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Club Náutico Hacoaj: 75 años 75 historias

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LOS CHIQUILINES DEL AÑO 35 etenta y cinco años después de aquel grupo de soñadores que creó el Club Náutico Hacoaj nos queda su memoria, su ejemplo y su obra, lo que no es poco. El Ing. Mauricio Schverlij, alma y fuerza inspiradora del nacimiento de Hacoaj, murió muy joven, en 1943, cuando la humanidad aún no se había beneficiado con el milagro de los antibióticos. De aquellos muchachos del grupo inicial, el último sobreviviente fue Israel Jacobo Jasnis, quien en la década de 1990 participó activamente en las actividades del Grupo Encuentro, que nuclea a nuestros adultos mayores. Lo hizo silenciosamente, con “perfil bajo” como suele decirse ahora. Ninguno de sus compañeros y compañeras de aquellas actividades sabía que estaban compartiendo su tiempo con uno de los fundadores de la Institución de la que formaban parte. “Israel Jota Jota”, como solía llamarlo cariñosamente Roberto Maliar escribía historias, en las que hablaba de un río cristalino y unos atardeceres infinitos en el Tigre, buenos lugares y buenos momentos para enamorarse. Si bien los fundadores ya no están, afortunadamente contamos con algunos “chiquilines del año 35”, que efectivamente recuerdan los primeros días del Club. Mario Neiman tiene un departamento en las Torres Jai, en el que vive los fines de semana. Se mudó hace poco; antes tenía otro, en la primera etapa. Sea como fuese, de uno u otro lado del puente, Mario no puede imaginar sus sábados y domingos en otro lugar que no sea Hacoaj. Hace poco encontró una vieja caja de fotos que, como suele ocurrir, disparó recuerdos entrañables. Allí están Mauricio Schverlij con su esposa Aída junto a los papás de Mario, Gregorio Neiman y Teresa Alterman, su hermana Sara, sus tíos Julio y Antonia y Salomón Kotín (cuñado de Schverlij)… Por la vegetación frondosa se nota que posan en el Tigre. En otra foto se ve a Mauricio y Julio vestidos de blanco impecable, apoyados en un muelle de madera, con la inconfundible silueta del Club La Marina, sobre el Río Luján al fondo… Mario mira las fotos como si las interrogara. En su mente intenta construir la historia que hay antes y después de ese instante congelado que nos devuelve cada imagen. Y recuerda: “La razón por la cual se fundó el club la conocemos todos… Por eso Schverlij empezó a reunir

amigos y parientes que estuvieron entre los primeros. Ahí empezaron a concurrir al Tigre, en busca de un lugar donde instalarse. Todo esto era un tremendo pastizal… A los cinco años, venía con mis padres a arrancar los yuyos… Nunca lo podré olvidar”. Luego, como casi todos, Mario remó para el Club junto a amigos de nombres muy peculiares. A un pelirrojo le decían “Colorín 613”, Elías Dyment era “El Colchonero” y él mismo “Manzanita”, porque cuando remaba, se ponía colorado. “Hace poco, en un evento, me crucé con un viejo amigo de aquellos años, el arquitecto Samuel Foster. Lo llamé por su nombre pero no me escuchó, hasta que le grité ¡Chiquito! (el hombre mide como dos metros). Recién entonces reaccionó y nos dimos un gran abrazo”. Para entender y explicar el crecimiento de Hacoaj, Mario lo compara con el Estado de Israel en los años de sus inicios. ¿Quién podía soñar que el Israel de 1950 llegaría a ser lo que es hoy? Lo mismo sucedió con Hacoaj. “No se podía pensar que el club iba a tomar la dimensión que tomó”. La comparación con Israel no es casual. Mario dedicó gran parte de su vida al trabajo comunitario, comenzando en el Maguen David Adom y siguiendo en el Keren Haiesod (a partir de la Guerra de los Seis Días, bajo el liderazgo comunitario de Roberto Maliar), Campaña Unida Judeo Argentina, DAIA, AMIA, el Keren Kayemeth y Amigos de la Universidad Ben Gurión de Beer Sheva. En determinado momento de su historia, el Club tomó un camino de identidad decididamente sionista. “Cualquiera que llega al club y ve la bandera de Israel se forma un concepto de que este es un club judío que apoya el Estado de Israel. Hace sesenta y pico de años era otra la situación del judaísmo a nivel mundial. Hoy podemos estar orgullosos de tener un Estado de Israel y hemos demostrado que nos entregaron un pedacito de desierto y hemos hecho un oasis. Digo “hemos” porque el Estado de Israel le pertenece a todo el pueblo judío. Con un espíritu similar, Hacoaj también demostró algo así porque en los años cuarenta o cincuenta no se sabía si el club iba a poder seguir. Pero hemos superado muchas crisis, de las que salimos fortalecidos”.

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