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CONTENIDO INTRODUCCIÓN BARRANQUILLA | UN VIAJE POR SU CULTURA BARRANQUILLA | DESDE SU INTERIOR BARRANQUILLA | LA CARA ÍNTIMA BARRANQUILLA | AL NATURAL

PÁGINAS 2-3: Guajira: Guerreras del desierto, Corea del Sur: La gente que hizo el milagro-Tatiana Blanco/2011 PÁGINAS 3-4: Tití cabeciblanco , La tradición centenaria de Santo TomásAlfonso Cervantes /2012 IZQQUIERDA: La otra buena cara de la afición-Alfonso Cervantes/2011


E

Introducción Por: Redación BA

l primero de septiembre de 2011 nacimos para quedarnos en el corazón de una ciudad que tiene mucho que contar. 365 días atrás le apostamos a una nueva alternativa periodística para todas aquellas personas que buscan información local y global sin sesgos. A pasos agigantados sube el número de amig@s en Twitter y Facebook que comparten su pensamiento crítico en esta red, y son el alma de Barranquilla Abierta. Aquí compartimos algunos de los artículos que escriben nuestra HISTORIA.


BARRANQUILLA

UN VIAJE POR SU CULTURA


ALFONSO CERVANTES | 2012 PÁGINA 12 SON DE NEGROS

La transformación del Carnaval de Barranquilla por Nilson Romo Mendoza

O

cho meses después de haber llegado a Barranquilla procedente de la Mesa de los Santos (Santander), a Ismael Espinosa lo impresionaba la arquitectura de algunas de las casas del viejo Prado, del Centro y, sobre todo, la energía acogedora de su gente. Había encontrado trabajo en una empresa de la Vía 40, no había rastros del pasado Carnaval, pero sus nuevos compañeros le habían sembrado la mayor inquietud. -Bueno „cachaco‟ (como se le llama a los colombianos que no son del Caribe) ¿y tu has bailado en los Carnavales?, le preguntó uno de sus compañeros en uno de esos retos acogedores del barranquillero. Es la forma de abonar el terreno al visitante, al extranjero para entrar al único mundo del ser costeño.


-Bueno prepárate, porque los próximos carnavales vas a gozártelos, reafirmó su compañero. El joven Ismael, sin despojos totales del campesino santandereano, con ese acento montañero, tímido y reservado, admitió que no sabía bailar y pensó que el Carnaval sería parecido al de los pueblos: un escenario para comer, compartir y disfrutar con amigos y conocidos. Con el nuevo año y después del Día de San Sebastián, el 20 de enero, el Carnaval pegó el pistoletazo. El preludio invitaba a contribuir con un aporte de dinero del salario para disfrutar de las celebraciones. Era una iniciativa de los trabajadores y el dinero alcanzaba para el disfrute con ron, sancocho y música, y las ganancias se depositaban en un fondo común para la reina del sector que aspiraba a ser la representante del barrio en el concurso popular. El aporte, recuerda Ismael, también le daba entrada para disfrutar sin volver a poner un peso para los días fuertes del Carnaval.

En el barrio Cevillar comenzó aquel precarnaval. Ismael terminó su jornada laboral y salió con sus compañeros rumbo al baile. Cálido y febril, entraron al baile en pleno bullicio. La música de Pacho Galán, Los Corraleros de Majagual, la Billos y una sala llena de parejas llenaban el ambiente.

-Qué vaina esta de no saber bailar. Ismael no dejaba de lamentarse. Sus ojos bailaban al ritmo de las parejas y del júbilo currambero. Resignado a esperar, la paciencia de conversar, salió de la sala hacia un parque enfrente de la casa. El sol reventaba la tarde y en el parque, con un cigarrillo, humeante, que sostenían los dedos índice y del corazón derecho, fijó su mirada. Estaba desprevenido, pensaba cómo sacudir la pena de permanecer tantas horas solo, bebiendo y sin zapatear, como los campesinos de su tierra. Volvió a la realidad, en un pestañear y vio una figura de un hombre extraño, que se ladeaba de izquierda a derecha con las manos ocupadas.

-¿Bueno y esa vaina qué es?


Apretaba sus ojos por el reflejo de la luz para confirmar lo que se acercaba a unos 50 metros. El atisbo le hizo identificar el personaje: un hombre descabezado. “La sangre brillaba” en su cuello, la cabeza colgaba en la mano derecha y un machete en la izquierda. -“Y gran hijueputa qué es eso”. Cigarro al suelo y como dos gatos ronroneando, Ismael y el descabezado encontraron sus miradas. Adusto en el gesto, en Ismael había un toque atormentado en el semblante. “Él me vio embelesado”. El descabezado amagó con sus piernas en un intento de arranque, Ismael vio sus intenciones, salió disparado y el perseguidor detrás. Ismael se abrió entre las parejas en la sala, atravesó como si fuera un papel de fumar y se zampó en la cocina. “No sé si tumbé a alguien”.

La cocinera del sancocho soltó el cucharón y gritó: ¿Qué pasó? Ismael se escondió detrás de la espalda de la guisandera. El Descabezado había suspendido el baile y parado enfrente de la cocinera amagó con lanzar el machete. El miedo encogió a Ismael que, tembloroso, musitó: -Este sinvergüenza… Sin música y los rumberos admirados, asomados por la puerta de la cocina, el Descabezado soltó su machete con la suavidad del desarmado. Acercó su mano izquierda, como quien quiere acariciar un cachorro, y la puso en el pecho de Ismael.

“Ah, se te quiere salir el corazón”. Barranquilla 1965


Desde la concepción del Carnaval de Barranquilla, que señalan historiadores desde 1876, el disfraz es uno de los tesoros de la fiesta. Desde el principio las celebraciones mostraron a sus actores enmascarados, ocultos pero revelados en sus caras. Para la niñez de hace medio siglo, por no devolver más el tiempo, de generaciones de clase popular, hay un hilo conductor con las carnestolendas y unido con hombres encubiertos, originales y camuflados. Aquellos encuentros empezaron en la espontaneidad. “El disfraz era único. Solo se veía a uno interpretando en las calles”, asegura Ismael Espinosa, como espectador, y de 47 años después de su primer encuentro con el Descabezado, interpretado en aquella oportunidad por Ismael Escorcia Hernández.

Escorcia legó en su hijo, Wilfrido, un personaje que fue llevado al trono del Rey Momo hace un par de años. Ahora con una lesión en la rodilla, Wilfrido, de 58 años, cuenta: “Mi padre le dio vida al „Descabezado‟ en Calamar, Bolívar, y aquí en Barranquilla comenzó como una forma de „rebusque‟”.

Mientras „el Descabezado‟ y el „Ahorcado‟ alcanzaron el reconocimiento de los disfraces impactantes, „El enano‟ con cabeza y cuerpo de fique, brazos y piernas engordadas con ropa vieja, junto a la „Osa‟, se mantuvieron como andariegos imaginarios y creativos personajes del rebusque disfrazado en la calle.

Roberto Guzmán, fundador de los 'Auténticos Monocucos de las Nieves', explica que en la calle también conoció en su infancia el disfraz que hoy defiende con causa. “El monocuco desde los años 40, me cuenta mi papá, tuvo su origen en el bufón y el arlequín. El disfraz individual antes era puro en el rebusque. En estos tiempos hay que insistir en el respeto para mantenerlos. Otros como el del enano no alcanzaron a llegar a la Batalla de Flores”.

Como la mayoría de las danzas de relación, que llegaron de municipios ribereños. En el Piñón, Magdalena, cuenta Pablo, que en los años 50, había un „monocuco‟ criollo que emigró a la ciudad con sus prendas hechas de retazos de telas y se paseaban junto a las “monas”.


“Hombres que usaban pelucas, busto y guantes para no ser reconocidos. Cuando el espectador o curioso descubría que no eran "monas" sino monos, les llamaban "Caporo", que en el reino animal le llaman al macho de la iguana”.

En esa fauna de los hacedores también hay extinción. Disfraces y manifestaciones culturales se han borrado del ecosistema del Carnaval. Luis Estrada, representante de Fundecaba, fundación que aglutina disfraces, afirma que la razón es el dinero. “Quienes lo hacían dejaron de hacerlo porque ya no le representaban un ingreso. La mayoría de estos hacedores son trabajadores independientes que con otras prioridades, desistieron de su labor. Eran dueños de disfraces como la jirafa y el elefante”.

Con más de un centenario, la organización del Carnaval ha llevado a que la evolución y supervivencia de los actores esté condicionada, en estos tiempos de globalización, al dinero. La gran contradicción es que el título de Patrimonio Oral e Inmaterial, otorgado por la Unesco en el 2003, se justificó desde la amenaza de la comercialización.

La política pública también ha llevado a que las fiestas populares apunten a industrias culturales. El motor impulsa a manifestaciones exportadoras y atractivas para el turismo global y en esa dinámica de negocio hay un desplazamiento de lo popular y lo espontáneo. “Tenemos una riqueza que debe ser un desarrollo económico para atraer bienestar y generación de empleo”, afirmó Afif Siman, secretario distrital de Cultura, en una entrevista en el canal Telecaribe. Es además uno de los objetivos presentados a la Unesco. El Carnaval presenta una estructura, un eje desarrollo y comercial en los desfiles que concentra la fiesta en unos núcleos urbanos, analiza León Martínez, de Corpotradicional y hacedor de las fiestas con la cumbiamba la Candela Viva. La evolución de las fiestas, el cambio de rutas de los eventos, de escenarios, el crecimiento de la ciudad, fortaleció los núcleos festivos y despojó al Carnaval de los barrios populares. Las consecuencias es encontrar caminos de supervivencia.


“El carnaval solo se está viviendo en un escenario, donde hay que pagar, y el otro, el resto de la ciudad queda como acéfala de la fiesta. Si esta es patrimonio, y el patrimonio material es un universo, en donde no solo son las manifestaciones, sino la misma fiesta como un hecho natural. Pues no hay nada allí, lo que hay es una transformación”, analiza Carmen Meléndez, presidenta de Unicarnaval, ente que aglutina a los hacedores para la salvaguarda. A mediados de enero, en un encuentro espontáneo en la sede de la Fundación Carnaval con dueños de disfraces y con más de 30 años en el Carnaval, se añoraban aquellas tardes de libertad recorriendo la ciudad.

En esas caras sin maquillaje y máscaras, las manchas de sol y arrugas de los interpretes del „Indio Mohicano‟, „Cantinflas‟, „El Gorila‟, „el Tigre‟ y la „Marimonda Peluquera‟ veía otro disfraz: el real. El que tiene „la pitita‟ de la máscara para pedir otras ayudas y estirar el que reciben de Fundación Carnaval. La Fundación Carnaval dispone de unos $9.000 millones de presupuesto anual y distribuye unos $900 millones como estímulo a quienes hacen el carnaval: folcloristas, danzas, cumbiambas, disfraces, artesanos, artistas.

El año pasado grupos de tradición recibieron del Carnaval un millón 300 mil para participar en los eventos de los 4 días del Carnaval. „La Candela Viva‟ hace cuenta con 10, de sus 40 parejas, y asegura que invierten unos $8 millones en tela, hechura de confección y pintura de vestuarios, y sin incluir los adornos, tocado, maquillaje, transporte, grupo de millo y tambores, que se necesitan para cada evento. El goce libre, que fundamentó las fiestas hasta hace tres décadas, invita a buscar la esencia del ser no del hacer. En la cumbiamba, en el disfraz que hipnotiza la realidad e invita a tocar el corazón más que el bolsillo como el „Descabezado‟ del año 65.

La caja musical del Carnaval En los hacedores del Carnaval no hay mayor evocación al espíritu y liberador de las fiestas que los sones, golpes y aires de gaitas, guacharacas, tambores, tamboras y metales. La caja musical se abre para danzas, cumbiambas, comparsas, rumberos y los sentidos activan el


cuerpo que entra en la dimensión del disfrute. La danza del Congo Grande tiene entre sus generaciones a padres, hijos y nietos conservando la tradición y no hay mejor señuelo para el preludio del Carnaval “que el sonido de la guacharaca, el tamborero sacudiendo el cuero, las palmas y el coro de voces”, afirma Carlos Hernández, integrante de la danza que cumple 135 años de existencia.

Para cumbiamberos como Alcides Romero, director de los „Cumbiamberitos de Buenos Aires‟, la música toca las fibras para anunciar lo más esperado. “Pilas que ya viene el carnaval, porque nosotros en diciembre no vemos un disfraz, no vemos una comparsa, no vemos una cumbiamba que este desfilando, pero la música si nos advierte”. „Chico‟ Cervantes, uno de los fundadores e integrantes de los „Corraleros de Majagual‟ compartía en el conversatorio „Carnaval, su música y sus raíces‟ que a partir de este 2012, ojalá se escuchará más a Lucho Bermúdez y Pacho Galán con más asiduidad.

Una petición, sin tinte de nostalgia, y muy honesta. “No es un elogio, es una sinceridad”, admite Chico.

Su petición demuestra que los dos grandes maestros de la música colombiana y sus composiciones no solo deben preservarse en el tiempo, también son inspiración para las nuevas generaciones de músicos y compositores en el Carnaval. “Ellos han sido pilares para empujar la música colombiana, porque los ritmos colombianos a veces son influencias de otras cosas. En España hay fandanguillo, entre nosotros está el fandango. En Gran Bretaña está la gaita, nuestros indios tienen la nuestra. Cuando sale una agrupación como Pacho Galán o Lucho Bermúdez solo le pido a Dios que se mantenga por mucho tiempo con sus herederos”. La música de los Corraleros es una referencia en las joyas del tesoro de los sones de las carnestolendas. Como ellos también la música tradicional de cumbias y el folclor con Efraín Mejía, Pedro „Ramayá‟ Beltrán, los Gaiteros de San Jacinto, las cantaoras, grupos ribereños del Magdalena y Bolívar, los conjuntos de acordeón y aires de la sábana con bandas de porro. Junto a la influencia de orquestas internacionales, todos los ritmos resuenan en más de cinco generaciones, en espectadores y danzantes con una bandera levantada para continuar la preservación.


La Fundación Carnaval de Barranquilla mostró sus intenciones con el homenaje a Lucho Bermúdez, que está en el centenario de su natalicio, y Pacho Galán, con el pulso del maestro Francisco Zumaqué en el „Carnaval, su música y sus raíces‟. El paso siguiente es llevarlo a hechos y el primero es proteger al ser músico y sus obras maestras.

En la Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad presentada ante la Unesco en 2001, se señaló que un objetivo de corto plazo es lograr la preservación y conservación de las expresiones culturales tradicionales de más de un siglo de existencia”. No se señala la música y sus creadores, pero están implícitas. “Es respetar a nuestros padres musicales. Creo que todas las actividades del ser humano tienen que tener un desarrollo para algún lado. En algún momento son erráticas, en otros hay involucrados aspectos comerciales. Ha habido una época de oro de la música del Carnaval y vamos hacia algo que no está. Pero hay una identidad, es nuestra expresión cultural como pueblo creador”, apunta Zumaqué.

El reconocimiento es también tener el valor de dar a quién se lo merece por sus cualidades. El Festival de Orquestas, parido por Sintramucol en 1969 con su creador Arturo López Viña, y regulado por el Concejo en 1973, en la actualidad es desconocido por el Carnaval de Barranquilla. “No tenemos participación, injerencia ni para aportar ideas a los eventos que organiza Fundación Carnaval. Tenemos músicos con autoridad para calificar en el Festival de Orquesta y no nos tienen en cuenta”, asegura Omaira Borrás, presidenta del Sindicato de Trabajadores de la Música Colombiana (Sintramucol). 63 salarios mínimos (unos $35 millones) recibe Sintramucol del Carnaval por concepto de ingresos del Festival. Los 63 corresponde al número de integrantes que conformaban la agremiación hace 43 años. En la actualidad son 987 trabajadores de la música y entre esos hay 70 que son de la tercera edad, no trabajan por edad y no los contratan, precisa Omaira Borrás. Entre esos Morgan Blanco, Adolfo Echeverría, Rodolfo García, expianista de Pacho Galán. “Desde 1970 se señaló que sería un 50% de lo que generaría el Festival. Eso sería un alivio para los músicos nuestro que, junto a los más vigentes, no tienen la participación con la música tradicional y nuestra en el Festival”.


De aquel acuerdo se destacaba que tenían representación en la Junta del Carnaval y el promotor que contratase a una orquesta fuera de la ciudad, también tenía que hacerlo para una local. A sus 86 años, Arturo López está en una silla de ruedas, está enfermo, vive solo en Miami, EEUU esperando que el Festival regrese a sus propietarios.

De casetas, picos y bailes Armando Galán, hijo y uno de los herederos del Maestro Pacho Galán, aplaudió la intención del „Carnaval, su música y sus raíces‟ como ejercicio de debatir la protección el legado artístico y sonoro, pero pidió que la obra del “genio de su padre” se sienta más en las fiestas. “Llamamos a que no muera y sería interesante pensar que se considere, con la industria musical, se escuche en época de carnaval esta música que se adelantó en el tiempo”. Son otros tiempos, de festivales y conciertos masivos y cerrados, de hoteles y clubes exclusivos como los de principio del siglo XIX. No hay la diversidad de eventos abiertos y populares, como los que comenzaron en los años 60, que en el Paseo de Bolívar cuenta se veían carpas, música y familias disfrutando, recién desembarcadas de los pueblos.

Son momentos de conciertos, éxitos efímeros, festivales de cerveza, que remplazaron las casetas populares y berbenas, que están limitadas por seguridad, y porque para los empresarios no es negocio tener a unos „Corraleros de Majagual‟.

“Pero sí se ve que hay un Festival de Vallenato en Carnaval, que no tengo nada contra la música de acordeón, pero no se ve otros ritmos del Caribe. Los empresarios afirman que no son más rentables, que los vallenatos”, agrega Omaira Borrás. Marcos Barraza, empresario de artistas, evoca sus batallas contra los trámites interminables y solicitudes ante el municipio y Distrito, en los años 80 y 90, para traer y ofrecer diversión en las casetas como La Zona, la Vallenata y la Matecaña.

De aquellos cantantes, que aún perdura en acetatos y discos compactos y se escuchan en bailes del levantaron polvorín, como recordó Milly Quezada de Los Vecinos de su primer toque en una caseta, en la actualidad fueron remplazados por “la prostitución del espectáculo”, señala Barraza. Se perdieron costumbres establecidas para divertir a la gente en Carnaval, donde se bailaba en una pista, había sillas y mesas, se veía a la orquesta en tarima.


TATIANA BLANCO| 2012 PÁGINA 14 HOMBRE SIN CABEZA ALFONSO CERVANTES| 2012 PÁGINA 17 4.5 KILÓMETROS DE JOLGORIO Y TRADICIÓN

Las verbenas se hacían en las calles con el picó (los potentes equipos de sonido) y la música sonaba con la diversidad de una discoteca y los más escuchados hit entre los años 70 y 90 del Caribe, Colombia y algunos exclusivos.

Ahora se pasó a unos ambientes de concierto, donde la gente no baila, solo ve, salta y toma sus tragos con más de 8 horas de pie, afirma Barraza. Los nombres con los que se identificaban los sitios de bailes de carnaval: salones burreros, bailes en casa de familias, bailes con nombres de canciones éxitos, fueron organizados por juntas directivas y su secretario de agitación y propaganda. Eran ellos los que visitaban las emisoras a llevar los boletines de sus bailes con capitanes, y capitanas. “La gorra no se me cae”, “Consultorio particular”, “Polvorin en San José”, “La Lancha”, “Los patines de Cuba”, “Bocatos”, “Prende el mechón”, “Macheteros”, “Fogata”, “Tremendo guandú”, “Lluvia de locos”, “El grito de combate” entre otros. Las casetas fueron sitios en áreas cerrados con todas las comodidades y algunos incluían parqueaderos.

“El problemas es que se quiso volver a una tradición con incentivos de innovar. La Constitución nos señala que los concejos por medio de acuerdos deben presentar, sostener, vigilar la cultura. En Barranquilla esto no está reglamentado”. “El folclor local artístico y musical no tiene un amparo de lo que se produce y se crea en el Carnaval”.

Marcos Barraza propone que se recuperen los espacios de los barrios y sus organizaciones festivas con sus reinas. “Creo que le daría fuerza a los espacios de convivencia y sería trabajo para los picoteros, los músicos nuestros que se presenten y toquen los ritmos propios”.


ALFONSO CERVANTES | 2012 PÁGINAS 23-24 DANZA DEL TORO GRANDE

Los espíritus del Torito Ribereño

U

por Pedro Plata

n ejército de sombras alargadas se desplaza entre bóvedas y nichos del cementerio Calancala. Cada cierto tiempo se detienen frente a un mausoleo. Algunas parecen arrodillarse, otras danzan simulando una culebra que se enreda y desenreda. Son las sombras que reflejan en el piso de cemento los integrantes del Torito Ribereño mientras cumplen su sagrada tradición del Sábado de Carnaval. Este compromiso espiritual lo vienen realizando desde hace más de 50 años. Como si se tratara de un jefe de tribu enseñando a los menores de la comarca, bajo el fuerte sol carnavalero de este sábado, Alfonso Fontalvo, director del Torito Ribereño, explica que el fin de su cita es pedirle protección a sus antepasados, para que en los 4 días de Carnaval posen sus manos sobre ellos y nos les pase nada. ¿Pero protegerlos de qué? ¿Será de la odiosa espuma traída desde festividades cachacas? ¿Será de los „estrato 8‟ que salen borrachos y perrateándose las fiestas montados en tráileres? Podría preguntarse uno, basándose en las problemáticas actuales de las fiestas del dios Momo.


Para conocer la respuesta debe uno transportarse 134 años atrás. En esa época un joven de 12 años trató de ingresar a la Danza del Toro Grande, pero por su edad no lo recibieron, así que decidió fundar su propio grupo de congo.

“Pero fíjese usted, a pesar de esas peleas, no se tienen registros de muertos”, afirma Alfonso. Aunque desde hace varios años se prohibieron las peleas, o conquistas barriales como se les llamaba, los integrantes del Torito Ribereño continúan su tradición.

“A Elías Fontalvo Jiménez le negaron la entrada al Toro Grande porque era muy pelao. Lo hicieron porque en esa época los grupos se peleaban casi que salvajemente, entonces, un niño podría salir muy lastimado”, cuenta Alfonso, su descendiente y actual director.

LA LUCHA DESIGUAL Ahora en los desfiles el Torito lleva niños y mujeres entre sus integrantes, pues ya no deben liarse a golpes, pero esto no significa que su espíritu folclórico esté calmo. La nueva amenaza recae en la falta de patrocinio.

Las peleas a las que se refiere Alfonso eran brutales, teniendo en cuenta que los integrantes de estas danzas eran hombres fornidos que se ganaban la vida talando árboles, cargando las mercancías que se transportaban en buques y en otros trabajos que requerían mucho “ponche”. Por esa razón estaba prohibida la participación de mujeres y niños.

“Ahora es muy duro salir con nuestro grupo, pese a que somos la verdadera tradición del Carnaval. Aquí no le cobramos un solo peso a nadie, el que quiera bailar, bienvenido es, pero resulta que muchos no tienen para mandarse a hacer el vestido, para transportarse, en fin.

Terco, como cualquier adolescente de esa edad, el fallecido Elías (murió el 25 de mayo de 1934 a los 68 años), formó su grupo y enfrentó a los mayores, quienes sin importar las edades de sus nuevos integrantes, los zumbaban a palos, piedras, puños y patadas.

La Fundación Carnaval de Barranquilla nos da unos dineros, pero eso no nos alcanza para nada. Hemos recurrido a las empresas, pero hubo una que hace poco nos pidió que le colocáramos una checa bordada en el vestido con su logo, para de esta forma tirarnos varios millones. ¡Ni loco yo hago eso! La tradición no se puede perratear”, afirma el protector de 134 años de tradición.


Para entender la rabia de Alfonso se debe conocer un poco más de su historia. Hace 40 años, exactamente en 1972, los directivos del Torito Ribereño estaban que botaban la toalla, Marco Fontalvo, padre del actual director, estaba enfermo y todos creían que la danza no saldría más a las calles. La siguiente escena se desarrolla en pleno barrio San Roque, unos cuantos días antes de Carnaval: Con una risa burlona, varios integrantes de otros congos pregonaban que el Torito Ribereño estaba muerto, que no iba más, que con la enfermedad del viejo Marco, ya todo era historia antigua. Hasta hubo alguno que se atrevió a tirar las banderas de la danza al suelo. Tocado en su orgullo y en el de su familia, pues la danza la han dirigido ya 4 generaciones, Alfonso le contó a su padre lo que la gente decía en las calles y esté le preguntó: ¿estás dispuesto a seguir con la danza? A lo que, con la fuerza del toro valiente que corre por sus venas, el actual director dijo que sí, levantó las banderas, ordenó la tropa y salió de nuevo a hacerse respetar.

¿Ahora sí entiende por qué no dejará que le prostituyan su disfraz?

Ya casi es hora de enrutarse a la Vía 40. Allá la alegría desborda entre los espectadores y bailarines, acá, en el cementerio, las lágrimas no dejan de resbalarse en los recuerdos de los cercanos al corazón. Un repique de tambor, acompañado de una guachara, le hacen el fondo a los versos que Alfonso Fontalvo le dedica a sus antepasados. Uno a uno visita sus tumbas y les entona un pregón. Cánticos que hablan de la muerte de coroncoro, de sus pecados que son perdonados. De lejos se ve la silueta de los danzantes, de los disfraces de animales, de los músicos y se tiene la sensación de que no hay mejor sitio para retratar una danza tan tradicional de nuestro Carnaval, porque, ¿no celebramos los caribes festividades para burlarnos de la muerte, esa dama huesuda que nos deja reír porque sabe que al final siempre nos alcanzará? Viva la danza del Torito Ribereño, ¡Viva!.


ALFONSO CERVANTES | 2012 PÁGINA 28

“Uno puede estar muy triste, pero escucha una cumbia y todo cambia”

E

por Pedro Plata

s una tarde „cachaca‟ en Barranquilla. Ha llovido todo el día y ahora, a las 4 de la tarde, „La Niña‟ ha dejado miles de plumas mal cerradas en la casa de San Pedro. Las parsimoniosas gotas caen rítmicamente sobre las tejas coloniales de la casa rotulada con la nomenclatura calle 39 número 33-122. La puerta blanca de madera, también colonial, se abre para dejarnos conocer a la fundadora de la cumbiamba activa más antigua de la ciudad. Se trata de Esther Elguedo, quien por allá en 1952 se unió a Horacio de Caro Carbonell, hoy fallecido, para dar a luz a La Gigantona. Fue en el „Callejón del Hospital‟, en el popular e histórico barrio San Roque. 59 años después, ya casi 60 en un par de meses, Esther se levanta de un cómodo sillón de mimbre. Da unos pasos y alarga sus brazos de abuela hasta agarrar una silla-caminador, que se parece más a las que usan los bebés. Centímetro a centímetro, la matrona carnavalera de 84 años de edad, nos lleva a su patio y nos cuenta que ahí empezó su amor con las fiestas del dios Momo.


“Todos los domingos de Carnaval se llenaba de gente. Nosotros hacíamos una fiesta muy popular. Venía gente „cachetosa‟, periodistas, jovencitas a las que sus padres no dejaban salir, pero que al conocer a mi familia, les daban permiso de venir”, rememora Esther.

Precisamente esa fiesta, que se distinguía porque la temática era Acapulco y las decoraciones eran sombreros de charro, no marimondas, como hoy, fue el comienzo de La Gigantona. Como si a la película le dieran stop y la rebobinaran, las palabras de Esther nos transportan a esa época de oro, cuando las calles de Barranquilla eran de tierra, pero no por la desidia política.

“La primera vez que salimos fue al Paseo Bolívar, allá se hacían unos „piques‟ entre cumbiambas. Llevamos una coreografía montada y ganamos el primer puesto, por encima de otros grupos que nos llevaban años de experiencia. Desde sus comienzos, La Gigantona fue ganadora a donde llegara”, cuenta Esther mientras la cortina floreada de organza y satín, que sirve como puerta en los cuartos de su casa, se bambolea al viento cual pollera de cumbiambera experta. Ella continúa su historia. Recuerda que ese día de bautizo folclórico para La Gigantona terminó para sus integrantes con una correteada.

Resulta que a los integrantes de „Agua pa´ mí‟ y „Los Patulecos‟, 2 cumbiambas que hoy no existen y que acostumbraban a ganar todo, no les gustó que unos primerizos los „irrespetaran´, por eso buscaron venganza en los puños, porque con los pies, caderas y sombreros no pudieron. NO FUE NINGÚN CHISTE. La veterana bailadora sigue rememorando en esa mente “que a veces se le queda en blanco”. La motivación es saber de dónde salió el nombre de su cumbiamba. Cuando nació la idea de salir en los carnavales con un grupo, cuenta Esther, sólo habían, más o menos, 4 parejas. Cuando ellos ensayaban la gente, con el humor costeño a flote, decían: pilas que va a ensayar la cumbiamba gigante, en referencia a los pocos integrantes que tenía. La burla sólo les duró unos meses, porque “cuando fuimos al Paseo Bolívar, la vez que ya te conté, llegamos con 40 parejas”, cuenta Esther. Sus ojos negros con tintes blanquecinos, por las cataratas, parecen brillar como mazo de velas al compás de los tambores de su pasado.


A esta dama que hoy utiliza caminador, porque su rodilla quedó afectada de tanto bailar cumbia, la experiencia le enseñó que las palabras tienen poder, por eso agradece a los que se burlaban con “buena por la cumbiamba Gigante”, porque atrajeron hacia su grupo decenas de integrantes y una gran ventura, representada en cientos de triunfos y en que en los últimos 12 años, La Gigantona ha ganado 12 Congos de Oro en Carnaval. LA GUACHERNA Y MÁS DE CARNAVAL. Corría 1974 cuando a otra Esther, la Novia de Barranquilla, se le ocurrió crear La Guacherna, desfile nocturno que es considerado el evento más importante del Precarnaval. Como ya venía siendo costumbre, La Gigantona realizó una coreografía especial y se presentó con un farol gigantesco, “con el que deslumbro a todo el mundo”.

Más allá de la buena presentación, y de los días de trabajo para montar la coreografía, Esther, la de la cumbiamba, recuerda que lo más difícil fue dejar que los papás dejaran que sus hijas bailaran en un desfile nocturno. “Era una época que, a pesar de ser mucho más sana que ahora, los padres protegían demasiado a sus hijos, más si eran mujeres. Pero bueno, gracias a la confianza que nos tenían, permitieron bailar a las jovencitas”.

Siguiendo el desfile de recuerdos, y con la llegada de Germán Álvarez, el actual director de la cumbiamba, junto a la cumbiambera Kizzy Alvarez Morales y a su parejo George Roncallo, la fundadora señala que antes en las mochilas los bailarines llevaban, además de las infaltables botellas de ron y velas, pedazos de salchichón y alimentos para brindarles a las parejas.

“Los uniformes de las mujeres simulaban a las de las mujeres mayores, mientras que el de los hombres era sacado de sacos de azúcar, el cual cortaban y confeccionaban”, dice Esther y agrega que las mujeres se teñían un mechón de pelo de blanco, “para simular veteranía”. Además, cuenta, para mostrar su destreza, “porque cumbiambera que se respete sólo mueve la cintura y no los hombros”, las botellas de ron blanco se situaban junto a los tocados de flores en la cabeza. Los jóvenes cumbiamberos se sientan en el suelo de lozas negras y amarillas, escuchando los consejos de la veterana. Ella les pregunta que sienten cuando bailan, Kizzi le responde que una emoción inmensa. Similar respuesta había dado la octogenaria cuando el periodista, horas antes, le había hecho la misma pregunta.


Desde hace 2 años Esther no va a los desfiles de Carnaval, sus achaque no se lo permiten, pero la última vez que los vio observó un desorden completo, donde muchos grupos no son vistos por los espectadores, todo por culpa de unas „carrozas‟, que en realidad son pura publicidad, que no le aportan nada al espectáculo. EL PRESENTE Y EL FUTURO. Las Fiestas del dios Momo han cambiado muchísimo desde que se fundó La Gigantona. De un solo desfile, el de la Batalla de Flores, se pasó a 4 en la Vía 40, así como a otros en las calles 17 y 84. Pero pese a los cambios, la esencia sigue siendo la misma y La Gigantona sigue cosechando triunfos, en estos casi 60 años de vida folclórica. Cada día el orgullo de su cumbiamba, y de lo que ha hecho Germán Álvarez al frente de ella, aumentan, ¿cómo no? Si La Gigantona ha ganado, además de los 12 Congo de Oro consecutivos, sirenatos de la cumbia en Puerto Colombia y en el Banco Magdalena. Primero lugares en festivales como el Nacional de Gaita de Ovejas, sucre, y San Jacinto, Bolívar, en la Guajira, en Santa Marta, en Cartagena. También ha recibido reconocimientos especiales de la gobernación de Santander y del municipio de San Juan Girón. La lista de reconocimientos continúa con el del Festival Folclórico Nacional, en Ibagué. En 2001 la cumbiamba fue elevada con la categoría de „Portadora de Tradición‟ del Carnaval de Barranquilla por el Instituto Distrital de Cultura y la Alcaldía.

En 2004 recibió la condecoración „Quinta Esencia‟, máxima distinción otorgada por la Alcaldía como reconocimiento a su aporte a la cultura de Barranquilla. Pero Esther tiene más para sacar percho, La Gigantona ha representado a Colombia en Ecuador, Chile, Venezuela y fue la escogida para mostrar el Mundial Sub-20 en Brasil. Para el próximo año, fue invitada al Festival Internacional de Danzas en Gyor, Hungría. Del 4 al 6 de noviembre, en el Amira De la Rosa, la plaza de Puerto Colombia, el Parque Cultural del Caribe e instituciones educativas de la ciudad, se realizará el „Noveno Encuentro Nacional e Internacional de Danzas Folclóricas‟, como homenaje a los 60 años de La Gigantona.

ESTHER EN FRASES. “La cumbia es alegría. Uno puede estar muy triste, pero cuando escucha un millo se llena de emoción”. “Desde muy niña amaba la cumbia”. “Yo siempre he tenido fe en La Gigantona, en su nuevo director Germán”. “Una buena cumbia se baila elegante y sobre todo coqueteando con la pareja”. “De la cumbiamba han salido más de 30 matrimonios”.“Es hermoso escuchar una cumbia, sino me hubiese enfermado, jamás hubiera dejado de bailar”. “Cuando estaba joven salíamos de un baile y nos íbamos para otro. Llegaba sudada de bailar y corría a bañarme para nuevamente salir a gozar el Carnaval”.


LUIS PICÓN SALCEDO| 2012 PÁGINA 33 GUAGHERNAGAY

Junto a los tacones de una reina gay por Pedro Plata

L

a capital del Atlántico es una de las ciudades más machistas del país, protagonistas de cientos de casos de maltrato a mujeres y donde los hombres hacen alarde de su hombría en cada esquina. El machismo ha ido agarrado de la mano de la homofobia que se pueden explicar en actuaciones contra la comunidad Lgtbi. ¿Un caso? El de la jueza que ordenó el cierre de una discotecas y sustentó en su fallo ordenando: "Prohibase las relaciones entre hombres". Pero como Barranquilla, y el Caribe en general, está llena de matices y contradicciones, en ella se celebra el evento homosexual al aire libre más grande de Colombia: la Guacherna Gay. En este desfile, lesbianas, travestis, transexuales, bisexuales y la comunidad Lgtbi en general recorre un sector de la ciudad bajo los aplausos de los barranquilleros, aunque no siempre fue así, pues hace algunos años esta festividad era clandestina y perseguida por autoridades y comunidad en general.


Para conocer más de este movimiento y del trato que reciben durante su Carnaval, BARRANQUILLABIERTA.COM contactó a Linda Dangond, reina cívica Gay, quien permitió acompañarla desde las 2 de la tarde del sábado 11 de febrero hasta las 2 de la madruga del domingo 12 de febrero. PRIMER ACERCAMIENTO. Un hombre con movimientos femeninos nos abre la puerta, señala unas sillas donde podemos sentarnos y llama a la protagonista de esta nota, luego regresa junto a una mujer a la que le alisa el cabello. A simple vista parece un día normal en una peluquería, pero no lo es, uno de los estilistas de este templo a la belleza se prepara para representar a su comunidad. De complexión delgada, andar suave, cejas delineadas y labios carnosos con un tinte rosado, un joven nos tiende la mano y se presenta, con una tono de voz seseante, como Robin Yépez, conocido entre la comunidad homosexual como Linda Dangond. Su rostro muestra gestos de preocupación, porque a escasas 7 horas de iniciar el desfile, y de su coronación, aún no se ha concretado quiénes la acompañarán en el show que piensa montar, ni tiene seguridad sobre la música que va a bailar.

Con el corre-corre de cualquier reina de los cientos de eventos que se realizan en nuestro país, Robin trata de contactar telefónicamente a sus compañeros, al no lograrlo nos pide que la acompañemos a la casa de uno de ellos. En el camino aprovechamos para hablar. Las calles de este barrio del Sur de la ciudad, un día después de la tan esperada Guacherna, rebosan de Carnaval. -"Anoche fue especial. Salí en el desfile junto a la Reina del Carnaval y a la Reina Central Gay- cuenta Linda mientras camina rápido–Espero que hoy sea igual o mejor". Entre zancada y zancada le preguntó como logró ser nombrada representante cívica de la comunidad Lgtbi. Responde que fue de la forma menos esperada posible, en plena calle. “Estaba en el desfile del Orgullo Gay cuando el señor Jairo Polo, representante legal de la Corporación Autónoma Del Carnaval Gay de Barranquilla y el Atlántico, se me acercó y me hizo el ofrecimiento, yo acepté de una”, recuerda Linda, quien a ese desfile asistió como Reina de la discoteca SKY.


Llegamos a la casa de los amigos de la Reina Gay Cívica. Los habitantes corrían de un lado al otro. Unos pegaban lujos a zapatos de tacones gigantes, otros cortaban telas para crear vestidos, otros llamaban a músicos, era un despelote total.

La cara de Linda se contrajo en una mueca de preocupación al informarle que nada de lo planeado estaba listo. Respiró tranquila y nos pidió que regresáramos a la peluquería. LA TRANSFORMACIÓN. Con un poco de malgenio, Robin se da un baño y se sienta en una de las sillas de su peluquería para convertirse en Linda. El primer paso es delinear y resaltar sus ojos. Toma con sus dedos el „iluminador‟ y lo pasa por sus párpados que ahora se pintan de blanco. Luego le da color con sombras verdes, negras y rojas. Poco a poco va saliendo Linda, esa mujer que desde los 18 años Robin descubrió dentro de sí. Luego de terminar con su rostro, el siguiente paso es ponerse la peluca. Para los que nunca antes habíamos visto este proceso, es llamativo observar como se debe „enmascarar‟ el cabello natural con cinta pegante muy gruesa. Luego sí se acondiciona el postizo.

En este punto, ya con la transformación casi terminada, retomamos la conversación con Robin-linda y le preguntamos qué es lo mejor se su elección. “Primero quiero destacar mi elección al ser una travesti, generalmente las reinas han sido transexuales. En cuanto a lo que siento, estoy muy feliz, pues el Carnaval Gay es una de las herramientas que tiene nuestra comunidad para luchas contra la homofobia”. En este punto es importante explicar la diferencia entre travesti y transexual. Los travestis son aquellos que adoptan comportamiento del otro sexo y se visten como tal, pero sin dejar de lado su género, en el caso de Linda, el masculino. Los transexuales son los que además de utilizar ropa del otro sexo, de comportarse como tales, se realizan operaciones para obtener atributos del otro sexo, ya sean senos o vaginas.

Ya entrados en confianza, la siguiente pregunta estaba dirigida a responder la incognita de qué hacían los travestis para esconder su pene cuando se ponen vestidos o cualquier tipo ded ropa de mujer.


Luego de una carcajada y de sorojarse, Linda explica que cuando es un vestido ancho se compra una tanga que sea grande y se coloca el pene hacia atrás, pero cuando "es una fadita, un shorcito o en vestidos más sugerentes, compra un esparadrapo grueso para ajustar su aparato repdroductor hacia atrás". EL ORGULLO A LA CALLE. La hora ha llegado. Luego del corre-corre, de la maquillada, de los nervios, es hora que Linda se enfrente a los barranquilleros con su título de Reina. Son las 9:30 de la noche. En la carrera 38B con calle 73 inicia el desfile. Él, ya convertido en ella, va danzando entre un grupo de millo y a su lado desfilan otros gays disfrazados, algunos con diminutas tangas, otros con el rostro y el cuerpo tapado. Linda sonríe, se siente en las nubes recibiendo piropos y aplausos de los espectadores, quienes dejan de lado su machismo y homofobia para pedirle fotos del recuerdo. “Qué hermosa”, dicen algunas mujeres en el público, “mira ese maquillaje”, se asombran otras, “está más buena que muchas viejas”, aseguran algunos hombres. La Reina Cívica Gay mueve la cintura y su mano, como si estuviera en el desfile de coronación en Cartagena. Han pasado 2 horas desde que inició el desfile.

Los participantes llegan a 7 Bocas, donde serán coronadas la Reina Gay Central y la Reina Cívica Gay. Linda se nota un poco nerviosa. El show demora 2 horas más. A eso de las 2:30 de la madrugada aparece nuestra protagonista. Un amplio vestido con plumas de colores que es completado con una gigantesca corona que certifica su título carnavalero. A un lado de ella se ve bailar a Wilson „Saoko‟ Manyoma, quien la invita a bailar junto a él. La noche especial ha llegado a su fin. El cansancio acumulado desde septiembre del año pasado, cuando le notificaron que todos los fines de semana tendría eventos, se nota en su rostro, pero una sonrisa lo aleja.

A sus 23 años Linda ha logrado uno de sus mayores sueños, el de ser reina y convertirse en una de las imágenes contra la homofobia.


BARRANQUILLA

DESDE SU INTERIOR


Nicolás de Barros, el primer padre de la naciente Barranquilla

E

por Jose Luis Rodriguez

s una fecha para exaltar la labor del padre. El hombre que construye al lado de una mujer el bienestar de su familia. En esta ocasión recorremos el pasado por las viejas y arenosas calles de Barranquilla para llegar a aquel lugar, establecido por un hombre, que fue el núcleo original del desarrollo urbano de la ciudad. El español Nicolás de Barros y de la Guerra, fundador de la Hacienda San Nicolás, lugar clave para la consolidación de los primeros pasos en el territorio que conocemos hoy como Barranquilla. El origen de esta urbe no derivó de un acto formal y único de fundación, ni fue establecido por escrito ante la firma de dirigentes. Este fue el resultado de un largo proceso étnico, económico y social que conjugó las necesidades geográficas de un asentamiento indígena y varias encomiendas, con sus técnicas y conocimientos en pro de una comunidad en formación.


Durante la Colonia, la denominación barranca era común en poblaciones ribereñas y se conoce que la tribu de indígenas Kamash (en castellano Camacho) fue el primer asentamiento humano permanente de estas tierras, a diferencia de mestizos y zambos que llegaban de los pueblos aledaños. Historiadores de la ciudad señalan que en 1626 la Corona Española le adjudicó estos terrenos a Nicolás De Barros, bisnieto de Pedro de Barros I, segundo encomendero de Galapa. Entre 1627 y 1637 con base a las investigaciones del geógrafo e historiador, José Agustín Blanco, Barros decidió crear la hacienda "San Nicolás de Tolentino” a orillas del caño La Tablaza, que al ser pequeña se le llamó "Barrancas de San Nicolás". La hacienda fue construida cerca donde se encuentra hoy la Plaza de San Nicolás, tuvo una casa de unos 18 metros de largo por 12 de ancho y de dos pisos para organizar actividades agropecuarias. Su cercanía a la ciénaga, que comunicaba con el río, facilitó el comercio con la ciudad de Cartagena. En ella Nicolás de Barros permitió a sus concertados libres construir sus viviendas en los alrededores o límites de esta, de forma que desarrollaran sus faenas en el campo y ayudaran a la manutención de sus familias. Es decir que esta dinamizó las actividades de las personas libres que vivían allí.

En el año de 1681 la hacienda ya era considerada como pueblo y todo el territorio correspondía al Partido de Tierradentro. Se le llamó Hacienda de San Nicolás en honor al santo que correspondía a su fundador. Con la llegada del sacerdote Luis Suaréz en 1737, se ordenó derrumbar una capilla de barro, que ya estaba bajo la advocación del Santo Patrono, para comenzar la construcción de la Iglesia de San Nicolás de Tolentino. En 1743 Barrancas de San Nicolás ya contaba con un alcalde pedáneo llamado Don Lorenzo Telles, quien se encargaba de los negocios de escasa cuantía y de castigar faltas leves.

La comunidad poco a poco fue creciendo hasta el punto que fue necesario la construcción de calles y en 1813 fue declarada Villa por el presidente de la nueva República de Cartagena, Manuel Rodríguez Torices. El pliegue urbano de la población respondió al asentamiento espontáneo de sus gentes.


Se desarrolló en semicírculos concéntricos a partir de su núcleo original, la hacienda de San Nicolás, de donde partían tres caminos construidos que conducían a Sabanilla, otro a Galapa y Baranoa, y el tercero a Soledad y Malambo.

En 1824 se compró un terreno frente a orillas de la ciénaga, para construir una plaza pública donde pudiera celebrarse el mercado de los productos traídos en canoas desde diferentes puntos de la Región. En 1857, Barranquilla es declarada ciudad y por su posición geográfica, se convierte en el puerto más importante sobre el Caribe colombiano.

Aprovechando su estratégica ubicación, en la desembocadura del Río Grande de la Magdalena y en las costas del Mar Caribe, atrajo a nacionales y extranjeros, y entró en un auge económico desde fines del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Si bien es imposible que Nicolás de Barros y de la Guerra sea considerado el padre de Barranquilla, pues ésta tuvo en realidad muchos apadrinamientos tanto locales como extranjeros en pro de su desarrollo, al construir su hacienda, si lo previno o no, consolidó los primeros pasos para el progreso urbano de la capital del Atlántico.


Las calles de mi vieja Barranquilla: Paseo Bolívar

U

por Jose Luis Rodriguez

n paseo por la historia de aquella calle ancha bordeada de casas de bareque con techo de paja, reconfortada en un camellón de árboles y bancas, visitada por Colón y conquistada por el libertador Simón Bolívar, fue realizado en la tertulia brindada por el director del Archivo Histórico del Atlántico, Adriano Guerra. Guerra empezó su charla dejando claro que Barranquilla rompió los esquemas que tuvieron las ciudades americanas para su surgimiento al no ser fundada como algunos piensan. De esta manera su crecimiento fue espontáneo a través de sus barrancas y caños donde llegaban los productos y la creación de los talleres para abastecerse mejor.

“La calle 30 o Avenida Boyacá fue originaria en esta expansión, pero los habitantes de la población vivieron inmersos en un mundo subacuático donde los caños son vitales para la comunicación con el río y la Ciénaga de Camacho”, señaló.


Lo anterior convirtió a Barranquilla en un centro comercial indispensable. Las casas comerciales jugaron en este sentido un papel determinante para el progreso y el dinamismo. Mercancías al hombro, a lomo de mula, en carreras, carruajes, carros, camiones marcaron esta historia.

Un gran cambio se presentó en 1886 cuando el Alcalde para ese entonces, Antonio Abello, decide hacer una remodelación y convierte la calle ancha en un camellón con árboles y bancas para que los ciudadanos disfruten de un paseo digno en una ciudad republicana.

Entrando en el siglo XIX la ciudad concentró su población adyacente a su plaza principal, la plaza de San Nicolás. De esta forma lo que hoy conocemos como Paseo Bolívar, centro neurálgico de la actividad comercial, tendrá relevancia en la ciudad en los últimos 100 años.

“Desde entonces se le conoció como el Camellón Abello, tomando una importancia en la vida de los barranquilleros. En 1900 tendrá un aspecto diferente al estar pavimentado y adornado con árboles, así como las casas de bareque desaparecen para dar lugar a edificaciones bien acabadas”.

En 1880 se obtuvo el primer registro fotográfico del Paseo Bolívar y de Barranquilla misma, en donde se percibe a lo lejos los intentos de remodelación de las torres de la Iglesia de San Nicolás y la casa de Bartolomé Molinares, donde en 1830 se hospedó el Libertador Simón Bolívar. “Durante aquellos años no será más que una calle ancha bordeada de casas de bareque con techo de paja, desalineadas y dando un aspecto provinciano. Como todas las calles posteriores a la plaza principal era un lugar secundario de la época”, explicó Guerra.

En 1903 se desarrolló a lo largo del Camellón la primera Batalla de Flores de la ciudad. Las carrozas tiradas por caballos fueron decoradas con flores y se convirtieron en una muestra de paz al término de la Guerra de los Mil Días. “Poco a poco el Camellón se fue convirtiendo en una arteria vital para la ciudad donde no solo los desfiles comenzaron a tener lugar. El Club Barranquilla tuvo su sede allí en la acera contigua a la Iglesia San Nicolás”.


Barranquilla se convierte en una de las ciudades más pulantes del país para esos años al experimentar un auge económico sin precedentes. La apertura comercial, la navegación a vapor, la incesante entrada y salida de productos.

Guerra comentó que con las celebraciones del primer Centenario de la Independencia las diferentes ciudades colocaron en marcha un plan de mejoramiento urbano. La adecuación de espacios públicos como parques, el mejoramiento de vías, la implantación del alumbrado público y la instalación de héroes mejoraron su entorno. La colonia italiana donó entonces la estatua del Almirante Cristóbal Colón, colocada en la parte norte del Camellón, frente al edificio del Cuartel. A partir de ese momento se le llamó Paseo Colón. “A finales de la década de los 20 el Paseo Colón contaba con el primer semáforo de la ciudad, al tiempo que presenciaba los primeros accidentes automovilísticos", indicó el historiador mientras mostraba imágenes de la calle.

Los últimos vestigios del Camellón fueron demolidos dando paso a la pavimentación de la calle en 1930.

Barranquilla contaba para entonces con luz eléctrica agua potable, teléfono, radio, cine, los mejores inventos de la modernidad. Empieza un proceso de desarrollo en la ciudad a partir de los caños, luego calles, plazas, seguido de parques y urbanizaciones como el Prado. Originando así la misma eclosión demográfica que hubo en todas las ciudades latinoamericanas disminuyendo la vida rural y aumentando la urbana. En Colombia además de la percepción de mejores oportunidades laborales se da el auge urbano por el miedo y víctimas del conflicto armado. Es a partir del comienzo del siglo XX con los afanes de la modernidad que comienza a darse la demolición de grandes joyas en la búsqueda del construcción y ampliación de los espacios de la ciudad como ha venido sucediendo. Fue así como el Concejo Municipal de la ciudad autorizó la demolición del edificio del Cuartel con la intención de ampliar más la arteria y colocar la estatua de Simón Bolívar en su lugar. Pero en los mimos afanes de modernidad fue demolida en 1945 la Mansión de Bartolomé Molinares antes de morir en Santa Marta.


“La modernidad no tiene espera en la sociedad y en sus deseos renovadores convierte a los hombres en amantes de lo nuevo, de construcciones hechas sobre cientos de antiguas casas. Lo viejo cada vez es más corto”, enfatizó el historiador. El Edificio Palma, aquel que lució uno de los primeros avisos de neón tan de moda para la época, fue demolido con el argumento de seguir ampliando el Paseo Bolívar. En su lugar se erigió en 1962 el edificio de la Caja Agraria, ganador del Premio Nacional de Arquitectura.

Para 1970 se construyen las hermosas fuentes de agua en el Paseo Bolívar pero rápidamente la desidia la convirtieron en refugio para la delincuencia e indigencia. “Durante la última centuria el Paseo Bolívar presenció los discursos de encumbrados políticos con un público vestido de sombrero y traje blanco, los vio desfilar militar, política y festivamente. Ha sentido el vapor de calor, las arterias de la lluvia y la visita rápida de sus ciudadanos. Se ha vestido de gala con flores y avisos de neón. Hay muchas formas de hacernos sentir en Barranquilla pero ninguna como en este Paseo de muchos nombres, rostros, colores, sabores, sonidos y sobre todo de la alegría del barranquillero”, concluyó Guerra la tertulia.

"Dicen que la historia se repite, lo cierto es que sus lecciones no se aprovechan"


TATIANA BLANCO| 2011 PÁGINA 46 DOMINÓ

La banda sonora de Barranquilla por Pedro Plata

E

l grito de El Heraldo, Tiempo, La Libertad, le avisa al „mono‟ que debe salir a irradiar energía calórica sobre Barranquilla. Son las 5 de la mañana. Mientras en Paraíso la niña „Virgi‟ prepara el café con leche y las arepas e´ huevo, en San Felipe el trino de pájaros libres, sobre el palo de mango frente a la casa, compite con el de los turpiales, toches y canarios que el vecino orgulloso saca en jaulas a la terraza. En San Roque, Marlon se despereza, apaga el abanico y prende el foco. Busca en el armario la camisa rojiblanca. Hoy juega „Tu Papá‟. “La yuca, la yuca llevo. El corozo delicioso. Parecen toronjas pero son limones.”, pregona Julio en su carretilla cargada de frutas, verduras y tubérculos. La señora Ángela, con rulos en la cabeza y con la bata de dormir aún puesta, se asoma y le grita al vendedor: “Niño véndeme una mano e‟ plátano, pero pilas que los pelaos se tienen que ir pa‟l colegio”. A su vez, Carlina, vecina de Ángela del Barrio Abajo, pide un melón y una patilla, “de esas venezolanas que son gigantes”.


El día despunta. El Paseo Bolívar hierve con la gente que va para las oficinas, los almacenes y los vendedores estacionarios. El conductor del bus de Coochofal “pita” para que el de La Carolina mueva la buseta. Tres buses atrás, Carlos toca el timbre desesperado, pidió la próxima dos cuadras atrás y al ver que el chofer se hace el sordo, le lanza un “!Qué, me vas a llevar pa‟ donde tu mamá!”. A las 11 de la mañana en El Silencio, el silencio es roto por un agudo sostenido: “alegriiiiía, cocada, caballito”. María deja de cortar los tomates para comprar los enyucados que Sebas, el niño de la casa, le pidió al escuchar a la palenquera. Sebas recibe la golosina, está en pantaloneta y tiene el cuerpo verde. Luego de la merienda, el pelaito regresa al patio para seguir con el baño de matarratón, remedio casero para la varicela.

El mediodía llega. Los trabajadores en el Centro salen en busca de la oferta gastronómica. Frente a la antigua Alcaldía 4 vendedores de arroz de lisa hacen su agosto. En el restaurante La Cívica, carrera 44 con 40, los sancochos de mondongo, con pata, compiten con los de Guandúl, como lo han hecho desde hace 40 años.

En el Barrio Abajo, las gigantescas ollas de peltre del „Totumazo‟ y de „Las Negras‟ dejan salir sancochos trifásicos –cerdo, res y pollo- y de Gallina. Ponchera en la cabeza, Fermín grita “aguaaaa, aguaaaa, aguacateee”. Uno de los comensales llega con un par de guineos tigrillos, comprados en la tienda del „cacha‟, dispuesto a devorar un pastel de cerdo. Todo lo bajan con un vaso de aguapanela con limón, bien fría. UN CLIMA RECOCHERO. El sol aprieta, los transeúntes tratan de caminar bajo la sombra de los palos de roble, caucho o bongas, pero como en los últimos años se ha insistido en sembrar es puras palmeras enanas, les toca protegerse en algunos techos que, como viseras sobresalen, sobre la calle. Como si fuera llamado con un “y ahora quién podrá defendernos”, un reconocido sonido antecede al “man del raspao”, la mejor forma para calmar „el calor‟. De cola, limón o tamarindo hay para elegir, con un adicional de leche condensada.


La boca se hace agua mientras „Juancho‟ graniza un bloque de hielo y más cuando el sabor elegido sale del frasco de vidrio, que originalmente era para guardar salsa de tomate.

En la radio del bus se escucha: “Llueve que llueve/ Y yo sigo cantando/Ahora chiquilla que me está mirando/”. Es la canción de Sergio Rivero, el himno de la lluvia en Barranquilla.

De repente el cielo empieza a oscurecerse, pese a que todo el día hizo tremendo e´ sol. Como un clima recochero, hay quienes lo definen. Las primeras gotas caen haciendo que todos corran despavoridos. “Ni que tuvieran ácido”, mama gallo (bromea) Alberto, aunque él sabe que lo hace, porque pocos tenían a la mano un paraguas. También sabe que la ciudad se paralizará apenas apriete.

Pasado el aguacero, con la temperatura agradable, hace su aparición el petero: “el pe-to, peto, peto, peto. Con bastante leche el peto. Pa´l frío, el peto”. La tarde cae sobre Curramba. El cielo, de tono rojizo, es cruzado por una gran bandada de cotorros que se posan sobre un caucho del barrio Porvenir. La algarabía chirreante llena el ambiente, en algunos momentos se torna molestosa, pero menos que el ruido que generan esos aparatos a los que hoy les dicen bebé.

En el barrio Olaya los jóvenes que esa tarde tenían clase, pero que por el aguacero se echaron la leva (no fueron a clase), sacan dos marcos y arman la línea (partido). En la calle 84, los conductores se apuran para salir de allí, porque el arroyo no tarda en salir, aunque no falta el impertinente que cree que su carro puede pasar el río urbano.

En la estación de Transmetro Joe Arroyo, Carlos espera el alimentador que lo acerque a Ciudad Jardín, donde vive el bollito (en este caso, la novia). Ahí estará un par de horas, para luego ir a su casa, en el Limoncito, donde dormirá bajo el arrullo de las cuquecas y las ranitas coquí.

Jorge, en su casa de Bellavista, se asoma a la ventana para ver a los pelaos que se bañan y se disputan el chorro que sale de un desagüe de un techo.

LLEGA EL FINCHO. El viernes es el mejor día para adorar a su majestad la cumbia. En la rueda, que se celebra en el Barrio Abajo La Rebuscona, Hacha, Calabaza y Miel, La cumbia Cienaguera, son algunas de las canciones que con sombrero y pollera se gozan sin parar.


TATIANA BLANCO| 2011 PÁGINA 51 RASPAO DE COLA

Refrescarse con unas buenas frías y tomarse unos rones hacen parte del programa. Como música ambiente siempre se escuchará el “saladitas las papitas” y el golpe del cuchillo en la ponchera que avisa la presencia del vendedor de butifarras. El sábado, después de mediodía la buena música se toma la ciudad. Estaderos, tiendas, bordillos, cualquier lugar es bueno para vacilarla. La Troja, Salsa 8 o La Cívica, son algunos de los lugares que ponen buena salsa, y no de tomate. La Yuca tiene su espacio en estaderos como La Guajira y Champagne Vallenato.

La semana llega a su fin. Los domingos temprano la banda sonora de Barranquilla se contempla en los gritos de los espectadores de los partidos callejeros y en las canchas de arena de la ciudad, todo enmarcado en la salsa brava, la misma que sale de los potentes picós que en muchos de los barrios son acompañados por los golpes de las fichas de dominó.


TATIANA BLANCO| 2012 PÁGINA 53 CIRILO SWINNE

Una Barranquilla que veo, huelo, siento y sueño por Nilson Romo Mendoza

E

l sacerdote Cirilo Swinne (St Jansteen, Holanda 1945) admite que ora muy poco. Puede sorprender a cualquier creyente la revelación, pero es una forma puntual y sencilla de definir su obra que brilla en el barrio La Paz, suroccidente de Barranquilla. Todas las mañanas Cirilo Swinne eleva esta plegaria: “Señor el de los milagros eres tú. El del trabajo soy yo. Yo hago mi trabajo, por favor haz tus milagros”. Cirilo llegó para quedarse hace 35 años, el 20 de febrero de 1977, en pleno Carnaval, y comenzar una transformación que no ha sido solo por fe. No obliga a seguir sus iniciativas, solo pide acompañamiento, porque está convencido que “no sabe nada”. Este es un principio de los holandeses que le dicen a sus vecinos de Bélgica: “No saben nada pero conocen a los que saben”.


Así ha tocado corazones y comparte con aquellos que abren sus brazos desde las miles de necesidades que llegan en boca de madres a la sede de la Fundación Ce Camilo. Es una especie de aprovechamiento mutuo, porque “no se puede esperar todo de la gente”.

El barranquillero que define Cirilo lo descubrió en su comunidad como una persona disponible, abierta, espontánea y el que lo ha conquistado. “Yo no convierto, ellos me han convertido”. Y juntos tocan fibras, levantan ilusiones y aterrizan realidades para la salud, educación, infancia y el adulto mayor. El centro de salud comunitario, inaugurado en 1980, el centro educativo de rehabilitación para niños con discapacidad, el hogar geriátrico, la biblioteca, que abrirá este año al servicio, y la proyección de 6 colegios, son obras que envidiaría hasta el municipio más pequeño del Departamento del Atlántico. “El hogar para ancianos tiene su propia organización. Es independiente. Solo abro puertas y que sea la comunidad los que la desarrollen. Como un buen papá hay que dejar que el hijo haga lo que cree. Respetar su propia identidad para dar libertad y no amarrar con las obras”. Hay mucho sentido común en la construcción de la Barranquilla en La Paz.

Se observa el entorno, qué se necesita y qué se puede hacer con conocimiento, amor y desarrollo, precisa Cirilo Swinne. El hogar de ancianos es un lugar bien pensado por su arquitectura, sus mariposas, las rampas, los espacios verdes, el follaje de las plantas y árboles sembrados dentro de una estructura en guadua que invita a quedarse. Es la última casa y la mejor de 56 adultos mayores. Hasta los perros son queridos porque mueren de viejos. El centro de salud tiene más de 2.500 histórias clínicas, una cifra que revela cuánto sirve y sigue asistiendo a residentes de 20 barrios aledaños. La biblioteca, diseñada con normas urbanísticas que respetan el medioambiente, con bloques rojos para levante y pisos que tienen forma de rompecabezas, se convertirá en la primera sala de consulta y encuentro de talentos del suroccidente. Un lugar que invita a los niños y jóvenes a no creer que solo hay divertimiento en el gran estadero de dos plantas que está diagonal.


El bochorno en las calles recién pavimentadas, blancas y en las casas vecinas, que pintan sus nomenclaturas, con el aire caliente de abril que anuncian las lluvias, sofocan y reflejan el calor en La Paz. Una sombra es un refugio a la espera que las bongas sembradas abran sus hojas y crezcan en frente de la capilla, al lado de la sede de la Fundación Ce Camilo.

La orden de los presbiterios San Camilo, comunidad con sede en Italia y de vocación para asistir a los enfermos, tiene a Cirilo un pastor que valora la naturaleza. El patio de la Fundación Ce Camilo es un invitación a que siempre hay un lugar para las plantas ornamentales, los bonsáis de árbol de caucho, las orquídeas, la dulce caída del agua en pequeños estanques, rodeado de orquídeas, viandas, que cuelgan algunas en sandalias convertidas en materas, corales, amparado en sombras de árboles de robles y mango. Es un dibujo, un paisaje con un microclima. Ahora los ojos grises de Cirilo se encandilan para definir su Barranquilla en La Paz. Señala su árbol de roble con el tallo ladeado. “No se puede enderezar con facilidad. No es fácil. Y cada árbol tiene su historia. Como el de los hombres. Sí veo uno de mango, pero alguien me dice que no es de mango si no de papaya ¿qué se puede decir? ¿Cuál es su radiografía de Barranquilla?

“Somos dados en Barranquilla a querer ser protagonistas. No creemos en lo que el otro ha hecho. El querer hacer, con el hacer, se confunden y para hacer obras se tiene que hacer bien, que la persona se sienta orgullosa y las cuide. Las autoridades deben crear las condiciones. Cuando empezamos la biblioteca nos dijeron que estábamos locos. Hay que hacerlas bien para que haya orgullo y lo cuidemos”. “No nos importa la ciudad. Nos encargarnos de acabar con lo poco que hemos hecho, hay que educar mucho a las personas, desde las casas, desde los colegios, desde la cultura y el arte para cambiar la mentalidad. Falta consciencia y eso no se logra de hoy a mañana”. El análisis del desempleo urbano en Colombia de Adolfo Meisel y Andrés Sánchez para el Centro de Estudios Económicos Regionales (agosto de 2011) señala que es una de las ciudades como baja tasa de desempleo, pero una proporción de los niveles ocupados de Barranquilla es del 45% y son trabajadores que lo hacen por cuenta propia (informales) y generalmente bajos niveles educativos e ingresos.


“Barranquilla ha cambiado como Cali y Medellín. No teníamos la situación de miseria e inseguridad pero la juventud también ha cambiado, hay más oportunidades para la educación. Creo en el progreso, pero algunos que lo promueven quieren llevarse algo más. Eso genera más pobreza”, afirma Cirilo Swinne. El Centro de Estudio Regional sugiere que haya más inversión en educación, lo ha asumido la actual administración de Elsa Noguera, porque a pesar que Medellín (14% fuente DANE) dobla en desempleo a Barranquilla (8%), los ingresos de los trabajadores antioqueños son del 34% más que los barranquilleros y con expectativas de 7 meses más de capacitación.

“Hay que organizar la ciudad, de una forma radical y bien hecha. Soy de los que creo que no hay que combatir la inseguridad con balas, con represión. Que haya más oportunidades para los jóvenes. Con mejores salarios, que es muy bajo”. Cirilo tiene otros frutos para invitar a una Barranquilla con más oportunidades. “Harry es un joven que comenzó con nosotros, estudió y ha demostrado que puede ser y es el contador de la Fundación. Hay que descubrir en las personas sus cualidades e insistir, con fe y convicción, en lo que saben; en lo que se puede hacer. Solo soy un preocupado por el país, por la ciudad que hay que cambiar”.


SALWA AMASHTA| 2012 PÁGINA 58 VISTA PANORÁMICA DEL NORTE DE BARRANQUILLA

El olor de mi Barranquilla por Nilson Romo Mendoza

C

arlos Nepper Monsalve nunca ha visto los colores de Barranquilla, el de sus robles morados y amarillos, el de los disfraces del Carnaval… Ciego de nacimiento pero con la sensibilidad del oído para escuchar las voces de los coterráneos en su bullicio, para sentir el calor de su gente y para oler la riqueza y pobreza de Barranquilla.

Nació en San Roque hace 42 años y hace 4 años cambió el fragor de uno de los barrios más tradicionales y populares para estar en el sosiego de El Recreo. Su casa, frente a la sede de la Cruz Roja, tampoco está diseñada para su discapacidad: una entrada con 9 escalones de cemento y baldosas que lleva a una pequeña terraza más ancha que larga. Carlos me advierte que sí tiene una adaptación: una baranda de apoyo de cemento a la izquierda. “Construirla fue un problema porque la vecina se quejó que le estábamos invadiendo”.


Las evocaciones de la niñez en la ciudad llevan a Carlos a las carreras en el estadio Romelio Martínez, algunos chapuzones en la Piscina Olímpica, siempre acompañado de su mamá o un pariente, el aroma de café, que siempre lo lleva a la barriada de San Roque, y las visitas con su primo por Barlovento a la Biblioteca de la Aduana.

Esos recorridos llenaron la memoria del olfato con otros olores como el de aceite. “Es el que me indica que voy por la Vía 40”, o el hedor de caños, de basuras y orines que anuncia que está cerca del mercado. La inseguridad no la ha vivido, pero la huele a diario, la escucha. Es la que escucha de las periodistas de la radio. Solo una vez lo han atracado, asegura Carlos. Siendo niño a su primo que lo acompañaba le quitaron una cadena de oro. “Me entristece pasar por parques como el San José o el Parque Almendra y sentir el olor a marihuana, el de los desplazados, de la gente de la calle, nauseabundos. Me molesta que la gente tire la basura la calle, un chicle, una bolsa de agua. ¿Yo qué hago? Me la guardo en el bolsillo o pregunto donde hay un bote de basura”. En la adultez ha sentido el peligro en sus salidas agarrado a su bastón.

-Porque desde pequeño le dije que tenía que aprender a defenderse solo, admite Policarpa, su mamá, atenta a sus palabras en la sala de su casa. Ahora, como profesional del derecho y Ad litem, graduado en la Universidad del Atlántico, Carlos tiene una ciudad en la cabeza, que le duele más como miembro de una población vulnerable, pero sin perder esa sonrisa sincera que siempre muestra los incisivos superiores. “Barranquilla es una ciudad chévere, muy amable pero descuidada”. Como abogado y litigante, trabaja en los alrededores del Centro Cívico, donde el espacio público tiene dueño. Las anécdotas y tropezones tras el toque del bastón, le han dado más que sustos, la agudeza para escuchar hasta la mentada de madre más musitada. Algunos vendedores son tan imprudentes como sus mercancías ubicadas en el camino público que también son agresivos en la advertencia.


-¡Hey llave bájate, porque no hay espacio! recuerda Carlos Monsalve una de esas frases que escucha en su andar por el Centro. “Una vez tropecé con un vendedor de candados y me tocó como siempre hacer silencio, seguir mi camino, mientras escuchaba que dijo despacito: Ese ciego hp…”. “La ciudad la siento muy enredada. Siento que hasta en los andenes hay restaurantes. Camino y siento el olor a sopa ¿Dónde está la autoridad para defender el espacio público?”.

Si los que tenemos nuestros sentidos nos puede molestar que en el camino peatonal hay carros atravesados y nos obliga a bajarnos del bordillo, ahora imaginémonos a Carlos que tiene que ir paso a paso, con cuidado. ¿Qué lugar de la ciudad te gusta, te hace sentir bien? “Sí hay un lugar donde yo me siento más seguro en Barranquilla después de mi casa y que me gusta estar es la sala de tecnologías accesible para personas con discapacidad de la Biblioteca Departamental”. Carlos es un preocupado por los discapacitados. No hay escenario donde no esté para expresar que la administración distrital y las autoridades deben visionar una ciudad inclusiva.

Participó en las mesas del Plan de Desarrollo 2012-2016 de la localidad Norte Centro Histórico y presentó sus consideraciones para buscar una política pública para personas con discapacidad.

Cree en las buenas intenciones de la alcaldesa Elsa Noguera, aunque precisa que uno de sus actuales funcionarios y viene de la pasada administración, dejó como presupuesto para el 2012, unos 40 millones. El Proyecto Reddi presentó un documento propuesta para el Plan de Desarrollo en el que señala, entre otras, un diagnóstico y el cual señala como los presupuestos han disminuido para los discapacitados. En el 2006 y 2007 se destinaron $150 millones, en el 2008-2009, $100 millones y en el 2010, $80. “Barraquilla sí ha cambiado. El Transmetro es un avance, pero se necesita más vías, más rampas. Más empleos, oportunidades y aprovechar la cultura ciudadana para respetar”, insiste, porque es víctima de la indiferencia de algunos choferes de buses que no se detienen o le ponen condiciones para esperarlo.


“Me dicen antes de subirse, en aquellos que no tiene torniquetes si no sensores, que levante el bastón. ¿Cómo se les ocurre? No puede avanzar sin el bastón”. Transmetro tiene espacios para pasajeros con sillas de ruedas, el resto, ni los taxis están adaptados.

Acompañé a Carlos a la Biblioteca Departamental y comprobé cómo nuestra cultura ciudadana nos atenaza para dar una mano o tener una cortesía con una persona con limitaciones. Somos amables para dar una dirección, pero a un ciego le caen miradas de indiferencia, sorpresa y escrutadoras. Caminó unos 80 metros desde su casa hasta la calle 65. No lo hizo por los andenes hasta unos 20 metros que subió a la zona peatonal y llegó a la carrera 38. Sintió que tenía alguien cercano y le pidió el favor que si podía pararle el bus de la línea que lo dejara en el Centro, en la calle 38. El pasajero aceptó porque estaba también esperando esa ruta. Intercambiaron algunas palabras y algunos silencios rotos por el rugir de los motores o un pito de carro imprudente.

Diez minutos después de espera, Carlos subió al bus de primero y detrás otros cuatro pasajeros. Con la incomodidad del torniquete, el bus andando, Carlos pagó su pasaje y hubo una reacción de un señor mayor de 50 años para cederle su puesto en la tercera fila.

Carlos se sentó al lado de un joven, de unos 28 años, delgado con la camiseta de Junior y una gorra que lo atisbó de pies a cabeza. -¿A dónde vas? Preguntó Carlos con sus gafas de sol al joven. -Me puedes avisar cuando estemos cerca de la calle 38. Llegó a la dirección y se bajó con la ayuda de un nuevo solidario pasajero que bajó primero. Otra incomodidad para salir con otro torniquete en la puerta trasera del bus. Allí en la calle 39, donde paró el bus y se bajó, buscó otra ayuda para atravesar la carrera 38. La Biblioteca estaba a unos 70 metros y del otro lado. La mañana estaba agitada, con sol con uñas, pidió ayuda a un transeúnte que pasó a su lado y no lo escuchó. -Yo sé que estás ahí, me dijo.


Lo acompañé y recordándole que venía siguiéndolo atravesamos la carrera 38. Pasamos por la calle 39, frente dos negocios de andenes con huecos que le recordaron a Carlos su reflexión. “Es lo que te digo. No siento seguridad al caminar en el Centro”. Carlos entró a la Biblioteca saludo con un tono de voz más fuerte, alegre, entregó un documento, le entregaron unas llaves, camino 2 metros y llegó a unos casilleros enumerados y entró a la sala de tecnologías accesible para personas con discapacidad en la Biblioteca Departamental. Ramón Santiago, limitado visual, y coordinador de la sala, nos recibe y mientras orienta a una niña de 9 años, la única que está en la sala, nos habla de los equipos tecnológicos. Ramón le habla al oído a la niña y le pregunta si quiere crear un correo electrónico. La niña dice con firmeza que sí. Ramón calcula que el promedio de visita es de unas 180 visitantes por mes. La sala transforma a Carlos. En unos 4 metros cuadrados con equipos para lenguaje para invidentes, habla sonrié, hace chistes y cuando escucha la voz de tres hermanas ciegas que han llegado, su actitud demostró que se siente muy cómodo entre sus amigos.

Carlos se sienta en su computador y apunta: “Barranquilla está progresando pero los problemas no se solucionan con una buena administración. Las promesas hechas tienen que cumplirse”.

-¿Qué olores, sabores te recuerdan la mejor Barranquilla? Diciembre. Es una época muy bonita. La gente siempre está alegre. Las brisas, la gente comprando. ¿Es un pedazo de Barranquilla soñado? -Quiero y creo que todos también sueñan una ciudad con más oportunidades de empleo. En mi caso trabajo pero como todo sé que algunos se pueden aprovechar de mi limitación. En el 2005 participé en un concurso para ser docente, pase las pruebas y llegue a la entrevista. Aunque la ley estimula para elegir estos cargos, en esa prueba con otras personas sin discapacidad sentí que estaba en desventaja. Me preguntaba por preguntar. Barranquilla debe ser una ciudad para todos, que se vea en las obras que respeten a toda la comunidad son excepciones. Todo lo que se anuncia como el Tratado de Libre Comercio debe ser una posibilidad para todos.


NILSON ROMO| 2012 PÁGINA 63 Carlos Nepper Monsalve Tatiana blanco| 2012 PÁGINA 65 Zona Cachacal

Barranquilla no me olvides por Nilson Romo Mendoza

L

a entrega de unos maletines y útiles escolares en manos de la Alcaldesa Elsa Noguera antes del Domingo de Ramos, ha revelado una líder y dos de sus asesoras espirituales para la Barranquilla que no puede ignorar: la de los enfermos de la calle y los olvidados. La tarde del 31 de marzo, Noguera y sus asesores, en la calle 32 entre carreras 38 y 39, a unos 100 metros de la 'calle del crack', escucharon sin verle a los ojos, la voz de los drogadictos, madres y trabajadoras sexuales, enfermos de VIH y tuberculosis.

Ana Isabel Berruecos, conocida, en los pasillos del edificio de la Alcaldía y en El Centro desde la carrera 40 hasta la carrera 31, San Roque, la Zona Cachacal y sus alrededores, como 'La Caleña', puso la cara, pegó el grito y habló sobre una problemática que la administración hasta dias previos a la Semana Mayor solo había visto con sospecha.


“Hay unos 75 enfermos con el virus del VIH, tuberculosis y sífilis”, calculó Ana Isabel ese sábado. Antes había agradecido a Elsa Noguera su presencia, la abrazó, le regaló unas flores, arengó a las mujeres presentes y después pidió subsidios de vivienda, un hogar para los enfermos y medicinas para la comunidad que representa. El lunes mientras se dejaba 'cazar', porque casi nunca está más de media hora en un lugar, en la carrera 40 con calle 33 en la peluquería Real, Damaris Cabarcas y María González esperaban a Ana Isabel pero no llegó. Los comerciantes, los vendedores, los que frecuentan estas calles la ven ir y venir. Otros la ubican siempre en la Alcaldía. Tres días después, a Ana la encontramos y reafirmó la cifra de enfermos.

Ese cálculo de enfermos había ya provocado la reacción en la Administración distrital de no prender las alarmas. “Hay que confirmar y verificar”, anunció la Secretaria de Salud de Barranquilla, Alma Solano. Ana Isabel aseguró que hasta el Jueves Santo no había visto funcionario alguno recorrer el sector para empezar el conteo de enfermos.

“Es que ella no ha estado aquí, ella no ha visto la problemática. Eso es lo que me da rabia. No estoy diciendo que es toda Barranquilla, sí del norte vienen también esos enfermos, de diferentes ciudades. Algunos saben que están enfermos y no se dejan hacer controles, están callados, otros han muerto. De que los hay, los hay”. Desde 1940, la Peluquería Real está en la calle 33 con carrera 40 como una de las más tradicionales y populares en el Centro Histórico. Desde adentro de la peluquería se ve la cúpula de la Iglesia de San Nicolás que supera el gris y polvoriento paisaje de cables eléctricos, techos de zinc, casas viejas de dos plantas abandonadas y se ven algunos letreros de almacenes que superan algunas puestos de ventas informales. Los peluqueros también han sido testigo desde la transparencia de los vidrios y el reflejo de los espejos como cada día son los hombres, mujeres y jóvenes que deambulan, sin norte, envejecidos, de piel y cabellos secos, con la mugre de piel y cicatrices, la mirada perdida y agobiados por la droga.


“Aquí llegan a pedir ayuda. Me dicen: 'Seño' yo me quiero recuperarme. Ore por mí. Lo mejor que uno les puede ofrecer es la palabra de Dios”, afirma Damaris Cabarcas, administradora y heredera de la Real, Alfonso Cabarca, su padre ya fallecido. Una madre bogotana de dos niños y consumidora de droga llegó donde Damaris. Tiene un escritorio, sin ventanas y vende minutos de llamadas a teléfonos celulares. La joven tenía el vientre inflamado tras una cirugía en el estómago. Una bala perdida casi acaba con su vida. "No sé como estoy viva, es gracias a Dios. Sé que he cometido errores pero lo único que busco es algo para trabajar, pagar la pieza y darle de comer a mis hijos". Se levantó su camisa, sin pudor mostró su vientre y la cicatriz. Tocó la puerta de Damaris para contar su testimonio y buscar la mano amiga. Damaris anotó su nombre para orar por ella. Damaris es la 'pastora de este redil' desde hace 10 años y siempre tiene una palabra para orientar. No es una asistencia psicológica y menos para buscar medicamentos, es pura fe. "Eres tu la que puedes salir adelante. A familias que quieren que oren para que se recupere un familia, pero no soy yo el que puede sacarlo. Primero es la voluntad de la persona y la de Dios para buscar el camino".

Damaris tiene puesto sus lentes, frunce el ceño cada vez que habla. Ella es el carácter y la prudencia también para frenar el ímpetu de Ana Isabel Berrueco 'La Caleña', extrabajadora sexual y adicta a las drogas. “Ella es muy ansiosa, pero nos ayudado a ganar en sabiduría, porque antes nos sacaba la chispa”. María González, estilista desde los años 70 en el Centro, es la serenidad y la prudencia con voz de hilo. Menuda, de baja estatura, de Chinú, Córdoba, morena con raíces indígenas, cuando suelta las tijeras o los cortaúñas, sale con su sombrilla, siempre bien maquillada, a buscar a Ana o acompañarla en las gestiones ante la Alcaldía. “A 'La Caleña' la conocemos desde hace más de 20 años. Era de las que levantaba su falda para llamar la atención. Desde hace un par de años empezó un proceso de recuperación por fe”, reafirma María González. Ana Isabel había llegado a la Peluquería rompiendo el silencio y su voz grave con el acento paisa. No es de Cali.


Nació en Medellín hace más de 45 años. Ha perdido la memoria para señalar edad y tiempo. Solo es capaz de precisar que se hizo prostituta en su adolescencia cuando llegó de Medellín a los bares del Barrio Chino. Regresó a su ciudad, un tiempo después para convivir con el padre de su hijo. En Medellín asegura entró a las drogas. “Mi familia sufría mucho, me vi destruida y dejé mi casa, me monté en un carro de repollos que venia de Cali. Quería irme para Bucaramanga, pero Dios permitió llegar a Barranquilla otra vez”.

Mi deber como compañera y como amiga fue llevarla al Hospital de Barranquilla, aunque lamentablemente está muy enferma. La ingresaron a cirugía y la atendieron como una reina, pero no le hicieron la operación porque tiene una hernia. La pasaron a cuidados intensivos. Allí me quedé hasta las 3:00 de la mañana. Me levanté a las 7 y subí al quirófano y la tienen entubada, porque la tienen que mandar a una clínica de tercer nivel. Tan de buena suerte porque allá están los mejores médicos de Barranquilla”.

“He perdido la noción de todo mijo, en la droga yo me olvidé de todo. Hasta hoy en día que el Señor me tiene en sus bendiciones”.

Prefiere hablar de lo que hace, no de lo que ya hizo. Es de lo que más se atreve y con firmeza. Abre puertas y conoce a los funcionarios de la Alcaldía, los comerciantes que le han ayudado para comprar un ataúd, una medicina, un mercado…

Ana nunca está quieta porque siente más la vocación del auxilio, siempre dispuesta a dar una mano en un llamado de emergencia. Había llegado contando que estaba trasnochada, que había acompañado a 'Ivon', otra trabajadora sexual y amiga, que está enferma. “Me iba para la pieza a las 6 de la tarde a acostarme. Me estaba bañando cuando me llamaron dos niñas: ¡Caleña, caleña, Ivon se está muriendo!

Los defectos Damaris sabe señalárselos y Ana los admite. La necesidad de complementar la misión de dar amparo a la gente de la calle se acentúa. La Peluquería Real es un consultorio abierto de orientación y también ha sido el refugio de algunos que han salido de la infierno de las drogas. “Aquí han dormidos algunos, pero nos falta organizarnos, que nos oriente para esta misión. Desde el gobierno del alcalde Guillermo Hoenigsberg se han expresado nuestras inquietudes”, recuerda Damaris.


Las inversiones para recuperar el Centro Histórico de Barranquilla en los próximos 4 años es de unos $215 mil millones. Se proyectan las obras en el sector de El Boliche entre calles 17 y calle 30, espacio público en Barranquillita, en el Centro Histórico, Plaza de San Roque, Plaza Hospital, Plaza de San José. ¿Y cómo será la recuperación para las personas que viven en fuera o dentro de las viejas edificaciones del Centro de Barranquilla? Este problemática es igual a la de Las de las Colmenas. El Plan de Desarrollo invita a que se proyecta una política pública que apunte a salvar a las personas de la calle para incorporarlos a la sociedad. La administración del anterior alcalde Alejandro Char mostró cifras en sus informes de rendición de cuentas de 2010 que atendió a unos 30 mil adultos mayores con el programa "Mi viejo también cuenta". Señaló que hay 27 Centros de Vida, pero llama la atención que todos eran en los sectores suroccidente y algunos en el suroriente.

“Por eso es que le estoy pidiendo a la Alcaldesa, a ella, que el albergue para los enfermos del VIH. Se acabaron las batidas con los que controlaban de enfermedades, las gonorreas, a las trabajadoras sexuales. Se necesita un techo para los drogadictos, los indigentes de la calle, los ancianos. Que se acuerden de nosotros, porque nos están acorralando. ¿Para donde nos van a llevar si van a remodelar el Centro Histórico? La Cachacal la van a modernizar, bacano ¿Y nosotros qué?”. ¿Cuál es la Barranquilla que Ana Isabel desea? "La mayoría de las compañeras estamos cansadas de la vida, estamos viejas. Quisiera estudiar un arte, nos ayuden con un subsidio de vivienda, que nos tenga en cuenta, que nos organicen, que a los recicladores en el futuro salgan uniformaditos con sus carretillas, que tengan su carnet, que nos acredite como ciudadano de Barraquilla para que la ciudad resplandezca por su limpieza. Sueño con mis compañeras de la prostitución con su casita y sus hijos”.


BARRANQUILLA

LA CARA ÍNTIMA


NILSON ROMO| 2012 PÁGINA 69 BARRANQUILLA NO ME OLVIDES

José David Villalobos, de Barranquilla a Wikipedia I

por José Luis Rodríguez

nternet es el universo informativo donde pululan las investigaciones, sucesos y avances más recientes del mundo. Hoy muchos estudiantes, tanto colegiales como universitarios, acuden primero al computador en vez de un libro por una poderosa razón, hay una enciclopedia abierta las 24 horas del día y se llama Wikipedia.

Si escribimos la palabra Barranquilla, al igual que muchos otros términos en el buscador más famoso del mundo, la primera URL (localizador uniforme de recurso) que aparecerá es: es.wikipedia.org/wiki/Barranquilla. De seguro muchos han leído el artículo o se han topado con él en alguna búsqueda relacionada con la capital del Atlántico, sobre su bandera, su origen y costumbres. Pero ¿sabía usted que el 90% de todo lo que dice Wikipedia sobre Barranquilla ha sido escrito e investigado por un solo hombre?


El autor es José David Villalobos, un ingeniero de sistemas, egresado de la Universidad del Norte, especializado en redes de computadores. Ha trabajado en empresas como Telecom y Etb, fue webmaster del Team Rentería durante dos temporadas y ha sido docente de redes de computadores de la Universidad Autónoma, San Martín, Simón Bolívar y la Corporación de la Costa, CUC.

JDV. Wikipedia se consolidó en la red desde hace 7 años. Cuando una persona busca en google algo, los primeros resultados son los de Wikipedia. Recuerdo fue en el 2007, un día como cualquier usuario del ciberespacio navegaba y llegué por casualidad al artículo de Barranquilla en Wikipedia. Pero me di cuenta que faltaba información y la que había era inexacta y sin referencia.

A sus 37 años, este barranquillero posee un gran prontuario lingüístico. Habla, lee y entiende inglés y francés. Estudió 6 años alemán y ruso; 4 años latín y griego antiguo, y 3 años italiano. Entiende y lee portugués, gallego, catalán y valenciano. La base de su políglota formación fue gracias a las enseñanzas recibidas del colegio Experimental del Atlántico.

Wikipedia como su lema lo dice es “La enciclopedia libre que todos pueden editar”. Cualquier persona es libre de acceder y editar a la información allí presente, siempre y cuando sea debidamente referenciada por una fuente confiable.

BARRANQUILLABIERTA.COM conversó con José David Villalobos sobre su vida, su gran afecto por la ciudad y como esta lo convirtió en el embajador de Barranquilla en la red y en esa “ONG del conocimiento” llamada Wikipedia. BA. ¿De dónde surgió la idea de escribir para Wikipedia?

JDV. Me di cuenta que podía editar esa información y empecé poco a poco a completar el artículo buscando fuentes oficiales. Mi gran afecto por la ciudad fue el motor que me motivó a nunca dejar de escribir. BA. Pocos barranquilleros entendieron que había información incompleta, pero usted fue el único que decidió mejorarla. ¿A qué se debió ese interés?


JDV. La mayoría de mi vida la he vivido en Barranquilla pero por cuestiones de estudio viví en Valledupar y Canadá alrededor de 3 años. Todos en mayor o menor medida queremos nuestra ciudad, es como la mamá de uno, pero creo que en mi caso hay una parte genética. Mi tatarabuelo es el General Heriberto Vengocechea, samario afincado en Barranquilla, quien institucionalizó la Batalla de Flores después de la guerra de los mil días como símbolo del fin del conflicto. Mis abuelos y mis padres me inculcaron orgullo y respeto por mi tierra. BA. Hay un tronco de pertenencia con la ciudad. JDV. Sí. Desde niño me gustó mucho nuestra cultura, los juegos de barrio, la comida, las fiestas, la forma de ser de la gente y por eso siempre me han dolido las cosas malas que le ocurren. Desde que salí por primera vez de Barranquilla para Valledupar en el año 97, me di cuenta que mucha gente que viene aquí a estudiar o trabajar hablan muy mal de la ciudad cuando se van. Que es fea, desorganizada, etc. BA. Tratando ser objetivos habría que ver hasta qué punto tendrían razón. JDV. Eso es cierto, Barranquilla no es una perla, pero molesta oír comentarios que no tienen fundamento pues no conocen a la ciudad a fondo y la rebajaban.

Con esa espinita entonces un día me puse a mirar en Wikipedia los artículos de Medellín, Bogotá y Cali y me di cuenta que eran mucho mejor que el de Barranquilla. Eso fue como el puntillazo final para meterme de lleno con Wikipedia y la cultura barranquillera. Concluí que la ciudad no se podía quedar atrás, no podía permitir que la primera información que saliera de Barranquilla en internet estuviera errónea y fuese menos que la de otras ciudades del país. BA. ¿Y cómo es el proceso para ser publicado un texto o foto en Wikipedia? JDV. Es directo y rápido. Desde cualquier computador se puede subir el texto o la foto porque Wikipedia está siempre abierta a su edición. Eso sí, todos los artículos deben ser debidamente referenciados por fuentes confiables. Los autores o „wikipedistas‟ en su mayoría tienen „nicknames‟ para identificarse. El mío es jdvillalobos. BA. Usted ha escrito sobre la gastronomía, el deporte, la música de la ciudad y demás. ¿Qué artículos le ha llevado más tiempo de investigación? José David queda pensativo unos segundos y responde.


JDV. He tenido que escribir de muchas cosas y he aprendido mucho porque uno colabora con gente de otros países. Sin duda el de Barranquilla pero también está el texto sobre la Cumbia, es uno de los artículos mejor logrados. En Panamá se disputan el origen de ella con Colombia. El imaginario de la gente en general piensa que la cumbia es colombiana, pero en Panamá también es tradicional a diferencia de la chilena, mexicana y argentina que son adaptaciones comerciales. BA. ¿Suele haber muchos conflictos con los „wikipedistas´ de países vecinos a la hora de definir conceptos? JDV. A veces sí debido que el nacionalismo de nuestros países es muy fuerte y por eso sucede estas cosas. Por ejemplo, algunos venezolanos dicen que la arepa y el joropo son de ellos pero en realidad son manifestaciones culturales binacionales. Cuando nuestros países se dividieron y cada uno formó su toldo a parte, ambas manifestaciones quedaron en un territorio abarcado por las dos naciones. Los indígenas preparaban la arepa en tiempos precolombinos y eran comunes para ambas áreas de las que eran Colombia y Venezuela.

En el caso del joropo este abarcaba todo los llanos orientales de Colombia y Venezuela, pero en esta adquirió el estatus de única música nacional y en Colombia no. Acá un tiempo fue el Bambuco, luego la Cumbia, luego Porro, ahora es el Vallenato, pero en Venezuela siempre ha sido el Joropo. Por eso cuando algunos venezolanos escuchan que su ritmo nacional es uno más en Colombia se exaltan y tratan de quedarse con la paternidad de esta. BA. ¿No le molesta que la información que usted ha publicado en Wikipedia pueda ser editada por cualquiera y otras no le den el crédito a la hora de copiarla? JDV. Bueno todos los textos que se colocan en Wikipedia se le ceden los derechos así que no me molesta. Uno es el autor y el fin de toda enciclopedia es dar a conocer lo que existe y por eso lo hago. Me molesta si el tema de las fotos. Hay diferentes tipos de licencias para las imágenes y en mi caso se me tiene que dar el crédito siempre.


La gente monta las fotos en otros sitios y no coloca el crédito, hasta la Alcaldía no lo hace. El 90 por ciento de las fotos sobre Barranquilla en Wikipedia fueron tomadas por mí. Con respecto a la edición siempre la comunidad de wikipedistas revisa los cambios que se hacen. Si son erróneos se quitan. BA. Usted es el 90% de Barranquilla en Wikipedia, ¿quién es el 10%? JDV. Personas que no se registran a la página y colocan información esporádicamente. Hoy pueden escribir y en un año vuelven a hacerlo. En estos casos Wikipedia registra la dirección IP de la persona para tener un tipo de identificación. Sin embargo, hay unos 3 wikipedistas identificados con sus nicknames que también han alimentado a Barranquilla en Wikipedia en menor medida. BA. ¿Por qué cree que hay pocos wikipedistas que alimenten la información de Barranquilla? JDV. Buena pregunta. Hay muy pocos. Escribir no es fácil, no todo el mundo tiene la aptitud y actitud para hacerlo. Es un trabajo que demanda tiempo e investigación y en Barranquilla es difícil conseguir información sobre la ciudad. Uno tiene que comprar libros, ir a bibliotecas, buscar en internet. La pasión no es suficiente, no es fácil.

Por ejemplo, la Universidad del Norte me publicó un artículo que se llama la Gastronomía de Barranquilla. Busqué sobre la comida y no hay libros sobre el tema, y si lo hay quien sabe en donde. No está bien que yo escriba algo en Wikipedia y me cite a mi mismo pero extrañamente no había un solo escrito en el 2011 sobre la gastronomía de Barranquilla y me di a la tarea de hacer la recopilación. José David señala con su dedo índice la pantalla del computador mientras continua hablando. “Además en Wikipedia el anexo de información es constante. La tasa de desempleo hay que cambiarla. El año pasado empezaron a construir la unidad deportiva Carlos Pibe Valderrama como parte de la infraestructura deportiva de la ciudad y había que anexarla”.

BA. ¿Se considera el barranquillero más conocedor de la ciudad? José David sonríe, queda pensativo por unos segundos y contesta. JDV. No, no me considero el barranquillero más conocedor de la ciudad. Hay personas que saben mucho más, aunque son mucho mayores que yo (sonríe), por ejemplo el historiador Rodolfo Zambrano.


Siempre he leído a Chelo de Castro, destacado por defender la ciudad y de quien he sido influenciado. También está Alfredo de la Espriella que da cierto aire de añoranza en sus textos.

BA. ¿Algún momento inolvidable que le haya ocurrido en su contribución a Wikipedia? JDV. El día que me enteré que mi artículo sobre Barranquilla era destacado después de regresar de la clínica. Me explico, la máxima categoría a la que puede aspirar un artículo en Wikipedia es el destacado, lo cual quiere decir que es uno de los mejores. Este es calificado por la misma comunidad de wikipedistas registrados y se conoce por una estrella que tienen en la esquina superior los textos. En el 2008 había presentado el artículo a la comunidad y estaba en votación cuando me dispararon. Estábamos en un bar de la calle 84 celebrando el cumpleaños de la esposa de un amigo cuando a eso de las 11 decidimos ir al bar La Troja. No habíamos estado ahí once minutos cuando mataron a un hombre con arma de fuego y una de las balas impactó en mí. Atravesó una de las costillas, el hígado y el colón. Duré 5 días en cuidado intensivos y 5 días en piso de recuperación. Cuando llegué a mi casa lo primero que hice fue mirar el artículo y tuve la satisfacción de que era destacado.

BA. Sobre este desafortunado hecho ¿Qué opina usted de que este bar sea Patrimonio de la ciudad? JDV. El lugar es un buen sitio para rumbear, pero creo que si con todos los conflictos que se le han presentado es considerado patrimonio, también deben serlo otros. BA. Como gran conocedor de Barranquilla, ¿Qué puede decir sobre su desarrollo cultural? JDV. La observó como una ciudad donde desafortunadamente prima el desorden. Ubico a Barranquilla como una ciudad típicamente latinoamericana del área del Caribe. Posee los problemas de este tipo de ciudades como son la creciente brecha entre ricos y pobres. Mientras tenemos un norte opulento con „Malls‟ y nuevas zonas urbanísticas, está el mercado, los caños y la indiferenciada indigencia, ahí está pintada la América latina en su aspecto negativo. Además, hace falta cultura ciudadana en Barranquilla. Si alguien hace algo que está mal y tu le reclamas te pueden pegar. Me entristece ver como personas en camionetas lujosas bajan el vidrio y botan la basura en la calle. Desafortunadamente falta pensar en grande. En 1985 la misión japonesa, Jica, la misma que hizo el estudio sobre los arroyos y quedó en el olvido, recomendó un monorriel para el adecuado transporte en la ciudad.


Habló de hace 27 años, sin embargo, hoy tenemos un Transmetro con problemas de sostenibilidad. ¿Cómo se explica ese tipo de solución? Los buses articulados en otras ciudades coadyuvan a un metro, se necesita un transporte de este tipo como el de Medellín. Cosas aberrantes como el cierre de Olaya Herrera, la troncal, me indignan. Me duele la falta de visión y grandeza, porque quiero a mi ciudad y crítico lo que no está bien. La mega bandera hoy no está, el viento la hizo trizas. Qué hubo ahí, falta de planificación. BA: ¿Alguna vez hablaste con alguien del Distrito sobre la ausencia de textos e información de Barranquilla? JDV: De hecho si lo hice en el 2010. Hablé con José Carlos Herrera, en aquel entonces Gerente de Sistemas de Información Distrital y hoy Secretario de Educación. Le planteé el tema para que se creara una página con información turística de la ciudad, al igual que se digitalizaran libros que con el tiempo se van a podrir. Formar un ente institucional que se encargue de esto pero no tuvo eco la propuesta.

BA: Ya conocemos su gran afecto por la ciudad y su pasión por la red. ¿Pero qué es lo que más le gusta hacer a José David Villalobos en su vida? José David sonríe y responde con emoción. JDV: Antes que naciera mi primera hija, hace 6 años, habría dicho que era estudiar literatura e idiomas, o escribir textos sobre Barranquilla, pero hoy tengo claro que lo que más me gusta no es hacer sino ser papá. Mis dos hijas son lo que más amo, se las debo a mi esposa Angélica y juntos forjamos un mejor futuro para ellas.


SERGIO CAMARGO| 2011 PÁGINAS 81-82

Miladis y Adriana, miradas de una bella y consumida realidad por José Luis Rodríguez

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n espejo refleja a una mujer de tonificadas curvas y músculos disciplinados. Los constantes „beats‟ de música electrónica llenan el ambiente de energía y ritmo mientras el fémino reflejo sonríe y sujeta una mancuerna de 10 libras. Es el retrato de Miladis Rolong, una madre soltera y deportista que fortalece sus tríceps con la certeza que la belleza no radica solo en el físico, sino en la integración de ideales y el amor consigo mismo.


Miladis es entrenadora física personal, estudió licenciatura en pedagogía infantil, pero asegura que su amor por el baile la llevó a forjar una disciplina con su cuerpo y vida. Casi enseguida advierte que, aunque viva de su cuerpo y lo trabaje a diario, su objetivo es estar saludable y bien consigo misma más allá de los estereotipos de belleza implantados por la sociedad. Los estándares varían con el tiempo y la cultura. Lo que para algunos puede resultar hermoso o atractivo para otros puede ser indiferente e incluso desagradable. La imagen de la mujer ha sido víctima durante décadas de los caprichos de la industria de la belleza. Su cabello castaño oscuro llega hasta por debajo de los hombros de Miladis. Tiene ojos cafés y una sonrisa enmarcada en la suave expresión de sus pómulos. Viste un sujetador deportivo negro y una corta lycra fucsia.

Miladis termina su rutina de tríceps y exhala un poco mientras deja la mancuerna en el piso. “Siempre he hecho deporte desde mi adolescencia pero fue alrededor del 2003 y 2004 cuando a partir del baile empecé a desarrollar mi parte muscular. Pertenecía al grupo de danza Palma Africana y de música folclórica de la Universidad del Norte”.

Por recomendación de su entrenador en aquel entonces comenzó a practicar ejercicios físicos en un gimnasio para fortalecer sus músculos, estos se desarrollaron rápidamente y con el tiempo dio como resultado una mujer dedicada y amante a un deporte que muchos consideran solo para hombres, el fisicoculturismo.

En sus inicios fue dos veces campeona de fisiculturismo en Colombia pero luego llego el Fitness a su vida y se dio cuenta que este permitía una dieta y trabajo muscular mucho más flexible. Fue así como en el 2010 fue campeona Fitness América Figure 2010, obtuvó el tercer puesto en el Fitness Universe 2010 y fue campeona de la Segunda Copa BodyBuildinglatino-IFFB, que se realizó en Panamá. En octubre del 2011 fue campeona en bodybuilding latino. “Trabajo 5 días a la semana una hora diaria. Entreno dos músculos por día, hago 3 veces cardio incluyendo una hora de baile y 45 minutos trotando en el parque. No tomo gaseosas, no como „mekatos‟ ni pastelería de ningún tipo. No trasnocho ni tomo alcohol”, comenta Miladis mientras ejercita ahora sus femorales.


El fitness es una disciplina donde lo fundamental es la simetría del cuerpo."Hay que tener músculo, claro, pero sin llegar al extremo. La masa muscular es mediana y no tan definida como en el fisicoculturismo. Es más importante una espalda proporcional al abdomen o unos brazos igual de desarrollados que las piernas". Esta barranquillera busca siempre sentirse bien consigo misma con los objetivos que realiza en su vida, por esta razón prefirió el campo del fitness en vez del fisiculturismo, fue una decisión personal, de diálogo consigo misma y análisis. Un importante ejercicio de discernimiento en una mujer frente a una cultura permeada por la industria de la belleza. Y es que el problema de esta industria no es sólo la cantidad de dinero, tiempo y energía que las mujeres invierten en ella, sino también el coste psicológico que conlleva, pues el consumo de belleza nunca se satisface a sí mismo, y el mercado siempre apunta hacia nuevos defectos, y como consecuencia nuevas soluciones. “Tengo 38 años y me siento feliz conmigo misma. Mi cuerpo es solo un reflejo de lo que mi vida es, esta es tranquila, saludable y disciplinada.

La verdadera belleza radica ahí, en conservar la esencia que nos hace únicos y proyectarlo. No solo es lo físico y eso es algo que muchas jóvenes hoy no ven. Si uno tiene un estilo de vida sano, naturalmente te sentirás a gusto y eso se proyecta hacia las demás personas. El problema es que muchas mujeres hacen ejercicios y se operan y siempre están inconformes”. Ahora ubica sus piernas en la maquina hack dedicada a sentadillas. Flexiona sus piernas y baja suavemente contrayendo sus abdominales y subiendo con la ayuda de sus glúteos. Su abdomen se marca, permite ver a una mariposa salir de su ombligo, símbolo de libertad y tranquilidad. En la parte superior de su espalda tiene tatuada la palabra amor en japonés, símbolo de su ideal de respeto consigo misma. *** La noche es acompañada de una fría brisa. Sobre una cancha sintética de la ciudad algunas jóvenes estiran sus cuerpos y se alistan a jugar un partido de fútbol. Entre ellas se encuentra Adriana Gómez, una estudiante de ingeniería Industrial y modelo de alta costura y fotografía.


Esta joven de 19 años tiene piel canela, ojos castaños y labios rosa. Mide 1.78m de altura, sus largas piernas son su mayor fortaleza en el modelaje. Asegura que el arte es su vida misma desde muy pequeña y este le ha permitido crecer como persona. Adriana participó en el concurso Elite Model Look 2009, el cual le abrió las puertas al mundo del modelaje. Ha participado en las ferias de Moda más importantes del país como Colombia Moda, Cali ExpoShow, Plataforma K, Ixel Moda, entre otras. Se levanta de su asiento y corre a jugar el deporte más “bello” del mundo con sus amigas. Minutos antes comentó sobre el papel que tiene como modelo frente a la sociedad. “El consumismo es el que empuja a las mujeres a ser vanidosas. Yo como modelo sé que tengo una gran responsabilidad frente a las niñas que me ven, soy un ejemplo de mujer para ellas”, aseguró.

Adriana conoce desde su experiencia como modelo a compañeras que han sufrido de anorexia. El uso de laxantes, las pieles pálidas y las personalidades aceleradas, son como fantasmas que muchas jóvenes esperan nunca tener que encontrar en el camino del modelaje. Recononoce además que debe bajar entre 3 a 5 kilos, de los 55 que tiene, para participar en la pasarela de alta costura.

"No es tanto por el peso sino como se ve el cuerpo con la ropa, es aquí donde muchas pasan la raya. Para algunos este peso es preocupante pero para personas de contextura delgada es normal", aseguró.

Tanto hombres como mujeres están expuestos hoy a los continuos estándares de belleza comercializados en una cultura, pero son ellas quienes están más propensas a ser influenciadas ya que la industria lleva mucho más tiempo creando estrategias de consumo para las mujeres. La más importante de todas es la sublime y eficaz publicidad. Esta no hace otra cosa que recordarles a las mujeres sus supuestos defectos, ya sea por estatura, obesidad, si tienen poco o demasiado busto y sobretodo decirles que hay muchas más “hermosas” mujeres que son el centro de atención de los hombres.

Es por eso que se presenta la autocensura, ya sea desde el uso de cremas reafirmantes, el alisado del cabello, cirugías estéticas hasta llegar a padecer de anorexia y otros trastornos mentales.


“Hubo un tiempo que sentí que casi caigo en esa situación. Entre más te mires al espejo más defectos te vas a encontrar y eso es precisamente lo que pasa con las niñas anoréxicas”, aseguró Adriana.

En el modelaje de alta costura no es un secreto para nadie que hay más probabilidades que las jóvenes padezcan de anorexia por los requerimientos que este tipo de disciplina implica. La polémica de grandes marcas de moda como Chanel o Ralph Lauren con revistas femeninas internacionales cansadas de usar el photoshop para engordar el cuerpo de las modelos y hacer que su público objetivo se sienta más identificado con estas, es cada vez mayor. “En alta costura las modelos deben ser delgadas. Lo importante es el realce de la prenda que se viste y no la modelo en sí. Básicamente es que no tengas caderas y en la menor medida busto”, comentó Adriana. Según una investigación realizada a mujeres entre 18 y 60 años, en Bogotá, Barranquilla, Cali y Medellín por la firma Yanbal a través de Ipsos Napoleón Franco y analizada por las investigadoras Mónica Santamaría y Natalia Casij, se llegó a la conclusión que el 38% de las colombianas sienten rechazo por los “kilos de más”.

Además anuncia que 8 de cada 10 mujeres creen que es importante la manera como lucen y se proyectan a los demás y el 62% considera que sigue existiendo discriminación laboral con las mujeres que no son tan agraciadas físicamente. Esta es una realidad que pasa desapercibida muchas veces por la constante publicidad en los medios llegando a crear los falsos imaginarios de belleza. Tanto para Adriana como para Miladis, sus cuerpos son un reflejo de sus vidas, de la disciplina y convicción con que afrontan a diario a la sociedad. La belleza de cada mujer radica desde su amor consigo mismo hacia su contexto, anteponiendo valores y aptitudes frente a la vida, siendo reflejo de estas el físico, su vida social y profesional.


LUIS PICÓN| 2011 PÁGINAS 88-92

El revólver de la Mona Lisa por José Luis Rodríguez

S

obre un muro de la calle 72 con carrera 40 se encuentra la dama de sonrisa enigmática. En medio de los pitos, el humo de los buses y el continuo paso del tiempo, la obra maestra de Da Vinci observa con sus ojos de murciélago y coquetea con sus grandes pechos. Esta Cortesana, una de las 76 que viven su pictórica existencia en la calurosa Barranquilla, es fanática del grupo de rock estadounidense Kiss. Junto a sus 'hermanas', se ha convertido en permanente observadora del tráfico. Pero, ¿de dónde salieron? ¿Quién las trajo a la ciudad para ser vigías del mundo urbano?


El docente barranquillero Carlos García, conocido en la cultura del arte urbano como „Revólver‟, se dejó seducir por la florentina y la hizo huésped de la ciudad. Como buen artista, le gustaba pintar desde muy niño y participar en cuanto acto del colegio implicara aptitudes artísticas. Estudió 5 años en la facultad de Bellas Artes de la Uniatlántico, lugar donde vio la posibilidad de hacer arte público. "Por recomendación de un profesor, que me propuso llevar mis obras a las calles para ver la reacción de la gente, comencé con un proyecto llamado Babel 202 . Eran dibujos de carbón” precisa.

Carlos, docente de diseño gráfico de la Uniautónoma y de la facultad de Arte y Ciudad de la Uninorte, comenta que su objetivo principal es demostrar que el arte no es estático y distante de las personas, sino que cambia constantemente, es muy cercano, palpable y cotidiano. “Lo que hago es coger un ícono del arte y transformarlo”, precisa „Revolver‟, de voz calmada, pelo mechudo y camisa azul de cuadros.

¿ARTE O VANDALISMO? Una lata de aerosol, inspiración y una pared medianamente conservada, que se convierte en su liezo, es lo que necesita este artista urbano para concebir una pieza en algún muro de Barranquilla. Lo hace en máximo 30 minutos. Para algunas personas el graffiti es sinónimo de vandalismo, para sus autores, es una expresión artística que rescata la calle como espacio de intercambio comunicativo. Carlos, con un gesto de reflexión en su rostro, aclara que hay una delgada línea que separa el vandalismo de las intervenciones artísticas. “En la historia hay obras contestatarias y subversivas que han desmoronado algunos códigos establecidos. Lo que es diferente a veces es difícil de aceptar.Decir que es arte o que es vandalismo puede ser relativo, depende del contexto, el mensaje y de quien lo reciba”. Recuerda la única vez que ha tenido problemas con la Policía. Aquella noche, mientras pintaba debajo del puente de la 21 con un amigo, una camioneta de la policía llegó y terminó por llevarlos a una estación.


El encierro solo duró 3 horas, aunque los habían amenazado con que serían 24. “Con el diálogo, que pienso es la solución de todos los conflictos en la vida, convencimos a los policías, quienes llegaron a la conclusión de que no estábamos atentando contra la moral, ni contra el Estado. Nos dijeron: Váyanse, pero saquen un permiso en la Alcaldía. Hice la diligencia pero allá me dijeron que mejor esperará el cambio de Gobierno distrital para hacer esa diligencia, así que estoy a la espera". Sus obras son efímeras y siempre toma el respectivo registro fotográfico. EL ARTE EMPIEZA DONDE LA CULTURA ACABA. Al pintar una pared, se rompe un esquema dentro de la cultura. Para hablar de su trabajo, „Revólver‟ cita al artista caleño Antonio Caro: “El arte empieza donde la cultura acaba”. “Todos los artistas urbanos tenemos el muro como soporte. Pero yo trato que el mensaje no sea complejo y no uso un tag, (firma)”, asegura mientras señala con su dedo índice a esa „Mona‟ de la calle 72.

Para „Revólver‟ lo que realmente importa es el contacto con las personas. Su trabajo es una excusa para la comunicación con la gente.

“A veces hay personas que me preguntan qué significa lo que pinto. Yo les pregunto ¿Qué creen que es? Algunos reconocen a la Gioconda, otros me dicen cosas distantes, como que es la Virgen María, pero acepto todos los discursos. Una obra de arte puede tener múltiples significados. Desde el espectador se compone una imagen. Sencillamente no hay significado absoluto”. Al igual que no hay una Gioconda única para él. En las calles las podemos encontrar con afro, ciclopes, con caras de payaso, tuerta, hasta con el casco de Darth Vader (villano de la saga Star Wars), entre otras muchas opciones. EL REVÓLVER ARTÍSTICO. Su curioso apodo proviene del nombre que utilizó para bautizar una revista de historietas tiempo atrás. Las historias estaban ambientadas en Barranquilla y tenía diferentes puntos de vista de la ciudad. Escogió ese nombre porque al igual que un revólver, la revista era de corto alcance e iba encaminada en una sola dirección, los jóvenes. Desde entonces sus conocidos le llaman como la obra prima del inventor Samuel Colt.


Cada vez que realiza una pieza dispara con sus aerosoles, más que tintas, ideas que tiñen el tejido social de la ciudad. Otros de los íconos que ha escogido para sus obras han sido el café de Colombia, Mickey Mouse y la Liga de Béisbol Americana, todos, con su particular estilo artístico. El mismo que curiosamente, pese a lo que muchos podrían pensar, difiere del estilo de Leonardo Da Vinci. “Da Vinci a mi parecer es un gran pintor e inventor, pero mi favorito no es él, sino el italiano Michelangelo da Caravaggio porque me parece más teatral el tratamiento con el uso de las luces y sombras. Sin embargo, la Mona Lisa es una imagen muy poderosa y el misterio que la rodea en torno a quién es la modelo es único”.

Los días pasarán y las 77 Giocondas se convertirán en 100, como meta final. El „Revolver‟ seguirá disparando sus coloridos ideales bajo el calibre de una cultura cambiante. Siempre dirigidos al blanco constante de la sociedad.


SALWA AMASHTA| 2011 PÁGINA 93

La mariposa que no voló por Pedro Plata

N

unca lo ha hecho, pero tras las indicaciones de Salwa Amashta, maestra de la fotografía, deja su timidez a un lado y posa. El cuerpo recto, el rostro ligeramente ladeado y click. Una sonrisa brota de su alma, como si desde hace mucho esperara este momento para salir. Un par de flashes revientan en el estudio fotográfico, llenan el ambiente como una centella, de esas que Maribel ha sentido de cerca en las calles de ese mundo indolente en el que le ha tocado vivir. Horas antes, la vendedora de una boutique de ropa lujosa al Norte de Barranquilla había azuzado la vista; el tintineo en el aire le avisaba la presencia de potenciales clientes.


Presurosa, la asistente abordó a los recién llegados. Maribel, con sus shorts desgastados y sus sandalias marrones por el uso, miraba las prendas con un gesto entre temor y asombro. Tanta belleza y elegancia le son ajenas a sus 42 años. Aunque sabía que estaba allí para elegir lo que quisiera, sus ojos marrones pedían permiso a sus acompañantes antes de animarse. Pareciera que acariciara, casi adorara, las blusas que se ofrecían. Terminó por elegir una camisa blanca larga, un top del mismo color y un pantalón gris. Probadores, cortina que se cierra, y los sentimientos comienzan a aflorar. La niñez se le viene encima, tiempo en que 2 pantalones y 3 camisas eran todo su ajuar. Ropa que intercalaba todas las mañanas, desde que tenía 6 años, antes de moler el maíz para los fritos que vendía en las calles de su barrio, El Bosque. “Vivía con mi abuela y unos tíos de parte de papá. Allá no me querían, me maltrataban todo el tiempo, por cualquier bobada me pegaban. Me hacían salir a trabajar en la mañana vendiendo fritos y al medio día vendiendo sopa, aunque había varios hombres en la casa que no hacían nada”, cuenta más tarde Maribel.

Esas golpizas hicieron que abandonara la vivienda familiar a los 13 años, seducida por la invitación de una vecina mayor, quien le ofreció comida, vivienda y dinero por hacer de niñera, o por lo menos eso le dijo. Sale del vestier. Se mira en el espejo de cuerpo entero y su rostro se muestra, por primera vez desde que la conocemos, orgulloso. Maribel se lleva la ropa nueva puesta, y en la bolsa con los logos del almacén guarda la vieja. Nuevamente, el campaneo se deja oír mientras la puerta de vidrio se abre. Al salir del centro comercial mira todo a su alrededor. Nunca había ido a uno. Su siguiente parada será uno de los centros de estética más reconocidos de la ciudad. En el camino abre su alma y nos cuenta que el día más feliz de su vida, antes de éste, fue cuando su hijo se graduó del colegio. Ese mismo hijo que hace 19 años le recomendaron abortar y al que se aferró como a un lucero. “Cuando el papá, que era llantero, se enteró de que estaba embarazada, me dejó. Me dijo que ése era mi problema, porque no me había cuidado”. Tenía 23 años y el hombre la trató muy mal e incluso llegó a maltratarla físicamente, recuerda.


La llegada al spa interrumpe los recuerdos. Aunque está más suelta, con su autoestima más alta desde que tiene ropa nueva, el gigantesco centro comercial donde queda el salón de belleza la intimida. Más tarde reconocería que jamás creyó ver una construcción así en la ciudad, “quizás en las películas, pero no en la realidad”. Su realidad está rodeada de calles destruidas y „piezas‟ de 5 mil el día.

Ella, acostada en un cómodo sillón blanco, cabello recogido por una balaca blanca, abre los ojos un poco asustada con la filosa hoja. Entonces recuerdo lo que me contó. “Hace unos años llegó un cliente y me dijo que me iba a dar $30 mil (unos 15 dólares) por el rato, yo acepté de una, porque generalmente cobro $15 mil (unos 7 dólares) por sexo vaginal.

DE NAVAJAS, DOLOR Y ALEGRÍA. Primero, lavarle el cabello. La encargada, con rostro de desagrado, lo hace en tres ocasiones, porque el maltratado „pelo‟ de Maribel está achicharrado por el sol, lleno de polvo y “sin vida”. Luego, corte y alisado. Su imagen en el espejo parece fuera de lugar junto a las de jovencitas de piel clara y cabellos lisos a la última moda. Esta sensación no es nueva para ella, muchas veces la ha sentido, como cuando su hijo la invita a las asambleas de los „aleluyas‟ a los que él pertenece.

Al entrar a la habitación él me pide que me desnude, cuando lo hago se me va encima, me agarra por el cuello y saca una navaja. Aunque me estaba ahogando, alcanzo a reaccionar, le doy una patada en las „güevas‟ y salgo corriendo. Semanas después me entero que al tipo lo había detenido la Policía, porque había matado a varias pelas”.

Maribel deja escapar una sonrisa tímida. Brilla algo en su dentadura. Entramos con ella al spa donde la maquillarán (un spa, de esos que se ven en las secciones de farándula de los noticieros). La esteticista se acerca, cuchilla en mano, para delinearle las cejas.

Porque, Maribel es prostituta. Trabaja desde los 17 años en los alrededores del parque San José, donde ha tenido que aguantar golpizas de la Policía, de amantes desequilibrados y de „compañeras‟ que pelean por un cliente. En el spa, sin embargo, nadie sabe a qué se dedica.


La tratan como una más de las clientes. Allí, en el reino de los masajes, las extensiones y el rubor, si se enteraran de su profesión seguramente la sacarían a volar, no les importaría que a los 15 años fue obligada a tener sexo por la que se decía su “protectora”, esa misma que a los 16 la llevó a un prostíbulo para que le llevara dinero a la casa. Esa tarde, que Maribel guarda con rencor en su memoria, estaba donde la señora que la había acogido, supuestamente para hacer de niñera. “Ella llegó con un muchacho, entró al cuarto y comenzó a tener sexo con él. Al poco rato me llamó, me obligó a que me quitara la ropa y a sentarse sobre el man, mientras me empujaba de los hombros hacia abajo. Yo lo intenté, porque no quería que me pegara más, pero sentí un dolor tan grande que como pude me zafé y salí corriendo”. Fue un año en el que debía celebrar su quinceañero, pero en vez de eso le vendieron su virginidad al mejor postor. Una tras otra, las capas de base van cubriendo las machas que el sol ha dejado en la piel de Maribel. Cubren también su sufrimiento, ocultándolo de esta sociedad enferma e hipócrita que ya desde la edad media tenía un discurso de dos caras sobre la prostitución, a la que consideraban un mal necesario para enfrentar el adulterio, la masturbación y el homosexualismo.

FUTURO INCIERTO. Como si fuera una clase de maquillaje, cuatro personas se acercan a ver la transformación de Maribel, entre ellas una mujer mayor repleta de joyas que, con un hablado „pupi‟, alaba la belleza de “la trigueña con lindos rasgos”. La sesión ha terminado. Maribel se mira en el espejo y se dirige a sus entrevistadores: “Díganme nuevamente para qué es esto. ¿Sólo es para unas fotos y una entrevista o tengo qué hacer algo más?

Hora de ir al estudio fotográfico. En el camino habla de sus sueños y de su relación con Dios. “De niña veía a las enfermeras y médicos vestidos de blanco y soñaba con ser como ellos, pero mis familiares sólo me dejaron estudiar un año”. Ella, con un hijo cristiano-evangélico, cree en un Dios de perdón: “Él me perdonará todo lo malo que he hecho. Él sabe que lo hice porque no tenía más opción. No sé hacer más nada. También sabe que no tengo ni idea de cuándo saldré de esto, pero con su ayuda, algún día, dejaré esta profesión en el pasado”.


Llegamos al estudio. Maribel baja del carro y sus pasos son lentos, porque sabe que está violando uno de los „mandamientos‟ no escritos de las prostitutas: jamás te dejes fotografiar el rostro ni digas tu verdadero nombre. Pero lo hace porque quiere dejar un mensaje de unidad y compresión para las familias, ya que ella dice haber terminado en ese oficio degradante por la violencia intrafamiliar. El cuerpo recto, el rostro ligeramente ladeado y click. Una sonrisa brota de su alma, como si desde hace mucho esperara este momento para salir. Mariposa que por fin logra librarse del capullo. Mariposa de alas rotas, a la que le convirtieron la libertad del volar en un sueño lejano.


TATIANA BLANCO| 2011 PÁGINAS 99-100

La luz de esperanza que se filtra entre drogas y pandillas por Pedro Plata

T

res pares de guantes, un cinturón protector, dos cascos pugilísticos, un pequeño saco de arena, varias medallas de „oro‟ y un viejo álbum de fotos, tanto como los otros elementos que lo rodean, se desparraman sobre un cuadrilátero de concreto. La vista es similar a los desechos de un naufragio, de un naufragio boxístico, si se quiere utilizar la literatura. A un lado de los implementos deportivos, de los que el 99% están rotos, se encuentran Mónica Patricia Santero y su esposo Esneider Leal, soñadores que hace 8 años crearon el club de boxeo „Luz de la Esperanza‟, en el barrio La Luz. Sus rostros muestran una mezcla de recuerdos. Allí están los retratos de varios de sus jóvenes pugilistas coronándose campeones y también los implementos que usaron para lograr sus gestas, hoy consumidos por el tiempo y el uso.


“Hemos ganado en total 15 torneos. Entrenamos niños desde los 7 años. La falta de apoyo ha hecho que los implementos se dañen, pero vamos a sacar dinero de nuestro bolsillo, como lo hemos hecho siempre, para comprar nuevos”, señalan, turnándose, Mónica Patricia y Esneider. Ella, conocida por todos en su barrio simplemente como Patricia, es una ama de casa, de 37 años, que ayuda a todo el que puede y que está cursando primer semestre de sociología en la Universidad del Atlántico. Él es un amante del boxeo que está en el proceso para pensionarse de la Policía Nacional. SIN PROTAGONISMO. La primera vez que vi a Patricia fue el 29 de agosto. Ese día La Luz se „engalanaba‟ con la presencia de funcionarios públicos, empresarios, altos mandos policiales y con la del gobernador del Atlántico, Eduardo Verano. Todos estaban con sus mejores galas, me refiero a los visitantes, para presentar y presenciar el desarme de las pandillas juveniles „Los RR y Los Diablitos‟. Hubo discursos, decenas de periodistas y una larga mesa con mantel blanco para los “doctores” que lanzaban el „Mes sin Armas‟ y el programa „Aprende a Vivir por Ti, por Mí‟.

Como era de esperarse, en esta sociedad de milagros con camándula ajena, a Patricia no le pidieron sentarse en la inmaculada mesa. A ella no le importó quedarse a un costado, de pie. La sonrisa que mantuvo todo el tiempo, sabedora de que ella era la verdadera responsable de esa entrega de armas, era más importante que codearse con funcionarios que solo entran a La Luz escoltados por decenas de policías. Sí, fue ella la que logró que más de 30 jóvenes que se consumían en las drogas y en las pandillas accedieran a darse una nueva oportunidad. La camándula usada por los políticos era la de Patricia. Fueron más de 4 meses de coqueteo entre la estudiante de sociología y los jóvenes. Ella tratando de mostrarles una nueva vida y ellos negándose, asegurando que a sus 25 años, edad máxima del grupo, ya no tenían futuro. “Me amenazaban. Me exigían que dejara de molestarlos, que ellos ya sabían lo que querían ser y que si seguía jodiendo no respondían de lo que me pasara”, cuenta Patricia en la vivienda de su mamá, a unos cuantos pasos de la vía en la que se hizo todo el show de la desmovilización.


Pero Patricia es terca. Oración al cielo, determinación al máximo y pa´lante. Jamás se dejó vencer. Poco a poco fue rompiendo el escudo de los pandilleros y encontró que sus palabras procedían del temor de ser engañados nuevamente. Ser fotografiados en los medios de comunicación y después olvidados, le dirían los jóvenes.

“Ya sabemos con lo que van a venir. Ahora nos dan un poco de charlas. Se las tiran hasta de evangélicos, de que vienen enviados de Dios y después nos dejan como antes. Nos dan 3 cositas por ahí y se pierden. No vuelven más”, le advirtió uno de los jefes de los „RR‟ poco antes de aceptar el pacto de paz. Lo decían porque no habían pasado más de 2 años de la última vez que habían entregado las armas y engañados. Uno a uno los fue convenciendo para que fueran a su casa. Una charla, un refrigerio. Quedaban prendados de las palabras de esa mujer que sólo les prometía brindarles una mano, escucharles y tratar de guiarlos. ¿SÓLO PROMESAS? Regresemos al 29 de agosto, día de la entrega de armas. Día de ofertas a manos llenas, de ofrecimientos y de, para varios de los jóvenes, mentiras.

Anthony, con su vocecita de niño bueno y su cara de “yo no fui”, se convertía en la sensación para todos los periodistas en la carrera 17B con calle 6 del barrio La Luz. No podíamos creer que ese pequeño hiciera parte de ese tenebroso mundo. Que a los 13 años sus pulmones ya conocieran el espeso humo de la marihuana y que su nariz tuviera marcas de „perico‟. Él, más conocido en el mundo del deporte como „El Mexicanito‟, dio una muestra de boxeo con otro expandillero. Recordó lo aprendido en el gimnasio de Patricia y se robó el show, aunque los guantes estaban rotos y el casco protector ni siquiera le quedaba.

“Los ayudaremos a salir adelante”, decían unos. “Ya no tendrá que usar esos implementos viejos”, aseguraban otros. Todo quedó en falsas promesas, afirman un grupo de los expandilleros. Ahora, casi 4 meses después de entregar el puñal y el „chopo‟ con el que atracaba, „El Mexicanito‟ vuelve a calzarse los guantes viejos. “Salieron „pajarillas‟. Nos prometieron estudio, ropa, zapatos y desintoxicación, pero todo fue mentira”, se queja.


Anthony asegura que varios de sus excompañeros han recaído en las drogas y que hace unas semanas capturaron a uno porque otra vez estaba atracando. “Lo tiene el Bienestar Familiar”, señala. Observando las fintas y ganchos de Anthony, Patricia se muestra preocupada por los jóvenes que ayudó a rescatar. Otra vez se están reuniendo en las esquinas y de ahí, si no se interviene rápidamente, seguramente volverán a la delincuencia. “Yo hablo con ellos, estoy pendiente de lo que hacen, porque son como mis hijos, pero ahora no les puedo dar nada, porque me quitaron el proyecto que adelantaba y se lo dieron a una fundación que ya estaba constituida”, cuenta la ama de casa, esa que se metió en todo este rollo para rescatar a niños que, como Anthony, fueron sacados de los buenos pasos por la falta de apoyo. De „El Mexicanito‟ recuerda que lo llevaron a su gimnasio cuando aún era un pequeñín que aún tomaba tetero y al que el cinturón de protección le quedaba tan grande que cuando se caía tocaba ayudarlo a levantar.

LA PELEA NO TERMINA. Como una película de „Rocky Balboa‟, en la que el triunfo sólo llega después de recibir una fuerte golpiza, Mónica Patricia y su esposo Esneider no dan su brazo a torcer, pese a la falta de apoyo. Aprovechando que les pusieron a la orden el patio de recreo de un colegio privado del sector, los esposos han llamado nuevamente a sus pupilos para entrenarlos. Junto a Amauri Fuentes, el profesor de la escuela, quieren volver a la época de triunfos, como los alcanzado por Yeiner Fuentes, campeón infantil, Jhon Martínez, campeón infantil, junior y juvenil; y de Víctor Villadiego, campeón nacional junior. „Luz de la Esperanza‟ seguirá trabajando por sacar a los niños y conseguir imitar el ejemplo de Arley Leal, hijo de Patricia, con triunfos en campeonatos infantiles, junior, juvenil y que representará el próximo año a Colombia, con la selección nacional de boxeo, en México.


TATIANA BLANCO| 2011 PÁGINAS 105-109

Las mujeres de El Ferry gambetean la violencia por Pedro Plata

“Yo de acá no paso”, me dijo en la carrera 7 con calle 6 el taxista que ese domingo, en mi primer acercamiento al barrio El Ferry, debía transportarme donde Margarita Lobo, una de las líderes del campeonato que se inventaron para disminuir la violencia en el sector. Ante su negativa rotunda, y después de ofrecerle más de los $15 mil que inicialmente me cobró, le pedí que me dejara frente a la antigua escuela de Policía, a una cuadra de la calle 17. Pensando que sería más fácil entrar en mototaxi, tomé uno. Le di la dirección, la cual reconoció que no sabía dónde quedaba, “pero preguntando llegamos”. En esa vieja moto azul sólo recorrí 10 cuadras. “Yo de acá no paso”, volví a escuchar, esta vez acompañado de un categórico “allá atracan y se „jalan‟ todo lo que se meta”.


Ante mi incredulidad, pues de las motos dicen que se meten en todas partes, el mototaxista me recomendó que utilizara un bicitaxi si tantas ganas tenía de entrar. En mi tercer medio de transporte por fin llegué donde Margarita Lobo, no sin antes haberme santiguado mentalmente un par de veces. Cómo no, con tantos referentes negativos llegué a pensar que era una imprudencia lo que estaba haciendo, aunque tenía la certeza de que muchas veces la mala fama supera la realidad de estos sectores sólo visitados por los políticos en campaña electoral. LA FRONTERA. Sentada en un banco de madera gastada, que tiene en la puerta de su casa, Margarita se levanta la camisa blanca y deja al descubierto la herida que le recordará siempre la mañana del pasado 10 de julio. Parece un piquete de mosquito enconado. “Eran las 9 de la mañana cuando se armó la balacera. Yo entré corriendo a mi casa, pero mi esposo trató de agarrar un niño que estaba en la calle para que se escondiera con nosotros. Desde la sala lo vi, mientras se escuchaba la plomera, me desesperé, corrí a donde él y lo jalé adentro para que no le pasara nada. Fue ahí cuando sentí el ardor en la barriga”, recuerda esta mamá de 3 niños. Ese día otra bala perdida mató al „carricochero‟ Álvaro Castro Bermúdez, de 25 años.

Mientras me cuenta la historia, Margarita señala varias veces la calle de enfrente, la 7A1. Es la frontera que desde hace 3 años limita los territorios de „Los 40 Negritos‟ y „Los Grasas‟. Límite imaginario que con el campeonato los organizadores intentan borrar.

Mientras caminamos hacia la cancha de arena, de 12 metros de ancho por 25 de largo, Germán Charris cuenta que en ella ya han “programado” varios partidos en los que han jugado algunos pandilleros sin que haya problemas. “Nosotros se la cantamos a todo el mundo”, advierte y prosigue: “Acá no queremos problemas, buscamos es ayudar a formar. El que dice una grosería, dependiendo del calibre, se gana una amarilla, una roja o la expulsión total del campeonato. Lo mismo pasa si hay pelea”. ¿UN JUEGO DE NIÑOS? Hace unos meses Charris quiso saber cuántos menores de edad habitaban el barrio y salió a recorrerlo con unas hojas de papel. Caminó 2 cuadras, porque las hojas se le acabaron y encontró más de 200 „pelaos‟.


„La Cachi‟, una madre comunitaria cuyo nombre de pila es Judith Suárez, explica que la sobrepoblación de este olvidado sector es el resultado de la falta de opciones. ¿Cómo así?, le pregunto. “Fácil. Acá no hay parques, la escuela no es buena, tampoco tenemos cursos para que las mujeres aprendan algún arte, lo único que les queda es ponerse a parir”. En medio de la violencia que quieren derrotar, Charly Mercado, microempresario de bollo (envueltos de harina de maíz) y patrocinador del campeonato, señala a los niños como arte y parte de la iniciativa, tal como se ven en las fotografías de la construcción de la cancha, donde los pequeños colaboraron a limpiar la arena y a regarla en el lote. La iniciativa de los niños no sólo ha terminado en cosas positivas. La guerra entre pandillas que azota el sector hace 3 años inició como un juego. En diciembre, los jóvenes tenían la costumbre de armar chopos a los que les ponían triquitraques como mecha. Los proyectiles eran piedritas, hasta que a alguien se le ocurrió colocarle pedacitos de hierro. Fue ahí donde el juego se convirtió en guerra, cuando a uno de los niños este nuevo proyectil le sacó un ojo.

Desde esa Navidad de 2009 van 4 muertos: „El Brayan‟, el „Gringo‟, „El Papo‟ y, el pasado miércoles 21 de septiembre, Lenín Antonio Echeverría Granados, de 17 años. Ninguno alcanzó la mayoría de edad. MÁS QUE OLLAS Y ESCOBAS. Segundo domingo de visita al sector y el cielo parece derretirse sobre El Ferry y la cancha es una „melcocha‟ marrón. Por algunos momentos el balón queda detenido en medio de charcos. Margarita se lanza 2 veces por la esférica, sus esfuerzos son inútiles, lo único que consigue es embarrarse hasta las pestañas, mientras su arco es penetrado por los „riflazos‟ de „Las Estrellas‟, sus jóvenes contrincantes. Minutos antes del cotejo, „Las Madres Desesperadas‟, „Las Triple A‟ o Liverpool, como sueña margarita que le digan a su onceno, se cambian mientras cuentan los chismes del día, como cualquier grupo de amas de casas.


Hoy estrenarán suéteres que José Robles, su técnico, les regaló. Por fin dejarán de usar esos que al ponérselos y caminaban por el barrio les gritan: “Ey, frente a la casa está dañada la alcantarilla”. Diana Montaño, 23 años y 2 hijos; Marlys De la Hoz, 18 años y 1 hijo; Angélica Suarez, 32 años y 3 hijos; Adriana Carbonó, 32 años y 2 hijos; Judith Suárez, 36 años y 3 hijos; Ingrid Flórez, 37 años, 4 hijos; Ginet Hernández, 22 años y sin hijos; Rosa Rivera, 36 años y 6 hijos; junto a Yunis Robles, de 17 años y sin hijos; hacen parte del equipo. Desde que inició el campeonato, hace un mes, las tardes del domingo se han convertido en un momento especial para las mujeres. Antes, recuerda Ingrid Flórez, de 37 años y conocida como „La China‟, el tiempo libre lo gastaba mirando televisión o simplemente durmiendo. „La China‟ quería jugar contra el equipo de su hija, pero un dolor en el tobillo derecho se lo impidió. Es delantera, admira a Teófilo Gutiérrez, porque lo conoce desde niño, y espera que el próximo domingo sí pueda divertirse en el campo. LA INJUSTA REALIDAD. El partido de „Las Madres Desesperadas‟ contras „Las Estrellas‟ terminó 2 a 0, aunque debió ser 2 a 1, pero nuevamente la injusticia que viven estas mujeres a diario apareció, esta vez con uniforme negro y anulando un gol legítimo.

„La Cachi‟, madre comunitaria, explica lo inicuo del día a día en el barrio de la siguiente forma: los organizadores queremos crear una fundación, pero para hacerlo debemos reunir $100 mil que no tenemos. Para recaudar fondos vendemos fritos, gaseosas y cervezas, pero lo que hemos ganado nos ha tocado gastarlo en las tejas que los balonazos han roto. La sombra de injusticias, y de estigma, sigue en las ofertas de trabajo. Aunque en los alrededores de El Ferry hay tres grandes empresas: Rinco, Bayer, Inca, ninguna, según dicen sus habitantes, los aceptan en sus filas por vivir en el sector. El olvido estatal se respira por todos lados. Desde 1994, cuando el Alcalde de turno pavimentó algunas calles y canalizó el arroyo Don Juan, a ningún político se le ha visto por allá, ni siquiera para darse chapa con desmovilizaciones de pandilleros a los que poco después olvidan, aseguran los habitantes. Cansados de esperar, la comunidad inició el campeonato, al que consideran el primer paso para recuperar a los jóvenes, con la ilusión de quitarle a El Ferry la imagen negativa y enrutarlo a un futuro en el que la grasa solo sirva para echarle a las cadenas de los bicitaxis y en que cuando digan “los negritos” sea simplemente la forma de nombrar a algún amigo afrodescendiente.


TATIANA BLANCO| 2011 PÁGINAS 1114-116 CORREDOR ELECTRICO

Contaminación electromagnética sin control por Nilson Romo Mendoza

¿

Usted viviría cerca de unas torres de alta tensión? Cinco ingenieros eléctricos consultados por BARRANQUILLABIERTA.COM coinciden en el “no”. Conocen del tema y desde la experiencia saben de los riesgos y uno de ellos precisa: “Lo ideal es no estar tan cerca de ellas”. Nicolás Goenaga, ingeniero electrónico, señala que el riesgo de vivir cerca de las torres está en la potencia de las líneas de tensión. “El riesgo es inminente, están ahí”. Un ingeniero eléctrico que trabaja como contratista de una de las grandes compañías transmisora de energía, reconoció que nunca compraría una casa para vivir en Villa Carolina, noreste de Barranquilla, donde pasa hoy un gran tendido de alta tensión.


La empresa Electricaribe no tiene cuantificado cuántos usuarios viven cerca de redes de alta tensión. En Soledad, en una muestra de lo mucho que hay que organizar su territorio, tiene una referencia atrasada: el censo de 2005, que mostró que 44.724 personas, 789 familias y el 0.95% viven en zonas de alto riesgo y el 0.95% en sectores de influencia de redes de transmisión eléctricas. Las personas que viven cerca de los tendidos eléctricos asumen la realidad: que primero fueron las torres, después las residencias; que otros llegaron e invadieron las líneas de servidumbre, área de seguridad que las empresas administradoras junto a las autoridades oficiales deben hacer respetar.

La falta de control al ordenamiento es uno de los grandes problemas de nuestras ciudades y Paola Sarabia, coordinadora académica de la facultad de arquitectura de la Universidad Autónoma del Caribe, analiza que la normatividad actual no ayuda a buscar soluciones a la aparición de construcciones cerca de las torres. “Son tan poderosos los constructores que, como es tan costoso mover las torres, lo mejor es cambiar o acomodar las normas”.

Sarabia vive en una casa de dos plantas en Nuevo Horizonte, nororiente de la ciudad y tiene como vecina una red eléctrica residencial. Asegura que a veces no puede tocar la ventana de su casa de dos plantas, porque siente pequeñas descargas eléctricas. El POT de Barranquilla señala que las líneas de alta tensión hacen parte del área neta urbanizable. Y se considera como área de cesión el espacio que hoy ocupan las torres en el sector de Villa Carolina. Jaime Fontanilla, curador urbano número uno y experto en urbanística, evoca que hubo normas antes de la ley 388 de Ordenamiento Territorial que intentaron organizar y evitar construcciones cerca a torres eléctricas. “En el caso de Villa Carolina se cumple lo que señala la norma”. Son 32 metros cuadrados, 16 a cada lado, que hacen parte de las líneas de servidumbre para redes con tensión de 220 kilovatios. EL CORREDOR ELÉCTRICO. Los vecinos más desprovistos aprendieron a convivir con el gigante. El corredor eléctrico, entre las calles 17 y calle 30 en Soledad, en los límites con Costa Hermosa, es un ejemplo.


Las tardes soleadas de un fin de semana dibujan el paisaje: niños volando cometas y el balón rodando en una de las dos canchas de fútbol. Sobre los campos, el tendido eléctrico y en uno de los cables de tensión, una bolsa plástica negra, que alguna vez fue el forro de cometa, parece electrocutada, pegada al cable. El tendido hace de frontera amiga. Delimita a Soledad de Barranquilla, y del lado municipal, en las primeras dos carreras de los sectores El Tucán, El Río y Santa Inés, la ausencia de la línea de servidumbre llevó a Transelca a hacer un sendero peatonal de más de 500 metros lineales, como quien marca su territorio y sigue la línea de las redes.

En los bordes del sendero entre El Tucán y El Río, cuatro árboles de almendra dan sombras a los moradores y refrescan las tardes. “Sí hay riesgos, pero si me pongo a pensar en ello, no jugaría fútbol”, afirma Linda Narváez, que pasa el fin de semana en el sector y juega un torneo femenino. A un metro de una de las torres, una madre de familia aprovecha el follaje de un roble rosado para darle un plato de sopa a su hija.

Es la nieta de Luis Calderón que, junto a Álvaro Saltarín, sostienen la bandera de una acción popular que falló a su favor un juez en el 2003 y ordenó a Transelca, Electricaribe y la alcaldía de Soledad a hacer respetar la servidumbre. Ocho años después, cada quien defiende sus intereses en los despachos. Los abogados de las empresas, los representantes del ministerio público, la administración municipal y de la comunidad, aún no definen el retiro de todas las casas y construcciones que están debajo del tendido eléctrico. Álvaro Saltarín, propietario de un gimnasio de pesas, y con más de 22 años en el sector de la carrera 38, está preocupado por la contaminación electromagnética, una definición que es de dominio de pocos y de nadie en el común. Uno de los ingenieros consultados preguntó a tres colegas, especialistas en medio ambiente, y reconocieron que desconocían del tema. El director académico de una universidad de la ciudad con facultad de ingeniería ambiental también admitió que no tenía ni idea.


CÁNCER EN EL SECTOR. Álvaro Saltarín insiste en su interés en que las empresas del sector eléctrico estudien los efectos en la salud por vivir cerca de torres de alta tensión. Y con un libro de biología molecular de Cook en la mano, intenta explicar cómo los campos pueden alterar las células. Tiene sus motivos: el 19 de julio, con ojos cansados del que duerme poco, lo vimos llorar en la casa de Luis Calderón después de haber enterrado a su hija de 31 años. La joven luchó dos años contra el cáncer de seno. Su hija fue un modelo entre los vecinos por promover hábitos saludables. Álvaro recuerda: “Durante seis años dirigió los aeróbicos en mi gimnasio”.

Las inquietudes de Álvaro apuntan alto. Desde el gimnasio, que tiene un pedazo de cielo abierto y se ven los tendidos que están frente a la carrera 39, Saltarín asegura que su sobrino de 37 años, de los cuales 20 los vivió en el sector, también tiene cáncer de colon. “Nos gustaría saber por qué estas enfermedades”. El oncólogo William Bárcenas asegura que no hay estudios sobre el tema en Barranquilla. “Son investigaciones muy costosas y ¿quién las asume? La recolección de información se hace complicada por la dispersión, porque además se reciben pacientes que vienen de otras regiones de la Costa”.

Un ejercicio fue identificar la mayoría de casos de enfermos o fallecidos de cáncer en el sector, donde señaló Saltarín había varios casos. El médico Bárcenas sugirió indagar con algunas encuestas, conocer historias clínicas para saber si había diagnósticos en común. De solo 10 casos que se hallaron entre las carreras 29 y 26, 6 fallecieron y de las cuales 4 eran mayores de 60 años. De los muertos, dos eran mujeres: una de 54 años y otra de 31 años, las dos fallecieron por cáncer de mama. En la carrera 39 entre las calles 26 y 27 es donde más llama la atención: tres mujeres, dos están en tratamiento y una murió por cáncer de mama. Y algunos niños tienen manchas en la piel sin ningún diagnóstico. A Transelca le preguntamos si habían hecho alguna campaña de salud en los últimos meses, y hasta ahora no han dado respuesta. La CRA, ente ambiental con competencia en el caso, solo participa como veedor con el Ministerio Público en la orden del juez. “Hace rato estamos tratando que limpiemos el monte que se ha formado debajo de las líneas, especialmente en la carrera 39 entre calles 26 y 27 y no ha sido posible”. En la reciente visita el comité de seguimiento informó que la limpieza en la línea de servidumbre de algunos sectores del corredor se hará.


PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN. Los campos electromagnéticos (CEM), precisa Enri Aulí (Barcelona 1949) profesional en ecología y la comunicación en su libro Qué es la Contaminación Electromagnética, son “como una onda y transmiten energía como si fuera una partícula”.

BARRANQUILLABIERTA hizo otro ejercicio con el ingeniero eléctrico de la Universidad del Norte, Johny Montaña, y midió los CEM en el corredor eléctrico de Soledad y no encontró que los valores superarán lo establecidos en la normatividad.

El espectro electromagnético es la clasificación de las radiaciones electromagnéticas en función de su frecuencia de oscilación (ciclos por segundo o hercios) o de su longitud de onda. Aportan energía; cuanta más frecuencia, más energía.

Sin unanimidad de criterios sobre los efectos de este tipo de radiación en la salud, muchos científicos reclaman la aplicación inmediata del principio de precaución, es decir, que se adopten medidas protectoras pese a que no exista certeza científica sobre las posibles repercusiones de los campos. Barranquilla también espera ese principio de precaución y más estudios.

La luz visible es el límite para diferenciar la radiación de alta frecuencia (ultravioleta, rayos X) de la baja (infrarrojos, microondas...) y de las frecuencias extremadamente bajas (líneas eléctricas). Los CEM que pueden provocar desequilibrios celulares son los de frecuencia inferior a 10 hercios y es el campo en el que existe mayor controversia, señala Enri Aulí. “Son muchísimos los estudios realizados, sin llegar a presentar conclusiones claras sobre sus efectos ni positivos ni negativos”.


“Entre el porno y a la de Dios” por Carlos Pino

L

a vida en esta selva de cemento cada vez es más dura y miserable, lo que hace que las personas en su afán y necesidad por llevar el pan a su casa tengan que trabajar en lo que encuentren y rebuscarse en el día a día. Aun así sea entre el marco de la ilegalidad, de lo inmoral y hasta de lo indecente, porque puede más a veces la necesidad que cualquier otra cosa, principio aprendido o buena costumbre enseñada en casa. „El Mono‟ como es conocido, siempre se levanta cada mañana de su cama con la ilusión de conseguir el dinero de la comida para el día siguiente. Se encomienda a Dios y le pide que hoy lo tenga en su Gracia para vender buenas películas y entre estas las de porno también. Sabe que cada día es un desafío y que su eterna lucha es contra la incertidumbre de no saber qué es lo que le espera.


Es así como entre los vendedores de la esquina de un almacén de cadena del norte de Barranquilla, está su improvisado puesto de venta de películas piratas y callejeras. Su oficina de trabajo es como una esquina del juego de azar, donde se hacen las apuestas a la suerte de la venta. En dos carritos de metal, protegidos por una sombrilla, exhibe las películas a todo transeúnte. Las pornográficas no están a la vista, pero son apetecidas por un público joven femenino entre los 20 y 35 años de edad, asegura „El Mono‟. “Tiene su público fiel, ya las conozco, algunas hasta parquean y se las llevo al carro”. En el caso de los hombres, entre los 30 y los 50 años las solicitan. „El Mono‟ analiza: “Los veteranos que las compran, lo hacen pa‟ motivarse, porque muchas veces la esposa ya no les inspira ni el mal pensamiento”.

Es un trabajo lleno de incertidumbre. Hay días críticos que lo consume la impaciencia por la escasa venta. Se mueve de un lado a otro, su mirada como un halcón divisa en el panorama sin encontrar ningún cliente.

El día está flojo para „El Mono‟ y la zozobra le invade como a sus compañeros de venta. Hay fatiga, el ceño fruncido, el meneo de la cabeza los retrata. Su olfato se agudiza como el de un cazador que apunta a su presa. Atento a cualquier carro que detiene su marcha, él corre y saca la portada de una película, la muestra o hace un ademán con las manos que forma un cuadrado con sus dedos. Hay veces que los clientes se la ponen difícil. Un cliente llegó a pie y le pidió la colección de Nicolas Cage. Durante unos 20 minutos buscó entre centenares de películas, le reunió 15 y al final le dijo que no le compraría.

„El Mono‟ ofrece las comerciales y también vende películas pornográficas de lesbianas y homsexuales. Es un público reducido, pero igualmente fiel, afirma. Hay momentos muy cómicos que resultan embarazosos como cuando atiende a clientes que le piden que le recomiende películas pornográficas. Como él asegura que no las ve, no sebe qué decir. Es el momento de recurrir a su improvisada “parla” creativa.


-Por esta llegan preguntando bastante…esta es buena…varios clientes me han dicho que les encantó…tiene imágenes muy nítidas. Es su explicación y lo hace sin titubear con un tono serio. -Lo que uno hace por el pan de cada día compadre, dice „El Mono‟ -¡Eche!...Me van a preguntar que cuál les recomiendo. Yo no las veo…¡Acaso soy marica! Y suelta una gran risa Le pregunté si vende pornografía infantil. Su expresión cambia, me mira fijamente a los ojos: “¡Jamás!...! asegura con una voz seca. “Tengo hijos pequeños, y no me gustaría ver a pelaitos de la edad de mis hijos en eso”. La venta de películas porno se convierte a veces en un vaso con agua que refresca la agonía de la escasez y en un ingreso extra entre las batalladas ventas del día a día y de las estrecheces económicas que lo agobian. Llega la hora del almuerzo y sentado en una banquita o en un muro come rápido, pero la venta siempre es prioridad.

El ojo no está solo en la carne, ni en el arroz, sino en un cliente que ve venir. Con el bocado aun en la boca, se levanta su atención. Las lluvias aguan las ventas y el calor sofocante algunas veces irritan los ánimos. Los aguaceros pueden ser a veces un enemigo. Su aparición apremia para agarrar los plásticos y cubrir la mercancía. Un torrencial aguacero puede inundar los carritos y dañar las películas. O cuando la temperatura es inclemente, cualquier sombra es un reposo, un refugio: el techo de los almacenes vecinos o la sombrilla de sus carritos.

El enemigo no solo es el aguacero, el calor o un mal día de ventas, es la Secretaria de Control Urbano y Espacio Público y la persecución de la Sijin, precisa „El Mono‟. A éste último le teme, en ocasiones cual “fantasma” sigiloso aparece para atormentarlo con operativos relámpagos que decomisan hasta la última película. Cuando ocurre es vaciar los bolsillos. LAS 7 LEYES DE LA CALLE. Nada puede menguar, ni las situaciones más adversas la tenacidad por trabajar. Surge en efecto la primera ley de la calle: “Ni la Ley, el frío o el calor socava la voluntad por conseguir el pan diario”.


El Mono‟ siempre lleva una actitud despreocupada, siempre sonríe y se ve el anhelo en su rostro. Lo guarda su única amiga inseparable, además de las películas, la esperanza. Esperanza de poder conseguir lo necesario para irse a casa y darle de comer a sus 4 hijos y esposa. “Esta es una labor bastante fregada, porque uno se levanta cada día con la agonía de que es lo le espera, vengo aquí es a la de Dios, a ver qué es lo que se consigue y peor cuando la Sijin me quita todo porque quedo en las tablas”, cuenta „El Mono‟. En esa situación, la necesidad es prestar dinero a “un paga diario”. „El Mono‟ explica que la última vez que le quitaron todo, entregó al prestamista más de la mitad de los $40 a 60 mil de lo que ganó en el diario de las ventas. Así empieza el descuadre del presupuesto de hogar que dura varios meses. “A veces no hay ventas, no se lleva el diario pa‟ la casa, a veces si se cubre la comida, pero no se cubre el colegio. Hay que regresar al día siguiente pa‟ ver que se rebusca”, cuenta „El Mono‟ con un notable acento de aflicción.

Llega un “predicador” al que le apodan „El Munrra‟ pregonando el mensaje de Cristo y otros vendedores se suman. Como una pequeña reunión familiar o de viejos amigos cuentan chistes y relatan historias. La presencia del “vendedor predicador” convoca como feligreses, que asisten religiosamente al culto, un encuentro de fieles para escuchar la palabra del “enviado de Dios” como le llaman cuando comienza su sermón. „El Munrra‟ anuncia que hay que tener fe, porque Dios aprieta, pero no ahorca. Casi siempre llega como caído del “Cielo”, justamente cuando la desesperanza se asoma, porque el día ha sido mezquino. Es como un efecto curador que apacigua la aflicción y devuelve la calma. La gente se lo goza y de algún modo su mensaje “divino” causa efecto, porque regresan las sonrisas y la alegría a ánimos abatidos. Por unos minutos se olvida que la venta es escasa y no se ha hecho el diario, que no hay para la merienda de los pelaos ni menos para la comida de mañana.


De este panorama desolador y de risas apretadas por la incertidumbre, surge la segunda Ley de la Calle: “No importa que tan fatídica sea la situación, siempre hay un motivo para reír”. Un río de gente se cruza entre los vendedores, algunos con mirada fugitiva echan un ojo si comprar o no. „El Mono‟ los invita amablemente a mirar las películas, pero muchos indiferentes siguen su camino. En una especie de cortejo constante. „El Mono‟ intenta conquistar a los clientes, seducirlos, atraerlos, que por lo menos echen un vistazo. Él tiene el poder de la palabra y conoce del mundo cinematográfico: “Esta en cartelera… ganó El Oscar… tiene buenos actores… es muy buena… es un clásico… dos en 5 barras o tres en 7 pesos, patrón”. Un cliente mordió el anzuelo y empieza una negociación cual “parla” magistral. Su lenguaje seduce. Lo aprendió en esta escuela de la calle, con unas mañas y trucos característicos solo de un “mago” del arte de vender.

De su “sombrero mágico” saca artificios infalibles y uno es el humor. La negociación empezó y tiene que romper el hielo, ganarse la confianza del cliente.

“No hay mejor plan que una peliculita con la novia entre piernado” le expresa a un joven. A las mujeres mayores le lanza un...: “Se ve que usted sabe de música, le tengo la colección de Alejandro Fernández”. A un hombre maduro, de unos 50 años, le dice: “Caballero, vea una película para que se relaje después del trabajo”.

En una vida dura donde abundan los golpes y escasean las oportunidades, la calle es profesor que enseña y el escenario mórbido que forja. Surge la tercera Ley de la Calle: “La calle se convierte en el mejor maestro a falta de un tutor legítimo”. „El Mono‟ es un cinéfilo. No solo las vende, también las disfruta. Y su vida es una película diaria que no se sabe cuál será su desenlace. “No sé si será feliz o triste. Así es el día a día calidad. El final de la película mía será con lo que venda”. “En busca de la felicidad”, que protagonizó Will Smith con su hijo, es un espejo para „El Mono‟. “Mi vida es una diaria búsqueda de felicidad, como la película del negro este, que tuvo que hacer de todo para levantar al pelaito, con la única diferencia es que en mi caso son 4 y mi felicidad depende de mis ganancias”.


Aparece la cuarta Ley de la Calle: “La vida es una película, y en donde todos somos actores que luchamos por el mismo Oscar: el pan”. Para „El Mono‟ su familia es motivo, aliento de vida, amor y esperanza. El impulso a luchar en un mundo que hace rato lo olvidó. Su hogar está conformado por su esposa y los 4 hijos: el mayor es un joven de 23 años, los otros tres son mujeres, de 18, 13 y 8. Sobre el futuro, „El Mono‟ anhela estudien y lleguen a la universidad. que ellos heredaran este negocio, quien recogió hace 3 años de su hijo Wilfrido la venta de películas.

que sus hijos No le gustaría porque fue él mayor llamado

Wilfrido abandona la venta de películas por el nacimiento de su hijo y asegura que prefirió falsificar un certificado de operador de máquinas para trabajar en algo más estable. “El Mono” trabajó 7 años de paletero antes de entrar a la venta de películas. Venía de 12 años como vigilante de un edificio. Cambió de trabajo por tener más ingresos.

Los caminos de la calle son turbios, pedregosos y bastante traicioneros.

No es su caso, pero recuerda que ha visto cómo varios amigos han perdido el sendero en las degradantes drogas y se han dejado consumir en las “cavernas” de la calle. Por eso la calle solo es la última opción si no hay más camino que elegir. “La supervivencia en la calle no es para todo el mundo. No todo el mundo nació para la calle… se necesita alma de hierro”, asegura. „El Mono‟ le trabaja al „Cacha‟, otro vendedor de películas, y ambos son socios del mismo escenario de la sobrevivencia. "Patrón”, le dice „El Mono‟ al „Cacha‟, “un senador dijo que no le alcanza lo que gana ($21 millones) para tanquear el carro. Y si a él no le alcanza, entonces que se deja para nosotros”. „El Mono‟ en tono de voz seguro, le responde, “así es viejo „Cacha‟, este es un trabajo honesto, aquí no se roba ni se hace daño a nadie, las ratas son los políticos esos”.

La quinta Ley de la Calle aparece: “Cuando el estado te abandona, la calle se convierte en tu único proveedor y refugio”. El jefe de Seguridad del almacén de cadena obligó a „El Mono‟ a retirarse del espacio que ocupa en la esquina.


Allí, en una tabla de triplex exhibía las películas y pagaba $5.000 diarios de “arriendo” a otro vendedor que le alquiló. Como las grandes tierras y fincas burgueses, los espacios para la venta en la calle también se arriendan y hasta se “trasfieren” como si se tratase de un bien privado. Los espacios públicos están “capitalizados” por algunos vendedores ambulantes que a su vez “alquilan” a otros. El “avalúo de la propiedad” es determinado por el movimiento del lugar. Es la Sexta Ley de la Calle: “Nadie vende en „mi esquina‟ sin mi previa autorización”.

Su desplazamiento de aquella esquina lo forzó a mal vender su mercancía, sintió que la suerte lo olvidaba. Necesitaba pagar los recibos de agua y gas acumulados, recordó mientras se presionaba la yugular con los dedos. „El Mono‟ cree que comentarios dañinos llegaron a oídos del Jefe de Seguridad del almacén de cadena, inventados por sus enemigos o „lobos rapaces de calle‟, que le hacen competencia por las ventas. Lo hizo acordarse de algo muy importante que cuando se sale a vender, la ingenuidad se queda en casa, produciendo la Séptima Ley de la Calle: “No te fíes de nadie, desconfía hasta de tu propia sombra”.

„El Mono‟ ingeniándose siempre la estrategia de rebuscarse el pan, se mentaliza una nueva modalidad de negocio: “caminar las películas” como le llama. Medita si salir a caminar varios kilómetros, todos los días por los pueblos cercanos como Tubará, Juan De Acosta, hasta Puerto Colombia. La razón es simple se vende más y tiene menos competencia. Muy pronto cual peregrino de las ventas se alistara sus botas como un soldado aguerrido junto a otro vendedor de “lanza” como apoyo mutuo, pero con ganancias independientes. Y aunque no le agrada mucho la venta de películas triple x, al principio no estaba muy de acuerdo, tuvo que desprenderse por necesidad de cualquier moralidad y prejuicio sociocultural adquirido para subsistir. Obligado a producir ingresos para evitar la mordedura de ese despiadado “perro” del hambre que desde hace mucho tiempo le vino mostrando los dientes, nació un “perro bravo”. “Quiera o no, le doy gracias a Dios por la venta de películas porno que me ayudan bastante, porque entre las películas, el porno y a la de Dios es que yo llevo la comida a la casa”.


No va a misa, no comulga y le importa poco lo que un cura piense de él y su trabajo. Para él Dios no habita en una Iglesia sino en los corazones de cada persona. “Que me juzgue el mismo Dios y no un cura sobre lo que hago” manifiesta „El Mono‟. Reconoce que hay un Dios de amor y comprensión y asegura que sabrá comprenderlo. Suspira, baja la cabeza, y cerrando los ojos dice: “Yo sé que es malo vender pornografía, pero eso es lo que me da el pan y que Dios me perdone, porque la verdad pienso en su perdón todos los días”.


LUIS PICON| 2012 PÁGINA 131

Una blanca rosa tras el velo de la novia por José Luis Rodríguez

U

na fría brisa entra por las ventanas mientras el kilometraje sobrepasa los 60 kilómetros por hora y el reloj llega a las 11 de la noche. La cámara comienza a grabar el recorrido. Dos minutos antes, un Renault 'Logan' blanco dejó la calle 96 en busca de un fenómeno que carece de razón y abunda de misterio: el fantasma de la 'Novia de Puerto Colombia'. Cuenta la leyenda que una mujer vestida de blanco, preparada para el matrimonio, aparece y desaparece en la vía que comunica a Barranquilla con Puerto Colombia a altas horas de la noche. La mujer, a un lado de la vía, en ocasiones pide chance a los conductores. La mayoría no frena e incluso aceleran buscando alejarse, pero no lo consiguen. A los pocos segundos ella está en el asiento trasero del vehículo. El desenlace: un terrible accidente de tránsito que podría conllevar a la muerte del conductor.


Lo curioso es que solo le aparece a hombres. Lo malo, es que en nuestro recorrido nocturno somos 4 hombres y queda el espacio perfecto para un pasajero más. Luis, el reportero gráfico, va en el asiento delantero grabando con la cámara. Brian, el conductor y amigo nuestro, habla muy poco y evita participar en la conversación sobre la novia. Andrés, el amigo „empiñado‟ que nunca falta, observa videos de fantasmas en el celular. Todos, excepto Brian, tenemos una actitud despreocupada y espontanea, pero el ambiente se hace más tenso a medida que avanzamos. El rostro del conductor ya no puede disimular su perturbación y habla que no quiere ver el fantasma. En realidad nadie lo quiere ver, aunque sí que quede registrado en la cámara. Cuentan que muy pocos taxistas y choferes de buses han visto al espectro de la novia y han vivido para contarlo. Pero Hugo Orellano, exconductor de buses de Expreso Colombia Caribe, es uno de ellos. Días atrás, en el negocio de café internet que administra su hijo en el municipio porteño, nos encontramos..

Hugo, con la mirada perdida y su mano derecha temblante, aseguró que nunca en su vida le había sucedido algo parecido a lo vivido aquel domingo en la noche hace 7 años. Orellano se quedó más tarde de lo debido en Barranquilla y regresó solo sin el asistente a Puerto Colombia. Cerca del cementerio Jardines de la Eternidad vio la silueta brillante de una mujer con traje, lista para el altar, a un lado de la carretera. Asustado, aceleró en la carretera, pero al mirar por el espejo interior del bus, se encontró con la imagen de la dama sentada en la última banca del vehículo. Hugo quedó en shock. Hugo respira profundo y recuerda la imagen de la joven que vio. La describe como hermosa y jovial, “amonada”, de cabello ondulado, de unos 20 años. “Vine a reaccionar ya casi entrando a los predios de Puerto, donde está la famosa 'vuelta del Diablo'. Oraba, y sin mirar por el espejo, pude llegar a mi casa temblando. Yo creía en el mito, pero no hice caso a las advertencias de mis colegas de no quedarme hasta tarde”.


Hugo, de contextura gruesa, barriga prominente de chofer de muchos kilómetros, se conmueve en su evocación, al punto que agradeció a Dios con la voz entrecortada. Esas últimas palabras vienen a mi mente mientras observo el cementerio Jardines del Recuerdo y el silencio se apodera del interior del carro. La brisa helada parece chillar con el zumbido de las ráfagas. Pasamos el Corredor Universitario y llegamos a la 'curva del Diablo', donde dicen suele aparecer con más frecuencia la novia. Allí nos bajamos y damos unos pasos. Una ambulancia pasa a nuestro lado mientras Luis dispara su cámara en la vía. Lo acompañamos Andrés y yo.

"También hay que estar pendiente de los vivos, de esos que no tienen hora fija para robar y te hacen pasar un buen susto", coincidimos. OPINIONES. Días antes, en la plaza de Puerto Colombia, me reuní con el periodista , Luis Duncan, para dialogar sobre el tema y dirigirnos a la casa de una persona clave sobre el mito de la novia. Mientras lo esperaba pude preguntar a varios habitantes del municipio sobre lo que pensaban del fenómeno paranormal.

“No es ningún fantasma, eso es cosa del diablo”, “No conozco sobre la leyenda”, “Eso es una invención de los medios en Barranquilla que está perjudicando nuestro turismo”, entre otras afirmaciones comentaron los porteños cerca de la plaza. Duncan llegó. Bajo la sombra de un árbol de almendra y una leve brisa con aroma a sal, dialogamos sobre el tema. Él por su parte y desde el punto de vista cristiano, opina que la aparición se trata de un demonio. Una criatura espiritual que puede presentarse a la gente de diversas formas, causar enfermedades y estados de caos en las personas. “Lo espiritual fue primero que lo material y el hombre seguirá siendo ignorante ante muchos fenómenos”, aseguró el periodista mientras se le asomaban algunos años en su mirada. Esa tarde nos dirigimos al negocio de Sandra Del Carmen Ángulo, una mujer que fue amiga y madrina de boda de la difunta novia.

Ahora, en la oscura vía, recuerdo esas palabras al filo de la medianoche. El carro avanza sobre la 51B y las luces de los postes comienzan a crear sombras fugaces, susceptibles a mal interpretaciones de mi mente.


Luis no quita los ojos de la cámara y Brian de la solitaria carretera. “Aja y entonces ¿qué te dijo la señora Sandra?”, me preguntó Andrés curioso por saber quién era la susodicha. LA HISTORIA. Aquella tarde Sandra nos atendió afuera de su local de comidas rápidas. Llevaba varios anillos de plata que hacían juego con una cadena del mismo material en su pecho. Rodeados de hojas secas de almendra en un pequeño boulevard, empecé las averiguaciones. ¿Quién era la novia? y ¿qué relación tenía con ella?, fue lo primero que pregunté. “Ella se llamaba Blanca Rosa Vilar Villamizar. Fuimos amigas desde los 9 años y gracias a su amistad conocí a mi primer esposo Carlos Valencia Vilar, que es primo hermano de ella”, afirmó Sandra con calma y seguridad en su voz. Sandra Ángulo, de pelo medianamente rubio y uñas de color escarlata, contó que Blanca Rosa, estudiante de noveno grado del colegio Elena Duque de Barranquilla, conoció en marzo de 1982 a su gran amor, el libanés, Yesaia Mohamed Souidean, de 22 años, en una tarde de vallenato y salsa en la antigua caseta “La Tremenda”, en la carrera 43 con calle 50, donde empezó en los años 70 un baile de todas las clases y en el que se escuchaban solo aires del Caribe.

Allí cantantes como Porfi Jimenez hacían magia con sus orquestas y el fenómeno más importante del Caribe colombiano, el Joe Arroyo, también pasó como símbolo del Carnaval de Barranquilla. En ese escenario de pasiones encontradas se dio el intercambio de teléfonos de muchos enamorados. También el de Yesaia y Blanca Rosa. El amor floreció y 11 meses después, un viernes de Guacherna, 4 de febrero de 1983, se celebró el día de la boda. El Padre de la Iglesia Inmaculada de ese año, el sacerdote Carlos Julio Becerra, los bendijó a las 7 de la noche. La celebración fue en el Club Alemán hasta las 3 de la mañana. Pero la fiesta siguió un poco más en el edificio Los Flamencos, en carrera 42F número 79B-19, donde vivía la familia del novio.

“Cuando ya se iban para el aeropuerto, contrataron un grupo vallenato y varios invitados se fueron en caravana a acompañar a los novios. Pero lamentablemente una camioneta se les vino de frente en La Circunvalar y el carro para tratar de esquivar al imprudente, chocó con un poste y se volcó en el pavimento. Blanca Rosa fue la única que murió”, contó una Sandra triste en sus palabras.


A diferencia de lo que cuenta la leyenda, la novia no murió en la vía a Puerto Colombia sino en La Circunvalar yendo hacia el aeropuerto el 7 de febrero de 1983. Sandra evoca que Blanca una vez le dijo que si estaba en una emergencia vehicular, su reacción sería tirarse del carro. El vehículo dio unas 12 vueltas y en los tumbos recorrió 70 metros. “Lo más seguro fue que saltará, eso explica, por qué fue la única en morir en el accidente”, comenta la amiga con pesar.

Sandra estaba para aquel momento en cinta de su primer hijo. El día de la boda, Blanca conoció que después de la Luna de Miel, iba a ser la madrina del primógenito de su amiga. Debido a su estado no acompañó la caravana, pero sus familiares le contaron la terrible noticia. Recuerda a los más de 200 invitados con los trajes y copas en la mano trastornados por el trágico hecho. La noticia de su muerte fue registrada en la edición del diario El Heraldo del domingo 6 y lunes 7 de febrero de 1983, y mostraba al novio Yesaia Mohamed afligido, acabado. Hoy el empresario libanés vive en Bogotá, viaja constantemente y es dueño de varios negocios de venta de perfumes y gafas en varias ciudades del país. Jamás abandonó a su suegra, la señora Betulia Villamizar con quien mantiene habitual comunicación.

“Nojoda que vaina barra. Yo que el accidente era en entonces ¿Por qué se pregunta Andrés mientras grabamos unas imágenes cerca del Lago del Cisne.

también pensaba Puerto, pero y aparece allá?”, le respondo y por la carretera

A pesar que la única relación de Blanca Rosa con Puerto Colombia era que su primo Carlos vivía allá, no hay una explicación lógica para el misterio.Algunas personas como el veterano exdiputado porteño, Efraín Butrón, asegura haber visto el espectro de la novia en el segundo puente de La Circunvalar y la misma vía.

Sandra no cree que el supuesto fantasma de la novia de Puerto sea Blanca Rosa, sino en un espíritu maligno o cosas del demonio. “Blanquita‟ se casó de 17 años, qué mal pudo haber hecho una niña de esa edad para ponerse a espantar y hacer que se estrelle la gente. Esas son cosas del demonio. Yo conocí a Blanca y puedo dar fe que era una mujer dulce y humilde”, asegura Sandra. Cuenta que jamás, en los 20 años que lleva de vivir en Puerto Colombia, se le ha aparecido a ella o a algún familiar cuando vienen de madrugada por la carretera.


El recorrido del 'Logan' llega a su fin a la 1 de la mañana. El mayor susto que tuvimos fue cuando Luis gritó “¡Nojoda, nojoda,!” por el brillante reflejo de una llanta blanca en el camino. Fueron 35 segundos de adrenalina e incertidumbre. El carro regresa por la 51B y observo por última vez el cementerio Jardines del Recuerdo, allí, en una fría tumba duerme Blanca Rosa. En el voz a voz diario se habla de muchas versiones de la novia fantasma, pero lo cierto es que la leyenda ya hace parte del imaginario cultural de Puerto Colombia y el Caribe. Cuentos, chistes, programas documentales para televisión como el realizado por el productor Antonio Ángulo en el 2009 o el filme sobre la leyenda del director barranquillero, Ricardo Fernández, que se estrenará a mediados de este año y quien tiene un video en el cual se ve la presencia de un fenómeno paranormal en el rodaje, son muestra de cómo ha calado en nuestra tradición oral esta leyenda urbana.

Regreso a casa, junto a mi familia, con el recuerdo del triste suceso de este hogar que apenas comenzaba, con las palabras que Sandra le escuchó a la señora Betulia Villamizar, madre de Blanca Rosa, el día que le contó por teléfono sobre las supuestas apariciones del espíritu de su hija: "Mija, ojalá mi hija me apareciera a mí", le respondió con voz jadeante. La señora Betulia, al igual que varios familiares del novio, se fueron de la ciudad para comenzar una nueva vida en un lugar que no le recordara de alguna u otra manera el fatal accidente de la novia.


LUIS PICON| 2012 PÁGINAS 138-140

A $500 la hora de risa en Santo Domingo por Pedro Plata

C

ae sobre un retazo cuadrado de alfombra marrón. Sus zapatos se golpean uno sobre otro. “Oh, me muero”, alcanza a musitar bajo la fiera mirada de un hombre. Su cara se contorsiona en un gesto caricaturesco de „dolor‟. De repente se escucha un “corten, no me gustó. Ahora quiero que lo hagan como coletos”. Una larga risotada, tan larga como puede ser la de 150 personas, irrumpe mientras el payaso „muerto‟ se sacude el polvo y empieza una atropellada queja. Aristóteles, en su ensayo „Sobre el alma‟, aseguró que la risa y la felicidad son unos de los rasgos que distingue al hombre de los demás seres vivientes. Doherty Hunter, más conocido como „Patch‟ Adams, afirmó que la felicidad no solo puede llegar a ser curativa, sino que es el secreto para abolir la violencia y la desigualdad social.


Sin haber leído ni escuchado estas célebres frases, „Platanito‟, „Chocolate‟ y „Torombolo‟ las han puesto en práctica, por separado durante más de 20 años y juntos desde hace año y medio. Hace 3 semanas estos alegres personajes celebran su función en Santo Domingo, sector suroccidental de Barranquilla, de estrato 1 donde la falta de oportunidades y recreación han derivado en un alto consumo de drogas y delincuencia. La presencia de los artistas de la risa es una especie de bálsamo para los niños y jóvenes de este barrio que deben caminar unos 3 kilómetros para llegar al parque más cercano a divertirse. Pero quienes apenas acarician la juventud se enfrentan ante la opción de elegir el consumo de licor entre las diversas tabernas, estaderos y tiendas. La escena que contamos al inicio de esta nota hace parte del número „La muerte de Julius‟, interpretada el viernes 6 de enero en el circo Star Boys como un acto de burla a la muerte. Un hecho que convierte la muerte en algo inofensivo de la que se puede regresar, algo muy distinto al significado real, ese que, en el sector, han aprendido en carne propia. Allí han vivido tiroteos, persecuciones y otros actos delictivos en los que la risotada solo es largada por la dama de sonrisa huesuda.


Es aquí donde comprendemos el porqué de ridiculizar hasta la risa ciertas situaciones que ´a lo serio‟ nos hacen sufrir. Es precisamente donde entendemos por qué en „El Salao‟ los resocializadores celebraron un gran fandango para que los sobrevivientes de la masacre, ocurrida entre el 16 y el 19 de febrero del 2000, hicieran las paces con los tambores. El golpeo del cuero y las manos, evocaron sentimientos y sones, como música de ambiente durante los asesinatos públicos, pero que durante años los acompañaron en las celebraciones de nacimientos. VALOR SIMBÓLICO. En Santo Domingo $500 alcanza para comprar dos bolis (un helado envuelto en bolsa transparente) y una galleta punto rojo. También para una porción de arroz de lisa. Algunos los utilizan para adquirir la dosis de marihuana que los saca por segundos de la realidad. Otros prefieren invertir esta módica suma para entrar al circo.

Al cruzar la reja donde está el letrero de Star Boys, el espectador entra a un show en el que las piruetas, las maromas en el trapecio, las locuras de los payasos, entre otros números, transportan por una hora a un mundo de jolgorio envuelto en una carpa coronada con la bandera del Junior de Barranquilla.

Esta noche de espectáculo inicia con la presentación de 3 niñas gimnastas y un pequeño payaso de nombre artístico´Cien pesitos‟. Pertenecen a las 3 familias que viven en el circo: los Pérez, los López y los Rebolledo.

„Cien pesitos‟ se roba la atención, pues ridiculiza los actos de sus compañeras. Ya sea haciendo el „palo de coco‟, o caminando en „4 patas al revés‟, el niño, de 7 años, termina siempre en el piso generando una risa colectiva. Los niños aseguran que sólo ´trabajan´ en el circo cuando están de vacaciones. “Ellos están en colegios de Puerto Colombia y Santa Marta, pero cuando acaban las clases vienen acá. Nadie les dice que salgan al escenario, son ellos los que deciden hacerlo, porque les gusta”, asegura Eduardo Jesús Pérez, conocido como „Platanito‟, uno de los propietarios del circo. ESFUERZO PARA ALEGRAR. Jesús y su socio Víctor López, conocido como „Torombolo‟ han construido este circo a base de esfuerzo, reuniendo lo poco que ganan para ir comprando tela para la carpa, los palcos y para contratar nuevos actos.


Mientras se preparan para abrir las puertas, „Platanito‟ recuerda la vez que debieron transitar por unas montañas de Antioquia que los carros a duras penas podían remontar. Todo, afirma, con tal de llevar la alegría a lugares apartados. Jesús afirma que no solo es payaso, sino que está entrenado en lanzar cuchillos. Hecha la afirmación, manda a uno de sus hijos a buscar las filosas herramientas, mientras su esposa se ubica en una tabla frente a él. Lanza el primer cuchillo y alguien, en tono de burla, pide que no sea la compañera de 'Platanito' la „víctima‟ de esta ocasión. Con la mirada de todos sobre el periodista, me animo a servir de carne de cañón, o mejor, de carne de cuchillos. Uno a uno los 5 proyectiles filosos se estrellan a pocos centímetros de mi cuerpo. La demostración no demora ni 3 minutos, pero en todo ese tiempo mantengo los ojos cerrados. Lo hago para no ver los lanzamientos, pues cualquier movimiento de mi parte me enviaría al hospital. Cuando todo termina me retiro corriendo de las tablas, comprendiendo el riesgo que a veces enfrentan con tal de distraer a sus espectadores.

POBRE EL QUE NO PUEDE TRABAJAR. Lo primero que dejan en claro los dueños de Star Boys es que darán la entrevista siempre y cuando no se les rotule como circo pobre. “Cada vez que hacen una nota sobre un show como el nuestro dicen circo pobre y eso no es así. Pobre es el que no puede trabajar. Si quieres nos puedes decir circo de barrio o de pueblo, si quieres”, advierten los socios con cara de pocos amigos. Luego de la advertencia, comienzan a enumerar los actos que allí hacen: “trapecio, comedia, salto en candela… ¿Le parece que esto es de pobre? Insisten los dueños.

La función llega a su fin. Después de una hora cargada de alegría, los jóvenes y niños espectadores salen con una sonrisa marcada en sus rostros, esos mismos que al inicio parecían una máscara de seriedad.


LUIS NAVARRO| 2011 PÁGINA 143

El sueño de 7 familias barranquilleras: un sueldo de $2 millones

Á

por Luis Fernando Navarro Hazbún

breme tu nevera y te diré qué comes. La realidad es otra. Para el Gobierno nacional los colombianos con ingresos de 187 mil pesos no son considerados pobres. Pero si usted piensa como el Gobierno nacional que los que tienen ingresos de $180 mil son pobres, está muy equivocado. Planeación Nacional hizo un estudio en el que determinó que si una familia compuesta por 4 personas tiene ingresos mensuales superiores a $748.316 ($29.944 diarios), no se le considera pobre. Un colombiano que gane mensualmente más de $187.079 no puede ser incluido en este grupo y si una familia devenga al mes ingresos superiores a los $334.324 ($11.144 diarios) ya no será indigente, sino simplemente, pobre.


BARRANQUILLABIERTA.COM hizo un ejercicio de cuentas con 7 familias barranquilleras sobre este estudio de Planeación y la metodología que implementa el Gobierno para medir los índices de pobreza en el país. “Mire hermano, si esa vaina es así, yo soy entonces millonario”, afirma: Belarmino Ariza, pensionado de 65 años, quien vive en el barrio Las Nieves, estrato dos. “Recibo cada mes $750 mil y eso no me alcanza para nada”. “En solo servicios públicos me gasto un promedio de $200 mil en comida $350 mil y en arriendo $150 mil. A eso tengo que sumarle los gastos del colegio de mis dos hijos pequeños de mi segunda mujer con ellos me gasto $315.000. Tiene huevo, el Gobierno en decir que ya no soy pobre”. Belarmino Ariza le pone precio a su salario ideal: “3 millones de „barras‟, me doy por servido. Por lo menos si recibiera ese billete no tendría que pasar sin plata todos los meses”. Milagros Fonseca, de 43 años, ama de casa y residente, también, en Las Nieves, hace cuentas su situación y no es mejor que la de Belarmino. En su hogar solo su esposo trabaja y en un taller del norte. “Gana el mínimo. Con eso tenemos que bandearnos todo el mes: pagar el colegio de los chiquitos, pagar arriendo y dejar para la comida y más nada.

Ah y el pagadiario. Y qué nos queda, nada. Me toca rebuscarme, a veces, en las casas planchando por día para ayudarle a mi marido, y aun así quedamos cortos de plata”. Milagros sonríe antes de ponerle precio a su salario ideal: “La verdad, con 2 milloncitos creo que podríamos vivir tranquilos mi marido y mis dos hijitos, así no tendríamos que pagar los 6 mil paga diario”. VENTA AMBULANTE. Camilo Aldana, de 30 años y residente en la urbanización Las Moras de Soledad, es un vendedor en un granero como cientos del centro de la ciudad y asegura que con $400 mil que gana le alcanza para comer, pagar arriendo y los servicios. “Y eso si mis viejos no se enferman”. Camilo, casado, y a punto de ser padre, cuenta que su papá sufre del corazón y cuando se enferma, tiene que conseguir dinero prestado para atender la salud de su progenitor. Desconoce del Sisben y asegura que no tener salud su pesadilla cuando se enferma.” Tiene que tomar un medicamento que vale unos $100 mil y no tengo con qué comprarlo. Me toca prestarle a un pagadiario y entonces el que termina enfermándose soy yo”.


El embarazo de la mujer de Aldana lo tiene desesperado. “Mi mujer está pipona y a veces no tengo ni para coger el bus que nos lleve al hospital de La Manga para que le hagan los exámenes”. Para su situación 2 millones de pesos lo haría feliz. “Y aunque no es mucho, por lo menos me servirían para cuidar más la salud de mi papá y darle un mejor bienestar a mi hijo que está por nacer”. Tres familias de La Ciudadela hacen sus cuentas.

Misadis Cárdenas, impulsadora de Leonisa, considera que con $187.000 no se deja de ser pobre. “Yo gano el mínimo, $225.000, eso no me alcanza. En mi casa trabajamos dos personas más: mi esposo, que es profesor y se gana $600.000 y mi papá, que es celador. Él se gana $20.000 diarios como celador”. Los gastos de Misadis son de unos $800 mil mensuales en alimentación, pago de servicios y otras deudas. “En luz gastamos $100.000. Más el agua y el gas que son casi $50.000, entre ambos serían $200.000. Más los planes de telefonía que son como $31 mil.

En alimentación gastamos $300 mil al mes. Y los gastos de mi bebé como pañales, vitaminas, leche y las visitas al médico se van como $200 mil”. Los 2 millones de ingreso también son el deseo de esta familia. “Necesito como dos millones mínimo para medio subsistir”. Para Escolástica Pérez Márquez, pensionada, esos $187.000 de que habla el Gobierno no alcanzan ni para cubrir una quincena. “Los $500 mil que gano de mi pensión no me alcanzan para nada. En mi hogar nos gastamos diario $30.000 en alimentación”. Pérez hace sus sumas y afirma que necesitaría mínimo un millón 200 mil. Libia Pérez, otra ama de casa en la Ciudadela, lo conforman tres personas más, dos adultos y un niño. Los ingresos son de un millón de pesos. “Nos gastamos $700 mil en comida, sin incluir servicios ni nada más. En servicios nos estamos gastando casi $200 mil”.


“Dejaríamos de ser pobres con mínimo un millón 500 mil para poder subsistir. Si el mínimo no alcanza entonces como pretende el Gobierno que no seamos pobres con $187 mil”. Nancy Beatriz Borja, pensionada asegura que tiene gastos diarios de $25. Meterse la mano en el bolsillo comienza con los mil en el desayuno, otros $10 mil para el almuerzo con una sopa, con arroz y unas presas de pollo para 6 personas. Nancy recibe una mesada pensional de $530 mil y su esposo, que es celador, gana unos $20.000 diarios. “El gobierno debería fijar un salario mínimo de por lo menos $700.000 pesos”, propone Nancy. Y las personas de calle. Los colombianos que viven en extrema pobreza, como los llama el gobierno, ¿será que se sentirán mejor porque ya no son catalogados como indigentes sino como pobres? “Vea brother, lo único que sé es que cada vez la vaina está más dura”. Afirma Luis Martínez Parra, un trabajador de la calle, que vive de lo que saca de los botes de basura y vende como reciclaje. “Antes recogía los escombros que botaban arriba (en el norte).

En un día bueno me podía ganar $10 mil ó $12 mil, eso medio me alcanzaba para comer. Ahora como ya no dejan botar nada en ningún lado a duras penas me hago $5 mil. Cuando alguien que me conoce me pide que le bote algo que no le sirve, sino „pailas”. Martínez vive solo en una pieza en el barrio La Chinita. Su madrina, dueña de la casa, lo tiene alojado “Si no fuera por ella dormiría en la física calle”. ¿Con cuánto dejarías de ser pobre? “Uff, brother, yo necesito un montón de plata para salir de esta olla”. ¿Pero cuánto es eso? “Si sigo en esta vaina, nunca dejaré de ser pobre”. LA VENDEDORA DE DULCES. Delmis Ariza ofrece caramelo en los buses. Vive en el barrio La Sierrita y trabaja para alimentar a su pequeño hijo. “Cada día me es difícil vender más, la gente no compra casi. Me hago a veces $15 ó $20 mil y si me va bien. Pago la pieza, que son $5 mil diarios. Me gasto $8 mil diarios para comer y sufro porque a veces no tengo nada que darle a mi niño”.


La madre de Delmis es la única que la ayuda cuando no tiene que darle a su hijo. “Si no fuera por mi mamita, mi hijo se moriría de hambre. Ella me le da comidita cuando no logro vender nada. Es muy duro esto amigo”. ¿Con cuánto dejarías de ser pobre? “Con tener un trabajito, donde así ganara el mínimo, y pudiera alimentar a mi hijo, me sentiría contenta”.

Los 2 millones de pesos es el salario deseado…


BARRANQUILLA

AL NATURAL


DIEGO GUARÍN DIAZ| 2011 PÁGINAS 150-155

Una amenazada reserva natural que se niega a morir por Nilson Romo Mendoza

E

n estos días de mayo, de cambios de temperatura, lluvia y sol, en Barranquilla hay un aire acondicionado natural y permanente que se siente en dos sectores de la Normal Superior La Hacienda. Luis De la Hoz, estudiante de 11 grado, junto a otros seis compañeros está en uno de estos lugares. -Cuando vengo acalorado y me quiero refrescar llegó hasta aquí, dice Luis. Los estudiantes están al lado izquierdo de la capilla de la institución, entre el edificio de laboratorios, biblioteca y coordinación, en una de las zonas recuperadas del monte. Un grupo de árboles, entre melina, cocoteros, palmeras, abanicos, acacias, olivos, eucaliptos, se levantan a más de 4 metros, con un follaje que apenas deja filtrar la luz de una tarde nublosa y gris, y la sensación es de una temperatura de unos 22 grados. Un microclima.


El área de unos 90 metros cuadrado destaca por su limpieza, libre de bolsas plásticas, y las mismas hojas secas, que caen, se han recogido en forma circular a los pies de los troncos para su abono. El profesor León Darío Uribe y uno de los animadores de proteger la flora de la reserva natural de la Normal, levanta la voz y asegura: “Todo lo hemos hecho sin un peso”. Asienten los alumnos. “Por interés de nosotros”. La institución entre 1997 y 1998 identificó unas 15 áreas entre las 17 hectáreas para sustentar la iniciativa de ser declarada Reserva Ecológica y Educativa por el Concejo Distrital que pasó el trámite y firmó el Acuerdo 011 del 31 de julio de 1999. En el acuerdo quedó definido que es un “patrimonio ambiental del Distrito”, que contará con la formulación e investigación de proyectos ambientales escolares con la asistencia de la Alcaldía y para buscar recursos ante el Ministerio de Medio Ambiente, que se asignará una partida presupuestal general para fortalecer los proyectos que tengan que ver con la reserva ecológica educativa y la Normal tendrá que llevar a cabo programas o actividades orientadas para que otras escuelas ingresen y sensibilicen sobre el cuidado del medio ambiente. Más de 12 años después, los profesores han insistido en cumplir el Acuerdo ante los dos recientes alcaldes y sus secretarios de educación, tampoco han sido claros en definir cuánto es el presupuesto para proteger la reserva.

Los docentes especulan que son unos $300 millones por año.

El Ecoparque, ubicado en la entrada y donde se eliminó una cancha de fútbol para recrear un habita de aves con una fuente, es la principal muestra del interés de la Normal para seguir defiendo su reserva natural. La entrada del Ecoparque tiene un cerramiento que se logró a cambio de una reforestación de Transelca, asegura el profesor Uribe. Como el interés de los docentes es machacar, los profesores Diego Guarín y Melva Viena en el 2007 parieron la primera muestra fotográfica y el Centro de Interés de Bonsái, programa para enseñar técnicas de botánica. La muestra y la exposición de bonsái son un ejercicio de visibilizar la riqueza y los tesoros naturales de la escuela con su fauna, flora y animales silvestres. } De esa primera muestra fotográfica, Diego Guarín, licenciado en educación física y uno de los ganadores de torneos de voleibol intercolegial en los últimos 20 años en el Caribe colombiano, y con una mirada sensible al medio ambiente, llamaron la atención.


La autoridad ambiental Damab apareció por mediación de un periodista e hizo un trabajo que comenzó identificando algunos árboles, talando los que lo necesitaban por amenaza de plagas, y se mejoró la idea de un vivero que estaba ubicado en los dos edificios de bachillerato. El acompañamiento fue capital, porque el Distrito había reducido el personal de aseo de la escuela y porque Guarín, Viana y Uribe deseaban iniciar una reforestación ante la muerte de varios árbboles centenarios. El vivero creció con especies tropicales dispuestas para también llevarla a otras partes de la ciudad, entre las arboledas de limón, mango, uvas playeras, hasta que el Damab desapareció.

La ausencia de aseadores aumentó la preocupación por el “relleno sanitario”, como le llamó Guarín a la caja donde se depositaban toda la basura generada por la escuela. Sin reciclaje en la fuente, la caja dispuesta por la empresa de aseo Triple A, frente al vivero, recibe la mayor basura, la que se puede reciclar y la orgánica. Tres meses duró la ayuda del Damab, señalan los profesores, porque algunos funcionarios quisieron entrar y disponer de algunas plantas y árboles. La rectoría puso el freno y se acabó el encanto.

Se abandonó el vivero, algunas plantas, el programa hombricultura, que estaba generando abono y consciencia de aprovechar la basura orgánica, se volvió insostenible y algunos bonsái se rescataron y pasaron al lobby de la escuela frente al Ecoparque. El vivero se llenó de maleza y apareció un proyecto del Gobierno nacional de construir 12 aulas nuevas. El área elegida está en unos 200 metros cuadrados y donde había árboles de mieles y eucaliptos. León Uribe señala que es un área muy húmeda e inclinada. La Normal está construida con una inclinación de oriente a occidente y con las lluvias las aguas aumenta la erosión. El constructor de la obra solicitó el permiso para tumbar 18 árboles de mieles y eucalipto y el Damab pidió $4 millones cuentan en la escuela. Uribe asegura que se le demostró al Damab y al constructor que la Normal era una reserva ecológica en marzo y no se podían tumbar los árboles, se evitó el cobro, se talaron pero ahora, según el docente no hay claridad de quién asumirá la reforestación.


La pregunta necesaria es ¿por qué los concejales no han dicho nada sobre la tala de mieles cuando el Acuerdo 011 señala que para hacer cualquier construcción en la Normal “tendrá que contar con la aprobación del Concejo”? A las basuras, la tala de árboles, que en el sector occidental, en la pared de la institución, algunos transeúntes pasan y tiran bolsas de desechos hacia la escuela, y lo confirman una de las fotos de la exposición fotográfica que está abierta en el Teatro de la Escuela hasta el 11 de mayo, se suma una contradicción: El ganado, que administra el rector Germán Rivera. La Normal tiene un hato, con caballos, cerca de la piscina y las canchas de fútbol, y las vacas disponen libremente de las plantas y las reservas para su alimento. No tienen control y hasta comen pasto en la zona que sigue verde en donde se construirán las aulas. Durante la caminata por el centro educativo, el estiércol fue una prueba, y León Uribe afirma: “Su pisada es dañina para proteger las especies. Donde pisa no crece nada. ¿No somos una reserva?”.

Diego Guarín asegura que en más de 150 fotografías también se han identificado más de 50 especies entre mariposas, árboles, flores y flora.

El sueño es llevarlo a un libro o cartilla. Falta es el apoyo. Y no solo lo espera, también que las autoridades conozcan una realidad y “critiquen cómo mejorar”. La ley de educación también promueve los Prae, Programas de Educación Ambiental. “Deben ser incluidos en el PEI de las escuelas pero eso puede ir cambiando de acuerdo a su interés”, afirma un funcionario de la Secretaría de Educación. “Creo que nosotros también tenemos que comenzar. El tema es primero crear consciencia entre los más pequeños”, señala Adolfo Reyes, el representante de los estudiantes en la junta del colegio. Cuentan los estudiantes de último grado de bachillerato que hay que convocar a toda la comunidad estudiantil para empezar. “Hay profesores que no le gustan que los niños de primaria recorran la naturaleza de la Normal, porque después vuelven sudados”. “Es más importante ese contacto con el animal, con la planta que verlo en una imagen, pegarlo o dibujarlo. Es el verdadero conocimiento”, afirma Uribe.


Melva no oculta que falta más compromiso de otros profesores para unirse y empujar todos los proyectos que promuevan la reserva ecológica. Guarín apunta que tiene el mariposario en el congelador porque necesita que se promueva también la investigación. Los estudiantes también quieren: “Nosotros por el momento vamos a impulsar que comience una verdadera campaña de reciclaje”, apunta Adolfo Reyes.

El domingo 6 de mayo, la Normal la Hacienda celebró con la comunidad su aniversario 98 de fundación. Está a 2 años del centenario, la mejor razón para que el principal pulmón dentro de la ciudad, muestre que desde un atractivo caimán aguja, un tigrillo, las guacamayas, las iguanas, los patos, las ardillas que resaltan entre el follaje de los árboles y un microclima único, son razones para hacer brillar uno de los mayores tesoros naturales de Barranquilla. No es solo un orgullo de los normalistas es de todos. Primero, la defensa de la reserva debe empezar desde adentro.


FUNDACIÓN ZOOLÓGICO DE BARRANQUILLA| 2012 PÁGINAS 160-162

„Zoociedad‟ para la conservación por José Luis Rodríguez

E

s un domingo en la mañana a las afueras del zoológico, algunos vendedores ambulantes alistan sus productos mientras los primeros visitantes, en su mayoría de no más de un metro con 50 de altura, se forman frente a la taquilla. Un pendón naranja con la imagen de un tigre blanco y un tucán dan la bienvenida. Las sonrisas de emoción y los binoculares, comprados previamente, cubren las miradas de los más pequeños. El recorrido ha comenzado. El zoológico de Barranquilla, ubicado en la calle 77 entre las carreras 68 y 70, lleva más de 50 años funcionando desde su establecimiento. Hoy, es materia de estudio y debate sobre un necesario traslado a un terreno más amplio.


La historia La idea del zoológico empezó a construirse desde la década de los años treinta. El primer Ministro de Hacienda de la Costa, el señor Tomás Suri Salcedo, legó un amplio lote diagonal al Estadio Municipal a la Sociedad de Mejoras Públicas. Allí, se instaló un parque-vivero y los primeros animales fueron unas palomas domesticadas donadas por Roberto Puyana, presidente de la entidad privada. Hoy el zoológico cuenta con más de 500 animales pertenecientes a 140 especies. El 85% de su colección es nativa y el 15 por ciento es exótica. De este grupo el primer animal del recorrido es el afamado rey de la selva, el león. Los adultos desenfundan sus cámaras y celulares, buscan con la mirada al felino pero infortunadamente aún es su hora de dormir. Un joven guía explica sus costumbres de caza y apareamiento, y continúa el recorrido. Para 1952, por cuestiones de ampliación urbanística el parque-vivero fue trasladado al terreno donde hoy se encuentra el zoológico, esta vez, con el nombre “Parque-vivero Roberto Puyana”, inaugurado oficialmente en febrero de 1953.

En la década de los 80, las desaparecidas Empresas Públicas Municipales, que hasta entonces habían manejado el zoológico, entraron en crisis debido a dificultades administrativas. El Instituto Nacional de Recursos Naturales pedía el cierre del parque. Fue entonces cuando el gobierno de Barranquilla suscribió un contrato de administración en 1993 con la Fundación para el Desarrollo Integral del Caribe Colombiano, el cual fue posteriormente cedido a la Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla, creada por la Cámara de Comercio, la Fundación Mario Santodomingo, la Corporación Comité Intergremial e Interempresarial del Atlántico y la Fundación ProBarranquilla.

Falta de espacio Hoy el parque tiene un área total de 1.6 hectáreas, el 80% de sus ingresos son generados por taquilla y recibe donaciones de algunos aliados del sector privado. He aquí dos de los problemas que han inquietado a las administraciones del parque.


La falta de espacio es la principal razón por la cual el consejo directivo del zoológico autorizó el estudio de mercado que determinará el mejor lugar para su reubicación. Este según la directora de la Fundación Botánica y zoológica de Barranquilla, Farah Ajami, arrojará resultados a finales del primer semestre del año.

En el recorrido mientras una leve brisa refresca a los pequeños curiosos, el segundo animal en visitar es el elefante africano de cuatro metros y medio de alto, conocido por algunos como „Tantor‟. Tal vez es la especie que más aqueja la falta de espacio. El hábitat del elefante mide aproximadamente unos 200 mts2, un área realmente pequeña para su tamaño. Según los estándares mínimos internacionales en un zoológico el hábitat de un elefante debe medir una hectárea por cada mamífero, es decir más de la mitad del zoológico. “Sencillamente no podemos crecer, es una realidad con la que se ha trabajado tratando siempre de mejorar las condiciones de los animales. Algunas personas dicen que en el zoológico ven menos especies cada vez pero es porque nos hemos esforzado por la calidad de las hábitats, que por tener una cantidad innecesaria de animales”, señaló la directora de la Fundación, Farah Ajami, a BARRRANQUILLABIERTA.COM.

Esta problemática impide traer nuevas especies apetecidas como la jirafa o el gorila, imposibilita a muchos animales su procreación y puede generar estrés en algunos. Limitaciones financieras El zoológico sigue siendo hoy un parque público y esto durante años ha puesto a las administraciones en jaque. Los gastos que genera el zoo por año son muy elevados y el aporte financiero de empresas privadas y el exterior son quienes salvaguardan la administración.

El paseo dominical continua y a la llegada del hábitat de los monos los visitantes ven asombrados como una hembra ampara a su cría entre sus brazos mientras el macho permanece al lado de ella. Un claro ejemplo que todo aquello con un gran futuro es valioso y debe ser siempre salvaguardado. “Nuestros gastos demandan un presupuesto anual de $4 mil millones y el aporte que recibimos de la Alcaldía es muy inconstante. De esta recibimos un monto de tan solo $95 millones para todo el año, lo cual es evidentemente poco.


La mayoría de zoológicos del mundo viven del fondo del estado ya que es muy difícil que sea autosostenible, pero nosotros de cierta manera lo hemos podido lograr porque somos muy creativos y recursivos”, señaló la directora Ajami. Esta situación impide el mejoramiento de la infraestructura del parque, como las áreas de manejo, de observación y comunes, así como llevar a cabalidad la conservación de los animales.

La Fundación tiene aliados del sector privado que ayudan la labor del parque, como por ejemplo la empresa Tecnoglass que dona los vidrios de seguridad de los hábitats y están pendientes de su constante mantenimiento. “Con la pauta de algunas empresas sacamos la publicaciones de la revista Planeta Zoo que es gratuita. Obtenemos donaciones que van desde los $2.5 millones hasta los $15 millones de empresas como Tebsa, Promigas, Transelca entra otras. El talento humano Los visitantes hicieron una pausa en el hábitat de los papiones de Manto en donde se llevó a cabo una actividad de enriquecimiento. Este tipo de actividades se realizan para que los animales no olviden sus instintos salvajes y no adquieran costumbres domésticas.

Brian Torrenegra, un joven intérprete voluntario del zoo, comentó sobre la vida de esta especie e invitó a los visitantes a que hicieran parte de la actividad, como suele hacerse en ellas. “Colocaremos cacahuates, nueces y frutos en cajas y lugares donde los papiones tengan que utilizar sus sentidos para obtenerlos. Estos alimentos para ellos son como aperitivos”, señaló mientras varios voluntarios del público depositaban los alimentos en el hábitat sin la presencia de los primates. Una vez salieron todos, Brian explicó el porqué el macho dominante, quien tiene una esclavina de pelos grises en sus hombros, es el primero en salir y probar la comida. También señaló la forma como los animales implementan sus articulaciones para comer los alimentos. El equipo humano del parque que tiene un contacto directo con los visitantes consta de 14 cuidadores, 3 biólogos y 2 intérpretes de planta y un grupo aproximado de 70 guías e intérpretes voluntarios de universidades y colegios de la ciudad.


“Esto dividió mi vida en dos. Llegué el primero de junio del año pasado para hacer mis prácticas universitarias y cuando terminaron entré al grupo voluntario. Ser intérprete es una labor muy gratificante sobre todo cuando los pequeños te lo agradecen”, afirma Brian. También está el caso de muchos intérpretes y guías que comienzan desde el colegio al hacer su alfabetización, continúan como voluntarios por gusto y pueden quedar de planta en la fundación. En el área de Educación del zoo informan a los institutos, reúnen a los docentes y les enseñan el portafolio educativo. De acuerdo a las edades de los estudiantes que traerán para visitas guiadas y los temas que ven en materias como naturales y ciencias, así son las actividades realizadas en sus visitas. En la página webwww.zoobaq.org está el portafolio. No al tráfico animal Después de continuar con el recorrido por diversos hábitats como la de los pintorescos jaguares, ardillas y avestruces, los visitantes deciden irse a comer a la cafetería. El tiempo promedio de estancia allí es entre 30 a 45 minutos, tiempo que contrasta con los 3 minutos promedio de cada exhibición.

La siguiente parada es el Museo Vivo. Cancelando $2 mil los visitantes tienen acceso a una especie de plaza en donde se llevan a cabo shows con animales entrenados. Esta es sin duda una de las experiencias más educativas del zoo donde adultos y niños son ilustrados acerca de la biología de las especies, la conservación de los animales en la naturaleza y el ilícito tráfico de estos. En la actividad el entrenador de animales, Neil Díaz, muestra las características de diversas especies con acciones que hacen en frente del público. El escenario permite un acercamiento y un interacturar con las especies. El Museo Vivo es una atracción en el Zoológico, pionero en el país en este tipo de actividades. Al término de la actividad el entrenador da a conocer dos animales víctimas del tráfico animal para concientizar del error en el que incurren muchos. En este caso el público conoció a un loro cabeza azul que perdió las plumas de su cuello debido al estrés que provocó el estar en cautiverio. El loro arrancó las plumas con su pico y desarrolló un tipo de calcemia que muy difícilmente le permitirá desarrollar sus plumas otra vez.


También conocieron el caso de un tucán que al estar en cautiverio, sus dueños mutilaron sus alas y patas. Esto le impedirá de por vida al animal a llevar una vida digna sin la asistencia médica necesaria. “Los animales que cuentan con su suerte terminan en los centros de rehabilitación o en zoológicos, pero desafortunadamente a veces llegan tan graves que es imposible salvarles la vida o quedan en una condición desfavorable”, aseguró Neil Díaz. Ayari Rojano, coordinador del recurso hídrico de la Corporación Autónoma Regional del Atlántico, CRA, señala que por cada animal que es vendido en el casco urbano de Barranquilla, por lo menos 14 mueren en el proceso de transporte, debido a que van en cajas y circunstancias que atentan contra sus vidas. El acto del Museo Vivo terminó. Los grupos de visitantes continuaron recorriendo todos y cada uno de los hábitats del parque. El del tigre blanco es uno de los más asediados y el del manatí es infaltable para propios y turistas. Los menores disfrutaron y aprendieron de las enseñanzas dadas en cada exhibición. Los adultos por su parte se fueron complacidos por el agradable rato familiar que pocos sitios en Barranquilla pueden proporcionar.

La realidad La directora de la Fundación Botánica y zoológica de Barranquilla, Farah Ajami, habló con BARRANQUILLABIERTA.COM sobre la importancia del parque en la ciudad y el trabajo constante que se ejerce para la concientización de la biodiversidad. “El zoológico es un ícono de la ciudad. Es un pulmón de Barranquilla que visiono en un futuro sea un parque globalizado que cumpla con los estándares internacionales y una adecuada democratización del acceso para todo el público. Esto ha sido, es y seguirá siendo de todos”. Ajami afirmó que Barranquilla, que no es una ciudad pionera en concientización ambiental, debe empezar a hacerlo desde una la política pública. "En Colombia todavía no hay conciencia sobre las organizaciones de conservación como el zoológico y por eso muchas veces nos toca buscar cooperación en Europa y Estados Unidos. Es triste darse cuenta que ellos están más interesados en preservar nuestros animales nativos que nosotros mismos”.


La Fundación Botánica y zoológica de Barranquilla hace parte de la Asociación Colombiana de Parques, Zoológicos y Acuarios, Acopazoa, la cual permite el intercambio de especies e información con zoológicos de otras ciudades del país. De igual forma el parque ha establecido alianzas estratégicas con instituciones internacionales para desarrollar proyectos conjuntos, intercambiar tecnología y apoyo financiero para viabilizar proyectos de conservación.


TATIANA BLANCO| 2012 PÁGINAS 170-177

La vida privada del roble rosado por Tatiana Blanco

E

n una ciudad que reclama zonas verdes y la contaminación no tiene control aún, hay una biodiversidad visible en nuestros barrios que todavía conserva bongas, robles y palos de matarratón. El descontrol está a la vista, en nuestras calles, donde el fuerte olor a combustible quemado, que dejan a su paso las rutas de buses y autos que cargan el entorno con su emisión de gases, es el mayor síntoma del impacto a nuestro entorno.

Esos árboles erguidos, robustos y frondosos son la oposición y la fuerza a las nuevas formas de urbanización que promueve más edificios blancos con grandes ventanales azulados y vista al edificio de enfrente.


La atmosfera húmeda y cargada de 'smog' condiciona la existencia de nuestro mayor patrimonio ambiental: los robles rosados que pintan el febrero barranquillero. Esta clase de roble o Tabebuia rosea es un árbol nativo de los bosques tropicales que crece en México, Venezuela, Ecuador y Colombia. Su naturaleza exige climas cálidos, con mucha humedad en el suelo por eso es imposible apreciarlo en zonas frías.

Como una sala de espera de un aeropuerto congestionado, las ramas del roble reciben sus visitantes desde las 6 de la mañana cuando las cotorras carretean. La menor de una familia de iguanas trepa hasta la rama más alta para tomar su merienda: unas flores de una trinitaria que cuelga de una de las ventanas del edificio que convive junto al árbol. Una vez calienta el sol del mediodía toda esa actividad se detiene hasta que la luz baja de intensidad y la hora dorada acompaña a palomas y pequeños gavilanes. Afinan su oído y mueven la cabeza con el ruido de un carro en la calle de abajo. Se asoma la noche y la suave brisa se transforma en un viento fuerte que hace estremecer cada una de las ramas del fuerte roble que reclama su espacio. Sus ramas sirven de marco para ver la luna a lo lejos.


ALEXANDER HAYDAR|2012 PÁGINA179

La culpa no es de la lluvia por Tatiana Blanco

H

oy los problemas ambientales son percibidos de forma distinta. Existe una preocupación constante por atacar el problema ambiental desde lo local. Sabemos que no se requiere una bola de cristal para identificar que gran parte de los daños ambientales que se presentan son las contaminación del aire y del agua, ocasionado por el asentamiento de comunidades desplazadas en zonas inapropiadas para la construcción y la falta de inversión de los gobiernos para dotar a las ciudades de infraestructura básica y servicios sociales esenciales. Pero la naturaleza no es la culpable de que el acelerado crecimiento de las ciudades y su incontrolada expansión, haya generado consecuencias irreversibles.


En Barranquilla nos hemos acostumbrado a temerle a la lluvia, no es para menos después de las catastrofes causadas por la furia del agua y la falta de planificación de una ciudad que crece aceleradamente y aun conserva calles que forman caudalosos arroyos que arrasan con todo a su paso. Normalmente, cuando se avecina una tormenta podemos percibir un característico olor en el ambiente. Es el peculiar olor de cuando va a llover. Ese olor a ozono y humedad que no es más que los olores que nos rodean de forma acentuada, el cielo se encapota y los colores se tornan mas saturados. Esa belleza indescriptible de los días lluviosos es la garantía de que el agua que se encuentra en los cielos bajará a la Tierra, donde los lagos y ríos, recargarán los acuíferos subterráneos para que plantas y animales con conciencia y sin ella se alimenten. ¿Como pensar que la lluvia es sinónimo de desastre?


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