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ESTÚDIO 7

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255 Revista :Estúdio, Artistas sobre outras Obras. ISSN 1647-6158, e-ISSN 1647-7316. Vol. 4 (7): pp. 252-258.

Si consideramos que la presencia como artista de Joan Furriols, en el ámbito catalán, se produce a la temprana edad de 17 años, parece dar la razón a ese deseo de conocerse a uno mismo. Esta presencia y voluntad, se confirma en el VIII Salón de Octubre, integrado en la III Bienal Hispanoamericana de arte del 1955 de Barcelona. La participación de Joan Furriols en este Salón “integrado” en la III Bienal (primera Bienal 1951 Madrid), supone un abrirse al mundo a una edad temprana, en una manifestación artística (los Salones de Octubre de1948 a 1958) que además, se presentaba como un movimiento de respuesta al estancamiento artístico general del país. Pero no sería hasta el IX Salón de Octubre 1956, donde se manifiesta la rotundidad de Furriols en el tratamiento del espació y la materia su obra Blac i blau, presenta una síntesis incuestionable de forma y color, casi impensable para el momento, así pues ya en el último Salón en 1957, expone al lado de Ponç, Guinovart, Tapies, De Sucre etc. A partir de este momento, parece que la aceptación del arte no figurativo el país, juega un papel de carta de presentación del régimen como muestra de apertura a la comunidad occidental, por tanto las actividades, muestras y actividades en el extranjero promovidas oficialmente se multiplican. Esto supone a finales de los 50’s una proliferación de lo abstracto, con la consecuente confusión que fuera de la bien fundamentada y constante aportación de algunos artistas, deviene en un academicismo de lo abstracto. Este extraño y complejo auge de la “comprensión” interesada (o no) de la modernidad, coge a Furriols demasiado joven en un territorio que no parece el más adecuado para los mas solitarios i/o reflexivos… el panorama artístico deviene un campo en el que poseer galería, participar en premios y concursos, así como rebajar posicionamientos demasiado extremos, se contrapone en cierta medida a la reflexión en profundidad, a un posicionamiento riguroso y de contención para establecer el ritmo propio necesario al desarrollo natural de un proceso culturalmente recién asimilado: la expresión pictórica i/o artística que vive de su propia esencia… materia y espacio. Así pues, frente al exceso de “ruido”, Furriols opta por un re-plegamiento, trabajando de manera secreta…o mejor domestica, que según Mitrani (2010: 14), “No hay que confundir con un replegamiento Duchampiano… por descontado, en ese momento, a finales de los 50’s el peso de las dificultades materiales para dedicarse al arte desde una posición investigadora, son mas que evidentes”, la actitud de Furriols, viene por la necesidad de mantener el rigor y la exigencia que lo obligan a no comprometer su proceso frente a una “artisticidad” de superficie o una visibilidad a cualquier precio, de ahí la contención y el reencuentro con los postulados más íntimos… al parecer, cuando todo se vuelve aparentemente


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