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Título de la edición original: αkαkiα

Diseño de la colección: Pablo Nanclares Dibujo de la portada: Steve Gibson

© del texto: Thérèse Willekens © de edición original: Editións Telelivre © de la versión en español: Fundación Maria Deraismes Partes de este texto pueden ser utilizadas siempre que se notifique a los poseedores del copyryght.

ISBN papel: 978-84-938107-7-1 ISBN digital: 978-84-938107-6-4 Depósito legal: Impreso en España


Traducciテウn de Mツェ テ]geles Siemens


A modo de prefacio 1. Historia del grado

El tercer grado de la masonería azul La escisión entre lo operativo y lo especulativo Edad de oro, igualdad, tolerancia El arquitecto de oficio Masonería azul, altos grados

9 11

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2. La exaltación de la Maestría

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3. Los temas del grado

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4. Los personajes

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5. La simbología

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6. Los mensajes

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La leyenda Análisis del ritual

El descubrimiento de uno mismo El asesinato La palabra La palabra perdida El secreto La reencarnación El castigo Hiram Los malos compañeros Los que descubren a los criminales El descubrimiento La entrada se hace de espaldas Los instrumentos de muerte La marcha La acacia Los números El horario de los trabajos El sombrero El mandil, la banda La espada La muerte Nuestra propia muerte Los ritos funerarios Creencia en la inmortalidad El asesinato La muerte iniciática

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50 53 57 61 63 64 67 70 71 74 75 77 78 79 82 85 87 87 88 88

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7. El grado de Maestro

El Muy Respetable Maestro Un nivel iniciático Las responsabilidades en la logia Maestro de sí mismo

101 101 102 103 104

Y ahora…

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A modo de nota final

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Anexos

El responsable de obra Marco Aurelio Vâclav Havel

111 113 115 117


A modo de prefacio

¿Por qué este libro? ¿Por qué añadir otra publicación a aquellas que pueblan copiosamente las librerías o las estanterías de tu biblioteca? Hablando francamente: yo escribo para mis amigos. Para iniciar una conversación con aquellos a los que frecuento en raras ocasiones, porque el bullicio de la vida apenas me deja tiempo, y porque no todos los encuentros se prestan a un intercambio de reflexiones a propósito de la masonería. Escribo también para aquellos que se convertirán en mis amigos al hilo de este pequeño libro. No estaremos de acuerdo en todo; sin embargo, espero que la sinceridad de este ejercicio sea apreciada como expresión de una fraternidad que desde ya nos une. Al escribir para mis amigos, combinándolo con una vida muy activa, no puedo adoptar un estilo estrictamente académico. Ni me gusta ni tengo tiempo. No haré por tanto una lectura sistemática y crítica de la literatura existente. Además, como en las dos obras precedentes, destinadas, respectivamente, a los aprendices y a los compañeros, me he preocupado mucho de llevar a cabo el trabajo, prefiriendo «sacar el agua de mi propio pozo», antes que guiarme, nolens volens 1, por otros escritos. Citaré, sin embargo, algunas obras de mi propia biblioteca, compuesta por una suerte de adquisiciones, regalos y herencias. En esta secuencia de corazonadas se inscribe αkαkiα como una mano tendida hacia ti, Hermano, Hermana.

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Voluntariamente o a la fuerza.


Capítulo 1

Historia del grado

La maestría, tercer y último grado de la masonería azul Para empezar, parece que la situación es bien distinta de la que hemos vivido anteriormente. Para algunos, la maestría se circunscribe dentro de lo que con frecuencia llamamos «altos grados». Para otros, este grado constituye el broche final, la consumación de una tarea que comenzara con la Iniciación. ¿En qué reside la diferencia? Lo que llama la atención en primer lugar es la solemnidad del decorado, inspirado en un ritual fúnebre al uso hasta hace pocas décadas en las exequias religiosas católicas. En segundo lugar, descubrimos una representación dramática donde somos, a la vez y de forma alternativa, actor y espectador. Es un drama que se desarrolla en el núcleo del templo. Un drama sangrante. Esta vez no nos fiamos tanto del poder evocador del símbolo, como en el caso del primer y segundo grado. Aquí exageramos, e incluso, según opinión de algunos, demasiado. Puesta en escena más que imposición. Efectos con frecuencia toscos, dado que los actores ocasionales son los oficiales dignatarios que no siempre poseen el talento o la dicción que sería deseable. Como en la iniciación al primer grado, el objetivo que se persigue es el de prepararnos, a través de la confrontación con la muerte, para hacernos preguntas fundamentales sobre nosotros mismos, nuestra identidad personal, nuestra relación con los otros y con el mundo. Sin embargo la tarea será diferente: mientras que en el primer grado abordamos la muerte consumada, realizada, acabada, en el


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silencio sepulcral que representa el Gabinete de Reflexión, esta vez nos enfrentamos al acto de matar, a la violencia. Surgen nociones nuevas: la del sacrificio purificador, la de la muerte elegida, deseada o infligida, la del «ananké», el oscuro destino que sella el devenir de los seres mas allá de sus méritos. ¿Vivimos este drama por alguna razón? Sí, afirma el ritual. Se cuestiona inmediatamente el tema de la responsabilidad humana y, para algunos, el de la expiación que exigirá tal vez una fuerza superior. ¿Debemos buscar el origen del grado de Maestro en la escisión entre lo operativo y lo especulativo? El Diccionario de la Francmasonería de Ligou2 nos dice que «primitivamente, la masonería inglesa, o escocesa, no conocía ningún grado, o mas bien solo conocía uno, lo que en la práctica era lo mismo. Se practicaba una ceremonia de iniciación simple y única. El candidato debía probar, en la obra, ante sus hermanos, sus conocimientos y su habilidad técnica en el oficio. Superada esta prueba, se le leía la leyenda del oficio, comunicándosele ciertas palabras secretas. […] Esta ceremonia […] se escindió posteriormente en dos, sin que se sepa cuándo ni por qué, dando lugar a esa masonería de dos grados practicada en Escocia mucho antes del s. XVIII». Un poco mas adelante, Ligou recuerda que en los Reglamentos generales adoptados en 1721 se consagran dos grados, y no tres: «los aprendices pueden ser recibidos como maestros y compañeros […] menos de veinte años mas tarde, en 1738, la segunda edición de las Constituciones de Anderson […] reconoce tres grados masónicos, por una suerte de homologación que le pareció necesaria a Anderson. ¿Qué fue lo que ocurrió? La explicación mas plausible es la siguiente: cada logia elegía cada año un jefe de logia, llamado Maestro. Después de un cierto número de años, (la logia) debía contar con un cierto número de antiguos Venerables Maestros, de «Past Masters», a quienes se debía rendir cierta consideración por los servicios prestados. 2 Ligou, Diccionario de la Francmasonería, París, PUF, 1987, pp. 741-742.


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Debían mantener contactos entre ellos, celebrar reuniones particulares, cerradas a otros, tener palabras secretas; práctica que debió ser reconocida y admitida por la logia al completo». Será, pues y en todo caso, después de 1738 cuando el grado comenzaría a ser practicado en Gran Bretaña. Ligou escribe en otra parte: «El origen indirecto, casi accidental, de este grado se revela por la ausencia de referencias al oficio en la iniciación al grado de Maestro: sólo lo evocan la regla, la palanca y el mallete que, en la leyenda de Hiram, se utilizan para su asesinato». Ligou añade: «La controversia relativa al origen del grado de Maestro en las logias continentales es aún más fuerte». Para intentar ver con más claridad, debemos hacer el esfuerzo de situarnos en la época de la puesta en práctica de este grado, e intentar recrear, intelectualmente, las referencias culturales de aquel tiempo. Sin duda las publicaciones (de la época) nos proporcionan más información sobre la vida y las preocupaciones de la gente pudiente que sobre las de los trabajadores manuales. La investigación de los historiadores de la masonería, por más obstinados que éstos hayan podido ser, destapa la distancia entre las preocupaciones de los ricos, nobles o burgueses, y las de los trabajadores –en este caso trabajadores de la construcción–. Cada uno de los historiadores se esforzará en llenar lo mejor posible esa laguna, ese salto cultural que transformará a las asociaciones de oficios en cenáculos de intelectuales. Encontramos sobre este tema opiniones bastante tajantes, como en Un siècle de francmaçonnerie dans nos régions, 1740-1840 editado por la C.G.E.R. como guía de una exposición que tuvo lugar en 1983. Leemos en la página 11, en una aportación de Hugo de Schampheleire: «El concepto de masonería encubre el conjunto de organizaciones y usos profesionales propios del mundo de los trabajadores de la piedra y gente de la construcción en Inglaterra, Escocia e Irlanda a finales de la Edad Media y en los albores de la Edad Moderna». Es principalmente en Inglaterra donde las organizaciones profesionales de trabajadores de la piedra y de la construcción sufren profundos cambios durante el siglo XVII. Al convertirse la industria capitalista de la construcción en un negocio extremadamente


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floreciente, lo que favoreció esencialmente a los masones con fortuna, las organizaciones profesionales vieron cómo se deterioraba de forma catastrófica la situación financiera de sus fondos de solidaridad en favor de sus miembros más necesitados. […] Con el fin de resolver esta situación, las organizaciones profesionales comenzaron a admitir entre sus filas a miembros que no tenían nada que ver con el oficio. El número de elementos extraños a la profesión aumentaba sin cesar, lo que terminó por otorgar a éstos una influencia preponderante en la evolución ulterior de las organizaciones de trabajadores, que se convirtieron en muchos casos en una suerte de sociedades recreativas. No entiendo bien por qué, puesto que ciertos miembros se enriquecieron, hacía falta buscar un apoyo financiero fuera de la profesión ¿o puede que el autor sea un poco demasiado elíptico? Por otra parte, según nos dice Jean de Viguerie en su Histoire et Dictionnaire du temps des Lumières, 1715-1789 3: «Inglaterra es el único país donde se instaura una verdadera defensa obrera. Los SINDICATOS aparecen en 1721. Los primeros sindicatos agrupan a carpinteros, soladores y canteros. […] En 1744 la unión de canteros de Londres contaba con quince mil miembros…» En la página 122 del trabajo de De Schampheleire, el autor considera que «el mayor reproche que se le puede hacer a la masonología […] británica es que, en su historiografía, ésta aísla totalmente el fenómeno británico de su contexto socio-histórico». La New Encyclopaedia of Freemasonry4 comenta, con su habitual desparpajo: «La masonería emblemática se vincula a través de su nombre con los correspondientes gremios comerciales del pasado, pero tal relación se convierte en artificial al ir desarrollándose, y esto se manifiesta especialmente en sus rituales a través de las analogías forzadas y poco convincentes que se instituyen entre la adecuada utilización de las herramientas operativas y las cualidades moralizantes que se les atribuyen». Más adelante: «La existencia de esta estructura antes de 1717 es una cuestión especulativa, casi tanto como la propia naturaleza que 3 París, Robert Laffont, 1995, p. 646. 4 Arthur Waite, University Books, New York, 1970


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la misma se atribuye. […] Hasta el momento hemos buscado en vano en documentos del pasado para referirnos a aquellos comienzos y dónde y cómo estos surgieron. Nuestra búsqueda no ha logrado aclarar la relación entre la asociación de constructores y esta asociación que encarna nuestro particular sistema de referencias morales, de alegorías e ilustrado por símbolos». Por mi parte (¿por qué no añadir mis propias conjeturas a las de los demás?) he llegado a convencerme de que en Francia, en esa primera mitad del siglo XVIII, podemos mas bien hablar de una coincidencia entre una estructura muy real, la del «Compagnonnage» («Compañerazgo», en adelante, en el texto, Compagnonnage), y una necesidad. La estructura del Compagnonnage ha dejado tras de sí pruebas (de su existencia y funcionamiento), al menos en el continente. La necesidad de encuentros intelectuales estimulantes se canalizó y expresó de diversas formas. Como ha dicho el historiador Jean de Viguiere en su Histoire et Dictionnaire du temps des Lumières, 1715-1789, en ese principio del siglo XVIII en Francia, vemos nacer y florecer al mismo tiempo las academias, los salones, los cafés y las logias masónicas. Por otra parte, no era extraño encontrar en en cualquiera de esos círculos a los mismos personajes. Así por ejemplo encontramos a La Rochefoucauld, miembro de la logia masónica los Amigos Reunidos, y a su vez asiduo en el salón de su prima la Duquesa d’Anville, donde encontrará a Condorcet, Dupont, La Fayette y Barère. Tomo de John Bartier el párrafo siguiente: «Por lo demás, la francmasonería no fue el único grupo de características nuevas surgidos en el siglo XVIII. A su lado nacieron órdenes de «Caballería», como La Fidélité, L’Ancre, la Hache, la Félicité, etc. Hay que constatar también el desarrollo de los círculos, como, por ejemplo, el famoso club de L’Entresol, las academias y las sociedades científicas». En la sección Dictionnaire de su obra5, Viguerie define la francmasonería en un largo artículo del sólo tomaré los elementos siguientes: «La francmasonería es una sociedad secreta e iniciática que aspira a establecer la fraternidad entre los hombres y la felicidad en este mundo. Los francmasones se reúnen en logias o talleres, donde su 5 Histoire et Dictionnaire… op cit pp 997 & seq


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presencia varía entre una decena y una cuarentena de miembros. […] Tiene una organización jerárquica y varios grados. En sus orígenes, sólo se conocían los tres grados de Aprendiz, Compañero y Maestro. Hacia la mitad del siglo, los altos grados llamados «escoceses» vienen a añadirse a los tres grados originales […] Se encuentra fuera de toda duda que su origen es inglés. Las primeras logias francesas fueron fundadas por ingleses, de los que algunos eran exiliados jacobitas6. Montesquieu y otros grandes señores fueron iniciados en Londres en 1730 […]. En fin, el gran propagandista del ideal masónico […] fue un escocés, el Caballero de Ramsay. […] El espíritu de la masonería francesa en sus comienzos era de naturaleza cosmopolita […]». Hay que señalar que en el artículo sobre Ramsay (p. 1320), se presenta a este último ¡como hijo de un panadero! Por su parte Paul Naudon, en su Historia, rituales y retejo de los altos grados masónicos, lo presenta como miembro de una gran familia noble escocesa. Y el Dictionnaire Biographique de Cassel no lo menciona. Veremos, más adelante, la diferencia entre una definición de la franc­masonería muy moderna, enunciada por Viguerie, y el concepto de adhesión masónica que John Bartier extrajo de su investigación. Viguerie dice7: «¿Pero qué piensan esos primeros franc-masones? ¿Cuál es su religión, su filosofía, su pensamiento político? Apenas se nos informa. No sabemos casi nada de la ideología del movimiento masónico francés en sus inicios. Sólo sabemos que en sus comienzos goza de tres tipos de influencia: la influencia de los exiliados jacobitas, la de la Gran Logia de Londres (hannoveriana) y la del Caballero de Ramsay». La influencia de Inglaterra «tiene orígenes filosóficos. La idea de que “los ingleses piensan en profundidad” había sido difundida antes de 1715. Las Lettres Anglaises de Voltaire (1734) vienen a fortalecer e imponer esta opinión. La francmasonería es importada de Inglaterra. Ella familiariza a sus adeptos con el teísmo y el deísmo inglés8». 6 Segidores del rey ingles exiliado Jacobo Estuardo, I de Inglaterra y V de Escocia. 7 Op. cit., p. 150. 8 Op. cit., p. 710.


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Además9, «[…] la masonería, de alguna manera, puede considerarse subversiva. Los masones difunden en Francia las ideas liberales y parlamentarias inglesas […]. Por otra parte, esta sociedad secreta resulta sospechosa para la Iglesia y, el 4 de mayo de 1738, el Papa Clemente XII prohíbe a los sacerdotes y a los fieles formar parte de ella bajo pena de excomunión». Mas adelante10, el autor constata: «[…] ciertas ideas emergentes se benefician de una enorme fuerza de atracción […]. Nosotros retendremos tres, la idea de la edad de oro, la idea de igualdad y la idea de tolerancia». Edad de oro, igualdad, tolerancia En Francia, la idea de la edad de oro es ilustrada por Fénelon (Telémaco) y por el Caballero de Ramsay (Viajes de Ciro, con un discurso sobre la mitología y una carta de Fréret, 1727). Este último recuerda en su momento «que él es católico y que el futuro de la humanidad se encuentra en las Escrituras y en la Revelación. Asegura ver en los mitos del paganismo solamente versiones deformadas y ordinarias de la revelación judeocristiana, una falsificación del paraíso terrestre en la edad de oro pasada, y una imagen del retorno de Cristo en la edad de oro futura»11. Situar un estado de felicidad en el pasado para volver a considerar que el presente es apenas un reflejo insípido de una situación mejor y que, en consecuencia, nuestros esfuerzos deberán tender, no solamente a preservar aquello que nos es conocido, sino además escrutar el pasado para intentar reconstituir aquello que el tiempo nos ha arrebatado. ¿No es aquí donde hay que buscar el origen del mito de la palabra perdida (parece irremediable) y de la encarnación del Maestro en un nuevo Maestro? Volveré sobre este asunto. 9 Op. cit., p. 151. 10 Op. cit., pp. 119-120. 11 Viguerie, op cit p 121


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La idea de igualdad. Su significado es, nos dice Viguerie, «la igualdad de la naturaleza humana» y es apoyada por eminentes autores desde el siglo XVII y, en el siglo XVIII, por Voltaire. Viguerie añade: «Para Voltaire, somos iguales por dos razones, la primera es que nuestros cuerpos están conformados de la misma manera, la segunda es que todos tenemos el mismo derecho a la felicidad». Se trata de una reflexión que se opone de forma singular a la cultura de la culpabilidad y de la resignación sustentada por el cristianismo. Mas tarde, veremos cómo el que habría de ser el preceptor del futuro Luis XV, pide a éste, como ejercicio de escritura, copiar la siguiente frase: «Usted es exactamente igual en vuestra naturaleza a los otros hombres, y en consecuencia deberá ser sensible a todos los males y miserias de la humanidad». La reivindicación igualitaria se expresará con gran inspiración en el teatro de Beaumarchais. El tema de la igualdad debió inspirar poderosamente a los iniciadores de la masonería en tres grados ya que, más allá de la igualdad de los novicios que son aprendices, de aquellos que progresan, que son los compañeros (igualdad simbolizada por el mandil exento de todo ornamento), se consagra la igualdad nivelada hacia lo mas alto, hacia la nobleza, simbolizada por la banda, la espada y el mandil de piel bordado, así como el sombrero (particularmente en Alemania). Al nivelar hacia abajo, en la ignorancia o en el camino errático, se sustituye la igualdad por la condición social de las personas. Es sin duda abrir el camino a aquel error que consiste en creer que el acceso a la maestría nos confiere efectivamente maestría y sabiduría. Igualmente, volveré sobre este asunto. La idea de tolerancia. Viguerie –siempre él–: «Su origen es bien conocido. Surge directamente de la filosofía de Locke y más precisamente de sus cartas sobre la tolerancia. Esta nueva doctrina de tolerancia es muy simple. Su principio es separar radicalmente lo temporal y lo espiritual […]. Lo temporal debe gozar de una completa autonomía en relación con lo espiritual […]. Hasta alrededor de 1730, esta doctrina de liberación solo es conocida por pensadores ilustrados. Voltaire la va a vulgarizar. Su Henriade (1728) y su Mahomet (también conocida como «Mahoma o el fanatismo») son alegatos por una nueva tolerancia»12.


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Por mi parte, opino que tal aspiración a la tolerancia fue la reacción de hombres y mujeres ilustrados frente a las restricciones constantes surgidas tras la Paz de Alès13 (1629) a la libertad de culto protestante. A partir de 1661, se obtuvieron conversiones forzadas, y se instauraron las llamadas «dragonadas». Estas, dirigidas por (Marqués de) Louvois, consistían en dar alojamiento a regimientos de dragones, especialmente entre los protestantes. Estos soldados tenían licencia para saquear las casas e inferir todo tipo de malos tratos y vejaciones hasta que sus anfitriones decidieran abjurar. Tal fue así, que en pocas semanas hubo 37.000 conversiones en Poitou. Algunos sugieren que, convencido de que había terminado con los protestantes, Luis XIV revoca el Edicto de Nantes el 8 de octubre de 1685. Todos sabemos que las consecuencias fueron desastrosas, tanto para los creyentes en la religión reformada como para la propia Francia, ya que la huida de 200.000 protestantes hacia el extranjero se tradujo en una considerable pérdida de talento. Al punto que se compara tal fuga de cerebros con el éxodo de intelectuales alemanes y austriacos a partir de 1933… En Francia, el espíritu emprendedor se resintió gravemente. No es de extrañar (por tanto) que la práctica de la tolerancia se considerara, entre las personas razonables, un asunto digno de ser estudiado. A estos tres elementos que son la creencia en la edad de oro, la proclamación de la igualdad y el esfuerzo por la tolerancia, habría que añadir el cosmopolitismo, que es de alguna manera un corolario del espíritu de tolerancia. René Pomeau nos aclara este punto en su obra, de tan agradable lectura, titulada L’ Europe des Lumiers. Cosmopolitisme et unité européenne au dix-huitième siècle14: «Es sabido que en este siglo, un joven extranjero de buena cuna debía adquirir su educación en algún salón parisino. Anteriormente, se contaba con pocos extranjeros 12 Op. cit., p. 124 13 La Paz de Alés reconoce la libertad de culto a los hugonotes (calvinistas franceses), pero les prohíbe cualquier forma de organización política y de defensa militar. 14 Éditions Slatkine, París-Ginebra, 1981, p. 57 y ss.


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[…]. Pero no sería la virtud quien tuviera el honor de iniciar a Europa en la cortesía parisina. Madame de Tencin […] tuvo sus debilidades con Prior y Lord Bolingbroke: sus antiguos amantes le enviaban visitantes desde el otro lado del Canal de la Mancha. […] Una joven burguesa de la vecindad que se inició allí, retuvo la lección. […] A tal punto que, en sus agendas , la anfitriona debía inscribir el repertorio de sus relaciones por nacionalidad: Inglaterra, Italia, Suecia, Polonia, Rusia». Recíprocamente, son muchos los viajeros que acudían a Gran Bretaña. El prestigio del país se debe en gran parte a los avances realizados en el ámbito científico: Newton descubre el análisis infinitesimal (al mismo tiempo que Leibniz, realmente) y formula la ley de la gravitación universal. Pomeau escribe15: «Los viajeros no olvidan en sus visitas la ciencia inglesa. Bielfeld, dos veces por semana, sigue las lecciones públicas de física impartidas por Désaguliers, un protestante francés que se ha convertido en el capellán del Príncipe de Gales. Admira la Universidad de Oxford, donde “todas las reglas se acercan, dentro de lo humanamente posible, a la perfección” […]. Voltaire, que permanece en Londres de 1726 a 1728, sólo observa una Inglaterra comercial. No se equivoca en el diagnóstico […] Estos ingleses, gente libre, activa, sólidamente «suyos», no se avergüenzan de ningún formalismo ni prejuicio. Han hecho esa «revolución del espíritu» que exige la vida moderna. Con una aguda pertinencia , las Cartas de Voltaire establecen el vínculo entre su prosperidad y su filosofía: Locke, con su Essay upon human understanding (Ensayo sobre el entendimiento humano), se convertiría en el Newton de la metafísica. En fin, en Gran Bretaña, los comienzos del siglo XVIII están marcados por una nueva forma de deísmo, aquél que «rechaza la Revelación como hecho histórico»16. En consecuencia, sin ser ateos, los hombres de este tiempo realizaron una lectura alegórica de los episodios de los testamentos. 15 Op. cit., pp. 87 y ss. 16 Viguerie, op. cit., p. 61.


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La historia de Jesús es el resultado emblemático de su vida espiritual en un alma de hombre17. Alexander Pope escribirá: «El verdadero estudio de la humanidad es el del hombre». Pomeau: «El hombre inglés es de los primeros en afirmarse en posesión de un espíritu nuevo. Los testigos procedentes del continente juzgan al (súbdito) inglés ejemplar por su independencia. Libre en relación con las iglesias, va al cielo por el camino que desea (Voltaire) […]. Tampoco es casualidad que el doble movimiento filosófico y romántico se inicie en Inglaterra antes que en cualquier otro lugar. Inglaterra, habiendo hecho su revolución en 1685, se adelanta al desarrollo de la Europa moderna. Las estructuras de una sociedad de jerarquías rígidas se quebrantan antes que en otras partes; el movimiento liberador de una economía comercial, muy pronto industrial, conforma un individualismo de donde nacen nuevos modos de pensar y de sentir»18. Todo esto no se deja de difundir en Francia. John Bartier caracteriza así el movimiento masónico francés: «[…] La tarea propia de la francmasonería no parece haber sido política sino filosófica, exceptuando las Neuf Soeurs, bastión de los enciclopedistas y de otros talleres. La entrada en masonería representa en el siglo XVIII una experiencia mística, pero la mayoría de las veces los neófitos buscan en las logias un lugar donde puedan confraternizar con sus semejantes y practicar la caridad. Como escribió el Gran Oriente de Francia en 1776, “el principio que perseguimos consiste en establecer entre nuestros adeptos una comunicación activa de sentimientos, de fraternidad y de seguridad en todos sus aspectos, para hacer revivir las virtudes sociales y recordar su práctica, es decir, convertir nuestra asociación en algo útil para cada uno de los individuos que la componen, útil a la Humanidad misma”»19. Pienso que se puede afirmar que, al instalarse la costumbre de intercambiar propuestas e ideas, alejándose de las convenciones, 17 Ibid. 18 Pomeau, op. cit., p. 96. 19 Revue de la Pensée et les Hommes, op. cit., ibid.


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así como el nuevo tema de la igualdad entre los hombres, es como se teje el telón de fondo de las Logias francesas. La sociedad hierve intelectualmente y busca nuevas respuestas a sus necesidades… Necesidad de relaciones igualitarias, de intercambio de ideas, de distinguirse de otras sociedades, necesidad del secreto (en singular y en plural)… Muchos grupos se constituyen en esa época para buscar respuestas a estas necesidades. Debemos citar, entre otras organizaciones, los clubs, ellos al Club de L’Entresol, que se reunió regularmente entre 1724 y 1731, y que frecuentaban los abades Alary, de Bragelonne y de Pomponne, el Caballero Ramsay y otros muchos gentilhombres. Uno de estos grupos toma del Compagnonnage ciertas estructuras y la costumbre, en este caso con fines simbólicos, de utilizar las herramientas de construcción. Este grupo será el de la Francmasonería. Las estructuras, costumbres y ceremonias del Compagnonnage habían sido estudiadas (y condenadas) por La Sorbona en 1655. Eran por tanto suficientemente conocidas. Jugando en torno a la confusión de los términos: Aprendiz, Compañero, Maestro de logia, viajes, términos adoptados por la masonería especulativa en un sentido diferente al que se les otorgaba en el Compagnonnage, la francmasonería se construye así una antigüedad (la construcción del Templo) y, por tanto, una legitimidad. Estos préstamos fueron obra de personajes, entre ellos algunos conocidos, que tenían en común su formación intelectual: empezando por las tradiciones bíblicas, y a menudo también una sólida formación latina adquirida en un marco religioso. ¿Qué no se ha dicho de la influencia de los Jesuitas en la francmasonería? No olvidemos que la Piedra Roseta fue descubierta en 1799, y que en aquel entonces Europa sólo tenía una idea somera de la antigüedad egipcia, y de otras… Además, Champollion no publicará hasta 1824 (recordad: ¡nació en 1790!). Esta cultura bíblica no debe ser subestimada: todavía en 1832, un Agrégé Méthodique de la géographie universelle, obra utilizada en la mayoría de las instituciones de Enseñanza del Reino de Bélgica, presenta, al final del volumen, una adenda, Decouverte et origin des arts et des métiers, donde se lee: «En el año 130 del mundo,


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Caín, hijo de Adán, fue el primero en cultivar la tierra. Al oriente del Eden, construye una aldea a la que llamará Enochia, en nombre de su hijo amado; esta fue la primera aldea que se construyó. Noema inventa el arte de hilar la lana y hacer tejidos. Enoch, hijo de Caín, inventa la carpintería…», etc. Sin embargo, si hubieran prestado atención, nuestros fundadores hubieran podido encontrar en el desarrollo de las ciencias, y en particular de las matemáticas, una fuente para sus reflexiones. En Les Mathématiques, obra de renombrados especialistas, podemos leer: «Un nombre domina esta época, el del alemán Euler (1707-1783), cuya obra, que se extiende a todos los campos de las matemáticas, culmina a mediados de siglo. También debemos citar a otros como: D’Alembert (1717-1783) y Lagrange (1736-1813)20. Ya a fines del siglo XVII, Jacques Bernouilli (1654-1705) amplía los principios y las aplicaciones del cálculo de probabilidades, desarrolla el cálculo diferencial e integral y crea el cálculo exponencial. Su hermano Jean (1667-1748) fue maestro de Euler y amigo de ­Leibniz, y publicó importantes trabajos sobre el cálculo exponencial. Nuestros fundadores no exploraron esta nueva fuente de luz. La pátina de antigüedad que emanaba de los textos bíblicos ciertamente parecía dar mayor peso a esa masonería naciente y contribuir a conferirle el prestigio de la tradición. Hay que subrayar que Jean de Viguerie, en la obra ya citada Histoire et dictionnaire du temps des lumières no menciona ni a los Bernuilli, ni a Euler (salvo mención de Lagrange). Sin embargo, en el New Biographical Dictonary de Cassel los Bernuilli son objeto de mención importante. El primer grado, el de Aprendiz, se presta bien a la comparación con el Compagnonnage. Se trata de renunciar a todo el conocimiento previo, y –al menos teóricamente– comenzar a reexaminar todas las cuestiones. El segundo grado, el de Compañero, se presta menos a ser equiparado con el Compagnonnage. Esto es así porque el compañero especulativo es «recibido» antes de realizar su obra maestra, en tanto que 20 Encyclopédie du Savoir Moderne, París, 1973-1975, p. 324.


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el compañero operativo sólo será «recibido» tras lograr una obra maestra, lo que se puede retrasar muchos años. En la página 4 del trabajo de De Schampheleire en el catálogo C.G.E.R., podemos leer: «A principios del siglo XVII, existía en las logias inglesas una ceremonia que correspondía a un solo grado: se trataba de una ceremonia de aceptación. Sólo al término del aprendizaje el aprendiz se convertía en miembro de la logia». El grado profesional era el de Compañero. «Los compañeros ingleses o escoceses que trabajaban como independientes y contrataban a otros compañeros, se llamaban maestros (masters). La cualificación de maestro reflejaba por tanto un estatus económico y no se correspondía con un grado profesional». El autor prosigue: «Hacia finales del siglo XVII existe, pues, en las logias inglesas y escocesas un ceremonial para dos grados […] que, a pesar de marcadas diferencias nacionales regionales y locales, presentan una serie de principios fundamentales comunes». El autor se pregunta (p. 20) «¿Por qué se produce un proceso de transformación extraordinario precisamente en el seno de los trabajadores de la piedra? […] ¡este problema no parece haber llamado la atención de la masonología británica! ¡Compartimos su perplejidad! Sea como sea, parece probado que es en Gran Bretaña donde la Francmasonería nace, y que es desde allí desde donde se propaga a Francia, en primer lugar, y después al resto del continente y más allá. La sociedad británica se diferencia de la sociedad continental: el espíritu emprendedor florece, la riqueza reina, pero esto no lo explica todo. Como escribe René Pomeau en su Europe des lumières: «Locke es grande, Newton es grande, porque ellos se atrevieron a pensar por sí mismos. […] No es casual que la mayor parte de los poetas ingleses del siglo XVIII fueran clérigos: ministros de una iglesia reformada que practicaba el libre examen, y buscaba la fuente de la religión en el ejercicio de una reflexión individual fuertemente matizada por el sentimiento»21. Continúa: «La Europa inglesa no fue solo un 21 Op. cit., p. 96.


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punto de preponderancia económica, ni de una habilidad diplomática semejante a las coaliciones victoriosas. Modernizada más rápidamente, la sociedad inglesa accederá muy pronto a las ideas y a las emociones de la nueva era. De forma que las influencias de Locke, Young, Ossian, Richardson y las de Shakespeare, fueron profundas en Francia, en Alemania y en los países nórdicos, y más superficiales en Italia y sobre todo en la península ibérica, lo que permite apreciar una progresión desigual de los pueblos hacia un futuro común»22. Esta influencia se expande muy rápidamente, y desde los años 1770 varias ciudades del continente poseen ya logias masónicas. En nuestras provincias comienza a diseñarse la vida masónica. Serán las logias autónomas, sin pertenencia a obediencia alguna23. Algunos personajes influyeron en la vida de las Logias. El autor cita algunos nombres: Jean Rousset de Missy (1686-1762), Louchier, señor de Jericó (1714-1762), Thomas Chambers Cecil (1729-1778) y Bonaventure du Mont, marqués de Gages (1739-1787) quien, según Paul Naudon24, habría asumido la selección y ordenación de las Logias en la Baja Austria. Dejémoslo aquí. El lector interesado podrá consultar este volumen, ilustrado con numerosas reproducciones y que además ofrece una interesante bibliografía. Regresemos a la estructura de la francmasonería en tres grados. Las cosas han debido complicarse de forma singular en lo que concierne a la Maestría. Un personaje episódico de la Biblia será utilizado como eje de una leyenda iniciática, centrada en la reencarnación de un personaje emblemático en el nuevo Maestro. Nos apartamos así de la explotación de un esquema conocido. Vamos a innovar. A este respecto, es curioso constatar que el Compagnonnage ha sido, a su vez, influenciado por la Francmasonería. Agricol Perdiguier, en sus Memoirs dùn Compagnon nos dice: «En 1803, hubo una 22 Op. cit., p. 98. 23 Cf. otra contribución de Hugo de Schampheleire en el mismo volumen editado por la CGEB con ocasión de su exposición sobre el tema de la francmasonería. 24 Histoire, rituels y tuileur des hauts grades maçonniques, París, Denvy, 1993


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reforma en nuestro Código […]. Yo acababa de ser proclamado primer Compañero. Algunos ancianos, algunos maestros, ajenos a la sociedad, me ofrecieron iniciarme en un tercer grado. […] Tal oferta no me entusiasmó pues comprendo lo vacío y lo falso de ese grado». Este tercer grado (en el Compagnonnage) fue suprimido en 1843. ¿Debemos ver una relación entre la aparición del arquitecto como oficio y el grado de Maestro? ¡Aquí, prudencia! Nos aventuramos sobre un terreno poco conocido, sin duda porque las informaciones sobre la Francmasonería se refieren sobre todo al continente y menos a Gran Bretaña (como hemos podido constatar). Debemos tener en cuenta a este respecto el carácter confidencial de los documentos del Compagonnage y, muy especialmente, a la posible destrucción, en los comienzos de la Masonería simbólica británica, de escritos más antiguos . Podemos sin embargo preguntarnos si el oficio de la construcción tenía las mismas características a un lado y al otro del Canal de la Mancha. Tenemos buena información sobre la itinerancia de los compañeros en Francia, Alemania y Suiza. Pero ¿qué ocurría con los compañeros británicos? ¿Eran éstos más sedentarios? ¿Circulaban fuera de la Gran Bretaña? ¿La designación de maestro de logia (de hecho el Presidente) era, como en Francia, de carácter temporal, por tanto vinculada a los desplazamientos? ¿Deberíamos imaginar que en Gran Bretaña el maestro de logia ejercía sus funciones de una manera más continuada? De ahí podríamos deducir que la profesión de arquitecto, al separarse de la de maestro de obras, podía atribuirse a quien demostrara experiencia y competencia reconociéndosele el derecho a dirigir definitivamente los trabajos… En francés, la denominación de arquitecto fue adoptada a partir de 1510, junto con la de «arquitector» […] La morfología viene del latín, pero las palabras arquitecto y arquitectura derivan del italiano architetto […] Tomemos nota de que su raíz griega evoca el trabajo de la madera25.


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Bayard escribe26: «Inglaterra importaba al maestro de obras y al obrero cualificado; los albañiles se contrataban a nivel local». La aportación, mencionada anteriormente, de M.H. De Schampheleire, se hace eco de estas preocupaciones. «El creciente interés de los no-profesionales por la teoría arquitectónica fue un hecho real en Inglaterra […] Fue en torno a los años 1630 cuando Iñigo Jones, padre de la arquitectura inglesa clásica, consigue reivindicar este estatus a través de una serie de escritos teóricos y polémicos. La teoría arquitectónica fue elevada al rango de Ciencia, encontrándose al mismo nivel que las Siete Artes Liberales»27. No se hace mención de este personaje en el Dictionnaire de Ligou, ni en la New Encyclopaedia of Freemasonry de Arthur Edward Waite. El Nuevo Larousse Universal lo cita, pero yo quisiera reproducir la mención que aparece en el New Biographical Dictionary de Cassel28: «Jones, Iñigo (1573-1652), arquitecto, nacido en Londres. Tras haber sido aprendiz con un carpintero, fue enviado a Italia por el Conde de Pembroke, que descubrió su talento para el dibujo. En 1604 se convirtió en arquitecto de la reina y del Príncipe de Gales. Sus edificios en este período son de un estilo elisabetiano desvirtuado, pero tras un segundo viaje a Italia en 1652 introdujo en Inglaterra el estilo paladino. Se convierte en arquitecto del rey y, entre otros edificios, diseñó el Palacio de Whitehall, del cual pudo finalizar la Sala de Banquetes». En su artículo «Arquitectura», Viguerie escribe: «Tiempo de paz, tiempo de prosperidad, el siglo XVIII es un siglo afortunado para la construcción y la arquitectura. A los encargos de reyes, príncipes, grandes señores y comunidades monásticas, se añaden, de forma más y mas numerosa, los de las ciudades y la administración real para el diseño de plazas, avenidas, paseos, pórticos, fuentes y edificios administrativos o de uso colectivo (ayuntamientos, intendencias, teatros, hospitales).» 25 Bloch et Wartburg, Dictionnaire étymologique de la lange française, París, PUF, 1968. 26 Le Compagnonnage en France, Payot, 1986, p. 73. 27 Op. cit., p. 20. 28 Londres, s.d.


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En la obra anteriormente citada29, Bayard lo evoca con estas palabras: «Vemos aparecer el término “arquitecto” en torno al año 1500; reemplaza así al de “maestro de obras”. A menudo el arquitecto es también un emprendedor. Pero luego se produce la separación entre Maestro de obras y Arquitecto, sobre todo a partir del Edicto de 1633. Luis XIV crea en 1671 la Academia de Arquitectura y el Decreto de 7 de marzo de 1676 separa de forma clara las profesiones de maestro albañil y arquitecto […]». Respecto a los arquitectos, Viguerie se refiere a Blondel como el: «Arquitecto que debe su fama a sus teorías mas que a sus obras. En 1737 aparece su Tratado de Arquitectura, que obtiene un gran éxito. También escribe todos los artículos de arquitectura para la Enciclopedia. Finalmente, enseñará arquitectura en su propia escuela privada […]». Viguerie menciona también a Germain Boffrand (1667-1757): «Es, junto con Robert de Cotte, el más fecundo e ilustrado arquitecto de principios de siglo […]». Cita también a Pierre Alexis Delamair (16751745), a Jacques Gabriel (1667-1742) y a otros muchos. Por tanto, en Francia, el maestro de obras cede su lugar al arquitecto. Puede ser que hayamos querido proyectar en la Logia al personaje que ha adquirido, más a través del estudio que por la práctica, conocimientos que debe transmitir a otros. O bien, desde una perspectiva más humana ¿será que algunos han querido ocupar una posición preeminente entre sus pares? Se trata de una cuestión que está suficientemente probada. El grado, ¿pertenece a la masonería azul o se trata ya del acceso a los altos grados? Se trata de hecho de una cuestión importante. He mencionado anteriormente la francmasonería en sus comienzos, al menos en Francia. He recordado que el Compagnonnage confería a sus miembros, en función de sus habilidades, los títulos de Aprendiz y Compañero. Luego aparece el Maestro, no con una función de dirección de 29 Op. cit., p. 109.


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la logia (elegido o designado por sus pares), sino revestido de un grado iniciático. El maestro de la logia del Compagnonnage ejercía esta función, nos dice Ligou, durante un tiempo limitado. El Maestro masón es Maestro de por vida. Por tanto, se le recuerda de vez en cuando que, como cada masón, es y siempre será un Aprendiz. Por supuesto podemos pensar esto mismo a propósito de cada uno de nosotros, profano o iniciado. Porque quién puede jactarse, a pesar de tener conocimientos a veces excepcionales, pese a poseer una curiosidad infatigable, de ser Maestro… Para empezar, ¿Maestro de qué? ¡He aquí una buena pregunta! ¿Maestro de conocimientos? Quién osará pretenderlo, salvo en un campo bien definido. ¿Maestro del tiempo? ¿Maestro de sí mismo? Pero ¿quién no cede alguna vez a la irritación, al placer de una copa de vino, a una comida para satisfacción propia…? El grado de Maestro se distingue de los grados precedentes por varios elementos: Viajamos, después de recibir el grado de Compañero, con las manos libres. A partir de este momento viajaremos real, o intelectualmente, libres de obligaciones. Sin embargo, nos incumben nuevas tareas: satisfechos bajo la banda o revestidos del pomposo mandil, se nos lleva a apreciar la cualidad de los profanos, a evaluar los trabajos de aprendices y compañeros. Los mejores de entre nosotros, o aquellos que tienen la posibilidad o lo hacen por placer, toman parte en la gestión del taller. Esta tarea es importante, pero adolece, en su puesta en práctica, del «amateurismo» que aquí es la regla. ¿Cuántas horas discutiendo, cuantas decisiones cuestionadas o simplemente olvidadas? Es un hecho inevitable pero que, por otra parte, aporta un dato de interés: el de la mirada nueva sobre los problemas y el de una imaginación nueva para aportar soluciones. Ello también cuenta con el atractivo de encontrarse, en los trabajos de comisión, con hermanos y hermanas que, de otra forma, abandonarían el templo una vez acabada la tenida y se apresurarían a regresar a sus casas ya que mañana será un nuevo día de trabajo. También se nos ofrece la alegría del apadrinamiento. Siendo compañeros, comenzamos a preguntarnos si tal amigo, tal relación


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debería o no tener un lugar en nuestra vida. También, al convertirnos en maestros, si la vida en logia nos satisface, nos involucramos para preparar el camino a nuevos Iniciados. ¡La vida y el dinamismo de la logia dependen de la afluencia de nuevos miembros! Mientras, no falta tanto… y es indispensable la mayor de las prudencias. Prudencia, en interés de la logia. A semejanza de cualquier otro grupo humano, esta virtud responde de alguna manera a una definición, a un perfil. Esta definición es bastante imprecisa, cierto. Es sin embargo razonable no alejarse demasiado de ella. Se trata de la armonía de la logia, y de la feliz integración del candidato. ¿Habrá algo más triste que el hecho de que un postulante tenga la impresión de haberse vinculado a un grupo al que no comprende o que no le comprende a él? Lo importante, para esta integración, es evidentemente la apertura hacia los demás, respetando sus diferencias. En algunos talleres, cierto relajamiento respecto a la aceptación de nuevos miembros, hace que las relaciones de la Logia sitúen codo a codo a personas que se tratan habitualmente y que, de golpe, tienen dificultad para diferenciar la vida profana (profesional, política u otra) de la vida masónica. Un taller compuesto por masones muy próximos por su ocupación profesional, su formación académica o su nacionalidad, podrá tener dificultades para otorgar su lugar al «diferente». Este grado implica también nuevos deberes, no solamente respecto del taller, sino en relación con la obediencia. No todos se obligan de la misma forma. Estos deberes no se nos imponen, antes bien, sin embargo, en algunos casos podrán sernos sugeridos de forma contundente… (presencia en los conventos, representación de la logia ante ciertas asociaciones, manifestaciones masónicas…). Pero en fin… –como diría Kipling,, «esta sería otra historia»– este grado puede dar acceso a otros grados ulteriores, llamados «altos grados», que completan el sistema de los 33 grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.


Capítulo 2

La exaltación de la Maestría

Montemos el decorado Los malos compañeros han dado muerte a Hiram, el Maestro. Los obreros vagan como alma en pena. Tristeza, desconcierto. El orden se trastoca. Las herramientas se han convertido en armas. A la armonía le sucede el crimen. Se ha quebrado el orden. Reina el caos. Los maestros que han salido a la búsqueda de Hiram se lamentan, impotentes frente a la fatalidad. Pero he aquí que luce el rayo dorado de la esperanza, la Acacia. He ahí que el empeño conjunto de los maestros logra el imposible retorno, y que una nueva luz alegra nuestro corazón. Hiram, el Maestro, está entre ellos. Hiram, el Maestro se encuentra de nuevo entre nosotros.

La leyenda No es fácil determinar el origen de la leyenda de Hiram. Se trata de un personaje episódico del Antiguo Testamento. Como ha dicho nuestra Hermana Claudine Lenain en un trabajo no publicado: «Es un pequeño personaje dentro de la Biblia y no hay dudas sobre su muerte. Aparece como un artesano hábil en el trabajo del bronce e hijo de una viuda». Es complicado articular este relato con las dos etapas precedentes del camino masónico. Claudine Lenain especifica: «En masonería, el origen del mito de Hiram es cuando menos misterioso. La muerte de


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Hiram no aparece en los Old Charges. En el manuscrito Cooke (finales del siglo XV) así como en los de Tew de Iñigo Jones, se menciona a Hiram, hijo del rey de Tiro y maestro de obras al servicio de Salomón». ¿Se trata de un relato mítico? Según Marie-Louise von Franz, en su obra Símbolos de redención en los cuentos de hadas1: «El mito es una producción cultural […]. Si se estudian las implicaciones psicológicas de los mitos, vemos que estos reflejan fuertemente el carácter nacional de la civilización de donde toma sus orígenes». Por tanto parece claro que aquí podemos hablar, no de un mito, sino de una creación hábil, donde el éxito reside, por una parte, en que el relato está consagrado en la escritura, lo que lo confiere el respeto debido a las cosas intangibles. El ritual de la Federación Francesa del Derecho Humano habla, sin embargo, en una de sus versiones, de «mito simbólico» y, en otra versión, de «drama misterioso». Hablaremos por tanto de leyenda. El origen de la leyenda nos deja perplejos. Como señala Ligou en su Dictionnaire: «Ignoramos cuándo y cómo penetra la leyenda de Hiram en la Francmasonería. La opinión mas común la sitúa al principio del siglo XVIII, varios decenios antes de la homologación que tuvo lugar en la masonería inglesa […] su aparición en el ritual plantea numerosos problemas que apenas podemos esbozar». Hiram es fundidor en el Libro de los Reyes (Reyes VII, 13, 14) y experto en todo en las Crónicas (Crónicas II, 10). La New Encyclopaedia of Freemasonry nos tranquiliza2: «Esta leyenda se basa en un personaje mencionado en las Sagradas Escrituras. […] Su sentido hay que buscarlo en la alegoría y no en algún hecho histórico en el que pueda fundamentarse». Unas líneas mas adelante: «Lo que es cierto de las dos narrativas es que se trata de un experto en la manipulación de los metales, las tinturas y los grabados, pero que no era un arquitecto». Y más adelante: «Los escritores masones han hecho lo posible para demostrar que lo fue, pero su (falta de) cualificación en la interpretación de textos no les confiere apenas credibilidad». 1

Barcelona, Luciérnaga, p. 40.

2 pp. 366-367.


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Esta leyenda fabricada por nuestros predecesores se arraiga en una constante de hechos históricos: ¿realmente debemos evocar aquí la Odisea, la Eneida, las novelas de la Mesa Redonda, la Canción de Roland? En el Memento del grado de Maestro (federación francesa, 1982) se dice: — Pregunta: ¿Habla usted de un hecho real o de un acontecimiento simbólico?

— Respuesta: De una ficción simbólica, imagen de una verdad profunda. El M.·. Hiram, ejemplo del perfecto Iniciado, célebre por su conocimiento de la arquitectura y por su arte de fundir y manipular los metales, personifica la pura tradición masónica […].

— Pregunta: ¿Esta historia esconde algún misterio?

— Respuesta: Sí, porque el libro antiguo que habla del M.·. Hiram no hace ninguna mención a su final.

— Pregunta: Entonces, ¿Qué significa la historia del M.·. Hiram? — Respuesta: Yo pienso que, en el sentido astronómico simboliza el cami-

no aparente del Sol hacia los signos inferiores durante los tres meses que siguen al equinoccio de otoño «y más»… Esos tres meses representan a los asesinos que privaron al M.·. Hiram de su luz y de su calor; ellos son la causa inmediata del fin aparente del Sol antes del solsticio de invierno.

Si tal es el significado de la exaltación a la Maestría, ¿por qué otorgar al relato un carácter tan dramático? Pero se trata de una forma de leyenda, una especie de cuento. Es así, no lo podemos evitar. Sigamos pues a M.-L. von Franz, que escribe3: «Siempre encontramos problemas al comienzo de la historia, por la buena razón de que, sin éstos, no habría historia. Conviene pues delimitar lo antes posible el problema psicológico ya que se trata de intentar comprender su naturaleza. Luego viene la peripateia, la peripecia […] Entonces se alcanza el punto culminante de la acción, momento decisivo a partir del cual toda la historia se resuelve en tragedia o, por el contrario, 3 Op. cit., p. 56.


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termina bien. Es el momento álgido de la tensión. Luego, salvo raras excepciones, se produce un desenlace feliz o catastrófico, dicho de otro modo una “lisis” positiva o negativa, un resultado final». Al llegar hasta aquí me voy a apoyar en los textos de cuatro rituales diferentes. El primero será un texto en lengua inglesa, al completo. El segundo es un ritual elaborado por el Marqués de Gages. También indicaré las diferencias que he encontrado en los rituales al uso en la Federación Francesa y en la Federación Belga de El Derecho Humano. Igualmente mencionaré, más brevemente, un ritual americano de 1860. La diferencia más notable reside en el hecho de que solo el ritual en lengua inglesa evoca la consumación del relato: los malos compañeros son encontrados y condenados a muerte, sin embargo, por eso no se habla de juicio. Debo a la cortesía de uno de nuestros hermanos haber podido obtener un ritual utilizado en una obediencia masculina belga: las diferencias con los rituales de El Derecho Humano son mínimas. Sin embargo, el signo de horror será ligeramente diferente, aunque esto ocurre en un solo caso. Creo, por tanto, sin arriesgarme a cometer errores graves de interpretación, que podemos basarnos en textos que conozco bien por haber contribuido a su puesta en práctica. Un ritual en lengua inglesa Para comenzar os voy a presentar, realizando una traducción libre pero cuidando de no desnaturalizar el texto, un ritual en lengua inglesa (Nigerian Ritual), que he obtenido a través de uno de nuestros hermanos: Los temas del tercer grado de la francmasonería nos invitan a reflexionar sobre la muerte y nos enseñan que, para un hombre justo que practica la virtud, la muerte es menos temible que la deshonra del engaño y el deshonor. Los anales de la francmasonería nos muestran el ejemplo glorioso de la fidelidad intachable y el noble sacrificio de nuestro Maestro, que fue asesinado antes de acabar el Templo que el Rey Salomón había decidido construir y donde él era, como todos sabemos, el arquitecto principal.


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Esta muerte se produce así: quince hermanos compañeros de rango superior, con autoridad sobre los demás, al constatar que el trabajo está casi terminado y que no se les han comunicado los secretos, conspiran para que éstos les sean facilitados por cualquier medio, incluso recurriendo a la violencia. Sin embargo, en el momento de ejecutar el plan, doce de entre ellos rechazaron tomar parte, mientras que los otros tres, dotados de un carácter más firme y a quienes no se les ponía nada por delante, persistieron en su intención impía y, para llevarla a cabo, se situaron respectivamente en la puerta oriental, la puerta septentrional y la puerta meridional del templo, allí donde nuestro Maestro se retiraba habitualmente para rendir homenaje al Creador, en pleno mediodía. Al terminar sus oraciones, (el Maestro) se encaminó hacia la puerta del Sur para salir. Allí se encontrará con el primero de los malhechores, que a falta de otro arma, blandía una pesada regla. Amenazándole, le exige conocer los secretos del Maestro masón, asegurando que estaría dispuesto a matarle en caso de no obtener satisfacción a su demanda. Nuestro Maestro, fiel a su compromiso, le contesta que tales secretos son solo conocidos por unas pocas personas y que, sin el consentimiento y la aprobación de otros maestros, él ni podía ni quería divulgarlos. Añade que, sin duda, el trabajo y la paciencia permitirían a los masones perseverantes conocerlos, pero que por su parte prefería la muerte a la divulgación de la ofrenda sagrada que le había sido confiada. Al no considerar satisfactoria la respuesta, el malhechor asesta un golpe violento en la cabeza de nuestro Maestro aunque, confundido por su actitud firme, falla en la frente y le alcanza la sien derecha, con tal fuerza que el Maestro se tambalea y cae a tierra sobre su rodilla izquierda. Recuperándose del golpe que acaba de recibir, el Maestro se dirige hacia la puerta del Norte, donde le interpela el segundo malhechor, a lo que él responde con las mismas palabras y con igual firmeza. El mal Compañero, armado con una palanca, le asesta un fuerte golpe en la sien izquierda. El Maestro se tambalea y cae al suelo sobre la rodilla derecha. Viendo que el acceso a estas dos puertas es imposible, el Maestro, ya cubierto de sangre y a punto de perder el conocimiento, busca refugio encaminándose hacia la puerta del Este, donde se encuentra apostado el tercer mal Compañero. Se repite la escena (y en este instante


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dramático nuestro Maestro permanece firme e inquebrantable), y el mal Compañero asesta un fuerte golpe de mallete en la frente de nuestro Maestro, dejándolo sin sentido […]. La desaparición de un hombre tan importante como el arquitecto principal no deja de sentirse por todos como un acontecimiento extremadamente grave. Se echan de menos los planos, los consejos que hasta entonces se aportaban a las diversas clases de trabajadores. Esta fue la primera manifestación de que una terrible catástrofe se había abatido sobre nuestro Maestro. Los Menatschin, o Prefectos, o, por decirlo de forma mas común, los Vigilantes, eligieron a los más eminentes de entre ellos y los enviaron a hablar con el Rey Salomón para informarle del profundo desconcierto que les había producido la ausencia de Hiram y transmitirle su temor de que esa desaparición, tan súbita como misteriosa, pudiera deberse a un acontecimiento trágico. El Rey Salomón ordena pasar revista a todos los obreros de todos los gremios. Tres de entre ellos no comparecen. El mismo día, los doce obreros que al comienzo habían formado parte de la conspiración se presentaron ante el Rey y voluntariamente confesaron todo lo que sabían antes de apartarse de los conspiradores. Esto no hace más que aumentar el temor del Rey Salomón por la seguridad del jefe de sus artesanos. Entonces elige a quince compañeros en los que confía y les ordena comenzar sin demora la búsqueda para encontrar al Maestro, para asegurar que aún está vivo o si ha sucumbido a las tentativas de los compañeros de arrebatarle los secretos del grado superior. En virtud de lo cual se fija una fecha para su retorno a Jerusalén. Ellos se organizaron en tres equipos y partieron por las tres puertas del templo. Durante muchos días se pierden en búsquedas vanas. Uno de los equipos regresa sin haber descubierto nada importante. Otro tiene más suerte: una tarde, después de soportar privaciones y fatigas, uno de los hermanos, que está reposando, quiere ayudarse de una rama para levantarse y, para su sorpresa, la rama se desprende fácilmente de la tierra. Observando más de cerca, descubre que la tierra ha sido removida hace poco. Entonces llama a sus compañeros. Uniendo sus esfuerzos, remueven la tierra hasta encontrar el cadáver de nuestro maestro, enterrado de cualquier manera. Ellos lo vuelven a cubrir con todo el


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respeto posible y, para reconocer el lugar, plantan una rama de acacia en la cabecera de la sepultura. Se apresuran a regresar a Jerusalén con el fin de anunciar al Rey Salomón su macabro descubrimiento. Este, después de reponerse de la impresión, les ordena preparar para el Maestro una sepultura digna de su rango y sabiduría. Al mismo tiempo les informa de que, tras esa muerte inesperada, los secretos de la maestría se habrían perdido. Es por ello que les pide prestar particular atención a los signos, palabras y toques involuntarios que pudieran ponerse de manifiesto mientras se honrara al difunto en un último y triste homenaje. Ellos cumplieron su tarea con la mayor de las diligencias. Al excavar el suelo, uno de los hermanos, mirando a su alrededor, ve a algunos de sus compañeros petrificados por el dolor a la vista del lamentable espectáculo, en tanto que otros, al contemplar las marcas visibles del horrible golpe, elevaron los brazos en signo de comunión con su sufrimiento. Dos de los hermanos exhumaron el cadáver y trataron de despertarlo, dándole el toque de Aprendiz. Sin éxito. A continuación lo intentaron con el toque del Compañero. Tampoco tuvieron éxito. Viendo que los dos hermanos habían fracasado, otro Hermano, activo y concienzudo, los ayuda incorporándolo, mientras los otros exclamaban «Mohabon» o «Macbenah», dos expresiones que transmiten la misma emoción y que significan, respectivamente, «el Hermano ha muerto» y «el Hermano ha resucitado». Fue entonces cuando se decidió que esos signos, palabras y toques serían los de la maestría en todo el universo en tanto el tiempo y las circunstancias no restablecieran el Secreto. También debemos añadir que el tercer grupo, que llevaba a cabo la búsqueda en dirección a Joppaet, al tomar el camino de regreso a Jerusalén, pasaron casualmente por delante de una caverna donde oyeron ruido de amargas lamentaciones y expresiones de remordimiento. Al penetrar en la caverna para ver de qué se trataba, encontraron a tres hombres cuya descripción correspondía con la de los obreros que no habían asistido al llamamiento (del Rey Salomón). Acusados del crimen, y habiendo perdido toda esperanza de escapar, confesaron. Fueron atados y conducidos a Jerusalén, donde el Rey Salomón los condenó a muerte, pena derivada de la gravedad de su crimen.


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Ordenó que nuestro Maestro fuese enterrado tan cerca del Sancta Sanctorum como permitiera la ley judía. Su tumba medía tres pies de ancho y cinco pies de largo. No fue enterrado en el Sancta Sanctorum, porque en este lugar se prohíbe la entrada de lo profano y de lo impuro. Nadie puede entrar allí, salvo el Gran Sacerdote, y sólo una vez al año –y esto tras someterse a numerosas abluciones y purificaciones–, el Día del Gran Perdón, ya que, según la ley de Israel, toda carne es considerada impura. Los mismos quince fieles asistieron a sus funerales vestidos con túnicas blancas y llevando guantes blancos como signo de su inocencia. • • •

¿Qué retener de este ritual? Para empezar que la leyenda es leída, y no representada, en tanto que en nuestra tradición intentamos que el asesinato de Hiram sea representado de manera dramática y que el o los candidatos tomen parte activa en el mismo, al punto de participar ellos mismos en la muerte del Maestro. Pero esto, que puede considerarse un detalle, es a mi juicio importante, ya que siempre he considerado que la participación en la muerte proporciona un mensaje muy fuerte y ofrece un tema magnífico para la reflexión. Una cierta preocupación por el realismo hace que, inicialmente, los conjurados no sean tres compañeros, sino quince. Escenario plausible que evoca los levantamientos y para nosotros, los belgas, las revueltas de los gremios y de los burgueses contra la autoridad del príncipe (¡aquel que era de otro lugar!). La revuelta de los compañeros se inspira en el hecho de que un pequeño número de obreros han obtenido, efectivamente, el acceso a la Maestría. Sin embargo, doce de entre ellos abandonan la conspiración, por razones que apenas se tratan: los otros tres están dotados de un fuerte carácter. Serán los doce veleidosos los que informan al Rey Salomón. La misma preocupación por el realismo se expresa a propósito de la búsqueda de Hiram: se reúne a un equipo de quince que se divide en tres, y cada grupo tiene, en su búsqueda, diferente suerte. El primero vuelve con las manos vacías; el segundo encuentra, por


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casualidad, el cadáver del Maestro; el tercero encuentra a los asesinos, ya presos del remordimiento. Una diferencia importante, desde el punto de vista de la interpretación simbólica del episodio, reside en el hecho de que la acacia es plantada por los compañeros encargados de buscar a Hiram. El ritual del Marqués de Gages El ritual elaborado o recogido por el Marqués de Gages (1739-1787) relata los antecedentes lejanos del asesinato de Hiram. Esto comienza por la concupiscencia del Rey David respecto a Betsabé, y la emboscada en la que morirá, por orden del rey, el marido de Betsabé4. En virtud de lo cual, David, castigado por Dios, verá perecer a toda su descendencia, a excepción de Salomón. Este, convertido en rey, cumple con el santo proyecto que abrigó su padre, y que era precisamente la construcción del templo. Los trabajos comenzaron y cada uno de los obreros recibía su salario el sábado por la tarde. Pero Salomón se dio cuenta de que no le llegaba para dar su salario a los maestros. «Para remediar este abuso, hizo construir a la entrada del templo dos grandes columnas de bronce de dieciocho pies de altura, asentadas sobre pilares de ocho pies de altura y decoradas con capiteles de cinco pies de altura. En la (columna) situada a la izquierda de la entrada al Templo, mandó a grabar las letras I.·. y F.·.; esta columna se dedicó a los aprendices que, a través de una palabra, un signo, un toque y una contraseña podían depositar allí sus herramientas y recibir su salario. En la columna derecha hizo grabar los signos B.·.B.·. Esta servía a los compañeros que, a través de su palabra, signo y toque, recibían el salario por sus trabajos. A los maestros se les pagaba en la cámara interna, quienes dando la palabra, el signo, la contraseña y el toque de ese grado, también recibían su salario de maestros. Entonces «tres compañeros malvados que habían acostumbrado a camuflarse entre los maestros para recibir su salario» se sintieron frustrados y decidieron obtener por las buenas o por las malas 4 Samuel, capítulo XI.


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la palabra de pase de los maestros. Dice el ritual que es por avaricia por lo que se convierten en agresores y, finalmente, en asesinos. Atacado en la puerta de Occidente por un Compañero armado con una regla, Hiram es alcanzado en el hombro izquierdo. Busca refugio en la puerta del Mediodia, donde recibe un golpe de mallete sobre el hombro derecho. Pero será en el Oriente donde se enfrentará al tercer asaltante que lo mata de un golpe con la palanca. El diálogo entre Hiram y sus agresores es muy parecido al que hemos visto previamente y que nosotros escuchamos actualmente en nuestras logias. Es a partir de aquí que (este ritual), con razón, nos deja atónitos: «En este lugar el recipiendario recibe un golpe en la cabeza; ambos Vigilantes le tumban encima de un ataúd y le cubren con un paño. Entonces el Maestro sigue: “Te suplico, por el alma del respetable Hiram, que comparezcas ante nosotros para así poder leer en el fondo de tu corazón y saber si no has manchado tus manos con la sangre de un inocente y si no hiciste burla de nuestros misterios. Apareced, querida Sombra, tan respetable a nuestros ojos y no permitáis que vuestros hijos se equivoquen en la elección de sus hermanos”. El Hermano que está en el ataúd coge al recipiendario por la cintura y dice: “¿Porque vienes a perturbar mis cenizas e ignoras la falsedad de los hombres?”. Sepa, querido Maestro, que el Compañero que tengo agarrado en este mismo instante, no ha traicionado nuestro divino secreto pero sin embargo su vida no ha sido del todo ejemplar. Os incumbe pues a vosotros corregirle […].» La historia continúa. Los tres compañeros entierran a Hiram y plantan una rama de acacia a fin de reconocer el emplazamiento de la sepultura provisional y poder transportar ulteriormente el cuerpo. Los compañeros son descubiertos y el candidato, demostrada su inocencia, es recibido como Maestro. Sin embargo, es necesario resaltar que la recepción del candidato se acompaña de comentarios muy duros: se le dice, de hecho, que «él causa consternación en nuestro templo […]. Os acusamos de indiscreción sobre nuestros misterios. Si esto es así aconsejo que os apartéis y no prosigáis (en este camino) salvo que queráis confesar vuestra culpa a todos vuestros Hermanos con verdadero arrepentimiento, prometiendo no volver a recaer».


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Se le presiona para que reconozca su culpa, para que tema que su suerte va a ser la del Compañero asesinado. El se aparta. A cada paso, recibe un golpe con un rodillo de cartón o de papel. Luego se pone de rodillas al Oriente y presta su compromiso, tras lo cual se le lee la leyenda antes referida. • • •

El ritual americano, presentado por un tal Jabez Richardson en el Monitor of Freemasonry, copyright 1860 y 1888, presenta ciertas características particulares, cuando menos las siguientes: — El candidato entra en el templo con los ojos vendados. — Se le comunican el signo de horror y las palabras que lo acompañan: «Is there no help for the widow’s son?» (¿No hay quien preste ayuda al hijo de la viuda?) –lo que en este momento no tiene mucho sentido al no referirse a nada concreto–. — La palabra de pase se transmite por sílabas, y la herramienta del Maestro es la llana, lo que permite cimentar al grupo a través del amor fraternal y el afecto. Aquí también se lee la leyenda. En este ritual americano reencontramos a los quince conspiradores del ritual nigeriano. Asimismo la leyenda llega a su fin con el asesinato. El suplicio es el que se prevé en los textos del Monitor, a saber: — El juramento del Aprendiz: que me corten la garganta de oreja a oreja, que me arranquen la lengua, que entierren mi cuerpo en la arena en bajamar, ahí donde las mareas suben y bajan dos veces en veinticuatro horas. — El juramento del Compañero: que se me raje el pecho y se me arranque el corazón, que éste sea tirado por encima de mi hombro izquierdo y llevado al valle de Josaphat para ser pasto de los animales salvajes. — El juramento del Maestro: que mi cuerpo sea cortado en dos partes por la cintura y dividido en norte y sur; que mis entrañas se


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reduzcan a cenizas y sean esparcidas a los cuatro vientos, que no quede huella ninguna (de mí) ni entre los hombres ni entre los masones. Mi conclusión: ¡guardémonos de transformar el mensaje masónico en un espectáculo de guiñol! Si exageramos, la emoción se destruye. El ritual al uso en la Federación Francesa de El Derecho Humano La leyenda se presenta al candidato, que es llamado a identificarse con Hiram a partir del momento en que éste es amenazado. He consultado dos rituales de este grado, uno menos solemne y más actualizado que el otro. Necesitamos el decorado: «Los malletes están provistos de una funda negra […] La Logia se viste de negro […] En el Templo en el Tercer Grado no hay ni columnas ni pavimento mosaico.» Así pues, se consuma la ruptura con los grados operativos ya que, etimológicamente, pavimento mosaico significa obra de las Musas. Escapar de este aspecto operativo no permitirá, sin embargo, el libre desplazamiento por el Templo ni comportarse de cualquier manera. Este grado se revela, por tanto, como una transición, un pasaje entre lo operativo y lo especulativo. Hiram no es aquí el Arquitecto principal, sino «aquél que nos consuela en nuestras penas y nos sostiene en las dificultades». Se le presenta como «un sabio en el arte de la arquitectura y en el trabajo de los metales». No son quince los malos compañeros que conspiran frente a la negación de una promoción (aumento de salario, comunicación de secretos de un grado superior), sino solo «algunos». Los tres malos compañeros no son los más descontentos, sino los más vanidosos. Se les tilda de ambiciosos, envidiosos. El Templo tiene tres puertas: una al Oriente, otra al Sur, otra al Occidente. La primera agresión tiene lugar, como en el ritual citado anteriormente, en el Sur. El arma del agresor es la regla. La segunda agresión


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es en Occidente (y no en el Septentrión). Esta vez, la palanca es utilizada como arma (igual que en el texto en lengua inglesa). La tercera agresión tiene lugar en el Oriente, donde el mallete alcanza a Hiram. En uno de los dos rituales consultados, Hiram, al ser interceptado por el tercer cómplice, arroja al suelo una joya que lleva grabado el secreto de los Maestros: «El Maestro Hiram lleva consigo una joya sobre la cual está grabado el secreto de los Maestros. Sintiéndose condenado, arroja (lejos de sí) la joya, a fin de que el secreto no sea conocido». No se nos dirá nada más sobre esta joya. En esta versión se pone el acento en la frustración de los compañeros a quienes se ha rechazado para acceder a un rango superior. Aquí, también, son tres los personajes los que llevan a cabo la intención de otros muchos. «Veían con envidia a aquellos que, de entre ellos, gozaban de un rango superior por sus talentos y virtudes, y que eran admitidos en la Cámara del Medio». • • •

Igual que con respecto al ritual nigeriano, nuestra perplejidad es grande. ¿Qué ha sido de aquellos previamente promovidos a la Maestría? El ritual no menciona que la búsqueda se realizara por tres grupos de compañeros. Esta se llevará a cabo, en un primer momento, por los dos Vigilantes acompañados por el primer y segundo Experto y dos Maestros. A estos los acompaña el Gran Experto y el Maestro de Ceremonias. Los Expertos portan la espada en la mano derecha, los tres maestros en la mano izquierda. Será la rama de acacia la que les llame la atención, concluyendo que se trata del entorno donde el maestro Hiram estaría sepultado. Los dos Vigilantes dan parte al Muy Respetable Maestro, quien descubre el cuerpo y determina la calidad de los asesinos. Es él quien, con ayuda de los dos Vigilantes, tratará de reanimar a Hiram. En un segundo momento, el ritual retoma de Gérard de Nerval5 la descripción del poder de Hiram durante la visita de la reina Balkis a Soliman. 5 Voyage en Orient. Histoire de la Reine du matin et de Soliman, Prince des Génies.


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En esta versión no se evoca ni la captura de los criminales ni su enjuiciamiento. Esto constituye una diferencia importante con el ritual precedente. El ritual al uso en la Federación Belga de El Derecho Humano Dejemos de lado la paradoja que implica el que la ceremonia comience anunciando la identidad de los candidatos, que «tienen derecho a un aumento de salario» decisión que ha sido objeto de «un acuerdo favorable de la Cámara del Medio» para, inmediatamente después, convertirlos en sospechosos de la peor de las maldades. El Maestro (Hiram) es presentado no solo ya como un técnico de alto nivel, sino como una especie de gurú, de modelo: «El nos ilumina en nuestros trabajos; él posee cualidades y talentos que llevan a la perfección. El se llama Hiram, y viene del Oriente, donde nace la luz. Hiram, sabio en el arte de la arquitectura y en el trabajo de los metales, ha sido elegido por el Rey Salomón para edificar su templo y dirigir el trabajo de los obreros. El tuvo bajo sus órdenes una multitud de obreros repartidos en tres grupos que tenían, (respectivamente), palabras, signos y toques particulares». El ritual solo menciona a tres malos compañeros. Se les atribuye como defectos la ignorancia, la hipocresía y la ambición, pero no se les presenta como potenciales asesinos. Ellos deseaban arrancarle al Maestro la palabra de pase, pero no se precisa nada sobre los medios para realizarlo. Entonces se cuenta la leyenda, y los compañeros ilustran de forma concreta su desarrollo. Las tres puertas del templo se sitúan, respectivamente, al Occidente, al Mediodía y al Oriente. Hiram es atacado en la puerta de Occidente por el Compañero armado con una regla pesada. Luego, es en la puerta del Mediodía donde es herido de un golpe con la escuadra, para ser finalmente alcanzado por un golpe de mallete en la puerta del Oriente. Vemos hasta qué punto se asemejan los rituales belga y francés, lo que es normal en el seno de una misma obediencia. Aquí también


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serán el Muy Respetable Maestro y los dos Vigilantes los que identifican y levantan el cuerpo. Igualmente, no se habla ni de la captura de los criminales ni del enjuiciamiento. Se indica, sin embargo, que los restos mortales de Hiram se hallan sepultados y que una rama de acacia se encuentra plantada sobre su tumba. Análisis del ritual Daniel Ligou, en su Dictionnaire, retoma las grandes líneas de la mayoría de los rituales6: «La iniciación al grado de Maestro gravita en torno a la leyenda de Hiram, constructor del Templo de Salomón y asesinado por tres compañeros. Esta leyenda constituye actualmente el vínculo fundamental de la masonería universal. Hiram es el símbolo del dominio de sí mismo, de la Maestría total a través de la ciencia y sobre todo por su voluntad inflexible de respetar los valores morales, de ser fiel al deber a toda costa, incluso poniendo su vida en peligro. Hiram personifica el honor llevado hasta el sacrificio supremo. Encarna la plenitud del Ser en su excelencia.» El itinerario de los maestros que parten a buscar a Hiram es caótico. Encontrar a Hiram es difícil. He aquí que este pensamiento sugiere que encontrarse (a sí mismo) es difícil. Que definirse es difícil y que se trata de un trabajo que no tendrá punto final. Lo que uno descubre en sí mismo es, con frecuencia, fuente de tristeza. Por encima de las apariencias nos encontramos desnudos, pobres de ideas nuevas y de pensamientos valiosos. Peor aún, la lucidez nos fuerza a reconocer en nosotros mismos rasgos y efectos de comportamientos que reprochamos a otros. Bajo el barniz de la cortesía, la envidia; bajo el brillo de la inteligencia, la mediocridad del corazón o el engreimiento. A veces nos puede parecer que una buena convivencia ciudadana, respetuosa con las leyes, no es más que fruto del miedo a la autoridad o, simplemente, de la falta de oportunidades. No hay que olvidar la cantidad de cartas que se recibían 6 Op. cit.


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en las oficinas de las fuerzas de ocupación durante la última guerra, tanto en Francia como en Bélgica; la oleada de denuncias que propició el régimen estalinista, recompensando a delatores con la adjudicación de una vivienda o de un puesto de trabajo deseado. Hasta el día en que otra denuncia afectara a los anteriormente favorecidos. Un elemento importante de este ritual reside en la afirmación de que el Maestro no puede ser elevado (federación francesa) ni encontrado (federación belga) sino por una acción coordinada de varios francmasones. Sin duda el Aprendiz, teniendo todo por aprender, no puede trabajar sin guía; sin duda el Compañero, hábil en una o varias técnicas de construcción no puede, solo, erigir un edificio tal como un Mercado o una Catedral. Pero ¿y el Maestro? También él debe escuchar a los demás, no solo las voces del pasado, las de constructores de otras épocas, para aprender de su experiencia, ya sean fracasos o éxitos, sino también debe escuchar las voces del presente: un compañero atento señalará al Maestro de obras los peligros de edificar sobre un terreno frágil, o de tomar demasiados riesgos respecto a la altura de muros o torres. El ritual señala: «Recordemos que la unión hace la fuerza». Ayudados por el lema nacional, la federación belga precisará: «Recordemos que nosotros solos no podemos nada, pero que unidos, lo podemos todo». Este mensaje de modestia a menudo se pasa por alto. Todo ocurre como si el Maestro detentara la clave de la vida. Lo que es, evidentemente, erróneo. El acceso a la Maestría nos anima, pues, a enfrentarnos a nosotros mismos, a mirarnos con tanta determinación y espíritu crítico como si lo hiciera un tercero. Este ojo del otro, esta mirada del otro, es algo a lo que ya nos hemos enfrentado con anterioridad: el espejo. En ciertos rituales, este elemento forma parte de la ceremonia de Iniciación (al quitarle la venda, invitamos al futuro aprendiz a darse la vuelta. Allí descubrirá, bien a su padrino, o bien un espejo). La presentación del espejo completa, por tanto, el simbolismo de la Cámara de Reflexión. Desde luego, son escasos los iniciados que, bajo la influencia perturbadora del ritual de Iniciación, perciben


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el significado del espejo de forma consciente. En otra parte, la presentación del espejo forma parte de la ceremonia de recepción al grado de Compañero. El espejo en este caso opera como juez que determina si el trabajo del candidato es admisible, si tiene la aprobación de su conciencia. Por respeto a la verdad debo añadir que, en mi experiencia, jamás nadie se ha echado atrás ante este juez (y por tanto…). El espejo nos devuelve la mirada del otro. Sólo una profunda introspección podrá darnos una percepción más exacta de nosotros mismos, pero esto, si no imposible, es al menos extremadamente difícil e incluso penoso. Si ya nos resulta difícil entender, percibir a los demás tal y como son en sí mismos, teniendo en cuenta su apariencia, su nacionalidad y todo aquello que de ellos sepamos, cuanto más difícil percibirnos a nosotros mismos con toda objetividad. A través de la reflexión, que sin duda es una práctica saludable ya que es esencial para la buena higiene del espíritu, aunque puede ser peligroso querer entenderlo todo, analizarlo todo, explicarlo todo. Debemos sin embargo evitar las trampas burdas, tanto en la percepción que tenemos de los demás como en la que tenemos de nosotros mismos. Estaremos de acuerdo en que es sumamente raro el ser totalmente extraño a la persona por la cual nos interesamos. Formarse una opinión justa sobre otro es difícil. Hay que esforzarse en juzgar las obras, en lugar de juzgar a las personas. … He aquí que se plantea otro problema: el de la relación de la obra con su autor. Una ley justa puede ser propuesta por una mala persona, si puede (por ejemplo) reportarle algunos votos… Evidentemente… Conocerse a sí mismo, ese objetivo que tanto nos gusta evocar en francmasonería, es algo difícil y por otra parte no se precisan los límites ni los métodos para conseguirlo; creo que solo podremos acercarnos a tal meta a través de realizaciones concretas, ya que ni siquiera la más escrupulosa honestidad puede impedir el autoengaño. La prudencia impone reservar para nosotros mismos la tentativa de formular juicios. Estos deben permitirnos elaborar una opinión mas objetiva de lo que somos, o más aun de lo que hemos sido, ya que cada vida se compone de una infinidad de momentos. Poco a poco tendremos una percepción más exacta de nosotros mismos y


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podremos empezar por tanto aquello que es verdaderamente la gran obra, es decir, la transformación, la afinación de nuestra personalidad, en otras palabras: La Maestría Qué bueno será para nuestra logia y para nuestros contemporáneos que guardemos siempre esta preocupación en el espíritu •

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Textos para el 3º grado, Maestro, de Logia Azul de la Hª Thérèse Willekens

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