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Nota de tapa

¿Y si le aplicamos un impuesto al CO2? La eficiencia energética implica mejorar el rendimiento energético, reducir costos y minimizar el impacto ambiental. En un contexto de crisis internacional, industrias y comercios tienen a su alcance la posibilidad de optimizar el uso de los recursos energéticos que consumen. La clave hoy pasa por diversificar la matriz para que no sea tan dependiente del paradigma fósil.

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os expertos estiman que la capacidad de generación eléctrica prácticamente debe triplicarse para el 2025. Esto supone una discusión seria y responsable sobre la sustentabilidad económica y ambiental del sistema energético. Entrevistado por Prensa Energética, Sebastián Scheimberg, consultor en temas energéticos, considera que que existe un buen diagnóstico del problema energético. “Tanto el gobierno como el arco político opositor han comprendido que en el mediano/largo plazo es necesario diversificar la matriz. Ahora bien, una vez identificado el problema, no está muy claro cuáles serán las instancias para llegar al 2020 con el objetivo cumplido. Existen algunas leyes que intentan promover las fuentes alternativas, pero por un lado falta reglamentarlas, y por otro, parecieran insuficientes para una verdadera expansión de estas fuentes. En este sentido, el gobierno cuenta con un instrumento interesante de promoción, que es la nueva empresa estatal ENARSA y la propia administradora del Mercado Eléctrico Mayorista, CAMMESA. Ambas instituciones estarían en condición de licitar capacidad de energía renovable: distintas magnitudes por cada tipo de energía. Este modelo sería similar al que aplicó Brasil a través del programa PROINFA, asegurándole a los productores contratos de largo plazo por la energía despachada, y permitiéndole al inversor un retorno acorde al riesgo de la inversión”, explica. El panorama actual no es muy prometedor y en este sentido, se suma

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prensa

la crisis financiera internacional con la incertidumbre política-regulatoria local. “Argentina, como país en vías de desarrollo encuentra exacerbada la restricción de financiamiento que existe hoy día para los proyectos de infraestructura. Esto se contrapesa con un rol bastante activo que están adquiriendo las agencias de crédito multilateral. Asimismo, considero fundamental fortalecer los Organismos de la Administración Pública, dotándolos de recursos técnicos, equipamiento y planes de carrera, ya que son estos organismos los interlocutores del BID, Banco Mundial, PNUD, etc”, agrega. Además del fortalecimiento del Sector Público, Scheimberg considera que debieran promoverse el surgimiento de instrumentos financieros (Fideicomisos, Fondos de Inversión en Energías Renovables) que actuando con una mayor agilidad administrati-

va y el debido respaldo técnico-operativo, pudiera canalizar parte de los fondos pertenecientes a la clase pasiva (previamente en poder de las AFJP y actualmente administrados por el ANSES) en proyectos de larga maduración como los de las energías renovables y la eficiencia energética. Por otra parte, el surgimiento de estos instrumentos, amén de promover los proyectos limpios en beneficio de las generaciones futuras, recuperaría el rol protagónico que debe tener la Comisión Nacional de Valores y otras Agencias reguladoras públicas.

Sustentable, pero poco rentable En cuanto a la rentabilidad del negocio a nivel mundial, lo óptimo –según el especialista- sería establecer un impuesto al CO2. “Ello haría rentable las energías generadas con fuentes re-

REVISTA PENSA ENERGETICA ABRIL MAYO 2009  

RENOVABLES EL DEBATE

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