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¿La policía está para fastidiaros la vida sistemáticamente?

No forzosamente, pero a veces da la impresión de funcionar con un doble rasero: cuando parece ocuparse tanto más de los pequeños delitos e historias fáciles de arreglar, cuanto que deja hacer, sin disponer quizá de un poder real, a poderosos delincuentes que prosperan con la bendición de políticos bien colocados. Por un lado, una policía puntillosa con el hachís en los bolsillos de los jóvenes, con el control de los plazos del seguro de la scooter, del estado de los neumáticos de un ciclomotor o de los carnés de identidad de una pandilla de amigos; por otro, la misma policía que cierra púdicamente los ojos ante el soborno político, desde el ayuntamiento de una gran cuidad de provincia al palacio elíseo1, y ante la delincuencia financiera que hace estragos en las altas esferas del Gobierno. Frente a estos disparates, ¿quedan ganas realmente de defender a la policía? En principio, haríamos mal en no defenderla: ¿cómo imaginar una sociedad sin un poder armado en condiciones de hacer reinar el orden, la ley, de procurar que vivamos en un estado de derecho y no en una jungla (pensemos en ciertos espacios de no derecho en las afueras de la ciudad donde nadie entra, ni bomberos, ni médicos, ni sobre todo la policía)? Si la policía 1

El autor lo menciona así, con minúscula, nosotros podríamos hablar aquí del Palacio de La Moncloa o de la Casa/Palacio del Gobierno.

http://www.scribd.com/Insurgencia

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Antimanual de filosofia  

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