Issuu on Google+


Grecia y El Espejo por Hugo MartĂ­nez


Titulo Original: Grecia y El Espejo©. 1ª Edición: Abril 2007. 2ª Edición Marzo 2009. © De Hugo Enrique Martínez, Derechos de autor México. © Editores y Ediciones Lluvia. Diseño de Cubierta: José Luís García Aguilar Imagen de Cubierta: “Destellos” de José Luís García Aguilar Diseño de Colección: José Luís García Aguilar ISBN: Pendiente. Impreso por Lulu.com Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en las leyes, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o prestamos públicos.


Lo importante es tener un principio. El resto viene con el tiempo Alan Parker. The commitments


A mis padres, que sin su enorme cariño y apoyo no podría haber realizado este material. A mi familia, por su compañía. A mis hermanos Antonio Fonseca y José Luís García, por su enorme apoyo. Y por supuesto, a Dios y a Jesús de Nazaret, mis amigos y cómplices.

Hugo Enrique

V


Preámbulo

Grecia y El Espejo, ha ido creciendo con el paso del tiempo; primero de forma casual y posteriormente de forma predeterminada. Ha pasado de ser un pequeño relato del autor para convertirse en un cuento completamente estructurado. Basado en lugares reales, pero en un ambiente totalmente creado, la primera publicación cautivo a los lectores. Tiempo después se realizo un cortometraje, basado en este cuento, por estudiantes de la carrera de Ciencias de la Comunicaciones (de la UNITEC), el cual fue titulado “El Espejo”. Desde sus primeros lectores, hasta sus más recientes, Grecia y El Espejo, a cautivado por su mundo fantástico, sus personajes mágicos, y por sus protagonistas. Historia desarrollada en el México actual junto con un toque de fantasía que nos transporta a un lugar mágico. Esta segunda edición, ha sido corregida y aumentada con sumo cuidado, por el autor; para poder respetar la esencia romántica del relato original y ofrecer al lector un mejor detalle y deleite de la historia. Con autorización y puesta en obra, de Hugo Enrique (el autor), y para evitar malos entendidos se han cambiado algunos datos, corrigiendo, retirando o aumentando algunos fragmentos… pero la esencia del cuento original se encuentra entre sus páginas. Editores “ L luvia ED. ”

VI


INDICE Preámbulo_______________________________VI INDICE ________________________________ VII EL INICIO DE UNA FANTASIA ____________ 1

I.

Un lunes de abril _____________________ 2

II.

¿Quién es Grecia? __________________ 7

III.

Cesar, la familia y el encuentro. ______ 13

UN LATIDO DEL CORAZON______________ 18

IV. V.

Mata mas la duda__________________ 19 Un ángel en la tienda... _______________ 24

VI.

“Selee” antes de la ventana. _________ 29

VII.

Gota tras gota _____________________ 34

VIII.

El conquistador de la Ibero ________ 39

OMEGA ES EL PRINCIPIO _______________ 44

IX. X.

¿Amanecer dónde? ¿Amanecer cuándo?45 El amor no basta ____________________ 49

XI.

Sólo queda empezar de nuevo.________ 53

Nota Final _______________________________IV

VII


PRIMERA PARTE

EL INICIO DE UNA FANTASIA


CAPITULO I

I.

Un lunes de abril La lluvia vino hasta mí Y me cubrí con el miedo Y con periódicos viejos Que mienten que habrá buen tiempo Ni una palabra de ti Abel Velásquez –La Lluvia-i

E

n la ventana sonaba cada gota que golpeaba contra ella. «¿De dónde caerá tanta agua?» Pensaba, Grecia, mientras miraba de reojo al espejo. Y, observaba, buscando a la luna o alguna estrella que se mantuviera fiel a mostrar su luz. Tantas noches habían llegado, todas acompañadas de penumbra y tristeza... todas, ellas, en compañía de las gotas de lluvia. Abril1, sin quererlo, se había convertido en un diluvio de ausencias y lagrimas que caían del cielo sin haber avisado su llegada. Era un lunes cualquiera de abril, pero hace mucho que llovía así; el día se había desarrollado por completo; solo, que esta vez, las gotas habían llegado tan de improvisto, tan de golpe; que la desanimaban. No como otras tardes, donde la brisa; avisaba con dejarse caer; esta tarde no, toda había estado llena de luz y ahora la lluvia.

1

En la edición original del 2005 no se mencionaba una estación en especial, fue hasta la edición del 2007 cuando se agrego el mes de Abril como referencia.


I. Un lunes de abril

Hugo Enrique

Y, en realidad, era garrafal la cantidad de agua que golpeaba la pequeña ventana de la habitación de Grecia, que miraba desconfiada hacia fuera; que era imposible dejar de contemplar al exterior y preguntarse por que el cielo manifestaba tanta consternación. Esa noche había prometido tanto, después de recibir la noticia de que al día siguiente podría visitar a sus hermanos y pasar toda la semana en compañía de ellos, pero la descortés lluvia; ahora, la abrazaba a través del cristal. «Afuera, se ve tanta desolación» Pensó, mientras atrancaba los doseles que contemplaban la calle y se despedían de la oscuridad, como si fueran una mano señalando un adiós a su ultima madrugada; y se lamentaba por no poder ver su estrella, aquella, que le hacia recordar que alguien, en algún lugar, pensaba exclusivamente en ella. -Varios anocheceres sin ver mi estrella.- Repitió en voz alta para sí misma, en la pesadumbre de la habitación; mientras terminaba de observarse en el espejo y de desenredar sus extensos cabellos negros. Era casi la una de la madrugada, cuando termino de ver la fotografía, de Cesar; la deposito en el cajón de su buró al lado de su cama, mientras el espejo la observaba como escarneciéndose de su falta de valía para concluir aquello que la perjudicaba tanto. Se recostó, mientras percibía la soledad de su cuarto, la luna había desaparecido esa noche y no alumbraba como otras tantas anteriores. Y era doliente,

3


I. Un lunes de abril

Hugo Enrique

no poder manifestarle, lo que su ausencia le hacia concebir. La lluvia producía tanto desasosiego en la soledad, de Grecia, que era prácticamente imposible conciliar el sueño y perderse en las historias que estos desencadenaban. Las gotas aporreaban tan fuerte la ventana,, que eso la obligaba a vagabundear e imaginar cosas. En su desvelo, imaginaba como seria su vida al lado de Cesar, sin ser de paso, sin ocultarse ante la mirada indiscreta de las demás personas. Ya pasada las tres de la mañana, la imaginación se salía de control; y esto la obligaba a ver, entre consciente y soñolienta, efigies y semblantes en la ventana; que no eran más que el producto de las destellas, ocasionadas por las bombillas que se encienden en la calle; sombras y contrastes de luz estimulados, por la mezcolanza, con la precipitación. El desfallecimiento la vencía poco a poco, pero el sueño se resistía a llegar y a abrazarla. Luchaba por alcanzar el sueño, pero este se resistía como resiste un gladiador la ultima batalla... las gotas, una a una iban desfilando por el cristal de la venta como abandonadas a la suerte de morir sin llegar a conocer el calor del suelo. Giraba sobre las almohadillas, jalaba las cobijas, intentaba desconectar, en vano, el cerebro de su organismo, y a pesar; de que Grecia, desde pequeña tenía una mente poderosa, jamás había podido lograr sosegarse mientras llovía. El sonido de las gotas le producía tanta tristeza que le era imposible, siquiera, cerrar los ojos.

4


I. Un lunes de abril

Hugo Enrique

La imaginación empezaba a darle forma a las figuras, mas y más rápido; veía a su padre, con el que vivía hace ya bastante tiempo; a sus hermanos y a su hermana, a los que extrañaba todas las noches; a su madre, que a veces no veía con tan buenos ojos; y a Julio, el nuevo cónyuge de su madre y que con el que no-tenia una reciprocidad tan estable como se convendría.

De pronto; la leve luz del sol asomaba por la ventana divulgando su llegada y la del nuevo día, la noche se había consumado y el único vestigio de la lluvia, del crepúsculo, era el pavimento humedecido y el olor a localidad regada; así era desde hace ya varias jornadas. Empieza la rutina antes de ir con sus hermanos, las once y media de la mañana, y a organizar la casa, las compras para la comida, la visita, de las cuales muchas, finalizaban en llamadas, de Cesar para compartir un breve momento el cuerpo y a aguardar a papá. Esa era la vida, de Grecia, la rutina que la había custodiado desde hace ya más de un año. Y era en esos momentos cuando deseaba salir corriendo y cambiar por completo su existencia. -¡Demonios! No puede ser-. Anunciaba mientras se vislumbraba frente al espejo, de su estancia, y luchaba por pensar en su perfección, esto la inquietaba infatigablemente.

5


I. Un lunes de abril

Hugo Enrique

Y hace ya tanto tiempo que venia acostumbrándose a la misma rutina melancólica, a escuchar la Voz de la Lluvia, a pensar en Cesar, en lo que podría ser y no era; y de ahí la visita de las imágenes que no concebía, pero que cada día eran más innegables y menos desconocidas. Sencillamente, sola y nada mas que su compañía. Solo el sonido ajeno de la lluvia y su espejo le acompañaban en esa habitación que a veces parecía tan enorme en sus cuatro paredes color crema. «La voz de lluvia y la mirada del espejo» recapacitaba Grecia, “Parece tan lejana la felicidad” se repetía mientras trataba de levantarse de su propia nostalgia y no entendía como alguien tan bella, como ella, no había conocido el verdadero y único amor. «Voy a desmayarme un día de estos» cavilaba, mientras sé vestía lentamente; para iniciar el nuevo despertar. Deseaba tanto que su vida cambiara, que un caballero con reluciente armadura apareciera y la rescatara de esa inmensa soledad que ella misma había provocado sin darse cuenta. Quería tanto que alguien, todo un gentilhombre, la arrancara de ese dragón, que era la sombra de su nostalgia, y la devolviera a la vida y a la felicidad.

Se repetían esas ideas en la mente, de Grecia, mientras el día sonreía desde la misma ventana que le veía sucumbir cada alborada con las gotas, de lluvia, que abril había traído consigo. i

Abel Velásquez “El Mago”.- Cantautor mexicano de gran éxito que falleciera en el 2005, el autor hace homenaje a su obra en varias partes del cuento. (EPD)

6


CAPITULO II

II. ¿Quién es Grecia? Soy tan poco y soy todo lo que tengo, soy manos vacías, cartera vacía, cama vacía soy necedades, cobardía, indecencias soy todo tacto, corazón y oídos, soy para ti, quien quiera que tú seas. Edel Juárez –Este soy yo-2

G

recia era una estudiante modelo, buenas calificaciones; No asistía a la academia por falta de dinero. Hija de una familia divorciada y que hace mucho había decidido vivir con su padre, nada fuera de lo normal en nuestro México.3 Ustedes se preguntarán entonces; ¿cuál era su particularidad? La respuesta, a la interrogación, es que su mente podía lograr cosas físicas (y no tan físicas) y llevarla a una imaginación sin límites. Clínicamente, aunque aún no está plenamente comprobado; existen personas que reprimen sus desahogos y que muchas veces los manifiestan en imágenes que coinciden con una irrealidad individual, misma que son capaces de diferenciar o reconocer como irreal, pero que no pueden evitar. También, estas personas obtienen un control muy importante sobre su

2

Edel Juárez.- Poeta mexicano con larga carrera, ha presentado diversos trabajos de los cuales cabe destacar “Títeres de tu” y “Horas Hábiles”. 3 Según notas del INEGI: “De cada 10 familias, en México, 6 se divorcian; y 2, los hijos viven con su padre.


II. ¿Quién es Grecia?

Hugo Enrique

organismo. Era como si viviera algo adentro, de ella, que le diera un poder sobrenatural. Grecia, veía y oía cosas, y por alguna, desconocida razón; estas cosas le contestaban... no solo eso, sino que una de estas extrañas cosas, era igual a ella pero con el cabello ensortijado y escarlata. No sé si me he explicado lo suficiente, honestamente; estoy tratando de describir una situación y una circunstancia bastante infrecuente, así que, les suplico me perdonen si no puedo ni llego a ser lo suficientemente claro; necesito que imaginen lo que están leyendo desde la perspectiva de ella. Tratare de darme a explicar, de una forma aun más clara, por ejemplo; era capaz de salir de bañarse y verse al espejo, y este a su vez mostrarle su imagen con ese cabello rizado y rojizo; esto jamás la importuno, se había acostumbrado tanto a esto hasta el punto de platicar con la imagen, incluso podía oír la respiración de esa imagen y verla sonreír en el espejo mientras, ella, lloraba. También, cuando salía de su hogar, se despedía de un extraño ángel que la observaba, le mandaba un beso y le guiñaba el ojo y este le contestaba, con una mirada, dulce y un; «Vete con cuidado que yo espero verte regresar» Así mismo, compartía sus caminatas con una sombra curiosa que no hablaba pero que estaba pendiente de ella. Era algo así como la guardiana de sus pasos. En la habitación aparecían dos personajes mas de

8


II. ¿Quién es Grecia?

Hugo Enrique

esta irrealidad; el primero, era un oso de peluche, que se convertía en el único capaz de consolar las lagrimas de su rostro; el segundo era su diario, que todas las noches escribía, la confesión, de los ojos negros, más hermoso que hubiera visto. Nunca entendió por que, ella, tenia ese poder de visión, sabia que su padre tenia el mismo poder de perspectiva y habían platicado varias veces de esto. Le había dicho que, muchos de los mortales en este mundo, habían nacido con el don de poder ver mas allá de lo real; que no debería temer a los ángeles y espíritus que la visitaran... pero que preexistían seres llamados demonios, que eran divinos, que a esos debía temerles no por lo que eran si no por lo que podían llegar a hacerle. También, le dijo, que ese tipo de merced le daría un control casi dominante de su mente y, por consiguiente, de su cuerpo, que debía usar este control para el bien y con responsabilidad, ya que si se salía de control, su don, podía llegar a causar mucho daño. Una sola vez, cuando muy pequeña, había visto al ser más hermoso que sus ojos hubieran percibido, le había sonreído y examinado con esos ojos tan tristes y profundos, no dijo nada a su mamá por que simplemente no le tomo importancia; Incluso, su padre, no sabia de ese encuentro. Como verán, la situación, era extraña, por lo que, había decido no hablar de esto con nadie para evitar los dedos señalándola; solo su padre, sabia de esto y así mismo solo ella sabia que su padre compartía el don. Lo malo es que de repente esto se salía de control y no

9


II. ¿Quién es Grecia?

Hugo Enrique

podía evitar el miedo, llorar a solas o sencillamente sufrir un desvanecimiento inexplicable. Lamentablemente, hacia un mes; que estas imágenes se hacían más penetrantes en su dolor y esto evitaba que pudiera reír; Solo, con Cesar, se sentía protegida, bueno y con su padre, que podía ahuyentar a esos fantasmas que la asediaban. El recuerdo y la forma de ser, de Cesar, la fastidiaba lo suficiente como para permanecer seria frente a la tira cómica que era su vida dentro y fuera de casa. Ni siquiera la escena de su sombra y el ser alado de la madrugada echando volados para ver quien caminaría con ella todo el día, porque ninguno de los dos... realmente la soportaba, se le hizo simpática; tampoco lo fue la visión desorientada que paró cerca de su casa y tocó su hombro preguntando porque no era feliz. No había algo que verdaderamente le pudiera sacar de su depresión y no precisamente porque, Cesar, fuera el hombre de su vida, sino porque en realidad se sentía desilusionada de haberle dado todo y recibir a cuenta gotas algo de él. De haber soportado, tanto, en esperanza de que, él, tuviera la fuerza suficiente, paciencia y sueños propios para con ella; eso era lo que efectivamente la mataba y la hacía flotar camino al estacionamiento, con la mirada en el suelo; pensativa, muy sola.

10


II. ¿Quién es Grecia?

Hugo Enrique

Aquella madrugada, de visita, en la casa de su madre, las imágenes se hicieron claras y formaron un rostro en la ventana. «Selee4» Dijo en un susurro. -¿Qué fue lo que dije? - Deliberó Grecia, en voz alta. - Se llama “Selee” la imagen que viste en la ventana.- le dijo el espejo, del dormitorio, que la acompañaba, mientras miraba de reojo que su hermana no se hubiera despertado. -“¿Selee?” ¿De donde viene? - No lo sé.- le dijo el espejo.- Hace varias noches que está ahí pero casi no habla. Yo creo que te tiene miedo. -¿A mí?- Deliberó, Grecia- ¿Por qué me iba a tener miedo? -No pienses en él, ya es tarde y mañana tendrás que recoger a Brenda.

«Selee» Pensó, Grecia, mientras encendía el reproductor de música, de la sala, en la parte inferior de la casa de su madre. Una vez más, la mañana, la atrapaba sin haber cerrado los ojos -¿Tú también lo has visto?- Le pregunto a él Ángel en el espejo del baño, mientras ponía una canción de Alejandro Filio, “Brazos de Sol”5.

4

Originalmente el personaje se llamaba “El Pollo”, sin embargo y por cuestiones que no declara el Autor fue cambiado a “Selee Im Not” que traducido del alemán al español es “Alma en pena” 5 Aquí el autor hace mención al cantautor Alejandro Filio, cuya canción “Brazos de Sol” es una de las más reconocidas.

11


II. ¿Quién es Grecia?

Hugo Enrique

- Ayer solamente.-le contestó e inmediatamente, le guiño el ojo para que bajara un poco el volumen del reproductor. - Se ve muy triste ¿no?- Le dijo y el Ángel suspiró profundamente. -Tú te ves más triste. Grecia bebió el café, y mientras; una pequeña lágrima caía sobre el teclado de la computadora y, la pantalla, se mostraba sin mensajes nuevos.

12


CAPITULO III

III. Cesar, la familia y el encuentro. Y es que no importa que digan Que está trillado Hablar de amor que maldigan Si no han probado La noche en sus brazos de sol Alejandro Filio –Brazos de Sol-6

G

recia conoció, a Cesar, desde que se encontraron por primera vez en la secundaria; indiscutiblemente había una pregunta que flotaba en el aire acerca de la naturaleza de sus relaciones «¿Qué diablos le vio?» Difícil pregunta, porque para entender el misterio, que era en aquel entonces; había que comprender a la mujer de casi dos años atrás que era en definitiva opuesta a la actual, y en el fondo prácticamente igual. La mujer, de hace dos años; era una niña de locura, su búsqueda por el amor; la había llevado a compartir su vida y su cuerpo con cualquiera que prometía una experiencia única en esta vida. Incluso había conocido la tristeza del amor inconcluso, del no correspondido; y la agonía, de aquel 6

Alejandro Filio es citado varias veces durante la historia, en esta ocasión el autor menciona la canción, que probablemente sea la mas significativa del cantautor mexicano.


III. Cesar, la familia...

Hugo Enrique

que nunca existió o que nunca llegaría a materializarse por completo. Conoció el amor incompleto y el dolor, que nacía, del amor platónico, del indiferente, del inmaduro y del que se estancaba para morir por las prisas de la pasión carnal. En ese estatus había conocido a Cesar, que le provocaba, solo al principio; una curiosa sensación de bienestar y tranquilidad. Pero eso no respondía él por que había terminado envuelta en sus brazos, aun sabiendo que el corazón de Cesar estaba ya con otra persona. El caso es que no lo recordaba, como que esa pregunta le provocaba amnesia y no resonaba muy bien cual fue la extraña fuerza que le obligó a quererlo hasta la obnubilación. Conmemoraba, por ejemplo, que Cesar, le inspiraba intimidad; que en un principio le pareció lo más inmediato a la madurez; confiar absolutamente en su pareja y esperar de él incondicionalmente todo para entonces ella comenzar a darlo todo. Y no porque ella tuviera miedo de entregar primero el corazón, sino por que seguía los consejos de su ángel de la guarda, Abniel, que recomendaba prudencia en estos casos. Por lo que el inconveniente, ahora en la insensibilidad del análisis, se redujo a eso exactamente; ninguno de los dos puso decididamente todo en la relación, uno porque su naturaleza no le permitía dar más allá de lo que sabía que le capitulaba y la otra, simplemente, no quiso dar el primer pasó como una medida de convencimiento.

14


III. Cesar, la familia...

Hugo Enrique

Muy en el fondo, Grecia, razonaba que la relación no se iba a dar y que por lo mismo había que esperar la partida, de Cesar, desde el primer día, no por catastrofista sino madurando en términos reales. Claro que, no todo; era indiscutiblemente gris. Cesar avivó en gran parte el deseo libidinoso y sentimental de Grecia gracias al desinterés que manifestaba por terminar con su novia. Esto a la larga la llevó a guarecerse en viejas baladas y cantautores de México. Le bastaba aguzar el oído, en una de estas canciones, para sentirse parte de los grandes romances y equilibrar, así, su totalmente anti-romántica relación. Porque era cierto, Cesar, nunca se distinguió por querer terminar su noviazgo. Así se refugiaba, por ejemplo, en las canciones de Fernando Delgadillo7. Estas la llevaban a imaginar amores inconclusos, imposibles y verdaderos. Y era esto, también, lo que la obligaba a imaginar su vida a lado de otro tipo de hombre. Ella hubiera querido un poeta, pero que tuviera el físico de Cesar o mejor; y que hablara cuatro idiomas y tocara canciones para ella, amortizando karmas o seduciendo a la existencia; para luego escribir las leyendas o componer canciones o quién sabe.

La verdad es, que nunca supo muy bien que era lo que quería, era como si de pronto esperara despertarse y 7

Fernando Delgadillo es sin lugar a duda el cantautor mexicano más representativo, creador y autor del llamado movimiento de la canción informal.

15


III. Cesar, la familia...

Hugo Enrique

encontrar sobre su almohada una rosa carmesí y un «te amo» grabado en un pequeño papel granito, con tinta Mont Blanc sepia, de pluma fuente. Un “«té amo»” que le zarandeara hasta el aliento para sentirse viva; pero, con Cesar, eso solo era posible en los encuentros sexuales. Tenía sus preeminencias, claro, pero nada que no tuvieran los otros cuarenta y tres millones de mexicanos varones. Nada que lo hiciera diferente, especial... solo que tenia enamorada. «Un te amo» era la idea fija que se repetía, Grecia, cuando divagaba en estos pensamientos. «Si tan solo lo dijera en una llamada, otra cosa seria» se echaba en cara, pues aunque sabia que estas palabras eran destinadas al oído de otra, le esperanza se mantenía firme. Pero después, de estos pensamientos, las ideas se mezclaban y desaparecían con las verdades que se mantenía a la expectativa de que la niña cambiara de una vez de amante. Ni siquiera, podían hablar con espontaneidad y jugar a ser algo más con ella. Ni siquiera, le contestaba los escritos que le mandaba, bueno, si las contestaba pero no tenían elocuencia, no danzaban las letras sobre el papel, ni la lluvia se enjuagaba la garganta para leer lo que le escribía, era un hombre común y corriente. Esos pensamientos, que llegaban con la deserción, rescindían inexorablemente en despedazar el corazón de la niña, «ella merecía mas», se repetía una y otra vez; cuando se miraba en el espejo y el reflejo le devolvía un guiñó de confabulación. Sin embargo, la interrogación

16


III. Cesar, la familia...

Hugo Enrique

en realidad era «¿Por qué no había logrado descubrir alguien superior?» Era tan triste, percibirla, sumergida en esas inclinaciones… La tarde se hundía, como un ser único y escrupuloso de no levantar aprensiones entre los mortales comunes y corrientes, ante estos pensamientos… ¿Acaso, no era que no lo encontrara, sino que; simplemente no lo había buscado? …¿O quizás, ya había llegado sin darse cuenta?

17


SEGUNDA PARTE UN LATIDO DEL CORAZON


CAPITULO IV

IV. Mata mas la duda Y si esta ahí porque no lo vemos. Curiosamente a veces lo tocamos, Curiosamente juntos aprendimos a tocarlo. Y ahora tu me preguntas que tanto Es lo que yo busco Creo que sin saber Que algún día tú me diste la respuesta. Jaime Ades –Entropía-8

«S

elee>> Pensó, Grecia, en voz alta. El nombre le llamaba la atención, no solo por que fuera el nombre del que dictaba versos en la ventana, sino por que le recordaba una vida pasada.

Era viernes, hacia ya cuatro días había llegado a casa de su mamá e, incomprensiblemente, hace tres jornadas que, Selee, había llegado a su ventana envuelto en la desolación de la lluvia. Solo lo había visto ayer, mientras divagaba su recuerdo con respecto a Cesar, fue una visión rápida pero le pareció advertirlo afligido; las demás noches lo había escuchado pero no había conseguido distinguirlo, mientras le declamaba versos. Al mismo tiempo, cerraba la puerta del patio, dejando, solo el paso de un pequeño rayo de sol, para que la luminosidad le pudiera mostrar su reflejo y el 8

Jaime Ades es otro cantautor de importancia que desarrolla historias dentro del movimiento cultural de México.


IV. Mata más la duda

Hugo Enrique

rostro de su imagen con rizos fuera más claro, más nítido. -¿Crees que vendrá esta noche? Le preguntó, a su reflejo, que aparentemente era su consejero espiritual. Y, en verdad, así era desde que había entendido que nada podía hacer para ahuyentarlo. -No lo sé, ¿quieres que te eche las cartas? Le dijo, el reflejo, sacando un pequeño mazo; que comenzó a barajar hábilmente sobre las manos. Y es que este reflejo de cabellos rojos, era gitana de nacimiento y sabia interpretar, muy bien, los designios que el destino mostraba a través de las cartas. - No.- le respondió, Grecia, nunca le había gustado saber lo que pasaría antes de vivirlo, no era necesario interrumpir el transcurso de la vida.- Prefiero que sea como las noches anteriores, que llegue paulatinamente y, a lo mejor; hoy se anima y tal vez nos conozcamossonó su voz entusiasmada, pues en autenticidad sentía curiosidad por ese extraño personaje que al parecer no había nacido de su ser -Como tú quieras. Le dijo y, la voz sonó con displicencia ante su desasosiego, guardó sus cartas en el chaleco verde que, ella, tenia para la época de frío; y con la lluvia que caía todas las noches, el sol no podía calentar mas allá de sus manos..

Esa tarde, Grecia, esperó a su hermana a las afueras de su escuela, sin que; en su camino se mostrara la figura de “Selee”, ni el rostro, ni el gesto fruncido que amenazaba con desplomarse en llanto. Nada; esa hora no llegó, y ella, sus depresiones, recuerdos e ilusiones no desaparecieron, pensando que ciertamente el tipo

20


IV. Mata más la duda

Hugo Enrique

aquel era muy extraño y que nadie tenía idea de lo que estaba tramando.

Ya pasadas las horas, de la tarde, entró a su casa y se coordinó para ir a la tienda a adquirir lo que hacia falta para la comida, pero esta vez, ni el agotamiento ni la agonía pudo con la desolación que sentía y menos con la curiosidad por saber quien era “Selee”. Así, que antes de partir se encerró en el baño como esperando que lloviera del techo. Brenda, su hermana, tocó a la puerta del baño. -¿Puedo pasar? –sonó su voz como resolución mas que una pregunta. - ¡No! Porque no estoy vestida- le rechazó. En el espejo, la imagen de Brenda traspasó la puerta y se recargó en la pared mientras encendía un cigarrillo. El Reflejo cambio hasta parecerse a Grecia, y así disimular su presencia ante su hermana. - Eres muy mala mintiendo- le dijo, mientras estiraba la mano y el cigarrillo; instigándola a darle una fumada. Todo esto, seguido de un guiño de complicidad. -¿Cómo puedes fumar a esta hora? –debatió, ella, mientras que con su mano rechazaba el cigarrillo. Su mirada denotaba más tristeza que cólera. - Para el cáncer cualquier hora, es buena horarespondió su hermana, al mismo tiempo que permitía el paso al exterior del humo grisáceo. - Síguete haciendo la graciosa.- Le reprendió en un tono, que Brenda, conocía perfectamente bien; era el tono, de voz, descargado, siempre que las cosas no salían como, Grecia, las conjeturaba y que después sus consanguíneos acababan pagando con el mal humor.

21


IV. Mata más la duda

Hugo Enrique

- ¡Uy, uy, uy! La princesa, ahora sí está indignada. ¿Es por el patán de Cesar? - Grecia la fulminó con la mirada, sabía irreprochablemente, que Brenda, era muy honesta; pero de igual forma, sabía que no le iba a sobrellevar sus burlas. Recordaba, que fue ella quien le dijo, que Cesar, no era la mejor elección para satisfacer sus sueños y que no se entusiasmara inmoderadamente. Aventurándose, incluso, a un regaño de sus padres; por ir contra el fundamento del amor y la gestión de todos los seres humanos. Brenda, se amparó, manifestando que el redivivo amor que sentía Grecia por Cesar, no era correspondido y que por lo tanto no merecía resistir frente a alguien que no fuera preparado para quererla como ella lo merecía. La verdad, era que, la adoraba y sentía que ella merecía todo un gentilhombre, como formando parte de una de las innumerables visiones imaginativas que esa mujer era capaz de crear.

Esos pensamientos asaltaban, a Grecia, mientras regresaba de la tienda… y la voz de él la abordaba, dejándola sin habla, ante la sorpresa de sentirla tan viva, tan cerca. -¿Quieres que te acompañe a tu casa? Fueron las palabras más simples que había percibido, pero, a ella, le taladraron tan dulces… Toda su existencia, sentimental, había esperado escuchar de

22


IV. Mata más la duda

Hugo Enrique

diferentes hombres, de Cesar; esa pregunta… y llegadas, de ese extraño, le alcanzaron el corazón; como si fuera la gota que precisaba para salvarse.

23


CAPITULO V

V. Un ángel en la tienda...ii Y si buscara a mi ángel podría estar, Al lado de tu oreja y susurrar, Tal vez hasta exigir su libertad, Que se ha visto acosada por tu andar. ...por tu andar. Gerardo Pablo –Buscando un Ángel- 9

H

ugo, era el nombre del ángel, que, llegó al encuentro de Grecia y a quien le tocaba acallar su alma y borrar su dolor, para que no sollozara de lo que había vivido en los brazos de Cesar y no pudiera decir que no conocía el verdadero amor. Recordaba, Hugo, que al intentar articular la pregunta, para acompañarla, una exhalación de luz brotó de la mirada de ella; y, él, no pudo más que quedar prendado de sus ojos faltando, sin pretenderlo, a su valor de caballero. Nunca le había pasado, manifestó, en el portón de la casa, de ella; y ofreció disculpas, comprometiéndose, ante Grecia, a no abandonar jamás a la niña para salvaguardar que no volviera llorar; a enseñarle a diferenciar su realidad del escenario de los demás y a manejar su capacidad mental con la consigna de evitar a toda costa, que explotara ese don que Dios le había 9

Gerardo Pablo tiene una amplia carrera por todo el territorio mexicano que de muestra la madurez de su trabajo.


V. Un ángel en la tienda

Hugo Enrique

regalado; en virtud de lo que sus visiones a través de pinturas, música o escritos, podían afectar a la humanidad. Hugo le proporcionó, a Grecia, el don de percibir por dentro de las personas y, poco a poco, fue instruyéndola para manipular su amor; pero, a permuta, le pidió, a Grecia; que le quitara un latido de corazón, para que no se desbordara la adhesión que facturaba por dentro y siempre se controlara un poco antes de dar todo el poder que tenia. No, por ello, se convirtió en egoísta y, consecuente de la enorme capacidad de amar; de él mismo, le enseñó a dar más de lo que la gente le disponía y la hizo resistir a través de contrariedades vividas desde joven, para que sus sufrimientos de grande no se convirtieran en desasosiegos. Le dio existencia, a sus sueños, para que no se concibiera sola a pesar de saber que, en contexto, el latido que le había quitado era la precaución, irrefutable, de una soledad indisoluble y de que no se distanciaría, de ella, más que para percibir, el amanecer, en la copa de un pino, muy arcaico; que había cerca de su morada, en completa incomunicación. Ahí, Hugo, oraba por encontrar todos los días la filosofía para que, su pequeña, no tuviera pretensiones de partir y se consintiera con lo que, él, podía dar. Imploraba para que, ella, no acariciara el amor absoluto de otro individuo y, se complaciera, con distribuir el suyo a cuentagotas.

25


V. Un ángel en la tienda

Hugo Enrique

Hugo había escuchado considerables veces, a Grecia, hablar sobre la pantalla de Internet. Fantaseando con las historias de amor, que le mentían; durmiéndose por encontrar al hombre perfecto en medio del velo de la red, queriendo efusivamente enamorarse hasta los huesos, hasta el dolor, hasta el inmenso silencio. - ¿Quieres que te acompañe o te vas a quedar así?La primera vez que, él, había manifestado la propuesta, hace ya tanto tiempo; su voz, la había hecho removerse hasta las profundidades... Ahora, era tan habitual sentir su mano cercana y apreciar su voz a la sequedad de su oído. - Pues adelante. – Respondió, con inmoderada prudencia, su voz dejaba ver la intransigencia de sus pasos. Sencillamente, ya no sabía si se había equivocado. - Otra vez estás seria.- le dijo, Hugo, en un tono seco, que ella, conocía como la antesala de un altercado, después, el advenimiento de las explicaciones y promesas, acompañadas de besos y lagrimas. Lo amaba tanto, que odiaba estos acontecimientos por el hecho de hacerle daño. - No, en verdad no quiero hablar de eso, pero no porque este seria sino porque no entiendo nada de nada. Es que té amo con una fuerza… - Interrumpió la frase, antes de caer en el juego. Esta vez no se resignaría a que, la tarde, se la arrebatara el soplo del dolor. La mirada de Grecia se incrustó, en el suelo, como escudriñando la respuesta en el cemento, ni siquiera miraba al reflejo. Era como si estuviera escabullendo de ella misma, de su pasado, de todo lo que, Hugo, le había regalado (en ese encuentro, en todos los que llegaron con el tiempo tomados de su mano) para hacer su vida diferente.

26


V. Un ángel en la tienda

Hugo Enrique

Un poco de vapor, en el vidrio, empañó el cristal del reflejo y detrás de la bruma se asomó una mirada; la misma que desvelaba, desde hacia tres meses, los magníficos ojos negros de Grecia; la misma, que se perdía de repente con la luz del crepúsculo matutino y, que a veces, solo a veces; no regresaba pero que, sobre todas las cosas, lo decía todo sin decir una sola palabra. “No dejes que la tristeza se apodere de tu mirada No escribas con lágrimas que la angustia te busca y te encuentra No esperes que la lluvia despinte el gris de las horas pasadas No llores. No llores por favor” - ¿Escuchaste eso? - Preguntó Grecia, y la voz de ella le sonó extraña, llena con la angustia anudada en la garganta. - Por supuesto que lo escuché, ¿no estoy más cerca yo que tú de todas esas aparentes y paradójicas cosas que tienes desde niña? ¿No soy yo una de ellos? – La voz, de él, le silbaba, en los oídos, excepcionalmente familiar. - Tú la creaste ¿no es cierto? ¿Estás usando un truco? ¿Por qué no me dijiste que eras el dueño de Selee? ¿Del que canta con la Voz de la Lluvia? ¿Por qué lo estás haciendo? –Ahora si, la voz, era completamente la de ella, la mirada estaba llena de sentimientos encontrados, al fin había llegado pero, es que le costaba tanto; soportar el hecho de saber que el dueño era él. - Yo no hice nada mi pequeña niña. “Selee” existe, como existimos todos nosotros; como coexistimos en tu

27


V. Un ángel en la tienda

Hugo Enrique

alrededor todos los que te queremos y pensamos en ti. No trates de entender ni le des de pronto un sentido a tu búsqueda porque no tiene; piensa y espera.- Fue la última frase, de Hugo, al desaparecer ante el inminente sonido de la realidad en la puerta. - Grecia. Apúrate que ya te estamos esperando para comer. - Brenda la miraba risueña desde el corredor, ella era feliz desde que, Hugo, estaba en la vida de Grecia. Él era indiscutiblemente diferente a Cesar, y en eso, las dos estaban de acuerdo. -¿Quién eres Hugo? ¿De dónde llegaste? ¿Quién eres? – Susurro, ella, hace más de un año y medio que estaban juntos y la llegada de Selee había cambiado su visión de los hechos. ii

Este capitulo fue reconstruido en su totalidad, debido a que en la versión original no lograba atar al lector con la cronología del cuento.

28


CAPITULO VI

VI. “Selee” antes de la ventana. Pides una estrella para sonreír con ella Luego pides un lucero para atarlo a tu cabello Y es que vienes siempre o casi siempre vienes... con el sol Alejandro Filio –Vienes con el sol- 10

“S

elee” era muy pequeño, cuando su vida le hizo abrir los ojos ante como eran las cosas. Su padre era un ingeniero excepcional en su trabajo... Hablaba con rudeza y educaba con mano dura. Su Madre, era callada y dulce. Durante algunos años, Selee, conoció el lado duro del amor y su poesía. Era poeta y compositor; y soñaba con algún día ser una gran canta-autor. Así tal vez Dios lo volvería Ángel y dejaría de ser Demonio. Hasta que, un día, conoció a Antonio. Antonio, tenia el mismo don que Hugo, que era el ser humano al que Selee se mantenía atado. A su vez, Antonio, tenia vinculado a otro gran ser cuyo nombre era Nailo.11 Nailo, que a diferencia de Selee, podía comunicarse abiertamente con Antonio. Él fue, quien le enseño a manejar su mente y a aceptarse como tal. Pero, sobre todas las cosas, le 10

Una vez mas la referencia y homenaje a este cantautor mexicano. 11 El nombre original de este personaje era Antua, sin embargo el autor realiza el cambio para esta re-edición.


VI. “Selee” antes de...

Hugo Enrique

enseño como conectarse con Hugo, con esa parte humana a la que estaba, inexcusablemente, emparentado. Entre las remembranzas, de niño, aparecía de pronto un rostro, ponderadamente, blanco y una figura delgada que se acercaba lentamente para tocar su nariz; también recordaba unas alas, unas alas enormes en su espalda; unas alas que hacían mucho ruido cuando, poco a poco, se alejaban hasta derrocharse, en el horizonte del silencio; esta imagen, era la que durante años, le provocó pesadillas aterradoras y evocaciones de una ausencia muy pesada, de sollozos, de un solo beso en la mejilla y después nada. Absolutamente nada. Definitivamente nada.

Selee, creció en la soledad de la adolescencia que le dejó, su progenitor, con su carácter. Tenía dos hermanas que le despertaban y le hacían compañía, pero con quien jamás cruzó una palabra de sus depresiones. Únicamente trataban de entenderse a señas, de vivirlas sin comunicarse, en el plano más fundamental. Ana (la mayor) le apilaba libros de poesía que él devoraba sin comprender, pensando que el lenguaje, que había utilizado toda su vida, era una pérdida absoluta de tiempo. Encontrando, en la beldad de las palabras, el único consuelo real a su desesperación, a su estado natural de tristeza, que demolía a quien lo observaba… con sólo contemplar su mirada vacía, perdida, y ausente.

30


VI. “Selee” antes de...

Hugo Enrique

En realidad nunca se llamó “Selee”, el sobrenombre lo tomó de un extraño libro que hablaba de las lunas de Marte: “Fobosiii (Selee)12” y Deimos, recordaba que había leído: Pequeña ilusión de Fobos Qué pecado estás pagando que tu corazón sin Dios Sin alma y sin sobresalto Te hace girar contra el manto De la interminable noche. ¿Lloras por ti y tu silencio? ¿Duele la soledad? Después de leer y comprender, el escrito, había decidido llamarse así. No era que no le gustara su nombre, simplemente se conectaba mas con Fobos. Sin embrago, franquearon años, hasta que se instruyó en otra lengua antigua, que transfiguro el nombre de Fobos a Selee; que en exactitud tomo ese sobrenombre. Desde entonces, a media voz, coreaba una y otra vez su nuevo nombre para que el eco escuchara y le reemplazara la soledad hasta el fondo del alma, hasta donde la noche pudiera sentirse cortejada. Una madrugada, al salir de su casa, la lluvia se desplomó sobre su cuerpo y el de Hugo. La Voz de la Lluvia lo tocaba y le susurraba versos. Durante, largas, noches había intentado comunicarse con Hugo. Había sido un rotundo fracaso. Por mas, que intentaba seguir 12

Realmente no hay conexión con los nombres de Fobos (miedo) y Selee Im Not (alma en pena), sin embargo el autor explica que un alma en pena vive de temores, de ahí la justificación.

31


VI. “Selee” antes de...

Hugo Enrique

las instrucciones, que Nailo le había indicado, era imposible para él conectarse con su humanidad. Pero es noche, mientras la Voz de la Lluvia aporreaba todo su cuerpo, Hugo lo miro firmemente a los ojos. Selee, comprendió que esa era la forma de comunicarse, con Hugo, por medio de la Voz de la Lluvia. Fue de sea manera que, los dos, comenzaron a conocerse e intercambiar ideas. La Voz de la Lluvia, no solo trajo versos, sino arrastro una serie de recuerdos tristes. Selee había escuchado todas las historias que, su padre, le había contado y pensó en él. Quiso llamarlo, pero su boca no pronunció palabra alguna, había olvidado el amor de su padre y eso le hizo sentir unas ganas inmensas de llorar. Pero no salieron las lágrimas, solo arreciaba la lluvia sobre él. Era como si cargara a cuestas su propia nube negra para completar el cuadro de su tristeza y evitar que le faltaran las tardes de lluvia melancólicas y atroces. “Selee” salió y se perdió en la inmensidad de la calle. Hugo lo llamo a gritos desesperados La gente no lo vio regresar ni a la mañana siguiente, ni a la siguiente, ni nunca; pero escucharon como el río en las tardes pronunciaba en un murmullo tenue el nombre que “Selee” había escogido para perderse de sí mismo y del mundo que no le gustaba para vivir. Así comenzó la historia. Hugo podía sentirlo, podía escucharlo a través de la Voz de la Lluvia, pero no podía verlo. Era como si, tuviera un espectro de elegías

32


VI. “Selee” antes de...

Hugo Enrique

colgado a su sombra y solo pudiera distinguir el reflejo impreciso de lo que alguna vez fue Selee. Antonio fue al rescate de Hugo, le revelo que a veces eso sucedía. Solo tenia que dar tiempo al tiempo para que Selee volviera a amar esta vida. Nailo, hizo otro tanto con Selee, cuando le mostró que podría regresar la visión cuando el así lo deseara… además podría manifestarse ante cualquier humano que tuviera el don de mirarlo. La gente escuchaba el río y al eco contestando en sentido contrario, confirmando que la tarde se sentía acompañada y que la tristeza se había integrado a las lágrimas de lluvia, que hacen los ríos al morir, frente al mar. Allí donde el padre había decidido cambiar su residencia y ahora permitía a su hijo jugar y llorar mucho, como las cascadas, como la lluvia. Pasaron años, antes de que Selee se mostrara de nuevo. Grecia, lo había enamorado a tal punto, que sin quererlo, Selee, retorno a su cuerpo visual. Abniel, el ángel guardián de Grecia, había intentado, de manera desesperada, evitarlo… ahora era demasiado tarde. iii

En la mitología griega, Fobos es uno de los hijos de Ares (Marte) y Afrodita (Venus). "phobos" en Griego significa "miedo" (es la raíz de "fobia").

33


CAPITULO VII

VII. Gota tras gota Sigue cayendo la lluvia en el balcón Y tú no estás con tu cigarro en el sillón Y yo, tratando de escribirte esta canción Edgar Oceransky –Estoy Aquí- 13

G

recia trató de avanzar, aceleradamente, rumbo a su cuarto y en el camino, dejó al céfiro con los brazos abiertos y sin posibilidad de recibir el acostumbrado abrazo mañanero. Abniel, (su ángel de la guarda, aquel que intento rechazar, exasperadamente, a Selee) desde las escalinatas, intentó comprender por qué la chiquilla, del espejo (como él solía llamarla), caminaba a celeridad, exagerada por cierto, sin mirar a ningún lado. La encontró en la ventana del Internet y desde allí resplandeció, intentando llamar su atención, pero no pasó nada, Grecia estaba completamente ida del mundo.

Al salir la inaugural ventanilla, en su computadora de hogar, los clásicos cuatro o cinco inadmisibles, que siempre se le pegaban, pretendieron platicar con ella, aquiescencia de sacarle también un numero de teléfono y que, esta vez, ella les entregó sin conocerlos siquiera. 13

Edgar Oceransky no solo es uno de los autores más reconocidos en México, también es coautor de varias canciones y sin lugar a duda, apoyo e inspirador de muchos otros autores.


VII. Gota tras gota

Hugo Enrique

Esa hora estaba libre. Así que se conectó y buscó, descorazonadamente, regresar al mundo real. Encontrar, tal vez, en la bandeja un mensaje, un correo electrónico; del trotamundos virtual, de la Ibero, y saber que, todo lo demás, era parte de sus fantasías características e irracionales. Encontró cuatro, nuevos, correos y los abrió con nerviosismo. Uno de su padre, otro de un concierto de Nicho Hinojosa14 (patético, ¿no?). Uno más de alguien que había mandado la cadena del beso y, el último, de su interfase con el mundo real. ”No tienes idea, cuanto te he extrañado, y cuanto me haces falta en las noches de lluvia, como la de hoy. Estuve pensando, en ti, cada minuto del día y, sin querer, desee con todas mis fuerzas que aparecieras en este cuarto, para siempre... Te quiero Yo” -Por supuesto, que no le vas a creer, ¿o sí? – Preguntó, La Sombra, sentada sobre la mesa de madera, del pequeño cuarto de Grecia... lo extraordinario, era que, La Sombra prefería no hablar y esa vez no había soportado en el silencio. -¿Qué haces aquí? –Sonó, aporreada, la voz de Grecia. Tenía otro arranque de frustración. -No empieces –Se limito a responder La Sombra, miro de reojo al espejo, esperando que emergiera el reflejo y así atacar los dos, a Grecia. 14

La opinión vertida, sobre el artista, es responsabilidad del autor.

35


VII. Gota tras gota

Hugo Enrique

-Vete, que no estoy de humor –Volvió a sustentar, Grecia, pero esta vez, su voz, sonaba ufana... sin vida. -Eso ya no es noticia, pero lo que sí es noticia es que ya tengo la información que andabas buscando. – Debatió, al mismo tiempo que esperaba apreciar un cambio en las facciones de Grecia. -Yo no estaba buscando nada –Corto de un tajo, y regreso su mirada al monitor de la computadora. -¿Entonces, no te interesa saber de dónde viene “Selee”? –La Sombra, respondió, mientras se alejaba de la luz para evitar desvanecerse. -No. Estoy cansada de todos estos estúpidos juegos. –espeto, Grecia. -Entiendo. La niña prefiere pensar en su eterno amigo, aún más imaginario, que le promete absolutamente todo sin pedir nada a cambio. Que le jura amor fiel y eterno por un par de horas de contacto electrónico ¿o me equivoco? -Sí, te equivocas y ya déjame en paz por una vez. – Las manos, de Grecia, tocaron el apagador de luz y la habitación se ilumino. La forma rápida de deshacerse de una sombra. El silencio del cuarto se hizo. Se sentó a llorar pidiendo a todos los santos que ninguno de sus amigos se acercara mientras intentaba comprender su tristeza. A lo lejos “Selee” se sentó en la banqueta de la tienda, orando porque el llanto cesara, pero no pasó. Grecia lloró una, dos, tres, cuatro horas y así hasta el atardecer. La luna se asomó sin entender lo que pasaba y dudó en salir, así que se escondió tras una nube pidiéndole que le avisara cuando la niña dejara de llorar para poder comenzar su trabajo. Grecia escuchaba las lágrimas caer al piso y el inevitable recuerdo de las noches de lluvia le vino de pronto. ‹‹La tristeza››, pensó. ‹‹Eso es. El agua

36


VII. Gota tras gota

Hugo Enrique

sale de la tristeza››, dijo mientras recordaba aquella noche que se preguntó de dónde salía tanta agua. A veces el mar es la presa más grande de lágrimas Porque no hay sitio que alcance a copar el olvido Era su voz. La voz que había escuchado esa mañana de desesperación. La voz de uno más de sus seres sorprendentes que en ese momento estaba frente a ella. Con la mirada triste sobre sus inmensos ojos negros. Pero el mar también escribe con palabras dulces Toda la voluntad que tiene de dejar de estar sola Y se mete en los caracoles y sangra notas y llueve y canta... Grecia no podía hablar. Estaba atrapada en la musicalidad de las palabras, dejándose llevar por el vaivén de las gotas de agua que fluían de las manos de “Selee”. Dejando que el incontable mar de lágrimas que salían de sus ojos, llenara el espacio de un cuerpo, un rostro y una boca. Una boca fría que le rozaba el pelo y las mejillas, mientras ella cerraba los ojos esperando el amor total, el amor verdadero, el amor real. Cuando despertó se encontró en su recámara, con el pijama puesta y sin una idea de lo que había ocurrido y cómo había llegado hasta allí. Brenda sentada a sus pies la miró despertar y respiró aliviada. No dijo una palabra y sólo señaló la ventana del cuarto. Afuera la lluvia era más intensa que ninguna otra noche, más sonora que nunca y mucho más hermosa. Entre las figuras y los contraluces se podían entender letras que bailaban y trataban de llamar su atención:

37


VII. Gota tras gota

Hugo Enrique

Hoy la noche me habla de tu piel Y abrazándome está la madrugada Un adiós, un te quiero y un por qué Y nada...15 La sonrisa de Grecia iluminó la habitación hasta provocar el pánico de sus hermanos, quienes en su desconcierto llamaron a su padre pensando en un posible desmayo. Un minuto más tarde sólo había oscuridad en el cuarto y un sueño profundo, callado, absoluto. Un sueño que había esperado desde un mes atrás. Un sueño de tranquilidad, sin fantasmas; el descanso, sólo el descanso.

15

Aquí se toma un verso de la canción “Ojos Verdes” de Alejandro Filio

38


CAPITULO VIII

VIII. El conquistador de la Iberoiv Respira cuando la lluvia te moje el alma Y te oscurezca por la mañana respira Respira que si me muero y me vuelvo polvo Juro que voy a empolvarlo todo respira Miguel Inzunza –Respira- 16

L

a red… «Es el mejor lugar para esconderse» Pensaba un alumno, de sexto semestre de Ingeniería Industrial, de la Ibero; que, cambiaba de nombre como de ropa interior. Azhor, Casiel, Zinnoeb, Ubjiel y otros tantos, nombres de ángeles, eran sus estandartes electrónicos; esto para, definirse o bien, para describirse; mismos que, evidentemente, causaban un gran atractivo, sobre todo entre las féminas que se perdían noches enteras en una soledad compartida por una conexión electrónica. La invención, del Internet, transformó al mundo en una alternativa de posibilidades inimaginables. El universo, de almas, se convirtió de pronto en un lugar físico «o casi» y cabía la posibilidad, remota si bien es cierto pero al fin real, de localizar a través de una computadora a la mitad ideal de la que hablaba Platón. La misma que nos fue arrancada, de raíz, al llegar al 16

Miguel Inzunza, ganador del tercer lugar el reality show “Operación Triunfo”, actualmente es uno de los cantutores con mayor trascendencia en México y España.


VIII. El conquistador... Enrique

Hugo

mundo y que deambula, por éste, intentando, al igual que nosotros; encontrar la armonía, la felicidad y el amor. Y, en realidad, el conquistador no pretendía encontrar a su alma gemela... más bien, esperaba demostrar que el universo, informático, era solo un lugar más para envolver la mente de las niñas que se internaban en ese mundo. Él, conquistador, no iba quizá tan lejos; le gustaba seducir a las niñas, convencer, dominar… en una palabra. El Internet, era, en definitiva un instrumento que le permitía modificar su realidad… o hacerla parecer menos importante y, así, publicar todas sus ventajas competitivas como un alma circundante del espacio y tiempo. Esa, era en si la cuestión que obligaba, a este personaje, a conectarse todas las noches, hasta la madrugada, para obtener y en cerrar en sus garras a más mujeres. Todo había empezado, en especial como un juego, con un correo electrónico enviado, al estilo de las cadenas, a muchas matrículas al azar, ambicionando, de esa manera, pescar conocidos o compañeros por las mismas. Después un par de pinceladas, un par de palabras reconfortantes y «¡Ya está!»: “el cliente esta en la bolsa”. Él, conquistador, sabía que, detrás de la pantalla, el peligro era el mismo para todos y que nadie quedaba exento de estupores. Sabía, también, de sus capacidades

40


VIII. El conquistador... Enrique

Hugo

y, ciertamente, en su terreno era muy bueno, tal vez… el mejor. Era capaz de imaginar cada detalle que escribía, la contraparte; para hacerlo, casi, un retrato hablado que le ayudaba a conquistar o desistir. Esto lo había aprendido poco a poco, mientras navega en el mundo virtual de las almas. Se había convertido en el maestro de la esencia electrónica. Si decían que “no eran muy bonitas”, entonces estaban en la media aceptable pero les faltaba seguridad; si decían “que la belleza no importaba”, eran niñas arriba del promedio que intentaban, a toda costa, quitarse el complejo de ser parte de una sociedad machista; si decían “que eran más bien feas”, eran niñas guapísimas que intentaban no dar pistas de su físico a su interlocutor; y, si eran mujeres que no hablaban más que de ellas y eran cultas era lógico que estaban horribles o bien eran puñales y se desahogaban imaginando lo que definitivamente estaban muy lejos de ser. Por lo tanto, el truco, estaba realmente fácil. Era posible, con un poco de maña, distinguir las señales de la gente que se inscribía en el Internet y explotarlas como objeto de poder. Había toda clase de niñas, en el Internet; las intelectuales, las mochas, las fresas, las babosas, las ardidas, las feministas, las solitarias, las poetisas, las fáciles, las muy fáciles y las regaladas. Evidentemente en un nivel como el del conquistador, ya no cualquier «mosquita muerta es carne de cañón»; ahora, había que ser más selectivo... ¿cómo? Simplemente, poniendo atención a lo que, la persona, comunicaba entre líneas:

41


VIII. El conquistador... Enrique

Hugo

angustia, soledad, deseo, inteligencia, falta de afecto; pero sobre todo, soledad. Cuando él, conquistador, conoció a Grecia le pareció el caso más raro que había encontrado en la red; era como si se tratara de un precedente clínico o algo por el estilo. En ella sé conjuntaban muchos valores contradictorios, como, la creatividad y la sobriedad; la madurez y la inocencia, la soledad y la felicidad. Grecia era, un espécimen raro, prácticamente indescifrable a través de la red, por lo que inmediatamente se convirtió en la favorita de nuestro cyber-latín-lover. Era muy complejo, entender lo que escribía en las salas de chats. Hablaba de su ángel guardián, de su enamorado, de gotas de lluvia; de su espejo gitano: y, de una cantidad de cosas que complicaban muchísimo la tarea de entenderla, por lo menos a través de la pantalla. Grecia, podía pasarse horas en verdadero estado de confesión sin importarle, si quiera, que el conquistador no soltara una sola palabra verdadera, una frase no ensayada y probada, una estrategia de encandila bien plantada. Eso, le sacaba de quicio, y, le hacía pensar en mil perversiones para trastocar el alma, de Grecia, alevosamente, con dolo. Imaginando el día en que, ella, sin poder resistirse; firmaría cada uno de los correos con un definitivo: «te amo». En ese momento, él, sería el amo y señor de las almas despojadas a través del Internet. Grecia era, en definitiva, la confirmación de su superioridad y necesitaba someterla a como diera lugar, enamorarla, engañarla.

42


VIII. El conquistador... Enrique

Hugo

Aunque, la verdad, no supiera que hacer, con ello, cuando todo esto ocurriera. iv

Originalmente este capitulo contenía el nombre de “El Chilango de la Ibero”, sin embargo por cuestiones de mercado fue cambiado por “El Conquistador de la Ibero”. También es importante mencionar que “La Ibero” es mencionada sin alusión a la Universidad Iberoamericana cuya cede se encuentra en México.

43


TERCERA PARTE

OMEGA ES EL PRINCIPIO


CAPITULO IX

IX. ¿Amanecer dónde? ¿Amanecer cuándo? Búscame Enciende todos los espacios Que no ves Aquellos donde aun no hay rasgos De tu piel David Filio –Búscame- 17

A

los dos años siguientes al encuentro, con “Selee”, Grecia despertó feliz, enteramente feliz sin explicarse la razón específica de este estado, pero agradeciendo el milagro. Brenda la miraba, intrigada, temerosa de que hubiera pasado algo que ella fuera incapaz de controlar; tenía miedo de preguntar; no sabía, por primera vez, si valía la pena confrontar a Grecia con su realidad ahora que se veía tan bien, tan feliz. El pasillo, del tercer piso, del edificio de la preparatoria fue la prueba de que, al menos en casos como el de Grecia, el destino no existe. Caminando hacia ella, un metalero de cabello largo la miró sin prestar mayor atención y la mirada le fulminó el corazón.

17

David Filio, uno de los integrantes de Mexicanto, es uno de los autores con mayor trayectoria a nivel internacional.


IX. ¿Amanecer donde?...

Hugo Enrique

Esa mirada, clavo a Grecia al suelo, algo había pasado, algo se había roto. Selee, lo sabia, el corazón de la niña había dejado escapar el suspiro de sus ilusiones. Brenda buscó a Cupido para matarlo por haber cometido tan absurdo desacato, pero el enano alado, desde lejos, le dijo: “Juro que no tuve nada que ver”. El día se convirtió en increíblemente normal. Es como si todo se hubiera detenido en ese momento, y todas aquellas cosas que habían alimentado el alma de la niña del espejo, nunca hubieran existido. Todas las imágenes de Grecia se sentaron a deliberar en las faldas del “Asilo de la Memoria18” de Hugo y nadie entendía las razones. El espejo, tiraba una y otra vez sus cartas y repetía que el futuro no traía nada bueno, pero que tampoco se podía aclarar nada. Había interferencia en el mensaje. “Selee” habló muy preocupado de la desgracia que sería para el mundo el hecho de que Grecia perdiera su capacidad de amar por rebajarse sentimentalmente a la altura de un roquero de alto rendimiento. -Es un imbécil.- dijo el espejo derrotado por el Tarot y su negligencia para revelar el futuro. -Un descerebrado.- acotó la sombra de la soledad, quien realmente hasta antes de ese día, después de que Grecia la obligará a desparecer aquella tarde; jamás había hablado, lo que hizo aún más preocupante la situación que se vivía en el seno de la junta de sus fantasías. 18

El nombre es tomado de uno de los poemas del autor que se encuentra en la recopilación, de este mismo, titulada “Ires y Venires”

46


IX. ¿Amanecer donde?...

Hugo Enrique

Grecia se había presentado con el gorila y esa tarde estaba camino al cine, o sea que cualquier cosa podía pasar. Todos entraron en un estado de descontrol sin razón alguna, el único que se mantenía sosegado era Selee. Inmediatamente se formaron comisiones para vigilar y evaluar el comportamiento de Grecia frente a esa nueva situación y las repercusiones que tuviera. “Selee” no se unió a ninguna comisión. En el último rincón de las faldas del “Asilo de la Memoria”, se sentó callado, distante, sumido en un silencio similar al que lo transformó en llanto permanente. Hugo llegó hasta él sin decir palabra, tratando de reconfortarlo. -No es nada, no te preocupes. Seguramente es un deseo pasajero. Ya verás que regresa a nosotros. ¿Qué hace la luna si le falta la luz del sol para reflejarse entera sobre el mundo? ¿Cómo le cede el espacio la tarde a la noche sino tomándola de la mano? ¿Conque alegría se recibe al amanecer si la noche no le besa la mejilla? -¿Y tú crees que para mí es fácil entender si no he hecho otra cosa que amarla desde que llego a mí? Siempre desde el maldito silencio. – Mientras decía eso, las lágrimas caían a sus manos. Tú no la pierdes ni la recuperas porque jamás ha sido tuya. Tú no la vas a llorar porque las lágrimas no mojan tus alas. Tú no la esperaste desde la muerte sin conocerla

47


IX. ¿Amanecer donde?...

Hugo Enrique

Ni vas luchar contra tu destino por olvidarla. Aquellas palabras hicieron que Hugo se sentara junto a “Selee”; perdiendo, como él, la mirada en el infinito total de las palabras, pensando en que quizá la vida de Grecia había comenzado desde otro origen, desde un principio en el que ninguna de las ideas de “Nosotros” tenía lugar. Abniel escuchaba sus propios pensamientos dando vueltas al despeñadero, preguntando «¿por qué?». Sintiendo más que nunca el doloroso silencio que en ese momento, el eco, ni siquiera se molestaba en devolver. A la salida del cine, Grecia no reconoció a “Selee” entre la gente. No lo miró detenido en el aire sobre la marquesina con la cabeza hundida entre las alas. No escuchó las campanas que acostumbraban tintinear en sus oídos cuando el demonio daba apenas un soplo sobre de ellos. No escucho la imitación de “Entre Pairos y Derivas19” a las afueras de su casa mientras se despedía de su nuevo amigo, sin historia, sin pasado, sin imaginación y, sin embargo, tan afortunado, tan estúpidamente afortunado. La lluvia, no tardo en abatir, en hacer su faena, mientras Selee, solfeaba algo que la niña no podía oír; que nunca escucharía de nuevo en su ventana.

19

El autor hace referencia a la canción de Fernando Delgadillo, una de las más reconocidas de este cantautor.

48


CAPITULO X

X. El amor no basta Ella lo mira y se va, a ese tiempo de ayer Donde habitaban los dos un claro lugar entre flores y sol, Un espacio sin más que hablarse de amor Defendiendo el placer y con tiempo de mas Mexicanto –Ella lo mira y se va- 20

E

n la ventana de Grecia, todas las ilusiones de un amor con Hugo se habían juntado para despedirse de la caricia de quien, hasta ese entonces, había sido su dueña. El espejo tiró las cartas por detrás de su hombro y se acomodó en la almohada sin que Grecia se percatara de ello. La Lluvia trató de jugar en los contraluces de la habitación pero estaba encadenada, sujeta a una voluntad que no era la suya y que comenzaba rápidamente a borrar su memoria. Las imágenes perdidas miraban incesantemente a la luna intentando encontrar una respuesta a lo que se estaba viviendo tras la ventana. Selee estaba triste, como nunca. Se sintió pesado por primera vez y cuando Grecia cerró la cortina frente a él, su reflejo se borró del cristal que ahora los estaba separando.

20

La autoría pertenece David Filio, sin embargo es responsabilidad de Mexicanto (David Filio y Felix Domm) dar a conocer esta canción.


X. El amor no basta

Hugo Enrique

Hugo llamó por teléfono tres veces, pero la mamá de Grecia en una complicidad que nadie le pidió, la negó argumentando excusas y pidiéndole que no volviera a llamar por el bien de todos. Al otro lado de la red en México, el conquistador esperaba la contestación a su último correo donde, derrotado, se declaraba por primera vez, enamorado fervientemente de la niña que lo despertaba en algún punto del universo y que lo había hecho comprender que las almas gemelas existían: ella era la suya. Pero se quedó esperando porque la respuesta nunca llegó. Grecia sintió que dentro de ella había algo que le decía que ninguno de los correos anteriores había sido verdadero y borró el último sin abrirlo, sin leerlo, al mismo tiempo que tiraba a la basura la dirección su ex cyber- pretendiente, como si hubiera dado un reset completo a su vida. Su diario comenzó a borrarse palabra por palabra sin querer hacerlo, pero consciente de que el nuevo destino era muy cruel, que las condiciones habían cambiado y que lo mucho que antes imaginaba la niña hoy tenía que olvidarse, borrarse para no causar problemas. En un gesto de dolor, se cerró y se colocó el candado en la pasta jurando nunca más hablar de lo que allí se había escrito. Jurando olvidar. ”Selee” abrió los brazos y la lluvia comenzó a caer sobre el cristal con fuerza, con la fuerza que da el dolor de la derrota y la pérdida y en silencio gritó para no dejar que el vacío le reventara los oídos. Pero al igual que aquella vez que perdió a su padre en el

50


X. El amor no basta

Hugo Enrique

despeñadero, las palabras no salieron, ni las lágrimas. Sólo la lluvia. Hugo cayó de rodillas sobre el fango formado frente a la ventana de Grecia y sintió la mano de alguien sobre su hombro. Era Antonio, su propio guardián. -Todo termina Hugo. -¿Por qué ella? -Yo te debería hacer esa pregunta. -No lo sé. En verdad no lo sé. Quizá porque... -¿Por qué la amas? -Tal vez -Pues entonces está bien. Desde donde estás es mejor amarla que atarla a una perfección que no quiere llevar a cuestas. -Ella no necesita de mí para ser perfecta. -Ni de ti ni de nadie; ella es diferente a nosotros y es necesario darle la opción de elegir. El día que todos ustedes le hagan falta, volverán a aparecer. Tienen que dejarla decidir su propia misión. -¿Va a ser feliz? -¿Quién lo sabe? Ahora todo depende de ella. -Me devolvió... -¿El latido del corazón? Nunca te lo quito. -Entonces... -Es un poco largo de explicar. Lo que te puedo decir es que no le creas a tu cabeza todo lo que te dice. Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Hugo y acto seguido se levantó del suelo enjugándose las lágrimas que habían formado prácticamente un pequeño riachuelo que corría hasta los pies de “Selee”. ¿Y yo Nailo? ¿Cómo olvido lo que no fue más que en mi silencio?

51


X. El amor no basta

Hugo Enrique

¿Cómo me saco el corazón que no tengo? ¿Cómo me curo el dolor que no entiendo? -Depende de ti. Entonces no tengo remedio -Claro que lo tienes ¿Qué apostarías por la vida? Mi muerte. -¿Aunque perdieras lo único que te vale para existir? -Sí. -¿Y si perdieras? “Selee” miró con complicidad a Hugo sabiendo que estaba cerca de conseguir lo que anhelaba. Hugo. ¿Valen sus ojos el dolor de ser? -¿Quién soy yo sin ellos? Ni siquiera el dolor de no ser. Entonces no me importará perder, porque en el riesgo cabe la posibilidad de aprender a amar. Nailo suspiró profundamente y sin grandes aspavientos, tocó la frente de “Selee” mientras pronunciaba el nombre de Dios con las siete letras sagradas del reino, mientras el mundo se borraba y se hacía pesado, compacto, como la lluvia, como la voz de la lluvia canturreando por última vez el nombre de “Selee” frente al despeñadero, frente al eco respondiendo: Buena suerte.

52


CAPITULO XI

XI. Sólo queda empezar de nuevo. No te vayas, no, quédate a dormir No me des un no, baila junto a mí No te vayas no, te prefiero aquí Baila por favor, goza junto a mí Gerardo Pablo –Y quédate-21

U

n rayo de sol pegó seco en la cara de “Selee”, que por alguna razón ahora se llamaba Enriquev. «Tengo un nombre» Pensó, «y un cuerpo, una nueva vida». De pronto entendió que no tenía su misma naturaleza triste, y que; ya su cuerpo no estaba formado por canciones. Era un hombre normal, tanto o más que cualquier roquero que había en el mundo. Se miró al espejo y vio una cara normal, tez morena, ojos cafés, pelo negro, todo normal. Escuchó que alguien golpeaba la puerta para avisarle que el desayuno estaba listo y contestó “si mamá”, sin pensarlo. La vida lo había separado de Hugo y de su vida pasada, ya no había mas vinculo. Cuando salió del cuarto, semi-vestido, vio que su mamá no era la figura blanca sin rostro que le acompañó en sus sueños de niño. Era una mamá de carne y

21

Una vez más hace referencia al trabajo de este cantautor.


XI. Solo queda...

Hugo Enrique

hueso22, chaparrita y que con cara de sueño lo regañaba por no haberse vestido aún. Vio su verdadera casa y regresó inmediatamente para darle un beso en la frente a su nueva mamá que ahora representaba la posibilidad de una nueva vida. Tomó su carro y siguió la dirección, sin entender lo que pasaba, pero con la certeza de que su nueva vida era real y confiando en lo que Nailo, Antonio y Hugo habían hecho para convertirlo en uno más. Sabía que tenía que llegar antes de que ella cruzara hacia las escaleras del edificio de su salón en la preparatoria. Llegó con algo de tiempo de ventaja y se recargó en la pared, esperando a que los minutos se decidieran a correr, a volar para que, Grecia, pasara frente a él. La vio, a la niña fuera del espejo, acercarse vestida en un traje sastre negro, muy arreglada y caminando a paso constante pero desacelerado. Iba revisando su bolso de piel, también negro. Poco a poco caminó hacia ella, sin saber que decir, hasta que chocaron de frente tirando por el suelo todo el contenido de la bolsa. En ese instante pasaron como destellos por su cabeza, todos los versos aprendidos en las lecturas de niño, en las tardes de la antigua música y en el caminar de su otra familia; pero algo los ató dentro de su boca y no les permitió salir.

22

En palabras de autor, “De Carne y Hueso” hace homenaje al segundo disco de Edgar Oceransky.

54


XI. Solo queda...

Hugo Enrique

De pronto no recordó ninguno, ni siquiera uno fácil y tampoco pudo construir uno especial, como lo hacía antes. Únicamente se quedó en silencio mirándola fijamente mientras pronunciaba una sola palabra: «perdón». - ¿Qué te pasó vieja? – articulo desde un costado el gorila que había ganado la batalla ante Hugo. Escuchó detrás de él y reconoció inmediatamente al ropero a quien, desde el fondo de su corazón, envidiaba por imbécil, por descerebrado, por oportuno. - No te preocupes. – la mas dulce voz escapo de los labios de, aquella que lo había escuchado tantas veces entre la penumbra y las gotas de agua. Fue la respuesta de los ojos negros más hermosos que jamás pudo imaginar desde su anterior vida. Los tres segundos siguientes fueron el regreso a la verdad que había estado buscando desde siempre y que ahora no lo reconocía. Miró con el dolor físico como ella no lo miraba y él atado a su nueva vida no podía decir nada, no podía articular palabra, hasta que en una pregunta dolorosa le alcanzó a decir: - ¿Has visto el reflejo del espejo últimamente?

Grecia lo miró con recelo y extrañeza, como queriendo recordar. Como intentando zafarse del brazo de su mastodonte que la apuraba para entrar a clase. Había ciertamente algo muy familiar en esa pregunta. Algo que le recordaba quizá que el futuro es mucho más amplio de lo que la mirada llega a copar, aunque esa mirada sea la más hermosa del mundo. - No. Últimamente no.

55


XI. Solo queda...

Hugo Enrique

Dijo mientras se levantaba y tomaba la mano del gigantón que blasfemaba más de una estupidez al aire creyendo que ella lo escuchaba y retando con la mirada al antiguo “Selee”, al fallecido “Selee”, al renacido “Selee”. Grecia trató de no mirar hacia atrás; pero la curiosidad la traicionaba, igual que la primera vez. Sonrió para ella y para “Enrique”; dejó escapar una pequeña esperanza en una mirada, como una luz que lo transportó a los atardeceres en que no tenía nada, en que no esperaba nada. Como esa mañana que de pronto lo había recibido todo. Enrique saltó por todos lados sabiendo que había valido la pena el largo viaje desde la muerte hasta su nuevo cuerpo y su nueva vida. Desde la inexistencia hasta... ¿quién lo sabía? Y caminando se fue, despidiendo los ayeres, que comenzaban a desaparecer; de las canciones extraviadas, que más bien eran chismosas porque nadie que pregunte se pierde tantos días; de la luna desvelada, que quiso ver el final del capítulo; de Hugo, que detrás de él le aplaudía con la sonrisa más amplia que pudo encontrar y; del espejo, del compañero de ella, de la imagen en la que ya no se miraría. De la nueva lluvia que al abrir los brazos cayó otra vez como si recibiera una orden. Como para recordarle que no lo había abandonado y que algún día la ventana de Grecia iba a tejer versos en su voz, en la voz de la lluvia; llevando sus palabras, cautivándola sin la tristeza de antes, dejándole recados y poemas prestados en el

56


XI. Solo queda...

Hugo Enrique

cristal, muriéndose de amor verdadero, real y lo mejor de todo es que ese día tenía que ser pronto, muy pronto. Después de todo, quizá ese era el comienzo del verdadero destino. v

Este fue, sin lugar a dudas uno de los cambios más representativos dentro de esta re-edición. Sin embargo los motivos que suscitaron dicho cambio son de los más importantes.

57


Nota Final Antes que nada quiero aclarar, que el cuento no es más que eso… un relato de un hecho que puede sucederle a cualquiera. Así mismo creo conveniente aclarar que los personajes “mágicos” que se presentan en el relato y que interactúan con los personajes “reales” son mera ficción y por supuesto no existen. La Publicación de este material ha sido apegada a las leyes, no difama, publica o muestra información sobre los personajes reales. Así mismo no ha sido publicado de manera alevosa o como herramienta de perjuicio e injurias. Los editores y yo no nos hacemos responsables de que este material sea utilizado de manera indebida, es un cuento y como tal contiene sus toques fantasiosos. También se deslinda de cualquier responsabilidad con hechos reales o personas reales… “Cualquier semejanza es mera coincidencia”. Para finalizar quiero agradecer a todos los que han prestado sus ojos a este cuento para su lectura. Dedico este presente libro a cuatro personas en especial: José Luís por su apoyo, Edgar por su cariño, Antonio por sus consejos y a Dios por darme la oportunidad de vivir. Atte. Hugo Enrique



GRECIA Y EL ESPEJO