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plenitud actoral
Obediencia perfecta, donde interpreta a un cura pederasta, le llega en gran momento
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Rodrigo Araiza P.
ara Juan Manuel Bernal participar en la cinta Obediencia perfecta, inspirada en la vida del sacerdote Marcial Maciel, el cura pederasta acusado de abuso sexual por decenas de miembros de la congregación Legionarios de Cristo, ha sido uno de los trabajos más complejos a los que se ha enfrentado en su carrera. La película, que llegará a la pantalla el próximo 2 de mayo, se basa en el cuento homónimo escrito por Ernesto Alcocer, y narra la historia de Sacramento Santos, un joven seminarista que será guiado por el sacerdote Ángel de la Cruz en su trayecto para convertirse en religioso. Más allá de ser un actor que solamente se para frente a una cámara, Juan Manuel es una persona cuya profesión le exige adentrarse en los abismos de la actuación, conocer a fondo sus personajes e incluso pensar como ellos, todo con el único objetivo de ser profesional. En entrevista con EstiloDF, Juan Manuel reflexiona sobre el quehacer del actor y su responsabilidad social, además de contar cómo celebrará el próximo año tres décadas de trayectoria artística, y su visión de la muerte. ¿Crees en Dios? Sí, creo en Dios. ¿Profesas alguna religión? Soy católico, el escapulario que traigo no es utilería. Soy alguien que creció dentro de una familia católica que acostumbraba a ir los domingos a misa, e incluso fui parte de la Semana Santa, participaba en carros alegóricos en el pueblo de mi madre; era católico un poco más por tradición que por convicción, pero es curioso que en
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Mi mayor satisfacción como actor es cuando veo a un público de pie conmovido con mi trabajo. Una persona vio Antes te gustaba la lluvia y me dijo que la obra le ayudó a reflexionar para cambiar su vida; ése es mi mejor regalo
estos últimos meses, después de mi pérdida, he encontrado mucha tranquilidad y paz. Una tía nos invitó a una misa con un sacerdote moderno, y nos ha servido a mí y a mi familia para acercarnos; me di cuenta que lo necesitaba y ahora voy una vez al mes en jueves. ¿A qué te refieres con un padre moderno? Que su discurso no es anticuado; las misas a las que yo iba eran muy acartonadas, y él se para enfrente, te lee el mensaje y luego te habla en tus propias palabras; se acerca, te mira y te hace entender el discurso de la misa de manera distinta; nunca me había pasado en todos los años que llevo de
católico. Ahora voy por convicción, ya no me llevan, hay una paz después de salir de ahí. ¿De niño querías entrar a un seminario o fuiste monaguillo? No, sólo porque era güerito me escogían para estar entre los niños del Lavatorio; ni estudié en escuela religiosa, ni nada por el estilo. ¿Crees en la Iglesia como institución? Ahí sí nos podemos meter en camisa de once varas. Por lo que te cuento, no soy alguien que en este momento pueda juzgar desde dentro a una institución. Creo que hay todo tipo de seres humanos, y a las instituciones las conforman los seres humanos.
¿Cuál fue tu máximo reto de interpretar a Ángel de la Cruz? No juzgarlo, ése fue el máximo reto. Tratar de quitarle lo acartonado, los prejuicios, quitarle mis juicios morales a un personaje que habría que hacer tridimensional; el mayor reto era hacerlo humano, no quedarse en el estereotipo del malo ni del bueno, sino presentar a un personaje complejo. ¿Cómo lograste representar esa complejidad? Sin juzgarlo, estudié psicopatías, psicología. Lo más fuerte era tratar de entender desde su psique, qué pasa por la cabeza de un personaje así, porque además existen todavía hoy. Estamos contando la punta del iceberg, pero abajo hay más, por eso no quisimos personalizarlo en uno solo, ese tipo de personajes es uno y todos, no hablo de toda la institución. Lo interesante para mí es tratar de entender a un personaje así. ¿Te costó trabajo salir del personaje? Mucho. Se me dificulta salir de los personajes que más trabajo me cuesta hacer. Implica más tiempo, más dedicación, más delicadeza, esmero, cuidar todo, y lo maravilloso de este proyecto fue trabajar en equipo. Yo soy Ángel de la Cruz porque ellos me vieron como Ángel de la Cruz; si uno de esos niños no me ve así, por más que tenga la sotana, no hay manera. Me acuerdo del primer día del rodaje: era el recibimiento del líder del grupo a estos nuevos niños que llegan para ser sacerdotes, e improvisé en uno de los chiquitos que estaban hacia adelante; el director me marcó la trayectoria de la cámara y el niño se encogió, yo ya estaba en mi papel, eso hace al personaje. Ante estos personajes me desintoxico desde mis órganos hasta depurarme y ponerme en el centro, porque si no, los andaría cargando para mis siguientes proyectos.
Juan Manuel
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