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Soy Pecas y tengo ocho años. Mi verdadero nombre es… ¡ya ni me acuerdo! porque todos me llaman así desde que nací. La razón, son los montones de manchitas oscuras y redondas que tengo repartidas por todo el cuerpo. Mi madre siempre me dice que soy como un cielo lleno de estrellas morenas, y me gusta tanto que me lo diga que no intento quitármelas como hace Lucre, restregándose con la esponja en la bañera. Tengo un hermano que se llama Nacho pero es tan pequeño que no se nota que vive en casa. Es un bebé y no habla, claro, pero es que casi tampoco llora, sólo si tiene hambre y entonces sí, no para hasta que mi madre llega y le da teta. Nacho no es como la mayoría de bebés hermanos de mis amigas porque no toma ni un solo biberón. A mí me pasó igual, mi madre sólo me dio teta, y dice que gracias a eso tengo las pecas más grandes y más bonitas.

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Yo casi no me acuerdo, pero ahora que veo a Nacho, creo que me lo tuve que pasar muy bien cuando mi madre me alimentaba porque mi hermano sonríe y se pone la mar de contento cuando mamá llega para darle de mamar, y hace unos ruiditos muy simpáticos mientras chupa, como si le diera mucho gusto. Es una pena que no me acuerde, pero mi madre sí, y a veces, al ir a contarme el cuento de antes de dormir, le digo que me recuerde cómo me daba teta cuando era un bebé. Y entonces me abrazo a ella, pongo la cabeza sobre su pecho y la escucho: -Cuando te daba teta por las noches eras una remolona. Te quedabas dormida mientras chupabas pero no querías soltarme. Yo me dormía contigo así, las dos sobre la cama, y tenía unos sueños preciosos que seguro que te traspasaba en algún sorbo. De día sí que eras una tragona, chupa que te chupa mirándome con los ojos muy abiertos, y ¡cómo llorabas si me retrasaba un poco!

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¡Ay, cómo me gusta cuando me cuenta esas cosas! Se le pone una cara como si estuviera comiendo chocolatinas o helados y siempre terminamos las dos riéndonos por lo bajo para no despertar a Nacho, mientras Milton se atusa los bigotes Tengo muchas amigas pero lo que más me gusta del mundo es pasar las horas con Milton, mi gato, que es el que mejor me comprende y acompaña cuando algo va mal Mi abuela es muy divertida y pasa mucho tiempo con Milton y conmigo cuando mamá está trabajando o sale con sus amigas. Nos hace bizcochos riquísimos y palomitas de maíz, que nos comemos los tres en el salón viendo alguna de mis películas favoritas. La verdad es que si tuviera que elegir entre Milton y la abuela lo tendría muy difícil, en realidad ¡lo que me gusta es estar con los dos! Nacho suele estar también, pero por suerte para mí no come aún bizcocho ni palomitas. Dice mi madre que con el alimento de su teta tiene todo lo que necesita para crecer y poder jugar conmigo, pero eso no quiere

decir

que

todos

los

bebés

la

tomen.

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Lo sé porque el otro día en mi clase estuvimos hablando sobre eso y algunas de mis amigas no sabían si habían tomado o no teta, y las que tenían hermanos pequeños decían que normalmente tomaban sólo biberón ¡No saben lo que se pierden! ¡Si le vieran la cara a Nacho! Para otras había sido distinto. Laura decía que su mamá no le pudo dar teta porque no la tuvo en su barriga y ella vino de Méjico cuando ya tenía dos años. Y la mamá de Julia se puso enferma después de tenerla y no pudo darle porque tomaba unas medicinas muy fuertes. Se lo conté a mi madre un poco extrañada y me explicó que por desgracia no siempre era posible dar teta, aunque fuera el mejor alimento para un bebé y el más recomendable, igual que no podíamos ir siempre al cine los domingos ni escuchar a todas horas los cuentos de la abuela, que son fantásticos. ¡ Y que, en esos casos, los biberones se daban con tanto amor que hacían un montón de efecto!

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Ya me quedé más tranquila por mis amigas, y después de que mi madre me arreglara las trenzas y me diera un sonoro beso sobre sus pecas favoritas, me fui a jugar con Milton. De repente, escuché a Nacho, que empezaba a llorar sin consuelo y grité: -¡Mamá, mamá, que Nacho quiere teta!

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Mama Mama El bebé quiere teta  

Cuento de apoyo a la lactancia materna, por Zaida Sanchez Terrer y Kasia Rogowicz

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