A pesar de haber avanzado en el reconocimiento de muchos de nuestros derechos, y de contar con múltiples instrumentos legales a nivel nacional e internacional que dan cuenta de ello, las relaciones desiguales de poder que generan violencia contra las mujeres persisten en nuestros días. En todo el mundo, entre el 50 y 100 por ciento de las mujeres y niñas sufren acoso sexual u otras formas de violencia sexual en los espacios públicos, incluyendo las calles, la escuela, lugares de trabajo, parques y espacios abiertos, entre otros. Se trata de una de las formas de violencia contra las mujeres más frecuentes que existen. Además de las bocinas de los carros y el intenso tráfico, existe otro ruido mucho peor que invade a miles de mujeres: constantes silbidos, piropos de mal gusto y agresiones verbales. El acoso callejero es una problemática que vivimos día a día, por lo que necesitamos ponerle fin.
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ESPACIO PÚBLICO
El problema no solamente es el acoso, sino lo que se puede provocar, desde miedo hasta algo mayor; pasar de miradas a palabras, de palabras a seguimientos, de seguimientos a tocamientos y hasta terminar en violación o muerte de la víctima. La mayoría de las mujeres temen caminar por ciertos lugares sin importar el horario, si van solas o acompañadas, si son jóvenes, niñas, adultas, si se encuentran embarazadas o son de capacidades diferentes. El acoso sexual en vía pública, o como se le conoce comúnmente: “acoso sexual callejero”, es una de las experiencias más recurrentes y desagradables que han tenido que vivir la mayoría de las mujeres en el país; atenta contra la libertad y la dignidad.