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del senador Fulbright que soñó con un mundo en el que, a través de la convivencia, los seres humanos pudieran llegar a comprenderse mejor y vivir en paz. Con el permanente apoyo de todos estos becarios, de muchos otros, y de las personas maravillosas que trabajan conmigo, planeamos seguir avanzando en la concreción de estos objetivos en los próximos años, con el mismo entusiasmo y creatividad con que lo hemos hecho hasta ahora. Norma González

Directora Ejecutiva del Programa Fulbright Becaria Fulbright 1986

La Beca Fulbright me permitió, no sólo perfeccionarme profesionalmente al obtener un doctorado en Historia Diplomática de los Estados Unidos bajo la minuciosa e inspiradora supervisión de los reconocidos profesores Robert Potash y Stephen Pelz, sino que también me brindó la posibilidad de conocer gente maravillosa, vivir momentos increíbles y compartir mi experiencia con estudiantes de los lugares más diversos del mundo. Este era el principal objetivo del Senador Fulbright cuando, al final de la Segunda Guerra Mundial, propuso la creación de un programa de becas destinado a tender puentes entre los distintos países, a crear liderazgo a nivel internacional para tratar de lograr que las personas y las naciones aprendieran a pensar en forma global, a comprender otras culturas, a ver el mundo desde el lugar de los otros, a trabajar juntos para evitar la autodestrucción de la humanidad.

Personal de Fulbright Argentina Ilustración de Tapas: Daniel Kaplan

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A mi regreso, tuve la extraordinaria oportunidad de continuar trabajando, ahora desde la dirección de la Comisión Fulbright, en la búsqueda de nuevas formas de profundizar el impacto del programa en Argentina, expandirlo y brindar, a un número cada vez mayor de personas, la oportunidad de vivir una experiencia tan rica como la que Fulbright me posibilitó. Estos años al frente de Fulbright han sido particularmente gratificantes y exitosos ya que, a partir de 1994, diversas instituciones argentinas que comparten nuestros ideales y objetivos, comenzaron a realizar importantes aportes al programa para complementar la contribución anual que venía realizando el gobierno de los Estados Unidos desde 1956, convirtiéndolo así en un programa realmente binacional, permitiéndonos triplicar la cantidad de becas que otorgamos y diversificar aún más el perfil de nuestros becarios. Las páginas que siguen cuentan las historias de muchos de estos becarios que, a través de su accionar cotidiano, contribuyen a hacer realidad la visión

A comienzos de este año, en ocasión de la histórica visita del Presidente de los Estados Unidos a nuestro país, ambos mandatarios, Mauricio Macri y Barack Obama, se comprometieron a diversificar y escalar significativamente los intercambios estudiantiles a más de 1.000 protagonistas al año. Así, las ya tradicionales becas para estudios de posgrado y estancias de investigación del más alto nivel académico cuentan ahora con 50 y 100 becarios al año, respectivamente, para intercambiar conocimientos en centros académicos y científicos de excelencia. Las becas para asistentes de idioma, cuyo objetivo es difundir el español y el inglés, y promover la calidad de la formación docente en lenguas extranjeras, han sido incrementadas para garantizar la distribución federal de becarios norteamericanos en todas las provincias y que más docentes de inglés argentinos tengan su práctica en los Estados Unidos.

En mi carácter de Ministro de Educación y Deportes de la República Argentina, es un honor participar de la celebración de los primeros 60 años de vida de la “Comisión para el Intercambio Educacional entre la Argentina y los Estados Unidos” conocida por todos como “Comisión Fulbright” en honor al Senador estadounidense que fuera su fundador. En el acuerdo de creación de dicha Comisión se formalizó el objetivo compartido por ambas naciones de promover el entendimiento entre los pueblos, a través de los intercambios educativos, como una manera de contribuir a la construcción de una cultura de paz. A partir de una inmersión educativa y cultural prolongada en el otro país, nuestros becarios pueden aprender a ponerse en el lugar del otro, enriquecen su visión de las cosas y fortalecen su identidad cultural al tiempo que se reconocen como ciudadanos del mundo. Estos años de cooperación internacional sostenida en materia educativa concretizan aquel acuerdo inicial. Particularmente, fue la cooperación con los Estados Unidos la que dio origen a líneas de acción que se han tra-

que 100.000 estudiantes de los Estados Unidos estudien en las Américas y otros 100.000 estudiantes de América Latina y el Caribe hagan lo mismo en los Estados Unidos. Estamos trabajando intensamente para alcanzar este objetivo y los aportes realizados a través de Fulbright son clave para el éxito del programa.

ducido en Programas del Ministerio de Educación y Deportes promovidos hoy también junto a otros países.

Incorporamos una nueva línea de acción vinculada a la formación de estudiantes de grado en el marco de la iniciativa “Amigos de Fulbright”, con 350 becarios al año provenientes instituciones de Educación Superior de todo el país. Asimismo, hemos lanzado un componente de capacitación para docentes, directivos y supervisores, en áreas consideradas estratégicas y prioritarias para la calidad de la formación continua la innovación pedagógica y la gestión educativa, alcanzando a un total de 500 becarios al año. Por ello, es de mi mayor agrado saludar a la Comisión Fulbright y desearle muchos años más de prosperidad y trabajo conjunto. Estoy convencido de que la fuerza de estos más de 1.000 nuevos becarios, que formarán parte de la gran iniciativa “La Fuerza de 100.000 en las Américas”, será un hito en la historia de la cooperación internacional entre nuestras naciones. Lic. Esteban Bullrich

Ministro de Educación y Deportes de la Nación.

Es un gran honor para mí ser Presidente Honorario del Directorio de la Comisión Fulbright en este año especial en que celebramos el sexagésimo aniversario de la Comisión en Argentina. Durante todos estos años, el plantel de la Comisión Fulbright, los miembros de su Directorio y los becarios Fulbright de nuestras dos grandes naciones han cambiado verdaderamente la manera en la que vemos el mundo e interactuamos entre ambos países. El Senador J. William Fulbright, fundador del programa y en cuyo honor recibió su nombre dijo que su propósito al crear este valioso programa de intercambio era “aportar un poco más de conocimiento, un poco más de razón y un poco más de tolerancia a los asuntos mundiales y así aumentar la posibilidad de que las naciones aprendan finalmente a vivir en paz y amistad”. Las Becas Fulbright nacieron de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Fue en ese entonces una gran idea y es hoy una idea aún mejor. Si bien las distancias en nuestro mundo se han acortado en las últimas seis décadas, aún persiste la potencial falta de entendimiento entre las culturas. El Senador Fulbright no creó este programa para reeditar otros en la visión de los Estados Unidos sino para brindarle a las personas las herramientas y la libertad de tomar sus propias decisiones conscientes al generar experiencias de intercambio individualizadas y aumentar su exposición a los Estados Unidos. El permanente apoyo de los Estados Unidos a esta clase de intercambios refleja nuestra creencia en el poder de las personas para transformar su propio mundo. En esta era de interconectividad, Fulbright continúa marcando el camino en el ámbito de los intercambios académicos. En 2011, el Presidente Barack Obama desafío al hemisferio a aumentar los intercambios educativos a través de la iniciativa “La Fuerza de 100.000 en las Américas”. El objetivo de esta iniciativa es

Desde la creación de la Comisión Fulbright en Argentina en 1956, miles de estudiantes argentinos y estadounidenses han tenido la oportunidad de intercambiar la experiencia de vivir y estudiar en el otro país. Estos ex becarios son parte de una red mundial integrada por más de 350.000 profesionales de 155 países. La Embajada de los Estados Unidos está sumamente complacida de ser parte de este programa que reconoce y distingue a los mejores de la Argentina en áreas tan diversas como la literatura, las ciencias, la administración pública, el derecho, la docencia, la matemática y demás ámbitos. Al vislumbrar los próximos 60 años de relación entre Argentina y Estados Unidos, podemos estar seguros que los libros de historia recordarán a un sinfín de Becarios, Estudiantes y Especialistas Fulbright y a otros participantes de nuestros programas de intercambio que contribuirán a fortalecer la relación y construir puentes entre Argentina y Estados Unidos en los años venideros. Felicitaciones a todos los participantes, docentes y a todas las personas que han contribuido a hacer realidad este programa durante los últimos 60 años. El Programa Fulbright continúa siendo uno de los mejores y más efectivos que haya sido creado en la historia de los Estados Unidos. Noah Mamet

Embajador de los Estados Unidos de Norteamérica en la Argentina Presidente Honorario del Directorio de la Comisión Fulbright

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Historia del Proyecto El programa de becas Fulbright se inició en 1946 con el objetivo de crear un intercambio educativo y cultural que promoviera el entendimiento entre los estadounidenses y los pueblos de otros países. Esta iniciativa fue presentada al Congreso de Estados Unidos por el senador J. William Fulbright, un visionario que, ante el escalofriante espectáculo de un mundo devastado por la Segunda Guerra Mundial y la bomba atómica, entendió que la mejor manera de evitar la autodestrucción de la humanidad era lograr que los pueblos y las naciones aprendieran a pensar en forma global, a comprender otras culturas y a ver el mundo desde la perspectiva del otro. Fulbright estaba convencido de que la mejor -y quizás la única- forma de que perdurara la paz, era incentivando a un gran número de personas para que vivieran y estudiaran en otros países. De este modo llegarían a conocerse, aprenderían a respetar sus respectivas instituciones, sus valores, sus culturas y a mirar el mundo a través de otros ojos. El senador describió al Programa Fulbright como “un programa modesto con un objetivo nada modesto: la creación, a nivel internacional, de un régimen más civilizado, racional y humano que el vacío sistema de poder que tuvimos en el pasado”. Fulbright dedicó gran parte de su vida a promover esta iniciativa. Más de medio siglo después, el Programa Fulbright se ha convertido en el programa de intercambio de mayor prestigio y reconocimiento en todo el mundo. Esto se debe a:

• La talla académica, profesional y humana de sus participantes • Su independencia política e intelectual • Su rigor y exigencia • Su respeto a las distintas culturas de los países que participan en el programa Actualmente participan del Programa Fulbright 166 países y, aproximadamente, 380.000 personas se beneficiaron con estas becas. Entre los becarios Fulbright hay 55 ganadores del Premio Nobel, 80 ganadores del Premio Pulitzer, funcionarios de diversos gobiernos, aclamados artistas, científicos y líderes de todo el mundo.

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La principal fuente de financiamiento del programa proviene de una contribución monetaria anual que realiza el Congreso de Estados Unidos. En 2016 su contribución fue de 240 millones de dólares. Además, organismos de gobierno e instituciones privadas de los demás países participantes contribuyen a incrementar estos fondos por medio de donaciones y programas de cooperación educativos financiados en forma conjunta. En Estados Unidos el programa es administrado por la Oficina de Asuntos Culturales y Educativos del Departamento de Estado y por un Directorio, J. William Fulbright Foreign Scholarship Board, cuyos integrantes son designados por el presidente de Estados Unidos.

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“Estoy por asumir mis nuevos cargos como director del Fogarty Internacional Center, del Instituto Nacional para la Salud (NIH), y como director asociado del NIH para la Salud Internacional. No me cabe duda de que mi interés y habilidades diplomáticas para este nuevo trabajo se pulieron durante el período en el que fui becario Fulbright. Es increíble ver el impacto que una pequeña inversión en un estudiante receptivo puede tener en los intereses, direcciones y sensibilidades futuras de una persona. ¡Sigan siempre adelante con este programa!”. Roger Glass – Becario 1968.

Fulbright en Argentina En Argentina el programa se inició en 1956 con la firma de un convenio de intercambio cultural y educativo entre los dos países. Se creó entonces la Comisión Fulbright, un organismo binacional, independiente y sin fines de lucro que se encarga de administrarlo. En la actualidad, el programa Fulbright está financiado por contribuciones de ambos países y en 2016 el gobierno argentino anuncio un importante incremento en su contribución anual al programa de Becas Fulbright para financiar 1000 nuevas becas destinadas a la capacitación de estudiantes de grado y posgrado, investigadores, docentes, y directores de escuela argentinos en los Estados Unidos.

“Durante una visita a Argentina, escuché la historia de Doña Petrona y su famoso libro de cocina y decidí escribir mi tesis doctoral sobre esta mujer tremendamente exitosa y creativa, sobre su vida, su época y su entorno. Me interesaba relacionar su historia con una historia más amplia de otras mujeres, con temas de género, de clase, de nutrición, y de la vida cotidiana en la Argentina del Siglo XX. La seguí hasta su cuna natal en Santiago del Estero donde pude entrevistar a miembros de su familia y a otra gente que la había conocido. Mi tesis doctoral fue publicada como libro, primero en inglés, en Estados Unidos y hoy en español, en Argentina, hecho que me ayudó a conseguir mi trabajo actual de profesora en Lafayette College” dice Rebekah Pite, becaria 2003

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Las becas Fulbright son altamente competitivas, con énfasis en la excelencia académica y profesional, el liderazgo y el deseo de compartir ideas y experiencias. Los primeros 29 becarios viajaron, desde distintas provincias argentinas, a Estados Unidos en 1957 y cursaron maestrías y doctorados en diversas disciplinas en prestigiosas universidades norteamericanas. Vinieron también cinco profesores estadounidenses para dictar clases y realizar trabajos de investigación en instituciones académicas de Argentina. “Fui uno de los primeros becarios argentinos que gracias a Fulbright viajamos a Estados Unidos en 1957. Antes de irme ya era ministro de la Corte de Justicia de Salta. Tenía 25 años, era joven, pero sentí la necesidad de ir para perfeccionarme. Hice un doctorado combinado de sociología y derecho; fui adjunto del penalista y criminólogo Jerome Hall, a quien luego le traduje el primer libro que se publicó en español”, recuerda conmovido Pedro David, que fue también juez del Tribunal Penal Criminal en La Haya y Director de la Comisión Fulbright. “En 1972 conocí al senador Fulbright. El fundador del programa me preguntó qué me parecía y le dije que el programa era una puerta que nos llevaba hacia un camino que no tiene límites y, al mismo tiempo, es capaz de crear transformaciones personales, sociales y culturales. Creo que es el programa de amistad más importante que Estados Unidos ha podido imaginar jamás”, dice David. Con el correr de los años el programa creció y hoy, 60 años después, ya otorgó más de 7.800 becas a ciudadanos argentinos y estadounidenses. Muchos de estos becarios han ocupado posiciones distinguidas en diversas áreas:

Artes Letras Ciencias Medios de Comunicación Gobierno Universidades y centros de investigación Estudios jurídicos y de arquitectura Empresas Desde estos lugares, han hecho importantes contribuciones para el desarrollo de una gran variedad de disciplinas y ayudaron a promover actividades conjuntas y a estrechar los lazos entre Argentina y Estados Unidos. “El Programa Fulbright fue una excepcional transición entre el colegio y la escuela de medicina. Durante el año que pasé en Buenos Aires, aprendí español, trabajé en el Instituto Di Tella y me convertí en un fanático de Argentina, su gente y su cultura. Volví 20 años después gracias a una invitación de la Organización Mundial de la Salud para participar en un congreso. En ese momento yo era el director del área de gastroenteritis viral del Centro de Control de Enfermedades, en Atlanta. Aquella visita a Buenos Aires fue como volver a casa. En el congreso todos se sorprendían al encontrar a un médico estadounidense que hablaba castellano como un argentino ¡y podía cantar

El Embajador Noah Mamet, el Ministro de Educación Esteban Bullrich, el Consejero para Prensa y Cultura Thomas Mesa y la Dra. Jill Biden firman el convenio de expansión del Programa de Becas.

tangos de Gardel y recitar estrofas del Martín Fierro!”, recuerda Roger Glass que participó del Programa Fulbright en 1968. “Actualmente hay cuatro científicos argentinos trabajando en mi laboratorio. Comparten conmigo la autoría de trabajos de investigación y ahora colaboran también en la difusión en Argentina de una nueva vacuna contra la diarrea para los chicos. ¡Nadie hubiera dicho que la semilla que plantó Fulbright iba a tener este impacto!”, dice Glass entusiasmado al ver las posibilidades que le brindó la beca. “Yo era una chica tímida de Rosario que vivía con su familia. De pronto, el impacto de salir del país y llegar a Estados Unidos fue un gran choque que me maravilló”, recuerda contenta Nelly Chiesa, una de las primeras becarias Fulbright. “De todas las experiencias que recogí, rescato la disciplina y la exigencia de las universidades norteamericanas, y el valor que los norteamericanos le dan a la democracia. De no haber atravesado esa experiencia, mi vida no hubiera tomado el rumbo que tomó”, dice Chiesa, una de las pioneras en la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad de Rosario. Entre los primeros becarios que vinieron a Argentina, se encuentra Donald Yates. “Escribí mi tesis doctoral sobre el cuento policial en Argentina. En 1962 viajé allí por primera vez con mi esposa y mis cuatro hijos. Unos meses antes del viaje, una editorial de Nueva York había publicado ‘Laberintos’, de Jorge Luis Borges, y yo, junto con otro compañero de Michigan, habíamos hecho su traducción al inglés. Borges quedó muy contento y así me lo hizo saber cuando lo conocí, una mañana en la Biblioteca Nacional. Nos hicimos grandes amigos y él me abrió muchas puertas. Regresé a Argentina

muchas veces con nuevas becas Fulbright para enseñar literatura. Para entonces, mis encuentros con Borges eran una rutina que disfrutaba muchísimo. En 1961 lo invité a dar una conferencia en Michigan State, donde yo enseñaba. Su presencia allí fue un evento memorable. En estos últimos 50 años he traducido novelas y cuentos cortos de varios autores argentinos. En 2000, el National Endowment for the Arts me dio un subsidio para traducir la obra de Edgar Brau, un escritor argentino que tenía apenas cuatro años cuando viajé a Argentina por primera vez. Han pasado casi 55 años y los beneficios de esa primera visita se siguen multiplicando”, cuenta halagado. Muchos estudiantes que obtuvieron la beca Fulbright han vuelto luego, con una nueva beca, esta vez para enseñar. “Fui por primera vez con una beca Fulbright de estudiante, en 1960, y luego con otra como profesor, en 1967. Ambas experiencias tuvieron un profundo impacto en mi formación. Como estudiante, viví con una familia argentina, tomé clases en la Universidad de Buenos Aires y pasé muchas horas en profundas discusiones filosóficas y políticas. Como resultado de esta experiencia aprendí que la visión, desde el otro lado del hemisferio, puede ser diferente a como se ven las cosas desde aquí. Mi visita posterior como profesor fue igualmente interesante. Una vez más, las charlas de café con los estudiantes fueron, quizás, la parte más valiosa de mi estadía. Muchos de ellos tuvieron carreras destacadas, incluso uno llegó a ser embajador”, recuerda Hobart Spalding, destacado historiador y autor de varios libros y artículos de historia argentina. Otro integrante del primer contingente que viajó a Estados Unidos desde Argentina en 1957 fue José María Dagnino Pastore. “Tenía

“La beca Fulbright es un hito trascendental que empieza dejando su huella en el mismo momento de la postulación a la beca, para continuar el resto de la vida profesional, académica y personal de cada uno. El proceso en el que uno participa sintetiza un cumulo muy electrizante de emociones, pues implica competencia, pero también camaradería; exigencia, pero también regocijo; espíritu cosmopolita, pero con un profundo sentimiento por tus raíces”. Diego Gorgal, experto en temas de Seguridad. Becario 2013, Georgetown University

24 años. En ese momento Argentina estaba muy aislada. No se podía vivir el mundo ‘en tiempo real’ como sucede actualmente. Hablar por teléfono a otro país o viajar, era muy caro. En ese contexto, tener la oportunidad de ser un becario Fulbright significaba una enorme apertura”, recuerda este ex ministro de Economía. “Obtener una beca fue salir del cascarón y cambió totalmente el curso de mi vida. Volver a Argentina me permitió devolver lo aprendido y tener muchas oportunidades”, dice. La Comisión Fulbright, además del programa de becas, ofrece asesoramiento educativo sobre estudios en Estados Unidos a individuos e instituciones, y cuenta con una biblioteca que dispone de una amplia variedad de catálogos de universidades, bases de datos y libros de consulta.

La Dra. Emma Sepúlveda, integrante del Directorio en EEUU, visita al Ministro Bullrich para agradecerle su apoyo al programa Fulbright

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Nuestros Socios

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esde la creación del programa y hasta 1994, la totalidad de los fondos para financiar las becas Fulbright provenían exclusivamente del gobierno de Estados Unidos. A partir de este año, el Ministerio de Educación y otras instituciones privadas y públicas de Argentina comenzaron a compartir su financiamiento a través de donaciones y acuerdos de cooperación educativa. Estos acuerdos son muy exitosos ya que permiten hacer un uso más eficiente de los respectivos recursos y experiencias, dar mayor visibilidad al programa, y maximizar las ventajas para los becarios.

“La Fundación Bunge y Born considera que su alianza con Fulbright ha constituido un hito en su vida institucional. Para la Fundación Bunge y Born, promover la excelencia académica y profesional es uno de los objetivos en materia educativa, y el acuerdo con la Comisión Fulbright le permitió diversificar su oferta de becas. En un primer momento, ofrecimos becas para Master en el campo de la agronomía y de la ciencia y tecnología de alimentos. A la vez, apoyamos por más de 15 años, el programa de intercambio de directores de escuela. Y desde 2007 otorgamos becas doctorales, con el propósito de brindar apoyo a jóvenes profesionales que trabajan en ciencia para que puedan avanzar y completar sus proyectos de doctorado; y perfeccionarse, en instituciones científicas de universidades en los Estados Unidos”. Dr. Gerardo della Paolera, Director Ejecutivo, Fundación Bunge y Born “El Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires intenta desde su creación, estar a la vanguardia en proyectos relacionados a la gestión del servicio de justicia y busca brindar oportunidades de formación y capacitación en centros de excelencia a sus funcionarios y magistrados para contribuir a jerarquizar la comunidad de profesionales que

intercambio académico argentino – norteamericano cuyo financiamiento, que ascendió a 610.000 dólares, compartieron. Fueron 68 los beneficiarios de estas becas. En la mayoría de los casos, las ayudas contribuyeron a financiar estudios o estadías de investigación de argentinos en Estados Unidos, pero también hubo académicos norteamericanos que viajaron a Argentina. Las becas fueron, fundamentalmente, para el perfeccionamiento de ejecutantes musicales, periodistas, estadías de investigación de académicos argentinos en universidades y laboratorios de Estados Unidos, y estadías semejantes de académicos norteamericanos en universidades y laboratorios de Argentina”, recuerda José Xavier

Martini, quien fuera director ejecutivo de la Fundación Antorchas. “Ser becario Hubert Humphrey fue un momento clave en mi vida. Me permitió tener un tiempo muy valioso para reflexionar sobre los logros obtenidos hasta el momento, y como proyectarlos en mi futuro profesional y personal. Fue una experiencia única! Al regresar pude devolver mucho de lo que recibi de Fulbright ayudando a desarrollar convenios de costos compartidos con instituciones argentinas para poder brindar a muchos otros jovenes las mismas oportunidades que yo tuve” dice Christian Asinelli, becario Humphrey.

Becario Cristian Asinelli junto al Papa Francisco.

Alumna de escuela de Brooklin, New York, durante la visita de becarios Fulbright

Yamila Etulain, becaria 2014

Pablo Bereciartua, becario 1996 Maria Falco, asistente de idioma 2005 con un grupo de estudiantes

Investigador Andrés Novaro

Carlos Gervasoni, becario 1993.

Jessica Holtzman, becaria de EE. UU. 2015

Franco Borrello, becario 2014

Pablo Eoria, becario 2001 en la universidad de Princeton

Con las contribuciones de instituciones argentinas, la Comisión Fulbright pudo triplicar el número de becas que ofrece. En los últimos quince años se otorgaron 3.038 becas por un valor de 34 millones de dólares. El 56% de los fondos con los que se financiaron fue proporcionado por el gobierno de Estados Unidos y el 44% provino de fuentes argentinas. trabajan en el marco del sistema judicial de nuestra ciudad. Encontramos en la Comisión Fulbright de Argentina un excelente socio por su gran experiencia, trayectoria y responsabilidad. Desde el inicio de este programa, 25 becarios han realizado sus maestrías e investigaciones en Estados Unidos, en temas de gran importancia”, cuenta Enzo Pagani, Presidente del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires.

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“Durante siete años, entre 1999 y 2005, la Comisión Fulbright y la Fundación Antorchas ejecutaron, en colaboración, un programa de

Emily Miller, asistente de idioma 2004 con sus alumnos de Río Cuarto

Tamara Vinacur, becaria 2005 y Alejandro Catterberg visitando escuelas

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Binacionalismo Uno de los rasgos distintivos del programa Fulbright es su carácter binacional, que ha sido fundamental para su éxito y contribuyó a lograr que cada país se sienta protagonista. La decisión de organizarse de esta forma, refuerza la idea de que debe existir respeto por las opiniones del otro. En Argentina, al programa lo administra un directorio integrado por representantes de ambos países. Las prioridades en las tomas de decisiones se fijan teniendo en cuenta las necesidades locales. Los miembros del directorio son elegidos por su prestigio profesional y académico y brindan, con gran generosidad, su tiempo y experiencia para la conducción del programa. “Ser parte del directorio de Fulbright fue una de las tareas más satisfactorias de mi trabajo en Argentina ya que me permitió conocer gente fascinante. Científicos, matemáticos, docentes de escuela, politólogos, arquitectos y muchas otras personas que realizan tareas muy importantes para sus comunidades y su país. Es una gran responsabilidad ser una de las personas que participa del proceso de selección de quienes obtendrán una beca Fulbright por su importancia y cómo modifica la vida de aquellos que reciben la ayuda. El programa Fulbright constituyó una parte importante de las relaciones entre Argentina y Estados Unidos en el último medio siglo y espero que continúe jugando ese rol por otros 60 años y muchos más”, dice halagado el Tom Haran, Agregado Cultural de la Embajada de Estados Unidos en Argentina, 2002.

el día en que pudiera postularme a una beca Fulbright para hacer investigación en Historia de América Latina , nunca hubiera soñado que un día podría presidir el Directorio de la Comisión Fulbright y tener la oportunidad de participar personalmente en al adjudicación de las becas. Como dice el refrán, es mejor dar que recibir. El Senador J. William Fulbright tuvo la visión de crear vías de acercamiento y conocimiento mutuo entre las personas y las naciones, fortaleciendo la libertad académica y ayudando a jóvenes destacados a capacitarse. Esta vision sigue siendo hoy mas fundamental y vibrante que nunca. En una época en la que la tolerancia está bajo ataque y los emisarios del odio y el rencor levantan sus voces aún más alto, es importante defender aquellos espacios que siguen protegiendo la diversidad y brindando un espacio a las voces de los que valoran la libertad y la dignidad de los individuos. En uno de sus hermosos tangos, Carlos Gardel dice que “veinte años no es nada” y quizás tenga razón, pero sesenta años si debe de contar para algo. Creo fervientemente que,

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“Cuando la Comisión Fulbright me invitó a ser parte de su directorio acepté de inmediato. Creo que es muy importante la existencia de comités binacionales que ayuden a precisar las necesidades de cada país y afinar, en función de ellas, la selección de los becarios. La gran tarea de la Comisión Fulbright en la formación de varias generaciones de docentes y profesionales ha mejorado la calidad intelectual y moral tanto de Argentina como de Estados Unidos. Esta misión necesita el apoyo de instituciones locales que puedan contribuir a ampliar los recursos de financiación y a extender los beneficios del programa a más jóvenes de nuestro país.”, explica el Dr. Guillermo Jaim Etcheverry, rector de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

“La Comisión Fulbright tiene la capacidad de transformar el programa de becas doctorales y de maestría en un concepto más amplio. La ‘experiencia Fulbright’ es un proceso de mutua exposición a la cultura, la vida social y académica que deja en quienes la hemos transitado un espíritu de integración y entendimiento perdurables”. Gerardo Bozovich, Director Académico de Favaloro.

“Cuando hace sesenta años se creó el Programa Fulbright, todavía vivíamos bajo la influencia del paradigma de la denominada “Sociedad

“Tuve el honor de ser invitado a ser miembro del directorio de Fulbright y no lo dudé. Pienso en la Comisión Fulbright como una ‘generadora de oportunidades’. Oportunidades para transformar vidas al proveer experiencias que siempre son enriquecedoras gracias al valioso hecho de ponernos en contacto con otras culturas. Este año Fulbright cumple 60 años en nuestro país en los cuales se ha realizado un gran enriquecimiento entre personas y pueblos, y se construyeron fuertes puentes de conocimiento. ¡60 años de oportunidades!”, dice contento Julio Saguier, presidente del diario La Nación. Ha sido un gran honor para mí presidir el Directorio de la Comisión Fulbright durante estos dos años. Cuando era un estudiante de posgrado en Estados Unidos y me preparaba para

en estos sesenta años que han pasado, el Programa Fulbright ha sido fiel al sueño del Senador Fulbright y que, tanto Argentina como los Estados Unidos, se han visto enriquecidos por aquellos que hoy pueden, con orgullo, llamarse a sí mismos becarios Fulbright.

Becarios de Fulbright y la Fundación Bunge y Born.

Industrial”, donde se postulaba que la riqueza de las naciones y el bienestar de sus pueblos dependía de su capacidad de agregar valor agregado

industrial a su producción primaria, Ahora ya queda claro, en el mundo entero, que el principal factor de desarrollo sostenible es el conocimiento. Así, resultan de gran valor: la clarividencia del senador Fulbright para avizorar la llegada de estos nuevos tiempos y la generosidad de los EE UU, que abrió las puertas de sus universidades y facilitó la implementación del Programa de Becas Fulbright - hoy reconocido como uno de los mejores del mundo - para poner a disposición de todos el conocimiento generado internamente. Tengo el honor de haber integrado el Directorio de la Comisión Fulbright de Argentina durante varios años. Ahora, como Secretario de Estado de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Provincia de San Juan me alegro de haber generado un Programa de Becas especialmente para postulantes de mi Provincia, programa que está en plena ejecución. Por eso, junto con mis felicitaciones a todos los que llevan adelante el Programa Fulbright en Argentina por estos 60 años de fructífera existencia, creo tengo derecho y conocimiento como para hacer una breve evaluación de las consecuencias de su aplicación en mi país, que resumo en tres resultados meritorios. Primero: ha puesto el conocimiento de las mejores universidades norteamericanas a disposición de nuestros buenos profesionales, lo que ha contribuido a crear mejores condiciones de desarrollo para nuestro país en esta nueva “Sociedad del Conocimiento”. Segundo: ha permitido generar lazos de cooperación académica y científica entre profesionales e instituciones de Argentina y EE UU, que servirán para favorecer el trabajo interdisciplinario en equipo, imprescindible para enfrentar el desafío de la sostenibilidad mundial. Tercero: ha permitido fortalecer la integración cultural entre miembros destacados de ambos países, necesaria para fortalecer lazos de amistad y confianza en busca de la paz mundial.” Ing. Tulio Abel Del Bono, Secretario de Estado de Ciencia, Tecnología e Innovación, Provincia de San Juan.

“Destaco mucho el hecho de vivir en una comunidad universitaria extremadamente cosmopolita. La posibilidad de conocer gente de todos los continentes nos permite comprender mejor sus costumbres, creencias y valores. Es una experiencia invaluable e inolvidable. Ser becaria Fulbright me abrió las puertas del mundo” María Laura Federico. Becaria Fulbright-Bunge y Born 1999

Carolina Fernández y Mariano Turzi, becarios 2005.

Franco Borrelo, becario 2014.

Martín Olmos, becario 2014 con el Vicepresidente de los EE.UU., Joe Biden.

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“Poco a poco, entre conferencias sobre las respectivas literaturas, cenas chinas y uno que otro paseo a Chicago o a la desolada Des Moins, el esperado milagro se produjo. Después del desconcierto de los primeros tiempos casi todos nos largamos a escribir con verdadero empeño. Por mi parte, regresé a Buenos Aires habiendo casi concluido el libro más transgresor de mi carrera, ‘El Gato Eficaz’, que quizá refleje, con todas sus aristas, la eficacia de la beca”. Luisa Valenzuela – Escritora – Becaria 1969

Proceso de Selección L

a forma en que se selecciona a los becarios Fulbright es uno de los rasgos más distintivos del programa y contribuyó a cimentar su reputación en todo el mundo. Se basa en el mérito individual y se realiza por medio de procesos abiertos y transparentes en los que se privilegia:

La excelencia academica La capacidad de liderazgo El compromiso con el país al que dedicaran su trabajo y sus conocimientos al regresar El objetivo de la beca Fulbright no consiste sólo en permitir al becario especializarse en un área de estudio, sino también en formar líderes que puedan contribuir a un mejor entendimiento entre los países que participan del programa. Sesenta años de historia y trayectoria de los becarios Fulbright avalan lo acertado de los métodos de selección.

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Marina Carbajal trabaja en el Ministerio del Interior en el Programa de Reforma Institucional y fue becaria en la Universidad de Nueva York en 2000. “Fueron años de crecimiento, apertura, desarrollo personal. Para algunos, especialmente para quienes no vivieron la experiencia Fulbright, se trata solo de una beca, una puerta de entrada que permite estudiar. Para mí fue una guía, el marco de contención, la posibilidad de compartir una vivencia común con pares de otras nacionalidades, de otras disciplinas. Conocí personas extraordinarias que compartían conmigo tanto el deseo de superación como las ansias de conocer y experimentar un mundo distinto con gente diferente y aun así tan similar. Construí amistades que continúan a la distancia. Conocí el mundo a través de las personas. Soy de quienes creen que es un deber moral de cada uno brindar en función de lo que ha recibido, brindar el máximo de nuestra capacidad, como si acaso cada una de las ventajas que tenemos deba ser recompensada con un esfuerzo similar. Con el tiempo ingresé a trabajar en el Gobierno de la Ciudad y desde ahí tuve una de las mejores oportunidades para promover y multiplicar la maravillosa oportunidad que la vida me había

dado. Desde el Ministerio de Educación, con la Comisión Fulbright, desarrollamos e implementamos tres programas para que estudiantes, profesores de escuelas y directores pudiesen tener una experiencia Fulbright. En los tres años que pasaron desde que surgió la idea más de 100 personas participaron de los programa Masters, intercambio de directores de escuela y profesores de inglés.” dice Los becarios cuentan que sus vidas cambiaron a partir de la experiencia a la que accedieron gracias a la beca. “La experiencia de la beca Fulbright tuvo un efecto muy significativo en mi vida profesional y personal. Me permitió realizar una maestría en una universidad de Estados Unidos, que me ayudó luego a obtener otra beca para terminar mi doctorado. Creo que mi experiencia contribuye a que colegas y alumnos decidan hacer sus postgrados en Estados Unidos. En lo personal, allí conocí a mi esposa, una bióloga norteamericana con la que ahora compartimos un proyecto personal y de trabajo en Argentina. Además, tenemos una hija que se ha criado en dos culturas simultáneamente, lo que ayuda a que sea una persona maravillosa”, cuenta satisfecho Andrés Novaro, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicet) y de la Wildlife Conservation Society, en Neuquén. “El año que pasé en Argentina como becaria Fulbright fue uno de los más importantes de

Bbecarios de Estados Unidos 2014

mi vida. Argentina se volvió mi segundo hogar. Comí su exquisita comida, vi sus obras de teatro, asistí a sus conciertos, visité sus bibliotecas y museos, viajé por ese magnífico país haciendo entrevistas, participando de marchas y haciéndome amiga de sus generosos y cálidos ciudadanos. La beca me permitió continuar con mi investigación sobre las Madres de Plaza de Mayo y focalizarme en la división que sufrió el grupo en 1986. Las Madres reaccionaron frente a las acciones del gobierno militar, durante la última dictadura, y se apropiaron de la Plaza de Mayo, una de las más importantes del país. Como una organización única, reclamaron en ese espacio desde 1977. Las madres se transformaron en la conciencia moral y el ejemplo ético de la nación. Este ejemplo impactó tanto en mi vida que me transformó en un activista por la paz y los derechos humanos en mi país. He vivido en otros países antes y después de Argentina, pero allí encontré mi verdadera voz, mi musa académica, y mi familia internacional”, dice apasionada Sarah Schoellkopf, una estudiante de Estados Unidos que realizó la investigación para su tesis de doctorado en Buenos Aires. “Obtener un doctorado en economía en la Universidad de Pennsylvania me posibilitó dar un significativo salto profesional que me permitió luego ocupar un cargo directivo en la universidad de San Andrés. Gracias al programa Fulbright viví grandes experiencias,

como trabajar dos veranos en Wall Street, ser invitado a la Reserva Federal de Minneapolis e interactuar con algunos premios Nobel y economistas prestigiosos. En el plano familiar, mi esposa dice que ahora ayudo mucho más con las tareas de la casa!”, cuenta Marcos Buscaglia, economista jefe para América Latina del Bank of America. Las ganas y los desafíos se ven superados por las vivencias y, con el correr de los años, la evaluación que hacen los becarios de sus experiencias es muy positiva. “Me había ido de Argentina en 1999 siendo una joven deseosa de conocer nuevas culturas y de encontrar nuevos caminos, pero a la vez temerosa del futuro. Hoy, seis años más tarde, me dedico a lo que me gusta al trabajar en el Instituto Internacional de Planeamiento de Educación de UNESCO. Vivo de mi trabajo y sé que, con mi tarea, contribuyo a construir un mundo mejor para dejarle a mis hijos”, dice Mariana Clucellas, que realizó su maestría en Política Educativa en la Universidad de Harvard gracias a una beca Fulbright.

“La beca Fulbright me permitió acceder a profesores del más alto nivel y compartir clases con estudiantes de todo el mundo. Estos vínculos me permiten hoy seguir en contacto con personas que comparten ideales y una formación similar a la mía y que forman parte de esta red de ciudadanos del mundo que genera Fulbright”, comenta Hernán Charosky quien, a su regreso, fue Director de Poder Ciudadano, organizó el primer debate presidencial en Argentina, y es actualmente Subsecretario de Reforma Política en el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. “Las experiencias que tuve a partir del intercambio Fulbright transformaron completamente mis gustos, perspectivas y redes de contactos. Fue en mi viaje a Argentina, en 1977, donde desarrollé mi afición a las largas conversaciones acompañadas por un maravilloso ‘espresso’ décadas antes de que Starbucks existiera. La oportunidad para ir a óperas y ver obras de teatro y películas europeas, expandió mis horizontes de la misma manera que lo hizo el intercambio de ideas con los historiadores locales. En 2000 volví a Argentina con una se-

“Encontré el programa académico que cubría mis aspiraciones, con un cuerpo docente de primer nivel. Volver a ser alumna después de tantos años de docencia fue un placer”. Silvina Berti. Profesora de Ciencias de la Comunicación, Universidad Nacional de Río Cuarto. Becaria 1998 “Siempre estaré agradecida por la experiencia extraordinaria del Programa Humphrey, que administra la Comisión Fulbright. Constituyó un punto de inflexión en mi vida profesional”. Asunción Zumárraga. Directora de Proyectos de la Fundación Bunge y Born. Becaria 1988

Rebeka Pite, Profesora Visitante 2016

Marina Carbajal, becaria Fulbright 2000 y Adrián Pérez, becario Humphrey 2012

gunda beca Fulbright. Además de facilitar mi investigación, esta beca me ofreció una nueva experiencia, la de enseñar en la Universidad de Buenos Aires. Fue el mejor y más estimulante curso que haya dictado jamás. También pude reflexionar acerca del significado de la democracia. La comida que como, la música que escucho y los eventos culturales a los que asisto, revelan mis gustos influenciados por mis visitas a Buenos Aires. Todos los días escribo o leo acerca de la historia argentina”, describe Sandra McGee Deutsch, esta cálida profesora de historia de la Universidad de Texa “Fulbright marco mi vida y me dio oportunidades que nunca hubiera podido imaginar. Me abrió nuevos horizontes, me fortaleció y enriqueció como persona y fue luego una herramienta invaluable para mi trabajo en el Ministerio de Relaciones Exteriores de mi país, en el que tendría que interactuar con diplomáticos y funcionarios de todo el mundo” Carolina Fernández . Economista. Becaria 2005 Los profesores e investigadores de ambos países también valoran enormemente el intercambio que el Programa Fulbright estimula. “Las posibilidades de colaboración entre académicos norteamericanos y latinoamericanos son, en general, reducidas. Tuve la suerte de conocer a un profesor de la Universidad de Hawai a través de algunos proyectos de investigación que venía realizando. Este profesor

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obtuvo una beca de investigación Fulbright y yo la gané al año siguiente. Estos intercambios permitieron que cada uno trabajara en el instituto del otro. Compartir el día a día supera en mucho a la colaboración que se puede lograr a través de medios electrónicos. Y obtuvimos más frutos de los que esperábamos ya que concretamos diversos proyectos, entre los que sobresale la instalación exitosa de la estación permanente GPS más alta del mundo. La colaboración iniciada y sustentada por los intercambios Fulbright permitió sumar los esfuerzos de varias personas e instituciones, y hoy contamos con una estación operando en la cumbre del cerro Aconcagua, a 6.962 metros de altura, monitoreada de manera remota y que proveerá información de inestimable valor para estudios de geodinámica, modelos sísmicos, estudios atmosféricos y, posiblemente, varias nuevas aplicaciones”, cuenta entusiasmado Jorge Barón, vice-rector de la Universidad Nacional de Cuyo. Poder analizar las situaciones en el contexto donde ocurren, es un punto muy valorado entre los investigadores norteamericanos. “En mi área, las relaciones internacionales y la política exterior, es esencial llevar a cabo investigación de campo. El programa Fulbright me brindó la extraordinaria oportunidad de llegar a Argentina, establecer contactos profesionales y testear ideas e hipótesis con politólogos y analistas locales. En una situación que evoluciona rápidamente como el Mercosur, tener una base en Buenos Aires me permitió tener fácil acceso a Uruguay y Brasil, y poder seguir de cerca el debate en la prensa local sobre la integración regional. Es la mejor experiencia directa que pude tener”, analiza Riordan Roett, director del Programa para el Hemisferio Occidental de la Paul Nitze School of Advanced International Studies en Johns Hopkins University.

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“¿Qué puede ser más desafiante, revelador y enriquecedor que la inmersión en otra cultura? Un tour rápido por varios países puede permitirnos recitar una larga lista de lugares por los que pasamos, pero eso no puede compararse con la experiencia de vivir en otro lugar. No hay nada como comenzar a comprender gradualmente el sentido de los ritmos y texturas inherentes a una cultura, los tipos de cosas que son a menudo invisibles y tácitas para aquellos que viven inmersos en ella. Es cuando finalmente los sonidos y los aromas se vuelven menos extraños, los complejos y misteriosos patrones sociales se vuelven familiares, y cuando uno ha acumulado los suficientes errores, que la experiencia se vuelve más rica. La experiencia Fulbright ofrece todo esto y mucho más. Cuando comencé mi trabajo en Argentina, en 1989, el

“Obtener una beca Fulbright me permitió, más allá del dinero, introducirme en una cultura nueva y sentirme acompañado”. Gabriel Fidel. Ex Ministro de Economía de la provincia de Mendoza. Becario 1991

“Si todos en el mundo pasáramos por la experiencia de ver y vivir lo que hay ‘más allá’ durante unos años, el mundo sería un mejor lugar para todos”. Mariano Sironi. Director Científico del Instituto de Conservación de Ballenas. Becario 1998

Julia Pich, becaria 2004 en el campus de Wheaton College.

Mariana Falco, asistente de idioma 2005 y Janet Gould participante del Intercambio de Profesores 2002, compartiendo una clase en Estados Unidos

María Clara Tarifa, becaria Fulbright Fundacion Bunge y Born 2016

país estaba saliendo de la oscura sombra de la dictadura militar. Incertidumbres políticas, crisis económicas, hiperinflación y transformaciones institucionales y culturales brindaban el escenario perfecto para mi investigación acerca de la privatización de los medios de comunicación y el impacto de la televisión en los adolescentes durante la transición a la democracia. Profesionalmente, la beca Fulbright tuvo como resultado un libro, contribuyó enormemente a mis tareas docentes, y generó muchos contactos importantes y oportunidades para futuras colaboraciones en la investigación. A nivel personal, mis experiencias Fulbright tuvieron un impacto profundo y cambiaron la vida de mi familia”, cuenta Michael Morgan, director

Lloyd Lorch Nimetz , E​ studiantes de Estados Unidos 2001

del Departamento de Comunicación de la Universidad de Massachusetts que ganó dos veces la beca Fulbright para realizar investigaciones en Argentina en 1989 y en 1996.

“El programa de intercambio Fulbright me permitió conocer las costumbres, los sentimientos y la vida de mis colegas y vecinos, de los hombres y mujeres comunes de Estados Unidos. Gracias a ese contacto tengo una impresión muy diferente a la de los estereotipos que, a veces, se difunden en América latina”. Roberto Cortés Conde. Profesor Emérito de Historia Económica en la UdeSA.

Los docentes argentinos valoran la posibilidad de conocer un país como Estados Unidos, de investigar y vivir allí por un tiempo. “Desde los años ’60 aprendí a apreciar y debatir sobre una gran potencia que se mueve entre la fuerza y la legalidad, entre el poder y la autoridad, con suerte diversa. Cultivé mi disciplina preferida, la Ciencia Política. En Estados Unidos definí aquella preferencia a través de maestros como Robert Dahl, Giovanni Sartori y Hans Morgenthau. Esas experiencias se tradujeron en pro-

gramas actualizados surgidos de entrevistas privilegiadas con académicos y profesionales especialistas en diferentes dimensiones de la sociedad y el gobierno norteamericanos. Esos seminarios representan mi aporte docente y de investigación en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad de San Andrés, y en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación”, decia Carlos Floria, prestigioso académico argentino.

“Mi investigación actual sobre Argentina se centra en los impactos sociales de la crisis de finales de los ‘90, un tema tan complicado que no hubiese podido explorar de no haber sido por el mundo académico y político increíblemente rico que la beca Fulbright abrió para mi hace diez años”. Carol Wise. Profesora de Relaciones Internacionales, University of Southern California – Becaria 1996

Los docentes e investigadores norteamericanos destacan especialmente la formación profesional y las vivencias personales que tuvieron durante el tiempo que pasaron en Argentina. “La beca Fulbright me permitió realizar una transición de la práctica privada del derecho inmigratorio y sin fines de lucro, a la academia. Regresé de Argentina renovada y decidida a encontrar un espacio en la academia. Un año más tarde, comencé con la primera clínica sobre inmigración en la Escuela de Derecho de la Universidad de Texas. Volví a Buenos Aires el año pasado, con el apoyo de la Escuela de Derecho de la Universidad de Texas, para ayudar en el lanzamiento de la primera clínica de inmigrantes y refugiados en Argentina. Nada de esto hubiera sido posible sin mi beca Fulbri-

Pablo González, becario 1996

“Al llegar a Estados Unidos, la calidez de la gente de Fulbright en Boston nos ayudó a hacer un poco más fácil el aterrizaje. Al graduarme, uno de los primeros llamados de felicitaciones fue el de mi asesor de Fulbright, siempre presente en los momentos importantes”. Lorenzo Preve. Director de la Maestría en Administración de Empresas en la Universidad Austral. Becario 2000

ght”, dice Barbara Hines, profesora de la Escuela de Derecho de la Universidad de Texas. “Desde abril hasta noviembre de 2005 viví en Río Cuarto, en la provincia de Córdoba y trabajé como asistente de idioma en la Universidad Nacional de Río Cuarto. Di clases a más de cien alumnos y debatimos sobre una amplia variedad de temas: el inglés coloquial, la pobreza en Argentina y en Estados Unidos, la música popular, el 11 de septiembre y sus efectos, y los hábitos alimentarios en ambos países. A menudo estas conversaciones continuaban fuera de la clase. Pasaba mucho tiempo con mis estudiantes -muchos de los cuales se convirtieron en mis amigos- charlando y tomando mate. En Córdoba aprendí el valor de las relaciones con la familia y los amigos, y lo importante que es encontrar y mantener un balance apropiado entre la vida y el trabajo”, reflexiona Emily Miller, de la Rochester University en Nueva York. A partir de las becas Fulbright, se afianzan intercambios y se firman nuevos convenios que permiten continuar y enriquecer las relaciones entre académicos y estudiantes de los dos países. “En la ciencia matemática, a la que me dedico, el intercambio de ideas y enfoques con

otros investigadores es fundamental en la investigación. En un congreso conocí a Akram Aldroubi, de la Universidad de Vanderbilt en Nashville. Vimos que teníamos intereses científicos en común y semejanzas en nuestras formas de pensar y trabajar. Entonces acudí a la Comisión Fulbright y pude visitar a Akram durante tres meses. Fue una experiencia extraordinaria. No sólo desarrollamos con éxito el proyecto que presentamos, sino que surgieron nuevos proyectos. Entonces nos postulamos para una nueva beca Fulbright destinada a proyectos de cooperación entre ex becarios, con un proyecto conjunto entre la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de Vanderbilt, para la formación e intercambio de alumnos de postgrado de ambas universidades. Así, consolidamos y profundizamos nuestra relación profesional. Y, más importante aún, es que hemos desarrollado una gran amistad que nos ha enriquecido inmensamente”, dice orgulloso Carlos Cabrelli, profesor en el Departamento de Matemática de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

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Impacto La experiencia de vivir en otro país por un período de tiempo prolongado tiene un gran impacto en la vida de los becarios, y provoca en ellos cambios de tal magnitud a nivel personal y profesional, que es muy frecuente escucharlos referirse a sus vidas en términos de ‘antes’ y ‘después’ de Fulbright. Desde el punto de vista profesional, este tipo de experiencias permiten profundizar la capacitación académica y técnica, y adquirir los conocimientos y destrezas necesarios para poder desempeñarse con éxito en el mundo globalizado. Al mismo tiempo, vivir en otro país produce una serie de cambios en la persona y en su forma de ver el mundo. El desafío de tener que aprender nuevos códigos obliga a profundizar la propia capacidad para resolver problemas, a desarrollar el pensamiento crítico, a cruzar las barreras del idioma y la cultura. Además, brinda la oportunidad de aprender no sólo sobre ese país, su gente y su cultura, sino también sobre el propio país y sobre cada uno. Permite tomar distancia, verse a través de otros ojos, desde otras perspectivas. Ayuda, también, a volverse más flexible, más tolerante, a aprender a aceptar puntos de vista diferentes, a respetar y valorar la diversidad. Y, fundamentalmente, ayuda a descubrir la gran cantidad de cosas que los seres humanos tienen en común, aún en medio de las diferencias. Eleanor Kinney, profesora de la Escuela de Derecho en la Universidad de Indiana. Al terminar su beca Fulbright en Argentina, gestionó un subsidio Fulbright de 150.000 dólares para organizar un programa de dos años que incluía

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Asistentes de Idioma 2015: Nicholas Schcolnik; Elizabeth Kellett-Forsyth; Michael Shea y Sam Atkeson.

el intercambio de docentes y alumnos, y la organización de una conferencia internacional entre la Universidad de Indiana y la de La Plata. “Vivir y trabajar en otro país abrió mi cabeza profundamente y la beca Fulbright me ofreció esta oportunidad. Vine a Argentina en 1999 con mi esposo y mi hija de 13 años. La lección que aprendí durante mi año Fulbright es cuán aislados están los académicos estadounidenses. Dadas nuestras limitaciones lingüísticas, usualmente sólo leemos artículos y libros escritos en inglés, ¡y nos perdemos mucho! Cuando volví a Estados Unidos, mis colegas de la Universidad Nacional de La Plata y yo solicitamos y recibimos otra beca Fulbright para crear un programa de intercambio entre nuestras dos universidades que permitiera extender esta oportunidad de intercambio a más profesores y estudiantes”, dice Kinney contenta. “Las palabras clave que describen mi experiencia como becario Fulbright son ‘nuevas perspectivas’. Me sorprendió cómo el sistema educativo maneja buenas oportunidades de forma tan eficiente con personas de origen tan distinto. En el laboratorio donde trabajé, había estudiantes y profesores de India, Turquía, China y Noruega. ¡Y todos trabajábamos con un objetivo común!”, recuerda Juan Cousseau, profesor del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Nacional del Sur. “En 2001 viajé a la Argentina como parte del programa Fulbright-Hays. Nunca soñé con ver una puesta de sol en tonos rosas, naranjas y rojos, en un desierto recortado por siluetas

de cactus muy parecidos a los ‘saguaros’ de mi Arizona natal. Pero sucedió en Jujuy, en el noroeste argentino. La geografía, la comida y la gente amigable me resultaron tan seductoras que volví en 2002 como profesora de intercambio del programa Fulbright. Estaré por siempre en deuda con el senador Fulbright y la Comisión por haber hecho esta enorme y positiva diferencia en mi vida”, dice Janet Gould, profesora de historia en Central High School en Phoenix. “Fulbright es un premio al esfuerzo y a la dedicación, es la posibilidad de entender otras culturas y de repensar la propia”, dice Pablo Bereciartua, Subsecretario de Recursos Hídricos, Ministerio del Interior de la Nación y profesor del Instituto Tecnológico de Buenos Aires, becario Fulbright en 1996. El programa Fulbright tiene un gran efecto multiplicador ya que, durante su estadía en el otro país, cada becario interactúa con cientos de individuos y esto le brinda la oportunidad de establecer vínculos con colegas e instituciones del otro país. “En 1995 gané una beca Fulbright de investigación para realizar mi tesis doctoral. Trabajé en la Universidad de Buenos Aires y en la Biblioteca Nacional. Vivir en Buenos Aires me permitió consultar archivos no disponibles en Estados Unidos. Recientemente recopilé trabajos realizados en colaboración con colegas argentinos en un libro que fue premiado por el “Middle Atlantic Council of Latin American Studies”, cuenta orgullosa Regina Root, profesora del Departamento de Lenguas Modernas y Literatura en The College of William and Mary. “Mi primera estadía en Argentina con una beca Fulbright fue en 1986. En esa época yo era un estudiante de postgrado y preparaba mi tesis. El personal de la Comisión Fulbright y otros becarios fueron nuestros primeros amigos en el país anfitrión. Nos ayudaron a encontrar un lugar para vivir, un jardín de infantes para

Seminario Internacional para Jóvenes Líderes en Argentina 2016

nuestra hija de cuatro años, y nos facilitaron los primeros contactos con colegas argentinos. Los dos productos más tangibles de mi beca son un hijo porteño y la tesis doctoral que luego se convirtió en el libro más premiado que se haya escrito sobre Argentina. Mi segunda estadía en Argentina tuvo lugar doce años más tarde. Yo ya era Profesor Asociado en la Universidad de California en Los Ángeles y ya no necesitábamos un jardín de infantes”, cuenta contento José Moya, profesor de historia de la Universidad de California en Los Ángeles. Los lazos que se establecen y los contactos que se crean y afianzan hacen que el intercambio entre profesores de ambos países perdure incluso una vez terminado el período que la beca Fulbright establece. “Apenas terminé la universidad, en Estados Unidos, gané una beca Fulbright. Viaje a Argentina y comencé a trabajar en un proyecto sobre los derechos de los inmigrantes en el Centro de Estudios Legales y Sociales. Trabajé en contacto directo con peruanos y bolivianos que intentan construir su hogar en Buenos Aires, y con activistas y defensores de los derechos humanos. Tras mi regreso a Estados Unidos, seguí trabajado con colegas argentinos en numerosos casos de derechos humanos, incluyendo juicios, proyectos de investigación y conferencias internacionales”, cuenta Katherine Fleet, abogada especialista en Derecho Inmigratorio. “Me pidieron que integrara el comité doctoral de un estudiante, estoy ayudando a otro a hacer su posdoctorado en Estados Unidos, y soy miembro del Comité Editorial de la Asociación Geológica Argentina”, enumera contento Michael Ort, profesor en Ciencias del Medio Ambiente en Northern Arizona University. “Antes de llegar a Buenos Aires, teníamos algunos temores. Habíamos leído acerca del incremento del delito y de la pobreza en los últimos años. También nos inquietaba lo que pudiera pasar con nuestra pequeña hija que no hablaba castellano y padece un leve retra-

Adriana Noemí Vallejos, Directora de Escuela 2014

“Al haber obtenido una beca Fulbright siento el gran compromiso de querer agradecer siempre la ayuda recibida, y, especialmente, de colaborar para crear oportunidades de crecimiento para otros”. Pablo Mercuri. Investigador del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. Becario 1999

so mental y una discapacidad motora asociada con esa enfermedad. Finalmente todo salió muy bien. Llegamos a Buenos Aires y nuestra hija asistió a un excelente jardín de infantes de la universidad”, recuerda.

Brooklyn. “Les contamos sobre Argentina. Les mostramos nuestra bandera, compartimos comidas típicas y tomamos mate. Estaban encantados de saber que los niños argentinos también leen Harry Potter”, recuerda entusiasmada.

Los becarios están en una posición privilegiada para contribuir a estrechar lazos, derribar barreras, destruir estereotipos y llevar a cabo proyectos de cooperación entre nuestros dos países.

“En 1995 gané una beca Fulbright para dar clases de Derecho Constitucional en la Universidad de Buenos Aires. No era la primera vez que vivía y trabajaba en otro país. Sin embargo, esta experiencia fue única e increíblemente enriquecedora. Mi principal responsabilidad era estar a cargo, conjuntamente con otro profesor, de dos cursos de Derecho Constitucional Comparado. La mayor ventaja de esta beca fue la de interactuar con colegas argentinos en ambientes académicos, profesionales e informales, y aprender sobre nuestra área de estudio y nuestra profesión, en Argentina”, dice Robert Barker, profesor de Derecho de Duquesne University.

Jeffrey Tobin y su esposa han ayudado a construir muchos de estos puentes entre ambos países. “Ya había estado varias veces en Argentina como novio de mi actual esposa. En esos viajes interactué con antropólogos del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL). Aunque me dediqué a organizar paneles en reuniones de la American Anthropological Association y de la Latin American Studies Association en los que disertaban colegas argentinos, continuábamos viviendo en mundos académicos diferentes. Esa brecha desapareció gracias a Fulbright. Gané la beca en 2002 y dicté un seminario sobre etnografía nativa en el INAPL, e investigué acerca de la comunidad judía de Buenos Aires. Comencé a escribir y publicar más artículos en español que en inglés, obtuve la residencia permanente en Argentina y abrimos un centro cultural en Buenos Aires para dictar conferencias, realizar investigaciones y donde recibiremos a estudiantes argentinos y estadounidenses. Ahora divido mi tiempo entre Argentina y Estados Unidos.”, dice contento este profesor de antropología. Tamara Vinacur y su esposo combinaron sus estudios en la Universidad de Columbia, con tareas voluntarias con chicos de escuelas de

“Sin la beca Hubert H. Humphrey no hubiera llegado de ninguna manera a ser el editor del primer servicio en español de la CNN, o el corresponsal en la Casa Blanca. Cuando ocupé esos cargos ya tenía un profundo conocimiento acerca de la sociedad estadounidense, que había adquirido gracias al programa Humphrey. Y, por sobre todo, el contacto con compañeros provenientes de Sudáfrica hasta China y desde Sudán hasta Perú, me dio una mejor comprensión del mundo. Hoy puedo viajar por el planeta haciendo reportajes especiales para el diario Clarín, de Argentina, con un acercamiento a las culturas que no hubiera tenido sin mi magnífico año en Boston”, evalúa complacido Gustavo Sierra que obtuvo su beca en 1987.

Mariano Sironi, becario Master 1998

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Diversidad

L

os programas de becas de la Comisión Fulbright atraen a un grupo muy diverso de participantes en términos de género, edad, región geográfica de la que provienen y disciplinas de estudio. De las 3038 personas que recibieron las becas Fulbright en los últimos quince años:

65% fueron argentinos y 35% estadounidenses

Los becarios Fulbright son gente de gran talento, de todas las edades, y de diversas regiones de Argentina y Estados Unidos. Silvina Zutara nació y vivió en San Salvador de Jujuy, la provincia ubicada más al norte de Argentina. La primera vez que dejó su provincia fue para tomar el avión que la llevaría a Estados Unidos a realizar su maestría. “Al poco tiempo de obtener mi título de ingeniera química en la Universidad Nacional de Jujuy, gané una beca que me sumergió, primero, en un programa intensivo de inglés y, luego, me permitió realizar mis estudios de postgrado en Estados Unidos. En dos años

51% fueron mujeres y 49% varones 45% de los argentinos provenían del interior del país y 55% de la ciudad de Buenos Aires

Hubo 583 estudiantes argentinos y 155 estudiantes estadounidenses que recibieron la beca Fulbright

Hubo 463 profesores argentinos y 305 profesores provenientes de Estados Unidos que realizaron un intercambio con el otro país gracias a la ayuda de Fulbright 285 directores de escuelas argentinos y 253 estadounidenses conocieron establecimientos educativos del otro país y trabajaron allí durante un mes

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217 ayudantes de idioma norteamericanos y 247 argentinos colaboraron enriqueciendo la enseñanza de sus respectivos idiomas en el otro país

Encuentro multicultural de becarios Fulbright

terminé mi maestría en alimentos. Esto, a su vez, me permitió acceder a un programa de doctorado financiado a través de una beca de la universidad donde estudiaba, y luego a un posdoctorado de tres años. Me hubiera resultado imposible acceder a este tipo de capacitación, aún en Argentina, de no haber sido por el programa Fulbright. Obtener la maestría y el doctorado me permitió mejorar mis perspectivas profesionales. El impacto en mi vida personal también fue muy grande. Llegué a Estados Unidos recién casada y regresé a Argentina, diez años más tarde, con una familia compuesta

por mi esposo y mis dos hijos que nacieron en el país del norte. Esta inmersión en otra cultura cambió mi percepción del mundo. Soy definitivamente más abierta a nuevas ideas y más comprensiva de otras culturas, lo que me ayudó también a reinsertarme de nuevo en la cultura argentina”, reflexiona agradecida esta profesora e investigadora de la Universidad Nacional de Jujuy. “Gracias a mi experiencia como becaria Fulbright descubrí que cuando se visitan otras tierras lo importante es sembrar semillas de amistad, hablar de lo pequeño, de lo cotidiano y de lo que nos identifica como argentinos”, cuenta entusiasmada Mariana Falco, una ayudante de idioma oriunda de la provincia de Córdoba que realizó su experiencia en Maryland. “Córdoba no es sólo el nombre de una ciudad de España sino también el de una provincia Argentina – cuenta risueña esta joven -, verde es el

color de la envidia en el norte, pero es el de la esperanza en el sur del continente americano. Los estudiantes norteamericanos se sorprenden al escuchar que, en Argentina, el 20 de julio se celebra el ‘Día del amigo’ ya que ese fue el día en que un norteamericano caminó por primera vez entre el polvo lunar, y se preguntan por qué ellos aún no han incorporado esa fecha en el calendario”, reflexiona. “Las relaciones que establecí con científicos argentinos durante mi beca Fulbright han sido claves en mi propio desarrollo como científica. Desde los comienzos, pude participar en viajes para realizar trabajos de campo paleontológicos liderados por un colega argentino. Después escribí artículos científicos en colaboración con autores argentinos y trabajé con ellos sobre fósiles argentinos, incluyendo el pingüino más antiguo de América del Sur y la obtención de la primera prueba concluyente de la existencia de líneas aviarias que coexistían con dinosaurios en la era cretácea. El rumbo de mi carrera fue la consecuencia directa de mi experiencia Fulbright en Argentina”, cuenta Julia Clarke, profesora de North Carolina State University. “Haber participado del programa Fulbright me permitió contactarme con una docente de Estados Unidos para comparar, a través del intercambio, las diferencias y similitudes de ambos sistemas políticos y educativos. Eso hizo que cambiara algunas prácticas, no sólo en mi escuela, sino también en otros centros educativos de mi zona, con quienes compartí mi experiencia en Carolina del Norte”, dice Estela Buffa, directora de la escuela República de la India, en Córdoba. “Estela, mi contraparte, y yo somos personas muy dedicadas al estudio de la educación y al futuro de los niños y los docentes. El verdadero valor de nuestro intercambio fue aprender la una de la otra y alimentar nuestra pasión por la educación - reflexiona Bettina Grahek, la directora de St. Pauls Elementary School con quién Buffa realizó el intercambio. – Con Estela recibimos un financiamiento adicional para nuestro proyecto a través de una beca para ex becarios que nos permitió realizar un nuevo intercambio, esta vez de maestras de nuestras escuelas”, dice Grahek contenta. “Antes de llegar a la Argentina, me sentía muy inseguro por la inestabilidad política y económica del país, pero conservaba intactas mis ilusiones de ver a los típicos bailarines de tango, de sentir el espíritu de los gauchos de las pampas y la aventura de cruzar todo el país, desde las Cataratas del Iguazú hasta la Patagonia. En algún punto entre la realidad

más dura y mis sueños románticos estaba yo en mi segundo hogar: el pequeño pueblo de Libertador General San Martín, en Jujuy. Este pequeño poblado es más conocido por la caña de azúcar que por la enseñanza del inglés. Por las tardes, enseñaba Metodología para la Enseñanza del Inglés, Literatura Británica y Literatura Estadounidense a tres animados grupos de estudiantes en un profesorado de inglés. También daba clases en una escuela secundaria. Allí, mis alumnos encontraron un canal para expresar su voz y sus habilidades literarias, especialmente cuando supieron que serían escuchados y leídos por mis alumnos de español de Estados Unidos. Usamos Internet para enviar mensajes de una clase a otra en los que se discutían temas tan variados como el amor, las leyendas o las elecciones presidenciales. Mis alumnos de Argentina vieron impresas sus ideas cuando la empresa azucarera Ledesma nos ayudó a publicar una revista”, dice contento Martin Van Opdorp.

“En un poema escrito por una joven salteña, Pato, describió lo que aprendió en uno de mis talleres de escritura. “Mientras espero el colectivo que no aparece, me siento contenta porque hoy me di cuenta de que puedo escribir! Estoy feliz porque estoy haciendo lo que más me gusta. Estoy escribiendo. Escribiendo estoy. Me encantaría poder expresar lo que siento: mi lapicera entre mis dedos, dibujando letras que salen de mi cabeza. Y mi corazón y mi piel y mis oídos y mis ojos y mi boca y mi respiración y mis pulmones. Oh, me olvidé del colectivo”. Lo que Pato escribió representa cabalmente mi misión en Argentina: dar voz a quienes escriben y hablan el idioma inglés en el noroeste de Argentina y ayudar a mis estudiantes de español de South Lakes High School en Reston, Virginia a intercambiar opiniones con los estudiantes de Argentina y a establecer una relación con ellos”. Martín Van Opdorp. Becario 2002

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Nuestros Programas

“Buena parte de la ciencia política que estudiaba en la Argentina me parecía poco rigurosa. Mucho de lo que se escuchaba y leía era opinión, ideología o incluso filosofía e historia de las ideas, pero muy poco era “ciencia”, es decir, conocimiento teórico sobre el funcionamiento del mundo político con respaldo de evidencia empírica sólida. Me parecía que el lugar en el que más seriamente se desarrollaba una disciplina política auténticamente científica como la que yo quería estudiar era en las universidades de los Estados Unidos. Todo el trabajo profesional que he realizado desde mi regreso al país ha estado basado mayormente en los conocimientos teóricos y habilidades analíticas y metodológicas que desarrollé en mis estudios en Estados Unidos. En lo personal me hizo conocer muchas personas que hoy son muy importantes en mi vida: amigos, colegas, mentores e incluso a mi esposa Sybil, ex compañera de Stanford. Carlos Gervasoni, politólogo, universidad Di Tella.

La Comisión Fulbright tiene una oferta muy variada de programas para satisfacer las necesidades de postulantes tan diversos que se acercan en busca de asesoramiento para poder dar forma a sus iniciativas y proyectos.

Becas para estudiantes:

Las becas Fulbright brindan a estudiantes argentinos la posibilidad de realizar programas de master y doctorado en diversas disciplinas en universidades de Estados Unidos. Al mismo tiempo, el programa Fulbright ofrece becas que permiten a estudiantes estadounidenses pasar un año en Argentina para estudiar o realizar proyectos de investigación sobre distintos temas. “Mi tesis doctoral tuvo como resultado un avance en las ciencias agropecuarias en Argentina. Gracias a Fulbright hoy soy un investigador calificado y dirijo un proyecto de investigación científica y tecnológica del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). La beca Fulbright me ha dado la posibilidad de mejorar como académico y como ser humano”, dice Rodolfo Bongiovani. Becario 1997. Doctorado en Purdue University. “Mis experiencias como becario Fulbright en Argentina son las más divertidas, emocionantes y significativas de mi vida. No sólo hice amigos y viví la cultura argentina de primera mano, sino que también desarrollé un programa educativo para informar a los inmigrantes sobre sus derechos”, dice contento Michael Schwartz, estudiante de Ciencias Políticas en Johns Hopkins University y becario 2002. “El grupo con el que trabajo en el Instituto Leloir es fantástico. Sus miembros son excelentes científicos y tienen un gran sentido del humor. Es posible que pronto pueda publicar un artículo. Será mi primera publicación y me emociona pensar que alguien me citará en

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Ana Valderrama, ​Be​ caria Fulbright –M ​ i​nisterio de Educación 2011

futuras discusiones científicas”, dice emocionada Natasha Keith, una joven estudiante estadounidense que está encantada de trabajar junto con el prestigioso bioquímico argentino Armando Parodi. “Me encanta Buenos Aires y no dejo de sorprenderme del modo en que los taxistas porteños cuentan su vida y su filosofía a quién quiera escucharlos”, dice contenta. “Un taller inicial sobre Procesos Fotográficos Alternativos llevó a otro en la Escuela de Museología, y a otro en el Museo de la Ciudad. Dicté una conferencia e hice una demostración en un Instituto Superior de Enseñanza Técnica, un taller participativo en la Escuela de Artes Plásticas Manuel Musto, e incluso compartí un día maravilloso con estudiantes en una escuela secundaria local. Nada puede ser más emocionante que 50 adolescentes de 12 y 13 años cantando “Olé, Olé, Olé, Olé” en reconocimiento de su primer experiencia con el proceso de revelado de fotos. La experiencia de dar clases en la Universidad Nacional de Rosario, en español, ante una audiencia que a veces llegaba a las 200 personas, fue memorable”, recuerda feliz Lisa Robinson.

Becas para profesores:

La Comisión Fulbright otorga becas de tres meses para profesores argentinos que deseen llevar a cabo proyectos de investigación en universidades estadounidenses, y a profesores de Estados Unidos que quieran pasar tres meses dictando clases y realizando investigaciones en universidades argentinas. “Gracias a la beca Fulbright pasé tres meses en el Departamento de Ciencias Matemáticas del New Jersey Institute of Technology en Newark. Soy físico y la beca me permitió seguir desarrollando una colaboración con el Profesor Kondic, de ese Departamento. El apoyo del Programa Fulbright fue muy importante para no perder el contacto con investigadores de Estados Unidos. Publiqué varios trabajos y preparé una nueva propuesta de investigación que fue financiada por la National Science Foundation. Esta beca permitió que el profesor Kondic visitara mi universidad, la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, y posibilitó también un intercambio de alumnos de nuestras instituciones. También recibimos un subsidio adicional de Fulbright para continuar con proyectos de cooperación

Martha Elizabeth Nielsen, ​ Asistentes de Idiomas 2014

entre nuestras instituciones”, cuenta orgulloso y atareado Javier Diez, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional del Centro de la provincia de Buenos Aires. “Más allá de haber adquirido el gusto por el mate y la parrillada, la beca Fulbright tuvo otras influencias en mi vida. Pude hablarles a los estudiantes de Salta acerca de las expectativas y exigencias que nosotros tenemos para los estudiantes de postgrado en Estados Unidos, como la independencia de pensamiento y el uso creativo de los materiales de referencia disponibles. Dicté cursos multitudinarios en Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero y Rosario y, posteriormente, obtuve dos importantes becas para facilitar intercambios académicos y entrenamiento en investigación entre la Universidad of California, Davis y la región del Mercosur”, dice Jerold Last profesor del Departamento de Medicina de la Universidad de California, Davis. “Agradezco a Fulbright por la posibilidad de haber sido investigadora visitante en el Departamento de Ciencia Política en la Universidad de Pittsburgh. Fue uno de los períodos más enriquecedores de mi vida. Aprendí cómo funciona una comunidad académica en los Estados Unidos”. Dora Orlansky. Universidad de Buenos Aires.

“Mi experiencia durante los tres meses que estuve en Berkeley puede resumirse en una palabra: ¡extraordinaria! Vivir en medio de una crisis política (la guerra en Irak) me permitió ser testigo directo de la fortaleza de la democracia estadounidense. Los debates por todas partes me ayudaron a verificar que todos tienen derecho a expresarse y todos escuchan, aún estando en desacuerdo. La libertad para decir lo que sea, sin temer un castigo por sus pensamientos, fue muy fuerte para mí, que crecí durante la dictadura”, sintetiza Fernando Tohme, decano de la Facultad de Economía de la Universidad del Sur. “Durante mi estadía en Buenos Aires, trabajé en el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Universidad de Buenos Aires. Ayudé en la publicación de la revista del Instituto y asesore a varios graduados interesados en continuar su educación en Estados Unidos. Gracias a mi experiencia Fulbright organicé, en 2005, un panel sobre Derecho y Género en América latina durante una conferencia internacional sobre historia de la mujer. A un nivel más personal, mis hijos siguen intercambiando correos electrónicos con los amigos de su escuela argentina. Si el entendimiento internacional se construye de individuo a individuo, de familia a familia, de intercambio a intercambio, entonces los lazos entre Estados Unidos y Argentina son un poco más fuertes hoy, luego de los seis meses que pasamos en Buenos Aires”, dice Kif Augustine Adams, profesora de Derecho en Brigham Young University.

“En 1998 obtuve una beca Fulbright para dar clase de inglés en un profesorado de Rafaela, provincia de Santa Fe. Di clase a estudiantes universitarios que se preparaban para ser profesores, también enseñé en una escuela secundaria nocturna, coordiné clases de inglés para empresarios y trabajadores de fábricas, y dicté talleres sobre la integración del teatro en las clases de lengua. El año pasado un estudiante argentino vino tres meses a mi escuela, y este año dos estudiantes estadounidenses pasaron un semestre en Argentina. No es una cuestión de números, nos enriquecemos unos a otros y las distancias se borran”. Lynn Ditchfield. Profesora de inglés - Martha’s Vineyard High School de Massachusetts

Becas para directores de escuela y profesores de inglés:

Las becas Fulbright promueven la capacitación y el intercambio de conocimientos entre directores de escuelas argentinos y estadounidenses, brindándoles la posibilidad de realizar pasantías de un mes en establecimientos educativos primarios y secundarios de ambos países. También se ofrecen becas que permiten que profesores de idioma de escuelas secundarias y universidades de ambos países intercambien sus trabajos por un semestre. “Haber obtenido una beca Fulbright para estudiar en Estados Unidos fue una experiencia invalorable que me permitió no sólo cursar una carrera en un país en el que se habla el idioma que enseño, sino también conocer personas de otras culturas y costumbres. La reunión de becarios que se realizó en Washington D.C., me permitió participar de charlas que nos brindaron funcionarios del gobierno y visitar el Capitolio. Tuve la oportunidad de conocer al senador Fulbright y a su esposa en un almuerzo organizado para el grupo”, cuenta orgullosa Amelia Otaiza mientras muestra la foto que inmortalizó aquel encuentro. “Las buenas relaciones entabladas generaron la firma de un acuerdo de cooperación entre la Universidad Nacional de Río Cuarto, institución donde trabajo, y el Pikes Pike Community College (PPCC), la institución donde hice el intercambio. Como producto de este acuerdo, mi universidad se ha favorecido con bibliografía donada por PPCC, una estudiante del profesorado de inglés fue becada para asistir a clases allí durante un semestre, y está en ejecución un proyecto para que docentes de Colorado realicen un viaje cultural y profesional a Río Cuarto”, cuenta contenta Daniela Paruzzo, una profesora de idioma que ganó una beca Fulbright en 1999. “Los estudiantes de Jujuy y los de Reston, en Virginia, realizaron un video que muestra costumbres de héroes argentinos, música folklórica y celebraciones en Jujuy y en Argentina, la semana educativa del festival internacional multicultural de Reston, y observaciones sobre el clima posterior al 11 de septiembre. El video fue distribuido en escuelas y bibliotecas de ambas ciudades”, cuenta con satisfacción Amelia Arraya, de la Escuela Normal Superior Libertador General San Martín, en Jujuy. “Al obtener una beca Fulbright, una deja de ser una docente para convertirse en el nexo que une a dos pueblos que se descubren y se reconocen. En lo personal, mi corazón está colmado de nuevos afectos”, cuenta emocionada Silvana Massola, directora del Centro Educativo “Independencia” de Laguna Larga, en Córdoba.

Mariano Turzi , becario 2005 y un grupo de estudiantes

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Becas para asistentes de idioma:

Uno de los programas que llevamos a cabo con la colaboración del Ministerio de Educación de Argentina, brinda a jóvenes profesores de inglés argentinos la posibilidad de desempeñarse como asistentes de idioma dando clases de español en establecimientos de enseñanza terciaria o universitaria de Estados Unidos y, al mismo tiempo, ofrece a jóvenes graduados estadounidenses la posibilidad de desempeñarse como asistentes de idioma enseñando inglés en profesorados terciarios o universitarios de Argentina. “No importa cuántas horas uno pase leyendo o informándose sobre otro país; no hay mejor forma de aprender que estar inmerso en la cultura del lugar. Eso me ocurrió cuando llegué a Estados Unidos. Un mes después de mi llegada, ya había aprendido más sobre la cultura de este país que durante toda mi carrera como profesor de inglés en la provincia de San Juan. Cuando alguien me preguntaba si Argentina está al lado de Venezuela o si el mate no debería prohibirse por ser “poco higiénico”, veía la oportunidad de poner en práctica uno de los objetivos de la beca: dar a conocer mi país y romper los prejuicios que surgen del desconocimiento”, dice Germán Zárate Sández. “Cuando me dijeron dónde iba a enseñar, fui rápido a buscar mi guía de viaje de Argentina para averiguar algo sobre Villa María, provincia de Córdoba. El libro no mencionaba nada sobre esta ciudad, entonces fui a Internet. Al encontrar tan poca información comencé a preguntarme (y preocuparme), “¿a dónde voy?”. Ahora, un año después, no puedo estar más agradecida por mi destino. Vivir la experiencia Fulbright en un lugar pequeño me brindó muchos beneficios. Conocí una parte del país a la que, de otra manera, no hubiera ido. Vivir en el interior me abrió los ojos sobre la diversidad geográfica, social, económica, lingüística y cultural que hay en este país. Para muchos estudiantes cordobeses, yo fui la primera persona de Estados Unidos que conocieron”, cuenta muy contenta Molly Dondero. “Acepté enseñar español en Estados Unidos y cursar materias como oyente cuando gané la beca. No tenía idea de cuánto más me esperaba. ¿Cómo iba a imaginar que terminaría escribiendo una reseña sobre una escritora argentina para la enciclopedia de Oxford de literatura infantil?; ¿quién hubiera pensado que un día de nieve también era un buen día para hacer un asado, o que vería la película ganadora del Oscar ‘La Historia Oficial’ en una clase con 20 estudiantes norteamericanos?”, reflexiona María Julia Pich, oriunda de La Plata. “La calidez y bondad que me brindaron los mendocinos son inmensurables. El trabajo que hice como asistente de idioma estuvo singularmente interrelacionado y vinculado con mi mundo fuera de la Escuela Normal Superior de San Martín. Mis estudiantes se convirtieron en mis amigos y mis colegas en mis mentores”, recuerda Duncan Lawrence

Sin titulo 2013 Acrilico sobre tela 190x 290 cm

Sin titulo 2015 Acrilico sobre tela 99x167cm

“Iba a cumplir con la misión que me habían encomendado: ¡ser embajadora de Argentina!, lo que implicaba una gran responsabilidad. Aprendí a respetar opiniones, a valorar lo que me rodeaba y también lo que tenía en Argentina. Crecí como profesional y como persona. Deje atrás prejuicios y orgullo y me convertí en alguien abierto, con ansias de superarse”. Cecilia Uthurry. Becaria 2004

Becas Fulbright – Fondo Nacional de las Artes para artistas:

Entre 1995 y 2001 se realizó un programa especial de becas para artistas financiado, en forma conjunta, por el programa Fulbright y el Fondo Nacional de las Artes. Este programa fue muy valioso y brindó a más de 60 jóvenes y talentosos artistas argentinos la posibilidad de especializarse en centros de primer nivel de Estados Unidos. Hoy vemos a diario los frutos de este programa en las exitosas trayectorias de muchos de estos artistas cuyos trabajos han contribuido a enriquecer el acervo cultural de nuestro país.

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Fernando Isella, becario 1998

“Cuando gané la beca Fulbright tenía 26 años. Llegué a la Universidad de Columbia con una mezcla de entusiasmo, vértigo y temor. Si bien mi inglés era bueno para escribir las monografías académicas, se me hacía muy difícil la escritura creativa, lo que era un problema ya que estaba realizando un master en Guión. De a poco no sólo fui encontrando mi propia voz, sino que también tomé conciencia tanto de aquellos rasgos particulares de mis raíces, como de ciertos conflictos universales. Y así nació mi primer largometraje, “Hermanas”, que filmaría años más tarde en Argentina. En esos años vi arte, fotografía, teatro y, fundamentalmente, cine de todo el mundo y todas las épocas con una curiosidad insaciable. Vivir en Manhattan fue una experiencia de convivencia multicultural, de tolerancia y libertad que me hizo replantear algunos hábitos y preconceptos, y adquirir nuevos gustos y valores. Descubrí el cilantro, el jengibre, la comida hindú y el brunch. Y me enamoré de un norteamericano. Hoy, diez años más tarde, vivimos en Buenos Aires, con nuestra preciosa Nina, que ya balbucea su mami y daddy”, cuenta la directora de cine Julia Solomonoff.

“Explicar el significado de mi experiencia Fulbright implica describir el vértigo de una crisis, del cambio. El 11 de septiembre de 2001, mientras volaban las Torres Gemelas, yo empezaba la universidad. Un símbolo urbano había sido atacado generando controversia pero, sobre todo, la oportunidad de colaborar. Yo sufría un cambio mientras se producía otro en el pensamiento arquitectónico. En Princeton gané concursos que comenzaron a direccionar ese cambio permitiéndome viajar y realizar workshops que estudiaran los problemas de memoria urbana en las ciudades de Singapur, Barcelona y Los Ángeles. Actualmente soy profesor adjunto de arquitectura, en Cooper Union en la NYC. Con los estudiantes investigamos cómo recuperar la memoria latente urbana y ecológica de New Orleans luego de Katrina, y desarrollo instalaciones conceptuales para los museos de Verona, Venecia y Viena. La beca Fulbright produjo en mí crisis y cambios muy positivos desde los puntos de vista académico, profesional, cultural y personal. Mis amigos y mi novia cambiaron la manera como veo las cosas, a través de lo que más me gusta pensar y hacer: la arquitectura”, cuenta Pablo Eiroa, becario 2001. Nuevas formas de mirar, de entender, de componer, de crear son las posibilidades que nos brinda la experiencia de vivir y trabajar en otro país. Así lo cuenta Gerardo Litvak, que obtuvo esta beca en 2001. “La beca Fulbright me ha dado la posibilidad de profundizar mi búsqueda artística, realizando un programa de formación e investigación en nuevos lenguajes de danza y composición coreográfica. Más allá del conocimiento técnico de la disciplina, el hecho de convivir por un largo período con otras culturas y otras idiosincrasias, me permitió ampliar mi horizonte creativo y personal”, dice Litvak, que posteriormente ganó la beca Guggenheim. “Vivir en Estados Unidos me ayudó a descubrir la multiplicidad de ideas, tendencias e historias que definen la fascinante identidad de la sociedad norteamericana. A mi regreso, refocalicé mi carrera y desarrollé intereses previamente desconocidos. Obtener la beca Fulbright me permitió desarrollar proyectos en Argentina con quienes ayer eran mis colegas y profesores, y hoy son grandes amigos”, relata Ariel Stolier, productor artístico del Complejo Teatral La Plaza, de Buenos Aires. “Estudié en la Universidad Nacional de Tucumán donde, al poco tiempo de recibirme como profesor de guitarra, comencé a enseñar - dice Pablo González Jazey - Cuando supe que había ganado la beca Fulbright- Fondo Nacional de las Artes, viví momentos de mucha alegría y supe que se abría una puerta hacia una aventu-

ra única. Me deslumbraron las bibliotecas y los recursos que tienen las universidades de Estados Unidos, pero también me sentí privilegiado y agradecido a mi país por la educación pública recibida. En lo personal, en Boston conocí a mi esposa con quién ahora vivo en Tucumán. El intercambio cultural y profesional ocurría diariamente entre nosotros y en ese contexto fundamos el Inca Rose Duo a fin de difundir música de diferentes países y culturas y lograr un mayor entendimiento entre las culturas”, cuenta Pablo. “Hace diecisiete años el programa Fulbright junto al Fondo Nacional de las Artes me llevaba de viaje hacia la oportunidad más grande de mi vida: la de cambiar por completo. En esos años de estudiar y componer bajo las frías nieves de Boston; de ‘Jam sessions’ multiculturales en los Jazz Clubs de New York; de grabaciones en estudios con artistas de altísimo nivel y de compartir con músicos y artistas de todos los rincones del mundo, nunca me olvidé de lo afortunado y privilegiado que era al haber sido honrado con semejante oportunidad por la beca Fulbright. Luego volví con más ganas que nunca para aplicar todo lo vivido en mi patria, Argentina. Traje lo más importante: experiencia y familia. Tengo esposa y una hija “newyorkinas”. Mil gracias Fulbright, de por vida”, agradece colmado de alegría el músico Fernando Isella. Los becarios Fulbright celebran con alegría los 60 años de la Comisión Fulbright en Argentina. “Gracias al sueño de un senador norteamericano, pude formarme con los mejores docentes en la Meca del teatro: New York. Agradezco el haber sido parte de este excelente programa con el que comulgo y en el que creo fervientemente. Le deseo al programa Fulbright un muy feliz cumpleaños y le auguro muchos años más”, sonríe el actor y músico Iván Espeche. “La temporada que pasé en Estados Unidos fue un remolino que sacudió y acentuó mis capacidades como artista. En Nueva York identifiqué cuáles eran las temáticas en las que quería especializarme. Aprendí que podía viajar a cualquier lugar y, sin embargo, mis cuadros tendrían una impronta argentina que contaría de dónde vengo. Mi obra adquirió un tono más personal, comencé a exponer con más frecuencia, y a vender más. Estoy muy agradecido por esta aventura que viví gracias a Fulbright”, dice el pintor Daniel Kaplan. “

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Programas de Enriquecimiento Cultural

Estudiantes de Estados Unidos integrándose a la cultura jujeña en Purmamarca

La beca Fulbright es mucho más que una suma de dinero. El programa Fulbright busca maximizar las oportunidades que permitan a los becarios obtener el mayor provecho posible de su estadía en el otro país, vincularse entre sí, conocerse mejor, compartir conocimientos y vivencias. Cada año se organizan actividades adicionales para ayudar a los becarios a estrechar lazos y permitirles conocer otros aspectos culturales, otra gente y otros lugares del país en el que se encuentran.

El embajador de EE.UU. en Argentina, Noah Mamet; la agregada cultural, Christine Meyer y parte del staff de la Comisión Fulbright.

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“El Seminario de enriquecimiento cultural que tuvimos en San Francisco fue una oportunidad extraordinaria y única en mi vida. Asistieron becarios provenientes de más de 100 países. Al caminar por el auditorio escuché hablar en más de diez idiomas. Las presentaciones de los expertos fueron de primer nivel y podía quedarme hasta la madrugada conversando con otros becarios. Estoy muy agradecido a Fulbright por brindarme la oportunidad de crecer como persona y como profesional”, dice satisfecho Mariano Turzi que hizo un doctorado en Relaciones Internacionales en la Universidad de Johns Hopkins y hoy es profesor en la Universidad Di Tella. Todos los años, la Comisión Fulbright organiza actividades de enriquecimiento cultural para los estudiantes estadounidenses. Por ejemplo, en varias ocasiones, se organizaron viajes al norte de nuestro país. Allí los estudiantes conocen una realidad diferente a la de Buenos Aires y pueden estrechar lazos únicos entre ellos y con los argentinos. “Nunca voy a olvidar el viaje que hicimos a Salta y Jujuy. Me permitió conocer una parte diferente del país y compartir momentos inolvidables con gente del lugar que nos abrió las puertas de sus hogares y de sus corazones con una calidez increíble. Durante esa semana también conocí mejor a mis compañeros de Estados Unidos y construí amistades duraderas”, recuerda Benjamín Linas, que era estudiante de Medicina de

New York University cuando vino a Argentina como becario Fulbright en 2000. “Participar en el programa de intercambio de directores de escuelas tuvo una importancia decisiva en mi vida. Adquirí nuevas herramientas teóricas y prácticas e incrementé mi capacidad para el análisis de diversas situaciones. Modifiqué prejuicios que tenía debido a mis diferencias con los gobiernos de Estados Unidos, pues encontré a docentes profundamente comprometidos con la educación, a los que respeto y valoro”, rescata contenta Laura Vilte desde Purmamarca, en Jujuy. Las experiencias compartidas y los inolvidables Estudiantes estadounidenses explorando el paisaje salteño

recuerdos de los momentos vividos durante sus becas, crean un fuerte espíritu de lealtad y compromiso por parte de los becarios hacia el programa Fulbright, haciendo que permanezcan siempre vinculados y brinden su permanente y generosa colaboración a las tareas y actividades que realiza la Comisión Fulbright. En Argentina, así como en los demás países, existen asociaciones de ex becarios que mantienen vivos estos lazos y trabajan en forma conjunta para hacer realidad los ideales que llevaron a la creación de este programa. Hugo Carranza fue becario en 1992 y, a su regreso, fue durante varios años presidente de

la Asociación de Ex Becarios de Argentina. “La vida como ‘Fulbrighters’ continúa después de la experiencia en Estados Unidos. Regresamos con el compromiso de realizar alguna contribución significativa a la sociedad y de movilizar a otros a participar de estos programas. Los miembros de la Asociación ayudamos a difundir los programas, aconsejamos a potenciales candidatos y colaboramos con la reinserción de los graduados Fulbright. También promovemos el encuentro entre los nuevos becarios y aquellos que, hace ahora 60 años, inauguraron estos programas. Son muchas las razones para pensar que ser un ‘Fulbrighter’ puede ser una experiencia para toda la vida”, dice.

Un grupo de estudiantes estadounidenses en las salinas jujeñas

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El futuro

La educación multicultural es, sin lugar a dudas, la mejor manera de avanzar hacia una mayor comprensión entre los habitantes de los distintos países. Los programas de intercambio cultural tienen importantes consecuencias tanto a nivel individual como en los países que los alojan. El paso por las aulas de universidades de otro país - particularmente en Estados Unidos dada la gran cantidad de estudiantes extranjeros que reúnen -, brinda la posibilidad de compartir experiencias, vivencias con colegas de distintas nacionalidades, y de integrar redes globales de profesionales y futuros dirigentes. En los años por venir este tipo de vínculos serán, cada vez, más importantes dado que muchos de los problemas que enfrentamos sólo podrán ser resueltos desde perspectivas regionales y transnacionales. En este sentido, los beneficios de los programas de intercambio trascienden a los individuos y contribuyen a fortalecer los vínculos entre los países, achicando las distancias que los separan. El impacto de los programas de intercambio educativo es innegable y, en muchos países, crecientemente se considera este tipo de experiencia como un elemento (cada vez más) indispensable en la formación de los recursos humanos. Escuelas y universidades promueven la participación del mayor número posible de estudiantes en programas de esta naturaleza como una forma de ampliar sus horizontes y prepararlos para los desafíos de la globalización. Hace más de medio siglo que el programa Fulbright cumple una función invalorable brindando a cientos de personas la posibilidad de vivir en otro país y de convivir con gente de otras culturas. Esta experiencia es algo irremplazable ya que, a pesar de los grandes avances que se realizan diariamente en materia de nuevas tecnologías, nunca habrá nada que pueda sustituir la inmersión en otra cultura, el contacto directo, cara a cara, entre seres humanos que comparten un café y una charla. Es nuestro objetivo que este programa siga creciendo para brindar a un número cada vez mayor y más diverso de personas la oportunidad de acceder a los beneficios que brindan nuestras becas y poder seguir estrechando los lazos que unen a nuestros dos países Es un gran privilegio para mí estar a cargo de la conducción del programa Fulbright en un momento tan especial como este, en que se cumplen 60 años de vida en Argentina y 70 en el mundo. Una vez, una beca Fulbright cambió mi vida para siempre, poniendo en mis manos la mágica llave que me daría acceso a una experiencia inolvidable. Desde una ciudad del interior de la provincia de Córdoba, Río Cuarto, y con la simple presentación de una solicitud que condensaba la historia de mi vida profesional, académica, y personal, inicié un camino que tendría infinitas consecuencias y ramificaciones en mi vida y que me ha llevado a ocupar el lugar en el que hoy estoy y desde el que puedo contribuir a que cientos de otras personas puedan tener experiencias similares a la mía, transformando sus vidas para siempre.

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Argentina

“Los intercambios educativos pueden transformar a las naciones en pueblos y contribuir más que ninguna otra forma de comunicación a humanizar las relaciones internacionales. La capacidad del hombre para actuar en forma decente parece estar en relación directa con su percepción del otro como ser humano con motivaciones y sentimientos humanos, mientras que su capacidad para la barbarie parece estar estrechamente relacionada con su percepción del adversario en términos abstractos, como la personificación de una ideología o un designio maligno. El propósito básico de este programa es socavar la desconfianza basada en el desconocimiento cultural que lleva a las naciones a enfrentarse. Su objetivo principal es incentivar a los habitantes de todos los países y especialmente a sus líderes a dejar de negar a otros el derecho a tener su propia visión de la realidad y desarrollar una nueva manera de pensar en las formas de evitar la guerra en lugar de buscarla. El intercambio cultural no es una panacea sino un camino de esperanza, posiblemente la única esperanza para la salvación y el futuro progreso de la humanidad. El liderazgo creativo y la educación progresista, dos cosas que en realidad son inseparables, son las bases de un futuro de esperanza para la raza humana. La promoción de estos valores - liderazgo, aprendizaje y entendimiento entre las distintas culturas - fue y será el propósito principal del programa de becas internacionales que tuve el privilegio de apoyar en el Senado de los Estados Unidos hace años. Es un programa modesto con una meta ambiciosa: la creación a nivel internacional de un régimen más civilizado, racional y humano que el vacío sistema de poder del pasado. Yo creía que esto era posible cuando lo comencé. Y lo sigo creyendo.” Senador J. William Fulbright. Council for International Educational Exchange, 1983


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