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F D S M

FEDESME (Fundación para el estudio y desarrollo de melilla) Revista número 4. Abril 2013. Serie: “Melilla y la cultura Amazigh”

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FOTOS ANTIGUAS DE QAMAYYU (La Cañada), años sesenta.

Revista editada por FEDESME. (Fundación para el estudio y desarrollo de Melilla). Patrón: Ignacio Velázquez Rivera. Serie: “MELILLA Y LA CULTURA AMAZIGH” Número 4. Abril de 2013 ………………………………………………………… Redacción: Luis carlos López Rueda Mohamed el Kattabi Katab Ziyyan Ahfid Ali Mohamed Maquetación: Fernando Ayats Díaz ………………………………………………………….. ÍNDICE Editorial 3 La opinión de FEDESME 5 El reencuentro con nuestra cultura. Por Ali Mohamed 8 Canción popular en el Rif. RecopiLación, traducción y comentarios por Ziyyan Ahfid 9 Masinissa y el gran reino Amazigh De Numidia (210 a.C. a 25 a.C.), 2ª Parte 15 Entrevista de Oteyza a AbdelKrim, 2ª parte, agosto de 1922 18 Melilla el origen del nombre 36 Repaso tus conocimientos sobre la Cultura Amazigh 37 Anuncios 38 ………………………………………………………….. COLABORADORES: Fedesme Cepsa Global Center y Global Park Aluminios Faisal

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E D I T O R I A L.

(revista núm. 4. Abril 2013)

SALVAGUARDEMOS LA CULTURA AMAZAZIGH

 no pararemos hasta que consigamos que MELILLA sea un referente, de defensa de la cultura "Amazigh", ese es nuestro empeño

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POR LA LIBERTAD Y JUSTICIA. Los déficits democráticos de la ciudad de Melilla. Pilares de la igualdad y prosperidad

Algunas personas se nos acercan y nos preguntan: ¿Qué hacéis ahí? ¿Cuándo pararéis?  Pues bien, sabed, que no pararemos. Y eso nos diferenciará hasta el infinito de Marruecos. Insistiremos y no nos detendremos. Sabemos que no hay mejor destino para esta ciudad.

 sabemos que es fundamental defender la “Cultura Amazigh”

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Llegará el día que al decir “somos melillenses”, se nos identificará como que procedemos de un lugar donde la cultura Amazigh esta salvaguardada, ese será nuestro orgullo. Porque ese día habremos conseguido ser una ciudad integrada, “integración”, entonces todos seremos hombres libres, en una ciudad próspera donde impere la justicia y la igualdad. 3


Y otros nos han dicho: dejad tranquila a la cultura amazigh, no hace falta que la defendáis se defiende sola. Llevamos siglos de existencia y así seguiremos. También se equivocan, los que así hablan seguro que no conocen ni su historia ni su cultura, mantendrán el idioma tamazigh, en su modalidad de Tarifit o Chelja, pero cada vez estarán más lejos de sus costumbres. Se han olvidado de su libertad, y de su democracia. Abandonados sus ancestrales conocimientos, alejados del ámbito rural, se adentraron en la ciudad, su adaptación al entorno urbano les hace olvidar quienes son, la cultura amazigh se diluye, al final ni serán libres ni serán prósperos. Por eso estamos aquí, FEDESME, conoce la importancia del momento. Cuando Melilla se encuentra con altos porcentajes de paro, pobreza, deficiente educación, faltos de libertad, justicia y democracia. Se hace más necesaria que nunca la integración de todos los melillenses en el empeño de una mejor sociedad, sociedad donde los valores de libertad, igualdad, justicia y prosperidad lleguen a todos. Esa es nuestra perseverancia, y en ese tesón no cederemos. Sabemos que es fundamental defender la “Cultura Amazigh” y conseguir que Melilla sea conocida por esa acción. Sin duda, ese será la mejor acción social, tal vez el único posible, porque es el único que nos hará libres y prósperos, en una ciudad de democracia y justicia.

 es fundamental defender la cultura amazigh y conseguir que Melilla sea conocida por esa acción. Sin duda ese será el mejor pacto social, tal vez el único posible, porque es el único que nos hará libres y prósperos, en una ciudad de democracia y justicia

  una ciudad integrada, “integración”, entonces todos seremos hombres libres, en una ciudad próspera

  es fundamental defender la “Cultura Amazigh” y conseguir que Melilla sea conocida por esa acción. Sin duda, ese será el mejor pacto social

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LA OPINIÓN DE FEDESME

PLAZA DE LAS CULTURAS. MELILLA

El artículo 5.2 del Estatuto de Autonomía de la Ciudad de Melilla, promulgado el 13 de Marzo de 1.995, en el artículo 5.2 sobre los objetivos básicos dice: “5.2. Las instituciones de la ciudad de Melilla, dentro del marco de sus competencias, ejercerán sus poderes con los siguientes objetivos básicos: a. La mejora de las condiciones de vida, elevación del nivel cultural y de trabajo de todos los melillenses.

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b. Promover las condiciones adecuadas para que la libertad y la igualdad de los melillenses sean reales y efectivas, facilitar la participación de los melillenses en la vida política, económica, cultural y social de Melilla. c. Adoptar las medidas que promuevan la inversión y fomenten el progreso económico y social de Melilla, facilitando el empleo y la mejora de las condiciones de trabajo. d. La superación de las condiciones económicas, sociales y culturales que determinan el desarraigo de colectivos de población melillense. e. El fomento de la calidad de vida, mediante la protección de la naturaleza y del medio ambiente, el desarrollo de los equipamientos sociales y el acceso de todas las capas de la población a los bienes de la cultura.

f. La protección y realce del paisaje y del patrimonio histórico-artístico de Melilla. g. La realización de un eficaz sistema de comunicaciones que potencie los intercambios humanos, culturales y económicos. h. La promoción y estímulo de los valores de comprensión, respeto y aprecio de la pluralidad cultural y lingüística de la población melillense.” Seis de ocho de los objetivos tratan de la cultura y mencionan: a) Elevación del nivel cultural de los melillenses. b) Participación de los melillenses en la vida cultural. d) Superación de las condiciones culturales que determinan el desarraigo. Escultura del artista local ”Mustafa Arruf”. Crecimiento conjunto de las dos culturas: La Peninsular y la Amazigh (en realidad es una maternidad)

e) Acceso a los bienes culturales. g) Intercambios culturales. 6


h) Aprecio de la pluralidad cultural y lingüística de la población melillense. Los redactores de nuestro Estatuto de Autonomía parece que nos están diciendo, que hay que hacer mucho más la cultura melillense: hay que elevarla, mas participación, más acceso, más intercambio, menos desarraigo y muy importante aprecio a la pluralidad cultural y lingüística.

favoreciendo nuestra diversidad, en ello estamos.

Los redactores de nuestro Estatuto de Autonomía parece que nos están diciendo, que hay que hacer mucho más la cultura melillense

Desde Fedesme nos preguntamos: ¿Qué hemos hecho desde 1995, 18 años, por conseguir los objetivos culturales de nuestro estatuto? Creemos que bien poco hemos hecho y creemos que ha llegado el momento de cambiar a mejor. Por otro lado nuestro himno nos dice: Un pedazo de España, Melilla, que de tres religiones surgió:

Desde Fedesme nos preguntamos: ¿Qué hemos hecho desde 1995, 18 años, por conseguir los objetivos culturales de nuestro estatuto?

musulmana, cristiana y judía… Hubiésemos preferido que dijese que de tres culturas surgió: la de los Españoles de origen Amazigh, la de los Españoles de origen Europeo, y, la de los Españoles de origen Sefardí. Y también hubiésemos preferido que en los objetivos apareciese dentro de la riqueza de la diversidad cultural, el de integración cultural. Pues, si bien es cierto que en Melilla hay tres culturas, también es cierto que no hay integración. Existe algo de convivencia y nos limitamos la mayoría de las veces a una somera coexistencia. FEDESME cree en la integración cultural, respetando y 7


EL REENCUENTRO CON NUESTRA IDENTIDAD: LA IDENTIDAD “AMAZIGH”. Por “Ali Mohamed”.

En diciembre de 2012 salió a la luz el primer ejemplar de una revista melillense sobre la Cultura Amazigh. Ésta es el 4º ejemplar que sale, es una gran alegría para todos los melillenses que nos

de conservación su espíritu alegre y latente, ante estas circunstancias adversas. Cabe decir que se caracteriza por su ausencia total de especulación y por su riqueza de amplitud y diversidad de valores. La aparición, en la década de los 80, de una generación valiente y con voluntad

Con gran confianza esperamos que los melillenses sepamos apreciar en su justa medida la naturaleza y la importancia que contienen sus conocimientos

identificamos con esta cultura. Mis felicitaciones a todos los que han participado en esta iniciativa de hacer resurgir, de reencontrar la cultura Amazigh, iniciativa a la cual me uno. Por su gran capacidad de integración, esta cultura milenaria, recibe a los “otros” y aporta todos los conocimientos de su realidad donde pone de relieve de forma natural su magnanimidad y su libertad. Si bien es cierto que ha sufrido una involución debido a una interpretación errónea de ciertas influencias ajenas a su identidad, resulta interesante su fuerza

firme, viene a contrarrestar los procesos de decadencia que los intereses individuales provocan. La conciencia de mantener la responsabilidad de evitar el proceso de decadencia, hará que la cultura “Amazigh” sea un modelo de equilibrio entre otras influencias y la expresión más pura de sus realidades. Con gran confianza esperamos que los melillenses sepamos apreciar en su justa medida la naturaleza y la importancia que contienen sus conocimientos. Felicitar, en especial, a FEDESME por su valor y voluntad colosal al emprender tan digna tarea y abrirnos las puertas de participación y colaboración activa.

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CANCIÓN POPULAR DEL RIF: recopilada de la tradición popular, traducida y comentada por Ziyyan Ahfid. Durante la guerra del 21 y acontecimientos anteriores como el del “Barranco del Lobo”, aparecieron en el cancionero español numerosas coplas populares en contra de la guerra de África. El pueblo español, ni entendía, ni quería esa guerra. Muy abundantes fueron estas coplas en el campo gaditano, y en próximas revistas entraremos en este tema. Si el impacto de la guerra en el bando español fue importante, lo mismo ocurrió en el lado de los rifeños. Hoy nuestro colaborador Ziyyan Ahfid, recopila de la tradición oral, una de estas canciones populares en el Rif de aquellos años, es una canción de admiración por los héroes y tristeza por el sufrimiento, lo mismo pasaba en España, se admiraba a los héroes y se lloraba a los muertos. --------------------------Rqareb n ssekkur izeyyan s ufiru Fadma tawaryighetc cenna mara turu Cenna mara tebyes rehzam n seb3a duru Cenna mara tenna i mmuh hellararu El pilon de azúcar amarrado con hilos Fadma de ayt waryighel merece haber parido Merece ceñirse la faja de siete duros Merece haberle cantado a mmuh la canción de cuna.

Hermano pequeño de Abdelkrim

Versos dedicados a la madre de Abdelkrim que es comparada con el pilón de azúcar por su porte, dulzura y color, y, que, es amarrado con un fino y resistente hilo, siendo ella la madre de Abdelkrim, merece ceñirse esa faja que las mujeres rifeñas se ceñían a su talle, la faja es parecida a una mantilla con vivos colores de oro y terciopelo que en aquellas fechas costaban siete duros las más caras. Ella merece eso y haberle cantado a su bebé ahora convertido en líder de los rifeños la canción de cuna.

Casa de Abd-el-Krim. En Axdir (ayt waryighel) cerca de Alhucemas.

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Baba-tnegh ameqran umi yegga barreh War yeqqim umeysa war yeqqim ufedjah Ura d tterba semhen di rerwah Xelli 3ad tiwessura arzint iqudah Nuestro (padre mayor)* cuando hizo el llamamiento Acudieron pastores y tambiĂŠn campesinos Hasta los (tterba)* abandonaron sus tablillas Y las ancianas rompieron sus cĂĄntaros. Cuando Abdelkrim (padre mayor) hizo el llamamiento a la poblaciĂłn para participar en la defensa de su tierra, todos acudieron incluso los imames (tterba) y las viejas.

Abd-el-Krim con sus hermanos e hijos

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Xzar ghar wemjahed min-d yiwi zi resnah Rehdida teqde3 d ufucir afedjah Yemne3 rekrata yekkar ad iteyyeh Seb3a raf i tenga zi remgharb ar sbeh

Mirad al resistente las armas que trajo Hierros afilados y fusiles de asalto Agarr贸 la culata y a disparar comenz贸 Desde el ocaso al amanecer siete mil mat贸

Soldados de la rep煤blica del Rif. Guerra de 1921 (1)

Mirad con asombro al resistente (Abdelkrim) las armas que ha conseguido, machetes afilados y fusiles con los que empezaron a disparar dejando siete mil bajas desde el ocaso hasta el amanecer.

Campamento tropas del Rif. Guerra 1921 11


Tengha yi Fatima s umendir acemcah Rami dayi tenna baba war-d yaregweh Baba-m awaryigher yisi di reqseh War dam qqaren yemmut war dam qqaren ijah Me mató Fatima cubierta con un manto claro Cuando me dijo, mi padre no ha regresado Tu padre awaryigher ahora es muy duro No te dirán que ha muerto ni que está herido.

Abd-el-Krim en el Cairo, década de los cincuenta. Me dio mucha pena Fatima cuando cubierta con un manto de color claro me dijo que su padre no había regresado de la batalla. Yo le dije que, tu padre se ha endurecido con la participación en la guerra y llegan pocas noticias.

Soldados de la república del Rif. Guerra de 1921 (2)

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Isug-d urumi yettef A3arwi s ddre3 nnes Yiwed-d Driwec yettef it s imeddukar nnes Yiwed-d Tafarsit yessuyes adrim nnes Yiwed-d Tizi n 3ezza tzura n yexsan nnes El español con sus armas conquisto Aruit Llegó a Drius y se lo entregaron sus amigos Llegó a Tafarsit y soltó mucho dinero Llegó a Tizi Assa la ruina de sus huesos.

Foto de MHammad Abdelkrim Al Khattabi, hermano de Abd-el– Krim. Probablemente el ideólogo y organizador de la República del Rif

El ejército español avanzó sobre monte Aruit y lo conquistó con su esfuerzo, luego sus amigos le entregaron Drius. En Tafarsit se valió del dinero para conquistarla, pero cuando llegaron a Tizi Assa, fue la ruina del ejército español. La resistencia allí fue feroz.

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Baba t negh ameqran I yucin rmeftah Yenna wem tammurt nnegh cbar war day-s nsemmeh Nuestro padre mayor fue quien dio la llave Os dice de nuestra tierra ni un palmo cederemos.

Abd-el-Krim Al Khattabi, durante su estancia en el Cairo.

Nuestro padre mayor (Abdelkrim) es quien dio la orden de que hay que luchar hasta el fin sin abandonar un solo palmo de nuestra tierra. Traducci贸n de Ziyyan Ahfid para FEDESME.

Abd-el-Krim 2潞 por la izquierda junto a soldados del Rif. Guerra de 1921

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MASINISSA Y EL GRAN REINO AMAZIGH DE NUMIDIA (210 a.C. / 25 a.C.)

MAPA DE LOS REINOS NÚMIDAS Y RUSADIR (Melilla)

CONOCIMIENTOS PARA NO OLVIDAR. El pueblo de los Númidas estaba constituido por dos grandes tribus: LOS MASILIOS Y LOS MASESILOS, ambos nombres contienen la raíz “masi” que permanece en la palabra “amazigh”. Anteriormente al año 201 a.C. los Númidas constituían 2 reinos: El Reino de Gaia padre de Masinissa “los Masilios”; y el Reino de Sifax “Los Masesilos”. En la batalla de Zama que enfrentó a Romanos (Escipión “el Africano”) contra Cartagineses (Aníbal) año 202 a.C. Masinissa es aliado de Escipión y Sifax de Aníbal. Tras la batalla en la que fue decisiva la caballería de Masinissa, este se dedica a consolidar el gran reino amazigh de los Númidas. El Reino Amazigh de Masinissa abarcó desde el oeste de la actual Túnez hasta el Río Moluya y desde luego su influencia llegó hasta la Ciudad de Rusadir (Melilla). A la muerte de Masinissa (148 a. C.), éste dividió el reino entre de sus 3 hijos: Micipsa, Manastebal y Gulussa. Esta división del reino a la larga sólo sirvió para provocar guerras entre ellos, guerra de las que se aprovecharía Roma, que pocos años después acabará con la independencia de la parte más rica y prospera de este poderoso pueblo africano y Amazigh. Tanto romanos como cartagineses, incluso los propios reyes Númidas, y posteriores naciones que invadieron el norte de África (Tamazgha) ejercían el poder en las ciudades 15


fortificadas, mientras que las tribus del campo mantuvieron una importante independencia que perduró hasta el S. XX. La natural independencia del pueblo Amazigh y su carácter tribal ha sido el gran inconveniente para que los intentos, como los Númidas, de constituirse en un estado moderno, a la usanza de lo época, terminaran fracasando. Lo que nunca pudieron hacer los cartagineses con la guerra se hizo con la paz, el comercio, el idioma y la cultura púnica se extendió por la región, y tanto es así que hoy por hoy la segunda necrópolis púnica más extensa que se conserva es la de Cirta

Tras la batalla de Zama (Masinissa tenía ya 37 años) y

SIFAX tras la derrota final de los cartagineses Masinissa se convirtió en el principal amigo y aliado del pueblo romano, de estos recibió entonces la soberanía, tanto de las antiguas tierras del reino de los Masesilos, como de los territorios que los romanos habían confiscado a Sifax. Del lado cartaginés también Masinissa fue autorizado a anexionarse una cierta extensión de territorio, sin embargo, los limites o bien no eran del todo precisos o bien permitían muchas interpretaciones, por lo que el rey númida no dejo nunca de reclamar a los cartagineses más y más

tierras en virtud de los derechos que le confería el tratado con los romanos. Durante el siglo II a.C. Masinissa litigo con los cartagineses en varias ocasiones, durante los años 195, 193, 182, 172, 162 y 153 a.C., fruto de estas reclamaciones, como mínimo siempre atendidas en Roma, fue la expansión territorial del númida a costa del sufrido estado cartaginés Todo acabo cuando hartos ya de las agresiones de Masinissa los cartagineses se lanzaron finalmente al

MASINISSA combate para defenderse de las continuas agresiones del númida, quien contaba por aquel entonces con más de 80 años, 16


consiguió enfrentarse con éxito al ejercito cartaginés y le sirvió como excusa, además, al senado de Roma para declarar una guerra total contra Cartago, guerra que acabaría con la existencia de este pueblo pero que Masinissa no llegaría a ver.

paz, el comercio, el idioma y la cultura púnica se extendió por la región, y tanto es así que hoy por hoy la segunda necrópolis púnica mas extensa que se conserva es la de Cirta, capital númida. Se llega incluso a decir que Roma veía con

Ruinas de Cirta. (Constantina. Argelia)

Al morir dejaba cerca de diez hijos, una prolífica familia que pocos años después se enfrentaría entre si y llevaría a la larga a su pueblo a la perdición. Lo que antaño era un pueblo de nómadas, Masinissa lo había convertido en un pueblo de agricultores, alentó y promovió el asentamiento de las tribus y fundo numerosas ciudades por su territorio, y si bien parece exagerado generalizar, si que parece cierto el salto cualitativo que se llevo a cabo en este pueblo antaño de tribus independientes. Lo que nunca pudieron hacer los cartagineses con la guerra se hizo con la

desconfianza el inmenso poder que comenzaba a acumular el rey, no olvidemos que los romanos no les cederán ya tras la guerra con Cartago, ni un ápice mas de territorio.

Tumba de Masinissa, en CIRTA. 17


LA MÍTICA ENTREVISTA DEL PERIODISTA LUIS DE OTEYZA (2 DE AGOSTO DE 1922) A MUHAMMAD ABDELKRIN ALJATTABI. 2ª PARTE. http://www.fronterad.com/?q=luis-oteyza-entrevista-a-abdelkrim-ysu-hermano

MUHAMMAD ABEDLKRIM AL KHATTABI

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Con esta 3ª entrega de acercamiento a la mítica figura de ABDELKRIM AL KHATTABI, en conmemoración del 50 aniversario de su fallecimiento el 6 de febrero 1963, terminamos la mítica entrevista del periodista Luis de Oteyza (IARIO “Libertad” de Agosto 1922. En la 1ª parte de la entrevista (revista anterior) habíamos llegado hasta el desastre de de Anual, veamos la continuación. “Oteyza está hablando con Mahomed hermano menor de Abdelkrim, más adelante hablará con el mismo Abdelkrim Aljattabi, presidente de la república del RIF”

Los hermanos Al Khattabi: Muhammad Abdelkrim sentado y, MHammad Abdelkrim de pie. (1922)

……………………… ……………………… Las cabilas se alzaron todas, como estaba convenido, al enterarse de la toma de Annual. Esto no sorprendió a los beniurriagueles. Pero sí les sorprendió la rapidez con que cayeron nuestras posiciones. Tanto no esperaban. No podían esperar que su

victoria fuese absoluta.

tan

pronta

y

tan

Interrogo a Mahomed: —¿Qué pasó? —Ya vio usted que no pasó nada –me responde–: que no se asaltó Melilla, aunque estuvo indefensa durante casi tres días. —¿Y esto lo sabían ustedes? 19


—Tan lo sabíamos, que tuvimos que trabajar mucho. Ben Siam, sobre todo. Nosotros no queríamos pasar de la línea del Kert, y establecer allí la frontera; pero al ver que las cabilas sometidas se excedían en acometividad y en furia, temimos que asaltasen Melilla. Hubiera sido horrible. La Humanidad entera se hubiese horrorizado ante un saqueo así, con los incendios, las violaciones y los asesinatos consiguientes. Mi hermano lo comprendió, y envió a éste con tres caides y seiscientos hombres para evitarlo. En el Gurugú estuvieron una semana protegiendo a Melilla; hasta que estableció Berenguer la línea defensiva. Calla Abd-el-Krim. Yo también callo. ¿Dicen verdad?..., ¿Es “fantasía”, según ellos califican?... Me notan en el rostro la duda.

—Ha habido, sin embargo, actos de verdadera ferocidad –digo–; ¿no me lo negará usted? —¿Y en qué guerra no los hubo? –me replica–. Las naciones más cultas de la culta Europa han luchado recientemente, y ya se vio –añade.

—De todos modos ... –empiezo a decir.

MHammad Abdelkrim Al Khattabi, hermano menor de Abdelkrim

—No cuente usted eso si no quiere –me dice–. Yo lo he relatado porque éstos —De todos me lo han pedido, y por contestar a la pregunta de usted. Además –añade–, no tiene ningún temimos que asaltasen mérito. Aspirábamos ya, Melilla. Hubiera sido como aspiramos ahora, a horrible. La Humanidad que se nos considere un entera se hubiese pueblo digno y no una tribu horrorizado Mi hermade salvajes. Por eso no lo comprendió, y quisimos evitar ese acto, envió a éste con tres que se consideraría feroz en caides y seiscientos todo el mundo. hombres para evitarlo. En el Gurugú estuvieron Aprovecho la coyuntura que tan abiertamente se me una semana protegiendo a Melilla brinda para ir a asunto más delicado:

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modos –me interrumpe–, considere usted, consideren ustedes todos los españoles, dónde han sucedido las cosas reprobables. Los beniurriagueles no hemos intervenido en ellas. Hemos matado luchando cara a cara, y nada más. Nuestros prisioneros los guardamos, y hasta arrebatamos prisioneros a otras cabilas para salvarles la vida. —Sí –insisto–; pero otras 20


cabilas... —Esas otras cabilas son las que habían civilizado ustedes. Y hasta podríamos disculparlas diciendo que ejercían represalias. —No hablemos de eso. —Como usted quiera. Se ha roto la conversación. Empezó siendo una plática amistosa, y había llegado a adquirir tonos de polémica. Rompe, al fin, Mahomed el silencio, diciéndome con exquisita cortesía:

moda de los Palaces ultra chic. ¿Estamos en la capital de una nación civilizada? De ello trata de convencemos nuestro anfitrión. —El Rif ha sido constituido en Republica –me explica–, de la que mi hermano ocupa la presidencia por voto unánime de los jefes de las treinta y una cabilas que la integran. —¿Y cuáles son sus atribuciones? – pregunto. —Hasta ahora –me responde Mahomed–, un poder absoluto y exclusivo.

—No hay que disgustarse pensando en lo pasado. Lo pasado pasó. Y el porvenir, que ha de llegar, puede ser más dichoso. Sobre esto hablaremos mañana mientras almorzamos, por-que Abd-el-Krim y Luis de Oteyza almorzaremos juntos. Agradezco la invitación con las palabras de ritual, y nos despedimos. El almuerzo que en nuestro obsequio dispuso Mahomed Abd-el-Krim ha tenido honores de banquete oficial. Hasta el café, el riquísimo café moro, más aromático que otro ninguno y espeso como chocolate, nos ha sido servido por un negro, con arreglo a la

Viendo que sonrío, ataja mi pensamiento irónico sobre lo republicano del sistema diciendo:

—Al principio no podía ser de otra forma. ¡Compréndalo usted! En un levantamiento militar, sólo la dictadura guerrera del caudillo puede asumir los poderes. Por ello mi hermano es, además, su propio ministro de la Guerra. —Hay un Consejo de ministros, pues. —Sí –responde vacilando–; aunque, verá usted, ninguno tenemos ministerio concreto. 21


—Ha dicho usted tenemos... ¿Es usted ministro? El joven Mahomed, con la petulancia de sus veinticinco años, se engríe un poco. —Lo soy, claro. Pero enseguida añade con simpática llaneza:

tengo relaciones en diversos países, suelo llevar los asuntos de lo que ustedes llaman ministerio de Estado; pero si hace falta organizar una tribu y está ocupado mi tío Abd-Salam, que es quien suele encargarse de los asuntos del Interior, voy, y la organizo.

—Voy a explicarle a usted.

También en Guerra actúa usted – indico–, pues usted nos dio el golpe de

El joven ministro habla:

Magán.

—Hasta el presente, los ministros constituimos una junta que, bajo la presiUn rato de –chau-chau- El Moal-lem, Mohamed Quijote, Abd-el-Krim, Ben Siam, dencia “Pajarito”. Mahomedi Ben Hah, el hemano de Abd-el-Krim y Luis de Oteyza de mi her—En Guerra actuamos todos. Y como mano, se reúne y acuerda lo que se ha soldados rasos. Yo llevo siempre fusil; y de hacer. Generalmente, mi hermano todos igual. Nos batimos para dar el designa al que le place para que realice ejemplo. En el asalto al Peñón de cada gestión. Uno cualquiera, el que Gomara, crucé la Isleta y entré en el mejor puede llevar a cabo el asunto. Y cuartel. Matamos gente; pero nos sin especialización determinada. mataron también mucha. Yo tuve suerte —No entiendo eso –interrumpo. en no ser de éstos, pues hasta —Pues es bien sencillo. Vea usted... Nos bayonetazos hube de parar. aprovecha a todos para todo. Yo, por ejemplo, que poseo varios idiomas y 22


Calla un momento, apretado trance.

recordando

el

—Pero no voy a contarle mis hazañas bélicas –dice al fin–. Pregunte usted sobre cosas más interesantes. —¿Quiénes forman con usted y con su tío el Ministerio? —Mohamedi Chenus, que es el encargado de la Justicia. Y otros más... Azarkan y El Maal-lem, también. Y otros, ¿sabe usted?... —¿Qué otras pregunto.

autoridades

hay?

Juzgo llegado el momento de discutir en serio. Y acercándome a mi interlocutor, le hablo al alma, más aún, le hablo a la inteligencia. —Formalmente, Mahomed, dígame si cree usted, usted que conoce las naciones constituidas, en la posibilidad de que el Rif llegue a serlo. Una nación verdadera, ¿eh? Una nación donde estén garantizadas la hacienda y la vida, no sólo de los propios, sino también de los extraños. —Y hasta de los enemigos –responde–. Y eso –añade– no es que pueda llegar a ocurrir; es que ocurre ya. Usted tiene la prueba.

—Las de los jefes de las cabilas. Algo así como gobernadores. Estos dependen del poder director. —Sí –insiste–, usted la El Rif ha vivido siempre Luego hay los cadis, tiene. Lleva usted tres independiente, sin reconojueces, y caídes, días en Aydir paseando cer dominación ninguna. Y capitanes, libremente por todas así sigue, y así seguirá dependientes de los partes, con sus ropas y jefes. De los primeros con sus maneras, que tiene cada cabila los revelan su condición de que necesita, uno generalmente por español... ¡Y no le ha seguido un poblado importante, y de los segundos chiquillo, no le ha gritado una mujer, no hay uno al mando de cada doscientos ha dejado de saludarle un hombre! guerreros. Tengo que callar. Él habla aún: —¿Nada más? —Formalmente también, señor De —Nada más –responde, y enseguida Oteyza, dígame usted si cree que pregunta–: ¿Hace falta más? ocurriría eso en Madrid con un Yo hago un signo negativo. beniurriaguel. —Pronto –sigue diciendo Mahomed– habrá Cámara de Diputados, escogidos por cada cabila y en número proporcionado al de habitantes. —¿Hasta eso? —Hasta eso, y más. Ya lo verá usted.

No he levantado siquiera la vista para que no vean en mis ojos la contestación, que de ningún modo quiero dar. Dibujo en mi carnet. Mahomed se inclina sobre mi hombro y ve que estoy pintando una paloma con un ramo de oliva en el pico. Me habla en tono afectuoso: 23


—La paz y la amistad... Con ellas alcanzaría España todos los beneficios que en el Rif pueden lograrse. Los alcanzaría sin pérdida alguna... —¿En qué condiciones? –pregunto. —La independencia absoluta desde el Kert hasta Tetuán.

—Pero reconocer vuestra independencia sería inútil. Otras naciones intervendrían... —¡Que lo hagan! Con quien sea lucharemos hasta el exterminio... ¡Con quien sea! El Rif ha vivido siempre independiente, sin reconocer dominación ninguna. Y así sigue, y así seguirá. —Usted conoce, Mahomed, verdaderos poderíos...

Tropas del Rif en acción de Guerra. 1922

—¿Con nuestro protectorado? —No; el protectorado, que un día creímos aceptable, hoy sabemos que no lo es. Ni una posición ni un soldado. —Entonces... —Una unión de intereses, en cambio, de modo que España quedase en nuestro territorio mejor que ninguna otra nación. Es el pueblo que más estimamos, pues sabemos que sus ideas y sus sentimientos son análogos a los nuestros. Os daríamos puntos de mercado y la preferencia para explotar las riquezas del país. Como hermanos os tendríamos entre nosotros. El Rif no ha combatido a los españoles, sino al partido imperialista que quiso avasallarle. A los trabajadores, a los comerciantes, no es que los rechacemos, ¡es que les pedimos que vengan!

los

—Usted ha visto el nuestro. Aquí todo hombre es un soldado, y un soldado al que no hay que pagar ni mantener. Las defensas naturales de nuestras montañas están reforzadas. Hay cuarenta cañones emplazados sobre la bahía, y en la playa, doble línea de trincheras. Podrán aplastarnos; pero la mano que lo haga se desgarrará la carne y se romperá los huesos. —Sin embargo, los aplastados seríais vosotros –digo, sin poder dominarme, en un atávico sentimiento de orgullo racial. Mahomed pone su mano sobre mi brazo, y dice pausadamente: —No hablemos de guerra, que es de paz de lo que interesa que hablemos. Y sigue diciendo: —Si reconociese España nuestra independencia, llegaríamos hasta a una alianza con ella, y no tendría amigos más fieles ni más abnegados que nosotros. He encendido un cigarro para calmar mi nerviosidad. Fumo un instante en 24


silencio. Al enteramente.

fin

me

recobro

—No diga usted eso, Mahomed –le advierto–; eso no es creíble.

que estaban enfermos, además de una mujer, en la plaza de Alhucemas. Y, naturalmente, solicitó que se le pagasen los gastos que por ellos había hecho. No le pagaron ni una peseta. Puede usted preguntar al interesado. En esto – continúa M’hammad– comenzó a caer prisionera gente nuestra, y la reclamamos ofreciendo el canje. Ni se nos contestó.

—Oiga usted y juzgue –me contesta.

—Pero ha habido negociaciones –digo.

Y empieza así el relato de lo ocurrido en este asunto:

—Sí –me responde–; al cabo, Berenguer envió a Idris Ben Said, y se convinieron las condiciones: la libertad de todos los rifeños presos, y cuatro millones de pesetas. Pero la gestión se rompió. Parece que, no habiéndose ultimado cuando el viaje que hizo el Sr. La Cierva con los directores de los periódicos, ya no se quiso seguir. Y pasó el tiempo sin que nada más se hiciese. Después – continúa– vino lo de Almeida. Este señor, que estuvo en la plaza de Alhucemas, inició otra negociación. Le pedimos que lo primero de todo pusiera en libertad a los beniurriagueles pacíficos que están presos. Son éstos de diez a quince. Y se les prendió cuando el desastre, sólo por ser de Beniurriaguel. Tres de ellos estaban en Melilla estudiando en la Escuela Indígena, otro tenía una tienda en el Malecón, y algunos eran viajeros que volvían de Argelia. El Sr. Almeida respondió que nos daba cuarenta y ocho horas para ponernos al habla con él, y que si nos negábamos nos pesaría. A las cuarenta y ocho horas se fue, y no nos ha pesado.

—Lo primero que ha de hacerse –digo a Mahomed– es el rescate de los cautivos. —No están ya en España –me responde– porque no han querido vuestros gobernantes.

—A poco del desastre, estorbándonos los prisioneros, que habíamos hecho, más que nada, para evitar que fuesen muertos, comenzamos a devolver algunos. El Maal-lem entregó catorce

Abdelkrim a caballo en las montañas del Ayt Waryighel (Rif). 1922

25


—¿No ha habido más? —Casi no... El padre Revilla se entrevistó con mi hermano en BeniUlicheck, y éste le dijo que no había dificultad en el rescate; que viniera alguien con facultades bastantes y se haría. Revilla, que no quiso ni venir a Aydir a ver los prisioneros, se fue y no volvió.

el arma, y penetramos en una habitación grande donde detrás de una mesa, de pie y apoyado ligeramente en el brazo de un sillón, hay un rifeño cuyo parecido con Mohamed Abd-el-Krim nos revela quién es. Estamos en presencia del presidente de la República del Rif.

—¿Y así estamos? —No. Últimamente mi hermano tuvo una carta escrita en Tánger por el marqués de Cabra, a quien recomienda Mohamed Ben Sadik El Hach, pidiendo entrar en tratos. Le contesté que viniera, y esperándole estamos. Y Mahomed termina: —Pues bien: si viene él, o si viene otro, se llegará a un acuerdo. No hay dificultad ninguna por nuestra parte. Puede usted afirmarlo. —Lo haré. —Insistiendo en que si no están libres los prisioneros es porque no viene nadie a tratar de verdad el asunto. —Lo haré –repito. Y hecho queda Amogar Ben Haddu, jefe de la guardia personal de Abd-el-Krim, ha aparecido en la puerta, que custodian dos centinelas con el fusil terciado. Una seña se cambia entre él y Pajarito, quien nos dice: —Pasad. Cruzamos entre los centinelas que no nos saludan por no cambiar de posición

Abdelkrim y el negociador español.

Mientras éste nos indica con un ademán que ocupemos tres butacas puestas en fila ante la mesa y a unos cuatro metros de distancia de ella, examinamos el recinto y sus ocupantes. No hay más muebles que los citados y ningún otro accesorio, salvo un gran tapiz rojo y blanco que cubre en parte el suelo de ladrillo. Nada en los muros encalados, y ni un farol siquiera pendiente del techo de vigas cruzadas. A más de Abd-el-Krim y de nosotros hay otros seis hombres: cuatro soldados en línea a la derecha, con los fusiles 26


terciados, como los centinelas del exterior; Pajarito, que se apoya indolente en la puerta de entrada, y Amogar, colocado rígido tras de su señor, con el puño puesto en la funda de la pistola. Abd-el-Krim recita pausadamente las rituales preguntas de la cortesía musulmana. Si estamos bien de salud, si nuestras familias gozan de igual beneficio, si nos ha cansado el viaje, etc., etc. Después se detiene en una pausa larga, que al cabo rompe súbito, diciéndome: —Habla tú. Yo, empleando el tuteo también, le digo: —Sidi, aunque sé lo absolutamente conforme que en ideas y en sentimientos está contigo tu hermano, y por más que de esto mismo que voy a preguntarte he hablado con él largamente, quiero para los lectores de La Libertad las respuestas de tu boca. En España ignoran la absoluta identificación que existe entre tu hermano y tú, y creerán más lo que tú digas que lo que otro diga por ti. Así, te ruego me digas si tú, representante indiscutible del pueblo rifeño, haces la guerra por tu voluntad. —Nosotros no queremos la guerra – dice Abd-el-Krim–, pero estamos dispuestos a defender nuestro honor, es decir, nuestra independencia, porque yo juzgo, y todos los míos lo creen así, que la independencia es el honor de los pueblos, mientras sea preciso.

Abd-el-Krim habla lentamente, dictándome, al ver que yo escribo. Le he dado con un gesto las gracias, y él me ha saludado sonriente. Luego me dijo Pajarito, hablando del carácter de su jefe, que no le había visto sonreír desde hacía mucho tiempo. —Entonces, sidi –pregunté insinuante–, ¿estás dispuesto a aceptar la paz y la amistad con España? —Siempre que no haya cosa que se relacione con ningún lazo de yugo. —Pero el protectorado no es una dominación, y... —No –responde rápido–, de ninguna manera. El protectorado es un nombre que se ha dado al modo de avasallar nuestros derechos. En tu Gobierno no tiene la palabra otro sentido. —¿Así, pues, no queréis más que la independencia? —Nada más. —Sin embargo, sidi, no debe ocultarse a tu buen juicio y a tu alto saber, que aunque España accediese a concederos la independencia hay otras naciones que no la aceptarían. —Pues pasaría con ellas lo mismo que ha pasado con España. Pero no lo creo, no lo creemos (Una pausa.) Y sobre ello quiero hacerte una pregunta yo. —Hazla, sidi. —¿Por qué dices eso?... ¿ Es que sabes tú algo respecto a eso?... —Yo no sé nada. Juzgo, sin embargo, que las potencias europeas no 27


consentirán fácilmente que se forme un nuevo Estado en la costa del Mediterráneo, junto a ellas, casi entre ellas. Por eso he apuntado la sospecha de que tal vez, si España abandona su intervención en África, otra nación ocupe el puesto dejado. Abd-el-Krim me mira a los ojos como si quisiera adivinar en mí un pensamiento oculto. Yo sostengo su mirada sin pestañear, y él baja la vista, diciendo: —Ya veremos... De todos modos, lucharemos por nuestra independencia como han luchado los demás. —¿Es decir –le pregunto–, que sólo por vuestro deseo de independencia lucháis con nosotros, y que no tenéis otro motivo para hacernos la guerra? —Quisiéramos que no hubiese guerra – responde, sin contestar directamente a mi pregunta. Y como volviendo a ella, añade: —El Rif no odia al pueblo español, y no le hubiese odiado nunca si no fuera por la invasión militar. Hubo odio, porque el Rif vio en el militar al español; pero ya comprende que no es así. Ahí está la cosa. —Según eso, como me ha dicho Mahomed, si se hiciese la paz darías a España el trato de nación más favorecida. —Sí, está bien. En estas palabras de Abd-el-Krim, y, sobre todo, en el tono que las ha pronunciado, hay una indiferencia desdeñosa de la que me propongo

sacarle. “Ahora vas a ver”, pienso. Y de pronto le digo: —Y en ti, personalmente en ti, ¿no hay nada contra los españoles? En el brillo de sus ojos noto que he logrado inquietarlo. Sin embargo, no ha pestañeado siquiera ni ha hecho el menor ademán. Y sin cambiar el tono de voz me contesta: —Personalmente yo, nada. No hay nada más que esto: que los militares que están encargados de gobernar no son capaces de hacerlo y abusan mucho de la dignidad. Nos hemos convencido, y no hemos podido admitir esto. Entonces decido irme a fondo: —¿Y particularmente con Silvestre? La parada es limpia y completa: —A Silvestre le conocí en Melilla hace muchos años, cuando no era más que comandante, y fue muy amigo mío. —Luego no es verdad –insisto secundando el golpe– eso que cuentan de que tú abandonaste Melilla porque Silvestre te abofeteó. Pausadamente mueve Abd-el-Krim la cabeza, y con más calma aún que antes dice: —Cuando yo me vine de Melilla, no estaba Silvestre. Estaba Aizpuru ... Y tampoco he tenido nunca queja de Aizpuru –termina. Yo permanezco callado un momento, y él entonces, como en soliloquio, dice: —Tratamos encargados

de convencer a del Gobierno...

los Les 28


escribimos a Madrid. No nos contestaron... ¡Se reían de nosotros!...

—En Cabrerizas. Once meses menos dos días.

—¿Y entonces –interrogo rápido– tomaste la determinación de romper con España?

Pero ha dicho bastante. La cifra exacta, en horas casi, del tiempo de su prisión, demuestra cuán fijo está en su memoria el recuerdo del trance fatal. Sin embargo, no veo en su rostro, que escudriño, señales de furor. Más bien un velo de tristeza...

—No; la determinación la tomó mi padre. Él nos mandó a mi hermano venirse de Madrid y a mí de Melilla. Yo, como M’hammad, le obedecí. No hay modo de exaltarle. Los pinchazos no le hacen efecto. ¿Tal vez el cautiverio? Y preparo el hierro al rojo.

—Estuviste preso, ¿verdad, sidi? Ha palidecido con la espantosa palidez de los cobrizos, poniéndosele el rostro de color ceniza. La mano, que tiene pendiente del brazo del sillón, le tiembla. Pepe Díaz me da un codazo, y al alzar los ojos veo a Amogar haciendo señas de que me calle. Abd-el-Krim no dice, sin embargo, sino estas sencillas palabras:

—Cuéntame eso, sidi –le ruego. —El capitán Alemán, uno de la Guardia civil, ¿sabes?, y Riquelme me llevaron a presencia del general Aizpuru y me anunciaron que estaba detenido. El general me dijo que se veía obligado a detenerme, de orden de Jordana, porque mi padre no había querido ir al Peñón a cumplimentarle. Ahora soy yo el que tengo que dominarme para que no se note mi emoción. ¡Es mi país el que hace tales cosas! Por satisfacer el orgullo de un funcionario, más o menos encumbrado, se falta a la ley de gentes, y –“es peor que un crimen: es una torpeza”– se falta atacando a un hombre cuyo poder debía conocerse, y que nos estaba sirviendo, sosteniendo... Trato 29


de disculpar lo que sé que no tiene disculpa, diciendo: —Eso no es posible. ¿Cómo se va a encarcelar a un hijo por lo que haga o deje de hacer su padre?... Además, que el dejar de cumplimentar a la autoridad no es un delito. ¡Ni al propio interesado le podían hacer nada por eso! Alguna otra cosa habría. —No la había –responde–. Se me acusó de errores y malicias en un trato que tenía con el capitán de la Policía indígena Sist. Un capitán que no me quería bien... Pero el juez fue Sanz, uno que hoy es general. Puedes preguntarle. Y dijo que no tenía yo culpa, y me absolvió. Ya ves… Y seguí en la cárcel.

prendieron fue a petición de Francia, y por tus ideas y tus sentimientos germanófilos. —No es verdad –replica rápido. Y enseguida añade, como arrepentido de su precipitación en dar tan rotunda negativa. —Puede ser; pero a mí no me comunicaron eso. Y no lo creo, además.

—¿Seguiste en la cárcel después de absuelto? —Seis meses aún. Me dijeron que era preso político. Callo y medito. Presos políticos... Detenidos gubernamentales... Son resortes de gobierno que no hay inconveniente en emplear; ¿verdad, señores estadistas? Pero a veces el tener seis meses en la cárcel a un hombre ocasiona la pérdida de veinte mil soldados y un gasto de varios miles de millones, sin contar la vergüenza de las derrotas, el horror de los sacrificios...

Ejército español en las cercanías de Melilla, Beni Sicar. De espaldas el Cte. Franco informa al Gral. Sanjurjo a caballo, junto a Millán Astray. Militares africanistas que en julio 1936 se levantaron contra el gobierno de la república. La guerra de África, condicionó toda la política española del S. XX.

—¿No?

—¿No quieres saber nada? –me pregunta Abd-el-Krim al verme callado.

—¡Claro que no! Todos los militares que estaban en Melilla, y gran parte de los paisanos, eran germanófilos. Si hubiesen detenido también a los demás, podría admitir eso. Pero se me detuvo a mí sólo... Y otros eran mucho más germanófilos que yo. ¡Mucho más!

—Perdona, sidi –respondo–; es que estaba pensando la forma de rectificarte. Estás equivocado. Si te

Aplastado por su lógica, trato de escalonar mi retirada para abandonar el asunto: 30


—Tú intentaste escaparte.

—Claro.

—Cuando me comunicaron que estaba absuelto y vi que no me ponían en libertad... Entonces me rompí la pierna –termina, con un deje de amargura. Yo hago un gesto de condolencia, y Abdel-Krim ataja las palabras que piensa vaya pronunciar:

—No tan claro, sidi. Hay entre ellos ladrones y asesinos juzgados y condenados. ¿Ésos también se han de liberar? Los detenidos políticos y los prisioneros de guerra no hay nadie que no crea justo devolvértelos. Pero esos otros, esos otros... ¡son criminales!

—Fue una fatalidad de la que nadie tuvo la culpa. De nada tiene nadie la culpa. Son cosas de conjunto que uno o dos no hacen ni deshacen. Yo a nadie guardo rencor. Al general Jordana mismo no le tenía odio, aunque fue él quien decretó mi encarcelamiento.

—Más criminales son los aviadores, que matan mujeres y niños. A los aviadores que hemos cogido también les hemos formado causa y les hemos condenado. Si los españoles os quedáis con los que habéis condenado, nosotros nos quedaremos con éstos.

Aprovecho la ocasión para cambiar ya el tema de los personalismos:

—Mohamed, escucha –lo digo con el más persuasivo acento que puedo encontrar–: no muestres una intransigencia que nadie, nadie, en ninguna nación, admitiría. Los aviadores emplean un arma terrible, tan terrible como quieras. Para mí todas las armas son igualmente brutales; pero reconozco, si quieres, que esa lo es más que las otras. Sin embargo, es un arma admitida por todos los pueblos civilizados. Y los militares que la usan por mandato de su patria, en obligación de una obediencia que juraron, no pueden equipararse con asesinos.

—La paz, pues, ¿es posible por tu parte? —Siempre que se conserve la independencia nuestra. De otra manera no habría paz. ¡Pasarían las mismas cosas! Tú sabes que pasarían. Y como ahora, como ahora, seguiría la lucha. ¡Con razón! Tú sabes que con razón. —Bueno, sidi –digo sin asentir a su indicación–; queda el asunto de los prisioneros. Es lo que más interesa al pueblo español y en lo que más desorientados estamos. ¿Pueden rescatarse?

—Para mí lo son más que nadie –dice enérgico.

—Pueden. Pero que vengan a tratar en serio. Ya le habrá dicho mi hermano...

Y añade, exaltándose a medida que habla:

—Sí; mas hay algo en las condiciones que imponéis injusto, evidentemente injusto. Pides la libertad de todos los rifeños presos.

—¡Las naciones civilizadas! Vienen a civilizar con aviadores... Matan seres indefensos, y los matan impunemente. 31


¡No hay, entre todos los asesinos de la tierra, mayores asesinos! —Entonces –le digo cortando su peroración– para rescatar a los prisioneros habría de ponerse en libertad a todos, absolutamente a todos los presos, ¿verdad? —Sí. —Bien. Y la otra condición es que se os entreguen cuatro millones de pesetas. —¿Cuatro millones de pesetas? Eso es lo que era antes. Ahora no es. —¿Ahora es más?

Gobierno español, y esto lo debemos aprovechar nosotros. No hacerla sería abandonar un derecho. Tú lo comprendes. Claro que tú lo comprendes.

Abd-el-Krim habla con deseo de persuadirme. Yo callo, sin asentir ni negar con un ademán ni un gesto. De pronto, tras una pausa, me dice: Una unión de intereses, de modo —¿No serás como el que España quedase en nuestro padre Revilla? territorio mejor que ninguna otra nación. Es el pueblo que más ¿A qué viene tal estimamos, pues sabemos que cosa? Hago un sus ideas y sus sentimientos son movimiento de análogos a los nuestros asombro. Luego digo:

Abd-el-Krim me mira fijo. Yo le miro a él. Hay un silencio. Al cabo me pregunta:

—No sé cómo es el padre Revilla; pero sospecho que no me parezco a él en nada. ¿Por qué me preguntas eso?

—¿Estás tú facultado por el Gobierno para tratar?

—Porque el padre Revilla no dijo lo que yo le dije. Dio a entender que yo no quería soltar los prisioneros; que deseamos tenerlos como rehenes. Nosotros no necesitamos tener como rehenes a los prisioneros. ¿Para qué rehenes, si nosotros tenemos nuestro armamento y nuestros hombres para luchar? Dilo así, así mismo.

—De ningún modo, sidi –replico–. Ni lo estoy ni lo estaré nunca. No he tenido ni tendré nada que ver con los gobernantes de mi país. Mandé que te lo dijeran. ¿No lo han hecho? —Sí, sí; está bien. Pero si no tienes facultades para tratar, ¿a qué vamos a discutir? Insisto con el natural empeño: —No vamos a discutir condiciones, claro está. Sin embargo, tú puedes decirme a qué obedece el cambio. Esto siquiera... —Esto ya lo puedes tú comprender. Las negociaciones han sido rotas por el

—Así mismo lo diré. Ya ves que, aun causándote una molestia grande, estoy escribiendo, palabra por palabra, cuanto me dices. No tienes inconveniente ninguno en liberar a los prisioneros. ¿Lo escribo así? —Escríbelo. 32


—Ya está. Y digo que, por tu parte, esperas a que se te acerque un delegado del Gobierno. ¿No es eso? —Eso es. Pero siempre que no sea un militar. Con militares no trato. Y nada más de esto. Creo inútil insistir, y me dispongo a dar por terminada la conferencia. Cierro el carnet y guardo el lápiz. Al verlo, Abd-el-Krim me dice:

—¿Tú crees, sidi, seriamente en la posibilidad de esto después de lo pasado? Me mira con extrañeza y me dice tranquilamente: —Ya lo creo. ¡Si no ha pasado nada! Esto es siempre igual. Nosotros los rifeños, que estamos unidos ahora, estuvimos separados antes. Y también... Se calla. Yo le insto:

—¿No tienes más que preguntarme?

—¿Y también... ? —Nada. Ya no tengo nada más que decirte. Y tú me has dicho que no tenías nada más que preguntar. Creo que hemos terminado.

—No – respondo–; pero si tú quieres decirme algo, estoy a tu disposición. Vacila Mohamed, y al cabo habla:

Entierro de Abdelkrim en el Cairo, en febrero de 1.963. Donde permanece enterrado.

—Decirte yo... ¿Y qué decirte? España sabe demasiado lo que tiene que hacer. Hace una pausa y continúa: —Yo creo, sin embargo, aunque esto no debiera decirlo, que a España no le conviene una guerra que no tendrá fin. Y cuando menos lo espere, de seguir así, vendrá otro desastre. Le hubiera convenido una alianza.

Se ha puesto en pie. Yo le hago seña de

que se detenga. —Una pregunta aún, sidi, y ni siquiera una nueva pregunta, sino una ratificación de lo ya tratado. Me has dicho que no sentís odio contra los españoles; pero tu hermano ha ido más allá. Ya sé que en todo estáis conformes; sin embargo, conviene que tú me repitas la declaración extensa de tu hermano. ¿Estáis dispuestos a recibir 33


entre vosotros, para cooperar al desenvolvimiento de vuestra prosperidad, a los españoles? —Ya lo creo. Lo repito. —¿Quieres dármelo firmado? Abd-el-Krim vuelve a sentarse. Toma una pluma y escribe el autógrafo cuya reproducción fotográfica es ésta:

Yo les hago seña de que no intervengan. Y digo a Abd-el-Krim: —Insisto porque es cosa que a ti y a mí nos conviene. Yo tengo enemigos que, acaso no sabiendo cómo combatirme, negarán esta entrevista; y respecto a ti ya sabes que nuestros gobernantes propalan que estás herido. Desmiente tu herida como Pajarito ha desmentido su muerte. ¡Que te vea el pueblo español a mi lado, bueno y sano, para que sepa cómo se le engaña. —Está bien. Ven aquí. Pepe Díaz y Alfonsito van hacia la puerta mientras yo arrastro mi butaca junto al sillón de Abd-el-Krim.

[Las puertas del Rif están abiertas para todos los paisanos españoles como han estado para el director de La Libertad / Mohamed Abd El Krim / Aydir 2 de agosto 1922]

Se tiran las pruebas sin ninguna dificultad. Los fotógrafos dicen que mientras nos retrataron yo tuve apoyada en la nuca la pistola de Amogar. No lo noté. Pero aunque lo hubiese notado no me habría movido... ¡No era cosa de estropear un cliché tan valioso por semejante pequeñez!

Me lo alarga, y dice sonriendo:

Autógrafo del joven Abd-el-Krim

—¿Quieres más todavía? —Sí, sidi; quiero que permitas a mis compañeros retratarte. —No puedo, no; de veras que no puedo. No es por prejuicio político ni religioso. Es que... ¡Es otra cosa! Imposible, imposible. Alfonsito y Pepe Díaz, que han permanecido tanto tiempo inmóviles y callados, se levantan y quieren hablar.

El hermano del presidente de la República rifeña, ministro de Estado de la misma, horas después de la conferencia celebrada por el autor con Abd-el-Krim, le dirigió, reiterando las palabras suyas a que hace referencia al final de la interviú que antecede, la carta presente:

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ningún odio hacia el Pueblo Español. El Rif combate a ese imperialismo invasor que quiere arrancarle su libertad a fuerza de sacrificios morales y materiales del noble Pueblo Español.

Sr. D. Luis de Oteyza. Director de “La Libertad” [Como le he manifestado de palabra le reitero por escrito que el Rif no combate a los Españoles ni siente

Le ruego manifieste a su Pueblo que los rifeños están dispuestos y en condiciones de prolongar la lucha contra el español armado que pretenda quitarles sus derechos, y sin embargo tienen sus puertas abiertas para recibir al español sin armas como técnico, comerciante, industrial, agricultor y obrero. Mad. Abd-el-Krim Aydir,

2

agosto

1922]

Oteyza durante la 1ª parte de la entrevista con MHammad el hermano pequeño de líder rifeño Muhammad Abdelkrim Al Khattabi. Se dice que MHammad Abdelkrim Al Khattabi fue el organizador e ideólogo de la Republica del Rif. Estudió ingeniería en Madrid. 35


MELILLA EL ORIGEN DEL NOMBRE Melilla antiguamente conocida como Rusadir fue fundada por los fenicios. Rusadir remonta su historia al establecimiento en el siglo VII a. C. de comerciantes fenicios que aprovecharon su situación cercana al estrecho de Gibraltar y las rutas comerciales del Mediterráneo occidental para prosperar, alcanzando su esplendor hacia el siglo II a. C. Con la decadencia púnica, Rusadir formará parte la provincia romana de Mauritania Tingitana en el año 42 d.C. El nombre de Melilla tiene una etimología incierta. Probablemente tenga origen Amazigh. El vocablo utilizado por los rifeños autóctonos de la zona es Mritch que viene de la raíz etimológica tamazight "Tamlilt" que significa literalmente "La Blanca", haciendo referencia a la piedra caliza de color blanco sobre la que se asienta Melilla. Es

muy probable que la arabización del Rif asumiera este nombre "Tamlilt" y lo convirtiera en "Mliliat" cambiando la fórmula femenina del tamazight de la "t" inicial y final por la "ta marbuta" árabe ("t" final gráfica no fonética que hace que la palabra termine en un sonido "a"). Una vez que los castellano parlantes llegaron a "Mlilia" es probable que cambiaran la arabización por un fonema más castellano como lo es la "ll", terminando por vocalizar la unión consonántica "ml" con una "e" de apoyo (inexistente en el árabe también) con el fin de "desarabizar" el nombre de la ciudad que ya era española. El resultado final de este proceso sería "Melilla". Una segunda teoría, bastante probable, es que el nombre de Melilla proviene de Mellitus, ya que en la época del Imperio Romano, la zona donde se sitúa la ciudad, era rica en miel y trabajaban la apicultura. Reflejo de esto es que aparecen plasmadas en monedas de la época, abejas impresas en una de las caras de éstas. 36


Respuestas a las preguntas de la revista anterior: [P1]. Di el nombre de al menos uno de los pueblos Imazighen que no fue sometido al poder del imperio Romano. R.1. Los Garamantes. [P2]. Los Garamantes, se extendieron por lo que hoy es el desierto que ocupa desde Libia hasta el Atlántico. Las modernas tecnologías de fotografía por satélite está descubriendo las ciudades de este antiguo pueblo amazigh. En la actualidad se han descubierto. - entre 10 y 20 ciudades. - entre 30 y 40 ciudades. - más de 70 ciudades. R.2. Entre 30 y 40. Hasta la fecha gracias a la investigación vía satélite se ha descubierto 32 ciudades, al menos 2 de las cuales pueden considerarse grandes ciudades. [P3]. ¿Cómo sobrevivieron los Garamantes en las duras condiciones del Desierto? - En aquella época el desierto era un lugar fértil de abundantes lluvias. - Sabían localizar el agua del desierto. - Inventaron un sistema de irrigación de cultivos que llevaba el agua por canalizaciones subterráneas. R.3. Llevaban el agua por canalizaciones subterráneas, de esa forma su civilización perduró hasta el S.IV d. C.. [P.4]. ¿Donde se encuentra enterrado “Muhammad Abdelkrin El Jattabi? - En Damasco. - En Rabat. - En El Cairo. - En Alhucemas. R.4. En el Cairo. [P.5]. En el presente año se conmemora el 50 aniversario del fallecimiento de Abdelkrim. Verdadero o falso. R.5 Verdadero [P.6]. ¿Conoces la fecha del fallecimiento de Abdelkrim R.6. Abdelkrim falleció el 6 de febrero de 1963, siendo enterado por las autoridades egipcias con honores de jefe de estado. 37


P.1. El Estatuto de Autonomía de la ciudad de Melilla en el artículo 5 establece: - El respeto y promoción de la diversidad cultural y lingüística. - La superación de las condiciones económicas y culturales que determinan el desarraigo. ¿VERDADERO O FALSO?.

P.2. ¿Conoces el nombre del hermano menor del líder rifeño. ABDELKRIM?

P.3 ¿Conoces la ciudad donde está la tumba de MASINISSA, el gran rey del pueblo Amazigh de los Númidas?

p.4. La República del Rif fue el primer país de África en conseguir la independencia. ¿VERDADERO O FALSO?

P.5. La República del Rif duró de 1922 a 1926. ¿VERDADERO FALSO?

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FEDESME. Revista 4