37 Revista Gama, Estudos Artísticos.ISSN 2182-8539, e-ISSN 2182-8725. Vol. 1 (1): pp. 33-39.
parece disolverse con el entorno, transformándose en un objeto cotidiano, aspecto este que forma parte también de otros de sus camuflajes interiores. Por medio de este camuflaje con el entorno, Agrela lleva también a cabo una performance en el jardín granadino Carmen de los Mártires, para la que realiza un exuberante y divertido disfraz compuesto de un mono y un enorme gorro cubierto de trozos de tela que simulan ser hojarasca, y con el que logra “pasar desapercibida” (Figura 3). Otra de sus performances-camuflaje a destacar es Arena (2000-2001), y en esta ocasión, y como elemento principal de interés, la artista aparece danzando en una playa arenosa con un vestido de tonos semejantes a los de la propia arena (Figura 4). Es decir, que se trata de una especie de camuflaje irónico que se rompe con el movimiento. Lo que a Agrela le interesa no es pues camuflarse totalmente, ya que incluso en las fotos donde no se mueve, es patente que está ahí, sino el de llevar a cabo unas experiencias de ocultación a través de las que ahondar en la idea de camuflaje como argumento de juego y transformación, de ahí que sea siempre reconocible en todos sus camuflajes, aspecto este que responde a que la artificialidad y el aspecto teatral y escenográfico constituyen los aspectos claves de su trabajo. El segundo tipo de propuesta de Ángeles Agrela a comentar se basa en la apropiación del mundo del cómic, ya que entre su amplio repertorio de disfraces opta también por asumir la apariencia de personajes imaginarios, inmortales, con poderes sobrenaturales. Un tema, el del héroe enmascarado, que gira en torno a la iconografía popular del superhéroe, quien de forma innata tiene súper poderes que debe usar para ayudar a los demás por un imperativo de orden moral, y en este caso Agrela habla de los artistas que se ven a sí mismos de esta manera. Estos conceptos son expresados por la artista de forma lúdica, asumiendo un rol de súper-heroína para recrear unas ficciones como las realizadas por los superhéroes a lo largo de la historia, y a través de las que busca no sólo formar parte de la iconografía popular del superhéroe y de la tradición de las figuras heroicas, sino también plantear aspectos sociales como es la noción de juego, o la relación entre realidad y ficción, naturaleza y artificio. Partiendo de estos conceptos, Ángeles Agrela plantea La Elegida (20032006), una trilogía a través de la que investiga la relación entre el artista y el superhéroe, y que se constituye de dibujos, una serie fotográfica y una instalación, en la que incluye sus trajes y máscaras, y que junto a otros objetos funcionan como los rastros de la vida de una superheroína. Agrela crea así unas puestas en escena en las que, protegida por sus llamativos supertrajes parece surcar el cielo, pasando por ciudades, museos y países, tal y como lo evidencian las escenografías de fondo que utiliza en imitación a las típicas portadas de cómics,