Cien obras en formato H10

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Cien obras en formato h-10 © Todos los autores © Instruccionesdeuso Comunicaciones Limitada ISBN 978-956-9181-00-9 Dirección general y compilación: Pedro Sepúlveda y Vanessa Vásquez Grimaldi Diseño editorial: instruccionesdeuso.cl Traducción: Ignacio Rodríguez de Rementería Edición única y limitada de 1250 ejemplares Informaciones en: instruccionesdeuso.cl h10.cl Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida o transmitida, mediante cualquier sistema, sin la expresa autorización de los propietarios del copyright Este libro se ha editado gracias al financiamiento de: Instruccionesdeuso Comunicaciones Limitada y el CONSEJO NACIONAL DE LA CULTURA Y LAS ARTES Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, Región Valparaíso. Convocatoria 2012 Proyecto Nº32366 “h-10, obras inéditas” Valparaíso, Chile

Este libro se terminó de imprimir en Santiago de Chile el XX de Mayo de 2012, en los talleres de Ograma Impresores. A quienes agradecemos su apoyo y colaboración.



presentación La galería de artes visuales h-10 es el resultado de un deseo y una obsesión. El deseo por tener un espacio dedicado exclusivamente a las artes visuales contemporáneas. Un espacio que pueda presentar el trabajo de artistas de manera ejemplar y que permita acercar a un público diverso a reflexionar sobre el sentido del arte. Por otro lado, está la obsesión por comprobar una hipótesis que demuestra el valor del modelo reducido como sistema de trabajo y como solución. h-10 es el nombre del desaparecido block de dibujo escolar que se utilizó durante décadas como formato regular en las escuelas básicas chilenas. Un formato de hoja blanca y tamaño ajustado al pupitre, donde cada alumno debía trabajar semanalmente, las lecciones de la clase de artes plásticas. Durante 7 años de trabajo la artista Vanessa Vásquez Grimaldi fijó su deseo y obsesión en un espacio que presentó a más de 100 artistas chilenos y extranjeros. 2555 días de exhibición, 24 horas al día, 7 días a la semana en una pequeña vitrina pública de 2 metros cúbicos, de una oficina de taxis en la plaza Aníbal Pinto en Valparaíso, Chile. Hoy, luego del término impensado de la galería, centramos nuestro objetivo en dar un nuevo paso. Cuidadosa y lentamente hemos trabajado en este libro que, gracias a la tenacidad y producción del artista Pedro Sepúlveda, podemos presentar. Son 100 obras inéditas de 100 artistas y curadores que circularon por la galería h-10, y que respondieron decididamente a nuestra invitación para realizar una obra especialmente pensada para esta edición. Este libro, que iguala el tamaño del block h-10 al estar extendido, expone una red voluntariosa de circulación de obras. Nosotros, concientes de esta sensibilidad y vínculo, agradecemos a cada uno de los artistas chilenos y extranjeros, que luego de años sigue comprometido. Hacer lo mejor con lo que se tiene a mano.


introduction The Visual Arts Gallery h-10 is the result of a wish and an obsession. The wish to have a space dedicated to contemporary visual arts, a space where the work of artists can be presented in an exemplary manner, allowing a diverse audience the possibility of reflecting on the meaning of art. On the other hand, there is the obsession with testing the hypothesis of the value of the reduced model as a work system and a solution. h-10 is the name of the missing school art pad which was used for decades as the regular format in Chilean primary schools. A white sheet format sized to fit the school desk, where each student had to work as part of their weekly art class lessons. During 7 years of work, the artist Vanessa Vasquez Grimaldi concentrated her wish and obsession into a space that featured more than 100 Chilean and foreign artists, for 2555 days of exhibition, 24 hours a day, 7 days a week, in a small public 2 cubic meter display in the front of a taxi office at Anibal Pinto Square, Valparaiso, Chile. Today, after the unexpected end of the gallery, we focus on taking a new step. We have slowly and carefully worked on this book which -thanks to the tenacity and production of the artist Pedro Sepulveda- we can now present. These are 100 unpublished works of 100 artists and curators which passed through the h-10 gallery, and responded decidedly after being invited to perform work specially designed for this edition. Upon being extended, this book matches the h-10 pad size and exposes a network of willful circulation of works. Recognizing the sensitivity and the connection, we thank each and every one of the Chilean and foreign artists, who remain committed after years. To make the best with what is at hand.



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El nacimiento no es como la llegada de un tren, a una hora exacta y prevista, sino cuando tu hijo decide salir, y se coordina hormonalmente con el resto de tu cuerpo para lograr la asombrosa acrobacia que implica su nacimiento. No todos los bebés logran el recorrido completo por el canal de parto, pero es importante dejarlos tratar y como mujeres, prepararnos para ayudar en el parto. Parir en la casa era la opción que más me acomodaba desde un principio y como en la familia de Antonio 11 de los 12 hermanos de su madre habían nacido en la casa, para él también era una decisión lógica. Desde el comienzo del embarazo la idea del parto nos atraía, la veíamos como un momento de total unión entre nosotros y de confianza absoluta en nuestro hijo. Nos preparamos mucho para el parto, leímos, vimos videos, tomamos dos cursos y nos preparamos profundamente con nuestra matrona. Fuimos al obstetra hasta la última semana y tomamos todas las ecografías y exámenes que nos fueron pidiendo en el camino, siempre con la idea de un parto en la casa. Lo más difícil fue encontrar una matrona que nos acompañara en la casa y que tuviera la experiencia en esta forma de parir. El sistema médico no acompaña este tipo de partos, por lo que hallar a Marta tomó casi los 9 meses! Cuando la conocimos ocurrió lo más importante para un parto feliz: nos sentimos cómodos. Tres semanas después de nuestro primer encuentro y con varias sesiones de trabajo del dolor y los temores, llegó el día en que nuestra hija Ada activó en mi cuerpo sus señales de llegada. Desde la primera contracción fui la mujer más feliz de la Tierra. Al fin, al fin, al fin!!! Íbamos a conocer a nuestra niña. Eran casi las 4 de la mañana y me desperté con la primera contracción, atenta y expectante esperé la siguiente y cuando comenzaron a ser continuas traté de medirlas contando en mi cabeza, al parecer eran cada 5 minutos. Permanecí quieta en la cama para no despertar a Antonio, con la certeza de que había llegado nuestro día y que necesitaría todo su descansado apoyo. Cada contracción me fascinaba, de costado en la cama y a oscuras las esperaba y las respiraba como olas. Algunas me mareaban y sabía que incluso acostada debía mandar la fuerza a tierra, a mis pies y no dejarme llevar por el impulso. Acariciaba a mi hija a través de mi vientre, alentándola a seguir. Entre el hambre que me comenzó a dar, la alegría que sentía y las primeras luces del amanecer, comencé a sentir y ver imágenes y colores que entraban a la pieza, como si alucinara. Con cada contracción algo se dibujaba y los árboles a través de la ventana comenzaron a brillar azules, con la savia pulsando en sus hojas. Ví ángeles de colores sonrientes y tranquilos y lloré un poco de puro éxtasis. A las 6:30 de la mañana Antonio se despertó, comentando que había soñado que debía plantar un árbol porque Ada iba a nacer. Nos abrazamos con fuerza, emocionados los dos de que había llegado el día. Salimos a la terraza bien abrigados, pues a pesar de ser febrero la mañana estaba íntima y gris. Tomamos desayuno y las contracciones siguieron cada 5 minutos. Sin dolor, sólo presentes, tal vez porque la alegría era mayor que cualquier miedo que contrae aún más el cuerpo. A las 08:00 am llamamos a Marta y seguimos nuestro día. Antonio terminó de colgar cortinas blancas en toda la terraza para darnos más privacidad y yo escribí una carta para Ada. A las 10, Antonio fue al dermatólogo por una alergia. Las horas en que no estuvo se hicieron eternas para ambos y las contracciones bajaron a una cada 10 minutos. Tal como me habían advertido que me podía ocurrir me puse a ordenar y limpiar la casa. Almorzamos lentejas deliciosas con ensaladas y té de hojas de frambuesa. Dormimos siesta abrazados, bailamos. A las 4 de la tarde llegó Marta. La casa brillaba, Antonio nos había traído flores y era lunes, sabíamos que nadie nos iba a molestar. Teníamos grabada mucha música especialmente para el día y el ambiente era justo lo que yo sabía que iba a querer: nuestro, íntimo. Marta me hizo un tacto con toda la delicadeza del mundo y estábamos casi de tres centímetros, hablamos un rato y dijo que volvería a las 8, pues aún faltaba y nuestra intimidad era importante. Nos dimos un largo baño de tina y no paramos de cantar, de hablarnos al oído, de darnos amor y de hablarle a Ada. Un poco antes de las 8 volvió Marta, preciosa, duchada y alegre con un vestido lindo y un collar. Nos abrazamos, tomamos agua con menta y hablamos. Las contracciones comenzaron a ser más fuertes. Marta preparó agua caliente y me ponía compresas en la espalda baja y en el vientre para aliviarme. Recorríamos la casa buscando lugares para cambiar de ambiente y de posiciones. Yo preguntaba a Marta hasta que horas se podía quedar y a Antonio si había comido algo. Hacíamos el sonido de la o con cada contracción, ellos me seguían. Yo me movía entre el sillón, el suelo, la pelota y los brazos de Antonio. Antonio estaba siempre cerca, presente y cercano, me hablaba sin parar de lo bien que iba todo, me decía que me amaba y que era seca. Todavía entraba luz de día, Antonio prendió velitas en toda la casa, puso un incienso, las luces de guirnalda de la terraza, me hizo un té de orégano y galletas con quesillo, fue lo último que comí esa noche. Eran las 9, las contracciones se habían puesto incómodas y yo me comenzaba a cansar, Marta me dijo con firmeza que parecía estar cediendo al sueño. Estaba inquieta, no encontraba una posición que me descansara lo suficiente, me colgaba de Antonio y los dos juntos visualizábamos una cueva a la que entran las olas del mar y al exhalar la ola sale, abriendo con suavidad el cuerpo. Todas las contracciones eran nuestras, yo exhalaba con el sonido de la o y ambos me seguían. Marta se dio cuenta de que me estaba distrayendo, frustrando incluso, pues sólo había dilatado de 5 a 6 desde que ella había vuelto y ya eran las 10 de la noche. Marta me pidió que me encontrara con mi leona, que me soltara, que dejara de preocuparme de la hora, de ella, de Antonio, que sólo pensara en parir, en ser gorda me decía, abierta, blanda, enorme, grosera, fuerte, animal. No señorita, no compuesta, no flaca. Cerré la puerta de nuestra pieza y comencé a caminar con fuerza, pisaba y gemía con cada contracción, me saqué la ropa y bajaba al suelo de cuclillas. Pisaba y exhalaba y me dejaba ir con el sonido que quisiera salir. Antonio y yo habíamos estado cantando mucho juntos, tenía la garganta abierta, me puse a cantar más y ya en rebeldía a no hacer más la o con cada contracción, sino la a, u, lo que viniera. Salí del cuarto con más fuerza, con más decisión y firmeza, le hablaba fuerte a Ada, con amor y con fuerza, le decía que confiaba en ella, en nosotras, que recordara lo que habíamos


hablado, ensayado, sobre su camino por el canal de parto. Les pedí a Marta y Antonio que no olvidaran guiar a la niña para que supiera girar, entrar en su canal y bajar a nuestros brazos. Antonio me preparó un baño de agua hirviendo, entré con los ojos ya cada vez más cerrados, la mirada más vuelta hacia mi útero, hacia mis piernas. Deben haber sido las 11 de la noche, las contracciones eran constantes, cercanas, cansadoras. De la tina hirviendo me paraba y Antonio me duchaba con agua también muy caliente. No era suficiente, se fue a hervir más y prepararme un té de orégano con miel para darme azúcar. Marta me dijo que iba bien, pero que me faltaba soltarme de verdad, dejar de mirar alrededor, de preguntar cosas y que debía ayudar a mi hija a salir, dejarla pasar, dejarla salir y perder mi cabeza que sólo me estaba bloqueando. Tenía razón. Golpee el agua con fuerza y comencé a jadear, a maldecir a gritar. Recién entonces se rompió la bolsa y Marta me dijo que todo estaba bien, que el líquido era transparente y que la niña estaba bien. Antonio entró y me abrazó con fuerza, me dijo que no me desesperara, le dije que necesitaba hacerlo, necesitaba soltar todo. Antonio le pidió a Marta que nos dejara solos y entró en el agua conmigo. Me hacía masajes, me daba espacio, me hablaba sin parar de cuan bien iba todo y cuanto me amaba. Estos fueron los momentos más difíciles, sentí temor de que mi hija no encajara, de que no quisiera tal vez nacer de forma natural y que tal vez me tocaba probar el parto en una clínica. Pensamientos y más pensamientos, duda y desconcertación. Me paré con nauseas de la tina, vomité y me sentí más aliviada, me secaron entre los dos y Antonio me abrigó. Bajé al suelo de rodillas y me mantuve mucho tiempo en cuatro patas, gimiendo para aliviar y soltar, ahora con toda la fuerza imaginable, sólo pensando en parir, soltando todo y gimiendo tan fuerte que me dio risa pensar en los vecinos, Antonio se dio cuenta y se puso a gemir conmigo, más fuerte que yo. Para ayudar a soltarme, entre Marta y Antonio se turnaban para remecerme con fuerza las caderas, esto me ayudaba mucho, me aliviaba en las contracciones y me ablandaba hasta los huesos de la pelvis. Yo le hablaba a Ada sin parar, la llamaba fuerte por su nombre, Marta me pidió que llamara también a mi padre y a todas las almas queridas. Comenzó a salir sangre, nuestra hija venía bajando, había entrado en el canal de parto, la sangre era un regalo y me dio fuerza. Las contracciones estaban fuertes y bajas, muy bajas, como en la base de mi útero. Me incomodaban. Me puse de cuclillas y me apoyé en Antonio, en sus besos, en su amor. Estaba pariendo a mi hija al fin. Marta me ponía aceite de lavanda en la salida del canal y escuchaba el corazón de Ada. Le hablaba a ella también. Me decía chinita, estás pariendo a tu hija, déjala pasar, tienes 9 centímetros de dilatación y tu canal de parto está blando y suave, estás lista. Sé que estaba feliz, que me sentía victoriosa de alguna manera, pero esta parte del parto era intensa, dominante, todo mi cuerpo estaba enfocado en parir, yo traspiraba y exhalaba y Antonio me apoyaba y sostenía. Marta no dejaba de rezar, de darme luz con una mano abierta y de cantar una y otra vez un mantra de los Majicaris japoneses. Desde su llegada, Marta había caminado por la casa y en especial en nuestra pieza, había invocado protección en el parto y bendiciones para nuestra pequeña familia. Hacía lo mismo ahora en el baño. Yo sentía el calor y el mareo y sólo me concentraba en abrirme más y más con cada intensa contracción y Marta quiso saber si ya sentía ganas de pujar, no estaba segura y me incomodaba tener que pensar, tener que entender y ante la idea de que debía estar sintiendo como toda la fuerza estaba en mi coxis, tuve la primera noción de pujar y Marta me instó a hacerlo con la próxima contracción, sólo si sentía que era un pujo y que siguiera el impulso. Pujé y no se movió nada. Marta me dijo que no sabía pujar y la frase me sorprendió. Quise contradecirla y con el próximo impulso, bajé a pujar, pero el impulso no duraba mucho y luego venía la breve pausa que descansa y otra vez el impulso. Marta me preguntó donde quería parir y de cansada respondí que ahí mismo, donde estaba, en el baño, Marta insistió varias veces hasta que dije la pieza y pedí que no me hicieran caminar para que no se cerrara, según yo, el canal de salida. Se tomaron un minuto en arreglar todo, ni me di cuenta de que no estaban. En la pieza había sólo una luz detrás de Marta. Me senté en la orilla de la cama, en las piernas de Antonio, él se inclinó hacia atrás y levantó los pies, como una gran silla y con sus manos sobre la parte superior de mi vientre comenzó a empujar con fuerza cuando quise pujar. Fueron dos pujos, dos pujos intensos y decididos de ambos y al oír a Marta decir que ya salía miré para ver a mi hija coronada. Impresionada, volví a cerrar los ojos y juntos, Antonio y yo la ayudamos a nacer. Marta la fue tomando a medida que nacía y vi su cuerpo grande y largo, completo, blanco y su cabeza perfecta de pelo negro. Lloró fuerte y ronca, un buen grito y luego gemidos. Movía los brazos, tenía los ojos abiertos, un rostro único, suyo, los ojos enormes y orientales. Me la pusieron sobre el vientre de inmediato y me impactó su peso. Se resbalaba, yo no sabía bien como tomarla, Antonio corrió a buscar mantas y la tapaba. Todavía con el cordón Marta la puso contra mi pecho izquierdo y Ada mamó. Antonio me besaba. Yo no lo creía, Antonio y Marta se dispusieron a cortar el cordón, yo también quería ser parte y puse mi mano derecha sobre la de Antonio. Marta me dijo que iba a tirar del cordón para que saliera la placenta, yo no quería más y nos reímos. La placenta salió entera, enorme e intacta. Sentí que debía darle las gracias, por haber cuidado y alimentado a nuestra hija, Marta le dijo una oración y Antonio se la llevó para guardarla. Marta me cosió tres puntos, con anestesia local, no sentí nada, tenía a mi hija en brazos, mamando de mi pecho, caliente y pesada, me puse a cantar. Le hablaba a Marta sin parar, le daba las gracias, le decía que la adoraba. Cuando ya estaba todo listo Antonio la vistió y al ponerla de espaldas sobre la cama, sobrecogido lloró de amor. Yo estaba ya adentro de la cama con un mantel entre las piernas por toda la sangre que seguía saliendo después del parto. Me puse de lado y me pasaron a Ada, la pusimos otra vez al pecho y siguió mamando plácida y despierta. Era hermosa, perfecta, grande. Marta me dio yogurt con mermelada de higos a cucharadas, una delicia. Antonio no paraba de ordenar y limpiar todo, nunca supe como estaba la casa, pero Marta se reía, decía que todo estaba impecable. A las 3 de la mañana y con muchas indicaciones de Marta nos quedamos solos los tres, con la guirnalda de luces encendida en la terraza. Ada nació a las 00:32 del martes 9 de Febrero.


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Archivo local 8 Natalidad/Armas 10 Puja 12 Libro inédito Utopía 2009 14 Proyecto para abordar un sitio erazio. Gare St. Sauveur, Lille 2008/2009 16 Acontecimiento 18 Tramas 20 Disciplinar (400 golpes) 22 Clip v/s Plain 24 Nacía 26 SHIP-AP 28 Volver al Huevo - Retratos prenatales 30 Bei mir / Conmigo 32 The Eastern Island Proyect II 34 Cerro Concepción 01 36 Vida matrimonial 38 Cuerpo 40 Plaza Aníbal Pinto 2009 42 Interior Stack 44 Refugio-Haus 46 Herencia 48 Autogestión 50 Materialista 52 Horror Vacui 54 Bandera de Zapallar 56 Sin título 58


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Movimiento de obras Apuntes para h-10 3/4 Apreciaciones de un rosetón Si No Exterior, el último viaje Telefonplan Auto-marginación No tengo edad. (Non ho l’etá) Pasión por las pelotas Chile Transversal II Mortal combat Drama-1 Wohin verschwinden die Grenzen Híbridos Mi ciber family Report de memoria Agosto/diagramas del desastre Tapas-tokens La miniatura (The exploding whale) Valparaíso 2008 Space opera Found at 00:10:25:12 Once El arte miente Stand by

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A la ofensiva por la integración NEOPTIKS CMV Departing America Seres inadaptados 1 y 2 Mumbo Jumbo Algo había aquí Albacea... o el hábito de contener/se I am not going to resign Estudiantes pobres de Santiago Desde entonces fantaseaba regularmante Confidental Panóptico y Ciber-polimorfos Sin título La somnolencia de la pintura $hile Bimercenario Valparaíso, 23 septiembre 2009 Cadáver exquisito Siembra luna llena / Inpiel Diálogo copy Isla en Hong Kong Fuck is in the air (Tiananmen Square) Untitled (North Sea seen from Aldeburgh, UK, Sunday June 21, 2009) Sueño velado

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