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ESTRATEGIA BUENOS AIRES ochenta nanorelatos

Roberto Santiago De Brito


ESTRATEGIA BUENOS AIRES ochenta nanorelatos

Mi agradecimiento a Mercedes De Brito, a Ladislao Feher y en especial a Coli.

Roberto Santiago De Brito


De Brito, Roberto Santiago Estrategia Buenos Aires : ochenta nanorelatos . - 1a ed. - Bariloche: el autor, 2012. 104 p. ; 20x14 cm. ISBN 978-987-33-1730-9 1. Narrativa Argentina. 2. Cuentos. I. Título CDD A863 Fecha de catalogación: 13/01/2012

A la memoria de mi madre y mi mujer, con amor

Título original: Estrategia Buenos Aires. Ochenta nanorelatos © Roberto Santiago De Brito - robertodebrito@hotmail.com 1ra edición: 2012 Foto de tapa: Roberto S. De Brito Diseño de tapa: Nicolasa Lai y Roberto S. De Brito Diagramación interior: Nicolasa lai - lai.coli@gmail.com Editorial N&T Calle Cahuil 12526 (8400) Bariloche, Argentina Tel (294) 520932 / 154501530 Impresión: Feher Offset Videla 892, Bariloche Argentina Impreso en Argentina Queda hecho el depósito que previene la ley 11723 Prohibida su reproducción parcial o total sin autorización previa del autor.


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Nada*

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omo todos los días, cuando el sudor en la frente le indica el fin de otra jornada, sienta su fatiga al pie del árbol sagrado que se alza solitario a las orillas del lago. Hace tiempo, él se atrevió a grabar su nombre en el tronco y ahora lo lee en el espejo del agua y medita. Acostumbrado a codificar y nombrar las cosas –tal es su oficio–, presiente que el nombre encierra el misterio de su origen. Los jóvenes en cambio, a la hora del descanso que es la del crepúsculo, convocados por el fuego se reúnen en círculos alrededor del calor para intercambiar sus historias, emprendiendo cada tarde el ejercicio inédito de la memoria. En sus cavilaciones, él los observa fascinado. Envidia esos relatos y el enigmático laberinto que ellos en su desnudez, ostentan orgullosos en medio del cuerpo. Entiende, porque ya ha comprobado que la memoria es una ceremonia que él no pude oficiar, que nada y pasado sean sinónimos. Su pasado es sólo un río lechoso, apacible y neutro. Indescifrable. Insistirá. Su curiosidad lo obligará a ello. Jornada tras jornada confrontará a los jóvenes con sus interrogantes, hasta descubrir que no es casual –nada lo es para quien lo nombró– que nada, precisamente, sea el reverso de su nombre.

Parte de verdad siempre yace en las profundidades de una ironía.

* Primer finalista concurso cuento breve de la revista Puro Cuento, Nro. 23, julio/agosto 1990. Incluído en el libro “Un día en la muerte de Ana Bell”. 9


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Hombre prevenido

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ños después, ella decidió enfrentarlo.

–Caballero –dijo–. Es hora de que usted y yo conversemos. El hombre no disimuló su preocupación. Había estado detrás de la muerte mucho tiempo, pero ella jamás osó siquiera voltear su cabeza... y ahora... este diálogo inesperado. Al borde del pánico respondió con esfuerzo: –Espero no haberla ofendido. –De ninguna manera –respondió ella–. No me molesta su presencia, al contrario, me halaga. –No ignoraba que el hombre había dedicado su vida a espiar los gestos de la muerte y cada uno de sus movimientos. –Señora. –Contestó con cortesía fingida el hombre–. Le he consagrado mi tiempo, porque me han enseñado que la muerte lo puede encontrar a uno en el lugar menos esperado y a la hora más inoportuna. Evitar las sorpresas es una manera de estar vivo. ¿No le parece? Espero no se sienta usted molesta por mi actitud. –En absoluto –manifestó ella–, se lo repito, me halaga, aunque... lástima, porque yo no soy la muerte, sólo su sombra: ella siempre estuvo a sus espaldas. Verificarlo, fue para el hombre prevenido su último movimiento.

El despertar de Chuang-Tzu

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uando Chuang-Tzu despertó con la duda de saber si él era Chuang-Tzu soñando que era una mariposa o una mariposa soñando que era Chuang-Tzu*, decidió consultar al oráculo. La incertidumbre, esencialmente metafísica, había comprometido la paz de su espíritu impidiéndole conciliar el sueño. El oráculo respondió: –Chuang-Tzu no debe ignorar que la duda es el principio de la sabiduría y que dilucidar el misterio es renunciar a ella. –Y ante el silencio y la perplejidad de su interlocutor sentenció–: si Chuang-Tzu con su mente es capaz de crear una mariposa al soñar con ella, ciertamente será porque Chuang-Tzu no es Chuang-Tzu, sino un gusano. Si por el contrario, es una mariposa la que sueña ser Chuang-Tzu, Chuang-Tzu debe saber que las mariposas sólo viven el tiempo de un sueño. Al comprender el sentido de las palabras del oráculo, Chuang-Tzu decidió vivir el resto de su vida con el enigma. De ahí en más concilió el sueño, aunque por las dudas, prefirió no ejercerlo jamás.

* Sueño de una mariposa. Chuang-Tzu 10

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Riquezas I

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Riquezas II

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uando el Monarca llegó a la frontera de la Vida se quitó todo el ropaje real antes de acceder al territorio vecino. Desnudo, se presentó ante la Muerte. Ésta, antes de permitirle su entrada lo observó con mucho cuidado. Luego, severa, lo reprimió: –Majestad, ¡No tratéis de engañarme! ¡Olvidáis parte de tus riquezas! El Monarca asintió respetuosamente y con humildad se despojó de su cuerpo y lo abandonó junto a sus vestimentas.

n el instante en que el Monarca abandonó su cuerpo para entrar a los dominios de las Tinieblas, la Muerte, otra vez molesta por la actitud del Monarca, lo volvió a encarar: –Majestad, ¡por favor! El Monarca, hábil diplomático, sin perder su aplomo se justificó: –Con mi cuerpo he dejado atrás mis vicios y placeres, mis hábitos y costumbres; todo aquello que me costó una vida aprender. Acarreo a tu morada solamente lo que es mío y de nadie más. –¿Acaso tu reino? –Ironizó la Muerte sorprendida ante la falta de temor del hombre frente a ella. –¿Mi reino? –Respondió el Monarca. –Mi reino se lo dejo a los necios; que ellos pierdan con él lo que yo llevo conmigo: el Tiempo; lo único que me pertenece. Y la Muerte reconociendo la sabiduría del Monarca, le abrió sus puertas.

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Dispersión

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Esfuerzo inútil

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uando murió, lo cremaron y esparcieron sus cenizas al viento para cumplir su última voluntad. Desde entonces su espíritu vaga por el universo en un trajín agotador. Es inconmensurable el esfuerzo en busca de sus partes para llegar íntegro a la resurrección.

omo Dios decidió comenzar todo de nuevo después de la experiencia del Paraíso, le hizo construir un arca a Noé indicándole colocar en ella todo animal viviente sobre la tierra. Luego, ordenó el diluvio universal. Como Noé era tan solícito y obediente, no tuvo la agudeza de interpretar las palabras del Señor. Y también salvó a la serpiente.

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Hazte fama

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Oficio errado

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l éxito fue siempre su objetivo. Para conseguirlo y mantenerlo incólume, necesitó dedicar jornadas enteras sin descanso, noches de vigilia y dosis diarias de estimulantes. Gracias a los medios masivos de comunicación su imagen recorrió la redondez del planeta y su nombre circuló de boca en boca y de geografía en geografía. Su fama fue tal, que llegó a los oídos mismos de la Muerte, quién ansiosa por conocerlo, apresuró su encuentro con él.

l soñador, cansado de su oficio e impotente por sólo ser capaz de crear soñando, decidió inventar un sueño desde la vigilia. Por años, sintió la esterilidad de su esfuerzo. Recién, cuando el fracaso rondó su fatiga, se permitió descansar. Un día, quizás por azar o tal vez por aburrimiento, inició el arte de la lectura. Poco tardó en comprender que, desde siglos, otros soñadores habían ejecutado la empresa con éxito.

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Refrán con Réquiem

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Ley de gravedad

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zequiel, que desde su temprana edad siempre creyó que los refranes encerraban verdades inmutables, adquirió la costumbre de seguirlos al pie de la letra y conformó su existencia a esta conjunción sin sombras. El día que leyó “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”, no dudó, y de inmediato tomó la determinación. Sus allegados, los que lo conocían íntimamente, no se sorprendieron en absoluto con la noticia. Ezequiel, consecuente, se había quitado la vida.

dán, a pedido de Eva, zamarreó el árbol para poder arrancar la manzana que ella no podía alcanzar, pero la fruta no cayó. Como Dios, observándolos, comprendió que la perfección de la creación todavía no estaba terminada, creó la gravedad. Y se consumó el pecado.

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Inédita

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n el aula, la palabra Inédita levantó la mano y dijo:

Plagio

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uando cerró el libro de Monterroso que estaba leyendo, el dinosaurio todavía estaba allí.*

–Señorita, ¡me quieren copiar!

* El Dinosaurio. Augusto Monterroso 20

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Derecho de autor

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Sin pasado

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i un texto de otro autor resultara idéntico o semejante a un texto de la presente edición y con fecha posterior a la misma, será plagio. Por el contrario, si un texto de otro autor resultare idéntico o semejante a un texto de la presente edición pero con fecha anterior a la misma, será considerado intertexto o mera coincidencia.

strujó su memoria como si fuera un trapo de piso hasta arrancarle las últimas gotas de sus recuerdos. Cuando ella quedó seca como un olvido, se preguntó qué era lo que tenía entre sus manos.

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Raíces

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Ella

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n sus noventa y cinco años no conoció otro mundo que la casona antigua. En ella nació y vivió disfrutando un pedazo de tierra en los fondos de su casa. Allí, dominando el jardín, se erguía majestuoso el centenario nogal que había adoptado desde su nacimiento como su leal y silencioso compañero. Junto al árbol echó las raíces de hombre y desde sus ramas hizo volar los pájaros de su imaginación. La niñez lo vio enredado en su follaje y la adolescencia hizo nido en sus copas. Sobre el tronco fuerte y cálido, un cuerpo de mujer recibió sus labios adultos. Sus hijos y los hijos de sus hijos jugaron con él La madera en vida fue continente y en muerte ataúd. Su última voluntad se cumplió tal cual lo solicitó: ser enterrado vecino al árbol. En posición vertical.

mpetuosa e irreverente, allí estaba Ella. Sin autorización alguna se montó a mi naciente entusiasmo respiratorio, me impuso su manera de caminar y me obligó a una marcha sin tregua. Reconozco que en el trayecto, a pesar de que el viento me zarandeó sin piedad, el cielo nunca dejó de ampararme con sus brazos de sol. Y así, ignorante de la situación, navegué días y noches eternas, soles y lunas intemporales entre los destellos muertos de estrellas extinguidas. Hasta que un día en forma imprevista, un aterrizaje forzoso me enfrentó con mi necia pretensión: instalarme definitivamente en la Vida siendo solo un pasajero de paso.

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Escasos de palabras

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n silencio hosco y agresivo estalló en el salón. Hilachas de vientos introdujeron remolinos de tierra al paso del alto y pesado cuerpo por el vano de la puerta. Un hálito de tensión circuló entre los parroquianos y se instaló en el corazón de la pulpería. Nadie dijo nada, pero todos concentraron al unísono su mirada sobre Ayala. El hombre era temido; su fama de matón y pendenciero no era en vano. Ligero con el cuchillo y escaso de palabras ningún lugareño ignoraba que Ayala era un hombre incapaz de repetir dos veces la misma pregunta. Cuando la hizo en voz alta, acompañada con el gesto de apoyar la mano derecha sobre el facón, a ninguno se le ocurrió argüir sordera. Si Ayala preguntaba, lo hacía una sola vez. –¿Dónde está mi prienda? –Preguntó secamente y no volvió a repetir la pregunta. Esas pocas palabras bastaron para que cada uno de los presentes dejara de lado sus instantes cotidianos: los jugadores atragantaron un truco a flor de boca, los solitarios depositaron sus vasos congelando sus ojos en la presencia repentina, y hasta un borracho despertó su modorra frente a la ocasión preñada de futuro. Sin excepción, los lugareños se alertaron ante el preciso momento en que seguramente nacería la leyenda; la que matizaría reuniones entre mate y mate, y de boca en boca. –¿Dónde está mi prienda? –Había dicho. Y todos al instante pensaron en el único ausente del salón, más ninguno se atrevió a desviar su mirada hacia 26

las habitaciones superiores. Nadie dijo nada, aunque nadie desconocía lo que Ayala seguramente sabía. Sólo Julia, la mujer del ausente, rompió el hechizo. Amante de Ayala, lo conocía por dentro y por fuera al Ayala. Lo miró fijo, de arriba hacia abajo, y comprendiendo el origen real de su ansiedad le mostró con un gesto la silla apartada en el rincón más oscuro de la pulpería. Un tendal de alivio recorrió el espinazo de los presentes cuando el gaucho Ayala, matón y pendenciero, tomó su prienda, el poncho olvidado, y se marchó.

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Anacronismo

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De príncipes y principios

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l Noble Hidalgo intentó convocar a Sancho a su quimérica gesta al grito de “¡uno para todos y todos para uno!”…, ignorando que con ello deshonraba la memoria de Don Miguel de Cervantes.

timología de por medio, los Príncipes mantienen la teoría de que la raíz “Princi”, une en una misma rama o familia a Príncipes y Principios. Opinan que la Vida acunada en su comienzo por las profundidades acuáticas dio origen a los Prínci-pez: organismos que en búsqueda de supervivencia emergieron a la superficie terrestre, adaptando sus cuerpos acordes a las exigencias de la atmósfera. En ella desarrollaron sus cajas torácicas, sus ambiciones, sus poderes, y a través de acciones organizadas llamadas “Política”, dominaron la tierra. Las primeras generaciones se adjudicaron el término Príncipez, o el que viene del agua, palabra que devino en Príncipes, nombre con que hoy se conoce a la especie. Por el contrario, los seres o entidades que no lograron adaptarse fácilmente al medio ambiente decidieron evolucionar hacia lo etéreo: alivianaron sus cuerpos, crearon alas, y buscaron el azul. No en la sangre sino en los cielos. En su primera etapa a estos se los llamó Princi-píos, de donde derivó Principíos. Luego la especie en su cruenta lucha por sobrevivir, perdió el acento. Esta teoría en sí mismo no tiene relevancia alguna. Empero, todavía hoy existen especimenes de Príncipes que, con sus títulos de nobleza, se siguen auto-titulando “únicos representantes de los Principios”.

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Principios coherentes

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ra un tratado sobre los Principios.

El título del libro era: “Ensayo sobre los Principios”. Su autor, filósofo y ensayista, acorde con sus ideas, era un hombre de principios. Incuestionable. Gracias a la coherencia existente entre el autor y el libro, éste jamás pudo leerse. El libro, por Principio, nunca se vendió a nadie.

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De Príncipes y Princesas I

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a princesa, apenas arribó con su corte, fue conducida a palacio. A pesar del tedioso viaje estaba radiante. La promesa del rey se cumpliría apenas concluyera la ceremonia del beso al horrible batracio en que se había sido convertido el príncipe. Sabía, por distintas fuentes, de la varonil belleza del mancebo antes de beber el brebaje que arteramente le diera la bruja del lugar. Tampoco ignoraba las delicias que le depararían el poder y la felicidad de casarse con él. Conducida ante la presencia de la horrible criatura, tuvo que acudir al mayor de sus controles para no demostrar públicamente el asco y la repugnancia que este le producía. Respiró profundamente y procuró que su imaginación le permitiera ver la realidad que se escondía en ese pequeño y repulsivo ser. Con un esfuerzo sobrehumano acercó sus labios carnales a los del anfibio real. Entonces comprobó cómo el milagro, tomándose su tiempo, fue produciendo la metamorfosis esperada. Ante el asombro de la Corte Real, el sapo se convirtió en un apuesto varón. Los jóvenes se miraron, se enamoraron de inmediato, y no hubo oposición alguna a la unión matrimonial. Ambos fueron felices para siempre. Todos. Lo que nadie pudo vaticinar fue esa descendencia horrible de renacuajos. 31


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Muriendo de a poco

De Príncipes y Princesas II

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u Majestad, el Rey Coribante, lo recibió en persona. Hacía meses que esperaba el arribo del hijo de su amigo el Rey Ucoban para unirlo en matrimonio con su hija. La Princesa, producto de una maldición, se había convertido en un horrible escuerzo. No ignoraba que sólo el beso del príncipe era el antídoto necesario para deshacer el conjuro y que la unión de los reinos dependía de ello. En tanto personalidades y autoridades de la corte le rendían los honores correspondientes al recién llegado, al pueblo se le anunció el esperado arribo con el anuncio de tres días de festejos. El príncipe, romántico empedernido, confiaba en que gracias a sus varoniles labios el prodigio era posible. Era un acto repugnante pero indoloro y rápido. Sólo un beso y la hija del Rey Coribante volvería a ser una atractiva doncella. Era cuestión de cerrar los ojos e imaginar el futuro. Y así lo hizo, y el fenómeno sucedió. Cumplida la ceremonia, un cerrado aplauso de los presentes dio pie al comienzo de las fiestas que el Rey había preparado para la ocasión. Por fin el reino tendría una pareja real. El Rey Coribante completó con sus arquitectos los espacios donde la pareja real viviría y desde entonces en los jardines del palacio nunca faltó el agua pura y las hierbas tiernas para que la pareja viviera feliz. Por siempre. El príncipe convertido en un apuesto anfibio macho, y la princesa en una hermosa y exquisita hembra. 32

S

iempre creyó que la muerte era de una vez para siempre, hasta el día en que murió su mano. Sin preaviso, de repente, le diagnosticaron infarto de extremidad inferior del brazo. Así anduvo con la mano muerta sin atreverse a enterrarla. Recién cuando la sabiduría que le proveyó la vejez le hizo comprender por qué los recuerdos no se mueren de golpe sino de a pedazos, como la mano, acepto vivir incompleto.

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Caperucita y el Lobo

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Moraleja

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sa hermosa tarde de sol en el bosque, cuando el Lobo intentó violar a Caperucita, ésta exclamó: –Si vienes en busca de mi inocencia, pierdes el tiempo! El Lobo la contempló boquiabierto. No podía dar crédito a sus palabras. Le exigió una explicación. Caperucita lo miró con piedad y le dijo al borde del rubor: –Mientras tú estabas con mi abuelita yo me entregué a los cazadores. Confieso que no me desagradó. Estupefacto al escuchar las palabras de Caperucita, el Lobo emprendió un llanto desconsolado. No era para menos. Esa misma mañana para mostrarle su experiencia a Caperucita, el Lobo había perdido su castidad con la Abuelita.

na mona, sintiéndose dueña y señora de las alturas, observó que al grito de “¡están verdes... están verdes!”, una zorra abandonaba en forma sistemática las uvas a las que no podía alcanzar. Al comprobar la mona que además de maduras las uvas estaban exquisitas, pretendió ahorrarse el trabajo de seleccionarlas siguiendo a la zorra para ingerir el fruto que ella dejaba. No conforme con su artimaña, declaró a diestra y siniestra que su astucia de mona superaba ampliamente la sagacidad de la zorra. Como es de costumbre en las fábulas, las palabras de la mona llegaron a los oídos de la zorra, quien indignada se dispuso darle una lección. Con afán buscó un racimo de uvas sin madurar que estuvieran a escasa altura del suelo. Cuando lo halló, con agudeza tiró todo el largo de su cuerpo sobre la tierra, alzó sus patas delanteras consciente de no alcanzar la fruta, y gritó y gritó: ¡están verdes... están verdes!, cada vez más fuerte, para que la mona no dejara de oírla. Luego se retiró con la dignidad de quien está diciendo la verdad. A la mona, la diarrea le duró una semana. La moraleja, una eternidad.

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Hombre sacrificado

Proverbio occidental

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Al término de una vida sacrificada y austera, el hombre murió. Como le había dedicado a la Empresa sus horas más vitales, el directorio de la misma en compensación por ello, hizo realidad su sueño más preciado: obligar a sus empleados a dejar las tareas diarias para honrar su memoria. Y todo el personal, incluyendo el jerárquico, le dedicó un minuto de silencio.

uando te sientes para ver pasar el cadáver de tu enemigo, investiga primero si tu enemigo no está sentado esperando ver pasar al tuyo. Si así fuera, entierra tus armas, porque la paz devenida será eterna.

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Arte útil

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i la muerte es el precio por nacer, entonces la vida es el Arte de postergar el pago.

Taller literario abierto

Respuesta al autor: s importante que el texto desarrolle más el personaje central, quizás sin tantos detalles de los sueños que distraen al lector y hacen no creíble la historia ya de por sí fantástica. Los adjetivos debe usted usarlos con mayor prudencia; el adjetivo que no da vida, mata. Experimente escribir sin adjetivar; lo ayudará. El título nos resultó algo obvio: nunca olvide que el título es el primer renglón del cuento. En cuanto a su intento estilístico de repetir la palabra “nadie” en el comienzo de su narración, le recomendamos la lectura de Giovanni Papini en “La visita del caballero enfermo”. Rescate la peculiaridad con que maneja al personaje central y la secuencia de los “nadie”. Observe el virtuosismo de Papini para distribuir esa palabra en apenas líneas.

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Respuesta del autor: Agradezco las recomendaciones y conjeturo vuestra desilusión, porque el otro, quien escribe las cosas, confiesa que ha intentado vanamente mejorar el estilo. Pero, como lo bueno no es de nadie sino del lenguaje o la tradición, ha sido una tarea certeramente estéril. Para él no hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil, sin embargo, pese a su perversa costumbre de falsear y magnificar, él debe admitir ante ustedes su incapacidad para recurrir a un título más original e imaginativo que “Las ruinas circulares”. Atte. Jorge Luís Borges. 38

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Metáfora

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o existe metáfora más perfecta sobre la estructura literaria de un cuento que compararlo con una “flecha que apunta a un blanco”. Síntesis gráfica que gracias al genio de Quiroga guió a infinidad de escritores en la difícil tarea de la narración. Imagen acabada de la tensión, es el ejemplo menos discutido de las teorías sobre este género tan especial. Empero Quiroga, quizás basado en un sobreentendido de nuestra capacidad de discernimiento, omitió en su afán de brevedad dos comentarios a nuestro juicio esenciales: 1) Que la similitud de la pluma del escritor con la pluma de la parte posterior de la flecha es pura coincidencia. 2) Que ningún escritor debe desaprovechar el blanco para escribir un cuento sobre el.

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Consejos útiles para ejercer la Literatura

1. Antes de decidirse a ejercer la literatura sumergirse en una importante librería. 2. Observar en los estantes y mesas de exposición la cantidad de libros ofrecidos al lector. 3. Con las propias manos rozar las tapas y la calidad del papel impreso, en tanto se averigua las novedades de todo tipo, no necesariamente literarias. 4. Solicitar una lista de editoriales para constatar la cantidad de obras y autores que no están expuestos. 5. Imaginar este simple acto como si fuera la multiplicación de los panes: infinitas librerías con infinitos libros en otros idiomas y otras culturas, variedad de países donde con seguridad existen estos mismos locales, incluso con mayor cantidad de obras ofrecidos al público. Por un instante visualizar (si la imaginación nos permite) los millones, decenas de millones, centenas de millones de títulos publicados con anterioridad al hecho de visitar la librería y fuera de circulación. 6. Especular en la cantidad de libros que se lograría leer durante las veinticuatro horas del día. 7. Conjeturar la literatura que se editará en el futuro y la que no se editará de ningún modo, pese a estar la obra terminada. 8. Al salir de la librería respirar con intensidad bordeando 41


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algún kiosco de revistas, lectura por supuesto no imprescindible, pero escrita (pornografía aparte, no tener en cuenta). 9. Visitar luego la Biblioteca Nacional y consultar los volúmenes archivados y catalogados. Por simple curiosidad investigar las bibliotecas existentes en el mundo. 10. Luego, para aliviarse, tomar un café mientras se lee “La biblioteca de Babel” de Borges.

Nota. Adrede, para no fatigar al lector, no se mencionó Internet.

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El instante de un escritor

C

iertos y determinados instantes hay que atraparlos en la mente y no dejarlos desaparecer. Sobre todo si uno es escritor. Un hombre de letras no puede graciosamente permitirse, ni por un segundo, el lujo de disfrutar el goce del momento sin dejarlo impreso en su memoria. El instante es irrepetible y efímero. Está y ya no está. Se fue y nunca jamás se repetirá de la misma manera. Para un escritor saborear el instante sin retenerlo no forma parte de su oficio porque perdería el eterno retorno del recuerdo. En cambio, si uno es capaz de fijar cada detalle, cada gesto, cada deseo de esta piel que no es la propia, pero que la contiene con sus manos y la acaricia como ahora, si uno es capaz de recordar cada pliegue de este cuerpo desnudo, el olor de esta transpiración a hembra en celo, la humedad de su deseo, esta aproximación de los labios para producir besos inolvidables, entonces el instante podrá luego convertirse en literatura y eternizarse. Se debe cuidadosamente pensar, aunque tome su tiempo, cómo congelar este entrecruzarse de lenguas por ejemplo, este abrazo nupcial, contener estas ansias que brotan del cuerpo para poder luego grabarlas, dibujarlas en el papel, para que uno... ¡ay!..., sí, sí, sí otra vez, luego, esperá ... porque este ardiente deseo del instante como buen escritor... ¡ay!...debo retenerlo en la memoria para eternizarlo... ¡ay sí!...eternizarlo en su eterno retorno... para siempre, para siempre... para... ¡Julia!...¡Julia!... ¡por Dios Julia, justo ahora, no! ¿Por qué Dios mío... por qué en este precioso y preciso instante..., te me has quedado dormida? 43


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Arcilla

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Personajes

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rcilla entre sus manos, el hombre tomó las palabras y comenzó a darle configuración. Jugando con ellas las unió, las redondeó, y cuando sus dedos imaginarios imprimieron la forma que sólo en su mente existía, dejo que el tiempo la consolidara y esperó paciente. Recién cuando las palabras se endurecieron lo suficiente de acuerdo a su intuición, las intercaló en el texto que estaba escribiendo.

na vez que abandonan los nebulosos rostros del sueño mi imaginación les pasa revista. Uno por uno desfilan ante ella. Yo, como un dios, los amo a todos por igual. Les limpio con cariño las umbrías zonas de su existencia, las penumbras de sus ojos y las lagañas de sus cabellos. Y entonces... entonces los escribo.

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Tarea agotadora

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lla no tenía alternativa, la tregua le estaba vedada.

Congelada eternamente, sin aliento ni descanso, su sino estaba fijado sin posibilidades de sorpresas. El sueño era para ella una quimera: intentar dormir era dejar de ser. Los hombres la habían encarcelado en su identidad y carecía de opción para ser desterrada del territorio de los humanos. La palabra “correr” sólo podía cumplir con su destino inexorable.

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Como cocinar un cuento breve

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s elemental tomar una sola idea, adehesarla con alguna pizca argumental y amasarla cuidadosamente. Se recomienda dejarla cocinar el mayor tiempo posible en el horno de la mente (metáfora no recomendable para transcribir en el texto), hasta que la prudencia lo considere adecuado. Luego digerirla antes de conciliar el sueño. Al acostarse es necesario dejar papel y lápiz en la mesa de luz o en el suelo (el detalle no tiene relevancia alguna). La digestión pesada es condición para la literatura ya que suele provocar pesadillas que son ricas en imágenes proteicas. Es oportuno despertar en el mismo instante en que las imágenes sean nítidas y escribirlas rigurosamente. Al despertar, cortar el texto en trozos pequeños con cuidado, sin que pierdan fidelidad a la Unidad. Elegir los párrafos más sabrosos y pasarlos en limpio. Luego tachar y corregir. No olvidar nunca que las palabras a veces andan sueltas como ratas de albañales y es imprescindible matarlas sin piedad alguna.

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El sueño de Jorge Luis

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tra vez Jorge Luís soñó intensamente, aunque esta vez el rompecabezas que noche tras noche lo fatigaba con sus misterios, se completó. Despertó sobresaltado. La lucidez de la vigilia no le impidió a la trama onírica materializarse ante sus ojos: la historia, sus detalles, las zozobras del protagonista, la geografía escénica... todo, todo, quedó fijado en su mente esperando el sosiego necesario para transformarlo en literatura. Sin embargo, una incertidumbre atroz lo atrapó cuando la duda ocupó el centro de su imaginación. No era para menos, razones de orden lógico prevalecían sobre la legitimidad del suceso onírico. Él jugaba con la ficción y mentía a la perfección, era su sello personal. La estructura de sus narraciones nunca se alejaba del universo racional y jamás intentó incursionar en la ciencia ficción. No era su estilo. Las armas del engaño las usó siempre desapareciendo en sus personajes, pero su sueño, dar a conocer su sueño, era como estar indefenso, desnudo frente al mundo. ¡No faltaría el necio que lo acusara de senil! En sus cavilaciones ignoró el incendio que voraz a su alrededor pretendió destruirlo todo: muebles, biblioteca, a él mismo. Sin tregua, el fuego cerró en círculo su destrucción dejando únicamente alrededor del hombre el espectáculo de sus ruinas. Sobre el final, como un saludo postrero, casi como una broma, el fuego, aleteando, depositó sobre su razón la certeza que tanto anhelaba. Cuando certidumbre y revelación fueron una misma cosa, mágicamente sus dudas se volatilizaron junto al humo. 48

Después del caos, los bomberos comenzaron la tarea de remoción buscando el cuerpo. Lo hallaron esbozando las primeras líneas de su manuscrito. Porque a Jorge Luís, indemne, lo guiaba un solo propósito: dar a luz las ruinas circulares de su sueño y de inmediato, pues “con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñando” *

* “Las ruinas circulares” de Jorge Luís Borges.

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Hábito

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n hombre con su uniforme de lacayo maneja el carruaje. Lleva a otro hombre vestido con levita (su uniforme de gala), al teatro. En la puerta, otro hombre con su uniforme de portero le abre la puerta. El hombre de levita, elegante en su porte, fino en sus modales, y señoriíto en sus costumbres, se divierte a costa de otros hombres uniformados: actores disfrazados que hacen su trabajo arriba de un escenario, en tanto otros hombres uniformados de overol detrás de bambalinas, hacen el suyo. ¿Quién dijo que el hábito no hace al monje?

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Necesidad histórica

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ue la Historia necesita de los traidores y cobardes, no hay duda alguna. Gracias a Dios existieron Judas y Pilatos. Aquel traicionó a Jesús, y éste se lavó las manos. De lo contrario, ¿qué hubiera pasado con la Redención?

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Dinero y Poder

Capitalismo salvaje

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uando la Muerte llegó para llevárselo, él ya estaba muerto. Entonces la señora Muerte totalmente desconcertada se preguntó qué tan lejos había llegado la competencia en el sistema capitalista.

ara combatir eficazmente la corrupción producto del Dinero y del Poder, Ramón Fernández, argentino y hombre de bien, ofrendó su vida a la titánica tarea de conquistar las herramientas necesarias para poder luchar contra ella. Por desgracia, al final de esa lucha faraónica y quijotesca, debió aceptar que para combatir la corrupción se requerían inevitablemente dos instrumentos indispensables: Dinero y Poder.

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Ellos

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Hombre de ciudad

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e rozan, se tocan, se miran, se admiran, se aman, se odian y se ignoran. Se hieren, se curan, se matan, se adueñan, guerrean, secretean, espían, dominan y trabajan. Se intercambian, se compran, se pagan, se venden, se deben. Juegan, gobiernan, hambrean, acarician y se pueden.

l hombre de ciudad, más conocido como ciudadano o ser civilizado no espartano, que asiste al enroque del asfalto por la tierra y del smog por el oxígeno, vive el fenómeno del tiempo como materia prima a la que hay que consumir con urgencia. Para el hombre de ciudad el ritmo de la naturaleza es extraño e inexplicable, y en oportunidades se siente estafado por ella. Así sucedió con Romero Brandy, quien se indignó no sólo con la naturaleza y sus ciclos, sino también con los ecologistas que la defienden. Romero Brandy se sintió burlado en su buena fe y con razón, cuando procedió tal cual se lo habían indicado: sembró las semillas, regó la tierra y esperó... y esperó... pero nada floreció, ni creció, ni dio asomo de vida. Como hombre de ciudad manifestó una enorme paciencia, infinita paciencia según su decir, por ser él una persona demasiado ocupada. No era para menos, Romero Brandy, hombre de ciudad o ser civilizado no espartano, había dedicado dos horas de su precioso tiempo para observar el florecimiento prometido.

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Gabriel el Arcángel, como Dios manda, fue puntual. Con su esbelta y refulgente figura en la esquina de Corrientes y Florida, desplegó sus alas y esperó en vano. Aquel día hábil de semana ningún porteño se detuvo, ya que la prisa que llevaban podía más que sus curiosidades. Las palabras de Gabriel volaron hacía el viento y se convirtieron en silencio. Como el Arcángel conocía a la perfección su oficio, dedujo que su aparición majestuosa competía con las estatuas vivientes que poblaban la calle Florida. Además, su aparición no vino acompañada de ninguna publicidad que lo precediera. Comprendió que en estos tiempos post–modernos, con la vida acelerada de los humanos, la propaganda y el ruido eran necesarios. Después de una larga meditación se decidió por algo más bullanguero y popular. Dispuso un conjunto de serafines y querubines quienes con cacerolas y pancartas cantaron y bailaron alrededor del obelisco, tratando de atraer a la gente en las horas pico de oficina. El resultado fue magro. Algunos que otros se paraban unos segundos y luego seguían su camino con pasos acelerados, como si la vida los estuviera persiguiendo. Existió hasta quien arrojó algunas monedas. Pero nada más. Con infinita paciencia se llamó a la reflexión para luego insistir con otra táctica más sensacionalista y efectista. Ordenó a un ejército de ángeles que recorrieran el micro centro en horas del mediodía donde se volcaba más el público y distribuyeran las palabras de Dios. Los ángeles fueron espantados como 56

moscas y criticados, porque con sus aleteos impedían visualizar la suba y baja de las acciones de la bolsa de comercio, expuestas en varias de las vidrieras de las casas de cambio. Sintiéndose derrotado recurrió al Señor en busca de consuelo y consejo. Una tarde de febrero, húmeda y caliente, cuando el sol de la tarde golpeaba fuerte y los vapores de los aires acondicionados hacían de la temperatura un horno en pleno micro centro, hizo su aparición el diablo. Fue tal el público que concentró, que los políticos y los periodistas envidiaron el poder de convocatoria de Lucifer. Dios, en su infinita sabiduría, sonrió con picardía. Por fin, con la idea del disfraz, había logrado que los hombres por unos momentos en Buenos Aires, hicieran un alto en el camino y lo escucharan.

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Edad Mediática I

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Edad Mediática II

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la “Edad Tecnológica” del planeta Tierra, sucedió la “Edad Mediática”. La “Edad Mediática” es la época histórica de las mayorías pasivas: una mayoría de hombres y mujeres abrumados de noticias sin participación decisiva en los acontecimientos. Este producto del homo sapiens son los lectores asiduos de los diarios, atentos oyentes de la radio y serenos espectadores de imágenes televisivas. Pasan por el mundo pisando los cadáveres que otros arrojan, entre llantos de niños, hambruna masiva, corrupciones, secuestros, holocaustos, y catástrofes. Hombres y mujeres abrumados por las imágenes apocalípticas, a quienes en general, nunca les pasa nada. Sin fe, las mayorías masivas mueren desilusionadas del mundo. ¡Sin fotógrafos ni periodistas en sus funerales!

l Derecho Romano, por inexistentes entonces los medios de comunicación masivos, desconocía los juicios a los jueces y a la justicia ante las cámaras de televisión, micrófonos de radio, y periodistas gráficos. Alguien dirá: el Derecho Romano no profetiza, ¿cómo endilgarle entonces tal omisión? A nadie se lo culpa por ignorar el futuro. Tal afirmación es exacta. El Derecho Romano se perfeccionó, obviamente, sobre la jurisprudencia de los usos y costumbres que siempre van a la zaga de los acontecimientos, ya que estos se institucionalizan después, una vez impuestos por la realidad. Entonces, los juicios públicos del periodismo a la justicia... mañana, ¿a qué rama del Derecho corresponderán?

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Ideologías

L

os hombres, para comunicarse entre sí, primero se enfrentaron. Está sería la versión prehistórica del primer diálogo humano. El más primitivo. Luego con la evolución y para fundamentar ese enfrentamiento, los hombres inventaron las ideologías. Las ideologías una vez instaladas en la mente humana y para llevarlas a la práctica, necesitaron de la organización. La organización, instalada en el poder, necesitó de la burocracia. La burocracia del poder o el poder de la burocracia, hoy superados ciertos enfrentamientos, es la ideología sobreviviente por excelencia. Por eso las muertes de las ideologías son una patraña, ya que requieren de la muerte de la burocracia. ¿Y quién le pone el cascabel al gato?

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Paraíso

azul.

A

quel planeta lejano en el Universo nació al amparo del tiempo en un hueco celeste llamado espacio

Pasado y futuro habían concentrado sus energías en aquella materia cósmica donde todo era presente y sus habitantes nacían con sus facultades desarrolladas. El trabajo era una diversión que, convertido en placer, se desarrollaba sin esfuerzo y sin conflictos, por lo que desconocían el cansancio y la fatiga. No conocían la palabra “corrupción”, y la honestidad, como el oxigeno que respiraban, eran parte de su cultura. Al no existir la noche, el día era infinito y la vida confluía en un permanente éxtasis. Al ignorar el agotamiento desconocían el sueño y en vigilia permanente acrecentaban su sabiduría. En un determinado momento y debido a ciertas condensaciones de la atmósfera que envolvió al planeta, penetró en el mismo una concentración significativa de la energía negativa propia de la evolución. Este hecho engendró un fenómeno ignorado hasta entonces por la población. Todo comenzó cuando un aburrimiento colectivo y una apatía general se adueñaron de sus moradores. Este prodigio ignoto en un planeta tan armonioso y pacífico, originó la intranquilidad de las autoridades, quienes se vieron obligados a convocar a la asamblea de los sabios. Reunidos los magos y sacerdotes junto a los iniciados y científicos del espacio azul, consideraron por un largo tiempo 61


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diversas hipótesis. La conclusión a la que arribaron fue enviar un reconocimiento al espacio–tiempo en busca de un planeta llamado “Tierra”, que según los historiadores, había pasado por un trance parecido. La información, supusieron, les permitiría encontrar la solución buscada. Como los sabios ignoraban las consecuencias de ese periodo que en el planeta “tierra” se lo bautizó como “La Era del Paraíso Terrenal”, justificaron sin reparos el viaje espacial para importar la experiencia del planeta tierra. Y el pecado se instaló entre ellos.

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Silencio I

S

egundos antes del espectáculo, el silencio comenzó a crecer: se adueñó de objetos y personas, y con un hambre milenaria devoró todas las palabras, todos los ruidos, todos los suspiros, con la pretensión omnipotente de reinar por los siglos de los siglos. Hasta que un atrevido y minúsculo virus, conocido como murmullo, comenzó a destruirlo.

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Silencio II

I

Imagen

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nstantes antes del segundo acto, el silencio, debido a su experiencia anterior, prefirió instalarse en la sala por pedazos. Poco a poco, por las dudas. Era una empresa ardua la que se proponía, porque al principio le costó unirse, amalgamarse entre sí para permanecer estable y permanente. Pero una vez que consiguió que las voces callaran, el silencio, victorioso, sintió nuevamente el poder de su presencia, de su triunfo total. Empero, su júbilo duró muy poco. Con tristeza comprendió su debilidad: ¡le era imposible gritar la alegría de la victoria sin dejar de ser!

n día, al enfrentarse al espejo y verse de cuerpo entero, comenzó a realizar una suerte de cabriolas para burlarse del azogue que lo reflejaba en las imágenes que proyectaba. Al tratar de retirarse descubrió un hueco en el espejo. La curiosidad pudo más y se acercó. Un cierto magnetismo del cristal al que no pudo resistirse, vengándose, incorporó su cuerpo dejando a la imagen afuera del cristal. Él hace tiempo que aguarda. Por el hueco espía paciente que su imagen se observe en el espejo en busca de sus atributos. No ignora que es el único modo de obligarla a ocupar su lugar en la lámina de vidrio para recuperar así su materialidad.

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Imagen de Imagen

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risionera de un oficio inmortal con sus secuencias cíclicas y previsibles ante cada reflejo, la imagen, buscando su libertad, decidió despejarse. Con ello cumplía un viejo y anhelado sueño: poder ser espectadora de sí misma. Del otro lado del espejo, al comprobar únicamente el brillo eterno del cristal, comprendió su inexistencia. ¿Vanidad estéril? ¿Ironía del destino? Ahora desde acá, prisionera del papel, es sólo un recuerdo: nuevo oficio inmortal y agotador que la obliga a renacer en infinitas secuencias cíclicas y previsibles ante cada lectura.

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Vanidad

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ra hermosa, quizás la más hermosa de las mujeres. Saberlo no le resultó suficiente. Su vanidad le exigía la confirmación constante y diaria de esa certeza. Compulsiva como la madrastra perversa, diariamente consultaba al espejo por la belleza de su cuerpo. Hasta que un día el cristal, enamorado de su desnudez y temeroso del tiempo se apropió de su imagen. Desde entonces sola y desnuda, deambula bajo el sol con la esperanza de que éste, conmovido por sus ruegos, le regale una sombra donde existir.

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Malas palabras

La muerte no es una sonrisa... “ por una sonrisa yo doy, todo lo que soy...” Balada de otoño.- J. M. Serrat.

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as malas palabras como castigo deben ser desterradas del lenguaje, exiliadas del diccionario y por ofensivas, condenadas a prisión perpetua. No sea cosa que se vayan de putas, jodiendo por ahí, y disfrazadas de carajos.

...solía decir Ernesto. Su rostro siempre grave, taciturno, sin surcos; sin la memoria de una sonrisa. Tal vez porque la muerte era cosa inevitable y la sonrisa incompatible con ella. Cuando agravó de tristeza y melancolía, los medicamentos apenas aplacaron su angustia y calmaron su insomnio. Sólo las imágenes oníricas lograron el resto. Ellas, acuñando promesas y esperanzas, lo infiltraron en el territorio de los sueños y lo pasearon niño por historias de príncipes y castillos encantados. El médico entonces alertó sobre el esbozo de una sonrisa en su semblante, pero nadie le creyó. Ausente del desvelo, Ernesto siguió cavando el sueño. Con ahínco se hundió en napas cada vez más profundas, una y otra y otra vez, hasta que la sonrisa francamente lo ganó. Cuando ella tocó fondo, creció en intensidad y en anchura, se tornó cristalina, libre, deliciosa, forzando a los incrédulos que lo vigilaban a una respuesta de gestos sin palabras... sólo sonrisas. Torrente burbujeante y contagioso, la sonrisa fue un instante de deslumbramiento: instante del límite de un son con risa; instante en que la sonrisa, al igual que el green like a Chesire cat, gobierna el rostro de Ernesto congelándose en sus labios. Desde la vigilia, los piadosos espectadores ignoraban que él, en la inercia de la felicidad reciente, había optado por cavar más allá de la última capa onírica, ...aunque la muerte no sea una sonrisa.

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Crimen imperfecto

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o había ninguna duda de su culpabilidad; el arma homicida, las impresiones digitales, la posición del cadáver, todo sumaba pruebas irrefutables en su contra. Además existían testigos presénciales. Al juez poco le costó dictar sentencia y cerrar el caso. El veredicto no fue apelado y la condena fue a perpetuidad. Un único detalle ensombreció aquel proceso, la ubicación de la celda. El arquitecto no había previsto en su proyecto espacio para los suicidas.

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El otro sueño

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uando abrió los ojos, ya estaba muerto.

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Calesita

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ira que gira... gira que gira... gira que gira...

No sé por qué aquella vez cuando me subieron a ella, la calesita no paró y siguió girando y girando y girando, hasta el día de hoy. Cuando purrete, nadie me explicó que si ella no dejaba de girar, yo jamás podría bajarme. Es que la calesita de la Vida tiene ese qué sé yo, ¿viste?

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La mirada

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a mirada se le escapó a pesar de su voluntad y no tuvo tiempo de retenerla. Cuando se quiso acordar, ella ya había cruzado la calle. Su primer intento fue gritarle que vuelva, que no se vaya lejos, no sea cosa que se quedara ciego para siempre. No hubo caso. Ella hizo oídos sordos a su llamado. Estaba encandilada. Así que aún a tientas optó en perseguirla. No tenía más alternativa que ir detrás de su mirada. Como el olfato se le acrecentó, supo que su mirada había doblado la esquina. Apuró el paso, no era cosa que la perdiera de vista, bah, ¡perderla de vista y sin mirada!, sólo era una metáfora. Pretendió correr pero le fue imposible, debía esquivar los autos con precaución. Necesito incluso pedir ayuda para cruzar. Se asustó, creyó que la había extraviado para siempre, pero, gracias a Dios, no. Por fin pudo alcanzarla. Ella galopaba feliz en las ancas de la mujer que, minutos antes, había pasado ante sus ojos.

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Miradas Seductoras I

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ntró y un profundo silencio se adueñó del ambiente. Los contornos físicos y los colores del salón parecieron agruparse tras la mujer resaltando aún más su figura. Ella entonces buscó una mesa vacía y se sentó. Cuando levantó la vista, la posó de inmediato en los ojos de aquel hombre cuyos pensamientos hasta ese momento estaban dispersos entre el humo de los cigarrillos y las tazas de café humeante a medio terminar. La maga hizo cabriolas y juegos acrobáticos con sus ojos. El hombre, ahora hipnotizado ante los recursos ilusorios de la hechicera, concentró toda su energía en aquella belleza que, como un puñal, le había lanzado su mirada. Deslumbrado, comenzó a dibujar castillos de sensualidad que parecían estar apantallados por aquellas largas pestañas. Luego observó las manos de la mujer con sus largos y delgados dedos que arañaban el aire. Ellas parecían ofrecer un hueco, un nido al nacimiento de una nueva ternura. Cuando la maga cruzó sus largas piernas enfundadas en medias de red, el hombre cedió aun más a su fantasía y su imaginación cobró un vuelo inconmensurable. Ese movimiento originó en el aire una suave brisa que se abrió en abanico expectante y alerta. Como una serpiente pronta a devorar su presa, cada gesto de la maga era un movimiento erótico y voluptuoso. Y mientras el hombre intentaba con sus ojos penetrar aquellas íntimas y coloridas energías sensuales, 74

los parroquianos seguían ejercitando su rutina con alguna que otra ojeada oblicua y escondida. La maga entonces lo miró fijo, largamente, durante un lapso que a él le pareció una eternidad. Pero fueron apenas segundos. Porque en ese instante, el hombre que ella esperaba entró al salón, la besó en la boca y se sentó a su lado.

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Miradas Seductoras II

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Miradas Seductoras III

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l hombre la mirada se le fugó de los ojos trepándose a la sonrisa recién llegada. Investigó los labios carmesí, saboreó la lengua rosada, sació su sed en el paladar y subió a los ojos de ella. Las cejas susurraron un abrir de pestañas como bienvenida y murmullos de piel insinuaron el inicio de la ceremonia. Ambas miradas se encontraron. Hubo confesiones silenciosas mientras se desnudaban al ritmo creciente del deseo compartido. Ese ritual de siglos los arrastró en aquella tormenta de segundos y un paisaje de promesas envolvió el clima del encuentro: fantasías de sábanas, intercambios de experiencias, futura despedida. Luego, la sonrisa recién llegada, seductora empedernida, buscó otro destino. Y la mirada trepadora, avergonzada en el rechazo final, se levantó de aquel rincón del bar y se fue tan solitaria como vino.

as miradas se cruzaron en el inmenso y concurrido salón de fiestas. Fue un juego acrobático de silencios y promesas cuando los ojos, naufragando unos en los otros, esquivaron el entorno existente y adivinaron rincones de piel y memorias de caricias. Ambos centellaron y reverberaron al unísono en un estallido sólido aunque efímero. Luego, cada mirada volvió hacia sí, hacia sus intimidades, hacia sus circunstancias. Ella pensó: ¡quién sabe! Él pensó: ¡qué lástima!

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Miradas Seductoras V

Miradas Seductoras IV

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uando la mujer en su andar ondulante de minifalda ajustada y tacones altos pasó frente al hombre, éste quedó maravillado. Aunque lo pretendió, no pudo evitar que sus ojos se le salieran de las órbitas. Ellos se fueron tras aquel cuerpo irreverente, penetraron las ropas femeninas y se modelaron a la piel deseada. Ella, mujer al fin, adivinó lo cotidiano. Con su mirada siempre hacia adelante pero explorada por detrás, intentó permanecer al margen de la seducción que provocaba su presencia. Le fue imposible. Agitada, con el acoso entre las piernas, trató de acelerar el paso pero fue inútil: Sin pudor y sin escrúpulo, la estaban poseyendo. Expuesta ante la vergüenza y ganada por el rubor, aunque íntimamente complacida por la osadía, su réplica no fue el enojo sino el agradecimiento recóndito y húmedo. Hasta que la curiosidad la ganó. Displicente, como quien no quiere la cosa, dio vuelta la cabeza y observó sobre su hombro. En la calle sólo estaba aquel hombre sin ojos.

oportando codazos y atropellos propios de esa hora en los subterráneos de Buenos Aires, el hombre finalmente pudo asirse de un pasamanos para no perder el equilibrio. La tarde húmeda y caliente sumaba presión a su creciente malhumor, hasta que su mirada posó en ese par de ojos atrevidos, tiernos y comprensivos, que pretendían penetrar los suyos. Fue como un destello: la mirada acompañada de una débil sonrisa (apenas un murmullo de labios), lo arrancó del agobio y, al igual que una bofetada, le desenterró los apetitos sensuales arrinconados en su memoria. La opresión de la muchedumbre por unos segundos desapareció frente a ese par de ojos azules que imaginó ardiente. Fue un instante, tan sólo un instante, porque la magia desapareció cuando la joven se levantó de su butaca para decirle amablemente: ¡Tome asiento abuelo!

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Onanismo

Tu: El Otro. Turba: Los Otros al galope. Turbación: El Yo ante el galope de los Otros. Masturbación: El galope del Yo sobre el Yo sin el Tú.

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Desconcierto Bíblico

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va, virgen de engaños, tomó la manzana que le ofreció la serpiente y se la entregó a su compañero para que la probara. Adán recibió la fruta roja dorada en silencio, la observó cuidadosamente, y como si fuera una ofrenda, la levantó entre sus manos antes de morderla por primera vez. Cuando miró hacia el cielo, una visión desconocida para él se hizo presente ante sus ojos. Entonces se perturbó: en ese espacio celeste y diáfano, vio levantarse la figura de un hongo. Desconcertado e ignorante de su capacidad profética, una inquietud atroz lo dominó por completo. Intuitivamente y sin comprender el motivo, Adán entregó a Eva la manzana sin comer, ordenándole que se la devolviera a la serpiente. En ese instante, el desconcertado fue Dios.

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¡Perdón mamá!

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uerida Mamá:

Necesito que me comprendas, ¡por favor! Para tu propia tranquilidad, confieso ante Dios que tu esmero de años en preservar mi virtud me provocó, apenas lo conocí, una cautelosa resistencia a su persona. Al comienzo de la relación le rechacé siempre sus caricias inocentes, pese a que él me respondía una y otra vez con gestos y palabras afectuosas, ¡si hasta parecía gozar de mi ingenua integridad y de mi candor femenino! Juro madre por la memoria de padre, que resistí sus halagos como tú bien me aconsejaste, pero él fue persistente y tenaz. Poco a poco, aún sin comprenderlo, entre mimos, agasajos, y algún beso furtivo (no voy a negarlo), fui formando parte de la creación. Él con sus poéticas palabras me transformó en sol, luego en estrella y por último en luna. En sol iluminé su alma, porque su vida según me insinuó, se abrió a la luz en el preciso momento en que me conoció. En estrella guié sus pasos por este mundo cruel y absurdo. Supe de sus desencantos y su matrimonio infeliz: heridas a las que según él, yo cicatrizaba y ponía paños tibios. En luna reflejé sus ojos sobre la inmensidad de ese mar que siempre ambicioné conocer y que pude acceder un fin de semana. 82

Tus consejos mamá, tus preocupaciones cotidianas, tus anécdotas de casos similares, se perdieron en la alquimia de su lenguaje atrevido y audaz. Porque él, como una serpiente, me cautivó con su tono musical. Fui intransigente para obedecerte mamá, pero me rendí a sus encantos para obedecer mis impulsos. Entonces rendida, dejé que me acunara el deseo. Y aquella tarde con candidez, entregué solemne mi virginidad en el palacio de su cuerpo. Feliz, por haberle brindado la prenda de amor exigida, dormí placentera en el regazo de sus sueños entre mimos y besos, y esa magia de la cual mamá, nunca jamás me habías prevenido: ¡Dejarlo hablar! Tu hija.

PD: Él desapareció en la inmensidad del universo. Ella lleva tu nombre mamá, se llama Julieta

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Como violar una rosa

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Presente griego

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ara violar una rosa, primero se debe arrancarle las espinas del tallo para no lastimarse las manos, luego apretar el tallo fuertemente y tirar hacia arriba con mucho ímpetu. Porque en la violación de una rosa, a diferencia de otras violaciones, hay mucho que sacar y nada que introducir.

a lectura tradicional de Teseo oculta los hechos realmente sucedidos con el Minotauro. La leyenda fue creada por los griegos para ocultar la vergüenza social que la verdad histórica les había impuesto. En realidad Teseo no llevó un ovillo de hilo cuando entró al laberinto como se nos pretende hacer creer sino una soga, y con ella aprisionó vivo al Minotauro para llevárselo como “Presente Griego” a Ariadna. En la isla de Naxos, Ariadna no sin razón, abandonó a Teseo harta de atender y dar de comer al Minotauro, que para colmo le espantaba a sus amistades. Como era imposible que los griegos de entonces reconocieran que una mujer renegara del héroe, la leyenda desvirtuó el episodio cometiendo un plagio legendario. Reivindicar el Caballo de Troya como el único “Presente Griego” de la historia.

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El guardián

“La biblioteca existe ab aeterno”. “La biblioteca de Babel” - J.L.Borges

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oy un centinela que vigila permanentemente. Me han dotado de alas y entregado una espada. Tieso como un símbolo e iluminado por detrás con un sol refulgente, me asemejo a un ángel, pero sólo soy el eterno guardián de los hexágonos infinitos de la biblioteca. Mi misión consiste en vigilarlos las veinticuatro horas del día. Los sagrados hexágonos se perfilan arrogantes e impertinentes. Herméticos. Así lo ha decidido el Gran Maestro para que nada ni nadie pueda dañarlos. Ellos se pierden en las mismas profundidades de los infiernos y se exaltan hacia las alturas, exiliándose en los abismos de los espacios infinitos. Sus corredores se expanden hacia lo largo y lo ancho de esa ignota geografía donde los incultos no tienen cabida. Sólo les está permitido a escasos iniciados comprenderlos. Mi mayor responsabilidad es que ningún ser vivo dañe los veinticinco símbolos que el Todopoderoso creó, aunque los sacrílegos difieran de su número. Un descuido, un simple descuido y otra vez deberán los dioses recurrir al inmenso, inagotable esfuerzo del azar y permitir la vuelta del destierro a los blasfemos. Muchos incautos intentaron violarlos y más todavía llegar a desentrañarlos. 86

He tenido que medirme con los dialécticos que con sus dobles discursos han pretendido dominarme. Con los fariseos, que con su sometimiento a las formas trataron de confundir mi misión procurando vaciar de contenido las ánforas que la casualidad impuso con tanto esmero. Los políticos también ansiaron corromperme para que discurra mis secretos, con la escondida vileza de adueñarse del enigma y usarlo en su provecho. Periodistas que amenazaron destruirme con el fin de apoderarse del hermetismo de los dilatados hexágonos y entregárselos a la plebe con el afán de abultar sus ganancias. Sólo se me ordenó permitir la entrada a los inocentes puros de carne y espíritu, quienes deambularon sin fatiga un tiempo que nadie pudo establecer. Fueron, recuerdo, jornadas enteras sin sol, de inagotables investigaciones y acertijos que jamás lograron precisar. La conclusión establecida de antemano fue terminante, la inmutabilidad de los símbolos y su cantidad de números, debían permanecer intactas como el mismo azar lo dispuso desde el principio. Sólo a un ciego, sólo a él, se le otorgó la honra de descifrarlos, pero se llevó las incógnitas con una carcajada arrogante a la tumba de un país lejano. Tuve, eso sí, la oportunidad única, el privilegio vedado a los mortales, de conocer a los descendientes de los blasfemos, que cautivos, habitan todavía las letrinas barajando cartas en aquellos vastos hexágonos imposibles de llegar. Todos aquellos que ambicionaron sobornarme y los que pretenden todavía hacerlo como los sofistas, los réprobos y aún los sabios, ignoran mi secreto. Nadie nunca sabrá que se me ha cortado la lengua para impedir por siempre que revele los enigmas que los hexágonos ocultan.

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Mariposas

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Doble mensaje blanco

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uando orinó mariposas, creyó que la fragancia de su espíritu fluía por la uretra. No es común, se dijo, pero tampoco imposible. ¿Acaso no estaba en vigilia permanente golpeando las noches en la postura de un orante? ¿Acaso no pretendía abrir con su meditación la Conciencia del Planeta? Las mariposas, metáfora poética de su fervor místico, eran sin duda la materialización de sus pensamientos cósmicos: el diálogo alado para el reposo definitivo de esos dos tremendos poderosos de la Tierra: los ejércitos del Nuevo Orden y el Terrorismo internacional. Las mariposas prefiguraban la redención de su cuerpo en la sublimación de sus deseos: infinitas criaturas convertidas en mensajeras del Amor Universal. No cesó en la vigilia ni en la postura obligada de esa vigilia. Intensificó ambas cosas en la certeza que a mayor rigor, mayor caudal. No imaginó, ni siquiera en su agonía, que sus riñones se habían convertido en dos grotescos gusanos.

n destello luminoso lo encegueció. Un instante antes del impacto el fogonazo incandescente estalló ante sus ojos y la inconsciencia lo atrapó. Tuvo ausencias de golpes y huesos quebrados. El color de la nada envolviéndolo como a un feto le evitó sensaciones de dolores, sirenas y traslado. Cuando apenas pudo abrir los ojos se sintió protegido por el blanco que lo rodeaba. Un torbellino de sábanas y azulejos blancos, un sucederse de guardapolvos blancos de médicos y enfermeras convocando imágenes del pasado: maestros del primario en el recreo, observándolo, mientras él agotaba su fatiga, ansioso, ante la señal inconfundible del final del juego. Escuchó que...sólo ha sido un susto y que pronto, muy pronto, estará bien... y creyó las palabras que fluían tras las mascarillas blancas. En paz se dejó llevar a un sueño profundo y sin imágenes: espacio brumoso, susurro de monitores, murmullos humanos. En vano trató de retener fragmentos aislados... una puerta entreabierta... rostros lejanos y queridos... voces familiares resistiéndose, negándose a creerle a esos mismos simpáticos guardapolvos blancos que...ellos habían hecho todo lo posible.

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El apoderado

El Sueñero

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Estimado Doctor: De acuerdo a mi costumbre seré breve. Agradezco su preocupación, pero me es imposible apersonarme a esa. Mi estadía aquí obedece a razones que cuando usted las comprenda, no merecerá su queja. En estos últimos meses el holding que presido ha sufrido un descenso sensible en su productividad y no es excusa mi estancia en esta región tan inhóspita. Sólo mi presencia al pie de la fábrica evitará el pánico y contendrá, Dios mediante, la baja de nuestras acciones. Sigue presente para mí aquello de que “el ojo del amo engorda al ganado”. El Sr. Matías Handers, quien acompaña la presente, es hombre de mi total confianza y lealtad. Lo he delegado especialmente para que me represente ante usted. Nada le he ocultado ni omitido de la situación y para su total tranquilidad, le he extendido un poder ante la Escribanía del Dr. Azcuenga, nuestro común amigo. Proceda con el Sr. Handers según su cautela. Él está dispuesto a cualquier requerimiento suyo: análisis de sangre, radiografías y hasta tomografía computada si el caso lo requiere. Esperando me comprenda, estoy siempre a sus órdenes. PD: La tos persiste.

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l grito de…Sueeeñerooo!... ¡Sueeeñerooo!... Fermín Corrales suele pasearse por el barrio al estilo de los viejos botelleros. Porque Fermín Corrales, gran conocedor de la gente, compra sueños. ¿Quién no posee un sueño sin realizar, añejo y derruido, casi olvidado en el rincón de la memoria? Fermín Corrales lo sabe. Y como lo sabe, su propuesta llega a través de puertas y ventanas para tentar a sus habitantes. ¡Qué se lleve de inmediato todos esos sueños ya muertos y enterrados!, ¡inservibles!, dicen ellos. Entonces el sueñero dueño de la situación, franquea el umbral y pesa los sueños de los vecinos. Nadie pregunta. Nadie parece querer saber por el destino de sus ilusiones. Por el contrario, todos aceptan el trato para realizar un buen negocio. Eso sí, algunos pícaros acostumbrados a esconder hierros oxidados entre los diarios viejos con la intención de aumentar la carga, intercalan pesadillas entre los sueños. Pero Fermín que no es tonto, se hace el desentendido y paga todo: sueños pesados y livianos, proyectos y añoranzas, y hasta fantasías herrumbradas que acopia en un viejo depósito de su casa. Como la transpiración de los sueños hacinados es insoportable, Fermín Corrales aprovecha los días de sol y esperanza para ventilarlos y utiliza las mañanas nubladas y de hastío para vendérselos a los extraños y hacer su diferencia. Siempre existe algún arrepentido que recurre a Fermín pretendiendo convencerlo de que le devuelva sus sueños, o por lo menos que se los revenda. No falta algún desesperado que le 91


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Como la Vida

ofrezca sumas elevadas muchas veces superiores a lo pactado anteriormente. Pero es totalmente inútil, es tarde. Fermín no puede... aunque quiera. Él no ignora que los sueños, una vez vendidos, se pierden para siempre.

(A Azucena Fraboschi)

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n el mismo instante en que la soprano intentó sostener su aria triunfal sobre la extensión invisible y plena de su voz, un murmullo, chispas encendidas y punzantes, entrelazaron los acordes musicales y quebraron la calma opaca del teatro. Fastidiada por el ronroneo de los espectadores dejó de cantar. No le interesaba tanto ese mínimo percance de sus cuerdas vocales que no pasó desapercibido, como la trasgresión a su espacio sagrado. Ofendida, con un ademán entre autoritario y molesto, la diva calló a la orquesta. ¡Es una orden! Un silencio gélido y sin grietas se instaló en el Coliseo. Entonces se dirigió al público y le reprochó la falta absoluta de respeto a la obra, a su arte, a su divinidad. ¡Los dioses no pueden permitirse ningún contratiempo! Empero, dado que la perfección no encuentra refugio en la contrariedad, retomó el canto. Es que el espectáculo, cómo la vida, siempre debe continuar.

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Pastilla vital

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a única medicina eficaz contra la Muerte es la Vida, materia prima sin cargo disponible en cualquier rincón del Universo. Lamentablemente, ningún laboratorio descubrió hasta el momento la tecnología adecuada cómo para encapsularla y lanzarla al mercado.

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El vendedor de milagros

J

oaquín Altamira posee carisma. Es tan natural en él realizar milagros como respirar. No depende de su voluntad, ha nacido con ese don. Él afirma que esa facultad le proviene desde su cuna y lo obliga a una tarea que lo consume. Empero, fiel representante del capitalismo, Joaquín aprovechó esa gracia en beneficio propio obteniendo una renta por su trabajo. Por eso Joaquín Altamira no sólo hace milagros, también los cobra. Su organización es impecable. En su consultorio expone a la vista del público una lista de precios para no dejar duda alguna sobre su propósito. El milagro de devolver la vista a un ciego por ejemplo, no contempla el mismo precio que hacer caminar a un paralítico. La profunda concentración y la energía que le demandan la cura de una enfermedad Terminal sostiene, es diametralmente opuesta a la sanación de una dolencia benigna. Por lo tanto, obviamente, el precio también lo es. El cura y cobra. Cuánto más cura, más cobra. Tal es su talento. Y los efectos del milagro lo justifican. Y así hizo una fortuna. El prodigio más maravilloso que se conoce de Joaquín Altamira, el de mayor renombre y admiración entre sus creyentes, lo realizó cuando lo inspeccionaron los inspectores del gobierno. A los sabuesos les fue imposible cobrarle el impuesto. La justicia determinó que el don de hacer milagros de Joaquín Altamira y por lo tanto el Impuesto al Valor Agregado, no le pertenece a su persona. Le pertenece a la Divinidad. 95


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Virilidad

Las manos y los ojos (A Blas Castagna)

C

uando la mujer sintió la dureza del hombre dentro de ella, imaginó la potencia viril de su amante y se estremeció. Ambos yacían sobre una cama matrimonial. Ella desnuda, sin sus prenda mas intimas. El totalmente vestido, pero sin sus guantes...

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É

l dice que el arte es la sublimación del espíritu. Luego simplemente dirá; lo hice yo, con un tono melancólicamente humilde, pero que lleva tras de sí la soberbia del artista; consumado dios de una de las mayores ficciones de la raza humana llamada arte. Él ignora la memoria de sus manos, no a sus manos. Estas son hoscas, pesadas, torpes e insensibles a las caricias. Sólo saben de realidades, de cosas concretas, sin insinuaciones, ni sugestiones, ni misterios. Son duras y cortantes. En cambio la memoria de sus manos huele a jazmín, vuela libre como pájaro ardiéndose con vocación de poesía y capaz de ahuecar la ternura en ellas. El arte es una ficción suele decir, pero una ficción bella. Él ignora la memoria de sus ojos, no a sus ojos. Estos sólo saben de colores y formas superficiales. En cambio la memoria de sus ojos es capaz de introducirse por debajo de la transpiración y sacar la radiografía del deseo, trepar como la hiedra sobre cualquier tipo de superficie para explorarla y contenerla. Fue siempre así, él nunca lo supo ni lo sabrá jamás, las manos con su memoria a cuestas y la memoria de sus ojos como centinelas de sus manos, se han adueñado de él. Se independizaron, han dejado de ser meras ejecutoras de órdenes, cubiletes de suerte, instrumentos del pensamiento, y se lanzaron a la suprema aventura de crear. 97


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Lo más probable es que la gente admire el objeto transformado mientras las manos del artista cuelgan naturalmente de sus brazos y sus ojos parpadean como siempre. Pero sólo ellas, sus memorias, pueden recrear en las tardes sagradas de las formas. Sólo ellas perciben el grito de las imágenes prisioneras de la materia que pretenden ser liberadas. Y con un cincel o sus yemas, las manos guiadas por sus ojos, se dejaran seducir por el susurro de aquella figura que buscando su liberación, le hará descubrir el camino laberíntico de la belleza. Los demás están convencidos de que todo lo que él toca, lo convierte en arte. Y él sigue creando, ignorando la trampa de la memoria ancestral cautiva del tiempo.

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Índice 1. Nada ..................................................................................................... 2. Hombre prevenido ............................................................................... 3. El despertar de Chuang-Tzu ............................................................... 4. Riquezas I .............................................................................................. 5. Riquezas II ............................................................................................ 6. Dispersión ............................................................................................. 7. Esfuerzo inútil ...................................................................................... 8. Hazte fama ............................................................................................ 9. Oficio errado ......................................................................................... 10. Refrán con Réquiem ........................................................................... 11. Ley de Gravedad ................................................................................ 12. Inédita .................................................................................................. 13. Plagio ................................................................................................... 14. Derecho de autor ................................................................................ 15. Sin pasado ............................................................................................ 16. Raíces ................................................................................................... 17. Ella ....................................................................................................... 18. Escasos de palabras ............................................................................. 19. Anacronismo ....................................................................................... 20. De príncipes y principios ................................................................... 21. Principios coherentes ......................................................................... 22. De Príncipes y Princesas I ................................................................ 23. De Príncipes y Princesas II ............................................................... 24. Muriendo de a poco ............................................................................ 25. Caperucita y el Lobo .......................................................................... 26. Moraleja ............................................................................................... 27. Hombre sacrificado ............................................................................ 28. Proverbio occidental .......................................................................... 29. Arte útil ............................................................................................... 30. Taller literario abierto ......................................................................... 31. Metáfora .............................................................................................. 32. Consejos útiles para ejercer la Literatura .......................................... 33. El instante de un escritor ................................................................... 34. Arcilla .................................................................................................. 35. Personajes ............................................................................................ 36. Tarea agotadora ................................................................................... 37. Cómo cocinar un cuento breve ......................................................... 38. El sueño de Jorge Luis ........................................................................ 39. Hábito ................................................................................................. 100

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9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 43 44 45 46 47 48 50


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40. Necesidad histórica ............................................................................. 41. Capitalismo salvaje ............................................................................. 42. Dinero y Poder .................................................................................... 43. Ellos ..................................................................................................... 44. Hombre de ciudad .............................................................................. 45. Estrategia Buenos Aires ..................................................................... 46. Edad Mediática I ................................................................................. 47. Edad Mediática II ............................................................................... 48. Ideologías ............................................................................................ 49. Paraíso ................................................................................................. 50. Silencio I .............................................................................................. 51. Silencio II ............................................................................................ 52. Imagen ................................................................................................. 53. Imagen de imagen ............................................................................... 54. Vanidad ................................................................................................ 55. Malas palabras ..................................................................................... 56. La muerte no es una sonrisa... ............................................................ 57. Crimen imperfecto ............................................................................. 58. El otro sueño ....................................................................................... 59. Calesita ................................................................................................ 60. La mirada ............................................................................................. 61. Miradas Seductoras I ......................................................................... 62. Miradas Seductoras II ......................................................................... 63. Miradas Seductoras III ...................................................................... 64. Miradas Seductoras IV ....................................................................... 65. Miradas Seductoras V ......................................................................... 66. Onanismo ............................................................................................ 67. Desconcierto Bíblico .......................................................................... 68. ¡Perdón Mamá! ................................................................................... 69. Cómo violar una rosa ......................................................................... 70. Presente griego .................................................................................... 71. El Guardián ......................................................................................... 72. Mariposas ............................................................................................ 73. Doble mensaje blanco ........................................................................ 74. El apoderado ....................................................................................... 75. El Sueñero ........................................................................................... 76. Como la vida ....................................................................................... 77. Pastilla vital ......................................................................................... 78. El vendedor de milagros ..................................................................... 79. Virilidad ............................................................................................... 80. Las manos y los ojos ...........................................................................

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51 52 53 54 55 56 58 59 60 61 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 76 77 78 79 80 81 82 84 85 86 88 89 90 91 93 94 95 96 97

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Se termin贸 de imprimir en enero 2012 en Feher Offset - Videla 892, Bariloche Argentina

Estrategia Buenos Aires. 80 nanorelatos de Roberto Santiago De Brito. Patagonia Argentina  

Libro de microficciones del escritor barilochense Roberto Santiago De Brito. Patagonia Argentina.

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