Skip to main content

Conceptosdetur

Page 340

niña en una cueva. En la capital de la Región se acostumbra esconder al Cristo de la Contradicción de la capilla del Cementerio para luego hacerlo aparecer en un lugar despoblado cuando comienza a llover, iniciándose entonces los grandes festejos patronales, hasta llevarlo nuevamente a su lugar. Ya se trate del Corpus Christi, Semana Santa, La Asunción, el Día de Difuntos y la Navidad, todas las grandes fiestas de Amazonas comienzan y terminan con la chumaychada, especie de cuadrilla francesa cuyas figuras se suceden rápidamente al compás de una música parecida al huayno. Al empezar la chumaychada el entusiasmo es frenético. Todo el pueblo participa y hasta los músicos se mezclan con las parejas danzando con ellas mientras tocan. Las casas de Chachapoyas y de otras ciudades coloniales de la región conservan salones de gran tamaño que en los días de fiesta dan cabida a entusiastas y numerosos grupos de invitados, sobre todo para la chumaychada. Los conjuntos de músicos y bailarines forman también parte del folclor de Amazonas. Casi no hay pueblo que no tenga su banda de músicos que hace su aparición en las fiestas cívicas y religiosas. Estas bandas, formadas a base de instrumentos de percusión y de viento cuentan a veces con valioso instrumental de fabricación europea y, en general, son similares a las que se oyen en todos los pueblos del Perú. La música popular amazonense es en general muy similar a la de la mayoría de los pueblos de la sierra del Perú. La misma cadencia, la melancolía, el compás, etc. También lo es la «música de carnaval» que se toca en Amazonas. Es una música parecida al huayno y a su compás danzan las parejas, la «pandilla» alrededor de las humishas, árboles adornados con quitasueños, espejitos, cadenetas, banderines y colmados de regalos, inclusive animales vivos, que cogen los invitados cuando al fin son derribados. La pareja que en una fiesta de carnestolendas hace caer la humisha tiene el compromiso de armar otra para el año siguiente. Otras danzas conocidas, que se bailan en diversas localidades son la conchiperla, en la que el varón tiende el pañuelo a su pareja manteniéndose con una rodilla en tierra y si no lo hace debe beberse sólo una copa en castigo; el trapichillo, que lo bailan cuatro parejas tomadas de la mano derecha y girando de derecha a izquierda; y la quinsamana en la que se mezclan insultos y piropos. La danza grupal más representativa es posiblemente los Danzantes, también llamada danza de las plumas, que se presenta en los diferentes pueblos con motivo de los aniversarios cívicos y patrióticos y durante las fiestas patronales. La comparsa de los Danzantes es de diez o doce danzarines, vestidos con ropa de vistosos colores adornada con plumas. En la cabeza llevan un tocado que imita la cabeza de un ave o lleva un ave entera muerta o representada. Para el adorno se suele recurrir a plumas de tucán, pavo real, u otra ave, según la localidad. En las pantorrillas llevan unas sonajas llamadas shacapas. El baile es ágil y de movimientos rápidos, acompañado por un pifanero o flautista que a la vez toca un tambor pequeño o tinya. Los pasos de baile se combinan con pisadas fuertes que marcan el ritmo haciendo sonar las sonajas. Cada comparsa desarrolla sus coreografías, por lo común siguiendo una tradición local muy antigua. Conforme recorren el poblado, los Danzantes reciben aplausos y regalos, así como invitaciones a comer y beber. Hay comparsas de Danzantes muy famosas en la región, como los Danzantes de Levanto (provincia de Chachapoyas) y los de Longar y Huambo (provincia Rodríguez de Mendoza). Todas las danzas típicas amazonenses son fruto de una larga tradición y es posible que la de los Danzantes sea la más antigua, ya que las ilustraciones de la vida de Amazonas hechas por encargo del obispo trujillano Martínez de Compañón hacia 1785, muestran una comparsa chachapoyana realizando la danza de las plumas, en la misma forma que se realiza hoy en día. La actividad eclesial de Amazonas fue parte del obispado de Trujillo desde 1612 según el cronista Antonio de Calancha (1653) y desde 1616 según Cosme Bueno (1741). Esta situación no varió hasta la inclusión de Chachapoyas en el obispado de Maynas en 1804. Más adelante, ya en la época republicana, una ley del 29 de julio de 1831 creó el obispado de Chachapoyas. Entre los motivos de esta creación, se menciona en los considerandos «que el obispado de Trujillo es muy extenso y que por tal motivo no puede desempeñarse debidamente», añadiendo como prueba de tal afirmación que «desde la última visita [obispal] de 1784 no se ha hecho otra en las provincias de Chachapoyas y Pataz, por cuya falta carecen desde aquella fecha del sacramento de la confirmación».


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Conceptosdetur by galuc - Issuu