle un viraje al modelo de desarrollo rural”. Según Cecilia Montaño estos cambios tienen que ver con reinstitucionar los Ministerios socavados por las prácticas uribistas3. Por su parte el denominado uribismo recoge el sector fascista de las clases dominantes, sus expresiones terratenientes y de poderes gamonales regionales que, si bien quieren también inversión imperialista, no están de acuerdo con ningún cambio que toque sus privilegios 3

Cecilia López Montaño, Uribismo Rural: Un modelo agrícola perverso. Noviembre de 2009. www.semana.com/ documents/Doc-1975 _ 2009119.pdf - Colombia

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http://elsalmonurbano.blogspot.com/

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e intereses. Uno de los voceros de este sector, el ganadero José Felix Lafaurie, expresa la postura de todo este bloque frente a Santos: Santos es muy distinto a Uribe. Él deja en manos de sus ministros las políticas sectoriales y en consecuencia, en el tema nuestro, de desarrollo rural, el presidente Santos está muy lejos. Y si usted me pregunta cómo se sienten los ganaderos en este gobierno, yo le respondo que mal. De los ocho TLC negociados, no hemos logrado admisibilidad para carne y leche en ninguno de los 42 países involucrados. ¿Qué va a suceder? Que nos van a reventar. Y ya me verá usted el otro año en una crisis del carajo parándonos en un puerto con unas pancartas oponiéndonos a la entrada de la carne”4. Frente a la paz, los uribistas tienen dos cartas: la tesis de que sólo es posible paz como resultado de la derrota militar absoluta de la insurgencia, o la tesis de que en la paz, al lado de la insurgencia, deben estar como actores políticos del nuevo orden los paramilitares y narcotraficantes, es el caso de las BACRIM. La contradicción entre estos dos sectores puede desarrollarse hacia dos escenarios, o el de la agudización y la guerra entre bandos, o el de la conciliación y la articulación de pragmatismo con fascismo. Los sectores políticos del campo popular En el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Carlos Marx señaló las limitaciones que ante un escenario de lucha complejo, en el que la iniciativa la tienen las clases dominantes, las fuerzas políticas democráticas y revolucionarias pueden verse atrapadas y quedar subordinadas al proyecto dominante, e incluso neutralizar y hasta atacar a los sectores más consecuentes si no son capaces de deslindar, clarificar y afirmar un programa autónomo y con perspectiva y vocación de poder para el pueblo. Decía Marx: “Cada partido da coces por detrás al que empuja hacia adelante y se apoya por delante en el partido que tira para atrás”5. Esta fue la condición que se presentó en el campo de la izquierda electoral colombiana entre 2006 y 2010. En el periodo anterior, el Polo Democrático 4 Entrevista a José Félix Lafaurie, Presidente de FEDEGAN, por María Jimena Duzán, http://portal.fedegan.org.co/pls/portal/docs/page/portal/pg _ noticias _ comunicados/ ultimas _ noticias/2012 _ 04 _ 16 _ entrevista _ revista _ semana _ ganaderos _ se _ sienten _ mal _ con _ gob.pdf 5 Carlos Marx, El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Bogotá: Editorial La Oveja Negra, 1974. p. 66. _96

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Alternativo y la Gran Coalición Democrática permitieron la convergencia de los sectores antifascistas. No obstante, esta potente iniciativa quedó atrapada en la dinámica de oponer al fascismo no una alternativa revolucionaria, sino un proyecto reformista, que para consolidar los logros electorales buscó alianzas clientelistas y corruptas, o por lo menos se hizo de la “vista gorda” con tales prácticas, al tiempo que cuestionaba a quienes se empezó a mencionar como pro “terroristas”. El PDA, que jugó su papel en la lucha contra el fascismo uribista, quedó atrapado entre los lazos de las alianzas electorales y el parlamentarismo como única posibilidad de agenciar un proyecto transformador de la sociedad, razón por la cual aceptó como natural la presencia de sectores clientelistas y corruptos, con tal de disputar desde el escenario institucional algunos gobiernos locales. De manera particular el PDA, y específicamente la coalición dominante en esta agrupación, se convirtió en el partido que, como decía Marx, daba coces por detrás al que empujaba hacia adelante, mientras se apoyaba por delante en los que jalaban para atrás. Esta es la razón de su transformación de una posibilidad de convocar el movimiento antifascista y democrático en una propuesta clientelista electoral con tintes democráticos. En su orientación ideológica y política, el PDA comparte con el Movimiento Progresistas el mismo carácter. Este síndrome de estar atrapado en el juego de posiciones de la derecha e impedir que se proyecte la izquierda, lleva a algunos integrantes de estas colectividades a repetir lo que Marx, en el texto mencionado, cuestionaba del partido de la Montaña, expresión política de la pequeña burguesía vacilante, citemos en extenso este pasaje del Dieciocho Brumario:

El arte de la unidad radica en saber construir colectivamente sin imponer, y trazar un programa de lucha para este nuevo periodo aprendiendo a moverse en medio de las turbias aguas de los acuerdos y luchas entre las clases dominantes y los consensos fuertes y estratégicos para proyectar y dimensionar el campo popular.

Si la Montaña quería vencer en el parlamento, no debió llamar a las armas. Y si llamaba a las armas en el parlamento, no debía comportarse en la calle parlamentariamente.

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(…) Pero las amenazas revolucionarias de los pequeños burgueses y de sus representantes democráticos no son más que intento de intimidar al adversario. Y cuando se ven metidos en un atolladero, cuando se han comprometido ya lo bastante para verse obligados a ejecutar sus amenazas, lo hacen de un modo equívoco, evitando, sobre todo, los medios que llevan al fin propuesto y acechan todos los pretextos para sucumbir.6 La crisis del PDA como proyecto revolucionario es terminal si no logra recomponer una postura que, además de cuestionar el absolutismo parlamentarista, no deslinde campos profundos con el clientelismo y los sectores corruptos que aún tienen injerencia es este proyecto, tomando partido por comprometerse con la proyección de la organización y movilización del campo popular. Por su parte la Gran Coalición Democrática, cuyo máximo logro fue la derrota del referendo reeleccionista, dejó de existir cuando el partido liberal y sectores del sindicalismo se pasaron a las toldas del régimen de la Unidad Nacional santista, desde donde esperan tramitar sus proyectos. Las tres dinámicas de reagrupamiento popular emergente, que vienen ocupando el espacio de vacío político dejado por el PDA y la GCD, la Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos y la Coordinación de organizaciones y movimientos sociales de Colombia, irrumpen con la perspectiva de ejercer la lucha política contra el imperialismo y las clases dominantes por fuera de los causes tradicionales del reduccionismo parlamentarista y convocando a construir un nuevo actor político popular con fuerza, proyecto y capacidad de vencer. Existen, sin embargo, retos inmensos a superar en el proceso de unidad del campo popular heredados del pasado y las representaciones y prácticas de la izquierda, que deberán ser asumidos seriamente para que este nuevo sujeto histórico del actual periodo de lucha de clases permita el florecimiento de un proyecto popular con decisión y capacidad de reto y victoria. En primer lugar, la construcción colectiva de un referente de unidad del campo popular, que supere las tres concepciones que dominan el horizonte mental de la izquierda en esta materia: 1. La unidad como disolución de todas las fuerzas en el proyecto político más grande. 2. La unidad como agenda de todas las luchas, lo que se conoce ya en el argot de la izquierda como las “listas de mercado” de cada coyuntura. 3. La unidad como compromiso ideológico de diferentes clases que deciden no criticarse para permanecer. 6 Ibíd., p. 82. _98

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Un esfuerzo real en pro de la Unidad, implica asumir que los actuales reagrupamientos no son necesariamente el punto de llegada, sino un importantísimo avance que requiere del concurso de los otros organizados y, sobre todo, de la vinculación de las mayorías populares desorganizadas. Esta decisión se debe tomar sobre la base de abandonar definitivamente los dos tipos de hegemonismo: el hegemonismo duro, ultracentralizador e impositivo y el hegemonismo blando, que se impone evitando llegar a consensos y acuerdos en nombre de que nadie puede representar a nadie, salvo “nosotros”, que es quizá la herencia más criticable del basismo y las epistemologías de la decolonialidad, que en nombre del antieurocentrismo ven a los partidos y a la centralización como un demonio fruto de la razón totalitaria. En segundo lugar, la construcción del programa y los repertorios de lucha acordes al momento. Esto exige a todos considerar que nuestras propuestas programáticas son abiertas y no acabadas, y que se potencian y complementan con los proyectos ajenos. Pretender que el programa actual y las consignas de un determinado movimiento son las consignas de todas y de todos tiene como contraparte la posibilidad de una nueva fragmentación. Por ejemplo, el tema de la paz, que siendo un asunto importante para el país, no puede convertirse en el referente exclusivo de unos sectores que, para ganar protagonismo y ventaja en la lucha, desconozcan la existencia de otras luchas programáticas importantes que deben articularse para que de manera democrática se trabaje en aquellas consignas y problemas que proyecten más claramente la confrontación y la participación popular. Una agenda de paz no puede subordinar o aplazar la lucha contra el capital financiero, los megamonopolios imperialistas, el socavamiento de la soberanía nacional, la desmejora de las condiciones de vida del pueblo producto de los nuevos TLC y la oleada de inversión imperialista. El arte de la unidad radica en saber construir colectivamente sin imponer, y trazar un programa de lucha para este nuevo periodo aprendiendo a moverse en medio de las turbias aguas de los acuerdos y luchas entre las clases dominantes y los consensos fuertes y estratégicos para proyectar y dimensionar el campo popular. Marx sentenció: Pero la revolución es radical. Está pasando por el purgatorio. Cumple su tarea con método.

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El Polo es la propuesta nacional y democrática guSTavo Triana Secretario General del MOIR

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nte las evidentes movidas políticas y burocráticas dirigidas a asegurar la reelección de Santos en 2014 y la aparición de nuevas propuestas partidarias, es necesario persistir en el agrupamiento de los sectores comprometidos con la nación colombiana en torno a la propuesta programática y organizativa del Polo Democrático Alternativo, PDA. Es la actitud coherente con la lucha por recuperar la soberanía nacional y reivindicar para la población la democracia y el bienestar. Los problemas centrales que aquejan al país e impiden su incorporación a la comunidad de naciones con desarrollo económico autónomo y satisfacción de los derechos básicos de sus ciudadanos, están debidamente presentados en el Ideario de Unidad. También precisa el Ideario los elementos básicos de un entendimiento entre las clases sociales llamadas a alcanzar tales realizaciones, desde el tipo de estructura organizativa que requiere tan magna empresa, hasta los métodos de lucha a los cuales debe recurrir esa gran convergencia nacional. Al acordar el Ideario de Unidad y los Estatutos del Polo, se superaron décadas de frustraciones e intentos fallidos por lograr la unidad. Felizmente, en noviembre de 2006 se concretó el agrupamiento de fuerzas de izquierda democrática de Colombia. Desde entonces, el PDA ha sido blanco del más feroz y sistemático ataque por parte de las fuerzas afectas al orden establecido. El Polo ha sido macartizado de radical y extremista, de condescender con las guerrillas y de recibir financiación foránea y se ha intentado relacionarlo infamemente con todo lo corrupto. Los ataques hechos con sevicia muestran la descarada pretensión de la derecha de incidir en la opinión pública para moldear una oposición domesticada y plausible que no amenace los intereses de la oligarquía y el imperialismo, y que se preste para maquillar el remedo de democracia sin cambiar en lo más mínimo el statu quo de los poderosos. En tan corta existencia, el Polo ha sufrido también menoscabos desde dentro. Es el caso de las inconsecuencias cometidas contra el Ideario y los Estatutos por parte de

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gobernantes y miembros de corporaciones públicas, electos con su aval pero que abandonaron sus postulados para apoyar mandatarios o propuestas contrarios a los intereses que representa el Polo, o para caer en prácticas de corrupción. Estas conductas son inadmisibles y niegan la condición de izquierda de los individuos que caen en ellas. Pero no son válidos los desalientos. Esas dificultades son frecuentes en un partido joven, en plena construcción, desarrollo y formación. Las deserciones sufridas por el PDA están signadas por las inconsecuencias antes señaladas y, a la postre, cualifican y depuran la organización. No obstante los trances, el Polo ha echado raíces en la sociedad colombiana. Es sinónimo de lucha, resistencia y esperanza para trabajadores, campesinos, estudiantes, profesionales, académicos, artistas y empresarios nacionales. Es animador de los reclamos democráticos de grupos poblacionales y de las regiones más olvidadas de nuestra geografía. En fin, es actor reconocido de oposición consecuente. En pleno desplome de la popularidad del alcalde de los progresistas, Gustavo Petro, quien no atina una en la conducción del gobierno de la capital; cuando los hechos y las cifras dejan plenamente al desnudo la naturaleza neoliberal del gobierno de Juan Manuel Santos, empeñado en la ruina de la producción nacional y en el favorecimiento al capital financiero nacional y extranjero, y en medio de un repunte de las luchas de resistencia de los sectores afectados por las políticas de recolonización imperialista y un refrescante alzamiento de distintas voces del empresariado nacional, se vuelve ineludible responder a los cuestionamientos sobre táctica y estrategia que desde dentro y fuera se le formulan al Polo. Resulta imperativo refrendar la vigencia del contenido nacional y democrático del PDA. En declaraciones y documentos de miembros del Polo que animan la constitución del movimiento Marcha Patriótica y en pronunciamientos de esa organización, se hacen formulaciones como las siguientes: “Marcha Patriótica como movimiento político tiene voluntad de poder y eso hay que Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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dejarlo claro. Queremos devolverles a las mayorías nacionales el poder político en Colombia para construir un país soberano, con justicia social; un país en donde haya una solución política al conflicto social armado que vivimos”. “¿En qué lugar ubica el PDA la lucha por la paz? ¿Es un elemento más? ¿Es una cuestión en una larga lista de puntos de agenda? ¿O es el problema central de la sociedad colombiana?”. “El PCC no oculta su afinidad con la segunda tendencia, pero reafirma la centralidad del tema paz o guerra como dilema crucial vinculado a la necesidad de reformas sociales”. “Por ello, hay que destacar la estrecha ligazón entre lo social y lo político como el sendero para refundar el sentido de lo político”. Y al proponer la organización política que ha de liderar dichas propuestas, algunos de esos voceros se vienen en descalificaciones y reparos con el accionar del PDA: “Tanto el Polo como los Progresistas de Petro se han convertido en partidos cerrados que no están abiertos a otras opciones. Los del Polo creen que para poder crecer hay que ir al centro izquierda y atraer nuevos sectores para poder convertirse en gobierno a cualquier precio (…) el Polo no puede considerarse como una especie de bloque hegemónico de la izquierda (…) Pero no basta con reconfigurar nuestras relaciones con los procesos sociales y nuestro diálogo con el país (…) Sabemos también que estar en el PDA nos exige una responsabilidad histórica de rectificación y recomposición del proyecto de unidad de las izquierdas y que necesariamente pasa por la búsqueda de escenarios de relacionamiento con los movimientos sociales e incluso con las fuerzas políticas que comparten nuestro Ideario de Unidad”. Empecemos por precisar que el Polo no desconoce ni censura la conformación de nuevas propuestas políticas. Tampoco niega el relacionamiento y búsqueda de acuerdos con partidos y movimientos, para contribuir a fortalecer, sobre bases programáticas la resistencia contra las tropelías de la Unidad Nacional de Santos y de las potencias imperialistas, principalmente de Estados Unidos. La discusión se suscita es en la participación de miembros del Polo en la constitución e impulso de otro partido, asunto que obliga a examinar las razones política alegadas para asumir tal postura. No es atinado proponer que se cree un nuevo partido de izquierda sobre la base de descalificar con infundios al Polo y mucho menos invitar a revaluar los asuntos programáticos y organizativos que le dieron viabilidad a su constitución. Se deduce de los distintos documentos y declaraciones que favorecen a la Marcha Patriótica que para alcanzar la mayor convergencia que dicen pretender, el aspecto central del quehacer político debe ser la búsqueda de la paz y la caracterización del conflicto interno como social y armado, asunto que retrotrae la discusión de la unidad de la izquierda en varias décadas. Y hacen reiterativas alusiones a una falsa disyuntiva entre movimientos sociales y lucha política, y se le adjudica al Polo un supuesto _102Volver a contenido


divorcio con los movimientos sociales y reivindicativos. En las afirmaciones anteriores se pasa por alto el papel de animadores, organizadores y no pocas veces protagonistas de los militantes polistas en las más sonadas movilizaciones de las masas contra las políticas de Uribe Vélez, Santos y el imperialismo. Lo que no se aborda con franqueza es que lo que proponen es cambiar las definiciones programáticas y el orden de importancia para abordar los problemas centrales del país, pero particularmente rediscutir las formulaciones fundacionales del Polo sobre el conflicto armado, la guerra y la violencia. Las diferencias sobre esos asuntos se conciliaron unificándonos en torno a la exigencia de una solución política al conflicto armado y a la descalificación de la solución militar, el reconocimiento de la naturaleza política de las guerrillas, la oposición a la lucha armada y las degradaciones en que incurren sus actores y a tener hoy como única la lucha política y electoral, la organización y movilización de las masas y las diversas protestas ciudadanas. El Polo mantiene consecuencia con estas definiciones y eleva el tono al respecto cuando las circunstancias lo aconsejan. Replantear el asunto implicará deshacer lo andado. A la discusión anterior se agrega el disparate aislacionista y purista de otro sector de la izquierda, que contra el Ideario y contra toda evidencia de la realidad concreta del país, desconoce la existencia de un contingente de empresarios en la industria, el agro, el comercio, la minería, la ingeniería y los servicios de capital nacional, que generan empleo y crean riqueza en la nación y que objetivamente están en contradicción con los monopolios extranjeros. Estos sectores que han sido mermados en estos 20 años de apertura económica serán arrasados por los distintos TLC. Son empresarios nacionales que caben en lo planteado en el punto 3 del Ideario (Democracia económica) y más cuando sus movilizaciones y pronunciamientos están contribuyendo, en concreto y sin retóricas, a engrosar el torrente de protestas por la reversión total de las políticas neoliberales. Adoptar el punto de vista que la única contradicción es la existente entre los trabajadores y el capitalismo lleva a proponer una revolución socialista y a plantearse un programa distinto al nacional y democrático propuesto por el Polo. Los temas en discusión no son de poca monta y modificarlos es variar los fundamentos centrales del programa del PDA. Los esfuerzos de la discusión deben orientarse a reafirmar los contenidos programáticos y a fortalecer y extender la organización por todo el país, para así, con un partido cohesionado y en franca oposición al régimen, ir en búsqueda de mayores convergencias con organizaciones y personalidades. Partiendo de la unidad y disciplina de nuestro contingente y sobre la base de coincidencias programáticas, juntemos esfuerzos en el propósito de hacer frente a las nefastas políticas que la Unidad Nacional de Santos y el gobierno de Estados Unidos le imponen a la nación colombiana, estos sí, los problemas medulares del quehacer revolucionario y democrático en nuestra patria. Nº 24, Julio de 2012 · Bogotá, Colombia

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El PDA: Por la conquista de una democracia plena* clara lópeZ obregón Presidenta del PDA

“El empleo de las armas para la solución de los conflictos, contradice los métodos y los propósitos que propugna el Polo. El Partido reconoce el legítimo derecho de los pueblos a la defensa de su integridad y supervivencia. El Polo promueve la movilización política y social de los ciudadanos y las ciudadanas por el logro de la plena vigencia de los derechos humanos, las garantías políticas y civiles y la emancipación social y humana.” (A PArte deL ArtícuLo 2º de Los estAtutos)

No hay duda de que el Polo atraviesa por una delicada situación política. Es nuestro deber en este foro analizar nuestro recorrido, identificar nuestros errores y caracterizar nuestros aciertos para no desequilibrar nuestros juicios y conclusiones, de las cuales tienen que surgir las propuestas de reconducción que nos permitan avanzar en la construcción y proyección de nuestro proyecto político.

La misión y el futuro del Polo Nuestro proyecto político está tan vigente hoy como en esa mañana soleada en las escalinatas del Capitolio hace seis años cuando nos acercamos a suscribir el acuerdo fundacional. Como toda expresión política en Colombia que defiende esos * Apartes de la intervención en la instalación de la Conferencia Ideológica de Bogotá (Mayo 5 de 2012). Preparado por César Giraldo. _104Volver a contenido


caros principios que acabo de recordar, el Polo Democrático ha sufrido persecución ideológica y política y contra nuestra organización se ha utilizado la exageración y la calumnia a través del poder descomunal de los medios de comunicación y del comportamiento abiertamente ilegal de algunos órganos del poder publico. No lo digo para escapar de la responsabilidad política de nuestros errores de dirección y de elección al momento de escoger a nuestros representantes, sino para subrayar que la campaña desatada con motivo de ellos ha estado dirigida a convencer al pueblo colombiano de que la izquierda es tan corrupta o más corrupta que los partidos tradicionales y sus herederos que han detentado el poder real en este país. Con ello nos quieren traspasar la responsabilidad por todas sus miserias y esconder nuestros aciertos que no son pocos, pues en nuestro cuarto de hora en Bogotá, con todos nuestros defectos, logramos construir una isla social en un mar neoliberal. Quienes estudiamos la historia sabemos muy bien la suerte que corrieron las expresiones más avanzadas del pensamiento y accionar político en cada etapa de nuestro desarrollo, desde los Comuneros hasta el día de hoy. Uribe Uribe, quien decía que el Partido Liberal debía beber de las canteras del socialismo, cayó literalmente muerto a hachazos en las mismas gradas del Capitolio que sirvieron de marco para firmar la Unidad del Polo. Gaitán, quien proclamaba que el hambre no era ni liberal ni conservadora, sino la misma carencia en un pueblo maltratado, fue asesinado para evitar que llegara a ganar las elecciones. Igual suerte corrió Jaime Pardo Leal cuando pasó del 30% de la favorabilidad en las encuestas, y la gloriosa UP, que surgió como un movimiento dentro del marco de un proceso formal de paz, fue eliminada a sangre y fuego porque mostró que por la vía electoral la izquierda podía avanzar en concejos, asambleas, Congreso y en las elecciones presidenciales con pasmosa facilidad.

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Si a mi me preguntaran que cuál es la tarea política más importante de la izquierda democrática colombiana, yo les contestaría sin pensarlo dos veces: la tarea más importante que tenemos los revolucionarios colombianas es la de conquistar una democracia plena, una democracia pluralista, una democracia social, una democracia económica.

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Desde el púlpito político y religioso se han alzado verdaderas arengas y cruzadas para catalogar las propuestas sociales de ahora y de entonces como proclamas del diablo que atentan contra “tradición, familia y propiedad”. Los críticos de cada época han visto, y ven todavía, en cada propuesta sobre la tierra para el que la trabaja, la educación laica, pública y gratuita o los derechos de asociación y huelga de los trabajadores, la mano oculta de Lucifer que merece ser extirpada, sin piedad, por los supuestos peligros que quieren hacer creer representan para la sociedad.

Las formas de lucha Otro tema de discusión es el de las formas de lucha. En Colombia surgió hace medio siglo un movimiento armado guerrillero en condiciones políticas que es necesario evaluar y entender muy bien. Pero esas condiciones concretas han cambiado radicalmente tanto en el plano internacional como en el interno, al punto de que incluso el propio Fidel Castro acepta que se agotaron las posibilidades de conquistar el poder por la vía armada. Esta guerra, por doloroso que sea para algunos compañeros anímicamente identificados con ella, no tiene perspectivas de desarrollarse triunfalmente, lo que no quiere decir que los grupos armados guerrilleros hayan sido derrotados. Como necesidad histórica del momento, es necesario que los combatientes acepten la necesidad de la paz negociada, que sin duda les significará grandes sacrificios. Pero nosotros no le estamos haciendo la exigencia de la paz solamente a la guerrilla. La exigencia de la paz se la hacemos al establecimiento, se la hacemos a los actuales dirigentes del Estado colombiano, con una acotación: Estamos convencidos de que la solución del conflicto armado no es militar, como tampoco la conquista del cambio social y democrático que propugnamos, en la cual nosotros y amplios sectores del pueblo colombiano tenemos mucho que decir y decidir desde la democracia civilista que defendemos. A quienes están combatiendo por el cambio con las armas, les decimos con profundo convencimiento civilista y humanista: nosotros si vamos a hacer el cambio, pero mediante la movilización social por la vía electoral.

Tarea central: lucha por la democracia plena Por eso y para eso, si a mi me preguntaran que cuál es la tarea política más importante de la izquierda democrática colombiana, yo les contestaría sin pensarlo dos veces: la tarea más importante que tenemos los revolucionarios colombianas es la de conquistar una democracia plena, una democracia pluralista, una democracia social, una democracia económica.

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En la lucha por esta democracia integral y verdadera cabe no solamente la izquierda, caben todos los colombianos y colombianas que están cansados y desencantados de la democracia restringida, los colombianos que sufren las consecuencias del capitalismo salvaje insaciable que ha impedido el surgimiento de una vida digna para todos. El Polo quiere aglutinar al 80% o más de la población para crear esa nueva democracia, para crear una nueva República, para crear una patria donde quepan los obreros, los industriales identificados con los intereses nacionales, los campesinos pobres, medianos y ricos que quisieran contribuir a la conquista del seguridad alimentaria de nuestro país. En esta etapa el objetivo central es la conquista de la democracia real y esa es la tarea más revolucionaria que tenemos todos los colombianos de bien porque significa conquistar la soberanía, frenar la monopolización de la vida económica. Significa producir más y repartir mejor. En la conquista de la democracia caben todos los que han luchado, luchan y lucharán por esa utopía que ensancha los horizontes de lo posible, la utopía de una Colombia sin violencia, donde podamos dedicar los esfuerzos y los recursos naturales y de la producción a construir esa Colombia del tamaño de nuestros sueños.

En la lucha por esta democracia integral y verdadera cabe no solamente la izquierda, caben todos los colombianos y colombianas que están cansados y desencantados de la democracia restringida, los colombianos que sufren las consecuencias del capitalismo salvaje insaciable que, ha impedido el surgimiento de una vida digna para todos.

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Revista IZQuierda N24º - Ed. Especial  

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