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Gustavo era un hombre adaptado a su época, que sin embargo pensaba que las cosas no solo podrían, sino que deberían ser diferentes. Convencido de ello, diseño su ambicioso Plan Marchiali para darle una lección al mundo. ¿Ingenuidad?¿Utopía?¿Locura? No, solamente ambición. Con el tiempo, el mundo se daría cuenta de que la mayor ambición que nunca pudo tener un hombre no era la de acaparar riquezas, ni poder, era sencillamente la de conseguir que el ser humano, finalmente, demostrase que realmente es inteligente. La clase política ya había tenido su oportunidad durante muchos, muchos años y había fracasado. La sociedad demandaba una reforma en profundidad de todos sus sistemas. ¿Sería el Plan Marchiali la solución? .

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“EL PLAN MARCHIALI” de Sergio Támparo

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Dedicatoria: A Conchita, donde quiera que esté, porque fue la primera persona que pensó que este libro podría existir. A Pili por haber permanecido conmigo durante los últimos veinticinco años haciendo grande la frase que en su día pronunció el sacerdote en nuestra boda diciendo “en la salud y en la enfermedad…” A Carmen porque siempre ha elevado a lo más alto el verdadero significado de las palabras amigo y socio.

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advertencia

En ésta obra aparecen nombres de personas reales, con cargos reales que sin embargo no tienen, ni han tenido nunca nada que ver con los hechos que se relatan, ya que éstos son total y absolutamente ficticios. El autor ha hecho uso de ellos con el único fin de situar la acción en un momento y en un contexto determinado. León, octubre 2010

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0 Se despertó con una sensación extraña. Se sentía como si hubiera estado durmiendo durante días, y sin embargo, no se notaba cansado, no le dolía nada, a pesar de que cuando dormía demasiado solía levantarse destrozado. Abrió los ojos y miró al frente, viendo una pequeña habitación que no le resultaba en absoluto familiar, por lo que, como si tuviera un resorte, se incorporó en la cama y girando la cabeza miró a su alrededor, confirmando que efectivamente no sabía dónde se encontraba. Se frotó los ojos como esperando, al abrirlos de nuevo, estar en un lugar conocido, pero no, la habitación seguía siendo la misma. Se levantó y se dirigió a la ventana, que, ligeramente entreabierta, dejaba entrar un gran ruido desde la calle. Cuando se asomó, reconoció enseguida –o al menos creyó reconocer– la ciudad. Pero… ¿Qué hago yo en Nueva York? –se preguntaba¿Qué día es hoy? Su confusión era tal que había momentos en que incluso dudaba de quién era. Se sentó sobre la cama apoyando las manos para sujetarse como si tuviera miedo de perder el conocimiento. 11


¡Tranquilo! Se decía a sí mismo, intentando situarse definitivamente. Todo debe tener una explicación. Sólo se trata de encontrarla. Después de unos minutos, cuando ya había conseguido que al menos las ideas que le iban aflorando no se mezclasen en su cabeza aumentando su desconcierto, se dirigió al servicio y abrió el grifo con el fin de llenar la bañera, con la esperanza de que el agua le relajase y le aclarase un poco las ideas. Mientras tanto, encendió un pequeño televisor que había sobre un mueble del dormitorio, como esperando que alguna noticia le ayudase a descubrir qué día era, ya que había perdido la noción del tiempo. El locutor narraba las noticias del día, y al relatar un hecho ocurrido el día anterior mencionó la fecha, lo que hizo que fuera ubicándose poco a poco. -Ayer 14 de Noviembre del año 2016, tuvo lugar en la ciudad de Nueva York una reunión de alto nivel en la sede de las Naciones Unidas, en la que se aprobaron definitivamente las demarcaciones que regirán en el futuro para los países de Israel y Palestina. Algo –continuaba el periodista– que muchas personas pensábamos que no llegaríamos a ver nunca. Después de décadas de enfrentamientos, por fin se ha llegado a un acuerdo definitivo que ha sido sellado en la Asamblea General de las Naciones Unidas, ante toda la comunidad internacional. -14 de noviembre de 2016 –se repetía él–… bueno sí, la fecha no me sorprende, pero ¿Qué hago yo aquí? –seguía preguntándose –.

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Siguió viendo la televisión y se sorprendió aún más según avanzaba la crónica. El propio comentarista, como si quisiera resolver sus dudas, comentaba: -Como personajes invitados en el estrado se encuentran el Sr. Barack Obama y el Sr. Ban Ki Moon ya que en realidad ellos son los auténticos artífices del milagro. Bajo sus respectivos mandatos se fueron sentando las bases para el gran acontecimiento histórico que vivimos en el día de ayer. Y aunque la firma efectiva la llevan a cabo sus sucesores en el cargo, el auténtico protagonismo se lo han ganado ellos. En estos momentos –continuaba el periodista– el Secretario General de la ONU solicita encarecidamente a los asistentes un aplauso de reconocimiento que ellos reciben agradecidos, al tiempo que se abrazan como dos auténticos colegas. La cadena continuó desarrollando la noticia mientras él se disponía a tomar el baño que se había preparado. Esperaba que una vez dentro de la bañera, y con la agradable temperatura del agua, pudiera relajarse y comprender lo que estaba sucediendo. Todo había comenzado varios años atrás.

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1 Hacía un día estupendo. Afortunadamente era fin de semana y podría disponer de un par de días para disfrutar con sus hijos. Tenía la sensación de estar perdiendo un tiempo precioso, y que además no tendría ocasión de recuperar, por lo que intentaba exprimir al máximo cada momento en su compañía. En días así, le gustaba madrugar. Se levantaba antes que los demás, salía a la calle, daba un paseo, compraba el periódico y un buen paquete de croissants recién hechos para el desayuno de los suyos, y se acercaba al bar para tomar un café. Ya lo había pedido, y se había sentado en una mesa del bar dispuesto a echar un primer vistazo a la prensa, cuando se sorprendió al ver unos grandes titulares que decían: - Gran reforma de la ONU. Las grandes potencias se

conjuran para darle mayor protagonismo y autoridad a la Organización de las Naciones Unidas. Pero si bien el titular era sorprendente no lo era menos el siguiente, que le dejó estupefacto: -La Otan se disuelve. Los países integrantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte deciden su disolución en beneficio de los Cascos Azules de la ONU. Era algo inesperado e inaudito. Conocía bastante bien los entresijos de la política internacional y de la historia – que era su 15


mayor afición - y desde luego si alguna vez en sus muchos años de trabajo había visto una noticia impactante, era esta.

Robert Malden era un viejo agente de la Cía, que había trabajado en muchos casos en colaboración con el servicio secreto Inglés. Incluso, había tenido varios casos en los que la cooperación, también con el mosad y otras agencias importantes del mundo, le habían proporcionado muy buenas relaciones con agentes de todas ellas, diseminados por todo el planeta. En la actualidad se encontraba prestando servicio en la embajada de los EEUU en España. Era perro viejo y además, por su afición a la historia estaba convencido de que era muy cierto el refrán que dice que: “los pueblos que desconocen u olvidan su historia, están condenados a repetirla”. Cuando se enfrentaba a un caso importante, una de sus herramientas principales era precisamente la historia. Estaba convencido, porque así lo había comprobado a lo largo del tiempo, de que sabiendo leer e interpretar la historia es mucho más fácil saber porqué suceden muchas de las cosas que suceden. Incluso pensaba que sería relativamente fácil prever la actuación de muchas personas y por extensión de algunos organismos.

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Por eso no terminaba de entender lo que estaba leyendo. Durante miles de años, el hombre había demostrado hasta la saciedad que una de sus principales características era la codicia, la ambición desmedida y el egoísmo. El egoísmo, el egocentrismo, la autosuficiencia del género humano eran las causantes de la mayor parte de las catástrofes que habían ocurrido y de todas, absolutamente de todas las guerras que habían sucedido en el mundo. El hombre nunca había vacilado a la hora de entrar en guerra con sus semejantes. Solamente había necesitado la coartada ideal. Alguna escusa que le pudiera servir para justificarse ante aquellos que él creía que debía hacerlo. Según el momento o el caso concreto, las guerras eran “revestidas” y “empaquetadas” con diversas excusas. Unas eran guerras santas. Otras eran motivadas por el ansia expansionista de algún emperador. Algunas se justificaban como guerras de supervivencia. Pero en el fondo la única razón común a todas ellas era el egoísmo. Egoísmo que no tolera que el otro piense de forma diferente. Que no permite que el otro prospere más. E incluso en muchas ocasiones la invasión para apropiarse de las riquezas del otro… en fin, el egoísmo. Por eso a Robert la escalada de “buenismo” –término que había oído en algún sitio y aunque no sabía exactamente qué significaba le servía para definir lo que sucedía- que estaba invadiendo el mundo no terminaba de encajarle. ¿Qué había sucedido? ¿Había alguna epidemia extraña que hiciera comportarse a los hombres de diferente forma? ¿Porqué hasta hace poco todo eran problemas y malos entendidos, que sembraban por doquier la pobreza y la 17


destrucción, y de repente todo el mundo se entendía a la perfección? Desde luego las noticias publicadas en la prensa no eran las primeras pero sí las más impactantes –y quizás trascendenteshasta el momento. No lo entendía y estaba dispuesto a averiguar la razón. Cogió la bolsa de croissants y se dirigió de nuevo a su casa. Había tomado la decisión de disfrutar del fin de semana con su esposa y sus hijos, y por mucho que cambiase el mundo no pensaba perdérselo –sonreía para sí mismo pensando que ya tendría tiempo de leer a fondo las noticias-. Decidió observar todos los acontecimientos que según él no seguían la evolución “lógica” de la historia, en busca de algún detalle que le indicase el camino que debía seguir para desentrañar aquel misterio. Estableció contacto con algunos colegas de otros países y con algunos diplomáticos, con los que mantenía una estrecha relación, con el fin de averiguar discretamente si era él el único que veía esas incongruencias. Su sorpresa fue mayúscula cuando comprobó que había varios que estaban tan estupefactos como él. Con diversas excusas realizó algunas llamadas y organizó algunos encuentros, en los que comprobó que también ellos se encontraban ciertamente desconcertados con el discurrir de los acontecimientos. En sus respectivos países se habían encontrado con hechos, la mayor parte de ellos de carácter político, que no estaban de acuerdo con la habitual forma de actuar y el carácter de los políticos del lugar. 18


Pero sobre todo había ciertos acuerdos a nivel internacional que les habían sorprendido sobremanera, como por ejemplo que después de varios miles de años de enfrentamientos, guerras santas y problemas de toda índole, de repente los mundos católico y musulmán firmaran una especie de tregua cargada de buenas intenciones. Simplemente era inaudito. ¿Sería responsabilidad de los respectivos líderes religiosos del momento, o habría alguna otra razón? No lo veía claro. Por eso se propuso investigar y seguir de cerca todos los acontecimientos a la espera de encontrar el detalle que le permitiera desvelar el misterio. Comenzó a elaborar un dossier en el que guardaba todo tipo de información, como recortes de prensa, artículos y noticias emitidas por televisión, radio, internet, etc. incluso notas manuscritas relatando cualquier detalle que pudiera servir para desentrañar el ovillo. Eran tantas las preguntas que se le agolpaban en la cabeza que Robert no estaba dispuesto a perder ni un minuto más para averiguar lo que estaba sucediendo. Y no era porque le molestasen los cambios y deseara que las cosas siguieran como estaban. Estaba de acuerdo en que la sociedad necesitaba muchos cambios. De hecho su trabajo estaba más que justificado precisamente por el hecho de que las cosas, demasiadas cosas, no funcionaban como debían. Pero el hecho de que el cambio fuera tan brusco y extendido a tantos asuntos diferentes era lo que le creaba una cierta ansiedad. ¿Qué estaba sucediendo? 19


Lo que estaba claro era que su deseo de saber la causa no obedecía ni mucho menos a un exceso de celo en su trabajo, no era por la presunción de que en el fondo existiera un delito que por su profesión debiera tratar de evitar, sino al contrario, simplemente deseaba saber el porqué. Su intuición de agente secreto le decía que detrás de todo lo que estaba sucediendo tenía que haber algo grande. Muy grande.

Se puso en contacto con James Stewart, que, aunque tenía el nombre de un gran actor de cine, en realidad se dedicaba a la diplomacia. Había sido embajador de Inglaterra en los Estados Unidos hacía algunos años y Robert había tenido la misión de protegerle, y eso había hecho que naciera una gran amistad entre ambos. Durante ese tiempo habían vivido muchas cosas tanto buenas como malas. La convivencia había llegado a ser tan intensa, que compartían más tiempo entre ellos que con sus respectivas familias. Después de que su trabajo les separase al regresar el diplomático a Inglaterra, habían mantenido la amistad y un contacto relativamente frecuente. Sus respectivas familias habían aumentado y afianzado su relación, de modo que cualquier excusa era buena para reunirse, aunque por las circunstancias hacia un par de años que no lo hacían. Por eso Robert no había dudado en ponerse en contacto con James con el fin de averiguar si estaba tan inquieto como él. 20


El diplomático se encontraba en su despacho de Londres preparando, junto a sus colaboradores, un viaje a Bruselas. Su nueva actividad como Eurodiputado le hacía moverse con mucha frecuencia por el viejo continente. Cuando levantó el teléfono y oyó la voz de su viejo amigo y guardaespaldas, su cara se cubrió con una sincera sonrisa al tiempo que decía: - Caramba Malden, cuánto tiempo sin escuchar tu voz. ¿Qué es de tu vida? - Muy buenas tardes amigo James –respondió a su vez el americano– hace mucho tiempo que no hablamos y bastante más que no nos vemos. - Ya – contestó James – la verdad es que desde que estoy en el Parlamento Europeo tengo muy poco tiempo libre, y además siempre estoy viajando de aquí para allá. En fin, un tostón. - Pero ¿a qué se debe tu llamada? Espero que todo esté bien. ¿qué tal tu esposa? ¿y tus hijos? – seguía preguntando para asegurarse de que solamente era una llamada de cortesía. - Bien, tranquilo, todos estamos perfectamente – respondió Malden para tranquilizar a su amigo – el motivo de la llamada es otro. - Verás…– titubeó – supongo que estarás al corriente de los nuevos acontecimientos. Sobre todo desde el puesto que desempeñas en la actualidad tendrás un punto de vista bastante más claro que el mío. - ¿A qué acontecimientos te refieres? – preguntó el inglés. - Me refiero a la oleada de acuerdos internacionales de carácter político, económico e incluso religioso que se han producido en los últimos meses. Tú sabes – continuó – que una de 21


mis grandes pasiones es la historia, sobre todo en lo relativo a la política, la economía, etc., y todo lo que está sucediendo me ha roto todos los esquemas. - Hombre – continuó el inglés un poco extrañado por el comentario – la verdad es que no me había parado a pensarlo de ese modo. Quizás la propia alegría que me han producido estos hechos me ha impedido ver nada extraño en ellos. Lo cierto es que sí, últimamente se han cerrado una serie de acuerdos que llevaban un montón de años dando problemas a todo el mundo diplomático. -Pero… ¿no estarás insinuando que hay algún tipo de conspiración por ahí? –preguntó a su amigo con un poco de guasa-. Además, la teoría de la conspiración iba precisamente en sentido contrario ¿no es así? -Ya, pero precisamente porque quiero contrastar esta opinión con otra gente entendida, como tú, es por lo que te he llamado. Te he enviado hace un rato un correo electrónico con una serie de datos que me gustaría que comprobases. Te ruego que analices las cosas que te menciono en él y después charlemos sobre el tema. ¿Te parece? Tú sabes – insistió Malden – que no soy ningún paranoico de las conspiraciones. Suelo tener los pies en el suelo, entre otras buenas razones porque en mi profesión esa es la única forma de mantenerse con vida. Por eso te ruego que te tomes en serio mi petición. - De acuerdo amigo, no te preocupes, simplemente me habías pillado ligeramente desprevenido. Pero ya te digo que bien mirado, sí es una coincidencia un poco curiosa. Examinaré lo que me has enviado y estaremos en contacto. - De acuerdo James, gracias de antemano, y sobre todo da un fuerte abrazo a tu familia. Y a ver si nos reunimos pronto, que ya echo de menos las barbacoas que hacíamos cuando estabas aquí. 22


- Pues sí, Malden, tienes razón, debemos recuperar aquellos tiempos. Y tras despedirse amigablemente, James se dirigió a su ordenador con el fin de examinar su correo electrónico, impaciente y curioso, para ver la información que le había enviado su amigo. Una vez que los numerosos correos que le llegaban se hubieron descargado, comprobó que efectivamente tenia uno de su amigo Malden, y lo abrió, dejando el resto para examinarlos más tarde. En el e-mail recibido, su amigo le relacionaba una serie de hechos que se habían producido recientemente: -Acuerdo de los Estados Unidos con la Unión Europea en materia de comercio, que hacía desaparecer los aranceles para el tráfico de todo tipo de mercancías. -Aceptación y firma por parte de los EEUU del tratado de Kioto, y todos los acuerdos posteriores, en materia de protección del Medio Ambiente y Cambio Climático. -Preacuerdo entre EEUU y la Unión Europea, para levantar el embargo económico impuesto a Cuba en 1962, con el significado simbólico que ello suponía. -Acuerdo de colaboración tecnológica entre la Unión Europea y EEUU con los países productores de petróleo, con el fin de optimizar y rentabilizar al máximo la producción y distribución de crudos. -Reunión al más alto nivel entre el Papa y el líder Musulmán con el fin de establecer reglas de buen entendimiento y convivencia entre ambas creencias.

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Así como diversos acuerdos de tipo interno, en países de primer orden, que se habían cerrado después de muchos intentos por parte de los diferentes gobiernos y que en algunos casos se habían pospuesto indefinidamente por la falta de consenso de su clase política. James estudió los antecedentes de cada uno de los casos que le había indicado su amigo y a medida que iba avanzando en el estudio se iba dando cuenta de que realmente había algo extraño. Asuntos que durante años habían enfrentado a países de intereses totalmente opuestos, de repente se comenzaban a solucionar a través de un pequeño número de reuniones – eso sí, al más alto nivel – que dejaban entrever un trabajo diplomático de una intensidad poco usual también. Después de varias semanas desde la llamada de Malden, en las que James no sólo se había dedicado a estudiar los casos indicados en el e-mail, sino también algunos que él mismo había detectado, y después incluso de haber comentado el hecho con algunas personas de su confianza, decidió devolver la llamada a su amigo. -Buenos días Malden -le saludó convencido de que el cambio horario haría que estuviera aún durmiendo – yo creo que ya va siendo hora de levantarse ¿no? -Buenos días James. – Contestó el agente - Veo que sigues tan gracioso como siempre ¿eh? pero siento desilusionarte, hace algo más de un año que estoy destinado en España, en la embajada Americana. -Ah, pues me alegro – respondió el inglés - no es mal sitio para vivir. Seguro que estarás bien. -Malden continuó, impaciente por saber lo que su amigo tenía que decirle - Supongo que tienes algo que comentarme sobre lo que te pedí. 24


-Pues sí, he estudiado a fondo la información que me enviaste – le respondía el inglés – incluso he añadido algún caso de mi propia cosecha. -¿Y bien? – Continuaba impaciente Robert Malden - ¿tenía yo razón? ¿No crees que son demasiadas casualidades? ¿No te parece increíble? ¿A qué puede deberse todo eso? - Sí, sí, espera un momento, no te aceleres – le detuvo su amigo - . Sí, realmente he detectado algo anormal e incluso lo he comentado con algunos colegas y amigos, siempre discretamente por supuesto, y me he dado cuenta de que algo está pasando. -¡Y vive Dios que no sé lo que es! ¡No me lo explico! – Se manifestaba irritado – ¡y yo que pensaba que en el mundo diplomático ya lo había visto todo! -Pues ya ves que no – continuó el americano – y yo estoy dispuesto a averiguar a qué se debe todo esto. No sé cómo, pero tengo que averiguarlo. Y me gustaría contar con tu colaboración. No quiero comprometerte a nada, pero sabes que considero muy valiosas tus opiniones. Y sobre todo en asuntos de este calibre. Por favor, piénsalo – le rogaba. -Hombre Malden ¡eres un capullo! – Le respondió simulando estar enfadado –. Después de que me has picado la curiosidad haciéndome ver todo lo que he visto ¿crees que serías capaz de apartarme del asunto? Has conseguido que esté tan interesado como tú. O quizás más. -No sólo puedes contar con mi colaboración sino que te ruego me consideres miembro de tu equipo. Si es que piensas formar un equipo, que por lo que te conozco estoy seguro de que sí. -Perfecto James, no esperaba menos de ti. Aún no he pensado lo del equipo, pero no te preocupes, que estaremos en contacto y te mantendré informado de todos mis progresos en el asunto. Y espero que tú también me comuniques todo lo que descubras. Estoy seguro de que aquí hay mucha “tela que cortar”. 25


-De acuerdo Malden, de momento examina documentación que te he enviado, y ya hablaremos.

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Y con un cariñoso saludo, y el encargo de un fuerte abrazo para sus respectivas familias quedaron emplazados a continuar con la investigación que acababa de empezar. Robert Malden estudió con verdadera fruición los datos que le habían enviado desde Inglaterra. Los detalles que le aportaba su amigo no sólo corroboraban sus impresiones sino que además las enriquecían sobremanera al clarificar aún más sus dudas de agente secreto. Parecía que todos los mandatarios, o al menos los más importantes del mundo hubieran hecho un pacto extraño en aras de conseguir una sociedad mejor. -Si no fuera porque todo eso entraba de lleno en el terreno de la utopía, sería fantástico – pensaba Malden - ni siquiera en los cuentos más fantásticos ni en las películas de ciencia ficción se había planteado nunca una posibilidad semejante. Al contrario, el cine e incluso la literatura planteaban un futuro más bien negro para la humanidad. Una vez que hubo “clasificado y procesado” toda la información de la que disponía, pensó que no sería mala idea tener una reunión personal con su amigo James y no dudó en llamarle para proponérselo. -Por supuesto que sí – respondió el inglés sin disimular el agrado que le producía la idea – además ahora que nos encontramos los dos en Europa será mucho más sencillo. Solamente tenemos que organizarnos. -Pues me parece fantástico James, y creo que debes ser tú el que marque un poco la pauta. Quiero decir que como tú eres el que más viaja por toda Europa, consulta tu agenda de las próximas semanas y veremos si podemos coincidir en algún sitio cercano para ambos. ¿no te parece? 26


- Claro que si –le respondió– pero contéstame a una pregunta: ¿tu trabajo en la embajada Americana te permite desplazarte, o deberás disponer de tu tiempo libre? -Depende, por eso te decía que consultases tu agenda. Yo tengo que viajar también a menudo, pero mi zona de influencia es más limitada que la tuya. Se circunscribe esencialmente al ámbito de actuación del Embajador. - Pues mira lo que haremos –siguió hablando el Eurodiputado –, yo trataré de hacer coincidir algún viaje a Madrid con cualquier excusa y allí podremos vernos y charlar tranquilamente. -De acuerdo, lo dejo en tus manos –contestó el agente-, con que me comuniques la fecha con unos días de antelación, ya organizo yo mi trabajo. A no ser que coincida con algún evento importante de la embajada, no habrá problemas, pero en cualquier caso estaremos en contacto. -Perfecto –zanjó el inglés– pues espera mi llamada en unos días y prepárate, pues tengo bastantes más datos que te asombrarán. Después de hacer algún que otro malabar con su agenda, el Eurodiputado se las había arreglado para poder asistir a una cumbre sobre Creación y Gestión de Empresas que se celebraría en Madrid varias semanas después. Por otra parte, no era difícil cursar una invitación oficial a un miembro de la Embajada Americana en España para asistir a las cenas protocolarias de dicha cumbre. Una vez que las presentaciones oficiales se habían realizado, y que todos habían cumplido con lo que se esperaba de ellos, Robert y James se las arreglaron para tener unos minutos a solas mientras degustaban una buena copa de brandy. El saludo fue tan efusivo como era de esperar entre dos buenos amigos que hacía tiempo que no se veían. -¿Caramba James, que bien te conservas! – comentó el americano al tiempo que observaba a su amigo – si no fuera 27


porque sé a qué te dedicas, juraría que el trabajo te está matando. Has perdido un montón de kilos. ¿Cómo lo has hecho? - Hombre, llegando a una determinada edad, ya sabes, o te cuidas, o puedes tener muchos problemas de salud –le contestó mientras le preguntaba también– ¿y tú? Veo que sigues en forma, como siempre. Bueno, tú siempre te cuidaste más que yo ¿verdad? -Mi trabajo me exige mantenerme en forma –contestó Malden– no puedes jugártela por ahí sin estar preparado. Y una vez que ambos habían comprobado que sus respectivas familias también estaban perfectamente, continuaron hablando del motivo por el que habían organizado aquella reunión. -Malden, tenías razón. Ya has visto la información que te envié. Hay algunas cosas que no encajan, y me gustaría que hablásemos más a fondo del tema. Me he organizado de forma que cuando finalice la cumbre podré quedarme en Madrid un par de días más, alegando asuntos personales, así que ahora disfrutemos de la fiesta que ya tendremos tiempo de hablar. ¿No te parece? -Perfecto –afirmó el americano–, además tienes que contarme muchas cosas de todo el tiempo que hace que no nos vemos. Y se dirigieron de nuevo a la fiesta, con la intención de disfrutar lo más posible de una cena que a priori parecía ser muy aburrida. Al margen del motivo que les había llevado a reunirse en la cumbre de Madrid, aprovecharon la ocasión para participar en sus actividades, integrándose y conociendo a las personalidades que allí se reunieron.

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Empresarios de alto nivel, ejecutivos de empresas públicas y funcionarios de la administración, eran entre otros muchos los hombres que participaban en el evento, y sobre todo a James Stewart le interesaba sobremanera establecer esos contactos. En más de una ocasión había bromeado con el hecho de que la vida política no era eterna, y era bueno tener amigos en las altas esferas económicas, por si acaso. Además de las aburridas reuniones técnicas entre profesionales de los diferentes países asistentes, también se celebraron un par de conferencias sobre temas de actualidad. Entre los conferenciantes había uno que al diplomático le llamó mucho la atención. Se trataba de una persona que hablaba de la economía de una forma poco habitual. O al menos no de la forma en que James estaba acostumbrado a oír hablar a otros oradores, y había oído a muchos. Planteaba la economía como un elemento indisoluble de la política, la sociología, la justicia… Para él todo se podría reducir a un término, remedando a los diez mandamientos que se resumen en uno: La vida. Su planteamiento por simple era fantástico, los diferentes aspectos que rigen o gobiernan nuestra vida están demasiado desvinculados unos de otros. No es posible –en opinión del orador– que los políticos, los economistas, los empresarios, etc. se dediquen a hacer “la guerra” por su cuenta, defendiendo ciertos intereses sectoriales sin contar con el resto de las actividades humanas. Absolutamente todas estas actividades están tan interrelacionadas que todas influyen en la calidad de vida –o falta de ella- de todos los ciudadanos. Durante la disertación de este hombre, James estuvo observando tanto su forma de expresarse hablando, como su 29


forma de gesticular y comportarse en el estrado. Le pareció una persona con una elegancia que no era normal en un empresario. Se le antojaba que debía tener una formación y unas inquietudes poco comunes. No cabía duda de que le había impactado. Cuando la conferencia hubo terminado, no dudó un instante en dirigirse a él y entablar una pequeña conversación privada. -Muy Buenas, Señor… - se dirigió al orador ofreciéndole su mano-. -Gustavo –le contestó el conferenciante mientras se la estrechaba– Gustavo Vázquez. -Sí, Gustavo, encantado de conocerle, mi nombre es James Stewart, y soy Eurodiputado por Inglaterra; simplemente quería presentarme y felicitarle por su intervención. Me ha parecido de una inteligencia y una elegancia inusitada en el mundo empresarial actual. Por desgracia. Yo creo que tiene usted mucha razón, si nos planteásemos la vida como un todo, seguramente muchas cosas funcionarían mejor. -Le agradezco su opinión. Desde luego que si –continuó Gustavo Vázquez– muchas veces en un sector se producen una serie de sinergias que podrían ser utilizadas de forma óptima por otros sectores, pero por prejuicios estúpidos, por un concepto erróneo de la competencia y por mala organización, se pierden sin beneficiar a nadie. - Lo que es curioso es que una persona como Vd. dedicada a la política tenga un interés tan especial por las cosas de la economía –se preguntaba el orador-. -Mi interés no es estrictamente por la economía, ni la política, ni ninguna otra actividad en especial. –contestó JamesYo creo también que todo debería de estar bastante más conectado. La vida en realidad es el conjunto de todas ellas, no 30


pueden tratarse independientemente, porque entonces es cuando se producen los desfases y las crisis que todos conocemos. -Es como si en un coche –esperaba que el ejemplo reflejase fielmente su opinión– el sistema eléctrico fuera diseñado por un ingeniero, el motor por otro, la carrocería por otro y así sucesivamente sin control ni coordinación alguna. A la hora de ensamblar el vehículo el resultado sería una maquina inservible totalmente. Pues en la vida sucede lo mismo. Así, durante un buen rato, estuvieron charlando sobre el tema de la conferencia, llegando cada uno de ellos a la conclusión de que había valido la pena. Por un lado el conferenciante se mostró satisfecho de que sus opiniones hubieran calado entre los asistentes, y por otro lado el político comprobó que se mantenía en forma, en cuanto a las corrientes de pensamiento del momento. No obstante había detectado en Gustavo Vázquez algo misterioso que no alcanzaba a comprender. -Bueno –pensó– supongo que impresionado.

simplemente me ha

A lo largo de los dos días que James permaneció en Madrid mantuvo varias reuniones con su amigo Malden, en las que pusieron en común todos los datos de los que disponían en torno a la “oleada de buenismo”, como decidieron denominar a la situación que estaban viviendo. Aunque seguían sin encontrar una explicación lógica a los acontecimientos que se iban sucediendo, lo que sí fueron capaces de determinar era que realmente pasaba algo, que no era una reacción paranoica a una situación inesperada.

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-Ahora debemos plantearnos cómo averiguar el porqué de todo esto –afirmó Malden. -Desde luego que sí –contestó James– yo por mi parte usaré todos los resortes que me pueda proporcionar mi cargo en la Unión Europea, afortunadamente tengo muchos contactos que me podrán facilitar mucha información. -De acuerdo, pero no olvides que lo más importante es la discreción – repuso Malden – al menos hasta que sepamos a qué nos tendremos que enfrentar. -Por supuesto Malden, recuerda que mi profesión es la diplomacia, no tengas miedo. -Por cierto -continuó el inglés–, también me apetecía comentar contigo el desarrollo de la cumbre. Realmente había personajes interesantes ¿no crees?. A mí, personalmente, me agradó mucho la intervención de Gustavo Vázquez, el empresario. Me pareció una persona muy cabal y con unas ideas bastante interesantes. -Pues sí. Aunque no tuve ocasión de hablar personalmente con él, su conferencia me pareció muy positiva. -Pues yo sí charlé con él unos minutos – relataba James – y te aseguro que me sorprendió la forma de hablar y de plantear algunos de los problemas que habían surgido durante su intervención. Ciertamente creo que si el mundo empresarial contase con más personas como él, posiblemente las cosas irían mucho mejor. Además, por los comentarios que he oído a otras personas sobre él, creo que mi opinión no es muy desacertada. -Ya lo sé James –continuó Malden– la verdad es que a veces se pregunta uno dónde están metidas todas esas personas sensatas, que, si trabajasen en equipo, podrían hacer mucho bien para todos. - Pues no lo sé, pero de una cosa sí estoy seguro, la sociedad está viviendo una etapa que no puede ser muy duradera sin que 32


sus consecuencias sean irreparables -sentenció el diplomático-. Y precisamente volviendo a lo nuestro, creo que debemos de informarnos exhaustivamente de todo lo que está sucediendo. Debemos ante todo ser discretos. No sabemos qué es ni quién está detrás de todo esto. Y eso puede ser peligroso ¿no crees? -Desde luego que sí –contestó el agente-. Lo que debemos hacer es vigilar y controlar detalladamente nuestro entorno. Afortunadamente, gracias a nuestro trabajo, los dos estamos en situación de averiguar muchas cosas sin levantar sospechas. Transcurría el último día de estancia de James en Madrid. Después de ultimar algunos detalles de sus planes había pensado disfrutar de una agradable cena con su amigo Malden y su familia, y rememorar viejos tiempos, aunque su propia familia se encontrase en Londres. Sin embargo a media tarde recibieron una nota, a través de un mensajero, que les cogió un poco por sorpresa. La nota en cuestión era una invitación a la cena que esa noche se celebraría en el hotel Meliá Castilla y organizada por el Círculo de Empresarios de Madrid. Aunque la invitación iba dirigida al Sr. James Stewart, miembro del Parlamento Europeo, en la misma se indicaba que era extensible a dos personas, por lo que decidieron que Malden fuese su acompañante. En realidad no sabían la sorpresa que les esperaba en la cena. Cuando hacían su entrada en el salón, comprobaron que la persona que estaba realizando las labores de anfitrión no era otro que el conferenciante que tan buena impresión les había causado hacía un par de días.

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-Buenas noches –les saludó amablemente Gustavo Vázquez–, me alegro mucho de que haya podido aceptar nuestra invitación Sr. Stewart. Creo que será una cena interesante. -Estoy seguro de ello –contestó el diplomático al tiempo que estrechaba la mano de su anfitrión– y le agradezco mucho su invitación. Como en ella decía que podría traer compañía, y dado que mi esposa se encuentra en Londres me he permitido hacerme acompañar por un amigo, espero que no le importe. -En absoluto, Sr. Stewart, además el Sr. Malden siempre será bien recibido, se que estuvo en mi conferencia de la cumbre pasada y le agradezco también su presencia esta noche. -Muchas gracias Sr. Vázquez –contestó Malden al tiempo que saludaba también a su anfitrión agradablemente sorprendido por el detalle– estoy seguro de que será una noche estupenda. Después de este recibimiento en el que todo fueron halagos y parabienes de unos a otros, el empresario se dirigió a dar la bienvenida a otros asistentes a la cena. Por su parte James y Malden se dirigieron a la mesa en la que se había instalado un pequeño lunch de bienvenida y cogieron sendas copas de champán. Inmediatamente se dispusieron a saludar a las numerosas personas que allí se encontraban, haciendo gala de sus dotes diplomáticas y sociales. También conocieron a algunas personas que parecían estar muy integrados en el grupo. Entre ellas destacaba el filósofo Eduardo Echevarría. Era una persona conocida y respetada por su obra tanto en Inglaterra, como en los Estados Unidos, sin embargo no terminaban de comprender el porqué de su presencia en la cena ya que pensaban que era un evento de carácter estrictamente empresarial. Sin embargo, cuando en el transcurso del mismo, Gustavo Vázquez se lo presentó como un gran amigo y colaborador suyo 34


comprendieron que realmente no desencajaba tanto como en un principio podía haberles parecido. Si se conceptúa la filosofía como una forma de ver la vida y los pequeños detalles que la conforman, desde luego su presencia no sólo no desentonaba, sino que además podría ser el elemento que hiciera que los pragmáticos y sesudos empresarios pusieran realmente el pie en el suelo. Había sido un acierto –aunque de momento no sabían de quien– que les hubiera tocado cenar en la misma mesa. Sin embargo la mayor sorpresa de la noche no sería precisamente la de conocer quién era el anfitrión de la fiesta. La conversación fue muy interesante. Gustavo demostró que además de sus grandes conocimientos sobre economía, tenía también unas grandes dotes como moderador. Con una habilidad extraordinaria, se las arregló para que todos los comensales reunidos a su mesa – ocho en total– hablasen sin ninguna cortapisa sobre temas de actualidad. Lo que más impresionó a James y a su amigo Malden fue que Gustavo no solamente se limitaba a introducir el tema de la conversación, sino que los asuntos sobre los que más parecía estar interesado eran precisamente aquellos que les habían llevado a ellos a reunirse en Madrid. Malden y James no podían evitar cruzarse algunas miradas incrédulas cada vez que un asunto de los que a ellos les había preocupado tanto surgía como tema de debate. El resto de los comensales comentaban con toda la naturalidad del mundo los acontecimientos, manifestando la gran satisfacción que les producían los hechos. Entre ellos había alguno que parecía tener una conexión especial con el anfitrión. Ramiro Álvarez Villapadierna era un conocido economista que incluso había sido ministrable en más de una ocasión para ocupar la cartera de Hacienda.

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Entre él y Gustavo existía, sin duda alguna, una relación más estrecha –incluso amistosa– que con los demás comensales. Entre los dos parecían estar escrutando los comentarios que eran vertidos por los demás. En algún momento que pudieron cruzar algunas palabras entre ambos, Malden y James comprobaron que los dos tenían la misma sensación, pero también lo achacaron a la posibilidad de que sus respectivas profesiones les hicieran ser demasiado suspicaces. Lo realmente cierto es que la cena fue muy interesante. No sólo por las personas a las que tuvieron la ocasión de conocer, sino también para comprobar que seguramente ellos no eran los únicos que habían detectado algo raro en los últimos meses. Desde luego, ellos no se contuvieron en absoluto a la hora de dar su opinión al respecto y dejaron bien claro que les parecía extraño que todos esos sucesos se produjeran en tan corto espacio de tiempo. El resto de los contertulios no dieron importancia a esas suspicacias, excepto el anfitrión y su amigo. Cuando la cena había concluido, y prácticamente todos los invitados se habían ido, Gustavo Vázquez se dirigió a James: -Sr. Stewart, espero que la cena haya sido de su agrado, yo creo que ha sido muy interesante ¿no le parece? -Desde luego que sí Sr. Vázquez, ha sido espléndida, y no sólo por la cena en sí, sino también por la compañía, la conversación, etc.; yo diría que ha sido perfecta –contestó el diplomático en un intento de darle a entender que realmente estaba satisfecho– y le felicito por ello. - Bueno, no es sólo mérito mío – contestó Gustavo – yo solamente soy el promotor, detrás hay un gran equipo que ha realizado un gran trabajo de organización. -Pues debe usted felicitarles en mi nombre, y estoy seguro de que el resto de los asistentes son de la misma opinión. 36


-Descuide, que lo haré - continuaba Gustavo–, pero yo creo que una noche tan perfecta debería tener el colofón adecuado ¿no cree? Algunos amigos nos vamos a reunir en una sala privada para tomar la última copa y nos consideraríamos muy honrados si aceptasen acompañarnos. James dirigió su mirada hacia su amigo Malden y como si se tratase de alguna seña acordada de antemano contestaron casi al unísono. -De acuerdo – y Malden continuó – y les agradecemos su confianza. Estaremos encantados de tomar esa última copa con ustedes. Una vez todos de acuerdo, se dirigieron a la sala privada en la que ya se encontraban los demás. Entre ellos, solamente fueron capaces de reconocer al Sr. Villapadierna y al filosofo Eduardo Echevarría. En la sala se encontraba otra persona que, aunque no la reconocían como asistente a la cena, a Malden sí le resultaba cara conocida, pero no sabía por qué. Al entrar se produjeron los saludos, y fue cuando Gustavo les presentó al desconocido como Sr. Encinas, periodista y locutor al que Malden estaba acostumbrado a escuchar en la radio, y cuyas opiniones le merecían el mayor de los respetos. -Encantado Sr. Encinas – le saludó – he de decirle que soy un asiduo oyente de su programa. Creo que es uno de los más independientes que se pueden oír hoy día en la radio española. Enhorabuena a usted y a sus colaboradores. -Muchas gracias – contestó Encinas – la verdad es que tratamos de ser todo lo independientes que podemos, y eso sólo se consigue con profesionalidad y responsabilidad. Les haré llegar su felicitación, que no dude les agradará.

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Después de realizadas las presentaciones, se sentaron alrededor de una pequeña mesa en la que ya estaban preparadas las copas de cava. El anfitrión levantó su copa, invitando a los demás a hacer lo mismo, y sin más, realizó un brindis: -Por el éxito de la cena. Creo que tanto la cumbre de los pasados días, como la cena de hoy, han demostrado que existen muchas personas con las que se puede contar en momentos especiales -brindó Gustavo, seguido por el resto de los asistentes. En un principio tanto James como Malden no entendían el verdadero significado de las palabras de Gustavo, pero a lo largo de la noche descubrirían que ellos eran los verdaderos destinatarios de las mismas. La conversación se inició hablando de temas generales e intrascendentes para romper el hielo. Cuando ya habían pasado unos minutos, fue el locutor, Encinas, el que se dirigió directamente a James, no sin antes lanzar una mirada directa a Gustavo como si tratase de obtener su conformidad. -Bueno, Sr. Stewart y Vd. ¿qué opina sobre la conversación que hemos mantenido durante la cena? Ciertamente eran temas muy importantes sobre los que estoy seguro de que usted tiene una opinión muy concreta ¿me equivoco? -De hecho si estamos aquí reunidos - continuaba – es precisamente porque hemos pensado que sus opiniones, las de ambos – puntualizó, queriendo expresar que, aunque en ese momento se dirigiese personalmente al diplomático, la pregunta era para los dos – son importantes. -Efectivamente, Sr. Encinas, creo que los temas que se han tratado durante la cena son, no sólo importantes, sino de una 38


gravedad extrema –respondió el inglés, consciente de que el término empleado daría a sus anfitriones la medida de la importancia que tenía para ellos– como ustedes han comprobado durante la conversación, me parece que lo que ha estado sucediendo es de una trascendencia que de momento es muy difícil de valorar. -Pero eso no significa que sea malo ni perjudicial –se apresuró a asegurar Malden– no cabe duda de que estamos ante lo que parece ser la revolución más importante desde que el hombre es capaz de organizarse en grupos. James y Malden observaban estupefactos a sus compañeros de tertulia. No tenían ni la menor idea de lo que estaba sucediendo allí. Sus anfitriones parecían saber mucho más de lo que parecía sobre los asuntos que ellos llevaban tiempo investigando. Y sobre todo lo que más les inquietaba era ¿Por qué estaban ellos allí? ¿Por qué les habían invitado a esa reunión? ¿Qué esperaban de ellos? Eran tantas las preguntas que se les agolpaban en la cabeza, que estaban dispuestos a no salir de allí hasta que tuvieran algunas respuestas. Gustavo se dirigió a ellos con el fin de tranquilizarles y de situarles un poco dentro del “terreno de juego”. -Desde luego que no es perjudicial, de hecho todos los sucesos que hemos comentado son extraordinariamente positivos –continuó Gustavo– y yo creo que eso es precisamente lo que a ustedes les ha llamado la atención ¿no es así? -Efectivamente – respondió escuetamente Malden y dejó que su anfitrión continuase-. -Desde siempre, hemos asistido a episodios en los que la avaricia y la ambición de poder han hecho de las relaciones internacionales un campo de batalla permanente. 39


Los pueblos han visto como, a lo largo de la historia, sus dirigentes, uno tras otro, han pensado en sus propios intereses antes que en los de sus ciudadanos –seguía disertando Gustavo– por no hablar de dictaduras y regímenes totalitarios que han proliferado por el planeta como si de setas se tratase. -¿Qué estarían dispuestos a hacer ustedes para solucionarlo? suponiendo, claro está, que tuvieran oportunidad de hacer algo –preguntó Gustavo-. Los dos invitados no acertaban a comprender el alcance de la pregunta. ¿Se trataba de una pregunta retórica y sin más trascendencia o realmente pretendían proponerles algo? -Hombre… yo no sé qué podría hacer –contestó James–, pero desde luego, de lo que estoy convencido es de que la sociedad está, o quizás debería decir estaba, entrando en un estado de cosas que no podría mantener durante mucho tiempo. La recesión económica, las desigualdades entre el primero y tercer mundo, el cambio climático…, son una serie de circunstancias que dan la sensación de que el vaso de las calamidades está a punto de rebosar. -Y alguien debería de tomar cartas en el asunto si no lo ha hecho ya –afirmó Malden observando fijamente a sus compañeros de tertulia como queriendo captar algún indicio de algo, aunque no sabía exactamente de qué – . Ramiro, el economista, había estado callado y observando detalladamente las reacciones de sus invitados. Se había dado cuenta de que éstos estaban un poco despistados, sobre todo en lo que se refería a su presencia allí, por lo que no dudó en profundizar un poco más en el asunto contando desde luego con la aprobación de Gustavo Vázquez.

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-Verán ustedes, llegado este punto creo que podemos hablar sin tapujos – comenzó a hablar Ramiro –. Existe un grupo de personas que ha decidido que se debía intervenir con el fin de poner coto a todos los desmanes protagonizados por los principales mandatarios del planeta. En estos momentos no podemos ni debemos revelar más detalles sobre ello, pero sí deseamos decirles algo importante… – y se calló, con el propósito de que fuera Gustavo el que terminase de contarles la historia. -Efectivamente – retomó Gustavo Vázquez – solamente deseamos indicarles que hemos detectado su interés por todo lo que estaba sucediendo. Hemos estudiado su trayectoria y hemos llegado a la conclusión de que podrían ser buenos candidatos a formar parte del grupo. James y Malden cruzaron una serie de miradas que ponían de manifiesto que ambos estaban igual de asombrados, y cuando el diplomático se disponía a contestar, fue interrumpido por Gustavo: - No se preocupe Sr. Stewart, no se molesten en contestar ahora, somos conscientes de que no es una decisión que pueda tomarse a la ligera. Solamente esperamos que mediten sobre todo lo que ha pasado esta noche y estaremos en contacto en caso de que decidan unirse a nosotros. -Y les ruego que tengan muy claro – continuó Gustavo – que si deciden no unirse al grupo no sucederá absolutamente nada. Esta reunión no habrá existido y cada uno continuará con su vida tal y como haya decidido hacerlo. -De acuerdo – contestó Malden en nombre de los dos – entonces supongo que se pondrán en contacto con nosotros. Creo que mañana prácticamente se habrán ido todos de Madrid. ¿no es así?

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-Efectivamente – le respondió Encinas – pero no tardaremos en ponernos de nuevo en contacto. Ustedes solamente tienen que esperar nuestra llamada. Y los dos invitados se despidieron de los demás contertulios, saliendo en silencio de la sala en la que se había desarrollado la reunión. Se dirigieron a su coche sin articular palabra alguna. El grado de estupefacción era aún tan grande, que no sabían qué decir. Malden conducía pensativo, mientras se dirigía al hotel en el que se hospedaba su amigo James. Cuando llegaron, éste se apeó, y solamente acertó a decirle a su amigo. -Mañana te llamaré y hablamos. Que descanses. Malden se quedó mirando como su amigo entraba en el hotel y solamente cuando hubo desaparecido de su vista, puso en movimiento el coche, y se dirigió a su casa. Esa noche ambos tardaron más de lo normal en conciliar el sueño. Sin duda lo que había sucedido durante el día era más fuerte de lo que estaban acostumbrados, y eso que su vida no había sido precisamente una balsa de aceite.

Eran apenas las ocho de la mañana cuando sonó el teléfono de Malden. Cuando contestó escuchó a su amigo decirle: -Buenos días. Espero no haberte despertado; la verdad es que yo hace más de una hora que me he levantado, no podía dormir más. – y continuó - Mi avión tenía su salida a mediodía, pero he cambiado el billete y tomaré el que sale al final de la tarde. Creo que deberíamos vernos para comer y comentar lo sucedido ayer ¿te parece? -Desde luego que sí –contestó el agente–, yo tampoco he dormido muy bien, pero creo que debemos poner en claro lo que pensamos. 42


-De acuerdo, entonces te recogeré a las doce. -Bien, estaré preparado. Durante la comida estuvieron repasando los acontecimientos del día anterior y llegaron a la conclusión de que habían dado con el ovillo que Malden había asegurado que existía. -Aunque realmente han sido ellos los que han dado con nosotros ¿no te parece? - afirmaba James-. -Desde luego que si – contestó Malden – pero en definitiva, eso era lo que pretendíamos. Y además al parecer están interesados en que colaboremos con ellos. -Sí, pero en realidad no sabemos nada de ellos. ¿Qué han hecho para que suceda todo eso? Por muchas vueltas que le he dado no acierto a ver cómo han conseguido que se disuelva la Otan, por ejemplo. Todo es tan demencial… -James no terminaba de encajar todas las piezas-. -De cualquier forma –seguía Malden, como queriendo convencerse a sí mismo y a su amigo–, lo que está claro es que no es un grupo terrorista, ni una panda de chiflados…, los hechos están ahí…, y son cosas que siempre nos hemos preguntado por qué sería tan difícil llegar a conseguirlo. Y de repente llega este grupo y todo comienza a encajar. No sé… -Lo que también es evidente es que su discreción es total. – afirmaba James– nosotros no sabemos nada de ellos y sin embargo, ellos ya lo saben todo de nosotros. Yo he hecho todas las averiguaciones con la mayor discreción posible y aún así nos han detectado. No sabemos – continuaba – hasta dónde llegan sus tentáculos. Ni lo que han hecho, ni cómo. Pero una cosa está clara, y es que si sus intenciones no fueran buenas, ya lo habríamos notado ¿no crees?

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-Desde luego que sí – afirmaba Malden con un cierto cachondeo – conozco muy bien cómo funcionan los grupos mafiosos y similares y desde luego no suelen invitarte a cenar y a tomar unas copas después. -La verdad es que siento una gran curiosidad, y si es lo que yo estoy pensando, no dudaré en integrarme en el grupo. – afirmó una vez más el diplomático -. -Estoy de acuerdo contigo y creo que lo que debemos hacer es simplemente esperar sus noticias. Algo me dice que la espera no será demasiado larga. En cuanto sepas algo, por favor, ponte en contacto conmigo. ¿de acuerdo? – rogó Malden - si me llaman antes a mí te lo haré saber inmediatamente. La sobremesa había durado hasta bien entrada la tarde y el diplomático se dirigió al aeropuerto para coger el avión que le llevaría de vuelta a Londres. A su vez, Malden regresó a su casa con el fin de incorporarse a la rutina de su trabajo y esperar acontecimientos.

Habían pasado apenas cuatro días desde esa cena tan sorprendente. Normalmente no solía salir de la embajada, a no ser por alguna cuestión de trabajo muy específica. Ese día había tenido que ir a llevar personalmente unos importantes documentos a la Delegación del Gobierno en Madrid, y se detuvo apenas unos minutos a tomar un café. No tenía preferencia por ningún establecimiento concreto, por lo que entró en el primer café que vio. Pidió un cortado – formato de café al que ya se había acostumbrado, pues en su país 44


no se tomaba así– y se sentó en una mesa con el fin de hojear la prensa diaria. Cuando estaba enfrascado en su lectura, una persona se le acercó diciendo: -Hombre Malden, cuánto tiempo… ¿Qué es de tu vida? ¿Qué haces en España? Ante la ráfaga de preguntas, el americano levantó la vista y se sorprendió al ver a un antiguo colaborador. -¡Caramba Aranda, la verdad es que hace mucho tiempo que no nos veíamos! Ya ves –contestó– estoy destinado en España, en la embajada de los Estados Unidos desde hace algo más de un año. ¿ y tu? -Yo estoy ahora trabajando en la Dirección General de Seguridad. La verdad es que hace mucho tiempo que no coincidimos en ningún caso. -Pues sí – contestó el americano – el trabajo en la embajada es bastante más tranquilo pero mucho más aburrido, pero qué le vamos a hacer, los años pasan y quizás debamos dejar la acción para los más jóvenes ¿no crees? -Tienes razón Malden, ya no somos como antes- respondió Vicente. Por cierto, ¿qué haces esta noche? Podíamos quedar para cenar, y así hablamos de los viejos tiempos. ¿te parece bien? -Perfecto –aceptó Malden– te llamo a las ocho y quedamos. -De acuerdo, estaré esperando. Durante la cena, los dos viejos colaboradores se recrearon recordando las anécdotas sucedidas en los múltiples casos en los que habían participado, incluso en alguno de ellos, los dos juntos. Vicente también era muy aficionado a comentar los hechos de actualidad. Le agradaba sobremanera conversar sobre política, de hecho siempre había asegurado que se habría dedicado a ella si no fuera porque el trabajo policial le gustaba aún mas.

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A lo largo de toda la velada, surgieron muchos temas que a Vicente le habían sorprendido. -Ya ves – comentaba ligeramente airado – después de más de cincuenta años de no hacer nada realmente positivo, ahora resulta que la Otan se disuelve. Yo siempre había pensado que las cabezas pensantes que lo dirigían sabían lo que hacían, y que cuando se fundó tendría muy claros sus fines. Han desperdiciado tanto tiempo y tanto dinero… ¿tú qué opinas? –interrogaba al americano-. -Pues que estoy de acuerdo contigo – respondió éste, no manifestándose demasiado interesado – pero la verdad es que yo creo que son cosas que generalmente se escapan a nuestro criterio. Quiero decir que son asuntos que deberíamos conocer a fondo antes de opinar. Además, tú y yo sabemos que a la gente de la calle le importan mucho más otra clase de asuntos. La política, la gran política, no afecta al día a día de las personas, o al menos eso creen ellos y se preocupan por temas más cotidianos, como el trabajo, los precios, etc.

Durante toda la noche, ésa fue la tónica. El agente Malden parecía vivir en su propio mundo sin dar importancia a los grandes acontecimientos que se habían vivido en los últimos meses. De todos modos, la velada fue muy agradable y cuando finalizó, ambos acordaron repetirla aprovechando el hecho de que Malden estaría aún un tiempo en Madrid. Una vez que se habían despedido, y cada uno de ellos había tomado un camino diferente, el policía Vicente Aranda realizó una llamada telefónica. 46


-Hola, todo ha ido según lo previsto. Ha sido tan discreto como esperábamos. Hemos hablado de muchas cosas y cuando le he intentado sonsacar, se ha salido con evasivas haciendo ver que no le interesaba el asunto. -Perfecto Vicente, me alegro de que no nos hayamos equivocado. –respondió Gustavo al otro lado del teléfono- Nos veremos pronto.

James había estado dando vueltas a todo lo que había sucedido durante su estancia en Madrid. Se había sorprendido de que Gustavo Vázquez y su grupo hubieran detectado tan hábilmente su interés por lo que estaba sucediendo. Estaba seguro de haber sido todo lo discreto que podía ser. Cualquier persona que se dedicase a una labor mínimamente relacionada con la política o la diplomacia, podría haberse interesado igualmente por todos esos datos, incluso simples estudiantes. Entonces ¿Por qué habían despertado tantas sospechas? ¿Tan extendido y tan poderoso es el grupo para que sus tentáculos les hubieran capturado al mínimo movimiento? Aún con el convencimiento de que sus suspicacias no tardarían en verse resueltas, tenía la impresión de que tenia más preguntas que al principio, aunque esperaba que no tardasen en ponerse en contacto con ellos para darles las respuestas oportunas. Unas cuatro semanas después de la misteriosa cena, James tiene un compromiso importante en París. Con motivo del cambio de presidencia de la Unión Europea, se celebra en esta ciudad una reunión de alto nivel entre Ministros de Asuntos Exteriores. Como colofón a dicha reunión de un par de días de duración, también se celebra una recepción en el Palacio del 47


Eliseo para el cuerpo diplomático acreditado en la capital francesa. Preocupados por la seguridad –sobre todo después de la experiencia del 11S–, la legación americana ha optado por reforzar el nivel de protección de sus embajadores en este tipo de actos, motivo por el que Malden debe desplazarse a Paris para formar parte del contingente. Fue una agradable sorpresa encontrarse allí a su viejo amigo James, al que no había visto desde su encuentro en Madrid, aunque sí habían hablado varias veces por teléfono. Como era de esperar, tenían la intención de reunirse a solas en cuanto el protocolo se lo permitiese. Entre los invitados, y de bastante relevancia a juzgar por la forma en la que todo el mundo le saludaba, se encontraba Gustavo Vázquez, el empresario que les había sorprendido apenas un mes atrás. Mientras ellos se cruzaban miradas interrogantes acerca de la presencia del empresario en la reunión, éste se acercó a ellos, consciente de que les había pillado desprevenidos. -Buenas noches caballeros –saludó Gustavo– me alegro enormemente de verles de nuevo; espero que la velada sea de su agrado, y me gustaría tomar una copa en mi hotel una vez finalizado el acto, si no tienen inconveniente, por supuesto. -Buenas noches, Señor Vázquez – acertó a saludar James – la verdad es que no pensábamos encontrarle en un acto como éste. -Ya saben ustedes que para que una empresa funcione adecuadamente, y esté presente en todos los mercados, debe uno llevarse bien con todo el mundo, especialmente con los políticos – contestó Gustavo sonriendo y haciéndoles cómplices de su buen humor-.

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-Desde luego que sí – afirmó Malden siguiendo la broma – además es bueno tener amigos hasta en el infierno ¿no? -Pues si – sentenció Gustavo –, lo dicho caballeros, espero me honren con su compañía esta noche. Presiento que será una velada importante para todos. -No lo dude Gustavo. Allí estaremos. Y se separaron siguiendo cada uno con su labor “diplomática” en la reunión. A pesar de la gran sorpresa que supuso para ellos la presencia de Gustavo Vázquez en el evento, había algo que les había dejado más estupefactos aún. Con las prisas del viaje James apenas había tenido tiempo de leer las noticias del día y cuando Malden dispuso de un momento le hizo llegar un recorte de la prensa matutina. En primera página se podía leer en grandes letras: Estados Unidos y Rusia firman un tratado que pondrá fin definitivamente a los últimos flecos de la guerra fría... Y la entradilla del artículo continúa: Después de la caída del muro de Berlín, la reunificación de Alemania y la disolución de la U.R.S.S. se plantea como el acuerdo más importante de la historia contemporánea. -Pero… ¡esto es increíble! –exclamó James– después de los ríos de tinta que se han escrito sobre la imposibilidad de que desaparecieran definitivamente y para siempre los dos bloques… esto es fantástico. -Desde luego que sí, pero así tan de repente, ¿no crees que será otro caso más a añadir a nuestra lista? – respondió Malden-.

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-Por supuesto, y te aseguro que de los asuntos que hemos visto hasta ahora, éste es el que menos me imaginaba que terminaría conociendo. –seguía el diplomático-. La rivalidad entre los dos bloques ha sido la excusa para una gran cantidad de conflictos a lo largo de la historia. Espero que este acuerdo llegue a feliz término. -Si, pero también ha sido un filón para la industria del cine y de la literatura –comentó con ironía Malden- . -Sí, y hay muchas y grandes obras con esa temática respondió el inglés-. En ese momento, fueron interrumpidos por un par de invitados que deseaban saludar al diplomático, por lo que dejaron la conversación para un momento mejor. El resto de la recepción discurrió como estaba previsto. Sin ninguna novedad importante. Cuando ésta hubo acabado, se dirigieron al hotel en el que se alojaba Gustavo, con el fin de tomar esa última copa a la que habían sido invitados. Durante el trayecto, James y Malden hicieron una especie de puesta en común sobre lo que podría suceder en esa reunión. -No sé lo que piensas tú, James – inquirió Malden – pero yo creo que esta noche nos van a hacer alguna proposición. Y yo, por mi parte, creo que deberíamos aceptar. Algo me dice que no nos equivocaremos si lo hacemos. -Creo que tienes razón, - afirmó el inglés – tengo la sensación de que esta noche se aclararán muchas de las dudas que tenemos. Cuando llegaron al hotel, el conserje enseguida les identificó y les condujo a la suite en la que se encontraba Gustavo Vázquez. 50


Al entrar en la estancia comprobaron que Gustavo no era la única persona que compartiría la última copa de la noche con ellos. Además de su anfitrión, también pudieron saludar de nuevo al filósofo Eduardo Echevarría, al que habían conocido en la reunión de Madrid. Entre las otras personas presentes había algunas caras conocidas para ellos, aunque no sabían exactamente porqué. Una de estas personas, se presentó como ex miembro del Partido Popular, detalle que les hizo reconocerle al instante, al ser un rostro que en otro momento fue habitual de la prensa. -D. José Martín – indicó Gustavo – es colaborador nuestro, al igual que D. Javier Algorta, destacado economista y habitual de los círculos empresariales. James y Malden saludaron cortésmente a los invitados cuando Malden recibió otra sorpresa que no esperaba. Sentado en un sillón, con una copa en su mano se encontraba Vicente Aranda, el policía con el que había estado cenando unos días atrás. Se acercó a saludarle al tiempo que le dirigía una mirada un tanto curiosa. -Hombre, Vicente, desde luego esperaba encontrarme a cualquier otra persona en esta reunión, pero tú ¿Qué haces aquí? Cuando Vicente se disponía a contestarle, fueron interrumpidos por Gustavo, que se dirigía a todos los presentes: -Caballeros, como ya estamos todos, creo que lo mas oportuno es que nos reunamos alrededor de la mesa, y así podremos hablar claramente y con comodidad. Todos los invitados siguieron la indicación de Gustavo y tomaron asiento alrededor de una pequeña mesa que se encontraba a un lado de la estancia. Una vez que todos habían tomado sitio, fue Gustavo el que rompió el hielo. -Bueno caballeros, una vez que se han hecho las presentaciones, entraremos a hablar del tema que nos ocupa. Y dirigiéndose a James y Malden continuó.

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-Como habrán observado, los invitados principales de esta reunión son ustedes. Nosotros ya nos conocemos todos y somos colaboradores desde hace tiempo. -Especialmente usted, Sr. Malden, está un poco confundido con la presencia del Sr. Aranda ¿no es cierto? -Desde luego que sí –respondió él– ya le estaba comentando que no esperaba verle aquí. -Pues Vicente Aranda es uno de nuestros más valiosos colaboradores –contestó Gustavo– y de hecho tenemos que pedirles disculpas por el procedimiento, pero necesitábamos confirmar su discreción. Necesitábamos saber que realmente daban al asunto la importancia suficiente como para no ir hablando de ello a cualquier persona. -¿Y hemos pasado la prueba? – pregunto James entre ofendido y satisfecho-. -Desde luego que si – le respondió Vázquez – hemos comprobado que pueden ser unos valiosos colaboradores para nuestro proyecto. Entonces tomó la palabra José Martín, el ex político. -Durante la velada de hoy les revelaremos cosas que jamás se habrían atrevido a soñar siquiera. Algunos asuntos que tienen tal trascendencia que espero que sepan encajar e interpretar adecuadamente. -Si al final de la noche, deciden no continuar con nosotros, esta reunión no se habrá producido nunca. – siguió Vicente Aranda – Y nunca podrán demostrar nada, en caso de que deseen hacerlo. Si por el contrario desean formar parte de nuestro equipo, tendremos posteriormente otra reunión en la que recibirán toda la información que necesiten. Así, a lo largo de varias horas, todos los presentes fueron informando a los invitados sobre los fines y principios del Plan Marchiali, así como de algunas de las actividades que realizaba para ponerlos en práctica. 52


Tanto James como Malden no salían de su asombro. La mayoría de las dudas que habían estado albergando hasta el momento se iban disipando, si bien la más importante seguía presidiendo la reunión, y así se lo hizo saber James a Gustavo. -Bien, todo esto está muy bien, estamos de acuerdo con ustedes al cien por cien, pero… ¿cómo han conseguido que todos los mandatarios de los que estamos hablando lleguen a firmar acuerdos tan complicados como los que hemos visto estos últimos meses? No acierto a comprenderlo. -Sr. Stewart, ese será el argumento principal de nuestra próxima reunión, que como anteriormente les indicó el Sr. Aranda solamente se producirá en el caso de que decidan continuar con nosotros. Desde luego, tendrán ustedes la oportunidad de pensarlo detenidamente. Nuestro deseo es que cuando tomen la decisión, sea definitiva. Entre James y Malden se cruzaron diversas miradas que tuvieron el efecto de confirmar que estaban totalmente de acuerdo y dispuestos a participar de la locura que se les estaba proponiendo. -Sr. Vázquez, creo que hablo en nombre de los dos – contestó Malden después de obtener la conformidad de James – al decirle que ya hemos tomado una decisión. Hemos hablado mucho entre nosotros sobre este tema, y aunque lo que hemos oído esta noche nos ha dejado estupefactos, no se diferencia demasiado de lo que nos imaginábamos. Por eso –continuó Malden– creo que podemos decirles categóricamente que cuenten con nosotros. ¿No es así James? -Desde luego que sí –contestó el diplomático– estamos totalmente de acuerdo y deseosos de profundizar en su proyecto.

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En ese momento Vicente Aranda y José Martin se levantaron de sus asientos y se dirigieron a estrechar la mano de los que ya consideraban nuevos compañeros. -Estoy seguro de que no se arrepentirán –dijo Vicente dirigiéndose a Malden– y espero que me perdones el atrevimiento de examinarte el otro día. -No te preocupes, –contestó el americano– después de lo que he visto esta noche, yo también lo habría hecho. Como colofón de la reunión, Gustavo levantó su copa para brindar por lo que él consideró como una reunión exitosa ya que tenía una gran opinión de sus nuevos colaboradores. -Caballeros, con esta copa quiero dar la bienvenida a nuestros nuevos amigos y emplazarles a todos para la próxima reunión, a la que serán adecuadamente convocados. Habían transcurrido apenas dos meses desde la última reunión celebrada en Paris. Gustavo había convocado con la antelación suficiente una reunión de su “consejo de Sabios” a la que había invitado a los nuevos miembros. El mejor escenario para esta reunión era sin duda el hermoso pueblo de Acebedo. Robert Malden y James Stewart acudieron a la cita con la única información de que éste estaba situado en un paraje sin igual en el corazón de los Picos de Europa. Allí esperaban simplemente conocer al resto del grupo, y quizás algo más de información sobre las actividades que realizaban. Cuando entraron en el vestíbulo del Hostal Riaño tuvieron una agradable impresión al reconocer una construcción típica que además estaba profusamente decorada con antigüedades también propias de la zona. Malden era muy aficionado a conocer lo más a fondo posible aquellos lugares en los que debía vivir a causa de su 54


trabajo, por lo que el paisaje no era del todo desconocido, pues ya había realizado algún viaje por esa comarca y otras limítrofes. Sabían que el turismo rural estaba en auge en España en los últimos años, y sin duda el hostal era un digno representante de ello. Tomaron posesión de su habitación. Tomaron también una agradable ducha que les relajó del cansancio del viaje y posteriormente se dirigieron al salón comedor en el que les esperaban el resto de los asistentes a la reunión. Como quiera que se habían retrasado unos minutos, se disculparon e inmediatamente se incorporaron a la conversación siendo presentados, por Gustavo, al resto de los componentes del grupo, que les recibieron con un afectuoso saludo. Estaba previsto que su estancia se prolongase al menos durante una semana, lo cual les había dado la medida de la importancia de lo que allí se trataría. Aunque no se podían imaginar lo que verían durante sus “vacaciones” en la montaña, estaban seguros de que era algo importante. Durante varios días, los asistentes a esta especie de congreso que se había organizado en Acebedo, estuvieron conversando, poniendo en común sus puntos de vista, y revisando lo que había sucedido en los últimos meses. En un principio James y Malden se limitaban a escuchar y dar su opinión sobre algunos de los temas que iban surgiendo, pero sin atreverse a entrar demasiado en materia. La realidad era que aun no conocían el Plan Marchiali a fondo, pero tomaban nota de todo, como si se tratase de estudiantes ávidos de conocimientos. Sin embargo Gustavo les indicó:

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-James, Robert, os ruego que no toméis nota alguna, pues podría ser peligroso que alguien no integrado en el grupo las viera por accidente. Toda precaución es poca. Si tenéis alguna duda que aclarar o consulta que realizar, podéis hacerlo sin problema. -Descuida – respondió James en nombre de los dos – supongo que será deformación profesional. Está uno acostumbrado a asistir a todo tipo de reuniones y el tomar notas es casi imprescindible. Entiendo lo que dices, y no habrá ningún problema. -Perfecto – sentencio Gustavo – pues continuemos. Durante los primeros días lo único que tenían claro era que los acontecimientos que se iban poniendo sobre la mesa eran de vital importancia, y que realmente estaban dando un giro espectacular a la sociedad internacional. Sentían una especie de ansiedad por conocer los métodos que habían utilizado para conseguirlo, pero al mismo tiempo tenían mucho cuidado de no preguntar. -No te preocupes Malden – le tranquilizaba James –estoy seguro de que no nos iremos de aquí sin saber todo lo que está sucediendo. -Eso espero – contestaba el americano manifestando así su impaciencia – presiento que esa es la parte más importante de todo este embrollo. Al cuarto día, cuando comenzaron las reuniones de trabajo, observaron que había una persona nueva que además parecía tener un cierto protagonismo en el grupo. Todos los asistentes le saludaron amigablemente, se amontonaban a la hora de hacerle preguntas y a través de sus respuestas, tanto James como Malden fueron comprendiendo de quién se trataba. 56


O eso pensaban ellos en un principio. José Ángel, que así se llamaba el nuevo miembro de la reunión, acababa de llegar de los Estados Unidos, e informaba al grupo de las novedades que se estaban produciendo en el país. Todo iba según lo previsto. El presidente estaba funcionando tal y como se había programado, y no tardando mucho habría algunas novedades, que, por su importancia internacional, serían espectaculares. Los nuevos invitados no salían de su asombro. Por las palabras de José Ángel se podía desprender que… ¿el Presidente de los Estados Unidos estaba siguiendo las directrices del Plan Marchiali? ¡Inaudito! James y Malden se cruzaban sendas miradas de asombro. Hecho que por otra parte no escapaba a la observación de Gustavo. Éste consideró que ambos disponían de la suficiente información, y que era el momento oportuno para pasar a la siguiente fase que no era otra que mostrarles las instalaciones del Plan Marchiali. Esa era la prueba de fuego. Cuando conocieran esa parte del proyecto ya no habría marcha atrás en cuanto a su participación se refería. Pero, por si se producía alguna anomalía no prevista, la organización ya disponía del dispositivo adecuado para que todo se produjera de la forma más discreta posible. Se trataba de que, en el hipotético caso de que al conocer los últimos detalles del plan, decidieran abandonar el proyecto, no tendrían posibilidad alguna de hablar de ello. Como ya habían sido advertidos por Gustavo en más de una ocasión, todas las reuniones y entrevistas realizadas hasta el momento simplemente no habrían existido.

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Todas las personas implicadas negarían haberles conocido nunca, salvo por las reuniones que se habían producido en público en varias ocasiones. Y como también había argumentado Gustavo en más de una ocasión, si se les ocurriera contar lo que creían saber, simplemente podrían ser tachados de locos. Además, el sistema había sido utilizado para la incorporación de casi todos los miembros del “consejo de Sabios”, y nunca se había producido ningún incidente. Estando así las cosas, James Stewart y Robert Malden fueron introducidos en un vehículo furgoneta con los cristales tintados, y provistos de un antifaz que impedía totalmente la visión. Estuvieron circulando por las carreteras de la comarca durante un par de horas. Inconscientemente Malden, por deformación profesional, iba calculando mentalmente la distancia a la que podría estar el punto al que eran conducidos. Había calculado que el vehículo llevaba una velocidad media de unos setenta y cinco u ochenta kilómetros a la hora, por lo que cuando el coche se detuvo estaba seguro de encontrarse a unos ciento cincuenta kilómetros de Acebedo, aproximadamente. Al dejar la furgoneta, fueron introducidos en un edificio que naturalmente no pudieron ver, y conducidos a las estancias principales del Plan Marchiali. Siguiendo con su observación, el americano se dio cuenta de que habían utilizado un ascensor al menos dos veces, por lo que suponía que se encontraban en un piso bastante alto. Unos segundos después de detenerse este segundo ascensor fueron introducidos en un salón en el que fueron liberados de su antifaz y pudieron ver claramente que habían sido acompañados por todos los asistentes a la reunión. -Caballeros, les ruego disculpen las molestias, pero era estrictamente necesario tomar todas las medidas de seguridad 58


adecuadas. – se disculpó Gustavo - Una vez que Vds. sean miembros de pleno derecho en el plan Marchiali podrán circular libremente por sus instalaciones. -No tiene Vd. por qué disculparse – contestó James – estamos acostumbrados a este tipo de cosas y a juzgar por lo que estamos viendo estos días, yo diría que están totalmente justificadas. -Efectivamente – apostilló Malden – además por mi profesión, estoy más sensibilizado con estas cosas. No se preocupen. Seguidamente, Gustavo cedió la palabra a su amigo y mano derecha Enrique Altamiranda, que procedió sin más a desvelar a los nuevos los secretos mejor guardados del Plan Marchiali. Durante un par de horas, fue desgranando en detalle todas las actividades que se habían desarrollado para poner en práctica el ideario del proyecto auxiliado por José Ángel, que relataba los hechos que se habían producido a lo largo de todo el planeta. Los recién llegados escuchaban estupefactos sin ser conscientes de que la mayor sorpresa estaba aún por llegar. Cuando ésta se produjo, tanto Malden como James comprendieron por fin la trascendencia de los hechos que estaban viviendo. Gustavo, en nombre de sus colaboradores, que eran conscientes de la importancia del momento se dirigió a sus nuevos amigos: -Bueno caballeros, estoy seguro de que en estos momentos se encuentran en un estado muy cercano al shock, por lo que les dejaremos a solas durante el tiempo que consideren oportuno para tomar la decisión definitiva. -Y a pesar de que pueda parecer reiterativo, quiero recordarles que nos gustaría que su decisión fuese afirmativa. – continuó Gustavo –, pero, en caso contrario, quiero decirles una 59


vez más que el sistema de seguridad nos garantizará a todos la tranquilidad en el futuro. Y sin más se retiraron, y dejaron a James y Malden solos en la estancia, con una gran sensación de desasosiego. Estuvieron casi quince minutos en silencio, sin articular ni una sola palabra. Era como si les costase tanto expresar lo que sentían que no encontraban las expresiones adecuadas. Deambulando de un lado a otro de la habitación, Malden dirigía su mirada a James que se había sentado en un sillón como si esperase que él iniciase la conversación. Cuando por fin parecía haber encontrado la expresión adecuada ,James exclamó: -¡Vive Dios que me esperaba cualquier cosa, pero esto…! ¡ni en un millón de años…! -Ya -tomó la palabra Malden– pero lo cierto es que el sistema hasta ahora parece estar funcionando. Está previsto hasta el último detalle. Y el grupo parece estar compuesto por gente preparada. -Si, y además también parece estar claro que no persiguen ningún interés económico ni de poder –siguió James como queriendo encontrar las razones necesarias para decir que sí-. Continuaron durante casi una hora más comentando todos los pormenores, hasta que al fin tomaron una decisión y acudieron a la sala donde se encontraba el resto del equipo para comunicársela. -Caballeros, después de digerir todos los acontecimientos que tan atropelladamente hemos conocido en los últimos días, después de reflexionar, y aclarar un poco nuestras ideas hemos tomado una decisión –explicó James al tiempo que ofrecía la palabra a su amigo Malden-.

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-Cierto –continuó éste– y hemos concluido que estamos decididos a incorporarnos de lleno a su Plan Marchiali, con todas las consecuencias. Al oír esto, y una vez que todo se había puntualizado, los asistentes se levantaron de sus asientos y se acercaron a estrechar la mano de los nuevos miembros a modo de bienvenida. Gustavo por su parte se apresuró a tomar dos copas de cava y acercárselas, al tiempo que indicaba a los demás que hicieran lo mismo. Una vez que él mismo había llenado su copa, inició un brindis para celebrar la nueva incorporación al equipo, que los demás siguieron de muy buen grado. Después de apurar el brindis Gustavo les indicó que le siguieran a otra dependencia en la que les estaba esperando un ligero aperitivo. Salieron del salón en el que se encontraban, y después de haber utilizado un par de ascensores – que Malden enseguida creyó reconocer como los utilizados para llegar allí –accedieron a una gran bodega recibiendo así la última sorpresa de la jornada. -Oye Gustavo, ¿ésta es la bodega del hostal, la que nos enseñaste hace unos días? –interrogó a su anfitrión-. -Por supuesto que sí –contestó él haciendo un gesto mediante el cual pretendía hacerse perdonar el pequeño engaño– espero que entenderán que era necesario. - O sea que en realidad ¿no nos hemos movido del hostal? –continuó James– ¿todo ha sido una maniobra de distracción?, pues nos lo hemos tragado, os felicito. Después de haber degustado una excelente merienda a base de productos de la tierra, Gustavo Vázquez confirmó a James Stewart y a Robert Malden su incorporación al “consejo de Sabios”, con el convencimiento de que serían unos buenos

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colaboradores que aportarĂ­an grandes cosas al Plan Marchiali iniciado unos aĂąos antes por ĂŠl.

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2 Gustavo había nacido hacía algo más de cuarenta y cinco años en un hermoso pueblo de los picos de Europa, en la provincia de León, al norte de España, de nombre Acebedo. Era el típico pueblo de setenta u ochenta habitantes que durante los fríos inviernos leoneses se quedaba bloqueado por las grandes nevadas que solían caer en esa época en la zona, al pie del puerto de montaña de San Glorio. Eran unos inviernos muy duros en los que los viejos del lugar, conocedores de su crudeza, hacían acopio de carne, procedente sobre todo de la matanza del cerdo, que era habitual en la fuerte dieta que los habitantes de estos pueblos debían llevar a cabo para poder soportarlos. Por supuesto también almacenaban carne de ternera, pollo, etc. así como legumbres, verduras, fruta… en fin todo aquello que les pudiera aliviar los problemas que la nieve les producía, manteniéndoles alejados del mundo exterior durante varios meses año. Para soportar las bajas temperaturas reinantes, solían utilizar estufas de leña y de carbón. La madera no suponía ningún problema pues estaban rodeados por ella, tan sólo había que hacer acopio durante todo el año para que, llegado el momento de quemarla en la estufa, estuviera debidamente seca y les proporcionara el calor necesario para ellos y para su ganado. Tampoco el carbón era un problema, ya que lo conseguían a un precio más reducido que en las ciudades, gracias a las 63


explotaciones mineras en las que trabajaban la mayor parte de los hombres jóvenes que poblaban no sólo su pueblo, sino muchos de los que se encontraban en la zona. Los largos inviernos bloqueados por las inclemencias del tiempo, daban mucho de sí para poder leer todo tipo de libros, de todos los estilos, ya que la televisión se veía con mucha dificultad y también era muy difícil escuchar la radio. Esa falta de alicientes, en cuanto al ocio se refiere, hizo que Gustavo tuviera también largas tardes de reflexión mientras contemplaba los hermosos atardeceres de los Picos de Europa. Pero eso sí, cuando las travesuras y las aventuras con sus amigos se lo permitían, cosa que solía ser a menudo, porque Gustavo disfrutaba mucho de esos grandes ratos de soledad o mejor dicho de complicidad con la naturaleza. Tanto la fauna como la flora, el paisaje, las puestas de sol, los riachuelos, en fin la naturaleza en estado puro podía hacer que Gustavo se pasara horas y horas de contemplación imaginándose todo tipo de aventuras. Gustavo, había pasado su niñez en Acebedo, en casa de sus abuelos que se dedicaban a la agricultura y a la ganadería. Había sido sin duda una infancia feliz en un pueblo pequeño con varios amigos y compañeros de la escuela, de esos amigos con un sentido de la amistad tan firmemente consolidado que puede permanecer indestructible durante toda la vida. Mientras, su padres habían “bajado” a establecerse en Cistierna –dejando a Gustavo al cuidado de sus abuelos- porque la agricultura y la ganadería que desarrollaban estos ya no eran todo lo rentables que ellos deseaban, y el futuro de ese tipo de vida se veía más bien negro, ya que cada vez tenían menos cabezas de ganado, y la agricultura se iba reduciendo prácticamente hasta el propio abastecimiento. Sus padres consideraban que era un buen momento para emprender otro tipo de negocios que pudieran tener una mayor proyección en el futuro, y además así podrían ofrecer a su hijo un porvenir mejor. 64


Cuando terminó sus estudios de primaria en Acebedo comenzó a conocer otros parajes, al tener que bajar a Cistierna para comenzar el bachillerato en el instituto de la localidad. Allí conoció un pueblo un poco más grande que el suyo, con casi cuatro mil habitantes, que era otro mundo para él, y le parecía un pueblo inmenso en el que podría desarrollar todos sus deseos. Desde siempre había tenido mucha inquietud por conocer el mundo exterior. Es decir aquello que había más allá de los confines de Acebedo, su pueblo, su gran pueblo. Para él, Cistierna era simplemente otro mundo. Allí podría ir al cine de vez en cuando, podría ver la televisión, escuchar la radio, habría periódicos, etc. y así podría descubrir que el mundo no acababa allí. No. Había algo más. También existían el mar, las grandes ciudades, los trenes, los aviones… tantas cosas que solamente conocía porque lo había leído en los libros que sus abuelos tenían en Acebedo y que a veces le parecían simplemente fantasías del autor. Su ansia por conocer, por viajar, por ver otros pueblos, otras culturas no parecía tener límites y era su mayor deseo. Una vez instalado en la casa que sus padres tenían en Cistierna, a la que hasta entonces había ido sólo en vacaciones o algún fin de semana que otro, comenzó a conocer los negocios que tenía su padre. Tenía tres tiendas en las que vendía prácticamente de todo, pues una de ellas era la ferretería del pueblo, donde se podía encontrar cualquier clase de herramienta o maquinaria que se pudiera necesitar para las explotaciones ganaderas, agrícolas, o de cualquier otro tipo que hubiera en el pueblo. Otro de los comercios era una especie de colmado que surtía de todos los productos alimenticios que los habitantes del pueblo no pudieran criar o cultivar. Y el tercer negocio familiar era de

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confección pudiendo vestir a todos sus vecinos ya fueran hombres, mujeres, niños, o niñas de cualquier edad o condición. A veces se preguntaba cual sería la razón exacta por la que su padre se había metido precisamente en esos negocios, y recordaba que solía decirle: - Hijo mío, los mejores negocios siempre serán aquellos que le proporcionen al hombre las tres cosas básicas para su vida: Herramientas para trabajar, comida para alimentarse y ropa para vestirse. El resto son solamente complementos. Siempre, desde que iniciara sus estudios, se le habían dado muy bien todas las asignaturas relacionadas con el cálculo y las matemáticas, de manera que cuando llegó el momento, y después de conocer los negocios de su padre, no tenía duda ninguna, su profesión sería la de economista. Le gustaba el mundo de la empresa, los negocios, los números. Por eso dirigió sus estudios, con gran satisfacción por parte de su padre, en esa dirección con el fin de conseguir una buena nota que le permitiera asistir a la facultad de económicas de la Universidad de León. Había desarrollado también una mente observadora y analítica, que habría hecho que muchos especialistas le hubieran considerado un superdotado, a pesar de que nunca realizó prueba alguna en ese sentido. Varios años después, una vez superado el bachillerato se desplazó a León para iniciar sus estudios universitarios. Era otra gran etapa de su vida, de una cierta independencia ya que viviría en un colegio mayor, con otros compañeros, tutores, profesores etc., que le apartarían adecuadamente del entorno de sus padres, a los que adoraba, y que ahora le habían permitido echar a volar por sí sólo. ¡Y tanto que echaría a volar! Los años la universidad fueron para Gustavo de una intensidad poco común. Se sumergió en sus estudios, que cada vez le parecían más interesantes. 66


Disfrutó de sus compañeros, que eran, como es lógico, de diferentes lugares, condiciones y formas de ser y que a Gustavo le enriquecieron de una forma extraordinaria. También descubrió las relaciones con las chicas. Gustavo se apuntaba a todo tipo de cursillos, actos sociales, exposiciones etc.; no existía absolutamente ninguna actividad que le pudiera aportar un ápice de conocimientos y madurez a la que él no asistiera. Y eso si no formaba parte de la propia organización. Eso hizo que cuando culminó sus estudios universitarios formara parte de los primeros puestos de su promoción con unas notas y un prestigio en el campus que le permitiría posteriormente acceder a los más altos puestos del empresariado y la economía del país. Además de un gran prestigio como economista y muy interesado en el mundo empresarial, Gustavo también destacó sobremanera en la vida social de León. Integrante, desde que llegó a la ciudad, de una asociación juvenil que tenía como uno de sus fines principales la lucha contra las desigualdades en la sociedad, organizaba y participaba en todo tipo de eventos que congregaban a las “fuerzas vivas” de la ciudad, como políticas, sociales, culturales, etc., siendo conocido y apreciado por las más altas personalidades del momento. Sin embargo, había una parcela de esa vida social que, si bien le entusiasmaba, no participaba en ella. Era como si pensara que esa actividad no estaba a la altura de las circunstancias como para que él se dignase incluirla entre sus actividades principales. La política. Siempre le había gustado mucho todo lo relacionado con la política, la diplomacia, y el ambiente que se respiraba cerca de ella. Pero, a pesar de que había tenido varias ofertas para ejercer de político, siempre las había declinado porque se consideraba demasiado bueno y demasiado honrado como para meterse en según qué “negocios”.

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Consideraba, como alguien había dicho, que la política era un asunto demasiado importante como para dejarla en manos de los políticos. Su vida social se desarrollaba de una forma vertiginosa para una persona de su edad. En el transcurso de sus actividades en la asociación juvenil había conocido a muchas chicas de su edad e incluso algo mayores que él, ya que además era una persona, que, sin disponer de una gran belleza si tenía un atractivo personal que le hacía muy popular, no sólo entre las chicas sino también entre sus propios compañeros de sexo. Solía ser muy agradable con todo el mundo, de maneras educadas y si era necesario, incluso refinadas. Tenía fama de buen conversador y de saber escuchar y aconsejar a sus amigos. Cuando realizaba algún trabajo en grupo, su tendencia natural era la de asumir el liderazgo del mismo con el apoyo prácticamente unánime de sus compañeros. Con alguna de las chicas había tenido sus primeros escarceos amorosos, y aunque no había encontrado a la persona que fuera a compartir su vida, siempre había dejado un rastro de gran amistad con todas las chicas con las que había tenido relaciones. Consideraba que la vida era demasiado hermosa como para perder el tiempo teniendo enemigos. ¡Qué desperdicio de tiempo y energía!- solía decir -. Cuando estaba a punto de terminar su carrera, en el último año conoció a Begoña. Era compañera de la universidad aunque estaba estudiando la carrera de Derecho. Habían coincidido en numerosas fiestas de las que organizaban las diferentes facultades, y desde el principio le había atraído. No tenía una belleza deslumbrante, y, sin embargo desde el primer momento que la vio entre la multitud de estudiantes medio borrachos y con ganas de juerga, se dio cuenta de que era 68


especial, de que de algún modo no encajaba del todo en el entorno. Con una disculpa tan tonta como cualquier otra, y más en ese ambiente estudiantil, se las arregló para entablar conversación con ella y presentarse. Enseguida se enteró de que ella también era una persona inquieta, que participaba en todas aquellas actividades que estuviesen a su alcance, lo cual fue la coartada perfecta que Gustavo utilizó para poder verla más a menudo. De la forma más suave que se podría imaginar, y durante las muchas ocasiones en las que compartían un café o un refresco en la cafetería de la universidad, fue introduciéndola en su mundo a base de relatarle con todo detalle las actividades que realizaba no sólo en la asociación juvenil sino también en el propio campus. Cuando Begoña se dio cuenta ya participaba en todo aquello en lo que Gustavo se embarcaba, ya fuera como colaboradora o simplemente como mera espectadora. Su relación fue pasando por diversas etapas. Durante todo el curso, estuvieron viéndose prácticamente a diario, compartiendo no sólo sus actividades sino también sus estudios, su vida social, sus inquietudes, sus proyectos. Se estableció una relación en la que, por supuesto, no faltaban las relaciones sexuales. Parecía que cada uno de ellos estaba absorbiendo la personalidad, la forma de ser, la vida en definitiva del otro. Al igual que en el resto de los aspectos de su relación, cuando hicieron el amor por primera vez les dio la sensación de que lo hubieran hecho toda la vida. Así, llegaron a un nivel de compenetración en todas las facetas de su convivencia, que, cuando habían terminado sus respectivas carreras, y todos los cursos de post grado que consideraron oportunos, contraer matrimonio fue algo natural e inevitable. Desarrollando cada uno su respectiva profesión fueron alcanzando un prestigio tanto profesional como personal que la

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mayor parte de las personas que les conocían, tanto en su trabajo como en su vida privada les consideraban la pareja perfecta. Aún teniendo trabajos diferentes, no dudaban un momento en contar el uno con el otro cuando necesitaban de su ayuda profesional, por eso Begoña siempre fue su mejor colaborador cuando se propuso poner en marcha el Plan Marchiali. Sin embargo, acordaron que ella se mantendría al margen del proyecto, aunque en la intimidad fuera el mejor apoyo con el que Gustavo podría contar. Otro motivo importante, quizás el más importante, para mantener a su esposa al margen de todo, era el de que ella tendría la misión de proteger a sus dos hijos de todos los inconvenientes que se pudieran presentar. Yoni tenía dieciséis años y toda una vida por delante, era un muchacho fantástico, de una inteligencia y un corazón como Gustavo no había visto nunca en un muchacho de su edad. Por su parte Sergio tenía solamente trece y ya apuntaba maneras. Prometía seguir los pasos de su padre y su hermano mayor. Por eso Gustavo había decidido –de acuerdo con Begoña– que ellos debían mantenerse aislados de lo que pudiera representar el proyecto, con el fin, no sólo de cuidar de su seguridad sino incluso de ser preparados para una posible sucesión de su padre.

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3 Acebedo era un pueblo precioso. Típico de la montaña leonesa, en él se podían encontrar numerosos alicientes para visitarlo en cualquiera de las estaciones del año. El verano era espectacular, combinando el calor estival con la frescura del paisaje verde y fresco de los Picos de Europa y alrededores. El paisaje estaba compuesto por grandes choperas, pinares maravillosos, y muchos otros árboles y plantas que, en general daban la sensación de estar viviendo en el interior de un gran vivero. En invierno, a pesar de su crudeza, era impresionante ver los bosques plagados de verde y ocre salpicados de blanco y las eras cubiertas por un manto nevado, solamente manchado por las huellas de algunos animales que se atrevían a desafiar a las bajas temperaturas. La primavera era una estación especialmente bella. Los arboles floridos, deseando comenzar a dar sus frutos, las flores iniciando esa andadura tan hermosa que convertía el manto blanco de la eras en un tapiz de colorido y belleza muy difícil de describir. Los riachuelos, que, procedentes del deshielo, iban serpenteando por el monte hasta alcanzar el lecho del rio con el que se fundirían para siempre, eran los que alimentaban tal profusión de belleza. Una belleza que sólo tenía parangón cuando llegaba el otoño, que suavizaba esos colores vivos, y los transformaba en tonos amarillos, marrones, y ocres, preferentemente, que daban un 71


gran sentido a la muerte, que, no obstante, anunciaba la próxima explosión de color y vitalidad de la siguiente primavera, constituyendo así un ciclo que hacía que los lugareños estuvieran seguros de vivir en un paraíso. Siempre recordaría la época de la siega, cuando sus mayores recogían el trigo que posteriormente era trillado en la era. Gustavo y sus amigos solían sentarse sobre el trillo que, con la excusa de aportar su peso para una mejor trilla, se constituía en una suerte de tiovivo que hacia las delicias de los niños. En el pueblo, sus calles y sus casas estaban construidas preferentemente de piedra, que ayudaba a conservar el calor del hogar en el invierno y el frescor en el verano. En ellas convivían en una armonía perfecta las dependencias destinadas a la vivienda de los lugareños, con los establos, cuadras y demás apartados en los que eran cuidados con toda clase de mimos, los animales que les proporcionaban, no sólo la comida, sino también los ingresos necesarios para vivir con una cierta comodidad. Era un pueblo en el que los turistas podían observar con detenimiento el gran monumento que era el pueblo en sí mismo. De hecho, Gustavo estaba seguro de que tenía más meritos que algunos otros que conocía, y que estaban declarados como villas monumentales. Tenía una antigua iglesia, modesta pero elegante, y de una belleza ancestral, que, afortunadamente, muchos eran capaces de apreciar, pero que solamente se utilizaba un par de días a la semana, ya que el párroco debía compartir su tiempo con otros pueblos de la zona. No como antiguamente, que había en Acebedo suficientes feligreses como para dedicarse en exclusiva a la atención y cuidado de sus almas. Con el tiempo, la disminución del trabajo en la ganadería, en la agricultura, y en definitiva, en todo lo que podía mantener vivo el pueblo, hacía que los jóvenes se marcharan a las capitales 72


y pueblos más grandes, en busca de una oportunidad para prosperar. A Gustavo le resultaba curioso el criterio por el cual la gente de hoy en día, consideraba que se vive mejor en una ciudad, con sus atascos, sus comunidades de vecinos, sus multas de aparcamiento, sus horarios ajustados, etc., que en un paraje como el de la montaña, en la que solamente con ver los amaneceres y las puestas de sol se puede sentir uno mucho más cerca de Dios. No, no le encontraba explicación. Desde luego, estaba claro que cualquiera que le diera a Gustavo una oportunidad para hablar de su pueblo, no haría otra cosa que dar alas a su vena poética y nostálgica. Sin embargo, él mismo estaba atrapado por esa tela de araña que es el “progreso”. Veía que, cada vez más, a veces con una sutileza alarmante, la población iba disminuyendo y envejeciendo al quedar en el pueblo solamente las personas mayores, los viejos. Así, los pocos negocios que había, iban cerrando poco a poco, por no tener sucesores que quisieran continuarlos, y eso hacía que el pueblo se fuera muriendo lentamente. Antes había tres bares en los que se reunían los lugareños a charlar, a tomar el vino, a jugar la partida. Eran auténticos clubes en los que se compartían las inquietudes, las experiencias, los jóvenes se conocían, ligaban, se casaban. Ahora sólo hay uno. También había dos comercios que eran como los grandes almacenes de la época, pequeñas tiendas en las que, sin embargo, se podía encontrar de todo –hasta trozos de guitarra, como solía decir su padre– y sin embargo, entre la emigración y la aparición de los arcones congeladores, ya solamente queda uno y para suministrar los artículos de primera necesidad. La consecuencia más visible de este éxodo que iba dando al pueblo un aspecto cada vez más fantasmagórico, era el abandono de las viviendas. Casas hermosas que habían albergado a familias y generaciones enteras, que habían visto corretear a muchos niños 73


por sus calles, y que ahora, por la fuerza de esa emigración y el fallecimiento de sus mayores estaban expuestas al paso del tiempo, sin que nadie las cuidase y las mantuviese vivas. Tan sólo algunas de ellas tenían la suerte de recibir en el verano, y otros periodos de descanso a los hijos que se fueron buscando el porvenir fuera de su tierra. Gustavo pertenecía a este último grupo que aprovechaba todas las oportunidades que podía para pasar en Acebedo los fines de semana, los puentes, algún periodo vacacional como la Semana Santa etc., aunque en otros momentos, como el verano, se veía obligado a ir a otros parajes para satisfacer los deseos de su familia, y otros compromisos. También le gustaba de vez en cuando hacer turismo cultural. Conocer otras ciudades, otras formas de vida. A esto contribuía el hecho de que su esposa, Begoña, que aunque había nacido en la ciudad, también era amante de la vida tranquila y la cercanía a la naturaleza que se respiraba en Acebedo, por lo cual, Gustavo no necesitaba insistir demasiado para que le acompañase a su pueblo.

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4 Gustavo, dentro de la inquietud por todo lo que sucedía a su alrededor, y que siempre había demostrado, había sido una persona amante de la familia. Con frecuencia celebraba reuniones familiares y con los amigos para degustar una buena barbacoa, ir de campo, al monte…, de manera que cualquier excusa le servía para ello. Entre sus mejores amigos -quizás el mejor– se encontraba Manolo. Compañero de aventuras durante el Servicio Militar habían desarrollado una amistad a prueba de cualquier contratiempo. Se había casado un par de años después que Gustavo y tenía un hijo de quince años que había continuado – como si de una tradición familiar se tratase– con una gran amistad con Yoni, su hijo mayor. Cuando se reunían las dos familias, Gustavo era feliz. Gozaba viendo la gran amistad que se estaba afianzando entre los niños. También le agradaba sobremanera el entendimiento que había entre Begoña y Laura, la esposa de Manolo. En fin, que era una situación tan fantástica, que Gustavo se consideraba afortunado. Además, Manolo no era solamente el típico amigo que te sirve para tomar unas copas y poco más, sino que era un autentico colega, con el que Gustavo sabía que podía contar en cualquier circunstancia, por adversa que esta fuera. Se podían pasar horas y horas hablando de cualquier asunto. Había incluso algunos temas en los que sus posturas eran prácticamente irreconciliables, como la religión o la política, pero sin embargo, cuando surgían esos

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temas de discusión siempre estaban presididos por un sentimiento de respeto y comprensión hacia la postura del otro. Se sentían orgullosos de saber aplicar la anécdota de Voltaire, cuando se enfrentaba a un interlocutor bastante vehemente, que tras una larga discusión acabó por decirle: “No estoy en absoluto de acuerdo con sus ideas, pero a pesar de todo estoy dispuesto a pelearme para que pueda exponerlas en libertad”. Quizás la clave de la verdadera amistad se encuentre precisamente ahí, en el respeto y el cariño hacia la otra persona. Pero sucedió algo que destrozaría esta estampa tan maravillosa. Era un día como otro cualquiera, y Gustavo había salido a primera hora de la mañana para dirigirse a su despacho donde había quedado con un cliente importante para ver unos proyectos. Como era habitual, se había detenido unos minutos en el bar que se encontraba en su propio edificio para tomar un café antes de comenzar la jornada de trabajo. En la barra se encontraban varios clientes habituales como él, que se disponían también a ir a sus respectivos centros de trabajo. En ese momento la televisión, que estaba encendida aunque nadie estuviera mirando para ella, interrumpió el programa que estaba emitiendo, para dar paso a un avance informativo que llamó la atención de todos los presentes. -Hace apenas unos minutos se ha producido una explosión en una céntrica calle de Madrid – relataba el locutor – al paso de un vehículo oficial del Ejército Español. 76


-Aún es pronto para saber más detalles, pero al parecer la onda expansiva ha afectado a algunos vehículos estacionados, así como a otros que circulaban por el lugar en el momento de la explosión. – continuaba la información, al tiempo que se emitían algunas imágenes tomadas en el lugar de los hechos-. Por el momento se desconoce si hay víctimas personales. Seguiremos informando de todos los detalles a medida que las fuerzas de seguridad del estado vayan facilitando la información. La respuesta de indignación entre los presentes fue la que se podía esperar. -Esos “mal nacidos” ¿que esperarán conseguir con esto? – comentaba una persona que desayunaba al lado de Gustavo-. -Están provocando para que el gobierno tome alguna decisión drástica –decía otro– que les dé una justificación para sus desmanes. -Lo que tiene que hacer el gobierno es echarles a toda la policía y la justicia encima y que se pudran en la cárcel – sentenciaba un tercero-. Gustavo apuró su café y se dirigió a su despacho, pensando en lo lamentable que era todo eso, y que lo peor de todo era que la población española ya casi estaba acostumbrada a desayunar, cada poco tiempo con noticias de ese tipo. Ya era casi como las estadísticas de los accidentes de tráfico, en las que se esperaba la negra cuota de cada fin de semana, sin que nadie se inmutara al oír la noticia. Cuando entró en su oficina prácticamente desconectó de lo sucedido. El cliente al que esperaba apenas tardó unos minutos en llegar, y aunque fue inevitable comentar el hecho, 77


inmediatamente se enfrascaron en el trabajo sin pensar más en el asunto. Un par de horas después, decidieron hacer un receso y bajaron de nuevo al café. Cuando entraron en el local, la televisión estaba emitiendo de nuevo la información sobre el atentado, pero en esta ocasión disponían de más datos. - Al parecer hay dos fallecidos –relataba el corresponsal sobre el terreno– por un lado el Coronel Alberto Pérez Conrado destinado en la delegación de defensa de Madrid y por otro el conductor de un autobús urbano de la línea 19, que circulaba por dicha calle en el momento de la explosión, y del que aún no conocemos su identidad. - También se puede hablar de dos heridos, ambos soldados, que iban en el vehículo del Coronel. - Seguiremos –decía de nuevo el periodista– informando de todos los detalles tan pronto dispongamos de ellos. Cuando Gustavo oyó la crónica, el número 19 resonó en su cabeza como si de otra explosión se tratara, y se le pusieron los pelos de punta. Le asaltaron los más terribles temores y casi instintivamente introdujo su mano en el bolsillo de su chaqueta, cogió su teléfono móvil y marcó el número de su esposa Begoña. Dejó que sonara varias veces, sin obtener ninguna respuesta, lo cual sólo contribuyó a aumentar su nerviosismo. Cortó la llamada y se dispuso a marcar el número de Laura, la esposa de su amigo. También sonó el teléfono hasta que él sólo se desconectó. Gustavo insistió varias veces sin obtener ninguna respuesta. No estaba dispuesto a permanecer quieto ni un segundo más. Dirigiéndose a su cliente, le explicó la situación, de modo que éste no tuvo ningún problema en aplazar la reunión. Tomó su coche y a la máxima velocidad que pudo se dirigió al lugar del atentado. 78


Necesitaba saber con urgencia que su amigo se encontraba bien. Apenas pudo acercarse a cien metros, pues la policía había acordonado la zona, como era habitual en cualquier incidente de este tipo. No obstante se dirigió a uno de los agentes que le estaban cerrando el paso. -Discúlpeme agente, solamente deseo saber la identidad del conductor del autobús, tengo el terrible presentimiento de que se puede tratar de un buen amigo mío – rogó Gustavo-. -Lo siento caballero – le contestó el agente – desconozco el nombre del fallecido, pero sí le puedo indicar que ya lo han trasladado al instituto anatómico forense. Si se dirige usted allí quizás pueda obtener la información que necesita. Sin perder un segundo, volvió a coger su coche y se dirigió al lugar que le había indicado el policía. Cuando llegó consiguió hablar con la persona responsable y este, al ver el estado de nervios en que Gustavo se encontraba no dudó en permitirle ver el cadáver, ya que así también facilitaría la labor de reconocimiento. Si finalmente se trataba de su amigo, todo sería más fácil ya que, aunque habían recibido los datos de la empresa de transportes, aun no había habido tiempo material para avisar a su familia y efectuar dicho reconocimiento. Todo había sucedido demasiado rápido. Cuando se dirigía a la sala en compañía del funcionario, Gustavo iba temiendo encontrarse allí a su amigo. Si finalmente era así ¿cómo se lo diría a Laura, su esposa? - De todos modos, será mejor que reciba la noticia de una persona querida – pensaba Gustavo – pero aún así, esto la destrozará. Cuando el funcionario abrió la cámara extrayendo la camilla en la que se encontraba el cuerpo y levantó la sábana dejando al descubierto el rostro del fallecido, Gustavo sintió como si se le desgarrase el corazón. Efectivamente, el conductor del autobús era su amigo Manolo.

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Durante unos segundos pasaron por su mente todos los momentos tanto buenos como malos que habían vivido juntos. Sintió un mareo tan fuerte que el funcionario debió ayudarle para que no perdiera el conocimiento. Éste le dio un vaso de agua fresca al tiempo que le hizo sentarse en una silla que se encontraba en la sala. Pasados unos minutos se repuso de la impresión y fue consciente de que ahora debía ser él quien diera la noticia a la esposa de su amigo, a sus hijos, y a su propia familia. Él no podía flaquear. Por eso, debía hacer acopio de fuerzas y mantenerse firme si quería servir de ayuda a sus seres queridos. Cogió de nuevo el teléfono móvil, y llamó primero a su esposa Begoña. En esta ocasión sí obtuvo respuesta. - ¿Si? Hola Gustavo, dime. – respondió su esposa-. - Hola Bego. ¿dónde estás? - En casa, cariño, acabo de llegar de hacer unas compras ¿porque? - Pues no te muevas de ahí, voy para allá ahora mismo. - Gustavo ¿qué pasa? – preguntó angustiada Begoña, que había detectado un gran nivel de ansiedad en su marido- ¿Por qué vienes ahora para casa? ¿qué ha sucedido? - No te preocupes, enseguida te lo cuento. Voy para allá. Y colgando el teléfono se subió a su coche y se dirigió rápidamente a su casa. Necesitaba que su esposa le acompañase a dar la noticia a Laura y si era mientras los niños estaban en el colegio, mejor. Cuando llegó se encontró a Begoña con una gran ansiedad. Su llamada no sólo no la había tranquilizado sino que la había alarmado sobremanera. 80


-¿Qué ha pasado, Gustavo? ¿Qué haces a estas horas en casa? Si ni siquiera pensabas venir a comer. ¿Qué pasa? Gustavo hizo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban y le contó a su esposa lo que había sucedido. Ella rompió a llorar abrazada a él como si el fallecido fuera su propio marido. Éste la tomó por los hombros y tras darle un beso le dijo: - Bego, ahora debemos ser fuertes. La policía me ha encargado que sea yo quien se lo diga a su familia, bueno, en realidad les he rogado yo que me permitan hacerlo, y tenemos que ir a ver a Laura para contárselo. - Pobre Laura –se lamentaba Begoña– esto la va a destrozar. Y a los niños también. Vamos, debemos estar con ellos. Se dirigieron al domicilio de Manolo y cuando, tras llamar al timbre, Laura abrió la puerta y al ver a sus amigos allí, a una hora en la que todos tenían sus ocupaciones, se temió que algo había sucedido. Preguntó como si temiera obtener una respuesta. -Gustavo, Begoña, ¿Qué hacéis aquí a estas horas? ¿ha sucedido algo? Ellos entraron en la casa, le rogaron a Laura que tomara asiento y como pudieron le contaron todo lo sucedido. Como ya esperaban, su amiga se deshizo en lágrimas al tiempo que se preguntaba ¿Por qué? ¿Por qué a su marido? Después de unos minutos en los que intentaron tranquilizarla, Gustavo se dispuso a acompañar a su amiga al instituto anatómico forense, al tiempo que su esposa Begoña se dirigía al colegio para recoger a sus hijos y al del matrimonio amigo.

Manolo no era nadie especial, en el sentido de que no ostentaba ningún cargo político, ni militar, ni social, ni nada similar. Manolo solamente era una buena persona que se ganaba 81


la vida como conductor de autobuses urbanos, y tuvo la mala suerte de pasar junto al coche-bomba al mismo tiempo que el alto mando del ejército. Afortunadamente el autobús iba vacio, porque no estaba de servicio, sino que iba hacia los talleres de su empresa para someterlo a una revisión, ya que le había notado ciertos inconvenientes al conducirlo el día anterior. Por fortuna esta circunstancia hizo que el número de víctimas fuese mucho menor de lo que podría haber sido en un día de trabajo normal. Pero él no lo contó, ni tampoco el alto mando militar que era el auténtico objetivo del atentado. La tragedia fue tan brutal, que su familia y la de Gustavo quedaron totalmente destrozadas. Pasaría mucho tiempo hasta que fueran capaces de superar la perdida. Los días siguientes al atentado serían inolvidables para todos. Al dolor por la pérdida de Manolo se unió el agobio mediático que solía acompañar a todas las víctimas del terrorismo. Todos los medios de comunicación buscaban la fotografía, las palabras, o las lágrimas de los familiares que en realidad solamente deseaban un poco de intimidad para sobrellevar su dolor. Gustavo que tenía un poco más de experiencia, podía soportar un poco mejor el asedio, pero Laura y sus hijos llegaron a tal nivel de agobio, que decidieron abandonar su casa e instalarse temporalmente en casa de Gustavo. Allí no sólo estarían un poco más tranquilos, sino que además contarían con el apoyo y el cariño de Begoña y su familia, lo cual les ayudó mucho a sobrellevar los primeros momentos de la tragedia. La tragedia y la indignación. Pero la indignación de Gustavo no era motivada al cien por cien por el atentado. 82


Era consciente de que de un grupo de personas que se dedicaban a asesinar sin discriminación de ningún tipo no se podía esperar gran cosa. Por definición un asesino asesina, y ya está. En este aspecto –según Gustavo– se podría aplicar aquella máxima que decía: “Si me engañas - o matas -, la primera vez será culpa tuya, pero si me engañas una segunda vez, la culpa será mía” Y esa gentuza llevaba demasiado tiempo asesinando. Gustavo tenía muy claro que la culpa real quizás no fuera de los terroristas, pues su única función es esa, sino de las fuerzas que deben de combatirlas -políticas, jurídicas, policiales , etc.- y no saben cómo. Lo que más le mortificaba -siempre le había mortificado, pero ahora le tocaba de cerca-, era la reacción de la sociedad, sobre todo de la clase política y los medios de comunicación. Los políticos se limitaban a condenar los atentados los cuatro días siguientes a producirse, pero el quinto ya continuaban enzarzándose unos con otros como intentando sacar beneficio político del hecho. Desde luego no para buscar soluciones. Tenía la terrible sensación de que la sociedad en la que vivía, simplemente no sabía defenderse. Los medios de comunicación se dedicaban a dar la noticia hasta la saciedad sin tener escrúpulo ninguno y sin considerar cómo podía afectar a la gente o simplemente si le afectaba o no. Siempre le había pareció horrorosa la coartada que estos utilizaban:

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¡La gente tiene derecho a saber…! ¿Saber qué? ¿Acaso conocer al detalle los efectos de los atentados, las guerras, los accidentes etc. beneficiaba en algo a las personas, que solamente deseaban rehacer su vida en paz y sin meterse con nadie? ¿Acaso no estaban siguiendo el juego a los terroristas, haciéndoles una publicidad que de otro modo serían incapaces de conseguir y de pagar? Por eso pensaba que los problemas de terrorismo - en todo el mundo - no tendrían solución hasta que los políticos comenzaran a pensar con cabeza de estadista, y los medios de comunicación encontraran un auténtico equilibrio entre la información y la propaganda gratuita de los grupos terroristas.

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5 Habían pasado unos cinco años desde el atentado terrorista en el que perdió a su mejor amigo, y esa pérdida le había marcado para toda la vida. Durante todo ese tiempo había vivido más de cerca el día a día de las víctimas. Las noticias sobre terrorismo le hacían más efecto que antes del suceso – lo cual le parecía normal ya que las personas suelen ser más sensibles a un determinado hecho cuando han sido afectadas directamente por él– y quizás por eso se planteó muy seriamente el porqué pasaban estas cosas, todas las cosas, y en un momento dado llegó a cuestionar absolutamente todo lo que componía la estructura de la sociedad que le había tocado vivir. Tenía una solida formación democrática, religiosa y sobre todo pragmática, y por eso no entendía por qué muchas de las cosas se hacían como se hacían. Era una persona que merced a su gran interés por la política y lo que ocurría en la sociedad en general, le gustaba mucho estar bien informado. Nunca había sido un fundamentalista en nada. Le gustaba mucho escuchar los debates y las tertulias de todo tipo, porque así, conociendo la forma de pensar de muchas personas de diferentes opiniones e ideologías, él podía forjarse una opinión propia de la situación. Eso le permitía – o al menos eso pensaba de corazón – que sus opiniones no estuvieran sesgadas por una u otra tendencia. 85


Siempre había intentado ser lo suficientemente ecuánime para que su opinión no fuera, ni siquiera lo pareciera, fanática de ninguna ideología, y sobre todo, no prisionera de ningún interés concreto, aunque ciertamente a veces no lo había conseguido. Algunas de sus personas más allegadas no terminaban de entender su postura y siempre le habían acusado de tener una especie de obsesión en contra de los políticos, y eso le entristecía mucho. Solía decir: -¡No estoy en contra de los políticos, solamente estoy en contra de las cosas mal hechas! Llevaba demasiado tiempo viendo lo que sucedía a su alrededor. Demasiado tiempo sintiendo una impotencia que le superaba. No había un día en que no tuviera alguna noticia desastrosa. Las noticias de todo tipo – prensa, radio, televisión etc. – se habían convertido en monotemáticas páginas de sucesos. Incluso las crónicas deportivas despertaban más interés por los escándalos y “marujeos” en torno a sus protagonistas, que por los resultados deportivos. Cuando no era por asuntos de terrorismo en España, o en Oriente Medio, eran problemas de guerras entre Palestinos e Israelíes. Y si no, hambruna en algún país africano, o problemas en el cono sur americano. El mundo parecía estar desmoronándose mientras los políticos de todo el mundo, especialmente del “primero” estaban viviendo a sus anchas sin importarles lo más mínimo lo que estaba pasando en su entorno, preocupados por asuntos que no importaban ni afectaban a los ciudadanos en general. Gustavo no comprendía por qué, por un lado en los países del tercer mundo se moría la gente de hambre, entre otras muchas causas, mientras en el primer mundo se limitaba la producción de alimentos. Había que matar vacas porque había demasiada leche. Había que arrancar viñas para limitar la producción de vino, se limitaba la siembra de cereales... 86


¿Alguien podría explicar convincentemente el porqué de todos esos despropósitos? Y todo eso, habiendo en el tercer mundo un montón de millones de personas que serían unos excelentes clientes para todo tipo de sobreproducción que hubiera en el primer mundo. Antiguamente, cuando los sistemas de almacenaje, conservación y transporte de los alimentos eran complicados y dilatados en el tiempo, quizás tendría una explicación, pero en la actualidad… con los sistemas existentes… ¿Dónde estaba el problema? O simplemente ¿Qué tipo de intereses podrían ser tan fuertes como para mantener el planeta dividido en dos partes tan diferenciadas? Todo cuanto se planteaba, todos los problemas existentes que veía, al estudiarlos a fondo, se sentía como si estuviera en un largo pasillo en el que se van atravesando las puertas una tras otra y que al ver lo que hay detrás de cada una de ellas, no le satisface la solución y sigue, y sigue, y cuando ya no hay mas puertas, se encuentra una especie de despacho oficial en cuyo sillón se halla un ser humano, o al menos lo parece. Estudiado a fondo este personaje llega a la conclusión de que se trata de un político o en su defecto de un funcionario. En muchas ocasiones, cuando existe un problema, por ejemplo judicial, se habla de si los jueces son o no son competentes. Pero no nos paramos a pensar que ellos lo único que hacen, lo único que pueden hacer en la gran mayoría de los casos, es aplicar las leyes vigentes - sin querer excusarles por la cuota parte de responsabilidad que tengan - pero ¿quién hace esas leyes? Cuando existe un desastre natural, con innumerables víctimas y daños materiales, enseguida buscamos causas, la lluvia, el viento, terremotos, etc. Pero cuando analizamos las consecuencias, vemos casos como el de Biescas donde en el año 1996 se produjeron inundaciones que provocaron decenas de 87


víctimas, porque el camping estaba mal situado, en el cauce de un río, pero… ¿Quién era el responsable? ¿El propietario, que tenía todas las licencias en regla? ¿Quién le otorgó esas licencias? ¿el Ayuntamiento?¿la Generalitat?… Una vez más, los políticos que o bien no hacen su trabajo, o bien lo hacen mal. Cuando un ingeniero proyecta una presa y ésta se rompe, él es el responsable. Cuando un médico se equivoca, le denunciamos por negligencia. Cuando cualquier trabajador falla, se le despide o se le buscan responsabilidades. ¿Cuándo se les exigen estas responsabilidades a los políticos por las consecuencias de su mala gestión? Nunca. ¿Algún presidente de gobierno paga por las muertes causadas en guerras o enfrentamientos inútiles? Ninguno. ¿Algún ministro de trabajo ha dimitido o ha sido cesado por la mala situación del empleo en su país? Ninguno. Entonces ¿qué es lo que sucede? ¿Acaso los políticos tienen algún privilegio especial, otorgado por alguna instancia sobrenatural, que les coloca por encima de las responsabilidades de sus trabajos? O ¿es que los ciudadanos son tan “borregos” que se limitan a seguir al perro pastor hacia donde les envíe con sus ladridos e intimidaciones? La lectura correcta, según Gustavo, era que en esta vida todo lo que se hace, e incluso casi todo lo que se piensa es producto de las decisiones de los políticos, y éstas en la mayoría de los casos, son tan absurdas y tan poco inteligentes que están haciendo de éste planeta una cloaca irrespirable, ya que incluso los problemas del cambio climático no son más que las consecuencias de años y años de mala gestión. Ahora nos preocupa mucho que el mundo funcione a base de un combustible que genera tantos residuos que está dejando el planeta “hecho unos zorros” –el petróleo– pero mientras duró, mientras éste nos proporcionaba un cierto bienestar y unos 88


ingresos muy suculentos, nadie se molestó en estudiar y predecir las consecuencias. ¿Para qué?

Se encontraba comiendo en un restaurante céntrico de Madrid. Delante de él había un televisor encendido en el que se podía ver al famoso locutor de televisión Matías Prats hijo. Era a su modo de ver un buen locutor, profesional como la copa de un pino, que no dejaba de lado el buen humor, que en muchas ocasiones había hecho de las peores noticias algo un poco menos desagradable. Había conectado con imágenes de la CNN americana, en la que estaban comentando el accidente que un avión de pasajeros había sufrido al precipitarse contra la torre sur del World Trade Center de Nueva York; eran unas imágenes impresionantes dada la majestuosidad de las dos torres. Lo que en principio parecía un lamentable accidente, inexplicable, pero accidente, fue poco a poco tomando un cariz mucho más complicado apuntando la posibilidad de que fuera un atentado terrorista. Cuando estaba, como casi todo el mundo en esos momentos, “alucinado” con las imágenes retransmitidas por Matías Prats, hizo aparición en el horizonte de Manhattan un segundo avión que se precipitó sobre la torre norte. Las imágenes eran escalofriantes, el mundo jamás había vivido algo similar. Parecía el momento culmen de las comunicaciones. El mayor desastre provocado “directamente” por el hombre, y retransmitido por televisión al mundo entero, como si de unas olimpiadas se tratara. Lo que más le había impresionado de estas imágenes era la forma en que el segundo avión había penetrado en la torre como si se tratara de un dedo entrando en una tarta. Al ver la imagen, se imaginaba que lo lógico sería que el avión explotara en cuanto tocase al edificio, y sin embargo, penetró como en un queso y explotó una vez dentro. Increíble.

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Posteriormente, se conoció el hecho de que otro avión había hecho impacto en el edificio del Pentágono, en Washington. Seguidamente el impacto visual del atentado se disipó dejando paso a la indignación por sus consecuencias de destrucción y muerte con cerca de tres mil víctimas. Aquella catástrofe pasaría a la historia del mundo como el 11S. Parecía como si el conflicto fuera el inicio de la tercera guerra mundial –incluso alguien comparó el incidente con el ataque a Pearl Harbour, que dio comienzo a la participación aliada en la peor guerra que el mundo ha conocido– y si fuera así quizás fuera la última.

En 1991 se produjo uno de los episodios bélicos más importantes de los últimos años: La guerra del golfo. En ella el dictador iraquí Sadam Hussein había invadido a su vecino Kuwait, siendo expulsado por las fuerzas internacionales. Pues bien, aquello no fue sino una herida mal cerrada, que como todas las que se cierran en falso, no tardan en ser reactivadas por cualquier “agente infeccioso”. Durante todo este tiempo, la comunidad internacional, no ha sabido sino “marear la perdiz” con respecto al peliagudo tema del desarme de Irak. Su presidente, Saddam Hussein, estuvo burlándose de todo el mundo, además de forma literal, no haciendo caso de las innumerables directivas de las Naciones Unidas, que le obligaban a deshacerse de las armas que aún tenía. Había llegado un momento, en que ciertas partes de esa comunidad internacional, se mostraron incapaces de “soportar” durante más tiempo los desplantes del amigo Sadam, o al menos esa era la excusa oficial. Poniendo en tela de juicio la mayor parte de las instituciones que habían mantenido el orden internacional durante 90


el siglo XX, los EEUU forzaron la que se dio en llamar II Guerra del Golfo. Pero que algunos pensaban que en realidad sólo era el final aplazado de la primera. Y en el mes de marzo de 2003 se produjo la invasión, ocupación, liberación –quien sabe- de Irak por parte de la “comunidad internacional” compuesta por EEUU e Inglaterra y apoyados políticamente por España y muchos otros países, si bien era rechazado por Francia, Alemania, Rusia y algunos más. ¿O no? La prensa publicó en su momento muchos comentarios que daban a entender que detrás de la condena a la “invasión” de Irak por parte de algunos países, solamente se escondían grandes intereses comerciales, con el petróleo como elemento principal.

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Llevaba mucho tiempo pensando algo que, desde su perspectiva, sería la única solución. Había estudiado los diferentes regímenes políticos que existían a lo largo de todo el planeta, y prácticamente desde todos los puntos de vista, llegando a la conclusión de que todos fallaban en lo mismo. Era evidente, en cuanto se profundizaba un poco en el estudio, que todas las sociedades, cualquiera que fuera su origen, estaban derivando hacia una especie de sistema único -que algunos llamaban globalización- que además no ofrecía ninguna garantía de bondad, sino más bien todo lo contrario. No se trataba de una unión en lo importante, que hiciera desaparecer los múltiples problemas existentes entre países o entre culturas diferentes. Al parecer la globalización consistía en una forma de vida única en detrimento de la cultura, la tradición y la historia de la propia humanidad cuando lo realmente interesante seria el intercambio de conocimientos y experiencias entre unos y otros. Gustavo siempre había tenido muy claro que el secreto estaba en una frase que había oído de estudiante, aunque no sabía a ciencia cierta quién era su autor. La cultura es aquello que queda cuando se te ha olvidado todo lo que aprendiste. Para él, esta simple frase encerraba una gran sabiduría. Las cosas que has aprendido y que se han afianzado en tu 93


conocimiento serán aquellas que te ayudaran a vivir y a solucionar la gran mayoría de los problemas que te surjan a lo largo de tu existencia. Así los pueblos deberían de aprender de su historia, dejar que el poso de los acontecimientos fuera dejando en la cultura de sus gentes la experiencia y el buen hacer necesario para afrontar el futuro con una cierta garantía de éxito y bienestar. Desde pequeño había leído numerosas obras literarias, de las que muchas habían sido incluso trasladadas al cine y que planteaban un futuro para la humanidad más bien negro y deprimente. Se retrataba una sociedad llena de prejuicios, de injusticias y desigualdades, pero Gustavo creía que no tenía por qué ser así. En definitiva, pensaba que el hombre todavía sería capaz de reaccionar y tomar las riendas de su vida con control e inteligencia. Y por ésta, y múltiples razones más, se decidió a organizar el Plan Marchiali. En sus principios fundacionales y en sus fines, destacaba no sólo el respeto a la vida y derechos de todos los hombres sino también al planeta en que vivimos y su medio ambiente. Si su idea era sólida, sus planteamientos lógicos y sus fines honorables, debía tener un exquisito cuidado antes de dar el primer paso, y una vez iniciado el camino, los siguientes medirlos con todo lujo de detalles. -Detalles, detalles, detalles…- no hacía más que pensar que eso era lo principal, lo que más debería preocuparle. Debía atar debidamente todos los cabos. Desconocía la reacción de las personas cuya colaboración debería recabar y tenía claro que podrían tomarle por un loco, por 94


un lunático con tendencias autodestructivas, y eso le producía una cierta desazón. Así pues el primer reto que se planteaba era el de captar a sus primeros colaboradores. Pero… ¿ A quién?, ¿Cómo?, ¿Cuándo?, ¿Dónde? Para responder a estas preguntas era muy consciente de que no podría ir diciendo a la gente lo que se proponía y tratar de conseguir que se unieran a él, pues ése sería el camino mas corto hacia el internamiento psiquiátrico, o carcelario. En un cierto momento se planteó que quizás lo que él se proponía fuera más fácil utilizando armas como el soborno, la extorsión, la manipulación y muchas otras cosas, pero enseguida se dió cuenta de que serían totalmente incompatibles con el espíritu de su proyecto pues los practicantes de ese tipo de sistemas solían ser personajes insaciables y sin escrúpulos que harían totalmente inviable el desarrollo de su idea. Y además porque esa era una de las cosas contra las que él quería luchar, nunca utilizaría esos métodos. Su principal duda era si después de tanto esfuerzo, su llamada de atención –pues ese era en realidad el fin último de su proyecto- sería escuchada y tenida en cuenta, o si por el contrarío, pasaría inadvertida. Muchas veces había visto las crónicas de buenas causas y proyectos de todo tipo, que terminaban por degenerar, solamente por no haber mantenido en todo momento la guardia alta sobre todo en lo que significaban sus “fines” y sus “principios”. Ya había demasiados casos en la historia de grandes catástrofes de todo orden – político, social, militar…-provocadas por la mano del hombre, que tuvieron unos comienzos de lo mas justo y equitativo. 95


Después de resolver todas sus dudas al respecto, o al menos las que consideraba más importantes, y tomar la decisión definitiva procedió a plasmar por escrito todas sus ideas y comenzó así a diseñar el Plan Marchiali. La planificación, y sobre todo la ejecución y puesta en marcha de su proyecto se preveían muy costosas, no sólo por la labor de información y organización sino también porque la logística y ejecución limpia y escrupulosa de todas las fases del Plan Marchiali requerirían una gran inversión en tiempo y en dinero. Pero Gustavo estaba dispuesto a todo. Su situación económica era más bien desahogada. Empresario desde los veinticinco años, le había sonreído la suerte en los negocios, y además a los treinta y siete, con el fallecimiento de su padre, tuvo que hacerse cargo de los negocios de éste, que si bien incrementaron notablemente su trabajo, también le proporcionaron unos grandes ingresos. Por otra parte, estaba seguro de que él solamente debería aportar la inversión inicial, ya que posteriormente el proyecto se financiaría por sí mismo. Además no descartaba la idea de que sus colaboradores, además de apoyo ideológico y ejecutivo le brindasen también apoyo financiero. Pero esa era una fase que debería de abordar más adelante, si fuera necesario.

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7 Acebedo era un pueblo que debía su estado de abandono al declive de su principal sustento, la ganadería y la agricultura así como la minería del carbón. Por lo demás era un pueblo sencillo. Precioso por el entorno en el que se encontraba, y con una vida aparentemente normal dentro de su inactividad. Su población constaba de unas veinte familias, en total unas ochenta personas, entre adultos y niños, si bien éstos eran cada vez menos. Hacían una vida sencilla, dedicándose tímidamente a la ganadería, única actividad que había sobrevivido al cierre de las minas. Sus vecinos sufrían los problemas típicos de estos lugares, como aislamiento en invierno a causa de la nieve, invasión de campistas y domingueros en verano…, en fin, todo absolutamente normal, pues ésa era la situación en la que vivían numerosos pueblos de la zona. Al no existir prácticamente comercio, por no decir empresas de ningún tipo, el ayuntamiento no disponía de presupuestos para hacer grandes cosas. La plaza mayor, típica de todos los pueblos, solamente conservaba algunos elementos viejos que rememoraban tiempos mejores. El parque sí, era el mayor del mundo, pues abarcaba todos los Picos de Europa, ya que los niños, los pocos que iban quedando, tenían que conformarse con ir al campo a jugar, al rio etc. ya que no existía nada con las prestaciones necesarias para que empleasen su tiempo libre en el mismo pueblo.

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Gustavo solía recordar con nostalgia las tardes que pasaba con Sebastián y Roberto jugando en la plaza mayor, correteando por entre los soportales, y bebiendo agua, cuando el cansancio les abordaba, de la fuente que había en el centro de la plaza y que les parecía el mayor de los reconstituyentes. La fuente ya no estaba en su lugar. Ahora éste era ocupado por un grifo que echaba agua de la “traída”. Evidentemente no era lo mismo. Tampoco la carretera que conducía hasta Acebedo era como para estar orgullosos de ella. Una carretera larga y sinuosa, llena de curvas, que en su día había sido muy maltratada por el paso de los carros de ruedas metálicas, los animales, e incluso los camiones que trabajaban en las minas. Pero en aquella época, al menos era reparada con cierta frecuencia. Ahora, y desde que dejaron de existir los carros (salvo para adornar los chalets de las personas de otras zonas, en las que curiosamente nunca se habían utilizado estos aperos), y sobre todo, desde el cierre de las minas, el deterioro era enorme, al menos tan grande como el desanimo de los lugareños. Gustavo, una vez que se había decidido a utilizar su propio pueblo, Acebedo, como lugar ideal para desarrollar su proyecto, se dedicó a buscar a una persona de la zona para que bajo la simple apariencia del lugareño que quiere ver progresar su tierra, se dedicara a gestionar la explotación turística de la zona. Y para eso, había pensado que Álvaro –antiguo compañero de correrías – seria la persona idónea. Sí, sin duda él se haría cargo encantado. Se había propuesto adquirir y restaurar las casas del pueblo de modo que sirvieran para desarrollar el lanzamiento turístico de 98


la zona, y al tiempo dieran cobertura al Plan Marchiali. Éstas serían posteriormente alquiladas –e incluso en algunos casos, vendidas- a las personas y familias que llegarían a trabajar en la zona, con lo cual no extrañaría a nadie la repentina adquisición de casas para segunda vivienda de personas foráneas. Además el movimiento de personas y mercancías que generaría el proyecto, le resultaría extraño a cualquiera en un paraje que no estuviera debidamente promocionado y explotado empresarial y turísticamente. Ya había visitado casi todas las casas del pueblo que podían ser susceptibles de ser adquiridas. Unas estaban directamente abandonadas por sus dueños, lo cual facilitaba mucho su compra puesto que éstos, aunque fueran difíciles de localizar en algunos casos por vivir fuera del pueblo, no regatearían mucho en el precio ni podrían pegas para la venta, ya que muchos de ellos incluso habían olvidado que tenían esa propiedad y lo que Gustavo les ofrecía era un auténtico regalo inesperado. Otros propietarios, aunque vivían en el pueblo, no usaban la casa, pues tenían la suya propia. En muchos casos era heredada de sus padres o abuelos, y tampoco ponían demasiadas pegas ya que tenían la esperanza de que así resurgiría la vida y la actividad en el pueblo. Esto requeriría una ardua y completa labor de recogida de datos y localización de sus propietarios, sobre todo de aquellos que habían emigrado hacia tiempo, pero merecía la pena. También era importante ir “sembrando” entre todos los lugareños la idea de que el pueblo podría resurgir. Que era una posibilidad real que necesitaría del apoyo de todos y esa era una tarea que Álvaro sin duda llevaría a cabo con toda eficacia.

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Había visto casas de todo tipo y tamaño. Casas pequeñas que podrían ser muy útiles para parejas o incluso personas solas y también casas más grandes donde albergar a familias enteras, incluidos los niños. Sobre todo había un par de edificios, que en tiempos habían pertenecido a algunas de las familias más extensas y pudientes de la zona. Eran ideales. Grandes. Con mucha superficie útil. Construidos en piedra, material típico de la zona, con unas paredes de setenta u ochenta centímetros de grosor y grandes vigas de madera, gozaban de una gran robustez. Incluso disponían de un sótano y una bodega de cerca de cien metros de largo y quince de profundidad, que era –a juicio de Gustavo- lo mejor de la casa. Además, la bodega le traía muchos recuerdos de las meriendas que había celebrado en otras similares con sus amigos de la juventud. Fueron las primeras que adquirió. Además Gustavo se concentró sobre todo, con gran placer, en la reconstrucción y equipamiento de las dos casas esforzándose en encontrar el mobiliario más acorde posible con la tradición y la cultura de la zona. Incluso algunas de las piezas las había adquirido a personas de otros pueblos, que debidamente restauradas, pasarían a formar parte de “su casa”. La figura más adecuada para gestionar esos edificios sin que el tráfico de personas pudiera resultar chocante para los lugareños, era sin duda la de un centro de turismo rural. Eso no sólo permitiría justificar la presencia de foráneos, sino que además, justificaba al cien por cien la presencia de estas personas desperdigadas por el campo y por el monte realizando actividades al aire libre, como senderismo, montañismo, caza...

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Pero para desarrollar correctamente sus planes, Gustavo necesitaba además otro tipo de instalaciones menos atractivas en cuanto al paisaje se refiere y sin embargo más prácticas, ya que serían las que albergasen a la verdadera estructura del Plan Marchiali. Se había planteado la posibilidad de buscar unas viejas instalaciones militares, o viejas fábricas que tanto abundan actualmente en muchos países, tanto Europeos como Americanos, pero fue una idea que desechó inmediatamente porque pensó que cualquier persona podría detectar movimientos sospechosos en dichas instalaciones. Por otro lado, si se dedicaba a construir instalaciones nuevas, quizás tendría que dar demasiadas explicaciones sobre el proyecto “oficial” de las mismas, y despertar interés donde menos lo necesitaba. Después de reflexionar durante mucho tiempo sobre ello llegó a la conclusión de que existían otros medios. A varios kilómetros del lugar, en un valle próximo, se encontraban los almacenes y la bocamina de una empresa extractora de carbón. Se trataba de una de las minas que habían sido cerradas y abandonadas en la época de declive de la extracción de hulla. Estaba decidido, así, además contribuiría más aún al resurgimiento de la economía de su pueblo, y el movimiento de trabajadores, vehículos pesados etc. no sería sospechoso para nadie. Conocía a la persona idónea para hacerse cargo del desarrollo y control de las minas. Era Roberto, un compañero de los últimos años de minero de su padre. Un hombre honrado donde los hubiera, experto picador y capataz, que conocía al detalle todos los entresijos de la actividad minera. Sí. Estaba decidido también. 101


Tendría que localizarle y convencerle, pero algo le decía a Gustavo que no sería muy difícil que aceptara, y además con gran entusiasmo.

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8 Para gestionar adecuadamente todas las vertientes del Plan Marchiali, había decidido crear un complejo entramado de empresas que cubrirían directamente la financiación del proyecto. El proyecto debía contar con el mayor nivel de independencia económica posible, para conseguirlo se dedicó a extender su red de empresas en el sector turístico y de restauración, así como el minero, y todo aquello que fuera compatible con el resurgir de la comarca. Dentro del proyecto oficial de adquisición de la mina, figuraba una amplia reforma y modernización de sus instalaciones, que enmascararían adecuadamente la construcción de las instalaciones del Plan Marchiali. También se planteaba que podría resultar sospechoso el volumen de los suministros habituales al recinto que se preveía muy importante. Teniendo en cuenta que dichas instalaciones albergarían durante un tiempo indeterminado a un grupo también indeterminado de personas, no se podría preparar la logística alimenticia “llamando al supermercado del pueblo”. ¡O quizás sí…! Si el supermercado del pueblo fuera suyo. Para solucionar el problema, una vez más utilizaría su complejo empresarial para instalación de una pequeña red de establecimientos de alimentación con lo cual aseguraba el 103


suministro camuflado bajo una unidad de negocio abierta también al público. También instaló una ferretería, que suministraría la pequeña maquinaria y herramientas necesarias para todas las obras, e incluso para las explotaciones mineras, pues allí no existía ninguna y la más cercana estaba a unos sesenta kilómetros de Acebedo. Asimismo, y con la excusa de querer llevar sus empresas del modo más moderno posible y dotarlas de los más avanzados sistemas de gestión, también instaló una empresa que se dedicaría al suministro y mantenimiento de material informático. Había ideado todo el sistema en departamentos “estancos” de forma que la ferretería, los colmados, las minas, los centros turísticos, etc. tendrían todos ellos capacidad jurídica independiente, y los profesionales que estuviesen al frente así como los trabajadores contratados en ellos serían totalmente ajenos al proyecto. En el caso de que algo saliera mal, el único nexo de unión entre ellos sería que el dueño de su empresa era la misma persona, lo cual les eximiría de total responsabilidad frente a la justicia. Además después de los oportunos estudios económicos había decidido poner en práctica lo que su asesor en asuntos económicos había bautizado como”Promoción Asistida”. Esta figura consistía simplemente en que Gustavo sería el promotor de todas y cada una de las empresas a instalar. Sin embargo las personas que finalmente se situaran al mando de ellas, si lo deseaban, podrían abonar mensualmente una cantidad establecida con el objeto de que al cabo de unos años – variando su número en función del tipo de negocio- podrían ser los propietarios de sus propias empresas. Eso permitiría a Gustavo recuperar parte de las inversiones realizadas al tiempo que garantizaba la continuidad de esos 104


negocios en caso de que su proyecto no evolucionase como esperaba. Solamente conservaría la propiedad de aquellos negocios que tanto Gustavo como su “Consejo de Sabios” considerasen que eran importantes y estratégicos para la adecuada financiación y el buen desarrollo del Plan Marchiali. Además estas personas ignorarían totalmente la existencia del proyecto. Simplemente era aplicar una vez más la máxima de que “Lo que ignoras no puede perjudicarte”. Era una época en la que todo el mundo se asociaba. Al parecer la afluencia de fondos procedentes de la Unión Europea hacia que la proliferación de asociaciones de empresarios fuera enorme. Otra cosa diferente era que realmente fuera efectiva en cuanto a la promoción del comercio se refiere. Sin embargo, la idea le parecía muy buena, ya que constituyendo una asociación de empresarios de la zona, tendría la coartada perfecta para todo tipo de reuniones y actos que a él le interesara organizar, sobre todo de cara a la captación de personal cualificado. Incluso sería la disculpa perfecta para la agilización de los trámites legales de todas sus empresas tapadera. Trámites que en muchos casos ponían a prueba los nervios de cualquier emprendedor. Por ello comenzó la constitución de la Asociación de Empresarios del Valle de Acebedo, que oficialmente tenía como fin el desarrollo y la defensa de los intereses de todos los empresarios , pequeños y grandes, de la zona. Obvio es decir que Gustavo fue inmediatamente nombrado presidente.

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Desde ese puesto organizó todo tipo de eventos que le brindarían el más amplio conocimiento del mundo empresarial y comercial al tiempo que le sirvió para conocer a algunas personas que posteriormente le serían de gran utilidad en sus planes. Pero lo realmente útil de la asociación para Gustavo era que con el pretexto de su cargo, a nadie le extrañaría que pidiera datos e información de todo tipo a organismos y personas a los que de otro modo no tendría acceso, y en todo caso alguien podría preguntarse por la finalidad de dicha información. Del modo más escrupuloso posible, y por motivos de seguridad, procuró que ninguno de los miembros de la asociación perteneciera al mismo tiempo al Plan Marchiali. Había creado también la Corporación de Turismo Rural de Acebedo, con el fin de que fuera la figura fiscal visible que se encargaría de esa parte de la gestión y que sería un negocio en sí mismo que quedaría en manos de sus herederos, en el caso de que las cosas no salieran como él esperaba. Dentro de la corporación existirían diversas empresas. Una de ellas sería una promotora que adquiriría y gestionaría, en su caso, la propiedad de numerosas casas y diversos negocios hosteleros de la zona, que posteriormente promocionaría en el mercado turístico tanto nacional como internacional. El buque insignia de sus empresas sería el “Hostal Riaño”, que, instalado en una de las dos grandes casas solariegas, estaba dotada de cuatro plantas. En la planta superior estaba instalado el domicilio de Gustavo, que con cerca de trescientos metros cuadrados contaba con dependencias para, en un momento dado, poder hacer una reunión al más alto nivel tanto técnico como de servicios o acoger a cualquiera de sus amigos y colaboradores. Las plantas segunda y tercera, estaban dedicadas a habitaciones, de diferentes tamaños y estilos que podrían hacer las delicias de cualquier viajero. Entre las dos plantas, contaba con 106


treinta habitaciones y varios salones que tenían diversos usos, como biblioteca, salón de televisión, etc. La planta baja era el lugar destinado a salones para comer, algún que otro salón para reuniones sociales así como las dependencias de servicios como cocina, etc. Disponía también una planta sótano, en la que se encontraban dependencias como la lavandería, despensas, almacenes, etc. En este sótano, también se encontraba el acceso a la bodega. Una bodega en la que descansaban los mejores vinos del país, como Rioja, Penedés, Ribera del Duero etc. además de algunos de los mejores caldos del mundo que harían las delicias de sus huéspedes, al igual que el alto nivel de calidad gastronómica del centro. La otra gran casa, estaba organizada como un anexo del hostal, de modo que podría albergar, en un momento dado, a un número nada despreciable de inquilinos. Su destino oficial era el de servir como sede para congresos, reuniones empresariales, etc. Además del hostal “Riaño” y su edificio anexo, existían dos establecimientos de tamaño inferior, pequeñas pensiones, que con apenas una docena de habitaciones cada uno, daban servicio a los visitantes menos pudientes, entre los que se solían encontrar grupos de jóvenes, parejas de novios etc. También existían dos hoteles normales, así como un apartotel. En la época de primavera y verano, pues en otras épocas las inclemencias del tiempo no lo permitían, existía a las afueras del pueblo un camping que junto con las zonas habilitadas para la 107


acampada libre, que también era importante en la zona, completaba la oferta hotelera del lugar. En cuanto a las posibilidades de ocio, se habían instalado varias cafeterías y restaurantes, la mayoría de ellos especializados en la gastronomía de la zona, donde se podía comer el mejor de los lechazos, además de un cocido espléndido, y el mejor surtido de embutidos del mundo. Cuando Álvaro se hizo cargo de la gestión del grupo, lo hizo con una carga de entusiasmo y ganas de trabajar que hacían prever que todo saldría a la perfección, con el consiguiente agrado de Gustavo. Por su parte, al frente de las Explotaciones Mineras de Acebedo, Roberto lo tenía más fácil desde el punto de vista de que el trabajo de la mina era menos diversificado que el turístico. Pero sin embargo tenía más complicación técnica. Una vez que el grupo había adquirido la totalidad de la propiedad, se puso manos a la obra. Su primera misión, acompañado de los primeros trabajadores contratados, era la inspección detallada, intensa y exhaustiva de las instalaciones, pues no en vano llevaban varios años abandonadas, y antes de que empezasen a funcionar a pleno rendimiento había que hacer multitud de reparaciones y puestas a punto. Estas instalaciones contaban con varios edificios en la superficie, en los que se encontraban dependencias como las oficinas, los vestuarios de los mineros, almacenes de maquinaria y herramientas, talleres etc. Asimismo había instalaciones como cintas transportadoras, muelles de carga, escombreras… En fin un conjunto de emplazamientos que había que rescatar del abandono y la ruina.

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En el interior, la red de galerías de la mina estaba también en un estado muy lamentable, pues ese tipo de instalaciones si no tienen el mantenimiento adecuado, su deterioro es mayor y más rápido que en el exterior. Elementos como los elevadores, el suministro de aire, la instalación eléctrica, el sistema de extracción del material al exterior etc. no sólo estaban obsoletos, sino totalmente inservibles. Pero como en el caso de Álvaro, las ganas de Roberto de trabajar, y de hacerlo bien, unidas a la financiación de Gustavo, haría que todo fuera posible. Cada vez iban llegando más familias al pueblo. Poco a poco todo iba completándose, con la más absoluta normalidad. Gustavo decía siempre que la mejor forma de ocultar una cosa, era dejándola a la vista de todo el mundo. Y aunque con las normales limitaciones de la expresión era la filosofía que solía mantener. Solía recordar un chiste que le había contado su padre siendo niño: Hijo, ¿cómo ocultarías un elefante en la plaza del pueblo? -Le preguntó esperando unos minutos mientras Gustavo pensaba.- Cuando el niño desistió por no conocer la respuesta, su padre le dijo: es muy sencillo hijo, ¡llenando la plaza de elefantes! Era muy consciente de que una instalación nueva o simplemente rehabilitada, podría despertar muchas sospechas, sin embargo si ésta estaba incluida en un maremágnum de obras de todo tipo, que estaban sobradamente justificadas, tendría muchas más probabilidades de pasar inadvertida.

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En el complejo de sociedades que había creado para dar cobertura a su proyecto había una empresa de selección de personal. Ésta se dedicaría a seleccionar a los empleados que se ocuparían de poner en marcha todos los negocios que el Plan Marchiali había creado para el relanzamiento de la zona. Estos trabajadores no eran conocedores en absoluto del proyecto, pensaban simplemente que iban a vivir y trabajar en un ambicioso proyecto de tipo turístico en las montañas de los Picos de Europa o bien a trabajar en las minas y en las canteras. No había ningún motivo para sospechar que en el fondo había otra cosa. El “catálogo” de profesiones que se podrían encontrar en Acebedo era muy amplio. Desde personal de hostelería como camareros, cocineros, limpiadores, expertos en turismo etc., que se harían cargo de los centros de turismo rural, hoteles, hostales, restaurantes, bares, centros de ocio, etc. hasta personal que atendería a toda una red empresarial de apoyo al turismo como eran oficinas bancarias, de seguros, de transportes, alimentación, artículos de regalo… etc. Todo un aluvión de personas, de todas las edades iba llegando a Acebedo con toda normalidad estando estructurado de todas las formas posibles: jóvenes y adultos, solteros y casados, parejas solas y con niños… En fin que era una “repoblación” de la comarca en toda regla, que incluso por si misma ya merecería la pena aunque no existiera el proyecto del Plan Marchiali. Sin perder de vista, por supuesto, a las personas de los alrededores que encontraron un puesto de trabajo que hacía mucho tiempo habían dejado de esperar. Además, todos ellos habían sido captados por la empresa de selección de personal de forma independiente, sin ningún tipo de conexión entre unos y otros y sin que ellos supieran que el propietario de todas las empresas era el mismo. Por ese motivo 110


cada uno de ellos se iba incorporando al proyecto según su empresa entrase en funcionamiento. Se había calculado con detalle que los primeros establecimientos en abrir sus puertas fueran los de hostelería, con el fin de que los siguientes tuvieran alojamiento desde el primer momento. También en la empresa minera se fueron incorporando los trabajadores a medida que la labor de la mina lo exigía. En una primera fase habían comenzado su trabajo los empleados que se encargarían de la rehabilitación y puesta en marcha de las infraestructuras necesarias para la explotación. Posteriormente en una segunda fase se fueron incorporando los mineros que se encargarían exclusivamente de la extracción del mineral, sin tener ni la menor idea de que junto a las galerías en las que ellos trabajaban podría existir algo de la envergadura del Plan Marchiali. Incluso los accesos principales a estas instalaciones eran totalmente independientes aunque sí existía una conexión entre ambos que solamente los “Sabios” conocían. Las personas que trabajaban en lo que era el núcleo principal del Plan Marchiali, en la zona en la que residirían los “invitados”, no sabían realmente el alcance real de lo que se traían entre manos. Sabían que trabajaban en un proyecto científico y militar del más alto nivel. Sabían que se encontraban en un punto muy alto en el escalafón “de los secretos de estado”. Sabían que habían firmado un compromiso muy serio de confidencialidad con respecto a su trabajo. Sabían que en según qué puesto, ni siquiera sus cónyuges sabían con exactitud en qué consistía su trabajo. Sabían que su sueldo era no sólo generoso, sino extremadamente generoso y pensaban que ello era para evitar la posibilidad de que alguien del personal pudiera ser “comprado” por otras instancias. Pero... ¿De verdad sabían lo que estaban haciendo?

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Tan sólo un grupo muy escogido de entre todo el personal de Plan Marchiali, aquellos que estaban en contacto directo con los invitados, sabían a ciencia cierta lo que estaba sucediendo en el subsuelo de los Picos de Europa. A estas personas no había sido fácil encontrarlas, y una vez localizadas fue aún más difícil reclutarlas. Había personas de muchos países diferentes, de diversas razas, de ideas políticas y religiosas de todo tipo. Es decir un autentico Arca de Noé. El personal estaba distribuido por grupos, que a su vez estaban divididos en tres equipos. Cada uno de estos equipos realizaba su jornada de trabajo normal, sin saber a ciencia cierta quiénes eran los componentes de los otros dos. Aunque en las instalaciones existían varias plantas dotadas de apartamentos, cada equipo tenía acceso únicamente al ocupado por “su invitado” siendo el encargado de la atención, custodia y vigilancia de ese invitado concreto. De esta forma, si cualquiera de ellos fuera interrogado en un posible juicio, o incluso sometido a tortura, tan sólo podría afirmar la existencia de un invitado, desconociendo así la verdadera magnitud del Plan Marchiali. Incluso el momento en que se producía el relevo de un equipo por otro, el protocolo de seguridad se desarrollaba con tal meticulosidad y “ceremonial” que no podría haber lugar para ningún error.

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9 Álvaro también había nacido en el pueblo hacía 45 años, y desde hacia al menos veinte, veía como la gente se iba marchando en busca de nuevas oportunidades fuera de allí. Por un lado estaba la dureza del trabajo en la montaña, y por otro, la poca rentabilidad y calidad de vida que les proporcionaba. Sí, era una vida demasiado dura para una persona normal. El trabajo diario en la mina se sumaba a los inviernos infernales que se producían en la zona. Muchos de esos días de invierno se los pasaban incomunicados por unas nevadas que harían la felicidad del gerente de cualquier estación de esquí. Pero allí, en la montaña, no era demasiado comprensible ese deporte. El hecho de que hubiera gente que pagara por disfrutar de algo que a ellos les mantenía al borde de la tragedia durante buena parte del año, simplemente no todos lo comprendían. Conocía la zona como la palma de su mano. Cada camino, cada recodo, cada hueco producido en el suelo, bien fuera por acción de la naturaleza, o bien por esa especie de topo que eran los mineros. Además era un gran amante de la montaña. Conocía la flora y la fauna de su zona de una forma espectacular. Su padre le había inculcado un amor por la naturaleza que es muy difícil de conocer en un medio urbano. Quizás fuera una forma de disculparse por las heridas que su actividad minera producía en sus entrañas. A pesar de que también había vivido toda su vida de la tierra, no dudó en ponerse a trabajar en la mina tras el fallecimiento de su padre. 113


Las tierras y la ganadería, se le quedaban demasiado grandes, no se sentía con fuerzas para llevar adelante aquello él sólo, por lo que no dudó en aceptar la oferta que le habían hecho los amigos de su padre de trabajar en la mina. A veces, cuando la melancolía hacia mella en él, se sentía como un traidor, como un animal que después de haber vivido de la tierra, ahora se dedicaba a picar y destruir sus entrañas. Ese sentimiento estuvo a punto más de una vez de hacerle dejar su trabajo en la mina. Pero ya tenía 45 años y era un poco tarde para retomar su vida y comenzar de nuevo. Además ya le quedaba menos tiempo para jubilarse y entonces quizás tendría tiempo para dedicarse a disfrutar de “su naturaleza” con lealtad y con limpieza. Pero una vez más la vida le obligaría a dar un giro a sus ilusiones y sueños. Crisis. Esa palabra tan demoledora, que hasta entonces sólo la había visto en la prensa y en la televisión cuando se hablaba de “crisis en la bolsa”, “crisis del petróleo”, ”crisis en el gobierno”, etc. Pero ahora le afectaba directamente, era la crisis del sector del carbón que a causa de una brutal reconversión minera, había supuesto el cierre de muchas empresas como la suya. La primera consecuencia fue el despido de muchos trabajadores, y el éxodo hacia otras ciudades en busca de trabajo. Algunos que ya no tenían ni la formación adecuada ni la edad para obtenerla se habían quedado en el pueblo. Mantenían una pequeña huerta y algo de ganadería que solamente les servía para el consumo propio. De este modo, la edad media de la zona experimentó un gran aumento convirtiéndose en una especie de geriátrico de montaña. Álvaro sin embargo, no terminaba de asimilar correctamente las razones de esa crisis. ¿Por qué?, si seguían existiendo y funcionando todas las centrales térmicas, las 114


cementeras, etc. Si la mayor parte de los hogares, sobre todo de tipo rural, seguían calentándose con calefacciones de carbón, ¿por qué –se repetía una y otra vez– hay que cerrar las minas? Afortunadamente, le concedieron un par de años de subsidio, y finalizados estos, podría acogerse a la jubilación por los años de servicio y cotización a la seguridad social. Pero eso no disminuía en absoluto el sentimiento de catástrofe que le invadía por el futuro de su pueblo. Se había propuesto quedarse y hacer todo lo que estuviera en su mano por salvar al pueblo del olvido e incluso del abandono, pero al final, tuvo que rendirse a la evidencia y trasladarse a Madrid -ciudad en la que vivía y trabajaba su único hijo- dejando su casa vacía y a merced del tiempo y el abandono. Gustavo y él eran viejos amigos, ya que habían compartido muchas actividades en su juventud, e incluso habían tenido una novia común, aunque no al mismo tiempo. En varias ocasiones había coincidido con él y habían charlado acompañados de un café. El tema de conversación era predecible: el estado del pueblo, su futuro, las andanzas de los amigos comunes que se habían ido como ellos, etc. Fue una de las primeras personas que pasaron a formar parte de su grupo, habían comentado en muchas ocasiones lo difícil que era todo en la actualidad y había llegado a la conclusión de que el nivel de decepción de Álvaro era muy similar al suyo. Para estar convencido de que sería una persona ideal para su proyecto, le había sonsacado todo lo que le interesaba saber a lo largo de numerosas conversaciones en el trascurso de comidas, cenas y reuniones de todo tipo. Cuando ya estaba seguro de que sería sin duda un magnífico colaborador, le invitó a pasar un unos días en su pueblo.

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Álvaro, en principio, había acudido pensando exclusivamente en pasar un agradable fin de semana en la montaña, respirar ese aire puro que era tan escaso en Madrid, caminar, degustar las maravillosas comidas típicas de aquella zona, y recordar los viejos tiempos. El segundo día de estancia en Acebedo, después de haber dado cuenta de un gran cocido maragato y después de haber perdido una partida de mus contra una pareja de lugareños, Álvaro y Gustavo, salieron a caminar por el campo. Era un paseo agradable, la tarde era veraniega pero el calor de la fecha era suavizado por una brisa de montaña que abría las ganas de caminar y contemplar el paisaje montañero. Después de una hora larga caminando, en la que se habían detenido numerosas veces para comentar tanto la fauna como la flora del lugar –y también para descansar, pues la edad empezaba a notarse- llegaron a un punto en el que se veían los restos de una “bocamina”, entrada que había sido de una de las minas de carbón que años atrás había dado trabajo a muchos hombres de la zona. - Álvaro -le preguntó Gustavo-¿Cuánto hace que no entras en una mina de carbón?, -A lo que Álvaro le contestó con un cierto toque de melancolía- ...Pues mucho tiempo, la verdad es que hace unos cuantos años. -Pues vamos - le dijo Gustavo mientras se dirigía hacia el interior de la mina - tengo curiosidad por ver en qué estado se encuentra. Después de comprobar los estragos que el paso del tiempo había causado en la mina, llenando las galerías de polvo, algunos hierbajos e incluso algunos animales que la habían elegido como lugar para morir, salieron lamentándose por el deterioro general de la zona. Gustavo fue profundizando en la conversación. 116


- Yo creo que debíamos de hacer algo –afirmó– si no lo hacemos los que somos de aquí ¿Quién va a hacerlo por nosotros? - Ya –respondió Álvaro– pero lo que no se hizo en su momento… seguramente ahora será mucho más complicado. La gente se ha ido, ha rehecho su vida en otra parte, sus hijos se han establecido –continuaba– y ahora a muchos de ellos ya no les interesará volver. - Es cierto, en eso tienes razón pero quizás si hubiera algo en Acebedo y su entorno, que les atrajese lo suficiente…– le apoyaba Gustavo dejando en el aire una posibilidad. - Tu piensa en ti mismo Álvaro –insistía- si estuvieras en Madrid, o Barcelona y de repente alguien te ofreciese la oportunidad de volver a tu pueblo, desarrollar un trabajo agradable, y además contribuir así al resurgimiento de la zona, ¿ qué harías? …Piensa también en la cantidad de personas que hay en las grandes ciudades que ni siquiera han tenido la ocasión de conocer la vida en una comarca como ésta. ¿no crees que podría interesarles comenzar una nueva vida, más sana y más tranquila, en un paraje tan maravilloso? - Y eso por no hablar de las personas que estén en el paro y a las que no importará en absoluto desplazarse a Acebedo para tener un puesto de trabajo. Solamente tienes que ver el auge que ha tomado en los últimos años todo lo referente al turismo rural sentenció Gustavo-. -Hombre, desde luego que sí – le contestó Álvaro – sin duda sería fantástico que la gente del pueblo regresara y si es atrayendo a otra gente mucho mejor. Siguieron durante un buen rato hablando del tema y haciendo “castillos en el aire” sobre la gran cantidad de proyectos

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que se podrían acometer para esa reactivación económica y “vital” del valle. También le sorprendió el interés que Gustavo mostraba por saber exactamente donde se encontraban las personas que siendo más o menos de su edad se habían ido. Pero lo achacó simplemente a ese sentimiento y deseo de evolución de su pueblo que él mismo mostraba siempre que hablaba con alguien. Si él tenía tantas ganas de que todo resurgiera, ¿por qué no podía haber más personas como él? Incluso le agradaba, porque avivaba aún más la luz de esperanza que él se había empeñado en no dejar que se apagase. Ese sentimiento sería muy útil, no sólo para él mismo sino también para Gustavo cuando más adelante le propusiera sus planes. Por ese motivo, le agradaba hablar con él. Poco a poco le fue mentalizando de que si ya no había opción a explotar los medios de que disponían antaño, como la ganadería o la agricultura, sí existía una “nueva” industria para la que el Valle de Acebedo sería un emplazamiento ideal. El turismo. -¿El turismo?- Pensaba Álvaro cuando Gustavo le hablaba de ello. -Pero si aquí no tenemos nada, no hay monumentos, no hay museos, no hay playa, ¿qué podemos ofrecer nosotros a los turistas? – Se preguntaba, y preguntaba a Gustavo. -Tenemos muchas cosas -le replicaba éste- que pueden ser muy cotizadas por las personas que viven en las grandes ciudades. No tienes más que ver el ajetreo con el que se vive allí. Todo el día corriendo de un lado para otro. Sin descanso. Mucha gente de Madrid, Barcelona y muchas otras ciudades pagarán con mucho gusto por estar unos días en estos parajes de aire limpio, de tranquilidad y sosiego. 118


-Álvaro le miraba incrédulo- Sí, te creo, puede ser, pero para eso será necesaria mucha inversión ¿no? –le replicaba¿de dónde piensas sacar el dinero? -En realidad la inversión es lo de menos, lo importante es contar con gente con ganas, ilusionada y decidida a llevar el proyecto adelante. El dinero vendrá luego por si sólo- Sentenció Gustavo. Esa expresión hacia sonreír a Álvaro –El dinero vendrá luego por sí sólo– ¡ya! Él, aunque siempre había vivido bastante bien gracias a su sueldo en la mina, sin embargo siempre había pensado que el dinero era muy difícil de obtener. Lo que menos se imaginaba en ese momento, era que Gustavo ya había decidido invertir gran cantidad de dinero en ese proyecto y tenía prevista la continuidad de esa financiación Sí Álvaro, sí – continuó Gustavo – tenemos unos grandes recursos naturales para ofrecer a los visitantes, turismo rural, deportes de montaña, senderismo, zonas de baño en los ríos, pesca, caza etc. Podría estar un buen rato diciéndote la potencialidad de la zona, las innumerables formas de promocionar nuestro pueblo y crear puestos de trabajo para que tus hijos y nietos no tengan que irse de aquí. Álvaro, le miraba y no sólo le escuchaba sino que absorbía expectante todo lo que le estaba planteando, pero Gustavo no quiso continuar en ese momento y aprovechando que acababan de entrar de nuevo en el pueblo cambió de conversación dejando el asunto para otro momento. Sabía perfectamente que como en el teatro, una especie de “mutis por el foro” haría que su amigo meditase mucho sobre el tema. No procedía desvelar tan pronto sus intenciones, le interesaba que lo pensara, lo comentara con su familia, e incluso en el pueblo con el fin de ir tejiendo su “red” de la forma más 119


sólida posible, ya que todo eso sería la “fachada principal” de su proyecto.

Roberto era también de la pandilla, aunque un par de años mayor que Gustavo y Álvaro, y era también nacido en la zona. Sus padres, al igual que muchos otros, habían vivido toda la vida de la tierra, de la ganadería y de la agricultura y le habían inculcado también un gran amor a la naturaleza. Por circunstancias similares a las de Álvaro, Roberto terminó trabajando en la mina hasta que casi coincidiendo con su cierre, había sido dado de baja por silicosis. En el momento en que Gustavo contactó con él no tenía problemas económicos, pues como muchos otros vivía de una holgada pensión. Pero no se trataba de eso, a él le preocupaba sobremanera que sus dos hijos hubieran tenido que irse a buscarse la vida fuera del pueblo. El hecho de que sus hijos amaran tanto su tierra, que siempre que podían vinieran a verle, y pasaran los periodos de tiempo que podían arañar a sus trabajos fuera, no le consolaba mucho pues a pesar de ello, veía cómo Acebedo y su comarca se iba marchitando poco a poco. Era el motivo de conversación más recurrente cuando se encontraba con los pocos amigos que quedaban allí, como Álvaro, que también echaba mucho de menos los tiempos felices en que Acebedo disponía incluso de su propio equipo de futbol, que competía con los de otras zonas en el campeonato provincial. En un momento dado, coincidieron los tres en el bar del pueblo, a la “hora del vino”, tradición ineludible en los pueblos de León. Gustavo ya estaba prácticamente convencido de que Álvaro sería su colaborador, pero decidió que antes de darle la “puntilla” le utilizaría como cebo para conocer el punto de vista de Roberto 120


y en el caso de que éste fuera un firme candidato, también le serviría para captarle definitivamente. Aprovechando la circunstancia de que ya había hablado anteriormente con Álvaro, les invitó a ambos a una merienda y en el transcurso de la misma, dirigió la conversación precisamente por esos derroteros, en los que no sólo Gustavo, sino también Álvaro y Roberto, manifestaban de forma vehemente su frustración por el porvenir no sólo de su pueblo sino del país e incluso del mundo en general. Sin embargo no eran opiniones derrotistas, sino que dejaban entrever que podrían ser problemas con solución. Álvaro y Roberto daban a entender que la mayoría de esos problemas eran solamente debidos a la mala gestión de sus responsables. -¡Mira por dónde!- Pensó Gustavo - Precisamente utilizaban los mismos argumentos que él venía barajando desde hacía mucho tiempo Gustavo les preguntó: -¿Y hasta dónde seríais capaces de llegar para solucionar todos esos problemas? A lo que ellos le contestaban con resignación: -Hombre Gustavo, y ¿qué podemos hacer nosotros? ¡Si no somos más que un par de jubilados llenos de nostalgia y buenos deseos! -Quizás – replicó Gustavo – pero lo que está claro es que el mundo ha sido hecho por los valientes, los que han plantado cara al mundo y no se han dejado llevar. A veces hace más daño un pequeño grano de arena en el ojo del enemigo que una gran pedrada en la cabeza.- insistía Gustavo. -Vale valiente, -contestó Álvaro, como el que le da la razón a un loco- tú busca la forma de solucionarlo y nosotros te apoyaremos al máximo.

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-Eso –apuntilló con sorna Roberto sin saber la trascendencia de sus palabras– cuando sepas el cómo dinos el cuándo ¿vale? ¡Vale! – sentenció Gustavo, continuando la conversación y constatando que el buen humor inicial con el que ellos parecían asentir a sus ideas era en realidad un deseo muy arraigado en sus corazones. Realmente deseaban que algo se pudiera hacer y por supuesto ellos tomarían parte activa en su desarrollo. Para informarles con más detalle de sus planes y ofrecerles su participación en ellos, prefirió invitarles a pasar varios días a su casa de Madrid. En la urbanización en la que él vivía tendrían la intimidad suficiente para hacerles su proposición con la seriedad que el tema requería. Álvaro y Roberto, en alguna ocasión en la que se habían reunido a solas, habían hablado sobre la propuesta de Gustavo. -¿Y a ti que te parece? ¿Tú crees que realmente la zona tiene las posibilidades de las que Gustavo habla con tanto entusiasmo? –preguntaba Álvaro-. -Desde luego que sí. En muchas ocasiones hemos oído hablar del asunto, e incluso nosotros lo hemos comentado muchas veces -respondía Roberto-. Quizás lo que hacía falta era la persona indicada, que tuviera la iniciativa y el potencial económico suficiente para afrontarlo. -Además –continuó Álvaro- a mí, personalmente me ha agradado mucho el hecho de que él es consciente de que, aunque tenga el dinero necesario para hacerlo, sería casi imposible sin contar con la gente de la zona. -Sí, tienes razón, eso es un gran punto a su favor –afirmó Roberto-.

Una vez en su casa, les demostró que su situación económica y social le permitiría afrontar el proyecto con 122


tranquilidad. Les explicó los avatares de su vida empresarial antes y después del fallecimiento de su padre. Ellos, al ver que en efecto estaba en una situación económica envidiable, y que todo cuanto les planteaba era realmente posible, empezaron a tomar en serio sus propuestas. A medida que Gustavo iba ampliando los datos de su ofrecimiento, iban pensando en que la zona de Acebedo y aledaños tenía un gran potencial y que solo era cuestión de estructurarla adecuadamente para su perfecta explotación. Inmediatamente comenzaron a hacer mentalmente planes para que sus hijos regresaran al pueblo con sus nietos, con el fin de labrar un gran futuro, en el que nadie más debiera de marcharse. Gustavo estaba satisfecho. Había comprobado que no se había equivocado al poner sus ojos en sus dos viejos amigos. Otra cosa sería ver si estarían también interesados en la segunda parte -la auténtica- de sus planes. Pero prefirió esperar unos días a plantearles el Plan Marchiali, solamente el tiempo que tardaran en digerir y procesar el proyecto turístico de Acebedo. -Un par de días – Pensó Gustavo muy seguro de si mismo. Efectivamente, como si lo hubieran planeado entre todos, dos días después, delante de un buen vino del Bierzo, Álvaro le dijo, en nombre de los dos: -De acuerdo Gustavo, hemos estado pensando en lo que nos has propuesto el otro día y hemos llegado a la conclusión de que sí merece la pena luchar por nuestra tierra. Ya nos contarás los detalles.

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-Sí, - abundó Roberto - nos agrada que haya alguien que esté dispuesto a invertir en el desarrollo de Acebedo y su comarca. -Pues me alegro mucho- repuso Gustavo – aunque estaba seguro de que no podíais rechazar mi oferta. Os conozco desde pequeños y sé que os duele tanto como a mi ver cómo se pierde todo en el olvido. Y añadió: Estad tranquilos, en estos momentos me encuentro elaborando el proyecto definitivo y en cuanto esté listo os llamaré para daros todos los detalles. Y me alegro de contar con vosotros. Posteriormente se limitaron a disfrutar del fin de semana, charlando y recordando viejos tiempos.

Desde hacía varias semanas, habían tenido reuniones en las que Gustavo les iba contando a sus amigos los detalles del proyecto de explotación turística y minera de Acebedo. El entusiasmo de Álvaro y Roberto, iba creciendo a medida que iban conociendo los entresijos del Plan Marchiali. El sólo hecho de que todo ese complejo pudiera crear decenas de puestos de trabajo en su pueblo, era como un sueño para ellos. La sola posibilidad de que sus hijos pudieran regresar con sus nietos, establecerse y tener un futuro era magnifico. Incluso –pensaron– si regresan unos cuantos matrimonios jóvenes, que tengan hijos pequeños, podría reabrirse la escuela, que fue cerrada hace años por falta de escolares. En vista del gran impacto que había causado la idea en sus amigos y el gran nivel de implicación que estaban dispuestos a aportar, Gustavo decidió que sus amigos serían su mano derecha en todo el complejo de la parte visible del proyecto. 124


Por las diferentes cualidades de cada uno, eran idóneos para ocupar diferentes puestos. Álvaro sería su lugarteniente en todo lo referente al complejo turístico, puesto que tanto sus conocimientos como ideas y proyectos iban más acordes con este campo. Sin embargo Roberto, no sólo estaba más preparado para hacerse cargo de las minas, sino que además era la pasión de su vida. Pasión que se había visto truncada por la enfermedad, lo que le hacía desear aún más encargarse de hacer renacer la explotación. Para que todos los planes salieran bien, Gustavo estaba dispuesto a no regatear un céntimo. Les apoyaría a la hora de completar en lo necesario su formación específica financiando cursillos, seminarios etc. ya que todo ello podían realizarlo fácilmente mientras se realizaban las labores de captación y contratación de las personas que deberían completar cada una de las partes del proyecto. Así, Álvaro acudió a ferias de turismo de interior, a congresos de turismo rural, a másters sobre dirección y gestión de empresas, etc., formación que le facultaría para dirigir con eficacia el futuro turístico de la comarca de Acebedo. Por otro lado, Roberto, que había asistido también a varias ferias especializadas en maquinaria de extracción de mineral, también había realizado cursos de dirección de personal, de gestión de empresas mineras, etc. y estaba dispuesto para tomar las riendas de las explotaciones mineras.

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Juan Robles había estado pensando durante largo tiempo en la posibilidad de pasar unos días de vacaciones con su familia en la montaña leonesa. Algunos compañeros de trabajo le habían hablado de las excelencias de la zona. Le habían descrito todo con tal lujo de detalles que casi podría decir que ya lo conocía. Estaba seguro – y solía bromear sobre ello – que si algún día tenia ocasión de hacer ese viaje, seguramente experimentaría una especie de “dejá vu” sobre los paisajes y ambientes de la zona. Además, sus amigos le habían enseñado multitud de fotografías de sus viajes anteriores, y también había consultado muchas páginas de internet en las que había obtenido una gran cantidad de información de todo tipo, como gastronomía, cultura y costumbres… en fin, que se había convertido en un pequeño experto en la zona, solamente le faltaba realizar los viajes correspondientes para poder opinar con conocimiento de causa. Y con el tiempo y el gran empeño que había puesto en ello, consiguió programar las tan ansiadas vacaciones para la primavera. En varias ocasiones, conversando con Rosa, su esposa, se habían puesto de acuerdo en que sería una gran ocasión para pasar unos días de descanso, apartándose del ajetreo que sufrían a diario en Madrid.

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Además, su trabajo era demasiado monótono y pesado. Se pasaba la mayor parte del día “colgado” de su ordenador realizando cálculos, preparando informes, organizando viajes para otros, etc. con lo cual esas vacaciones deberían ser casi por prescripción facultativa, o al menos eso pensaba él. Cuando ya había organizado todos los detalles, confirmó a su esposa que todo estaba listo. -Rosa, cariño, ya he cerrado la reserva del hotel para las vacaciones. -Vale – preguntó Rosa – ¿por fin has podido reservar en el hotelito ese que habíamos visto en Cistierna? - Si – asintió Juan – en realidad no está en el mismo pueblo, sino que es una pequeña casa rural que está a un par de kilómetros de él. -Bueno así es mejor, no dejara de ser más tranquilo que si estuviera en el mismo pueblo. Y con el coche no tendremos problemas para desplazarnos cuando queramos. –continuaba su esposa, al tiempo que preguntaba- ¿y finalmente cuantos días estaremos? - Diez días –le confirmó Juan– he estudiado las fechas de salida y llegada, y jugando un poco con el fin de semana podemos aprovechar para estar los diez días. Yo creo que lo pasaremos bien. Además solamente tiene diez habitaciones con lo que no habrá ninguna aglomeración. Y seguramente la mayoría de los huéspedes serán gente que, como nosotros, querrán tranquilidad y descanso. - Si, seguro, y además lo necesitamos. Sobre todo tú –decía mientras miraba condescendiente a su marido-. El trabajo en el ministerio últimamente te tiene demasiado agobiado ¿no?

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- Pues sí -reconocía Juan– últimamente nuestros políticos se mueven demasiado y nos tienen locos organizando y preparando todas sus correrías. Los dos meses largos que deberían esperar se hicieron un poco más cortos gracias a las expectativas que habían puesto en el viaje.

Era domingo. Juan y su familia hacían su entrada en el pueblo de Cistierna y se detenían en una cafetería con el propósito de tomar un café e informarse de la ubicación correcta del pequeño hotelito que les estaba esperando. El camarero, una vez que les había servido les ofreció también toda la información que necesitaban para localizar el establecimiento sin ningún problema. Mientras degustaban ese café y observaban el ambiente y a las personas que les rodeaban, esperaban que la estancia fuera tan gratificante como les habían asegurado sus compañeros. -La verdad – comenzó a hablar Juan – es que el paisaje es precioso. En Madrid no podemos ver estas praderas tan verdes y estos bosques tan poblados. -Sí – comentaba también su hijo Dani, de siete años – y ¿has visto papá, la cantidad de vacas que había en los prados? Yo no había visto tantas juntas nunca. – manifestaba maravillado el niño. - Sí hijo, sí – le contestó su madre – fuera de las grandes ciudades como Madrid, se pueden ver muchas cosas que generalmente sólo veis en los libros. El campo es magnífico y deberíamos cuidarlo más, ya que es el que nos suministra la mayor parte de los alimentos. - Pero no me hagáis ponerme trascendente, que hemos venido de vacaciones –sonrió Rosa al tiempo que daba un abrazo a su hijo pequeño-.

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Juan, que se había mantenido observando la conversación y curioseando con la vista a su alrededor, se dió cuenta de que en un lado de la cafetería había una mesa en la que sus tres comensales parecían estar discutiendo de política, y le comentó a su esposa: - Sin embargo Rosa, hay cosas que se “cosechan” de igual forma en todos los sitios – le dijo sonriendo -. Mira en aquella mesa, aquellas tres personas están hablando de política y quejándose de lo mal que están las cosas. Igual que en Madrid y cualquier otro sitio. - Por supuesto, esas cosas no cambian, además –le contestó con sorna– los hombres sois iguales en todos los sitios, no sabéis hablar más que de política, futbol y mujeres. - Sí, bueno, ya estamos –contestó Juan fingiendo que le molestaba el comentario de su esposa y aprovechando para levantarse e iniciar la marcha - venga, vamos que tengo ganas de llegar e instalarme. Y así, se levantaron y salieron de la cafetería para dirigirse al hotel que les prometía –y esperaban que así fuera– unas magníficas vacaciones. Para llegar a su alojamiento tuvieron que atravesar el pueblo. Aunque no era demasiado grande, se notaba el ambiente festivo. Pudieron ver a numerosas parejas y grupos de personas paseando por el centro de la localidad, viendo escaparates a pesar de estar cerrados. Pasaron al lado de un par de parques en los que los niños jugaban tranquilamente. Incluso al pasar por delante de una discoteca, vieron cómo los jóvenes se disponían a entrar y pasar una tarde de diversión. Les agradó comprobar que no sería un pueblo aburrido, pues aunque ellos deseaban descansar, también les atraía un poco de ambiente festivo y de ocio.

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Cuando llegaron a su hotel, tomaron posesión de su habitación y tras darse una buena ducha reparadora, se dispusieron a salir, como si de una expedición se tratase a ver lo que les ofrecería Cistierna durante sus vacaciones. Pasearon y comprobaron que la primera impresión recibida al llegar se mantenía. La gente parecía divertirse, cada uno con su ocupación preferida. Mientras unos paseaban tranquilamente, otros degustaban una taza de café o un refresco en una de las numerosas terrazas que ocupaban las calles de Cistierna. Juan estaba seguro de que serían unos días agradables. Pero no pensaba dedicar los diez días de sus vacaciones a Cistierna. En realidad lo que más le había atraído a la zona era precisamente la comarca. Le habían hablado mucho y muy bien de los pueblos típicos, de sus paisajes, de su gastronomía, etc. así que en cuanto regresaron al hotel, lo primero que hizo fue dirigirse al recepcionista y preguntarle: -Hola, buenas tardes.- saludó. -Hola, buenas tardes caballero - le contestó Pepe, el recepcionista - ¿en qué puedo servirle? - Verá, quería información sobre la zona, lugares de interés para visitar, pueblos, parajes, etc. pues me han comentado mis compañeros que por aquí hay muchos sitios y muy bonitos y dignos de ser visitados. - Pues sí, sus compañeros no le han engañado –le contestó Pepe– los Picos de Europa tienen unos paisajes preciosos, una fauna y una vegetación fantástica, no se arrepentirá de haber venido. - Mire –continuaba mientras le ofrecía diversos folletos en los que se encontraba toda la información– aquí encontrará todo tipo de detalles que le harán muy sencillo moverse por la zona, no tiene perdida, y si lo desean, nosotros podemos ofrecerles los

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servicios de una persona que les guie y les enseñe lo más importante. - Bueno, de momento me estudiaré estos folletos, si acaso decidiéramos disponer del guía, ya le diría algo –respondió Juan-. Y dándole las gracias se dispuso a subir a la habitación donde ya le esperaban su esposa y sus hijos. Después de descansar un rato en la habitación decidieron bajar a cenar al comedor de propio hotel. Era un salón con capacidad para unas treinta personas, en mesas de cuatro comensales. La decoración era la de una casa de labranza típica de la zona. Numerosos aperos y herramientas colgaban de las paredes, y el techo estaba formado por una serie de vigas de madera que parecían llevar muchos años sujetando el techo de la estancia. Cuando ellos se sentaron, apenas había un par de mesas más ocupadas por varias personas que tenían aspecto de ser de fuera, como ellos. Después de un breve saludo de cortesía se sentaron y se dispusieron a comprobar si eran ciertas las maravillas gastronómicas de las que les habían hablado. Cuando iban por el segundo plato, Juan observó que entraban en el comedor varias personas y se sentaban en una mesa, próxima a la suya. Comprobó que eran las mismas personas que había visto discutir sobre política en la cafetería, cuando habían llegado y así se lo comentó a Rosa. -Bueno Juan, serán visitantes como nosotros y tendrán conversaciones de todo tipo como cualquier persona – le contestó Rosa con un cierto tono de reproche – además no seas cotilla. -Ya, debe de ser deformación profesional, pero es que cuando oigo a alguien hablar de política se me encienden especialmente los “detectores” intentando escuchar la conversación –contestó Juan disculpándose ante su esposa-.

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- No, si lo entiendo –respondió ella - seguro que no puedes evitar escuchar por si oyes alguna opinión sobre tus jefes ¿verdad? -Pues sí –afirmó Juan- supongo que lo hago inconscientemente con el fin de comprobar si mis propias opiniones son fundadas o no. Y así, continuaron la cena pasando revista a los acontecimientos vividos durante el día y llegando a la conclusión de que si todas las vacaciones discurrían por el mismo sendero, serían tan agradables y reparadoras como ellos esperaban. Habían pasado ya un par de días visitando el pueblo de Cistierna y disfrutado de su ambiente cuando se disponían a programar sus visitas a los pueblos de los alrededores. Entre los pueblos cercanos, Acebedo se destacaba sobre los demás. Según la información de la que disponía era uno de los lugares principales de la zona por su larga historia de agricultura y ganadería si bien estaba en un cierto estado de abandono y despoblación, de modo que al día siguiente seria su objetivo principal. A primera hora de la mañana, Juan y su familia se dispusieron a salir del hotel pertrechados con sus respectivas mochilas cargadas de bocadillos y refrescos, así como cierta ropa de abrigo, pues les habían prevenido de que al atardecer podría bajar la temperatura. Tampoco se olvidó de su cámara de fotos, pues Juan era un gran aficionado a la fotografía y estaba seguro de que allí podría obtener unos fantásticos paisajes de montaña. Después de varios minutos conduciendo se encontró ante una bifurcación que le desorientó pues no disponía de señalización alguna, por lo que se detuvo a un lado de la carretera a la espera de que pasara algún conductor que le orientase.

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Su espera no fue larga, enseguida vio acercarse un vehículo al que hizo señales para que se detuviera. Cuando se acercó al coche para preguntar, comprobó que estaba ocupado por los tres hombres que habían cenado y comido varias veces en el comedor de su hotel. -Hola, disculpen que les haya hecho parar, es que deseamos ir a Acebedo, y en esta encrucijada no sabemos qué dirección tomar. - No se preocupe, le dijo el que parecía ser el portavoz del grupo, siempre nos hemos quejado también nosotros de la mala señalización de la zona. -Para ir a Acebedo, deben de tomar la carretera de la derecha, nosotros vamos para allá también, si lo desean pueden venir detrás de nosotros –continuó. - Ah, perfecto –contestó Juan– si no les importa les seguiremos, de todos modos no falta mucho para llegar ¿no? - No, apenas diez kilómetros, sígannos. Y volviendo a su coche, condujeron detrás de sus “guías” y en unos minutos llegaron al pueblo de Acebedo. Apenas entraron en el pueblo, se dirigieron al único bar que allí existía. Sus guías les hicieron además de anfitriones, comprobando así que, aunque estuviesen alojados en el hotel, en realidad eran oriundos de la zona. Una vez en el bar, procedieron a presentarse. -Bueno, mi nombre es Juan, mi esposa Rosa y mis hijos Dani y Oscar. -Hola, yo soy Gustavo y estos son mis amigos Álvaro y Roberto. ¿Así que están de vacaciones por la zona? -preguntó Gustavo al tiempo que se presentaba. - Si, somos de Madrid y algunos de mis compañeros, que ya conocían la zona, me la recomendaron y aquí estamos para 134


comprobar si nos habían engañado. Y le advierto que de momento lo que hemos visto nos ha gustado mucho. No se equivocaban. - Pues me alegro mucho –comentó Álvaro– la verdad es que es una zona muy bonita. La pena es que no está todo lo cuidada que debería. - ¿Ustedes son de por aquí? –preguntó Juan– como les he visto en el hotel creía que eran turistas como nosotros. - No, que va, somos de aquí, pero llevamos muchos años en Madrid ,y precisamente porque nuestras casas de aquí no están en las debidas condiciones es por lo que nos alojamos en el hotel cuando venimos, que desgraciadamente no es tanto como nos gustaría –apostillaba Roberto-. Así la conversación se prolongó durante casi una hora mientras se tomaban un café y los hijos de Juan jugaban tranquilamente entre los soportales de la plaza. Durante la charla, Gustavo y sus amigos habían puesto a Juan y a su esposa al tanto de la evolución de los pueblos de la zona a lo largo de la historia. En un momento dado en el que Álvaro había manifestado su convencimiento de que el declive de la vida en toda la comarca era solamente producto de la mala gestión de las administraciones públicas que tenían esa responsabilidad, fue cuando Juan preguntó: - A propósito, ¿a que se dedican ustedes? ¿Qué trabajo realizan en Madrid? Álvaro y Roberto comentaron que precisamente estaban jubilados anticipadamente de las minas y se habían desplazado a Madrid por el dudoso futuro de la zona.

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También Gustavo le informó de su actividad empresarial y de sus grandes deseos de que la comarca de Cistierna recuperase el esplendor de antaño. - Y usted ¿a qué se dedica? – le preguntó a su vez Gustavo. Pues yo soy funcionario –respondió Juan– estoy trabajando en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Por eso el otro día en el bar no pude evitar escuchar su discusión sobre política y sus quejas sobre la administración. Debe de ser deformación profesional, a veces uno desarrolla una capacidad impresionante para oír según qué cosas. -Pero yo les aseguro –se apresuró a afirmar con una sonrisa– que yo no soy responsable de sus actos, solamente soy un empleado que hace lo que le mandan. -Por supuesto –secundó Gustavo categóricamente pero con un ligero toque de humor– no pretendíamos hacerle responsable de todos los males del país, faltaría más. Y todos echaron una sonora carcajada. Después de haber confesado cual era su ocupación, parecía inevitable seguir hablando de política. -Pues la verdad es que trabajando para ellos, se les verán mucho más los errores que desde fuera ¿no?– preguntaba Roberto. -Pues claro –afirmó Álvaro con un poco de sorna– de cerca se ven mucho mejor los defectos de todo y de todos. Gustavo, un poco más serio que sus amigos, se dirigió a Juan dándole a entender que comprendía lo comprometido de su trabajo. -La verdad es que tiene que ser muy delicado trabajar a las órdenes de un político y mientras más alto esté en el escalafón peor ¿no es así? –preguntaba Gustavo-.

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-Pues sí, la verdad es que muchas veces no sabe uno cómo actuar –contestaba Juan– pero entonces es cuando se aplican todas las normas del protocolo y todo eso…así, te liberas de la responsabilidad que podría recaer sobre ti. La conversación siguió y Gustavo y sus amigos se manifestaron muy descontentos con la evolución que estaba produciendo en la zona. Se lamentaban de que el declive en el que se encontraba parecía imparable. Y lo que es peor, que parecía que a nadie le importaba. -Eso es lo que más me duele –se lamentaba Gustavo– la mayoría de la gente se limita a lamentarse en el bar y en las conversaciones con los amigos, pero a la hora de la verdad nadie parece dispuesto a hacer algo para solucionarlo. -Ya –contestó Juan– pero eso sucede en todos los ámbitos de la vida. La gente, y más en lo que conocemos como primer mundo, es demasiado conformista. La gente actúa así porque teme perder lo que tiene. -Sin embargo –continuaba– en el tercer mundo, con la miseria que hay, no tienen problema para rebelarse. Total, no tienen nada que perder, les da igual morir hoy de un tiro que mañana de hambre. Porque no se te olvide nunca – seguía Juan - los dirigentes son iguales en todo el mundo, no creas que los nuestros son peores ni mejores que nadie. El hecho de dedicarse a esa actividad, parece que indique el tipo de persona que es. Además casi son peores los del tercer mundo. - ¿A qué te refieres? – le preguntaba Álvaro al oír el último comentario. -Simplemente me refería a que en el tercer mundo las diferencias sociales están mucho más definidas que en el mundo occidental. Allí, o son muy ricos o son muy pobres, no existen las clases medias -comentaba Juan- y los gobernantes no son elegidos

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democráticamente como en nuestro mundo. Ellos son los que acaparan las riquezas mientras sus pueblos se mueren de hambre. -Sí, pero los gobiernos del primer mundo tampoco parecen tener un excesivo interés en solucionarlo –seguía Gustavo- es más, se diría que les interesa sobremanera que ciertas situaciones se perpetúen en el tiempo. -Pues sí, quizás ese sea el verdadero problema. -afirmó Juan sin intención de parecer condescendiente, y sin querer entrar demasiado profundamente en el tema-. Estaba de vacaciones. Al cabo de un rato, Gustavo y sus amigos se despidieron de Juan y su familia, no sin antes desearles que tuvieran una agradable estancia en su pueblo. Una vez solos, Juan y Rosa se dedicaron a visitar Acebedo en compañía de sus hijos, que no hacían más que comentar las diferencias que encontraban entre el pueblo tranquilo y apacible y su ciudad bulliciosa y agobiante. Por su parte, los tres lugareños no pudieron evitar el hacer comentarios sobre la conversación mantenida con los turistas. -Parece que nuestro amigo Juan está tan contento como nosotros, ¿no os parece? – preguntaba Gustavo a sus amigos. - Pues sí, y yo creo que ese es un sentir generalizado. Puede que los más fanáticos, en un momento dado, tiendan a disculpar los desmanes de sus políticos afines, pero eso no quiere decir que estén conformes con su forma de actuar, al menos eso pienso yo – contestaba Álvaro-. - Creo que tienes razón -sentencio Gustavo- quizás pueda darnos más juego del que parece a priori. 138


No obstante, Gustavo manifestó algo más de interés que sus amigos en la conversación mantenida con Juan y su esposa. Durante los días siguientes se las arregló para coincidir varias veces con ellos y de la forma más “casual” posible comentar todos los temas de actualidad que la prensa y la televisión les brindaban en cada momento. -La verdad, es que a veces a uno le dan ganas de dejar su trabajo y mandarlo todo “a la porra” –se lamentaba Juan– si no fuera porque es un trabajo seguro, y tu familia tiene que comer todos los días… -Supongo que en tu puesto tendrás que ver muchas cosas raras ¿no? – preguntaba Gustavo-. Debe haber un sinfín de cosas, que nosotros sólo conocemos por la prensa, pero que vosotros desde dentro, al conocer los detalles a veces os hagan sentir mal. No me extraña absolutamente nada. -Pues sí, Gustavo. Yo creo que si los votantes conocieran la realidad de los entresijos de la política, los resultados de las elecciones serían muy diferentes. La vida política, la administración –continuaba Juan– es capaz de utilizar los medios más peregrinos con tal de conseguir sus fines. No hay escrúpulo de ninguna clase. Después ya vendrán los asesores de imagen, los jefes de prensa, etc. y harán lo necesario para maquillar todo antes de que salga a la opinión pública. A medida que pasaban los días, la relación entre Juan y Gustavo se fue haciendo un poco más intensa, de modo que la forma más natural de finalizar las vacaciones fue organizar una cena la víspera de su regreso a Madrid. La cena se produjo en uno de los restaurantes más típicos de Cistierna. En el transcurso de la misma, Juan y su familia por un lado, y Gustavo y sus amigos por otro, manifestaron su agrado por

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la relación iniciada y aseguraron que una vez en Madrid encontrarían la forma de no perder el contacto. Y así fue como, en numerosas ocasiones volvieron a reunirse. Cualquier motivo era bueno. Una cena, una buena película, un partido de fútbol… afortunadamente, una gran ciudad como Madrid les podría ofrecer multitud de excusas para reunirse. Si es que realmente necesitasen alguna excusa. La relación más estrecha fue la que unió con el tiempo a Juan y a Gustavo, que llegaron a tener una gran amistad. Este último se encontraba muy a gusto y coincidía en muchos aspectos con las opiniones de Juan. En el futuro, este aspecto de su relación cobraría especial importancia. Aprovechando la circunstancia de vivir en la misma ciudad de Madrid, Gustavo invitó en varias ocasiones a Juan para participar en alguno de los foros a los que él solía acudir. Además, con la excusa de conocer su opinión como funcionario sobre temas importantes de la economía y la política, fue constatando que la valoración de Juan era muy favorable a sus propias tesis. En varias ocasiones organizó tertulias a las que también habían acudido Álvaro y Roberto, pues no quería que la buena relación con Juan se limitase solamente a su persona. Su deseo era integrarle en el grupo de la mejor forma posible, pues ya había decidido –con la manifiesta conformidad de sus dos amigos– que en el momento oportuno le propondría su incorporación al proyecto. Para ello utilizaría el sistema de siempre. Después de conocer a fondo al candidato, y después de tantear su predisposición no dudaría en plantearle su oferta.

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El sistema que solía utilizar, descubriendo el proyecto por etapas y no pasando de una a la otra sin la plena seguridad de que el candidato realmente deseaba hacerlo, le había dado un gran resultado hasta el momento. Además el hecho de haber conocido a Juan en Acebedo hacía que los preliminares fuesen más fáciles. La ocasión se presentó con motivo del cumpleaños del pequeño Dani. Juan organizó una barbacoa en su casa, a las afueras de Madrid, a la que invitó entre otros amigos y familiares al grupo que había conocido en la montaña. La jornada se desarrolló de forma normal. Después de la merienda procedieron a la consabida entrega y apertura de regalos. Una vez que el resto de los invitados ya se habían ido Juan invitó a sus amigos a tomar la última copa. -En lugar de Consejo de Sabios, deberíamos de llamarnos “el club de la última copa” - bromeó Gustavo con cierta nostalgia. -Desde luego que sí –continuo Álvaro sin saber exactamente a qué se refería– es cierto que la mayoría de los que estamos en el grupo hemos sido captados utilizando ese sistema. -Hombre, la verdad es que siempre nos ha dado un buen resultado. –sentenció Gustavo- además de que es una “tapadera” estupenda. Juan, evidentemente no sabía a qué se referían sus amigos y Gustavo al ver su despiste, enseguida salió en su auxilio: -No te preocupes Juan, que enseguida comprenderás a que nos referimos.

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-¡Pues vale! –exclamó sonriendo el anfitrión de la noche sin querer dar al hecho más importancia de la que tenía. Cuando todos los presentes se encontraban cómodamente sentados en el salón de Juan y adecuadamente “equipados” con su correspondiente copa, fue Roberto el que comenzó a conducir la conversación hacia donde ellos deseaban. Realmente no era difícil pues la prensa diaria les proporcionaba un gran número de argumentos para ello. Durante unos minutos comentaron algunas de las noticias del día hasta que Roberto consideró que era el momento oportuno. -Bueno Juan –comenzó– la verdad es que ya teníamos ganas de poder reunirnos contigo a solas. Queremos proponerte algo. Como habrás podido observar, todos pensamos más o menos lo mismo sobre el estado de cosas en que estamos viviendo. -Cada día asistimos a decisiones y formas de actuar, no sólo de los mandatarios nacionales, sino también internacionales que dejan mucho que desear –continuaba Roberto– y nosotros pertenecemos a un grupo que está dispuesto a hacer algo para solucionarlo. -Desde que te conocimos en Acebedo hemos comprobado que tu forma de pensar no dista demasiado de la nuestra interrumpió Álvaro– y por eso hemos pensado que quizás te interese incorporarte al grupo. Juan no entendía absolutamente nada de lo que le estaban diciendo. Era cierto que solían disfrutar mucho de las conversaciones que mantenían. Además, desde el primer momento le había agradado mucho el hecho de que la forma de pensar de sus amigos fuera tan acorde a la suya. Pero ¿Qué era lo que le querían proponer? ¿De qué grupo le estaban hablando? 142


Gustavo, haciendo gala una vez más de la intuición que siempre le había hecho acertar de pleno a la hora de escoger a sus colaboradores, se dio cuenta de las dudas de Juan por lo que decidió intervenir. -Juan, ¿recuerdas hace unas semanas, cuando nos encontrábamos comiendo con la familia en la sierra y después de la sobremesa estuvimos charlando los dos? -Sí, claro – respondió expectante Juan. -Ese día, que estábamos hablando de la poca coordinación que existía entre los diferentes poderes del estado, entre los diferentes ministerios etc. y que después de estar de acuerdo en que algo había que hacer te pregunté ¿Qué estarías dispuesto a hacer tú? –continuaba Gustavo-. -Sí, desde luego que sí –insistía Juan– pero yo creí que se trataba de una pregunta retórica. Nunca me imaginé que yo podría hacer algo al respecto. Aunque eso no quiere decir que no estuviera dispuesto, lo que sucede es que eso se escapa a mi alcance. -Pues quizás no – sentenció una vez más Gustavo -. Quizás haya un medio. Y de eso se trata, eso es lo que queremos proponerte. - A ver, a ver, explícate, porque cada vez entiendo menos. ¿Estás intentando decirme que formáis un grupo que está dispuesto y preparado para hacer algo para arreglar la gran cantidad de cosas que no funcionan en esta sociedad? -Hombre… –continuaba incrédulo– no me toméis el pelo. Y mirando a su alrededor, como si buscase algo, dijo con intención de hacer un chiste: -Bueno, ¿Dónde está oculta la cámara? Porque esto tiene que ser una broma.

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-No Juan –siguió hablando Gustavo– no se trata de ninguna broma. Y de hecho no pretendemos que nos contestes ahora. Piénsatelo bien. Medita y reflexiona sobre el tema y cuando hayas tomado una decisión háznosla saber. Eso sí, te ruego que seas lo más breve posible. - Y que te quede bien claro que en caso de que no quieras integrarte en nuestro grupo, nuestra amistad no tiene porqué resentirse, seguiremos con nuestra relación como hasta ahora. Así que por eso no te sientas presionado ¿de acuerdo? - De acuerdo, de acuerdo – finalizó Juan - dadme tiempo y os diré algo. Y así, el grupo continuó hablando de otras cosas como si esa parte de la conversación no hubiera existido nunca. Al finalizar la jornada cada uno se dirigió a su casa. Juan no había terminado de asumir lo sucedido durante la fiesta de cumpleaños de su hijo. Estuvo pensando detenidamente en la propuesta que le habían hecho teniendo en cuenta además que en realidad no le habían proporcionado ningún detalle al respecto. Tendría que tomar una decisión con los pocos datos de los que disponía. Lo cierto es que cuando se puso a sopesar los pros y los contras, el grupo tenía a su favor una serie de cosas que debía tener en cuenta. Gustavo era un empresario de prestigio, solicitado en los foros más importantes del país. Y el resto del grupo eran profesionales de gran valía que seguramente tendrían muchas cosas mejores que hacer que dedicarse a conspirar contra los sistemas establecidos. Sin duda todo eso eran puntos a su favor. El punto en contra más importante que encontraba era la magnitud de lo que al parecer le planteaban. 144


-Solucionar los problemas de la sociedad actual…- se repetía una y otra vez, como queriendo convencerse a sí mismo ¡como si fuera tan sencillo! Después de un par de horas dando vueltas al asunto, decidió que lo mejor era irse a dormir. Quizás al día siguiente sería capaz de ver las cosas con mayor claridad. Pasaron varios días en los que todas las cosas que sucedían a su alrededor las relacionaba inconscientemente con la propuesta de sus amigos. Era como si en cada suceso, en cada detalle esperase encontrar argumentos tanto positivos como negativos para poder tomar una decisión. Al fin, cuando se cumplía una semana de la barbacoa, y una vez que había conseguido poner en orden sus ideas, decidió hacer una llamada telefónica a Gustavo. Cuando éste contestó Juan le saludó afectuosamente: -Hola Gustavo, ¿Cómo estamos? Supongo que estarías esperando mi llamada ¿no es así? -Desde luego que sí – contestó él – pero estaba seguro de que no tardarías mucho. En este tiempo creo que he llegado a conocerte bastante bien. Si no fuera así , no te habríamos propuesto para entrar en el grupo ¿no crees? El asunto es demasiado importante como para actuar a la ligera. -Estoy seguro de ello – continuó Juan – y por eso creo que debemos vernos para hablar del asunto. -De acuerdo – siguió Gustavo – pero hoy es un día muy complicado para mí. Si te parece bien, mañana por la mañana te llamo y quedamos para cenar y hablamos. -Perfecto, espero tu llamada – finalizó Juan – hasta mañana. Al día siguiente, Gustavo se reunió para comer con sus amigos y colaboradores Álvaro y Roberto con el fin de 145


comunicarles la posible aceptación –Gustavo estaba seguro de ello- por parte de Juan. Álvaro manifestó alguna reserva, pues pensaba que quizás su condición de funcionario condicionase su respuesta. -Los funcionarios, por definición, suelen ser muy conformistas. Al tener sus necesidades básicas cubiertas, no suelen desarrollar un sentido especialmente heroico para solucionar algunos problemas que a ellos sólo les afectan relativamente. -Yo no he conocido nunca una huelga de funcionarios que no estuviera motivada exclusivamente por motivos salariales – afirmó a su vez Roberto. -Quizás tengáis razón –les contestó Gustavo– pero algo me dice que no nos hemos equivocado con Juan. Quizás su puesto no sea el del funcionario típico, sino que ha visto y ha vivido situaciones que no son habituales para todos los funcionarios. Ya veis la forma en que habla de los políticos y la administración. -Lo que yo creo que sucede es que, al igual que Juan, hay muchas personas, funcionarios o no, que estarían muy dispuestos a hacer que las cosas funcionasen de otra forma pero no encuentran la forma de canalizar esas inquietudes –afirmó Gustavo- a mí, personalmente, no me sorprendería que una vez que nuestro proyecto se ponga en marcha contemos con más adeptos de los que ahora somos capaces de imaginar. -Bueno –contestó Álvaro– quizás tengas razón, pero pase lo que pase esta noche, no olvides manifestar a Juan nuestro apoyo en caso negativo y nuestra bienvenida en caso de que decida unirse a nosotros.

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Y así se levantaron de la sobremesa y se dispusieron a seguir con sus actividades particulares. Como era habitual Gustavo llegó al restaurante en el que se habían citado para cenar unos minutos antes de la hora fijada. Degustó tranquilamente un aperitivo mientras leía detenidamente algunos artículos de la prensa diaria, de los que, por la prisa solamente había visto los titulares. Cuando llegó Juan, se unió a él y mientras esperaban que su mesa estuviera lista comentaron dichas noticias y la necesidad – una vez más– de que ciertas cosas se hicieran de otro modo. Parecía que fuera un tema inevitable en sus conversaciones por lo que no fue difícil entrar en la materia que les había reunido una vez más. Una vez que habían hecho su petición al camarero, y esperaban la llegada del primer plato, Gustavo fue directo al grano. -Bueno Juan, supongo que estos días habrán sido especialmente agobiantes ¿no? -¡Vive Dios que sí! – exclamó el funcionario sonriendo con un cierto sentido del humor – es que hacía mucho tiempo que nadie me había encargado de salvar al mundo, y me ha pillado un poco desentrenado. -No lo dudo –siguió Gustavo con la broma – la verdad es que yo mismo estoy un poco falto de práctica. -Pero bueno –continuó Juan poniéndose serio– lo cierto es que he estado “digiriendo”, pensando, y meditando todo lo que me habéis planteado, que por cierto no ha sido nada fácil. He consultado algunos puntos con personas que yo he creído interesantes en este sentido, por supuesto con toda la discreción del mundo. El otro día –seguía- he estado hablando con una antigua amiga que es abogada y está introducida en el mundillo de la 147


administración y creo que no es nada descabellado lo que me habéis propuesto, aún sin conocer los detalles claro está. De la conversación con ella –y con otras personas de confianza- lo que deduje es que hay mucha gente que piensa como nosotros y que quizás solamente falte el hilo conductor que canalice todo ese sentimiento. -Es curioso Juan –interrumpió un momento Gustavo- hoy he comido con Álvaro y con Roberto y ha surgido un comentario muy similar a ese. -Pues sí, Conchita me comentaba que por su profesión conocía muchos casos, quizás demasiados, en los que las leyes y la justicia no tenían nada que ver, y a su modo de ver eso es porque los poderes legislativos y judiciales hacen cada uno la guerra por su cuenta. Gustavo le interrumpió una vez más. -¿Has dicho Conchita?... ¿No será la abogada Conchita Diez, que tiene un bufete instalado en Madrid y León? -Sí, la misma ¿la conoces? –contestó Juan al tiempo que cayó en la cuenta– claro, si creo que es de León, por eso compatibiliza su trabajo entre las dos ciudades. Pues sí, ella es –continuó- la conozco desde hace algunos años por cuestiones de trabajo y considero que es una mujer con la cabeza muy bien amueblada. Por eso no dudé un momento en invitarla a comer con el fin de comentarle algunas cosas. Pero te aseguro que con toda la discreción del mundo. -No te preocupes, sí la conozco y creo que es una profesional seria -le contestó Gustavo al tiempo que pensaba en la 148


sorpresa que llevaría Juan cuando supiera que ella era miembro del grupo-. -Bueno y entonces ¿a qué conclusión has llegado? interrogó Gustavo- ¿has tomado una decisión? - Pues sí …-iba a contestar Juan cuando Gustavo le interrumpió- Espera, antes quiero decirte una vez más que si decides no continuar, todos lo entenderemos y no habrá ningún tipo de reproche por nuestra parte. Si por otro lado, decides unirte a nosotros serás muy bien recibido y te pondremos al día lo antes posible –finalizó Gustavo-. -Sí Gustavo,-continuó Juan- y os agradezco sobremanera la forma en la que me habéis hecho el ofrecimiento. Quiero decir sin agobios, sin lavados de cerebro, sin querer influir en mi decisión. Eso es un punto que ha obrado mucho a vuestro favor. -¿Y…? -preguntó Gustavo Vázquez con impaciencia-. -Pues he decidido que me gustaría mucho conocer a fondo el proyecto que os traéis entre manos. Tengo la sensación de que será algo muy serio. Y si realmente puede ser algo histórico no estoy dispuesto a perdérmelo. Si finalmente me aceptáis en el… ¿cómo era?.. “el club de la última copa”. Como mejor respuesta, Gustavo se levantó de la silla que ocupaba, se acercó a su amigo -que se levantó también al ver el gesto– y le dio un gran abrazo al tiempo que le decía: -Bienvenido al Plan Marchiali. Estoy seguro de que no te arrepentirás. Seguidamente abrieron la botella de cava que estaba en la cubeta del hielo esperando ese momento y brindaron por una

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futura relación no sólo de amistad sino de estrecha colaboración en lo que ya era un proyecto común. Y una vez realizado el brindis, Gustavo le espetó a Juan: -Por cierto, creo que es el momento oportuno para que sepas que Conchita Diez es miembro del grupo casi desde el principio. Aunque estoy seguro de que ella no sabía que eras candidato a entrar en él cuando habló contigo. Juan sonrió sorprendido al tiempo que decía: -Presiento que me esperan unas cuantas sorpresas como ésta ¿no es así? -Seguramente, tú por si acaso estáte preparado para todo– afirmó sonriente Gustavo.

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11 Llevaban mucho tiempo estudiando toda la información vertida en los diferentes medios de comunicación así como la facilitada por sus informadores sobre las reuniones de grandes mandatarios que se producían en el mundo, sea cual fuere su finalidad. El G8, el G20, la Organización de las Naciones Unidas, la Cumbre de Países Iberoamericanos, la Cumbre de Países Asiáticos, la Unión Europea, el Club Bilderberg…, en fin, todos los grupos de opinión y acción que existían a lo largo de todo el planeta fueron estudiados a fondo con el fin de buscar el marco idóneo y el momento más oportuno para llevar a cabo la fase final del Plan Marchiali. Quizás el momento llegaría gracias a la crisis del 2008, la famosa crisis financiera que hizo que se convocase la “Madre de todas las Cumbres”, la que el presidente de los Estados Unidos, G.W. Bush, había convocado para el día 15 de Noviembre de 2008, antes de dejar la presidencia del país más importante del mundo al Sr. Obama. En dicha cumbre, los más altos mandatarios del mundo -es decir, los dirigentes de los países más ricos- habían manifestado que se debían modificar las estructuras financieras internacionales, para evitar que pudiera volver a producirse una crisis como la que estaban viviendo.

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Es curioso que en la cumbre no participase ningún mandatario del tercer mundo. Quizás fuera porque estos países no tienen ni saben lo que es un autentico sistema financiero, ocupados simplemente con sobrevivir a diario. ¿o no? En esta reunión, a decir por la mayoría de los comentaristas políticos, se trataba de refundar el capitalismo. -Refundar el capitalismo... Pero… ¿A quién querían engañar? Mientras, los culpables de la crisis, tranquilamente campando a sus anchas y recibiendo –además- dinero de los gobiernos para sanear su economía. -Está visto que no aprenderemos nada de lo sucedido – refunfuñaba Gustavo-. Eso ya era la gota que colmaba el vaso. Era el premio a la corrupción, era el visto bueno a todo tipo de manipulaciones que pudieran llevarse a cabo a todos los niveles, económico, político, social...en fin… era indignante. Gustavo pensó que sería de gran utilidad para su proyecto conocer a fondo lo que “se guisaba” en esas reuniones. Estaba seguro de que tendría poco que ver con lo que más tarde trascendería a la opinión pública. Por eso se planteó la posibilidad de infiltrar a alguien de su confianza en dicha cumbre para poder conocer de primera mano todo cuanto se hablara y se decidiera allí, así como los detalles de la participación de cada uno de los mandatarios. Después de estudiar a fondo las posibilidades de que disponía, localizó a la persona idónea para ese trabajo. Ramiro era una persona a la que había conocido en un encuentro de empresarios que se había producido un par de años atrás en Madrid. 152


Era analista financiero y había acudido a dicho encuentro para dar una conferencia sobre los riesgos de la financiación inadecuada de las empresas. Había disertado durante un par de horas sobre lo problemático que podría ser para una empresa endeudarse demasiado e invertir sin conocer a fondo el mercado, circunstancia que ocurría con demasiada frecuencia. Era de los que pensaban, y así lo venía advirtiendo desde hacía un tiempo, que el mundo financiero estaba pisando un terreno que no era del todo firme –por decirlo de una forma suave- pero como a muchos otros, no le hicieron mucho caso. Después de este encuentro, se habían producido algunos más en los que Gustavo y Ramiro habían entablado unas estrechas relaciones no sólo profesionales sino también personales. Gustavo se interesaba mucho por los temas que Ramiro dominaba a la perfección, ya que siempre había pensado que el mundo político y el financiero estaban desde siempre y para siempre íntimamente ligados. Demasiado ligados. Esta relación le hizo conocer a fondo los vaivenes que el mundo financiero provoca en el mundo político, y viceversa, y que lo realmente preocupante es que en todos esos movimientos, los que siempre salen perjudicados son los ciudadanos de a pie, los pequeños inversores, las pequeñas empresas, las familias... Gracias a la posición de prestigio de la que gozaba Ramiro en el mundo financiero, en el que era respetado por todos, asistió a la cumbre del 15N como asesor del gobierno de uno de los denominados “países emergentes”, Argentina.

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Como es lógico, de lo tratado en dicha cumbre, no debía salir al exterior nada más que la resolución final que acordasen los asistentes. Pero Ramiro no tuvo ningún reparo en comunicar a Gustavo los verdaderos entresijos de la reunión mediante un exhaustivo informe. Le confesó que había salido de la cumbre con una gran decepción, ya que, después de hacer muchas declaraciones de intenciones, todos los mandatarios habían firmado unas conclusiones que desde el primer momento parecían papel mojado. El problema era que quizás la sociedad ya no tuviera tiempo para esperar. Dada la posición privilegiada en la que se encontraba y gracias a la gran cantidad de contactos con instituciones y profesionales que su trabajo le proporcionaba, Ramiro no pasaría a integrar el ”consejo de Sabios” como uno más de sus componentes, y no porque no quisiera hacerlo, sino porque esa posición le hacía ser una pieza clave que podría proporcionar información muy valiosa y de primera mano para el Plan Marchiali Por eso estaría en continuo contacto con Gustavo. Como en muchas otras cumbres, la intención era buena, o al menos lo parecía, pero a la mañana siguiente todo continuaba igual y en esta ocasión no había indicios de que fuera a ser de otra forma. De hecho, las bolsas de todo el mundo, que suelen ser muy sensibles a este tipo de eventos, prácticamente ni se inmutaron. Como había oído a un comentarista de radio “se había hablado más de la cumbre durante su preparación que después de realizada” lo cual daba exactamente la “talla” de sus resoluciones.

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Posteriormente, se realizaron varias cumbres similares, en diferentes ciudades del mundo, abarcando simbólicamente todo el planeta, aunque las realmente importantes eran aquellas que se celebraban en los países más influyentes, como Londres, Paris, Berlín, etc. También se habían celebrado algunas otras en ciudades menos importantes que en realidad no tenían el empuje ni la influencia internacional suficiente. Pero a pesar de tanta cumbre y tanta reunión al más alto nivel, las soluciones no eran precisamente efectivas ya que los planteamientos que eran buenos para unos no lo eran tanto para los otros, y cada país seguía aplicando aquellas resoluciones que más beneficios les podían aportar, o aquellas que menos les perjudicaban. El bien común, seguía siendo el objetivo que menos les importaba a todos ellos. Había sido como otros muchos intentos, el tratado de Kioto, la cumbre de Rio de Janeiro, etc. que eran muy buenos sobre el papel, pero después de firmados casi nadie los respetaba. Mientras tanto, las empresas iban quebrando de forma acelerada, las monedas caían en picado, las bolsas se desplomaban, el desempleo era lo único que crecía a una velocidad desorbitada y la gente estaba cada vez más desesperada. Renacían también a gran velocidad viejos instrumentos económicos como el trueque, el empeño, el estraperlo… en fin… la economía sumergida. Quizás el único aspecto positivo de la situación, si es que había alguno, era que también resurgían sentimientos como la compasión, la solidaridad y el compañerismo entre las gentes que peor podían afrontar la crisis. Por ello, el Plan Marchiali se había manifestado como una de las pocas ideas que podrían poner coto a tal cúmulo de desmanes sociales, financieros y políticos. 155


Lo complicado de la situación hizo también que le costara menos trabajo encontrar personas que comprendieran su autentico ideario y estuvieran dispuestos a formar parte de él. Pero la gran pregunta era ¿Cómo garantizar la continuidad del sistema? Quizás si el cambio fuera lo suficientemente fuerte y el resultado lo suficientemente satisfactorio para todos, o la gran mayoría al menos, se podría pensar que estábamos ante el fin del mundo vaticinado por Nostradamus o que al menos le había sido atribuido por sus intérpretes. Nostradamus –al parecer- había anunciado que el fin del mundo no consistiría en la total destrucción de la humanidad e incluso del planeta entero, como presumían la mayoría de los profetas o pseudo-profetas agoreros y derrotistas. Su predicción decía que la sociedad mundial recibiría un golpe tan duro y tan profundo que haría tambalear los cimientos y las estructuras económicas, políticas y sociales de todo el planeta, lo que haría que los pueblos y sus líderes tomasen la decisión de hacer las cosas de otra forma. -Y Gustavo esperaba que ese cambio fuera para bien. La sociedad internacional había comprendido durante la crisis económica del dos mil ocho, que algo había que hacer para que las cosas funcionasen adecuadamente. Las estructuras sociales y sobre todo económicas eran demasiado importantes como para mantenerlas eternamente sometidas a los vaivenes de la política. Había que estructurar las cosas de forma que cada país organizara su vida y su economía como mejor les pareciera a sus habitantes. Pero en el mismo instante en que cualquier hecho, ya fuera de tipo económico, social, cultural e incluso militar, afectase 156


a más de un país, automáticamente debería entrar en juego una institución supranacional que se encargara de su gestión. Así surgió lo que Gustavo y sus seguidores denominaron la Dictadura Democrática, término que aunque no parecía muy adecuado por el “historial”, sobre todo de la primera de las dos palabras, sí tenía la ventaja de que todo el mundo la entendería. Quizás no fuera el momento de diseñar un término que por muy sofisticado o novedoso no diera a entender lo que realmente quería encerrar. Ésta consistiría simplemente en que, como hasta este momento, las decisiones serían tomadas por los representantes elegidos por los diferentes procesos democráticos en cada uno de los países, y con sus características propias. Sin embargo, en el momento en que una ley fuera aprobada por la mayoría, ésta sería aplicada con la rigurosidad y la dureza que fuera necesaria para garantizar su cumplimiento. El sentimiento real es que no se puede obviar una ley simplemente porque nos parezca injusta, o no nos favorezca. Si se considera que una ley no es buena, lo que se debe hacer es poner en marcha los procedimientos legales para su modificación. Pero mientras esté en vigor, su cumplimiento es, simplemente, obligatorio. La libertad no es el libertinaje. -Pero… ¿tan difícil es de comprender? –se preguntaba Gustavo con un gran enojo cuando surgía el tema en cualquier conversación-. -La sociedad debe funcionar como un cuerpo vivo, en el que, si aparecen determinadas células que ponen en riesgo la existencia del propio cuerpo, enseguida se producen anticuerpos que las neutralizan y destruyen. 157


-Así, si en la sociedad aparecen individuos o grupos que ponen en peligro la paz y los propios cimientos sociales – continuaba-, lo que se debe hacer es destruirlos o apartarlos inmediatamente. Y no caer en papanatismos buenistas que primen el bienestar del individuo, aunque éste sea pernicioso, sobre el bienestar común. -Y si para ello, deben existir todo tipo de tribunales que garanticen la ausencia de errores judiciales, pues que se hagan, pero la sociedad debe comenzar a defenderse –sentenció-. Ese era el mundo que Plan Marchiali quería conseguir, y estaba convencido de que podría ser realidad algún día. Por eso Gustavo, que había depositado una cierta esperanza en que los grandes líderes hubieran estado a la altura de las circunstancias para avanzar algo en la solución de los problemas, al ver el vacío en las resoluciones de la cumbre se convenció aun más de la necesidad de iniciar su plan. Había algunas fases que ya llevaban un tiempo desarrollándose, pero de forma que en caso de que Plan Marchiali no viera nunca la luz –algo que Gustavo esperaba, en el fondo– servirían simplemente como objetivos en sí mismos, como la explotación turística de Acebedo, las minas, y alguna otra más. Por ello, en su momento había decidido, sin más esperas, iniciar los siguientes trabajos del proyecto. Su próxima misión era constituir el “consejo de Sabios” que hacía tiempo venía perfilando y para lo que ya había contactado con algunas personas, que consideraba que podrían ser de utilidad para sus fines. Profundizaría más aún en ello con el fin de formalizarlo cuanto antes. También había puesto en marcha el despliegue de los “grupos de acción” que constituían la herramienta clave de su proyecto. 158


Estos grupos eran los que realmente pondrían en marcha el Plan Marchiali ya que eran los artífices de la fase más difícil por complicada y arriesgada.

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Sabiendo que uno de los puntos débiles de su proyecto sería el control y organización del gran número de personas conocedoras del mismo, había estructurado su plan de forma piramidal, y de tal modo que nadie que estuviera en un nivel determinado, conocería a las personas de los otros niveles, sobre todo de los superiores al suyo, ni tendría ningún contacto con ellas. Se había organizado un sistema basado en la discreción, de modo que, aunque personas de diferentes niveles estuvieran conviviendo juntas en su vida normal, ninguna sabría nunca de la participación de la otra. De hecho, existían un par de casos de matrimonios, en los cuales las dos personas formaban parte de su organización, en diferentes planos de la misma, sin que el otro lo supiera. Debía estudiar a fondo todos los pros y los contras. Debía estudiar los diferentes caracteres personales con los que se encontraría y debía estudiar también las posibles reacciones y como contrarrestarlas en caso negativo. Empeñado en asegurar la idoneidad de sus planes, preocupado por no “meter la pata” haciendo algo peor de lo que él criticaba, Gustavo decidió que debía rodear a su proyecto de un “consejo de Sabios” –solía confesar que, aunque lo intentó, no encontró otro nombre menos cursi– que dotara al Plan Marchiali de la carga de legitimidad que él creía que necesitaba. 161


Para ello, esperaba poder contar con profesionales de las disciplinas más importantes, o al menos que fueran realmente influyentes en la sociedad, como periodistas, escritores, científicos, políticos, empresarios, etc.

En una ocasión se encontraba de viaje, y en la radio de su automóvil se oía una tertulia en la que varias personas de diversas profesiones comentaban la actualidad del día. Entre ellas había una que le agradaba sobre las otras por sus manifestaciones sobre lo que ocurría. Era el “conductor” del programa, una persona que a él personalmente le agradaba mucho, por la forma y el fondo de sus análisis y por sus comentarios sobre la actualidad. Encinas –que así se llamaba- solía hacer juicios bastantes conformes con lo que él mismo pensaba. Y lo que para Gustavo era más importante, sabía rodearse de colaboradores de las más variopintas opiniones y procedencias con lo que era imposible tacharle de partidista o sectario. Desde niño, cuando comenzó a participar en actividades de grupo, había aprendido con firmeza algo que solían comentar en las reuniones a las que asistía. “Lo importante de un dirigente –sea cual sea su actividad-, no es saber de todo, ya que esto es imposible. Un buen dirigente es aquel que sabe rodearse de las personas que más saben en las diferentes materias que son necesarias para conseguir su objetivo, y por supuesto, permitir que cada uno reciba su cuota parte de los méritos obtenidos al conseguirlo”

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Así, Gustavo nunca tuvo ningún reparo en el momento de buscar a las personas que debieran ayudarle a desarrollar su proyecto. Consideró que sería de vital importancia contar con una persona tan mediática de su lado, que además supiera cómo manejar la información, tanto de ida como de vuelta, que debía tener el Plan Marchiali. E incluso , de la forma más subliminal posible, intentar crear opinión y llevar a la sociedad un mensaje de tranquilidad. Había pensado muchas veces en cómo podría acercarse a Encinas y sonsacarle, con el fin de saber si sería un buen colaborador. Bueno, en realidad pensaba que sí lo sería, ya que llevaba mucho tiempo escuchando sus tertulias y sabía - o al menos creía saber – cómo pensaba sobre muchos de los temas que a él mismo le preocupaban y que eran los que habían dado origen al Plan Marchiali Entonces, el dilema estaba en si querría o no unirse a su proyecto. La dirección del programa tenía como costumbre, en determinadas ocasiones, realizar éste desde algunos lugares distintos de sus estudios habituales en Madrid, con el fin de propiciar un acercamiento con sus oyentes. Fue en una ocasión de ésas, en la que se realizaba el programa desde la ciudad de León, cuando Gustavo vio la posibilidad de abordarle. Sin más, acudió a presenciar la realización del programa en directo y en un momento dado, cuando el locutor ofreció a los oyentes allí presentes la posibilidad de opinar sobre los temas que estaban tratando, no lo dudó y opinó. El tema a tratar era la poca incidencia que habían tenido en la vida financiera del mundo entero las conclusiones de la gran cumbre en la que se suponía que los grandes mandatarios iban a 163


resolver o al menos “comenzar a resolver” la grave crisis del 2008. -Sí – dijo Gustavo cuando Encinas se dirigía a él, que levantaba la mano – yo creo que el problema es que los grandes de las finanzas simplemente han querido hacer ver a los ciudadanos que cambiaban algo para que todo siga igual. -¿Qué quieres decir? – siguió preguntando Encinas – -Quiero decir que ya va siendo hora de que alguien ponga los puntos sobre las íes –continúo Gustavo–. Quiero decir que por mucho que los políticos se crean y quieran hacernos creer a nosotros que son los gobernantes de este mundo, en realidad no son más que un juguete, unas cabezas de turco en manos de los auténticos mandatarios. Está muy claro que quien manda en el mundo es el capital. En el dinero está el autentico poder. -¿Tú crees? -Seguía preguntando Encinas, al que cada vez le iba pareciendo más interesante el discurso de Gustavo-. -Hombre, no tienes más que ver cómo han actuado todos –y recalcó la palabra “todos”– en la famosa cumbre de noviembre de 2008. -Resulta que había una serie de banqueros y financieros, la mayoría, que habían hecho las cosas de la peor de las formas posibles –continuaba-. Concedieron créditos basura a personas y empresas que, de antemano, sabían que eran de dudoso cobro. Diseñaron productos financieros a sabiendas de que se encontraban al límite de la estafa… Ellos eran los causantes reales de la recesión en la que entró la economía mundial. -Y nuestros mandatarios, las mentes preclaras –dijo con una gran carga de sorna– que nos dirigían, y sobre los que recaía la responsabilidad de controlar que eso no sucediera, no se les 164


ocurre otra cosa que premiarles, salvándoles de la quema, cuando lo justo es que hubieran dado con sus huesos en la cárcel. -Si lo hubieran hecho, -seguía exponiendo Gustavo- las instituciones financieras se habrían “auto-regulado” mediante fusiones, absorciones etc. quedando únicamente aquellos profesionales e instituciones que hubieran hecho las cosas bien, con honradez y vista profesional. -Posiblemente tengas razón– indicó Encinas al tiempo que le pasaba la palabra a otro oyente que seguía opinando sobre el tema- entablando así un coloquio entre varias personas que dio un carácter bastante ameno al debate. Una vez que el programa finalizó, Gustavo esperó unos minutos con el fin de poder hablar con Encinas e invitarle a cenar. Este aceptó gustoso, ya que le había agradado mucho su forma de expresarse, y sospechaba que era un personaje interesante y la curiosidad del periodista hizo que deseara conocer más a fondo a Gustavo. Llegaron al restaurante cerca de la media noche, pero gracias a que Gustavo había reservado la mesa y avisado de la tardanza, no tuvieron problemas para poder degustar una cena a base de los productos típicos de la zona. Tanto durante la propia cena, como después en la sobremesa, hablaron largo y tendido de numerosos temas que hábilmente introducidos por Gustavo le dieron la gran satisfacción de comprobar que la forma de pensar de Encinas no distaba mucho de la suya. Quizás en un principio la diferencia estaba en la forma en que debía producirse una hipotética solución de todos esos problemas que comentaban. El locutor era –en principio– más proclive a dejar que los dirigentes buscaran las soluciones, probablemente por dos 165


razones, la primera que esa era su misión, pues para ello cobraban los grandes sueldos que cobraban y la segunda, que , si ellos eran los causantes de todo, se trataba de aquello de “tú lo has liado y tú debes desliarlo” Aunque quizás por ser los responsables serían los menos indicados para solucionarlos. -No sé… - decía Encinas un poco contrariado – lo cierto es que el problema es bastante más complicado de lo que parece y la solución quizás no dependa sólo de ellos, sino de todos nosotros. Y sentenció– no olvides que si ellos están ahí es porque nosotros se lo hemos permitido, al menos en la mayoría de los casos. La cena había transcurrido de una forma exquisita, a su parecer, por lo que había decidido no entrar más en materias escabrosas, por el momento. Se las arregló para quedar como un caballero, como un contertulio interesante a los ojos de Encinas, e incluso le manifestó que sería un honor y un gran orgullo poder participar alguna vez en las tertulias que tan sabiamente dirigía. –esperaba no sonar muy empalagoso e interesado cuando se lo proponía-. -Pues no es mala idea –contestó el locutor– en mi programa siempre estoy intentando incluir nuevas opiniones de personas que realmente tengan algo que decir y que estén interesados en hacerlo. -Pues perfecto –dijo Gustavo muy satisfecho- estoy a tu disposición. Cuando lo consideres oportuno, no tienes más que llamarme y hacemos los planes adecuados. -De acuerdo –sentenció Encinas– cuento contigo. Hablaremos pronto de ello. 166


Y sellaron el acuerdo con un apretón de manos que sirvió también para despedir al locutor a la puerta de su hotel hasta donde habían llegado caminando desde el restaurante que estaba a varias manzanas del mismo. Gustavo se retiró recordando con gran satisfacción todo lo acontecido durante el día, y saboreando un poco más lo positivo que había sacado de su reunión con el locutor además de estar seguro de que sería un gran colaborador para el Plan Marchiali. También le parecía igualmente interesante la posibilidad de conocer y captar a otras personas a través de Encinas e invitarlas a participar en su proyecto.

La experiencia fue tan satisfactoria que tomó una decisión: también se dedicaría a ver, escuchar y grabar las tertulias tanto de radio como de televisión, recopilaría todo tipo de artículos periodísticos de opinión, compraría todos los libros sobre temas sociales y políticos que se publicaran, en busca de personas que, como él pensaran que las cosas no funcionaban como debían y que parecieran dispuestos a ponerle remedio. Elaboraría un amplio dossier de aquellas personas que pudieran ser candidatos a compartir su proyecto, ya que el hecho de participar de ese modo en los medios de comunicación, les daba cierta relevancia social, política, cultural, etc. según el caso. Así fue como tras largo tiempo de realizar esta laboriosa tarea, su lista de candidatos se fue formando poco a poco entre periodistas, escritores, empresarios y también algunos políticos no conformes con el estado de cosas que les había tocado vivir.

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Asimismo se dedicó a observar a todas aquellas personas que a priori pudieran estar de acuerdo con sus ideas consiguiendo localizar a algunas personas que sin ser personajes públicos había “fichado” en conversaciones privadas, de trabajo, reuniones sociales, etc. Después de la jornada que había pasado con Encinas, se había dedicado durante algún tiempo a enviarle e-mails a la cuenta de correo del espacio radiofónico que dirigía, dando su opinión sobre los temas que surgían en sus tertulias y asegurándose así su presencia en el programa. Incluso cuando tenía ocasión, que era difícil dada la gran audiencia de la que disfrutaba, entraba en antena a través del teléfono y participaba en dichas tertulias. Gracias a ello, la relación entre ambos se fue intensificando e incluso cuando el trabajo de los dos se lo permitía no habían dudado en reunirse para comer o cenar y hablar de todo cuanto pudiera surgir. Durante esas comidas, ambos habían encontrado en su interlocutor a una persona activa, generosa y dispuesta a luchar por aquello que creían justo. En un principio Gustavo no había querido entrar en demasiados detalles hasta estar completamente seguro de que podría contar con Encinas. Su instinto le decía que las mismas características que él consideraba muy interesantes y positivas de cara a su participación en el proyecto, podrían ser muy peligrosas en el caso de que no fuera realmente partícipe de sus ideas. Así pues debía tener mucho cuidado. La ocasión surgió tras una reunión de negocios para la que Gustavo tuvo que acudir a Barcelona coincidiendo con la emisión del programa de Encinas desde la Ciudad Condal. 168


Intencionadamente se alojó en un hotel para hacer noche y regresar a Madrid por la mañana. Cuando Encinas contestó al teléfono no le sorprendió escuchar la voz del otro lado. -Hola Gustavo. ¿Qué tal estás? ¿Qué puedo hacer por ti? -Hola Encinas –respondió él– te llamaba porque casualmente me encuentro en Barcelona por negocios, y si no tienes ningún compromiso, me gustaría charlar un rato contigo. ¿Qué te parece si te recojo en la emisora cuando termines y vamos a cenar? -Bien, no tengo ningún plan –asintió el locutor– pasa a recogerme y tomamos unas cervezas antes de cenar. -De acuerdo, allí estaré. Hasta luego. Una vez concertada la cita, Gustavo se dispuso a organizar en su cabeza el modo en que le plantearía al locutor sus planes y su deseo de que se incorporase a ellos. Una vez que el programa de Encinas había finalizado, éste se reunió con Gustavo, que le estaba esperando en el bar que se encontraba en el mismo edificio de la emisora. Mientras degustaban una cerveza bien fría y hablaban de cosas intrascendentes decidieron que a un par de calles había un restaurante que a ambos les agradaba, con lo que no tuvieron que pensar mucho donde cenar. Se dirigieron al lugar escogido y cuando el camarero ya les había tomado la comanda y servido un buen vino, Gustavo no se anduvo con rodeos y fue directamente al grano. -Bueno Encinas, no quiero marearte con tonterías, hace ya un tiempo que nos conocemos y ambos somos conscientes de la forma de pensar del otro ¿no es así? – preguntó directamente. 169


-Pues si –le respondió extrañado el locutor– aunque no hace demasiado tiempo que nos conocemos creo que hemos hablado de muchas cosas y además tenemos una opinión muy similar en la mayoría de ellas. Vamos, que se podría decir que hemos conectado bastante bien. - Estoy totalmente de acuerdo contigo, y precisamente por eso quería hablarte. Gustavo hizo un pequeño paréntesis como si quisiera resaltar adecuadamente sus siguientes palabras y continuó. -Yo formo parte de un grupo, o mejor dicho quiero formar un grupo de personas, de las más variadas procedencias, ideológica y profesionalmente hablando, que estén dispuestas a hacer algo por cambiar las cosas. -Pero…-iba a interrumpirle Encinas-. -Espera, déjame terminar – le pidió Gustavo -. -Como te decía, como hemos comentado muchas veces últimamente, no sólo en tu programa, sino en las muchas conversaciones que hemos tenido, las cosas no están funcionando nada bien. En innumerables ocasiones hemos llegado a la conclusión de que todo esto debería de terminar, de que el sistema estaba tomando una dirección que si no es corregida cuanto antes quizás después sea demasiado tarde. - Sí, tienes razón, pero no sé lo que me quieres decir. ¿Nosotros qué podemos hacer? -intentó responder titubeante el locutor- yo humildemente, desde mis micrófonos hago lo que puedo. Intento crear opinión, que la gente sea consciente de lo que está sucediendo, pero no consigo… -Por eso –le interrumpió Gustavo- porque el problema tiene dos partes, por un lado el sistema, las personas que lo manejan 170


hacen y deshacen a su libre albedrío y por otro la gente que no es realmente consciente de lo que está sucediendo. -A mí, hay veces que me exaspera la pasividad de la gente. -Como decía Gandhi: “Lo más atroz de la gente mala, es el silencio de la gente buena”. -Yo no pienso quedarme de brazos cruzados –espetó Gustavo– ya estoy en contacto con un grupo importante de personas dispuestas a hacer algo, y me gustaría contar contigo. Piénsatelo. No voy a engañarte, pues existen riesgos, pero sí te aseguro una cosa... Y nuevamente se detuvo unos instantes antes de seguir. -No se trata de organizar una banda de locos para dar un golpe de estado, ni un atraco, ni nada similar. Simplemente se trata de organizar un grupo de ciudadanos responsables que tome las medidas oportunas para que los acontecimientos varíen su rumbo hacia algo más lógico y sobre todo más justo -Por eso – continuó- te repito que me gustaría poder contar contigo como miembro destacado de la organización. Pero ahora no me digas nada, piénsalo detenidamente. Tú gozas de una posición envidiable con respecto a muchas otras personas. Quiero decir -continuaba Gustavo- que dispones de una gran cantidad de información que te facilitará la decisión. Y sin más, no queriendo presionar a su amigo, se dispusieron a dar buena cuenta de la cena que acababan de servirles. Pero Encinas no podía dejar de pensar en lo que le acababa de proponer el empresario y aunque ya habían cambiado de tema, él volvió a introducirlo en la conversación. - A ver Gustavo, discúlpame, pero no pretenderás que después de lo que me has dicho me quede tan tranquilo hablando de futbol o algo así ¿no? Además ya sabes que lo mío no es 171


precisamente la información deportiva –bromeó antes de continuar-. La verdad es que siempre he pensado que la sociedad civil debería de tomar las riendas de algún modo, pero viendo la forma que tiene la gente de protestar, con manifestaciones y estupideces similares, a veces se te quitan las ganas de hacer nada. -Efectivamente –asintió Gustavo satisfecho al comprobar que su compañero de mesa pensaba como él– por eso mismo yo he decidido poner algo más de mi parte y estoy captando a aquellas personas que creo que pueden ser interesantes para mi proyecto. Personas que realmente estén dispuestas a poner toda la carne en el asador. Personas que piensen que realmente merece la pena arriesgarse por un proyecto efectivo y realista. Pero sobre todo personas que estén alejadas del fanatismo, en cualquiera de sus manifestaciones, ni político, ni religioso, ni nada similar. -Por eso debo confesarte –siguió Gustavo- que nuestro contacto fue premeditado. Siempre he sido un fiel seguidor de tu programa. He oído tus opiniones sobre multitud de asuntos y he llegado a la conclusión de que podrías ser un excelente integrante del grupo. Y puestos a confesarnos –continuaba Gustavo– tú tienes una posición en los medios de comunicación idónea para conseguir nuestros fines. Por eso he hecho todo lo posible por conocerte a fondo antes de proponerte nada. Y que conste que estoy muy satisfecho. - No obstante, lo que quiero dejarte muy claro es que no quiero presionarte. Quiero que pienses a fondo sobre lo que te propongo y que si al fin decides colaborar conmigo, muy bien. En caso contrario me sentiría muy honrado de seguir contando con tu amistad aunque no formes parte del grupo. Encinas se quedó pensativo durante unos minutos tras los cuales continuó hablando:

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-De acuerdo, déjame unos días para pensar y te diré algo. Aunque te puedo anticipar que has tocado mi fibra sensible. Pero… -No, no me contestes ahora – interrumpió Gustavo – prefiero que reflexiones y cuando me digas algo sea una decisión meditada y basada en tu propio convencimiento. Y sin más continuaron degustando la cena que les habían servido y hablando de temas que aunque sin duda eran interesantes no tenían nada que ver con el Plan Marchiali. Pasaron varias semanas en las que Gustavo se mantuvo a la expectativa. Esperaba de corazón que su nuevo amigo de la radio le diera una respuesta afirmativa. Cuando le había confesado que era para él una persona valiosa para su proyecto había sido totalmente sincero. Una persona de su trayectoria no sólo sería útil para el mismo, sino que además le daría el toque de seriedad y credibilidad que Gustavo quería dar al Plan Marchiali. Durante el tiempo que se mantuvo a la espera de sus noticias procuró oír cada día su programa con la esperanza de captar algún guiño especial sobre su proposición. Y desde luego que no le defraudó. Gustavo supo leer entre lineas una ligera variación en el talante de los programas capitaneados por Encinas. Con una sutileza digna de su profesionalidad, el locutor se encargó de “interrogar” a todos sus invitados sobre los temas que más le preocupaban en ese momento y que Gustavo le había sugerido, también con gran sutileza, durante sus numerosas conversaciones. Estaba punto de cumplirse un mes desde la proposición de Gustavo. Era viernes, 10 de la noche, en el punto en que la tertulia de actualidad tocaba su fin para dar paso a otro debate de carácter político, con otros invitados y otros temas de conversación el locutor lanzó el mensaje con la esperanza de que su destinatario lo captase adecuadamente.

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- Bien caballeros, y antes de despedirnos me gustaría preguntarles cuáles son sus planes para este fin de semana. ¿quizás algún evento especial que nuestros oyentes debieran de conocer? – preguntó directamente-. Sus invitados participaron, sin saber que eran cómplices involuntarios de la triquiñuela de Encinas, y relataron sus planes para los días siguientes. Cuando ellos hubieron finalizado, Encinas, como queriendo corresponder a su amabilidad les indicó: - Pues yo solamente pretendo descansar. No tengo previsto acudir a ningún evento especial. Simplemente esta noche espero cenar con mi amigo Gustavo en un restaurante cercano que descubrimos juntos hace unas semanas. Y sin más, despidió a sus colaboradores dando entrada al siguiente espacio de su programa. Cuando éste hubo terminado se dirigió al pequeño restaurante en el que había recibido la proposición de Gustavo. Por el camino iba pensado en la respuesta que le daría y esperando que su amigo hubiera escuchado y entendido el mensaje que le había enviado. Cuando llegó, se detuvo unos instantes para mirar a través del ventanal esperando ver a su amigo sentado en la barra o en alguna de las mesas que el establecimiento tenía en la cafetería, antesala del restaurante. Y no le vio. Por unos instantes, la decepción le invadió y pensó… -Claro, este sistema tan extravagante no tenía por qué dar resultado…, debía haberle telefoneado y dejarme de tonterías. Seguramente tiene más cosas que hacer que estar pendiente de mis juegos. No obstante, Encinas entró en el restaurante decidido a tomar un café caliente antes de irse a su casa. En el fondo estaba cansado y deseaba dormir. -Mañana por la mañana –pensaba mientras degustaba el café- le llamaré y quedaré para la noche, si es posible. 174


Después de unos quince minutos, cuando se disponía a pedirle al camarero que le cobrase la consumición, un pequeño estruendo a sus espaldas le hizo volverse para ver que sucedía. Su sorpresa fue ver que el ruido lo producía su amigo Gustavo que entraba en el restaurante cerrando su paraguas y quejándose de la copiosa lluvia que había comenzado minutos atrás. Dirigiéndose a él le saludó al tiempo que se disculpaba. -Perdóname el retraso amigo Encinas. Estaba escuchando tu programa en mi coche mientras regresaba a la ciudad y con la lluvia que ha comenzado a caer, ya sabes, el tráfico se complica y me ha sido imposible llegar antes. -No te preocupes –le indicó el locutor- la culpa es mía por no llamarte simplemente y quedar contigo. -Bueno, así también vale –le indicó su amigo disculpándoleasí has podido comprobar que realmente escucho tu programa. Bueno, si te parece pasamos al comedor y cenamos tranquilamente y charlamos. -De acuerdo, vamos. Y sin más se sentaron a una de las mesas, con el fin de degustar una esplendida cena. La ocasión lo merecía y además tenían un hambre atroz. Cuando ya habían dado buena cuenta del primer plato Encinas entró de lleno en el verdadero objeto de la reunión. -Bien Gustavo. No sé si has tenido tiempo de escuchar muchos de los programas que se han emitido desde nuestra última reunión, pero he hecho una pequeña investigación, lo más sutil que he podido, sobre algunos de los temas de los que me habías hablado. -¿Y a qué conclusión has llegado? – Le preguntó Gustavo. 175


-Pues he llegado a la conclusión de que tenías razón.respondió el locutor-. Si estudias detenidamente lo que sucede a lo largo de toda nuestra sociedad, no hay más que incongruencias, injusticias y actuaciones de los dirigentes, tanto políticos como económicos, que no tienen ni pies ni cabeza. Y lo que es peor, me han dado la sensación de que todo se está haciendo sin tener en cuenta la repercusión que puede tener de cara a un futuro inmediato. -Por eso –continuaba- he tomado la determinación de unirme a ti y a tu grupo. No sé exactamente de qué se trata. Ni me imagino los planes que tienes ni cómo piensas llevarlos a cabo, pero algo me dice que eres una persona de fiar. - En ese sentido –le interrumpió Gustavo- no te preocupes, puesto que, si estas decidido a unirte al grupo, te informaré detalladamente de lo que supone el proyecto, y estoy seguro de que una vez que conozcas más detalles sobre él, terminarán de disiparse las pocas dudas que puedas tener. - Eso espero, y estoy seguro de que será así- sentenció Encinas. Sin más Gustavo se dispuso a darle a Encinas aquellos detalles que sin llegar a comprometerle al cien por cien, sí afianzarían su decisión, al tiempo que le indicaba que próximamente se realizaría la reunión de constitución del “Consejo de Sabios del Plan Marchiali” del cual ya era miembro integrante.

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La “red” de colaboradores y simpatizantes se iba ampliando poco a poco, pero con adhesiones firmes y consolidadas. Una de las cosas que Gustavo consideraba muy interesantes eran las relaciones que sus cómplices o colaboradores pudieran tener y que en un momento dado pudieran aportar al proyecto. En aras de una máxima discreción, nunca se entrevistaba directamente con ninguna persona -salvo raras y especiales excepciones entre las que sin duda se encontraba Encinas- con el fin de captarla para su proyecto, si no era presentado por alguna persona a la que ya pudiera considerar dentro del mismo. Pero no siempre había sido así. Había tenido algunas experiencias desagradables que le habían empujado a actuar de esta forma. Aunque él lo tenía muy asumido desde el principio, en el fondo siempre había mantenido la esperanza de que la captación de colaboradores fuera mucho más fácil. Había contactado con algunas personas que había considerado muy válidas en un principio y que después de haberlas conocido más a fondo, había llegado a la conclusión de que no sólo no eran personas idóneas para su proyecto, sino que además hubiera sido muy peligroso introducirlas en él. De todos los casos que se vio obligado a descartar, el que más le había decepcionado fue el de Esteban de la Torre. Era un empresario al que conocía en un principio solamente por haber tenido ciertas relaciones comerciales con su empresa. Por motivos empresariales había tenido varias comidas con él y alguno de sus empleados más destacados, y como es habitual en este tipo de comidas, las personas asistentes a ellas se suelen

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mostrar amables, activas, desinteresadas y dispuestas a todo tipo de colaboraciones. No en vano, en este tipo de acontecimientos todos intentan impresionar al otro con el fin de cerrar los más suculentos negocios. Gustavo captó desde el principio una cierta actitud en Esteban que le hizo pensar que quizás fuera una pieza válida para el Plan Marchiali. Era una persona decidida, que se había hecho a sí mismo emprendiendo sus negocios desde muy temprana edad, lo que había hecho que a sus casi cincuenta años fuera propietario de una empresa ya consolidada y rentable. Aunque desde luego no lo había conseguido fácilmente, ya que el sector en el que trabajaba era muy competitivo y feroz. Eso había forjado en él un carácter como empresario, fuerte, decidido y resolutivo al cien por cien, cualidades que Gustavo apreciaba mucho en ese tipo de personas. Por eso, transcurrido un tiempo bastante amplio desde que puso sus ojos en Esteban como colaborador, se decidió a dar el paso de la forma habitual y que tan buen resultado le había dado en muchas otras ocasiones. Marcó el teléfono móvil de Esteban esperando que la respuesta fuera positiva. - ¡Sí, dígame! – respondió enérgico el Sr. de la Torre.¿Quién es? - Buenas tardes Esteban – siguió él- soy Gustavo. - ¡ah! Hola Gustavo ¿Cómo estás? ¿qué puedo hacer por ti?interrogó el otro-. - Pues verás, te llamaba porque la próxima semana debo desplazarme a Valencia para visitar a varios proveedores, y me gustaría tener una reunión contigo para hablar de algunos suministros que me gustaría encargarte. - Bien Gustavo, me parece muy bien, pero ¿qué día sería exactamente? pues tengo que hacer un viaje de un par de días, a finales de semana… 178


- No hay problema, ya que como estoy organizándome ahora, la primera llamada que he hecho ha sido la tuya por lo que el resto del viaje lo puedo adaptar sin problema. - ¿Entonces? – inquirió el valenciano-. - Pues que no te preocupes, pasaré a verte el martes y así después podemos los dos hacer lo que teníamos previsto. - Perfecto, pues haz una cosa, envíame un correo electrónico con la fecha exacta y todos los detalles y nos vemos la próxima semana ¿de acuerdo? - ¡De acuerdo, así lo haré! ¡nos vemos! – sentenció Gustavo, y sin más colgó el auricular y se dispuso a elaborar el mensaje. El día de la cita y a la hora acordada, Gustavo hacía entrada en las oficinas de su proveedor Esteban de la Torre, en Valencia. Después del correspondiente saludo, estuvieron durante un par de horas hablando y discutiendo los detalles del suministro que la empresa de Esteban debía realizar a una de las empresas de Gustavo. Una vez cerrado el trato comercial, fue el propio Esteban el que propuso: -Bueno Gustavo, me encanta hacer negocios contigo, y esto tenemos que rubricarlo con una buena comida ¿o no? -Me parece una idea estupenda – contestó él sonriendo- y además en este caso, lo correcto es que invites tú que eres quien más va a cobrar en esta operación. -Por supuesto que sí, eso ya estaba previsto –respondió el valenciano- y la prueba de ello es que ya he reservado mesa en un restaurante al que me gusta ir a menudo para terminar de cerrar los buenos negocios. -Pues no se hable más y vayamos allá que ya va siendo hora. Durante la comida, Gustavo, siguiendo su propio método, introdujo en la conversación ciertos temas escabrosos con la

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intención de calibrar el grado de conformidad con lo establecido que tenía su interlocutor. Después de haber hablado de política, de economía y de temas sociales de actualidad entre otras cosas, Gustavo creyó atisbar en Esteban ese perfil que esperaba encontrar, y sin más le espetó: -¡Oye Esteban! ¿Tú que estarías dispuesto a hacer para que las cosas cambien? ¿Estarías dispuesto a arriesgar tu modo de vida, tus empresas, y en definitiva el fruto de tantos años de trabajo por una posibilidad más o menos remota de hacer que las cosas cambien? -No te entiendo ¿a qué te refieres? – le preguntó extrañado-. -Me refiero a si estarías dispuesto a integrarte en un grupo de personas dispuestas a todo con el fin de que el mundo cambie. – y siguió interrogándole-. Me refiero a si estás dispuesto a dar el paso hacia delante que signifique involucrarte y no sólo criticar sobre una mesa de restaurante o sobre la barra de un bar. Esteban le miraba como preguntándose a qué venían esas preguntas, y lo cierto es que la estrecha relación que mantenían le empujo a sincerarse con él. -Hombre, la verdad es que no me importa en absoluto la situación de la sociedad mientras no afecte a mis negocios –afirmó enérgicamente-. Me dan igual los problemas que tengan los demás. Yo he estado trabajando desde los veinte años y nadie me ha regalado nada. He tenido que luchar sólo contra todos los elementos y si mi empresa funciona ha sido gracias exclusivamente a mi trabajo. Gracias a mi firmeza en los negocios he conseguido conservar lo que tengo dentro de la selva que supone la sociedad actual y su organización.

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Gustavo le escuchaba sorprendido ya que no era la actitud que esperaba y que había creído intuir en su interlocutor. Y Esteban continuaba: -A lo largo de mi vida como empresario he tenido que bregar con situaciones de todo tipo, que me han hecho entender que no puedes ser blando si quieres ser un hombre de negocios con éxito. -No, decididamente no participaría en ninguna iniciativa que tuviera esos principios –se reafirmó categóricamente- además de que en mi opinión todas esas iniciativas no son más que estupideces que en definitiva no conducen a ningún lado. No soy yo quien debe de hacerlo, para ello hay un montón de gente que cobra mucho dinero por gestionar ese tipo de cosas y si no lo hacen bien no es responsabilidad mía. Y sentenció: ¡los cementerios están llenos de personas altruistas que solamente consiguieron morir en la miseria y eso no me va a suceder a mí! -Pero… ¿por qué me haces esas preguntas? -No, por nada –respondió Gustavo preparando su evasiva– simplemente era una pregunta retórica. Como estábamos hablando de estas cosas recordé que a veces surgen grupos de personas que no están de acuerdo con la situación de algunas cosas y se deciden a intervenir. Pero solamente era un comentario, yo tampoco veo claras algunas cosas. Y sin más Gustavo cambio de tema de manera que la comida llegó a su fin sin volver a mencionar el asunto.

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Posteriormente, una vez que había regresado a su hotel, y mientras tomaba una taza de café, tuvo ocasión de reflexionar sobre lo ocurrido, y tratando de analizar el porqué se había equivocado con Esteban simplemente llegó a la conclusión de que era una actitud más normal de lo que él creía y deseaba. Existen muchas personas, quizás demasiadas y seguramente se encontraría con más de una, que efectivamente piensan que las cosas no van bien, pero el conformismo y el convencimiento de que ellos no son los responsables hacen que tengan una actitud de indolencia que no les permite intervenir para nada en su posible solución. Y en ese momento volvió a recordar la frase de Gandhi. Llegó a la conclusión de que era algo que debía asumir y en lo sucesivo intentar conocer mejor a las personas a las que pretendía captar.

Había hecho una clara diferenciación entre las diversas clases de colaboradores. Por un lado necesitaba un equipo, que para una buena operatividad no debería ser demasiado grande, de personas que estuvieran implicadas no sólo ideológicamente sino prácticamente y se involucrasen al cien por cien en la dirección y ejecución del Plan Marchiali. Éstas serían los componentes del “consejo de Sabios” y liderarían personalmente cada una de las áreas del proyecto, necesarias para su perfecto desarrollo. Otro tipo de colaboradores más numerosos serían aquellos que con el mismo grado de convencimiento que los “Sabios” sin embargo no tendrían labores ejecutivas en el proyecto. Estas personas formarían los grupos de acción y apoyo. Diseminadas por el mundo, ejecutarían las órdenes del consejo de Sabios y se podría decir que conformarían un auténtico servicio 182


secreto o de inteligencia con el fin de mantener al Plan Marchiali perfecta y puntualmente informado de todo cuanto aconteciera en el mundo y que fuera mínimamente relevante para la misión que se habían encomendado Gustavo y su organización. Permanecerían realizando su trabajo y su vida habitual en general a la espera de recibir la orden de actuar. Además en caso necesario podría utilizar a alguno de estos colaboradores para una labor ejecutiva puntual. También existiría un tercer tipo de colaboradores, entre los que se podrían destacar personalidades de primera línea a nivel mundial en sectores tan importantes como la política, la economía, las ciencias, las artes, etc. que incluso se encontraban dirigiendo algunas de las más altas instancias internacionales. De esta forma, las decisiones tomadas y las acciones desarrolladas por el Plan Marchiali serían estudiadas en profundidad, asumidas y dirigidas por su “consejo de Sabios” y ejecutadas por los colaboradores más idóneos en cada caso.

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13 Ya habían pasado las fases previas para el desarrollo del proyecto. Gustavo había conseguido captar a una serie de personas que consideraba de sumo interés para conseguir sus fines. Además el proceso de captación había sido muy enriquecedor para él, pues le había servido para constatar que realmente no estaba tan equivocado como en algunos momentos de duda se había planteado. El proceso de localizar, entablar relaciones, conocer a sus colaboradores etc. había fortalecido sobremanera sus ideas. Se había reafirmado también en el sentido de que sí merecía la pena el esfuerzo porque existían muchas personas – muchas más de las que pudiera parecer– por las que merecía la pena luchar. Y eso sin pensar solamente en las personas más o menos influyentes a las que había conocido y captado para su causa, sino en los muchos millones de personas sencillas y trabajadoras que eran el objetivo real del proyecto y que hacían que cualquier esfuerzo no fuera en vano. Los complejos turísticos e industriales ya estaban en marcha. Acebedo era un hervidero de contratistas, albañiles, electricistas, carpinteros etc. que estaban realizando multitud de

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obras de acondicionamiento de las casas que Gustavo había adquirido para el relanzamiento de la zona. Las casas iban recuperando su aspecto ancestral, se iban despejando los jardines de las malas hierbas que los habían ocultado durante años. La luz entraba de nuevo en las habitaciones que habían cobijado a sus antepasados no hacía demasiado tiempo. Las cañerías volvían a tener una circulación que, al igual que las arterias del cuerpo humano, daría nueva vida a Acebedo. Los locales de hostelería, ocio, comercio etc. iban tomando forma y llenando sus almacenes de los productos que, no tardando mucho, degustarían y comprarían tanto los residentes como la gran cantidad de visitantes que esperaban. Quizás lo más entrañable era la escuela. Estaba renaciendo, sus instalaciones, que no hacía mucho tiempo se dedicaban solamente a realizar algunas reuniones de los vecinos, cuando había que tratar algún tema importante –que era pocas veces–, volverían a albergar a los niños deseosos de estudiar y aprender. También las minas eran un continuo ir y venir de personas, de máquinas y de vehículos, pues el abandono a que estaban sometidas todas las instalaciones había hecho que prácticamente hubiera que reconstruirlas en su totalidad. Realmente se había podido aprovechar apenas un veinte por ciento de lo existente. Por ello, la actividad era delirante. Había que construir pabellones, almacenes, oficinas. Había que rehabilitar las galerías principales de las minas. Y sobre todo, había que construir la zona nueva que albergaría al Plan Marchiali.

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Pero mientras toda esta actividad no había hecho más que empezar, Gustavo realizaba la primera reunión con todos sus colaboradores juntos, con el fin de ir poniéndoles al corriente de algunas cosas, ya que si bien todos estaban informados sobre las líneas maestras del proyecto, casi ninguno de ellos conocía sus detalles en profundidad. Y sobre todo, no tenían ni la menor idea de quienes eran las otras personas que componían el “consejo de Sabios del Plan Marchiali” que Gustavo había organizado, y era el momento adecuado para las presentaciones.

Habían llegado de forma escalonada a lo largo de un par de días, con el fin de que nadie los identificara como grupo, sino como visitantes independientes de la zona. Los primeros en llegar habían tenido más tiempo para conocer el terreno, y fue unánime la satisfacción manifestada por todos ellos por el paisaje y el entorno en general. -Yo creo que no habría un lugar más idóneo para llevar a cabo el proyecto –había manifestado Encinas– no sólo está apartado y es discreto al máximo, sino que además es de una belleza inigualable. Todos los asistentes a esta reunión habían acudido solos, sin sus esposas o parejas, ya que la discreción del proyecto no sólo lo aconsejaba sino que lo exigía. Y todos ellos estaban totalmente de acuerdo. Era simplemente aplicar una vez más aquella máxima de que “lo que no conoces no te podrá perjudicar”, para así dejar al margen a sus familias. El primero en llegar había sido José Martín, ex miembro del Partido Popular, que había abandonado la política durante el

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gobierno de Aznar, por no estar de acuerdo con la forma de hacer del mismo. Durante un par de años había sido ministro de trabajo, y había comprobado que era un puesto tan inútil como desproporcionado ya que había sufrido en sus propias carnes lo falsos que pueden llegar a ser los planteamientos de un gobierno. Lo único que de verdad importaba era cómo conseguir y mantener el mayor número de votos posible. El resto era accesorio. Por eso, en cuanto tuvo ocasión, no sólo abandonó el gabinete gubernamental, sino que dejó por completo la política y se dedicó a su vida empresarial. Gustavo le había conocido en un congreso celebrado en Madrid con motivo del veinticinco aniversario de la escuela de negocios a la que pertenecía Gustavo, y en la que se había preparado para la correcta dirección de sus empresas, y las que había heredado de su padre. Los compañeros participantes en dicho congreso, que tenia diversas áreas diferenciadas, habían tenido la ocasión de conversar en varias ocasiones con dirigentes políticos y económicos del país. Entre ellos, José Martín se perfilaba como una persona pragmática, pero que no parecía estar precisamente en el puesto para el que mejor preparado estuviera –a los ojos de Gustavo– y con el que más conforme se manifestara. Como había hecho en otras ocasiones con otros colaboradores, Gustavo se las arregló para tener alguna conversación más con él y en privado. En éstas conversaciones, Gustavo transmitió al ministro su inquietud por el desarrollo de las cosas en el mundo empresarial, 188


confesándole que no tenía grandes esperanzas en la evolución inmediata de los mercados, del empleo, de las finanzas etc. Hizo unos grandes esfuerzos para parecer realista y bien informado, y no un derrotista sin visión de futuro. Sus esfuerzos dieron resultado y el ministro se encontró ante si a una persona preparada para el mundo empresarial y no sólo nacional sino con una visión internacional y casi de estadista que le agrado sobremanera. -Si hubiera muchos empresarios con esta visión de futuro – pensó para sí D. José Martín– no tendríamos tantos problemas para elaborar todo tipo de planes que redundarían en un gran bienestar para todos. Gustavo consideró que sería una gran pieza para el rompecabezas que estaba preparando y tras varias conversaciones le dijo: -Sr. Martín, creo que Vd. y yo tenemos muchos proyectos que poner en común pero quizás el hecho de ser un político en activo límite mucho su libertad de movimientos ¿no es cierto? - Pues sí – respondió el ministro – pero en confianza, y estoy seguro de que esta afirmación no saldrá de entre nosotros dos, mi etapa como ministro está muy próxima a su fin. -¿y eso cómo es? –preguntó extrañado Gustavo– no se ha oído nada al respecto. ¿quizás se aproxima alguna remodelación del gobierno? -El ministro observó detenidamente a su alrededor para ver si alguien les observaba y al ver que pasaban desapercibidos continuó diciendo… -No, no se ha filtrado nada aún –aunque parezca extraño–, pero el presidente planea un cambio de gobierno para antes de dos meses, y le he pedido encarecidamente que no cuente conmigo para el próximo gabinete. -Lógicamente –continúo– mi salida se planteará públicamente como motivada por problemas personales. Ese 189


mismo motivo me servirá para un breve tiempo después anunciar mi retirada de la vida política para dedicarme a mis labores particulares como empresario. -Ya –dijo Gustavo, que no salía de su asombro y aprovechando el nivel de confianza que se había establecido entre los dos– pero seguro que detrás de esa dimisión hay algún otro motivo ¿no? -Pues sí Gustavo –contestó humildemente Martín– cuando me involucré en éste mundo de la política, tenía unos ideales y una forma de ver las cosas, que me hicieron pensar que podía hacer algo desde una tribuna política. Me impliqué al cien por cien en todas las labores del partido y conseguí llegar a ocupar el cargo ministerial. Pero cuando “toqué” la responsabilidad comprobé que todo está hecho de “cartón piedra”. -Quiero decir que los ideales que me llevaron hasta aquí no existen por ningún sitio. Llevo casi tres años en el cargo y todo cuanto he podido hacer es mantener el tipo en acciones que lo único que pretenden es conservar el voto para mi partido. Gustavo escuchaba estupefacto. -Sí, Gustavo –continuaba Martín– no me mires así. En el ministerio lo que menos importan son los parados, los puestos de trabajo y todas esas zarandajas que salen a diario en la prensa. -Se trata únicamente de poner los parches adecuados en los sectores idóneos. Pensionistas, Minusválidos, Mujeres sin empleo, Mujeres maltratadas… en fin todos esos colectivos que dan mucha imagen de cara a la galería, pero por sus votos no por su bienestar. Y yo ya estoy harto de tanta hipocresía. Hay muchos momentos en los que no me atrevo a mirar a los ojos a mis hijos cuando me preguntan por cosas de mi trabajo. Gustavo, que había estado escuchando atentamente y menos sorprendido de lo que parecía en un primer momento, pensó que sería efectivamente un buen fichaje para su proyecto. 190


Por eso le manifestó un alto grado de complicidad y decidió que en su momento contaría con él. De esta conversación habían pasado algo más de dos años durante los cuales Gustavo se había dedicado a planificar el “ideario” del proyecto. Durante ese periodo de tiempo se habían producido varios encuentros entre ellos -y un cambio de partido en el gobierno- con el fin de mantener viva la relación en espera del momento oportuno. Momento que ya había llegado invitando a José Martín a la reunión de Sabios del Plan Marchiali.

Poco después, hizo su entrada en el Hostal Riaño D. Teodoro Villanueva. Después de casi quince años militando en el partido socialista, y considerando que era sin duda la única opción política que podía hacer las cosas bien en España, no dudó en aceptar el puesto de Subsecretario de Fomento en el gabinete de Zapatero. Pero su desilusión fue mayúscula cuando vió que en realidad los políticos no eran precisamente servidores públicos vocacionales y volcados en la búsqueda del bienestar para sus conciudadanos. Más bien estaba planteado como una profesión como otra cualquiera, un negocio que había que cuidar con una gran ausencia de escrúpulos. Por eso, aprovechando también la coyuntura de una remodelación de su ministerio abandonó su cargo para dedicarse a la empresa familiar que había dejado un poco apartada por su aventura política. La relación que le unía a Gustavo había sido más pragmática. Éste había acudido como empresario a varios 191


concursos públicos emitidos por el Ministerio de Fomento, para participar en el concurso para la adjudicación de varias obras, de las que había conseguido un par de ellas. Con motivo de diversas reuniones de trabajo relacionadas con dichas obras habían establecido una relación que, sin llegar a ser precisamente amistosa, sí había sido bastante cordial. Eso permitió a Gustavo invitarle varias veces a actos sociales del mundo empresarial en los cuales pudo conversar con él. Como en otros casos, también detectó en Villanueva ese punto de desagrado con su trabajo que le podría calificar como un buen candidato a colaborar en su proyecto. Por eso no dudó un instante en continuar metiendo el dedo en la llaga –con mucha diplomacia, por supuesto– y sonsacándole la información que le permitiera dictaminar definitivamente si podría ser un buen “sabio” para el Plan Marchiali o no. No tardó en comprobar que sí, que estaba tan desencantado con la labor que venía realizando que había decidido volver a la empresa privada lo antes posible. Una vez de regreso al mundo empresarial, Gustavo se decidió a hablar con él e invitarle a participar en la reunión de “Sabios”. Contaba con él.

Vicente Aranda, otro de los colaboradores de Gustavo, tenía una dilatada experiencia como policía. Ingresado en el cuerpo hacía veinticinco años, había sido destinado a numerosas ciudades del estado. Conocía el carácter de las personas del norte, del sur, los isleños etc. conocía los entresijos de la delincuencia más habitual, y conocía también los métodos que la policía utilizaba cuando alguna conducta le parecía sospechosa. 192


Por eso era muy útil para los fines que Gustavo quería conseguir con el proyecto del Plan Marchiali.

Gustavo conocía a Vicente de haber participado juntos en numerosas actividades en su época juvenil, cuando se había trasladado a León para asistir a la universidad. Por eso había llegado a pensar que podría aportar su gran experiencia, pues su trabajo en las organizaciones juveniles les había aportado a ambos una forma bastante similar de ver las cosas. Cuando cada uno de ellos siguió su vida por caminos profesionales diferentes habían perdido ligeramente el contacto, pero sabiendo cada uno lo que había sido de la vida del otro. Por eso, cuando Gustavo comenzó a pensar en las personas que podrían colaborar con él, no tardó mucho en surgir el nombre de Vicente. Gustavo sabía que había estado trabajando en puestos bastante relevantes, y en contacto no sólo con la Interpol, sino también con servicios secretos de otros países y además había ido a varios lugares de Sudamérica en comisión de servicio para instruir a sus fuerzas policiales. Por eso no dudó en contemplarle como un valioso colaborador ya que en su proyecto conocer a fondo la forma de actuar de estos cuerpos era de vital importancia. En una ocasión coincidió con Vicente en un restaurante de León, y tras saludarse amigablemente Gustavo le propuso antes de despedirse: -¡Bueno Vicente! me alegro mucho de verte, hacía mucho tiempo que no coincidíamos. Oye, deberíamos quedar para comer un día de estos.

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-Cuando quieras – contestó Vicente – yo estaré por aquí aún unos cuantos días por asuntos de trabajo así que si te parece te llamo dentro de un par de días y quedamos. -Perfecto – Contestó Gustavo – y así charlamos un poco, que tengo algunas cosas importantes que contarte. Y una vez fijado el compromiso se dirigieron cada uno a su mesa en compañía de otras personas que nada tenían que ver con el proyecto. Cuando un par de días después Vicente telefoneó a Gustavo quedaron para cenar. Cuando Vicente llegó, Gustavo ya le esperaba degustando un buen vino tinto de la zona. -Hola Gustavo. Veo que no perdemos las buenas costumbres –saludó Vicente -. -Hola, por supuesto –respondió Gustavo– además debemos comenzar bien la noche ¿no? Degustaron un par de copas de vino y seguidamente se sentaron a cenar. Durante la velada Gustavo comprobó satisfecho que su olfato y sus recuerdos no le habían engañado y Vicente era una persona que estaba muy próximo a él en la forma de ver la mayoría de las cosas. Quizás por su profesión como policía, era un poco más radical que el propio Gustavo. Su trabajo le había hecho pensar que los miramientos sólo eran justos para aquellos que se lo habían merecido. En el transcurso de la cena, Gustavo le insinuó a Vicente la existencia de un grupo de personas que estaban dispuestos a tomar cartas en el asunto, e intentar hacer algo para mejorar el estado de cosas. 194


En un principio Vicente se había colocado en cierto modo a la defensiva –seguramente por su olfato profesional– pero a medida que Gustavo iba desgranando algunos detalles del proyecto, su interés fue en aumento. El punto que más había contribuido a convencerle era el de que todo estaría tan bien “hilvanado”, que a poco bien que lo hicieran, no podría fallar nada. Después de cenar habían acudido a un local de copas para terminar la velada. Delante de una buena copa de coñac Gustavo consiguió vencer los últimos obstáculos para convencer a Vicente. -De acuerdo Gustavo –le espetó el policía– creo que tienes toda la razón y que si no se hace algo pronto quizás ya no haya una próxima ocasión en muchos años. -Cuenta conmigo –continuó–, además estoy de acuerdo contigo también en el hecho de que el tema de la seguridad en este asunto es de vital importancia, ¿no? -Cierto Vicente -le contestó Gustavo–, además la mayor baza para el éxito del proyecto está en poseer la mayor cantidad de información posible y un profesional como tú es el ideal para llevarlo con el adecuado control y efectividad. -Pues no se hable más –siguió Vicente levantando su copa y brindando con Gustavo por el éxito del Plan Marchiali– pongámonos manos a la obra. -De acuerdo -finalizó Gustavo– te llamaré en unas semanas y nos pondremos de acuerdo. Y se despidieron quedando emplazados para cuando se realizara la reunión del “Consejo de Sabios”.

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Siendo tan importante el complejo de empresas que darían soporte al proyecto, Gustavo no había dudado un momento para captar a Javier Algorta. Cuando su padre falleció, Gustavo tuvo que hacerse cargo de la gestión de sus empresas. En un principio, había barajado la posibilidad de venderlas, pero a causa del respeto y la nostalgia que sentía por su padre, decidió quedarse con ellas. Su sentido de la responsabilidad hizo que antes de tomar el mando de todas ellas realizara un máster en dirección y gestión de empresas, pues no quería poner en peligro los logros de su padre y tampoco los suyos propios. Dicho máster estaba dirigido por un insigne economista de reconocido prestigio en el mundo empresarial. Javier Algorta. Durante el curso se produjo un acercamiento importante entre los dos, de forma que cuando hablaban, del tema que fuere, no dudaban en poner sus ideas claramente encima de la mesa. Eso hizo que Gustavo le considerase una pieza clave para su “consejo de Sabios”. Hacia algunos años que solamente se veían en reuniones de tipo empresarial que agrupaban a personas que como él habían realizado ese tipo de masters. A pesar de todo en las pocas ocasiones que se reunían aprovechaban para conversar sobre todos los temas de actualidad, especialmente si eran de tipo económico. Javier era un profesional como la copa de un pino y no tenía ningún color político determinado, es más, era de los que consideraban que, en los comienzos del siglo XXI, sonaba a muy arcaico hablar de izquierdas o derechas cuando la ideología que primaba en el mundo entero era la de la economía. Le parecía absurdo que todavía hubiera esa distinción cuando por ejemplo en Europa, muchos de los asuntos económicos eran marcados por el Banco Central Europeo, 196


independientemente de que entre los veintisiete países miembros hubiera gobiernos de derechas, izquierdas, centro etc. También había dado a entender a Gustavo que si los grandes dirigentes mundiales no comenzaban pronto a aplicar un poco de imaginación a su forma de gobernar, el mundo no tardaría en entrar en una recesión de características históricas. Y parecía que algo de profético sí tenía, a juzgar por los acontecimientos. Por eso a Gustavo no le costó mucho trabajo convencerle de que su participación en Plan Marchiali no sólo sería importante sino primordial. Y allí estaría. No faltaría a la reunión.

Otra de las personas importantes para el proyecto era su gran amiga Conchita Diez. Compañera de la universidad –aunque en distinta facultad- había cursado los estudios de Derecho, siendo en la actualidad una reputada abogada que compatibilizaba su trabajo en sendos bufetes de Madrid y León. En su época universitaria habían tenido una muy estrecha relación que, por motivos que ninguno de los dos llegó nunca a comprender, no llegó a consolidarse en una relación sentimental. Sin embargo su amistad salió tremendamente reforzada y aunque sus diferentes profesiones les había separado, siempre habían estado en estrecho contacto viéndose de vez en cuando y manteniéndose al día cada uno de la vida del otro. Gustavo en un principio no había pensado en ella. En el grupo, hasta el momento todos eran hombres. Quizás un ligero toque de machismo había hecho que no reparase en la personalidad de Conchita, pero como si hubiera sido un designio del destino, se encontró con ella. Había ido al edificio de los juzgados de León con el fin de consultar el estado de una denuncia que había interpuesto contra un proveedor por incumplimiento de contrato.

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Cuando se encontraba deambulando por los pasillos en busca del despacho en el que debía ser atendido, oyó una voz que le llamaba insistentemente: -¡Gustavo! ¡Gustavo! Se giró y allí estaba ella, corriendo a su encuentro. -¡Hola Gustavo! -le saludó su amiga con la respiración entrecortada por la carrera- creía que te perdía, llevo un rato llamándote. -Hola Conchita –correspondió al saludo- perdóname, iba concentrado buscando el despacho del juzgado número cinco y no me había dado cuenta de que me llamabas. Bueno, y... ¿Qué haces por aquí? -Hombre, eso debería de preguntártelo yo a ti –respondió la abogada– para mi es normal estar en un juzgado, pero para ti no lo es tanto ¿no es así? -Pues sí, tienes razón. –admitió Gustavo- yo he venido a consultar la evolución de una denuncia que interpuse a un proveedor. Nada complicado. Cosas de la empresa, ya sabes ¿y tú?

-Yo también –siguió Conchita– tenía un juicio pero ya ha finalizado así que estoy libre -Y se adelantó a su amigo Gustavo– de modo que si tú no tienes nada que hacer podríamos comer juntos. ¿te parece? -Perfecto -asintió él–, si me permites, voy a hacer esa consulta y un par de llamadas y estoy a tu entera disposición. Y así, con el asentimiento de ella, Gustavo liquidó los asuntos que tenía pendientes, y se dispuso a ir a un restaurante cercano a comer con su antigua amiga. 198


La velada, como es habitual cuando se reúnen dos personas que hace tiempo que no se ven, comenzó relatando cada uno de ellos las novedades surgidas en su trabajo, su familia etc. pero, dado el carácter reivindicativo de ambos, no tardó en derivar hacia temas económicos y políticos recordando a Gustavo que precisamente una de las facetas que siempre le habían agradado mucho de su amiga era ese carácter “peleón” que solía presidir su forma de actuar. Era una persona vehemente aunque solía tener razón en sus exposiciones. Es más, sobre aquellos temas que no conocía lo suficiente, o no estaba adecuadamente informada, prefería no hablar demasiado, y eso hacía que Gustavo confiase mucho en sus opiniones. A medida que avanzaba la conversación comenzó a verla como una posible colaboradora para su proyecto, incluso se sorprendió a sí mismo pensando: -Es curioso, estoy buscando buenos colaboradores y quizás a los mejores los tenga al alcance de la mano sin darme cuenta. Cuando la comida y su correspondiente sobremesa llegaron a su fin, ya era avanzada la tarde por lo que se despidieron con un beso en la mejilla y un fuerte abrazo. Conchita se dirigía hacia su coche cuando Gustavo se giró y la llamó: -¡Conchita, espera un segundo por favor! -Sí, dime –contestó ella girándose al oírle-. -Me gustaría verte pronto de nuevo, quisiera contarte algo que creo que será de tu interés -le dijo Gustavo rogándole con la mirada que aceptase-.

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-Cuando quieras –respondió ella– aunque ahora mismo no sé como tengo la agenda, ya sabes, por los juicios y todo eso. Si te parece lo miro y te llamo. -De acuerdo –asintió Gustavo-, pero por favor, mira que sea cuanto antes, es importante. Y despidiéndose nuevamente, quedaron emplazados para la próxima cita. Ésta se produjo pasados apenas siete días. Conchita telefoneó a Gustavo para citarse en un restaurante del barrio antiguo de la ciudad. En un principio la conversación no presagiaba nada especial hasta que Conchita, al ver que su amigo no entraba en materia le espetó: -Bueno Gustavo, el otro día me dijiste que tenías que comentarme algo que me podría interesar ¿no?, pues soy toda oídos. -Pues la verdad es que sí –contestó él como si no supiera por donde comenzar– veras… tú y yo nos conocemos hace mucho tiempo. Ambos conocemos perfectamente la forma de pensar del otro y sabemos de lo que somos capaces ¿no es así? -Sí, cierto –respondió la abogada– pero… ¿Qué me quieres proponer? -Bueno, creo que será mejor ir al grano –siguió Gustavo– yo soy el promotor de un grupo de personas que no están dispuestos a permitir que las cosas sigan como hasta ahora. -Somos un grupo de personas -continuó- que pensamos que realmente se puede hacer algo para que la sociedad en la que vivimos abandone el camino errático por el que va en estos momentos y antes de que sea irremediable. -Dime Conchita, ¿tú qué estarías dispuesta a hacer, si te dieran la oportunidad y los medios? –interrogó Gustavo-. 200


-Hombre, así de repente no sabría qué decirte. –respondió ella-. Sin duda eso es algo que debe meditarse mucho, no se pueden solucionar las cosas de un plumazo. De lo que sí estoy segura es de que se deberían tomar medidas bastante drásticas sobre muchos asuntos que, es cierto, están tomando unos derroteros muy poco esperanzadores. -Pero… a ver… explícate. –continuó- ¿Qué clase de grupo me dices que has promovido? ¿Qué os proponéis? La verdad es que desde que te conozco siempre he pensado que eras un hombre capaz de todo. Y que algún día harías algo grande. Gustavo relató a Conchita los principios de su proyecto y no tuvo que extenderse demasiado, pues cuando comenzó a hablarle de él se dio cuenta de que en cierto modo, si él se hubiera retrasado un poco, ella misma habría puesto en marcha algo similar. Por eso, en lugar de invitar Gustavo a su amiga a formar parte de Plan Marchiali, fue ella la que casi le rogó que le dejara involucrarse en el proyecto. Los aspectos legales del Plan Marchiali, tanto en su fase de preparación como de ejecución, eran muy importantes puesto que debía estudiar todas, absolutamente todas las consecuencias de lo que pasara, con el fin de proteger lo más posible a todos los trabajadores y colaboradores del Plan.

Una de las personas que más había cautivado la atención de Gustavo en aquellas tertulias en las que participaba era el filosofo Eduardo Echevarría. No es que Gustavo se considerase una persona precisamente filosófica, ni extremadamente espiritual, pero sí se planteaba muy a menudo cuestiones que no muchos filósofos podrían solucionar. 201


Por eso el hecho de que entre sus Sabios se encontrase uno de ellos le pareció desde el principio absolutamente normal. Y necesario. Era una persona entrada en años que tenía una sabiduría –a su modo de ver– que impregnaba de seriedad y rigurosidad todas sus opiniones, se tratase del tema que se tratase. Además, una de las características que más le gustaban de él era la de ser capaz de decir “de este tema no entiendo nada”, cuando efectivamente era así. Ésta era una cualidad muy poco común. Había contactado con él de la forma más directa posible. Simplemente llamó por teléfono a la emisora de radio en cuyas tertulias colaboraba de modo habitual. Explicando que deseaba ponerse en contacto con él le envió una nota a la emisora indicándole su número de teléfono. En dicha nota se podía leer, sin ningún nombre ni otro tipo de explicación. -Muchas veces nos preguntamos de dónde venimos y a donde vamos. Si quiere conocer uno de los posibles caminos, estoy esperando. (616.087.634) –. Gustavo se permitió jugar con él en la seguridad de que Eduardo Echevarría participaría muy gustoso en el juego. El Sr. Echevarría no tardó en realizar la llamada –extremo con el que contaba Gustavo pensando que la curiosidad del filósofo no permitiría que el aviso pasara desapercibido. Al cabo de unos días sonó el teléfono móvil de Gustavo y éste, aunque no conocía el número que aparecía en el visor, no dudó en contestar, pues el número que le había facilitado en la nota era utilizado por él solamente para asuntos de Plan 202


Marchiali, y sus colaboradores habituales ya formaban parte de la agenda del teléfono. Nadie más lo conocía. -¿Sí?... Dígame –preguntó Gustavo– - Buenos días, -hablaba tímidamente el filosofo– verá… estoy llamando a este número y no estoy seguro de saber lo que estoy haciendo, me lo han dejado en una nota... -Soy el Sr. Eduardo Echevarría. –continuó- ¿ha sido Vd. quien me dejó el recado? -Sí –contestó enseguida Gustavo para no prolongar las dudas del filosofo– he sido yo, y le pido disculpas por el modo utilizado para ponerme en contacto con Vd. -La verdad –continuaba Gustavo- es que tengo un gran interés en charlar con Vd. un rato y hablarle de algunos temas que para mí son importantes. -Me gustaría –seguía, esperando despertar el interés de su interlocutor– invitarle a comer. Después será libre de irse y no volver a verme más ¿qué me contesta? -Hombre –respondió el filósofo, después de dudar durante unos segundos – está claro que sabe Vd. como suscitar el interés de una persona tan curiosa como yo. Desde luego que comeré con Vd., sólo tiene que decirme el día, la hora y el lugar. Eso sí, le ruego que me lo diga con un par de días de antelación al menos. Para organizarme, simplemente. - Perfecto –respondió Gustavo–. Si le parece, hoy es miércoles, le espero el viernes a las diez de la noche en el restaurante Costa, frente a la Catedral de León. -De acuerdo –continuó el Sr. Echevarría– allí nos veremos. Y tras hacer una ligera descripción de su físico para que el filósofo le reconociera al llegar al restaurante, se despidieron hasta el momento de la cena. Durante esos dos días, Gustavo continuó con la programación de lo que consideraba el proyecto de su vida. 203


Eran cerca de las nueve y media de la noche cuando Gustavo entró en el restaurante. Iba antes de la hora con el fin de poder tomarse un vaso de vino a solas, ya que le gustaba y solía hacerlo a menudo. Pero cuando ya había pedido su consumición al camarero se percató de que el Sr. Eduardo Echevarría se encontraba en una mesa situada en un rincón, leyendo detenidamente la prensa diaria. Tomó su copa de vino y se acercó lentamente a la mesa. -Buenas noches –le saludó– yo tengo la costumbre de acudir un poco antes a este tipo de citas… y en esta ocasión se me ha adelantado Vd. -El filósofo levantó la mirada y gracias a la descripción que le había hecho, no tuvo ningún problema para reconocerle y enseguida contestó: -Pues me alegro de conocerle de este modo, coincidiendo en una pequeña costumbre como ésta. -A mí también me gusta llegar antes que los demás y tomar una copa o un café tranquilamente –continuó– y si además puedo ojear la prensa diaria, mejor, pues la mayoría de los días no tengo tiempo de hacerlo con tranquilidad. Después de hechas las presentaciones continuaron hablando de temas de actualidad, algunos de los cuales venían reflejados en el periódico que leía el filósofo. Una vez que el hielo estaba definitivamente roto y el vaso apurado, se dirigieron al comedor. Cuando ya estaban acomodados y el camarero ya les había tomado la comanda el Sr. Eduardo Echevarría no se anduvo con rodeos y espetó a Gustavo: -Bueno, Gustavo, la verdad es que no todos los días recibe uno notas como la que Vd. me envió. Y reconozco –continuó– que me ha picado la curiosidad, más por el contenido de la nota que por el sistema utilizado en sí. 204


-Cualquier otra persona se hubiera limitado a abordarme en la calle, o en alguno de los numerosos actos a los que acudo ¿no le parece? -y continuó con la sinceridad y claridad que le caracterizaba– así que aquí estoy a su disposición y le advierto que la primera impresión es satisfactoria. No me defraude. Gustavo comenzó comentando alguno de los hechos más importantes que habían sucedido en los últimos años y que habían sido de gran relevancia social e incluso económica con el fin de recabar la opinión de su compañero de cena. Éste había manifestado unas opiniones no sólo cercanas a las suyas, sino que además les había dado un enfoque que había agradado a Gustavo, quizás porque él no lo había visto de ese modo, pero, en todo caso reafirmando su forma de pensar al respecto. Durante el transcurso de la cena Gustavo fue dándole pinceladas sobre la existencia del Plan Marchiali, pero sin afirmar rotundamente su existencia y su deseo de que tomara parte en él. Pero el filósofo, que tenía una especial sensibilidad – motivo entre otros por el que Gustavo le admiraba tanto– no tardó en captar lo que le insinuaba y haciendo de nuevo gala de su forma de ser clara y directa le espetó: -Bien Gustavo, ¿porqué no me dices claramente lo que tantas ganas tienes de decirme?, y yo creo que ya va siendo el momento de tutearnos ¿no? Gustavo frunció levemente el ceño como un niño que acaba de darse cuenta de que su excusa para no ir al colegio ha sido descubierta.

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-¡De acuerdo Eduardo! -disparó Gustavo- me gustaría mucho que participases en el Plan Marchiali, que así se denomina mi proyecto porque, como te he dicho varias veces esta noche, te considero una persona cabal, sensible, audaz y con una cultura tan vasta que entenderás mejor que nadie, no sólo los principios del mismo, sino su necesidad y urgencia. -Creo –continuó– que encajarías a la perfección dentro del grupo de personas que ya forman parte del proyecto. Creo que serás la guinda perfecta para un equipo unido, convencido y dispuesto a arriesgarlo todo por una causa justa y necesaria. -Si aceptas – siguió Gustavo – te contaré todos los detalles para que veas que no estoy fantaseando ni soy ningún loco de atar. -Puedes estar tranquilo –le respondió Eduardo– después de la gran cantidad de veces que me han llamado loco a mí, por mis ideas y mis planteamientos, no osaría jamás llamárselo a nadie. -Siempre he pensado – continuó – que el mundo en realidad no se mueve ni por amor ni por dinero como dicen algunos sonrió– el mundo se mueve por la acción de personas que no tienen miedo a plantear sus ideas por muy descabelladas que parezcan, y además tienen el valor de intentar ponerlas en práctica. Y no estoy hablando de utopías. -Además yo creo que ha pasado ya el momento en que las ideas se plasmaban en manifestaciones inútiles, -continuaba Eduardo- y en declaraciones estúpidas, que para lo único que servían, era, para que sus protagonistas terminasen en el calabozo o tachados de locos de remate. -Mira, una de las personas que quizás haya sido más representativo de lo que te digo, en mi opinión, fue Julio Verne. Gustavo le escuchaba con mucha atención y le preguntó: -¿Julio Verne? ¿Porqué? 206


- Porque él tuvo el valor de predecir la existencia continuó el filósofo- de una serie de cosas que en su época eran simplemente descabelladas. -Yo creo que pensó que si las exponía en los medios habituales como premoniciones o visiones de futuro, simplemente sería quemado en una hoguera por brujo, o tachado de lunático como a muchos de sus contemporáneos. -Sin embargo –continuó bajo la atenta mirada de Gustavo– al plantearlas como historias, como argumentos de sus libros, tan sólo fue tachado de fantasioso. -Pero el submarino, los viajes a la luna y todo lo que relató en sus libros, ahí están. Y algún día será reconocido como se merece. -Efectivamente –contestó Gustavo– tienes toda la razón, demostró una gran inteligencia, no sólo en sus planteamientos sino también en la forma de hacerlos públicos. Pues eso es algo parecido a lo que yo pretendo, pero yendo más al fondo de las cuestiones y tratando de poner las soluciones adecuadas. - Además no deseo ningún tipo de protagonismo, solamente con que la “semilla” del Plan Marchiali prenda y se desarrolle ya me daría por muy, muy satisfecho -sentenció Gustavo-. Cuando la cena iba llegando a su fin, Gustavo no quiso presionar a su nuevo amigo, y simplemente le emplazó a que se lo pensara sin ningún tipo de compromiso y estando seguro de que en caso de que no aceptase implicarse, el contacto habría servido para entablar una gran amistad. Una vez en la calle, frente a su coche, se despidieron con un abrazo tras el cual el filosofó le dijo: -Gustavo, ha sido una velada realmente especial. Me ha hecho muy feliz conocerte y no dudes que tomaré en consideración nuestra conversación. Te llamaré.

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Y se retiró caminando, lo que a Gustavo le pareció muy acorde con la personalidad del filósofo, mientras él experimentó un deseo real de que la respuesta fuera afirmativa. Cuando se dirigía a su casa, sentía una gran tranquilidad, tenía la sensación de que aunque Eduardo no quisiera implicarse en su proyecto, la cena de esa noche había sido uno de los momentos más gratificantes que había vivido en los últimos años. Quizás le había devuelto la fe en las personas. Durante varios días, continuó con sus tareas de organización, manteniendo varias reuniones con otras personas cuya colaboración también consideraba de mucho interés. Habían transcurrido apenas siete días cuando recibió una llamada del filósofo. -Hola Gustavo, soy Eduardo Echevarría, ya te dije el otro día que te llamaría, pero me ha sido imposible hacerlo antes, ya sabes, los compromisos, las clases etc… que no tiene uno apenas tiempo para nada. -Bueno hombre –contestó Gustavo–, no te preocupes que te comprendo perfectamente. Yo también estoy un poco liado con los negocios. -Ya –continuaba el filósofo– los negocios y tu proyecto, supongo. -Pues sí –reconoció él–, son muchos los detalles que hay que atar debidamente. -Bueno, pues por eso te llamaba –continuó Eduardo– me gustaría hablar de nuevo contigo. Pero esta vez la cena la pago yo. ¿de acuerdo? -De acuerdo, dijo Gustavo. Y quedaron para el día siguiente en otro restaurante, elegido esta vez por el filósofo.

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Una vez que se encontraron frente a la cena, y tras conversar un rato sobre temas banales, Eduardo fue directo al grano y le dijo: -Gustavo, quiero que cuentes conmigo para todo lo que te pueda ser útil en el Plan Marchiali. -Pero… si aún no conoces los detalles –le dijo el empresario- a lo que él contestó: -Conozco lo suficiente como para considerar que el proyecto es bueno y que mi participación puede resultar satisfactoria no sólo para él sino para ti, y por supuesto para mí. Así que cuenta conmigo – continuó – y los detalles ya los iré conociendo a medida que vaya adentrándome en él. Bueno, pues entonces –continuó Gustavo mientras llenaba un par de copas de champagne– solamente me queda hacer un brindis para celebrar tu decisión y darte las gracias por ello. Estoy seguro de que no te arrepentirás. - Eso espero –sentenció el filosofo– es más, estoy seguro de ello. Y quedaron de nuevo emplazados para la reunión del “Consejo de Sabios”. Aunque seguramente se verían alguna vez más antes de que ésta se celebrase.

Otra de las personas que había captado era un periodista local que durante toda su vida había colaborado con casi todos los medios de comunicación de la zona. Tomás Sánchez conocía tan bien la provincia de León, que era sin duda una pieza clave para el control del entorno tanto social como político y económico, y que a Gustavo le interesaba

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mucho, dada la repercusión que tendrían en la provincia los cambios en la comarca de Acebedo. Sus numerosos contactos en todas las administraciones y empresas importantes le permitirían sin duda resolver muchos problemas operativos y logísticos. Gustavo le había conocido personalmente, porque en varias ocasiones le había entrevistado con motivo de sus actividades, no sólo en las organizaciones juveniles en las que había participado de joven, sino también en eventos de tipo empresarial posteriormente. En el transcurso de un par de reuniones, Gustavo le informó, con la brevedad que solía, de lo que era el Plan Marchiali y de la participación que él esperaba. Tras conocer por encima el proyecto, Tomás no dudó en ofrecerse como informador y contacto con todas las personas que pudieran facilitarle la labor y a éste le pareció que sería un valioso colaborador, por lo que le emplazó para el momento de la reunión del “Consejo de Sabios” También había decidido contar con la participación de su amigo Herminio, ya que desde que le había conocido en el propio Acebedo, habían mantenido una estrecha relación que le había demostrado que era un firme candidato a ser incluido en su proyecto. Su puesto en el Ministerio de Hacienda era de vital importancia, pues así podrían contar con información privilegiada sin levantar ningún tipo de sospechas. Aunque Herminio no tomara parte en el consejo con ninguna función ejecutiva, Gustavo había decidido que debía participar en la reunión en la que éste se conformase, ya que su relación con los demás miembros debería ser intensa y permanente. El momento en el que le propuso esta participación fue especialmente curioso para Gustavo. Había citado a Herminio en un restaurante de Madrid, aparentemente sólo se trataba de cenar como habían hecho en 210


multitud de ocasiones desde que se conocieran en Acebedo unos años atrás. Pero desde el principio Gustavo se vio sorprendido por la locuacidad de Herminio. Como si éste ya conociera el proyecto. Es más, como si el proyecto en realidad fuera suyo, en cuanto la conversación se encarriló en esa dirección fue el mismo Herminio el que espetó a Gustavo: -La verdad es que alguien debería hacer algo para solucionar todos estos desaguisados que está organizando esta gente –comentaba malhumorado-. Lástima que no haya un líder mundial que sea capaz de poner un poco de orden en todo este berenjenal. Cada uno va a lo suyo, lo que suceda en el mundo dentro de unos años a nadie le importa. No sé qué clase de sociedad vamos a dejar en herencia a nuestros hijos, pero lo tienen claro… Gustavo le escuchaba estupefacto. - Sí Gustavo, en estos últimos meses, he visto algunas cosas en el ministerio que claman al cielo. Mira que llevo un montón de años en este trabajo. He visto cosas que a cualquier persona de la calle le pondrían los pelos de punta, pero es que cada vez se superan a sí mismos. - ¿pero qué ha pasado? – preguntó Gustavo -. - Hombre ¿te parece poco todo este tema de la crisis? – pregunto Herminio mirándole fijamente– además, el ridículo que está haciendo nuestro gobierno en todos los foros a los que acude es impresionante. El presidente del Gobierno Español se está convirtiendo en el hazmerreir de las reuniones de mandatarios internacionales. Si la gente de la calle oyera los comentarios que llegan a nuestros oídos, no sé lo que pasaría, pero seguro que nada bueno. - Y no sería tan grave si no afectase a la vida cotidiana de la gente –continuaba Herminio– pero es que todo eso se traduce luego en problemas para la economía diaria del país.

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- Claro que si –reafirmaba Gustavo– son cosas que desde fuera parecen intrascendentes, pero que a la larga afecta demasiado a la vida de las personas. - Por eso –siguió con intención de sosegarle y comenzar su captación para “la causa” – hay personas que están dispuestas a poner coto a tales desmanes. - ¿A qué te refieres? ¿Qué personas? -Pues a personas que se están organizando con el fin de buscar y llevar a cabo algunas acciones que puedan ser útiles realmente –contestó Gustavo– personas que cuentan con las ideas, los medios y la decisión necesaria para afrontar el reto. A lo largo de la cena, Gustavo fue esbozando –como solía hacer con todos sus colaboradores– algunos de los detalles del proyecto. Herminio se quedó estupefacto cuando comprobó que el líder de todo eso que le estaban contando era el propio Gustavo y que incluso la relación que les había unido desde aquel primer encuentro en Acebedo parecía parte de un proyecto muy bien estructurado y concebido para conseguir unos fines que en principio se le antojaban prácticamente imposibles. Él conocía los entresijos del Ministerio de Hacienda desde hacía años. Era consciente de que ese era un mundo que estaba presidido por las apariencias, el fingimiento y la diplomacia, pero la solución que parecía plantear el Plan Marchiali se le quedaba simplemente demasiado grande. Consciente de ello, Gustavo no quería presionarle demasiado. Su amplio conocimiento de las relaciones económicas internacionales sería muy útil en el proyecto, pero asimismo podría ser un obstáculo que hiciera que a Herminio le pareciese demasiado complicado y optase por no participar.

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- Bueno Herminio, tu piensa en lo que he comentado. Dale todas las vueltas que necesites y si de verdad tienes interés en colaborar, estaré encantado de explicarte los detalles del Plan Marchiali. Por lo que te conozco, creo que no sólo te interesará, sino que encajarás perfectamente en él. Desde entonces, se habían visto un par de veces, en las que ninguno de los dos había sacado el tema en la conversación. Gustavo no quería presionarle ya que estaba seguro de que sería él quien comenzase a hablar de ello. Efectivamente, en una de las ocasiones que habían quedado simplemente para tomar unas cervezas Herminio le espetó: - Oye, sobre lo que me explicaste el otro día…-titubeó en un principio– sobre aquello del Plan Marchiali, ¿tú realmente crees que es factible hacer algo así? - Por supuesto –aseguró Gustavo– si no fuera así yo no te habría hablado de ello. Vamos, que ni siquiera existiría el proyecto. La historia está cuajada de ocasiones en las que las gentes, los ciudadanos, han terminado hartos del mal hacer de sus gobernantes y han decidido tomar cartas en el asunto. En muchas ocasiones se han producido revoluciones que han sido violentas, sangrientas y traumáticas y que han dado paso a una nueva era que ha durado una serie de años, hasta la revolución siguiente. - Quizás –continuaba Gustavo– ha llegado la hora de que la revolución se haga de forma diferente. No en vano se supone que el hombre ha avanzado, tiene más medios, más conocimientos e incluso unas ambiciones más lógicas y más acordes con su propia evolución. ¿o no? - Sí, posiblemente – afirmaba Herminio mientras escuchaba atento-. - Pues de eso se trata, de hacer que el hombre entre en razón de una vez por todas –sentenció Gustavo– o al menos intentarlo.

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- Pues lo que yo te quería decir, era precisamente eso siguió Herminio–, que lo he estado pensando y creo que tenéis razón. Y no quisiera perder la oportunidad de hacer algo positivo en ese sentido, así que cuenta conmigo. - De acuerdo –respondió satisfecho Gustavo al comprobar que una vez más su “olfato” no le había traicionado– pues ya te iré informando adecuadamente de todo. Y me alegro mucho de contar contigo en el equipo. - Además hay un par de miembros a los que ya conoces. Álvaro y Roberto son también de la zona y pertenecen al Plan Marchiali. - Bueno, no estaba seguro, pero sospechaba que era así, me alegro, también me parecen buenos colaboradores. Y sin más quedaron emplazados para futuras reuniones y para participar en la reunión inicial del “consejo de Sabios”.

Tras una intensa “campaña” de captación hubo varias personas que no habían aceptado el ofrecimiento de Gustavo, y algunas que habían sido desechadas por él al comprender que su forma de pensar no era propicia para desarrollar el proyecto. Desde un primer momento había sido consciente, y por ello procuraba tenerlo siempre presente, de que la captación de colaboradores era una de las fases más delicadas del proyecto. Incluso, si tuviera que valorar la importancia de la formación de su equipo frente a la propia ejecución del Plan Marchiali, no sabría cual sería más importante. Por eso merecía la 214


pena emplear en ello el tiempo necesario para formar el mejor equipo posible. Cuando consideró que ya contaba con las personas que necesitaba para poner en marcha su proyecto, comenzó a organizar la gran reunión. Cada uno de los colaboradores que componían el “consejo de Sabios” tendría una misión específica en él. Se trataba de asesorar y alertar a Gustavo en todo lo concerniente al ejercicio de sus profesiones al tiempo que ejercerían una labor ejecutiva muy importante. Pero en ningún caso estaba cerrada la posible incorporación de otras personas que Gustavo pudiera considerar importantes, pues la propia evolución del proyecto haría que el número y la importancia de sus colaboradores fuera en continuo aumento. Una vez que todos sus invitados habían tomado posesión de sus habitaciones en el Hostal Riaño, y se habían instalado cómodamente, Gustavo les reunió para cenar en un comedor privado de la antigua casa. Les agasajó con un exquisito menú a base de productos de la tierra, que si bien eran conocidos por todos, no cabía duda de que era la mejor forma de romper el hielo y afrontar el motivo de la reunión. No todos los asistentes se conocían entre sí, principalmente a causa de sus diferentes profesiones y lugares de residencia; si bien había personajes, como los políticos, que sí eran conocidos por todos. No en vano habían estado más expuestos a que sus rostros se vieran en la prensa y la televisión.

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Fue una cena distendida durante la cual los invitados se dedicaron a charlar sobre los más diversos temas, a conocerse unos a otros y a recordar viejos tiempos los que ya se conocían. Una vez degustado el postre y ante una agradable taza de café y una copa de aguardiente –colofón típico de la zona para una agradable comida-, y puesto encima de la mesa el motivo principal de su estancia allí, Gustavo comenzó a hacer disquisiciones sobre diversos temas de actualidad. El fin de semejante debate era solamente uno, que a través de esas conversaciones, sus invitados fueran conscientes de que todos ellos tenían una similar forma de pensar. Y qué duda cabe de que esas opiniones eran las que a Gustavo le interesaban. Había decidido hacerlo así con el fin de que ellos se convencieran unos a otros. Le pareció más interesante que ponerse él a disertar sobre los males del mundo y sus planes para ponerles coto. Sería como una terapia de grupo en la que una vez introducido el tema principal, se iría “calentando” el ambiente hasta conseguir una auténtica “opinión de grupo”. Vicente Aranda, el policía, era el personaje más vehemente de todos. Por su profesión había conocido multitud de situaciones en las que se había sentido tan inútil y tan utilizado por los poderes políticos, que no dudaba un instante a la hora de criticar todas las decisiones de éstos. La consabida frase de que los delincuentes solían salir de la cárcel antes de que a ellos les diera tiempo a hacer los informes, le irritaba sobremanera porque le había sucedido demasiadas veces. Consideraba que los políticos no hacían bien su trabajo. Los delincuentes iban siempre por delante de la policía, y en la mayoría de los casos solamente se legislaba siguiendo el interés político o electoralista del momento. 216


-Alguien debería enseñarles cómo son las cosas verdaderamente -afirmaba indignado– no se puede vivir tan alejado de la realidad, que por otra parte se supone que ellos deben controlar. Por su parte, tanto José Martín como Teodoro Villanueva le daban la razón y asumían que precisamente ellos habían abandonado la vida política por esas mismas razones, si bien eran un poco más “diplomáticos” en sus afirmaciones. Los dos ex políticos no dudaron un momento en poner en común todas las experiencias vividas en sus respectivos partidos. Siendo conscientes de que ambos habían abandonado la política desencantados, por no decir indignados, no había tema que fuera demasiado delicado a la hora de comentarlo con sus compañeros de proyecto. Habían llegado a la conclusión de que la política corrompe de manera inexorable a cuantas personas se acercan a ella y solamente aquellos que tienen ideas y principios muy sólidos son capaces de sobrevivir a tamaña posesión. Coincidían sus opiniones sobre las causas de gran cantidad de problemas, y también en cómo deberían solucionarse, o al menos en cómo no deberían desarrollarse. Por eso Gustavo había considerado en su momento que serían dos personas de gran utilidad para el proyecto. Además en la actualidad estaban sufriendo los problemas típicos de los empresarios. La falta de liquidez, la inestabilidad de los mercados, la escasez de mano de obra cualificada y profesional, en fin todo un calvario que no sabían muy bien cómo iba a terminar.

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Conchita Diez, la abogada, tenía una sensación muy similar a la de Vicente el policía. En demasiadas ocasiones había tenido casos tan absurdos, que el plantearse una defensa coherente era una misión harto imposible. Las leyes estaban tejidas de forma que, en según qué casos había personas que, por un pequeño delito, se pasaban años en la cárcel y otros, confesos de los más atroces crímenes les salía enormemente barato delinquir. El concepto de justicia estaba demasiado maltrecho. Lamentaba mucho tener que reconocer que la mayor parte de las veces la administración de justicia no tenía nada que ver con lo que es justo. Con Enrique las cosas eran bastante más sencillas. Amigos desde la adolescencia, habían tenido una trayectoria común en muchos aspectos de la vida, sobre todo en lo referente a su trabajo. Siempre había sido su mano derecha en los negocios, no había detalle de sus empresas, incluso las heredadas de su padre, que Enrique no conociera a la perfección. Además conocía también perfectamente sus opiniones en cuanto a los temas que habían motivado la existencia de Plan Marchiali y eran bastante coincidentes, si bien al contrario que las suyas, solían tener una ligera inclinación hacia la izquierda, políticamente hablando. Pero eso nunca había supuesto un inconveniente y por eso, no lo dudó un instante en el momento de proponerle que se hiciera cargo de dirigir todo el complejo empresarial, necesario para dar cobertura al proyecto. Simplemente, era el mejor y Gustavo no concebía el desarrollo del Plan Marchiali sin su participación. Por eso sus conversaciones eran más distendidas y su comunicación más fluida. Su función sería la de controlar in situ la vertiente turística del Plan Marchiali en directa colaboración con Álvaro y Roberto, 218


así como la de dirigir junto a Sebastián todo lo concerniente a la seguridad. Por su parte Tomás Sánchez había conectado inmediatamente con Encinas. Sin duda el hecho de ser ambos profesionales de la información hacía que se entendieran mejor entre sí que con el resto de sus compañeros de cena. Ambos habían tenido numerosas experiencias con personajes que aunque no sabían muy bien como catalogar, estaban seguros de que eran los que tenían en sus manos el destino de la sociedad. Se referían, claro está, a los políticos en activo, de todos los niveles, desde el humilde concejal de un pequeño ayuntamiento a grandes mandatarios de países desarrollados. Personas que sin ningún tipo de preparación y con una gran ambición tomaban las riendas de entes y organizaciones que no sólo les superaban, sino que no entendían en absoluto. Su participación en el “consejo de Sabios” era importante porque eran perfectos conocedores de la actualidad, tanto política como económica y social. Su visión no sólo abarcaba el presente, sino que tenían una perspectiva histórica que hacía que sus opiniones no estuvieran sesgadas por el calentamiento momentáneo de los hechos. Además, y como valor especialmente importante, habían demostrado que eran bastante independientes y no solían tomar partido fácilmente, sino que se limitaban a desarrollar la información de forma imparcial y sin dejar entrever su ideología ni forma de pensar. Eso no quiere decir que no tuvieran sus propias opiniones en cuanto a todos los temas de actualidad, sino que habían conseguido discernir adecuadamente entre información y opinión.

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Además -solía comentar Encinas– un periodista tiene cabida al cien por cien en un periódico o cualquier otro medio. En casi todos existen diferentes secciones y una misma persona puede perfectamente informar en la sección de actualidad al tiempo que opina en una columna o editorial. La auténtica profesionalidad consiste en saber diferenciar ambas cosas –apuntillaba Tomás-. Por su parte, el policía y la abogada también tenían más cosas en común de lo que podría parecer en un principio. El policía era quien generaba el trabajo de la abogada, en el sentido de que uno detenía a los delincuentes y la otra tenía la misión de defenderles. La gran vocación por la que Conchita había realizado los estudios de derecho, la habían llevado también a conocer los sistemas judiciales más importantes del mundo. Tenía gran interés en lo que ella llamaba el derecho comparado, viendo así cómo eran tratados los delitos y sus penas en los diferentes códigos penales. Ése era el motivo principal por el que Gustavo había pensado en ella como “sabia” encargada entre otras cosas de asesorar al Plan Marchiali en los diferentes aspectos legales del proyecto y sus consecuencias. Esa era la característica que más la unía con Tomás. El policía también había estado trabajando varios años adscrito a la Interpol y conocía –también por afición y contactos– los procedimientos que solían utilizar la mayoría de las fuerzas policiales. Y eso era extensible también a los servicios de inteligencia más activos y que más podrían preocupar al Plan Marchiali. Por eso su trabajo en equipo sería de una importancia vital. 220


Gustavo creía tener el “consejo de Sabios” ideal. Era como si necesitase una “conciencia externa” que le confirmase a cada momento que el camino que había emprendido era el correcto. Además, por supuesto, de que le ayudasen a llevar a cabo el proyecto con la mayor efectividad posible. No obstante dicho órgano era totalmente susceptible de ser incrementado con aquellos miembros que pudieran aportar algo realmente útil e importante al proyecto.

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14 Después de varias horas de charlas y debates, la primera reunión del “consejo de Sabios” finalizó a altas horas de la madrugada. Se había realizado una auténtica puesta en común, de forma que todos estaban realmente en la misma línea de pensamiento. Gustavo fue desgranando los detalles del Plan Marchiali de forma paulatina y asegurándose de que cada uno de los movimientos eran ciertamente aceptados por sus “Sabios” particulares. No tenía duda de que ya gozaba de su complicidad en un alto porcentaje, lo cual le daba ánimos para seguir adelante. Sin duda era muy bueno para la causa que sus invitados también hablasen entre ellos. No le importaba que se sincerasen a sus espaldas, aunque por seguridad, en cualquier momento podría saber el contenido de sus conversaciones. Le parecía buena idea que ellos pusieran en común sus ideas y sus reacciones. Es más, deseaba conocer sus críticas de la forma más honesta posible. Por eso, decidió permitir que ellos pudieran expresarse sin la presión que pudiera ejercer su presencia. Gustavo deseaba tener a su lado colaboradores realmente convencidos. La primera de estas reuniones se formó después de la cena, cuando ya se habían retirado casi todos a dormir, los dos ex 223


políticos y la abogada decidieron tomar la última copa en uno de los saloncitos de televisión del hostal. Después de unos minutos de conversación sobre lo agradable de la noche y lo fantástica que era la zona de Acebedo, fue Conchita, la abogada, quien rompió el hielo preguntando a sus compañeros: -Bueno chicos, y con respecto a lo que nos ha comentado Gustavo durante la cena, ¿Qué opináis? -Yo creo que tiene mucha razón en sus planteamientos – contestó José Martín–, no cabe duda de que la sociedad actual está entrando en una fase de descontrol que no sabemos en qué terminará. Ni cuándo. Las finanzas –continuó el ex político–, la economía nacional e internacional, el comercio, las relaciones políticas etc. están muy deterioradas y no parece que haya ningún líder que tenga la impronta necesaria como para encarrilarlas adecuadamente. -Sí, tú lo has dicho –respondió Teodoro Villanueva– pero lo que yo no acabo de entender, siendo cierto todo lo planteado por Gustavo y siendo cierto lo que tú mismo acabas de decir, es ¿Qué pintamos nosotros en este embrollo? Si ni tan siquiera pertenecemos ya a nuestros respectivos partidos. ¿Qué podemos hacer nosotros? Conchita, que les había estado escuchando con atención les espetó: -Hombre, yo creo que sí he captado la intención de Gustavo al traernos aquí y la misión que nos tiene reservada a cada uno de nosotros. Creo –continuó la abogada- que Gustavo tiene las ideas muy claras y en estos momentos nos tiene como en una fase de 224


observación. Si os habéis dado cuenta todos los temas de conversación que salieron durante la cena partieron de él. -Pues sí -apunto José- es cierto. -Pues claro –continuó Conchita- y fijaros que después de la cena, él se ha retirado discretamente, alegando un cierto cansancio, y no ha dudado un instante en dejarnos solos y ofrecernos la oportunidad de que hablemos del tema. -Y sin embargo yo creo –prosiguió Teodoro– que no nos ha contado aún lo más importante de sus planes. -¡Efectivamente –sentenció Conchita demostrando cada vez más entusiasmo– de eso se trata! Nos estudia, nos escudriña, nos deja que desmenucemos el tema, y a él, y solamente nos informará al cien por cien de sus proyectos cuando tenga la seguridad de que le vamos a seguir sin condiciones. -Sin embargo, creo que el hecho de no hacernos partícipes desde el primer momento de todo le honra sobremanera. –afirmó Conchita una vez más– Si mañana alguno de nosotros manifestara no estar de acuerdo, y deseara irse, podría hacerlo perfectamente sin sentirse comprometido a nada, y sin comprometer en absoluto los proyectos de Gustavo. -Y también, si alguno de nosotros no le convenciera a él, podría apartarlo del grupo sin perjudicarle para nada. Aunque intuyo que si estamos aquí reunidos es porque ya hemos pasado la mayoría de las pruebas de acceso –sonrió Teodoro-. -Pues por lo que a mí respecta, pienso quedarme hasta el final. –dijo José Martín-. A lo que los otros respondieron también afirmativamente.

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DespuĂŠs de un rato de charla y un par de copas, decidieron retirarse a dormir, con el convencimiento de que el dĂ­a siguiente seguramente serĂ­a muy interesante.

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15 Gustavo no quería pecar de ingenuo. Era perfectamente consciente de que el hombre por naturaleza es un ser voluble, y no quería exponerse a que un brusco cambio de parecer de uno de sus “notables” pudiera dar al traste con su proyecto. Necesitaba tener garantías de que una vez que se unieran a él, permanecerían a su lado incondicionalmente, o bien que su discreción fuera absoluta en caso de renunciar. Sobre todo en el caso hipotético de que se hubiera equivocado tanto con ellos, que alguno quisiera perjudicarle. Después de haber barajado diferentes formas de hacerlo, pensó que quizás la mejor sería reunir tal cantidad de pruebas de su participación que no pudieran echarse atrás sin verse tan implicados como el propio Gustavo. Para ello, el mejor método que encontró fue el de grabar hasta el último segundo de su estancia en el Plan Marchiali. Sus opiniones. Sus momentos de crítica al sistema establecido etc. extremo que por otra parte le serviría para analizar la evolución del grupo y poder tomar decisiones importantes con conocimiento de causa. El método era tan seguro que todas las grabaciones eran remotas, es decir, que las imágenes captadas en el Plan Marchiali por cámaras totalmente ocultas eran grabadas en al menos dos lugares diferentes a varios kilómetros de Acebedo y por dos sistemas diferentes e independientes. 227


Era obvio que algo muy grave debería pasar para que las dos grabaciones sufrieran algún incidente al mismo tiempo. Y por supuesto, la condición más indispensable era la absoluta ignorancia al respecto de todos sus invitados. De todos modos Gustavo esperaba e intuía que no tendría necesidad de utilizarlas.

Habían permanecido durante varios días en las dependencias del Hostal Riaño teniendo ocasión de conocerse y de estudiarse unos a otros, a través de las múltiples conversaciones mantenidas. Todos en grupo, en parejas, en tríos… habían comentado los temas de actualidad que Gustavo hábilmente iba poniendo sobre la mesa. También el objetivo del Plan Marchiali, motivo real de su estancia allí, había generado muchas tertulias y había creado mucha expectación entre los invitados. Incluso en el momento de comentar –o discutir- alguno de los temas más delicados, se habían producido algunas discusiones, que aunque en un tono ligeramente vehemente, no habían llegado a alterar el orden y la buena disposición del grupo. Gustavo había llegado a la conclusión de que todos ellos sin excepción darían el “sí quiero” en el mismo momento en que les plantease los fines de su proyecto. Quizás los más reticentes eran los ex políticos, ya que, aunque se habían ido de la vida pública un poco resabiados, seguían pensando que ciertas cosas eran competencia exclusiva de los políticos, y plantearse otras alternativas les resultaba un poco extraño. Pero, no obstante, estaban dispuestos a dar una 228


oportunidad a cualquier opción siempre que no se saliera de unos ciertos parámetros de honradez y claridad. Gustavo les expuso claramente sus planes. Les habló de la existencia de los “grupos de acción”. Les informó sobre las dependencias del Plan Marchiali –si bien no les especificó el lugar exacto de su ubicación-. Les relató detenidamente sus actividades de “camuflaje”. En fin… desgranó uno a uno casi todos los detalles de la operación. Solamente se guardó aquellos que pudieran ser comprometedores no sólo para él sino para todos sus invitados. Esos detalles conformarían lo que se podría llamar la primera reunión “efectiva y oficial” del consejo de Sabios debidamente constituido. Las reacciones fueron diversas, si bien en función de lo que ya habían visto hasta entonces, sus invitados no se sorprendieron en exceso. -Estás loco Gustavo –fue el comentario inicial de Vicente, el policía– eso que dices no sólo es imposible, sino que además es un suicidio. -¿Tú crees? –respondió Gustavo– piensa un poco en la historia, piensa la cantidad de grandes mandatarios, de líderes de todo orden y condición que han presidido no sólo todos los países sino también las grandes instituciones supranacionales. Y ¿con qué resultado? Guerras, hambre, desequilibrios de todo tipo, varios mundos diferenciados, el planeta hecho unos zorros por la contaminación… y todo ¿Por qué? -Por dinero -continuaba Gustavo mientras los demás le escuchaban con atención- por dinero y por poder, parece que pensaran que se lo van a llevar todo cuando se vayan. 229


-¿No os parece que ya han tenido muchos, muchísimos años de margen para demostrar que la política es el instrumento adecuado para gobernar a los habitantes de este planeta? – preguntó entre cabreado e indignado-. -Y lo único que han conseguido demostrar –afirmó Conchita– es que no sólo la política no es la solución sino que en muchos de los casos, es la causa de los problemas. -Sí –continuaba el policía dirigiéndose a los demás invitados– todo eso está muy bien, es una utopía ideal, pero lo que pretende Gustavo es imposible. Solamente en logística y organización dudo mucho que nunca se haya realizado algo ni remotamente parecido. -¿Y las consecuencias? –inquirió Vicente– ¿has pensado en lo que podría pasar si todo saliera mal? , ¿Has pensado en el follón que se puede organizar y donde acabaremos todos, si esto sale mal? Gustavo se mantenía a la expectativa, escuchando y observando las reacciones de sus invitados. -Hombre –continuó Encinas– la verdad es que es un tema complicado, pero si está bien organizado quizás salga bien. -Yo he observado, y corregirme si me equivoco -continuóque el proyecto no empieza hoy. Gustavo lleva ya mucho tiempo preparando todo esto y hasta ahora lo que hemos visto es un prodigio de organización y de discreción. ¿No os parece? -Pues sí –apuntilló el filósofo Eduardo Echevarría que hasta ese momento se había limitado a escuchar a todos– yo me he fijado mucho. 230


Ya conocía esta zona y siempre me ha parecido bellísima, aunque hacía algún tiempo que no venía por aquí. La sensación que me ha dado al volver es la de ver que ha renacido, que algo la está haciendo vibrar. Y después de haber dado varios paseos por la zona, he visto que la gente está entusiasmada con el renacer de todo esto, y nadie tiene ni la más mínima sospecha de que todo pueda ser la tapadera de ninguna clase de proyecto ajeno a lo que ellos piensan. Todos están felices de poder trabajar en algo que les gusta y en un paraje tan bonito como éste. Desde luego, como tapadera está perfectamente diseñada – sentenció– si todo está organizado con este lujo de detalles, no tiene por qué fallar. Por su parte Javier Algorta, el economista, haciendo gala de su profesión pregunto: -Bien, vale, pero todo esto tiene que valer mucho dinero ¿de dónde piensas obtenerlo? –dijo dirigiéndose directamente a Gustavo–. -En principio el dinero es lo de menos –contestó Gustavo– la “tapadera” de empresas que habéis visto no sólo servirá como camuflaje sino como vía de financiación. De todos modos, se aceptarían toda clase de aportaciones –sugirió-. Los dos políticos estaban literalmente estupefactos. Ellos tenían conocimiento –como casi todos– de las revoluciones que se habían producido a lo largo de la historia, pero desde luego ninguna se parecía lo mas mínimo a ésta. Sin embargo, eran conscientes de que los tiempos habían cambiado, estábamos en el siglo XXI, y evidentemente los cambios o las revoluciones no iban a ser como la revolución

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industrial, ni mucho menos. Y las cosas iban tomando un cariz que solamente con mucha imaginación se podrían solucionar. Y el proyecto de Gustavo era imaginativo. ¡Vaya que si era imaginativo! ¡Y Audaz ¡ Enrique era, de todos los invitados, el que más sabía sobre el proyecto y por eso se limitaba a escuchar y observar las reacciones de los demás. El ya había tomado la decisión de colaborar con Gustavo en el mismo momento en que se lo había planteado. Aunque aún no conocía los detalles al cien por cien, conocía tan bien a Gustavo y su forma de trabajar que estaba seguro de que si había dado ese paso era porque lo tenía todo planeado y organizado. Y sobre todo muy meditado. Por eso no dudó en apoyarle afirmando: -Eso es cierto –refiriéndose a la financiación del Plan Marchiali-. El holding de empresas está diseñado para que sea un factor de financiación que asegure que el proyecto si falla, desde luego no será por falta de medios. Y en el resto de los aspectos –continuó– sólo es cuestión de organización y de control. -Y de fidelidad –apostilló el Filósofo- , de fidelidad porque las personas que participen en esto tienen que estar convencidas al cien por cien, y dispuestas a seguir hasta el final una vez comenzado el proyecto, sin flaquear ni hacerse planteamientos extraños una vez que comience ¿no es así Gustavo? -Efectivamente –respondió él–, por ese motivo no os he informado de todos los detalles aún. Pero conocéis lo principal para que podáis meditar y reflexionar sobre ello antes de tomar 232


una decisión. No os he dado más detalles simplemente para protegeros en caso de que no queráis seguir –continuó-. -Os pido que lo penséis, y solamente os diré una cosa: Estamos ante un proyecto serio, madurado durante años y que representa una ocasión excepcional para hacer algo, para intentar que muchas de las utopías que conocemos sólo en la literatura o el cine puedan de algún modo hacerse realidad. Yo estoy convencido de que esto solamente necesita una mecha que encienda la luz indicando el camino correcto, y quizás el Plan Marchiali sea el fósforo que encienda la mecha. Y sin más, Gustavo se retiró como había hecho en otras ocasiones, para dejar a sus invitados que charlasen sobre el tema sin que su presencia les coartase en absoluto. Había comprobado que era mejor dejar que sus objeciones salieran a la luz con toda libertad y confianza. Pero estaba seguro de que contaría con su colaboración. Pasaron varios días más en los que Gustavo no quiso forzar ninguna reunión “general”. Se limitó a dejarles convivir entre sí, y con él. Pero era inevitable, entre ellos seguían hablando del tema, seguían planteándose unos a otros las dudas que les surgían. De vez en cuando se las formulaban a Gustavo, quien con mucha discreción se limitaba a responderles amablemente, a resolver sus dudas pero sin entrar en detalles que por otra parte no tardarían en conocer. Durante este tiempo la mayoría de los lazos existentes entre ellos se estrecharon aun más. Gustavo organizó un par de excursiones por la zona con el fin de que todos la conocieran más a fondo.

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En este caso el filósofo disfrutó aún más al poder hacer de guía por los montes que tanto le gustaban y tantos recuerdos le traían. Es más, Eduardo Echevarría se sorprendía de que conociendo tan bien la zona en ningún momento hubiera conocido a Gustavo, pero simplemente no había coincidido – pensó-. Con su capacidad de observación, Gustavo había escrutado a todos sus invitados, y el resultado había sido bastante satisfactorio. A la única persona que veía un poco menos convencida era al periodista Tomás Sánchez. Por las preguntas y comentarios que hacía tanto a él como a sus compañeros, le daba la sensación de que aún no tenía claros ni los principios ni los fines del Plan Marchiali. Había decidido convocar una reunión para después de la cena. Casi una semana de asueto y reflexión le parecían suficientes. A los postres, comunicó a sus invitados que deseaba charlar con ellos y les esperaba en unos minutos en la sala de televisión. Una vez que todos estaban sentados con su café, su licor y algunos con sus cigarros, comenzó a hablarles del tema: -Bueno señorita, caballeros, desde el otro día en que os informé de mi proyecto –les tuteó– hemos tenido unos días de reflexión en los que he intentado satisfacer vuestra curiosidad en multitud de detalles. -Creo que ha llegado el momento de definir un poco más nuestra posición –continuó– bueno, en realidad la vuestra, pues la mía creo que está muy clara –sonrió–. Como casi todos habéis comprobado –continuó– habéis dispuesto de todos los medios más modernos de comunicación, 234


como telefonía, internet, televisión etc. y que conste que en esta zona montañosa no es nada fácil, -aseguró - con el fin de que todos os pudierais asesorar y hacer las comprobaciones necesarias y oportunas. Mi grado de confianza en vosotros –siguió Gustavo- es total, por eso no he dudado en brindaros todos esos medios y con toda la libertad que hayáis necesitado. Espero que así lo hayáis apreciado- finalizó-. El primer invitado en hablar fue Encinas, el periodista, que también fue el primero en aceptar la propuesta de Gustavo. -Mira Gustavo -comenzó– yo he estado pensando mucho sobre el tema, con detenimiento e incluso he hecho algunas consultas telefónicas sobre datos que a mí me faltaban, y aprovechando precisamente esos medios que nos has brindado y que yo personalmente te agradezco, la conclusión a la que he llegado es que quizás ésta sea la mejor oportunidad de hacer algo. Si verdaderamente queremos que lo que se haga tenga su efecto, quizás no encontremos una ocasión mejor. No cabe duda de que estamos en un momento en el que todo el mundo está sufriendo muchos cambios y no precisamente todos para bien, lo cual daría una cobertura fantástica a cualquier iniciativa en ese sentido. -Por otro lado –interrumpió José, el ex político agradeciéndole también su confianza– yo he comprobado que todo aquello que comentábamos en las reuniones anteriores es rigurosamente cierto. Y la clase gobernante, o sea, los políticos, los financieros, los grandes industriales,… etc. no están por la labor de arreglar absolutamente nada. Desde luego –continuó– no les interesa alterar lo más mínimo el estatus en el que se encuentra la sociedad actual. Empezar a hacer las cosas bien supondría unas enormes pérdidas 235


de dinero y de poder para ellos. Los conceptos de lo que está bien o está mal no suelen entrar en juego en la lucha política. Se suele decir que en el amor y en la guerra todo vale, y yo creo que en el refrán se debería de incluir sobre todo, la política Terminó José Martin-. Pues sí -comentó Conchita– desde el punto de vista legal, si observáis las leyes en su conjunto, veréis que en definitiva son instrumentos de control y sometimiento, no de regulación y convivencia que es lo que deberían ser. Las leyes están diseñadas para que nadie se atreva a saltar de una “casilla” a otra del juego sin permiso de sus “propietarios”. Gustavo escuchaba y comprobaba con satisfacción que todos sus invitados estaban de acuerdo en la mayoría de las cosas, y se podía oler una cierta complicidad. Aunque quizás no en todos. Por eso, Gustavo continuó: -Bueno, entonces ¿debo entender por vuestras palabras que cuento con vosotros para desarrollar el Plan Marchiali? La respuesta fue afirmativa en todos los casos excepto en uno. El que Gustavo se temía. Tomás Sánchez, el periodista, que hasta entonces había permanecido callado comenzó a hablar: -Veréis, yo también comparto con vosotros la idea de que las cosas no van bien y algo hay que hacer –comentó- . Lo que yo no veo muy claro es que seamos nosotros las personas que debamos hacerlo. Y también creo que es una operación de tal envergadura que se hace imposible de llevar a cabo. Demasiada gente importante involucrada. Demasiada gente a la que organizar. 236


-No sé… -continuó Tomás– a mí se me queda excesivamente grande y creo que lo mejor es que me retire al principio para no perjudicaros a vosotros y al proyecto. Por supuesto, espero que seáis conscientes de que contáis con mi más absoluta discreción. Por lo que a mí respecta, éstas han sido unas vacaciones espectaculares en un paraje inolvidable. Y si desde fuera puedo seros útil en algún aspecto no dudéis en llamarme finalizó-. El resto de los compañeros le habían estado escuchando atentamente, si bien ninguno se sorprendió del desmarque de Tomás, pues también habían detectado que no estaba al cien por cien con ellos. -No te preocupes –contestó Gustavo– ya os había dicho desde el principio que esto es, como no podía ser de otra forma, voluntario para entrar y voluntario para salir. También quiero resaltar una vez más, que en el caso hipotético de que quisieras perjudicarnos, ninguno de nosotros admitiría nunca conocerte y esta reunión jamás se habría producido. Por eso –continuó– he procurado que hasta este momento no tuvierais información más delicada que pudiera comprometeros a vosotros y al Plan Marchiali. Además cuentas con mi respeto… bueno, creo que con el de todos, y nuestro agradecimiento por haber estado aquí. Tomás se despidió de todos los asistentes asegurándoles una vez más que podrían estar tranquilos, por su parte y con respecto al resto del mundo estaba de acuerdo con Gustavo, aquello no había sucedido nunca. Con el fin de permitirles profundizar más en el proyecto que les había reunido allí, se retiró a su habitación a preparar su equipaje para salir a primera hora de la mañana hacia Madrid. 237


La reunión continuó y una vez que ya había quedado claro que formaban un equipo, que se constituían en el “Consejo de Sabios” del Plan Marchiali, Gustavo comenzó a desgranar desde el principio todos los detalles que le habían llevado a diseñar el proyecto. A medida que iba comentándoles todas sus experiencias, todos sus planteamientos, ellos iban aportando y encajando como si de un rompecabezas se tratara sus propias vivencias hasta llegar a la conclusión de que el grupo estaba perfectamente “engrasado” y compenetrado. Gustavo les planteó posteriormente la necesidad de hacer un determinado reparto de tareas, ya que el hecho de que fueran una especie de órgano colegiado, no eximía de que cada uno tuviera una función clara y definida dentro del proyecto. Así decidieron que Encinas, el periodista, se ocuparía de organizar y ejecutar todo lo referente a la toma de datos e información sobre los grandes mandatarios. Sería el editor de la gran “Política Mundial del siglo XX y principios del XXI y sus protagonistas”. Por su parte, el ex político José Martín, se dedicaría a seleccionar a aquellos mandatarios que por su relevancia en el mundo deberían participar en el Plan Marchiali, estableciendo así las prioridades que pondrían en funcionamiento los grupos de acción. La labor de organización y control de los “grupos de acción” sería el cometido de Conchita Diez puesto que sus conocimientos sobre la legislación internacional hacían que 238


pudiera controlar mejor las idas y venidas de las personas que conformaban dichos grupos. La función de Teodoro consistiría en ser el observador permanente de todo cuanto aconteciera en el mundo a nivel político, social, económico etc. con el fin de que ningún detalle se escapase al control del Plan Marchiali. Además, sería el receptor de toda la información generada por todas las personas implicadas en el proyecto, para tener una visión de conjunto sobre la evolución del mismo. De acuerdo con su profesión, el peso del control “administrativo” de todo el complejo recaería en Javier Algorta, el economista. Éste dispondría de un nutrido grupo de profesionales que llevarían el control absoluto de las finanzas tanto del complejo turístico de Acebedo como de las instalaciones mineras. También tendría a su cargo la gestión de todo el personal del plan Marchiali. El policía Vicente Aranda, en directa colaboración con Conchita se encargaría de todo el complejo dispositivo de traslado de los invitados. Les esperaba una ardua tarea de organización logística que debería desembocar en la llegada de sus invitados al Plan Marchiali con la menor cantidad de problemas e incidentes posible. Por su parte, el filósofo Eduardo Echevarría sería el asesor, ideológico e intelectual de todos los “Sabios” del proyecto y en especial de Gustavo. Enrique ya tenía de antemano su función designada y sería el que controlaría el aspecto “legal y oficial” del complejo de empresas tapadera del Plan Marchiali. Otra de las personas que acudieron a la reunión fue Juan Robles, que si bien no iba a ocuparse de ningún área específica 239


del proyecto, sí sería un enlace exterior muy importante al estar en contacto permanente con el Ministerio de Asuntos Exteriores. Junto con Herminio desde el Ministerio de Hacienda serían una especie de “enlace” con el estado español que mantendría al Plan Marchiali alerta sobre cualquier cosa que pudiera suceder.

Todos estaban conformes con la labor que les había tocado ya que era lo que ellos mejor sabían hacer. Además Gustavo les aseguró que podrían contar con las personas de confianza que necesitasen para llevar a cabo su labor con la mayor efectividad posible. Es decir con total eficacia. Términos como fallo, fracaso y similares fueron desterrados “por decreto” antes de finalizar la reunión. Posteriormente y hasta altas horas de la madrugada, estuvieron comentando los detalles, haciendo planes de organización, intercambiando formas de trabajo,… etc. A esta última reunión -o quizás la primera, según como se mire- se habían incorporado también Álvaro, Roberto y Sebastián, con lo que el grupo estaba completo. Estaba claro: ¡el Plan Marchiali acababa de comenzar!

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Encinas se había puesto inmediatamente a trabajar y se dedicó exhaustivamente a recopilar datos. Bajo la apariencia del mecenazgo literario e histórico, contrató a varios periodistas e investigadores para que escribieran la biografía de los dirigentes de los cincuenta países más importantes del mundo, de todos los continentes, los del G8, el G20 etc. Obra que, firmada por todos ellos, sería oficialmente un recopilatorio de la “Política Mundial del Siglo XX y principios del XXI y sus Protagonistas”, obra biográfica completa e interesante como pocas hasta el momento. Para ello, financió viajes, estudios, congresos… con el fin de conocer la personalidad, gustos, motivaciones, y biografía en general de las personas que les interesaban, así como de algunas otras que sin interesarle para nada, harían bulto y contribuirían a ocultar los verdaderos fines de la obra. También tendría datos como la forma y eficacia de sus sistemas de seguridad y protección. Como parte de la información sobre las personas seleccionadas, destacaba sobremanera un informe exhaustivo sobre el árbol genealógico de cada uno de ellos, remontándose tan atrás como podía -en algunos casos hasta siglos- así como un detallado análisis de su ADN. La finalidad de esta última información era conseguir demostrar a muchas personas que estos hombres y mujeres eran personas como todo el mundo, como Bill Clinton que era descendiente de habitantes de Checoslovaquia que hacia el año 1850 emigraron a causa del hambre y las epidemias del momento,

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y el propio Obama tenía más vinculación con África que su propio color de piel, no en vano su padre era nacido en Kenia. Posiblemente nadie podría imaginarse al Sr. Obama invadiendo y bombardeando los territorios de Kenia aunque estos fueran el último reducto del terrorismo en el mundo, o la ultima reserva de petróleo del planeta. ¿O sí? También pudo demostrar que Boris Yeltsin, el que fue en su día primer ministro ruso, procedía de indios sudamericanos que habían llegado a las costas de Asia hacia el año 1800. ¿Y alguien podría dudar que la mayoría de los mandatarios sudamericanos sean descendientes de los conquistadores Españoles, Ingleses o Portugueses? Se podría continuar así, con infinidad de ejemplos, con gran cantidad de dirigentes mundiales, todo esto era con el único fin de demostrar al mundo lo absurdo de tantas reticencias con otras nacionalidades y tanta aversión por los movimientos migratorios. Es simplemente estúpido, pues precisamente el mundo es lo que es gracias a esos emigrantes que iban, van y seguirán yendo de un lado a otro diseminando por el planeta la cultura y la civilización. En otras palabras, la globalidad que algunos reivindican todavía, hace muchos años que existe, solamente hay que saber reconocerla y hacer que las relaciones internacionales funcionen como debe ser, sin ponerle obstáculos estúpidos e incongruentes.

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17 Cuando Gustavo había comenzado a diseñar su proyecto, se había preguntado muchas veces qué sistema se podría utilizar para hace que el grupo de mandatarios más importantes e influyentes del planeta tomaran realmente en consideración lo que estaba sucediendo. Desde que la historia puede atestiguar, se han producido una gran cantidad de reuniones y cumbres a todos los niveles sin que parezca que ello hubiera servido para nada. Solamente se había conseguido algo positivo, y era que muchas de las cosas que en la antigüedad se hubieran solucionado simplemente con una guerra ahora podían ser objeto de negociación y acuerdo. Aunque desde luego no todas. Esa quizás fuera una pequeña luz de esperanza que hacía que Gustavo confiara aún más en el éxito de su idea. Se había planteado varias formas de hacer que sus “invitados” llegasen al Plan Marchiali para una vez allí poder llevar a cabo sus planes. Pero no acababa de encontrar la forma ideal. Desde luego no iba a plantear la ejecución de una cumbre más ya que era realmente inútil, pues si no lo habían hecho antes ¿Por qué iban a hacerlo ahora? Estaba seguro de que sabían perfectamente lo que sucedía. Otra cosa diferente era que estuvieran dispuestos a reconocerlo y ponerle fin. También pensó en obligarles a hacerlo merced a alguna suerte de extorsión, pero tampoco le llegó a convencer, pues sería demasiado complicado dada la magnitud del proyecto y desde luego que no era el mejor método a seguir. 243


Realmente sería muy complicado hacer que todas esas personas se pusieran de acuerdo en algo. Ni siquiera por la fuerza. No obstante el debía pensar la forma de que sus planes pudieran llevarse a efecto con la mayor efectividad posible. Después de pensarlo durante mucho tiempo, de barajar todo tipo de posibilidades creyó encontrar la solución. La clave se la dió un reportaje que vió en una cadena de televisión dedicada a documentales sobre hechos históricos. En este se había hablado del hecho de que muchas personalidades internacionales, no sólo de la política sino también de los negocios, e incluso del arte, habían utilizado en algún momento a otras personas muy parecidas a ellas. Sus dobles. ¡Sí! ¡Eso es! Exclamó como si se tratase de un niño que acaba de descubrir el lugar secreto donde su madre ocultaba el chocolate. E inmediatamente se puso a desentrañar las posibles ventajas e inconvenientes de utilizar ese sistema. Sería muy complicado, extremadamente complicado, pero quizás mereciera la pena. Buscaría la forma de suplantar a las personalidades más relevantes de la política mundial por sus dobles, debidamente preparados, de forma que fueran capaces de engañar a sus gobiernos y parlamentos e incluso a sus familias para así poder firmar los “acuerdos” pertinentes con sus “homólogos” de otros países. Quizás fuera una buena forma de impulsar los cambios necesarios para que el Plan Marchiali tuviera éxito. Para ello, y teniendo en cuenta que gracias a los estudios que hábilmente habría confeccionado Encinas, conocería hasta el 244


último de los detalles de la vida y milagros de cada uno de ellos, incluso sabiendo más que ellos de sí mismos, solamente restaba captar a las personas que siendo sus colaboradores fueran actores lo suficientemente buenos y eficazmente preparados como para asumir ese papel. Era una tarea ardua, pues debería encontrar personas que se pareciesen lo más posible a los dirigentes objetivo del proyecto, no sólo físicamente sino que debían de tener hasta un tono de voz similar, ser capaces de adoptar sus mismos gestos, y poder asumir sus conocimientos sobre el país que iban a “gobernar”, y al fin, capaces de soportar un período de formación duro y exhaustivo. Para ello, sus colaboradores se dedicaron a viajar a las ciudades más importantes de aquellos países cuyo máximo mandatario fuera a engrosar las filas de su “gran equipo de invitados” Tenía muy claro que para tomar la personalidad de un mandatario, lo ideal era que el actor fuera de la misma nacionalidad e incluso si fuera posible de la misma comarca, pues así sería más fácil garantizar que - por ejemplo- no habría ningún acento extraño que pudiera levantar sospechas. Conseguir un gemelo de Barack Obama, de Gordon Brown, de Nicolás Sarkozy, etc. no debía ser muy fácil. Y sobre todo en el caso de los dirigentes orientales o musulmanes que la dificultad sería aún mayor al ser miembros de otras culturas menos abiertas y más complejas que la de Gustavo y sus colaboradores. No obstante era un gran reto. Gustavo se sorprendió a sí mismo pensando que podría ser muy interesante, que de decidirse a utilizar este sistema no sólo sería más laborioso sino también más apasionante ¿Por qué no? Los nobles fines que él perseguía con su proyecto no tenían porque estar reñidos con la aventura y el desafío.

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Cuando se hubo diseñado el complejo sistema y seleccionado a las personas que debían llevarlo a cabo, comenzó la siguiente fase del Plan Marchiali. En los lugares seleccionados cuidadosamente por el Consejo de Sabios, se habían destacado dos “grupos de acción” que tenían una misión muy clara y diferencia entre sí. Por un lado, existía un grupo que tenía como misión fundamental la de encontrar al candidato ideal para realizar la suplantación debidamente, observando, estudiando y en su caso contactando con los posibles dobles de sus invitados. El target estaba muy claro, al conocer el aspecto físico de cada uno de ellos solamente era necesario tener mucha paciencia y dotes de observación ya que en cualquier momento podría encontrarse al candidato ideal. Una baza importante para éste equipo era el hecho de que al ser personajes públicos, no era difícil obtener mucho material audio-visual de entrevistas, mítines, reportajes etc. con los que aprender a reproducir su tono de voz, su comunicación no verbal, etc. Una vez localizado el posible candidato daría comienzo una segunda fase que sería la de toma de contacto con el candidato. Había que sondear al “aspirante”, intentar entablar una relación lo más amistosa posible con el fin de ganarse su confianza y poder entrar en una dinámica en la se pudiera hablar del proyecto con la garantía no sólo de que sería participe de la idea de Plan Marchiali, sino de que estaba dispuesto a colaborar. Además se había situado otro grupo que se dedicaba a recoger toda la información actualizada de cada uno de los “invitados” como complemento a la información histórica que ya poseía el Plan Marchiali. 246


Se trataba de ver todos los medios de comunicación, estudiar todos los movimientos que realizaba cada día. También debían estudiar a fondo todos los trabajos en los que cada uno de sus objetivos estaba participando. En una palabra, tenía que conocer de tal forma a su objetivo que cuando fuera suplantado, hasta su mascota se confundiera. También se trataba de conocer tanto los entresijos del poder, y del entorno del invitado, que nadie pudiera en ningún momento poner en duda la identidad del “gran mandatario” en cuestión.

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18 Desde el atentado sufrido por su amigo Manolo habían pasado ya varios años. Había imaginado mil formas de solucionar las cosas, de dar una última vuelta de tuerca a la sociedad en la que le había tocado vivir. Siempre había albergado la esperanza de que alguien hiciera algo, pero el tiempo pasaba y no cambiaba absolutamente nada. Todo seguía igual e incluso en algunos aspectos mucho peor. Había hablado con un importante número de personas y había conseguido formar un equipo que estaba seguro que posiblemente sería el mejor que se pudiera conseguir. Y también estaba seguro de que a medida que el proyecto fuera avanzando se irían incorporando grandes colaboradores atraídos por el éxito del mismo y por la propia experiencia adquirida por Gustavo y su Consejo de Sabios. Además una fuente increíblemente fiable y segura de captación podría ser –y de hecho Gustavo estaba seguro de que así sería- la propia labor realizada por los dobles en cada uno de sus puestos al frente de los principales gobiernos del mundo. El personal del Plan Marchiali, tanto el contratado como el voluntario estaba perfectamente preparado para comenzar a trabajar. Asimismo las personas destacadas en diferentes puntos del planeta estaban listos y esperando el mensaje que les comunicara el inicio de la fase final del proyecto. Por otro lado, el desarrollo turístico de Acebedo estaba siendo un éxito clamoroso. La zona estaba totalmente 249


desconocida pues una vez finalizadas la mayor parte de las obras, el aspecto del pueblo y sus alrededores era inmejorable y los visitantes estaban comenzando a acudir a disfrutar de sus instalaciones, de su paisaje, y de su gastronomía entre otras cosas. La última fase era la más importante del proyecto. No en vano, hasta ese momento se había trabajado con el fin de que solamente cuando todos los detalles estuvieran debidamente resueltos, seria iniciado el camino, sabiendo que ya no habría marcha atrás. Por eso uno de los puntos importantes del plan era el de elegir bien el momento de comenzar su fase final. Durante las últimas semanas había tenido una actividad extremadamente intensa. Los preparativos del proyecto iban tocando a su fin. Los detalles de última hora se multiplicaban y los días se le antojaban demasiado cortos. Aunque todas las piezas estaban colocadas en el lugar que les correspondía y todos sus colaboradores dispuestos, a falta solamente del pistoletazo de salida, en determinados momentos sentía verdaderos ataques de ansiedad. Llevaba varios años preparando el proyecto, había invertido una gran cantidad de tiempo y dinero, estaba total y absolutamente convencido de que lo que se avecinaba era correcto, pero aún así, no sabía si en el último momento estaría preparado para poner en marcha toda esa maquinaria. Aunque estaba seguro de que solamente era miedo escénico. Era relativamente fácil preparar toda esa infraestructura, pero hasta el momento sentía que su inicio aún estaría lejano quizás porque en el fondo deseaba que en el último instante fuera innecesario desarrollar su proyecto. Pero no, por desgracia el momento había llegado. La fase final del Plan Marchiali debía comenzar. 250


Gustavo inició la cadena que solía utilizar para convocar a todos los componentes del “consejo de Sabios” a una reunión que posiblemente fuera la más importante de todas. Antes de veinticuatro horas de lanzada la convocatoria se encontraban todos reunidos en el Hostal Riaño y como era habitual Gustavo abrió la reunión saludando a todos los componentes del grupo: -Caballeros, Señorita… antes de continuar quiero agradecerles a todos ustedes una vez más su colaboración y su rapidez a la hora de acudir a mi llamada. Creo –continuó– que ha llegado el momento de iniciar el desenlace de nuestro proyecto. Varios de los asistentes se manifestaron inmediatamente dispuestos y de acuerdo con el momento elegido. -Yo también creo que es el momento -comentó Encinas– las ultimas noticias dicen que Corea del Norte ha culminado con éxito una prueba nuclear y el revuelo internacional ha sido impresionante. -Sí, y aún no somos capaces de valorar en su justa medida las consecuencias que esto puede tener –continuó José Martín, el ex político–, de momento, ya hay varias peticiones para que se reúna el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. -Efectivamente –asintió Gustavo–, por eso yo creo que ha llegado la hora y el comienzo de esta nueva fase debe ser decidido aquí, hoy. - Conchita ¿tú crees que los grupos de acción están debidamente preparados? –interrogó a la abogada que era la persona que se había encargado de la instrucción y control de dichos grupos-. Aunque yo estoy informado al detalle de su evolución, creo que es el momento oportuno para que todo el Consejo lo conozca también. 251


-Sí. Seguro –contestó Conchita al tiempo que se acercaba a un panel en el que se hallaba un amplio mapa mundi con diversas señalizaciones– y como se puede ver en este mapa, los puntos señalados indican la posición de cada uno de los grupos. -Todos ellos –continuó– llevan un tiempo trabajando, cada uno con su candidato. Evidentemente unos han tenido más dificultades que otros, pero afortunadamente en este momento están todos dispuestos y esperando nuestro aviso para iniciar el definitivo Plan Marchiali. Todos los encargados de estos grupos de acción sabían que a partir de la recepción del mensaje de luz verde enviado por el “consejo de Sabios” debían de poner en marcha el mecanismo. El entrenamiento de los dobles debía finalizar para dar paso al proceso de sustitución e instalar a sus respectivos invitados en un avión con dirección al Plan Marchiali. Por supuesto, eso significaba que el resto del plan iba evolucionando según lo previsto y todos y cada uno de los dobles ya se encontraban en su puesto. Por su lado, Vicente se encargaría de coordinar al equipo de personas que estaría destacado en los diferentes aeropuertos españoles en los que aterrizarían los aviones portadores de sus invitados. José Ángel se encontraba durmiendo pues en los Estados Unidos era aún noche cerrada. No obstante el motivo era lo suficientemente importante como para que el Plan Marchiali interrumpiera sus horas de sueño. Cuando el sonido del teléfono le despertó se “arrastró” hasta el otro extremo de la cama y cogió el auricular. 252


-¡Dígame! – Dijo con un tono ligeramente enfadado por el sobresalto - ¿Quién es? -Hola José Ángel, soy Conchita, el Plan Marchiali comienza, tienes luz verde, ya sabes lo que eso significa. Como si se tratase de una descarga eléctrica, las palabras de Conchita hicieron que José Ángel se despejase de repente y se incorporase en la cama. -De acuerdo, todo está a punto –respondió él– iniciamos el Plan Marchiali. Y sin más colgó el auricular sabiendo exactamente lo que debía hacer. El primer paso consistió en comunicar al resto del equipo que comenzaba la fase final, convocándoles para un máximo de una hora, tiempo más que suficiente para ultimar todos los detalles que llevaban algún tiempo preparados. A continuación y como elemento más importante del engranaje, se lo comunico a su colaborador Jeffrey Donald. Del mismo modo todos los encargados de los grupos de acción que se encontraban repartidos por el planeta recibieron el mismo mensaje. ¡Comienza el Plan Marchiali!

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19 José Ángel era el enviado que encabezaba el grupo encargado de localizar al doble del presidente de los Estados Unidos. Había estado desde un principio pensando que éste sería de los más complicados, no en vano era el presidente del país más poderoso del mundo. Sin embargo, cuando en las elecciones de 2008 fue elegido Barack Obama, todo se le simplificó bastante, o al menos eso pensó, ya que consideraba más sencilla la suplantación de una persona de color. Desde luego, la gran cantidad de afro-americanos existentes en el país le ponía más fácil la localización de sus dobles. Y quizás, o al menos eso esperaba, la gran novedad histórica de su elección hiciera que las miradas estuvieran dirigidas a otros aspectos de ese hombre. Estuvo durante varias semanas dando vueltas por la ciudad de Washington fijándose en todas las personas de color que se le cruzaban. Alternando por las zonas de la ciudad que a priori le parecían más idóneas. Necesitaba una persona de la complexión, de la presencia, y a ser posible de la formación del propio Obama. Una vez localizado un posible candidato, lo seguía, lo fotografiaba en diferentes momentos, observaba sus gestos, su forma de comportarse, de hablar a la gente, en fin, todos los detalles que pudieran interesar en el caso de que fuera el seleccionado. 255


Cuando veía que alguno de esos detalles no eran del todo convincentes, simplemente lo desechaba. Tampoco le interesaban personas que pudieran tener un ápice de conflictividad en su historial, que por supuesto era debidamente investigado. Si además era una persona sola, soltera y sin hijos, mejor aún, porque así el proceso sería mucho menos complicado. Lo delicado del proyecto hacía que el tiempo no fuera importante. Lo realmente valioso era localizar al candidato perfecto. Después de desechar, en el transcurso de varias semanas a cerca de una treintena de candidatos, por fin localizó al que él consideraba el auténtico doble de Obama. Era un chico de unos cuarenta y cinco años, nacido en Hawaii como Obama y cuya profesión era la de agente inmobiliario. No tenía carrera universitaria, y apenas había superado el bachillerato, pero quizás la experiencia que le había dado el hecho de trabajar como comercial en un campo tan complicado como la venta de inmuebles, había hecho que fuera una persona afable, educada, que sabía tratar con las personas y que era capaz de charlar con cualquiera, sin miedo a parecer falto de preparación o fuera de lugar. José Ángel, una vez que decidió que era un candidato lo suficientemente adecuado como para intentarlo, pasó a la segunda parte de sus proceso de captación. Ésta consistía “simplemente” en hacerse conocer por él, entablar relaciones, conseguir un grado de confianza tal que 256


pudiera plantearle los planes del Plan Marchiali. Además debía hacerlo en el menor tiempo posible, pero sin acelerarse ni forzar la situación. Era una labor realmente difícil y arriesgada, y José Ángel era perfectamente consciente de ello. Tenía la excusa perfecta. Puesto que José Ángel era foráneo, no era extraño que quisiera informarse sobre el estado de las casas en venta o alquiler de la zona. Para ello, consiguió la dirección de la oficina de Jeffrey Donald -pues así se llamaba su candidato- y se presentó en ella para pedir información. Donald le recibió haciendo gala de su buena educación, y le expuso la media docena de propiedades que en ese momento tenía en cartera y que se ajustaban más o menos bien a las posibilidades económicas que José Ángel le había indicado. Incluso se ofreció amablemente a enseñárselas una por una, a lo que él accedió gustoso. Cada una de las visitas que realizaban era una gran oportunidad de conocer a Donald y entablar conversación sobre los más variados temas. Temas cada vez más centrados en el concepto que él tenía sobre los fines que habían llevado a José Ángel a semejante situación. Ya había visitado tres casas que eran fantásticas, pero que evidentemente a José Ángel no le interesaban, y así se lo había hecho saber a Donald poniendo las más variadas excusas para justificar el alargamiento de su relación. Cuando planeaban la visita a la cuarta casa, José Ángel ya tenía un cierto nivel de confianza como para invitarle a comer con la disculpa de que por la mañana le sería imposible hacer dicha visita.

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Así, comerían juntos, charlarían y después se desplazarían a ver la casa en cuestión. Para Donald, también era un buen plan, pues eso le permitiría hacer su trabajo por la mañana y después relajarse un poco y disfrutar de la compañía y de la charla de José Ángel. Y si además le interesaba la propiedad, encima haría negocio y obtendría una suculenta comisión. Además José Ángel le parecía una persona interesante. Pensaba que era una persona cultivada, agradable y le daba la sensación de que debía ser un buen amigo de sus amigos. Dado que él tampoco tenía demasiados, no descartaba que una vez que la relación profesional acabara –comprase o no la casa– sería una persona que podría considerar como su amigo. En el transcurso de la comida, José Ángel decidió que era el momento de comenzar a lanzar pequeños anzuelos debidamente preparados con el cebo adecuado. Aprovechó la ocasión que le brindaba la publicación en la prensa de un artículo en el que su autor se quejaba de lo mal que estaba estructurada la sociedad. Se lamentaba de que incluso en los propios Estados Unidos, las diferencias entre la gente rica y la gente pobre era demasiado grande. En ese momento Donald hizo varios comentarios en ese sentido, afirmando que todo ello era debido a que no había personas realmente preparadas e interesadas en que las cosas fueran demasiado bien. Aunque no entendía muy bien el porqué. Él mantenía la teoría de que los intereses creados son tan oscuros que nadie hace nada por solucionar las cosas. Y por otro lado, a veces es más cómodo mantenernos como estamos y no plantearnos que las cosas podrían y deberían de ser de otra forma. 258


Pero después de un buen rato de charla al respecto, manifestó una extraña conformidad cuando dijo con un cierto tono y semblante de decepción y resignación que dio a entender a José Ángel claramente que Donald podría ser el candidato que buscaba. -A lo mejor es que tiene que ser así. -Hombre -repuso José Ángel– algo habrá que hacer, si nos quedamos todos cruzados de brazos es cuando ellos hacen lo que les da la gana... -¿Si? –Le contestó Donald al tiempo que le miraba extrañado– ¿y qué piensas tú que podemos hacer? -Pues no lo sé –le contestó José Ángel– pero desde luego yo creo que se pueden hacer cosas. Y como si fuera una persona del equipo, y todo estuviera planeado, la camarera les interrumpió para preguntarles qué tipo de postre deseaban tomar. José Ángel aprovecho con mucha diplomacia el paréntesis y desvió la conversación, pues no era cuestión de plantearle todo el proyecto en la primera charla. Debía”calentarlo” un poco más antes de entrar en materia. Y sobre todo, debía ampliar su conocimiento sobre Donald. Su familia, sus amigos, sus compañeros de trabajo etc. e incluso su pasado, con el fin de poder atajar cualquier interferencia personal que pudiera echar por tierra sus planes. Después de una agradable sobremesa en la que compartieron un buen cigarro, y una larga conversación sobre temas banales, se desplazaron a visitar la casa, que oficialmente era el motivo de dicha cita. 259


Era una casa que estaba situada en una zona residencial de las afueras de la ciudad. En realidad era una buena casa, y le gustó. Podría ser una buena sede para instalar el centro de trabajo del grupo que debía buscar y preparar al doble. Pero necesitaba más tiempo, y con el fin de ganarlo, le dijo a Donald que le gustaba mucho la casa, pero que había algo que no le terminaba de convencer. -Me gustaría ver alguna más -le dijo José Ángel- pero no quiero desechar esta aún. ¿Puede ser? -Por supuesto –contestó amablemente Donald– yo siempre he pensado que la adquisición de una casa, o incluso el alquiler, debe hacerse con tranquilidad y tomando la decisión cuando uno esté definitivamente a gusto con ella. -Sí, pero yo comprendo que a veces los clientes podemos ser un poco pesados ¿no crees? -Sí, también es cierto, pero no te preocupes –sentenció Donald– no es el caso y además no me importa acompañarte a visitar todas las casas que necesites. ¡Mientras después no se la compres a la competencia! –y se echaron a reír los dos con una cierta complicidad que a José Ángel le indicó que iba por el buen camino-. Después de varios días, cuando ya habían visitado casi todas las casas disponibles, y habían compartido unas cuantas copas y varias comidas, ya existía una amistad en ciernes que hacía pensar a José Ángel que quizás fuera el momento para hacerle algún comentario velado sobre sus objetivos.

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Pero antes, ya había decidido que iba a alquilar la tercera casa, la que más le había gustado de todas las que había visitado. Le había confesado a Donald que su trabajo haría que quizás no estuviese demasiado tiempo en la ciudad, motivo por el cual se decidía por el alquiler en lugar de la compra. Se las arregló para que le ayudase a instalarse y así tendría un motivo para invitarle a realizar la primera comida en su nueva residencia. Fue en esa comida en la que le participó que pertenecía a un grupo de personas que no estaban en absoluto conformes con la evolución de las cosas. Sin darle más detalles que los estrictamente necesarios, José Ángel le explicó que su grupo lo que pretendía era hacer entender al mundo que no podía seguir por mucho tiempo viviendo con los esquemas en los que estaban basados todos los sistemas políticos del planeta. Se esforzó sobremanera en hacerle entender que no se trataba de ningún grupo terrorista, ni una pandilla de lunáticos. Le demostró que ellos pretendían hacer algo por la vía pacífica, un golpe de efecto que hiciera meditar al mundo entero. Pero para bien, el caso de las torres gemelas no podría volver a repetirse. En un principio Donald no pareció entenderlo como a José Ángel le hubiera gustado. Se quedo petrificado, como intentando asimilar todo aquello. Como si viera en José Ángel a un fanático que solamente pretendía captarle para su secta. Como pudo, desvió la conversación, y poco después de comer se fue dejando a su anfitrión con la sensación de que se había equivocado. 261


-Bueno –pensó José Ángel– en todo caso, aunque decidiera denunciarme, mi estancia en la ciudad esta tan limpia que pueden investigar cuanto deseen que no podrán encontrar nada, ya que nada hay. Solamente le molestaba la posibilidad de haber perdido tanto tiempo para la causa, ya que tendría que seguir buscando un nuevo candidato.

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20 José Ángel había decidido que se tomaría un par de días para analizar en profundidad su relación con Donald. Debía estudiar con todo detalle lo sucedido, lo comentado, lo escuchado durante el tiempo en que había tenido contacto con el agente inmobiliario. Debía encontrar en qué punto del proceso se había equivocado. Ciertamente era difícil, pues el trato con las personas no es una ciencia exacta ni el plano de un edificio en el que todo se reduce a unas medidas concretas y bien calculadas. Tendría que continuar buscando y no se podía permitir el lujo de perder mucho tiempo con cada uno de los candidatos, debía afinar más su “puntería”. Al segundo día, cuando ya estaba planificando sus visitas del día siguiente, sonó el timbre de la puerta de su nueva casa. Cuando la abrió se llevó una gran sorpresa. Era Donald quien le visitaba. -Hola José Ángel, ¿qué tal estas? No esperaba encontrarte – comentó– había venido enseñarle a un cliente una casa en las inmediaciones y se me ocurrió que si estabas en casa quizás me invitaras a tomar algo. -Hombre Donald –respondió José Ángel– por supuesto, pasa y ponte cómodo. No esperaba verte por aquí, y menos a estas horas. 263


Los dos estaban hablando y actuando como si en la última reunión no hubiera sucedido nada. Si bien José Ángel estaba a la expectativa, esperando acontecimientos. -Pues pensaba salir a comer fuera, si tienes tiempo te invito y charlamos. –espetó José Ángel-. -De acuerdo –contestó Donald– pero con la condición de que me dejes pagar a mí, que la última vez lo hiciste tú. -Vale, por eso no vamos a discutir. Y sonriendo los dos, salieron de la casa y se dirigieron al restaurante en el coche de Donald. El camarero les servía el segundo plato, cuando estaban charlando de otras cosas, de repente Donald se detuvo un instante y le dijo con toda la naturalidad del mundo: -Por cierto José Ángel, el otro día, cuando me hablaste del grupo ese al que perteneces, en principio me dejaste un poco confundido -le dijo lentamente, como si estuviese midiendo sus palabras para no herirle ni ofenderle-. -Pero después he estado pensando en ello y he llegado a la conclusión de que quizás tengas razón –continuó Donald–, desde luego la historia la hacen los inconformistas; si la sociedad avanza algo es porque hay personas que no se contentan con su papel de espectadores y deciden pasar a la acción, deciden subirse al escenario y hacerse cargo de su papel. José Ángel le observaba atento y a medida que Donald iba hablando se iba convenciendo de que quizás no se había equivocado con él. 264


-Desde luego Donald -le contestó– yo siempre lo he tenido muy claro. El único pero es que se deben pensar muy a fondo las cosas. No puedes unirte al primer grupo de lunáticos que se presenta. Hay que estudiar las ideas, las posibilidades… en fin, que si quieres yo te iré dando detalles de nuestras ideas y proyectos. -Y por supuesto, sin compromiso. -aseguró José Ángel- si en algún momento ves algo que no te guste, no tienes más que decirlo, en nuestro grupo, es tan libre la entrada como la salida. -Perfecto, pues cuenta conmigo -finalizó Donald-. Y seguidamente comenzó a interesarse por el grado de satisfacción de José Ángel en su nueva casa.

Evidentemente, José Ángel no podía comenzar sin más a contarle a Donald la forma en que él y sus amigos deseaban llevar a cabo sus fines. Debía ir alimentando su interés y su implicación para que fuera el mismo el que “pidiera a gritos” saber cómo pensaban hacerlo. Para ello, hablaban y hablaban, tenían conversaciones que parecían no acabar nunca, pero siempre con la sutileza de que no pasaran de eso, de conversaciones entre amigos sobre los temas de más actualidad. Incluso en ocasiones era bueno suscitar la discusión. O sea, como un par de auténticos amigos. Política internacional, finanzas, ecología, globalización etc. eran, entre otros, los temas de debate que surgían entre los dos. Aunque el término debate no parecía muy correcto, pues para que haya debate debe de haber más de un punto de vista diferente.

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Y sin embargo, José Ángel iba descubriendo que Donald tenía una opinión muy similar a la suya en la mayoría de los temas escogidos, lo cual era de su agrado.

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21 Al mismo tiempo, el resto del equipo y José Ángel mismo se dedicaban a la otra parte del plan, es decir a “vigilar” las acciones de Barack Obama. Para ello, leían a diario todos los periódicos nacionales, las revistas de tipo político o económico, grababan los programas de televisión y radio, etc. Se trataba de conocer hasta el último detalle de la labor que el presidente estaba realizando, porque Jeffrey Donald debería posteriormente aprendérsela como si fuera su propia vida. También se estaba preparando la forma de acceder a la figura del presidente de forma física. Jimmy era un muchacho americano que había sido reclutado con el fin de infiltrarle entre el personal al servicio del Sr. Obama. Para ello, desde varios meses atrás habían estado controlando las idas y venidas del personal. Jimmy se las había ingeniado para conocer y conquistar a una chica que ya estaba trabajando en la Casa Blanca. La hizo creer desde un primer momento que tenía un buen trabajo, en el que se encontraba muy satisfecho. Posteriormente, en el momento oportuno, fingió un despido con el correspondiente amago de depresión ante la incapacidad de encontrar un trabajo adecuado.

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“Casualmente” este hecho se produjo un par de días antes de que quedase una plaza vacante en el cuerpo de servicio del Presidente de los Estados Unidos. Casualmente también, la amiga de Jimmy estaba muy bien relacionada con la persona que capitaneaba los procesos de selección de dicho personal. El resto fue “coser y cantar” pues gracias al inmaculado expediente de Jimmy, que al no haber tenido nunca ningún problema, ni siquiera una multa de aparcamiento, y a las “buenas artes” de su amiga, no fue difícil hacerse con el puesto. Una vez dentro, Jimmy demostró tal nivel de competencia, de solicitud y de responsabilidad que no tuvo que transcurrir demasiado tiempo para estar al más directo servicio del Sr. Obama. Quizás también influyera el hecho de ser afroamericano como él. Pero ya estaba en el puesto clave. El resto sería simplemente seguir ganándose la confianza de su jefe a la espera del momento oportuno. Era una auténtica “célula durmiente”.

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22 Ya habían transcurrido varios meses. La posición de Jimmy en la Casa Blanca se había afianzado y la relación entre José Ángel y Donald se había intensificado. Se podría decir sin ánimo de equivocarse que se había convertido en autentica amistad. No obstante, José Ángel no olvidaba en absoluto su misión. Y llegó el momento de desvelar a Donald la forma en que pretendían llevar a cabo su proyecto. La realidad era que aunque a Donald le pareciese una locura y quisiera echarse atrás, sus conocimientos reales sobre el proyecto eran tan limitados y disponía de tan pocas pruebas de ello que cualquier eventual denuncia sería impensable. Si se le ocurriera presentarse en cualquier comisaría de policía -por ejemplo- denunciando que había un grupo de personas que pensaban secuestrar al presidente de los Estados Unidos -y de otros treinta países- posiblemente no tardaría más de tres minutos en ser encerrado en un psiquiátrico. Por eso José Ángel no tenía un miedo especial a la hora de afrontar su “confesión”. Según se tomara Donald las revelaciones de su amigo, este le desvelaría que existían otra serie de equipos, en otros países, haciendo con otras personas lo mismo que José Ángel había hecho con él.

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-Oye Donald, ¿a ti te gustaría ser Presidente de los Estados Unidos? -Le preguntó a bocajarro-. -Hombre -le miraba atónito al tiempo que le contestaba¿Qué clase de pregunta es esa? Supongo que sí, ¿a quién no le gustaría? -Ya - repuso José Ángel - ¿y tú qué harías en el caso de que te encontraras en un momento dado dirigiendo el futuro de tu país? Y cuando Donald iba a contestarle José Ángel sentenció: ¡y recuerda que tu país es el más poderoso del mundo!. -Pues realmente no lo sé –reconoció Donald– nunca me he visto en semejante “jardín”. Supongo –continuó– que intentaría hacer las cosas bien. Tiene que ser impresionante ser el responsable del bienestar de tantos millones de personas. -Pero -siguió preguntándole José Ángel– ¿tú crees que estarías preparado para asumir una responsabilidad de tal magnitud? -Yo creo que nadie está preparado para eso. Lo principal supongo que es ser lo suficientemente humilde e inteligente como para saber escuchar a las personas que saben y rodearse de personas con una gran formación técnica -continuaba Donald- y sobre todo honradas. Eso sí. Si las personas que te rodean son honradas y no pretenden simplemente enriquecerse, todo tiene que ser mucho más sencillo. Pero… ¿a qué viene ahora todo este interrogatorio? ¿Es que piensas presentarte a las próximas elecciones, o algo así? –le preguntó extrañado Donald-. -No. Simplemente hablaba. Quería conocer tu opinión al respecto. - Finalizó José Ángel al tiempo que decidía que ya era el momento idóneo para planteárselo.270


Al día siguiente iban a cenar en casa de José Ángel, y les acompañarían un par de personas del equipo –Juanjo y Franciscoa los que éste había integrado en “el grupo” con el fin de hacer que Donald se sintiera más arropado, al tiempo que así serían tres personas a juzgar la idoneidad del nuevo “Obama” para asumir su papel. También quería que estuvieran presentes en el momento de proponerle la suplantación. Siempre sería más efectivo. Durante la cena, y en el transcurso de la conversación, entre plato y plato, José Ángel decidió comenzar: -Bueno Donald, me gustaría retomar la conversación de ayer. –Le dijo directamente-. Donald le miró y en un principio parecía no saber a qué se refería, pero enseguida lo recordó. -¿Te refieres a cuando me preguntabas si me gustaría ser presidente de los Estados Unidos? –pregunto Donald extrañado-. -Si –continúo José Ángel– a eso me refería. Verás el motivo es el siguiente… Y José Ángel, comenzó a relatarle pausadamente, con la tranquilidad y la seguridad de la persona que está segura al cien por cien de que lo que está haciendo y diciendo no sólo es correcto sino también necesario. Le estuvo contando los antecedentes, la ideología, los fines que se perseguían y los medios que estaban dispuestos a utilizar para conseguirlos.

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Sus compañeros Juanjo y Francisco participaban en el planteamiento cuando lo consideraban oportuno, para apoyar a José Ángel en su exposición. Donald les miraba alucinado, estupefacto. En un principio, ni siquiera se lo creía. -Vale tío. Yo seré presidente si tú eres mi primera dama. -dijo Donald con toda la sorna de la que era capaz-. Pero al ver los semblantes serios de sus compañeros contemplándole, siguió… -Pero ¿lo estáis diciendo en serio? -Preguntó aún más incrédulo-. -José Ángel siguió- Sí Donald, estamos hablando en serio y si te fijas un momento, recordaras que en muchas ocasiones hemos bromeado con tu gran parecido con Obama. -Si -reconoció Donald- pero también me parezco a varios millones de afroamericanos ¿no? -Si, claro, apostilló Juanjo, pero a nosotros nos interesas tú, no el resto, sino tú. Y Francisco continuó: Si te hemos escogido a ti. O para ser más exactos, si José Ángel te ha elegido a ti, es porque tiene razones fundadas para pensar que eres el candidato idóneo. A lo que José Ángel apostilló: y además ya te dije en su momento que la decisión final es tuya. No queremos presionarte, ni obligarte a hacer nada de lo que tú no estés incluso más convencido que nosotros. 272


Posteriormente, los tres amigos siguieron charlando con Donald para hacerle entender que ellos no eran de un grupo terrorista. Ni de una banda de criminales. No pretendían hacer que el pueblo americano hiciera nada especial. Más bien al contrario, se trataba de obligarle a él, al Presidente de los Estados Unidos, a hacer lo que era correcto para su país. Jeffrey Donald no salía de su asombro, pero en su interior le iba recorriendo un sentimiento que en algún momento él mismo interpretó como de conformidad con sus amigos. En el fondo todo lo que le estaban planteando lo había pensado cientos de veces, si bien siempre lo había desechado pensando que no eran más que pensamientos elaborados en momentos de rabia e inconformismo. Nunca había llegado a plantearse que hubiera más personas que pensaran como él, y mucho menos que estuvieran dispuestos a ponerse manos a la obra. Sus nuevos amigos le parecían buena gente. No tenían el aspecto de lunáticos, aunque ciertamente le estaban proponiendo una locura. Pero sobre todo lo que finalmente le dió más confianza fue el hecho de que sus argumentaciones estaban todas orientadas a un pensamiento justo, práctico y de futuro. Estaban totalmente apartados de fanatismos religiosos y de intereses partidistas. Por ello, y tras pensárselo un rato mientras tomaban unas copas de sobremesa, decidió que en el fondo no tendría nada que perder. No tenía una esposa. Sus padres ya habían fallecido. En fin que no tenía una familia que pudiera sufrir las consecuencias en caso de que todo saliera mal.

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José Ángel y sus amigos le habían dejado sólo con el fin de que pudiera pensar sin estar sometido a presiones de ninguna clase. Se habían ido a charlar a una habitación contigua, y estuvieron echando una partida de cartas mientras Donald ordenaba sus ideas. -Vale – dijo Donald entrando en la habitación casi una hora después con aspecto de haber dado muchas vueltas al tema. -Creo que tenéis razón, quizás sea una buena idea y en todo caso siempre podré decir a mis nietos que lo intenté. -Si es que llego a tener nietos – concluyó con una sonrisa. Los tres componentes de Plan Marchiali se levantaron de sus respectivas sillas y fueron a darle la enhorabuena a Donald. -Bien Donald, nos alegramos mucho de que hayas tomado esta decisión y estamos seguros de que no te arrepentirás. – Dijo José Ángel sin querer disimular su agrado.

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23 Los dobles ya habían sido localizados, al menos la mayoría y desde luego los más importantes. Plan Marchiali contaba ya con la “participación” de Obama, de Gordon Browm, de Nicolás Sarkozy y de Kevin Rudd entre los más importantes siendo cerca de 30 personas en total. Cada doble disponía de un equipo de apoyo dedicado exclusivamente a conseguir su formación y entrenamiento como un auténtico mandatario. Todos ellos eran muy conscientes de que a veces el mayor y mejor trabajado de los engaños se derrumbaba por un detalle que en un principio parecía tan estúpido e insignificante que nadie había pensado en él. En el caso del Presidente de los Estados Unidos contaban con un cierto número de aliados, que habiéndose infiltrado como personal al servicio del “invitado” y bajo el mando y control de Jimmy podían aportar ese tipo de detalles que tan sólo las personas muy cercanas podrían conocer, como por ejemplo el lado de la cama en el que duermen, o el tipo de dentífrico que utilizan. Esta era una de las fases más importantes ya que el resto, el acopio de datos, simplemente era cuestión de memorizar. Los equipos de transformación y preparación de los dobles tenían ante sí un reto realmente importante. Cada uno se 275


enfrentaba a un tipo de caracterización diferente según el mandatario objetivo de sus acciones. Era prácticamente imposible encontrar a una persona que pudiera suplantar a otra al cien por cien, sin ningún tipo de retoque. La mayor parte de las veces no era suficiente con cambiar el color o el corte del cabello. El proceso podría abarcar múltiples disciplinas: Lentillas para adecuar el color de sus ojos al original; Dietas de adelgazamiento –o engorde- para alcanzar el peso ideal; Incluso pequeñas operaciones de cirugía plástica, ortodoncia y similares. Cualquier detalle debía tenerse en cuenta con el fin de conseguir que el parecido con el personaje original fuera el máximo posible. Pero ese tipo de detalles, en definitiva eran objetivos físicos que se podían alcanzar fácilmente aplicando las técnicas adecuadas para las que los equipos de acción estaban perfectamente preparados. Más complicado parecía el trabajo de adecuación de los aspectos más “intelectuales” o “no tangibles” Una de las labores de su equipo de apoyo, en especial de sus psicólogos era la de hacer que el doble adquiriese el mismo lenguaje gestual y corporal de su “representado”. Conocer todo tipo de reacciones a los diferentes hechos con los que se podría encontrar. Un capítulo muy importante era el de vencer el miedo escénico que pudiera producirle el hecho de hablar en público y en muchas ocasiones ante un auditorio tan importante como podría ser el Consejo de Seguridad de la O.N.U. o el propio Parlamento Americano. Aunque al principio adaptase su agenda para que estas intervenciones se redujeran todo lo posible, habría muchas que serían inevitables. Así fue como Jeffrey Donald comenzó su preparación para ser Presidente de los Estados Unidos. 276


Se habían recopilado cientos de videos de todo tipo de eventos en los que había participado el presidente, reportajes, actos de sus campañas electorales, intervenciones en el parlamento, ruedas de prensa, etc. de modo que no hubiera ni un sólo gesto, tic nervioso o manía que no fuera conocida y que en un momento dado pudiera levantar las suspicacias de cualquier persona. Se dedicó de forma intensiva a ver los videos que habían recopilado los miembros de su equipo. Cada gesto, cada latiguillo a la hora de hablar, su vocabulario habitual, incluso su forma de cruzar las piernas cuando se sentaba. Todo era de suma importancia para conseguir que el engaño surtiera el efecto deseado. Especialmente delicado era conocer la forma de relacionarse con sus dos hijas de trece y once años, pues engañar a un niño se les antojaba bastante más difícil que a un adulto, por ello decidieron que debían mantenerlas al margen ya que en caso de conocer la verdad sus reacciones serían sin duda bastante más imprevisibles que las de su madre. Quizás una buena idea fuera achacar cualquier conflicto que pudiera surgir a los problemas típicos de la adolescencia o incluso a diferencias generacionales con su padre como podría suceder en cualquier familia. Por ello finalmente sólo su esposa estaría al tanto de todo, de manera que su silencio y su colaboración deberían de conseguirlas por otros métodos y posiblemente el más infalible sería el de garantizarle que el bienestar de su marido dependía de su participación. Convencerla de que era por el bien de todos, en el más amplio sentido del término sería un poco complicado. Por mucho que fuera la Primera Dama de la Estados Unidos eran

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conscientes de que para ella, sería primordial el bienestar de su marido frente a un hipotético bienestar mundial. No se trataba de encontrar héroes sino gente dispuesta a colaborar. Otro de los puntos importantes era conocer la biografía del Sr. Obama tan bien, que en determinados momentos confundiera sus recuerdos. No faltarían antiguos amigos, compañeros de universidad y de trabajo que en un momento dado pudieran rememorar algunas “batallitas”, para lo que esperaban que incluso el propio Obama les fuera útil. Durante semanas Donald fue instruido en una amplia gama de disciplinas en las que no debía llegar a ser ningún experto, pero sí debía conseguir que todo lo referente a ellas le fuera familiar. El objetivo era que en ningún momento se pudieran producir titubeos que pudieran alertar a alguien. Así, adquirió conocimientos de política, de diplomacia, de economía, de seguridad, de protocolo, incluso de geografía internacional y como en muchas ocasiones él mismo bromeaba: -Pase lo que pase, supongo que todo lo que estoy aprendiendo me servirá para un futuro -Afirmaba con cierta sorna-. -Por supuesto -asentía José Ángel con complicidad– ya dicen que el saber no ocupa lugar. Un detalle importante para Gustavo, era que no cometería errores como los de su “antecesor” G.W. Bush , del que cuentan que en una ocasión, al principio de su mandato, le preguntaron por España y su respuesta fue que estaba situada al lado de Méjico. Esos pequeños detalles solían ser los que levantaban los 278


rumores y chascarrillos que quizás pudieran llegar a ser comprometedores. Era más práctico evitarlos siempre que fuera posible. Asimismo se mostró satisfecho de practicar el deporte favorito de Barack Obama, el baloncesto, afición que compartía con él desde niño. Otros compañeros suplantadores no habían tenido esa suerte y debían de conocer y dominar deportes que nunca habían practicado y que eran los favoritos de sus respectivos mandatarios originales. Donald –y todos los dobles del Plan Marchiali- era sometido también a periódicas sesiones con su psicólogo de cabecera, con el fin de procurar que siempre mantuviese la perspectiva de lo que estaba haciendo. En un proceso de suplantación como el que estaban llevando a cabo no era necesario, sino imprescindible, mantener una gran “frialdad y estabilidad mental” que mantuviera a Jeffrey bien sujeto a la realidad. No podía perder de vista ni los fines ni los principios que les habían reunido allí. No en vano el Plan Marchiali se vió forzado a rechazar a varios candidatos al comprobar que a medida que se iban introduciendo en su preparación se iban produciendo desequilibrios emocionales que habrían puesto en serio peligro la ejecución del proyecto. Eso había complicado la labor de los equipos de captación, transformación y suplantación. El proceso tenía diferentes grados de dificultad según se tratase de un mandatario u otro. Cuanto más recientemente hubiera accedido al poder un dirigente más fácil era el trabajo a realizar ya que su personalidad habría trascendido menos a los medios de comunicación. 279


También contaba el Plan Marchiali con el hecho – demostrado en innumerables ocasiones- de que los ciudadanos de todo el mundo en general no reparan en demasiados detalles de sus dirigentes salvo que sean muy notables e incluso objeto de los humoristas y críticos que existen en todos los países. Gustavo solía recordar y utilizar como ejemplo, cuando surgía el comentario, las cejas del Presidente del Gobierno Español J.L. Rodríguez Zapatero, que incluso había sido objeto de multitud de caricaturas y chistes como consecuencia de una campaña publicitaria propiciada por él mismo.

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Tras unas cuantas semanas de preparación, Jeffrey Donald ya se consideraba capacitado para hacerse cargo de la identidad del presidente, aunque quizás tomar las riendas de los Estados Unidos fuera algo más complicado. Después de recuperarse de un ligero retoque de su tabique nasal sus “profesores” también consideraban que estaba en condiciones objetivas de afrontar el reto. Donald se mostraba nervioso a medida que el momento de actuar se acercaba, sin embargo sus titubeos agradaban a sus preparadores, ya que estos pensaban que una persona con excesiva seguridad en sí mismo sería contraproducente para el buen desarrollo del proyecto. Solamente restaba esperar que la dirección del Plan Marchiali decidiera cuál sería el momento oportuno para realizar el cambio. Tanto en el caso americano, como en todos los demás, el momento idóneo sería cuando el mandatario en cuestión se encontrase más libre de actos oficiales, reuniones, consejos etc. pues se suponía que era cuando la seguridad de su entorno estaría más relajada. Por ello se pensó en utilizar un fin de semana largo, de cuatro días que se produciría en el mes de Octubre, durante el cual, en principio, se esperaba que el Sr. Obama estuviera disfrutando de la compañía de su familia.

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Así, en este caso, el lugar ideal sería sin duda cuando se encontrara en su residencia de Camp David. Era habitual que en ocasiones así, salvo que su agenda se lo impidiera, se recluyera en dicha residencia con el fin de disfrutar de unos días de relax junto a su esposa y sus hijas. En algunas ocasiones, mas contadas de lo que a él le gustaría, tambien invitaba a algunos amigos, pero lo más habitual era utilizar esos lapsus como medio para descansar y mantener su mente despejada y libre de agobios. Jimmy, el ayudante personal del Presidente estaba dispuesto. Contaba con la colaboración de otras tres personas del servició de Camp David a las que había contactado desde dentro y que le habían demostrado que no sólo compartían sus ideales, sino que además contaban con el “resabio” de llevar varios años trabajando en la Casa Blanca y conociendo su realidad desde dentro. El hecho de ver que en cierto modo todo es como en la televisión, que por un lado está la parte “visible”, guapa y glamurosa y por otro lado la parte real y autentica que deja al descubierto la mugre y la miseria del poder y la posibilidad de participar en los planes del Plan Marchiali , incluso conociendo una pequeña parte de ellos, no sólo les animaba, sino que incluso les entusiasmaba. Una vez que todos los detalles estuvieran dispuestos y debidamente coordinados, solamente quedaba esperar al fin de semana acordado. Se celebraba la festividad de San Esteban, que si bien era fiesta nacional, se consideraba una celebración familiar, por lo que la agenda del presidente de los Estados Unidos estaba totalmente limpia, con el fin de que pudiera disfrutar del puente en compañía de los suyos. 282


Precisamente por el carácter íntimo de la festividad, el presidente había organizado una pequeña fiesta para sus hijas y media docena de sus mejores amigas, en respuesta a una bonita sugerencia de Jimmy. Además de dulces, juguetes y globos, en dicha fiesta participaría un pequeño grupo de animación compuesto por cuatro personas que iban debidamente vestidos, uno de payaso, y los otros, de los más atractivos héroes de la infancia y la juventud. La fiesta transcurrió sin ninguna novedad, las niñas se divirtieron cantando y jugando con el payaso y sus héroes hasta bien entrada la tarde. Dado que el fin de semana era bastante largo, las amigas de sus hijas no debían regresar el mismo día a casa, por lo que pasarían la noche en Camp David. Eso haría que la fiesta se prolongara hasta después de la cena. Los padres de las niñas no podían imaginar un lugar más seguro en todo el país para que sus hijas pasaran el fin de semana. Al Sr. Obama y esposa les vendría muy bien que las niñas estuvieran ocupadas con sus amigas, pues así podrían hacer una cena íntima, que, con el ajetreo del trabajo, y sus propias hijas, era un lujo que hacía tiempo no se podían permitir. En un alarde de generosidad, el grupo de animadores decidieron, con el beneplácito del padre, que prolongarían su actuación después de la cena con el fin de ofrecerles a las niñas un colofón especial para su fiesta. El éxito fue tal que, cuando todos se quisieron dar cuenta, era la medianoche bastante avanzada. Quizás el hecho de no tener que trabajar al día siguiente, hizo que se relajasen todos. Una vez finalizada la fiesta, las niñas se fueron a dormir acompañadas de las personas del servicio, mientras que los

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animadores dilataban todo lo que podían la recogida de sus equipos para irse. El matrimonio Obama, esperó para despedir a los héroes de la noche y agradecerles el fantástico día que les habían hecho pasar a sus hijas y sus amiguitas. Fue ése el momento que los miembros del Plan Marchiali aprovecharon para abordar al matrimonio. En un momento dado, el payaso, que era el que llevaba su rostro más camuflado, se dirigió al presidente amenazándole con un objeto punzante, que formaba parte de los utensilios del equipo, y que se habían visto obligados a utilizar ya que era totalmente imposible introducir un arma de fuego en la residencia presidencial. -¡Eh! – Exclamó Obama con una expresión de sorpresa como en su vida había visto su esposa- ¿qué significa todo esto? ¿qué es lo que está pasando? -Señor, siento mucho lo que vamos a hacer, pero pronto se dará Vd. cuenta de que tenemos razón y confío en que se unirá a nosotros. En ese momento, Jimmy hizo entrada en el salón para informar al presidente de que sus hijas y las invitadas de éstas ya se encontraban en sus respectivas habitaciones e incluso la mayoría de ellas dormidas gracias al cansancio provocado por la fiesta. En cuanto entró en la estancia, el ayuda de cámara fue abatido por el animador que iba vestido de Batman asestándole un golpe en la cabeza que le hizo perder el conocimiento. Después le arrastró hasta un sofá próximo donde le dejó en su estado de inconsciencia. 284


La familia presidencial, dentro del nerviosismo del momento, no se percató de la delicadeza con que el “súper-héroe” había hecho la maniobra, que estaba organizada de antemano con el fin de no delatar la participación de Jimmy en el secuestro. Una vez que ya había quedado claro quién mandaba allí, el payaso soltó al presidente y éste se dirigió hacia su esposa Michelle que se abrazaba a su marido mientras exclamaba: -Pero bueno, esto es un atropello, no sé cómo piensan salir de aquí con la seguridad que hay. Cariño, llama a seguridad – impelía a su esposo-. Entonces José Ángel, que había estado toda la tarde disfrazado de Spiderman continuó: -Señor, es mejor que no se resistan, no pretendemos hacerles daño ni a ustedes ni a su familia. Solamente queremos que nos acompañe sin rechistar y pronto estará de vuelta sin problemas -le mintió esperando que así su resistencia fuera menor-. -Pero… qué quieren, ¿es cuestión de política? ¿de dinero? ¿de dónde son ustedes? –las preguntas se agolpaban en la boca del presidente intentando entender algo-. -Señor –continúo José Ángel– le repito que no pretendemos hacerles daño, no vamos a pedir ningún rescate, no vamos a poner en riesgo la vida de nadie, solamente deseamos- insistió una vez más –que nos acompañe-. -¡Por favor, sígame! Y al tiempo que Michelle Obama se quedaba en la habitación custodiada por “Batman” y “Superman” , “Spiderman” 285


–José Ángel– y el Payaso –Jeffrey Donald- se dirigían a la habitación contigua, en la que se encontraban todos los enseres utilizados para la fiesta infantil. Y alguno más. Como primer paso, el payaso se despojó de su disfraz y se puso la ropa que hasta entonces había utilizado el presidente, y que era exactamente de su talla. Asimismo el Sr. Obama fue maquillado y disfrazado perfectamente con la misma imagen de payaso que hasta ese momento había sido utilizada por Donald. El presidente asistía atónito a su transformación sin saber que era lo que se proponían sus asaltantes. Conocía la historia y sabía que algunos de sus antecesores habían sufrido intentos de asesinato, incluso en varias ocasiones el magnicidio había tenido éxito, pero estaba seguro de que no había sucedido nunca que el Presidente fuera secuestrado con un ceremonial semejante. Su estupefacción iba en aumento. Tras cerca de una hora de trabajo, de nuevo se personaron los tres en la habitación donde había estado esperando la primera dama. En un principio, ésta no se percató del cambio, hasta que su marido –el falso– se acercó a ella y le habló diciéndole que no se preocupase, que todo estaba bien. -¡Pero bueno! –exclamó confundida- ¿pero qué significa esto? ¿Qué han hecho con mi marido? –continuó más confundida aún, pues no se había dado cuenta de que su marido era la persona que estaba ahora bajo el disfraz de payaso-.

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-Tranquila querida- contestó el auténtico presidente queriendo transmitirle una calma que él mismo no estaba seguro de tener– veamos qué pretenden estos señores. -Ya le hemos dicho antes varias veces que no pretendemos hacer daño a nadie, solamente tienen que colaborar y todo irá sobre ruedas. -Señora – dijo José Ángel dirigiéndose a la primera dama – nos vamos a llevar a su marido, le garantizamos que estará bien, pero es imprescindible para ello que usted haga exactamente lo que nosotros le digamos. -Se quedará con Vd. –continuó– nuestro compañero, haciéndose pasar por su marido en todos los actos oficiales y en su vida habitual en la Casa Blanca. Usted deberá comportarse con toda normalidad, como si no pasara absolutamente nada. Apoyando a su “marido” como ha hecho siempre. Debe hacer su vida cotidiana con absoluta normalidad, sin ninguna clase de cambio, pues la vida de muchas personas está en juego. Imagínese lo que podría pasar si se conociera que el presidente del país más poderoso del mundo ha sido secuestrado. La sola posibilidad de que algo así sucediera haría que las bolsas de todo el mundo se desplomasen. Se pondrían en marcha todos los resortes de seguridad. Se podría iniciar un periodo de inestabilidad política a nivel mundial de consecuencias catastróficas y eso no sería bueno para nadie. Y menos para ustedes. –dijo con ánimo de intimidarla y convencerla de que debía hacer lo correcto. Aunque no le gustaba en absoluto tener que hacerlo así-. -¿Pero…? –Ella seguía sin entender nada-.

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-No se preocupe, todo irá bien –insistió una vez más José Ángel, intentando ser afable y cariñoso pero mintiéndole con el fin de que se calmase- y recuerde que pronto podrá ver a su marido. -Confíe en nosotros –dijo esperando que la tranquilidad que quería transmitirla fuera mayor que la desazón que la invadía-. Todos los días podrá Vd. hablar por teléfono con su marido para comprobar que todo está bien, y cuando conozca a fondo nuestras intenciones, comprenderá que no somos unos vulgares terroristas ni secuestradores -apostilló José Ángel-. Posteriormente y durante varias horas, los “dos presidentes” tuvieron una intensa reunión en la que el auténtico Sr. Obama ponía al día a su doble. Su resistencia inicial se fue tornando en colaboración al ver que lo único que pretendían sus secuestradores era conocer a fondo su quehacer diario, el contenido exacto de su agenda y todos los detalles que Donald necesitaría para realizar su trabajo con la mayor efectividad y que el equipo de documentación no hubiera podido obtener de otro modo. Después de varias horas desde que comenzase la fiesta infantil y cuando ya amanecía un nuevo día, “el presidente” y su señora acompañaron al grupo de animación hasta la salida de Camp David de manera que la seguridad no puso ningún tipo de problema, y partieron con toda la naturalidad del mundo, sin que nadie se percatara de que el disfraz de payaso era portado por una persona diferente de la que entró. La primera dama por su parte, se quedó con su “nuevo marido”, intentando entender de una vez todo lo que había pasado, y sin saber que el grupo no se reducía solamente al “suplente” del presidente, sino que entre el servicio había varias 288


personas que la vigilaban constantemente mientras hacían su trabajo. Donald intentó ser todo lo amable que podía, intentó hacerla entender que la vida entre ellos dos debería ser lo más normal posible de cara a todo el mundo, incluidas sus hijas. -Debe usted ayudarme a representar mi papel –solicitó Jeffrey– contándome los detalles de su vida y de la de su marido que considere necesarios para desarrollar mi trabajo lo más perfectamente posible. Seguramente, a partir de ahora, se producirán en multitud de ocasiones encuentros con personas que conocen a su marido por los más diversos motivos. -Evidentemente –continuó-, yo no puedo conocerles a todos, pero espero que Vd. colabore y me dé todos los datos necesarios para que nadie sospeche. Donald tenía como misión, además de suplantar al presidente de los Estados Unidos en su “puesto de trabajo”, intentar convencer a su esposa de que todo era por una buena causa, y en su momento, cuando los hechos se fueran desarrollando con una cierta “normalidad” informarla de todos los detalles necesarios para que su cooperación fuera completa. Michelle, después del discurso de Donald, comprendió que lo mejor sería colaborar, aunque se mantendría a la expectativa. Por su parte José Ángel, una vez fuera de Camp David y sabiéndose a salvo de cualquier incidente, telefoneó a Gustavo como habían acordado. -Gustavo. Nuestro invitado ya está en la fiesta. -dijo utilizando expresiones acordadas de antemano– la celebración salió tal y como se había previsto.

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-De acuerdo José Ángel, espero que las niñas hayan quedado contentas –contestó Gustavo refiriéndose a los miembros del equipo que se habían quedado en Camp David–. -Perfectamente –repuso José Ángel– en estos momentos estarán acostados, hoy ha sido un día de muchas emociones, ya nos vemos –finalizó -. -De acuerdo –finalizo también Gustavo– Hasta pronto.

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25 Una de las tareas que el equipo de apoyo debía realizar y que sin duda alguna era muy importante de cara a un posible “desplome” del proyecto, y que además haría que sus invitados se tomasen más en serio la magnitud e importancia del Plan Marchiali, era la de afianzar al máximo la personalidad de los dobles que ocuparían el puesto de los mandatarios. Para ello, el equipo de apoyo contaba con la participación de un par de personas a las órdenes del policía Vicente Aranda que se ocuparían del “trabajo sucio”. Kevin y Bob habían pertenecido durante algunos años a los marines americanos para después formar parte de la C.I.A. desde donde pasaron a organizar y preparar a varios grupos de élite de la policía norteamericana. En la actualidad se encontraban realizando cursos especiales –a modo de entrenadores- para los miembros de aquellos cuerpos policiales o militares que reclamasen sus servicios. Se habían desplazado a Honolulú (Hawai), lugar de nacimiento del presidente americano con el fin de investigar todos los posibles registros en los que figurasen sus datos personales. Después de comprobar que la trayectoria del Sr. Obama a lo largo de su vida había sido tan intachable, que no existía ninguna ficha policial que contuviera sus huellas dactilares u otras señas 291


de identificación personal, llegaron a la conclusión de que solamente la CIA conservaba, no sólo esas huellas dactilares sino también un detallado análisis de su ADN e incluso datos de carácter biométrico como iris del ojo, voz, etc. que por otro lado era norma para con todos los presidentes de los Estados Unidos desde que se habían descubierto dichas técnicas. Por ello, consideraron que cualquier otra señal que pudiera facilitar su identificación carecería de importancia al lado de estas. De todo el mundo era conocido el gran nivel de seguridad que protege las instalaciones de la CIA que hace que sean consideradas como unas de las más inexpugnables del mundo, seguridad que está justificada debido al gran número de secretos de estado que contiene. Y no sólo de los Estados Unidos. El cambio de identidad de todos los invitados seguiría básicamente un mismo procedimiento, si bien en unos casos resultaría más complicado que en otros debido sobre todo a la diversidad de protocolos de registro existentes en cada país. Afortunadamente no eran muchos los países que contaban con un sistema tan exhaustivo y tan eficaz como el americano. No obstante, además de la profesionalidad el Plan Marchiali había contado con el factor tiempo, primordial a la hora de planificar con efectividad su plan. La realización de estos cambios de identidad seria comunicado por Gustavo a sus invitados en su momento oportuno. Confiaba que sería un punto importante a la hora de hacerles entender que su mejor opción sería la de cooperar, habida cuenta de que cualquier reclamación que hicieran al respecto tendría muy pocas posibilidades de triunfar. Si cualquier agente, con un exceso de celo, intentara comprobar la identidad de la 292


persona que ocupaba la Casa Blanca en ese momento no tendría ninguna duda. Tanto Kevin como Bob conocían a la perfección las instalaciones de la Agencia. Aunque hacía algunos años que no las visitaban, estaban seguros de que no se habrían realizado reformas de importancia. Aun así, consideraron que sería de primordial importancia conocer al detalle los movimientos que se realizaran allí. Por eso, con la excusa de saludar a antiguos compañeros, hicieron varias visitas a la sede de Langley con el fin de confirmar que todo estaba como ellos lo habían dejado. Una vez habían confirmado que todo seguía igual, trazaron el plan que les llevaría a realizar una de las operaciones que con el tiempo se manifestaría como una de las más importantes para el futuro éxito del Plan Marchiali. Motivo por el cual los dos ex agentes estaban dispuestos a poner toda la carne en el asador. Uno de los puntos clave a la hora de entrar en las instalaciones era la seguridad de que podrían ser reconocidos por la mayoría de las personas que trabajaban en ellas, por lo que decidieron desde el primer momento que utilizarían los servicios del equipo de camuflaje del que disponía el grupo de apoyo de José Ángel. Después de unas cuantas horas de trabajo, el aspecto de Kevin y de Bob no tenía nada que ver con la realidad. Ambos se miraban de frente y con un gran sentido del humor bromeaban: -Desde luego Kevin, con este aspecto no te reconocería ni tu propia madre –comentaba Bob-.

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-De eso se trata –contestaba él siguiéndole la broma-. Y yo creo que tú deberías de quedarte así, desde luego eres menos feo que antes. -Ya, cochina envidia. Y en ese instante fue cuando entró en la habitación José Ángel con el fin de comprobar cómo iba la transformación y darles las últimas instrucciones. -Hola, atendedme por favor, –comenzó a hablar el encargado del grupo– ya sabéis cuales son las instrucciones. En esta primera incursión se trata solamente de fotografiar con todo lujo de detalles los documentos, todos los documentos –hizo hincapié– que tengan relación con la filiación del presidente. Sobre todo, los más importantes serán aquellos que tengan relación con su código genético, análisis de sangre, piezas dentarias, huellas dactilares… en fin todo aquello que pueda ser determinante a la hora de identificar al inquilino de la casa blanca. ¿está claro? -Debéis tener el máximo cuidado en que nadie pueda notar que habéis estado allí. –insistió José Ángel-. La mínima sospecha de que se haya producido esta incursión puede dar al traste con la misión. Se trata de tener acceso a esos documentos con el fin de poder falsificarlos a la perfección. -No te preocupes –contestó Kevin– ya sabes que conocemos perfectamente el terreno y podemos hacerlo con los ojos cerrados, y además procederemos a facilitar las cosas con el fin de que cuando debamos ir por segunda vez a realizar el cambio de los documentos originales por las falsificaciones no tengamos ningún problema. -Eso está bien –aprobó José Ángel–, lo que está claro es que sois las personas más indicadas para éste trabajo, espero que todo salga bien. 294


-Seguro que sí, puedes estar tranquilo –afirmó Bob– hemos realizado trabajos como este a centenares. Y José Ángel salió de la sala pensando que aunque seguramente serían algunos menos, sí estaban preparados para hacer el trabajo. Aunque no era habitual, los dos ex agentes de la CIA permanecieron un par de días caracterizados con el fin de acostumbrarse al cien por cien a su nueva personalidad y garantizar así la perfección del cambio. Habían asumido la personalidad de técnicos de la empresa responsable del mantenimiento de los sistemas informáticos, ya que así podrían tener acceso libre a todos los despachos, sistemas de seguridad etc. Transcurrido ese tiempo se dirigieron al edificio de la agencia. Cuando llegaron al control de accesos, tuvieron que pasar la primera prueba ya que el agente que se encontraba en la puerta era Johnson, un antiguo compañero con el que habían tenido una intensa relación amistosa que aún duraba. Se veían de vez en cuando y solían ir juntos a pescar cuando querían evadirse un par de días del agobio del trabajo. Desde luego sería una prueba de fuego, si Johnson no les reconocía, tendrían prácticamente asegurado el éxito de su misión. Cuando le vieron acercarse a la furgoneta de mantenimiento en la que habían llegado al edificio decidieron impostar un poco la voz por temor a ser reconocidos por ella. Le mostraron sus credenciales de la empresa mantenedora, él las cogió y se dirigió a su oficina con el fin de hacer las comprobaciones oportunas.

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Después de varios minutos, salió de nuevo y con una sonrisa les comunicó que todo estaba en orden, tras lo cual Kevin y Bob entraron en el garaje del edificio y se dispusieron a realizar su trabajo. Habían realizado algunas consultas discretamente con el fin de poder localizar lo más fácilmente posible las dependencias en las que podrían encontrar los documentos que necesitaban. No había sido muy difícil, puesto que Kevin había estado en numerosas ocasiones destinado a la escolta de la primera familia americana y sabía perfectamente que existía un gabinete dedicado en exclusiva a gestionar su seguridad, y sin duda seria en sus archivos donde se encontraría su objetivo. Con la tapadera que les había servido para entrar en la CIA no tuvieron problemas, a pesar de que más de un empleado les había visto consultando en varios ordenadores del centro. También pudieron manipular los sistemas de forma que las cámaras de seguridad no captasen ningún movimiento extraño en el archivo mientras ellos hacían su trabajo. En un principio les resultó más fácil de lo que habían esperado, casi demasiado fácil. Kevin sabía perfectamente que las misiones más estudiadas y planificadas pueden echarse a perder por los detalles más insignificantes, por eso no estaría tranquilo hasta que se encontrase de nuevo en la calle y con su objetivo cumplido. Para asegurarse de su calidad, habían hecho varias fotografías de cada uno de los documentos, y utilizando un ordenador portátil, las enviaron por correo electrónico al piso franco del Plan Marchiali. Una vez confirmada su recepción, borraron su rastro en el ordenador con el fin de que nadie pudiera saber el motivo de su presencia allí en el caso de que fueran sorprendidos antes de salir.

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Cuando se dispusieron a salir solamente se encontraron con el personal de limpieza y de seguridad. Saludando a todo el mundo con cortesía y naturalidad llegaron de nuevo al control de accesos por el que habían llegado. El procedimiento obligaba a que toda aquella persona que entrase en las dependencias plasmase su firma en el momento de salir con el fin de acotar el tiempo de permanencia en las mismas. Una vez que lo habían hecho sin problemas y se disponían a marcharse, se les heló la sangre cuando oyeron una voz que gritaba: -¡Bob! ¡Bob, espera! Kevin que iba conduciendo la furgoneta, ante la duda optó por pisar el freno y esperar los acontecimientos, si bien había preparado su arma para utilizarla en caso de necesidad. Cuando el agente Johnson se acercó a la ventanilla Bob le miró muy extrañado y le preguntó. -¿Se refiere usted a nosotros? Ninguno de los dos nos llamamos Bob, creo que se ha confundido. Johnson les miró detenidamente mientras por las cabezas de los ex agentes pasaba rápidamente la posibilidad de tener que tomar alguna medida más expeditiva. Aunque estaban preparados para una eventualidad como esa, preferían no tener que usar la violencia, puesto que además de un contratiempo era una de las máximas del Plan Marchiali. -Perdón –continuó el controlador– por un momento me pareció reconocerle, creo que le he confundido con un compañero que hace algún tiempo que no veo. Disculpen…, pueden continuar. Kevin arrancó el vehículo y se alejó a una velocidad normal para que nadie pudiera sospechar de su deseo de desaparecer cuanto antes del lugar.

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Un par de horas después el equipo de José Ángel se encontraba en su piso franco examinando las fotografías obtenidas por los ex agentes. -Os felicito, habéis hecho un gran trabajo, las imágenes son de gran calidad, lo que nos permitirá hacer unas falsificaciones perfectas –manifestó José Ángel-.

Habían pasado unas tres semanas desde la primera incursión en la CIA en la que habían obtenido la información necesaria para falsificar los datos más sensibles para la identificación del Presidente de los Estados Unidos. Después de un magnífico trabajo de falsificación, realizado por el equipo que se encargaba también de proveer de nuevas identidades y su correspondiente documentación a las personas más implicadas en el plan Marchiali, Kevin y Bob se disponían a realizar la segunda entrada en el cuartel general de la cía. El objetivo se les antojaba más complicado que en la primera ocasión ya que si eran sorprendidos con los documentos en la mano podrían tener muchos problemas aunque estaban preparados para que si sucedía tal eventualidad nadie, absolutamente nadie pudiera relacionarles con el plan Marchiali. Serían simplemente dos ex agentes que intentaban hacer fortuna explotando sus conocimientos sobre la agencia. Cuando llegaron por segunda vez a la entrada, comprobaron que el agente que se encontraba de guardia era desconocido para ellos, lo que les supuso un gran alivio después de lo sucedido en la primera ocasión. Una vez realizadas las debidas comprobaciones, Kevin y Bob entraron de nuevo en las dependencias en las que debían de hacer el cambio de los documentos. 298


Cuando se dirigían hacia el archivo en el que se encontraban éstos, sufrieron un sobresalto que estuvo a punto de truncarles la misión. Cuando se disponían a entrar en el ascensor que les llevaría a uno de los sótanos en los que se encontraba dicho archivo oyeron una voz que les llamaba con cierta agitación. -¡Oigan, Oigan! ¿ a dónde van? ¿tienen ustedes autorización para entrar en estas dependencias? –preguntaba el guardia-. -Sí por supuesto– contestó categóricamente Kevin al tiempo que introducía su mano en el bolsillo de la camisa para enseñarle al agente el documento que acreditaba que debían de reparar varios ordenadores, en la sección del control de personal de la agencia. El guardia examinó con atención la autorización y comprobó que, aunque estaba en regla, ellos parecían un poco despistados entre tanto despacho. -Correcto –continuó el agente– pero los despachos que ustedes buscan están en la planta seis y estos ascensores no les llevaran hasta allí. Bob alzó la mirada hacia el indicador del ascensor y fingiendo un ligero enfado exclamó dirigiéndose a Kevin: -¿lo ves? ¡Ya te lo había dicho, pero claro, como nunca me haces caso…! Y dirigiéndose al guardia continuó: ¡Siempre es el más listo de los dos. Ya me tiene un poco harto, veníamos discutiendo sobre dónde estaban los despachos en los que debíamos de trabajar y no daba su brazo a torcer…! Y dándole las gracias por la información se dirigieron a los ascensores que les llevarían a la planta seis simulando que su discusión continuaba. Cuando ya habían perdido de vista al servicial guardia, solamente tuvieron que utilizar otra ruta para acceder a los 299


sótanos en los que se encontraban los archivos. Afortunadamente conocían el edificio lo suficiente como para que eso no tuviera la menor dificultad para ellos. Una vez en el archivo solamente tuvieron que sustituir los documentos originales por las falsificaciones que llevaban. Además habían realizado las oportunas digitalizaciones de los mismos que hábilmente introdujeron en los archivos informáticos del servicio correspondiente suplantando también los allí existentes. De ese modo, cualquiera que quisiera comprobar la identidad del presidente obtendría siempre la misma información desterrando así la posibilidad de sospecha. Como medida de seguridad, utilizaron una máquina destructora de documentos para hacer desaparecer los certificados auténticos convirtiéndoles en confeti y poder salir totalmente limpios del edificio. En el momento de salir, decidieron que el agente que les había abordado a la entrada debería de constatar con claridad su salida aparentando con ella total normalidad. Para ello, pasaron de nuevo por el puesto de control en el que se encontraba y fingiendo que se iban cansados por el trabajo realizado, se despidieron de él y una vez en la calle, realizaron una llamada telefónica a José Ángel. -Jefe, misión cumplida, todos los documentos se encuentran en su sitio y sin llamar en absoluto la atención sobre ellos. -Perfecto, buen trabajo –les felicitó el jefe– regresad cuanto antes.

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26 Una de las dependencias restauradas en el Hostal Riaño que más habían satisfecho a Gustavo fue la bodega, entre otros motivos porque había decidido desde el principio que sería la puerta de entrada al núcleo principal del Plan Marchiali. Era una bodega típica de la zona. Excavada en el terreno, sus paredes eran de tierra debidamente tratada para que tuviera la solidez adecuada a sus fines. Además disponía de varios “ventanos” que le proporcionaban el aire suficiente para mantenerse en los niveles de temperatura y humedad ideales. En varias cubas a granel, y también embotellado y colocado en estanterías, almacenaba los mejores vinos de la zona así como una selección de caldos de otras zonas que harían las delicias no sólo de sus amigos sino también de los clientes del Hostal. Tenía también la decoración y ambientación que se les solía dar a este tipo de construcciones. Una gran prensa de vino cuyo eje discurría a lo largo de toda la bodega, era quizás el elemento más antiguo y desde luego el más auténtico puesto que estaba allí desde la construcción de la propia bodega. El mobiliario también era acorde con los fines de tamaña estancia. Muebles y enseres antiguos, con los que se preparaban y degustaban las más suculentas meriendas en compañía de sus amigos. Y a partir de ahora también de sus colaboradores.

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Además de las amplias estancias en las que había instalado unas grandes mesas antiguas, con sus escaños típicos, para realizar esas reuniones, la bodega disponía de varias salas pequeñas que antiguamente se habían dedicado a almacenar las herramientas y aperos con los que se realizaba la vendimia y posterior elaboración del vino. Otra de esas pequeñas salas estaba destinada a despensa y almacén. En ella se guardaban además de algunos víveres y bebidas, la vajilla, cubertería y demás elementos necesarios para organizar todo tipo de eventos culinarios con sus amigos. Sin embargo una de las estanterías de la sala escondía una herramienta mucho más importante que las demás. Ésta al igual que las otras disponía de ruedas que servían para desplazarla en los momentos en que se debían realizar labores de limpieza. Cuando se retiraba solamente quedaba el hueco excavado en la tierra en el que encajaba perfectamente. Todo absolutamente normal. Sin embargo uno de los huecos disponía de un mecanismo electrónico de apertura que sólo Gustavo y las personas de su máxima confianza conocían y podían manejar. Con sólo pulsar el botón de un pequeño mando a distancia que imitaba a los utilizados para las puertas de los garajes se abría y daba paso a un elevador que descendía varios metros –el equivalente a dos plantas para ser exactos– accediendo al final de su recorrido a un pequeño “vestíbulo”, en el que se encontraban otras tres puertas. La primera de ellas, debidamente blindada, y equipada con un sistema de acceso de máxima seguridad, daba paso a varias dependencias en las que se encontraban los servicios de seguridad del Plan Marchiali, el control de accesos y movimientos de todas las instalaciones así como los alojamientos de su personal.

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La segunda de las puertas daba acceso a una especie de distribuidor, en el que se encontraban varios ascensores, exactamente seis, que conducían cada uno de ellos directamente a una de las diferentes plantas que albergaban la estructura “residencial” del Plan Marchiali. La tercera de las puertas, era una especie de “salida de emergencia” que sería utilizada solamente en caso de auténtica necesidad. A pesar de parecer un laberinto indescifrable, el sistema de señalización era tan completo y eficaz que nadie podría perderse por aquellas galerías que tenían todo el aspecto de los edificios oficiales de máxima seguridad, equipados con todo tipo de dispositivos como aire acondicionado, cámaras de seguridad, puertas blindadas, etc. Además cada una de las plantas disponía de varios agentes de seguridad que controlaban personalmente cada movimiento además del correcto funcionamiento de todos los dispositivos. En la primera de las seis plantas y a través de un largo pasillo, se podían ver dispuestos a ambos lados del mismo una serie de dependencias de trabajo. Como despachos, salas de reuniones, pequeños almacenes de material etc. La segunda, tercera y cuarta planta albergaban las suites en las que se alojarían los invitados de Gustavo. Cada una de ellas era como un auténtico apartamento dotado de todo tipo de comodidades. La quinta planta estaba dotada también de diversos apartamentos, que serían utilizados esporádicamente por los miembros del Plan Marchiali. Y por fin la sexta planta albergaba simplemente una especie de muelle en el que existía una vía férrea al estilo de los transportes mineros que conducía directamente a las

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explotaciones mineras y a través de ellas al exterior en el valle próximo, en la bocamina. Aún no había comenzado el Plan Marchiali y ya se respiraba una actividad frenética que anticipaba el movimiento de personas que pronto se desarrollaría en todas esas dependencias. Pero era del todo lógico. Solamente en cuestiones logísticas, los preparativos eran impresionantes ya que tenían que garantizar los suministros para un número de personas que en torno a las doscientas no tardarían en duplicarse casi cuando los invitados estuviesen allí. Sobre todo era personal técnico, ingenieros y mecánicos de todo tipo que debían garantizar el buen funcionamiento de todos los sistemas, como el suministro de aire, la calefacción o aire acondicionado, la extracción de residuos a la superficie etc. así como la debida atención a todos los invitados. Afortunadamente Gustavo lo había planificado todo de tal modo que no había quedado ningún resquicio de mantenimiento sujeto al azar. Aunque su mérito era el de haber ideado y diseñado todo el complejo, el desarrollo técnico había sido obra de un buen número de grandes profesionales que él había tenido la lucidez de contratar y de cuyo asesoramiento estuvo dispuesto a aprender desde un primer momento. También había un gran número de profesionales de servicios. Es decir enfermeras, médicos, camareros, ayudas de cámara, mayordomos, señoritas de compañía etc. Todo de acuerdo con el rango y la categoría de los invitados que se esperaban. Las instalaciones eran un verdadero prodigio de la ingeniería. Todas ellas, debían reunir una serie de condiciones que garantizasen el anonimato de sus actividades. 304


Por ello las instalaciones no debían tener reflejo alguno en el exterior de las montañas de Acebedo que pudiera alterar lo más mínimo el paisaje existente y pudiera hacer sospechar a alguien. Así pues, todos los elementos partían siempre desde el propio pueblo de Acebedo o desde las minas, haciendo el resto del recorrido debidamente soterrado a una profundidad que hacía imposible su localización desde el exterior. El tratamiento de residuos se hacía en el mismo interior del complejo saliendo a la superficie solamente los elementos adecuados y listos para su reciclaje. Se había conseguido que todos esos detalles pasaran absolutamente desapercibidos para cualquier persona ajena al Plan Marchiali que pudiera pasear por los montes de su pueblo sin poder ver ni un sólo cable, ni un sólo registro de agua, ni de aire, en fin nada. Excepto, claro está, las instalaciones habituales como torres de alta tensión, y otros, puesto que tampoco era conveniente que la gente pudiera sospechar a causa de un exceso de celo en el camuflaje. A pesar de creer que el mejor sitio para ocultar una cosa era a la vista de todo el mundo, esto era muy genérico y tenía sus limitaciones, y Gustavo no deseaba dejar nada al azar. Los guardias armados que harían su servicio de vigilancia en el exterior estarían pertrechados como simples cazadores, con armas de caza que no despertarían nunca las sospechas de nadie, dada la gran cantidad de jabalíes, corzos y demás animales que abundaban en la zona. Es más, la caza era uno de los alicientes que se ofrecían en los paquetes turísticos del complejo. Así a nadie le extrañaría ver a numerosos cazadores por la zona. Incluso, de vez en cuando, 305


tenían orden de realizar algunos disparos al aire para “ambientar”. Habiendo tanto cazador no sería lógico que nadie disparase un tiro. Los hombres que componían el cuerpo de seguridad, además, hacían su vida normal en el pueblo, alternaban en sus bares como auténticos cazadores, comentando, fanfarroneando por sus capturas, e incluso haciendo un pequeño mercado semanal en el que vendían sus presas. Eso les permitía una gran libertad de movimientos por todo el monte y conocer de primera mano a todos los auténticos turistas que acudían a Acebedo. Cuando llegaba un forastero nuevo, totalmente desconocido para la organización, automáticamente se encontraba con un pequeño grupo de lugareños –tres o cuatro– que se ofrecían muy amigablemente a servirle de guía por los mejores lugares para cazar en la zona. Ni que decir tiene que uno de ellos era el dueño de uno de los bares más concurridos del lugar. Otro de ellos era el fontanero “oficial” del pueblo y así todos ellos…, personas normales y corrientes que disfrutaban enormemente cazando con las personas que deseaban conocer su tierra. ¿O no? Sebastián, era el más representativo del grupo. De unos cincuenta años, había nacido en un pueblo cercano, de las mismas características que Acebedo, a unos escasos diez kilómetros. También formaba parte del grupo de nostálgicos que además de compartir al cien por cien el ideario del proyecto, echaba de menos otros tiempos en los que su tierra era prospera y no sólo no empujaba a sus hombres a la emigración sino que atraía a muchos trabajadores de otras zonas. Realmente, Sebastián era el jefe de la seguridad exterior del Plan Marchiali. Pero era tan aficionado a la caza que siempre que sus obligaciones se lo permitían, estaba en primera línea cazando y controlando todos los movimientos de los cazadores que habían llegado a la zona. 306


Quizás este grupo de visitantes, los cazadores, era el más problemático, ya que iban provistos de armas, que, aunque fueran de caza, no dejaban de ser armas. Había otros grupos que debían de ser controlados pero más bien para prever y en su caso intentar evitar que pudieran ver algo que les hiciera sospechar: los excursionistas. La zona era como un paraíso para estos turistas, no sólo aquellos que iban para comerse la tortilla en las maravillosas praderas de los Picos de Europa, sino también los aficionados a bañarse en los magníficos ríos de la zona. Estos también eran de fácil control ya que solían estar en sitios muy concretos y controlados. Sin embargo, los que eran un poco más complicados de controlar, en cuanto a sus movimientos se refiere, eran los aficionados al senderismo. Dentro de las ofertas de ocio del lugar, se contaba con varias rutas que discurrían por todo el territorio, atravesando valles, cruzando ríos etc. y que eran controlados mediante “guías” que conocían cada palmo del territorio. Por otra parte era muy difícil que nadie pudiera acceder al interior de las instalaciones privadas de Plan Marchiali, pues todas ellas tenían su correspondiente “antesala de seguridad” con un control inexpugnable. No existía ningún acceso que permitiera la entrada directa a las instalaciones. Previa a la zona de residencia de los invitados, se encontraba la mina de carbón, que por sí sola ya era un obstáculo impresionante en el que no era extraño para nadie que existiera un equipo de guardias jurados en su entrada. Y éstos sí vestían el uniforme de una empresa de vigilancia conocida por todo el mundo. Y por otra parte, una mina de carbón no era un gran foco de atracción para el turismo. Como mucho, de vez en cuando se organizaba alguna visita de niños de los colegios de la zona que visitaban la mina, como actividad didáctica relacionada con el conocimiento del medio.

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En el pueblo, en sus hoteles, restaurantes etc. existían los medios de seguridad habituales en estos casos: cámaras de seguridad, detectores etc., en fin todo de la más absoluta normalidad. La única característica especial era que todos los sistemas eran controlados desde las salas del Plan Marchiali.

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27 Sin duda una de las medidas de seguridad del proyecto pasaba por prever la posibilidad de fracaso, y el proyecto no estaría completo si no se hubiera diseñado un buen plan de huida para tal eventualidad. Se habían tomado todas las precauciones necesarias para que cada una de las personas que componían el complicado entramado de Plan Marchiali estuvieran en la medida de lo posible, aisladas oficialmente unas de otras. Cada grupo, cada equipo, cada persona tenía sus tareas debidamente planificadas de forma que en caso de urgencia todo se desmembrase sin que hubiera conexión entre las partes. El complejo empresarial que daba cobertura a todo el proyecto estaba estructurado de modo que todas eran empresas independientes, y sus empleados no tenían ni la menor idea de lo que era el Plan Marchiali. Exactamente igual que las personas que trabajaban en las minas. Los trabajadores de las dependencias en las que residían los invitados, tanto a su servicio, como personal técnico, habían firmado contratos de trabajo al uso, que en el caso de un hipotético juicio demostrarían que ellos desconocían el verdadero alcance de su trabajo. Incluso desconocían la identidad de los ocupantes de los apartamentos que custodiaban En definitiva, solamente un grupo relativamente reducido de personas eran conocedores realmente del cien por cien del 309


proyecto: Gustavo, los miembros del “Consejo de Sabios”, los equipos de apoyo… En fin solamente aquellos que estaban más implicados en el asunto. Para los miembros del Consejo, incluido el propio Gustavo, se había establecido un procedimiento que les permitiría desaparecer en poco tiempo. A través de la tercera puerta situada en la primera sala que se encontraban al sobrepasar la entrada de la bodega, partía un amplio corredor que estaba dotado de un sistema similar al utilizado para la extracción del carbón mediante pequeños vagones que deslizándose sobre las vías les desplazaría hasta una salida en un valle situado a varios kilómetros y que no tenía absolutamente ningún vinculo, ni con el complejo turístico de Acebedo ni con las instalaciones mineras. Una vez allí, y debidamente camuflados se encontraban diversos vehículos de características absolutamente normales que les trasladarían rápida y discretamente a diferentes puntos lejos del Plan Marchiali. Se habían situado varios grupos de apoyo en varios países sudamericanos y de la Europa del Este, dotados no sólo de personal experto en camuflaje ,sino también de personal médicoestético capacitado para cambiar el aspecto de cualquier persona. Estas células permanecían “dormidas” aunque en contacto permanente con el “Consejo de Sabios” para que en el mismo instante en que fueran necesarias pudieran actuar con gran celeridad. También el aspecto económico estaba resuelto al haber creado varias cuentas bancarias cifradas en paraísos fiscales, de modo que cualquier operación de fuga pudiera ser financiada sin problema.

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Además el “departamento de documentación” ya había “fabricado” nuevas y elaboradas personalidades para cada uno de los notables del proyecto y sus colaboradores. En definitiva, en tan sólo un par de días, cualquier implicado en el proyecto podría desaparecer para siempre sin dejar rastro alguno. Sus familiares y amigos desconocían su participación en el proyecto. De este modo no sólo se salvaguardaba la efectividad de los planes de fuga sino también la propia seguridad de todos sus allegados.

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28 Gustavo había tenido muy presente siempre que no se debía utilizar la violencia absolutamente para nada, a no ser que fuera estrictamente necesario. Era consciente de que la primera fase del desarrollo de su plan sería un poco escabrosa, pero no había otro modo de hacerlo, y además de todas las opciones barajadas, ésta era la más considerada para con sus invitados. Pero era algo que le preocupaba sobremanera. Tenía que estar todo planeado de tal forma que todas las acciones fueran precisas y exactas como un reloj suizo. Por encontrarse en la era de las comunicaciones, las acciones deberían desarrollarse con la mayor rapidez posible, ya que en caso de algún error, las noticias correrían por el planeta como si de un reguero de pólvora se tratase. Es más, los equipos encargados de las diferentes operaciones tenían la orden terminante de abortar la operación en caso de cualquier duda o titubeo. Ante la más leve posibilidad de que el intercambio pudiera fracasar era preferible interrumpir el proceso y esperar otro momento más idóneo. Por ello, los informes que había obtenido de todos sus invitados eran tan exhaustivos que en muchos de los casos, contenían datos que incluso sus protagonistas desconocían. Al estar situado cada uno de los invitados en un punto diferente del planeta, el mecanismo para que una vez secuestrados 313


fueran debidamente trasladados al Plan Marchiali era un poco complicado. Por eso cada una de las suplantaciones debía considerarse como una operación independiente de las otras, siendo el destino de sus invitados el único punto en común entre todas ellas. El procedimiento que habían decidido utilizar era a priori bastante sencillo. Una vez efectuada la suplantación, el mandatario auténtico sería llevado a una dependencia que hasta el último momento solamente conocería el responsable del equipo de camuflaje. Allí, sería sometido a un proceso de transformación del que saldría con una nueva personalidad, conocida solamente por la dirección del Plan Marchiali y el equipo que había hecho la transformación. Saldría incluso con todo tipo de documentos falsos que avalarían sin problema cualquier movimiento por los aeropuertos, estaciones ferroviarias etc. Una vez realizada la transformación, solamente era cuestión de prepararles para el traslado de la manera más tranquila posible. A pesar de que todos ellos tenían muchos motivos para colaborar, pues no en vano habían dejado a sus esposas y en algunos casos a sus hijos en manos de su doble, y para evitar que pudiera “rebelarse” y crear algún problema que además diera al traste con todo el proyecto, encontraron la que en principio les pareció la solución perfecta. Dirigieron el proceso de transformación, en la mayoría de los casos, hacia la personalidad de un anciano, con un proceso de alzehimer muy avanzado y respaldado por los correspondientes informes médicos.

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Con su aspecto y acompañados de la droga adecuada, a nadie le extrañaría que fueran trasladados en una silla de ruedas, y sin capacidad para razonar y comportarse con normalidad. Una vez realizado el traslado al Plan Marchiali, todos los invitados recuperarían su propio aspecto, ya que en ningún momento se planeaban humillaciones gratuitas para nadie. Así, en los aeropuertos más importantes del mundo estaban a punto de embarcar los hombres más poderosos, los que tenían en sus manos la posibilidad de hacer que las cosas funcionaran bien de una vez por todas. La llegada a España se realizaría de la forma más aleatoria posible, cada uno iría a un aeropuerto diferente y utilizando una ruta distinta. Una vez aterrizado el avión, harían el resto del camino hasta llegar a Plan Marchiali utilizando todo tipo de medios de transporte, y en momentos diferentes. Tan sólo habría un denominador común, y es que dadas las características de su “elevada edad” y su preocupante “estado de salud”, casi todos ellos viajarían acompañados de algunos miembros de “su familia”, que en todos los casos era diferente, unos iban con sus hijos, otros con sus sobrinos etc. de forma que nadie podría sospechar absolutamente nada. Por sus especiales características personales había algunos mandatarios que debían ser trasladados utilizando otros sistemas diferentes, pero igualmente efectivos.

El Sr. Obama fue trasladado a una casa independiente del piso que habían utilizado hasta entonces José Ángel y sus compañeros.

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Se trataba de una pequeña casa en un barrio residencial de la ciudad. En su interior estaban esperando los componentes del equipo de camuflaje que se encargarían de “hacer desaparecer” a su invitado. Éste había permanecido en silencio desde que habían salido de su casa, en parte gracias al tranquilizante que le habían administrado y en parte también al observar que el trato de sus acompañantes era en todo momento respetuoso. Aunque iba pensando en que todavía no entendía lo que pretendían, sí tenía claro que no le parecía un secuestro al uso. Si fueran simplemente delincuentes que pretendieran pedir un rescate seguramente sus modales serían de otra clase y tampoco se preocuparían de dejar una persona que le sustituyera. Tampoco le parecía la forma de actuar de la oposición política. Y eso era lo que más le inquietaba. ¿Qué pretendían esos hombres?... la incertidumbre era muy fuerte pero esperaba que no tardaran mucho tiempo en aclarárselo. Llegaron a la casa dando un espectacular rodeo por toda la ciudad para que junto con el antifaz que le habían colocado le fuera imposible identificar el trayecto y el lugar al que se dirigían. Una vez en el interior de la casa, el invitado fue acomodado en una de las habitaciones que si bien era confortable, por supuesto tenía rejas en las ventanas, una cerradura y un vigilante en la puerta. Le indicaron que podría descansar durante un par de horas. Durante ese tiempo intentó poner orden en su cabeza a todo lo que había sucedido en las últimas horas. 316


Cuando vio que en la habitación había un pequeño televisor se decidió a encenderlo. Estuvo sintonizando varias cadenas una detrás de otra, tanto nacionales como extranjeras, y observó con cierto estupor que no había absolutamente ninguna novedad, ningún servicio de noticias, ningún telediario, nadie decía nada. ¡Nada! ¡No había pasado nada! ¡Seguía sin entender nada! Una vez transcurridas las dos horas de descanso que le habían concedido fue conducido a una habitación en la que sería sometido a una profunda transformación que, tras varias horas, le convirtió en una persona treinta años mayor. Pelo canoso, cejas pobladas, frente arrugada y sobre todo una serie de elementos en brazos y piernas que tenían como misión dificultar sus movimientos adaptándolos a los que tendría una persona con la edad que aparentaba. Elementos que además estaban hechos de silicona y fibra con el fin de que pasaran desapercibidos en los controles de los aeropuertos. Una vez hecho el cambio, le indicaron que debía moverse por la casa con el fin de que se familiarizase con las prótesis y así conseguir que sus movimientos parecieran naturales, no forzados. Posteriormente, le comunicaron que se dirigirían al aeropuerto a tomar un avión sin precisarle su destino y le indicaron que le administrarían un tranquilizante para asegurarse de que no haría ninguna tontería. -No olvide en ningún momento que su esposa y sus hijas están en compañía de varios de los nuestros -le advirtió– además usted está en la Casa Blanca sin ninguna novedad. ¿No es cierto? – terminó José Ángel-. 317


Le indicaron también que iría acompañado por una pareja del equipo que oficialmente serían su hija y su yerno, para lo cual, los tres portaban toda la documentación “en regla”. El objeto oficial del viaje era simplemente pasar unas vacaciones en España, siendo una recomendación expresada con toda claridad en los certificados médicos que llevaban y en los que se reflejaba la gravedad del alzehimer que padecía así como de las lesiones de huesos que esperaban ver muy mejoradas gracias al sol y la temperatura reinante en España. Ante tan apabullantes argumentos, el invitado optó por tomar la postura que consideró más inteligente: seguir al pie de la letra las indicaciones de sus secuestradores. Una vez que todo estaba listo solamente les quedaba esperar las tres horas que faltaban para tomar el avión. Optaron por comer y descansar un poco ya que les esperaban casi doce horas de viaje. Cuando llegó el momento la familia Spencer –así se hacían llamar– se dirigió al aeropuerto. Sin ningún tipo de problema se dirigieron al mostrador de embarque donde Adam Spencer, el hijo tramitó los billetes y la facturación de sus equipajes. También gestionó la dotación por parte de la compañía de una silla de ruedas para facilitar el acceso de su suegro al avión, dada la dificultad que tenía para caminar. En unos instantes, una azafata hizo aparición con la silla y les acompañó al interior del avión donde Louis Spencer fue acomodado sin problema. Flanqueado a ambos lados por su nuera Caroline y su hijo Adam se disponía a despegar con destino al Plan Marchiali. Durante buena parte del trayecto Louis Spencer estuvo durmiendo gracias a los tranquilizantes que le habían 318


administrado, estando despierto tan sólo durante la comida que con todo el cariño le daba su nuera y durante la proyección de una película ofrecida por el comandante. El Sr. Obama estaba tranquilo no sólo por las pastillas administradas sino también porque pensaba que el hecho de trasladarle en un vuelo comercial era la garantía de que no harían nada en un avión repleto de personas totalmente ajenas a ellos. Una vez más, no terminaba de entender lo que ocurría, pero había algo que le tranquilizaba. -¡Pero por Dios que no sabía por qué! El vuelo transcurrió sin ninguna novedad. Después de casi doce horas, el avión tomó tierra en el aeropuerto de Barajas. Con toda la tranquilidad y normalidad del mundo, sin esperar para poder retirar sus equipajes que iban facturados hasta el final del viaje, se encaminaron acompañados por un asistente de vuelo que empujaba la silla de ruedas del “anciano”, hasta la terminal dos del aeropuerto en la que debían tomar otro avión que les llevaría hasta Valencia, destino final de su viaje. Oficialmente. Tan sólo tuvieron que esperar unos treinta minutos, pues la coordinación entre ambos vuelos funcionó correctamente, cosa que no era demasiado habitual. Pero en este caso sí. También embarcaron sin problema y poco después de una hora llegaron al aeropuerto de Valencia, donde optaron por pasar la noche dado lo avanzado de la hora. En el hotel, cenaron y descansaron para a primera hora de la mañana tomar un coche alquilado que les llevaría al Plan Marchiali.

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Dicho vehículo fue alquilado por la familia Davis con lo cual, en Valencia se perdía totalmente el rastro de la familia Spencer ya que José Ángel tuvo la precaución de destruir toda la documentación de la familia Spencer. El protocolo establecido indicaba que cada paso realizado estaría dotado de una personalidad diferente para cada miembro, con el fin de que los movimientos de los invitados no dejasen absolutamente ningún rastro. Una vez en el coche, ya no había ningún problema para atravesar la península casi en diagonal y dirigirse a la sede del Plan Marchiali. Aunque era un viaje largo, todo funcionó perfectamente, no había ningún impedimento para que su invitado disfrutase del mismo, del paisaje, de la gastronomía local etc. No temían que su invitado quisiera intentar escaparse y ponerse a salvo, pues era muy consciente de que si iba a algún sitio diciendo que él era el presidente de los Estados Unidos, cuando menos provocaría una sonora carcajada Además se encontraba en un país extraño en el que nunca había estado. No, decidió que lo más inteligente era ser “bueno” y no crear problemas.

La verdad era que lo que estaba viendo le gustaba, estaba atravesando un país que no conocía, pero del que tenía unas ciertas referencias que se le iban derrumbando a medida que pasaba el tiempo. Siempre había tenido la sensación de que España era un país que iba como un par de décadas por detrás de sus aliados Europeos, y sin embargo se estaba encontrando con un país moderno, acogedor y en el que vivía una gente amable y hospitalaria. 320


Recordaba la anécdota que le había relatado su antecesor Bill Clinton cuando le aseguró que en la ciudad de Granada había visto la puesta de sol más bella del mundo. Además los paisajes que veía desde el automóvil sabían conjugar la modernidad de las grandes autopistas con los grandes campos esmeradamente trabajados y unos montes realmente preciosos cubiertos por bosques de pinos y otros árboles que les daban un toque espléndido. Cuando llegaron a Madrid, se detuvieron en un área de servicio de la autopista con el fin de comer algo. Era un lugar que, aunque muy concurrido era a la vez discreto ya que en esos lugares cada uno iba a lo suyo. Todos eran viajeros que se desplazaban por diferentes motivos y no reparaban en las personas que les rodeaban, y eso interesaba mucho a la familia Davis. Después de comer, y en su empeño por actuar con toda la normalidad del mundo, estuvieron un rato degustando un café y descansando pues el viaje había sido largo y aún les quedaban varias horas para llegar a su destino. En el transcurso del viaje desde Madrid a Acebedo, el invitado iba reflexionando sobre muchas cosas. En su mente se agolpaban las escenas vividas durante los últimos años intentando encontrar algo, alguna pista que le pudiera dar una ligera idea de lo que allí estaba ocurriendo. Aún no era consciente de que aquello no tenía nada que ver con su trayectoria política, ni siquiera con su propia persona, sino más bien con la deriva que estaba tomando la sociedad actual. Simplemente a él le pilló en el momento más inoportuno, en el sitio más inadecuado. Después de varias horas de viaje, al atardecer, se iban aproximando a su destino. El paisaje había cambiado y estaban entrando en la zona montañosa del norte del país, donde se podían 321


ver los ríos trucheros, las pequeñas fincas cultivadas, los bosques de pinos, las cumbres nevadas de los Picos de Europa… un paisaje sin igual que estaba haciendo las delicias del invitado. Sabía que estaba en España pero nada más, no tenía ni la menor idea de a dónde se dirigían. Ya era noche cerrada cuando llegaron a las puertas de Plan Marchiali. Entraron en las dependencias del Hostal Riaño como si de cualquier huésped se tratase y fueron recibidos en el vestíbulo por el mismo Gustavo. -Bienvenidos a nuestra tierra, espero que su estancia sea todo lo fructífera que desean –saludó Gustavo, haciendo gala de sus dotes de anfitrión y aparentando la más absoluta normalidad pues en el vestíbulo había otros huéspedes del hostal que no tenían nada que ver con su plan-. -Si necesitan algo -continuó– no tienen más que pedirlo, el botones les acompañará a sus habitaciones. Mientras veía al Sr. Obama y su equipo dirigirse a sus habitaciones, Gustavo sintió cómo el corazón le daba un vuelco. La presencia del hombre más importante del mundo en el Hostal Riaño, su hostal, le había colocado de nuevo en la realidad. Todo el trabajo realizado por él y sus colaboradores comenzaba a materializarse, a hacerse realidad. Su proyecto, el Plan Marchiali estaba funcionando. La familia Davis fue conducida por un empleado hasta los ascensores en los que bajaron hasta la planta en la que se encontraban los accesos al Plan Marchiali. Una vez dentro y después de realizar el recorrido que les llevaría a su habitación, el invitado se encontraba tan desorientado, que, si en ese momento tuviera que indicar el norte, sería del todo incapaz de hacerlo.

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Enseguida fue instalado en una confortable suite, que, si bien no tenía ni acceso ni vistas al exterior, estaba perfectamente climatizada para que fuera tan acogedora como cualquier habitación real del Hostal Riaño. En unos instantes le sirvieron una cena suave en la que habían disuelto un tranquilizante con el fin de que pudiera descansar, para afrontar la jornada del día siguiente, que se prometía intensa. Los dos miembros del equipo que habían acompañado al primer invitado del Plan Marchiali, antes de retirarse a descansar, tuvieron una pequeña reunión con Gustavo en la que le informaron de los detalles del traslado que para su gran satisfacción había transcurrido perfectamente, sin ningún problema digno de mención. De acuerdo -dijo Gustavo mientras despedía a sus colaboradores con un apretón de manos– podéis retiraros a descansar, os lo habéis ganado a pulso. ¡Buen trabajo! Muchas gracias Gustavo –le contestaron– la verdad es que estamos más cansados por la tensión y el deseo de que todo saliera según lo previsto, que por el propio viaje. Y se retiraron a sus habitaciones. Gustavo esperaba que todos los demás traslados fueran igualmente sencillos y sin complicaciones.

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29 Uno de los países que desde hacia muchas décadas tenía una gran importancia en Europa era sin duda alguna Francia, motivo por el que su Presidente era uno de los objetivos principales del Plan Marchiali. Y no sólo por su influencia en Europa sino también por la gran impronta que los franceses habían marcado históricamente en el continente africano. Jorge Trascasas era la persona llamada a dirigir el grupo de acción que se encargaría del Sr. Sarkozy. Había sido seleccionado, entre sus muchas habilidades, porque aunque era español de nacimiento se había educado en Francia, adonde sus padres habían emigrado después de la guerra civil española, y su conocimiento de la cultura gala así como de su idioma, era absoluto. Incluso podría pasar por francés en la mayoría de las ocasiones. Llevaba varias semanas recorriendo las calles de París y sus alrededores con el fin de localizar a su objetivo. En un par de ocasiones, creyendo que ya tenía en su poder al candidato ideal, puso en marcha todo el dispositivo de captación con el convencimiento de que sería el definitivo. Sin embargo no había tardado mucho en darse cuenta de su error al comprobar que las pretensiones de las personas seleccionadas no satisfacían en absoluto los parámetros que el Plan Marchiali consideraba imprescindibles.

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Lo cierto es que tampoco le preocupaba en exceso pues nadie le había dicho que sería fácil sino todo lo contrario. Jorge solía bromear con la anécdota atribuida a Tomás Alba Edison, cuando, aludiendo a la cantidad de intentos fallidos para inventar la lámpara incandescente, contestó que eso no eran errores, sino el hallazgo de numerosos caminos por los que no debía ir para conseguir su invento. Así pues para el Plan Marchiali lo importante era conseguir al candidato ideal, independientemente del tiempo o de los intentos necesarios para conseguirlo. En cierta ocasión, Jorge se encontraba con su compañera paseando por los Campos Elíseos. Era una tarde fantástica con una agradable temperatura que invitaba a disfrutar del paisaje urbano. Las luces del atardecer daban un colorido especial a la gran avenida que tantas veces había inspirado a pintores y poetas. Odile no era solamente su compañera sentimental, también formaba parte del equipo y cuando estaban juntos, la mayor parte de las veces no podían evitar que la conversación discurriese por el asunto que les había llevado a Paris. Sin embargo, ese día estaban especialmente receptivos y habían estado hablando sobre sus relaciones, sobre lo que podrían hacer cuando su misión hubiera sido completada, en fin haciendo proyectos como cualquier pareja de enamorados. La avenida estaba muy concurrida, como era habitual. Dado lo avanzado de la tarde había muchas parejas de mediana edad paseando después de su jornada laboral. Las terrazas estaban llenas de personas degustando alguna bebida mientras disfrutaban del ambiente distendido y relajante que se respiraba, ya que incluso el tráfico había disminuido. Decidieron sentarse ellos también para tomar un café y descansar un poco del paseo cuando se les acercó una figura que ya formaba parte del paisaje urbano de Paris, un caricaturista. 326


Éste, dirigiéndose a Jorge con la clásica galantería gala intentó convencerle de que un retrato sería un bonito regalo para su bella acompañante. -Oh Monsieur, un caballero no puede permitir que un rostro tan hermoso se marchite sin quedar inmortalizado en un bello retrato. Jorge y Odile se miraron y antes de que ella pudiera decir nada Jorge contestó -Pues tiene Vd. razón, así que, si es capaz de capturar el ángel que ella lleva dentro, nos hará un gran favor a todos –siguió con un cierto sentido del humor-. El caricaturista instaló su caballete y se acomodó dispuesto a hacer un retrato que ambos esperaban fuera tan bueno como prometía. Lo cierto es que el artista, como era bastante habitual, no se limitaba a trazar el dibujo encargado sino que era un auténtico pregonero de la actualidad de la ciudad, comentado los últimos acontecimientos de la sociedad parisina. A medida que el dibujo y la conversación avanzaba, Jorge y Odile iban prestando más atención a Jean Claude pues su forma de expresarse y el contenido de sus comentarios les daba la sensación de que no era solamente un hombre que pintaba caras en la calle para ganarse la vida. En un momento dado, en el que el artista había mencionado las dificultades financieras que atravesaba gran parte de la población francesa, Jorge le espetó: -Jean Claude –nombre con el que se había presentado- Vd. no se ha dedicado siempre a esto ¿verdad? -¿Qué quiere decir? –respondió el artista-.

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-Pues eso, -continuó Jorge- que me da la impresión de que usted es algo más que un simple dibujante callejero ¿me equivoco? -Hombre…, la verdad es que yo tenía una pequeña empresa editorial que se fue al traste a causa de la crisis económica y aunque logré salvar algunos ahorros para sobrevivir, tuve que cerrarla y despedir a mis empleados –relataba Jean Claude-. -Eso debió de ser muy duro ¿no? –preguntaba Odile -. -Pues sí, desde luego que sí, no ha sido muy fácil tener que despedir a algunos empleados que llevaban tanto tiempo trabajando para mí que ya eran amigos más que empleados - se lamentaba el artista-. Pero yo no pierdo la esperanza de poder reanudar la actividad en un futuro no demasiado lejano, y espero poder recuperar a alguno de mis mejores trabajadores. La conversación continuó, y tanto Jorge como Odile observaban al caricaturista de un modo que incluso llegó a incomodarle en un cierto momento. -Pero… ¿Por qué me miran así? Se supone que soy yo quien debe de observar con detenimiento para realizar un buen trabajo ¿no es así? -Sí, desde luego. Perdone, simplemente creemos que se parece increíblemente a un buen amigo nuestro. La verdad es que con igual indumentaria y aspecto personal serían exactamente iguales –se justificaba Jorge mientras seguía preguntando– ¿y usted suele trabajar en esta zona o se desplaza por toda la ciudad? -No, la verdad es que solamente pinto por los Campos Elíseos y las riberas del Sena –contestó él–, en realidad no pinto por necesidad, como ya les había comentado, conseguí rescatar algunos ahorros para seguir viviendo. Esto es más bien una afición a la que me he podido dedicar más tiempo y que me parece una gran terapia para superar los acontecimientos. 328


-Y si además gano unos cuantos euros, pues mejor que mejor ¿no les parece? -Pues la verdad es que nos parece perfecto –asintió Odile–, siempre será mejor que quedarse lamentándose por lo sucedido, si la mayoría de las personas pensaran y actuaran de ese modo la crisis se superaría en un santiamén. Jean Claude se levantó de su taburete con la lámina de papel en la mano y dirigiéndose a Jorge le invitó a verla y compararla con su acompañante. -¿Qué le parece? –preguntó-. -¡Perfecta! –respondió Jorge– ¡es fantástico! Le confieso que nunca pensé que en tan poco tiempo se pudiera realizar un trabajo tan detallado ¡me encanta! - ¡A ver! –exclamó Odile impaciente– ¡creo que yo también tengo derecho a verla ¿no?! -Por supuesto –contestó Jorge mientras se la mostraba– ¿a que es perfecta? -Pues sí, me gusta –exclamó satisfecha Odile– me gusta. Después de abonar a Jean Claude el importe de su trabajo, éste continuó su camino a lo largo de la avenida, deteniéndose para ofrecer sus servicios a otros paseantes mientas Jorge y Odile se habían quedado comentando los hechos y el gran parecido que habían observado entre el artista y el mandatario francés. Durante varios días siguieron haciendo su vida normal, es decir, paseando por los diferentes barrios de la ciudad observando a las personas que se cruzaban con ellos como si de auténticos cazatalentos se tratase. Sin embargo había algo que les venía a la mente de forma recurrente. Cualquier detalle, cualquier comentario les devolvía a la escena en la que habían conocido a Jean Claude. 329


Habían transcurrido casi diez días y ninguna de las cientos de personas que habían visto tenía el parecido que necesitaban, por lo que surgió lo que parecía inevitable. -Odile –comenzó Jorge– yo creo que no debemos dilatarlo más. Deberíamos de contactar de nuevo con Jean Claude e intentar captarle ¿tú qué opinas? -Pues que estoy de acuerdo –respondió ella–, desde luego es el mejor candidato que hemos visto hasta ahora. -Pues entonces decidido, mañana nos dirigiremos a los Campos Elíseos y contactaremos con él, solamente espero que realmente sea válido y no nos suceda como con los anteriores. -Eso espero yo también –continuó Odile– y no sé por qué, pero creo que esta vez acertaremos. Cuando veo el retrato que me hizo me da la sensación de ser una persona especial, sensible y que sabe lo que quiere. Los dos días siguientes recorrieron la gran avenida parisina sin que su búsqueda diese resultado. Habían visto varias personas que, como él, se dedicaban a retratar a los viandantes, y también varios artistas que plasmaban el paisaje urbano en estupendos oleos y acuarelas, pero ni rastro de Jean Claude. -Oye –comentó Odile–, él dijo que también solía ir a las riberas del Sena. Quizás lo mejor sería que mañana nos pasáramos por allí. De no estar por aquí seguro que le encontramos allí. ¿No te parece? -De acuerdo. Mañana iremos. Y espero que no le haya sucedido nada y solamente haya cambiado de escenario. Como habían decidido, al día siguiente se dirigieron a las orillas del rio, y pasearon durante horas por ambas márgenes del Sena contemplando la maravillosa obra que realizaban los típicos pintores de acuarelas reflejando los paisajes urbanos de Paris. ¡Pero ni rastro de Jean Claude! 330


Empezaron a preocuparse y a preguntar a los demás pintores si le conocían y si le habían visto en los últimos días. En un principio no tuvieron suerte. -La verdad es que somos muchos los que pintamos –les contestaba uno de ellos– y la mayoría de nosotros nos movemos mucho por diferentes zonas de la ciudad. Siento no poder ayudarles. Cuando ya habían preguntado a varias personas y comenzaban a desanimarse vieron a una persona que, entre un grupo de paseantes, pintaba una caricatura. Se dirigieron rápidamente hacia él con la esperanza de que se tratase de Jean Claude, y al comprobar que era otra persona le preguntaron sin demasiada esperanza. El artista les miró incrédulo. -¿Le conocen? ¿Quiénes son ustedes? ¿Son amigos suyos? -¡Por supuesto que sí¡ –respondió enojado Jorge– llevamos varios días buscándole y no le encontramos por ninguno de los sitios que al parecer solía frecuentar. -Bueno ¿usted le conoce sí o no? –interrogó impaciente Odile – no estamos para tonterías ¿a qué vienen tantas preguntas? -Perdonen ustedes, pero necesitaba estar seguro. Jean Claude está en su casa. Hace unos días sufrió un atraco cuando se dirigía a su casa después de trabajar en los Campos Elíseos. -Pero… ¿está bien? –preguntó Jorge-. -Sí, afortunadamente sólo le golpearon varias veces y le robaron todo el material y la recaudación del día. Pero no se 331


encontraba con ánimos para trabajar y yo mismo y otros compañeros le aconsejamos que descansara unos días. -¿Y usted podría darnos su dirección para ir a visitarle? -Hombre, me acaban de asegurar que son sus amigos y ¿no saben dónde vive? –preguntó receloso el artista -. -Verá es una larga historia, pero le aseguro que no deseamos perjudicarle en absoluto. Solamente queremos hablar con él. Si eso le da mayor confianza dígale que por favor se ponga en contacto con nosotros –contestó Odile al tiempo que extendía su mano para darle una tarjeta de visita con su número de teléfono-. El pintor cogió el trozo de papel y al ver que la pareja se alejaba decidió que si realmente quisieran hacerle daño a su compañero, hubieran utilizado otros métodos. Por eso alzó la voz y dijo: -Esperen, podemos hacer otra cosa más rápida. Y cogiendo su teléfono móvil, marcó el número de Jean Claude y, cuando hubo contestado, le pasó el aparato a Odile que lo cogió al tiempo que hacía un gesto de agradecimiento. -Hola Jean Claude ¿Cómo se encuentra? –preguntó Odile manifestándose interesada– su compañero nos ha contado lo sucedido. Si podemos serle útiles en algo… -Les agradezco de corazón su interés –contestó el pintor– pero no se preocupen, solamente ha sido un susto, y ciertamente necesitaba unos días de descanso –continuaba intentando quitar importancia a los hechos- pero dígame ¿Por qué me buscaban? ¿Puedo yo serles útil de alguna forma?

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-Pues la verdad es que sí. Nos gustaría verle y charlar un rato con vd. -¿Sobre algún tema en concreto? –preguntaba el artista-. -No, en realidad no, solamente quería encargarle una serie de retratos, la verdad es que el que me hizo a mí ha tenido un gran éxito entre nuestras amistades. –contestó Odile sin querer revelar su auténtica intención-. -Pues no se hable más, solamente les ruego me dejen un par de días de descanso para ordenar un poco mis asuntos y nos podremos ver. Yo les llamaré. ¿de acuerdo? –preguntó-. -De acuerdo –le contestó Odile y cortando la llamada, le devolvió el teléfono al compañero dándole las gracias por ponerles en contacto con Jean Claude-. Decidieron que esperarían tranquilamente los dos días que les había pedido el artista, sin embargo no dejaron de hacer sus habituales rondas en busca de algún buen candidato por si acaso las gestiones con él no tenían el resultado esperado. Cuando hubo pasado el plazo, a primera hora de la mañana Jorge recibió una llamada telefónica. -Bonjour. ¿Qué tal se encuentran ustedes? Como ven suelo cumplir mis promesas y aquí estoy. Podemos quedar para vernos en el café “Des Invalides” en la plaza del mismo nombre. Es un lugar agradable y tranquilo para charlar ¿les parece bien? -Perfecto –contestó Jorge– en una hora estaremos allí. -Bien, allí estaré. A la hora convenida los tres estaban sentados en torno a una mesa y degustando un buen café.

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-Bueno Sres. ustedes dirán –comenzó hablando el caricaturista, sin rodeos-. -Bien, en primer lugar nos gustaría saber cómo se encuentra. El asunto del atraco ha debido de ser muy desagradable ¿no? –se preocupó Odile para no parecer demasiado interesados en otra cosa que no fuera su salud-. -Pues la verdad es que sí. Nunca me había sucedido nada igual y pensar que muchos han perdido la vida en lances similares me inquieta un poco, pero bueno, ya pasó todo y la vida sigue – respondió el enérgicamente para no dar demasiada importancia al asunto-. Sin embargo Jorge no quería desaprovechar la ocasión para averiguar si su interlocutor podría ser un buen candidato para llevar a cabo su misión. -Ya –continuó- la verdad es que la situación es tan delicada que no es extraño que haya muchas personas que sean capaces de todo con el fin de sacar a sus familias adelante. Está claro que cuando la crisis aprieta, la delincuencia se dispara. -Desde luego que sí –afirmó Jean Claude entrando definitivamente en la conversación- lo que sucede es que yo creo que se puede hasta robar sin tener que agredir al prójimo. La viólencia es lo último que se debería de utilizar. -Si las administraciones como justicia, interior etc. hicieran bien su trabajo, seguramente no pasarían estas cosas –afirmó Odile– en realidad parece que hubiera algún interés especial en que sucediera esto. Yo no termino de entenderlo. -Pues la verdad es que no te merece la pena intentarlo, la política y los políticos viven a su aire sin importarles lo más mínimo las consecuencias de sus actos y así está la situación en todos los sitios. Y casi mejor dejamos este tema porque me pone de los nervios –sentenció Jean Claude -.

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La pareja observó claramente que el tema irritaba de verdad al artista y decidieron no presionarle más. Ya habían decidido que parecía dispuesto a asumir el papel que le tenían reservado. -Tiene razón Jean Claude, la verdad es que nosotros queríamos verle por otra razón. El otro día mostré su retrato a unos amigos y quedaron encantados con su trabajo. Les pareció magnifico. Tanto que me han hecho algunos encargos. Y Odile le mostró varias fotografías de algunos amigos al tiempo que le preguntaba: -¿Tomando estas fotografías como referencia podría usted hacer unos retratos del tamaño del mío? -Hombre, lo ideal sería tener a las personas delante de mi posando, pero si no puede ser, intentaré hacerlo lo mejor posible partiendo de las fotos –contestó él-. Deme tres o cuatro días y vera qué contentos se ponen sus amigos. -Perfecto entonces nos veremos, –asintió Odile al tiempo que le susurraba unas palabras al oído antes de despedirse – espero su llamada. Salieron del café y se perdieron caminando entre la gente que paseaba por la plaza. Jorge, curioso, le preguntó: ¿Qué le decías al oído antes de marchar? -Nada importante –respondió ella– solamente le dije que también quería que te hiciera un retrato a ti, pero sin que te dieras cuenta de que te observaba. Será un regalo sorpresa. Solamente pretendía que hubiera más complicidad entre nosotros.

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-Me parece muy bien. Eres realmente hábil y manipuladora –contestó Jorge sonriendo al tiempo que le daba un beso cariñoso en la mejilla-. Eso hará que le veamos alguna vez más antes de dar el siguiente paso. ¿no es así? -Efectivamente, ese es mi plan, yo creo que puede ser un buen candidato, está lo suficientemente disgustado con la sociedad y tiene la formación y preparación adecuada. ¿no crees? –preguntó ella-. -Creo que sí. Y cada vez que le miro me resulta más parecido aún a nuestro futuro invitado. Así, con el pretexto de cumplir con los encargos de la pareja, el caricaturista tuvo varias citas con ellos. Solían verse en algún punto de la avenida de los Campos Elíseos donde él se encontrase trabajando. Cuando finalizaba su faena se acercaban a algún bar cercano para tomar un café y charlar. En estas reuniones fueron profundizando discretamente en la forma de pensar y en las frustraciones del artista. No tardaron en comprobar que en efecto podría darles el juego que ellos esperaban, por lo que tras varios días y numerosos cafés decidieron afrontar el reto de captarle para el Plan Marchiali. Pero tampoco deseaban que pareciera todo excesivamente programado. Decidieron dejar transcurrir varios días que además emplearon para planear la forma más efectiva para abordarle. Cuando creían tener claras las cosas y estaban convencidos de que Jean Claude aceptaría su proposición fue cuando Odile realizó la llamada telefónica. -Hola Jean Claude –dijo cuando se inició la comunicaciónsoy Odile ¿Qué tal te va? -Hola. Bien, sin ninguna novedad que mencionar. ¿y vosotros qué tal estáis? ¿puedo ayudaros en algo? –preguntó curioso-. 336


-Pues sí, queríamos verte y hablar contigo –contestó ella-. -Hombre, este comienzo me recuerda algo. ¿Tienes más fotografías de amigos que quieras que yo retrate? –preguntó con un toque de humor-. -No –contestó Odile– se trata de otra cosa. Nos gustaría hablar un rato. ¿Por dónde estarás pintando esta tarde? Podemos acercarnos y tomar una copa. ¿te parece? -Bien, me parece bien -contestó el artista– estoy trabajando por la zona del Sena, en las proximidades del “Pont des Arts” a última hora de la tarde estaré esperando por vosotros. Daban las ocho de la tarde cuando Jorge y Odile se acercaron al famoso puente y estuvieron un rato observando a los numerosos artistas que solían reunirse allí. Cuando ya se habían empapado un buen rato de la bohemia que allí se respiraba decidieron ir al encuentro de su nuevo amigo. Éste cuando les vio acercarse se dispuso a recoger sus utensilios de pintura pero Odile le retuvo -Espera Jean Claude, déjame ver…, es una puesta de sol esplendida –comentó con admiración el trabajo que al parecer estaba terminando el artista-. -Es preciosa – repitió-. -Desde luego, si vas a hablar así de mi obra, no voy a tener más remedio que regalártela –le ofreció Jean Claude amablemente-. -¿De verdad me la regalarías? Te aseguro que me parece un atardecer realmente bonito- continuó ella con sus halagos–. -Pues no se hable más, tuyo es –sentenció él-. -Bueno, bueno - interrumpió Jorge fingiéndose celoso con un ligero toque de humor– hemos venido a hablar contigo, no a que ligues con mi pareja. 337


Y sin más comenzaron un corto paseo hasta un típico café que se encontraba a un par de manzanas. Se sentaron alrededor de una pequeña mesa, en un rincón agradable y discreto donde Jorge comenzó a hablar sin más rodeos. -Jean Claude, queríamos hablar contigo porque tenemos algo que proponerte. -A lo largo de las últimas semanas hemos tenido oportunidad de entablar una cierta amistad contigo –continuó– hemos hablado de muchos temas y hemos llegado a la conclusión de que eres una persona muy interesante. -¿De verdad? –preguntaba incrédulo el caricaturista sin alcanzar a entender lo que pretendía decirle su nuevo amigo -. -Sí, -volvió a afirmar Jorge– hemos comprobado que eres una persona comprometida con tu tiempo y sin embargo no estás conforme con la forma en que se desarrollan las cosas ¿ no es cierto? -Pues sí. Pero en realidad no es más que un simple desahogo. Si yo pudiera hacer algo para remediarlo quizás me implicaría un poco más, pero me temo que solamente puedo ser un espectador, y, en todo caso un crítico sin demasiada audiencia –se confesaba el pintor -. Quizás por eso me gusta tanto la pintura. En el fondo es una forma como otra cualquiera de vivir o recrear el mundo en el que me gustaría vivir en realidad. -Sí, pero al oírte hablar estoy segura de que estarías dispuesto a luchar si alguien te indicase el cómo; el porqué ya lo pones tu ¿no es cierto? –preguntó Odile-. Jean Claude estaba cada vez más receloso al no saber hacia donde quería llevarle la pareja. 338


-¡Bueno, queréis dejar de dar tanto rodeo y decirme de una vez qué es lo que pretendéis de mi? –preguntó impaciente-. -Vale, tienes razón. Vamos al grano. Nosotros somos integrantes de un grupo en el que se encuadran personas de muy diferentes países y que no están dispuestas a esperar más. Los acontecimientos están tomando un cariz que no puede continuar por mucho tiempo –se arrancó a hablar Jorge-. Este grupo está formado por personas relevantes y con un cierto poder y están dispuestos a todo. Pero con una premisa indispensable que es la total ausencia de violencia, sea del tipo que sea. -Hay ciertas circunstancias que nos hacen pensar que tú podrías ser un candidato adecuado para trabajar con nosotros. Nos gustaría que pensaras en ello. Durante un buen rato tanto Jorge como Odile le informaron adecuadamente hasta el punto en que estaban autorizados a hacerlo, tal y como Gustavo y el Consejo de Sabios habían establecido en una especie de protocolo de captación. El pintor no salía de su asombro, pero sentía una especie de cosquilleo que le recorría todo el cuerpo. Era una situación que él mismo había imaginado muchas veces. Estaba seguro de que la sociedad era como un ser vivo que en circunstancias adversas, y cuando su límite podría estar próximo, tomaba las riendas de su destino y buscaba la solución más idónea para sobrevivir. Aunque no conocía en absoluto los detalles, durante las semanas que había conocido a Jorge y Odile, le habían dado a entender que efectivamente eran personas preocupadas por el futuro, y no sólo el suyo. No obstante debía digerir todo lo que le estaban planteando sus nuevos amigos. Por eso les dijo:

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-Bueno chicos. La verdad es que no cabe la menor duda de que sabéis cómo sorprender a uno. Pero supongo que entenderéis que deba pensármelo un poco ¿no? -Por supuesto Jean Claude, no faltaba más. –Aseguró Jorge. El nuestro es un proyecto de una envergadura tal que no te puedes hace una idea, por lo que queremos que nuestros colaboradores lo sean con el convencimiento pleno de que están haciendo lo correcto. -No sólo puedes pensártelo sino que te rogamos que lo hagas detenidamente –siguió Odile– aunque esperamos que nos comuniques tu decisión lo antes posible. -No os preocupéis, os llamaré en un par de días y os diré algo. La verdad es que habéis conseguido provocarme, comentó Jean Claude al tiempo que salía del café y se iba caminando pensativo y sin duda tratando de construir adecuadamente el rompecabezas que sus amigos habían creado en el interior de su cabeza. Desde siempre había sido un poco contestatario. Como buen artista tenía una sensibilidad superior a otras personas y consideraba que la vida podía ser bastante más hermosa de lo que el hombre se empeñaba en hacer con ella. Sin llegar a ser un fanático anti sistema sí pensaba que habría que llevar a cabo una reforma en profundidad de la sociedad de principios del siglo XXI. Como prometió a sus nuevos amigos se lo pensó detenidamente, y un par de días después se puso en contacto con ellos, con el fin de comunicarles su decisión. Se reunieron en el bar de los Campos Elíseos en el que solían hacerlo y delante de un humeante café, Jean Claude se 340


declaró dispuesto a colaborar con el grupo al que pertenecían Jorge y Odile. Aunque no conocía demasiados detalles estaba dispuesto a darles una oportunidad. Si conseguían vencer su inicial escepticismo, quizás colaborase a fondo con ellos. Al oír la decisión del caricaturista, Odile, que le había tomado cierto cariño, se levantó sin pudor y le dio un par de besos en la mejilla al tiempo que le felicitaba y le agradecía su incorporación al proyecto. -Bueno, espero que cuanto antes me pongáis al día de todo lo que significa…–continuó Jean Claude titubeante– -Plan Marchiali –continuó Jorge-. -Eso, el Plan Marchiali, la verdad es que el nombre es atractivo y seguramente mucha gente no sepa realmente su significado ¿no es cierto? –apuntó-. -Pues tienes razón, pero tú como buen francés sí que conoces la verdadera historia de Marchiali –afirmó Odile– pero no te preocupes que en breve conocerás todos los detalles. Y estoy seguro de que te sorprenderás. Después de degustar un par de cafés más mientras hablaban de sí mismos y se conocían un poco mejor, quedaron emplazados para el día siguiente en el que comenzarían la labor de información y de preparación de Jean Claude para la complicada misión que le esperaba. Como era el habitual proceder en el Plan Marchiali, Jorge y Odile fueron desgranando poco a poco los detalles del proyecto con el fin de ir observando el efecto que los mismos tenían en su nuevo colaborador. Éste iba asimilando la información con una intensidad que sorprendió a todo el equipo. 341


Efectivamente, Jean Claude era una persona que tenía un carácter muy fuerte aunque estaba como camuflado por su aureola de bohemio que le hacía parecer mucho más conforme con lo que sucedía. Pero nada más lejos de la realidad. Era una persona que se sentía comprometido con la sociedad que le había tocado vivir. No estaba en absoluto conforme con la forma en que los gobiernos gestionaban lo que se suponía debía ser el bienestar de sus conciudadanos, motivo por el cual cuando comprobó que este grupo, al que le habían invitado a entrar, eran personas que pensaban igual que él y que estaban dispuestos a hacer algo por cambiar las cosas, y que además tenían los medios para conseguirlo, apenas había dudado a la hora de incorporarse al grupo. -Bueno, creo que después de lo que me habéis contado no puedo decir otra cosa que adelante –concedió Jean Claude-. Ahora más que nunca podéis contar conmigo. -Perfecto –exclamó Jorge– estaba seguro de que cuando conocieras un poco más a fondo nuestro grupo no dudarías en continuar. -Te hemos explicado nuestros fines y nuestros principios. Pero quizás ahora lo más importante sea la forma en que hemos decidido llevarlos a cabo –continuó explicando Odile-. Lo que pretendemos es prepararte a fondo para que puedas ocupar el puesto de Nicolás Sarkozy –espetó Jorge -. Jean Claude, que estaba tomando una taza de café no pudo evitar, escupir todo el contenido de su boca sobre la mesa. -¿Has dicho ocupar el puesto de Nicolas Sarkozy? ¿He oído bien? – dijo cuando se recuperó del susto-.

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-Sí, has oído perfectamente –siguió Odile– lo que es indudable es que tienes un parecido asombroso con él, y con un poco de ayuda extra yo creo que hasta Carla Bruni te confundirá. -Hombre, eso parece atractivo –dijo con sentido del humorpero… ¿de verdad pensáis que es buena idea? -Si tú estás dispuesto a colaborar al cien por cien y seguir las instrucciones del equipo no habrá ningún problema –afirmó Jorge-. El objetivo es que una vez que hayas suplantado la personalidad del primer ministro sigas al pie de la letra las instrucciones que te dará el Plan Marchiali. -Ahora sí comprendo el auténtico significado del nombre… Plan Marchiali… y me gusta –exclamó Jean Claude– está muy bien traído, sí señor. -Bueno, entonces eso quiere decir que definitivamente estás con nosotros ¿no? –interrogó Odile -. -Si, por supuesto, me reafirmo en lo que os dije antes, contad conmigo al cien por cien. Durante varias semanas Jean Claude había estado estudiando y practicando intensamente conociendo hasta el más mínimo detalle de la personalidad y del trabajo del futuro invitado. -Ya no sé realmente quién soy, me miro al espejo y cada vez veo más al presidente y menos a mí mismo. Espero que ésto no me provoque alguna secuela psicológica –bromeaba el artista-. -Si mantienes la cabeza fría, eso que acabas de decir te ayudará sobremanera a realizar tu trabajo –comentó Jorge-. Además ya sabes que en cuanto lo creas necesario, o nosotros

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detectemos el más mínimo síntoma, te pondremos en manos de nuestro equipo de psicólogos. -Descuida –continuó Jean Claude poniéndose serio– creo que estoy perfectamente preparado para cuando llegue el momento, sólo era un comentario. Quiero decir que creo que estoy metiéndome realmente en el papel que debo representar. -Pues perfecto, y no te preocupes –remató Odile– que el momento de actuar no tardará mucho tiempo en llegar.

Habían trazado un detallado plan para llevar a cabo el cambio. Llevaban varios meses siguiendo hasta el último detalle de los movimientos que realizaba el mandatario francés con el fin de establecer lo mejor posible el momento oportuno para cubrir su objetivo. Después de haber barajado varias posibilidades decidieron que el mejor momento sería cuando próximamente se desplazase a Londres con motivo de una reunión de primeros ministros de la Unión Europea. Peter Mercier era un empleado del aeropuerto de Roissy encargado del control de accesos en la zona destinada a autoridades. De antemano era conocido el momento exacto en que el primer ministro entraría en la zona reservada con el fin de tomar el avión que le conduciría a la capital británica. Su misión era asegurarse de que todas las medidas de seguridad eran respetadas escrupulosamente, de forma que el mandatario y sus acompañantes no sufrieran molestia alguna. Por eso cuando Nicolás Sarkozy hizo su entrada en la estancia principal lo primero que se encontró fue a un amable camarero que le ofrecía una copa de champan fresco. Él agradeció el gesto y saboreó el espumoso con gran satisfacción. 344


-Menos mal que yo no debo conducir –bromeó– espero que el piloto no haya tomado champan también. -No se preocupe –continuó la broma Peter– al piloto solamente le hemos ofrecido agua. La salida del avión estaba prevista para una hora después y aunque no era habitual que el mandatario se presentase con tanta antelación Peter se las había ingeniado para conseguirlo siendo el responsable oficial un supuesto mal entendido entre su equipo de seguridad y el del aeropuerto. Por ello Peter se esmeró más de lo habitual para que el presidente estuviera lo más cómodo posible durante la espera y además del champan le ofreció un ligero tentempié así como la prensa diaria inglesa con el fin de que estuviera entretenido. El Sr. Sarkozy se acomodó en un sofá y se dispuso a ojear la prensa que le había facilitado el empleado del aeropuerto. Pensó que estaría bien estar al tanto de la actualidad local cuando llegase a Londres. Pero lo cierto es que, en cuanto había leído un par de páginas, un intenso sopor le invadió y no tardó en entrar en un profundo sueño. Cuando despertó se sentía descansado, no era consciente de donde se encontraba, ni de cuánto tiempo llevaba dormido pero lo cierto era que estaba relajado y tranquilo. Cuando recuperó del todo la consciencia se dió cuenta de que se encontraba en la habitación de un hotel. No sabría decir cual, pero desde luego era la habitación de un hotel. La primera reacción fue la de dirigirse al servicio con el fin de refrescarse un poco la cara con agua fría y así despejarse del todo. Cuando entró en el cuarto de baño y se dirigió al lavabo, abrió el grifo del agua fría, y cogiendo una pequeña cantidad con sus manos se frotó la cara como si quisiera quitarse los últimos vestigios de la siesta que acababa de tener.

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El agua fresca le reconfortó sin duda, pero cuando levantó la cabeza y quiso mirarse al espejo el susto que se llevó fue mayúsculo. ¿Quién era ése? La cara que veía reflejada no era la suya ¿Qué estaba pasando? La cara de la persona que le devolvía el espejo era bastante mayor que él. Inconscientemente se volvió como si esperase ver tras él al original del rostro que mostraba el espejo, pero no, no había absolutamente nadie. Y eso hizo que comenzase a preocuparse de verdad. Se tocaba la cara, se la pellizcaba como esperando despertar del sueño que antes le había parecido tan reparador. Mientras, los cabellos blancos que veía en el espejo se le iban poniendo cada vez más de punta. Ya era incapaz de razonar. -A ver… -Yo estaba en la sala de autoridades haciendo tiempo para tomar el avión para Londres y me quedé dormido unos instantes… - reflexionaba Nicolás -. Pero ahora tengo la cara… que parece que hubieran pasado veinte años. ¿Qué diantres ha sucedido? Y mientras estaba dando vueltas a la situación hicieron entrada en la habitación Jorge y Odile. En cuanto los vio, el mandatario se dirigió a ellos con una cierta agitación. -¿Quiénes son ustedes? ¿Qué es lo que está ocurriendo aquí? ¿Qué significa todo esto? Las preguntas se agolpaban en su boca mientras la pareja intentaba tranquilizarle. -No se preocupe Sr. Sarkozy. Todo está bien. Lo importante es que usted también se encuentre bien ¿es así? -Si –contestó incrédulo el mandatario– sí, me encuentro bien, pero no entiendo lo que está sucediendo. 346


-No tardará en comprenderlo todo. Solamente le rogamos que tenga paciencia y colabore con nosotros y así no sucederá nada –le explicó Jorge-. -Pero… -intentó seguir preguntando el presidente cuando Odile le interrumpió. -Como ha dicho mi compañero, no debe preocuparse, Ese rostro que tanto le ha sobresaltado, y todo su aspecto en general, forma parte de un proceso de camuflaje que nos permitirá salir de aquí sin problemas. Usted solamente tiene que seguir nuestras instrucciones al pie de la letra, y todo irá bien. Algo le decía al Sr. Sarkozy que era mejor hacer caso a aquellas personas, de modo que decidió no mostrarse más peleón de lo necesario y esperar acontecimientos.

Peter había organizado todo de modo que en la estancia contigua a aquella en la que el mandatario debía esperar el despegue de su avión, se encontraba el equipo de apoyo del Plan Marchiali. Cuando el presidente hubo caído en los brazos de Morfeo, gracias a la copa de champán, el equipo se puso en marcha sustituyéndole por Jean Claude, que ya se encontraba preparado. Tan sólo un cambio de indumentaria y unos retoques de última hora hicieron que el Presidente de la República Francesa estuviera inmediatamente dispuesto a despegar de Paris para asistir a la reunión comunitaria que le reclamaba en Londres. Cuando subió al avión y se incorporó a la misión diplomática junto con las personas de su equipo, Nicolás Sarkozy -es decir, Jean Claude- continuó con su trabajo sin levantar ninguna sospecha en su entorno. Incluso tuvo tiempo de hacer una llamada desde su teléfono móvil a su esposa Carla Bruni para confirmarle el despegue del avión. Ella tampoco tuvo ninguna duda. 347


Un par de días después la pareja compuesta por Jorge y Odile junto con el invitado francés se dispusieron a viajar a España. Asumiendo la personalidad de Pierre Diamond y su esposa Amélie se disponían a pasar unas semanas de vacaciones con el padre de ella, André. El estado de salud del abuelo, con algunos problemas cardiacos, le aconsejaba un periodo de descanso en la costa mediterránea, en la que el sol y la tranquilidad le harían mejorar. Una vez cargado el equipaje de todos ellos en el coche que habían alquilado, se dispusieron a tomar la carretera que les conduciría al otro lado de los Pirineos. Pierre Diamond tuvo un especial cuidado en que el abuelo André tomase su tranquilizante con el fin de que la agitación del viaje no perjudicase a su salud, y además, no tuviese que estar pendiente de sus movimientos. A nadie le beneficiaría que se lastimase a causa de su avanzada edad. Una vez que habían entrado en España todos iban un poco más relajados. En cuanto llegaron a La Junquera entregaron el vehículo en la casa de alquiler y como era el habitual proceder, marcado por el protocolo del Plan Marchiali, se dirigieron a otro establecimiento que les proporcionó el coche que debería de conducirlos hasta su destino definitivo asumiendo para ello una personalidad diferente. Así el rastro de Pierre Diamond y su familia se perdería nada más entrar en España. Después de conducir durante todo el día y habiéndose detenido solamente para comer en un área de servicio de la autopista llegaron a Acebedo. Jorge y Odile con su invitado hicieron su entrada en el pueblo con la normalidad de una pareja que acompaña al padre de 348


uno de ellos para pasar unos días respirando el aire puro de la montaña. A su llegada al Hostal Riaño fueron recibidos con suma amabilidad por su propietario, Gustavo Vázquez, que les felicitó por el éxito del viaje al tiempo que les acomodaba en sus habitaciones.

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30 Al igual que el traslado del Sr. Obama y el Sr. Sarkozy prácticamente de forma simultánea se producirían otros traslados. Otro de los invitados significativos era sin duda Gordon Brown, inquilino del número 10 de Downing Street, sede del Primer Ministro del Reino Unido de Gran Bretaña. En este caso, el futuro invitado vive con su esposa, ya que sus dos hijos ya están emancipados, lo que a priori simplificaba bastante el trabajo, pero también eliminaba la excelente coartada que había tenido el equipo destinado a “reclutar” al presidente americano. El Plan Marchiali, había marcado como margen de maniobra todo el fin de semana entre el viernes y el domingo. Por ello, y siguiendo con la máxima de utilizar el momento en que estuviera más en la intimidad, el equipo debió esperar al sábado, día que el Sr. Brown solía dedicar a su descanso, y a preparar los asuntos de la semana siguiente. En un momento de la tarde, se presentaron en Downing Street un grupo de periodistas que habían sido citados para realizar una entrevista y un reportaje sobre los últimos presidentes del país. Éste estaba destinado a ser emitido en uno de los programas más importantes de la televisión londinense.

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Se trataba de un programa que pretendía –oficialmente– plasmar la evolución de Brown desde su niñez como hijo de un pastor protestante, de quien heredó sus sólidas creencias sobre la necesidad de una justicia social. Esa parecía ser precisamente la característica más favorable para que tomase los fines del Plan Marchiali como algo bueno y por lo que valdría la pena luchar. Entre las personas del equipo había, como es habitual en estos casos, por un lado el entrevistador, que saldría ante la cámara con el primer ministro y su esposa y un equipo técnico compuesto por otras cuatro personas que se harían cargo de los aspectos técnicos como las cámaras, el sonido, la iluminación, etc. Después de que habían grabado las estancias “públicas” del inmueble así como las privadas que el mandatario y su señora consideraron que sería interesante que el público conociera, procedieron a realizar la entrevista en sí en el salón privado, donde solían transcurrir los pocos momentos de intimidad del matrimonio. La entrevista discurrió de la forma más normal y afable posible. El Primer Ministro y su esposa no dudaron en contestar amablemente a todas las preguntas de su entrevistador, que, aunque estaban pactadas, en más de una ocasión otros periodistas habían querido lucirse introduciendo alguna cuestión polémica, y de la que él no quería o no debía hablar. No era el caso, y aunque el entrevistador le hizo preguntas sobre su vida, sus ideales, su visión del futuro del Reino Unido, sobre temas de actualidad etc. no quiso entrar en temas que le pudieran alterar. Bastante se alteraría cuando conociera el motivo real de su presencia en Downing Street.

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Una vez terminada la entrevista el Sr. Brown había previsto un pequeño tentempié para agasajar al equipo de reporteros, pues siempre había pensado que la amabilidad no está reñida con la seriedad y la oficialidad. Pero ese fue el momento oportuno para que el equipo de Plan Marchiali llevara a cabo su intercambio. La reacción de la pareja era fácil de prever. Una vez más la sorpresa dió paso a la indignación y la incredulidad. Una vez más no se explicaban, por un lado, cómo podían haber llegado hasta allí, y la gran incógnita era cómo pensaban salir llevándoselo a él. Como en otros casos, el líder del equipo fue el encargado de darles las instrucciones de discreción y prudencia que debía contemplar la esposa del mandatario haciéndoles entender que todo iría bien si seguían al pie de la letra sus indicaciones. Uno de los miembros del equipo, el cámara, era la persona que si bien escondía su rostro detrás de los auriculares y la propia cámara, sería la más importante de la misión, el doble. Una vez que el primer paso ya estaba claro, y que la pareja había asumido que era mejor colaborar, entró en funcionamiento de nuevo el equipo de transformación. El Sr Brown fue camuflado para que pudiera pasar por el cámara que había entrado al tiempo que éste asumía su personalidad de mandatario inglés, papel para el que se había estado preparando duramente durante varios meses. Como estaba previsto, el equipo salió del número diez de Downing Street sin ningún problema, pues no en vano, el “Primer Ministro” había quedado en su interior muy satisfecho de su labor.

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En un barrio de las afueras de Londres estaba el equipo ya preparado y esperando la llegada del hombre para comenzar el proceso de camuflaje. Como en el caso del mandatario americano, sería transformado en un hombre de avanzada edad con problemas de salud que hacían recomendable su estancia en España. En este caso su destino era la Costa Brava, y al ser dos países miembros de la Unión Europea, los traslados eran más sencillos. El avión partió del aeropuerto de Londres con destino a Barcelona donde un coche alquilado les trasladaría al Plan Marchiali. Como en casi todos los casos, las reacciones del Sr. Brown eran las de una persona que no daba crédito aún a todo lo que le estaba pasando, si bien también había percibido un clima entre sus secuestradores que hacía que no se desesperase. Al menos aún no. Siguiendo el procedimiento establecido, al llegar a Barcelona, el equipo, acompañado por su invitado, cambió de personalidad y tomó un tren que le llevaría hasta la ciudad de León. En esta ocasión el equipo contó con un vehículo y su conductor del Plan Marchiali que esperaba su llegada a la estación de ferrocarril de León y que les llevaría directamente a Acebedo. La entrada en el Plan Marchiali, como en casos anteriores, se produjo con toda normalidad, siendo instalado el Sr. Brown en una de las suites del complejo y dejándole descansar para el día siguiente.

Así, a lo largo del mundo fueron sustituidos los máximos mandatarios de países de los cuatro continentes como Australia, Arabia Saudita, Sudáfrica, China, Rusia, Chile, Francia, 354


Alemania, Argentina, etc. así como el presidente de la Unión Europea y el Secretario General de La Organización de las Naciones Unidas, entre otras organizaciones internacionales. En el grupo estaban incluidos los mandatarios de los veinticinco países más influyentes del planeta. Incluyendo además algunas personas que pertenecían a la oposición de algunos de los países más importantes. Se había hecho recomendable su inclusión por las características de la organización política de estos países, que hacía que su participación fuera primordial a la hora de ser aprobados ciertos proyectos. El caso del Surcoreano señor Ban Ki-moon era una pieza importante del rompecabezas, ya que quizás fuera el momento en el que la ONU debería de tomar las riendas del mundo, y justificar los fines para los que había sido creada en el año 1945, y era una organización que el Plan Marchiali preveía que sería una pieza clave para la buena consecución de sus fines. El resto de los invitados, siendo de primera magnitud, no dejaban de tener unos intereses muy claros centrados en sus correspondientes países, mientras que las Naciones Unidas deberían pasar a un nivel más generalista y luchar por el bien de todos los países del planeta. Además, no parece muy objetivo que una organización que pretende, entre otras cosas, desterrar la desigualdad del mundo, parta de una estructura en la que cinco países tienen el poder de vetar aquellas decisiones con las que no estén de acuerdo. O al menos eso era lo que pensaba Gustavo y el resto de los notables del Plan Marchiali. El Señor Ban Ki-moon fue un poco más complicado de sustituir, ya que a pesar de estar domiciliado en Nueva York era

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muy fiel a sus costumbres y no era muy dado a alternar con la clase política ubicada en la ciudad. El equipo de sustitución tuvo que aprovechar un momento en el que se dirigía con su esposa a la inauguración de una exposición de pintura. En la sala, en la que entabló conversación con varias personas que, como él, habían sido invitadas, conoció también al artista que, proveniente de Europa, era la primera vez que exponía en los Estados Unidos. Después de una distendida charla sobre el arte y los artistas, el pintor le manifestó su deseo de hacer un regalo a la organización que dirigía. Un cuadro suyo que representaba la naturaleza, la abundancia y la paz en el mundo. -El caso Sr. Ban Ki-moon es que yo no conozco en absoluto los trámites que se deben realizar para hacer efectiva la donación -manifestó el artista-. La verdad es que sería un gran honor que la ONU aceptase mi regalo. -No se preocupe, yo le indicaré el proceso que debe seguir – respondió el mandatario- no es tan complicado, solamente algunos documentos, un certificado de autenticidad de la obra y poca cosa más. -Además estoy seguro de que a Vd. no se le escapa la notoriedad que puede alcanzar con esa donación ¿verdad? – continuó con cierta malicia-. -Desde luego que sí –respondió el artista- pero le aseguro que no es ese el objetivo que me mueve a hacerlo. Más tarde el Sr. Ban Ki-moon comprobaría hasta qué punto la última afirmación del pintor era cierta. El motivo principal de dicho cuadro era un amplio y verde monte cuajado de vegetación y con una hermosa puesta de sol al fondo. 356


Lo que no imaginaría nunca sería que esa imagen se haría realidad, y antes de lo que podría imaginarse. Con el pretexto de enseñarle la pintura, acompañó al Sr. Ban Ki-moon a los sótanos de la sala de arte. Cuando se encontraban admirando la obra hizo aparición una tercera persona que se presentó como Michael. Este era el encargado del equipo responsable de su suplantación. En un principio el Secretario General de la ONU no le dio importancia y continuaba admirando el cuadro y comentando su belleza y calidad con el autor. Sin embargo cuando unos minutos después llegó el resto del equipo fue cuando comenzó a no entender nada. -Sr. Ban Ki-moon , le ruego se siente y preste atención a lo que le voy a decir –comenzó a hablar Michael al tiempo que le acercaba una silla-. No deseamos hacer daño a nadie, por eso Vd. va a colaborar y hacer absolutamente todo lo que le digamos. -…No entiendo –replicaba el invitado mientras miraba al artista- ¿Qué está pasando aquí? El encargado del Grupo le explicó con toda claridad lo que estaba sucediendo, y lo que ocurriría en las próximas horas, de modo que después de unos minutos de incertidumbre y reflexión comprendió que no tenía más remedio que colaborar. El número y la fuerza del equipo le habían dado a entender que esa era la mejor postura a tomar. El Sr. Ban Ki-moon había bajado él sólo al sótano, dejando a su esposa en la sala de exposiciones haciendo los honores al resto de los invitados.

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La persona que ocuparía su puesto había pasado desapercibido entre el grupo encargado del catering de la presentación. Se mantuvieron todos ocultos en el sótano, mientras el doble del dirigente internacional regresaba a la exposición y le explicaba a su “esposa” que no se encontraba bien. En unos pocos minutos, los que tardaron en despedirse adecuada y educadamente de los invitados se dispusieron a abandonar la sala en dirección a su casa. En un principio la esposa del Sr. Ban Ki-moon, aunque notaba extraño a su marido, lo achacaba al malestar que decía tener. Una vez en casa, el doble explicó con todo detalle a la señora la situación, dejándole bien claro que su colaboración era esencial para el bienestar de su marido. Mientras tanto, el equipo de apoyo había esperado pacientemente en el sótano, hasta que el acto de presentación de la exposición hubo terminado. Entonces, como era habitual, se dispuso a desmontar el catering y a retirarse sin problemas. Como en los demás casos, el siguiente paso fue trasladar a su invitado al piso franco en el que se encontraba el equipo de camuflaje dispuesto a hacer la transformación. En este caso, la forma de trasladar al invitado no fue la habitual de transformarle en un anciano con alzheimer, ya que no era normal que los ancianos orientales viajasen a España en esas circunstancias, sino más bien al contrario. Lo habitual era que fueran a envejecer y morir en su país. Por eso, decidieron hacerle pasar por un ejecutivo de la General Motors en viaje de trabajo a la planta que su empresa 358


tenía en Figueruelas –Zaragoza– y dado que para los occidentales todos los orientales les parecen iguales –o al menos eso rezaba la consabida leyenda urbana– no fue muy difícil la transformación. Tan sólo debieron alterar alguno de los rasgos más característicos de su rostro para desviar la atención de los posibles observadores. Su discreción estaba garantizada, como en otros casos, por la presencia de su doble en compañía de su esposa. Así pues el aeropuerto de destino fue el de Zaragoza, haciendo después el viaje por carretera hasta Plan Marchiali. También la entrada en sus instalaciones se hizo con toda la normalidad del mundo, aparentando ser simplemente un huésped más del hostal. La mayoría de los traslados se produjeron con la más absoluta normalidad. El único incidente digno de mención fue el protagonizado por el presidente del Brasil, D. Ignacio Lula da Silva. En un principio fue muy fácil la transformación en un venerable anciano que padecía un fuerte alzheimer. Al llegar al aeropuerto de Barajas y mientras sus acompañantes gestionaban el alquiler de un vehículo que les llevase a su destino final, y en un descuido de éstos, se acercó a un viajero que esperaba la salida de su avión y comenzó a contarle titubeando y entrecortando sus palabras a causa de la medicación que le habían suministrado: -Hola señor… verá usted… yo soy el presidente de la república del Brasil y me han secuestrado…por favor ayúdeme… Afortunadamente el despiste de sus acompañantes no duró más que un par de minutos y cuando se dieron cuenta de su error se acercaron a él y con mucho cariño “su hija” María le cogió por los hombros y dijo:

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-Anda papa, no molestes al señor, y no te separes de nosotros que no conoces esto y puedes perderte. Y dirigiéndose al viajero disculpó a su “padre” : Disculpe caballero, ya sabe cómo es esto. El alzheimer es terrible. Otras veces le da por decir que es Pinzón, el explorador. Espero que estas vacaciones le sienten bien y se estabilice un poco. - No se preocupe –contestó el viajero-, por desgracia es una enfermedad cada vez más común y tenemos que ir acostumbrándonos a convivir con ella. Cuídele mucho y bienvenidos a España. - Muchas gracias –respondió María al tiempo que se alejaba con el invitado, dejando zanjado el incidente. En realidad ya habían previsto que este tipo de cosas se podrían producir.

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31 A lo largo de los tres días fijados habían llegado la totalidad de los mandatarios invitados. La masiva llegada de personas al Hostal Riaño había sido debidamente camuflada a la vista de todas las personas ajenas al Plan Marchiali como un congreso-convivencia de personas y profesionales dedicado al cuidado de personas mayores y enfermos. Las conclusiones e información al exterior de dicho congreso habían sido previamente elaboradas por el equipo de documentación del Plan Marchiali. Una vez finalizado el evento, absolutamente nadie se había percatado de que el número de personas que abandonaban el lugar era sensiblemente inferior a las que habían llegado unos días atrás. En el resto de los traslados, efectuados desde diferentes puntos del planeta, no había habido incidentes dignos de mención. En algunos aeropuertos habían tenido algún pequeño percance, pero simplemente como los tenían a diario cientos de pasajeros. Ni extravío de maletas, ni identificaciones dudosas, nada. Realmente el equipo capitaneado por Conchita Diez, la abogada y Vicente Aranda, el policía, había hecho una labor de logística y documentación digno de cualquier agencia de inteligencia de primer nivel. Asimismo, los equipos de camuflaje habían hecho un trabajo perfecto consiguiendo que la apariencia de los invitados no despertase la más mínina sospecha. Además, sus invitados eran plenamente conscientes de que su mejor opción pasaba por colaborar al máximo con el personal 361


del Plan Marchiali, por lo que ese aspecto tampoco fue en absoluto conflictivo durante los traslados. Gustavo estaba muy satisfecho y así se lo había hecho llegar a todos y cada uno de los miembros de su equipo. Ninguno de los invitados había coincidido con otro, motivo por el cual cada uno de ellos estaba seguro de ser el único que se encontraba en esa situación. Después de descansar, todos habían tenido la oportunidad de ponerse en contacto telefónico con sus familiares, a los que tranquilizaron e informaron de que se encontraban perfectamente, pero sin poder dar información de donde se encontraban. Dado que los apartamentos en los que estaban instalados eran totalmente independientes unos de otros, ninguno tenía ni la más remota posibilidad de saber, ni cómo eran las instalaciones, ni si había otras personas en sus mismas circunstancias. Lo cual les mantenía confusos. Gustavo tenía la intención de, una vez instalados todos sus invitados, reunirse con ellos uno a uno con el fin de ponerles poco a poco al día de todo lo sucedido, y de todas las novedades que se hubieren producido.

Desde que habían llegado al Plan Marchiali, habían pasado cerca de treinta días, período que Gustavo había considerado imprescindible para su “adaptación al medio”. También le pareció un tiempo adecuado para que terminasen de convencerse -a pesar de que se lo habían dicho en varias ocasiones- de que lo que les estaba sucediendo no era un secuestro “al uso”, en el que unos cuantos criminales pedirían 362


grandes cantidades de dinero por su libertad y también habían comprendido que tampoco se trataba de terroristas de ningún signo que quisieran alterar el orden mundial por fanáticos intereses. Y por supuesto, había quedado claro también que no se trataba de ninguna broma de mal gusto. Durante todo este tiempo, a pesar de estar incomunicados, gozaban de todas las comodidades adecuadas a su rango –excepto la libertad, claro está- y tenían cumplida información a través de la televisión vía satélite de lo que “ellos mismos” estaban haciendo en sus respectivos países. En ese sentido, Gustavo había tomado la decisión de que recibirían dicha información sin ningún tipo de censura. Lo que más despistaba a los invitados era que en las innumerables cadenas de televisión y radio, así como prensa escrita de que disponían, todo parecía absolutamente normal. Ni una sola palabra, ni una sola línea escrita, mencionaban la situación en la que se encontraban. Y les constaba –pues Gustavo se había ocupado de que lo hubieran comprobado- que la información les llegaba sin ningún tipo de manipulación Por todo eso, cada vez estaban más confusos. Todo tipo de preguntas se agolpaban en sus cabezas sin llegar a explicarse qué significaba todo aquello, incluso en muchos casos, con un gran sentimiento de inutilidad e impotencia. En este tiempo, todos ellos habían visto a través de las noticias que el Plan Marchiali les facilitaba puntualmente, que el mundo no sólo seguía su curso sin ellos –aunque en realidad ellos “sí estaban en su puesto”- sino que además se iban perfilando una

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serie de acuerdos, y una serie de hechos, que indicaban que el bienestar de los pueblos podía ir aumentando. Lentamente, eso sí, porque ciertos cambios para que sean efectivos deben acometerse con la prudencia adecuada y desde su base. Pero por algo había que empezar. Y sin duda una de las primeras sorpresas para todo el mundo sería el acuerdo firmado entre la Onu y la Otan que había desembocado en la disolución de la última. Desde su llegada a Acebedo, un nutrido equipo de psicólogos y expertos en conducta y comportamiento, estaban realizando todo tipo de estudios encaminados a conocer lo más acertadamente posible la personalidad de sus invitados. Querían llegar a saber incluso si alguno de ellos sería capaz de integrarse y llevar a cabo el proyecto del Plan Marchiali desde su propio puesto, aunque ése fuera un extremo que aún no se había planteado Gustavo. Aunque solamente era un estudio en profundidad, el hecho de conocer a fondo la personalidad de la mayoría de los mandatarios más influyentes del planeta, sería sin duda el sueño de cualquier psicólogo, sociólogo, o politólogo. Gustavo había comenzado a realizar una ronda de entrevistas con sus invitados. Casi nunca iba sólo, solía ir acompañado por alguno de sus colaboradores componentes del “Consejo de Sabios” e incluso en alguna, por varios de ellos. Todas ellas, prácticamente sin excepción, habían sido reuniones muy interesantes, pues era la forma más directa de conocer la forma de pensar de los inquilinos del Plan Marchiali. Quizás por la expectación y las esperanzas que su nombramiento había creado en todo el mundo, una de las 364


entrevistas que más le satisfizo fue la del presidente americano, Barak Obama. Desde luego había sido un logro histórico el hecho de que en el país de Martin Luther King, de Kunta Kinte y del Ku-Klus – Klan, llegase a la presidencia del gobierno una persona de raza negra. Eso había hecho que el mundo recobrase la esperanza. Después de esto, quizás cualquier cosa era posible. Sin embargo aunque era el país más influyente del planeta no tenía la fórmula mágica para solucionar las cosas. Había demasiados problemas, que en realidad dependían de cada uno de los habitantes del mismo. Gustavo reconoció que cuando se dirigía a la sala en la que el Sr. Obama le estaba esperando, le temblaban las piernas. Esperaba que sus planteamientos –que no justificaciones– fueran entendidos por él. Esperaba poder trasmitirle la bondad de sus intenciones, y que se mostrase colaborador. Sin duda una tarea complicada. Su invitado llevaba apenas quince minutos esperando por él, que se presentó cubierto con una máscara, similar a la que sus invitados utilizaban cuando se encontraban en presencia de otras personas. No quería dejar ver su rostro al menos hasta comprobar que eso no sería peligroso para su seguridad, la de sus colaboradores y la del proyecto en sí. Además, quería presentarse ante él sin el aire de superioridad que podría suponer el presentarse descubierto, y sin embargo, mantener a su invitado con la máscara durante toda la entrevista. -Sr. Obama, le ruego me disculpe el retraso –dijo Gustavo al tiempo que lanzaba su mano con el fin de estrechar la de su interlocutor– lo peor es que aquí no puedo echarle la culpa al tráfico –sonrió esperando ver la reacción de su compañero de tertulia-. -No se preocupe, Sr… -inquirió el invitado-.

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-Gustavo –le contestó seguro de que no le causaría problemas el presentarse con su verdadero nombre-. - Pues no se preocupe Sr… Gustavo – continuó el mandatario americano sonriendo también – creo que es evidente que no tenía nada mejor que hacer que esperar por Vd. - Bien -continuó Gustavo– creo que si todos seguimos sin perder nuestro sentido del humor todo irá mejor. Antes de seguir con esta conversación le ruego nos disculpe si en algún momento le hemos importunado demasiado, aunque quizás sea mucho pedir, pero le aseguro que no pretendemos hacerle ningún daño, ni a usted ni a su familia, con quien espero que tendrá el contacto adecuado. -Sí, -interrumpió el Sr. Obama- de momento tengo ocasión de hablar con mi esposa cada cinco o seis días, y se lo agradezco. Espero que poco a poco vaya Vd. comprendiendo que nuestros fines al retenerle aquí no son motivados por ningún interés económico ni de poder –continuó Gustavo- Ni siquiera se trata de nada personal, es más, yo siempre he sido un gran admirador de su figura y de lo que representa. Quizás en estos momentos Vd. sea la persona que más fielmente representa el espíritu del Plan Marchiali. Su interlocutor, afirmó sin ningún pudor: -Desde luego no parece que sea por motivos económicos. El despliegue de medios que tienen Vds. aquí montado no parece reflejar precisamente la escasez de dinero. El resto, espero que Vd. tenga a bien sacarme de mi ignorancia. Y dado que no había oído nunca ese nombre le miro con extrañeza mientras le preguntaba: -¿El Plan Marchiali? ¿Qué significa? ¿Qué es lo que pretenden ustedes entonces? 366


- Sí, Plan Marchiali es el nombre con el que nosotros conocemos a nuestra organización. Verá –le respondió Gustavo– Vd. encarna en estos momentos la esperanza que el mundo entero, no sólo los Estados Unidos, tiene en un próximo cambio de las cosas, de la actitud de los políticos y los financieros que han llevado al mundo al caos que ahora mismo está padeciendo. No en vano los Estados Unidos de América son el primer país del mundo en muchas cosas y todos los cambios que se puedan originar deben partir de su país si realmente queremos que tengan éxito. Todo aquello que se inicie allí será fácilmente secundado por el resto del mundo. -Bueno, tampoco somos tan poderosos como muchas veces nosotros mismos queremos parecer y demostrar –contestó el Sr. Obama–, pero reconozco que quizás no sabemos utilizar debidamente la influencia que tenemos sobre el resto del mundo. De hecho –continuó-, ese aspecto de reconciliación con todos nuestros aliados era uno de los puntos importantes de mi campaña electoral. -Efectivamente –respondió Gustavo– por eso estamos convencidos de que una vez que Vd. conozca nuestros planes estará de acuerdo con ellos. Es más –sentenció– estoy seguro de que comprenderá que no disponíamos de muchas otras formas de llevarlo a cabo. Así, durante algo más de dos horas, Gustavo y el Sr. Obama estuvieron conversando sobre numerosos temas de actualidad. Gustavo desgranó poco a poco aquellos aspectos del Plan Marchiali que el “consejo de Sabios” con él a la cabeza, había decidido que podrían ser puestos en su conocimiento. Durante el transcurso de la conversación el Sr. Obama se mostró bastante interesado en conocer lo que pretendían en realidad aquellas personas que le retenían. 367


En muchos de los puntos que le eran planteados no podía evitar estar de acuerdo si bien aún no era capaz de juzgar si quizás habría habido otro modo de hacer las cosas. Se encontraba ligeramente desorientado. Aun no sabía si debía cabrearse e indignarse, o si por el contrario, debería manifestar su conformidad con los hechos e incluso intentar capitanear él mismo el proyecto haciendo valer su liderazgo. Decidió que lo mejor era esperar a conocer un poco más a fondo el proyecto, antes de valorarlo, y también a las personas que pretendían llevarlo a cabo. Algo en su interior le decía que lo más inteligente sería cooperar y esperar acontecimientos. Gustavo, a lo largo de la entrevista había dado a entender a su invitado, que no era el único que se encontraba allí, y en esas mismas condiciones. Pero sí tuvo mucho cuidado de no especificar ni la cantidad ni la identidad de sus compañeros de estancia. Eso dio a entender al Sr. Obama que la estructura y los fines del Plan Marchiali eran más serios y más complejos de lo que había pensado en un primer momento. Posteriormente tendrían varias conversaciones, a las que también asistirían algunos miembros del “consejo de Sabios” y que supusieron una gran fuente de información para ellos. Estas reuniones, y las conversaciones que se habían producido en ellas, habían hecho mella en la persona del presidente americano. Gracias a la gran cantidad de tiempo libre del que disponía en su cautividad, había reflexionado mucho sobre las circunstancias que habían hecho que su “carcelero”, esa persona que ocultaba su rostro y se había presentado como Gustavo, le llevara hasta allí. Quizás fuera que el aislamiento comenzaba a surtir su efecto, o quizás fuera el producto de su reflexión, el caso es que poco a poco el Sr. Obama iba considerando cada vez más que las 368


personas que componían el Plan Marchiali, quizás no estaban tan equivocadas como en principio le parecía. Otra cosa diferente era que los procedimientos utilizados fueran los idóneos o no. Se propuso hacer un más amplio ejercicio de reflexión con el fin de poder sacar una conclusión sobre qué métodos podrían utilizarse y cuál de ellos habría utilizado él. También quería hacer un amplio estudio sobre el papel que quizás podría haber realizado él mismo desde la presidencia del país más influyente del planeta. Solicitó a su “ayuda de cámara” que le facilitase material para escribir, como papel y pluma, así como un ordenador que le permitiera realizar dichos trabajos. Gustavo no dudó un sólo instante en aprobar dicho suministro, no solo porque no pretendía establecer ningún tipo de censura, sino que le interesaba sobremanera conocer las opiniones de sus invitados. Otra de la personalidades que a Gustavo le resultó especialmente interesante entrevistar fue al Sr. Abdalá Bin Abdelaziz al-Saud, Rey de Arabia Saudí. Cuando el equipo de apoyo correspondiente había procedido a su sustitución, le había resultado mucho más complicado que el cambio del Sr. Obama –aunque pudiera parecer paradójico– ya que las características de la seguridad del Rey eran bastante más complicadas, aunque quizás por ser más sencillas. No obstante, el equipo dirigido por Conchita Diez había demostrado una vez más su buen hacer consiguiendo, no sin dificultades, efectuar el cambio de la forma más limpia posible. La llegada a España había sido realizada a través del aeropuerto de Málaga a donde llegaban no pocos jeques árabes con el fin de pasar sus vacaciones en la Costa del Sol. Una vez en la ciudad andaluza, había sido despojado de sus ricas vestiduras y caracterizado como un emigrante magrebí que 369


había sido contratado por un empresario del norte, hacia donde se dirigiría para realizar su trabajo. El traslado posterior al Plan Marchiali, una vez más fue realizado sin ningún tipo de problema. Gustavo tenía una especial curiosidad por conocer el punto de vista de los productores de petróleo. Pero la versión real, no la que todo el mundo conocía a través de las organizaciones de países productores. Tenía la sensación de que el mundo occidental no conocía en absoluto la otra cara de la moneda. Para los occidentales, los países de la Opep eran simplemente un grupo que pretendía aprovecharse de la situación, y que harían todo lo que estuviera en sus manos para que el mundo siguiera dependiendo del oro negro cuanto más tiempo mejor. Lo de menos era el porvenir y el bienestar de sus pueblos. La gran pregunta que se agolpaba en la cabeza de Gustavo era: ¿De qué vivirán éstos países cuando el petróleo se acabe y occidente ya no dependa de ellos? ¿O quizás solamente es una leyenda urbana que circula por los mentideros occidentales, y en realidad se limitan a explotar sus posibilidades como hace España con su sol y sus playas? ¿Son conscientes de que ese momento no está tan lejano como parece? ¿Occidente, a su vez, estará preparado para ese momento? Según algunos expertos las reservas solamente garantizan este suministro para otros veinticinco o treinta años. ¿Y después? 370


Siguiendo fiel a su máxima de no juzgar sin conocimiento de causa prefirió esperar al fin de su reunión con el Rey para estar seguro. Cuando entró en la estancia se dirigió a él con el saludo protocolario correspondiente, pero sin estar seguro del tipo de reverencia que sería oportuna y sin utilizar el humor como hiciera con algunos otros invitados, quizás tenía miedo de que debido a la diferencia cultural que les separaba, el rey interpretase mal su sentido del humor. Majestad, espero que no le importe que le entretenga unos minutos para hablar con Vd. –se dirigió a él intentando parecer lo más respetuoso a su rango posible– ciertamente tengo mucho interés en que Vd. y yo nos llevemos bien. El rey, en un principio le miraba muy atentamente sin articular ninguna palabra, como esperando a ver como se desenvolvía su anfitrión. Esa era su primera duda. No sabía cómo debía tratar a Gustavo, si como su anfitrión o simplemente como su secuestrador. Gustavo se presentó y seguidamente intentó explicar al Rey el motivo por el que se presentaba oculto tras una máscara. -Señor, en su momento no tendré ningún problema para mostrar mi rostro, pero por ahora prefiero mantener el anonimato hasta estar seguro de su buena disposición hacia el Plan Marchiali. Entones el Rey Abdalá rompió su silencio exclamando: -¿Buena Disposición?... ¿Plan Marchiali? -preguntó incrédulo y continuó–, me temo que no alcanzo a entender lo que Vd. pretende. 371


-He sido secuestrado por sus hombres –replicaba– y conducido a algún lugar de España, en el que soy retenido e incomunicado…¿ y Vd. me habla de buena disposición? -Creo que me he perdido algo ¿no? –Seguía preguntando perplejo-. -Desde luego que sí –le contestó Gustavo– pero precisamente por eso le decía al principio que esperaba que Vd. y yo nos llevásemos bien. Espero poder explicarle hasta el último detalle el motivo por el que está Vd. aquí. -Y por supuesto, estoy seguro de que al final entenderá Su Majestad que no pretendemos hacer daño a nadie, sino todo lo contrario –sentenció Gustavo-. El Rey Abdalá, al igual que todos los restantes invitados, había sido tratado con un exquisito cuidado, dentro de lo violenta que hubiera podido resultar la operación de intercambio, por lo cual no estaba especialmente predispuesto en contra de sus secuestradores. Como en casos anteriores, Gustavo fue desgranando con mucha cautela, midiendo hasta la última silaba pronunciada, los principios del Plan Marchiali y los fines que pretendían conseguir. Uno de los principales problemas que debía afrontar durante la conversación era, sin duda, la diferencia cultural existente entre ambos y el concepto más bien inexistente que el rey tenia de la democracia, tal y como era entendida en occidente. Para ello había tenido el asesoramiento de una persona experta en los asuntos relacionados con los Paises Arabes que le había puesto al día de sus costumbres, cultura, economía, carácter de sus habitantes etc. y que le había facilitado enormemente la comunicación con su invitado. Después de una larga conversación, el Rey no tenía muy claro aún lo que pretendían conseguir con su aislamiento, pero algo le decía que lo mejor sería esperar acontecimientos –en eso 372


coincidía con la mayoría de los invitados- y no precipitarse en su juicio y mucho menos en sus actos. Lo que sí parecía tener muy claro era que si hubiesen querido hacerle daño, no sólo habían tenido mucho tiempo y ocasiones sino que además, no se habrían tomado las molestias de alojarle en medio de un lujo que hacía que no extrañase en absoluto al que estaba acostumbrado. Gustavo no tardó en comprobar que de acuerdo con el origen y la formación árabe de su invitado, éste no entendería, o no estaría dispuesto a entender, los fines que realmente perseguían con el Plan Marchiali. Ése sería sin duda el principal problema que tendría con los mandatarios invitados de países similares. Pero lo que sí sabía con claridad era que no permitiría que eso supusiera un problema o un palo en el engranaje de sus planes.

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32 Aunque los invitados del Plan Marchiali no estuvieran allí por iniciativa propia, el lugar donde se alojaban no era precisamente una celda maloliente, y sin comodidades. La organización era muy consciente del rango y la categoría de las personas que iban a ocupar esas instalaciones, y por eso se habían esmerado en equiparlas de la forma más confortable posible. Sobre todo, Gustavo esperaba que al tiempo que retenía a sus invitados estos, le proporcionaran la información que él necesitaría para desarrollar su proyecto con la mayor efectividad posible, y tenía muy claro que para eso debía ofrecerles un trato exquisito. Quizás por tratarse de instalaciones subterráneas y clandestinas podría parecer que el mobiliario y la decoración deberían de ser muy funcional y moderno, pero de dudoso gusto y comodidad. Sin embargo Gustavo se había ocupado personalmente de elegir el estilo provenzal para la mayoría de los equipamientos, dando así al lugar un “toque” más cómodo y “cálido”. Existían algunos apartamentos decorados de forma especial en función de la nacionalidad y personalidad de su ocupante, como por ejemplo los mandatarios de origen asiático o árabe, que podían disponer de un ambiente más acorde con su cultura y tradición. Las estancias se distribuían de forma agradable y aprovechando al máximo el espacio.

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Disponían de un salón de cerca de sesenta metros cuadrados en el que el invitado podría hacer su vida la mayor parte del día. Éste estaba presidido por un par de confortables butacas, donde el inquilino podía relajarse leyendo un buen libro, o viendo la televisión de grandes dimensiones, en la que se podían sintonizar gran cantidad de canales de todo el mundo. Cada uno de los mandatarios invitados tenía acceso además a los principales canales de televisión de su país con el fin de que estuviesen permanentemente informados de todo cuanto sucedía en su ausencia. Con el fin de que la estancia se hiciera lo más soportable posible cada uno de los apartamentos estaba equipado –siempre que ello era posible- con los elementos de ocio preferidos de cada uno de los inquilinos. Así, unos disponían de una mesa de billar. Otros podían disfrutar de maquinas recreativas. El Primer Ministro Inglés y el Presidente de la República Francesa tenían una gran afición por la construcción de barcos a escala, por lo que el Plan Marchiali había tenido la deferencia de instalar en sus respectivos apartamentos un pequeño taller, equipado con todo tipo de herramientas y materiales con los que desarrollar su hobby. Otros invitados eran aficionados a la pintura por lo que también podían disponer de todo tipo de lienzos y colores de diferentes tipos como oleos, acuarelas etc. según el tipo de pintura preferida de cada uno. En cuanto a la literatura, los invitados solamente debían indicar a su “ayuda de cámara” la obra que deseaban leer y éste se ocuparía de satisfacer sus deseos a la mayor brevedad posible. En su ansia por mantener a cada uno de los invitados perfectamente al día de la evolución de los acontecimientos en sus respectivos países el Plan Marchiali les ofrecía puntualmente – entre otras cosas- las obras literarias de cierto calado que eran publicadas en sus respectivas naciones siendo este hecho 376


extensivo a otro tipo de acontecimientos culturales como obras cinematográficas, eventos artísticos etc. También disponía de un confortable dormitorio dotado de un pequeño televisor, equipo de música y una amplia cama en la que descansar. El cuarto de baño estaba equipado con un estimulante jacuzzi en el que podían darse un baño templado de burbujas que podía hacer que el estrés provocado por el encierro fuera más llevadero. Con el fin de paliar en lo posible la falta de ejercicio, sobre todo al aire libre, el apartamento disponía también un pequeño gimnasio con algunos elementos de mantenimiento físico específicos para cada uno de ellos y recomendados directamente por el equipo médico del Plan Marchiali. En cuanto a su trabajo, cada invitado disponía de un pequeño despacho debidamente equipado y que podían utilizar como les pareciese oportuno. Éste disponía de todo tipo de herramientas de “trabajo” como ordenadores –por supuesto sin conexión a internet- y otros que eran facilitados por la organización sin ningún otro tipo de limitación. En cuanto a la comida, a pesar de que era servida puntualmente por el servicio de catering, también disponía de una pequeña cocina para aquellos que en un momento dado quisieran cocinar cualquier cosa –algunos eran aficionados a la cocina- o simplemente prepararse un café. Podían disponer de todo lo que quisieran, excepto contacto libre con el exterior. En cuanto a la seguridad, cada apartamento estaba equipado con varias cámaras ocultas que vigilaban constantemente a sus

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inquilinos y que enviaban sus imágenes a la sala central desde donde se controlaba toda la seguridad del sistema. Había algunos aspectos que Gustavo, asesorado debidamente por los técnicos encargados del diseño de las instalaciones había considerado importantes. A pesar de encontrarse en unas instalaciones subterráneas, consiguieron diseñar un sistema de iluminación de una intensidad y calidad tal, que hacía percibir casi a la perfección la iluminación propia de cada hora del día. Así en las horas del mediodía disponía de una iluminación cenital, que daba la sensación de estar bajo el sol, en su posición más vertical del día. A medida que las horas de la tarde avanzaban, dicha iluminación se iba haciendo más tenue, hasta que se complementaba con una iluminación artificial semejante a la habitual. También la temperatura ambiente estaba controlada, de forma que a diferentes horas del día e incluso en diferente época del año, ésta variaba con el fin de adecuarse lo más fielmente posible a la realidad. El fin de esta tecnología era, simplemente hacer que el “reloj biológico” de los inquilinos sufriera la menor alteración posible. Otro punto conflictivo, y que el Plan Marchiali intentó paliar de la mejor forma posible, era el de la vegetación. Paradójicamente, a pesar de que el proyecto se desarrollaba en una zona privilegiada en cuanto a flora y fauna con una riqueza paisajística impresionante, en el corazón del Plan Marchiali no existía la posibilidad de disfrutar de ello. Por eso, las instalaciones estaban dotadas de gran cantidad de plantas de interior de todas las especies posibles. Cualquier rincón era bueno para albergar un parterre, una jardinera o un simple tiesto con plantas y flores que dieran un toque de naturaleza al recinto. También se habían ocupado de instalar 378


numerosas cascadas artificiales que aportaban el correspondiente frescor del agua corriente y el ronroneo de su movimiento. En definitiva, Gustavo estaba satisfecho del diseño conseguido y convencido de que el bienestar de sus invitados haría mucho más fácil el desarrollo de su ambicioso proyecto.

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Una vez realizado con éxito el traslado de los invitados al Plan Marchiali, se informó de ello a los dobles de los mandatarios que esperaban en sus puestos el momento de recibir la luz verde para iniciar sus actividades, de acuerdo con el plan establecido por la organización, por su “Consejo de Sabios” Éste había marcado unas directrices maestras, que se desarrollarían una vez que todos los dobles estuvieran en sus respectivos puestos. Hasta ese momento, se habían mantenido a la expectativa, haciendo solamente aquello que era imprescindible porque ya estuviera fijado con antelación, y para no levantar sospechas. Los estados dirigidos por mandatarios adscritos al Plan Marchiali, comenzaron a desarrollar nuevos proyectos y a modificar los sistemas de trabajo existentes, replanteando estructuras de gobierno y administración, de forma que estos cambios se pudieran afianzar lo antes posible, y así los mandatarios que llegasen después tuvieran mucho más fácil continuar su labor. Estaba claro, después de lo sucedido en la crisis del 2008, que uno de los objetivos primordiales y quizás más urgente era reformar y restablecer el orden en el mundo financiero.

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Para ello, el Sr. Obama –su doble- había dado orden al Presidente de la Reserva Federal para que de la forma más discreta –es decir, en absoluto secreto–, realizara un informe sobre las causas y los causantes del desplome financiero que había sumido al mundo en semejante abismo. Tenía muy claro que las malas prácticas crediticias e inversoras de los banqueros habían puesto en riesgo los ahorros y las inversiones de muchos millones de ciudadanos americanos, y por el efecto dominó del mundo entero. Su predecesor –G.W. Bush–, poco antes de irse había conseguido que el congreso aprobara lo que dieron en llamar “el rescate” por un importe superior a los setecientos mil millones de dólares. A la mayoría de los mortales les produciría un fuerte mareo tan sólo de imaginarse tal cantidad de dinero. En cierta ocasión, durante una reunión en la que hablaba de economía con Javier Algorta, su economista de confianza, habían comprobado cómo a veces la reducción de las cosas al ridículo hacía ver la idoneidad o inoperancia de las medidas tomadas. Se había puesto a hacer números y se le ocurrió dividir la cantidad invertida en ese “rescate”, entre la población norteamericana, aproximadamente, y el resultado le causó una sensación que no sabía definir, entre la sorpresa y la indignación. -¿Has visto esto Javier? – decía mientras le pasaba una hoja de papel en la que se podía ver una operación matemática: Setecientos mil millones de dólares, divididos entre trescientos mil habitantes dan un resultado de casi dos millones y medio de dólares. -¿Es decir, que la cantidad invertida, repartida entre todos los habitantes del país podría proporcionar más de dos millones de dólares a cada uno?... ¡Increíble!... –repetía Gustavo-. De ser 382


eso posible, el consumo de todos ellos una vez recibido ese dinero, sin duda haría que el país saliera de la crisis en un instante. -¡Bueno Gustavo! –quiso corregirle el economista- las cosas no son así de sencillas. No se trata de que el estado les haya dado setecientos mil millones de dólares en metálico, ni nada de eso… -¡Claro que no Javier! –se disculpó enérgicamente Gustavo¡ya sé que no es así!, pero no me negarás que, aunque no sea más que un chiste, desde luego, sí es como para pensar que quizás si el dinero se hubiera invertido de otro modo, habría sido más rentable para todos. No en vano es dinero procedente de los contribuyentes americanos. -Sí, en ese sentido estoy de acuerdo contigo. –continuaba Javier Algorta- Y de hecho ha sido una decisión polémica, no olvides que a Bush le ha costado mucho trabajo conseguir que el Congreso se lo aprobara. -¡Desde luego! Podían haber invertido ese dinero en una autentica reducción de impuestos, apoyo a las empresas, a los emprendedores…, seguro que había un millón de opciones mejores que las de apoyar a los bancos en apuros y causantes del problema. Los destinatarios del plan rescate eran las sociedades de inversión, los bancos, etc. Es decir aquellos que habían provocado el caos. Simplemente le parecía inmoral. Era como si tras detener a un ladrón, se hiciera una ley que no sólo le exculpara, sino que además le financiara para que pudiera seguir robando con toda tranquilidad. Y no estaba dispuesto a permitirlo.

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No, Plan Marchiali se proponía poner el apósito directamente sobre la herida. La primera medida pues, consistiría en anular “el rescate” tal y como se había planteado en un principio. Una de las opciones estudiadas fue la de constituir un banco público que gestionara esa ingente cantidad de dinero, pero los trámites oficiales serían demasiado dilatados en el tiempo, y por ello, al final se optó por comprar –o nacionalizar– uno de los bancos que se encontraba en problemas. Tras dicha operación, este banco se dedicaría a conceder créditos a empresas de todo tipo, pequeñas y grandes, a las familias etc. haciéndolo de forma razonable y huyendo de las prácticas usureras que hasta entonces habían caracterizado a la banca de todo el mundo. Todo ello con el fin de conseguir que la confianza de los inversores renaciera con fuerza. El futuro de éste banco sería el de ser privatizado cuando la situación económica se normalizase pasando los beneficios obtenidos a engrosar los fondos constituidos para la asistencia social. Evidentemente, este proceso duraría un tiempo en el que se deberían utilizar entre otras, un arma muy difícil de usar correctamente, pero de efectos espectaculares si se hacía bien. El marketing y la publicidad. Ésta era una disciplina que, aunque paradójicamente tenía como misión la de gestionar e informar de las actividades realizadas, en realidad se utilizaba para manipular y dirigir a la opinión pública hacia reductos de ignorancia y dependencia de las organizaciones financieras. Uno de los métodos más utilizados hasta el momento por la banca de todo el mundo era precisamente la opacidad de sus 384


operaciones y el desconocimiento casi total por parte de la población, de sus formas de actuar. Los ciudadanos americanos -y por extensión los de todo el mundo- debían conocer a fondo el sistema y ser conscientes de que ellos eran sus últimos destinatarios. Y esa era, sin duda, una de las reformas más complicadas de llevar a cabo. De hecho, del informe desarrollado por la Reserva Federal, surgió un número muy importante de expedientes que desembocaron en el cierre de varios bancos, y el encarcelamiento de muchos de sus directivos, siendo embargados sus bienes, que pasaron a formar parte del patrimonio del que fue llamado “banco de reposición”. Pero la operación había comenzado. Si los Estados Unidos, líderes mundiales por excelencia, habían tomado esa decisión, no tardarían mucho tiempo en ser secundados, en primer lugar por la Unión Europea y posteriormente por todos los demás. Efectivamente, unas semanas después, viendo que las operaciones de rescate que se habían puesto en marcha en países como Alemania, Inglaterra, Francia, etc. no habían dado los resultados que sus autoridades habían previsto, todos ellos secundaron el ejemplo americano buscando rescatar al mundo financiero, pero empezando por debajo, por la parte más débil, el pequeño inversor. Eso hizo que las bolsas más importantes del panorama financiero internacional reaccionasen con alzas espectaculares haciendo que los pequeños inversores comenzasen a ver la luz al fondo del túnel, aunque ciertamente éste estuviera aún lejos.

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También las bolsas asiáticas, que habían tardado algo más en verse arrastradas por el caos -quizás porque la diferencia cultural también abarcaba a los conceptos y las prácticas económicas- habían comenzado a resurgir. Con el fin de impulsar la creación de empresas y su financiación, con el consiguiente aumento del empleo, se estableció un sistema crediticio que se basaría en un nuevo concepto de aval para la obtención de un crédito. Éste sería el más realista y serio que nunca se había conocido. Incluso, los más osados que hubieran pensado en él anteriormente, lo habrían desechado por considerarlo utópico e imposible de aplicar dados los conceptos especulativos que dominaban la práctica bancaria desde sus comienzos, conceptuada simplemente como la usura legalizada. Cualquier persona o empresa que quisiera obtener financiación para sus proyectos empresariales –o personales– tan sólo debía presentar un proyecto que justificase con veracidad su rentabilidad. El órgano encargado de aprobar o denegar la concesión del crédito estaba compuesto por expertos debidamente asesorados en las materias objeto del proyecto. Si el veredicto de dicho órgano era conforme con lo solicitado, simplemente el crédito era aprobado. A primera vista, pudiera parecer que el nuevo sistema era un “coladero” para los listos y creado por unos ingenuos, pero ésta era una apreciación muy lejos de la realidad, pues el sistema era lo suficientemente rígido y contundente como para que aquella persona individual o directivo de empresa que se atreviera a engañar al sistema, simplemente podría pasarse varios años en prisión, además de estar inhabilitado para los negocios de por vida. 386


Se habían desterrado para siempre conceptos como “talón sin fondos”, “efecto impagado”, “deuda de dudoso cobro”, “quiebra fraudulenta” y similares que desde siempre habían creado demasiados problemas al mundo empresarial. De nuevo era aplicar el concepto de la Dictadura Democrática: flexibilidad, consenso y participación hasta elaborar la norma y rigidez, contundencia y mano dura para su aplicación. Los analistas financieros veían el nuevo sistema con mucho escepticismo, ya que pensaban que los criterios de la banca no estaban en consonancia con el hecho de potenciar los negocios de los demás, sino simplemente en vender su dinero y sus servicios lo más caro posible. No obstante, el Plan Marchiali estaba seguro de que la gran mayoría de los empresarios, fueren del tamaño que fueren, estaban interesados en hacer las cosas bien, para ganar dinero sin complicarse la vida, aunque siempre hay un mínimo porcentaje de oportunistas sin escrúpulos, que lo único que pretenden es utilizar las bondades del sistema para beneficio propio. Si las normas –o leyes– son lo suficientemente claras y su aplicación lo suficientemente contundente, aquellos elementos “díscolos” serán inmediatamente aislados del sistema, garantizando la buena salud del mismo. Los delincuentes financieros condenados, serían embargados automáticamente, y todos sus bienes pasarían a resarcir a aquellas personas o empresas que hubieren sido perjudicadas por sus delitos. Por eso a los empresarios que únicamente deseaban desarrollar sus negocios, les sería más rentable hacerlo con honestidad y claridad. 387


Después del sistema financiero, en el triste ranking de los problemas se situaba la energía, aunque no por este orden de importancia. Desde la revolución industrial, desde el descubrimiento del petróleo, los problemas de la sociedad se habían multiplicado pero no porque éste fuera malo en sí mismo, sino como en muchas otras cosas, por la pésima gestión que se había hecho de él. La sociedad –pueril e ingenua- se había sometido, organizando sus estructuras de forma que dependía al cien por cien de una energía que, en principio, pensaba que sería sana e inagotable, y que con el paso del tiempo, se comprobó que era limitada, y además tan insana que produciría multitud de enfermedades, e incluso amenazaría con destruir el planeta. Como si de una maldición divina se tratase, el petróleo fue el agente desencadenante de multitud de conflictos y guerras entre los países agrandando las diferencias que desde siglos existían entre Oriente y Occidente –al principio solamente por motivos religiosos y culturales- al ser unos los mayores productores y otros los mayores consumidores del “veneno negro” que suponía el petróleo y sus derivados. Los países productores por excelencia, como los países árabes, utilizaban su petróleo como objeto de extorsión al mundo entero, haciendo temblar sus pilares cuando a ellos les parecía oportuno, encareciendo el precio del crudo. Existían algunos países productores, que tradicionalmente consumían el petróleo que compraban a otros países, mientras que la mayoría de su producción se la guardaban como reserva estratégica, pero incluso esa reserva era motivo de conflictos internos, a causa de las diferencias que sus dirigentes mantenían en torno a su utilización. 388


Los grandes yacimientos habían sido el motivo real de numerosas guerras que habían costado muchos millones de vidas humanas así como muchísimo dinero que seguramente hubiera tenido mejor destino de no ser así. Incluso el sentir colectivo de la mayoría de los habitantes del planeta, sin importar su país de residencia, era el de que solamente se intervenía, o se intentaba mediar en aquellos conflictos que se producían en las zonas de gran producción petrolífera o bien por su situación geográfica estratégica, dados los grandes intereses que se producían en torno a ellas. Mientras tanto, en otros puntos de la Tierra, naciones enteras se morían de hambre y desesperación, a causa de insensatas guerras tribales, o incluso de desastres naturales sin que ello supusiera ni siquiera una pequeña nota informativa en ningún periódico ni noticiario de televisión. El mundo occidental, dependiente al máximo de los crudos, y sus derivados, no podía soportar por mucho tiempo unas subidas incontroladas que tenían como único fin desestabilizar el orden mundial, y mantener la supremacía del petróleo sobre las demás fuentes de energía. Sobre todo eran las economías que más dependencia tenían de los países productores, las que sufrían auténticos terremotos económicos cuando el precio subía demasiado. Y en un mundo eminentemente mercantilista, los problemas económicos eran los que más hacían tambalearse todas las estructuras establecidas. Sobre todo las políticas y sociales. Por ello, el Plan Marchiali se propuso convertir al omnipresente oro negro en un elemento más, sólo uno más, de los utilizados por la humanidad, y con el propósito de hacerlo desaparecer en un tiempo prudencial. El procedimiento, que por otra parte había sido estudiado en numerosas ocasiones y siempre había sucumbido ante el poder 389


económico del petróleo, sería el de potenciar al máximo la investigación y la aplicación en todos los ámbitos de la industria solar y otras. Se destinarían ingentes cantidades de dinero a financiar a las empresas, a los técnicos y a los científicos con el fin de acelerar la investigación de otras fuentes de energía como las provenientes del mar, sus mareas, sus corrientes etc. El aprovechamiento de la biomasa, el hecho de que la propia naturaleza fuera capaz de aportar sus desechos para la generación de energía era también una opción que seguramente merecía la pena estudiar a fondo. Después de haber construido una sociedad dependiente casi al cien por cien del petróleo, después de que los transportes dependían al máximo del motor de explosión, habían surgido iniciativas como la de una empresa americana que proponía la utilización de paneles solares para la construcción de carreteras lo que supondría no sólo un ahorro inmenso de combustible sino también dejar de enviar las ingentes cantidades de CO2 que el sector del transporte –en todas sus vertientes, industrial y privado– aportaba al tan traído y llevado cambio climático. El Plan Marchiali estaba convencido -y por ello decidido a ponerlo en práctica- de que ése era el camino por el que el hombre podría salir de la situación en la que se encontraba. Solamente con imaginación, inquietud e investigación se conseguirían las metas deseadas. También era primordial la investigación y perfeccionamiento de la energía nuclear. Ésta tenía tan mala prensa entre la población que quizás fuera imprescindible una fuerte y efectiva campaña de información. La gente debería conocer los riesgos reales que esta energía supone. Siempre la había comparado con los viajes en avión. A pesar de ser el modo de transporte más rápido y seguro de cuantos había inventado el hombre, cuando había un accidente, y dado el 390


elevado número de víctimas, todos se alarmaban e incluso algunos ponían en duda su viabilidad llegando a exigir su desaparición. Así la energía nuclear, a pesar de ser limpia y rentable, todo el mundo la ponía en duda a pesar también de que solo ha habido un accidente grave en su historia, Chernóbil. En una de las múltiples reuniones que Gustavo realizaba con sus compañeros del Consejo de Sabios, entre otros muchos temas había surgido el de la energía y Conchita comentaba… -La verdad es que no sé porque es tan lenta la investigación sobre otros medios de producción de energía. Bueno…, sí que lo sé, no soy ninguna ingenua, y está claro que existen demasiados intereses creados que no permitirán que esas investigaciones avancen demasiado hasta que no tengan otro remedio. -Desde luego –respondía Gustavo– y en el fondo la gente, por su propia forma de ser, tiene la idea de que no va a faltar nunca, y en todo caso cuando falte, ellos ya no estarán y les tocará a otros buscar la solución. -Claro –abundaba el filósofo Eduardo Echevarría– aunque yo tengo muy claro que si sucediese algo importante que cortase el suministro de petróleo de forma instantánea, no tardaríamos en disponer de otros medios de producción de energía, renovable, limpia y de bajo coste. Pero mientras haya petróleo, ¿para qué correr? -En eso estoy totalmente de acuerdo –afirmó Gustavo- la necesidad se hace virtud. Desde luego, si el hombre viera peligrar su bienestar por la falta de energía, dados los conocimientos técnicos de hoy día, no tardaría mucho en solucionarlo. -Sí, ¿y entonces porqué no lo hace ya…? Me parece una forma de actuar muy pueril. –se preguntaba de nuevo Conchita-. Y la pregunta quedó en el aire como si realmente no tuviera una respuesta adecuada.

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En momentos así, Gustavo recordaba las conversaciones que mantenía con su abuelo en Acevedo y entre sus frases más típicas recordaba especialmente una que decía… “Todavía está por demostrar que el ser humano sea un animal inteligente” …y desde luego que había veces que estaba totalmente de acuerdo con él. La energía sería considerada por el Plan Marchiali como elemento de primera necesidad, al igual que el agua y otros, y sentaría las bases para que todos los habitantes del planeta – absolutamente todos- pudieran tener el acceso a ella de la forma más correcta y equilibrada, sin permitir que pudiera ser un elemento de confrontación o abuso de poder.

En la naturaleza, son muchas las especies cuya principal arma defensiva es el establecimiento claro y bien definido de su territorio. Utilizando diferentes métodos, estas especies mantienen a los posibles invasores, agresores o depredadores a una distancia prudencial a la que el lugareño tiene o al menos cree tener garantizado el éxito en caso de pelea, incluso cuando se trata de animales de su misma especie pero de otro grupo o comunidad. El hombre, a pesar de su inteligencia, su capacidad de pensar, y de vivir en comunidad, no es diferente. Las relaciones internacionales son muy complicadas, los pueblos siempre han sido muy reacios a permitir que otros se inmiscuyan en sus asuntos y sobre todo que quieran usurpar sus 392


territorios. Y a la hora de defender sus intereses no siempre saben hacerlo de la forma más adecuada. Esto ha generado que desde el principio de los tiempos y a ese respecto existan dos clases de pueblos, los invasores y los invadidos. De hecho pocos han sabido permanecer neutrales ante el transcurso de la historia. Incluso podría parecer que existen pueblos cuyo destino inexorable es el de ser invadidos por otros cuyo futuro siempre pasa por invadir a sus vecinos. Pero no obstante, aquellos tiempos en que algunos países con pretensiones expansionistas querían controlar el mundo, ya habían pasado. Ya no existían personajes como Genghis Khan, Alejandro Magno, Napoleón Bonaparte o más recientemente Adolf Hitler. O al menos eso parecía. Después de la segunda guerra mundial, se había conseguido una cierta estabilidad en cuanto al territorio se refiere, quedando tan sólo pequeños ejemplos de dictadores que invadían a sus vecinos por motivos puramente económicos. Y generalmente esto se producía fuera de las fronteras del llamado mundo occidental. Un ejemplo más o menos contemporáneo podría ser cuando Sadam Hussein, el dictador de Iraq, invadió a su vecino Kuwait en la primera Guerra del Golfo, en el año 1991. Desde su descubrimiento, el aprovechamiento del petróleo había generado multitud de conflictos entre diversos países y sobre todo entre lo que se podrían llamar los dos grandes bloques internacionales, Oriente y Occidente. En más de una ocasión se había planteado como el posible detonante de una guerra mundial. ¿La tercera? ¿La definitiva? Según algunos intérpretes de las predicciones de Nostradamus, él afirmaba que sí, que sería la última. 393


Se había convocado una reunión de las Naciones Unidas en su sede central de Nueva York, que sentaría alrededor de la mesa a sus más altos mandatarios, así como a los de la Otan. Este tipo de reuniones habían comenzado a producirse con cierta regularidad para que cada una de las instituciones informase a la otra de la evolución de los conflictos que había abiertos en cada momento. En este caso, el motivo concreto de la reunión era estudiar la posibilidad que se venía planteando desde hacía algunos meses, de ampliar la presencia de las tropas de la Otan y la ONU en el conflicto de Afganistán como preludio a una posterior salida definitiva del conflicto. Junto con los Secretarios Generales de ambas instituciones participaban en la reunión los correspondientes técnicos y diplomáticos que solían realizar el trabajo más importante aunque quizás más monótono e insulso. Dado entonces que la presencia de ambos mandatarios era más bien institucional y testimonial, aprovecharon la ocasión para mantener varias conversaciones privadas. El tema principal de estas reuniones era la inquietud que ambas personas tenían sobre el futuro de las organizaciones que presidian. El Sr. Ban Ki-moon inició la conversación manifestando a su colega el Sr. Jaap de Hoop Scheffer sus inquietudes sobre la marcha de diferentes conflictos que, en ese preciso momento, estaban en una situación que podría definirse como estancada. -Está claro que la sociedad no puede sostener eternamente – explicaba el Sr. Ban Ki-moon– numerosos conflictos que distraen una gran cantidad de medios económicos y humanos que deberían ser dedicados al desarrollo y bienestar de los pueblos y no a 394


mantener a raya a diferentes facciones que no saben vivir si no es en estado de guerra permanente. - Efectivamente –contestó el Sr. Scheffer– y eso sin tener en cuenta el coste en vidas humanas que eso significa. -Claro -continuaba el Sr. Ban Ki-moon– las cosas deben plantearse de otro modo, de forma que se optimicen los recursos disponibles. -Sí –afirmó el Sr. Scheffer-. Es muy importante implantar un protocolo, que no se viene realizando hasta ahora o al menos no se está haciendo correctamente, y que establezca unos criterios de valoración reales y efectivos a la hora de decidir dónde se interviene y dónde no. Hay zonas de intervención que efectivamente, son un auténtico pozo sin fondo, en el que se entierran grandes cantidades de dinero sin que ello tenga un reflejo realista en la convivencia y desarrollo de los pueblos de la zona, y eso no es otra cosa que un estrepitoso fracaso. - Pues sí, debemos plantearnos una agenda de trabajo que nos conduzca a la optimización de las estructuras de ambas organizaciones –seguía el Sr. Ban Ki-moon–, y a establecer los cambios adecuados con el fin de definir los principios y fines que deberían presidir el proceso de refundación de ambas instituciones. En ese momento, el Sr. Scheffer recibió una llamada en su teléfono móvil privado. Cuando observó el visor del mismo se dio cuenta de que era Donovan, el encargado de su grupo de apoyo en la estructura del Plan Marchiali. -Hola Donovan –contestó- ¿Qué tal estás? Hacía unos días que no hablábamos… -Hola Steven, ¿o quizás debería decir Scheffer?-Siguió Sergio con un tono de buen humor-. 395


-No te preocupes, estamos solos y no hay ningún problemarespondió el mandatario-. -Solamente quería saludaros y felicitaros por el desarrollo de la cumbre. Por las noticias que he visto en televisión parece que todo va bien ¿es así? Solamente quería conocer vuestra opinión. -Efectivamente, hemos seguido las instrucciones recibidas y con la evolución propia de este tipo de proyectos, todo va según lo previsto. -Desde luego, es un cambio muy importante, -continuaba Donovan- quizás uno de los más complicados que pretende abordar el Plan Marchiali, sobre todo porque abarca a muchos países, en realidad a todo el mundo. -Por eso, aunque sé que no es necesario hacer este comentario, os ruego que me mantengáis permanentemente al corriente de todo cuanto suceda. También el Consejo de Sabios está expectante y a la espera de ver cómo discurren los acontecimientos, y me ha encomendado que os traslade una vez más su apoyo y total confianza en la labor que estáis haciendofinalizó Donovan-. -Pues en cuanto tengas ocasión, y creo que hablo en nombre de los dos -le respondió Scheffer al tiempo que dirigía su mirada a su compañero Ban Ki-moon- , puedes trasladar al Consejo una vez más nuestro agradecimiento por esa confianza y reiterarles que no sólo estamos convencidos de lo que estamos haciendo sino que si hubiera que dar la vida por ello, estaríamos dispuestos. -Bueno,-continuó Donovan queriendo quitarle solemnidad al momento– yo creo que no será necesario tanto, pero desde luego les alegrará mucho saber que mantenéis el ánimo por encima de todo. 396


Y tras unos minutos en los que el mandatario informó de los detalles importantes a Donovan, este finalizó la conversación enviando un abrazo para ambos. El Sr. Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas y el Sr. Jaap de Hoop Scheffer, Secretario General de la Organización del Tratado del Atlántico Norte continuaron así manteniendo sus reuniones de forma discreta para buscar una respuesta efectiva y lo más rápida posible al problema.

El prestigio de la ONU, desde su fundación, había ido descendiendo paulatinamente siguiendo en su caída el ritmo marcado por los conflictos internacionales, en los que se había manifestado totalmente inútil en su mediación y búsqueda de soluciones. El concepto generalizado que se tenía de ella era el de una institución inoperante, manipulada, y sin autoridad real en los conflictos existentes, ya fueran de tipo bélico, social, medio ambiental etc. El fracaso de la cumbre sobre el cambio climático de Copenhague en el 2009 y el fiasco de organización de la ayuda a los damnificados por el terremoto de Haití en el 2010, no eran sino algunos de los muchos ejemplos de la falta de operatividad de la organización. Las directivas marcadas por la ONU, eran sistemáticamente ignoradas por aquellos a los que no les interesaba su aplicación sin que ésta pudiera hacer nada por evitarlo. Solamente cuando interesaba, se ponía como excusa la aprobación por parte de la organización de guerras y desmanes varios. Una guerra es “legal” o no según sea apadrinada o desautorizada por la ONU. -Simplemente aberrante –solía pensar Gustavo-.

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Por otro lado la OTAN, que había tenido su cierto nivel de justificación en los años de la guerra fría, tampoco terminaba de encontrar su función desde la caída del telón de acero, y la desaparición del Pacto de Varsovia. Daba la sensación de ser un ejército en busca de un enemigo que justificase su existencia. Sus países asociados la utilizaban o la ignoraban según sus propios intereses, desapareciendo así los principios por los que había sido fundada. Una vez aprobados los cambios adecuados a llevar a cabo en la ONU y la OTAN, sus líderes tuvieron, también en el más absoluto de los secretos, numerosos encuentros personales con los mandatarios más importantes del mundo, que, en un número muy significativo, representaban a la gran mayoría de los habitantes de este planeta y por supuesto a los países más influyentes, tanto económicamente como desde el punto de vista militar y estratégico. Sobre todo fueron especialmente interesantes los encuentros con la diplomacia norteamericana, que siempre se había manifestado muy reacia a perder sus privilegios en el seno de ambas instituciones. La participación directa de su presidente, el Sr. Obama, hizo finalmente que los cambios inicialmente aprobados, fueran aceptados también por el Congreso y por la sociedad americana, extremo que fue considerado por todos de vital importancia para el adecuado desarrollo de las modificaciones previstas. No en vano los Estados Unidos seguían siendo la potencia más importante del mundo. Posteriormente, y gracias precisamente al liderazgo americano, otros países fueron aceptando paulatinamente los cambios propuestos haciendo así que el proceso tuviera prácticamente garantizado su éxito.

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Una vez expuestas sus intenciones, recogidas sus inquietudes y recabado el apoyo de todos ellos, se pusieron manos a la obra. Consideraban que tan importante como su aprobación “oficial” por parte de los gobiernos participantes, era la buena acogida por parte de la opinión pública, así como de los medios de comunicación que debían anunciar dichos cambios. Su “hoja de ruta” se llenaría pues de pequeñas iniciativas que, si bien aisladamente no suponían ningún cambio drástico de estrategia ni de política concreta, poco a poco irían conformando una corriente de opinión acorde con las grandes reformas programadas. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas estaba compuesto por quince países contando entre ellos a los cinco miembros permanentes. Uno de los cambios más importantes sería la anulación del principio por el cual varios países miembros disponían del derecho de veto en cualquier tipo de deliberación que se llevase a cabo, y que siempre había generado controversia. Mantener dicho principio hubiera supuesto, simplemente, anular cualquier efecto positivo posterior, y suprimirlo, por el contrario, sería un golpe de efecto que tendría muy beneficiosas consecuencias para el proyecto de cambio. Así, se fueron “sembrando” las condiciones adecuadas para que, cuando fueran propuestos estos cambios a la Asamblea General - después de ser aprobados por el Consejo de Seguridad no hubiera ninguna duda sobre su aprobación. Cuando el mundo entero comprobó que estos países, que disponían de la prerrogativa de derecho a veto, aceptaban su desaparición, la sorpresa fue mayúscula, aunque ciertamente el sentimiento de satisfacción fue general.

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Nadie conocía la influencia en este hecho del Plan Marchiali. Por otro lado, la forma más adecuada de conseguir el mayor nivel de consenso internacional jamás conocido, y que la labor de la ONU fuera lo más efectiva posible seria “simplemente” que absolutamente todos los países del mundo tuvieran representación en su Asamblea General. De igual modo cada representante dispondría de un voto siendo todos ellos del mismo valor, independientemente de la aportación económica del país votante. En adelante estas aportaciones económicas serían porcentuales tomando como base su producto interior bruto y no haciendo distinciones entre socios ricos y socios pobres. Asimismo, se pondrían los medios necesarios para no permitir la existencia de grupos de presión formados por varios países que a priori pudieran tener intereses comunes, como podrían ser energéticos, culturales, religiosos o de cualquier otro tipo. En adelante la ONU se ocuparía del control de todos los aspectos que pudieran considerarse de interés común a todos los pueblos del mundo, al tiempo que asesoraría a los gobiernos en aspectos propios de su organización interna. El desarrollo, la igualdad, el comercio internacional, los flujos migratorios, y muchos otros aspectos de la vida de los pueblos, serían a partir de ahora los objetivos principales de la Organización de las Naciones Unidas. Incluso se planteaban incluir en su acta de refundación, al igual que sucedía en la constitución americana, el concepto del derecho del hombre a buscar la felicidad. Pero como dijo en su día el escritor romano Publius Flavio Vegetius Renatus: Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum 400


(si deseas la paz debes de estar preparado para la guerra) por eso otro punto que debía reorganizarse era la labor de los “Cascos Azules”. Desde su creación en 1948 hasta el momento, los países miembros de la ONU que lo deseaban, aportaban sus unidades militares integrando así una fuerza internacional. A partir de su refundación, el mando de los Cascos Azules sería ejercido por militares propios, que si bien podrían proceder de los ejércitos de los países miembros, al entrar en los Cascos Azules perderían esa vinculación pasando a formar parte de pleno derecho de la nueva formación militar. Asimismo la normativa se modificaría de forma que cuando una persona, procedente de cualquiera de los países integrantes de la ONU, deseara alistarse, podría hacerlo directamente sin tener que pertenecer previamente al ejército de su propio país. Sin que ello fuese óbice para que su país de origen debiera dar el visto bueno a su incorporación, tratando así de evitar la afluencia de mercenarios, o evadidos en busca de un refugio seguro. Los profesionales que hasta entonces habían pertenecido a las unidades integrantes de la organización, y así lo desearan, pasarían a engrosar las listas del nuevo ejército de los Cascos Azules. Esto le daba un carácter efectivamente supranacional y una independencia de los gobiernos y sus vaivenes políticos que redundarían en una mayor eficacia y funcionalidad. Una vez creado y puesto en funcionamiento un nuevo sistema de reclutamiento, y después de la formación adecuada, su misión consistiría en poner orden en todas aquellas hostilidades que pudieran producirse en cualquier punto del planeta.

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La aplicación de las directivas aprobadas por el Consejo de Seguridad, y en su caso por la Asamblea General sería también rígida y contundente, no vacilando un sólo instante en aplicar medidas restrictivas o coercitivas de todo tipo, llegando incluso al derrocamiento de gobiernos absolutistas y el procesamiento y encarcelamiento de sus dirigentes. Cualquier grupo o país de corte extremista, fascista, terrorista, o fundamentalista estaría inexorablemente bajo el punto de mira de los Cascos Azules de la ONU que mantuvieron el nombre e imagen como elemento de continuidad y homenaje a sus predecesores. Además de mediar en los conflictos entre países soberanos, la nueva ONU también tendría jurisdicción en conflictos internos, como los que eran habituales entre diferentes tribus africanas de un mismo país. Por su parte la Organización del Tratado del Atlántico Norte -OTAN- se había manifestado como un instrumento inútil sobre todo después de la “reforma” llevada a cabo en la ONU, por lo que inició su proceso de autodisolución en beneficio de los Cascos Azules. Similar destino corrieron todos los grupos existentes tal y como había hecho el Pacto de Varsovia en 1991. Sin lugar a dudas, éste fue uno de los cambios de estrategia política y militar más importante desde la Segunda Guerra Mundial. Los analistas internacionales se habían mostrado totalmente estupefactos. Nunca se había conocido tal nivel de consenso en materias de tal importancia. La aceptación del nuevo status de la ONU, principalmente por parte de los Estados Unidos había cogido totalmente por sorpresa a la opinión pública del mundo entero. Pero. ¿A qué se debía este cambio tan inesperado? 402


Un capítulo especial era el referente a las creencias religiosas, que generaban muchas de las diferencias existentes entre los dos mundos –básicamente cristiano y musulmán, sin menospreciar a otras creencias minoritarias– y eran producto solamente de la intolerancia que ambos habían practicado desde el principio de los tiempos. El mundo debía vacunarse ya contra estos problemas. El Presidente de los Estados Unidos, organizó una cumbre a la que acudió el Papa Benedicto XVI representando al mundo católico y el Presidente de Arabia Saudí en representación del mundo musulmán. El motivo de esta cumbre fue el de sentar las bases para un gran acuerdo internacional de no agresión, mediante el cual todas las partes se comprometían a respetar las creencias de los otros. Para ello, en primer lugar serían declaradas ilegales en todo el planeta las referencias jocosas, irreverentes y ofensivas a los símbolos y personajes relevantes de las otras religiones. Se trataba de sembrar el germen de la auténtica libertad religiosa, y conseguir que todas las religiones existentes fueran capaces de convivir. El objetivo era que con el tiempo, este tipo de leyes fueran “derogadas” por manifestarse totalmente innecesarias. En todos los países, y de forma paulatina, se fueron introduciendo modificaciones en sus respectivos códigos penales, con el fin de juzgar aquellos actos de agresión de una religión contra otra.

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Se creó un tribunal internacional similar al de La Haya que tendría jurisdicción en todo el mundo sobre hechos relacionados con la religión. Dicho tribunal estaría compuesto por magistrados representantes de todas las corrientes mayoritarias del planeta en materia de creencias religiosas. El mayor reto en este sentido era sin duda el conseguir que todas las religiones apoyasen el proyecto, prescindiendo de los totalitarismos que hasta el momento habían caracterizado a la mayoría de ellas. La materialización de éste proyecto, pasaba por la instalación en cada uno de los países del mundo, de un tribunal de primera instancia que solucionase los casos menores que por su importancia o trascendencia no deberían de llegar al tribunal superior. Una de las mayores sorpresas – ¿o quizás no?– con que se encontraron los miembros del Plan Marchiali, fue que una vez que desapareció la presión en materia religiosa que cada gobierno ejercía sobre sus pueblos, estos tendían a relacionarse con otros sin ningún tipo de marginación motivada por sus creencias. Se demostró una vez más que las diferencias existentes entre ambas religiones –y con todas las demás– eran creadas, potenciadas y manipuladas por sus correspondientes dirigentes, por motivos que hasta ahora nadie ha conseguido entender. ¿O sí? La convivencia entre miembros de diferentes ideologías comenzó a ser más habitual de lo que nunca había sido, y esto permitió además, que muchas personas recuperasen su espiritualidad perdida. Aunque quizás no estuviera pérdida realmente, sino solamente oculta tras una gruesa capa de “mugre” producida por los prejuicios que les habían sido inculcados desde niños. 404


La crisis alimentaria había producido un mayor desequilibrio entre los países ricos y los países pobres. Se habían encarecido de tal forma los cereales, el arroz, y otros alimentos que los pueblos que dependían de ellos entraron en una espiral de hambre y conflictos aún más brutal de la que ya soportaban. Los organismos dependientes de las Naciones Unidas, y en especial el Programa Mundial de Alimentos, estaban totalmente al margen de todos los problemas. Los miembros del Consejo de Sabios del Plan Marchiali no entendían por qué existían ese tipo de desigualdades. Pero el Plan Marchiali no era una organización que pretendiera la salvación del mundo por principios fanáticos religiosos o morales. No creía que la labor de las ONGs tuviera el resultado necesario y deseado, sin desmerecer en absoluto la labor realizada por las magnificas personas que las componían. Pero para Gustavo y sus colaboradores eso era solamente parchear el problema. Sin excluirlas había que buscar una solución duradera. ¡Y pronto! Ni siquiera desde el punto de vista más egoísta. Desde el punto de vista de los negocios más pragmáticos el tercer mundo era… ¿Cómo se decía? - Mercados emergentes –apuntó Javier Algorta en la reunión en la que estaban estudiando y planificando los movimientos de Plan Marchiali-. -Efectivamente es así –asintió Gustavo–, son países en los que hace falta de todo, absolutamente de todo. Cualquier jefe de

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ventas de cualquier empresa podría hacer verdaderas maravillas llevando sus productos a estas personas. -Es curioso que cuando cayó el telón de acero, todo occidente se frotaba las manos pensando en los “mercados emergentes del este” –comentaba Eduardo Echevarría, el filosofo. Las grandes multinacionales enseguida comenzaron a planear sus estrategias para la exportación a estos países… y sin embargo el continente africano que lleva siglos en esas condiciones, sigue siendo la hermana pobre del mercado y la política internacional.

-Antiguamente, con los primitivos sistemas de conservación y transporte de las mercancías quizás tuviera una explicación, pero hoy en día se puede hacer llegar en pocas horas cualquier cosa a cualquier parte del mundo, entonces… ¿Por qué? – Se preguntaba Conchita Diez. -No le deis más vueltas –intentó aclararles Gustavo– la política no tiene justificación para el noventa por ciento de las cosas que hace. - ¿Acaso no se podría solucionar la mayor parte de los problemas del tercer mundo con parte del dinero que los países “desarrollados” han dedicado al “rescate” de sus bancos y sistemas financieros corruptos? –se preguntaba a su vez Encinas-. -Por supuesto que sí –corroboró José Martín– pero a los gobiernos occidentales les interesa mucho más mantener las cosas como están para sus propios fines. -Sí, eso está muy claro –dijo el policía Vicente Arandapero ¿Qué intereses son esos? Yo tampoco acabo de entenderlo, debidamente estructurado el tercer mundo es un mercado increíble e inexplicablemente sin explotar.

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-A lo que Gustavo sentenció- Eso es algo que no entiendes ni tú ni nadie, no te esfuerces, esa es una más de los millones de incongruencias que gobiernan este planeta. La ONU, una vez iniciada su nueva etapa, tomaría las riendas de la producción y redistribución alimentaria en el mundo. A partir de entonces, esta organización, al mando de su doble correspondiente, promovería la constitución de un organismo supranacional, independiente y privado, aunque bajo su supervisión, que se encargaría de canalizar todo tipo de inversiones, exportaciones y misiones comerciales a todos los puntos conflictivos del planeta. La Organización para el Desarrollo Internacional –ODI– sería una especie de Cámara de Comercio Internacional, y sobre todo privada, que comenzaría su labor con la elaboración de un macro-estudio de mercado, encaminado a analizar al detalle las necesidades y posibilidades del tercer mundo. Pero todo ello bajo una sola premisa: toda su estructura debía ser hecha bajo principios y fines estrictamente empresariales. ¡La política ya había tenido su oportunidad… y había fracasado! No se trataba de hacer una buena obra, sino de planificar de un modo inteligente el avance y la prosperidad de todos esos países con el fin de que dejasen de poner en peligro el orden internacional. Orden internacional que era amenazado permanentemente por motivos total y absolutamente razonables –a modo de ver de Plan Marchiali-, puesto que solamente se producen problemas por el éxodo de los pueblos, cuando estos se ven privados de sus

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derechos más elementales, como el derecho a la propia vida y a tener un futuro digno. La puesta en marcha de un comercio estable con dichos países, el envío de profesionales de todo tipo, y las relaciones diplomáticas consolidadas, conseguirían la creación de infinidad de puestos de trabajo, no sólo en el tercer mundo sino también en el primero. Asimismo se conseguiría que los pueblos en crecimiento no tuvieran necesidad de emigrar, como se había hecho hasta ahora, de las formas más lamentables jugándose la vida para conseguir un futuro mejor para sus familias. El sistema era muy fácil de describir aunque ciertamente complejo de realizar. Se trataba simplemente de seguir unos pasos lógicos, que por otra parte se habían puesto en práctica millones de veces a otros niveles y en todos o casi todos los lugares del mundo capitalista. La Organización para el Desarrollo Internacional comenzaría realizando un amplio catálogo de las riquezas del planeta, en todas sus vertientes. Se estudiarían las fuentes de energía, como petróleo, carbón, minerales de todo tipo… Se catalogarían las posibilidades agrarias de cada lugar, las cosechas ideales, su productividad… Las especies idóneas para la ganadería de cada pueblo y aldea, las posibilidades y diferentes formas de reproducción… Las zonas y oportunidades de ocio serían también estudiadas para potenciar el turismo, en todas sus manifestaciones, ya que estaba sobradamente demostrado que, constituyendo un gran negocio en si mismo, podría además enriquecer la cultura y el esparcimiento de las personas… También era necesario conocer hasta el último detalle los asentamientos poblacionales en todo el planeta. Saber dónde, 408


cuántos y cómo viven cada uno de los hombres y mujeres de este mundo. Para una persona occidental no se entendía fácilmente que, ante el control de la población, que era totalmente habitual en su cultura, se encontrasen los países del tercer mundo, en los que era muy difícil conocer su situación real simplemente porque no existía un efectivo control de la natalidad y la mortalidad. Y aunque la explicación era muy simple –bastante tenían con sobrevivir cada día-, eso dificultaba cualquier proyecto de ayuda que se quisiera implantar. Gustavo y sus colaboradores eran plenamente conscientes de que estaban ante una labor ingente, que tardaría años y costaría mucho dinero, pero el esfuerzo merecía la pena. Y el Plan Marchiali consideraba que incluso la vuelta al mundo debe de comenzar con un “pequeño paso”, que es tomar la decisión de realizarla. Simultáneamente a este estudio, serían identificados y debidamente localizados los puntos neurálgicos desde los que se realizaría la distribución para que su efectividad fuera total. Esta era una labor que se antojaba algo más fácil que la anterior. Y quizás la más bonita en cuanto a la historia se refiere. Ya los grandes conquistadores y los grandes mercaderes de la historia habían marcado muchas de las rutas estratégicas a seguir. Solamente debían ser adaptadas a las nuevas tecnologías y modernos medios de transporte al tiempo que se ampliaba su número con el fin de que fueran realmente eficaces. En cuanto a los países destinatarios de los alimentos y bienes de equipo excedentes del primer mundo, también sufrirían 409


grandes modificaciones con el fin de recibir y distribuir adecuadamente las mercancías. Además, se constituirían en los países de destino sociedades cooperativas y de otros tipos para que en un plazo de tiempo flexible pero establecido de antemano pudieran hacerse cargo de su propio futuro. Era necesario introducir una serie de conceptos que no eran demasiado aplicados en el tercer mundo: la empresa, la productividad, la rentabilidad, la economía de mercado etc. Esto también crearía un ingente número de puestos de trabajo para personas que se dedicarían a labores de formación, de actualización, y de afianzamiento de todos los avances producidos.

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34 A medida que los “gobiernos del Plan Marchiali” iban sentando las bases para solucionar los problemas que parecían más urgentes, los observadores políticos y económicos se iban quedando estupefactos. Encinas, se había encargado en su momento de la recopilación de la información sobre los principales mandatarios del mundo y su labor había sido tan efectiva que la obra resultante, debidamente retocada para excluir la información sensible para el Plan Marchiali, se podía encontrar en las mejores librerías del mundo. La ingente recopilación de información que esta obra suponía no podía quedar olvidada en el fondo de un cajón, por eso el Consejo de Sabios había decidido que debía estar a disposición de todas las personas a las que pudiera ser útil. Pero una vez iniciado el Plan, el trabajo encomendado a Encinas era el de recopilar y estudiar toda la información generada por los gobiernos que eran controlados por él, así como la repercusión que ésta tenía en la sociedad. Cada noticia, cada comentario publicado era desmenuzado por Encinas y su equipo con el fin de poder diagnosticar inmediatamente cualquier incidente, desacuerdo o repercusión negativa que pudiera forzar a un cambio de enfoque en su trabajo.

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El equipo estaba compuesto por unas treinta personas en primera fila, auxiliadas por operarios que hacían el trabajo sencillo, y que estaban continuamente en contacto con los equipos de apoyo de cada uno de los dobles que “gobernaban” en el mundo. Asimismo, existían diversos contactos internacionales que informaban de los acontecimientos y de la repercusión que los actos del Plan Marchiali tenían en los habitantes de los diferentes países. Así, el “Consejo de Sabios” tenía información de primera mano sobre todo aquello que acontecía, pudiendo retomar o reformar cualquier decisión de forma inmediata. En un principio habían caído con cierta simpatía las decisiones económicas tomadas por el gobierno norteamericano. La creación de un banco que se encargara de gestionar el dinero destinado a las capas inferiores de la sociedad, como las pequeñas empresas y las familias había hecho que entrase una ligera corriente de aire fresco en la economía americana. No había tardado mucho tiempo en extenderse el ejemplo a muchos otros países del entorno, con lo cual el consumo se había reactivado permitiendo que muchas empresas fueran saliendo del bache en el que se encontraban. También el comercio internacional comenzaba a reactivarse y los mercados volvían a mostrar productos de otros países con el crecimiento del transporte y el cambio de divisas que ello significaba. Pero sobre todo, el hecho de que numerosos directivos de los bancos y sociedades de inversión que habían provocado el caos hubieran dado con sus huesos en la oficina de empleo y no pocos de ellos en prisión, había hecho que desapareciera el sentido de impunidad e impotencia que la crisis había provocado.

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Se había comenzado a restablecer el sentimiento de que el que “la hace la paga” independientemente de su poder político o económico. En cierta ocasión, durante una reunión del Consejo de Sabios, Gustavo había lanzado una pregunta a sus compañeros: -Se han producido diversas reconversiones en todo el mundo. En España, sin ir más lejos hubo reconversión de los astilleros, de las minas, de la siderurgia, del campo… -Ahora –continuaba Gustavo- se quiere reconvertir el sector financiero, la banca, la construcción… -¿Y la política? ¿Para cuándo se va a producir un ajuste o reconversión del sector político? ¿Por qué ellos siempre se salen con la suya? ¿Ellos no son nunca responsables de nada? – continuaba preguntando Gustavo con cierta vehemencia-. -Bien…pues creo que ha llegado el momento de que esto cambie. Y sentenció: -Las actividades del Plan Marchiali deben conseguir, no sólo el establecimiento de la razón en la administración de los diferentes estados del planeta, sino también cambiar la forma de pensar del hombre, para que realmente sepa ordenar su vida sin llegar a la autodestrucción a la que parece que nos conduce la situación actual. -y continuaba- El hecho de que las personas de todos los países del mundo, de las más dispares culturas e intereses comprendan que la democracia tal y como se conoce en algunos sitios no es el sistema perfecto… …El hecho es que ella misma –la democracia- debe buscar la forma de ir perfeccionándose a medida que la sociedad avanza, sin aferrarse a viejas tradiciones y esquemas que cada vez se hacen obsoletos con mayor rapidez, y debe ser uno de los objetivos que, precisamente por ser de los más complicados, debe 413


ser afrontado con mayor interés por el Plan Marchiali , si es posible.

Cuando Gustavo se dirigía al Consejo de Sabios, procuraba no hacer arengas ideológicas al modo de los tele-predicadores, que nunca le habían gustado. Tenía un verdadero interés en que las ideas que intentaba trasmitir a sus colaboradores estuvieran siempre basadas en hechos, e interpretados con la mayor lógica y razón que le fuera posible En el mundo político, que a priori se manifestaba como el más complicado de encarrilar, se había iniciado una suave corriente de simpatía hacia lo que los mandatarios del Plan Marchiali, y muchos otros que habían comprendido el mensaje, habían dado en llamar la Dictadura Democrática, siguiendo el ideario de Gustavo y sus colaboradores. La inclinación que los políticos en ejercicio, y sus simpatizantes, tienen a sacralizar sus ideologías hacía que la implantación de esa nueva corriente se manifestase como más complicada. Para ellos su ideología, ya sea de derechas o de izquierdas, es la única perfecta y desechan, e incluso en algunos casos satanizan de antemano cualquier posibilidad de que la otra, o quizás una tercera, sean al menos tan buenas como la suya. Por eso se preveía que ésta sería la vía por la que se encontrarían con más problemas. La clase política no se quedaría de brazos cruzados viendo como su poder se iba relativizando cada vez más. Por otro lado, también se había conseguido que algunas personas que gozaban de puestos relevantes, desde los que podían tener una cierta capacidad de análisis, se interesasen por lo que estaba sucediendo y gracias a la capacidad de detección 414


desarrollada por el Plan Marchiali pudieran ser captados para engrosar las filas de sus colaboradores. Ese habĂ­a sido el caso de James Stewart y su amigo Robert Malden que se habĂ­an incorporado al proyecto una vez iniciado y habĂ­an resultado unos colaboradores muy valiosos.

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35 Uno de los puntos que Gustavo tuvo muy presente desde el principio, era el hecho de que la ambición desmedida del ser humano es uno de los principales problemas que desde la noche de los tiempos ha tenido la humanidad. Por ese motivo se han llevado a cabo un sinfín de barbaridades como guerras, asesinatos y en general crímenes de todo tipo y condición. Estaba seguro de que una vez en marcha el Plan Marchiali, tendría que luchar contra los conatos de ambición y de codicia que, sin duda ninguna, se producirían. Debía idear un sistema que “vacunara” a todos sus colaboradores -y por qué no, a él mismo– contra ese mal. El proyecto debería ser desarrollado de forma que las personas que integraban el grupo trabajasen en equipo y sin embargo tuvieran una estructura lo suficientemente estanca de forma que nadie pudiera tomar directamente las riendas de nada. La verdad es que era un reto importante. El proyecto del Plan Marchiali era demasiado grande, y al tiempo demasiado goloso, como para que lo llevasen a cabo personas no cualificadas para ello. Sobre todo en el “primer nivel” es decir en el papel de suplantadores. Una persona que no tuviera la cabeza lo suficientemente fría como para ver sin ningún tipo de duda el alcance de la misión, no serviría para ello, ya que no es fácil tener el temple suficiente 417


como para estar en el papel de un alto mandatario mundial, y no querer sacar partido de ello. La clave de todo, a los ojos de Gustavo, era la “psicología” y la ideología del proyecto. Es decir, que a la hora de captar a los suplantadores, una de las cualidades más importantes que debería reunir cada uno de ellos, sería la de ser realmente participes de la idea, pero sin llegar al fanatismo. El hecho de que pensarán que eran las piezas principales de uno de los cambios más importantes de la historia del mundoquizás después del diluvio universal, la desaparición de los dinosaurios o la gran glaciación-, sería de vital importancia, además, por supuesto, del incentivo económico que ello supusiera. Aun así, Gustavo no era ningún ingenuo y no iba a supeditar el éxito del proyecto a la posibilidad de que sus dobles se excedieran o no en su ambición en un momento dado. Había planeado un “sistema de seguridad” para prevenir estas eventualidades. Por un lado el cuerpo de seguridad creado para la protección del complejo del Plan Marchiali disponía de una “célula” especial que bajo la apariencia de la seguridad privada de cada uno de los mandatarios tenía como misión la de protegerles de posibles agresiones del exterior. Pero también tenían como misión la de protegerles contra ellos mismos y su posible ambición desmedida. Un cuerpo de seguridad cuyos miembros nunca permanecían en el mismo puesto demasiado tiempo, con el fin de que no pudieran tener un vínculo excesivo con el mandatario y su entorno. Siendo relevados frecuentemente, no tendrían tiempo de conocer el círculo del dirigente lo suficiente como para poder 418


atentar de ningún modo contra él, ni abrigar proyectos que pudieran atentar contra los verdaderos fines del Plan Marchiali. Además de los miembros de la seguridad, los dobles nunca estarían solos, siempre tendrían a su “equipo de apoyo” que una vez que les habían preparado debidamente también controlarían sus movimientos, siendo además el vehículo de transmisión de la información entre el Plan Marchiali y ellos. Estos equipos de asesores estaban compuestos por técnicos expertos en diferentes disciplinas: antiguos policías, psicólogos, historiadores, economistas, guardaespaldas, etc. que orientarían en todo momento a sus dobles en cualquier aspecto de su trabajo. Contando con la posibilidad bastante probable de que alguno de los dobles “no funcionase” como en principio estaba previsto por la organización, cada uno de los mandatarios disponía de un doble “suplente” que estaría capacitado para tomar las riendas en cualquier momento. Todo esto estaba justificado por la necesidad de mantener a toda costa la “asepsia” no sólo de la estructura del Plan Marchiali sino también de todos sus miembros.

A pesar de todas las precauciones tomadas a lo largo de la ejecución de todo el proyecto. A pesar de haber tratado cada uno de los detalles como si fuera de primordial importancia. Y a pesar del escrupuloso y metódico sistema de captación utilizado, surgió lo que Gustavo más temía. La ambición. De hecho, a pesar de que no había sucedido más que un par de veces, no le sorprendió en absoluto, ya que si no fuera esa una de las características principales del ser humano, el propio proyecto seguramente no tendría razón de ser, puesto que 419


precisamente la avaricia desmedida de muchos mandatarios, a lo largo de la historia, había llevado a la sociedad al estado de cosas que propició la creación del Plan Marchiali. El personaje que en esta ocasión quería utilizar el proyecto en beneficio propio fue Jonh Daniels que había asumido la personalidad de Gordon Brown, primer ministro inglés. Sin duda había pensado que no tenía porque compartir los beneficios del puesto que había alcanzado, sin haberse percatado de que sin todo el complejo Plan Marchiali apoyándole, él no hubiera podido hacer absolutamente nada. Todo comenzó cuando Gustavo recibió la comunicación, en el trascurso de una reunión extraordinaria del Consejo de Sabios, de que había problemas en Inglaterra. -Se trata del proyecto de Ley sobre la realización de un referéndum que avalara la posible entrada de Inglaterra en la Zona Euro –relataba Conchita-. En varias reuniones anteriores de este consejo se aprobó, después de los correspondientes estudios económicos realizados al más alto nivel, que era conveniente y muy positivo para el Reino Unido unirse a la moneda única. Y se inició el proceso para que nuestro representante en ese país diera los pasos oportunos en este sentido. -Pues bien, el equipo de apoyo del Sr. Brown ha detectado ciertas conversaciones con algunos miembros del partido conservador que han desembocado en el aplazamiento injustificado del proceso de adhesión. -¡Ya! –exclamó Gustavo queriendo llegar al fondo del problema- pero ¿se conocen las razones de ese aplazamiento? Quizás haya algún motivo objetivo que le aconsejase actuar así.

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-No, no hay ningún motivo. Y además estaba previsto iniciar ahora el proceso porque se consideraba que era un momento propicio para ello, ya que contribuiría a que Inglaterra saliera mas sólidamente de la crisis -continuó Conchita- y este hecho, que quizás en otro momento hubiera tenido menos importancia ha hecho que el equipo de seguridad se mantuviese alerta y descubriese otras cosas. -¿Otras cosas?- pregunto Gustavo-. -Sí, el equipo de seguridad nos ha informado de que existen pruebas de que el Sr. Brown ha aceptado ciertos… digamos… regalos por parte de algunos líderes de la oposición –confirmaba Vicente Aranda, el policía que se encargaba de este tipo de controles en la organización-. -Como tú ya conoces, antes de dar el paso de informar al Consejo de Sabios, nos cercioramos de que realmente las acusaciones sean ciertas, se contrastan adecuadamente todas las pruebas –continuaba el policía-. Y aquí tenemos esas pruebas… Durante casi dos horas, el Sr. Aranda estuvo detallando una por una todas las pruebas que demostraban que la acusación era cierta. Fotografías comprometedoras, grabaciones de video y audio, certificados de ingreso de cantidades de dinero de procedencia desconocida e incluso testimonios de algunos testigos entre otras pruebas terminaron por convencer al Consejo de Sabios y al propio Gustavo de que las acusaciones eran ciertas. Pero afortunadamente el protocolo establecido en el Plan Marchiali para estos casos estaba perfectamente claro. Inmediatamente entraron en funcionamiento los equipos de seguridad, que mediante varias hábiles maniobras sustituyeron a Jonh por Orson Wilde, doble que había sido preparado simultáneamente para esta eventualidad. 421


La ocasión se presentó cuando un par de meses después el primer ministro Inglés viajó a Madrid con motivo de una cumbre bilateral en la que debía entrevistarse con el Presidente del Gobierno Español. Una vez hecho el cambio, Jonh fue conducido a las dependencias del Plan Marchiali –de las que desconocía absolutamente todo, su diseño, su ubicación etc.-, con el fin de ser neutralizado adecuadamente. A lo que no estaba dispuesto Gustavo era a que Jonh sufriera ningún daño pues entonces se rompería en pedazos el principio por el que había diseñado el Plan Marchiali. El sistema de neutralización era muy sencillo. El proceso que se había utilizado para caracterizarle fue invertido y con un par de retoques de cirugía estética su aspecto no se parecía en nada a la persona a la que había suplantado. Incluso había dejado de parecerse a la persona que era antes de iniciar su aventura en el Plan Marchiali ya que este le dotó de una nueva personalidad y le desterró a un país sudamericano dotándole de un trabajo y una posición más o menos desahogada para que pudiera vivir lejos del Plan. Pero antes, permaneció internado y aislado en las instalaciones del Plan hasta que comprendió que era mejor para él colaborar y se convenció además de que si se le ocurría presentarse en algún sitio, cualquiera, contando su historia seria tratado con toda seguridad igual que si afirmara haber sido abducido por un grupo de extraterrestres. En realidad lo único que él sabía con certeza era que un grupo de personas le había captado, le había preparado y le había 422


“colocado” en el puesto del Primer Ministro del Reino Unido y que su trabajo consistía en hacer todo aquello que se le ordenase. Pero no sabía ni de quien ni de donde provenían esas órdenes. Por eso, Gustavo y su “Consejo de Sabios” estaban tranquilos en lo que a Jonh se refería, pero por el bien de la seguridad de todo el sistema, además sería sometido a continua vigilancia. Cuando el nuevo Gordon Brown “tomo posesión” de su cargo, una de las primeras misiones que cumplió fue la de utilizar las pruebas que habían acabado con su antecesor, para poner a los políticos y empresarios que le habían corrompido a disposición de la justicia inglesa. Así pudo continuar la labor iniciada por el Plan Marchiali en las Islas Británicas.

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36 Se había establecido un procedimiento por el cual Gustavo y el Consejo de Sabios se ponían periodicamente en contacto con los inquilinos de Plan Marchiali. Cada uno de ellos, en sus propias dependencias disponía de un despacho dotado con los más modernos sistemas de videoconferencia que les permitía conversar con sus anfitriones, si bien ellos no sospechaban que se encontrasen tan cerca de ellos. Y tampoco tenían ningún tipo de comunicación con otros invitados. El sistema simplemente permitía al Plan Marchiali tener un control inmediato de todo cuanto hacían, conocían y casi pensaban sus invitados. En una gran sala de control, con una pantalla para cada uno de ellos, Gustavo podía tener ante sí a todos sus invitados y en un momento dado hablar con cualquiera de ellos. Así, podía hacer un balance más o menos realista de la aceptación o rechace que cada una de las medidas adoptadas por el Plan Marchiali y aplicadas por sus dobles tenían en las personas que en realidad tenían la responsabilidad de haberlas tomado. En no pocos casos comprobó con gran asombro que estaban totalmente de acuerdo, e incluso aportaban sus ideas o experiencias con el fin de enriquecer las decisiones tomadas.

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En muchas ocasiones tanto Gustavo como el resto de los componentes del consejo de Sabios se habían preguntado porque entonces no habían obrado así en su momento. Era curioso comprobar cómo estas personas tenían una forma de pensar, o al menos de manifestarse, radicalmente distinta si la pregunta era formulada en público o en privado. Había corroborado algo que siempre había sospechado y era que la mayor parte de las veces, las decisiones tomadas por los mandatarios eran totalmente opuestas a su propia forma de pensar. Eso le permitió llegar a la conclusión de que eran personas que si bien creían tener el poder, en muchos de los casos solamente eran el brazo ejecutor -hombres de paja- de las directrices de los aparatos políticos, económicos y de otras clases que les habían colocado en ese lugar manteniéndose los realmente poderosos en el anonimato y la impunidad. Pero eso se encargaría de cambiarlo el Plan Marchiali. Las variadas decisiones tomadas hasta el momento habían tenido una desigual critica entre los invitados, si bien a casi todos les parecía buena idea, la mayor parte de las discrepancias giraban en torno a la forma de ejecutarse. Algo que parecía lógico, dada la diferencia de ideologías y culturas que albergaba el Plan Marchiali. Desde el primer momento, Gustavo tenía muy claro que no se trataba de mantener a sus invitados aislados e incomunicados. No pretendía aislarles del mundo mientras se desarrollaba el proyecto, y por supuesto, no pretendía que sufrieran daño alguno, ni físico ni psicológico. Más aún, y con el fin de mantenerles al día de todo cuanto ocurría especialmente en sus respectivos países, los invitados 426


tenían periódicamente contacto con sus familias, controlado por el equipo que apoyaba a sus correspondientes dobles. Eso contribuía también a que los familiares de los mandatarios, al constatar el buen estado de los mismos no se planteasen llevar a cabo ninguna acción que pudiera poner el riesgo su salud y la del proyecto entero. Al mismo tiempo eran grabadas con regularidad las actividades realizadas por cada una de sus familias y ofrecidas puntualmente a sus invitados con el fin de que comprobasen que todo estaba bien. Incluso con respecto a sus hijos, los invitados eran informados puntualmente de hechos como su evolución escolar, posibles enfermedades, actividades deportivas etc. con el fin de que aún estando ausentes no se perdieran la evolución de sus hijos. Ese tipo de detalles eran los que más contribuían a que los inquilinos del Plan Marchiali mantuvieran la calma y no tuvieran tentaciones de hacer alguna tontería empujados por la desesperación, si bien la continua vigilancia a que eran sometidos hacia descartar totalmente la posibilidad de intentos de autolesión o suicidio. El posible intento de fuga estaba descartado también por la propia estructura y ubicación de las instalaciones del Plan Marchiali. Asimismo, cada uno de los mandatarios invitados disponía de una persona que podría considerarse su ayuda de cámara y que estaba a su entera disposición para todo aquello que pudiera necesitar. Esta persona además era un experto en psicología y tenía como misión la de “hacerse amigo” del invitado. Conocer su estado de ánimo, su opinión sobre lo que estaba pasando y sobre todo los efectos que el desarrollo del proyecto causaba en ellos y su posible reacción en caso de que éste tuviera que ser suspendido.

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Desde luego que era una misión harto complicada, sobre todo para algunos de ellos. Había invitados que no habían tardado mucho tiempo en comprender el verdadero objetivo de Plan Marchiali, gracias a la gran cantidad de información objetiva, veraz y sin interpretaciones interesadas que Gustavo se encargaba personalmente de hacerles llegar. Sin embargo había mandatarios que no terminaban de entender los fines de lo que estaban viviendo. Simplemente no comprendían que pudiera haber personas capaces de montar todo ese tinglado sin tener motivaciones económicas o de poder. Siempre se había preguntado Gustavo qué pasaría por la cabeza de una persona que ostentaba tal cantidad de poder. Qué mecanismos mentales podían hacer que en un momento determinado tomase una decisión y no otra. Además era un tipo de preguntas muy común entre todos los miembros del Consejo de Sabios, ya que la historia estaba plagada de decisiones incomprensibles desde todo punto de vista. Tenían ante sí una ocasión única. Teniendo a su merced a tal cantidad de dignatarios no podían perder la oportunidad de hacer un gran estudio sobre el tema. Y Gustavo estaba seguro de que le sería de gran utilidad para aplicarlo al Plan Marchiali. Además posiblemente fuera el estudio más importante realizado por el ser humano desde que comenzó a organizarse en sociedad. Por eso se celebraban regularmente sesiones entre algunos invitados y el equipo de asesores del Plan Marchiali, en las que se trataba de conocer a fondo a las personas que en un momento dado, habían tenido en su mano el destino de alguno de los países más poderosos del mundo. En algunas ocasiones, dichas sesiones 428


se producían a modo de terapia de grupo, ya que la controversia que se producía solía dar muy buenos resultados. Para realizar estas sesiones los invitados debían observar unas normas que eran bastante rígidas. En primer lugar realizarían las entrevistas cubiertos con una máscara ligera que ocultase su rostro, sobre todo si en la reunión había más de un invitado. De hecho, estos debían permanecer con la máscara puesta siempre que estuvieran fuera de su propio apartamento. Con el fin de que nadie pudiera dar información indirecta a los demás invitados mediante su forma de vestir, también debían de utilizar la indumentaria facilitada por el Plan Marchiali ,que a modo de uniforme mantendría aún más el anonimato de todos ellos. La única característica especial de esta indumentaria era la de ser igual para todos, de tipo normal y adecuado al rango de los visitantes. Incluso les habían facilitado un traje en previsión de que en algún momento lo pudieran necesitar. Además, un complicado juego de cámaras captaba permanentemente imágenes de cada uno de ellos, que después eran debidamente estudiadas con el fin de detectar el más leve movimiento que pudiera delatar cualquier infracción de las reglas. Por tanto pasarse notas, o cualquier otro objeto o hacer cualquier tipo de señal era imposible de realizar sin ser visto. Al comienzo de estas tertulias fueron debidamente informados de que la finalidad de las mismas era la de hacer más fácil su estancia en el Plan Marchiali y advertidos de que eran total y absolutamente voluntarias.

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A decir verdad, la mayoría de los invitados aceptaron desde el primer momento, ya que –entre otras razones– era la única forma de conversar con otras personas durante su cautiverio, lo cual era bastante bueno para su salud mental y emocional. Otra de las normas consistía en que nadie podía identificarse, pues en el momento en que cualquier contertulio reconociese a otro de los invitados, ambos serían retirados inmediatamente de la reunión y aislados en sus apartamentos. Por otro lado, no había ninguna otra cortapisa, podían hablar de todo cuanto desearan, preguntar, discutir, en fin realizar una auténtica tertulia, incluso si lo deseaban, o lo necesitaban, podían solicitar la asistencia de un intérprete. Esto era bastante habitual ya que aunque el inglés y el castellano eran idiomas bastante utilizados entre todos los invitados, también había otras lenguas que no eran tan comunes. Todas las reuniones eran debidamente grabadas y transcritas con el fin de recopilar datos y opiniones que posteriormente, y junto a los demás estudios realizados, serían analizadas por Gustavo y sus colaboradores, siendo de suma importancia para conocer a fondo a sus invitados. En ocasiones se habían realizado algunas de ellas con el fin de ver espacios de noticias internacionales. En ellos se informaba del transcurso de los eventos en los que había intervenido el Plan Marchiali a través de algún mandatario “patrocinado” por él. Gracias a éstas tertulias, la gran mayoría de los invitados se dieron cuenta de que habían iniciado su carrera política con la idea de cambiar el mundo, de hacer algo para que todas las cosas fueran mejor pero no tardando mucho fueron “absorbidos” por sus cargos y su forma de pensar había cambiado de manera radical. 430


Existe un dicho que afirma que “el poder corrompe” y que “el poder absoluto corrompe absolutamente” y quizás se refiera al hecho de que cuando una persona se dedica a la política es poseído por una ambición desmedida que no tiene límite. Y la mayor parte de las veces no es ambición económica, sino de poder, concepto que no es unánime, ya que cada persona tiene una percepción de lo que es y de qué nivel de poder está capacitado para asumir. Pero también invariablemente su capacidad de ver y juzgar las cosas con ecuanimidad disminuye de tal forma que la mayor parte de las veces desaparece totalmente. Otro de los puntos que más había impresionado a los miembros del Plan Marchiali era que la mayoría de los mandatarios solían tener un total y absoluto desconocimiento sobre el resto de los países, a no ser que hubieran tenido con ellos algún contacto especial y concreto tanto personalmente como a través de acuerdos comerciales o políticos puntuales. Como mucho, en la mayoría de las ocasiones, podrían acertar con su situación geográfica, y quizás con su forma de gobierno actual. Pero en lo que su ignorancia era total y escandalosa era sobre su cultura, su historia, sus deseos de futuro, etc. Se notaba una gran diferencia entre los gobernantes de la “Vieja Europa” y los demás. Los europeos manifestaban una más vasta cultura geográfica e historica, conocían bastante más a los otros países, su situación, su cultura, su forma de vida…mientras que el resto de los dirigentes -de origen anglosajón, asiático, oriental etc.- eran bastante más cerrados en ese sentido, como si los demás les importasen menos. Eran gobernantes que tomaban decisiones que afectaban a millones de personas, de las que no sabían absolutamente nada, e incluso, a veces, el futuro de éstas podía depender de decisiones

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tomadas por ellos de forma total y absolutamente arbitraria, egoísta e interesada. O al menos esa era la imagen que durante muchos años, siglos en realidad, se habían encargado de gestar y acrecentar ellos mismos, los políticos. Quizás fuera el momento de que la llamada clase política asumiera su responsabilidad por la situación en la que se encontraba la sociedad del siglo XXI. A medida que transcurría el tiempo, a los invitados del Plan Marchiali, les iba invadiendo poco a poco una suerte de “Síndrome de Estocolmo” que hacía que cada vez estuvieran más de acuerdo con lo que estaban viviendo Quizás fuera el hecho de ver que no sólo no eran imprescindibles, como ellos habían creído en algún momento sino que además aquellos problemas que ellos habían considerado que no tenían solución -o que quizás a ellos no les interesaba encontrarla-, se iban enfocando de otra forma, y en muchos de los casos incluso se iban solucionando. Además, la labor de los dobles estaba siendo tan positiva, que ellos se estaban dando cuenta de que no era ninguna utopía, que cuando las cosas se hacían de verdad, con un sentimiento estadista, y con una gran generosidad, amplitud de mente y visión de futuro los problemas no sólo desaparecían, sino que la mayor parte de las veces, ni siquiera se producían. Habían podido comprobar que con el dinero y la energía utilizada para solucionar los problemas creados arbitrariamente por aplicar métodos y doctrinas exclusivamente partidistas, con toda seguridad se podían haber solucionado la mayoría de los problemas del tercer mundo. Por ejemplo. 432


El deseo de Gustavo era que las sesiones fueran cada vez más productivas. Y realmente lo estaba consiguiendo ya que sus invitados se iban “abriendo”, y cada vez se expresaban con mayor libertad y sinceridad. La sala donde solían producirse estas sesiones era una especie de biblioteca bien surtida, donde en muchas ocasiones se reunían varias personas para charlar y para leer. Y siempre provistos de sus respectivas máscaras. Dichas máscaras distaban mucho de ser un elemento de tortura. El Plan Marchiali solamente pretendía con ellas conservar a toda costa el anonimato de sus invitados. Estaban provistas de un sistema similar a los que se utilizaban en los comercios de ropa para evitar los hurtos. Si uno de ellos intentaba quitársela, simplemente emitía un pitido que alertaba a la guardia. Además iban provistas de un mecanismo similar a un GPS que informaba en todo momento de la situación de cada uno. Nada más. Era una historia que siempre le había atraído. Había varias versiones de ésta historia, que habían hecho que a lo largo del tiempo, diversos autores y de diferentes medios, como la literatura, el cine, etc. la plasmaran y contribuyeran así a que la leyenda se perpetuase. El Hombre de la Máscara de Hierro es un misterioso personaje francés de los siglos XVII-XVIII, que fue encarcelado por razones desconocidas, y permaneció encerrado hasta su muerte en la prisión de la Bastilla. Durante su estancia en prisión, su rostro fue cubierto con una máscara que algunos aseguran estaba hecha de terciopelo, aunque la leyenda dice que era de hierro. Quizás esto no fuera por el metal que la formaba, sino por la voluntad férrea de sus guardianes de que mantuviese permanentemente oculta su personalidad. 433


Hay quien dice que era el hermano bastardo del rey Luis XIV, otros le adjudican la personalidad del legendario mosquetero d’Artagnan. En cualquier caso Gustavo no vaciló un instante, al ver cierta similitud entre sus invitados y el legendario personaje, en adjudicar a su proyecto el nombre que según sus mentores tenía el famoso huésped de la Bastilla: Marchiali. Si bien sus planes no contemplaban ni mucho menos que sus huéspedes terminasen sus días como el histórico usuario de la máscara de hierro. En un principio había pensado que sería suficiente con retener a sus invitados en las instalaciones del Plan Marchiali. Pensaba que no tendría mayor trascendencia el hecho de que se conocieran unos a otros y que todos supieran de la existencia de los demás. Pero quizás por un sentido extremadamente acusado de la seguridad, y pensando que sería lo mejor para el futuro de la organización, llegó a la conclusión de que sería más práctico que nunca tuvieran la certeza de cuantos, ni quiénes eran sus compañeros de aventura. Así sería más difícil que pudieran unirse y perjudicar a los fines de la organización. La incertidumbre sobre lo que realmente había ocurrido acompañaría a todos sus invitados durante mucho tiempo.

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37 Desde el inicio del Plan Marchiali unos años antes, habían salido a la luz multitud de problemas y situaciones, que durante años y años habían permanecido ocultos, unos por la dejadez de las personas que tenían la misión de crear las condiciones para que no se produjesen y otros por inconfesables intereses creados. También la indolencia de los ciudadanos, había contribuido sobremanera a la perpetuación de muchos problemas, ya que parecían pensar que si llevaba tantos años haciéndose así, debía ser porque estaba bien. Gracias a la intervención del Plan Marchiali, muchos organismos internacionales habían sido reformados y adaptados a la nueva situación, con el único fin de que cumplieran los fines de servicio a los ciudadanos para los que habían sido creados, y otros, simplemente habían sido disueltos por su manifiesta inutilidad y despilfarro. También a nivel nacional, las estructuras de los diferentes estados se iban modernizando paulatinamente, siguiendo los criterios de rentabilización de los medios, tanto económicos como humanos que los componían. Gustavo estaba satisfecho de la evolución de su proyecto, no sólo por los logros conseguidos, sino también porque el clima de gran colaboración y complicidad que reinaba en el seno del Consejo de Sabios se había extendido a toda la organización. 435


La colaboración y el trabajo en equipo, pero sobre todo la discreción, eran las cualidades más apreciadas por todos los miembros del Plan Marchiali. Todos ellos eran conscientes de que la importancia y trascendencia de lo que estaban haciendo, exigía la máxima discreción, de modo que la organización apenas debía insistir en ello. Se trataba de una especie de pacto de silencio no escrito. Todos eran conscientes de que la más mínima filtración haría que la maquinaria de seguridad del Plan Marchiali aislara y neutralizara inmediatamente a la persona o grupo que hubiera trasgredido sus normas. La energía, la alimentación, las relaciones internacionales y muchos otros asuntos importantes iban retomando el rumbo que nunca hubieran debido perder. En el Plan Marchiali –todos sus integrantes- eran conscientes de que no se podían solucionar de la noche a la mañana asuntos que llevaban funcionando así desde tiempos inmemoriales, pero viendo que poco a poco se iban sentando las bases para un mejor funcionamiento de todas las cosas en general, no sólo no perdían su interés en el proyecto, sino al contrario, cada vez se afianzaba más su deseo de colaborar.

Los sistemas de captación de los colaboradores así como de los dobles, iban perfeccionándose con cada caso, de forma que los errores eran cada vez menos importantes. El Consejo de Sabios en pleno se reunía periódicamente, sin perjuicio de que sus miembros tuvieran multitud de reuniones entre ellos, para poner en común estrategias de trabajo, y cambiar opiniones sobre la evolución del proyecto. 436


También se había establecido una reunión periódica – al menos una o dos veces al año- de todos los dobles de los mandatarios que habían sido sustituidos por el Plan Marchiali. Los asistentes a estas “cumbres” eran conocidos oficialmente por el mundo entero como el “Grupo de Madeira”, que había obtenido este nombre por ser en esta isla atlántica donde se había producido su primera reunión. Tan solo sus componentes sabían que en realidad se trataba del Plan Marchiali. En estas reuniones, que siempre eran celebradas a puerta cerrada, se ponían en común las estrategias a seguir para la regeneración democrática del mundo, siempre bajo la férrea y directa dirección y supervisión del Consejo de Sabios. Cada vez que se producía una de estas cumbres, el mundo entero asistía expectante a la publicación de sus conclusiones. Ya había pasado a la historia la época en que las resoluciones dictadas por los organismos o grupos internacionales eran ignoradas sistemáticamente por todos, o casi todos, los gobiernos del mundo. Las resoluciones del Grupo de Madeira invariablemente se verían traducidas a hechos inmediatamente después de ser aprobadas, con el proceso y evolución adecuados en cada caso.

Desde su ingreso en el Consejo de Sabios, James Stewart y Malden habían participado activamente en la resolución de muchos de los conflictos que iban surgiendo. Actuando como asesores de los grupos de apoyo y de los propios dobles y gracias a su preparación en el mundo político, y en el servicio secreto respectivamente, se habían convertido en unos colaboradores muy valiosos para Gustavo y su Plan Marchiali.

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Además gracias a su buen hacer, otras personas de su confianza habían sido reclutadas para la causa, de modo que el balance de su entrada en la estructura del Plan Marchiali era realmente bueno. El ciclo de algunos de los primeros mandatarios residentes en el Plan Marchiali iba tocando a su fin. El proceso de cambio de la sociedad que Gustavo se había planteado en un principio, estaba dando los frutos deseados, y los diferentes procesos de sucesión continuaban su curso. Había llegado el momento en que sus primeros invitados recobraran su libertad. Fue en este momento cuando Gustavo pudo comprobar que la decisión que había tomado en un principio, de mantener a sus invitados informados en todo momento de lo que sucedía, no sólo en su propio país, sino en el mundo entero se había manifestado como un elemento decisivo para que éstos comprendieran el verdadero alcance de sus propósitos. Esto, junto al hecho de haber sabido mantener en todo momento el contacto con sus respectivas familias, había conseguido que todos ellos prestasen su colaboración sin demasiados problemas. Fue Malden la persona encargada por el Consejo de Sabios para organizar la “vuelta a casa”. Con la estrecha colaboración de James Stewart, el agente secreto organizó todos los detalles de forma que los invitados pudieran reincorporarse a sus propias vidas de la forma menos traumática posible. Este era un extremo que también se le antojaba complicado. Si bien durante años habían procurado que la estancia en sus instalaciones fuera lo más confortable posible, llegado el momento, no podían evitar la incertidumbre sobre si conseguirían 438


una completa integraciĂłn de vuelta a su vida normal o por el contrario supondrĂ­a un problema a resolver. Pero en todo caso, pronto lo sabrĂ­an.

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38 Sí, todo había comenzado varios años atrás. Mientras se tomaba el baño, Obama seguía pensando en todo lo que había sucedido. ¿Qué hacía en Nueva York? En realidad no tenía problemas de memoria, recordaba perfectamente lo sucedido durante los últimos años, solamente estaba un poco desconcertado pues no esperaba ese desenlace de los acontecimientos. Sin embargo a juzgar por la fecha indicada en la noticia de la televisión debía llevar al menos diez o doce días fuera de la realidad. ¿Había estado en esa habitación durante todo ese tiempo? De no ser así, ¿Dónde había estado? Su último recuerdo le situaba en Europa pero entonces… ¿Cómo había llegado hasta Nueva York? Si él no recordaba nada ¿Quién le había llevado hasta allí? La verdad es que se le amontonaban las preguntas y no acertaba a encontrar ninguna respuesta, por lo que decidió colaborar con su baño e intentar relajarse y disfrutar. Después intentaría aclarar todo el entuerto.

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Había transcurrido casi una hora. Además de bañarse, hecho que le había dejado como nuevo, se había afeitado y arreglado como si tuviera que asistir a alguna reunión importante, aunque ya casi no recordaba cómo eran. En el armario de la habitación había encontrado ropa interior de su talla además de un traje que le quedaba perfectamente y que vistió sin dudarlo. Cuando estaba terminando de hacer el nudo de la corbata, oyó un par de toques en la puerta. Se dirigió a ella y entreabriéndola comprobó que quien había llamado era José Ángel. Le reconoció al instante y dando un paso atrás le indicó que podía pasar. -Buenos días Sr. Obama –comenzó a hablar José Ángel– espero que haya descansado y se encuentre bien. Hoy será un día agitado. -Hombre –exclamo él – ya iba siendo hora. Ya no recuerdo lo que es un día diferente, con algo de emoción. ¿ y a que se deberá esa agitación? -No se preocupe, cada cosa a su tiempo –le contestó-. Pero le garantizo que todo irá bien. -No, si no tengo problema, como podrá usted suponer después de tanto tiempo, he aprendido a esperar los acontecimientos con toda la tranquilidad del mundo –le respondió con humor el invitado-. -Mejor así –sentenció José Ángel– pero le prometo que dentro de poco todo habrá terminado. 442


Y después del comentario procedió a abandonar la habitación dejando a su invitado un poco más tranquilo. O al menos eso esperaba. Transcurridos varios minutos, José Ángel volvió a entrar en la habitación y con un gesto amigable le dijo: -Bien caballero –se había acostumbrado a tratar así a todos los invitados, seguramente porque en realidad pensaba que se merecían todo su respeto– ya está todo listo. Dentro de unos minutos todo habrá terminado. José Ángel le indicó que le acompañase y él se manifestó un poco despistado al tiempo que hacia ademán de buscar su máscara. El hábito de utilizarla siempre que salía de su habitación ya era una costumbre adquirida durante unos cuantos años. José Ángel se dio cuenta del hecho y dándole una palmada en la espalda le dijo: -No se preocupe Sr. Obama, ya no necesitará utilizar nunca más esta mascara. Sin embargo su invitado cogió la máscara y se la guardó en el bolso interior de su americana. -Creo que será un buen recuerdo de todo lo sucedido– respondió el invitado. José Ángel, haciendo gala una vez más de una exquisita educación, extendió su mano pidiéndole que se la devolviera: -Sr. Obama, creo que después de lo sucedido no necesitará Vd. ningún objeto que le recuerde su estancia en el Plan Marchiali. Y Comprenderá que por motivos de seguridad no podemos permitir que ningún objeto de los utilizados por usted salga de nuestro poder. El presidente americano miró a José Ángel con detenimiento, y sin más introdujo su mano en el bolsillo y sacando la máscara se la entregó diciendo:

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-Tiene usted razón, la experiencia vivida durante estos años ya está grabada en mi mente a fuego, no necesitaré nada para recordarla. José Ángel asintió y agradeciéndole su actitud, condujo a su invitado a la habitación contigua. Cuando éste hizo entrada en ella su sorpresa y su emoción fueron inmensas. Incluso José Ángel que ya había previsto que eso podría suceder, se había situado detrás de él de modo que cuando le vio tambalearse le sujetó para impedir su caída y le acompañó a un sillón próximo. Tardó apenas un minuto en recuperarse de la emoción y cuando lo hizo, comprobó que era cierto. ¡Su familia estaba allí! Sus dos hijas corrían hacia él y se abrazaban con tanta fuerza que le hacían daño, pero no se resistió. Cuando hubo pasado el primer momento de la emoción dio un par de pasos hacia atrás mirándolas extasiado. -¡Hijas mías, estáis preciosas! ¡Ya sois unas mujercitas! –y con la misma fuerza tiró de sus manos, que se resistía a soltar, y con el impulso volvió a abrazarlas de nuevo– ,¡que ganas tenía de veros y de abrazaros. No sabéis cuanto os he echado de menos! Cuando el momento de la emoción bajó un poquito de intensidad lo hizo solamente para coger un nuevo impulso al ver a su esposa que se mantenía ligeramente alejada, y viendo la escena con lagrimas en los ojos. Se quedó mirándola detenidamente durante unos segundos que se le hicieron eternos y se dirigió con rapidez hacia ella abrazándola y besándola como si quisiera descargar toda la intensidad de su amor, que había mantenido guardado durante los últimos años. 444


Se fundieron en un abrazo que duró varios minutos bajo la atenta mirada de sus dos hijas, que a su vez se mantenían unidas y enjugándose las lagrimas la una a la otra. José Ángel se había ido. En un alarde de discreción había decidido que ése era un momento solamente para ellos. El no era quien para permanecer en la estancia en la que tantas emociones se iban a desatar. Les dejó que hablaran durante casi una hora antes de regresar a la habitación. Cuando entró de nuevo en ella su invitado se levantó y se dirigió a él: -¡Gracias! Había llegado a pensar que ya no volvería a verlas –exclamó-. -No se preocupe –contestó José Ángel– pero comprenderá que si hubiéramos tenido la intención de no dejarles verse nunca más, no habríamos permitido que hablasen casi a diario durante todos estos años ¿no le parece? -Ya, quizás tenga razón, pero estará de acuerdo conmigo en que después de tanto tiempo ya no sabe uno qué esperar y a qué aferrarse para sobrevivir –continuó el invitado–. -De cualquier modo, todo ha terminado, dentro de unos minutos les espero en el salón. Por favor no se demoren demasiado –finalizó José Ángel al tiempo que salía de nuevo de la habitación–. El invitado y su familia recompusieron ligeramente su aspecto, que estaba algo maltrecho por la emoción del reencuentro, y se dispusieron a bajar al salón sin saber qué ni quién estaría esperándoles allí. Cuando hicieron su entrada en el salón, el invitado observó que José Ángel se encontraba en compañía del Sr. Gustavo Vázquez y dos personas más a las que él no conocía pero estaba 445


seguro que pertenecían al mismo equipo. Y estaba en lo cierto, se trataba de Malden y Stewart. Su familia estaba aún más expectante, ya que solamente conocían a José Ángel. El invitado observó la inquietud de su esposa y le comentó en voz baja: -Tranquila querida, no hay ningún problema. Cuando Gustavo Vázquez se percató de su presencia, se dirigió a ellos y con una gran amabilidad les saludó: -¡Ah, buenos días! Por favor pasen y siéntense. Pónganse cómodos. Sólo serán unos minutos y podrán irse a su casa. Una vez que todos habían tomado sitio. Gustavo comenzó a hablar dirigiéndose a ellos. Sr…, Sra. Obama, no voy a intentar justificar nuestros actos, ya que usted ha podido comprobar durante todo este tiempo cuáles eran nuestros propósitos. Usted fue traído y retenido aquí con un fin claro y definido que creemos haber cumplido con éxito. Durante todo este tiempo, ha podido comprobar que los hechos han justificado con creces nuestras expectativas. Nunca –continuaba hablando Gustavo– le hemos mantenido aislado del mundo exterior. Siempre ha tenido la información de todo lo sucedido, inmediatamente, y sin ningún tipo de censura. La única limitación ha sido la de tener que permanecer en nuestras instalaciones. El invitado y su familia permanecían escuchando las palabras de Gustavo como si no quisieran interrumpirle para que terminase cuanto antes y poder irse. José Ángel entró en la conversación diciendo: 446


-A partir de ahora Vds. recuperan su vida al cien por cien. Usted podrá asumir de nuevo su personalidad y todos los beneficios que el cargo le ha proporcionado. Cobrará usted la pensión vitalicia que le corresponde como ex presidente de los Estados Unidos -continuaba- Su estatus le permitirá dar conferencias, seminarios y todas aquellas actividades habituales de cualquier persona de su posición. Gustavo Vázquez comentó de nuevo: Evidentemente no podrá contar lo sucedido absolutamente a nadie, puesto que nadie sabe, ni supone, ni tiene el más mínimo motivo para sospechar lo que ha ocurrido en los últimos años. Oficialmente “usted” ha permanecido durante este tiempo realizando su trabajo, sin que nadie pueda saber que lo hacía según las directrices del Plan Marchiali. Que por cierto no existe. Si decidiera contar su historia a alguien lo más probable es que terminase usted encerrado, echando la culpa de su estado a la soledad de su cargo. Incluso los datos de identificación controlados por el servicio secreto vuelven a ser los suyos, con lo cual, todo esto simplemente no ha sucedido. No obstante, aunque no se dará cuenta, seguiremos vigilándole de cerca. Solamente pretendemos proteger a la organización -Efectivamente –siguió José Ángel– a partir de ahora lo más inteligente será retomar su vida, continuar como si no hubiera pasado nada y disfrutar de todo aquello que se ha ganado. Porque realmente se lo ha ganado. Él miró a su esposa, y con un gesto cariñoso le indicó que, efectivamente, estaba de acuerdo con lo que estaban diciendo.

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Durante el tiempo que había permanecido bajo la custodia de la organización y alejado de su familia, había aprendido que llegado hasta ese punto, no le sería rentable en ningún sentido, pretender rebelarse. Había comprobado que esos hombres efectivamente eran lo que siempre le habían dicho. Sus logros eran evidentes. La situación internacional había sufrido tales cambios, que ya no se parecía en nada a la sociedad que él había conocido. Por eso hacía ya algún tiempo que había tomado la decisión de irse sin ruido, de retomar su vida y disfrutar, sin preguntar más. Quizás la mayor dificultad seria retomar su vida con sus hijas, ya que estas habían permanecido al margen de todo lo sucedido y conviviendo con Jeffrey Donald creyendo que era su padre, pero estaba seguro de que todo iría bien ya que Donald estaría a su disposición para darle cualquier información que pudiera necesitar. Él había decidido que todo iría bien. Incluso se había planteado que tras un período de tiempo en el que pudiera reflexionar debidamente, quizás estuviera dispuesto a colaborar con ellos. ¿Sería esto quizás el síntoma del Síndrome de Estocolmo más importante de la historia?

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39 El presidente de la República Francesa Sr. Sarkozy había decidido no presentarse a la reelección, después de diez años dirigiendo los destinos de la vieja Francia había decidido retirarse de la política y dedicarse a escribir sus memorias y a disfrutar de su vida de forma tranquila. Esta decisión había sido publicada en la prensa francesa con una buena acogida por parte de la opinión pública, pues nunca había sido del agrado de la gente que los gobernantes se eternizasen en su puesto. Su sucesor, el Sr. Pierre Valmein había “heredado” el país en una situación de estabilidad económica y política dentro de un marco internacional que hacía mucho tiempo que no se producía. Quizás por eso, en su discurso de investidura, aseguró que su política sería continuista, ya que si las cosas funcionaban razonablemente bien, no había porque hacer cambios excesivos. Además era el momento en que Jean Claude –quien realmente había realizado ese trabajo- también recuperase su vida. En más de una ocasión había pensado que si unos cuantos años atrás alguien le hubiera dicho que se vería envuelto en semejante aventura, simplemente le habría dado un ataque de risa. Él, que después de los problemas que le habían llevado a cerrar su empresa, había llegado a pensar que su destino sería hacer dibujos a la orilla del Sena, y dormir en una pensión durante el resto de su vida, había podido realizar muchas cosas con las

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que siempre había soñado. Había podido disfrutar de cosas que jamás pudo ni siquiera imaginarse. Había visitado medio mundo, había conocido a personas importantes y se había enriquecido con multitud de experiencias que consideraba impagables. Estaba muy satisfecho de su paso por el Plan Marchiali. Con su participación en él, había comprobado que los planteamientos iníciales con los que Jorge y Odile le habían reclutado diez años atrás, eran más realistas de lo que podían parecer en aquel momento y que quizás la especie humana no lo tenía todo perdido, quizás todavía había esperanzas de que las cosas se encarrilasen adecuadamente y de forma definitiva. De todos modos, de momento lo que debía hacer, y así lo había decidido, era disfrutar de su libertad y de la holgada situación económica en la que había quedado después de abandonar su “cargo”. Una de las opciones que se planteaba de cara a su futuro, era escribir sobre todo lo que había vivido aunque tenía muy claro que debía hacerlo sin que ello perjudicase lo mas mínimo al Plan Marchiali. Por eso había decidido que ya tendría tiempo de planteárselo seriamente.

El Sr. Sarkozy, por su parte había tomado la decisión de dedicar su vida a colaborar con el Plan Marchiali. Durante los años que había vivido en sus instalaciones, había comprendido que desgraciadamente la política estaba a punto de tocar fondo, y que el grupo encabezado por Gustavo había demostrado tener más visión de futuro, más sentido de estado, y más generosidad que todos los mandatarios que en el mundo habían existido, desde que se formase el primer grupo organizado de seres humanos. Y desde luego más valor. 450


Durante su estancia en el subsuelo de Acebedo, Nicolás Sarkozy no había perdido el tiempo en lamentaciones y en descalificaciones hacia el grupo que le retenía. Había aprendido desde muy niño a valorar aquellas situaciones en las que se veía envuelto, y en el caso de su retención por parte de Gustavo y su equipo, había comprendido inmediatamente que sería inútil resistirse. Desde el primer momento, desde que había sido reemplazado por Jean Claude, se había dado cuenta de que si fuera un grupo terrorista al uso, no se habrían tomado la molestia de hacer las cosas tan “educadamente” y seguramente estaría muerto hace mucho tiempo. Con el paso del tiempo, y con la información que puntualmente les facilitaba la organización, había comprobado que realmente se estaban consiguiendo los fines para los que se había creado el Plan Marchiali. Había tenido innumerables charlas con otros invitados y si bien no había podido llegar a conocer la magnitud real del Plan Marchiali, sí había comprobado que había otros mandatarios retenidos igual que él. Aunque la norma de no salir de su apartamento sin la máscara había sido mantenida de la forma más “férrea” posible estaba seguro de haber compartido cautiverio con Barak Obama, el presidente de los Estados Unidos. De igual modo estaba seguro de haber estado en Acebedo con otros mandatarios con los que había coincidido en diversas cumbres internacionales. No obstante, y tras innumerables conversaciones con Gustavo y otros miembros del “Consejo de Sabios”, había llegado a comprender que ese punto en el que se encontraba la sociedad internacional estaba muy próximo al “no retorno” y que muy

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probablemente el Plan Marchiali había sido el remedio adecuado en el último momento. Gustavo Vázquez y su grupo habían sabido trasmitir a todo el conjunto de invitados –o al menos a la gran mayoría- que no les empujaba ningún interés espurio, ni ninguna ambición política de corte dictatorial, sino que se trataba simplemente de poner las cosas en su sitio. Su estancia en Acebedo había hecho que experimentase un cambio asombroso, y prueba de ello fue el hecho de que una vez fuera de las instalaciones, y después de ser trasladado a Madrid decidió permanecer en la capital de España durante unos días. Había resuelto que no quería ir demasiado deprisa al encuentro con su esposa, pues si bien la echaba enormemente de menos, quería normalizar su situación, sobre todo emocionalmente, en la medida de lo posible, antes de enfrentarse a la gran cantidad de preguntas con las que sin duda le acribillaría su esposa. Si bien había decidido –después de una seria recomendación del Plan Marchiali– que no hablaría absolutamente nada sobre su estancia en él, deseaba enfrentarse a su nueva vida de la forma más relajada posible. Como si de auténticos nacimientos se tratase, los diferentes mandatarios eran liberados en su momento oportuno, reincorporados a la sociedad y restituidos a su entorno. Pero el Plan Marchiali continuaba y nadie ajeno a él se había planteado que sucediera nada anormal.

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40 Habían pasado varios años en que los mandatarios del Plan Marchiali iban desarrollando su labor, y éstos iban siendo reemplazados mediante los sistemas habituales en cada país. El proceso había alcanzado un cierto nivel de “automatización” y perfeccionamiento, que hacía que prácticamente todos los mandatarios del planeta, o al menos los más influyentes estuvieran directamente controlados por el Plan Marchiali. En su momento, prácticamente desde el principio, Gustavo y sus compañeros del “consejo de Sabios” se habían planteado que el Plan Marchiali debería tener una continuidad. En realidad deberían conseguir su perpetuidad. De nada serviría que tuviera un gran éxito en todas sus facetas, y que las personas elegidas realizaran a la perfección su trabajo, si después de finalizar su labor todo comenzase de nuevo y todos los logros conseguidos quedasen de nuevo en manos de personas irresponsables y codiciosas. Gustavo había leído –y lo tenía muy presente- que en innumerables ocasiones la trayectoria de grandes proyectos de todo tipo, que funcionaban a la perfección mientras su creador estaba al frente de ellos, una vez desaparecido éste, iban degenerando hasta desaparecer también, engullidos por la corrupción, el desánimo, y los intereses creados. Y eso no podía suceder con el Plan Marchiali.

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Por eso, desde el principio Gustavo había mantenido un liderazgo encaminado a que cuando el desapareciese, el sistema funcionase por sí mismo, sin que la persona que se mantuviera al mando fuera excesivamente importante. Tenían muy claro que su fin debería ser el de observar y perpetuar el sistema democrático aunque debieran de hacerlo por la fuerza. Pero esta fuerza debería concentrarse y dirigirse hacia aquellas personas que intentasen alterar el orden democrático en beneficio propio. ¿Sería una especie de Robín Hood político de la era moderna? Sus componentes habían demostrado que sus motivaciones no eran precisamente ambiciosas. No deseaban poder ni dinero. Solamente manifestaban el hartazgo de la humanidad por tantos siglos de corrupción y manipulación de las masas. A partir de ese momento estarían permanentemente vigilantes para asegurarse de que todas las personas que de un modo u otro alcanzasen el nivel de mandatario de un país cualquiera, realizaría una labor digna y meritoria. En caso contrario sería inmediatamente sustituido. En cuanto a los colaboradores, las personas que continuamente se iban incorporando al grupo eran exhaustivamente estudiadas, examinadas, escrutadas y juzgadas antes de autorizar su entrada. Además solamente podrían optar a su ingreso después de ser presentados y avalados por varias personas que ya perteneciesen al Plan Marchiali durante algún tiempo y hubiesen acreditado a su vez la idoneidad de su participación. Desde sus inicios, el Plan Marchiali se había organizado de forma que las personas que lo integraban apenas conocían su verdadera estructura. Se habían establecido diferentes núcleos diseminados por el planeta de forma que sus integrantes no 454


conocían con exactitud la cantidad de ellos y mucho menos la identidad de las personas que los componían. Gustavo y su consejo de Sabios habían estudiado a fondo la historia y funcionamiento de todas las sociedades secretas conocidas de la historia como la Masonería, los Iluminati, el Priorato de Sion, y muchas otras, inspirándose en su organización y aprovechando lo que consideraban mejor de cada una de ellas. Fueron elaborando su propia organización, dejando a un lado los aspectos ideológicos, pues éstos estaban bastante bien definidos ya en el Plan Marchiali. Tan sólo ellos –los integrantes del Consejo de Sabiosestaban al tanto de todos los detalles de la organización, de modo que así controlaban absolutamente todo el mecanismo que hacía que el sistema estuviese en permanente funcionamiento e informados de todos, absolutamente todos los detalles de lo que ocurría en el mundo. Entre ellos, los miembros del Plan Marchiali, se conocían como Caballeros de Marchiali. Sin embargo Gustavo quería conseguir un sistema cuyo funcionamiento debía estar lo más próximo a la perfección y así garantizar la perpetuidad del proyecto. Hacía algún tiempo, había leído un libro –El Economista Camuflado, del escritor inglés Tim Hardford- en el que a su entender se desarrollaba la idea de que el mundo funciona por sí mismo, sobre todo a pesar de sus dirigentes. Es decir, según la teoría del “café capuchino” “…nadie podría jactarse de poder plantar, cosechar, tostar y combinar el café, criar y ordeñar vacas, trabajar el acero y moldear plásticos para construir con ellos una maquina de café exprés y, por ultimo moldear cerámica en forma de simpáticas tazas. El capuchino refleja el producto de un sistema de complejidad asombrosa. No 455


existe una sola persona en el mundo que pueda producir por sí sola todo lo necesario para hacer un capuchino. El economista sabe que el capuchino es producto de un increíble esfuerzo de equipo y que, además, nadie está a cargo de ese equipo. El economista Paul Seabrigth nos recuerda las súplicas del oficial soviético para poder comprender el sistema occidental: Díganme… ¿Quién es el encargado del suministro de pan para la población de Londres? La pregunta es cómica, pero la respuesta –nadie - resulta perturbadora…” Es decir, nadie está encargado de que existan tazas de café, ni cucharillas. Nadie se encarga de asegurar que existan sobrecitos con la dosis adecuada de azúcar, o sacarina para endulzar esos cafés. Las personas que fabrican las tazas, no sólo no conocen a las que fabrican el azúcar, sino que además les traen sin cuidado, ya que son conscientes de que el sistema funciona por sí mismo y después de este proceso “descontrolado” –es decir, sin control establecido- el resultado es que sin embargo a diario son servidos con una exactitud asombrosa cientos de millones de cafés capuchinos –también cafés solos, con leche, etc.- a lo largo de todo el planeta. Así mismo, Gustavo quería conseguir que el Plan Marchiali fuera una especie de organización sin organización. Es decir, que aunque existiera el consejo de Sabios, en realidad el resto del mecanismo funcionara por sí sólo. Deseaba que el nivel de concienciación del hombre llegara al punto necesario para que el Plan Marchiali –o al menos su ideología– trascendiera a su propia organización y se constituyera en una autentica forma de vida. Ya existían miles de personas a lo largo de todo el mundo que pertenecían al Plan Marchiali, de un modo u otro, y que habían conseguido en apenas unos pocos años un cambio muy notable en la evolución de la sociedad. 456


Sin embargo quizás en eso consistiera el autentico éxito del plan de Gustavo, en que nadie tuviera la necesidad de investigar quién había sido realmente el organizador e incluso si existía o no, siendo para muchos simplemente una especie de leyenda urbana y para otros el tan esperado éxito de la sociedad y fruto de una maduración que había exigido muchos siglos de guerras y padecimientos. El pensamiento más extendido sería el de que si todo funcionaba bien, si por fin se habían desterrado la mayoría de los conflictos políticos, bélicos, comerciales, sociales, etc. Quizás era la constatación de que finalmente el hombre había espabilado haciendo buena la supuesta predicción de Nostradamus.

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El Plan Marchiali