199 “Sin novedad en el frente”. Al día siguiente en la noche se desarrolló un programa artístico en el parque Centro América, en el que desfilaron las mejores y los mejores cantantes y grupos musicales del arte quetzalteco, como un homenaje de simpatía a las fuerzas armadas. Ese concierto fue organizado por la dirección de La Voz de Quetzaltenango, y recuerdo que el jefe de relaciones públicas de la institución armada, coronel Abundio Maldonado tuvo a su cargo las palabras de agradecimiento por el homenaje. Ahora veamos en qué consistió el asunto que me encargó el presidente Ydígoras. Antes de partir al teatro de operaciones, don Miguel me dijo: “Roberto Alejos tiene un encargo mío que se lo va a comunicar, y le ruego toda su colaboración porque es algo urgente y delicado. Debe mantenerlo dentro de la mayor reserva”. “Estaré en espera de Roberto –le respondí-, y tenga la seguridad de que el asunto, de mi parte, se mantendrá, como son sus deseos, dentro de la más estricta confidencia”. –recalquéEn el aeropuerto de Xela esperé a Roberto que llegó en su avioneta particular. Al bajar me dijo: “¿Tú eres el director del segundo registro de la propiedad inmueble? “No. –le respondí- Pero es un abogado amigo mío, y a la vez miembro de la junta directiva del partido”. “Búscalo inmediatamente y que se comunique conmigo en el hotel donde estoy hospedado”. Me separé de Roberto, y busqué al registrador, y le comuniqué del llamado urgente del asesor del presidente. Yo no estuve presente en esa reunión, pero me enteraron de los pormenores del asunto. A Roberto le urgía que quedara inscrita como propiedad suya, la finca Helvetia ubicada en el municipio de San Carlos del departamento de Retalhuleu, y esa misma tarde a pesar de ser sábado, el director del registro procedió a su inscripción. Lo que vino más adelante ya lo conocemos. El extenso predio se acondicionó para un aeropuerto militar, y el gobierno de los Estados Unidos se encargó del entrenamiento de tropas para invadir la Isla de Cuba en la bahía de Cochinos, para derrocar a Fidel Castro. Esto ocurría a mediados de 1960 cuando el barbudo tenía escasamente seis meses de haber asumido el poder. Si bien es cierto que el presidente norteamericano John Kennedy le dio inicialmente todo su empuje a esta operación invasora, repentinamente la abandonó sin que jamás se conociera las razones que tuvo para proceder así, condenándola a un fracaso total como así ocurrió. Es evidente entonces que Fidel Castro a manera de represalia por la colaboración del presidente guatemalteco, para tumbarlo del poder, le diera todo su respaldo económico, militar, logístico y de entrenamiento a quienes participaron en el movimiento guerrillero del 13 de noviembre.