nuestra cotidianeidad, de esa esencia familiar contenida en las imágenes y nos introducimos en lo pavoroso e innato de nuestra existencia.
Revista :Estúdio. ISSN 1647-6158. Vol.2 (3): 163-170.
Monocromía como concentración máxima en el mínimo despliegue cromático y sombra como reducción de la representación figurativa en su mínima expresión, ambos tendentes a la Nada, pero como un Cuadrado Negro malevichiano pueden encerrar Todo a modo de palimsesto o tachadura. La annihilatio de toda forma hacia un ‘vacío pleno,’ en el que el abandono parece ser la única forma posible para la consecución de los valores absolutos e infinitos. Con los retratos de la penumbra de Juan Paparella concebimos un mundo entendido desde Heráclito, como transformación y devenir de todo lo existente. Nacimiento, destrucción y vacío. Para Robert Smithson sería el incesante proceso de la ruina, la cual engulle todo proyecto totalitarista y eterno. El mundo y el ser humano se componen de cúmulos de elementos discretos que al desmoronarse marcan nuestra identidad. El paso del tiempo transforma las experiencias en escombro pero nos dejan un resto que nos pertenece y, a través de estas fotografías, accedemos a esas huellas tan difíciles de definir por el lenguaje identificándonos trágicamente como esos seres entre el orden perdido y el futuro ruinoso. Presencias de la ausencia del hombre, como alegorías del ser contemporáneo que pierde en la en la complejidad y queda condenado a vagar por el vacío de la indeterminación. Sin embargo, ese limbo no tiene por que comportar un lugar vago sino dinámico y actuante. Influenciado por la filosofía oriental, en él se da un proceso de interiorización y transformación mediante el cual los individuos y las cosas se identifican con su alteridad, donde se encuentran la falta y la plenitud, lo mismo y lo otro ya no en contradicción sino en armonía (Cheng, 1993; Tanizaki, 1995). Entendido de este modo sombra, vacío y ruina aparentan huecos pero se dividen y se encarnan en todas la cosas, son signos privilegiados cuya transformación termina por dirigirse nuevamente a la unidad originaria. Teoría cercana al ‘Eterno Retorno’ de Nietzsche, como perpetuo recomenzar y abono fluido de posibilidades, pero si para el filósofo alemán éste tenía como emblema el círculo y la repetición de los acontecimientos, para la filosofía oriental se identifica con la espiral, es decir, con un movimiento circular pero siempre distinto. En ese vacío crecen y se nutren las infinitas estructuras, se multiplican y pliegan de un modo silencioso, de contención expresiva y tensa calma. Así estas representaciones de Paparella adquieren un carácter ritual por cuanto aportan a la realización total del hombre y sus enigmas: la existencia carente de desarrollo en sentido único.
169
1.2 Habitar en la ruina y el vacío