Cuando entre una cosecha y la siguiente se deja el suelo desnudo se pierde la oportunidad de convertir la energía solar en materia orgánica. De esta forma, la red trófica presente en el suelo y en su superficie no se alimenta e inevitablemente se pierde la biodiversidad. Además, permite que se lixivien los nutrientes solubles y se erosione el suelo con la lluvia o el viento; ambos fenómenos reducen la fertilidad del suelo.