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:ESTÚDIO 3

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377 Revista :Estúdio. ISSN 1647-6158. Vol.2 (3): 374-381.

la doble interpretación de la realidad que convive en sus composiciones. Él deja fluir primero la idea a través del dibujo y después la completa en la obra pictórica. El lápiz se desliza sobre el papel de manera involuntaria, guiado por el gozo estético del trazo sentido como una melodía que establece cadencias, que se hace sutil y casi imperceptible o se torna intensa, que se ondula y se quiebra, vibra y se hace sinuosa, voluptuosa... pero en lo que podría ser caos, y desorden sin sentido, existe un patrón oculto guiado por su experiencia. No podemos decir que ese trazado sea fruto absolutamente del azar, porque en él van impresas sensaciones y ritmos, marcados, de manera inconsciente, por el conocimiento previo, que van constituyendo en armonía una amalgama de formas, aún no definidas, que esperan como caldo de cultivo el orden impuesto a posteriori por la mano experta de su creador, que dicta lo que le traslada su mente. Es ese divertimento similar al que se produce cuando se domina la técnica, cuando no se depende de ella por haber superado sus dificultades a través del aprendizaje, llevado a cabo con la práctica. En ese estado la mente dispone de recursos suficientes para actuar casi de manera automática, dejando paso a la emoción que se hace presente con mayor fuerza en la obra, sin trabas ni ataduras, sin titubeos y sin miedos. Este es el primer paso en el desarrollo de su obra, pero una vez vislumbrada esa imagen oculta, condicionada por sus preferencias, que le hacen girar en torno a la figura humana, los elementos inertes y seres marinos, las telas, la música, el mito o lo exótico, comienza la segunda fase. En esta etapa las formas ya ordenadas a través de los patrones reconocidos en esos trazos, azarosos en mayor o menor medida, pero eso sí, sin intención a priori de buscar ninguna forma preconcebida, esas imágenes, como decíamos, ya resueltas, sugieren de nuevo otras, inducidas por las primeras. Si bien las primeras son reconocibles, porque lo que en principio fue sugerencia se ha consolidado a nivel constructivo y se define claramente a los ojos del espectador, las segundas sí que ofrecen una imagen producida por el fenómeno de la pareidolia. También se valió el artista de este recurso para construir la primera imagen, pero únicamente lo utilizó como medio para elaborar su obra. En esta segunda fase deja esta manifestación, objeto de su percepción, abierta al espectador y lo hace partícipe de su visión, de su ilusión. Archimboldo ha llegado a ser mucho más conocido por esas obras donde también está presente la pareidolia, sus rostros compuestos por flores, frutas, hortalizas, aves, seres acuáticos, etc. que por sus otras producciones. Aunque en él se encuentra presente el contenido simbólico. Es precursor de otros pintores que también se han sentido atraidos por este fenómeno asociativo de la mente, este es el caso de Salvador Dalí, el denominado por él método paranoico-crítico le lleva a explorar las relaciones que los paranoicos establecen entre elementos inconexos dándoles sentido y así intentando explorar el subconsciente, él prefería


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