Estamos contentos, en pocos días ya tenemos montado el Campo III y nos encontramos estupendamente, fuertes y con ganas de seguir subiendo. Ya comenzamos a hablar de la estrategia de subida. Somos 5 y 2 que llegan en unos días. Hemos planteado montar sólo una tienda en el Campo IV y compartirla, primero un grupo y luego otro, para ahorrarnos trabajo. Esto trae el problema de la elección del día, puede ocurrir que a unos les toque el día de buen tiempo y a otros no. O que los que tienen que subir segundos, se encuentren la tienda ocupada porque alguno de los primeros esté mal. En fin, que se habla, se toman las decisiones debidas y así es como el día 13, el primer grupo sale para el Campo II, con pretensiones de ir luego al III y así sucesivamente, pero el mal tiempo los trae de vuelta al día siguiente, no para de nevar y el viento es fuerte, los llamamos por la emisora y les decimos que bajen, ya lo intentaremos más tarde. El día 16 de Mayo, se reanuda la actividad, vuelve el primer grupo a subir al Campo II, después al III y el día 19 hacen cumbre 3 de 5 personas, no está nada mal, los dos que quedamos (Mario y yo) subimos con un día de diferencia e intentamos cumbre el día 20, pero el mal tiempo nos lo impide. Después de subir por el corredor que lleva a la cumbre, salimos al collado que se encuentra a unos 8.460 m. aproximadamente. y decidimos darnos la vuelta, el viento nos tira y no hay cuerda fija ni ninguna medida que nos de un poco de fiabilidad, desde aquí estamos muy cerca de la cumbre, pero este viento por esta arista podría ser mortal. Es así, como Mario y yo, con toda la pena del mundo, comenzamos la bajada, nos hacemos fotos con nuestras banderitas de club, para tener el recuerdo al menos y la
constancia de que ese collado ha sentido nuestros pasos por allí, pero esa cumbre se queda en la lista de espera. La bajada es larga y penosa, porque el viento ha formado placas de nieve muy peligrosas. La noche del día 20 la volvemos a pasar en el Campo IV y el día 21 llegamos al Campo Base. Ha sido mi primera vez a tanta altura y he de decir que se nota muchísimo la falta de oxígeno, la cabeza te duele como si te la estuvieran apretando en una prensa, la nariz te duele de la frialdad del aire, las manos y los pies no te responden del frío, el cansancio casi te paraliza, pero aún así, volvería a intentarlo, el Lhotse es bellísimo.
Collado Sur - III Trimestre 2006 21