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Glòria Vives

| compartir | octubre • noviembre • diciembre 2012

|7 de la coagulación como para que se desencadenen hemorragias ante traumatismos mínimos, o incluso espontáneas, de con­ secuencias imprevisibles. Por ello, este tipo de tratamiento, que muchas veces se administra durante largas temporadas o incluso durante toda la vida, requiere unas pautas muy per­ sonalizadas y, según el caso, dependiendo de las circunstan­ cias individuales y también de los fármacos que se utilicen, con los oportunos controles. Los efectos que ejercen los fármacos anticoagulantes no son similares en todos los casos, por lo cual su dosificación y sus pautas de administración deben fijarse de manera indivi­ dualizada y según el resultado de controles que determinen su eficacia, basados en la práctica de distintas pruebas de la coagulación. Cuando se trate de un tratamiento prolongado, será indispensable realizar controles periódicos para evaluar la actividad anticoagulante. Además, como las pautas de ad­ ministración pueden ir variando a lo largo del tratamiento, es normal que el médico introduzca modificaciones sobre la dosis a tomar y el período que debe pasar entre una y otra administración. Es indispensable que se sigan al pie de la letra las indicaciones del médico, solicitándole que sean lo más detalladas posible y consultándole qué se debe hacer cuando por algún motivo se piense que no se podrán respetar rigurosamente. Por otra parte, debe tenerse en cuenta que los distintos fármacos anticoagulantes pueden ocasionar efectos secun­ darios desagradables, así como dar lugar a hemorragias cu­ ando su actividad sea exagerada; además, su efecto puede ser potenciado o inhibido por otros fármacos. Por todo ello, es imprescindible que la persona que reciba este tipo de tera­

pia tenga una información adecuada al respecto y respete al máximo tanto las indicaciones del médico como los controles oportunos. En especial, si a lo largo del tratamiento surge una hemorragia, es muy importante consultar al médico con pron­ titud para que tome las medidas oportunas, pero en ningún caso se debe abandonar la medicación sin advertirlo al médi­ co, ya que una supresión brusca de los fármacos puede causar, como efecto rebote, la aparición de alteraciones trombóticas.

la persona sometida a un tratamiento anticoagulante debe informar siempre de esta circunstancia al médico que lo atienda. También debe tenerse en cuenta que algunos fármacos, administrados conjuntamente con los anticoagulantes, pue­ den potenciar o inhibir su acción, con el consecuente riesgo de aparición de hemorragias o de trombosis, según el caso. Por ello, nunca debe tomarse ninguna medicación que no haya sido indicada por un médico que conozca la situación. En definitiva, la persona sometida a un tratamiento anti­ coagulante debe informar siempre de esta circunstancia al médico que lo atienda por cualquier motivo, especialmente si ha de efectuar algún procedimiento quirúrgico, como ocurre frecuentemente con el odontólogo. Así mismo, es conveniente que toda persona que reciba un tratamiento anticoagulante prolongado cuente con algún tipo de identificación que in­ forme sobre esta circunstancia y sobre las características de su medicación para que, en caso de necesidad, el personal sanitario que lo atienda lo advierta oportunamente.


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